Hasta que el contrato nos separe 11.

Gisele no llamó a Matt porque no quería molestarlo, pero decidió enviarle un mensaje. Esa misma mañana había recibido un correo electrónico informándola de la transferencia recibida en su cuenta bancaria con un importe de tres mil euros. Quería gastar parte de ese dinero con Matt y lo mejor que se le ocurrió fue invitarlo a cenar. Tras meditarlo durante unos minutos, finalmente se decidió por un mensaje directo y sencillo: “¿Tienes planes para esta noche?” La respuesta no tardó en llegar: “Siempre estoy disponible para ti.” Gisele sonrió, aquel juego de mensajes le excitaba y le gustaba pese al peligro que suponía. Respiró profundamente y tecleó: “¿Te apetece salir a cenar?” Un segundo después de pulsar el botón de enviar, Matt la llamó y, bromeando, le preguntó en cuanto descolgó:

— ¿Me estás pidiendo una cita?

— ¿Es que te ha quedado alguna duda?

— ¿Cuándo paso a recogerte?

—Mm… Dame tiempo para darme una ducha y arreglarme un poco, quiero ir a un restaurante elegante, tenemos un par de cosas que celebrar.

—Estaré allí en una hora —sentenció Matt—. Coge algo de ropa para dejar en mi casa, así no tendremos que estar yendo y viniendo de un lado a otro cada vez que te quedes a dormir en casa. Te quedas a dormir, ¿verdad?

—Solo si tú quieres.

—Desde luego que quiero. Una hora, no me hagas esperar —le recordó Matt.

—Estaré lista, seré puntual.

Una hora más tarde, Gisele estaba lista para salir a cenar. Se había puesto un vestido de estilo romano que le llegaba por encima de la rodilla, con un pronunciado escote en V por delante y que dejaba su espalda al descubierto por detrás. Se calzó sus sandalias romanas de tacón de aguja y se recogió el pelo en un moño, dejando algunos tirabuzones sueltos. También había preparado una pequeña maleta con ropa variada para dejar en casa de Matt, tal y como él le había pedido.

Matt la llamó por teléfono para hacerle saber que la estaba esperando en la calle y Gisele cruzó el portal del edificio tres minutos después, dejando a Matt con la boca abierta. Se apresuró a llegar hasta a ella para cargar con la maleta y guardarla en el maletero del coche, pero no quiso dejar pasar la ocasión de piropearla y, de paso, besarla:

—Estás preciosa.

—Gracias, tú también estás muy guapo —le respondió ella, ruborizada por el beso.

Se subieron al coche y, cuando Matt le preguntó a dónde se dirigía, Gisele le pidió que se encargara de escoger restaurante. Lo pensó un minuto antes de decidir llevarla al Luxury, el restaurante más de moda de la ciudad y puede que del país. Conocía al dueño y no le pondría ningún problema en asignarles una mesa.

Veinte minutos más tarde, Matt aparcaba frente a la puerta del Luxury. Bajó del coche y ayudó a Gisele a bajar antes de entregarle las llaves al aparcacoches. En cuanto el maître le vio llegar, se apresuró en ir a recibirle y, tal y como Matt había planeado, les llevó rápidamente hasta una de las mejores mesas del restaurante desde donde se podía contemplar la vista nocturna de la ciudad.

—Uno de los camareros les traerá la carta en seguida —les informó el maître.

Matt asintió y le pidió que trajera una botella de vino tino para beber. El maître asintió y les dejó a solas, momento en que Matt le preguntó a Gisele:

— ¿Qué ha pasado con Sarah?

A Gisele no le dio tiempo a contestar, uno de los camareros les entregó la carta mientras otro les servía las copas de vino y la pregunta se quedó en el aire.

Matt fue paciente y escuchó las sugerencias del camarero, ya que Gisele parecía estar realmente interesada en cada uno de los platos. Finalmente, aconsejados por el camarero, decidieron pedir un menú degustación y así podrían probar un poco de todo. El camarero anotó el pedido y, por fin, se quedaron a solas de nuevo.

—Quieres contarme lo de Sarah? —Insistió Matt.

Gisele se lo contó todo. Le explicó que le habían propuesto un empleo importante en la capital y que había aceptado.

— ¿Por qué quería tu aprobación para aceptar un empleo?

—Sarah está preocupada por el comportamiento de Erik, no quería dejarme aquí sola y me ha propuesto que me vaya con ella.

—Imagino que le habrás dicho que no —quiso confirmar Matt.

—Le he dicho que me has ofrecido un empleo en la agencia y que me vas a proteger de Erik, de lo contrario no hubiera aceptado un no por respuesta —se sinceró Gisele.

—Has hecho bien —le aseguró Matt. Miró a Gisele a los ojos y añadió—: Quiero que te quedes en mi casa mientras Sarah esté fuera.

—Matt, apenas hace cinco días que me conoces, no podemos vivir juntos si quieres que esta relación parezca real.

—Te equivocas, es una manera de acelerar las cosas. Mientras más tiempo pasemos juntos, mejor nos irá en las entrevistas. Además, los abogados de mi abuelo estarán siguiendo todos mis movimientos. Nos interesa que nos vean juntos a todas horas, así el anuncio de nuestro compromiso no parecerá tan repentino.

—La verdad es que la idea de quedarme sola en el apartamento no me atrae en absoluto.

—Está decidido, entonces —sentenció Matt. Le entregó una copa de vino a Gisele y él cogió la otra antes de brindar—: Por nosotros.

—Por nosotros —brindó Gisele antes de beber un sorbo de su copa.

Matt se acercó a ella y le susurró al oído:

—Voy a besarte, mucha gente nos está mirando y sería un buen momento para dejarles claro que somos una pareja.

Gisele recorrió los pocos centímetros que separaban sus labios de los de él y le besó. Fue un beso cálido y tierno, pero también apasionado y provocador. Pero también más largo e intenso de lo que ambos se esperaban.

—Joder, esto va a ser más difícil de lo previsto —masculló Matt entre dientes cuando separó sus labios de los de Gisele.

Matt recordó que tenía una conversación pendiente con Gisele, tenía que preguntarle por la verdadera identidad de su ex novio. Pero Gisele estaba tan alegre y despreocupada que decidió dejar esa conversación para otro momento, no quería arruinar la noche hablando de aquel tipo o, peor aún, discutiendo con Gisele.

Se tomaron un par de copas de vino mientras esperaban que les sirvieran la comida y otra par más mientras cenaban y charlaban animadamente, intercambiando alguna que otra caricia y algún que otro beso. Cuando les trajeron la cuenta, Gisele se apresuró en sacar su tarjeta de crédito para pagar, pero Matt la interceptó y le entregó su tarjeta al camarero.

—Me da igual lo que digas, no voy a dejar que pagues la cuenta —le advirtió Matt cuando ella abrió la boca para protestar.

El camarero les sonrió con complicidad tras aceptar la tarjeta de Matt y Gisele lo fulminó con la mirada mientras Matt sonreía satisfecho. Cuando salieron del restaurante, ambos estaban un poco achispados. Matt le ofreció ir a tomar una copa, pero Gisele prefirió ir a casa, la sola idea de pensar en la posibilidad de encontrarse de nuevo con Erik la ponía enferma.

—Entonces, nos vamos a casa —aceptó Matt, él tampoco tenía ganas de entrar en un pub repleto de gente.

Por segunda vez, durmieron juntos en la misma cama, pero no hubo sexo entre ellos y no fue porque ninguno de los dos no lo deseara. Matt se sentía cada vez más atraído por ella, pero no quería presionarla y que terminara rompiendo el acuerdo. A Gisele le hubiera gustado qué hubiera dejado clara alguna intención, pero como no fue así, ella no se atrevió a dar el paso.

—Solo han pasado cinco días y ya estoy a punto de volverme loca —pensó en voz alta Gisele cuando se encerró en el cuarto de baño para ponerse el pijama.

Aquella noche, Gisele volvió a recostarse sobre su pecho mientras dormía y él, con una ternura que solo ella era capaz de despertarle, la envolvió con sus brazos y la estrechó contra su cuerpo hasta que él también logró quedarse dormido.

Durante los días siguientes Gisele trató de acostumbrarse a su nueva rutina, pero se aburría muchísimo sin nada qué hacer. Matt se pasaba el día en la agencia y parte de la noche trabajando en el despacho de casa, estaba muy ocupado poniéndose al día con los nuevos casos de la agencia que había estado desatendiendo para estar con Gisele y se le había juntado con la organización del quinto aniversario de la agencia. Aquello le supuso trabajar de lunes a domingo más de quince horas diarias y apenas podía dedicar tiempo a estar con Gisele. Elsa tampoco se lo ponía fácil. La mujer le daba conversación y se esforzaba para que se sintiera en su propia casa, pero no le dejaba realizar ninguna de las tareas de la casa. Tampoco podía salir de casa sola, al menos no mientras Erik siguiera por ahí acechándola. Matt había sido muy claro con ese asunto y ella no estaba dispuesta a llevarle la contraria. Tan solo lograba distraerse un poco cuando Matt regresaba por la noche y cenaba con ella o cuando Sarah la llamaba por teléfono para contarle qué tal le iba en la capital.

Habían pasado ya diez días desde que se había mudado con Matt, pero Gisele seguía sintiéndose extraña. Echaba de menos a Sarah, poder hablar y desahogarse con ella, pero eso era imposible y no porque estuviera a más de trescientos kilómetros de distancia. También echaba de menos a Matt, tan solo lo veía un rato durante la cena. Ella se iba a dormir antes de que él se acostara y cuando se despertaba él ya se había ido a trabajar.

Era sábado por la tarde y Gisele estaba en el jardín trasero de la casa, meciéndose en el sofá-balancín mientras bebía de su refresco, viendo pasar las horas. Matt salió antes de la agencia, quería cenar con Gisele y pasar un rato con ella. Él también la echaba de menos. Le gustaba oírla hablar, verla sonreír y que se acurrucara sobre su pecho cuando dormía.

—Buenas tardes, señorita —la saludó Matt, pillándola desprevenida.

— ¡Matt, qué sorpresa! —Exclamó Gisele.

— ¿Te alegras de verme? —Le preguntó Matt sentándose junto a ella en el balancín antes de agarrarla por la cintura y colocarla sobre su regazo—. Elsa me ha regañado, dice que estás triste y aburrida. ¿Es eso cierto?

—Un poco, no tengo nada qué hacer —respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Aún faltan dos semanas para la celebración del quinto aniversario de la agencia y he pensado que el próximo fin de semana podríamos hacer una escapada a la capital, así podrías visitar a Sarah.

— ¿En serio?

—Yo siempre hablo en serio —le susurró él acariciando la punta de su nariz—. El sábado por la mañana tengo una reunión en la capital, puedes acompañarme y, mientras yo trabajo, tú podrás estar con Sarah. Por cierto, ¿a dónde te gustaría que fuésemos de vacaciones?

— ¿De vacaciones?

—Ajá, de vacaciones. Ninguna pareja se casa sin haberse ido juntos de vacaciones antes.

—Pues no sé, cualquier sitio me parecerá bien.

—Tienes que elegir tú y escoge un lugar caro, tengo que pedirte algo a cambio y no te va a gustar —le advirtió Matt divertido.

—Está bien, deja que lo piense un momento… —Gisele le siguió el juego tratando de impacientarlo, pero Matt se sentía en calma estando con ella y no lo consiguió—. Quiero ir de vacaciones a un lugar exótico y soleado, rodeado de naturaliza y en el que haya playa. Pero que sea un lugar tranquilo, no me gustan las aglomeraciones.

— ¿Tranquilo en plan familiar o en plan íntimo?

—Tranquilo en el sentido de que pueda bañarme desnuda en el mar si me apetece y sin que haya nadie mirando —le provocó Gisele.

—Debería recordarte que yo también estaré allí —le susurró Matt con la voz ronca.

—Eres mi futuro marido, tendré que acostumbrarme —bromeó Gisele.

Estaban a solas en el jardín de casa de Matt, no tenían que fingir porque no había nadie que les observara, pero Matt la besó de todas formas y Gisele se entregó a aquel beso sin más. Se quedaron abrazados sin decir nada, ninguno de los dos se atrevió a decir nada para no romper la magia del momento.

— ¿Qué querías pedirme? —Le preguntó Gisele pasados unos minutos.

—Me ha llamado mi madre, quiere que vaya mañana a comer a su casa y le he dicho que iré acompañado —le soltó sin andarse por las ramas—. Sé que es un poco precipitado, pero quiero que conozcas a mi madre y a mi hermana antes de la fiesta de aniversario de la agencia.

—Y, ¿si no les gusto?

—Eso es imposible, eres adorable —le aseguró Matt, besándola de nuevo.

Se puso en pie sosteniendo a Gisele entre sus brazos y entró en casa cargando con ella hasta llegar a la cocina, donde Elsa sonrió al verles. Gisele se ruborizó, no estaba acostumbrada a tantas muestras de afecto en público, aunque no fueran del todo reales.

—Mañana llevaré a Gisele a casa de mi madre —anunció Matt con orgullo.

— ¡Oh, es una gran noticia! —Exclamó Elsa emocionada, abrazando a Matt.

—Gisele está un poco nerviosa, pero ya le he dicho que no tiene nada de lo que preocuparse, la van a adorar.

—Leonor y Kelly se mueren de ganas por conocerte, estoy segura de que os vais a llevar a las mil maravillas —opinó Elsa.

—Mañana lo averiguaremos —concluyó Gisele.

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