Déjame sin aliento 3.

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El sábado siguiente, Carol y Pablo fueron a comer a casa de Cristina, su hermana mayor. A pesar de que era su hermana, a los dos les resultaba bastante incómodo mantener una conversación divertida con ella, pues era demasiado estricta y convencional, no terminaban de encajar. Con Nacho, el marido de Cristina, tampoco resultaba fácil mantener una conversación, pues era demasiado tímido y serio como para que ni siquiera captara las bromas de los hermanos. Además, Cristina y Nacho habían aprovechado la ocasión para dejar a sus hijos en casa de los abuelos maternos, por lo que ni Carol ni Pablo tenían ninguna distracción con la que pasar el rato.

–  Os estaréis preguntando por qué os hemos reunido a los dos. – Empezó a decir Cristina cuando sirvió el café. – Hace unas semanas, al hermano de un compañero de trabajo de Nacho le ocurrió una desgracia y su familia casi pierde la custodia de sus hijos por no haber hecho un testamento. Eso nos hizo pensar en qué pasaría con nuestros hijos si a nosotros nos ocurriera algo.

–  No os ocurrirá nada. – Sentenció Carolina que odiaba pensar en estas cosas.

–  Eso espero, pero queremos dejarlo todo hablado por si llegara el momento. – Le respondió Nacho.

–  Lo lógico es que nuestros hijos se quedaran con la familia, que no perdieran sus raíces y que estuvieran con gente que les quiere y les cuida. – Continuó Cristina hablando. – Nacho no tiene familia y yo siempre he admirado esa relación de hermanos que tenéis, me encantaría que mis hijos tuvieran la complicidad y la confianza que existe entre vosotros. – Les miró a los ojos y añadió: – Por ese motivo hemos decidido que, si algún día nos pasara algo, vosotros os ocuparais de Paula y Gerard. – Como ninguno de sus hermanos fue capaz de decir nada, Cristina añadió: – Ellos os adoran y sé que vosotros también los adoráis, sé que ambos seríais unos grandes tutores para ellos.

–  Creo que hablo en nombre de los dos cuando digo que los adoramos y los queremos más que a nada en el mundo. – Comenzó a decir Carolina con prudencia. – Pero, ¿de verdad creéis que estamos capacitados para ser nombrados sus tutores? Quiero decir, estoy segura que mamá y papá lo harían mucho mejor y además estarían encantados…

–  Lo que Carol quiere decir es que es un orgullo y un honor para nosotros que hayáis pensado en nosotros dos como los padrinos de Paula y Gerard. – La cortó Pablo antes de que su hermana pequeña dijera alguna burrada y su hermana mayor se lo tomara a la tremenda, como solía hacer, y se enfadara de por vida con ellos. – Es una responsabilidad muy grande y desde luego que impresiona, pero si llegara ese momento, que no va a llegar, nosotros siempre estaremos ahí para cuidar de Paula y Gerard.

Carolina apenas fue capaz de abrir la boca ni para beber agua. Adoraba a sus sobrinos y los amaba más que a nada en el mundo, pero eso no significaba que ella fuera a ser una buena madre, por no mencionar que la sola idea le daba pánico y además, ¿por qué les iba a pasar algo a su hermana y a su marido? ¿Por qué a los dos? Podría pasar, pero la posibilidad era remota. A Carolina no le gustaba pensar en la muerte, desde pequeña había asumido que la muerte llega cuando tiene que llegar y que es una estupidez pensar en ella constantemente, pues era algo inevitable. Ella prefería vivir el presente antes que pensar en su futura muerte.

Cuando salieron de casa de su hermana mayor, Pablo había quedado en salir a cenar con su mejor amigo David, el hermano de Lorena, e invitó a Carol a cenar con ellos.

–  No te vas a creer a quién acabo de ver. – Le dijo Pablo a Carol cuando regresó a la mesa donde estaba sentado con su hermana y David con tres cañas en las manos. Dejó las copas sobre la mesa y, al ver que ambos le miraban expectantes, añadió: – El tipo al que no soportas, al que nos encontramos la semana pasada cuando fuimos a comer, está sentado en una mesa junto a una morena de escándalo.

–  Genial por él. – Bufó Carolina.

–  ¿Ese es el amigo del chico que sale  con mi hermana? – Quiso saber David.

–  El mismo. – Le confirmó Pablo. –  Podríamos llamar a Lorena para que se acercara a tomar una copa con nosotros y su nuevo novio, apenas la hemos visto en las últimas semanas.

–  Apenas la he visto yo y vivo en el piso que ella. – Respondió Carol. – Es normal que quiera disfrutar de los primeros momentos de una relación, son los mejores. Y ya conocéis a Lorena, es demasiado romántica y enamoradiza.

Los tres amigos continuaron charlando mientras bebían y cenaban y Carolina se olvidó de que Lucas estaba allí, en el mismo local que ella, otra vez. Por eso cuando se levantó para ir al baño no se percató que Lucas la había visto desde que había entrado por la puerta y esperaba el momento en que ella se encaminara hacia el baño para seguirla.

Lucas había echado a perder su cita con Malena en el mismo momento en el que vio aparecer a Carolina, desde entonces no había podido quitarle ojo y se había ido enfureciendo cada vez que la veía sonreír y divertirse con aquellos dos tipos que la acompañaban. Esperó en el pasillo a que saliera del baño y la saludó:

–  Volvemos a encontrarnos, muñeca. – La saludó con una sonrisa burlona cuando la alcanzó en el pasillo que conducía al baño.

–  ¿Eres el genio de los baños públicos o algo así? – Se mofó Carol.

–  ¿El genio de los baños públicos? – Preguntó Lucas con curiosidad y añadió con tono burlón. – Las mujeres me llaman genio, pero no precisamente por el don de aparecerme en los baños públicos.

–  No me lo digas, te llaman el genio de la arrogancia y el egocentrismo. – Se mofó Carol.

–  Y eso lo dice la reina del sarcasmo. – Le replicó Lucas. – Estoy seguro de que un buen polvo haría que te relajaras un poco.

–  Y eso lo dice alguien que siempre anda junto a la puerta del baño de mujeres, creo que eres tú quien está a falta de sexo. Yo, por el contrario, estoy extremadamente satisfecha con mi vida sexual. Deberías probar, tal vez así te distraigas lo suficiente como para ignorarme si volvemos a encontrarnos.

–  Ya veo lo bien acompañada que estás, ¿te van los tríos?

–  Me va cualquier cosa que no seas tú. – Le espetó Carolina con la paciencia agotada.

–  Si me lo propongo, acabarás rendida a mis pies suplicándome que te deje sin aliento. – Le respondió Lucas acercándose a ella con firmeza. La acorraló contra la pared del pasillo y le susurró al oído con la voz ronca mientras acariciaba la suave piel de su cuello con su incipiente barba: – Con ese carácter que tienes, apuesto a que eres de las que te arañan la espalda cuando se corren.

Lucas estaba a punto de besarla justo cuando en ese momento apareció por el pasillo Malena y se apartó bruscamente de Carolina tratando de disimular que allí pasara algo. Carolina aprovechó el momento para escapar de allí, era lo mejor. Si aquella lagarta que le acompañaba no hubiera aparecido, era capaz de haber acabado montándoselo con él en el baño. ¿Qué diablos me ha pasado?, se preguntaba mientras regresaba a la mesa junto a Pablo y David. Como era de esperar, tanto Pablo como David se dieron cuenta de que Lucas la había seguido y se habían encontrado en el baño y, tras ver lo nerviosa que estaba, fue David quien propuso:

–  Ya hemos pagado la cuenta, ¿nos vamos?

–  Espera, antes quiero saber qué ha pasado en el baño. – Le respondió Pablo divertido a su amigo y añadió dirigiéndose a su hermana menor: – ¿Qué ha pasado para que vengas tan sofocada?

–  Vámonos de aquí y os lo cuento. – Les prometió Carolina, impaciente por salir del local antes de que Lucas y su acompañante regresaran del baño y se encontrara con ellos.

Los tres salían por la puerta del local cuando Lucas regresaba del baño acompañado por una furiosa Malena que no acababa de creerse lo que acababa de ver.

–  ¿Qué pretendías hacer con ella? ¡Estabais en la puerta del baño y la tenías contra a la pared! – Le siguió reprochando Malena cuando se sentaron de nuevo en su mesa.

–  Malena, ya te dije que no buscaba una relación propiamente dicha, no te prometí exclusividad ni pienso prometértela. – La interrumpió Lucas molesto con ella por haber interrumpido en el momento más inoportuno.

–  Y me quedó bastante claro, salvo por el hecho de ignorar que eso también incluía la humillación de ver cómo te lo montas con otra delante de mis narices cuando has quedado para cenar conmigo. – Le espetó Malena lo más digna que pudo, recogió sus cosas y se marchó, dejando a Lucas solo en el restaurante.

Frustrado como estaba por la interrupción de Malena, la huida de Carol y los reproches de una furibunda Malena que jamás había visto antes, decidió regresar a casa y centrarse en el trabajo, eso era lo único que le abstraía totalmente del mundo, diseñar edificios.

Carolina pasó la noche bebiendo y charlando con Pablo y David. Les contó todos los encuentros con Lucas y les pidió su opinión, en la que ambos estuvieron de acuerdo en que debía de aliviar esa tensión sexual no resuelta que emanaba entre ambos y la mejor manera de aliviarla era resolviéndola a la vieja usanza.

2 comentarios

  1. ¿A la vieja usanza? Jajaja, ¡¡Ahora tendrás que explicar cual es la nueva!! . Feliz Domingo. Un beso.

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