Hasta que el contrato nos separe 18.

Nadie salió de su habitación hasta la hora de la cena, cuando todos se reunieron de nuevo en el vestíbulo del hotel, frente al restaurante. Habían planeado una noche de copas para que las chicas se divirtieran y para que los chicos se distrajeran un poco del trabajo. Tyler y Kelly decidieron salir a cenar a solas, por fin tenían la primera cita que ambos tanto habían soñado pero que ninguno se había atrevido a dar el primer paso para salir juntos, aunque fuera por una absurda apuesta. Sin embargo, gracias a Gisele, aquella apuesta se tornó en una improvisada cita.

—Has arrojado a mi hermana a los brazos de un psicópata —la acusó Matt bromeando mientras tomaban asiento en la mesa.

—Sé que es tu hermana pequeña y que no quieres oír lo que te voy a decir, pero ambos desean lo mismo desde hace mucho tiempo y me temo que el único motivo por el que no se habían atrevido a hacerlo eras tú.

—Tienes razón, no quiero oírlo.

—Tyler es tu amigo, ¿crees que se enrollaría con tu hermana si solo quisiera pasar una noche divertida? Kelly le gusta de verdad, solo tienes que fijarte en la forma en que la mira para confirmarlo.

— ¿Podemos olvidarnos del tema?

Gisele no dijo nada, pero le desafió con la mirada. No podía creer que aquel testarudo se negara a ver lo evidente simplemente porque no quería aceptar que su hermana y uno de sus amigos estaban enamorados.

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Ben.

— ¿Quieres pasarte el resto de los festivos de guardia? —Le amenazó Matt.

—Creo que me voy a ir a mi habitación y llamaré al servicio de habitaciones, así dejaré que las parejitas se diviertan —se despidió Ben riendo divertido—. Pasarlo bien, parejas.

—Buenas noches, Ben —le respondió Gisele sonriendo.

A Matt no le pasó desapercibida aquella sonrisa de Gisele y de nuevo volvió a sospechar que le estaban ocultando algo. Gisele le vio fruncir el ceño y, tratando de hacerle sonreír, le susurró al oído:

—Tendremos que seguir con la terapia de relajación esta noche, parece que la sesión de esta tarde no te ha hecho demasiado efecto.

—Terapia intensiva, eso es lo que necesito —le respondió Matt con la voz ronca y una seductora sonrisa en los labios.

Ella le miró y sonrió con complicidad, convivir con Matt le estaba resultando más fácil, agradable y placentero de lo que hubiera podido pensar antes de firmar el acuerdo. Sin embargo, esa misma complicidad la asustaba. ¿Y si se enamoraba de él? Sabía que todo terminaría en cuanto cumpliera con el acuerdo y Matt heredara la fortuna de su abuelo materno. Pero para ello todavía quedaba más de un año, tenía tiempo para pensar qué debería hacer cuando llegase el momento.

Mientras cenaban, Sarah se animó tras beberse un par de copas de vino y, con una maliciosa sonrisa en la cara, comentó:

—Bueno parejita, veo que la tarde ha sido muy fructífera para vosotros, tenéis la palabra sexo escrita en la cara.

Jason se echó a reír a carcajadas, Gisele se atragantó con el vino que estaba tomando y Matt, mientras acariciaba y daba suaves golpecitos en la espalda de Gisele para que dejara de toser, le respondió a Sarah:

—A Jason y a ti también se os ve muy buena cara, imagino que también os ha cundido la tarde.

—En mi defensa diré que la abstinencia no es lo mío y estaba a dos velas desde que me marché del apartamento —alegó Sarah.

—Solo ha pasado una semana —calculó Matt.

—Pues eso, demasiado tiempo en sequía —zanjó la cuestión Sarah.

—Me halaga saber que me deseas tanto —murmuró Jason entre dientes, visiblemente molesto.

—Oh cielo, que la abstinencia no sea lo mío no significa que esté dispuesta a follar con cualquiera —le aclaró Sarah haciendo que Gisele se atragantara de nuevo. Se volvió hacia a su amiga y le dijo burlonamente—: Me parece increíble que a estas alturas sigas escandalizándote al oírme, deberías estar inmunizada.

—Espera, que ahora voy a tener que darle las gracias y todo —protestó Jason.

—Deberías, eso significa que estás en una buena posición en mi lista.

Jason abrió la boca pero Gisele, adivinando cómo acabaría aquella conversación, decidió intervenir y le aconsejó a Jason:

—Es mejor que no preguntes, no lo quieres saber.

Después de cenar, los cuatro se dirigieron al pub del hotel y se acomodaron en unos sofás al fondo, en la zona chill-out.

—Iré a la barra a por unas copas, ¿qué queréis tomar? —Se ofreció Matt.

—Lo de siempre —respondieron Jason y Gisele al unísono.

—Yo todavía no lo tengo decidido, te acompaño a la barra y así veo qué tienen —respondió Sarah con naturalidad, pero Gisele conocía demasiado a su amiga y la miró enarcando las cejas, queriendo adivinar qué se traía entre manos—. No me mires así Gis, no estoy tramando nada.

—Si no te conociera, quizás te creería —murmuró Gisele.

Matt besó a Gisele en los labios y le susurró al oído:

—Estaré de vuelta antes de que te des cuenta —se volvió hacia a Jason y le advirtió con el ceño fruncido—: Compórtate.

—Yo siempre me comporto —replicó Jason con tono burlón.

La mirada amenazadora de Matt fue suficiente para que Jason asintiera con seriedad, conocía bien a su amigo y se había dado cuenta de que Gisele se había convertido en su kryptonita.

Matt se dirigió a la barra con Sarah, se abrieron paso entre la multitud sin decir nada, pero Matt sabía que aquel repentino interés de ella en acompañarlo no era más que una excusa para hablar con él a solas y solo podía ser sobre un tema: Gisele.

—Gis parece estar bastante bien, teniendo en cuenta que Erik ha resultado ser un criminal y que hay un riesgo importante de que su banda quiera matarla —comenzó a decir Sarah mientras esperaban que el camarero les atendiera.

—Intento mantenerla al margen de la investigación para no preocuparla, pero es muy testaruda y a veces resulta imposible evitarlo.

—Gis es una mujer fuerte, pero todos tenemos un límite. La conozco bien y sé que su prioridad en estos momentos es tratar de aparentar estar lo mejor posible para no preocuparnos más de lo que ya estamos.

— ¿Y qué se supone que debo hacer para que se relaje y esté bien?

—Hagas lo que hagas, no se te está dando mal —bromeó Sarah—. Solo quiero asegurarme que cuidarás de ella y que, si decides cambiar de opinión, me avises para que pueda regresar junto a ella y apoyarla.

—Te aseguro que estoy cuidando de Gisele y voy a seguir haciéndolo.

— ¿Sabes? Gis no quería saber nada de los hombres, decía que quería centrarse en terminar sus estudios y conseguir un buen trabajo. Sin embargo, apenas hace unas semanas que os conocéis y he notado a Gis más cómoda y relajada de lo que jamás la había visto en casi cuatro años de relación con Erik.

— ¿Me estás dando tu visto bueno? —Bromeó Matt.

—Yo no soy quien da el visto bueno, pero sí quien puede matarte si resultas salir rana —le advirtió Sarah—. Gis es como una hermana, es mi única familia. No hay nada que no estuviera dispuesta a hacer por ella.

—Te prometo que cuidaré de Gisele.

—Me ha dicho que le has ofrecido trabajar unas horas en la agencia para pagar las tasas de la universidad para el próximo semestre, pero con todo lo que ha pasado no apenas ha trabajado.

—Es correcto, su seguridad es mi prioridad. Pero no te preocupes por las tasas de la universidad, yo me encargo de eso. ¿Hay algo más que quieras saber?

—Solo una cosa más, ¿por qué Gis?

— ¿A qué te refieres?

—Puede que Gis viva en una nube, pero el resto de los humanos sabemos que tienes fama de mujeriego y que tu tipo de chica ideal son las Barbies siliconadas.

—Con las Barbies siliconadas, como tú las llamas, solo quería divertirme, pasar una noche de buen sexo y si te he visto no me acuerdo. Pero con Gisele no fue así. Me gustó desde que la vi. Su naturalidad, su sencillez y su manera de enfocar el mundo me fascinaron. Supongo que el hecho de ser diferente a las chicas con las que salía fue el motivo por el que me hechizó.

—No te voy a engañar, cuando Gis me dijo que había pasado la noche en tu casa y que le habías ofrecido la habitación de invitados, no os vi ningún futuro.

— ¿Por qué conformarme con una sola noche de sexo con Gisele si tengo la oportunidad de enamorarla y disfrutar del sexo con ella todas las noches del resto de nuestras vidas?

—Espero que no le digas eso si no quieres que salga corriendo, Gis tiene un ligero temor al compromiso.

—Tomo nota de tu consejo —asintió Matt sonriendo y añadió cambiando de tema—: ¿Qué me dices de Jason? Tenía entendido que no repetías dos veces con el mismo hombre.

—El cuerpo es débil y a tu amigo se le da muy bien complacerme, supongo que yo tampoco soy de las que deja escapar las oportunidades.

Mientras Matt y Sarah pedían las copas en la barra, Jason y Gisele les esperaban charlando en la zona chill-out. Jason trató de entretenerla con anécdotas divertidas, sin mencionar el acuerdo secreto. No quería incomodarla, sabía lo importante que era para Matt que ella se sintiera cómoda. Si no conociera tan bien a su amigo, hubiera dicho que se había enamorado.

— ¿Qué tal estás llevando lo de tu ex?

—No lo sé, creo que todavía estoy en la fase de asimilación —le confesó Gisele.

—Matt está preocupado, dice que pareces estar llevándolo bien pero que probablemente estés fingiendo para no preocuparle.

—Deberías preocuparte por él, apenas ha descansado en los últimos días.

—No he sido yo quien le ha tenido despierto toda la tarde —bromeó Jason.

—Ahí me has pillado —le respondió ella encogiéndose de hombros.

—No te preocupes, Matt sabe lo que se hace —le aseguró Jason.

Matt y Sarah regresaron con las copas y los cuatro se acomodaron en los sofás para charlas animadamente. A Sarah no le pasaron por alto las manos de Matt, que estaban en contacto permanente con el cuerpo de Gisele. Era evidente que él cuidaba muy bien de ella, se mostraba cariñoso incluso en público y a Gisele se la veía resplandeciente.

—Sea lo que sea lo que haces, a ella le sienta genial —le susurró Sarah a Matt para que solo él la escuchara.

Matt agradeció sus palabras con una sonrisa de complicidad. Por alguna extraña razón, de repente le resultaba importante contar con la aprobación de Sarah y no pensaba en el acuerdo precisamente.

—No quiero que esta noche acabe, te he echado mucho de menos estos días, Gis —le confesó Sarah cuando las luces del pub comenzaron a encenderse para indicar a los clientes que iban a cerrar—. Menos mal que el próximo fin de semana nos vamos a volver a ver.

—A mí también me verás, muñeca —le recordó Jason—. Podemos ir juntos a la celebración del quinto aniversario de la agencia, así te ahorro el tener que buscar a una nueva víctima a la que seducir.

—Eres todo un romántico —se mofó Sarah—. Suena bien, pero corres el riesgo de enamorarte de mí, muñeco.

—Estoy dispuesto a arriesgarme.

—Vale, no quiero seguir escuchando —sentenció Gisele poniéndose en pie. Miró a Matt y, mordiéndose el labio inferior, le preguntó—: ¿Vienes a la cama?

—Estaría loco si te dijera que no —le confirmó Matt sonriendo de oreja a oreja.

—Buenas noches, pareja —se despidió Sarah.

—Gis, recuerda lo que hemos hablado —le dijo Jason entre risas, haciendo referencia a la conversación sobre la falta de descanso de Matt.

—Tú solo procura que no nos interrumpan durante la noche, yo me ocupo del resto —le respondió ella siguiéndole el juego.

— ¿A qué ha venido eso? —Quiso saber Matt cuando subieron al ascensor.

Pero Gisele no le respondió cómo esperaba, se arrojó a sus brazos y le devoró la boca, hambrienta de deseo. Matt no hizo más preguntas, la alzó en brazos haciendo que le rodeara la cintura con las piernas y presionó la pelvis de ella con su abultada entrepierna. Se olvidó de su curiosidad y de todo lo que no fuera besar y acariciar a Gisele. En su mente solo tenía una meta: llevar a Gisele a la habitación y colmarla de placer hasta desfallecer a causa del cansancio.

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