Hasta que el contrato nos separe 30.

Los días siguientes fueron más tranquilos. Matt tan solo iba a la agencia por la mañana, mientras Gisele estaba en clase. Después pasaba a recogerla por la universidad y comían en casa antes de que él siguiera trabajando desde casa y Gisele le hiciera compañía estudiando. Por la noche, cenaban en el sofá del salón mientras veían una película, casi siempre alguna comedia romántica elegida por Gisele, y cuando terminaba se dirigían al dormitorio para hacer el amor antes de dormir abrazados el uno el otro.

Leonor y Kelly intentaron quedar con Gisele para hablar de los últimos preparativos para la boda, pero Matt se negó en rotundo alegando que Gisele tenía que estudiar y no les permitió mencionar nada al respecto hasta después de su escapada de fin de semana.

—Me estás sobreprotegiendo —le acusó Gisele divertida.

—Has estado sometida a mucha presión, necesitas descansar y tienes que estudiar —se justificó Matt—. Pero este fin de semana, es solo para nosotros.

—Estoy deseando llegar a la cabaña.

Gisele estaba emocionada, Matt le había dicho que la llevaría a la cabaña de pesca a la que iba con su padre sin que ella se lo mencionara. Para Gisele, aquello era una muestra de la confianza que ambos habían forjado durante los casi seis meses que llevaban juntos.

Después de más de dos horas conduciendo por una carretera secundaria que rodeaba la montaña, Matt aparcó el coche frente a una pequeña cabaña de piedra y madera rodeada de árboles y cerca de un pequeño río de aguas cristalinas.

—Es precioso —susurró Gisele, pensando en voz alta.

—Tú sí que eres preciosa —le dijo Matt con la voz ronca al mismo tiempo que la abrazaba desde la espalda—. Será mejor que entremos en la cabaña y encendamos la chimenea, en un par de horas la temperatura descenderá entre quince y veinte grados.

—Mm… Tendremos que darnos calor para combatir el frío.

Matt sonrió embelesado, le encantaba ver a Gisele bromeando tan relajada y siendo la dulce y seductora descarada que le volvía loco.

—Ponte cómoda, voy a por leña para encender la chimenea y que nos dure toda la noche —le dijo tras besarla en la mejilla con ternura.

Gisele metió en la nevera la comida que habían traído de casa, deshizo las maletas, guardó la ropa de ambos en el armario y las cosas de aseo en el baño, hizo la cama colocando sábanas de franela y un par de mantas y ayudó a Matt a guardar la leña en el cobertizo mientras él continuaba partiendo troncos con el hacha.

—Creo que con esto ya tenemos suficiente leña para todo el fin de semana —opinó Matt tras echar un vistazo a toda la leña que había en el cobertizo.

— ¿Qué hacemos ahora?

—Se me ocurren muchas cosas, pero antes debemos encender la chimenea —respondió Matt con tono juguetón.

Gisele estaba feliz, tenían todo el fin de semana por delante para estar a solas y sin que nadie les interrumpiese. Tras encender la chimenea, Matt le propuso a Gisele dar un paseo por la ribera del río y ella aceptó encantada. Disfrutar de un simple paseo por la montaña junto a Matt le hizo sentirse la mujer más feliz del mundo y desear que aquel fin de semana no acabara nunca.

—Estás muy callada, ¿quieres contarme en qué piensas?

—En la paz y la tranquilidad que nos rodea, hace que me sienta feliz.

—Tú sí que me haces feliz —le confesó Matt en un susurro antes de besarla en los labios con una dulzura embriagadora.

Gisele sintió un gran alivio al escuchar las palabras de Matt que, aunque no fuera de una forma directa, prácticamente era una confirmación de que empezaba a sentir algo por ella. Matt se sorprendió al oírse pronunciar aquellas palabras, pero aquella verdad se había escapado de entre sus labios sin poder evitarlo. Y es que lo cierto era que Matt estaba cada día más hechizado por ella, era en lo único que pensaba día y noche.

—Ahora eres tú el que se ha quedado callado —apuntó Gisele tras caminar en silencio durante varios minutos.

—Disfrutaba de la paz y la tranquilidad de la que hablabas —le respondió sonriendo al mismo tiempo que la abrazaba.

Gisele se dejó abrazar, se sentía feliz y segura entre los brazos de Matt. No pudo evitar preguntarse qué pasaría después de su matrimonio pactado con fecha de caducidad, pero decidió no preocuparse por ello en ese momento y disfrutar del año que le quedaba con Matt.

Aquel fin de semana en la cabaña fue perfecto para ambos. Paseaban siguiendo el curso del río, preparaban la comida juntos como cualquier pareja normal y al anochecer se acomodaban en el sofá, abrazándose el uno al otro frente al calor del fuego de la chimenea.

Ninguno de los dos mencionó el tema del contrato, se convirtió en una especie de tema tabú entre ellos. Se compenetraban a la perfección, cada día que pasaba se unían más y los sentimientos del uno por el otro crecían.

Las siguientes semanas fueron una montaña rusa. Matt quería dejarlo todo bien atado en la agencia, pues pretendía tomarse unos días libres desde la boda hasta después de Navidad; Gisele tenía que estudiar para los exámenes de final de semestre, además de ocuparse de los contratiempos que iban surgiendo en los preparativos de la boda; Leonor tampoco se lo ponía fácil a la pareja, aunque solo pretendía ayudar, terminaba agobiándoles.

Dos días antes de la boda, Gisele aprovechó que no tenía clase y que Matt estaba trabajando para ir al centro de la ciudad. Quería comprarle un regalo y tener un detalle con él. Le dijo a Elsa que salía a hacer un par de recados y se marchó de casa. Matt estaba trabajando en la agencia, así que era el momento ideal para comprar el regalo y poder darle una sorpresa. No avisó a nadie, ni siquiera a Kelly, le apetecía pasar un rato a solas.

Entró en una joyería y, tras echar un vistazo a los expositores, decidió comprarle a Matt un reloj en el que se gastó un buen pellizco. Le pidió al joyero que grabara las iniciales de ambos entrelazadas y la fecha de la boda. El joyero le indicó que regresara en una hora mientras grababan el reloj y Gisele decidió hacer tiempo tomándose un café en la cafetería de la esquina. Tan ensimismada estaba en sus propios pensamientos, que no reparó en la presencia de Pamela hasta que la agarró del brazo cuando se disponía a entrar en la cafetería. Tan solo la había visto una vez en el quinto aniversario de la agencia y tuvieron un encontronazo en el baño.

—Vaya, vaya, si tenemos aquí a la futura señora Spencer —murmuró con tono despectivo y maquiavélico—. No sé qué habrá visto Matt en ti, pero de lo que estoy segura es que se cansará de ti más temprano que tarde, a Matt no le van las mosquitas muertas como tú.

—Claro, le gustan las arpías venenosas como tú, por eso se va a casar contigo —le respondió Gisele a la defensiva.

—Él no te quiere, tan solo eres un capricho pasajero del que se aburrirá muy pronto y regresará a mí como ha hecho siempre.

—No pierdas la esperanza —se mofó Gisele.

Pamela dio media vuelta y se alejó furiosa calle abajo. Gisele había disimulado muy bien frente a Pamela, pero los dardos envenenados de Pamela le habían dolido porque, en el fondo, sabía que ella tenía razón. Su relación con Matt tenía fecha de caducidad, solo eran dos socios en un negocio en el que ambos salían beneficiados.

—Pero yo he sido una imbécil y he acabado enamorándome de él —pensó Gisele mientras se sentaba en una de las mesas de la cafetería.

Sin duda alguna, aquel encuentro con Pamela la había afectado. Aquella víbora tan solo quería provocarla, pero no lo iba a conseguir. Se tomó un café bien caliente y llamó a Sarah para hacer tiempo antes de regresar a la joyería.

— ¿Qué te pasa, Gis? Y no me digas que nada porque te conozco demasiado bien y solo con escuchar tu voz sé que algo no va bien —le advirtió Sarah.

—Acabo de encontrarme con Pamela.

Gisele le contó con todo detalle su encuentro con Pamela y Sarah escuchó atentamente a su amiga.

— ¿Por qué no se lo has dicho a Matt?

—Matt ya tiene suficientes cosas en las que pensar, no quiero darle una preocupación más por una tontería. Además, seguro que es lo que quiere esa arpía, así Matt irá a buscarla para decirle cuatro cosas.

—Pasa de esa bruja, al fin y al cabo, Matt te ha elegido a ti y no a ella —trató de animar Sarah a Gisele—. Mañana a estas horas estaremos juntas, tengo tantas ganas de abrazarte.

Más tranquila tras aquella conversación con Sarah, Gisele pagó su café a la camarera y se marchó para dirigirse a la joyería. Recogió el reloj que le había comprado a Matt y regresó a casa. Pese a que intentó olvidarse del encuentro con Pamela y de sus palabras envenenadas, no lo consiguió, pero intentó disimularlo cuando llegó a casa. Elsa, que era una persona muy suspicaz, supo que algo no iba bien en cuanto le vio la cara. Gisele, conocedora de las habilidades de Elsa por adivinar las emociones, le dio un beso en la mejilla y se excusó alegando que iba a darse un baño para subir a la habitación.

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