Hasta que el contrato nos separe 32.

Matt estaba furioso tras ver el vídeo de seguridad donde Pamela intentaba golpear a Gisele, había tratado de ocultar su enfado frente a su futura mujer, pero necesitaba salir de la casa o estallaría. Tampoco podía creerse que Gisele no le hubiera dicho nada, ¿tan poco confiaba en él? ¿Tan poco creía que le importaba? Golpeó con fuerza el volante al imaginarse cuál era la respuesta. Llamó a Jason por teléfono y, tras contarle todo lo que había ocurrido con Pamela, le dijo:

—Ponte en contacto con ella en calidad de abogado y adviértele que, si vuelve a acercarse a Gisele, la demandaremos.

—No te preocupes, le haré llegar un aviso formal en persona mañana a primera hora.

—Mañana no. Ahora —le ordenó Matt—. Estoy conduciendo de camino a la agencia, quiero hablar con Ben para que tenga vigilada a Pamela. Todavía no me puedo creer que haya sido capaz de ser tan ruin.

—Pamela es una bruja, si a eso le sumas que está despechada…

—Entrégale la advertencia —le interrumpió Matt antes de colgar.

En cuanto llegó a la agencia, Matt se dirigió al centro de operaciones en busca de Ben. Pese a que esperaba recibir alguna burla por su parte, lo cierto es que Ben se mostró preocupado desde un primer momento y no bromeó sobre el tema.

—No te preocupes, me aseguraré de que esa bruja no vuelva a acercarse a Gisele —le aseguró Ben. Matt se lo agradeció con una sonrisa forzada y Ben añadió—: Y tampoco te enfades con Gis, si no te lo ha contado es porque no quería preocuparte.

— ¿Tú sabías algo de esto?

—No, Gis no me ha contado nada —reconoció Ben—. Pero Gis nunca ha querido preocuparte, ni siquiera con lo de su ex. Solo intenta protegerte igual que tú haces con ella, en eso consiste el amor, ¿no?

El intento de Ben para que Matt sonriera fue todo un éxito. El amor. El amor mutuo. Un tema tabú del que ambos se negaban a hablar pero no tenían ningún reparo en demostrarlo.

—Vete a casa con Gis, te habías tomado la tarde libre para estar con ella y, en lugar de aprovecharlo, vienes aquí —le reprochó Ben bromeando—. Todavía está a tiempo de arrepentirse, no la dejes escapar.

Matt abrazó a su amigo Ben, se despidió de él y salió de la agencia conduciendo su coche de regreso a casa.

Había pasado poco más de una hora desde que Matt se había marchado y Gisele seguía en la cocina, echándole una mano a Elsa para preparar la cena y desahogándose con ella. Matt entró en casa sin hacer ruido, se asomó por la puerta de la cocina y vio a Gisele de espaldas, revolviendo entre los armarios en busca de alguna cosa. Le hizo una señal a Elsa para que no le delatara y se acercó a Gisele despacio, se colocó detrás de ella y rodeó su cintura con sus brazos.

—Te he echado de menos, preciosa —le susurró al oído.

—Y yo a ti —le respondió Gisele ladeando la cabeza para poder besarle.

— ¿Te apetece cenar conmigo en el salón mientras vemos una película? —Le propuso Matt con su tono de voz más seductor.

—Me parece un plan perfecto.

Y así lo hicieron. Cenaron en el sofá y después disfrutaron de una romántica película acurrucados el uno junto al otro.

— ¿Nos vamos a la cama? —Le preguntó Gisele juguetona cuando terminó la película.

—Por supuesto, cariño —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla al dormitorio. La dejó de pie junto a la cama y le dijo divertido—: Creo que has dicho que me habías comprado un regalo de boda y, aunque estoy molesto conmigo mismo porque no sabía que debíamos hacernos un regalo, estoy deseando saber que es.

Gisele sonrió divertida y se encaminó hacia el armario del vestidor donde había escondido el reloj que le había comprado a Matt. Cogió la caja envuelta que contenía el reloj y, con el rubor en las mejillas, se lo entregó a Matt. Él lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja, embelesado por la ternura de Gisele. Como si fuera un niño pequeño, abrió la caja emocionado y se quedó paralizado cuando vio el lujoso reloj. Hizo un rápido cálculo mental y supo que aquel regalo le había debido de costar el mismo dinero que había recibido como beneficio del contrato.

— ¿Por qué me has comprado esto, Gisele?

El gesto serio de Matt hizo que Gisele lo malinterpretara, imaginó que no le había gustado el reloj y así se lo hizo saber:

—No te ha gustado.

—El reloj es precioso, Gisele. Pero yo no lo necesito y me duele que te hayas gastado tanto dinero en algo así.

—Pues lamento comunicarte que no lo puedo devolver, está grabado en el reverso.

Matt miró el reverso y sonrió al ver las iniciales de ambos y la fecha de la boda. Se colocó el reloj en la muñeca y estrechó a Gisele entre sus brazos.

—Es un regalo maravilloso, casi tanto como tú —le susurró Matt al oído antes de besarla.

Ambos se fundieron en aquel beso y, como tantas otras noches, se dejaron llevar por la pasión, pero esta vez, también se dejaron llevar por el amor que ambos sentían aunque todavía no estuvieran dispuestos a reconocerlo en voz alta.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, estaba sola en la cama. Se incorporó desperezándose y vio una nota en la mesita de noche: “Buenos días, preciosa. Estaré en el despacho cuando leas esto, ven a buscarme cuando te levantes y desayunamos juntos. M.” Gisele se levantó de buen humor y se dirigió al baño para darse una rápida ducha antes de ir en busca de Matt.

Matt se había levantado temprano, le había escrito una nota y se había encerrado en su despacho para encargarse de un par de asuntos que había dejado pendiente: Pamela y el reloj que Gisele le había regalado. El tema del reloj fue fácil de resolver, tan solo tuvo que buscar su precio en internet y transferir el mismo importe a la cuenta de Gisele. Sin embargo, lo de Pamela se le hizo cuesta arriba. Pensó en hacerle una visita para dejarle las cosas claras, pero sabía que Pamela era capaz de utilizar aquella visita en contra de Gisele y no quería más problemas, así que decidió llamar a Jason para que le pusiera al corriente de la situación.

—Esperaba tu llamada —le dijo Jason nada más descolgar.

— ¿Has hablado con Pamela?

—Sí, y lo niega todo. Nada que no pudiéramos imaginar —comentó Jason—. No creo que sea tan estúpida de seguir increpando a Gisele, pero Ben la tiene vigilada por si acaso.

—Hemos duplicado la seguridad para mañana, no quiero que nada ni nadie nos estropee la boda.

— ¿Qué tal está Gis?

—No estoy seguro —le confesó Matt—. Está demasiado entera para toda la presión que está teniendo. Su ex novio es un criminal del que no sabía nada, Pamela la acosa y no me dice nada, ¿tú lo entiendes?

— ¿Qué tal están las cosas entre vosotros?

—Genial, por eso no entiendo por qué me ha ocultado lo de Pamela, cualquier otra persona lo hubiera gritado furiosa a los cuatro vientos, pero ella decidió callarse porque no quería darme más preocupaciones.

—A eso se le llama amor, ¿no crees?

—Me preocupa que todo esto la sobrepase.

—Tu labor como marido es demostrarle que no está sola, que tú estás allí para apoyarla, así que olvídate de la agencia y cuida de ella —le aconsejó Jason—. Tengo que dejarte, estoy a punto de subir al avión para ir a buscar a Sarah.

—Últimamente pasas mucho tiempo en ese avión, ¿hay algo que quieras contarme?

—De momento, prefiero guardármelo para mí —le respondió divertido y añadió antes de colgar—: Estaremos allí a primera hora de la tarde.

Mientras tanto, Gisele se había dado una ducha y se había vestido para bajar a desayunar con Matt. Estaba de buen humor porque en pocas horas vería a Sarah y la podría abrazar. Echaba de menos a su amiga, aunque tampoco podía desahogarse con ella debido al contrato de confidencialidad que había firmado con Matt. Al coger su teléfono móvil antes de salir, vio que había recibido una notificación del banco informando de una nueva transferencia de saldo recibida y maldijo entre dientes cuando vio el importe.  Bajó las escaleras y entró en el despacho de Matt mostrándole la pantalla de su móvil donde aparecía la notificación de la transferencia bancaria y le espetó:

— ¿Me puedes explicar qué significa esto?

Matt, que en ese momento no tenía ni idea de a qué se refería Gisele, le respondió:

— ¿Qué es eso?

— ¿Por qué me has hecho el ingreso de ese dinero, Matt? —Insistió Gisele acercándose para mostrarle la notificación.

—Es obvio que lo he hecho porque he querido y, si te soy sincero, preferiría no hablar más del tema porque al final acabaremos discutiendo. Además, te recuerdo que acordamos que yo me encargaría de todos los gastos que conllevara nuestra relación.

—Tan solo pretendía tener un detalle contigo pero, si tan mal te sienta, no lo repetiré.

Gisele hizo amago de marcharse, pero Matt la agarró del brazo para detenerla y, juntando su frente con la de ella, le susurró con dulzura:

—Me encanta que hayas tenido ese detalle, pero no quiero que te gastes tu dinero en mí, no compras nada para ti, no te das ningún capricho.

—No estoy acostumbrada a darme caprichos y tú me consientes todos los días, tan solo quería agradecértelo.

—No tienes que agradecerme nada, ¿podemos dejar ya este tema? —Matt la estrechó entre sus brazos y le dio un leve beso en los labios—. ¿Qué te parece si mejor hablamos de una pequeña escapada después de la boda, solos tú y yo? ¿Te gustaría pasar un par de días solo conmigo y sin que nadie nos interrumpa?

—Mm… Estaría loca si te dijera que no.

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