Gisele observó a Matt mientras se alejaba a por un par de copas y no pudo evitar darle un repaso con la mirada, demorándose en su perfecto trasero. Se reprendió mentalmente por ello, lo último que necesitaba era complicarse la vida con un hombre. De hecho, se preguntó qué estaba haciendo allí. Sarah se había ido con Jason, un tipo al que había conocido esa misma noche, y ella seguía en el aquel pub con Matt. Sin embargo, se quedó allí. Se encontraba cómoda charlando con Matt, era un tipo atractivo, inteligente y divertido, algo muy inusual de encontrar, así que decidió tomarse una última copa con él.

Tan inmersa estaba en sus propios pensamientos que no se percató de que, a escasos metros de donde ella estaba, Erik Muller la observaba. Su ex novio la había seguido desde que salió del apartamento con Sarah, esperando que Gisele se quedara a solas para hablar con ella. Pero, al verla junto a otro hombre, la ira se fue apoderando de él hasta ponerse furioso. Se dirigió hacia donde estaba Gisele y, totalmente fuera de sí, comenzó a gritarle:

— ¿Por eso me has dejado? ¿Para estar con otro? ¿O empezaste con él mientras estabas conmigo?

Gisele se quedó paralizada. Erik comenzaba a darle miedo, sobre todo después de la pelea que montó en el pub donde ella trabajaba y del cual la habían despedido. No le había vuelto a ver desde aquella noche, había recibido cientos de llamadas y de mensajes suyos pero los había ignorado. Esperaba encontrárselo tarde o temprano y sabía que la situación no sería fácil, pero aquel numerito la pilló desprevenida.

—Vamos, ¡dímelo! —Insistió Erik agarrándola del brazo y zarandeándola.

— ¡Eh, aléjate de ella! —Intervino Matt apartando a Erik de un puñetazo. Erik cayó al suelo, Matt lo levantó agarrándole de la camisa y le advirtió—: Si vuelves a acercarte a ella, te hago una cara nueva, ¿lo entiendes?

Erik se deshizo del agarre de Matt y, tras mirar con desprecio a Gisele, dio media vuelta y se marchó del pub sangrando por la nariz. Se formó un corralillo de gente alrededor de ellos, Gisele seguía paralizada, pero Matt reaccionó y decidió llevarse a Gisele de allí. La agarró de la mano y tiró de ella hasta que llegaron al aparcamiento. Se detuvo justo al lado de su coche y le preguntó a Gisele:

— ¿Has venido en coche? —Ella negó con la cabeza y él, señalando su coche, le ordenó—: Sube al coche, te llevaré a casa.

Gisele obedeció sin rechistar, todavía en estado de shock. En ese momento, tan solo podía pensar en la noche que le esperaba si Erik decidía ir a buscarla a su apartamento, no tenía ganas ni fuerzas de seguir enfrentándose a él. Estaba tan ensimismada que ni siquiera reparó en que Matt no le había preguntado por su dirección hasta que él anunció:

—Ya hemos llegado.

Gisele miró a su alrededor y vio una bonita casa con jardín y garaje situada a las afueras de la ciudad. Estaba achispada, pero no lo suficiente para saber que aquella no era su casa, ya le hubiera gustado a ella.

— ¿Dónde estamos?

—En mi casa, no creo que sea buena idea que regreses a la tuya y que ese imbécil vaya a buscarte —musitó visiblemente molesto—. Además, Sarah pasará la noche con Jason, no quiero que estés sola si ese tipo vuelve a molestarte.

—Eres muy amable, pero no quiero molestarte y…

—No es ninguna molestia —le aseguró Matt—. No te preocupes, puedes quedarte en la habitación de invitados, estarás bien.

Una vez más, Gisele asintió y obedeció. Pasar la noche en casa de Matt, un tipo al que acababa de conocer, no le pareció muy buena idea, pero le pareció peor regresar al apartamento y arriesgarse a encontrarse con Erik de nuevo. Además, Matt estaba siendo amable con ella y se había encarado con Erik para protegerla. Se sentía cómoda con él y, en ese momento, nada le apetecía más que seguir charlando y disfrutando de su compañía.

Matt se sorprendió de sus propias palabras y de sus propios hechos. Él, que consideraba su hogar un lugar sagrado en el que tan solo entraba su círculo más íntimo de amistades y familia, había invitado a una completa desconocida a pasar la noche allí. Sin embargo, no se preocupó. No veía ningún riesgo en Gisele y, al igual que ella, él también quería seguir disfrutando de su compañía.

Entraron en la casa y Gisele quedó fascinada por el espacio y el buen gusto en la decoración, pese a que resultaba un tanto fría e impersonal, casi como la de un hotel moderno y minimalista.

— ¿Te apetece tomar algo o prefieres ir a descansar? —Le preguntó Matt tratando de ser el perfecto anfitrión.

—Creo que ya he bebido suficiente, pero tampoco creo que pueda dormir.

—Podemos seguir charlando en el salón o en el jardín, si lo prefieres.

—Me encantaría —le confesó Gisele con una tímida sonrisa.

Matt cogió una botella de agua y un par de vasos antes de salir al jardín trasero, donde se acomodaron en un sofá-balancín.

—Gracias por lo del pub y por invitarme a pasar aquí la noche —le agradeció Gisele tras beber del vaso de agua que Matt le había entregado.

—Ha sido un placer. Imagino que ese era tu ex novio —Gisele asintió y Matt, que sentía una curiosidad extrema por todo lo que tuviera que ver con ella, le preguntó—: ¿Él es el causante de que te hayas quedado sin trabajo?

—Sí, gracias a él me han despedido y, si no consigo pronto un trabajo, no podré pagar las tasas de la universidad y perderé el semestre.

— ¿Has intentado pedir una beca?

—Me han dado una beca, pero con eso solo cubro mi parte de alquiler del apartamento. Mi trabajo no era el mejor del mundo, pero con el dinero que me pagaban podía comer, pagar la universidad, los libros y darme algún capricho.

— ¿Tu familia no puede ayudarte?

—No tengo familia —respondió Gisele con nostalgia, no había un solo día en que no echara de menos a sus padres.

— ¿No tienes algún hermano ni tíos? —Preguntó con el ceño fruncido.

—Mis padres murieron en un accidente de tráfico cuando yo tenía doce años, no tengo hermanos, ni tíos ni más familia, excepto Sarah que, aunque no tengamos la misma sangre, la considero mi hermana.

—Lo siento, no debió ser fácil para ti.

—Bueno, tengo veintidós años y sigo viva, supongo que no me ha ido tan mal —bromeó para quitarle importancia al asunto.

—Si necesitas dinero, puedo prestar…

—No —le interrumpió Gisele sin opción a réplica—. Te lo agradezco, pero no voy a aceptar tu dinero ni el de nadie. Esto es algo que tengo que hacer por mí misma —le dedicó una amplia sonrisa para que no parecer una desagradecida y le preguntó para cambiar de tema—: ¿Qué me cuentas de ti?

— ¿Quieres saber si tengo familia?

—O lo que quieras contarme —le contestó encogiéndose de hombros.

—Mi padre también murió cuando yo era un adolescente, mi madre nos sacó adelante a mi hermana y a mí ella sola, sin la ayuda de nadie. Mi abuelo murió hace un par de semanas, pero nunca tuve relación con él. Y después está Jason que, aunque tampoco tiene mi misma sangre, es como un hermano para mí.

Continuaron charlando un rato más, hablando de sus vidas y de su pasado, hasta que Gisele bostezó y Matt, con una ternura que jamás había sentido antes, le dijo:

—Estás agotada, te acompañaré a tu habitación para que descanses.

Gisele no se lo discutió, estaba a punto de amanecer y realmente se sentía agotada. Siguió a Matt escaleras arriba y se detuvieron frente a la primera puerta del pasillo. Matt la abrió y ella sonrió, era una auténtica habitación de invitados con su cama doble, su cómoda, su armario y su propio cuarto de baño.

—Mi habitación está al final del pasillo, avísame si necesitas algo —se ofreció Matt.

— ¿Te importaría prestarme una camiseta vieja para dormir? —Le preguntó Gisele con timidez.

—Toda mi ropa está en mi habitación.

Matt la guio hasta su habitación y ella le siguió. Tenía curiosidad por descubrir cómo sería el dormitorio de Matt y tuvo que reconocer que era mucho mejor de lo que esperaba. Incluso tenía un gran vestidor con el que ella y Sarah habían soñado. Sonrió al pensar que ambos podían dormir en aquella enorme cama y ni siquiera se rozarían.

—Coge lo que quieras para dormir —la animó Matt frente a la indecisión de Gisele.

Ella solo quería una camiseta vieja, pero allí solo había trajes hechos a medida y camisas de diseño que Gisele creía que debían costar más de lo que ganaría en su vida.

— ¿Necesitas ayuda?

—Sí, busco una camiseta con la que pueda dormir sin preocuparme por arrugarla —le respondió Gisele sonrojada.

—En el segundo cajón tengo algunas camisetas de algodón o, si lo prefieres, puedes coger una camisa. Elijas lo que elijas, no deberías preocuparte por que se arrugue.

Como si estuviera en su propia casa, Gisele abrió el segundo cajón donde Matt le había dicho que se encontraban las camisetas y cogió la primera que vio. La desdobló y vio que se trataba de una vieja camiseta de entrenamiento del ejército.

— ¿Estás en el ejército?

—Lo estuve —le confirmó Matt—, me retiré para dedicarme al sector privado y fundé mi propia agencia de seguridad —Gisele frunció el ceño y Matt le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—Es un trabajo peligroso.

—Soy el director de la agencia, no uno de sus agentes, aunque supongo que mi trabajo conlleva algunos riesgos —reconoció Matt. Gisele bostezó de nuevo y él añadió—: Es hora de ir a dormir, estás agotada.

Matt la acompañó de nuevo a la habitación de invitados y, cuando llegaron a la puerta, Gisele le dio un beso en la mejilla y le deseó casi en un susurro:

—Buenas noches, Matt.

—Buenas noches, Gisele —le respondió él antes de que Gisele entrara en la habitación y cerrara la puerta.