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El lunes por la mañana Lucas llegó a casa de Carol a las ocho en punto de la mañana, tan puntual como siempre. Tan solo habían pasado unas dieciocho horas desde que la había visto por última vez pero la había echado de menos como si hubiera pasado una eternidad desde entonces. La saludó con un beso en la mejilla y se percató de las ojeras que habían aparecido bajo sus ojos y que no estaban el día anterior cuando se despidió de ella, hecho que le puso de mal humor. ¡Maldita sea! ¿Había sido capaz de pasar la noche con otro? Lucas respiró profundamente antes de preguntar tratando de que su voz sonara naturalidad:

–  ¿Qué tal has dormido?

–  Muy bien. – Mintió Carol sonriendo mientras servía un par de cafés. – ¿Y tú?

–  Supongo que no tan bien como tú. – Murmuró Lucas molesto.

–  ¿Va todo bien? – Preguntó Carol al ver el gesto de Lucas.

–  Sí, todo genial. – Mintió Lucas.

Pasaron el resto del día trabajando en el proyecto. Lucas se mantuvo distante todo el día y, cuando dieron las ocho de la tarde, Carol se atrevió a pedirle que se quedara a cenar, pero él seguía demasiado molesto como para continuar allí, así que se despidió con un simple “hasta mañana” y se marchó.

El resto de la semana no fue mucho mejor. El sábado por la tarde, David llegó a casa de Carol antes de la hora a la que habían quedado con la intención de encontrarla de nuevo con Lucas, pero no tuvo en cuenta lo que aquello podía causar.

–  Será mejor que me vaya, nos vemos el lunes. – Se despidió Lucas y se marchó sin más.

Carolina trató de detenerlo, pero apenas tuvo tiempo de abrir la boca cuando él ya salía por la puerta, cerrándola detrás de sí.

–  ¿Qué mosca le ha picado? – Preguntó David incrédulo.

–  No lo sé, el lunes llegó de buen humor pero tardó pocos minutos en comportarse así y así lleva toda la semana. – Le respondió Carolina encogiéndose de hombros. – Si habla de trabajo actúa con normalidad, pero el resto de las conversaciones solo deja salir por su boca monosílabos y se mantiene frío y distante.

–  ¿Y tú no has hecho nada para que se comporte así? – Le replicó David burlonamente.

–  No, creo que no.

Carolina dejó solo a David en el salón mientras ella se encaminaba hacia el baño para ducharse y vestirse para la fiesta de la empresa de David a la que le había prometido que asistiría. Lo que no sabía era que David aprovechó su ausencia para llamar a su hermana Lorena, un encuentro forzosamente disimulado les vendría bien. Lorena, que ya estaba al corriente de todo lo que había pasado entre su amiga y Lucas, decidió llamar a Jordi para que le echara una mano. Jordi consiguió convencer a Lucas para que saliera a cenar con él y con Lorena tras asegurarle que Carolina no estaría allí, pese a que después David se encargaría de llevarla a donde ellos estuvieran.

Carolina y David asistieron a la fiesta vestidos de etiqueta, él con un traje negro, camisa gris y corbata negra y ella con un vestido de noche de color rosa palo, con escote en palabra de honor y cola de sirena. Como llevaban años asistiendo juntos, las presentaciones no eran necesarias, ya todos se conocían. Carolina sonreía y charlaba con todo el mundo, pero David se dio cuenta que sus ojos estaban tristes y no quiso alargar más la espera, al fin y al cabo, ninguno de los dos quería estar allí y ya habían cumplido asistiendo a la cena y quedándose hasta la primera copa.

–  Nos vamos. – Le anunció David.

–  ¿Nos vamos ya a casa? – Preguntó Carol sorprendida al ver la hora que era. – ¿No se lo tomarán a mal si nos vamos tan pronto?

–  No te preocupes, no pasa nada. – La tranquilizó David mientras salían del hotel donde se celebraba la fiesta. – Vamos a ir a un pub cercano que conozco y que estoy seguro que te animará la noche.

–  ¿Tan mal me he comportado que me has tenido que sacar de la fiesta? – Bromeó Carol.

–  Tú siempre estás perfecta, preciosa. – Le dijo David regalándole los oídos. – Una copa nos sentará bien a los dos.

Pocos minutos más tarde llegaron al pub y se dirigieron a la barra, donde David pidió un par de copas mientras, sin que Carol se diera cuenta, le enviaba un mensaje a su hermana Lorena para advertirle que ya habían llegado al pub.

Lorena recibió el mensaje de David y, tras localizarlo junto a Carol, les dijo a Jordi y Lucas con total naturalidad:

–  ¡Qué coincidencia, Carol y David están ahí! – Esperó a que David les encontrara y levantó el brazo para llamar su atención e invitarles a que se unieran a ellos.

Lucas fulminó con la mirada a su amigo Jordi, convencido de que había sido cómplice de aquella encerrona, sobre todo cuando su amigo evitó mirarle a los ojos. Observó cómo Carolina se acercaba con su acompañante y supo que estaba tan sorprendida como él de encontrarse allí con ellos.

–  ¿Qué hacéis aquí? – Trató de disimular Lorena.

–  Tiene gracia, yo me he preguntado lo mismo al entrar en el pub pero acabo de adivinar la respuesta. – Le espetó Carolina molesta.

–  Carol y yo nos aburríamos en la fiesta y hemos decidido salir a tomar una copa, la noche es joven. – Trató de cambiar de tema David. – Por cierto, soy David, el hermano de Lorena.

–  Encantado de conocerte, David. – Le respondió Jordi. – Yo soy Jordi y él es mi amigo Lucas.

–  Claro, conocí a Lucas el otro día y hoy nos hemos vuelto a ver. – Dijo David sonriendo mientras les estrechaba la mano a ambos a modo de saludo.

Carolina saludó a Lorena, a quien le advirtió que ya hablarían en casa, saludó a Jordi y finalmente saludó a Lucas dándole dos besos en la mejilla. Si Pablo hubiese estado presente, le habría dicho a su hermana que la tensión sexual no resuelta había vuelto a instalarse entre ellos y más fuerte que nunca.

–  ¿Y qué planes tenéis? – Preguntó Jordi por hablar de algo y dejar a un lado el incómodo silencio que se había formado tras la llegada de Carol y David.

–  Tan solo teníamos pensado tomarnos unas copas y animarnos un poco, es sábado por la noche y hay que aprovechar el fin de semana. – Respondió David. – Y vosotros, ¿qué habéis planeado hacer?

–  Exactamente lo mismo. ¿Hacemos un brindis? – Propuso Lorena dándole un codazo a su amiga para que sonriera un poco.

David y Jordi entablaron conversación rápidamente y descubrieron que tenían muchas cosas en común, como ya había advertido Lorena, quién también se unió a aquella conversación. Lucas estaba furioso, no solo había tenido que aguantar que Carol quedara con otro la noche de un sábado, un sábado que tendría que ser para él, sino que encima tenía que aguantar encontrarlos en aquel pub con los miles de locales que había en la ciudad. La observó y dedujo que ella tampoco se sentía cómoda con aquella situación, cosa que aprovechó para reprochárselo a su manera:

–  No se te ve muy contenta, ¿se han cancelado tus planes?

–  Depende de a qué planes a los que te refieras. – Le contestó Carolina molesta por el reproche cuando él había estado distante toda la semana.

–  Si vas a pasarte la noche despierta, procura recuperar las fuerzas para el lunes. – Le replicó él. – No entregaremos el proyecto a tiempo si tú te pasas las noches en vela.

–  ¿De qué estás hablando? – Le replicó Carol.

–  ¿De verdad tengo que explicártelo? – Se mofó Lucas.

–  Me temo que sí. – Le respondió Carol cada vez más furiosa.

Lucas se levantó de un salto, agarró a Carolina del brazo y la llevó a la otra punta del pub, donde se sentaron en una de las zonas menos iluminadas, y le espetó furioso:

–  Hace justo una semana estabas desnuda en mi cama y hoy estás con otro tío, el mismo tío que vi salir el lunes pasado de tu casa a primera hora, el mismo tío que ha venido hoy a buscarte a casa y el mismo tío con el que has aparecido aquí. Y, por si lo has olvidado, acordamos encargarnos juntos de nuestras necesidades.

–  El que parece haber perdido la memoria eres tú. – Le reprochó Carolina furiosa. – ¡Te has pasado toda la semana frío y distante!

–  No me gusta ser el segundo plato de nadie.

–  Espera un momento, ¿todo esto viene por David? – Preguntó Carolina incrédula.

–  Ya ves, no soy de los que les gusta compartir, al menos en cuanto a mujeres se refiere. – Le espetó con amargura en la voz. Carolina no pudo reprimir las carcajadas y Lucas añadió: – ¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?

–  ¿Estás celoso? – Preguntó ella sin poder dejar de reír. Lucas se levantó dispuesto a abandonar el local, pero Carolina lo sujetó para que no se moviera del sitio y le dijo: – David es el hermano de Lorena, el mejor amigo de mi hermano y un gran amigo mío. No sé qué habrá imaginado tu mente perversa, pero entre él y yo no hay nada, nunca lo ha habido y nunca lo habrá. ¿Hay algo más que quieras preguntar antes de que tu mente imagine alguna otra cosa?

–  Crees que soy un idiota, ¿verdad?

–  Ahora mismo, creo que estás muy gracioso. – Le respondió Carolina divertida, susurrándole al oído con voz sensual para provocarlo.

–  Carol… – Le advirtió con voz ronca. – No empieces lo que no vas a terminar.

–  Es sábado por la noche, mañana tenemos el día libre y los dos deseamos exactamente lo mismo. – Le susurró de nuevo Carolina. – Déjame sin aliento.

A Lucas no le importó que estuvieran en un lugar público, ni que sus amigos estuvieran a escasos metros de ellos, probablemente observándoles sin ningún tipo de discreción. Lucas agarró a Carol por la cintura, la colocó sobre su regazo y la besó en los labios apasionadamente.

–  Vamos a tener que marcharnos de aquí si quieres que cumpla tus deseos, muñeca. – Le dijo Lucas cuando consiguió despegar sus labios de los de ella.

Ambos se pusieron en pie dispuestos a despedirse de sus amigos antes de marcharse, pero sus tres amigos se habían marchado tras comprobar que la encerrona había funcionado.