Aquella comida en el restaurante del hotel fue sobre ruedas. Gisele tenía sus dudas, no estaba segura de que Sarah se creyera el repentino noviazgo con Matt, pero la complicidad y la intimidad que compartían fue suficiente para que Sarah comprobara con sus propios ojos que la relación era real. Y es que lo cierto era que ninguno de los dos tenía que fingir cuando se besaban y acariciaban, ambos sentían la necesidad de tocarse.

Matt no quería pensar en aquellos extraños sentimientos que le invadían cuando estaba con ella, tan solo se dejaba llevar y hacía lo que más le apetecía, que era disfrutar de la compañía de Gisele. Era consciente de que su interés por ella no era solamente sexual, iba más allá. Pero le quedaba más de un año por delante para pensar en ello y ahora solo quería vivir el presente, ya se ocuparía del futuro cuando llegara el momento.

—Voy con Jason al apartamento para recoger algunas cosas, tardaremos un buen rato en regresar —le susurró Sarah a Gisele, con una gran sonrisa en la cara cuando salieron del restaurante después de comer.

—Diviértete —le respondió Gisele entre risas.

Sintió unas manos que le rodeaban la cintura desde su espalda y sonrió al reconocerlas, solo él era capaz de hacer que su cuerpo temblara con tan solo una caricia.

— ¿Va todo bien con Sarah?

—Todo bien —le confirmó Gisele—. ¿Te apetece descansar un rato en la habitación?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de besarla.

—Princesa, tú también deberías ir a descansar, no quiero que te duermas por los rincones esta noche durante nuestra cita —le dijo Tyler a Kelly.

—Perdona, ¿he oído que vas a tener una cita con mi hermana esta noche?

— ¡Matt! —Le regañó Kelly por meterse en sus asuntos.

—Solo quiero demostrarle a tu hermana que soy un caballero —se defendió Tyler entre risas.

—Tú nunca has sido un caballero —replicaron Matt y Ben al unísono.

—Esto es ridículo, ambos son mayorcitos para saber lo que hacen —intervino Gisele, encarándose con Matt.

— ¿Lo has organizado tú? —Adivinó Matt escandalizado.

Todos rieron ante la exagerada reacción de Matt, incluso Kelly. Gisele rodó los ojos exasperada, no podía creer que Matt fuera tan protector, aunque Kelly era su hermana pequeña, tenía veintiséis años. Sin embargo, aquel sentimiento protector despertó en ella una ternura que la hizo sonreír. Le besó en los labios con suavidad y le susurró al oído:

—Sé cómo compensártelo.

—Si le pasa algo a mi hermana…

—Cuidaré de ella —le aseguró Tyler poniéndose serio.

Matt asintió, sabía que Tyler cuidaría de Kelly, aunque prefería no saber cómo lo hacía. Pasar la tarde con Gisele encerrados en una habitación de hotel era demasiado irresistible y no quería pensar en nada más.

Los cinco subieron en el ascensor hasta la última planta y, una vez allí, cada uno se encerró en su respectiva habitación. Gisele traspasó la puerta de la habitación y sonrió al comprobar que se trataba de una lujosa suite, mucho más grande que el apartamento que compartía con Sarah. La estancia principal estaba formada por el salón, el comedor y una pequeña zona de trabajo con una mesa de escritorio y tres sillones. Un pequeño pasillo conducía al enorme dormitorio, al vestidor y al cuarto de baño. Además, el dormitorio tenía una pequeña terraza en la que había un jacuzzi y un sofá-balancín como el que Matt tenía en su casa.

Matt la observó sonriendo divertido mientras Gisele recorría la habitación con curiosidad, ella era como una brisa fresca en su vida. Le gustaba verla emocionarse con cada pequeño detalle, su sencillez y naturalidad le tenían fascinado y completamente hechizado. Gisele se acercó a Matt y comenzó a desabrochar los botones de su camisa para desnudarlo, pero él le agarró de las muñecas para detenerla y, haciendo un gran esfuerzo, murmuró:

—Te aseguro que me apetece más que a ti, pero deberías descansar.

—Tú también necesitas descansar —le replicó ella poniendo los brazos en jarra.

—Gisele…

—No —le interrumpió Gisele con rotundidad—. Hoy el Capitán Spencer se va a tomar el día libre y va a dejar que su futura esposa cuide de él —. Retomó su tarea y continuó desabrochando los botones de la camisa de Matt mientras seguía hablando—: Para empezar, nos vamos a deshacer de tu ropa. Hace mucho calor aquí dentro y no la vas a necesitar.

— ¿Y qué pasa con tu ropa?

—No seas impaciente —le regañó Gisele dándole un pequeño azote en el trasero—, hoy mando yo.

Matt estaba acostumbrado a llevar las riendas de la situación en todo momento, pero cedió ante Gisele para complacerla. Ella sonrió satisfecha y prosiguió con su misión de desnudar a Matt. Se deshizo de su camisa, de sus pantalones y también de su ropa interior, que dejó al descubierto una enorme erección.

— ¿Puedo desnudarte ya? —Insistió Matt con impaciencia, estaba demasiado excitado para poder contener sus ganas de devorarla.

—Todavía no —le advirtió Gisele—. Túmbate boca abajo en la cama.

Matt la miró con recelo, pero Gisele puso los brazos en jarras empezando a impacientarse y él, una vez más, decidió dejar que Gisele se saliera con la suya. Se tumbó en la cama boca abajo, cerró los ojos y dejó que Gisele hiciera con él lo que le viniera en gana.

Ella sonrió cuando Matt decidió seguirle el juego y tumbarse sobre la cama. Comprobó que tenía los ojos cerrados y se apresuró en deshacerse de su ropa antes de sentarse sobre el trasero de Matt y comenzar a masajearle la espalda.

—Estás muy tenso —opinó mientras acariciaba los duros músculos de su espalda.

—Mm… Últimamente estoy sometido a mucho estrés en el trabajo.

—Supongo que yo tampoco te lo estoy poniendo fácil.

— ¿Por qué dices eso? —Quiso saber Matt, que se tumbó boca arriba sin quitarse a Gisele de encima. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos y añadió—: Resulta muy fácil estar contigo, Gisele.

— ¿Por eso soportas sin protestar que mi ex novio sea un criminal?

—No te entiendo, ¿te molesta que no me queje?

—Sabes perfectamente a qué me refiero, Matt —murmuró Gisele incapaz de continuar mirándole a los ojos. Se acurrucó sobre el pecho de él y, haciendo un gran esfuerzo, le confesó con un hilo de voz—: Sé que no me cuentas nada para no preocuparme, pero ahora mismo lo que más me preocupa es lo que se te pueda estar pasando por la cabeza.

—Ahora mismo, lo único que se me pasa por la cabeza es complacerte, Gisele —con un movimiento ágil y veloz, Matt intercambió la posición con Gisele y, cubriendo el cuerpo de ella con el suyo, añadió con la voz ronca—: Solo me preocupas tú. Si tú estás bien, todo está bien.

—Tienes mucho dinero, ¿no te resultaría más fácil dejar que el hijastro de tu tío heredara la fortuna de tu abuelo y negociar con él la compra de la casa? Sería más fácil que soportarme a mí y todos mis problemas.

— ¿Te estás arrepintiendo? —Le preguntó Matt escrutándola con la mirada.

—Deberías ser tú el arrepentido.

—Yo no estoy arrepentido, Gisele.

—Ni yo tampoco —reconoció ella.

—Entonces, ¿por qué estás así?

—No quiero causarte problemas, Matt.

—No me causas ningún problema, deja de preocuparte por tonterías.

—Tendrás que mantenerme ocupada para distraerme —le susurró Gisele con un tono de voz más que sugerente. Se arqueó alzando su pelvis para rozar la abultada entrepierna de Matt y añadió casi en un ronroneo—: ¿Se te ocurre alguna idea?

—Desde luego que sí —gruñó antes de abalanzarse sobre ella para devorarla a besos.

Matt se entretuvo recorriendo con sus labios la suave piel de Gisele, haciéndola gemir con cada beso y cada caricia. Se demoró en sus pechos, jugando con sus pezones, mordisqueándolos para después lamerlos con mimo. Cuando deslizó su mano hacia el pubis de ella, Gisele lo detuvo y le recordó:

—Hoy mando yo.

Matt gruñó frustrado y excitado a la vez. Ansiaba estar dentro de ella, lo necesitaba. Pero la curiosidad por descubrir las intenciones de Gisele le superaba. Además, le resultaba imposible negarle algo a aquella mujer. Gisele le tenía completamente hechizado.

— ¿Quieres que me tumbe boca abajo?

—No. Túmbate boca arriba —le ordenó Gisele con una sonrisa maliciosa en los labios.

Matt la obedeció sin rechistar y ella se colocó a horcajas sobre él, con la erección de Matt palpitando en su entrepierna. Pegó su pecho al de Matt y comenzó a dibujar un camino de besos desde su cuello hasta sus hombros mientras notaba como el cuerpo de Matt se tensaba. Continuó descendiendo por su pecho y jugó con los pezones de Matt igual que él había hecho con los suyos momentos antes. Bajó por su abdomen y rodeó el ombligo con su lengua sin entretenerse demasiado para llegar a dónde quería.

—Gisele…

—Sht —le chistó Gisele antes de lamer la gota de semen que brillaba en el glande—. Hoy mando yo.

Matt no le replicó y, pese a que deseaba hundirse en ella, dejó que siguiera sometiéndole a aquella dulce tortura. Una vez más, Gisele sonrió satisfecha y comenzó a introducir el duro y erecto miembro de Matt en la boca. Un gemido de intenso placer brotó de la garganta de Matt al sentir el placentero contacto de la boca de Gisele sobre su verga y supo que no tardaría en correrse si ella seguía con ese ritmo.

—Gisele, si sigues así no voy a durar —le advirtió con la voz ronca.

—No quiero que dures, solo que disfrutes.

Gisele aceleró el ritmo de sus chupadas, acarició la base del pene y los testículos, llevando a Matt al límite cuando rodeó su glande con la lengua. El cuerpo de Matt se tensó y Gisele adivinó que estaba a punto de alcanzar el clímax.

—Aparta, me voy a correr.

Pero Gisele impidió que la apartara y continuó masturbándole hasta que Matt explotó y se derramó en su boca soltando un gruñido gutural de la garganta. Gisele tragó sin dejar de chupar y Matt la agarró de los hombros para ponerla a su altura antes de besarla con urgencia en los labios y estrecharla entre sus brazos.

Se quedaron abrazos en silencio durante unos minutos, cada uno pensando en sus cosas. Matt estaba sorprendido, le habían hecho muchas felaciones a lo largo de su vida, pero nunca había experimentado el placer tan devastador que Gisele le había hecho sentir.

—Necesito estar dentro de ti, necesito sentirte sin látex de por medio —le confesó Matt con la voz ronca—. ¿Utilizas algún anticonceptivo?

—Tomo la píldora.

— ¿Y por qué nunca te he visto tomarla? —Gisele le miró alzando las cejas y él, sonriendo divertido, lo entendió—: Supongo que no tenía por qué saberlo.

Gisele no dijo nada más, alzó las caderas y colocó el miembro de Matt en la entrada de su vagina antes de empalarse lentamente. Se arqueó mientras lo hacía, disfrutando de las sensaciones que le causaba poder sentir directamente a Matt sin la barrera del preservativo. Cabalgó sobre él con un rítmico vaivén de caderas mientras Matt la agarraba de los muslos para embestirla más profundamente y jugueteaba mordisqueando sus pezones. Llevó una de sus manos al punto en el que sus cuerpos se unían y estimuló el abultado y excitado clítoris de Gisele hasta que ella estalló en mil pedazos. Solo entonces, Matt se dejó ir y se derramó dentro de ella. Gisele se desplomó sobre Matt y él la abrazó con fuerza, todavía conmocionado por lo que ella le hacía sentir.

— ¿Estás bien? —Quiso asegurarse Matt.

—No podía estar mejor —le confesó Gisele.

—Entonces, duerme un poco y descansa.

—Tú también tienes que descansar.

—Por supuesto, no pienso moverme de tu lado —le aseguró Matt y, en un murmullo que Gisele no fue capaz de descifrar, añadió—: Me tienes hechizado.

Gisele se acurrucó contra el cuerpo de Matt, escondió la cara entre la almohada y el cuello de Matt y se quedó dormida entre sus brazos. Él la observó dormir durante unos minutos, mirarla le resultaba tan agradable y tranquilizador que le llevó a un estado de relajación que no alcanzaba desde hacía años. Ella se había convertido en su adicción y también en su cura, estar con Gisele se había convertido en su necesidad y hacerla feliz era su prioridad. Y, con ese pensamiento, cerró los ojos y se sumergió en un placentero sueño.