Después de aquella pequeña escapada de fin de semana a la capital para visitar a Sarah, Gisele estuvo más animada. Tras confirmar que Erik Jerks había abandonado el país, Matt se relajó y decidió pasar más tiempo en casa con Gisele. Se levantaba temprano para ir a la agencia mientras la dejaba durmiendo y regresaba a la hora de la cena para pasar la tarde con ella en la piscina o viendo una película en el salón.

La paz y la tranquilidad que respiraron durante la semana se esfumaron el sábado. El día de la celebración del quinto aniversario de la agencia había llegado y todo el mundo estaba nervioso. Matt quería controlarlo todo y se pasó la mañana hablando por teléfono, comprobando que todo fuese según lo planeado.

—Jason y Sarah irán directamente a la agencia, me parece que esos dos se están cogiendo cariño —le comentó Matt a Gisele tras colgar la llamada de Jason.

—Ya son mayorcitos para saber lo que hacen.

— ¿Qué te pasa?

—Nada.

— ¿Nada? —Insistió Matt—. Por tu tono no lo parecía.

—Estoy un poco nerviosa, eso es todo.

—Mientes.

—Matt, no estoy de humor —le advirtió de mal humor.

—Ven aquí —le ordenó agarrándola del brazo antes de que se le escapara. La sentó sobre a horcajadas sobre su regazo y, suavizando el tono de voz, le preguntó—: ¿Quieres contarme qué te pasa?

Gisele resopló. Si le mentía, Matt se daría cuenta; pero si le decía la verdad probablemente se reiría en su cara. Y es que lo cierto era que no tenía ningún derecho a exigirle nada, ella estaba allí para cumplir con un acuerdo y no debía olvidarlo por mucho que deseara que él se pasara el día complaciéndola.

—Ya te lo he dicho, estoy un poco nerviosa por la fiesta de esta noche —le respondió Gisele con una verdad a medias—. Apenas conoceré a nadie y tú eres el anfitrión, tendrás que estar pendiente de todos los invitados.

—Ahora solo quiero estar pendiente de ti.

Gisele correspondió al apasionado beso de Matt y, sin importarle que estuvieran en el salón y que Elsa podía salir de su habitación y pillarles infraganti en cualquier momento, se deshizo de su camiseta y se quedó desnuda de cintura para arriba.

—Mm… Creo que deberíamos pasar la tarde en la cama —susurró Matt con la voz ronca antes de llevarse a la boca uno de los pezones de Gisele—. ¿Te parece bien, Gisele?

—No podría parecerme mejor.

Matt se levantó del sofá con Gisele en brazos y, sosteniéndola con fuerza, la llevó escaleras arriba a la habitación. La tumbó en la cama y se deshizo del short tejano y el tanga que Gisele llevaba deslizándolos por sus piernas, dejándola completamente desnuda. Se quedó observándola durante unos segundos hasta que ella le provocó:

— ¿Te gusta lo que ves?

—Me encanta —afirmó Matt y con una sonrisa traviesa en los labios.

Matt se abalanzó sobre ella como un lobo hambriento y Gisele lo recibió encantada, riendo divertida. Adoraba a Matt cuando se ponía juguetón y travieso, eran pocas las ocasiones en las que tenía oportunidad de disfrutar de su buen humor y no pensaba desaprovecharla. Durante los últimos días se habían visto sometidos a una gran tensión que les iba consumiendo, pero ambos conseguían serenarse cuando estaban juntos, y no necesariamente mediante el sexo. Tan solo les bastaba el contacto físico, abrazarse, acariciarse y besarse se había convertido en una terapia para ellos.

Matt se hundió en ella lentamente, entró y salió con un suave vaivén y la cubrió de besos hasta que alcanzaron el clímax al mismo tiempo. El sexo entre ambos se había vuelto más romántico, algo nuevo para él, pero extremadamente más placentero que el sexo simple. Cada día le gustaba más la idea de casarse con Gisele y pasar un año entero como marido y mujer.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Matt rodando hacia a un lado y llevándose consigo a Gisele para invertir sus posiciones.

—Nunca he estado mejor —le respondió Gisele todavía jadeante.

—Todavía tenemos tiempo antes de que empiece la fiesta, podemos quedarnos en la cama un par de horas, ¿te apetece echarte una siesta conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella utilizando las palabras de Matt y haciéndole sonreír.

Unas horas más tarde, tras haber descansado y haberse preparado para la celebración del quinto aniversario de la agencia, Matt y Gisele llegaban a la sala de fiestas de la agencia, donde se celebraba la fiesta.

— ¿Te he dicho ya que estás preciosa?

—Creo que esta es la séptima vez que lo haces desde que hemos salido de casa —le respondió Gisele entre risas—. Pero reconozco que no me molesta, puedes seguir repitiéndomelo el resto de la noche.

—Voy a pasarme el resto de la noche deseando llegar a casa y quitarte ese vestido.

—Creía que estaba preciosa con el vestido —le replicó Gisele girando sobre sí misma con coquetería para provocarlo.

—Deja de provocarme o nos perderemos la fiesta.

—Mm…

—Gisele —le advirtió Matt.

—Estoy nerviosa, necesito una sesión rápida de terapia —ronroneó Gisele.

—Los invitados están llegando.

—Solo tardaremos un minuto en subir a tu despacho.

—Gisele…

—Dime que no lo deseas y no insistiré más.

—Lo deseo más que tú —le confesó Matt con la voz ronca.

—Demuéstramelo.

Matt no pudo resistirse más, la agarró de la mano y tiró de ella hasta llegar al ascensor. Subieron a la última planta y recorrieron el pasillo hasta el despacho de Matt, por suerte no había nadie trabajando porque todos estaban en la sala de fiestas, situada en la planta baja.

—Tendrá que ser rápido —le advirtió Matt. Gisele asintió y él le ordenó—: Inclínate sobre la mesa, agárrate a los bordes y abre las piernas.

Gisele obedeció, excitándose con aquella orden. Matt se colocó detrás de ella y acarició su espalda mientras presionaba con su enorme erección contra el trasero de ella. Le subió la falda del vestido y se la enrolló en la cintura. Acarició sus nalgas y deslizó sus braguitas por sus piernas, se las quitó y las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Esta noche no las necesitas —le susurró al oído—. Abre más las piernas, preciosa.

Gisele no se hizo de rogar y abrió las piernas, Matt acarició el pubis de Gisele para comprobar si estaba preparada para recibirle antes de hundirse en ella de una estocada. Ella gimió extasiada y abrió más las piernas en busca del placer de ambos. Él acarició su clítoris mientras entraba y salía de ella hasta que, juntos, alcanzaron el clímax.

—Me hubiera gustado que hubiese sido de otra manera, pero te prometo que te compensaré cuando lleguemos a casa —le aseguró Matt.

—Te tomo la palabra.

Tras asearse y adecuarse la ropa, salieron del despacho y regresaron a la planta baja donde se reunieron con todos los invitados.

— ¿Se puede saber dónde estabas? Todo el mundo me ha preguntado por ti —le reprochó Jason.

—He subido un momento al despacho para revisar algo.

— ¿Para revisar algo? —Se mofó Jason—. Querrás decir que has subido para darle un repaso a Gis, no hay más que ver tu cara de idiota para adivinarlo. Por cierto, es la misma cara de idiota que pones cuando la miras.

Matt sonrió ante el comentario de su amigo, pero no apartó la mirada de Gisele. Ella estaba charlando con Sarah y Kelly a pocos metros de distancia, pero él no podía quitarle los ojos de encima.

— ¡Pamela, cuánto tiempo! —Exclamó Jason para avisar a su amigo de la presencia de Pamela, que llegó hasta ellos en un par de segundos—. Voy a saludar a unos amigos, nos vemos luego.

Matt siguió a Jason con la mirada y vio que se dirigió hacia a las chicas y las alejó de dónde él se encontraba, pero Gisele se volvió en busca de Matt y al verlo hablando con aquella mujer entendió el propósito de Jason. Intercambió una rápida mirada con Matt antes de dar media vuelta y seguir a Jason y a las chicas.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Pam?

—Hace semanas que no sé nada de ti y he oído rumores, así que he venido a comprobar con mis propios ojos si eran ciertos. Y lo he comprobado, he visto cómo miras a esa niña, ¿cuántos años tiene? Debes sacarle casi quince años —le dijo con tono burlón.

—Doce —la corrigió Matt.

—Tú no estás hecho para el compromiso, Matt —le recordó Pamela—. Te gusta esa cría porque es una novedad, pero te cansarás de ella y, para entonces, quizás yo también me haya cansado de esperarte.

—No me esperes Pam, lo mío con Gisele va en serio.

—Esa niña no sabrá complacerte, volverás a mí, Matt —gruñó entre dientes Pamela, rabiosa por el rechazo de Matt, antes de dar media vuelta y marcharse.

Matt recorrió la sala con la mirada hasta encontrar a Gisele y se dispuso a ir junto a ella, pero los invitados querían saludarle y felicitarle por el quinto aniversario de la agencia, le paraban a cada paso que daba y tenía que comportarse como el perfecto anfitrión.

Gisele estaba nerviosa, aquella fiesta era su presentación oficial como la novia de Matt y podía sentir los ojos de todos los invitados clavados en ella. Tampoco le había pasado por alto el intento de Jason por alejarlas de Matt cuando hablaba con Pamela, la mujer pelirroja. Intentando convencerse de que debía mantener la compostura y seguir en su papel de novia perfecta, Gisele se excusó y se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba refrescarse para centrarse, tenía que controlar el ataque de celos que la había invadido porque no tenía ningún derecho a estar celosa, o al menos de eso intentaba convencerse. Estaba lavándose las manos cuando la voz de una mujer dijo a su espalda:

—Supongo que tú eres la increíble Gisele.

A Gisele no le hizo falta dar media vuelta o mirar a través del espejo para adivinar a quién pertenecía esa voz.

— ¿Y tú eres…? —La encaró Gisele.

—Soy Pamela, una vieja amiga de Matt, tú ya me entiendes —le respondió Pamela con una risa maliciosa.

—Creo que sí —le respondió Gisele sacando a la arpía que llevaba dentro—, eres una de las ex amantes de Matt que ha venido para suplicarle unas migajas de atención porque, desde que está conmigo, ya no quiere saber nada de ti.

Pamela fulminó con la mirada a Gisele y levantó la mano dispuesta a darle una bofetada, pero Gisele la detuvo agarrándola por la muñeca antes de que su mano le impactara en la cara.

—Solo eres una cría, te arrepentirás cuando él se aburra de ti y te deje —siseó antes de marcharse por donde había venido.

Gisele respiró hondo y reunió toda la paciencia que le quedaba para no salir detrás de Pamela y arrancarle los ojos. Era consciente de que Matt tenía un pasado, pero ambos tenían un acuerdo al que ceñirse y no quería quedar como una cría frente a Matt, por eso decidió omitir la pequeña conversación que había mantenido con Pamela en el cuarto de baño.  Se refrescó la nuca y regresó junto a los demás, pero no había ni rastro de Matt. Lo buscó con la mirada pero no lo encontró, así que trató de mantener la calma y se unió a la conversación con Sarah y Kelly. Poco después se les unió Leonor, la madre de Matt y Kelly, que le hizo prometerle que irían a hacerle una visita pronto. Jason, Tyler y Ben se quedaron junto a las chicas, pero no prestaron atención a la conversación ya que continuamente eran interrumpidos por los invitados que querían saludarles.

— ¿Va todo bien?

Gisele suspiró aliviada al escuchar su voz y sentir sus brazos alrededor de la cintura, Matt la abrazaba desde la espalda.

—Supongo que sí —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

Matt la escrutó con la mirada y adivinó qué se le estaba pasando por la cabeza a Gisele. No tenía ninguna intención de mentirle, con ella no era necesario.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso. Ella asintió, Matt la agarró de la mano y, tras salir al jardín, añadió—: La mujer con la que me has visto hablando es Pamela Steel, una mujer con la que quedaba de vez en cuando y nos divertíamos sin ningún tipo de compromiso.

— ¿Por qué me cuentas esto, Matt?

—No he quedado con ninguna mujer desde que te conozco, solo quiero que sepas que estoy cumpliendo el contrato y que, aunque mi fama me preceda, la única mujer que hay en mi vida eres tú. No quiero ni necesito a ninguna otra —le susurró al oído las últimas palabras.

—Entonces, ¿sigue en pie nuestro plan para esta noche después de la fiesta? —Le preguntó Gisele con voz seductora, no quería hablar sobre Pamela.

—Por supuesto, preciosa. Pero ahora debemos regresar, los invitados deben estar preguntándose dónde nos hemos metido.

Matt la estrechó con fuerza contra su cuerpo y la besó apasionadamente, necesitaba sentir sus labios en su boca y su cuerpo entre sus brazos antes de regresar a la fiesta. Necesitaba sentirla casi tanto como respirar.