Hasta que el contrato nos separe 26.

Durante la visita de Sarah a la ciudad, Gisele escogió el vestido de novia, el ramo y los zapatos, pero todavía tenía que decidir muchas cosas más, entre ellas el lugar de celebración. Gisele se comenzó a agobiar, Leonor le había mostrado un sinfín de lugares que le gustaban, pero ninguno le resultaba especial. No encontraba el sitio idóneo para celebrar el enlace y comenzaba a desesperarse ella y desesperar a los demás.

Consciente del estrés y la presión a la que se estaba viendo sometida Gisele, Leonor decidió intervenir. Ella adoraba a su hijo, pero ya era hora de ponerle los puntos sobre las íes. Leonor se presentó por sorpresa en las oficinas de la agencia, dispuesta a hablar con su hijo.

—Mamá, ¿qué estás haciendo aquí?

—Tenemos que hablar.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Matt preocupado, invitando a su madre a entrar en su despacho y cerrando la puerta después—. ¿Le pasa algo a Gisele?

—Es evidente, ¿acaso no te has dado cuenta?

— ¿A qué te refieres? —Exigió saber Matt a la defensiva.

—Cielo, Gisele es una mujer estupenda, es buena, cariñosa, humilde y generosa. Aunque me temo que le hace falta un poco más de carácter para lidiar contigo.

—Tengo mucho trabajo, ¿te importaría ir al grano?

—Has dejado toda la organización de la boda en manos de Gisele y está desbordada, Matt —le reprochó—. La veo muy agobiada con las clases, los estudios y la boda. En lugar de ser un momento maravilloso se está convirtiendo en una obligación para ella, quizás deberías involucrarte un poco más y apoyarla. Me da la sensación de que se siente bastante sola, no tiene familia y su mejor amiga ni siquiera vive en su misma ciudad.

— ¿Gisele te ha dicho eso?

—No, ella no dice nada. Se limita a esforzarse en sonreír y decir que todo va bien, pero es bastante obvio que no es así.

—Está bien, esta tarde me quedaré en casa con ella y nos distribuiremos las tareas para la boda.

—Eso no es lo que te estoy diciendo, Matt —le regañó Leonor—. Tienes que pasar más tiempo junto a ella e involucrarte en todo lo relacionado con la boda. ¿Sabes que Gisele ya ha comprado el vestido de novia?

—No, no me lo ha dicho.

—A eso me refiero —bufó Leonor—. Será mejor que te esfuerces si no quieres quedarte plantado en el altar.

Leonor, bastante molesta por la actitud de su hijo con su futura esposa, dio media vuelta y se marchó de allí sin darle un beso de despedida. Matt resopló con frustración, pero sabía que su madre tenía razón y decidió tomarse la tarde libre para estar con Gisele. Llamó a la puerta del despacho de Jason y, tras sentarse junto a él, le dijo:

—Voy a tomarme la tarde libre.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amigo? —Exclamó Jason mofándose.

—Mi madre me acaba de hacer una visita, ha venido para reprocharme que no me involucro con la organización de la boda y me ha regañado por dejar a Gisele encargándose de todo ella sola.

—La verdad es que tu madre tiene razón, no olvides que Gis no tiene familia y que su mejor amiga está a 350 kilómetros de distancia —le recordó Jason.

—Lo sé, por eso me voy a casa con ella —zanjó la conversación poniéndose en pie—. Llámame si surge cualquier cosa.

—Deja que yo me encargue de la agencia, tú encárgate de tu futura mujer si no quieres que te deje antes de casarte.

Matt sabía que Jason estaba bromeando pero no pudo evitar sentirse culpable, era la segunda vez en apenas una hora que le reprochaban que estaba dejando a Gisele sola. Todo aquel ajetreo la estaba estresando y él ni siquiera se había dado cuenta, pues apenas pasaba el rato con ella y cuando estaban juntos tan solo quería sentirla entre sus brazos.

—Gisele, ¿dónde estás? —Alzó la voz Matt al entrar en casa.

—Estoy aquí —respondió Gisele desde el salón. Matt entró en la estancia un par de segundos después y ella, preocupada, le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—He decidido tomarme la tarde libre, últimamente apenas estamos juntos y a solas —le contestó él besándola en la frente y acomodándose junto a ella en el sofá—. ¿Estabas estudiando?

Gisele asintió, pero se apresuró en cerrar los libros y guardar los apuntes, no quería que darle ninguna excusa para que la dejara sola de nuevo.

—Mi madre ha venido a la agencia para regañarme, cree que estás agobiada por los estudios y los preparativos de la boda —comenzó a decirle Matt en un susurro al mismo tiempo que colocaba a Gisele en su regazo—. Y tiene razón, ni siquiera sabía que ya habías comprado el vestido de novia.

—No importa, sé que tienes mucho trabajo en la agencia —le excusó ella, pues no podía reprocharle nada, al fin y al cabo su relación formaba parte de un contrato.

—Sí que importa. A partir de ahora nos ocuparemos juntos de todo lo que tenga que ver con la boda —. La besó en los labios y añadió juguetón—: ¿No vas a decirme cómo es el vestido de novia que has comprado?

—No, tiene que ser una sorpresa —le respondió Gisele igual de juguetona—. Pero he comprado otra cosa que puedo enseñarte.

—Mm… Lo estoy deseando.

— ¿Te apetece que primero nos demos un largo baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de cogerla en brazos y llevarla al dormitorio.

Matt entró en el baño de la habitación y abrió el grifo de la bañera para que se llenara de agua mientras ambos se desnudaban. Gisele esperaba que Matt iniciara la chispa que les hiciera estallar de deseo, pero él se limitó a meterse en la bañera sentándose detrás de ella y envolviéndola con sus brazos.

—Matt, ¿va todo bien?

—No podría ir mejor, preciosa —le aseguró él.

Gisele se dio media vuelta, se colocó a horcajadas sobre él y le susurró con un tono de voz más que sugerente:

—Sí que puede ir mejor.

Matt pretendía dejar el sexo en un segundo plano, quería demostrarle a Gisele que estaba con ella porque realmente así lo deseaba, no porque se le antojara un poco de sexo. Pero Gisele no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta y él no hubiera podido resistirse aunque hubiese querido.

Después de aquel baño, Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde en el dormitorio, abrazados sobre la cama y poniéndose de acuerdo en la toma de decisiones sobre la organización de la boda. Lo que más agobiaba a Gisele era la elección del lugar de la celebración y Matt se ofreció para encargarse de escogerlo y darle una sorpresa.

—Ya casi lo tenemos todo, solo queda mi traje de novio y el sitio donde celebrar la boda, pero de eso me encargo yo —concluyó Matt—. Aprovecharé para hacerlo el próximo fin de semana, cuando te vayas a la capital para celebrar tu despedida de soltera.

—Solo serán un par de días, ni siquiera te dará tiempo a echarme de menos —bromeó Gisele.

—Te aseguró que te echaré de menos —le confesó con la voz quebrada.

Gisele sospechaba que algo le ocurría a Matt y se abrazó a él para hacerle saber que ella estaba a su lado y le apoyaba. Lo que no sabía Gisele es que Matt todavía trataba de asimilar lo que estaba sintiendo por ella.

Durante el resto de la semana, Matt decidió trabajar desde casa por las tardes y así pasar más tiempo con Gisele. Elsa fue testigo del evidente cambio de humor de ambos, que radiaban felicidad cuando estaban juntos. Leonor también fue testigo del cambio de Gisele, que de nuevo sonreía constantemente y no se la veía tan preocupada.

Matt sabía que el fin de semana sin Gisele sería interminable y quería aprovechar todo el tiempo que podía para estar con ella.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —Preguntó Gisele divertida al notar las manos de Matt por su cintura y su espalda mientras charlaba con Leonor.

—Está nervioso porque mañana nos vamos de despedida de soltera, lleva toda la semana amenazándome con matarme si te llevábamos a un local de striptease —se mofó Kelly.

—Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti —le aseguró Gisele antes de besarle.

Matt confiaba en Gisele, pero no se fiaba ni un pelo de Sarah ni de su hermana Kelly, aquellas dos tenían la palabra peligro escrita en la frente.

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