Hasta que el contrato nos separe 14.

Matt aparcó el coche en el garaje y entró en casa detrás de Gisele. Le hubiera gustado continuar donde lo dejaron antes de marcharse un par de horas antes, pero Gisele estaba totalmente evadida en sus propios pensamientos y no parecía tener la menor intención de acercarse a él. Gisele estaba enfadada, no podía evitar sentirse ofendida por los comentarios que había escuchado en la agencia. ¿Acaso creían que les mentiría en algo así? Erik estaba como una cabra y era peligroso, no tenía ninguna intención de encubrirle y poner a todos en riesgo. Pero lo que más le molestó fue el cambio de actitud de Matt, que había pasado de devorarla con pasión y deseo a mostrarse distante y mirarla con cautela.

— ¿Vas a seguir sin hablarme? —Le reprochó Matt cuando entraron en el dormitorio.

Gisele se volvió para encararlo y abrió la boca para replicarle, pero la cerró antes de decir ni una sola palabra, sabiendo que no tenía ningún derecho a exigirle nada.

—Gisele, por favor…

— ¿Qué quieres de mí, Matt?

—Quiero a la Gisele de siempre, la Gisele que me sonríe, me abraza y, sobre todo, a la Gisele que me besa.

—Esa Gisele es la misma que tiene un ex novio tarado y te ha metido en todo esto. Quizás deberías replantearte nuestro acuerdo.

—Debería hacerlo, pero para añadir una cláusula en la que no se te permita enfadarte conmigo —le susurró él agarrándola por la cintura para estrecharla contra su cuerpo—. No me gusta verte triste, dime qué puedo hacer para arreglarlo.

— ¿Te das cuenta de que te doy más problemas de los que te quito?

—Así la vida resulta más emocionante —bromeó Matt.

Gisele sonrió, se dejó abrazar por Matt y, decidida a dar el siguiente paso para retomarlo donde lo dejaron, lo besó en los labios. Matt le correspondió, la estrechó entre sus brazos con fuerza y se dejó llevar por el deseo que se apoderó de ambos.

La tumbó sobre la cama y, tras darle un leve beso en la punta de la nariz, comenzó a desnudarla lentamente. Se deshizo de cada prenda de su ropa observándola con intensidad, atento a sus gestos y a sus reacciones, no quería perderse nada de ella.

El teléfono de Matt comenzó a sonar y ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos hasta que Gisele le advirtió:

—Ni se te ocurra contestar.

—No pienso cogerlo, no voy a permitir que vuelvan a interrumpirnos —le aseguró.

Gisele sonrió complacida y, tras incorporarse, se arrojó a sus brazos invirtiendo sus posturas, haciendo que fuese él quien quedara debajo de ella.

—Llevas puesta demasiada ropa —opinó ella dispuesta a ponerle remedio.

Se deshizo de la camisa, de los pantalones y de los calzoncillos de Matt mientras él se entretenía tratando de atrapar con los dientes los duros y rosados pezones de Gisele para después mimarlos con su suave lengua.

Sentada a horcajadas sobre él, Gisele podía sentir la dura erección de Matt presionando contra su entrepierna y gruñó con impaciencia, invitando a Matt a entrar en ella.

—Solo tienes que pedirme lo que quieres, Gisele —le susurró con la voz ronca, queriendo oírla decir lo que tanto necesitaba.

—Sabes perfectamente lo que quiero.

—Quiero oírtelo decir.

Gisele le desafió con la mirada, no entendía a qué venía ese jueguecito, pero finalmente le complació y le susurró excitada:

—Te quiero dentro de mí.

—Será todo un placer —le dijo Matt con una sonrisa maliciosa en los labios antes de ponerse un preservativo y penetrarla lentamente.

Gisele cerró los ojos y gimió excitada mientras disfrutaba del mágico vaivén al que Matt la sometía mientras la besaba y acariciaba todo su cuerpo. Matt estaba al borde del orgasmo y decidió invertir las posiciones. Entrelazó sus manos con las de ella por encima de su cabeza, la cubrió con su cuerpo y le besó mientras entraba y salía de ella. Ya no podía contenerse más, así que deslizó una de sus manos hacia donde se unían sus cuerpos y acarició el abultado clítoris de Gisele al mismo tiempo que le susurró con la voz ronca:

—Déjate llevar, Gisele.

Gisele no se hizo de rogar, su cuerpo respondió a la orden de Matt y recibió una oleada de placer con los primeros espasmos del orgasmo. Gimió, se arqueó y estalló en mil pedazos justo en el momento que Matt se dejó ir.

Matt se dejó caer sobre ella y acto seguido rodó hacia un lado para invertir las posiciones para no aplastarla, pero la sostuvo entre sus brazos para que no se apartara, necesitaba sentirla cerca.

— ¿Estás bien?

—No podría estar mejor —ronroneó Gisele medio dormida.

Matt le dio un beso y le deseó buenas noches antes de que ambos se quedaran completamente dormidos.

A la mañana siguiente, Gisele se despertó sola en la cama. Suspiró con resignación, le hubiera acurrucarse junto a él y volver a dormirse. Se sentó en la cama y vio una nota sobre la mesilla de noche, era una nota de Matt: “Buenos días, preciosa. Baja a desayunar conmigo cuando quieras, te estaré esperando. M.” Gisele sonrió de oreja a oreja, se puso en pie y se dio una rápida ducha. Salió del cuarto de baño envuelta en una toalla y rebuscó entre su ropa, que ya ocupaba más de la mitad del vestidor, hasta que al final se decidió por un short tejano y una camiseta azul de tirantes. Bajó las escaleras y escuchó varias voces procedentes de la cocina, agudizó el oído y reconoció la voz de Matt, la de Jason, la de Tyler, la de Ben y también la de Elsa. Por el tono que empleaban, Gisele dedujo que le esperaba un día muy largo.

—Buenos días —saludó tímidamente al entrar en la cocina.

El silencio inundó la estancia durante un par de segundos, hasta que Matt se levantó de la silla y se acercó a ella dedicándole una media sonrisa.

—Buenos días, Gisele. ¿Has dormido bien? —La saludó tras darle un leve beso en los labios.

—No me puedo quejar —le contestó en un susurro para que solo él la escuchara. Se volvió hacia todos los demás y añadió bromeando—: Estoy hambrienta, ¿me habéis dejado algo para desayunar?

—Por supuesto que sí, cielo. Siéntate que en seguida te sirvo el desayuno —le dijo Elsa.

Matt se sentó de nuevo en su silla y arrastró a Gisele con él para que se sentara en su regazo. Le hubiera gustado quedarse con ella en la cama y esperar a verla despertar, pero tenía asuntos de los que ocuparse que no podían esperar.

Jason, Tyler y Ben les miraron como si estuvieran viendo a dos fantasmas. No estaban acostumbrados a ver a Matt tan cariñoso con una mujer, de hecho era la primera vez que le veían así con una mujer.

— ¿Qué estáis mirando? —Les reprochó Matt.

—Entiéndelo, esto es nuevo para nosotros —se mofó Jason.

—No puedes culparnos, te conocemos desde hace más de quince años y nunca has tenido novia —bromeó Tyler.

—Supongo que hasta ahora no había conocido a la mujer perfecta —respondió Matt con naturalidad. Gisele le miró con las cejas y él añadió divertido—: ¿Ha sido demasiado?

—Demasiado para antes de un café —le confirmó Gisele entre risas.

Matt la besó de nuevo, era un gesto que le salía natural con ella y le gustaba. Además, a Gisele no parecía molestarle, más bien todo lo contrario.

—Será mejor que vayamos al grano, tenemos mucho por hacer —les recordó Ben, que seguía pendiente de su ordenador portátil sin prestar demasiada atención a lo que decían.

—Gisele, hasta que solucionemos todo esto, un par de agentes te acompañarán a donde quiera que vayas —la informó Matt, poniéndose serio—. Debemos evitar cualquier riesgo, así que lo mejor es que solo estés en sitios seguros.

— ¿Qué consideras un sitio seguro?

—Esta casa y la agencia.

—He quedado con Kelly para ir de compras y este fin de semana íbamos a ir a ver a Sarah a la capital —protestó Gisele.

—Lo siento, pero no puedes ir de compras con Kelly. Puedes llamarla e invitarla a pasar el día en la piscina si quieres —trató de animarla Matt—. Nuestra visita a la capital sigue en pie, pero Tyler y Ben te escoltaran mientras yo esté con Jason en la reunión.

—En la capital hay un montón de tiendas, ¿por qué no compráis allí los vestidos para el aniversario de la agencia? —Propuso Elsa dejando la bandeja de desayuno frente a Gisele.

—Le prometí a Kelly que iríamos juntas a comprarlos —rechazó la idea Gisele.

—Le pediremos a Kelly que nos acompañe a la capital —accedió Matt.

—Bien, ya tenemos resuelto el primer punto —comentó Jason mirando divertido a su amigo Matt—. Estoy deseando oír el segundo punto.

Gisele ya empezaba a conocer a Jason y, gracias a su sonrisa burlona, supo que el segundo punto del día le iba a divertir e iba a ser su costa. Matt fulminó a Jason con la mirada antes de volverse a Gisele para, suavizando el tono de voz, decirle:

—Necesitamos que veas algunas fotos por si puedes reconocer a alguien en ellas.

—Veré las fotos si es lo que quieres, pero ya te he dicho que no he conocido a nadie del pasado de Erik —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Puede que no reconozcas a nadie en ellas ahora, pero es bueno que conozcas sus caras si los ves por la calle —opinó Ben.

—De acuerdo, ¿cuándo empezamos? —Aceptó Gisele.

—Ben se quedará contigo enseñándote las fotos mientras Tyler va a buscar a Kelly para que te haga compañía. Yo tengo que ir a la agencia con Jason, pero estaré de vuelta a la hora de comer —le aseguró Matt—. Si lo prefieres, también puedes venir conmigo.

—No te preocupes, estaré bien —le tranquilizó ella con una dulce sonrisa.

Matt la besó en los labios con ternura a modo de despedida y, antes de salir de la casa con Jason y Tyler, le susurró al oído:

—Me hubiera gustado quedarme contigo en la cama todo el día.

Ella sonrió y se ruborizó, provocando una carcajada en Matt, que la estrechó entre sus brazos y volvió a besarla antes de marcharse seguido de Jason y Tyler.  Gisele le observó marcharse y se sentó en la silla de nuevo al mismo tiempo que suspiraba. Empezaba a ser consciente de lo que sentía por Matt y supo que acabaría totalmente enamorada de él antes incluso de que se celebrara la boda.

— ¿Te parece bien si empezamos a revisar las fotografías? —Le preguntó Ben tratando de utilizar un tono suave y amable.

—Claro, cuando tú quieras.

Elsa se encargó de retirar los platos del desayuno de la mesa para dejarlos trabajar y desapareció para ocuparse de las tareas de la casa. Ben ladeó la pantalla de su ordenador portátil para que Gisele pudiera ver bien y comenzó a pasar fotografías, una detrás de otra, mientras Gisele las observaba sin reconocer a nadie.

Casi una hora después y sin ningún resultado positivo, Ben resopló con frustración y Gisele, sintiéndose mal por no ser de ayuda, se disculpó:

—Lo siento, ojalá pudiera ser más útil.

—No lo sientas, esto supone un menor riesgo. Si tú no los conoces a ellos es posible que ellos tampoco te conozcan a ti.

— ¿Te importa si echo un vistazo a lo que habéis averiguado? —Le tanteó Gisele.

—Matt no quiere involucrarte en esto, es mejor que te mantengas al margen para no agobiarte.

—Todo esto es por mi culpa, no puedo mantenerme al margen —argumentó ella tratando de convencerle.

—Supongo que tienes razón, pero a Matt no le gustará.

—Entonces, será mejor que no se lo digas —le aconsejó Gisele con una sonrisa cómplice en los labios.

Ben sonrió y le cedió el ordenador para que pudiera leer todo el informe. Gisele comprobó que la información que le había dado Matt tan solo era un escueto resumen de todo lo que habían averiguado sobre Erik Jerks. Gisele no tuvo ninguna duda, Erik Muller era en realidad Erik Jerks. Leyó su amplio historial delictivo siendo menor de edad y el historial criminal de su hermano Mike. La organización criminal de los Jerks se financiaba con el tráfico de drogas y de armas, con la extorsión, el robo y también con los asesinatos a sueldo. Gisele necesitó unos minutos para asimilar toda aquella información, conocía a Erik desde hacía cuatro años, había compartido su vida con él y acababa de descubrir que no le conocía en absoluto. Ben le dio el tiempo y el espacio que Gisele necesitaba, sabía que no era fácil encajar una situación así.

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