Te echo de menos. Pienso en ti día y noche. Al despertar, miro el lado de la cama vacío y la tristeza me invade al confirmar que no ha sido una pesadilla. Tú no estás y no sé cuándo volverás.

Todo lo que hago me recuerda a ti. Me sirvo un café con leche y recuerdo que a ti te gusta el café solo y sin azúcar. Tú prefieres los canales de deporte y yo los documentales, escuchamos estilos distintos de música, nunca nos ponemos de acuerdo para escoger el lugar de vacaciones, y otras muchas más diferencias. No tenemos mucho en común pero, como decía mi abuela, los polos opuestos se atraen.

Recuerdo el día que nos conocimos, era un soleado día de abril y disfrutaba charlando con mis amigas en el parque. Tú hacías lo mismo con tus amigos, pero nuestras miradas se cruzaban constantemente y tú siempre me sonreías antes de que apartara bruscamente la mirada. Hasta que decidiste acercarte e invitarme a cenar. Desde ese día, supe que serías el hombre de mi vida, el compañero de viaje con quien quería compartir mi vida.

Han pasado ya tres años de aquel primer día en que comenzamos a compartir nuestras vidas y seguimos juntos, aunque a veces nos separemos debido a sus viajes de trabajo. Sin embargo, nunca antes habíamos estado separados durante tanto tiempo. Sé que tu trabajo es importante, pero también es peligroso. Vivo con ansiedad cuando tú no estás aquí, cuando no sé si estás bien, pero también sé que ese trabajo te hace feliz.

Te echo de menos. Echo de menos tu sonrisa, tus abrazos, tus caricias y tus besos. Echo de menos despertar a tu lado, acurrucarme contigo en el sofá para ver una película o simplemente para disfrutar de tu compañía.

Te estaré esperando pero, mientras tanto, te seguiré echando de menos.