Hasta que el contrato nos separe 34.

El día de la boda había llegado, pero Gisele y Sarah se habían estado charlando la noche anterior hasta las tantas y se habían quedado dormidas en el sofá. Allí las encontró Elsa cuando se levantó y se apresuró en despertarlas para que desayunaran, se ducharan y comenzaran a prepararse. Kelly llegó mientras desayunaban en la cocina y las regañó al encontrarlas todavía sin haberse duchado:

— ¿Se puede saber qué habéis estado haciendo toda la noche? Porque, desde luego, dormir habéis dormido poco.

—No te enfades, ya he terminado de desayunar y me ducho en diez minutos —la tranquilizó Gisele. Dio media vuelta antes de subir las escaleras en dirección a su habitación y le preguntó con curiosidad—: ¿Cómo está Matt?

—Insoportable porque no está contigo y nervioso porque está a punto de casarse —les respondió Kelly riéndose divertida.

—No vas a llamarle ahora, vamos mal de tiempo —le advirtió Sarah, que conocía muy a su amiga y cuáles eran sus intenciones—. Ya tendrás tiempo luego de hablar con él, pasaréis juntos todo el día.

Gisele hizo un mohín con tristeza, pero acató las órdenes que le habían dado y se apresuró en ducharse y vestirse. Mientras tanto, Kelly y Elsa, que ya estaban casi listas para salir, las ayudaron a peinarse y maquillarse. Dos horas después, tal y como estaba previsto, Jason, Tyler y Ben pasaron a recoger a Gisele, Sarah, Kelly y Elsa en una preciosa y gran limusina blanca que les llevaría a todos hasta una pequeña iglesia situada en un valle desde donde se podía vislumbrar el mar.

Gisele todavía no estaba preparada, pero con la ayuda de Elsa, Sarah y Kelly tan solo tardaron cinco minutos.

—Llevas algo viejo, los pendientes de tu madre; algo nuevo, el vestido de novia; y te falta algo prestado que te lo doy yo, mi pulsera de la suerte —le dijo Sarah emocionada al mismo tiempo que abrochaba la pulsera alrededor de la muñeca de Gisele—. Estás preciosa, Gis.

—Vosotras sí que estáis preciosas —respondió Gisele con un hilo de voz, a punto de llorar.

— ¡No llores! —Exclamaron Sarah y Kelly al unísono para que a Gisele no se le estropeara el maquillaje.

—Venga chicas, debemos irnos ya o llegaremos tarde —las apresuró Elsa.

—Y mi hermano enviará al ejército a buscarte —se mofó Kelly, creyendo a su hermano capaz de eso y mucho más.

Salieron de la habitación, bajaron las escaleras y se encontraron a los chicos esperándolas en el hall, que sonrieron en cuanto las vieron. Tras lanzarse piropos unos a otros, se subieron a la limusina y se dirigieron hacia a la iglesia.

— ¿Estás segura de querer casarte? —Le preguntó Ben y añadió bromeando—: Todavía estás a tiempo de fugarte.

—Por nuestro bien, más nos vale asegurarnos de que Gisele llega al altar y le da el sí quiero, de lo contrario Matt será insufrible —bromeó Tyler.

—El amor siempre triunfa, no hay nada que se pueda hacer para impedirlo —opinó Kelly mirando de reojo a Tyler—. Llegaremos a tiempo a la iglesia, Matt y Gisele se casarán y todos respiraremos tranquilos.

—Gis, deja de apretarme la mano que me la vas a partir —le dijo Sarah a su amiga, devolviéndola a la realidad—. Chicos, dejad de hablar que la estáis asustando.

—Toda va ir bien, cielo —le aseguró Elsa—. Tan solo son los nervios del momento, Matt debe estar igual que tú en este momento.

Gisele estaba muy nerviosa y no sabía por qué. Sí, estaba a punto de casarse, pero tampoco era para tanto teniendo en cuenta que había firmado un contrato específicamente para ello. Sin embargo, no pudo evitar sentirse insegura. De repente, sintió pánico de llegar y no encontrar allí a Matt.

—Para el coche —ordenó Gisele en pleno ataque de histeria.

— ¿Qué ocurre? ¿Se te ha olvidado algo? —Preguntó Sarah.

—Necesito llamar a Matt.

—Lo vas a ver en un rato, Gis —le restó importancia Sarah pero, al ver la cara de preocupación de su amiga, le entregó su teléfono móvil y añadió—: Llámale, pero no paramos que ya vamos tarde.

Gisele cogió el teléfono móvil de Sarah y marcó el número de Matt. No tuvo que esperar más de un segundo para que él respondiera:

—Sarah, ¿dónde estáis?

—Estamos de camino, casi estamos llegando —le respondió Gisele con un hilo de voz.

—Gisele, ¿va todo bien?

—Sí, solo necesitaba llamarte. ¿Estás bien?

—Ahora mismo estoy enfadado conmigo mismo por no haberme quedado contigo esta noche, apenas he podido dormir.

—Sarah y yo nos quedamos dormidas en el sofá del salón bien entrada la madrugada —le confesó Gisele.

—Estoy deseando estrecharte entre mis brazos, preciosa —susurró Matt con la voz ronca al otro lado del teléfono.

— ¿Me has echado de menos? —Le tanteó Gisele.

—Muchísimo. Y aún te echo de menos. Estoy deseando verte con tu vestido de novia.

—Entra en la iglesia, estaré contigo en dos minutos —le susurró Gisele al mismo tiempo que la limusina entraba en el recinto de la iglesia.

A Gisele le hubiera gustado añadir un te quiero antes de colgar, pero se mordió la lengua porque sabía que podía no ser correspondido y aquello la hundiría, no podía arriesgarse justo cuando estaba a punto de casarse.

La limusina se detuvo frente a la puerta principal de la pequeña iglesia, que estaba custodiada por dos agentes de seguridad junto a otra docena agentes por los alrededores. Bajaron del vehículo y Gisele respiró profundamente para infundirse valor y serenidad. En ese momento, le hubiera encantado haber desaparecido de allí junto a Matt a un lugar lejano en el que pudieran quedarse para siempre. No podía dejar de repetirse que la boda era una farsa de tiempo limitado.

—Cielo, te estás poniendo pálida, ¿estás bien? —Le preguntó Elsa preocupada.

—Estoy bien, un poco nerviosa —murmuró Gisele tratando de tranquilizar a Elsa—. Será mejor que entréis, no quiero hacer esperar a Matt.

Elsa, Tyler y Ben entraron en la iglesia mientras Kelly y Sara retocaban el vestido de Gisele para que estuviera perfecto. Jason le ofreció el brazo a Gisele y, con una serenidad que todas agradecieron, le dijo a Gisele:

— ¿Preparada?

—Por supuesto —le confirmó ella.

Gisele entró en la iglesia del brazo de Jason y seguida por sus dos damas de honor: Sarah y Kelly. Más de doscientos invitados clavaron su mirada en ella, pero Gisele solo veía a Matt al final del pasillo y se concentró en caminar hacia él. Agradeció en silencio que Jason además de ofrecerle su brazo también le agarrara la mano y se la apretara para darle la fuerza que parecía haberse esfumado de su cuerpo.

—Gis, relájate —le susurró Jason—. Están tan nerviosa que estás temblando.

—Créeme si te digo que lo intento —murmuró Gisele haciendo reír a Jason y llamando aún más la atención de todos los allí presentes.

Matt no podía apartar la mirada de Gisele, estaba preciosa con ese vestido de novia con escote de pico y de manga francesa. Jason le entregó la mano de Gisele y Matt la agarró con fuerza para después llevársela a los labios y besarla.

—Estás… impresionante —le susurró Matt haciendo un esfuerzo por contener las ganas de besarla.

Ella le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y ambos se colocaron frente el altar para escuchar la breve misa del sacerdote. Ninguno de los dos prestó atención a las palabras del sacerdote, estaban demasiado embelesados mirándose el uno al otro. El sacerdote tuvo que carraspear dos veces, provocando las risas cómplices de los invitados, para que Matt le prestara atención y, cuando lo consiguió, le dijo:

—Por favor, saque los anillos —. Matt obedeció de inmediato y el sacerdote añadió—: Puede colocar el anillo en el dedo anular de la novia.

Matt sacó de la caja la alianza de Gisele y, mientras se la colocaba en el dedo anular, escuchó las palabras del sacerdote mirando a Gisele a los ojos:

—Mathew Spencer, ¿promete serle fiel a Gisele Moore, amarla, apoyarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de su vida?

—Sí, quiero —respondió Matt y, haciéndole un cómplice guiño a Gisele, añadió—: Estaría loco si dijera que no.

Y después le llegó el turno a Gisele:

—Gisele Moore, ¿promete serte fiel a Mathew Spencer, amarle, apoyarle y respetarle, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de su vida?

—Sí, quiero —respondió Gisele dedicándole una amplia sonrisa a Matt.

—En ese caso, yo les declaro marido y mujer. Pueden besarse —concluyó el sacerdote.

Matt no lo dudó ni por un instante, agarró a Gisele por la cintura, la estrechó contra su cuerpo, la envolvió con sus brazos y la besó con todo el amor que sentía hasta que los invitados comenzaron a vitorearles y Gisele, completamente ruborizada, escondió la cara en el cuello de Matt, dejándose abrazar por él.

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