Después de una intensa y placentera noche de sexo, ambos se quedaron dormidos, uno en brazos del otro. A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, se apretujó contra el cuerpo de Matt, que seguía junto a ella en la cama. Él le sonrió con dulzura y la besó en la coronilla de la cabeza antes de susurrarle que volviera a dormirse. Matt le aseguró que seguiría allí cuando ella despertara y así lo hizo.

Durante los días siguientes, Gisele no salió de casa. Matt se marchaba todas las mañanas a la agencia y regresaba dos o tres horas más tarde, no quería dejar sola a Gisele tanto tiempo y mucho menos si Ben se encargaba de vigilarla. La repentina complicidad que había surgido entre ambos no había pasado desapercibida para Matt, sospechaba que se traían algo entre manos y, aunque se moría de ganas por averiguarlo, se abstuvo de preguntarle a Gisele. Con Ben ya lo había intentado, pero lo único que había conseguido era ponerse de un humor de perros. Pese a que Ben le gustaba tocar las narices en exceso y tenía un carácter peculiar, pero era uno de los hombres más leales y Matt confiaba plenamente en él.

El sábado por la mañana Matt y Gisele se levantaron temprano, se dieron una larga ducha y desayunaron tranquilamente antes de salir de casa para dirigirse a la agencia. Por motivos de seguridad, Matt había decidido viajar a la capital en avión en lugar de hacerlo en coche como tenía previsto. Dos agentes les escoltaron durante el corto trayecto entre la casa y la agencia, pero Matt parecía relajado y eso tranquilizó a Gisele. Cuando llegaron al hangar de la agencia, Jason, Ben, Tyler y Kelly ya les estaban esperando. Matt besó a Gisele y le susurró antes de separarse de ella para acercarse junto a sus hombres:

—Estaremos en la capital antes de que te des cuenta.

Ella sonrió, Matt estaba pendiente de ella a todas horas y eso le encantaba.

—No sé qué le haces a mi hermano, pero le sienta muy bien —comentó Kelly mirando a los cuatro hombres que hablaban a escasos metros de ellas—. Ya me gustaría a mí que alguien mostrara el mínimo interés en mí.

— ¿Tyler? —Imaginó Gisele. Kelly asintió y ella añadió—: Ya tienes su interés, el problema es que os expresáis de forma equivocada.

— ¿Qué quieres decir?

—Es evidente que hay una atracción sexual no resuelta entre vosotros dos, hasta un ciego lo podría ver —le respondió Gisele con total sinceridad—. Quizás deberíais enfocaros en eso en lugar de haceros la vida imposible.

—No puedo evitarlo, es que a veces me entran unas ganas de matarlo que…

— ¿Se puede saber qué estáis cuchicheando? —Les preguntó Tyler, interrumpiendo la conversación de las chicas, siendo el único valiente de decir en voz alta lo que el resto de sus amigos querían saber.

—Comentábamos lo fácil que es querer matar a un hombre —le respondió Kelly con fingido desdén.

Matt miró a Gisele enarcando las cejas, dándose por aludido por el comentario de su hermana, y ella, tras plantarle un beso en los labios, le dijo metida en su papel:

—Tranquilo cariño, te quiero demasiado para matarte.

—Es bueno saberlo —murmuró Matt divertido.

Subieron a uno de los aviones privados de la agencia y se acomodaron en los amplios y cómodos sillones. Matt y Jason se sentaron en una zona más apartada para preparar la reunión a la que iban a asistir y Gisele aprovechó la oportunidad para preguntarle a Ben y a Tyler:

— ¿Tenéis noticias?

—Erik Jerks ha abandonado el país esta madrugada, ¿Matt no te lo ha dicho? —Le preguntó Ben sorprendido.

—No, pero le he notado más relajado.

—Sí, nos hemos dado cuenta —comentó Tyler tratando de ocultar la risa.

— ¿Qué te hace tanta gracia? —Le espetó Kelly.

—Todos conocemos a Matt y sabemos cuál es su carácter, pero Gis consigue mantenerle en calma y apaciguar su mal humor cuando está con él —les explicó Tyler—. Nos hace gracia ver el efecto que produces en él, es algo inaudito.

—Es un hombre enamorado que se preocupa por su chica y la protege —saltó Kelly en defensa de su hermano y aprovechó para lanzar un ataque—: Si hubiera más hombres como él, las mujeres seríamos más felices. Solo queremos a un caballero a nuestro lado.

—Princesa, yo soy todo un caballero y puedo demostrártelo cuando quieras —la retó Tyler.

Kelly se ruborizó y se miró los zapatos. Gisele rodó los ojos, no podía creer que se viniera abajo cuando le estaba poniendo una oportunidad en bandeja y, antes de que su futura cuñada lo echara todo a perder, decidió intervenir:

—Demuéstraselo esta noche, invítala a cenar y demuestra que puedes ser todo un caballero.

— ¿Qué dices, princesa? ¿Cenas conmigo esta noche?

—Eh…

—Pues claro que acepta —zanjó el tema Gisele.

Ben se echó a reír y le preguntó a Gisele bromeando:

— ¿Tienes planeada una noche salvaje con el jefe?

— ¡Eh, que estás hablando de mi hermano! —Le regañó Kelly tapándose los oídos.

Los cuatro estallaron a reír a carcajadas, llamando la atención de Jason y Matt que les miraron con curiosidad. Matt sonrió hasta que interceptó un cruce de miradas entre Gisele y Ben, no podía evitar sentir celos de la complicidad que existía entre los dos. Apagó el ordenador dando por finalizada la preparación de la reunión y se puso en pie para dirigirse hacia donde estaba Gisele. Ella le recibió con una amplia sonrisa y le invitó a sentarse en el asiento de al lado. Matt se sentó donde Gisele le indicó, pero acto seguido la agarró por la cintura y la colocó sobre su regazo. Se miraron a los ojos con intensidad durante unos segundos hasta que Matt le preguntó en un susurro:

— ¿De qué os reís tanto?

—Bromeaban insinuando que quería deshacerme de ellos para pasar una noche salvaje contigo —le confesó Gisele sonriendo tímidamente.

—Y, ¿es cierto? ¿Quieres pasar una noche salvaje conmigo? —Le susurró Matt para que solo ella le escuchara.

—Mm… Estaría loca si te dijera que no —ronroneó acariciando su cuello con la punta de la nariz.

— ¡Oye, esperad al menos a llegar al hotel! —Les reprochó Jason—. ¿Es que no os han dicho que es de mala educación comer delante de los hambrientos?

—Habla por ti, yo me he ido saciado de casa —se mofó Ben.

Aterrizaron en la capital pocos minutos después y tuvieron que separarse. Matt y Jason tenían que asistir a una reunión importante con un nuevo cliente y las chicas querían reunirse cuanto antes con Sarah para ir a comprar los vestidos para la fiesta de aniversario de la agencia. Tyler y Ben habían sido asignados para escoltarlas y Matt les recordó su misión antes de despedirse de Gisele con un prolongado beso en los labios.

Las chicas, acompañadas por Ben y Tyler, pasaron a recoger a Sarah por su apartamento y se dirigieron al centro de la capital. Gisele y Sarah hablaban por teléfono todos los días y se mantenían al corriente de todos los acontecimientos, pero el principal tema de conversación solía ser Matt. Sarah veía a su amiga feliz y eso la tranquilizaba, pero aquella repentina relación no terminaba de encajar y quería ver cómo se comportaba la pareja.

— ¿Cuándo vendrá Matt? —Preguntó Sarah mientras tomaban un café en la terraza de una cafetería.

—Más tarde, él y Jason están reunidos con un cliente. Venga, tenemos que comprar los vestidos antes de que cierren las tiendas.

Entraron en todas las tiendas que encontraron y se probaron todos los vestidos que les gustaron, que no fueron pocos. Ben y Tyler pensaban que se iban a aburrir, pero ver a tres preciosas chicas enseñándoles un modelito tras otro les pareció interesante y muy entretenido.

—Matt y Jason están de camino —anunció Tyler cuando Gisele salió del probador—, no tardarán en llegar.

—Todavía no me he decidido —se lamentó Gisele. Se volvió hacia las chicas y les preguntó mostrándoles el vestido rojo que se había probado—: ¿Os gusta más este vestido o el negro de encaje que me he probado antes?

—Llévate los dos —dijeron Kelly y Sarah al unísono.

—Hazte una foto con los vestidos y envíasela a Matt, seguro que estará encantado de echarte una mano con la decisión —le propuso Ben.

—Así solo conseguirá ponerlo cachondo, pero me parece bien —opinó Sarah.

— ¡Sarah! —La regañó Gisele.

—Es la verdad, Gis —se defendió ella encogiéndose de hombros—. Estaba un poco preocupada, pero te veo feliz y he podido comprobar con mis propios ojos que Matt cuida de ti incluso cuando las cosas se ponen feas. Sinceramente, creo que no estaría mal que le dieras una pequeña alegría enviándole una inofensiva foto.

— ¿Por qué no compras los dos y le pides a Matt que ayude a elegir el que llevarás a la fiesta cuando estéis a solas en vuestra habitación? —Le propuso Ben.

—Es una idea excelente, pero no quiero gastar tanto dinero.

—Espera, te hago una foto con el vestido rojo y después vuelves a probarte el vestido negro, así podremos compararlos antes de decidir —decidió Sarah.

— ¿Todavía seguís así? —Exclamó Jason al entrar en la tienda con Matt y ver a las chicas con los vestidos de noche puestos.

—Gisele tiene un dilema, no sabe qué vestido escoger —les explicó Ben a los recién llegados.

Matt escrutó con la mirada a Gisele, la observó de la cabeza a los pies detenidamente y le pareció que estaba de lo más sexy con ese vestido. Se acercó a ella sonriendo y le plantó un beso en los morros antes de susurrarle:

—Estás preciosa, Gisele.

—Por favor Matt, ayúdala a que se decida y podamos salir ya de aquí —protestó Tyler.

Gisele le señaló a Matt el vestido negro y esperó que él tomara la decisión.

—Nos llevamos los dos —sentenció Matt. La besó en la mejilla y le dijo—: Ve a cambiarte mientras yo pago, los chicos están hambrientos.

—Pero no…

—Compláceme, solo quiero comprarte dos vestidos —la interrumpió Matt.

Gisele accedió ante la insistencia de Matt y, tras ponerse sus ropas y pagar los vestidos que habían comprado, todos se dirigieron al restaurante del hotel donde se alojarían aquella noche en la capital. Matt había reservado todas las habitaciones de la última planta del hotel por motivos de seguridad. La elección del hotel tampoco había sido una casualidad, contaba con todas las comodidades y disponía de todos los servicios que pudieran necesitar como el restaurante, el pub y la piscina.

—Sarah, deberías quedarte esta noche, si nos quedamos todos en el hotel estaremos más seguros y tú también tendrás tu propia habitación —argumentó Matt.

—Eso suena genial, pero tendré que pasar por el apartamento para coger algunas cosas.

—No te preocupes, yo te llevo al apartamento después de comer —se ofreció Jason—. Así dejaremos que la parejita se eche la siesta y se sacien para que no tengan que meterse mano delante de nosotros.

Matt, que en ese momento estaba acariciando sensualmente la espalda de Gisele, agarró una servilleta con la mano que le quedaba libre y se la lanzó a Jason.

— ¡Qué susceptible! —Se mofó Tyler.

—Gis, deja descansar a Matt que nos lo tienes agotado —bromeó Jason—. ¿Se puede saber qué haces con él por las noches?

—Hacemos lo que no nos dejáis hacer durante el día, que siempre estáis interrumpiéndonos en el momento más inoportuno —protestó Gisele entre risas y añadió—: El próximo que se atreva a llamar en mitad de la noche no vivirá para contarlo.

—El mensaje ha sido claro así que, a menos que sea un asunto de vida o muerte, no aceptaremos más interrupciones nocturnas —sentenció Matt. Besó a Gisele en los labios y añadió susurrándole al oído para que solo ella le escuchara—: Estoy deseando que llegue esta noche.

—La idea es que os contengáis un poquito hasta después de comer —les recordó Sarah provocando las risas de todos.

Se sentaron en una de las mesas del restaurante y comieron todos juntos mientras charlaban animadamente.