Hasta que el contrato nos separe 37.

A la mañana siguiente, tras hacerse la remolona durante más de una hora, Gisele se levantó de la cama para darse lo que pretendía ser una ducha rápida con Matt, pero se demoraron más de lo previsto y pidieron al servicio de habitaciones que les subieran el desayuno a la suite mientras terminaban de arreglarse.

Después de desayunar, dejaron el hotel y se subieron a un taxi para hacer una rápida parada en casa. Cogieron el equipaje para su pequeño anticipo de luna de miel, se subieron al coche de Matt y se dirigieron hacia el sur por la autopista.

Tras conducir durante más de dos horas, Matt por fin paró el motor del coche al llegar a su destino. Gisele sonrió en cuanto vio el mar y bajó del vehículo emocionada, queriendo salir corriendo hacia a la playa y conteniéndose para no parecer una niña pequeña. Echó un vistazo a su alrededor y entonces reparó en la pequeña casa victoriana de dos plantas con jardín y garaje que tenía al lado y ató cabos.

— ¿Vamos a quedarnos aquí? —Preguntó entusiasmada.

—Sí, pero solo por unos días —le recordó Matt estrechándola entre sus brazos—. Les hemos prometido a todos que regresaremos a tiempo para celebrar la nochebuena. Entremos en la casa, quiero enseñártela.

Gisele agarró a Matt del brazo y prácticamente le arrastró hacia el interior de la casa. Sentía curiosidad por conocer el lugar que Matt había elegido para disfrutar de su anticipo de luna de miel y no tenía la menor sospecha de lo que él se proponía.

Con toda la parsimonia del mundo, Matt le mostró la casa a Gisele. Recorrieron la planta baja, formada por una estancia abierta en la que se encontraba la cocina, el comedor y el salón, y un pequeño aseo para las visitas. En la planta superior se encontraba el dormitorio principal con baño propio, dos dormitorios más y un cuarto de baño completo. Gisele reparó en los dos dormitorios con decoración infantil, pero no dijo nada al respecto.

— ¿Te gusta la casa? —Quiso saber Matt mientras salían al jardín trasero que tenía acceso directo a la playa.

—Me encanta, gracias por todo lo que haces —le respondió ella mirándole a los ojos totalmente embelesada por todo lo que Matt le hacía sentir.

—Me alegra oír eso, porque es tu regalo de boda.

—Tú me devolviste el dinero que me gasté en tu regalo de boda —le acusó Gisele con tono de reproche, pero lo meditó durante un instante y añadió—: Aunque tengo que reconocer que tu regalo de boda es mucho mejor, al menos lo disfrutaremos los dos.

—Bueno, en realidad es solo tuyo, tú eres la única propietaria de la casa.

— ¿La única propietaria de la casa? ¿De qué estás hablando? —Le preguntó Gisele al no entender lo que Matt le decía, pero ató cabos antes de que Matt pudiera abrir la boca y le espetó—: ¿Es que te has vuelto loco?

—Vaya, y yo que pensaba que no podía haber respuesta que tu regalo es mucho mejor, con tono rencoroso —bromeó Matt, quitándole importancia al hecho de haberle regalado una casa en la playa.

—Matt, te lo agradezco de verdad, pero esto es demasiado —le dijo Gisele poniéndose seria, sintiéndose mal por aceptar esa clase de regalos, por llamarlos de alguna manera—. Me halaga que seas tan detallista, generoso y bueno conmigo, pero no puedo aceptar un regalo así y no voy a hacerlo.

—Claro que vas a aceptarlo —le contradijo Matt visiblemente molesto—. No sé qué habrás pensado, pero no pretendo pedir nada a cambio por lo que doy.

—Yo no he dicho nada de eso ni lo he insinuado, mucho menos lo he pensado —le corrigió Gisele a la defensiva.

—Me hace feliz hacerte feliz y sé que esta casa es el regalo perfecto, no pretendía ofenderte ni mucho menos que te enfadaras.

—No me he ofendido ni me he enfadado —le aseguró Gisele sintiéndose la peor persona del mundo.

—Entonces, hazme feliz y dime que aceptas mi regalo de boda —insistió Matt sin darse por vencido.

—Me lo pensaré —le respondió Gisele juguetona—. Quizás tengas que darme algunos buenos motivos y razones para convencerme.

—Mm… Adoro los retos, cariño —le susurró Matt con la voz ronca.

Gisele ya no sabía qué pensar. Recibir como regalo de boda una casa en la playa era demasiado, sobre todo si tenía en cuenta que se trataba de un matrimonio de conveniencia pero, una vez más, decidió no pensar en ello. No quería desgastarse pensando en qué ocurriría en el futuro, era el momento de disfrutar del presente.

Durante los días siguientes, Matt y Gisele disfrutaron de su mutua compañía, dejándose llevar por la pasión y el deseo que sentían el uno por el otro y olvidándose del resto del mundo. Se dedicaron a complacerse, a disfrutar juntos de los pequeños placeres de la vida, como disfrutar de una íntima y romántica cena casera, ver una película acomodados en el sofá o pasar el día en la cama.

La última noche antes de regresar a la ciudad para celebrar la Navidad con la familia, Matt llevó a Gisele al borde el orgasmo para después detenerse de repente, provocando las protestas de Gisele.

— ¿Qué ocurre? ¿Quieres que continúe? —Le preguntó mofándose.

— ¡Claro que quiero que continúes! —Le espetó Gisele con frustración.

—Entonces, solo tienes que aceptar mi regalo de boda.

—Eso es chantaje —protestó ella de morros.

—Llámalo como quieras, la cuestión es si quieres quedarte así o continuar con lo que estábamos haciendo —la provocó Matt maliciosamente. Ella alzó las caderas en busca de placer y Matt añadió con la voz roca—: Dime que aceptas mi regalo y acabaré con esta tortura, cariño.

—Acepto tu regalo, pero te advierto que yo también sé jugar sucio —accedió Gisele finalmente.

—No ha sido tan difícil, ¿verdad? —Se burló Matt antes de seguir donde lo habían dejado un par de minutos antes.

Tras una última noche de pasión en la casa de la playa, Matt y Gisele emprendieron el camino de regreso a casa para celebrar la Navidad con la familia y los amigos.

Llegaron a casa a mediodía, deshicieron las maletas, pidieron comida a domicilio y almorzaron en la cocina. Gisele había quedado con Sarah y Kelly para comprar los regalos de navidad y, aunque Matt hubiera preferido pasar la tarde con ella, tuvo que conformarse con pasar la tarde con Jason.

— ¿Qué tal ha ido la luna de miel? —Le preguntó Jason nada más verle, dispuesto a divertirse un poco a costa de su amigo.

—No podría haber ido mejor, con Gisele todo es fácil, cómodo y apasionante —le confesó Matt—. Nos llevamos bien, nos entendemos y a ambos nos gusta estar juntos, así que todo va genial.

—Pareces sorprendido de que sea así.

—Es la primera vez que me siento tan cómodo compartiendo mi vida —le respondió Matt encogiéndose de hombros—. Siempre he pensado que sería incapaz de convivir con alguien, pero con Gisele no solo resulta fácil, sino que además es divertido. Tú me conoces, mi vida es la agencia. Pero, desde que la conozco, busco cualquier excusa que me permita dejarlo todo para estar con ella.

—Te has enamorado de ella —le acusó Jason con tono divertido.

—No estoy enamorado, Gisele solo es una socia con la que debo convivir hasta que finalice nuestro contrato —argumentó Matt tratando de convencerse a sí mismo—. Aunque eso no significa que no podamos divertirnos mientras tanto.

Jason no dijo nada, sabía que aquel sentimiento era nuevo para Matt y necesitaría tiempo para asimilarlo y aceptarlo. Hasta entonces, cualquier cosa que le dijera resultaría inútil.

—Sarah y yo también nos divertimos mucho —comentó cambiando de tema.

—Pasáis juntos mucho tiempo, pese a que vivís en ciudades distintas —apuntó Matt tratando de descubrir qué se traía entre manos su amigo con la mejor amiga de Gisele.

—Nos divertimos mucho, no te lo voy a negar —le respondió con una amplia sonrisa en los labios—. Pero no hay mucho más qué contar. Cómo has dicho, vivimos en ciudades distintas y ninguno de los dos quiere una relación estable.

—Da igual lo que quieras, a veces las cosas pasan sin más —pensó en voz alta Matt, ya que él era un claro ejemplo de ello.

Gisele pasó la tarde con Sarah y Kelly, recorriendo las tiendas del centro de la ciudad para realizar las compras de última hora. Gisele ya había comprado todos los regalos, salvo el regalo de Matt. Sabía que, comprara lo que comprara, Matt averiguaría el precio de su regalo y le haría la transferencia correspondiente, algo que Gisele no estaba dispuesta a permitir. Por eso había decidido regalarle otra cosa, algo que no fuera material, que no pudiera comprarse con dinero, pero no se le ocurría otra cosa que no fuera desnudarse y ponerse un lazo enorme en la cabeza.

—Pues eso seguro que le gusta —bromeó Sarah entre risas.

—Quiero regalarle algo que tenga valor para él, pero no un valor material ni tampoco sexual.

—Sin duda alguna es el mejor regalo que le puedo hacer a Jason, el único problema es qué le diré a Leonor cuando me pregunte qué le he regalado —continuó bromeando Sarah.

—Lo siento, pero no se me ocurre nada para ayudarte —le dijo Kelly—. Todo lo que se me ocurre incluye un valor material.

Finalmente, Gisele optó por comprar una tarjeta negra en la que escribió con un rotulador dorado: “Vale por un deseo” y la metió en un sobre dorado. Era el regalo perfecto para Matt, un regalo que le gustaría y que no podría devolverle.

Tras realizar las últimas compras, las chicas regresaron a casa de Gisele, donde se prepararon para la cena de nochebuena en casa de Leonor.

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