El Dorado.

El oro es uno de los metales más codiciados del mundo y también una fuente de inspiración de aventuras y leyendas desde hace siglos. El Dorado es una de esas famosas leyendas, una mítica ciudad donde el oro era tan abundante que hasta el menaje de cocina estaba hecho de oro.

Según cuenta la leyenda, cuando Cristóbal Colón regresó a España tras descubrir América, él y sus hombres aseguraron que en las tierras donde sus embarcaciones encallaron había piedras y metales preciosos. Durante las décadas siguientes, los conquistadores españoles se sorprendieron con los notables objetos de orfebrería hechos por las culturas indígenas, y fue esa riqueza la que explicó sus agresivas empresas militares. En 1530 Francisco Pizarro secuestró al emperador inca Atahualpa y exigió́ como rescate una habitación llena de oro y otra de plata, demanda que fue cumplida por los indígenas.

Los conquistadores presenciaron una ceremonia a orillas del lago Guatavita, al oeste de la ciudad de Bogotá, donde los indígenas chibchas rendían homenaje a su nuevo rey repitiendo una antigua tradición. El rito comenzaba al amanecer, para saludar la salida del sol. El rey, un indígena de sorprendente musculatura, era desnudado y todo su cuerpo se cubría con polvo de oro para transformarlo en ‘el Dorado’. Se le colocaba en una balsa de junco, donde sus súbditos depositaban grandes piezas de oro y las características esmeraldas que han dado fama a la zona. En la balsa se subían otros cuatro guerreros que llevaban joyas, pulseras y coronas de oro. Una vez que la embarcación se hallaba en medio del lago, los pasajeros arrojaban todas sus ofrendas al agua. Esto despertó la codicia de los españoles, quienes en las etapas venideras hicieron grandes esfuerzos por dragar el agua del lago, trabajos que cobraron muchas víctimas y produjeron pobres resultados. Sin embargo, todo aquello fue dando forma a la leyenda y El Dorado no fue ya un personaje, sino un lugar creado por la imaginación colectiva. Llegó a decirse que se hallaba en la región inferior del río Orinoco, y después, que estaba cerca del Amazonas.

Una de las expediciones más famosas para encontrarlo la realizó Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro, en 1541. Sin embargo, no encontraron nada y muchos de los hombres que los acompañaban fueron víctimas de enfermedades desconocidas para ellos.

En los siglos XVII y XVIII aventureros como el inglés Walter Raleigh y el español Sebastián de Belalcázar buscaron infructuosamente El Dorado. En el siglo XIX la búsqueda cobró un nuevo impulso, pues el ilustre barón Alexander von Humboldt, quien había pasado meses siguiendo el curso del Orinoco, aseguró que en el fondo del lago Guatavita podría haber más de medio millón de piezas de oro, afirmación que carecía de fundamento porque todas ya habían sido retiradas.

Incluso a inicios del siglo XX el coronel inglés Perry Fawcett, que trabajaba en la traza de la frontera entre Brasil y Bolivia, escuchó la historia del lugar y decidió́ partir en su busca. No lo encontró́. En 1925 regresó al mismo sitio intentando hallar una ciudad hecha de cuarzo. Nunca se volvieron a tener noticias suyas.

En 1969 se encontró una elaborada figura de oro macizo, en una caverna próxima a Bogotá, que representa la ceremonia real que dio origen a la leyenda. Los historiadores la explican en términos de la ambición de los invasores y la corona a la que representaban. También podría ser la nueva recreación de un mito muy viejo, el de las Siete Ciudades de Cibola, supuestos asentamientos fundados por los obispos católicos al huir tras la invasión mora a Mérida, en el siglo XII. En ellos estaban todos los tesoros que los religiosos habían llevado consigo. Al no encontrarlos en Europa, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo se dijo que estaban allí. Junto con esa historia, cobró fuerza y notoriedad la leyenda de El Dorado.

6 comentarios

  1. y la utopía nos hace avanzar…la codicia nos hace volar…Besos al vacío desde el vacío

  2. Muy interesante.., y muy penoso.., Francisco Pizarro! tan encumbrado y venerado.., como tantos expoliadores sin escrúpulos

    • RakelRelatos

      1 julio, 2021 a las 19:00

      Arrasaron con todo: creencias, culturas, tribus… Algo que en esta época sería impensable por la atrocidad e impunidad de sus actos (aunque por desgracia, todavía queda mucho por hacer y por aprender). Un abrazo, Julia! 😉

  3. La codicia, que es el motor del mundo! Un besazo.

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