Empezar de cero 6.

Empezar de cero

El pub resulta ser de lo más moderno y concurrido, se podría decir que aquí cabe todo el pueblo entero de Bahía del Mar, aunque me guardo mi opinión para mí. Bebemos una copa tras otra y bailamos una canción tras otra mientras reímos, bromeamos y nos divertimos.

–  ¡Por mi despedida de soltera y por vuestra bienvenida a la soltería! – Brinda Valeria, bastante más ebria de lo que pensaba.

–  Si Ismael tuviera un hermano pequeño, no se me escaparía. – Dice Natalia, con varias copas de más.

–  Echo de menos el sexo. – Me lamento. – Creo que lo único bueno de tener pareja es poder tener sexo siempre que quieras y sin esfuerzo alguno, no tienes ni que salir de casa.

–  ¿Echas de menos a Sergio? – Me pregunta Valeria.

–  No, echo de menos el sexo, pero no el sexo con él, si no el sexo en general. – Les aclaro.

–  Para eso, Gonzalo te vendría muy bien. – Me sugiere Natalia. – Tú calmarías tu sed de sexo, él estaría de mejor humor y yo viviría más feliz.

–  Como pase mucho más tiempo así, te aseguro que lo tendré en cuenta. – Le afirmo. Justo en ese momento veo a Velasco junto a la puerta del pub y me hace un gesto para que salga afuera con él y desaparece por la puerta. – Chicas, ahora mismo vuelvo.

Me dirijo a la puerta mientras Valeria y Natalia continúan bailando ajenas a lo que yo me propongo. Salgo por la puerta y en la esquina de la calle veo a Velasco, me acerco a él.

–  Supongo que no has venido a tomarte una copa, ¿no?

–  Supones bien, Dayana. – Me responde al mismo tiempo que me saluda dándome un beso en la mejilla y una leve palmada en la espalda. – Tenemos que hablar, tu novio la está liando buena.

–  ¿A qué te refieres? Sergio no sabe nada y además, ya no estoy con él. – Le contesto.

–  Ha sacado una foto tuya de hace quince años en todos los periódicos del país y la ha acompañado de una foto actual con una dedicatoria muy romántica, pero eso te pone en peligro.

–  ¿Qué? – Pregunto incrédula. – No puede ser verdad… Creo que necesito otra copa.

–  De eso nada, avisa a tus amigas de que la fiesta se ha acabado, os llevo a casa.

–  ¡Pero si es la despedida de soltera de Valeria y solo son las dos de la mañana! – Protesto, pero la cara de Velasco me dice que no está para bromas. – Está bien, iré a buscarlas.

Velasco era uno de los hombres de mi padre. Cuando asaltaron la casa de mis padres, Velasco, mi tío Frank y yo fuimos los únicos supervivientes. Mis padres y el resto de sus hombres fueron asesinados. La última vez que vi a mi padre vivo ese día, les ordenó a Velasco y a mi tío que me sacaran de la casa y me pusieran a salvo. Justo después apareció uno de los asaltantes agarrando a mi madre del cuello y utilizándola de escudo. Mi tío y Velasco me sacaron de allí de inmediato y esa fue la última vez que vi a mis padres. Me sacaron de Fastville, mi ciudad de nacimiento, nos cambiamos de apellido y empezamos una nueva vida de mentira en High City. Yo solo tenía seis años y mis recuerdos están algo borrosos, pero cuando cumplí los dieciocho años mi tío y Velasco me contaron todo lo que ocurrió ese día. Mis padres eran agentes secretos retirados desde que mi madre se quedó embarazada de mí. Se mudaron a Fastville con mi tío, con Velasco y algunos de los agentes secretos que quisieron apoyar y acompañar a mis padres en su nueva vida. Juntos montaron una empresa de seguridad privada y se ganaban bien la vida, hasta que uno de esos agentes les traicionó y les delató ante la Tríada, una organización secreta cuyo objetivo es eliminar a todos los agentes secretos que tienen demasiada información para utilizar en su contra y que, como mis padres, deciden cambiar de vida. Han pasado más de veinte años desde entonces, pero Velasco siempre ha estado al lado de mi tío y al mío, a pesar de que él también tenía que velar por la seguridad de su mujer, que murió pocos años más tardes por una grave enfermedad, y la seguridad de su hijo Joel, un chico un par de años menor que yo y que también ha sido entrenado como un agente desde que nació. Mis padres querían entrenarme como a una agente para que estuviera preparada ante cualquier situación y mi tío y Velasco decidieron continuar con mi entrenamiento. Cuando cumplí los dieciocho y me contaron toda la verdad sobre quiénes eran mis padres, decidí vengarme de quién había destrozado mi vida y la de mi familia. Mi tío se encargaba de llevar a cabo la investigación mientras Velasco nos seguía entrenando a su hijo y a mí. Hace cinco años, por fin mi tío descubrió quién era el traidor y nos llamó a los tres para reunirnos en su casa y contarnos todo lo que había descubierto, pero cuando llegamos a su casa él estaba muerto, tirado en el suelo de la cocina, con un tiro en la frente y un charco de sangre a su alrededor. Habían revuelto toda la casa y se habían llevado el portátil de mi tío, no pudimos encontrar nada de lo que él había descubierto y no nos pudo llegar a contar. Pasé dos años compaginando mi trabajo en la revista con la investigación, pero pasados eso dos años no descubrí nada, me ascendieron a subdirectora de la revista y empecé mi relación con Sergio, así que poco a poco fui dejando de la lado la investigación hasta terminar olvidándola. Velasco y Joel también me decían que debía de dejar atrás el pasado y empezar a vivir una nueva vida y eso es lo que hice. Pero está claro que, haga lo que haga, la historia se volverá a repetir, a menos que llegue hasta el fondo de este asunto.

Entro en el pub y les digo a Natalia y Valeria:

–  Chicas, nos tenemos que ir. – Ambas me miran con cara de no entender nada y esperando una buena explicación para conseguir que me hagan caso. – Velasco está fuera esperándome, dice que es importante y que aquí no estamos seguras así que, si no os importa, me gustaría regresar al pueblo y que me explique qué coño está pasando. Además, el imbécil de Sergio no sé qué mierda ha publicado con mi foto en todos los putos periódicos del país.

–  ¡Claro, por eso todo el mundo te da la enhorabuena a ti en vez de a mí, se piensan que eres tú la que se va a casar! – Se mofa Valeria. Se pone tensa de repente y añade: – Supongo que Velasco no habrá venido hasta aquí solo para decirte lo de Sergio, ¿verdad?

–  Eso es, Valeria. – Le confirmo. – Tenemos que salir de aquí.

–  Un momento, ¿vais a contarme qué está pasando? – Gruñe Natalia.

–  Te lo contaré cuando lleguemos a casa, no es algo de lo que se pueda hablar aquí.

–  ¿A qué casa? – Pregunta Valeria.

–  A la tuya, no pretenderás que vayamos a la pensión, ¿verdad? – Le respondo. – Además, Ismael ya sabe quién soy y, si no ha cambiado de opinión, dijo que me debía una y que no dudara en que me la iba a devolver, lo único que pienso pedirle es que nos deje un ratito su casa para charlar tranquilamente con Velasco sin que nadie sospeche.

–  Le salvaste la vida, Ismael haría cualquier cosa que le pidieses. – Me recuerda Valeria.

Salimos del pub bastante ebrias pero con la cabeza bastante despejada y caminamos hacia la esquina de la calle donde Velasco nos espera. Tras saludar a Valeria y Natalia con un leve gesto de cabeza, nos hace un gesto para que subamos a un todoterreno negro casi igual que el mío y, cuando nos montamos en el coche, me percato de que el conductor es Joel.

–  ¡Joel, no sabía que estabas aquí! – Exclamo dándole un fuerte abrazo. Puesto que nos hemos criado juntos, ambos nos consideramos como hermanos, pese a que últimamente hemos estado un poco distanciados. – ¿Cómo va todo? ¿Te has echado una novia ya?

–  Joder Dayana, ¿te has bebido medio pub? – Se burla Joel entre risas.

–  Comportándote así no conseguirás echarte una novia nunca. – Le replico divertida.

–  Pues yo estoy soltera y no me importaría nada ser tu novia. – Le dice Natalia. – Por cierto encanto, me llamo Natalia.

Valeria, Velasco y yo nos echamos a reír a carcajadas mientras que Joel se pone rojo como un tomate y Natalia le sonríe pícara y descaradamente.

–  Joel, ya conoces a Valeria. – Le dio sin poder dejar de reír. – Y, cómo ella bien te ha dicho, es Natalia, una amiga de Bahía del Mar. – Me vuelvo hacia a Natalia y le digo: – Él es Joel, el hijo de Velasco y como un hermano para mí.

Hechas las presentaciones, nos dirigimos a la hacienda de Ismael en el coche de Velasco y Joel. Conduce Joel, yo voy en el asiento del copiloto y Velasco, Valeria y Natalia van sentados en los asientos traseros del todoterreno.

Por el camino, le hago un breve resumen de mi vida a Natalia para que entienda lo que puede estar ocurriendo y le hago prometer que no le dirá nada de esto a nadie, lo último que quiero es poner a más gente de la que ya estoy poniendo en peligro.

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