Hasta que el contrato nos separe 21.

A la mañana siguiente, Matt se levantó al amanecer y se marchó a la agencia tras dejarle una nota a Gisele asegurándole que regresaría a mediodía y pidiéndole que preparara su maleta. Gisele se despertó pocos minutos después de que Matt se marchara. Encontró su nota y sonrió al leerla. Trató de volverse a dormir, pero estaba nerviosa y no dejaba de dar vueltas en la cama, así que decidió levantarse. Bajó a la cocina a desayunar y arrugó la nariz al no encontrar allí a Elsa. Era domingo, el día libre de Elsa, y se había marchado a casa de su hermana. A Gisele le hubiera gustado despedirse de Elsa antes de marcharse, pero se dijo que más tarde la llamaría por teléfono.

Después de desayunar, preparó su maleta, se dio una ducha y se puso un vestido ibicenco y unas sandalias con tacón de cuña. La costa más cercana estaba situada a más de 400 km de la ciudad, quería estar preparada para el viaje.

Matt llegó a la agencia poco después de las seis de la mañana y se apresuró en dar las instrucciones precisas para dejar todo bien atado antes de marcharse unos días con Gisele. Por supuesto, seguiría trabajando desde su ordenador portátil todas las mañanas, pero a partir de mediodía dedicaría todo su tiempo a Gisele.

— ¿Todavía sigues aquí? —Preguntó Ben asomando la cabeza por la puerta del despacho de Matt—. Si una chica como Gis me estuviera esperando, te aseguro que no pasaría ni un segundo más aquí.

—Quería dejarlo todo bien atado antes de marcharme, pero ya he acabado —le respondió Matt guardando su ordenador portátil en el maletín y recogiendo sus cosas—. Mantenedme informado, quiero estar al corriente de cualquier cosa que ocurra.

—Te informaremos si ocurre algo que debas saber, pero deberías olvidarte de todo y dedicar tu tiempo a estar con Gis —le aconsejó Ben—. A ambos os vendrá bien desconectar.

— ¿Te ha dicho algo?

— ¿Quién?

— ¿Gisele te ha contado algo?

—Me temo que tendrás que ser más concreto —le dijo Ben sin entender a qué se refería.

—Últimamente tú has pasado más tiempo con ella que yo.

—Gis está preocupada por ti.

— ¿Por mí?

—La verdad es que todos lo estamos, Matt —le confesó Ben—. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste más de seis horas seguidas?

—He estado ocupado intentando proteger a Gisele.

—Nosotros podemos ocuparnos de investigar y protegerla, tú deberías ocuparte de hacer que ella se sienta bien. Puede que sea más fuerte de lo que aparenta, pero algo así afectaría hasta al agente mejor entrenado.

— ¿Y qué se supone que debo hacer?

—Vete con ella unos días como habéis planeado, desconecta de todo y céntrate solo en ella, disfruta de su compañía sin más preocupaciones. Por aquí todo está controlado, Erik Jerks está fuera del país y te avisaremos si ocurre cualquier cosa que debas saber.

—Estaré de vuelta en una semana, os llamaré todas las mañanas para comprobar qué tal va todo y le dedicaré todo mi tiempo a Gisele.

Tras despedirse de Ben, Matt regresó a casa. Faltaban unos minutos para el mediodía cuando entró en el salón y vio a Gisele dormida en el sofá y un par de maletas al pie de la escalera. Se acercó a ella y le besó en la coronilla con dulzura, Gisele despertaba una ternura en él que no podía controlar. Ella se despertó y sonrió al encontrar a Matt frente a ella.

— ¿A qué hora te has levantado?

—No podía dormir, así que me levanté y lo preparé todo, pero me he quedado dormida. ¿Nos vamos ya?

—Nos vamos ya —afirmó Matt de buen humor—. Si estás cansada, puedes seguir durmiendo en el coche, tardaremos unas horas en llegar a la costa.

Sin tiempo que perder, Matt y Gisele metieron el equipaje en el maletero del coche y pusieron rumbo a la costa. Matt había reservado una suite en un lujoso hotel situado en primera línea de mar, con piscina, spa, gimnasio y bar-restaurante. Nunca antes había estado allí, pero uno de sus clientes era el propietario y le había asegurado que allí encontraría todo lo que una pareja necesita para desconectar unos días y divertirse. Por supuesto, Matt había investigado el hotel antes de hacer la reserva. Era un hotel solo para adultos, ideal para parejas que desean dar rienda suelta a su pasión.

—Gisele, despierta. Ya hemos llegado —anunció Matt cuando llegaron.

Gisele abrió los ojos haciendo un gran esfuerzo, pero estaba tan cansada que apenas pudo mantenerlos abiertos durante un par de segundos. Matt sonrió completamente hechizado por ella, solo quería complacerla en todos su deseos, fueran cuales fueran. El aparcacoches se acercó para abrirle la puerta y Matt le hizo un gesto para que no hiciera ruido y despertara a Gisele. Mientras un empleado del hotel cargaba con el equipaje, Matt cogió a Gisele en brazos hasta la recepción del hotel, donde no tuvo más que decir su nombre para que le llevaran directamente a la suite que había reservado. La depositó con sumo cuidado sobre la enorme cama y le dio una generosa propina al botones antes de que se marchara.

— ¿Matt?

—Estoy aquí, preciosa —le susurró tumbándose a su lado en la cama.

—Mm… Quiero sexo soñoliento —ronroneó excitada.

— ¿Sexo soñoliento? —Gisele asintió y Matt añadió—: Ven aquí, preciosa.

Matt no dudó ni un segundo en complacerla, comenzó a desnudarla y después se deshizo también de su propia ropa. Se tumbó de nuevo en la cama y colocó a Gisele sobre él, estrechándola entre sus brazos y besándola apasionadamente.

—Matt —le suplicó Gisele moviendo la pelvis para invitarle a entrar.

—Lo sé preciosa, yo también lo necesito —le confesó antes de penetrarla lentamente—. Oh, me encanta estar dentro de ti, cariño.

A Gisele no le pasó por alto aquel apelativo, pero no dijo nada. Matt también se sorprendió, él jamás había llamado cariño a ninguna mujer, se limitaba a llamarlas nena para no equivocarse al nombrar a una mujer.

—Córrete conmigo —le susurró al oído. Sintió cómo el cuerpo de Gisele se tensaba entre sus brazos y, solo cuando ella estalló en mil pedazos, se dejó llevar gritando su nombre—: ¡Oh, Gisele!

Tras descansar un par de horas y darse un largo baño en la enorme bañera de la suite, Matt y Gisele decidieron dar un paseo por la playa antes de cenar. Caminaron agarrados de la mano por el paseo marítimo, recorrieron las estrechas calles del pequeño pueblo costero y disfrutaron de una hermosa puesta de sol en un chiringuito de playa mientras se tomaban un mojito.

—Gracias —susurró Gisele contemplando cómo el sol se ocultaba en el horizonte.

— ¿Por qué me las das?

—Por traerme aquí. Sé que no es fácil para ti alejarte de tu agencia.

—Ambos nos merecemos unos días de descanso —le restó importancia Matt—. Además, quiero disfrutar de la compañía de mi futura mujer. ¿A dónde te apetece ir a cenar?

—Había pensado en regresar al hotel y pedir al servicio de habitaciones que nos traigan la cena a la suite, esta noche me apetece cenar desnuda —le ronroneó al oído.

—Cariño… Si no dejas de provocarme te haré el amor aquí mismo —le susurró Matt colocando a Gisele entre sus piernas para abrazarla desde la espalda—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Mm… Claro que sí.

— ¿Cómo te gustaría que te propusieran matrimonio?

— ¿A qué viene esa pregunta?

—En cuanto anunciemos nuestro compromiso, los abogados de mi abuelo nos entrevistarán para verificar que nuestra relación es válida. Tendremos que hacer una verdadera puesta en escena para que sea creíble y, si me ayudas, no quedaré como un idiota cuando llegue el momento.

—Te lo pondré fácil: no me gusta ser el centro de atención —le informó Gisele.

—Dime cómo te gustaría que fuera ese momento.

—No sé, supongo que un momento como este sería perfecto. Los dos abrazados contemplando la puesta de sol en la playa y bebiendo un mojito, un compromiso íntimo y romántico.

—De acuerdo, un compromiso íntimo y romántico.

— ¿Cuándo será?

—Eso será una sorpresa, si te lo dijera no tendría gracia —le susurró con la voz ronca—, pero será antes de que termine el verano.

Tras la primera noche en la costa, al día siguiente decidieron ir a la playa. Gisele se puso su bikini blanco con un vestido ibicenco y unas sandalias planas, Matt se vistió con un bañador azul y una camisa ibicenca. Caminaron por el paseo marítimo agarrados de la mano hasta que encontraron una pequeña cala no muy concurrida, allí decidieron estirar sus toallas y acomodarse. Gisele se deshizo de su vestido y, mientras Matt se deshacía de su camisa, ella sacó el bote de protector solar y le preguntó con tono juguetón:

— ¿Quieres que te ponga un poco?

—Por supuesto, no quiero quemarme —le respondió él divertido—. Después me toca a mí, tampoco quiero que te quemes.

Gisele se puso manos a la obra y se dedicó a esparcir el protector solar sobre la bronceada piel de Matt. Comenzó por sus hombros y sus brazos, siguió por su torso y terminó con sus piernas, siguiendo el mismo procedimiento cuando Matt se tumbó boca abajo.

—Ha llegado mi turno —le dijo Matt con la voz ronca, arrebatándole el bote de protector solar a Gisele—. Túmbate boca abajo.

Ella obedeció sin rechistar y él se dispuso a esparcir la loción por toda la piel de Gisele, rozando el centro de su placer con premeditación para provocarla. Le dijo que se diera la vuelta prosiguió con aquel masaje sensual, rozando deliberadamente sus pezones y sumergiendo sus dedos bajo la tela del diminuto bikini.

—Te rogaría que dejaras de torturarme, pero lo cierto es que quiero que continúes hasta el final, ni siquiera me importa dónde estamos —gimió Gisele excitada.

Matt miró a su alrededor, tan solo había un par de parejas en aquella playa y parecían estar muy ocupadas dándose placer, al igual que ellos pretendían hacer. Estaban a una distancia prudente de las dos parejas y pensó que podía complacerla si ella así lo deseaba. Abrió la boca para tantearla, pero Gisele se le adelantó incorporándose para deshacerse de la parte superior de su bikini al mismo tiempo que anunciaba:

—En esta playa está permitido hacer top-less y no quiero que me queden marcas del sol.

—Gisele… —Gruñó con tono de advertencia.

Matt tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse, aquella descarada sabía muy bien cómo provocarle, pero él no se iba a quedar atrás. Acarició sus pechos con las manos y se llevó a la boca sus pezones, provocando un nuevo gemido en ella. Acercó sus labios a su oído y le susurró:

—Cariño, abre los ojos y mira a tu izquierda.

Gisele obedeció intrigada, miró a su izquierda y vio a una pareja a pocos metros de ellos. La chica le hacía una felación al chico mientras él la masturbaba con sus dedos. Gisele gimió excitada y Matt deslizó los dedos a su entrepierna para apartar la fina tela del bikini y acariciar su clítoris.

—Matt…

—Dime, Gisele.

—Te necesito dentro —le rogó.

—Será un placer complacerte.

Sin importarles nada más que ellos dos, Matt se hundió en ella lentamente, haciéndola gemir. Cubrió todo su cuerpo con el suyo, entrelazó sus manos con las de ella por encima de la cabeza, entrando y saliendo con un rítmico vaivén que les llevó al clímax en apenas un par de minutos.

— ¿Satisfecha, pequeña caprichosa? —Le preguntó Matt con ternura, rodando a un lado de Gisele para no aplastarla.

—Contigo, siempre —le confirmó ella provocándole.

— ¿Saciada? —Le preguntó Matt alzando una ceja, siguiéndole el juego.

—De ti, nunca.

Matt le devoró la boca, la cogió en brazos y se metió con ella en el agua del mar, donde hicieron el amor de nuevo.

Su anticipo de vacaciones se alargó durante una semana en la que disfrutaron plenamente el uno del otro. Pasearon por las calles del pequeño pueblo costero, fueron a la playa y a la piscina, salieron a cenar a varios restaurantes locales, disfrutaron de las puestas de sol con un mojito e hicieron el amor en cada rincón de la suite antes de regresar a la ciudad.

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