A última hora de la tarde, Matt, Gisele, Sarah, Jason, Kelly y Tyler llegaron a casa de Leonor para celebrar la nochebuena. Leonor recibió a todos sus invitados con los brazos abiertos, le encantaba tener la casa llena de familia y amigos y esperaba llenarla de nietos muy pronto.

Leonor les hizo pasar al salón, donde dejaron todos los regalos bajo el árbol de navidad y se acomodaron en los sofás junto a la chimenea mientras charlaban y hacían tiempo para cenar.

Matt se sentó junto a Gisele en uno de los sofás y la mantuvo abrazaba todo el tiempo, provocando las mofas de los presentes, pero le dio igual, lo único que le importaba era mantener el contacto con Gisele. Ella le agradeció con una sonrisa que no retirara el brazo de alrededor de su cintura y Matt no pudo evitar besarla.

A Gisele no le pasó por alto la ternura con la que Matt la trataba y no es que antes no lo hiciera, pero la relación entre ellos había avanzado durante las últimas semanas y aquello la perturbaba en cierta manera. Intentaba no pensar en lo que suponía enamorarse de un hombre con el que estaría casada por un tiempo determinado. Un año comenzaba a parecerle muy poco tiempo, un tiempo del que estaba dispuesta a disfrutar pese a que temía hacer frente a las consecuencias que le acarrearía su decisión.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Matt en un susurro—. Últimamente estás muy pensativa, si hay algo de lo que quieras hablar…

—Estoy bien —le interrumpió Gisele dedicándole su mejor sonrisa.

—Pero hay algo que te inquieta —insistió Matt.

—Es mi primera navidad como mujer casada, estoy tratando de asimilarlo —bromeó para que no se preocupara.

—Mamá, creo que deberíamos instalarnos en las habitaciones antes de empezar a cenar —le dijo Matt a su madre, era la excusa perfecta para quedarse a solas con Gisele.

—Tienes razón, hijo —opinó Leonor y acto seguido hizo el reparto de habitaciones—: Matt, tú dormirás con Gis en tu habitación; Kelly con Tyler en la suya; Sarah puede dormir en la habitación de invitados; y Jason, lo siento, pero a ti te toca el sofá.

—Es navidad, Leonor. Estoy seguro que Sarah se contagiará del espíritu generoso de la navidad y me acogerá en su alcoba —le respondió Jason mirando a Sarah con descaro.

—Eso ya tendrás que discutirlo con ella —le advirtió Leonor—. En cualquier caso, el sofá seguirá estando a tu disposición.

Matt no quiso perder el tiempo, agarró a Gisele de la mano y, tras coger el par de maletas de mano que habían traído, subieron las escaleras para dirigirse a la habitación de Matt. Gisele ya había estado en aquella habitación de adolescente que Leonor conservaba tal y como su hijo la dejó con dieciocho años.

— ¿No vas a contarme qué te pasa por esa cabecita? —Insistió Matt cuando estuvieron a solas en la habitación.

—No vas a desistir, ¿verdad?

—Me conoce muy bien, señora Spencer.

Gisele sonrió, le gustaba cómo sonaba eso de señora Spencer.

—Estoy bien, todo va bien —le aseguró Gisele—. No hay motivos para que te preocupes, relájate y disfruta de la navidad.

—No me habrás comprado nada, ¿verdad?

—Jamás osaría hacer algo así —fingió hacerse la ofendida.

—Gisele, hablo en serio —le advirtió—. No quiero que te gastes dinero en comprar algo que puedo comprarme yo.

—Sí, lo sé —se mofó Gisele—. Pero, como conozco a mi marido y lo poco que le gusta que le compre regalos, he decidido no comprarte nada y hacerte algo especial.

Aquellas palabras captaron toda la atención de Matt. Sentía una curiosidad enfermiza por averiguar cuál sería el sorprendente regalo de Gisele. Si algo tenía claro, era que el regalo de Gisele le iba a sorprender, ella siempre lo hacía.

— ¿No vas a decirme de qué se trata?

—Tendrás que esperar hasta medianoche, cuando todos abramos los regalos.

—Dame una pista —insistió Matt.

—Es algo que puedes desear.

— ¿Algo que quizás pueda desear o algo que ya deseo?

—Mm… No puedo darte una respuesta clara a esa pregunta sin confundirte más.

—Yo también tengo un regalo para ti.

—Tú sí puedes comprarme un regalo…

—Por supuesto que puedo comprarte un regalo, eres mi esposa —la interrumpió Matt riendo divertido. Gisele frunció el ceño y Matt le susurró con dulzura—: No te enfades, es nuestra primera navidad juntos y no quiero discutir.

Sí, era la primera navidad que pasarían juntos, pero también la única según el contrato que habían firmado. Dentro de un año, probablemente ya se habrían divorciado.

—Sea lo que sea, deja de preocuparte por ello —le susurró Matt, que la conocía demasiado bien como para saber que le estaba dando vueltas a la cabeza.

—Necesito una terapia intensa de relajación —le dijo Gisele con tono sugerente.

—Estaría loco si te dijera que no, pero eso no significa que no me dé cuenta de que intentas utilizar el sexo para desviar mi atención.

—Os estamos esperando para cenar, ya tendréis tiempo de seguir con lo que sea que estéis haciendo —les gritó Jason desde el otro lado de la puerta.

Matt abrió la puerta bruscamente, miró a Jason y le espetó:

— ¡Con vosotros es imposible tener ni cinco minutos de intimidad!

—Uix, me parece que a Matt no le ha sentado nada bien tener que dejar su luna de miel —se mofó Sarah.

—Será mejor que bajemos antes de que Leonor suba a buscarnos —intervino Gisele lanzándole una fulminante mirada a Jason y Sarah, que no desperdiciaban ninguna ocasión para provocar a Matt.

Pocos minutos después, todos estaban sentados alrededor de la mesa y disfrutando de una deliciosa cena en una inmejorable compañía. Leonor estaba encantada de celebrar la navidad rodeada de sus hijos y sus amigos, se la veía radiante de felicidad.

Kelly y Tyler habían hecho oficial su relación poco antes de la boda de Gisele y Matt, y se les veía muy enamorados. Sarah y Jason se llevaban más que bien, se habían visto en pocas ocasiones, pero en todas ellas habían acabado pasando la noche juntos y Sarah se había quedado en casa de Jason mientras Gisele y Matt estaban en su mini luna de miel.

—Chicos, ya es casi medianoche —anunció Leonor después de cenar—. ¿Abrimos los regalos?

— ¡Sí! —Gritaron todos al unísono.

Como era de esperar, Leonor instó a todos para que abrieran sus regalos y nadie tuvo el valor de llevarle la contraria. Entre risas, comenzaron a abrir los regalos sentados en el suelo frente al árbol de navidad. Gisele abrió el regalo de Leonor y se quedó paralizada. Matt, que estaba sentado detrás de ella, la abrazó desde la espalda al notar la tensión en el cuerpo de Gisele y le preguntó en un susurro:

— ¿Va todo bien, cariño? —Matt reparó en el regalo que su madre le había hecho a Gisele: su primera manta de cuando era bebé, con su nombre bordado.

Matt también se tensó, pero no porque su madre le hubiera hecho ese regalo a Gisele con una clara intención de que la hicieran abuela pronto, sino porque acababa de darse cuenta que deseaba tener un hijo con Gisele. No es que lo deseara en ese mismo momento, pero sí en un futuro próximo.

—Es la primera mantita de Matt, lo envolvía en ella cuando era bebé y le encantaba, se quedaba dormidito en seguida —le explicó Leonor mientras Gisele trataba de sonreír para salir del paso.

—Acabamos de casarnos, mamá —intervino Matt cuando fue capaz de reaccionar—. Gisele y yo queremos disfrutar de nuestra relación de dos antes de pensar en aumentarla.

Pese a que Matt tan solo trataba de rebajar la tensión, Gisele se tomó al pie de la letra sus palabras e hizo un esfuerzo por centrarse en su papel de esposa feliz:

—Muchas gracias, Leonor. Es un regalo muy especial que cuidaremos para cuando sea el momento.

Continuaron abriendo regalos y Matt aprovechó que todos estaban distraídos para susurrarle al oído a Gisele:

—Lo siento, no tenía ni idea del regalo de mi madre.

—Me siento la persona más horrible del mundo —le confesó Gisele con un hilo de voz.

Matt la besó en los labios y, mirándola a los ojos, le aseguró:

—Eres la persona más adorable que conozco.

—Leonor, me parece que esta noche van a empezar a fabricar nietos —se mofó Jason al ver a la pareja tan acaramelada.

—Espero ser la primera en saberlo —comentó Sarah con un claro tono de advertencia a Gisele.

—Creo que el primero en saberlo debería ser yo —le replicó Matt divertido.

—No si no eres el padre —bromeó Jason.

— ¡Jason! —Le regañaron todos al unísono y acabaron riendo a carcajadas.

—Abre mi regalo —le susurró Matt a Gisele.

Gisele le miró con curiosidad, pero también con recelo. Sospechaba que Matt le habría hecho un regalo impresionante y comenzaba a sentirse ridícula por el regalo que ella le iba a hacer. Matt le entregó un pequeño paquete cuadrado y plano y ella sonrió, imaginando que se trataría de un bonito marco con una foto de ambos, probablemente de la boda. Desgarró el envoltorio y descubrió una caja aterciopelada, muy lejos de parecer un marco de fotos.

—Matt…

—Por favor, Gisele. Compláceme, abre la caja y acepta el regalo —le rogó Matt.

Con manos temblorosas, Gisele abrió la suave caja de terciopelo azul y se encontró una hermosa gargantilla con un enorme rubí rojo en forma de corazón.

— ¡Oh, es precioso, Matt! —Exclamó Leonor al verlo.

Gisele no dijo nada, no sabía qué decir. Dejó que Matt le colocara la gargantilla alrededor del cuello y se lo agradeció con una dulce sonrisa que a Matt le supo a poco.

—No te ha gustado.

— ¿Cómo no me va a gustar? —Le replicó Gisele—. Pero ahora me siento ridícula por el regalo que te he hecho.

— ¿Dónde está mi regalo? —Le exigió Matt divertido.

Avergonzada, Gisele le entregó el sobre que contenía su vale por un deseo y se lo entregó. Matt la escrutó con la mirada, tratando de adivinar de qué se trataba hasta que se le ocurrió algo que no le hizo ninguna gracia:

—Si lo abro, espero no encontrarme un cheque ni nada parecido.

—No es dinero y no tiene ningún valor económico —le aseguró Gisele.

Matt no esperó más, abrió el sobre y sacó su contenido. Frunció el ceño al comprobar que el papel tenía el mismo tamaño que un talón, pero sonrió embelesado cuando leyó: Vale por un deseo.

—Mm… Esto puede resultar de lo más interesante, es el mejor regalo que podías hacerme —le aseguró Matt agarrando a Gisele por la cintura y colocándola en su regazo—. ¿Puedo utilizarlo cuando quiera o tiene condiciones?

—Puedes utilizarlo cuando quieras y sin condiciones, pero solo tienes uno, así que te recomiendo que lo guardes para cuando de verdad lo necesites —le explicó Gisele, más relajada entre los brazos de Matt.

—Entonces, si quiero gastar mi deseo en pasar un fin de semana a solas contigo, ¿puedo utilizarlo aunque tú hayas hecho otros planes?

—Sí, no sería muy ético, pero sí —bromeó Gisele.

Continuaron abriendo regalos hasta que, bien entrada la madrugado, todos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones, las que Leonor les había asignado.