El Capitán Oliver Parker terminaba de escribir el informe sobre la misión mientras charlaba con su amigo y compañero el Teniente Dexter Coleman. Ambos estaban satisfechos con el éxito que había tenido su última misión secreta y, pese que había sido una operación complicada y les había llevado más tiempo del que pensaban, después de tres semanas el equipo completo por fin había regresado a casa. Después de una calurosa y animada bienvenida, todos se retiraron a descansar, pero el Capitán y el Teniente se quedaron en el despacho para encargarse del papeleo.

Caleb Baker, el analista del equipo, llamó a la puerta del despacho del Capitán, pese a que la puerta estaba abierta, y anunció:

—Capitán, el Coronel quiere verte ahora en su despacho.

— ¿Qué ocurre?

Oliver Parker llevaba muchos años bajo las órdenes del Coronel Wilmore y el instinto le dijo que aquella repentina reunión era para encomendarle una nueva e importante misión.

—No me ha dicho de qué se trata, pero me ha pedido que espere aquí con Coleman, imagino que tenemos nueva misión secreta —comentó Caleb acomodándose en uno de los sillones.

Intrigado por el misterio de esa nueva misión, el Capitán no se hizo esperar y se dirigió al despacho del Coronel Wilmore.

—Caleb me ha dicho que querías verme, ¿va todo bien? —Le preguntó Oliver al Coronel que, además de ser su jefe, también era un buen amigo.

—Pasa y cierra la puerta —le respondió el Coronel con semblante serio. Oliver le obedeció y, tras esperar a que tomara asiento, el Coronel añadió—: Sé que acabas de regresar, pero necesito que te encargues de una misión extraoficial.

—Alguien de arriba quiere que saquemos de un lío a alguno de sus amigos —bufó Oliver, odiaba aquellas misiones extraoficiales, casi siempre le tocaba hacer de canguro de algún rico estúpido.

—Esta vez, se trata de algo distinto —le dijo el Coronel captando toda su atención—. Damian Wilson se ha escapado de una prisión de máxima seguridad hace treinta minutos y tenemos serios indicios para creer que va a intentar vengarse del General Turner atacando su punto más débil.

—El General Turner no está casado, no tiene hijos ni familia, ¿cuál se supone que es su punto débil?

El Coronel Wilmore abrió uno de los cajones de su escritorio, sacó una carpeta, se la entregó a Oliver y le respondió:

—Se trata de Scarlett Sanders, de veintitrés años. Actualmente se encuentra en Isla Maravilla, disfrutando de unas vacaciones de fin de carrera, ajena a todo lo que está ocurriendo aquí.

— ¿Qué relación tiene esta chica con el General Turner? —Quiso saber Oliver al ver la foto de la chica en el informe que contenía la carpeta.

—Solo debes saber que se trata de alguien muy especial —zanjó el tema el Coronel—. Tienes que encontrarla en Isla Maravilla y asegurar su regreso a la base. No hace falta que te diga que debes hacerlo con la máxima discreción, no queremos llamar la atención y que la encuentren antes que nosotros.

—Si Damian Wilson se ha escapado, lo primero que hará será ir a buscar a los hermanos Sullivan, no es una misión para un solo hombre.

—Es una misión arriesgada, por eso queremos contar con el mejor de nuestros hombres y ese, Oliver, eres tú —le aseguró el Coronel—. El Teniente Coleman y Caleb te ayudarán desde la base. Avísales, nos reuniremos en cinco minutos con el General Turner para diseñar la estrategia de la operación.

Oliver, intrigado por el misterio que rodeaba a aquella chica y a la relación que mantenía con el General, fue a buscar a sus dos amigos y compañeros. Cinco minutos más tarde, los cinco hombres se reunían en el centro de operaciones de la base y, esa misma noche, Oliver tomó un avión comercial para dirigirse a Isla Maravilla, la isla más grande y poblada de todo el archipiélago. Como se trataba de una misión extraoficial, no podía utilizar todos los recursos del Ejército, pero al menos contaba con parte de su equipo en el centro de operaciones para ayudarle a llevar a cabo la misión con éxito.

Oliver voló en un avión comercial que aterrizó en el aeropuerto de Isla Maravilla y llamó por teléfono a Caleb a través de una línea segura.

—Acabo de aterrizar, voy a alquilar un coche y me dirigiré a los lugares más frecuentados por universitarios —anunció Oliver—. Esto va a ser como buscar una aguja en un pajar.

—Lo siento Oliver, pero aparte de su fotografía, no tengo nada que pueda ayudarte a encontrarla —se disculpó—. Ni siquiera me han dado acceso a su expediente que, por cierto, está blindado.

—Entonces, ¿para qué os necesito? —Les espetó Oliver furioso.

—Entendemos que estés frustrado, pero no volverás a casa hasta que traigas de vuelta a esa chica, así que de nada te sirve pagarlo con nosotros —intervino Dexter, su amigo y compañero, al teléfono desde el centro de operaciones—. Mira el lado positivo, la chica es inteligente, acaba de terminar la carrera de psicología criminalista, tendrás temas de conversación para hablar con ella sin aburrirte. Además, no me negarás que es una chica preciosa.

—Dexter, ¿te has parado a pensar en el motivo por el que el General quiere proteger a una chica así? Probablemente sea su amante —gruñó Oliver, enfurruñado por tener que hacerse cargo de esa misión.

— ¿Crees que el General te manda a proteger a su amante de Damian Wilson? —Preguntó Caleb dudando de que aquello fuera verdad.

—Está claro que es alguien especial para él y no tiene familia, si esa chica no es su amante, ¿qué otra cosa puede ser? —Insistió Oliver con su teoría.

—Un testigo valioso, por ejemplo —le respondió Dexter, que tampoco creía posible que la amante del General fuera un objetivo posible de Damian Wilson.

—Sea quien sea, tengo que encontrarla. ¿Tenéis alguna sugerencia de por dónde debo empezar?

—Te mando una lista de lugares dónde han sido utilizadas algunas tarjetas de crédito a nombre de estudiantes matriculados en su misma universidad —le respondió Caleb—. Lo más probable es que esté con alguien de su universidad.

— ¿Ella no utiliza tarjetas o qué? —Protestó Oliver.

—Su expediente está sellado, no puedo acceder y no tengo su información —le repitió Caleb con frustración—. Es lo único que puedo hacer para ayudarte, seguiré investigando y te llamaré si encuentro algo.

Oliver colgó y respiró profundamente, aquella misión estaba sacando lo peor de él. Odiaba hacer de niñera de los niños ricos que se metían en problemas, pero la escasa información que le habían dado le tenía con la mosca detrás de la oreja.

Decidido a acabar con aquello lo antes posible para poder regresar a casa y disfrutar de unas merecidas vacaciones, Oliver se dirigió al primer lugar de la lista que le había enviado Caleb, el lugar donde más jóvenes de la misma universidad a la que iba la chica habían utilizado allí sus tarjetas. Se trataba de un lujoso hotel situado en primera línea de playa en el sur de la isla. Nada más llegar, se dirigió al bar de la piscina y le pidió una cerveza al camarero de la barra. Durante unos minutos, Oliver se dedicó a beber de su copa de cerveza mientras observaba las caras de los jóvenes que por allí se divertían. Tenía pocas esperanzas de encontrarla tan rápido, sin embargo allí estaba. Miró la foto, la comparó con la chica que estaba a dos metros escasos de él y no tuvo ninguna duda: se trataba de Scarlett Sanders.

Despacio y con cautela para no asustarla ni llamar la atención, Oliver se acercó a ella. Scarlett estaba distraída, esperando a que el camarero le sirviera una copa para tumbarse en una de las hamacas de la piscina y tomar el sol.

— ¿Señorita Sanders? —Le preguntó Oliver para confirmar lo evidente.

— ¿Nos conocemos? —Le respondió ella escrutándole con la mirada.

—Soy el Capitán Parker, el General Turner me envía a buscarla para llevarla a la base.

—No me lo digas, está a punto de acabarse el mundo —se mofó Scarlett tras beber un largo trago de su copa recién servida.

—Vayamos a un lugar más tranquilo y…

—No pienso ir a ninguna parte, ni siquiera sé si eres quien dices ser.

Oliver no tenía ganas de perder el tiempo y mucho menos de seguirle el juego a una niñata caprichosa, así que no se anduvo por las ramas:

— ¿Te suena el nombre de Damian Wilson?

Scarlett se estremeció al escuchar ese nombre, había cosas que era mejor enterrar en un cajón al fondo de la mente y no recordar.

—Subamos a mi habitación —le invitó Scarlett.

Oliver la siguió hasta el hall del hotel y subieron en el ascensor privado directamente a su habitación.

— ¿Qué pasa con Damian Wilson?

—Se ha escapado de la cárcel y, según parece, el General Turner cree que tú puedes ser su principal objetivo para llevar a cabo su venganza.

— ¿Y cuál es el plan?

A Oliver le sorprendió que Scarlett no hiciera preguntas y se mostrara tan sumisa en cuanto a seguir sus planes, pero no dejaba de ser una actitud normal si se tenía en cuenta que un peligroso asesino se había fugado de una prisión de máxima seguridad y ella era su principal objetivo.

—Coge solo lo que necesites y puedas guardar en esta mochila —le dijo Oliver—. Es una misión extra oficial, eso significa que en esta isla no soy más que un civil que no va armado, así que evitaremos los problemas y cruzaremos la isla a pie hasta llegar a un pequeño puerto en el norte, allí embarcaremos en un ferry hasta el continente.

— ¿Bromeas? ¿Acaso sabes cuántos kilómetros hay de sur a norte de la isla?

—Lo sé perfectamente, recoge tus cosas.

—Quiero hablar con el General Turner —inquirió Scarlett molesta.

—No hay tiempo, tenemos que irnos —bufó Oliver señalando la mochila vacía.

—En esta isla no eres el Capitán Parker, tan solo eres el señor Parker —le recordó Scarlett solo para fastidiarle—. No tienes ninguna autoridad sobre mí.

—Tienes dos opciones: venir conmigo ahora o esperar a que sea Damian Wilson quien venga a por ti —le espetó Oliver a modo de ultimátum—. Yo no me voy a quedar aquí a esperarle, tú verás lo que haces.

A regañadientes, Scarlett metió un par de camisetas, un par de shorts y un par de conjuntos de ropa interior. Cogió su neceser del cuarto de baño y lo metió en la mochila, junto con una toalla. Se calzó unas zapatillas deportivas y, con cara de pocos amigos, anunció:

—Ya estoy lista para cruzar la isla a pie, señor Parker.

—Ya era hora —musitó él, la paciencia no era una de sus virtudes.

Cargando con sus respectivas mochilas, ambos se montaron en el ascensor y bajaron de nuevo al hall del hotel. Al cruzar por el hall, Scarlett miró por el ventanal que daba a la piscina y reconoció a Damian Wilson hablando con uno de los camareros. Scarlett se quedó petrificada en mitad del hall y Oliver, que advirtió el pánico en su rostro, le preguntó:

— ¿Qué ocurre?

—Está ahí —logró balbucear Scarlett.

Oliver miró en la misma dirección que miraba Scarlett y entonces lo vio. Damian Wilson ya la había localizado y se había presentado allí, tan solo unos minutos después que él.

—Tenemos que irnos —dijo agarrándola del brazo para tirar de ella y salir de allí.

Salieron por la puerta principal del hotel justo en el momento en que Damian Wilson y sus hombres, los hermanos Sullivan, entraban en el hall por la puerta de acceso a la piscina y se dirigían al mostrador de recepción, donde le preguntaron al recepcionista dónde podía encontrar a Scarlett Sanders.

—Habitación 1005, está situada en la décima planta, puerta 5 —le respondió el recepcionista tras realizar la consulta en el mostrador.

Damian le dio las gracias al recepcionista y también una generosa propina antes de subir junto a sus hombres en uno de los ascensores del hall hasta la décima planta.

Oliver y Scarlett se dirigieron al coche de alquiler y se dirigieron hacia una de las oficinas de la empresa de alquiler de vehículos cercana al hotel para devolver el coche y emprender a pie el viaje hacia el norte de la isla. Scarlett no protestó, ni siquiera abrió la boca para pronunciar palabra desde que salieron del hotel y a Oliver le preocupó. Al fin y al cabo, Scarlett solo era una chica de 23 años a la que un asesino buscaba para vengarse del General.