Pocos días después del anuncio oficial de su compromiso, Matt y Gisele recibieron la visita sorpresa del abogado del abuelo de Matt. Kevin Norris se presentó en casa de Matt un sábado a primera hora de la mañana, mientras Gisele y Matt dormían. Llamó al timbre y Elsa le recibió y le hizo pasar al salón mientras ella se dirigió al dormitorio principal para avisar a Matt.

Gisele seguía dormida y Matt no quiso despertarla, así que se levantó, se vistió y bajó al salón para atender al abogado.

—Buenos días, señor Spencer —le estrechó la mano el abogado—. Soy Kevin Norris, el abo…

—Sé quién es —le interrumpió Matt—. ¿A qué ha venido?

—Directo al grano —bromeó Kevin antes de contarle el motivo de su visita—. Según nuestras informaciones, se acaba de prometer con… —hizo una pausa para buscar el nombre de la chica entre las hojas de su carpeta y añadió—: Con Gisele Moore.

—Así es.

—Y, ¿dónde está ella?

—Son las ocho de la mañana de un sábado, está durmiendo —bufó Matt.

— ¿Está viviendo con usted?

—Sí.

— ¿Desde cuándo?

— ¿A qué viene todo esto? —Protestó Matt.

—Si se casa con la señorita Moore se convertirá en el heredero de Bill West, motivo por el cual deberemos realizar un exhaustivo seguimiento de su relación para verificar que se trata de un matrimonio real y no de conveniencia —le explicó Kevin—. Dicho seguimiento en visitas para realizar entrevistas por sorpresa, individual o conjuntamente.

Gisele se despertó y, al no encontrar a Matt en la cama con ella, decidió levantarse y salir a buscarle. Escuchó su voz proviniendo del salón e imaginó que estaría hablando por teléfono, pero cuando se asomó por la puerta y lo vio sentado en el sofá en silencio, entró en el salón y, sentándose en su regazo sin sospechar que no estaban solos, le dijo tras besarle en los labios:

— ¿Qué haces aquí en lugar de estar en la cama conmigo?

—Eso mismo me preguntaba yo, pero he tenido que salir de la cama para atender una visita.

Matt le hizo una señal a Gisele para que mirara al otro lado del salón y entonces vio a Kevin Norris junto a la ventana. Ella no le conocía ni sabía quién era, así que se levantó de un salto, visiblemente avergonzada, y se disculpó mientras daba gracias en silencio por haberse puesto la bata antes de salir de la habitación:

—Lo siento, pensaba que estabas solo.

—No te preocupes, Gisele. El señor Norris es el abogado de mi difunto abuelo, solo ha venido a saludar.

—Encantada de conocerle —le saludó Gisele tímidamente—. Disculpe la interrupción, les dejaré a solas.

Gisele se marchó de allí tan rápido como llegó y se dirigió a la cocina, necesitaba tomarse un café y rezar para no haber fastidiado el trato que tenía con Matt.

—Nos damos por informados, señor Norris —le dijo Matt dando por finalizada aquella  conversación—. Pero, cómo ha podido ver, no tengo nada que ocultar sobre mi relación con Gisele. Es la mujer de mi vida.

—Genial, así este asunto será más fácil para todos —opinó Kevin tendiéndole la mano a Matt para después añadir a modo de despedida—: Un placer saludarle, señor Spencer. Nos veremos pronto.

—Estoy seguro de ello —murmuró estrechándole la mano.

Matt acompañó a Kevin a la salida y se quedó allí mirándole hasta que le vio salir de la propiedad. Se dirigió a la cocina y allí se encontró a Gisele desayunando en compañía de Elsa, que rápidamente se dispuso a servirle el desayuno a Matt.

—Buenos días —saludó Matt de buen humor. Besó a Gisele en los labios y se sentó a su lado mientras le susurraba al oído—: ¿Qué tal has dormido, preciosa?

—Contigo siempre duermo bien —le respondió Gisele con una tímida sonrisa—. Siento haber interrumpido, pensaba que estabas solo.

—No lo sientas, ha sido lo mejor que ha podido pasar —le respondió Matt guiñándole un ojo con complicidad.

Elsa, consciente de que la pareja deseaba intimidad, salió de la cocina silenciosamente para seguir dedicándose a sus tareas. Mientras desayunaban, Matt le propuso a Gisele ir a pasar el día a la playa y ella aceptó encantada. Era su último fin de semana antes de empezar las clases en la universidad y Gisele quería aprovecharlo para disfrutar de la compañía de Matt, pues una vez comenzado el semestre apenas tendría tiempo para nada.

— ¿Se puede saber por qué estás tan callada? —Le preguntó Matt tras pasar todo el trayecto en silencio y seguir igual durante más de una hora que llevaban en la playa—. ¿Estás bien?

—Sí, solo estoy un poco triste —le confesó ella—. Entre tu trabajo y mis clases, apenas tendremos tiempo para relajarnos cómo hacemos ahora.

—Entonces, quizás debamos aprovechad el día en un lugar un poco más íntimo.

—Quiero ir a casa y pasar el resto del día en la cama contigo —susurró Gisele mirándole a los ojos con verdadero deseo.

—Cariño, nos vamos ahora mismo.

A Matt le encantaba complacer a Gisele y también le resultaba fácil, ella no pedía grandes cosas ni lujos, tan solo quería afecto. Además, pasar el resto del día en la cama con ella era un sueño hecho realidad para Matt, que cada día se enamoraba más de Gisele.

Los días fueron pasando y Gisele comenzó las clases del último curso de carrera en la universidad. Matt se encargaba de llevarla a la universidad por la mañana y recogerla a media mañana, comía con ella en casa y después regresaba a la agencia mientras Gisele se quedaba en casa estudiando, ayudaba a Elsa con las tareas de la casa o salía con Kelly a tomar un café. Matt regresaba a casa a última hora de la tarde, se daba un largo baño con Gisele antes de cenar, charlaban durante un rato y se iban a dormir.

Ese fin de semana, después de la primera semana de clases, Gisele recibió la visita sorpresa de su amiga Sarah. Matt solo quería ver a Gisele feliz y sabía que aquella era una ocasión especial para conseguirlo.

Gisele aprovechó la visita de Sarah para comenzar a mirar vestidos de novia, locales para celebrar la boda y probar los posibles menús para la celebración. Por supuesto, Leonor y Kelly las acompañaron a todas partes, pero Gisele siempre reservaba un par de horas para pasar a solas con Sarah, echaba mucho de menos a su amiga.

—Te veo muy feliz con Matt, parece que te cuida muy bien —comentó Sarah mientras tomaban un refresco en el jardín y esperaban a que Matt regresara del trabajo para cenar.

—Matt es encantador, el novio perfecto —le confesó Gisele con verdadera adoración por Matt, siendo totalmente sincera—. Me trata como a una princesa y siempre está pendiente de mí, no puedo quejarme.

—A él también se le ve muy enamorado —constató Sarah.

— ¿Qué me dices de ti? Todavía no te he escuchado hablar de ningún sexy hombretón de la capital, ¿es que no has conocido a ninguno?

—No estoy en la capital para ligar, tengo que compaginar las clases con el trabajo y apenas me queda tiempo para mí —se justificó Sarah—. Además, tampoco me apetece salir con nadie ahora. Creo que estoy madurando —añadió burlonamente para restar importancia a sus palabras.

—Es curioso, no percibo eso cuando estás con Jason —se mofó Gisele.

—Jason es genial, nos divertimos cuando estamos juntos, pero eso es todo.

—No me lo creo.

—Gis, entre Jason y yo no hay nada. Nos hemos acostado un par de veces, pero eso es todo.

Gisele sabía que su amiga no le estaba contando toda la verdad, pero no insistió más ya que todos tenían derecho a tener sus secretos. Matt llegó a casa y se dirigió al jardín para saludar a las chicas, que continuaban charlando y poniéndose al día.

—Buenas noches, señoritas. ¿Qué tal ha ido el día?

Matt besó a Gisele en los labios y se sentó junto a ella, desplegando sus brazos alrededor de la cintura de ella. Sarah rodó los ojos y, poniéndose en pie, anunció:

—Me voy a dar una ducha, así os dejo un rato a solas.

—Jason está en la cocina, le he invitado a cenar y ha insistido en preparar él la cena —le informó Matt sonriendo divertido, consciente de que entre aquellos dos existía algo especial pese a que ambos se negaban a reconocerlo.

—Me parece que esta noche no cenamos —bromeó Gisele.

—Está todo controlado, el plan B es pedir pizza a domicilio —las tranquilizó Matt.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Sarah se dirigió al interior de la casa, concretamente a la cocina, donde se encontró con Jason.

—Así que esta noche vas a ser el cocinero —le tanteó Sarah.

—Esta noche seré lo que tú quieras que sea, muñeca —le respondió con tono sugerente.

—La parejita sigue en el jardín, yo voy a darme una ducha —le dijo antes de dirigirse a la habitación de invitados.

— ¿Necesitas ayuda?

—Quizás después de cenar —le contestó Sarah con tono sugerente antes de desaparecer por el pasillo.

Jason sacudió la cabeza para quitarse la idea de ir detrás de Sarah, pues tenía que encargarse de preparar la cocina. Sarah se encerró en la habitación de invitados y se dio una ducha mientras pensaba en cómo sacarse a Jason de la cabeza. Y la parejita, tras besarse durante unos minutos en el jardín, también decidieron subir a su habitación para darse juntos una rápida ducha antes de cenar.