Geishas.

Una geisha es una artista refinada y culta que estudia las artes tradicionales japonesas. Sus orígenes se remontan a hace más de 400 años, momento en que dicha profesión era ejercida por artistas hombres dedicados a ofrecer música, danzas o servir sake a clientes en banquetes. Luego quedo a manos de las mujeres hasta la actualidad.

En cuanto a su estética inconfundible, el maquillaje es una de las claves mostrando su nivel de experiencia. Así las aprendices o maiko llevan un maquillaje más cargado y vivo, en cambio, una geisha con más experiencia lleva un maquillaje suave y más discreto.

El maquillaje se transforma en máscaras de color blanco, rasgos acentuados en colores puros como el rojo y el negro; aportando no sólo un aspecto artístico, sino también máscaras homogéneas que ocultan identidades individuales.

En la estética de las geishas, resaltan también los kimonos; en especial de seda cerrados con un cinturón ancho anudado en la espalda. Así la forma del nudo indicada también si son maiko (nudo con cola) o más experimentadas (nudo más corto).

Además, las jóvenes usan kimonos de colores vivos y diseños más llamativos, en cambio las mayores llevan kimonos menos extravagantes. Los kimonos suelen ser hechos a mano, de telas costosas y muy pesados y se complementan con altas sandalias de madera y calcetines blancos o tabi. Llevar este vestuario no es tarea fácil. Se unen la belleza, la elegancia y el dolor.

La geisha es una mujer que ha estudiado profundamente las artes tradicionales japonesas. Esto incluye música, baile tradicional y ceremonia del té, por ejemplo. Además también se ha formado lo suficiente para ser capaz de mantener activa una reunión, dando conversación, inventándose juegos, etc. En Kioto suelen recibir el nombre de geiko, mientras que en otros puntos de Japón suelen llamarse geigi.

Para una aprendiza o maiko, llamar la atención y dejar al cliente con la boca abierta es fácil: simplemente tiene que aparecer y dejarse ver. Su kimono y el enorme obi de colores llamativos, los vistosos ornamentos en el pelo y su elaborado peinado sorprenden a cualquiera.

Para una geisha, sin embargo, sorprender es un poco más complicado. Esta mujer viste un kimono más sobrio y es en general menos ostentosa en su apariencia, mucho más madura. Es por ello que la única forma que tiene de asombrar al cliente es a través de sus dotes artísticas, así como la inteligencia de su discurso, su personalidad y su manera de ser.

De maiko a geisha: el erikae.

A la edad de 20 o 21 años o básicamente cuando la chica esté preparada, la maiko se convierte en geisha a través de una ceremonia llamada erikae, literalmente, «cambio de cuello». Esta ceremonia consiste en cambiar el cuello del kimono, de ahí el nombre. Si en el caso de la maiko el cuello del kimono era de patrones rojos y blancos, el cuello del kimono de la geisha será totalmente blanco. Para el erikae, la joven también cambiará el estilo del kimono. Dado que ya no es una joven inexperta, sino una mujer con experiencia, dejará de llevar el kimono furisode de mangas largas y se pondrá un kimono de mangas más cortas, típico de las mujeres casadas. El erikae es una ceremonia muy parecida al omisedashi o debut de la maiko, tanto en la forma como en el fondo. Para la ocasión, la joven abandona definitivamente el peinado sakko, que ha lucido durante las últimas semanas como maiko, y se coloca su primera peluca. Además, como es tradicional en las ceremonias más formales del barrio, se deja sin pintar de blanco tres (y no dos) líneas en su nuca.

La nueva geisha se dedica entonces a pasear por el barrio. Durante el paseo, va regalando unos papeles llamados noshigami por todos los establecimientos de importancia dentro del barrio, pidiéndoles su apoyo en el nuevo camino que emprende. Asimismo, igual que hizo durante su debut, durante los tres días siguientes al erikae, la mujer viste un kimono negro en el que se distingue el blasón, mientras que los tres días posteriores viste un kimono colorido y llamativo. A partir del séptimo día, la nueva geisha ya vestirá sus kimonos habituales.

Si la mujer ya tiene un danna, un patrono, éste será el que asumirá los elevados gastos de vestuario. Sin embargo, actualmente esto es algo extremadamente inusual, de manera que son ciertos clientes los que se hacen cargo del gasto (a través de tarifas increíblemente elevadas o de regalos sueltos que puedan hacerle). A veces, es la okiya la encargada de crear el «armario» de la chica, aunque esto último no es obligatorio. Sin embargo, sí suele ser habitual que la okiya le regale o preste a la nueva artista algunos de sus kimonos.

Las geishas son criaturas de la noche, que llegan a acostarse a las 3 o las 4 de la madrugada todos los días. Así pues, es normal que su día no empiece hasta bien entrada la mañana, aunque dentro del barrio de geishas tampoco se permita mucha holgazanería y descanso.

Es curioso, sin embargo, caminar por las calles del hanamachi a primera hora de la mañana: el silencio y la tranquilidad reinan por todas partes. Al mediodía, sin embargo, los ojos del visitante pueden empezar a ver aparecer maikos y geishas, en kimonos simples y sin maquillaje ni pelucas, de compras, de restaurantes o simplemente de relax.

Pero existe una gran diferencia entre maikos y geishas. Al situarse un poco más arriba en la escalera jerárquica, la geisha puede permitirse el lujo de levantarse un poco más tarde que la maiko, sobre las 9 o las 10 de la mañana, e ir tranquilamente al kaburenjo a las clases a las que asista, ya que la geisha, por más experimentada que sea, nunca deja de ir a clase. Debe repasar los movimientos de danza, las notas del shamisen, los movimientos de la ceremonia del té, tocar el taiko o hasta cantar.

Después, como la maiko, puede dedicarse a pasear o a comprar, aunque son muchas las veces en las que la geisha tiene que ir a comprar un kimono nuevo (o cualquier otro elemento de vestuario y accesorios) o tiene que llevar la peluca al cuidado del peluquero.

Muchas veces, la geisha se detiene en el kenban, la oficina oficial de registro encargada de las reservas que hacen las ochaya para las maiko y geisha, y comprueba su agenda u otros quehaceres. Pero, por encima de todo, la geisha pasea, saluda, sonríe y habla un poquito con toda la gente que trabaja con y para ella en el hanamachi.

El respeto mutuo y la lealtad se esconden detrás de estos paseos: si una geisha es maleducada, quizá el peluquero tardará más en arreglarle la peluca. Es por el bien de toda la comunidad del hanamachi que la geisha quede bien con todos y cada uno de sus miembros.

Al mediodía, de vuelta a la okiya, las geishas y las maikos comen y finalmente se preparan para la noche: con el kimono interior puesto, primero se maquillan, luego se visten y finalmente se colocan la peluca y los pocos adornos que suelen llevar. Entre las cinco y las seis de la tarde las geishas salen de la okiya y, siguiendo las instrucciones del kenban, acuden a una ochaya, donde normalmente habrá otras geishas o maikos. La noche transcurre de banquete en banquete, a veces a pie (si las ochaya están realmente cerca), aunque la mayoría de las veces las chicas se trasladan en taxi (para evitar los borrachos salaryman que, después de la cena y las copas con los compañeros de oficina, vuelven a casa).

Al llegar a casa, se desvisten, se quitan la peluca, se desmaquillan y se toman un ofuro, un baño típico japonés, todo con la ayuda, muchas veces, de la pobre shikomi-san, la joven situada en el escalón más bajo de la jerarquía de los hanamachi y la que menos (o peor, en todo caso) duerme.

Ser geisha: la esencia del iki.

Una de las características que debe poseer toda aspirante a geisha es, sin ningún tipo de duda, el iki, un término japonés que podríamos traducir como la elegancia de las sutilezas e insinuaciones. El iki es un tipo de elegancia muy sensual, con mucho estilo. Una elegancia sutil cuyo valor principal es insinuar, no mostrar. Una elegancia discreta. Una elegancia que parezca natural y simple.

Una geisha debe cumplir con todos estos objetivos: elegante, sensual, con estilo, sutil, discreta, natural, insinuadora… Los kanzashi en el pelo, por ejemplo, pasan de ser bastante opulentos y coloridos cuando la chica es maiko o aprendiza, a ser sobrios y escasos cuando la chica es geisha, y más cuando la geisha ya ni siquiera va ataviada con su maquillaje blanco. Por ejemplo, en vez de llevar kanzashi de joyas brillantes, utilizan adornos hechos de caparazón de tortuga. Mucho más sobrios y elegantes a la vez.

No obstante, el concepto de iki no es único y exclusivo de las geishas. En realidad, esta palabra surgió en el siglo XVIII cuando la clase gobernante fijó una serie de reglas para controlar las posesiones y la opulencia de los habitantes de las ciudades, sobre todo de los mercaderes. Estos, debido a la jerarquización de la sociedad, estaban considerados como clases bajas, aunque en muchos casos eran mucho más ricos que las clases más altas de los samuráis. Esto, naturalmente, molestaba enormemente a los samuráis, de ahí que legislaran para que al menos se notara menos la diferencia de riqueza.

A partir de entonces, los mercaderes comenzaron a mirar con desdén las posesiones y ropas caras de las clases altas y crearon el concepto de iki: ciertas decoraciones, ciertos materiales, ciertos vestidos, aunque extraordinariamente caros, pasaron a ser considerados «horteras» porque mostraban un lujo demasiado evidente. Así, los mercaderes comenzaron a apreciar las insinuaciones y las sutilezas, y el iki, en pocas palabras, pasó a ser un tipo de elegancia sutil, discreta y natural, tanto en la vestimenta como en la manera de ser.

A comienzos del siglo XIX el mayor logro al que podía aspirar una geisha era que dijeran que tenía iki. En esos momentos las geishas eran la combinación perfecta de los estilos de dos tipos de mujeres totalmente diferentes: las yūjo y las shiroto. Las primeras eran las cortesanas, o prostitutas, todo lo contrario del iki: sus extravagantes y desmañados kimonos, su excesivo maquillaje y su rimbombante uso del lenguaje a menudo eran objeto de burla. Las shiroto, por otra parte, eran mujeres que trabajan en la casa, como amas de casa o sirvientas, y vestían de una forma mucho más humilde pero, por supuesto, no tenían mucho interés.

El iki de una geisha era un delicado equilibrio entre estas dos categorías estéticas tan antagónicas y a menudo les llevaba horas y horas perfeccionar sus maneras de vestir, su forma de comportarse y sus habilidades artísticas para mantener este equilibrio.

Aunque el tiempo y los esfuerzos que las geishas ponían en conseguir el iki pueden sugerir lo contrario, el objetivo principal era y sigue siendo conseguir una elegancia sobria. Las geishas que tenían iki usaban maquillaje ligero pero refinado. Sus kimonos también tenían un patrón exquisito, con el obi atado en un lazo poco ceñido o doblado en cuadrado. Su forma de vestir sugería erotismo y sin mostrarlo descaradamente como en el caso de las cortesanas. El erotismo, de hecho, tiene un papel importante en el iki. Las geishas saben perfectamente cómo ser seductoras: un mechón de pelo suelto en un peinado por lo demás perfecto, o un vistazo fugaz de color rojo debajo del cuello de un kimono negro, son las armas que utilizan para ser eróticas, pero sin llegar a ser descaradas.

El iki no es un ideal abstracto al que tienen que ceñirse las geishas a lo largo de su vida, ellas mismas son muy importantes a la hora de crear moda, y en definitiva a la hora de establecer cómo se consigue ese estado de iki. El iki, también, es refinado e inocente, pero desde luego no es naif. Dentro del hanamachi se dice que para tener iki una mujer tiene que haber probado, por ejemplo, los frutos del amor, tanto los amargos como los dulces, y por eso las muchachas jóvenes rara vez tienen iki. El iki, pues, se consigue con los años y la experiencia.

Hoy en día las geishas siguen buscando ese iki, esa elegancia de las sutilezas y las insinuaciones, como parte de su trabajo. Y probablemente es ese iki el que hace que, cuando nos cruzamos con una geisha por la calle, nos sintamos extrañamente atraídos hacia ella.

6 comentarios

  1. Bellissimo e interessante post! Grazie 😊
    Vicky

  2. Parece que el objetivo de estas mujeres sea aprender para ser respetadas en una cultura masculina. Que, por otra parte, a menudo resulta fascinante. Muchas gracias por publicar este interesante artículo. Un besazo.

    • Desde luego, no pondría a las Geishas como ejemplo a seguir en el siglo XXI, tal vez por lo diferente de nuestras culturas, pero sí que hay algo que nos fascina de las Geishas y de la cultura asiática en general. Besotes, Carlos! 😉

  3. Cualesquiera manos son importantes si aportan arte… Me gusta. Salud.

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