Gisele seguía procesando toda aquella información que había obtenido gracias a Ben. Matt había tenido el detalle de no decirle a qué clase de actividades se dedicaba Ben y su banda y Gisele no le culpaba por ello, pero Ben tenía razón y ella debía estar al corriente de todo. Por eso aprovechó que estaba a solas con Ben para preguntarle lo que no tenía valor de preguntarle a Matt:

— ¿Dónde está Erik?

—Sigue en su habitación del motel, no ha vuelto a tu apartamento.

—No creo que regrese.

— ¿Por qué crees eso?

—Erik es un hombre inteligente, puede que se haya vuelto loco, pero hasta los más locos conservan su esencia y él siempre ha sido un obseso del control —le explicó Gisele.

—Matt también es un obseso del control, todos los agentes lo somos.

—Él quería saber qué íbamos a hacer y dónde íbamos a estar en cada momento, jamás improvisaba —comentó Gisele—. Las personas cambian, pero mantienen su esencia. Sabe que no estoy en mi apartamento y que estoy protegida, tampoco ha podido encontrar a Sarah, así que debe pensar que estoy fuera de la ciudad. Está buscándome, pero sus recursos en ese motel deben ser limitados y no tardará en salir de allí. Tenemos que averiguar dónde puede tener acceso a todos esos recursos y pasar desapercibido.

— ¿En el laboratorio donde trabaja?

—No, es demasiado inteligente para hacerlo desde el laboratorio, necesita mantener limpia la identidad de Erik Muller, es su única baza.

—Buscará un lugar en el que ya haya estado antes y se sienta cómodo, si triangulamos la señal de su teléfono móvil durante los últimos meses tendremos una lista de los lugares que ha estado frecuentando —le dijo Ben tecleando en su ordenador portátil—. Nos llevará un poco de tiempo, pero es lo único que tenemos.

— ¿Puedo preguntarte algo?

—Adelante —la animó Ben, sospechando que la pregunta de Gisele probablemente le pondría contra la espada y la pared, pero él adoraba los retos.

— ¿Cómo lo está llevando Matt?

—Tendrás que ser más precisa.

—Vale, lo intentaré. ¿Qué tal lleva Matt que mi ex novio sea un criminal y que tenga que protegerme de él?

—Supongo que eso deberías preguntárselo a él pero, si quieres mi opinión, creo que está más preocupado por cómo lo estás llevando tú —le respondió Ben con sinceridad—. Imagino que no debe hacerle ninguna gracia que tu ex novio ande detrás de ti, sobre todo teniendo semejante historial delictivo —le dijo encogiéndose de hombros y, al verla tan seria y preocupada, añadió bromeando—: Está un poco más gruñón que de costumbre, pero nos lo turnamos para soportarlo.

Pocos minutos después, Tyler regresó a casa de Matt con Kelly y se encontró a Ben y a Gisele trabajando juntos en el caso. Tyler fulminó con la mirada a Ben, sabía que aquello les traería problemas con Matt, que había dejado muy claro que no quería involucrar a Gisele para no preocuparla.

—A Matt le va a encantar —gruñó Tyler con ironía.

—A Gis se le ha ocurrido una muy buena idea y estamos trabajando en ello, no estamos haciendo nada malo —se defendió Ben sonriendo divertido, le encantaba el riesgo.

—Ya me lo repetirás si nos quedamos sin trabajo —murmuró Tyler entre dientes.

Kelly rodó los ojos con exasperación y se abrió paso por delante de Tyler, contoneándose con sensualidad hasta llegar a Gisele. La saludó con un beso en la mejilla y un cariñoso abrazo antes de decir:

—No le hagas ni caso Gis, Tyler es un gruñón.

—Princesa, si te han fastidiado el día de compras, no lo pagues conmigo —la provocó Tyler.

A Gisele no le pasó desapercibida la tensión sexual no resuelta que existía entre aquellos dos y se preguntó si ellos también se habían dado cuenta o si se pasaban la vida persiguiéndose como el perro y el gato.

—Nadie se va a quedar sin trabajo porque Matt no se va a enterar si ninguno de vosotros se lo dice —intervino Gisele poniéndose seria—. Sé que él quiere mantenerme al margen para no preocuparme y él está más tranquilo si piensa que estoy al margen, así que no le vamos a dar razones para agobiarlo. Pero tenéis que entender que me siento culpable, al fin y al cabo ninguno de vosotros estaría aquí si no fuera porque Erik es mi ex novio, así que me gustaría ayudaros en lo que pueda.

—A espaldas de Matt —repitió Tyler enarcando las cejas.

—No puedo deciros qué debéis hacer, solo quiero que conozcáis mis intenciones —argumentó Gisele con paciencia—. Matt no va a dejar que me involucre por las buenas, así que tengo dos opciones: hacerlo a escondidas y echaros una mano, lo cual no os vendría nada mal; o bien puedo hacerlo por las malas y discutir con él hasta que consiga mi propósito, pero los dos acabaremos enfadados y de mal humor.

—Lo siento Tyler, pero Matt de mal humor no es una opción para mí —opinó Ben.

—Estoy con Ben —le secundó Kelly.

— ¿Qué dices tú, Tyler? —Le animó Gisele.

—Espero que intervengas a mi favor cuando Matt quiera despedirme.

Todos se echaron a reír y se pusieron manos a la obra. Ben y Gisele hicieron un listado de todos los lugares que frecuentaba Erik; Tyler investigó los historiales de los empleados y a los clientes habituales de los lugares de la lista; y Kelly colaboró buscando noticias y reportajes relacionados, haciendo práctica de su habilidad periodística.

Cuando Matt y Jason regresaron de la agencia y se encontraron a los cuatro sentados a la mesa, con una fingida sonrisa en la cara, ambos adivinaron que les estaban ocultando algo. Era imposible que reinara la paz en la misma estancia donde se encontraban Tyler y Kelly, pero lo que realmente molestó a Matt fue un rápido intercambio de miradas cómplices entre Gisele y Ben.

— ¿Qué está pasando aquí? —Exigió saber Matt, escrutándolos a todos con la mirada.

—Estamos hablando del viaje a la capital el fin de semana, Kelly y yo queremos ir a un montón de tiendas y Ben y Tyler no paran de quejarse —le respondió Gisele saludándole con un efusivo y apasionado beso que hizo que Matt se olvidara de sus sospechas.

—Chicas queriendo ir de tiendas y chicos protestando por tener que acompañarlas, a mí no me importa ir de compras si me dejan entrar en los probadores con ellas —bromeó Jason ganándose una furiosa mirada de Matt y Tyler mientras Ben reía a carcajadas.

Sin importarle lo que pensaran sus amigos y su propia hermana, Matt mantuvo a Gisele pegada a su cuerpo, necesitaba sentirla cerca, ella había convertido en una droga para él. Nunca había actuado así con ninguna mujer, pero es que nunca antes había sentido la urgencia y la necesidad que sentía de tenerla entre sus brazos.

Comieron todos juntos en el jardín trasero y después, mientras Gisele y Kelly se distraían tomando el sol y charlando en la piscina, los chicos se encerraron en el despacho de Matt.

—Tienes buen gusto, jefe —comentó Ben con una sonrisa burlona en los labios, quería provocar a Matt—. Gis es una chica fantástica, es inteligente y es muy atractiva.

—Ben… —Le advirtió Jason.

— ¡Ojalá la hubiera conocido yo antes! —Siguió provocándole Ben.

—Te ha salido competencia —se mofó Tyler.

—Deberíamos haber pasado la tarde en la piscina con las chicas, a todos nos hubiera venido bien relajarnos un poco —continuó Ben tratando de llevar a Matt al límite.

Y lo consiguió. Matt golpeó la mesa con fuerza y se abalanzó sobre Ben, totalmente fuera de sí, mientras Tyler y Jason trataban de sostenerle y Ben reía divertido.

—Relájate, solo quiere provocarte —le aconsejó Jason tratando de aguantar la risa.

—Es evidente que Gis te gusta, solo queríamos saber hasta qué punto —le respondió Tyler tratando de rebajar la tensión.

—Será mejor que os marchéis a casa, ya hemos tenido suficiente por hoy —sentenció Matt, solo quería estar con Gisele—. Tyler, ¿puedes llevar a Kelly a casa?

—Claro, me encanta discutir antes de cenar —musitó Tyler, aunque en realidad se moría de ganas de pasar un rato a solas con Kelly.

Los tres hombres le obedecieron de inmediato, ninguno quería discutir con Matt y Ben ya le había provocado suficiente. Cuando se despidieron, Gisele fue consciente de la tensión que se respiraba en el ambiente y le lanzó una fugaz mirada de reproche a Ben, sospechaba que él era el culpable. Matt esperó hasta que se quedaron a solas para reprocharle a Gisele:

— ¿Te lo has pasado bien con Ben?

— ¿A qué viene esa pregunta?

—Me ha parecido intuir que os lleváis muy bien, supongo que te diviertes más con él, que es más joven.

—Me cae bien, es un tipo divertido, pero prefiero tu compañía —le confesó Gisele plantándole un beso en los morros—. Voy a darme un baño, ¿me acompañas?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla escaleras arriba hasta el cuarto de baño de su dormitorio.

Abrió el grifo de agua caliente de la bañera y puso el tapón en el desagüe. Mientras la bañera se llenaba de agua, Matt se deshizo de la ropa de Gisele, incluido su bikini.

—Eres tan tentadora… —le susurró con la voz ronca mientras le besaba el cuello y acariciaba la curva de su cintura.

Ella le dedicó una sonrisa y comenzó a desnudarlo. Llevaba todo el día deseando quedarse a solas con él y repetir lo que habían estado haciendo la noche anterior. Cuando ambos estuvieron completamente desnudos, entraron en la bañera y Matt acomodó a Gisele entre sus piernas, con la espalda de ella pegada a su pecho. Gisele se dio la vuelta y se colocó a horcajadas sobre él, rozando su entrepierna contra la erección de Matt.

—No puedo usar un preservativo en la bañera, ¿tomas la píldora? —Gisele negó con la cabeza y Matt volvió a acomodarla en la postura anterior, abriendo sus piernas para llegar al centro de su placer—. Puedo darte un anticipo de lo que te espera después.

Gisele levantó los brazos rodeando el cuello de Matt y dándole un mejor acceso a sus pechos y al punto donde se unían sus piernas. Matt comenzó a masturbarla acariciando su clítoris y penetrándola con sus dedos con una mano mientras con la otra pellizcaba y acariciaba sus pezones, estimulándolos y endureciéndolos.

— ¡Oh, Matt! —Gimió excitada.

—Córrete gritando mi nombre, Gisele —le susurró acelerando sus caricias—. Sé que estás a punto, déjate llevar, Gisele.

— ¡Matt! —Explotó Gisele casi en el acto.

Se dejó llevar y estalló en mil pedazos mientras Matt recorría su cuello dejando un reguero de besos hasta que ella recuperó el aliento. Esperó a que ella se recompusiera para quitar el tapón del desagüe de la bañera, cogió el grifo extensible para aclarar los cuerpos de ambos y después envolvió a Gisele en una toalla antes de salir de la bañera y ayudar a Gisele a hacer lo mismo. Después la cogió en brazos y la llevó al dormitorio, donde la depositó con sumo cuidado sobre la cama para seguir colmándola de placer.