Hasta que el contrato nos separe 33.

Tras rebajar la tensión en el despacho, Matt invitó a Gisele a almorzar fuera de casa y la llevó a la masía donde la llevó la primera vez. A ambos les encantaba la paz del lugar, la intimidad y la buena comida que allí servían. Además, quería hacer tiempo para que Jason trajera a Sarah a casa y pudieran darle una sorpresa a Gisele cuando regresaran a casa después de comer.

Jason estaba encantado de hacer de anfitrión a Sarah, la atracción entre ambos era evidente y los dos congeniaban a la perfección. Querían divertirse y juntos lo conseguían. Sin reproches, sin presiones. Su relación era cordial en público y apasionada en la intimidad, una relación que beneficiaba a ambos. A pesar de la distancia que les separaba, que tampoco era tanta, se veían a menudo y cada vez que coincidían acababan pasando la noche juntos.

Tras regresar a la ciudad con Sarah, Jason la llevó directamente a casa de Matt. Le hubiera gustado pasar un rato a solas con ella, pero temía que si se lo proponía le pudiera malinterpretar y el día antes de la boda de Matt y Gisele no era el mejor momento para causar un conflicto, así que se resignó y al menos se contentó con disfrutar de ella a solas durante el corto tiempo del trayecto.

— ¡Qué alegría se va a llevar Gis cuando te vea! —Exclamó Elsa notablemente emocionada cuando recibió a Jason y Sarah.

—Alegría la que me voy a llevar yo, que me muero por abrazarla —le confesó Sarah—. Se me hace tan raro estar sin Gis que todavía no me acostumbro, pero me consuela saber que aquí la estáis cuidando muy bien.

—Gis es un encanto, las dos lo sois —afirmó Elsa lanzando una mirada demoledora a Jason.

—Yo no he dicho lo contrario —se defendió él alzando las manos en señal de inocencia.

A Elsa no se le pasaba una. Era obvio que entre aquellos dos había algo más que el coqueteo inicial de cuando se conocieron hacía seis meses antes y Elsa pudo comprobarlo con sus propios ojos. Ambos se buscaban con la mirada, la atracción entre ellos era palpable y se notaba que hacían un gran esfuerzo por contener sus ganas de dejarse llevar por ese deseo tan arrollador que sentían.

—Matt y Gisele están de camino, llegarán en diez minutos —les informó Elsa. Y, para darle unos minutos de intimidad, le dijo a Jason—: Acompaña a Sarah a la habitación de invitados y llevaos las maletas para que Gis no sospeche nada.

Jason le hizo un gesto de agradecimiento a Elsa sin que Sarah lo viera y, tras coger la maleta, agarró de la mano a Gisele y subieron las escaleras casi corriendo. Mientras Sarah se apresuraba en deshacer su maleta e instalarse en la habitación de invitados, Jason la observaba con una sonrisa en los labios, totalmente hechizado por ella. Pero Jason tenía una pregunta que hacerle y no quería esperar más para saber la respuesta:

— ¿Hasta cuándo te vas a quedar en la ciudad?

—El domingo regreso a la capital, Matt se va a llevar a Gis un par de días después de la boda, así que no tiene ningún sentido que yo me quede aquí si Gis no está —le respondió Sarah con naturalidad y añadió con tono burlón—: Tranquilo, no te va a dar tiempo a echarme de menos porque pasaré aquí la Navidad y el fin de año.

—Matt y Gis solo estarán fuera tres o cuatro días, no merece la pena que regreses a la capital, deberías quedarte.

—No voy a quedarme en casa de Matt si ellos no están aquí.

—Pues quédate en mi casa —le propuso Jason.

—No creo que sea una buena idea…

—No seas mal pensada, tendrías tu propia habitación y te prometo que no te molestaré, ¿qué me dices?

— ¿De verdad quieres meterme en tu casa? ¿En tu adorado templo?

—No sería la primera vez que duermes en mi casa pero sí la primera que no lo haces en mi cama, aunque tengo que reconocer que estaré encantado de dormir contigo si así lo deseas, muñeca —le respondió Jason con su tono de voz más seductor.

—Lo pensaré —le dijo Sarah zanjando el tema por el momento—. Será mejor que bajemos al salón, Matt y Gis deben estar a punto de llegar.

Jason se conformó con aquella respuesta, al menos no le había dicho que no. Decidió no insistir más en ese momento, pero estaba dispuesto a convencerla.

Matt y Gis entraron en casa y Sarah les sorprendió gritando eufórica:

— ¡Sorpresa!

— ¡Sarah! —Gisele abrazó a su amiga y ambas se emocionaron—. Creía que no llegarías hasta dentro de unas horas.

—Lo sé, pero quería darte una sorpresa —le dijo Sarah con ternura. Se volvió hacia a Matt y también le saludó dándole un abrazo—: Me alegro de verte, cuñado. Y de ver que cuidas tan bien de Gis.

Los cuatro se sentaron en los sofás del salón junto al calor de la chimenea y charlaron animadamente sobre la boda, el trabajo y la universidad. Matt se levantó para ir a la cocina a por algo de beber y Sarah se ofreció a ayudarle, dejando a Jason y Gisele a solas en el salón.

—Jason, me gustaría pedirte algo —comenzó a decir Gisele, captando la atención de Jason de inmediato—. Cómo sabes, mis padres murieron y, por lo tanto, no tengo a nadie que mañana me lleve al altar. Sarah y Kelly serán mis damas de honor y me gustaría que tú me llevaras al altar.

—Será un honor —le aseguró Jason—. Puede que todo esto empezara por una razón, pero me alegra haberte conocido, eres una buena persona y le haces mucho bien a Matt. Si te soy sincero, nunca le había visto tan a gusto con una mujer.

—A ti y a Sarah también os he visto muy a gusto, ¿hay algo que no sepa?

—Sarah tiene previsto regresar a la capital el domingo y le he pedido que se quede en mi casa mientras estáis fuera. Me ha dicho que lo pensará, pero me temo que tan solo ha querido cambiar de tema.

—Hablaré con ella, pero no te prometo nada —le dijo Gisele con una sonrisa cómplice.

Matt y Sarah regresaron al salón con refrescos para todos, uniéndose a Gisele y Jason, y pasaron la tarde charlando animadamente. A última hora de la tarde, Matt y Jason se despidieron de las chicas para ir a cenar a casa de Leonor, donde pasarían la noche, mientras que las dos amigas disfrutaban de unas horas antes de dormir para ponerse al día sobre los últimos acontecimientos.

— ¿Nos vemos mañana en el altar? —Le preguntó Matt visiblemente nervioso, temía que Gisele se echara atrás y cancelara la boda en el último momento. A esas alturas, le importaba poco la herencia de su abuelo, tan solo quería seguir teniéndola a su lado unos meses más.

—Estaría loca si te dijera que no —le contestó ella en un susurro antes de besarle—. Echaré de menos dormir sin ti en una cama tan grande.

—Si me dices eso, me quedo aquí.

—De eso nada —intervino Sarah interrumpiéndoles—, Matt se va a casa de su madre y mañana no os preocupéis porque pasaréis el día juntos.

—Te llamaré esta noche, preciosa —le aseguró Matt a Gisele, besándola una vez más antes de marcharse.

Sarah esperó a que los chicos se hubieran marchado para preguntarle a Gisele:

—Bueno, ¿qué tal está la novia el día antes de la boda?

—La novia está confundida, su dama de honor le oculta sus amoríos con el padrino de su boda y sospecha que está coladita por él —le respondió Gisele siguiéndole el juego.

—Eres una bruja, pero tienes razón —le confesó—. Jason me gusta y me encanta aprovechar cada pequeña ocasión para estar con él, lo cual me resulta extraño y me asusta. Él vive aquí y yo en la capital, así que al principio pensé que no pasaría nada si nos veíamos de vez en cuando, no pillaría por alguien a quien veo una vez al mes.

—Pero te has pillado.

—Un poquito. Me ha pedido que me quede en sus días mientras tú y Matt estáis en vuestra pre-luna de miel.

—Me parece una buena idea, no estarás sola y seguro que Jason sabe cómo entretenerte y hacer que te diviertas.

—No puedo arriesgarme a pasar tanto tiempo con él, es demasiado perfecto para no enamorarme de él.

—Quién no arriesga, no gana —le recordó Gisele.

—Acabaría haciéndome daño, es mejor no enamorarse, a menos que seas tú y encuentres a alguien como Matt —bromeó Sarah.

Gisele sonrió, pero fue una sonrisa a medias. Sí, estaba a punto de casarse con Matt, el hombre del que se estaba enamorando irremediablemente, pero no podía decirle a su amiga que aquella relación no era más que una farsa de la que había aceptado formar parte a cambio de una generosa cantidad de dinero. Sin embargo, prefirió decirle lo que sí sentía de verdad:

—He tenido mucha suerte de conocer a Matt, es un hombre encantador, cariñoso, apasionado y todo un caballero.

—Me alegra tanto tan feliz —le confesó Sarah emocionada—. Puede que haya alguien que piense que os habéis precipitado, yo misma lo pensé cuando me dijiste que te habías prometido con Matt, pero os veo juntos y sé que seréis una de esas parejas que duran toda la vida.

Gisele se emocionó ante las palabras de su amiga y derramó algunas lágrimas que apresuró en limpiar.

Pasaron gran parte de la noche hablando de sus vidas, de sus sentimientos y de sus metas para el futuro hasta que, bien entrada la madrugada, ambas se quedaron dormidas en el sofá del salón.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.