Hasta que el contrato nos separe 3.

Gisele tuvo una pesadilla en la que Erik aparecía en su apartamento en mitad de la noche y disparaba a Matt, que dormía en la cama junto a ella. Se despertó gritando y se reprendió mentalmente por permitirse soñar con Erik, quería borrarlo de su mente como si jamás lo hubiese conocido. Se levantó de la cama sin recordar que no estaba en su apartamento y, a oscuras, dio un par de pasos hasta que se golpeó la rodilla contra el armario y, de repente, se acordó de todo.

— ¡Maldita sea! —Gruñó Gisele buscando el interruptor de la luz y sentándose a los pies de la cama para comprobar los años.

Tan solo había dormido unas cinco horas, pero estaba lo suficiente lúcida para recordar que se encontraba en casa de Matt, un tipo al que había conocido la noche anterior y que la había rescatado tras el último numerito dramático que Erik le había dedicado.

Matt estaba en el gimnasio, situado en la habitación de al lado de la habitación de invitados, cuando escuchó gritar a Gisele. Salió al pasillo para comprobar que ella se encontraba bien cuando escuchó un golpe procedente de la habitación de invitados y abrió la puerta sin pensárselo dos veces. Tuvo que respirar profundamente cuando la vio sentada a los pies de la cama, tan solo llevaba puesta su vieja camiseta del ejército que a duras penas le cubría los muslos.

— ¿Estás bien? —Preguntó Matt clavando su mirada en la rodilla izquierda de Gisele—. Veo que te has dado un buen golpe.

—He tenido una pesadilla, me he despertado y me he levantado sin recordar dónde estaba, así que me he dado un buen golpe en la rodilla contra el armario —se lamentó Gisele, sintiéndose de lo más patética—. Soy un desastre.

—No eres ningún desastre, pero sí un poco dramática —bromeó Matt sentándose a su lado a los pies de la cama—. Deja que le eche un vistazo a esa rodilla.

Tras examinar la rodilla de Gisele y comprobar que tan solo se trataba de una contusión, Matt le dedicó una amplia sonrisa y, poniéndose en pie, le dijo:

—Tu rodilla está bien, pero te saldrá un buen hematoma. Voy a darme una ducha rápida y te espero en la cocina para desayunar, quiero hablar contigo —. Se dirigió hacia la puerta y, antes de marcharse de la habitación, añadió con una amplia sonrisa en los labios—: Por cierto, te sienta muy bien esa camiseta.

Gisele se ruborizó, aquella camiseta cubría su torso, pero poco más. Una vez que se quedó de nuevo a solas en la habitación, se dejó caer de espaldas sobre la cama y pensó en lo guapo que estaba Matt por la mañana. No podía negar que aquel hombre le atraía y mucho. Holgazaneó unos minutos más en la cama antes de asearse y vestirse para bajar a la cocina. Sentía curiosidad por aquel “quiero hablar contigo” que Matt le había dicho.

Después de ducharse, Matt bajó a la cocina y preparó café y tostadas mientras esperaba a que Gisele bajara para desayunar con ella. Cuando Gisele se fue a dormir, él aprovechó para investigarla, quería saberlo todo sobre ella y lo consiguió. Había confirmado que todo lo que le había dicho era cierto, había sido sincera con él. Pese haber pasado toda su adolescencia en casas de acogida, había trabajado de camarera para pagar sus estudios en la universidad y había logrado salir adelante sin la ayuda de nadie. Aquella chica le parecía perfecta para convertirla en su socia, solo tenía que planteárselo de manera que ella viera que ambos saldrían beneficiados. Por suerte para él, contaba con una baza a su favor: la situación económica de ella no era buena y con ello esperaba que al menos se lo pensara.

—Buenos días —saludó Gisele al entrar en la cocina.

—Buenos días, Gisele —sonrió Matt—. Siéntate, he preparado café y unas tostadas para desayunar.

—Alojamiento y desayuno, acabas de convertirte y mi hada de la suerte —bromeó Gisele.

—Se te ha olvidado la mejor parte: la compañía —apuntó Matt siguiéndole la broma y, con un buen humor matutino que no había tenido antes, le preguntó—: ¿Qué sueles tomar para desayunar?

—Café con leche o zumo de piña, según cómo me levante. Hoy me vendrá bien el café.

—Y tostadas, tienes que comer, el desayuno es la comida más importante del día.

Matt le sirvió una taza de café con leche y un par de tostadas y se sirvió lo mismo para él. Gisele le dio las gracias y se comió con gusto todo lo que Matt había preparado. En tres años que había estado con Erik, jamás le había preparado y servido el desayuno.

—Gisele, quiero proponerte algo, pero antes quiero que me prometas que me vas a escuchar hasta el final y que lo pensarás, quiero que lo veas con perspectiva —comenzó a decir Matt.

—De acuerdo —le dijo Gisele con curiosidad.

—Necesitas dinero y yo puedo dártelo…

—No voy a aceptar tu dinero y no deberías preocuparte por mi situación económica, sé cuidar de mí misma —le aseguró ella ligeramente ofendida.

—Creía que ibas a escucharme —protestó Matt.

—Está bien, te escucho.

—El caso es que necesitas un trabajo y yo puedo ofrecerte uno que, aunque no sea muy convencional, estoy seguro de que nos beneficiará a ambos.

— ¿A qué te refieres con eso de que no es un trabajo muy convencional? —Gisele sospechaba que el trabajo que le estaba proponiendo Matt no le iba a gustar.

—Más que un trabajo, sería una especie de acuerdo, un negocio entre tú y yo —tanteó el terreno Matt y, al comprobar que Gisele seguía interesada en escucharle, añadió—: Necesito casarme antes de que acabe el año y ese matrimonio tiene que durar como mínimo un año. Si aceptas el trato, yo me comprometo a pagar todos tus estudios, a asignarte una paga mensual y una buena cantidad cuando se cumpla un año de matrimonio y nos divorciemos.

—No puedo creer que estés hablando en serio, si ni siquiera sabes nada de mí.

—Te recuerdo que dirijo una agencia de seguridad.

— ¿Es que me has estado investigando?

—Tenía que hacerlo, necesitaba estar seguro de que eras quién decías ser.

—No sé si ofenderme o pensar que estás loco —le reprochó Gisele—. ¿Acaso crees que puedes comprarme con tu dinero?

—No busco a una esposa de verdad, solo a alguien que finja serlo —le aclaró Matt—. Solo tendríamos que fingir un noviazgo durante unos meses y un matrimonio durante un año. Tú podrás dedicarte completamente a tus estudios, tendrás una paga mensual para tus gastos, que no serán muchos si vives aquí, pues no tendrás que pagar alojamiento ni comida.

—Estás loco.

—Sé que en un primer momento puede parecer una locura, pero si lo piensas detenidamente, es un buen negocio —insistió Matt.

—Y, ¿qué que ganas tú con este negocio si solo quieres una esposa de mentira?

—Te lo contaré todo cuando decidas aceptar el trato, pero ten en cuenta que es un trato confidencial.

—Me estás pidiendo que me case contigo y no hace ni veinticuatro horas que me conoces, si tuviera fuerzas para salir corriendo lo haría —bromeó Gisele.

—Se trata de un matrimonio de conveniencia, ambos saldríamos ganando —insistió de nuevo Matt, recordándole que sería un buen trato para ella—. Prométeme que lo pensarás.

Gisele lo meditó un instante y, si lo pensaba con la cabeza fría, casarse con Matt podría ser un plan B para pagar los estudios si no conseguía un trabajo.

—Lo pensaré, aunque sea una locura puede que no esté tan mal —concluyó Gisele.

—Perfecto —dijo Matt satisfecho—. Una cosa más, el trato es confidencial, todo el mundo deberá creer que nuestro matrimonio es real, incluida tu amiga y mi familia.

La idea de mentir a Sarah no le gustó, sobre todo porque contarle a Sarah la propuesta de Matt era lo primero que pensaba hacer en cuanto llegara a su apartamento, pero con la condición de Matt, hablar con Sarah del tema era una opción que quedaba descartada.

—Debería irme a casa, estoy a punto de comenzar los exámenes finales y debería estudiar si no quiero suspender.

—Te llevo a casa —sentenció Matt.

Gisele hubiera preferido tomar un taxi de regreso a su apartamento, necesitaba tiempo para asimilar lo que había ocurrido durante las últimas horas, pero tampoco se sintió con fuerzas para discutir con Matt, que no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta.

Se mantuvieron en silencio durante los pocos minutos que duró el trayecto, él iba concentrado en la carretera y ella miraba por la ventana mientras analizaba cada una de las palabras que Matt había utilizado para lanzar su propuesta.

—Ya hemos llegado —anunció Matt aparcando el coche frente a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Gisele.

Hasta ese momento, Gisele no había reparado en que no le había dado su dirección a Matt, por lo que sospechó que su labor de investigación había sido intensa.

—También has averiguado mi dirección —comentó Gisele sin reproche en su voz, tan solo constataba un hecho.

—Me gano la vida haciendo eso, no te lo tomes como algo personal, es solo deformación profesional —bromeó Matt, quitándole importancia—. Lo que de verdad me preocupa es tu ex novio, ¿crees que aquí estarás segura?

—Estaré bien —le aseguró Gisele.

Matt sacó una de sus tarjetas de visita del bolsillo y se la entregó. Gisele la cogió y, tras comprobar que en la tarjeta constaba el teléfono de Matt, le miró y esperó a que le diera una explicación.

—Si ese tipo vuelve a molestarte, quiero que me llames, ¿de acuerdo? —Gisele asintió y Matt añadió—: No importa la hora que sea, llámame y lo solucionaremos.

— ¿Intentas ganar puntos para que acepte tu protesta?

—Si sirve para ganar puntos, me alegraré, pero esto no tiene nada que ver con la propuesta, lo entiendes, ¿verdad? —Quiso aclarar Matt—. Solo quiero que ese tipo no vuelva a molestarte, no me gustó lo que hizo anoche y no me gustaría que se volviera a repetir. Por cierto, también puedes llamarme si te apetece charlar, tomar un café o salir a cenar, estaré encantado de hacerte compañía.

Su tono alegre y positivo, tratando de fingir ser el hombre más optimista del mundo, hizo sonreír a Gisele. Aquel hombre estaba loco, pero le gustaba demasiado como para permitirse caer en la locura junto a él.

—Imagino que ya debes saber mi número de teléfono, así que tú también puedes llamarme.

—Lo haré, te lo aseguro —le confirmó Matt con una sonrisa de oreja a oreja.

Gisele le dio un beso en la mejilla a modo de despedida antes de bajar del coche y entrar en el edificio para dirigirse a su apartamento. Sentía tantas emociones que necesitaba sentarse para analizarlas, pero tenía que ir con cautela para que Sarah no sospechara nada. No podía comentarle nada sobre la propuesta de Matt y lo cierto era que lo prefería así, no quería darle más preocupaciones a Sarah.

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