Hasta que el contrato nos separe 12.

Aquella noche Matt no esperó a que Gisele le abrazara mientras dormía, decidió abrazarla en cuanto se metió en la cama con ella. Gisele no pareció molestarse, así que la sostuvo entre sus brazos acariciándole la espalda hasta que se quedó dormida. El domingo por la mañana Gisele se despertó entre los brazos de Matt, que le dedicó una amplia sonrisa antes de desearle buenos días. Gisele ronroneó y se acurrucó contra su pecho, estaba demasiado cómoda junto a él y no quería moverse.

—Puedes dormir un par de horas más, todavía es temprano —le susurró Matt sin dejar de acariciar su espalda.

—Mm… —Ronroneó ella.

Matt tuvo que contener todos sus impulsos más primitivos para evitar echarse encima de Gisele. Tenerla entre sus brazos era el mayor placer que había sentido y al mismo tiempo la peor tortura que había sufrido.

Pocos minutos después, Gisele se quedó dormida de nuevo y Matt aprovechó para darse una larga ducha de agua fría. Aquella situación cada vez le resultaba más difícil de sobrellevar y sabía que si se precipitaba perdería la confianza y la complicidad con Gisele.

Matt desayunó en la cocina con Elsa mientras Gisele seguía durmiendo y Elsa aprovechó para tantear a Matt:

—Imagino que la relación con Gis va en serio si vas a presentársela a tu madre, pese a que hace poco que os conocéis.

—Hace poco que nos conocemos, pero es como si la conociera de toda la vida —le explicó Matt, expresando con palabras lo que sentía—. Ella hace que todo resulte fácil y sencillo, es capaz de hacerme sonreír aunque haya tenido un día pésimo.

—Nunca te había escuchado hablar así de ninguna chica.

—Porque nunca había conocido a alguien como ella —reconoció Matt.

Un par de horas más tarde, Matt aparcaba el coche frente a la puerta principal de la majestuosa casa familiar. Gisele estaba más callada de lo habitual, visiblemente nerviosa y ensimismada en sus pensamientos.

—Todo va a salir bien, relájate —trató de tranquilizarla Matt mientras la ayudaba a salir del coche.

—Para ti es fácil decirlo, no vas a ser escaneado en profundidad por dos mujeres que velan por la seguridad del hombrecito de la casa —protestó Gisele poniéndose de morros.

Matt rio divertido y no pudo evitar estrecharla entre sus brazos antes de besarla en los labios, completamente hechizado por ella.

—Será mejor que entremos o mi madre saldrá a buscarnos —bromeó Matt agarrándola por la cintura.

Llamaron a la puerta y, dos segundos después, Leonor Spencer apareció con una amplia sonrisa en los labios. Saludó a su hijo con un efusivo abrazo y después Matt hizo las presentaciones oportunas:

—Mamá, te presento a Gisele.

—Es un placer conocerte por fin, Gisele —la saludó Leonor dándole un abrazo cariñoso.

—El placer es mío, señora Spencer.

— ¡Uix, señora Spencer! —Rio Leonor—. Trátame de tú, por favor. No quiero recordar lo vieja que soy.

—Estás estupenda, mamá —aseguró Matt. Entraron en la casa y, mientras se acomodaban en uno de los sofás del salón, preguntó—: ¿Dónde está Kelly?

—En la piscina, tomando el sol. Iré a avisarla mientras os ponéis cómodos y traeré algo frío para beber, el calor empieza a apretar.

Leonor se marchó dejándolos a solas en el salón y regresó cinco minutos después, acompañada de Kelly, la hermana pequeña de Matt.

—Tú debes ser Gisele, un placer conocerte —la saludó Kelly alegremente—. Tienes un nombre precioso.

—Gracias, aunque el único que me llama Gisele es Matt, todo el mundo me llama Gis.

—Matt nos ha dicho que estás en la universidad, ¿qué estudias? —Quiso saber Leonor por sacar un tema de conversación.

—Psicología criminal, quiero especializarme en perfiles.

— ¿Para trabajar como los investigadores de las series de televisión que encuentran y detienen a asesinos en serie? —Preguntó Kelly interesada.

—Más o menos —bromeó Gisele.

Charlaron durante un buen rato y Matt no dejó de acariciar la espalda de Gisele, haciéndole saber que estaba allí para apoyarla. Mientras comían, Leonor y Kelly les sometieron a cientos de preguntas, querían saberlo todo sobre la repentina relación de Matt con aquella chica. Por supuesto, Leonor se había informado bien antes de que llegaran, pues mantenía el contacto con Elsa y aquella misma mañana la llamó para preguntarle por Gisele. Por ella sabía que Gisele era una buena chica, sencilla y que tenía completamente hechizado a Matt, razones suficientes para que Leonor se ilusionara todavía más con esa relación.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Matt en un susurro cuando pasaron de nuevo al salón para tomar un café después de comer.

—Estoy perfectamente, tienes una familia encantadora.

Se acomodaron de nuevo en los sofás y Matt se interesó por los estudios de Kelly, que había decidido retomar los estudios universitarios de periodismo.

—Lo dejé en el último año, estudiar y trabajar al mismo tiempo no era compatible con salir de copas con los amigos y todos sabemos qué quieren los jóvenes.

—Gisele estudia y trabaja —le replicó Leonor a su hija.

—Es difícil y te lo digo yo que además cuento con la ayuda económica de una beca de la universidad —le aseguró Gisele.

—Sea como sea, me parece admirable lo que haces, Gis —reconoció Kelly y añadió bromeando para picar a Matt—: Sobre todo si además tienes que soportar al mandón de mi hermano.

—Vaya, parece que no soy la única que cree que eres un mandón —le susurró Gisele a Matt.

—No soy ningún mandón, solo cuido de ti —se defendió Matt.

Gisele sonrió divertida y él la atrajo contra su cuerpo para estrecharla entre sus brazos y plantarle un beso en los labios que sorprendió a todos, incluido a él mismo.

—Matt, ¿por qué no le enseñas la casa a Gisele? —Le instó Leonor.

—Sí, será mejor que les demos un poco de intimidad que parece que la necesitan —se mofó Kelly entre risas.

Matt no se lo pensó dos veces y salió de allí con Gisele. Ya había visto el salón y el comedor, así que le mostró rápidamente la cocina y la llevó escaleras arriba para mostrarle su habitación. Leonor conservaba la habitación de su hijo tal y como la había dejado a los dieciocho años, cuando se alistó en el ejército. Gisele sonrió al descubrir la habitación de un adolescente y se detuvo a examinar las fotos que colgaban de la pared, todas de amigos y familia. Vio una foto en la que aparecía un hombre mayor que Matt, pero muy parecido a él, vestido de militar y dedujo que se trataba de su padre.

—Eras muy guapo de niño —comentó Gisele señalando una de las fotos de Matt.

— ¿Significa eso que ya no lo soy? —La provocó Matt abrazándola desde la espalda.

—Si sigues así, tendremos un problema —le advirtió Gisele excitada.

—Créeme si te digo que intento contenerme, pero vas a terminar matándome.

—Mm… Yo podría decir lo mismo —ronroneó ella.

—Será mejor que regresemos al salón —decidió Matt, haciendo acopio de todas sus fuerzas para apartarse de ella.

Gisele suspiró con resignación. Una vez más, Matt se alejaba de ella sin dar el siguiente paso. No era el mejor momento ni tampoco el mejor lugar, pero Gisele se había propuesto pensar un plan para acabar con aquella tortura.

Regresaron al salón y pasaron la tarde con charlando con Leonor y Kelly. Gisele y Kelly se llevaban un par de años y tenían muchas cosas en común, así que congeniaron rápidamente. Cuando Matt quiso darse cuenta, su hermana estaba haciendo planes con Gisele:

—Podemos ir juntas a comprar el vestido para la fiesta del aniversario de la agencia, yo tampoco he comprado el vestido todavía.

—Eso sería genial —opinó Gisele encantada de tener algo que hacer cuando Matt estuviera trabajando.

Gisele llegó a sentirse una más de la familia. Leonor y Kelly quedaron encantadas con ella y así se lo hicieron saber cuándo se despidieron:

—Ha sido un placer conocerte, Gis —le dijo Leonor—. Espero que Matt te traiga más veces por aquí, se le ve feliz contigo.

— ¿Qué estáis cuchicheando? —Intervino Matt, divertido por la complicidad que había surgido entre su madre y Gisele.

—Tranquilo, si tú no la has asustado, no creo que nosotras seamos capaces de hacerlo —le respondió Kelly sacándole la lengua.

—Tengo una familia encantadora, ¿te das cuenta? —Le comentó Matt a Gisele con sarcasmo.

Nada más subirse al coche y quedarse a solas, Gisele le preguntó:

— ¿Qué tal ido?

—No podía haber ido mejor —le aseguró Matt.

Cuando llegaron a casa, ya casi era la hora de cenar y Gisele le propuso pedir algo de comida a domicilio y cenar en el jardín.

— ¿No quieres invitar a Elsa a cenar con nosotros? —Le medio reprochó Matt.

—Esta noche no.

— ¿Qué estás planeando? —Le preguntó él alzando las cejas, adivinando que Gisele tramaba algo.

—Solo quiero cenar con mi futuro marido en el jardín, ¿hay algo de malo en eso?

—Ve a ponerte cómoda, mientras tanto yo pediré una pizza.

Gisele le dio un beso en los labios y subió las escaleras para dirigirse al dormitorio principal. Matt le había dicho que se pusiera cómoda y pensaba hacerlo. Sacó uno de sus pijamas sin estrenar: una ajustada camiseta de tirantes con un pequeño encaje en el escote y un diminutos short de algodón de color blanco, a juego con la camiseta. Se miró en el espejo y se dio el visto bueno antes de bajar las escaleras en busca de Matt. Él la esperaba en la cocina, sirviendo un par de copas de vino que dejó junto a la botella. Matt se había quitado la chaqueta y la corbata, había desabrochado algunos botones de su camisa y se había arremangado las mangas hasta los codos.

—Mm… Apenas llevas ropa, ¿no tendrás frío cuando salgamos al jardín? —Le preguntó Matt recolocándose el pantalón.

—Me pondré tu chaqueta si me da frío —le replicó Gisele un tanto molesta porque él se preocupara de si iba a pasar frío o no así vestida y pensó para sus adentros—: ¿Es que no se da cuenta que me he vestido así precisamente para provocarlo? —Pensó para sus adentros.

Llamaron al timbre de la puerta y Matt fue a abrir para recibir al repartidor de pizzas. Tras pagar la cuenta y darle al repartidor una más que generosa propina, regresó a la cocina cargando con la pizza, cogió las dos copas y la botella de vino que había dejado sobre la encimera y le dijo a Gisele:

—Salgamos al jardín antes de que se enfríe la pizza.

Salieron al jardín y se acomodaron en uno de los sofás de la terraza. Matt dejó la pizza, la botella y las copas sobre la mesa de café y, sorprendiendo a Gisele, sacó un par de velas del bolsillo y las encendió antes de dejarlas sobre la mesa, iluminando tenuemente el lugar donde se encontraban.

A Gisele le encantó aquel detalle tan romántico y se lo agradeció con una seductora sonrisa. Se conocían desde hacía dos semanas, pero en ese tiempo Gisele había pasado más horas con Matt de las que había pasado con Erik en el último año de relación.

— ¿Dónde está Elsa? —Preguntó Gisele al percatarse de que no la había visto en casa.

—Los domingos tiene el día libre y va a visitar a su hermana, regresará mañana por la mañana.

—Oh.

— ¿Decepcionada?

—Sorprendida —le corrigió Gisele.

Matt la escrutó con la mirada, sospechaba que Gisele tramaba algo y no tenía ni idea de cuál era su plan. Sin darle mayor importancia, comenzaron a cenar antes de que la pizza se enfriara. Gisele no se precipitó, comió y bebió mientras conversaba tranquilamente con él sobre su familia.

— ¿Te parece bien que vaya con Kelly de compras?

—Claro, te daré dinero para que compres lo que necesites.

—Ya tengo dinero, no necesito que me des más.

—El vestido es para el aniversario de la agencia, se trata de un gasto derivado de nuestro acuerdo y, por lo tanto, yo me hago cargo.

—Matt…

—No es discutible —sentenció.

Gisele asintió con resignación, no conseguiría hacerle cambiar de opinión y lo último que quería era que se distanciara más. Se armó de paciencia y decidió esperar que se diera el momento oportuno.

Después de cenar, Gisele recogió la mesa pero Matt insistió en ser él quien llevara las sobras a la cocina y ella se acomodó en el sofá-balancín mientras esperaba que regresara.

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