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Tú, yo y las estrellas 11.

Tú, yo y las estrellas

A las doce en punto, desde recepción nos anuncian la llegada de Jesús Roldán y puedo ver como el rostro de Álex se endurece y su gesto deja de ser relajado y desenfadado. Sus músculos se tensan y su mirada se ensombrece. Raúl le da una palmadita en la espalda para que se relaje y le dice:

–  Vamos a hacer todo lo que podamos por recuperarlo pero, si no lo conseguimos, saldremos igualmente adelante.

Álex asiente con la cabeza, no demasiado convencido, y los tres nos ponemos en pie cuando la puerta del despacho se abre y entra Jesús Roldán acompañado por Iván, que nos hace una mueca en señal de que Roldán viene dispuesto a entrar en guerra.

–  Señor Roldán, gracias por atendernos. – Lo saluda Álex estrechándole la mano. – Ya conoce a Raúl Pérez, el subdirector de Enjoy. – Roldán y Raúl se dan la mano y Álex, señalándome con la mano, añade más tenso todavía. – Le presento a Eliana Robles, nuestra nueva directora de relaciones públicas.

–  ¿Usted no estaba trabajando en Weiner? – Me pregunta Roldán y, sin esperar respuesta, vuelve a preguntarme: – ¿Desde cuándo trabaja usted aquí?

–  Llámeme Eli o Eliana, por favor señor Roldán. – Le digo estrechándole la mano. – Cómo usted ha dicho, trabajaba en Weiner, pero no he podido rechazar la oferta de trabajar para una empresa como la que es Enjoy.

–  Espero que sus jefes le hayan puesto en antecedentes, señorita Eliana. – Me dice Roldán sonriendo. ¿Está coqueteando conmigo? – Su trabajo no va a ser fácil teniendo en cuenta lo que pasó.

–  Soy consciente del desagradable incidente ocurrido, de hecho he de confesarle que me he tomado mi tiempo para estudiar todo el trabajo que Enjoy ha realizado para usted, señor Roldán.

–  ¿Te parece bien que nos tuteemos, Eli? – Me pregunta Roldán.

–  Por supuesto, Jesús. – Respondo ante la cara de sorpresa y confusión de Álex y Raúl. – Entiendo que lo que ha ocurrido le ha hecho sentir cierta desconfianza con Enjoy, pero Enjoy también es una víctima más de lo ocurrido y le ha demostrado siendo siempre eficiente en sus eventos. Le estoy pidiendo que nos dé una oportunidad y después tome una decisión definitiva. Yo me encargaré personalmente de revisar todos y cada uno de sus eventos. Puede pedir referencias sobre mí, todos le dirán que soy una persona tenaz y muy exigente en cuanto a detalles pequeños.

–  Venía dispuesto a rescindir mi contrato con Enjoy, Eli. Pero lo cierto es que me has impresionado. No necesito pedir referencias sobre ti porque he seguido tu trayectoria en Weiner, la cual admiro. – Me dice Roldán con una sonrisa en los labios. – Te enviaré los datos del próximo evento de mi empresa para que lo revises y podemos volver a reunirnos la semana que viene para hablar de los detalles. ¿Qué te parece el próximo miércoles? – Me pregunta mirando su agenda. – Te invito a comer.

–  Estaré encantada de comer contigo, Jesús. – Le contesto y nos estrechamos la mano a modo de despedida. Roldán se despide fríamente de Raúl y Álex, nada qué ver como lo ha hecho conmigo y se marcha con una sonrisa en los labios. – Tenemos diez días para que el departamento de producción prepare la mejor presentación de la historia y asegurarnos la cuenta de Roldán. Nunca se deben permitir errores pero en este caso todavía menos. Supervisaré el trabajo del equipo de producción y me da igual lo que opine el director del departamento, es hora de trabajar en equipo si queremos que esto funcione.

–  ¿Hay alguna manera de apagarte cuando te pones en modo profesional? – Se mofa Raúl. – Acabas de recuperar a nuestro mayor cliente pese a que ya lo dábamos por perdido, deberías estar dando saltos de alegría. O al menos deja que te felicite, amazona.

–  Sí, has hecho un buen trabajo y desde luego has impresionado a Roldán. – Me dice Álex con un ligero tono de reproche.

–  ¿Tienes algún inconveniente? – Le pregunto molesta.

–  ¡Qué inconveniente va a tener! – Lo interrumpe Raúl. – Eres la reina de los milagros.

–  Raúl, déjanos a solas. – Le ordena Álex sin apenas mover los labios. Espera a que haya salido por la puerta y me dice: – Eli, Roldán tiene fama de mujeriego y he visto cómo te comía con los ojos, evita acercarte demasiado a él, no quiero que piense lo que no es. Y, para que quede claro, las relaciones sentimentales entre los empleados de Enjoy y sus clientes no están permitidas.

–  ¿Tengo pinta de querer tener una relación sentimental con Roldán? – Le espeto molesta. – Estás muy equivocado si crees que llegué a dónde llegué en Weiner por salir con el hijo del dueño.

–  Yo no he dicho eso.

–  No, no has tenido el valor suficiente para decirlo pero sí para insinuarlo. – Le reprocho.

–  Yo también conozco tu trayectoria en Weiner, sé que eres la mejor en tu trabajo y sé que Weiner, a pesar de que has roto con su hijo y dimitiste sin dar explicaciones, quiere seguir teniéndote en su empresa, incluso sé que te ha hecho llegar ofertas en las que incluía que su hijo no se acercaría a ti. – Me mira a los ojos y, dulcificando un poco su tono de voz, me susurra: – Solo te pido que tengas cuidado con él y, si se sobrepasa, me lo hagas saber.

–  ¿Me lo pides como jefe o como amigo? – Le pregunto sonriendo juguetona.

–  Te lo digo como jefe, como amigo y como persona. – Me dice mirándome a los ojos.

–  Lo tendré en cuenta, jefe. – Le respondo burlonamente. Mi móvil empieza a sonar y al ver que es mi hermana quien llama le digo antes de contestar: – Perdona, es mi hermana. Sabe que estoy en el trabajo y que es mi primer día, así que debe ser importante. – Álex me hace un gesto con la mano para que conteste la llamada sin preocupación alguna y yo le obedezco: – Rocío, ¿qué ocurre? Estoy en el trabajo.

–  Eli, necesito que vayas a buscar a Nerea al colegio, Jorge y yo tenemos que irnos a León, el padre y el hermano de Jorge han tenido un accidente de tráfico y están ingresados en el hospital. La madre de Jorge está histérica y salimos ya hacia allí. – Me dice mi hermana sin apenas coger aire. – ¿Puedes ocuparte de Nerea? Solo serán unos días y no tengo con quién dejarla. – Los papas y los tíos están de crucero por los fiordos noruegos y no puedo llevarme a Nerea a León, además de que no puede dejar de ir al colegio.

–  Rocío, no puedo. – Le digo con gran pesar. – Entro a trabajar a las ocho y Nerea no entra en el colegio hasta a las nueve, ¿no tienes a nadie con quien dejarla?

–  Si tuviera a alguien no te lo pediría, mucho menos sabiendo que es tu primer día de trabajo.

–  ¿Qué ocurre? – Me pregunta Álex.

–  Vale Rocío, no te preocupes. – Le respondo a mi hermana. – Ya veré cómo me organizo. Déjame las cosas de Nerea con Tomás, el portero del edificio. Y llámame en cuanto llegues a León, espero que el padre y el hermano de Jorge se recuperen pronto.

–  Muchas gracias, Eli. – Me dice mi hermana. – Te debo una de las grandes.

Cuelgo el teléfono tras suspirar profundamente y Álex, con cara de preocupación, me pregunta:

–  ¿Vas a contarme qué ocurre?

–  El padre y el hermano de mi cuñado han tenido un accidente de coche y están ingresados en el hospital. La madre de mi cuñado está histérica y mi cuñado y mi hermana se van a León, pero me dejan a mi sobrina en casa porque no se la pueden llevar y mis padres y mis tíos están de crucero por los fiordos noruegos. – Le resumo. – Estuve cenando anoche con ellos y ni siquiera me acordé de que hoy se iban de crucero, ¿qué clase de hija soy?

–  ¿Te han dejado a cargo de Nerea?

–  Sí y tengo que pedirte un favor. – Le confieso. – Tendré que llevar a Nerea al colegio y no entra hasta las nueve, así que llegaré tarde, pero me quedaré de 15 a 16 horas para recuperarlo y trabajaré desde casa, solo será algo temporal, diez días como mucho, mis padres regresan el miércoles de la semana que viene.

–  No hay ningún problema, Eli. – Me responde sonriendo. – Pero has olvidado que esta tarde teníamos una cita y eso sí que no pienso pasarlo por alto.

–  Teniendo en cuenta que eres mi jefe y que encima tengo a mi cargo a una niña de cinco años, creo que deberías alejarte de mí, solo te traeré problemas. – Bromeo.

–  De eso nada, aunque termine viendo una película de dibujos animados pienso estar contigo toda la tarde. – Me contesta divertido. – De hecho, pienso acompañarte a buscar al pequeño demonio al colegio.

Álex decide que salgamos a comer a las dos de la tarde, una hora antes de que finalice mi jornada laboral. Intento convencerle de que no es el mejor ejemplo que dar siendo mi primer día de trabajo, pero alega que después de retener a nuestro mayor cliente es lo mínimo que puede hacer, aunque ya está haciendo más de lo que debería. Me lleva a comer a un restaurante bastante íntimo y caro y ambos disfrutamos de la comida y de una agradable charla que se ve interrumpida constantemente por las llamadas a mi teléfono móvil. Mis padres, mis tíos, Helena y Carol quieren saber cómo me ha ido el primer día de trabajo y yo lo explico brevemente, entusiasmada como una niña. Helena se ha enterado por Raúl que mi jefe es Álex y no ha podido dejar de reírse en todo el rato y, cuando ha llamado Carol y le he dicho quién era mi jefe no me ha creído, así que le he tenido que pasar el teléfono a Álex para que se convenciera. Cuando por fin Álex cuelga a su hermana, me mira sonriendo alegremente y me dice:

–  Mi hermana estaba en casa de mi abuela y quieren que nos pasemos por allí un rato, ¿te apetece?

–  Tengo que ir a buscar a Nerea. – Le respondo.

–  Vamos a buscar a Nerea y pasamos un momento por casa de mi abuela, así tu sobrina podrá merendar, creo que no tienes mucha comida en la nevera. – Se mofa. – Después iremos a dar un paseo al parque con Thor, haremos una estupenda cena y, con un poco de suerte, tu sobrina se dormirá temprano y nos dejará hablar un rato a solas, ¿te parece bien?

–  ¿Acaso piensas tener en cuenta mi opinión? – Bromeo.

–  Por supuesto que tengo en cuenta tu opinión, pero si por ti fuera no te volvería a ver el pelo, tengo que asegurarme de que no saldrás corriendo a la primera de cambio. Por cierto, aún no me has dicho si tu jefe es un ogro. – Añade divertido.

–  Lo cierto es que mi jefe es un tipo encantador. – Bromeo.

–  ¿Debería sentirme celoso?

–  Sin lugar a dudas. – Respondo riendo. – Venga, será mejor que nos movamos si no queremos llegar tarde a recoger a mi sobrina, mi padre dice que tiene mi carácter y, si es así, no nos conviene hacerla enfadar.

Álex pide la cuenta y cuando saco mi tarjeta del monedero me hace un gesto nada pacífico para que la guarde rápidamente y yo obedezco al instante, haciendo que me sonría con dulzura. El camarero trae la cuenta y le cobra a Álex, que deja una generosa propina y, agarrándome por la cintura, salimos sonriendo felizmente del restaurante.

Tú, yo y las estrellas 10.

Tú, yo y las estrellas

Al día siguiente me levanto a las seis de la mañana y salgo a correr con Thor por el parque. A las siete de la mañana salgo del baño duchada, vestida y peinada, dispuesta a ir a trabajar. Cojo un zumo individual de piña de la nevera y bebo por la pajita al mismo tiempo que recojo mi bolso y meto mi teléfono móvil dentro. A las siete y cuarenta y cinco estoy subiendo en el ascensor del edificio de Enjoy.

–  Puntual como un reloj suizo. – Me dice Iván sonriendo en cuanto salgo del ascensor. – ¿Has tenido algún problema para encontrar tu plaza de aparcamiento?

–  Ninguno. – Respondo con una sonrisa, contenta de empezar por fin a trabajar. – ¿Has tenido algún problema al modificar y añadir las cláusulas en mi contrato?

–  Ninguno. – Me responde de la misma forma que yo, como si de un juego se tratara. – Vamos a tu nuevo despacho y allí nos ponemos al día.

Iván me devuelve al ascensor y entra detrás de mí. Pulsa el botón de la última planta, donde se encuentran los despachos de los directivos, incluido el mío. Casi son las ocho de la mañana y la oficina está totalmente desierta. ¿A qué hora empiezan a trabajar aquí? Yo en Múnich ya me habría tomado dos cafés en mi despacho y habría discutido con mi ayudante unas veinte veces.

–  No te preocupes, en menos de cinco minutos esto parecerá el metro en hora punta. – Me responde Iván como si pudiera leerme la mente. Me lleva hasta el despacho del director de relaciones públicas, es decir mi despacho, y descubro que está justo al lado del despacho del director general, a lo que Iván, como si realmente me leyera la mente, me dice: – El director general cree que el departamento de relaciones públicas debe de estar completamente guiado a la dirección general de la empresa, si no consigues ganarte su confianza como profesional, no habrá nada que impida que el señor García te despida.

Entro en mi nuevo despacho y lo primero que hago es contemplar las vistas de la ciudad. Desde esta altura y en pleno centro de una ciudad como Barcelona se puede contemplar el mar, la montaña y todo el casco urbano. El escritorio es de madera de nogal, grande y robusto. El sillón es de los buenos, ergonómico y muy cómodo. Me siento en mi nuevo sillón e Iván me tiende el contrato para que lo lea mientras él se encarga de avisar al técnico informático para que venga a instalarme mi nuevo portátil y el móvil de empresa.

–  Hola, soy David Romero, el director del departamento de informática. – Me dice un tipo pelirrojo que ha entrado en el despacho tras llamar a la puerta y recibir permiso. – He venido personalmente para conocer a la nueva directora de relaciones públicas de Enjoy y de paso instalar tu nuevo portátil y entregarte tu nuevo móvil de empresa.

–  Encantada de conocerte, David. – Le respondo estrechándole la mano. – Soy Eliana Robles, aunque prefiero que me llamen Eli.

Continuo leyendo mi contrato y cuando confirmo que todo está correcto lo firmo y se lo entrego a Iván. Él lo guarda en una carpeta y cuando David termina de hacer su trabajo y se despide dejándonos solos, me dice:

–  Te enseñaré a utilizar nuestra base de datos para que tengas acceso a toda la información de nuestros clientes, ya sean antiguos o actuales. A las nueve en punto tienes la reunión con el director y el subdirector general y a las diez con el resto de directivos de Enjoy. El director general tiene una reunión importante a las doce, pero puede que quiera que vayas con él como la directora de relaciones públicas, pese a que hoy sea tu primer día. – Me dice con tristeza.

–  ¿Qué tiene eso de malo? – Pregunto confusa.

–  La reunión es con uno de los clientes más importantes de Enjoy, Jesús Roldán. – Me explica. – Por una serie de desafortunados acontecimientos, Jesús Roldán quiere dejar de ser nuestro cliente y el señor García está tratando de convencerle para que siga con nosotros.

–  ¿Desafortunados acontecimientos? – Pregunto interesada. – ¿Quién metió la pata y cómo?

–  El antiguo director de relaciones públicas. – Me contesta Iván. – Invirtió el dinero de Roldán en un fiasco de evento y el director general, después de hacer la vista gorda en varias ocasiones anteriormente, no le quedó más remedio que echarle. Fue entonces cuando me enteré que habías dimitido en Weiner y les dije a todos que tenía la persona idónea para ocupar la dirección de relaciones públicas de Enjoy. El señor García me dio carta blanca en cuanto le hable de tu trayectoria, se quedó asombrado. Eres lo que esta empresa necesita para seguir siendo lo que era.

–  El director debe confiar plenamente en tu criterio si ha permitido que me contrates sin siquiera conocerme. – Opino. – Pero, cómo tú bien has dicho, vamos a trabajar codo con codo, ¿crees que seremos capaces de trabajar en equipo?

–  Eso lo veremos ahora mismo. – Me responde sonriendo. – Son las nueve en punto, debe de estar en su despacho, esperándonos.

Cojo mi agenda, mi blog de notas, un bolígrafo y mi nuevo móvil de empresa y salgo de mi despacho siguiendo a Iván que, tras llamar a la puerta del despacho del director, la abre y le escucho decir:

–  Os presento a la nueva directora de relaciones públicas de Enjoy. – Tira de mi brazo para que me adentre en el despacho y doy un par de pasos hasta que veo a Álex y a Raúl. – Os presento a Eliana Robles. – Se vuelve hacia a mí y señalando primero a Álex y después a Raúl, me dice: – Ellos son Alejandro García y Raúl Pérez, el director y el subdirector de Enjoy, respectivamente.

–  ¿Eli? – Balbucea Álex.

–  ¿Eres nuestra nueva directora de relaciones públicas? – Me pregunta Raúl divertido.

–  ¿Os conocéis? – Pregunta Iván sorprendido.

–  Iván y Raúl, ¿podéis dejarnos un minuto a solas? – Les dice Álex más con tono de orden que de petición amigable. Ambos obedecen rápidamente sin rechistar y, cuando nos quedamos a solas, me dice con una sonrisa divertida: – Así que eres mi nueva directora de relaciones públicas. Si no fuera por la cara que has puesto al verme, pensaría que lo tenías todo preparado.

–  Hubiera preferido que mi jefe fuera un ogro. – Murmuro. – ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Puede que el apellido García sea el más común en España, pero nunca imaginé que tú fueras la misma persona que mi jefe. Esto es un desastre.

–  ¿Tan malo te parece trabajar conmigo?

–  No, no es eso. – Le respondo ruborizada. – Lo siento, lo último que quería era ofenderte.

–  ¿Qué te preocupa, Eli?

–  Me preocupa que seas mi jefe y, por supuesto, este hecho anula toda posibilidad de cita o salida con amigos para emborracharnos. – Le digo dejándome caer en uno de los sillones. – ¿Cómo voy a emborracharme con mi jefe?

–  No me veas como tu jefe, solo como un compañero de trabajo. – Me contesta. – No sabía quién eras cuando Iván me habló de ti y supe que te quería en mi equipo. Has añadido una cláusula con un mes de prueba, si pasado ese tiempo quieres irte no seré yo quién te lo impida. Solo te pido que nos des una oportunidad como compañeros de trabajo y como compañeros de borrachera.

–  De acuerdo, señor García. – Bromeo.

–  Mmm. Me gusta como suena. – Me dice Álex riendo antes de abrir la puerta de su despacho y dejar pasar a Iván y Raúl. – Chicos pasad, por favor. – Les hace un gesto para que se sienten y continúa hablando: – Dado que ya nos conocemos, podemos ahorrarnos las presentaciones y aprovechar esta hora para trabajar en el asunto de Jesús Roldán, quiero que Eli esté en la reunión de las doce, ella sabrá manejarlo mejor que nosotros, pero debemos ponerla al día.

–  Habláis del tal Roldán como si fuera un…

–  Ogro. – Me interrumpe Álex. – Es un ogro de por sí, pero teniendo en cuenta cómo la hemos cagado con él, tenemos que estar agradecidos de que haya aceptado reunirse con nosotros.

–  Iván me ha contado un poco por encima lo que pasó, pero me gustaría conocer bien los detalles para poder saber de qué estamos hablando. – Comento. – Quiero el informe de lo que ocurrió con mi predecesor y todos los informes sobre los eventos organizados para Roldán, incluyendo cuentas, hojas de gasto, preferencias, toda la información que tengáis sobre Roldán quiero conocerla, es la única forma de hacer que confíe en mí como profesional.

–  Dudo mucho que Roldán se fíe de su propio padre, mucho menos de nosotros después de lo que pasó. – Se lamenta Raúl.

–  No la subestimes, Raúl. – Le regaña Iván. – Si está dónde está, es porque es la mejor directora de relaciones públicas que hay en el mundo. – Se vuelve hacia a mí y añade: – Por cierto, tu suegro ha llamado para decirnos que piensa recuperarte como directora de Weiner.

–  En ese caso, creo que deberías dejarle claro que ya has firmado un contrato con nosotros. – Me dice Álex bastante molesto.

–  No lo va a hacer, Norbert me ha dicho que no contestas a sus llamadas. – Me dice Iván.

–  ¿Podemos volver al asunto de Roldán? – Les pregunto furiosa. – No estoy aquí para hablar de mi vida privada y mucho menos para discutirlo con vosotros.

–  ¡Menudo carácter! – Se mofa Raúl.

Pero nadie está para bromas y menos yo, que ya estaba demasiado nerviosa por mi primer día de trabajo y ahora lo estoy mucho más sabiendo quiénes son mis jefes.

Iván aplaza mi presentación oficial con el resto de directivos, así puedo dedicarme a estudiar el caso de Roldán, con la ayuda de Álex y Raúl. Me resulta extraño trabajar con ellos de una manera tan profesional cuando el sábado estábamos bromeando frente a la casa de Izan, el compañero de trabajo de Helena. Sin embargo, nos comportamos como auténticos profesionales, trabajamos juntos y tengo que decir que hacemos un buen equipo.

A las once de la mañana ya sé todo lo que tengo que saber sobre Jesús Roldán, su empresa y los eventos que organizamos para él. Iván decide celebrar la reunión con los directivos antes de que llegue Roldán, así que todos pasamos a la sala de reuniones. Poco a poco, la sala se llena de gente e Iván me los presenta uno a uno mientras yo les voy estrechando la mano a modo de saludo y Álex no me quita ojo de encima.

–  José Jiménez, director financiero. César Navarro, director de márquetin. Ya conoces a David Romero, el director de informática y tecnología y a mí, el director de recursos humanos. Y aquí está nuestra Marga, la secretaria de dirección. Si tienes un problema, Marga será la única que podrá ayudarte, el resto no queremos saber nada de tu departamento, solo son problemas. – Bromea Iván.

–  No le hagas caso, cielo. – Me dice Marga con ternura. – No todo son problemas pero, si tienes alguno yo estaré encantada de ayudarte.

Todos bromean y se ríen, más que compañeros de trabajo parecen una gran familia que se respetan y se divierten a pesar de que de vez en cuando también discuten, igual que una familia.

Tú, yo y las estrellas 9.

Tú, yo y las estrellas

Cuando me despierto oigo ruidos procedentes de la cocina y entonces recuerdo lo sucedido la noche anterior. Carol se quedó a dormir y también Álex, que me besó después de darme las buenas noches. Me levanto de un salto de la cama y me doy una ducha de agua fría que buena falta me hace.

Cuando salgo del baño ya duchada, vestida y peinada, me encuentro a los dos hermanos en la cocina preparando el desayuno con toda normalidad.

–  Buenos días. – Me dice Carol. – Hemos preparado el desayuno.

–  Buenos días. – Contesto sentándome a la mesa de la cocina. – Qué bien huele todo, tengo un hambre atroz. – Busco a Thor con la mirada y lo encuentro tumbado en el suelo con la lengua fuera. – ¿Has sacado a Thor? – Le pregunto a Álex.

–  Sí, espero que no te importe. – Me dice con naturalidad.

–  Gracias. – Musito sonrojada.

Carol mira su reloj y, levantándose de la silla como si de ello dependiera su vida, nos dice:

–  He quedado con la abuela para comer y llego tarde. – Se vuelve hacia a mí y añade: – Te llamo esta noche y hablamos.

Carol nos da un beso en la mejilla a cada uno y desaparece como alma que lleva el diablo mientras Álex y yo nos quedamos callados sentados a la mesa de la cocina.

Desayunamos en el más absoluto de los silencios y después terminamos de recoger la cocina. Me observa queriendo decir algo pero sin atreverse y yo empiezo a ponerme nerviosa.

–  Deja de hacer eso, por favor.

–  ¿El qué? – Me pregunta confuso.

–  Deja de mirarme tan fijamente, ¿acaso hay algo que quieras decir?

–  ¿Debería querer decir algo? – Me pregunta con fingida inocencia.

–  Si es por lo de Fabián, ya te he dicho que fue en defensa propia. – Me justifico por si acaso.

–  No te preocupes por eso, ya me he encargado yo.

–  ¿De qué? – Le pregunto con curiosidad.

–  De resolver la situación para que ese gilipollas no te denuncie por agresión. – Me dice con cierto tono de reproche.

–  Lo he hecho por tu hermana, ¿no puedes simplemente dejarlo pasar?

–  ¿Has pensado qué te hubiera podido ocurrir? – Me pregunta molesto. – ¿Y si hubiese sido él el que te hubiera agredido a ti?

–  No me conoces y por eso me subestimas. – Le replico. – No soy idiota y sé exactamente hasta dónde llegan mis límites.

–  No te subestimo, tan solo me preocupo por ti. – Me responde pacientemente. – Háblame de tu nuevo trabajo, ¿dónde y de qué vas a trabajar?

–  Ah, no. No hablo de trabajo hasta que pase el primer día. – Sentencio.

–  ¿Por qué?

–  Porque no hay nada qué decir. No conozco a mis compañeros, ni a mi jefe ni el trabajo exacto que voy a tener que hacer. – Le explico. – El director de recursos humanos es un tío majo y simpático y su recepcionista es encantadora, pero no puedo decir mucho más. A lo mejor no le gusto a mi jefe o él no me gusta a mí, hemos establecido un período de prueba por si acaso.

–  Espero que tu jefe no sea un ogro, pienso ir a buscarte al trabajo si no llegas puntual a nuestra cita de mañana. – Me dice divertido. – Así que tendrás que decirme dónde tengo que buscarte.

–  Si el supuesto ogro de mi jefe no me deja salir, te mandaré un mensaje o te llamaré para que vengas a rescatarme. – Coqueteo. – Aunque me estás mal acostumbrando, deberías dejar que yo me ocupara de mis problemas. Mi padre siempre dice que las decisiones que uno toma, aunque a veces sean equivocadas, son las que nos hacen madurar.

–  Estoy de acuerdo con tu padre, pero también se puede madurar con alguien que te apoya y está siempre a tu lado.

–  Eso estaría bien, si no fuera porque tarde o temprano todos nos tenemos que enfrentar solos a nuestros problemas. – Le digo encogiéndome de hombros. – La vida es todo aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en tratar de conseguir otras cosas.

–  Y, ¿qué te empeñas en tratar de conseguir tú?

–  No lo sé. – Le confieso. – Mi vida hace dos meses estaba planeada al milímetro, no había hueco en mi agenda para un contratiempo. Mi familia me reprochaba, de hecho aún lo siguen haciendo, que me había vuelto fría y estirada como una alemana, lo único que me importaba era mi trabajo, ni siquiera me di cuenta que mi prometido me la estaba pegando con su secretaria hasta que los rumores llegaron a mis oídos y quise comprobarlo con mis propios ojos. Y lo comprobé, vaya si lo comprobé. Me fui de Alemania con la misma decisión con la que llegué y ahora lo único que tengo claro es que quiero trabajar donde voy a trabajar y que no pienso volver a pasar por otra mudanza.

–  ¿Es que piensas dedicar toda tu vida al trabajo?

–  No, pero dejaré de preocuparme por lo que pueda o no pasar y me dedicaré a disfrutar de lo que cada día me depare. No había planeado conocer a Carol y hacerme su amiga, pretendía darle largas a Helena porque quería arrastrarme de fiesta con ella, sin embargo he descubierto que una noche de chicas sigue siendo tan divertida como lo era cuando tenía quince años. – Cansada de hablar de mí, le pregunto dedicándole una amplia sonrisa: – Ahora te toca a ti, yo ya he hablado demasiado.

–  ¿Qué quieres saber?

–  Lo que me quieras contar.

–  ¿Es una respuesta trampa? – Bromea. – A ver… Me gusta salir a correr al parque, pero creo que eso ya te lo había dicho. También me gusta mi trabajo, aunque a veces me estresa demasiado y me escapo a una cabaña que poseo en los Pirineos. Me gustan las motos y los domingos suelo ir a pasar el día a  cualquier lugar con mi moto. Un día podrías venir conmigo, estoy seguro que te encantaría.

–  ¿Hablas de la cabaña o de la moto? – Le pregunto divertida.

–  ¿Te gustaría ir conmigo a la cabaña? – Me pregunta con picardía.

–  Quizás. – Le respondo coqueteando.

–  Tengo que irme ya, Eli. – Me dice mirándome a los ojos. – Juego con unos amigos a fútbol en un campeonato local y esta tarde tenemos partido, pero me encantaría que vinieras a verme.

–  Lo siento, he quedado con mis padres, voy a cenar a su casa. – Le respondo. Pero, al ver la cara de decepción de Álex, añado: – Pero prometo ir y animarte en el próximo partido.

–  Te tomo la palabra. – Me responde alegremente. Le acompaño a la puerta y se despide: – Nos vemos mañana, pequeña amazona.

Me besa justo en la comisura de los labios, demorándose más de lo debido y dejándome con ganas de más, de mucho más. Se aparta lentamente de mí, me dedica una amplia sonrisa y se da media vuelta para dirigirse al ascensor y desaparecer.

Cierro la puerta y sonrío como una auténtica idiota mientras Thor me mira y estoy segura de que si pudiera hablar me diría que estoy jugando con fuego.

Recojo y limpio el apartamento, saco a Thor a pasear por el parque y voy a casa de mis padres. Como siempre, me reciben con un abrazo mientras el aroma de carne rellena al horno.

–  ¡Qué bien huele! – Exclamo mientras mi madre sirve la cena.

Cenamos charlando tranquilamente y, cuando me estoy despidiendo de ellos, mi padre me dice:

–  Llámame mañana cuando salgas del trabajo, quiero saber cómo te ha ido tu primer día y que me cuentes todos los detalles.

–  Sí, hija. – Corrobora mi madre. – Lo cierto es que tanto misterio nos tiene a todos con la curiosidad de saberlo todo.

–  Yo solo espero que tanto misterio no sea porque te has metido en algo ilegal. – Musita mi padre.

–  ¡Oh Manuel, tú siempre pensando lo peor! – Le replica mi madre.

–  Te recuerdo que la última vez acerté. – Dice mi padre.

–  Papá, así no lo estás arreglando. – Le reprocho.

–  Con vosotras nunca se arregla nada, las dos os ponéis siempre en mi contra. – Exclama mi padre haciéndose la víctima.

–  Te llamaré en cuanto salga del trabajo, papá. – Le digo dándole un beso en la mejilla y repitiendo la misma acción con mi madre para después despedirme de ambos: – Buenas noches.

Regreso a casa y me meto en la cama, estoy demasiado cansada para estar levantada y demasiado nerviosa como para poder dormir. A las once y media de la noche, recibo un mensaje de Álex en el móvil: “Buenas noches, pequeña amazona. Suerte en tu primer día de trabajo y avísame si tu jefe es un ogro, yo también puedo llegar a serlo. Llámame cuando salgas del trabajo, tenemos una cita pendiente, que no se te olvide.”

¡Cómo si pudiera olvidarme de él! Con una sonrisa en los labios, le respondo: “Espero que mi jefe no sea un ogro, quiero de verdad este trabajo. Gracias por desearme suerte, la voy a necesitar. Te llamaré en cuanto salga del trabajo. Buenas noches, (ya te buscaré un apodo).”

Dejo el móvil en la mesita de noche mientras sonrío, sintiéndome verdaderamente feliz como hacía tiempo que no me sentía. Ha sido un año duro, pero septiembre está cambiando mi perspectiva. Quizás incluso acabe bien el año.

Tú, yo y las estrellas 8.

Tú, yo y las estrellas

Entro en casa seguida de Carol y Álex. Thor viene a saludarme, le acaricio la cabeza y me dirijo al salón para sentarme en el sofá y quitarme los zapatos. Carol se deja caer a mi lado en el sofá y Álex se queda de pie, observándonos severamente como si fuéramos delincuentes.

–  Bueno, yo voy a cambiarme de ropa para sacar a Thor, así podéis hablar tranquilamente. – Les digo levantándome del sofá para escabullirme.

–  Quieta ahí. – Me ordena Álex implacable. – Tenemos que hablar de lo que ha pasado. Y, a ser posible, me gustaría que empezarais por el principio. ¿Desde cuándo os conocéis?

–  Desde el día que Fabián y yo rompimos. – Empieza a decir Carol mientras yo permanezco en silencio escuchando lo que dice: – Cuando llegué a la fiesta de Fabián me lo encontré follando en su habitación con Blanca. Me largué de allí llorando y cuando me quise dar cuenta estaba en el parque y Fabián venía detrás de mí. Empecé a gritar y Eli y Thor aparecieron e hicieron que Fabián se largara. Eli se portó muy bien conmigo, me llevó a su casa, me consoló, me animó y me ayudó a ver las cosas por el lado bueno. Nos hemos ido viendo desde entonces, incluso hemos ido juntas a comer a casa de la abuela y la abuela está como loca con ella. – Se vuelve hacia a mí y añade: – Por cierto, mi abuela ha decretado los viernes al mediodía como los viernes de chicas y me ha dicho que estás obligada a ir.

–  Puedes decirle a Charo que iré encantada. – Le contesto.

–  Vale, ahora todo empieza a encajar un poco. – Dice Álex no demasiado convencido. – Ahora explicarme qué ha pasado esta noche.

–  Helena insistió en que fuéramos a la fiesta de su compañero de trabajo y allí fuimos, en plan noche de chicas, ya sabes. – Le dice Carol. – Me encontré con Fabián, me arrastró a la cocina y cuando me negué a irme con él se puso furioso e intentó atacarme, así que Eli se metió en medio y… Bueno, el resto supongo que ya te lo habrá contado Raúl.

–  Si el resto es, y cito palabras textuales de Raúl, “la amazona le dio una buena tunda a ese cabrón”, supongo que sí, me lo ha contado todo.

–  Lo siento, pero yo necesito estar un poco más borracha de lo que estoy. – Me excuso levantándome del sofá para coger la botella de tequila, la cubitera, los hielos y tres copas. – ¿Queréis una copa?

–  Yo sí, bien cargada. – Me dice Carol.

–  Que sean dos. – Añade Álex. – Creo que yo también necesito una copa.

Sirvo las tres copas y vuelvo a sentarme junto a Carol en el sillón mientras Álex sigue de pie en mitad del salón observándome.

–  Por favor, siéntate y deja de mirarme como si fuera una delincuente. – Le digo empezando a perder la paciencia.

Me obedece de mala gana y se sienta en el sillón de en frente. Carol se bebe su copa de un trago y, con una sonrisa en los labios, me dice bromeando:

–  Me voy a dormir, pórtate bien con mi hermano, no me gustaría que acabara como Fabián. – Le da un beso en la mejilla a Álex y le dice: – Y tú deja de estar enfurruñado con Eli, si no fuera por ella la que podría haber acabado inconsciente en esa cocina era yo.

Álex asiente con la cabeza y se relaja un poco, pero sus ojos todavía me miran con reproche. Carol se marcha a su habitación y, para acabar con esto lo antes posible, le digo:

–  Yo voy a sacar a Thor.

–  Te acompaño.

¡Mierda! Se suponía que él tenía que largarse a su casa no acompañarme a pasear a Thor por el parque en plan parejita feliz. Lo peor de todo es que en vez de decirle que se vaya me limito a forzar una sonrisa. Pero ¿qué me pasa?

–  Relájate, estás muy tensa y solo pretendo acompañarte para asegurarme que regresas sana y salva a casa. – Me dice poniéndole la correa a Thor que menea la cola alegremente. – Aunque tengo que reconocer que no sé por qué estoy más impresionado, si por el hecho de que hayas tumbado a un tipo que pesa más de ochenta kilos sin haber sufrido ni un rasguño o que le hayas caído bien a mi abuela. Ni siquiera Raúl le cae bien, pero con los años creo que le ha cogido cariño. – Bromea para relajar la tensión.

–  Creo que ya sé por qué le caes bien a Thor. – Le digo cambiando de tema. – Creo que ha debido oler el aroma de tu hermana en ti y por eso se ha mostrado confiado contigo.

–  Puede que eso haya ayudado, pero creo que además le caigo bien a Thor porque cuidé de su dueña cuando lo necesitaba. – Me susurra con voz ronca mientras entramos en el ascensor.

La tensión sexual que hay entre nosotros mientras bajamos en el ascensor no me deja ni respirar, mucho menos pensar con claridad. Caminamos en silencio hasta llegar al parque, donde Álex me pregunta:

–  ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

–  Puedes hacerla, otra cosa es que te responda. – Le advierto.

–  ¿Por qué ayudaste a mi hermana? Quiero decir, está bien que la ayudaras a deshacerse de Fabián, pero por qué llevarla a tu casa si era una completa desconocida.

–  No lo sé, supongo que es el efecto que causáis tú y tu hermana en Thor y en mí. – Le respondo divertida. – Si te soy sincera, no sé por qué lo hice. Nunca había invitado a completos desconocidos a subir a mi casa y mucho menos a dormir en ella. Pero el caso de Carol fue un caso especial, ambas habíamos sufrido la misma traición y supongo que no me costó ponerme en su lugar e hice lo mismo que mi mejor amiga hizo por mí, consolarla y darle ánimos. Tu hermana ha perdido a su novio y a su mejor amiga, no es algo fácil de asimilar cuando te crees que vives en un mundo de rosas. En cuanto a ti, supongo que pensé que si fueras un asesino en serie o un psicópata me hubieras matado y no me hubieras paseado en tus brazos ni en tu coche y mucho menos te habrías dejado ver por el guardia de seguridad de mi edificio y por la loca de mi amiga Helena.

–  No entiendo cómo alguien que consigue tener una mujer tan especial y única como tú lo puede echar todo a perder. – Me susurra al oído. – En cuanto a mí, me alegra que hayas descartado pensar que soy un psicópata o un asesino en serie, sobre todo ahora que sé que se te dan muy bien las artes marciales.

Me echo a reír contagiándome de su buen humor. Durante una milésima de segundo, nuestros labios están a punto de rozarse, Álex se ha acercado a mí y yo creía que iba a besarme, pero se ha quedado quieto a un centímetro de mi boca. Le miro a los ojos esperando que recorra el centímetro que separa nuestros labios pero en lugar de eso me acaricia la nuca con la yema de sus dedos, me besa en la frente y me dice con la voz ronca, denotando su excitación:

–  Es hora de volver a casa.

Nos acompaña a Thor y a mí hasta la puerta de mi edificio y, cuando estoy a punto de entrar en el portal, me agarra del brazo y me pregunta:

–  ¿Te importa si mañana me paso a desayunar?

–  Quédate en casa, tengo otra habitación de invitados y has bebido más de lo que deberías si pensabas conducir. – Le digo con naturalidad.

Entramos en el portal bromeando y riendo mientras Thor revolotea a nuestro alrededor feliz . Jaime nos sonríe a modo de saludo al vernos tan animados.

El corto rato en el ascensor es la peor de las torturas. Tener a Álex tan cerca en un espacio tan pequeño y cerrado me pone cardíaca, pero logro contenerme y salgo disparada en cuanto las puertas del ascensor se abren. Álex me sigue con Thor y, mientras trato de abrir la puerta sin demasiado éxito, se coloca detrás de mí y, rodeándome la cintura con sus brazos, desliza sus manos sobre las mías, quitándome las llaves con suavidad para abrir la puerta lentamente, aguantando sus brazos alrededor de mi cintura el máximo tiempo posible. Pasamos al salón y sirvo otro par de copas de tequila, ¡de perdidos al río!

–  Eres muy expresiva cuándo le das vueltas a la cabeza, es una lástima que no pueda saber exactamente qué estás pensando. – Me dice con sorna, sabiendo perfectamente qué estoy pensando.

–  No te conviene, créeme. – Le contesto con picardía.

–  Eso deberías dejar que lo decidiera yo, ¿no crees? – Me pregunta divertido. Tras un rato charlando despreocupadamente mientras nos bebemos la última copa, añade: – Es hora de ir a dormir, pequeña amazona. ¿Me enseñas mi habitación?

Dudo en llevarlo a la habitación de invitados libre o arrastrarlo a mi cama para hacerle el amor apasionadamente una vez tras otra hasta quedarnos sin fuerza, pero finalmente la poca lucidez que queda dentro de mí me recuerda que he bebido demasiado y que además es el hermano de Carol, aunque ya no es un desconocido. Le acompaño a la habitación de invitados y, con toda la naturalidad del mundo, le digo:

–  Mi habitación está justo en frente, llámame si necesitas algo.

–  Esa es una oferta muy amplia, Eli. – Me dice burlonamente con la voz ronca. – Deberías ser más precisa en según qué aspecto, no vayas a generar confusión.

–  Te he dicho que me llames si necesitas algo, no que haré todo lo que me pidas. – Me mofo. – Buenas noches, Álex.

–  Buenas noches, pequeña amazona. – Me responde y, antes de entrar en su habitación, me da un leve beso en los labios, dejándome con ganas de más.

Con toda la fuerza de voluntad de la que dispongo me obligo a encerrarme en mi habitación para no saltar a los brazos de Álex, aunque lo desee con todas mis fuerzas.

Me meto en la cama y, a pesar de tener mil cosas en la cabeza para dar vueltas, me quedo dormida antes de darme cuenta.

Tú, yo y las estrellas 7.

Tú, yo y las estrellas

El sábado por la noche, Helena nos arrastra a Carol y a mí a la fiesta de su popular compañero de trabajo, Izan Méndez, un tipo carismático y simpático, pero demasiado superficial y egocéntrico para mi gusto. Helena nos lo presenta y Carol y yo le ponemos nuestra mejor cara mostrándole una amplia sonrisa forzada que Izan acepta encantado.

Tras dar una rápida vuelta por la casa y el jardín durante la que Helena aprovecha para saludar y presentarnos a algunos de sus amigos y compañeros de trabajo, decidimos ir a la improvisada barra de bar del jardín y pedir una copa.

–  Tengo que reconocer que tu amigo Izan sabe dar una fiesta. – Opino. – Ha contratado un par de camareros, un DJ, no falta bebida ni buena música.

–  Por no hablar de la casa, es preciosa. – Comenta Carol. – Es una lástima que no soporte a los engreídos hijos de papá, de lo contrario esta noche sería mío.

Las tres nos echamos a reír y el camarero nos sonríe y nos guiña un ojo con complicidad, está claro que él opina lo mismo que nosotras aunque no lo diga.

Nos bebemos una copa detrás de otra mientras bailamos animadamente. Por suerte, al DJ no se le ha ocurrido poner ninguna canción lenta y, aunque algún que otro chico nos mira interesado, al menos no nos han pedido bailar una balada. Puede que en otro momento la idea de bailar una canción romántica con un completo desconocido que me gustara fuese lo mejor que me hubiera ocurrido en toda la noche, pero hoy no quiero bailar con un completo desconocido, ni siquiera con alguno conocido. Entonces el alcohol me juega una mala pasada y en mi mente aparece la imagen del rostro de Álex sonriendo con picardía y mis razonamientos lógicos se van al traste.

Vuelvo a la tierra en cuanto veo que Carol es arrastrada hacia el interior de la casa por un tipo que se parece mucho a Fabián, de hecho es él. Agarro a Helena del brazo y los sigo para ver qué pasa y asegurarme que Carol está bien.

–  ¡Suéltame! – Oigo gritar a Carol desde la cocina. – ¡Maldito idiota! ¡Déjame en paz!

–  ¡Joder Carol, solo quiero hablar! – Ahora es Fabián el que grita. – Ya te he dicho que lo que pasó con Blanca fue un error, deja que te lo explique. Estamos hechos el uno para el otro. Tú me quieres y yo te quiero, podemos salir juntos de este bache.

–  ¿Bache? Si quieres comparar esto con algo creo que lo más parecido sería el huracán Katrina, ¡te follaste a mi mejor amiga!

–  Estarás conmigo por las buenas o por las malas, tú eliges qué prefieres. – Le espeta Fabián.

–  Ella ya ha elegido y te ha dicho bastante claro que te largues y la dejes en paz, no quiere tener que ver nada contigo. – Le espeto a Fabián furiosa.

–  ¡Mira a quién tenemos aquí! – Se mofa Fabián. – La amazona del parque viene con refuerzos, pero hoy no has traído a tu bestia, has venido con otra de las supernenas.

–  Ten cuidado idiota, la supernena te puede partir la cara. – Le advierte Helena burlonamente. – Eres poco hombre para una supernena, pero todavía menos para una amazona.

Carol aprovecha el despiste de Fabián para escapar de su agarre y esconderse detrás de mí, pero Fabián no quiere darse por vencido y camina hacia a mí decidido a quitarme de en medio. Sin darle tiempo a reaccionar me interpongo entre él y Carol y cuando intenta deshacerse de mí de un empujón, le agarro del brazo y, tras cinco años sin apenas practicar karate, derribo a Fabián con asombrosa rapidez. Pero se levanta del suelo igual de rápido que se ha caído y con los ojos llenos de furia viene directamente a por mí, olvidándose por completo de Carol. A pesar de las copas que he bebido de más, en este momento me siento lo suficientemente capaz de hacerle frente a este gilipollas, creo que se merece una buena lección. Espero su ataque quieta en mi sitio, de pie junto a la encimera, y cuando lo tengo a un escaso centímetro le doy un puñetazo en el pómulo derecho, seguido de un codazo en las costillas y un rodillazo en la entrepierna y Fabián cae al suelo abatido.

–  ¿Se puede saber qué está pasando aquí? – Pregunta una voz masculina y furiosa.

Me doy media vuelta y me encuentro con un tipo atractivo y fuerte abrazando con delicadeza y ternura a Carol, que llora a moco tendido mientras Helena trata de tranquilizarla.

–  Carol, ¿quieres que nos vayamos a casa? – Le pregunto con voz dulce ignorando al tipo que la abraza mientras nos observa perplejo. – Podemos comprar una botella de tequila y bebérnosla en el salón, como en los viejos tiempos. – Bromeo.

–  ¿Puedo quedarme a dormir en tu casa? – Me pregunta Carol entre sollozos.

–  ¡Por supuesto! – Le contesto. La rodeo por la cintura arrebatándosela al tipo que la envuelve en sus brazos y añado. – Vamos a casa.

–  ¡Eh, espera un momento! – Me dice el tipo sosteniéndome con firmeza por el brazo. – ¿Creéis que os podéis largar así por las buenas?

Le miro fijamente a los ojos mientras doy un brusco tirón con el brazo para deshacerme de su agarre y, con una sonrisa terrorífica, le pregunto:

–  ¿Quieres tratar de impedirlo?

–  No sé quién eres, pero por si no te has dado cuenta estoy del lado de Carol. – Me dice relajando un poco el tono de voz. – Esperadme fuera, iré a buscar al hermano de Carol que está en el jardín y os llevaremos a casa, ¿de acuerdo? Si alguien os pregunta qué ha pasado, vosotras no habéis visto nada.

–  Carol, ¿quieres hacer lo que él dice? – Le pregunto. Y, tratando de aliviar la tensión, bromeo: – Si lo prefieres, también le podemos dejar inconsciente y hacer lo que te apetezca.

Carol por fin sonríe y me contesta:

–  Haremos lo que él dice, es el mejor amigo de mi hermano y le conozco desde que tengo uso de razón.

–  De acuerdo, esperaremos fuera. – Sentencio.

Todos nos quedamos mirando a Fabián, que está en el suelo como si estuviera dormido y Helena, al ver nuestra ligera preocupación, nos dice:

–  Solo está inconsciente, se despertará en unos minutos y con suerte no se acordará de lo que ha pasado.

–  Pues yo espero que sí se acuerde. – Murmura Carol casi en estado de shok.

Abrazo a Carol y le dedico una amplia sonrisa, es la única que me ha dado las gracias por bajarle los humos a ese idiota y sabiendo que a ella le ha parecido bien yo estoy contenta.

Salimos a la calle por la puerta principal de la casa y evitar así pasar por el jardín trasero donde se concentran la mayoría de invitados. Carol nos señala un Audi Q7 de color negro como el coche de su hermano y las tres nos apoyamos en la parte delantera del vehículo, cada una pensando en sus cosas y de repente les suelto:

–  Lo confieso, necesito sexo. Correr y pelearme con indeseables rebaja esporádicamente mi deseo sexual, pero no lo hacen desaparecer en absoluto.

–  ¿Eso significa que te vas a acostar con el buenorro del hospital? – Me pregunta Helena.

–  No, eso significa que necesito sexo, pero no necesariamente con él. – Aclaro.

–  ¡No me lo puedo creer! – Se mofa Helena. – La novia espectacular, la prometida perfecta, ¿está pensando en tener una aventura?

–  Una aventura sexual, nada de aventuras románticas. – Especifico fingiendo seriedad mientras Carol empieza a reír a carcajadas.

–  Ejem, ejem. – Oímos a alguien toser a nuestro lado. Las tres nos giramos de inmediato y a mí casi me da algo al ver a Álex con el tipo que nos ha dicho que le esperáramos aquí. – Tu hermana, la amazona y la supernena. – Añade señalándonos una a una para aclararle a Álex quiénes somos.

–  ¿Eli? – Me pregunta Santi confuso. – ¿Tú eres la amazona?

–  ¿Os conocéis? – Pregunta Carol.

–  Tu hermano es el buenorro del hospital. – Le aclara Helena al ver que yo me he quedado muda.

–  ¿El buenorro del hospital? – Le pregunta su amigo. – ¿Ella es la chica que llevaste al hospital?

–  Ahora no, Raúl. – Le advierte Álex. Se vuelve hacia a mí y me pregunta: – ¿Estás prometida?

–  Hola hermano, estoy bien, gracias. – Dice Carol al ver mi cara, llamando la atención de su hermano para que deje de hacerme preguntas.

Suspiro aliviada al quitarme de encima las preguntas de Álex pero Raúl se ha percatado de todo y me mira sonriendo divertido mientras que Álex se aleja un poco con Carol para hablar con tranquilidad.

–  ¿Qué te parece tan divertido? – Le espeto molesta.

–  La situación en sí. – Responde alegremente. – Si esto fuera una película, tu personaje volvería locas a las mujeres, algo así como la serie “sexo en Nueva York”.

–  Será mejor que te busques una aventura sexual muda, para lo que hay que oír. – Se mofa Helena.

–  Supernena, no seas desagradable. – Le dice Raúl con una sonrisa peligrosa. – Si te portas mal, voy a tener que azotarte.

–  Encanto, no prometas lo que no tienes pensado cumplir. – Le dice Helena descaradamente.

–  Encanto, tengo el coche justo ahí, ¿quieres que te lleve a casa? – Le propone Raúl.

–  Por favor, ¿queréis dejar de hacer eso? – Les reproché molesta con tanta insinuación descarada.

–  Mi cama es grande, también hay sitio para ti. – Me responde Raúl siguiendo la broma.

–  ¿Estáis hablando de hacer un trío o he bebido más de la cuenta? – Pregunta de repente Carol, con su hermano pegado a la espalda.

¡Oh, mierda! Ahora, además de creer que estoy prometida, también creerá que soy una zorra que se monta tríos con desconocidos a espaldas de su supuesto prometido.

–  Solo bromeaba con tu amazona, Álex, digo Carol. – Dice Raúl maliciosamente con una sonrisa traviesa en los labios. – Pero la supernena y yo nos despedimos de vosotros, la voy a llevar a casa.

Bajo el asombro de todos, Raúl y Helena se despiden de nosotros y desaparecen en un Mercedes deportivo plateado.

Álex abre una de las puertas traseras de su coche y con un gesto nos hace subir a Carol y a mí. Ambas le obedecemos sin rechistar, no tiene cara de estar para bromas. Álex se sube al asiento del conductor y arranca el coche. Conduce en silencio hasta que llegamos a la puerta de mi edificio y aparca el coche. Miro a Carol buscando una explicación y ella musita:

–  Está furioso, cree que estás prometida.

–  ¡Joder! – Exclamo sin querer y Álex nos mira con reproche. Me acerco a Carol y le susurro sin que él pueda oírme: – ¿Por qué no le has dicho que no estoy prometida?

–  No me pienso meter en medio de vosotros dos, lo que tengáis que hablar, habladlo entre vosotros.

–  ¡Dejad de murmurar como viejas! – Nos reprocha Álex molesto y a mí se me escapa la risa. – ¿Te parece divertido?

–  No puedes negar que la situación es bastante cómica y surrealista. – Le respondo. – Pero supongo que con la ayuda del tequila que me espera en casa terminaré por aceptarlo felizmente.

Definitivamente, Álex no está para bromas. Camino detrás de él hasta llegar a la portería y con la luz artificial del lugar puedo contemplar lo bueno que está con esos tejanos y esa camisa negra y, sobretodo, qué culo tiene. Nos montamos en el ascensor y sin querer roza mi cadera con su mano, liberando mi deseo para hacerlo llegar al centro de mi entrepierna. Dios, creo que necesito sexo urgentemente.

Tú, yo y las estrellas 6.

Tú, yo y las estrellas

El martes por la noche Álex me llamó para preguntar por mi tobillo, que aún seguía bastante hinchado. Hablamos durante más de veinte minutos sin decirnos nada importante, solo para seguir en contacto. El jueves por la noche ya tengo el tobillo perfectamente, pero mi cuñado insiste en sacar él a Thor. Justo en el mismo momento en que regresa con Thor, a mi móvil llega un mensaje. Me despido de Jorge sin enrollarme demasiado pero sin ser maleducada y, cuando por fin se va, corro a por mí móvil para leer el mensaje, cruzando los dedos para que sea de Álex. Con las manos temblorosas cojo el móvil y abro el mensaje, es de él: “Acabo de ver a Thor en el parque y me he hecho ilusiones creyendo que iba a verte, pero no eras tú. Dime que vendrás a cenar conmigo mañana.”

Como si de mi primer amor se tratara, noto mariposas en el estómago. ¿Es normal que me pase esto con veinticinco años y después de romper una relación de cinco años? Me siento confundida, aunque tengo claro que es lo que me apetece hacer y pienso hacerlo sin pensar en las consecuencias, estoy cansada de pensar con una mente alemana, quiero pensar con mi mente española, ser mi auténtico yo. Sonriendo como una verdadera idiota, contesto su mensaje: “Lo siento, este fin de semana ya lo tengo completo, incluso he tenido que comprarme una agenda para no olvidarme de nada. Pero el lunes empiezo en mi nuevo trabajo y necesitaré una copa para aplacar los nervios. ¿Te prestas voluntario para acompañarme después del trabajo?” La respuesta de Álex es casi inmediata: “Solo dime dónde y a qué hora y allí estaré.” Sin demorar la respuesta, escribo: “Llámame cuando salgas de la oficina el lunes y lo concretamos. A lo mejor mi nuevo jefe es un ogro y me hace quedarme a trabajar hasta las doce de la noche.”

El viernes por la mañana, después de dar un largo aseo con Thor por el parque, voy al concesionario a buscar mi coche nuevo y la euforia se apodera de mí al verlo tan negro y reluciente.

Tras dar una vuelta por la autopista para ver qué tal va el coche, introduzco la dirección de la abuela de Carol en el GPS y siguiendo las instrucciones llego en pocos minutos.

La abuela de Carol vive en una preciosa casa de piedra y madera a las afueras de la ciudad, medio rústica y medio moderna, pero en cualquier caso una casa preciosa. No hago más que poner un pie fuera del coche y Carol viene a recibirme:

–  ¡Eli, menudo cochazo! – Me dice admirando mi nueva adquisición. – ¿Has encontrado bien el camino?

–  Con la ayuda del GPS ha sido fácil. – Bromeo. – ¿Helena aún no ha llegado?

–  Ha llamado para avisar que no podía venir, al parecer ha habido un incendio en un colegio de las afueras y han trasladado a varios de los heridos a su hospital, así que le toca doblar turno. – Me dice Carol entristecida porque Helena no haya podido venir. – Menos mal que tú sí que has venido, si no mi abuela pensaría que me he inventado toda la historia.

Ambas nos echamos a reír, conscientes de lo incrédula que puede llegar a parecer la historia de cómo nos hemos conocido. Cruzamos el jardín y veo a la abuela de Carol de pie en el porche, esperando nuestra llegada con una tierna sonrisa en los labios. Lleva el pelo canoso y largo recogido en un perfecto moño que lejos de convertirla en una mujer reprimida la hace aparentar ser alguien dulce y delicada.

–  Tú debes de ser Eliana. – Me dice dándome dos besos y abrazándome en cuanto llegamos hasta a ella. – Además de ser una mujer buena e inteligente, eres una chica preciosa. Yo soy Charo, la abuela de esta alocada que me mantiene siempre con el alma en vilo.

–  Encantada de conocerla, Charo. – Le contesto con una educada pero sincera sonrisa.

–  Por favor, trátame de tú. – Me dice guiñándome un ojo. Charo nos hace pasar a la cocina y nos sirve una copa de vino tinto mientras termina de preparar la comida. – Me alegro de que mi nieta haya encontrado a una amiga cómo tú y de que la entiendas tan bien.

–  Es fácil cuando se pasa por lo mismo por lo que ha pasado Carol. – Le quito importancia. – Pero de nada sirve lamentarnos, la vida sigue y tenemos que continuar. Mi tía Lola siempre dice que el príncipe azul puede estar en cualquier parte y aparecer en cualquier momento. – Le respondo pensando en Álex, que últimamente ocupa mi mente la mayor parte del tiempo.

–  Una mujer sabia, tu tía Lola. – La secunda Charo.

–  Pues yo ahora mismo no quiero saber nada del príncipe azul, para mí los hombres se dividen en ranas y sapos, en cualquier caso anfibios poco apetecibles. – Bromea Carol. – A menos que aparezca un tipo como el que te llevó al hospital, ¿has vuelto a hablar con él?

–  Ayer por la noche nos escribimos mensajes, hace que me sienta una adolescente. – Les confieso riéndome de mí misma. – Es tan amable, educado y tan atento. Quería que quedáramos esta noche, pero mañana he quedado con mi sobrina, prometí llevarla a pasear con Thor. El sábado he quedado con vosotras y el domingo voy a cenar a casa de mis padres, así que he quedado con él el lunes por la tarde, aunque aún no hemos concretado más.

–  Tus ojos y tu cara se iluminan cuando hablas de él, pero sin embargo pareces librar una lucha entre tu cabeza y tu corazón. – Opina Charo.

–  Apenas lo conozco, Charo. – Le explico. – No hace ni dos meses que lo he dejado con mi novio, con el que llevaba cinco años y por quién lo dejé todo. Es cierto que el chico me gusta, pero primero necesito encontrarme a mí misma antes de empezar una relación.

–  No quieres arriesgarte porque tienes miedo de que te vuelvan a hacer daño, pero si no te arriesgas tampoco ganas nada. – Me dice Charo. – A lo mejor estás dejando escapar a tu príncipe azul.

–  De momento, iré a tomar algo el lunes con él y ya veremos lo que pasa. – Sentencio. – Lo cierto es que él no ha intentado nada conmigo, ni siquiera se me ha insinuado. Simplemente me ha invitado a salir como amigos.

–  Hasta yo sé que los hombres solo se acercan y se preocupan tanto por una mujer cuando tienen un único objetivo en mente. – Se mofa Carol.

–  ¡Carol, no tengas tantos prejuicios! – La regaña Charo.

–  Si tiene razón, Charo. – Resoplo. – No quiero empezar nada serio con él pero tampoco quiero dejar de verle, es un poco extraño y difícil de explicar cuando ni siquiera yo sé lo que me pasa.

Continuamos con la charla mientras comemos y debo reconocer que hablar con Charo es como hablar con una buena amiga de nuestra edad, pero con la sabiduría que los años le han otorgado. Cuando Carol y yo nos despedimos de Charo son las ocho de la tarde, así que voy directamente a casa a sacar a Thor.

El sábado paso por casa de mi hermana a recoger a mi sobrina a las diez en punto de la mañana, tal y como le he prometido a Nerea. El pequeño demonio me espera en el portal con una sonrisa traviesa que me hace replantearme el quedarme a solas con ella. ¡Dios sabe qué estará tramando!

–  ¡Tita Eli, ya has llegado! – Grita Nerea arrojándose a mis brazos. – ¿Vamos a ver a Thor?

–  Sí, pequeño demonio, pero antes deja que hable con tu madre. – Le digo besándola en la mejilla. Me vuelvo hacia a mi hermana, que ha salido con mi sobrina, y le digo: – Me llevo a tu pequeño monstruo, la traeré de vuelta después de comer.

Me despido de mi hermana y regreso a casa con mi sobrina para recoger a Thor y, tal y como le he prometido, nos vamos al parque a pasear.

Dos horas más tarde, observo a mi sobrina jugando con Thor mientras le doy vueltas a la cabeza, cuando escucho la voz de Álex detrás de mí:

–  Hace un bonito día, ¿verdad?

Me vuelvo de un salto y lo encuentro sonriendo, vestido con un pantalón corto y una camiseta de manga corta, ha estado corriendo por el parque.

–  Sí, hace un día estupendo. – Corroboro.

–  Hola, ¿tú quién eres? – Le pregunta Nerea con su desparpajo natural. Álex se la queda mirando atónito y después me mira a mí. Como nadie dice nada, mi sobrina continúa hablando: – ¿No sabes hablar o es que no puedes? En mi cole tenemos a uno que no habla porque no quiere, pero si sabe. Es un niño muy raro, pero la tía Lola dice que todos somos raros.

–  Hola preciosa, me llamo Álex y soy amigo de tu… – Álex me mira esperando que le ayude, pero yo me he quedado en blanco.

–  ¿De mi tía Eli? – Le pregunta Nerea. – ¿Eres su novio? Porque el novio que tenía antes que tú no me gustaba nada, siempre estaba serio. Tú pareces más guay.

–  Ve a jugar con Thor, pequeño demonio. – Le digo para que deje de hablar antes de que el rubor de mis mejillas pase a parecer los coloretes de una muñeca. – Ese monstruo es mi sobrina Nerea.

–  A mí me parece encantadora. – Me responde divertido.

–  Si pasaras una tarde con ella, cambiarías de opinión. – Le aseguro. – Desde pequeña siempre quise tener por lo menos tres hijos, desde que ella nació ni siquiera me planteo el tener uno.

–  No puede ser para tanto. – Se mofa. Me mira más seriamente y me pregunta: – ¿Cómo tienes el tobillo?

–  Mejor, la verdad es que ha vuelto a su tamaño normal y ya no me duele. – Le contesto. – Mi hermana y mi cuñado se alternaban para sacar a pasear a Thor, así que he podido guardar reposo absoluto.

–  El tipo con quien vi a Thor el jueves, ¿era tu cuñado?

–  Sí, es mi cuñado Jorge, el marido de mi hermana y el padre del pequeño demonio y del enano, un bebé de seis meses que solo come y duerme, nada que ver con Nerea.

–  Tía Eli, tengo hambre. – Me dice mi sobrina que vuelve con Thor. – ¿Vamos a comernos ya la hamburguesa?

–  Sí, cielo. – Le contesto. – Dejamos a Thor en casa y nos vamos, ¿vale?

Mi sobrina asiente contenta y se distrae de nuevo jugando con Thor.

–  Te dejo que te vayas, no querrás hacer enfadar a tu pequeño demonio. – Me dice bromeando. – Te llamo el lunes cuando salga del trabajo, aunque puedes llamarme antes si así lo deseas.

Álex me sonríe pícaramente y yo le devuelvo la sonrisa y me despido de él con un par de besos en la mejilla, como hacemos los españoles.

Acto seguido, cojo a mi sobrina de la mano, le pongo la correa a Thor y camino entre nubes hasta llegar a casa, donde dejamos a Thor para ir a comernos una hamburguesa.

Tú, yo y las estrellas 5.

Tú, yo y las estrellas

Durante todo el camino, Álex y yo permanecemos callados. Él conduce en dirección a mi casa y yo, con los sedantes y analgésicos que me ha dado Helena, me quedo dormida. Me despierto cuando Álex me coge en brazos para sacarme del coche y con la voz ronca me susurra al oído:

–  Bella durmiente, hemos llegado. – Me ruborizo al instante y Álex me sonríe triunfante.

Cuando entramos en el portal, Jaime me sonríe y aprieta el botón del ascensor, facilitándole a Álex la entrada al ascensor y en pocos minutos también la entrada a mi propia casa. Aunque yo tampoco estoy haciendo nada para evitarlo, estoy demasiado a gusto en sus brazos.

Las puertas del ascensor se abren, saco las llaves de mi bolsillo y Álex me deposita en el suelo con cuidado y sosteniendo parte de mi peso mientras yo consigo abrir la puerta. Vuelve a cogerme en brazos y me lleva hasta el sofá, sorteando al inquieto de Thor que no deja de revolotear a nuestro alrededor.

–  Creo que deberías cenar algo e irte a dormir y descansar. – Me dice Álex. Coge el bloc de notas que hay en la mesilla junto al teléfono y añade mientras escribe: – Te dejo mi número de teléfono, llámame si necesitas que saque a pasear a Thor o cualquier otra cosa.

–  Te agradezco todo lo que has hecho, pero ya ha sido bastante. – Le digo agradecida. – Aunque espero verte la semana que viene por el parque, a Thor le has caído bien y suele ser poco sociable, sobre todo con el sexo masculino.

–  Entonces, llámame si te apetece salir a cenar o a tomar algo. – Me propone Álex.

–  Si no tienes nada mejor que hacer, podemos pedir que nos traigan comida a domicilio y dejar que te invite a cenar. – Le sugiero.

–  No se me ocurre una idea mejor. – Me contesta alegremente. – ¿Qué te apetece pedir? ¿Comida china, pizza, kebab?

–  Comida china. – Le contesto sin pensarlo dos veces. – Me chifla la comida china.

–  Vale, comida china. – Me responde. – ¿Alguna sugerencia?

–  Menos la sopa de aleta de tiburón, me gusta todo. – Le contesto encogiéndome de hombros.

–  ¿Sopa de aleta de tiburón? – Me pregunta poniendo cara de asco. – Creo que tendrás que ayudarme, no suelo pedir comida china.

–  Creo que entonces deberías pedir algo más normal, arroz tres delicias, ternera con salsa de ostras, pollo con almendras o cerdo agridulce. – Le sugiero. – Deja que llame yo al restaurante, mientras tanto sírvete algo de beber de la nevera, aunque te advierto que no hay variedad, acabo de mudarme.

Llamo al restaurante chino donde llamé el primer día que llegué mientras desempaquetaba las cajas de la mudanza, hago el pedido y la china que me atiende al teléfono me dice que en media hora nos traerán la comida, estoy hambrienta. Álex regresa de la cocina con dos botellines de cerveza en las manos y una divertida sonrisa que me contagia.

–  Creo que es la primera vez que abro la nevera de una chica y solo me encuentro con cerveza, tequila y agua. – Me dice riendo. – Por un momento he tenido la sensación de estar abriendo la nevera de mi mejor amigo.

–  Espero que eso sea un cumplido, aunque le caigas bien a Thor estoy segura de que me obedecerá si le ordeno que te ataque. – Bromeo.

–  Por supuesto que es un cumplido. – Me dice con seriedad. – Admiro que seas una mujer normal y no una de esas Barbies superficiales que están huecas por dentro.

Álex me entrega uno de los botellines de cerveza y se sienta a mi lado en el sofá, vigilado muy de cerca por Thor que, aunque le caía bien, no termina de fiarse de un extraño. Por extraño que parezca, a veces pienso que Thor tiene más sentido común que yo.

Álex se comporta con naturalidad, pone la mesa mientras me obliga a no moverme del sofá y me encanta verlo tan animado, no tiene nada que ver con Norbert. Desde luego, ¡qué diferentes son los fríos alemanes de los españoles fogosos y temperamentales!

–  ¿En qué estás pensando? – Me pregunta Álex divertido, devolviéndome a la realidad.

–  No creo que te guste saberlo. – Le contesto burlonamente.

Llaman al timbre de la puerta y Santi, tras levantarse del sofá, me dice antes de ir a abrir:

–  Salvada por la campana, pero solo temporalmente. – Le acerco con la mano un billete de cincuenta euros y añade guiñándome un ojo: – Pago yo porque así me deberás una cena y me aseguro de que volvamos a vernos, aunque solo sea por compromiso.

–  De acuerdo, pero solo si a la próxima cena invito yo. – Le contesto antes de que abra la puerta.

Una hora más tarde, ambos estamos acomodados en el sofá del salón con el estómago lleno, cansados y muertos de sueño, pero ninguno de los dos inicia la conversación de despedida que amenaza con llegar en cualquier momento.

–  Aún tenemos una conversación pendiente, ¿en qué pensabas antes? – Me pregunta divertido.

–  Ya te he dicho que no lo quieres saber. – Le respondo mientras pienso a toda prisa qué inventarme para no tener que decirle que le estaba comparando con mi ex alemán.

–  Te estás quedando dormida, me voy a ir ya para dejarte descansar. – Me dice mirándome con tristeza. – Tienes mi número si necesitas cualquier cosa y, si no es molestia, me gustaría tener el tuyo para llamarte y poder preguntarte cómo te encuentras.

Cojo mi móvil, marco el número que Álex ha anotado en el bloc y hago una llamada perdida, colgando en cuanto su móvil empieza a sonar.

–  Ahí lo tienes, llámame si quieres que te invite a cenar, para agradecerte el favor, ya sabes. – Le contesto traviesa.

Álex me da un beso en la mejilla a modo de despedida y aprovecha el acercamiento para susurrarme al oído:

–  No suelo cobrarme los favores, pero ten por seguro que éste me lo pienso cobrar.

Tras dedicarme una pícara sonrisa que despierta el recuerdo del placer absoluto en mis entrañas, Álex acaricia a Thor y se marcha alegremente mientras yo me quedo estupefacta en el sofá, completamente inmóvil y pensando en lo guapo, simpático y dulce que es.

Al día siguiente, mi hermana viene a casa con Iker después de dejar a Nerea en el colegio para sacar a Thor mientras yo me quedo con el enano, que se pasa el día durmiendo. Antes de que Rocío regrese del paseo con Thor, Helena y Carol aparecen en casa, ambas han estado hablando y quieren saberlo todo del chico misterioso que me llevó al hospital y que después me trajo a casa. En cuanto mi hermana llega, se pone rápidamente de su lado y ella también insiste en que cuente todo lo que pasó con pelos y señales.

–  No pasó nada. – Les digo por cuarta vez. – Me vio en el parque, me trajo hasta la puerta del edificio donde le entregó a Thor a Jaime para que lo subiera a casa y me llevó al hospital. De allí me trajo a casa, pedimos comida china a domicilio, cenamos, se despidió y se fue a su casa, o a dónde quiera que se fuera.

–  Hija de verdad, qué fría te has vuelto. – Me recrimina mi hermana. – Podrías hacerte pasar por alemana con ese carácter que te gastas.

–  Rocío, acabo de conocer a ese tipo. – Le recuerdo molesta. – Podría ser un psicópata y yo lo he metido en mi casa y le he dado mi número de teléfono.

–  ¿Os habéis intercambiado los números de teléfono? – Me pregunta Helena. – ¡Genial, eso significa que tienes sexo con él garantizado! Si es que te decides a tenerlo, claro.

–  Acabo de salir de una relación, ahora mismo no quiero pensar en meterme en otra.

–  Nadie está hablando de relaciones, estamos hablando de sexo. – Me aclara Helena. – ¡Joder, que llevas dos meses sin mojar!

–  No creo que debamos presionarla, ella saldrá con otros chicos cuando esté preparada. – Sale en mi defensa Carol. – Eso sí, el tope máximo de lamentos y abstinencia son tres meses, así que aprovecha el último mes que te queda porque luego no te dejaremos ni respirar.

Las cuatro nos echamos a reír como hienas malvadas, a pesar de que solo somos cuatro chicas que le ponen buena cara a los tiempos difíciles.

Por la tarde, después de comer, mi hermana se despide para seguir con su vida de madre y mujer casada que es:

–  Chicas, tengo que ir a buscar a Nerea. Jorge se pasará antes de cenar para venir a sacar a Thor, aunque me ha dicho que como le muerda ya puedes ir buscándote a otro que lo saque por la tarde.

Nos da un beso en la mejilla a cada una y sale del apartamento conduciendo el cochecito donde mi sobrino Iker sigue durmiendo, ¡cómo no! En cuanto mi hermana sale por la puerta, Helena me dice:

–  Por cierto, no hagas planes para el sábado por la noche porque nos vamos de fiesta. Un compañero de trabajo da una fiesta en su casa a la que asistirá toda la gente guapa de la ciudad y, como no podía ser de otra manera, nosotras estamos incluidas en esa lista.

–  ¡Genial! – Exclama Carol encantada. – Ah, le he contado a mi abuela toda la verdad sobre Fabián y quiere conoceros. Os invita a comer el viernes para agradeceros lo que habéis hecho por mí y me ha dicho que os recalque que no aceptará un no por respuesta.

–  Dame mi agenda, con tanto lío luego no me acordaré de nada. – Le digo a Carol que es la que está más cerca de mi agenta. Me la entrega y musito mientras anoto mis citas: – Viernes: recoger coche del concesionarios e ir a comer con la abuela de Carol. Sábado: salir a pasear a Thor con mi sobrina, llevarla a la hamburguesería y fiesta en casa del compañero de trabajo de Helena. Domingo: probablemente pasar la mañana durmiendo y con resaca para después ir a comer o cenar (según la cantidad de alcohol ingerida la noche anterior) a casa de mis padres. Lunes: Empezar a trabajar.

–  Por curiosidad, si el buenorro del hospital te llama para invitarte a salir, ¿de dónde vas a sacar tiempo para estar con él? – Se mofa Helena. – Si necesitas que te supla cuando vayas a cenar con él, ya sabes que soy una buena amiga y puedes contar conmigo, ¿verdad?

–  ¡Eres una bruja! – Le espeto divertida y, de repente, me oigo decir: – ¡Es mío, julandrona!

–  ¡Lo sabía, ese tío te gusta! – Se carcajea Helena. – Lo cierto es que solo a un ciego no le podría gustar semejante monumento.

¡Mierda, ya me la ha vuelto a liar! Con Helena nunca se puede bajar la guardia, es como tener a un detective las veinticuatro horas del día vigilándote, solo que ella hace todo el trabajo tan solo con mirarte a los ojos y soltar cuatro frases oportunas.

Tú, yo y las estrellas 4.

Tú, yo y las estrellas

Thor y yo corremos juntos por el parque cuando tropiezo, me tuerzo el tobillo y me caigo. Thor se detiene a mi lado y me mira con reproche, como si me hubiera caído a propósito. Me masajeo un poco el pie y trato de moverlo, me duele un poco pero por suerte no está roto.

–  ¿Estás bien? – Oigo una voz masculina detrás de mí que se acerca hasta quedar frente a mí y se agacha para examinar mi pie. – ¿Te has torcido el tobillo?

El traidor de Thor, en vez de ladrarle y gruñirle como debería hacer y como acostumbra a hacer con todo el mundo, a este tipo lo rodea meneando la cola. ¡Maldito perro!

–  Sí, pero estoy bien, gracias.

–  Tienes el tobillo hinchado, creo que deberías ir al hospital. – Me sugiere el tipo. – Deja al menos que te ayude a levantarte.

El tipo me tiende una mano para ayudarme y yo se la estrecho pero, en cuanto el pie malo apoya el suelo veo las estrellas del dolor y me dejo caer, aunque él es más rápido y me coge al vuelo, sosteniéndome entre sus brazos antes de que yo llegue a tocar el suelo otra vez.

–  Vale, voy a llevarte a un hospital. – Sentencia cogiéndome en brazos y poniéndole la correa a Thor, que le obedece como si fuera su dueño.

–  Espera, no podemos ir a un hospital con Thor, tengo que dejarlo en casa. – Me oigo decir. ¿Acabo de pedirle a un completo desconocido que me lleve a casa a dejar a mi perro antes de ir al hospital? – Si me dejas cerca de la carretera, cogeré un taxi.

–  Tengo el coche aquí, te llevaré. – Me dice sin inmutarse.

–  ¿Vienes a correr en coche? – Le pregunto al ver su atuendo deportivo.

–  Más o menos. – Me contesta. – Me gusta correr en el parque y, como vengo con el coche desde la oficina, paro antes de ir a casa y corro unos kilómetros. Por cierto, me llamo Álex.

–  Yo soy Eli. – Le contesto. – Vivo aquí cerca, no es necesario que te molestes…

–  No es ninguna molestia, no te preocupes. – Me contesta.

Álex camina conmigo en brazos y conforme nos acercamos a la calle donde tiene aparcado el coche, la luz de las farolas empiezan a dejarme ver mejor sus facciones hasta que su rostro queda totalmente iluminado. Es un hombre muy atractivo, de unos veinticinco o treinta años. Moreno y de ojos castaño oscuro, todo lo contrario de Norbert. Además, se nota que está fuerte y en plena forma, pues a pesar de que yo peso unos cincuenta kilos, ha caminado conmigo en brazos casi un kilómetro.

Llegamos a su coche, un Audi Q7 de color negro, me ayuda a acomodarme en el asiento del copiloto y me abrocha el cinturón de seguridad, mete a Thor en la parte trasera del coche y después se sienta en el asiento del conductor. Le doy mi dirección a Álex y en cuanto arranca saco mi móvil y llamo a Jaime, el guarda de seguridad de mi edificio:

–  Hola Jaime, soy Eli. ¿Te importaría salir un momento a la puerta del edificio y recoger a Thor para subirlo a casa? – Le pregunto. – Me he torcido el tobillo y voy a ir a que me lo miren.

–  ¿Está bien, señorita Eliana? ¿Quiere que llame a su padre para avisarle?

–  No, no es necesario que avises a nadie. – Le contesto rápidamente. Si mis padres se enteran serían capaces de ponerme una enfermera en casa las veinticuatro horas del día hasta que me recupere. – Solo necesito que subas a Thor a casa.

–  De acuerdo, la espero en la puerta. – Me contesta antes de colgar.

Cuando dos minutos después llegamos a mi edificio, Jaime ya está en la puerta esperándome. Álex sale del coche, saca a Thor atado con la correa y se acerca a Jaime para entregarle a Thor. Intercambian un par de frases de las que no puedo oír nada y Jaime me mira para asegurarse de que todo va bien. Le hago un gesto con la mano para indicarle que todo está bien y él asiente con la cabeza a modo de despedida, llevándose a Thor con él. Álex regresa al coche y, mientras lo arranca, me pregunta:

–  ¿A qué hospital vamos?

–  Mi mejor amiga trabaja en el hospital General, si no te importa, me gustaría ir allí. – Le respondo tímidamente.

–  Pues vamos al hospital General, entonces. – Me contesta sonriendo pícaramente y me pregunta alzando una ceja: – ¿No quieres avisar a alguien de que vas al hospital?

¿Está intentando preguntarme de manera sutil si tengo novio? Le miro y su mirada está fija en la carretera, no sonríe, pero sigue estando igual de atractivo que cuando lo hace.

–  Es mejor que no avise a nadie, créeme. – Le respondo. – Mis padres se empeñarían en que pasara unos días en su casa y, aunque los adoro, no pienso volver a vivir con ellos.

–  ¿Hace mucho que vives sola? – Me sondea con discreción.

–  Desde los dieciocho años. – Le contesto. – Pero regresé hace unos días a la ciudad y, mientras organizaba mi apartamento he vivido una semana en casa de mis padres. Fue como volver a tener quince años, como si el tiempo no hubiera pasado.

–  Y, ¿dónde has estado viviendo?

–  Hasta los veinte viví en un apartamento compartido con dos compañeras de la universidad. Después me fui un año a Múnich con una beca Erasmus y allí me quedé hasta hace unos diez días, más o menos.

–  ¿En Alemania? ¿Qué se te perdió allí?

–  La sensatez. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Aunque no me arrepiento, sería hipócrita por mi parte arrepentirme de algo que hice cuando realmente lo deseaba, a pesar de que hoy me he dado cuenta que lo que hice no sirvió de nada.

Álex me mira desconcertado y me sonríe divertido, probablemente estará pensando que soy la tía más rara con la que se ha encontrado y no le quito la razón. Aparca el coche en la entrada de urgencias del hospital y rápidamente se baja del coche y busca a un enfermero, le cuenta la situación (o al menos eso supongo yo) y el enfermero coge una silla de ruedas y lo acompaña al coche, desde donde yo los observo.

–  ¿Qué le ha pasado? – Me pregunta el enfermero.

–  Salí a correr con mi perro, me tropecé y me torcí un tobillo. – Le explico sin entrar en detalles.

El tipo nos mira de arriba abajo y finalmente, con la ayuda de Álex, me coloca en la silla de ruedas para entrar en urgencias.

–  Voy a dejar el coche en el parking, aquí no lo puedo dejar. – Me susurra Álex al oído y me pone la piel de gallina, pero no de miedo. – Volveré antes de que te hayas dado cuenta.

–  Álex no es necesario, de verdad. – Insisto de nuevo. – Ya has hecho bastante trayéndome al hospital y no quiero molestarte más.

–  Ya te he dicho que no es ninguna molestia, no se hable más. – Me dice sonriendo. – En dos minutos estoy aquí. – Se vuelve hacia el enfermero y le pregunta: – ¿A dónde la vas a llevar?

–  A urgencias de trauma. – Le contesta secamente.

–  Perdona, ¿podrías avisar a Helena Medina que Eli está aquí? – Le pregunto.

–  ¿Conoce a la doctora Medina? – Me pregunta confundido.

–  Es obvio, de lo contrario no preguntaría por ella. – Le contesto empezando a hartarme de su arrogancia. – Déjelo, mejor la aviso yo. – Le espeto sacando mi móvil del bolsillo y llamo a Helena. – Hola Helena, ¿estás en el hospital?

–  ¿Dónde iba a estar sino? – Me responde aburrida. – Y tú, ¿qué haces?

–  Pues he venido a verte. – Miento a medias.

–  Oh, Dios. ¿Qué te ha pasado? – Exclama Helena dejándome sorda. – ¿Dónde estás? ¿Estás en urgencias?

–  Tranquila, solo me he torcido un pie. – Trato de calmarla. – ¿Puedes venir a buscarme a la puerta de urgencias?

–  Estaré ahí en dos minutos, no te muevas. – Me dice Helena antes de colgar.

–  Helena estará aquí en dos minutos y me ha pedido que no me mueva. – Informo a Álex haciendo caso omiso del impertinente enfermero.

–  Aprovecho para aparcar el coche, espérame. – Me dice antes de subirse al coche e ir a aparcarlo.

Tal y cómo me había prometido, Álex regresa de inmediato, antes de que llegue Helena. Revisa mi tobillo con absoluta delicadeza para no hacerme daño y, tras examinarlo, me dice:

–  No soy médico, pero hasta yo puedo ver que tienes el tobillo inflamado. ¿Te duele mucho?

–  Al principio me dolía, pero lo podía soportar. – Le digo con total sinceridad. – Pero ahora se me está enfriando y me está empezando a doler más.

–  ¡Eli! ¿Qué coño ha pasado? – Me pregunta Helena asustándome. Mira de arriba a abajo a Álex y con tono amenazador le espeta: – Si le has hecho algo, te mato.

–  ¡Helena, basta! – La regaño. – ¿Es que te has vuelto loca?

–  El enfermero me ha dicho que estabas con un tío al que parecías no conocer de nada y ha sospechado que quizás estabas en apuros. – Se defiende Helena.

–  Álex, te presento a la loca de mi amiga Helena. – Le digo rodando los ojos y le pregunto con sorna: – ¿Entiendes ahora por qué te decía que no era buena idea avisar a nadie?

–  Te entiendo perfectamente. – Susurra en mi oído.

–  ¿Vas a contarme lo que ha pasado? – Me dice Helena impaciente.

–  Salí a correr con Thor, me tropecé y me torcí el tobillo. Álex me vio y vino a ayudarme y, además me ha traído al hospital. – Le recalco a Helena.

–  Si eso es cierto, ¿por qué Thor no se lo ha comido? – Me rebate Helena.

–  Últimamente se está volviendo un blandengue. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Helena me lleva en la silla de ruedas hasta la sala de rayos x y Álex nos sigue. Se muestra paciente y encantador, me ayuda a subir a la camilla para que Helena me haga la radiografía y después me deposita de nuevo en la silla de ruedas. Helena me lleva a la sala de curas y, después de decirme que me he hecho un pequeño esguince en el tobillo, me recomienda que guarde reposo absoluto durante tres o cuatro días y estaré como nueva.

Con el pie vendado, con la ayuda de una muleta y del fuerte brazo de Álex, que sostiene casi todo mi peso, salgo del hospital tras despedirme de Helena, que me susurra al oído, sin que la oiga Álex, que tenemos una conversación pendiente. La muy pervertida se cree que me lo quiero tirar.

Como un perfecto caballero, Álex me ayuda a subir a su coche y me lleva a casa, sin dejarme opinar al respecto.

Tú, yo y las estrellas 3.

Tú, yo y las estrellas

El lunes por la mañana, después de salir a correr con Thor, me doy una ducha, me pongo un traje de chaqueta y pantalón de color marfil con una blusa blanca sin mangas y acudo a la entrevista de trabajo que tengo concertada con el director de recursos humanos de Enjoy, una empresa que se dedica a la organización de eventos, entre ellos bodas de gente importante, conferencias, galas benéficas, inauguraciones de locales, hoteles, spas o cualquier otro negocio relacionado con eventos divertidos. Si me contratan, mi trabajo se basará en mantener contentos a los clientes y hablarles de lo bien que la empresa organiza los eventos para que nos elijan a nosotros y no a la competencia. Comparado con el trabajo que desempeñaba en la empresa de Norbert, esto será coser y cantar. La gente está más dispuesta a gastar dinero para divertirse que ha invertir en el negocio de otra persona.

Entro en el lujoso edificio donde se encuentran las oficinas de Enjoy y me dirijo al ascensor para subir a la quinta planta, donde se encuentra el departamento de recursos humanos. La chica de recepción me saluda amablemente y, tras corresponder su saludo, le digo:

–  Tengo una entrevista con Iván Salazar, el director de recursos humanos.

–  Oh, tú debes ser Eliana Robles, encantada de conocerte. – Me dice sonriendo. – Yo soy Cristina Durán, la recepcionista del departamento de recursos humanos. Te acompaño al despacho de Iván, te está esperando.

Cristina me acompaña hasta el despacho de Iván Salazar, llama a la puerta suavemente con sus delicados nudillos y la abre al mismo tiempo que anuncia mi llegada:

–  Iván, la señorita Eliana Robles ya está aquí.

–  Por fin nos conocemos en persona, señorita Robles. – Me dice Iván.

–  Por favor, llámame Eliana o, si lo prefiere, Eli. – Le respondo amablemente.

–  De acuerdo, pero entonces tendrás que llamarme Iván. – Me sonríe y añade: – Eli, lo cierto es que esta entrevista es más una reunión informal para llegar a un acuerdo en tu contrato. Sé cuál ha sido tu trayectoria y creo que es brillante pese a tu juventud. Cómo bien sabes, hace tiempo que deseamos que formes parte de Enjoy, creemos que aquí encajarás perfectamente. Eres el tipo de persona que buscamos para el perfil de director de relaciones públicas de Enjoy, una persona joven y dinámica pero a la vez experimentada y firme a la hora de tomar decisiones. – Me mira directamente a los ojos y añade: – No tienes por qué contestar si no lo deseas, pero siento curiosidad por saber por qué presentaste la dimisión en la empresa de los Weiner. Por lo que sé, allí todos te idolatran y hablo en presente porque ayer me pasé el día confirmando tus referencias.

–  Si has hecho los deberes cómo dices, sabrás que era la prometida de Norbert Weiner y que, tras romper el compromiso, dimití porque no quería seguir trabajando para su empresa.

–  El señor Norbert Weiner padre es un buen amigo mío y me ha confesado que su hijo tiene la esperanza de que vuelvas a Múnich, cree que se trata de una crisis temporal. – Me dice Iván lo más delicadamente que puede. – No quiero entrometerme en tus asuntos personales, pero como comprenderás no puedo contratarte si hay riesgo de que nos dejes tirados.

–  Acabo de mudarme y odio las mudanzas. – Le digo con naturalidad. – Puedes estar tranquilo, no tengo la menor intención de mudarme otra vez en toda mi vida y respecto a Norbert, a pesar de que no tengo por qué dar explicaciones sobre eso, te aseguro que nuestra ruptura es definitiva y te agradecería que, aunque seas amigo del señor Weiner, evitaras hablar con él sobre mí.

–  Clara y directa, me gustas. – Me contesta Iván divertido. – Estoy totalmente de acuerdo con tus condiciones, me parecen justas y aceptables. Como te dije por teléfono, te ofrecemos un salario un 10% superior al que tenías en Weiner y el horario sería de 8 a 15 horas de lunes a viernes, exceptuando la celebración de los eventos a los que deberás acudir. Tendrás un mes de vacaciones en verano, diez días en semana santa y otros diez días en Navidad. Si firmas hoy, empezarás a trabajar el lunes que viene.

–  Supongo que en el contrato podemos añadir una clausula donde se especifique que estaré un mes de prueba, por si a alguna de las dos partes se arrepiente. – Le comento.

–  Por supuesto, está incluida desde que hablamos por teléfono, tal y como te prometí. – Me contesta divertido. – Entonces, ¿firmas y empiezas el lunes?

–  Firmo y empiezo el lunes. – Le confirmo.

Iván me entrega el contrato y espera pacientemente a que yo lo lea y lo revise, punto por punto, antes de firmarlo. Cuando por fin firmo, Iván me estrecha la mano y me dice:

–  El lunes te esperamos a las ocho de la mañana, nos reuniremos con el director general de Enjoy y con los directivos del resto de departamentos para hacer tu presentación. Te facilitaremos un teléfono móvil de empresa, un ordenador portátil y te daremos algo de tiempo para que te acomodes en tu nuevo despacho antes de la reunión, pero deberás llegar puntual, el jefe tiene otra reunión a las doce.

Nos despedimos e Iván me acompaña hasta el ascensor. Al pasar por la recepción me despido de Cristina guiñándole un ojo con complicidad y ella me devuelve el gesto.

Como es pronto, estoy de buen humor y tengo asegurado un futuro laboral, decido pasarme por un concesionario y comprar el coche que llevo deseando comprar desde que vine con mi padre y con Jorge la semana pasada. El BMW 118 de color negro que hay en el escaparate está diseñado para mí. Sin dudarlo ni un segundo, entro en el concesionario y me dirijo directamente al tipo que me atendió la semana pasada, pero está ocupado y espero a que termine de hablar a una distancia prudencial.

–  Disculpe señorita, ¿puedo ayudarla? – Me dice otro de los dependientes.

–  Gracias, pero me gustaría esperar a que me atendiera aquél señor, me atendió la semana pasada. – Le contesto.

–  Oh, claro. – Me contesta decepcionado. – Le avisaré de que le está esperando.

En cuanto le avisan de mi presencia, el vendedor deja a sus clientes en manos de su compañero y se acerca hacia a mí con una sonrisa en los labios:

–  Señorita Robles, ¿ha tomado una decisión?

–  Sí, me lo llevo. – Le respondo sonriendo alegremente.

Una hora más tarde salgo del concesionario siendo propietaria de un coche, aunque no lo podré conducir hasta el viernes que lo hayan matriculado.

Llamo a mi hermana Rocío y quedo a comer con ella y contarle las nuevas noticias.

–  Si la tía Lola estuviera aquí te diría que solo te hace falta un hombre para que tu vida pudiera ser perfecta. – Se mofa mi hermana.

–  Creo que la tía Lola se llevará un disgusto conmigo, porque no pienso tener novio en un futuro próximo. – Le contesto divertida. Iker, el hijo pequeño de seis meses de mi hermana, empieza a llorar y mi hermana me mira con las manos llenas de chocolate de la tarta que está haciendo. – Déjalo, ya voy yo a por Iker. – Le digo levantándome para ir en busca de mi sobrino. – Enano, no veas los pulmones que tienes.

Cojo al pequeño en brazos y deja de llorar al instante, no sabe nada el enano este. Regreso a la cocina con mi hermana y la veo lavándose las manos y empezar a preparar la comida de Iker.

–  Te queda muy bien un niño en brazos. – Bromea mi hermana.

–  Quita, quita. – Le digo tocando la encimera de madera. – De momento, con Thor ya tengo bastante.

Entre risas y bromas, mi hermana y yo comemos mientras nos turnamos a Iker en brazos que es como un muñeco. El pobre solo llora cuando tiene hambre.

A las cinco de la tarde, acompaño a mi hermana al colegio a buscar a mi sobrina Nerea de cinco años, una mocosa divertida y graciosa que te deja sin palabras. En cuanto me ve a la salida del colegio, Nerea corre a abrazarme y se tira a mis brazos con ímpetu:

–  ¡Tita Eli, has venido! ¿Me vas a llevar a ver a Thor?

–  Hoy no, princesa. – Le digo a mi sobrina besándola en la mejilla. – Pero te prometo que el sábado por la mañana te iré a buscar a casa y te llevaré con Thor. Después podemos ir a comernos una de esas hamburguesas que tanto te gustan, ¿qué te parece?

–  ¡Chachi! – Grita mi sobrina encantada. – Ya verás cuando se lo cuente a la repipi de Miriam, ella me decía que tú no me querías llevar con Thor. Me voy a llevar la cámara de fotos y le voy a enseñar a Thor y le voy a decir que como vuelva a meterse conmigo le diré a Thor que se la coma. Ya verás cómo así me deja tranquila, tita.

Me quedo con la boca abierta, igual que se ha quedado mi hermana. ¡Esta niña es un demonio! Mi hermana y yo nos miramos y nos echamos a reír, sin duda alguna mi sobrina Nerea es una Robles de los pies a la cabeza.

Paramos un rato en el parque donde Nerea juega con sus amigos orgullosa de que su tita la mire desde el banco sentada con su madre.

–  Menudo personaje está hecha tu hija. – Me mofo riendo. – ¿Te acuerdas cómo éramos nosotras a su edad? Nerea es igual.

–  ¡Díselo a mi marido! El pobre espera que Iker saque su carácter porque como saque el nuestro no va a poder con los tres. – Bromea Rocío. – Jorge es un santo.

–  Me alegro de que mi cuñado te trate como a una reina, no te mereces menos. – Le digo a mi hermana abrazándola. – Por cierto, ¿qué tal te fue la noche del sábado?

–  Solo te diré que cada vez que lo recuerdo me tiemblan las piernas y no de miedo precisamente. – Me dice riéndose. – Hemos acordado que el primer sábado de cada mes saldremos los dos solos, sin niños de por medio.

–  Eso es bueno, no debéis dejar que se apague la pasión.

Después de pasar la tarde con mi hermana y mis sobrinos, regreso a casa a las ocho de la tarde. Me pongo un pantalón corto y una camiseta de tirantes y salgo a correr con Thor, ambos necesitamos hacer ejercicio. Como ya es habitual, nos dirigimos al mismo parque de siempre y allí lo suelto para que corra libremente a mi lado, sin necesidad de ir atado a una correa.

Tú, yo y las estrellas 2.

Tú, yo y las estrellas

Cuando salgo del baño ya duchada, Carol ya ha preparado las copas y está acariciando a Thor, que a pesar de lo poco sociable que es, parece que Carol le ha caído bien.

Entro en el salón y me siento a su lado en el sofá. Carol me mira un poco ruborizada y me dice:

–  Debes creer que estoy loca.

–  Si contamos esta historia, estoy segura de que creerán que la loca soy yo. – Bromeo. – ¿Quieres hablar de lo que ha pasado?

–  El chico con el que estaba en el parque es Fabián, mi ex novio desde esta misma noche. – Me empieza a decir y los ojos se le vuelven a llenar de lágrimas. – Esta noche daba una fiesta en su casa, pero yo tenía que ir a cenar a casa de mi abuela, que hoy es su cumpleaños. Le dije a Fabián que me pasaría por su casa en cuanto saliera de casa de mi abuela, pero que no llegaría antes de la una de la madrugada. Mi abuela, que sabía lo de la fiesta, me obligó a marcharme nada más cenar para que no me perdiera la fiesta de Fabián y yo me fui hacia su casa, donde llegué a las once y media de la noche. – Hace una pausa para beber un trago de su copa de tequila y continua hablando: – Cuando llegué a su casa ya estaba llena de gente, casi todos borrachos, pero no encontraba por ninguna parte a Fabián, así que subí al piso superior y fui directamente a su habitación, donde me lo encontré en la cama con Blanca, mi supuesta mejor amiga. Les grité que me daban asco y me largué hecha una furia, pero Fabián salió corriendo detrás de mí hasta que me alcanzó en el parque, donde tú me encontraste.

–  Lo siento. – Le digo con sinceridad. – Sé lo que se siente en tu situación.

–  Cuéntame tu historia.

–  ¿Mi historia? Es más una historia de terror que otra cosa. – Bromeo. – Me fui de Erasmus a Múnich y allí conocí a Norbert, un alemán que me hechizó. Estaba tan enamorada que me quedé a vivir en Múnich, dejando atrás a mi familia y a mis amigos en España solo por estar con él. Los primeros cuatro años fueron maravillosos, terminé la carrera, empecé a trabajar como relaciones públicas en la empresa del padre de Norbert y mi eficaz trabajo se vio recompensado con más trabajo y un mejor sueldo, pero apenas me dejaba tiempo para mí. Supongo que por eso se lío con su secretaria. Ese mismo día recogí todas mis cosas del apartamento que compartíamos y me fui a casa de una amiga. Dos semanas más tarde dimití y empecé a organizar toda mi vida desde cero, así que decidí regresar al origen. Llegué hace una semana y desde entonces he estado organizando el apartamento y viviendo en casa de mis padres, hoy es la primea noche que voy a dormir aquí.

–  Esto no puede ser, somos dos mujeres espectaculares, inteligentes, independientes y que no necesitan a un hombre a su lado para ser felices. – Me dice Carol bebiéndose de un trago su copa. – A partir de hoy, los hombres de esta ciudad temblarán al vernos pasar.

Llenamos nuestras respectivas copas y brindamos por el poder de las mujeres, por el inicio de una buena amistad y por una noche de borrachera.

La botella de tequila se vacía con gran rapidez y ambas, completamente borrachas, nos quedamos dormidas en el mismo sofá del salón.

Cuando me despierto a la mañana siguiente, Carol ya está levantada y se ha molestado en preparar el desayuno.

–  Ya sé que debería haberte pedido permiso para usar la cocina, pero creí que lo menos que podía hacer para agradecerte lo que hiciste anoche por mí era hacerte el desayuno. – Me dice tímidamente.

–  Si vas a prepararme un desayuno cómo ese, puedes quedarte a dormir aquí siempre que quieras. – Le contesto alegremente. – Aunque, la próxima vez, será mejor que cada una duerma en una cama porque dormir en el sofá es horrible.

Nos sentamos a desayunar y, cuando terminamos, Carol me ayuda a recoger el apartamento. Carol se da una ducha y le dejo algo de ropa limpia para que regrese a casa. Intercambiamos los números de teléfono y quedamos en volver a vernos esta misma noche para celebrar que somos mujeres solteras e independientes que no necesitan a ningún hombre a su lado.

Decido llamar a Helena, tal y como le prometí a mi hermana, y la pongo al corriente de los planes de esta noche, sabiendo de antemano que aceptará la invitación encantada. Helena es de las que piensa que los hombres solo sirven para una cosa y algunos ni siquiera para eso.

–  ¡Por supuesto que cuentas conmigo, no me perdería una salida de chicas ni por todo el oro del mundo! – Exclama Helena al otro lado del teléfono. – Nos vemos en el restaurante italiano que hay al lado de mi casa, ¿o prefieres ir a un japonés?

–  El italiano está bien, no sé si el japonés le gustará a Carol.

Esa misma noche, Carol me viene a buscar a casa y ambas vamos en su coche hasta el restaurante italiano donde nos espera Helena. Hago las presentaciones pertinentes y nos sentamos en una de las mesas. Como las tres somos de la misma edad, tenemos muchas cosas en común y conectamos estupendamente, a pesar de que las tres somos muy diferentes.

–  Fabián ha venido esta mañana a casa y le he tenido que decir a mis padres que ya no estábamos juntos. – Nos dice Carol. – Aunque ha sido un momento de lo más incómodo, no sabéis qué aliviada me he sentido cuando se lo he contado. No les he contado que me había puesto los cuernos con Blanca, para eso todavía no estoy preparada.

–  Yo no se lo conté a mi familia hasta que regresé a España, casi dos meses después de haberlo dejado con Norbert. – Les confieso. – Un mes antes de regresar les llamé y les dije que lo había dejado con él y que regresaba, pero no les confesé que me había sido infiel hasta que llegué y todos me sometieron a un interrogatorio de tercer grado.

–  Espero que esto os haya servido para no volver a confiar en los hombres, tenéis que tratarlos como ellos nos tratan a nosotras, como objetos sexuales. – Nos dice Helena riendo.

Cenamos mientras charlamos y bebemos vino tinto, entre bromas y risas. Del restaurante decidimos ir a un pub que hay cerca, allí bailamos al ritmo de salsa y seguimos bebiendo.

–  Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. – Les confieso mientras meneo mi cuerpo al ritmo de la música.

Todas nos reímos y nos miramos divertidas cuando un grupo de chicos se unen a bailar con nosotras. El rubio de ojos azules me coge por la cintura y me guía en los pasos. Es un buen bailarín, pero sus ojos azules y su pelo rubio me recuerdan demasiado a Norbert, así que me deshago de él en cuanto la canción termina.

–  Has hecho bien, ese tío es un doble del idiota de tu ex. – Me susurra Helena.

–  A partir de ahora, solo quiero hombres morenos de ojos oscuros. – Bromeo. – Creo que pasaré de los rubios con ojos azules durante un tiempo.

Las tres nos reímos y decidimos dejar de bailar un rato para dirigirnos a la barra y pedir otra ronda de bebidas. Había olvidado cómo son los españoles a la hora de ligar, tan directos y ardientes, nada que ver con los alemanes, que son fríos y distantes.

Helena les pone ojitos a todos los hombres que se nos acercan, Carol les saluda amablemente pero incómoda y yo, con toda la indiferencia del mundo, me los quito de encima como si de moscas se trataran. Al verme, Helena suelta una carcajada y me dice divertida:

–  Tanto tiempo en Alemania te ha vuelto fría y calculadora como los alemanes, ¿es que no te acuerdas de la sangre caliente que corre por tus venas?

–  Ahora mismo lo que corre por mis venas es hielo. – Le respondo.

–  Hace dos meses que lo dejaste con Norbert y desde entonces estás en abstinencia total, ¡eso no es bueno para la salud, ni física ni mentalmente hablando! – Exclama Helena.

–  ¿Dos meses? Yo no creo que sea capaz de aguantar tanto sin sexo. – Se lamenta Carol.

–  No pienso acostarme con el primer hombre que pase, no tengo necesidad de hacerlo. – Les digo sin opción a réplica. – Al menos no por ahora, de aquí a unos días ya veremos…

Todas nos echamos a reír y brindamos por nosotras mismas. La noche se alarga bastante y cuando llego a casa son más de las cinco de la mañana. Jaime me saluda al verme entrar en el portal y noto como se dibuja una sonrisa en sus labios al ver mi estado de embriaguez.

–  Eliana, ¿necesita ayuda? – Me pregunta cuando me tropiezo al subir un escalón.

–  Gracias Jaime, pero creo que puedo sola. – Le respondo bromeando. – Siempre y cuando funcione el ascensor, de lo contrario me veo incapaz de subir las escaleras.

De todas formas, Jaime decide acompañarme. Entra conmigo en el ascensor y me ayuda a abrir la puerta de casa, después de que yo lo hubiera intentado sin éxito más de diez veces. Con toda la paciencia del mundo, Jaime abre la puerta, deja mis llaves sobre el cuenco de la entrada y me desea las buenas noches antes de salir y regresar a su puesto de trabajo.

Menudo espectáculo, creo que no voy a poder volver a mirar a la cara a Jaime. Por suerte, no he llegado a caerme ni tampoco he vomitado, de lo contrario mañana tendría que mudarme.

Estoy demasiado cansada para salir a pasear con Thor, así que le acaricio la coronilla y le digo con un tono de voz dulce y delicada:

–  He bebido demasiado para salir ahora a pasear, pero te prometo que me levantaré temprano y te llevaré a correr al parque.

Thor asiente con la cabeza y menea la cola. Me da un lametón en la mano y regresa a tumbarse donde estaba antes de que yo llegara. Este perro entiende todo lo que le dicen, a veces me pregunto si realmente es un perro o un humano disfrazado de perro.

Decido irme a dormir antes de que todo empiece a darme vueltas, hacía demasiado tiempo que no bebía y me emborrachaba como lo he hecho esta noche.