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Tu hada de la suerte 13.

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Cuando llegamos a casa de Mike mi achispamiento, por no llamarlo borrachera, ha ido en aumento y tengo ganas de fiesta. Salgo del coche sonriendo alegremente y entro en casa. Saludo a Steven, el siniestro y poco hablador mayordomo de Mike, y me voy directa a la cocina mientras Mike le ordena que suba mi equipaje a la habitación de invitados.

En la cocina Carmen ya está empezando a preparar lo que será la cena. La saludo cariñosamente y ella me devuelve el saludo de la misma forma:

–  Estás muy contenta, mi niña.

–  Se ha bebido tres vasos de licor casero, está más que contenta. – Oigo a Mike detrás de mí, no demasiado contento.

–  Deberías tomarte un par de vasos más del licor ese, te vendría bien relajarte un poco. – Le replico molesta. ¿Por qué me quiere cortar el rollo? – No te va a hacer daño divertirte un poco.

Mike me mira alzando las cejas totalmente incrédulo y Carmen, que no entiende nada de lo que está pasando, decide salir de la cocina y desaparecer.

–  A lo mejor tenemos formas distintas de divertirnos. – Comenta Mike ¿enfadado? Y añade antes de salir de la cocina: – Ya veremos lo mucho que te diviertes mañana.

Sí, está enfadado. Abro la nevera y encuentro una de esas botellas de licor casero. Mmm… Cojo una botella y un par de copas y atravieso el pasillo para dirigirme al despacho de Mike donde estoy segura que se encuentra. La puerta está cerrada y llamo antes de entrar, pero no espero respuesta. Abro la puerta y me lo encuentro sentado frente al escritorio con las manos en la nuca. Nuestras miradas se cruzan y lanza un sonoro suspiro.

–  ¿Qué te parece si me cuentas esas otras distintas formas de divertirte que tienes mientras nos tomamos una copa de este licor casero? – Le propongo en son de paz.

–  No me tientes, pequeña hada de la suerte. – Susurra Mike.

–  Óscar Wilde decía que la mejor forma de librarse de la tentación es caer en ella. – Le respondo cerrando la puerta y sentándome frente a él en una de las esquinas de la mesa. Sirvo un poco de licor en ambas copas y le entrego una a Mike al mismo tiempo que le digo: – Una copa conmigo, tan solo te pido eso. ¿Qué me dices?

Mike entrechoca su copa con la mía antes de dar un largo trago y bebérsela entera.

–  ¿Contenta? – Me pregunta con sarcasmo.

–  No, en absoluto. – Le contesto molesta.

Estoy a punto de bajar de la mesa cuando Mike se pone en pie frente a mí, me agarra por la cintura para impedir que me mueva de donde estoy y me pregunta con voz ronca:

–  ¿Cómo quieres que nos divirtamos, Milena?

Me quedo sin habla, esto no me lo esperaba. ¿Se me está insinuando? Sí, está claro que sí. Sigue esperando mi respuesta, pero las palabras no salen de mi boca. ¿Me he quedado muda?

–  Respóndeme, Milena. – Me ordena mirándome a los ojos.

–  Dímelo tú. – Le respondo desafiante. – Me has dicho que tienes otras formas de divertirte, enséñamelas.

Nos miramos fijamente a los ojos durante varios segundos. Ninguno de los dos dice nada en ese espacio de tiempo, pero nuestros ojos hablan por sí solos. Deseo, pasión y lujuria es lo que ambos sentimos, lo que ambos buscamos y lo que ambos hemos encontrado.

Estoy a punto de hablar cuando Mike acerca sus labios a los míos y me besa. Me besa primero con cautela, rozando sus labios con los míos, esperando a que le dé acceso a mi boca para introducir la lengua y entonces el beso se vuelve más intenso, más salvaje. Se coloca entre mis piernas y me estrecha contra su cuerpo mientras mis manos le envuelven la nuca y mis dedos se enredan en su pelo. Me tumba sobre la mesa sin dejar de besarme, pero acto seguido me incorpora y se separa de mí al mismo tiempo que me dice con voz ronca:

–  Milena, no podemos seguir con esto.

–  ¿No soy lo suficiente divertida para ti? – Le pregunto con descaro por el efecto del licor casero.

–  Has bebido alguna copa de más, no quiero que mañana cuando te despiertes te arrepientas de lo que estábamos haciendo. – Me da un rápido beso en los labios y añade: – Tienes que comer algo, después si quieres continuaremos con esta conversación.

Mike me ayuda a bajar de la mesa y, tras adecentar nuestras ropas, salimos del despacho y regresamos juntos a la cocina, donde Carmen ya está sirviendo la cena. La mesa está preparada solo para dos y cuando Carmen termina de servir los platos, nos desea buenas noches y se retira a su habitación dejándonos a solas.

–  Creo que hemos incomodado a Carmen. – Comento avergonzada.

–  No te preocupes por eso y come. – Me ordena con dulzura.

–  ¿Dónde está Joe?

–  Joe es el responsable de la seguridad en la casa, está haciendo su trabajo. – Me responde sin darle importancia al asunto.

Apenas soy capaz de comer algo, pero hago un esfuerzo tras la insistencia de Mike y tengo que reconocer que después de comer un poco me siento mucho mejor. Puede que aún esté un poco achispada, pero mi cabeza ya empieza a funcionar con lucidez.

–  Vamos, necesitas descansar. – Me dice Mike colocando su brazo alrededor de mi cintura para guiarme hasta la puerta de mi habitación. – Y ahora a dormir, pequeña.

–  No tengo sueño, no quiero dormir. – Protesto como una niña consentida.

–  Está bien, ve a ponerte el pijama y no tardes, regreso en dos minutos. – Me dice sonriendo, dispuesto a consentirme. – Solo dos minutos. – Añade mientras camina por el pasillo para dirigirse a su habitación.

Entro en mi habitación y me pongo el pijama: una camiseta blanca de tirantes con encaje en el escote y un culote a juego. No es lo más recatado para estar con mi jefe, pero tampoco tengo otro tipo de pijama y no quiero pensar ahora que Mike es mi jefe.

Mike regresa a mi habitación justo cuando acabo de cambiarme. Me mira y sus ojos lo dicen todo, es como un lobo hambriento y yo soy su presa.

–  No me lo estás poniendo nada fácil. – Murmura Mike pasándose las manos por la cabeza.

–  Tú tampoco me lo pones fácil. – Le reprocho divertida. Me tumbo boca arriba sobre el lado izquierdo de la cama y enciendo el televisor antes de añadir: – ¿Quieres que veamos una película?

–  Eso suena bien. – Opina Mike.

–  Pues ven aquí. – Le digo dando unas palmadas sobre el lado derecho de la cama, invitándole a tumbarse conmigo.

–  Muy difícil. – Me repite sonriendo antes de acostarse a mi lado. – ¿Qué película quieres ver?

–  Está a punto de empezar Safe, de Jason Statham. – Le digo entusiasmada, pues me encanta Jason Statham y sus películas. – ¿Te parece bien?

–  ¿Una película de acción? No dejas de sorprenderme. – Comenta divertido.

Nos acomodamos en la cama para ver la película y Mike me atrae hacia a él hasta que mi cabeza queda sobre su hombro y me envuelve con sus brazos. Permanecemos así durante todo el tiempo que dura la película y cuando termina, Mike me besa en la frente y me susurra:

–  Es hora de irse a dormir, pequeña hada.

–  No te vayas. – Le pido con un hilo de voz cuando deja de abrazarme. – Quédate conmigo esta noche.

Mike se pasa las manos por la cabeza, murmura algo que no entiendo, apaga la televisión y me envuelve de nuevo entre sus brazos antes de añadir:

– Sigues poniéndomelo difícil, pero me gustan los retos.

–  Eres tú quien se empeña en ponerlo difícil. – Le respondo antes de quedarme dormida.

Tu hada de la suerte 12.

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Sin poder dejar de sonreír ni de mirar los lirios que Mike me ha regalado, pienso que debería darle las gracias a por el detalle, pero decido esperar unos minutos para que Norma no sospeche, si es que no sabe nada. Pasados veinte minutos, salgo de mi despacho y me dirijo al despacho de Mike. Golpeo con la mano suavemente la puerta y espero a que me invite a pasar antes de entrar.

–  Adelante. – Escucho su voz al otro lado de la puerta. Abro la puerta, entro en su despacho y cierro la puerta de nuevo. Me vuelvo hacia a él sin poder ocultar mi sonrisa y añade bromeando: – Espero haber acertado, no me gustaría saber que esos preciosos lirios acaban en la papelera.

–  Gracias, no tenías que haberte molestado pero has conseguido sacarme una sonrisa después de una mañana horrible.

–  No sabes cuánto me alegra que me digas eso. – Me dice mostrándome su sonrisa perfecta. – Estaba a punto de ir a buscarte, ¿estás lista para ir a comer a casa de mis padres?

–  Supongo que sí. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Diez minutos más tarde, ambos nos dirigimos a casa de los Madson en el coche de Mike. Joe no nos acompaña y lo prefiero, bastante incómodo va a ser mi papel como para tener otro espectador.

Llegamos a una villa enorme situada a las afueras de la ciudad y me tenso al instante. He leído que Mike hizo su propia fortuna y he dado por hecho que venía de una familia de clase media, pero por lo visto me he equivocado con mis suposiciones.

–  Ya hemos llegado. – Me informa atravesando la villa por el largo sendero y aparcando el coche frente a la puerta principal de la enorme casa.

Salimos del coche y la puerta principal se abre al mismo tiempo que aparece una mujer de unos cincuenta y pocos años acompañada de Kate, la hermana pequeña de Mike. Ambas nos reciben con una amplia sonrisa y Mike las saluda con un breve abrazo antes de volverse hacia a mí y hacer las presentaciones oportunas:

–  Milena, te presento a mi madre, Bianca. Y ya conoces a mi hermana Kate.

–  Encantada de conocerla, señora. – La saludo educadamente.

–  Lo mismo digo, querida, pero llámame Bianca por favor. – Me dice la madre de Mike amablemente.

–  Me alegro de verte, Milena. – Me saluda Kate y bromea: – Pensaba que mi hermano se inventaría una excusa para seguir teniéndote escondida de nosotros.

Mike envuelve su brazo alrededor de mi cintura y un ligero estremecimiento se apodera de todo mi cuerpo haciendo que desee aún más su contacto. Nuestras miradas se encuentran y puedo ver como sus ojos brillan de deseo igual que deben estar brillando los míos.

–  Será mejor que entremos en casa, está empezando a llover. – Sugiere Mike.

Bianca nos hace pasar a un gran salón donde nos sentamos mientras le pide a la asistenta que nos traiga algo de beber. Mike se sienta a mi lado en uno de los sofás y Bianca y Kate se sientan en el sofá de enfrente. La asistenta regresa con nuestras bebidas y la madre de Mike empieza a interrogarme:

–  ¿Eres de la ciudad, Milena?

–  No, soy de Beach Ville, hace apenas un par de meses que me mudé a Highland. – Le respondo.

–  ¡Oh, qué bonito lugar! Philip y yo veraneábamos allí cuando éramos novios. – Exclama Bianca con melancolía en sus ojos. – Es un sitio fantástico para los enamorados, deberíais ir allí unos días para relajaros y disfrutar el uno del otro, estoy segura que no sois capaces de desconectar del trabajo.

Me atraganto, literalmente. Mike me da unos golpecitos en la espalda hasta que la tos cesa y después, volviéndose a su madre, la regaña:

–  Mamá.

–  ¡Pero si no he dicho nada malo! – Protesta Bianca. – Además, estoy segura de que a Milena le gustará ir a visitar a su familia y amigos.

–  Mi familia ya no vive en Beach Ville, se mudaron a Springs Ville cuando me fui a la universidad. – Le digo cuando recupero el habla. Mike no deja de acariciarme la espalda, no sé si por tratar de calmarme o para pedirme que les siga la corriente y, como todos esperan que diga algo, añado colocando mi mano izquierda sobre la rodilla de Mike: – Pero sí que tenemos pensado irnos unos días para desconectar del trabajo.

–  Si no lo veo, no lo creo. – Dice Kate incrédula. – Mi hermano que decía que no necesitaba a una mujer en su vida para ser feliz ahora sonríe como un idiota cuando te mira.

–  ¡Kate! – La regaña su madre.

–  No me malinterpretes, me encanta que por fin tenga novia y se tome la molestia de presentarnos oficialmente, pero estoy sorprendida. – Me explica Kate con naturalidad. – Me alegro de que al menos seas una chica normal y no una de esas Barbies snobs y pijas con las que pensé que acabaría…

–  Kate, ¿qué modales son esos? – Pregunta una voz masculina con tono severo. Me vuelvo y veo a un hombre de unos cincuenta y cinco años. Se acerca hacia a dónde yo estoy y me dice con una perfecta sonrisa al mismo tiempo que me ofrece su mano para saludarme: – Tú debes de ser Milena, ¿verdad? Yo soy Philip, el padre de Mike.

–  Encantada de conocerle, Philip. – Le respondo estrechándole la mano.

–  Tengo que reconocer que Mike tiene muy buen gusto, eres preciosa. – Me alaga Philip. – Y tengo entendido que además eres una chica inteligente y responsable, no podría haber hecho una elección mejor.

Philip se sienta junto a su esposa y su hija y los cinco continuamos charlando. Los padres y la hermana de Mike quieren saberlo todo sobre mí y Mike sale en mi ayuda cuando sugiere que pasemos al comedor.

Su familia es encantadora y me tratan como a una más. Kate es muy divertida y enseguida congeniamos, tan solo es dos años mayor que yo y tenemos muchas cosas en común.

Después de comer y de tomarnos el café, Philip nos ofrece una copa de un licor casero que elaboran con la receta de su bisabuelo y acepto encantada.

–  Bebe despacio, es un licor bastante fuerte. – Me susurra Mike al oído.

Doy un pequeño primer sorbo pero el licor no está nada fuerte, es más bien dulce y digo:

–  Mmm… Está muy bueno.

Todos sonríen al escuchar mis palabras y dos horas después me he bebido tres vasos de ese licor. Cuando Kate va a servirme el cuarto, Mike la detiene, me quita el vaso de entre las manos y cuando lo miro molesta me susurra al oído:

–  Es fuerte y no estás acostumbrada, me lo agradecerás más tarde, créeme.

–  Parece que ha dejado de llover, ¿por qué no le enseñas el jardín a Milena? – Propone Bianca. – A pesar de que estamos en otoño, el jardín está tan lleno de flores como en primavera.

No sé si la madre de Mike quiere darnos un poco de intimidad o si lo que quiere es que desaparezca un rato para poder hablar de mí con su marido y su hija, el caso es que la idea de salir para que me dé el aire me resulta fabulosa, ya estoy empezando a notar el efecto del licor.

Salimos al jardín trasero por la puerta del salón y Mike me guía por un pequeño camino que nos adentra en una zona con árboles, plantas y flores. Doy un traspié, Mike coge al vuelo antes de llegar a estamparme contra el suelo y me dice con tono burlón:

–  Te dije que era un licor fuerte y que no abusaras.

–  ¡He bebido menos que tu madre y tu hermana! – Le replico.

–  Pero ellas están acostumbradas al licor y tú no. – Me contesta con paciencia. – Ven, nos sentaremos aquí y así te dará un poco el aire.

Mike me guía hasta un banco en mitad de una explanada rodeado de flores y me sienta a su lado, tan pegada a él que prácticamente estoy casi encima. Estoy mareada y, aunque nunca me había achispado tan rápido bebiendo tan poco, tengo que reconocer que ese licor casero es fuerte pese a saber dulce.

–  ¿Estás enfadado conmigo? – Le pregunto poniendo cara de no haber roto un plato en mi vida.

–  No, claro que no me he enfadado. – Me contesta sonriendo. – Pero si me hubieras escuchado…

–  Hablas como Tom. – Le reprocho. – Tengo derecho a equivocarme y a cometer mis propios errores, sé que a veces esos errores se pagan muy caro, pero es la mejor manera de aprender.

–  ¿Va todo bien con Tom? – Pregunta Mike con precaución.

–  Más o menos, estaba un poco enfadado conmigo pero se ha olvidado del tema en cuanto ha confirmado que Daniel está en la ciudad.

–  ¿Por qué estaba Tom enfadado contigo?

–  Cree que no debo involucrarme en los asuntos personales de mi nuevo jefe y supongo que tiene razón, pero creo que ha cambiado de idea esta mañana. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Ha cambiado de idea?

–  Creo que ha visto que eres un buen tipo y se le ha pasado un poco. – Al ver la cara de desconcierto de Mike, añado: – Tom es como mi hermano mayor, es demasiado protector conmigo.

Tras un rato de breve charla en el precioso jardín de los Madson, Mike y yo regresamos a la casa para despedirnos de sus padres y su hermana. Kate insiste en quedar mañana por la tarde para ir de compras y yo acepto, aunque por el rabillo del ojo veo el gesto de desaprobación de Mike.

Antes de regresar a casa de Mike pasamos por el apartamento de Tom para recoger mis cosas. Voy a pasar toda la semana en su casa y el viernes viajaremos a Rusia, así que preparo un par de maletas con ropa para dos semanas y nos dirigimos a casa de Mike.

Tu hada de la suerte 11.

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Trato de serenarme y pensar con claridad. Puede que Daniel ni siquiera esté en la ciudad, puede que haya encargado por internet el envío de las flores.

Decido llamar a Tom, aunque puede que siga enfadado conmigo… Lo llamo de todos modos.

–  Hola Tom. – Lo saludo cuando descuelga.

–  Milena, estoy entrando en el Luxe, venía a verte porque necesito contarte algo.

–  Creo que Daniel está en la ciudad.

–  Lo sé, Milena. – Me responde resignado. – Dame dos minutos y estoy en tu despacho.

Tom cuelga y dos minutos después aparece en mi despacho, tiempo suficiente como para que vaya atando cabos.

–  ¿Desde cuándo lo sabes? – Le pregunto furiosa.

–  Me pareció verlo el sábado en el pub, por eso estaba tan alterado cuando regresaste a casa acompañada de tu jefe. – Me explica Tom afligido. – Ayer salí a correr y me pareció volver a verlo, así que estuve buscándolo todo el día pero…

–  ¿Por qué no me has dicho nada? – Le espeto furiosa. – ¡Joder, creo que es él quien ha enviado las fotografías a Mike!

–  ¿De qué estás hablando?

–  Ayer por la mañana un motorista dejó un sobre con fotografías en el buzón de casa de Mike. – Le resumo rápidamente. – Todas las fotografías son del sábado y en todas aparecemos Mike y yo. Si Daniel está en la ciudad desde el sábado nadie lo habrá visto en el pueblo, ¿puedes llamar a tus padres para preguntarles?

–  Sí, ahora mismo los llamo. – Me responde Tom. Se percata del ramo de rosas y añade: – Tienes otro ramo igual en casa, ¿son de Daniel?

Asiento con la cabeza y Tom llama a sus padres para averiguar cualquier cosa sobre Daniel. Tras una breve charla, Tom cuelga y me dice preocupado:

–  Nadie lo ha visto desde hace cuatro días. Mi padre dice que desde que te fuiste las veces que ha visto a Daniel iba borracho y puede que drogado.

Alguien golpea suavemente la puerta de mi despacho y cuando se abre aparece Mike, que se sorprende al encontrarme con Tom.

–  Lo siento, no sabía que estabas ocupada… – Se disculpa Mike volviendo a cerrar la puerta.

–  No te vayas, Mike. – Le digo antes de que se marche. – Tengo que decirte algo.

–  ¿Va todo bien? – Me pregunta preocupado.

Espero a que se siente en el sillón de al lado donde Tom está sentado y le digo:

–  Creo que sé quién ha hecho las fotografías. – Mike me mira a mí y después mira a Tom, pero no dice nada y yo prosigo: – Creo que es mi ex.

Mike me mira inexpresivo, no sé lo que le está pasando por la cabeza y empiezo a ponerme nerviosa y Tom sigue con su cantinela:

–  Milena, Daniel no parará hasta que se encuentre contigo y es peligroso. Sabe dónde trabajas, sabe dónde estás viviendo y, por lo que me cuentas, parece que te tiene controlada. – Suspira profundamente y añade: – Tengo que ir a trabajar, pero prométeme que no irás sola a ninguna parte. Llámame cuando quieras regresar a casa y vendré a buscarte.

–  No es necesario, yo me encargo de todo. – Interviene Mike sin aceptar réplicas.

Tom y Mike se mantienen la mirada y finalmente Tom le dice a Mike:

–  Lo último que sé de él es que la mayor parte del tiempo está borracho y puede que drogado, es un tipo peligroso. – Se levanta de la silla y añade mirando a Mike: – Mañana me voy a New York por trabajo y no regresaré hasta el viernes por la noche, no quiero que se quede sola en ningún momento.

–  No te preocupes, Milena se quedará en mi casa. – Le asegura Mike poniéndose en pie. – No la dejaré sola ni un segundo.

–  Llámame si necesitas algo. – Añade Tom antes de abrazarme. Le estrecha la mano a Mike y se despide antes de marcharse: – Te llamaré esta noche.

Tom sale de mi despacho y Mike y yo nos quedamos a solas. Ambos nos miramos durante unos instantes hasta que Mike, con tono rotundo, me dice:

–  Te vienes a mi casa esta misma tarde quieras o no y, si no te importa, me gustaría saber por qué tu ex te persigue y nos hace fotos que después me envía.

–  Pillé a mi ex follándose a mi mejor amiga un día que salí antes del trabajo. Estábamos prometidos y en octubre nos íbamos a casar. Obviamente, lo dejé. Necesitaba un cambio de aires y lo único que me retenía en Beach Ville era mi trabajo, así que dimití y me mudé a Highland. No he vuelto a ver ni a hablar con él desde entonces, pese a que Daniel lo ha intentado. ¿Quieres saber algo más?

–  Sí, quiero que me des acceso a su expediente. – Me dice con tono de voz suave. – Si ese tipo nos está vigilando tendré que saber qué aspecto tiene.

–  Lo siento, estoy de mal humor y lo estoy pagando contigo. – Me disculpo al darme cuenta de lo borde que estoy siendo con él.

–  No tienes que disculparte por nada, Milena. – Me dice Mike con su sonrisa perfecta. – Llamaré a mi madre y anularé…

–  No, no lo anules. – Le interrumpo antes de que acabe la frase.

–  ¿Estás segura? Puedo llamarla y decirle que vamos otro día.

–  Estoy segura, así me distraigo. – Le confirmo.

–  De acuerdo. – Dice Mike no demasiado convencido. – ¿Y esas rosas? – Me pregunta mirando el ramo de rosas que me ha enviado Daniel.

–  Son de Daniel. – Le respondo con un hilo de voz. – Tres años con él y el muy idiota aún no se ha enterado que mis flores favoritas son los lirios blancos. – Cojo el ramo y lo tiro a la basura bajo la atenta mirada de Mike. – Será mejor que sigamos trabajando.

–  Estaré en mi despacho si necesitas algo. – Me dice Mike antes de marcharse.

Me paso la mañana creando el nuevo programa para archivar los informes y a media mañana Norma entra en mi despacho sonriendo, con un enorme ramo de lirios blancos y me dice:

–  Debe de ser un día especial para ti porque acabas de recibir este precioso ramo de lirios.

No necesito leer la tarjeta para saber quién me envía el ramo. Le dedico una sonrisa a Norma y le guiño un ojo con complicidad mientras ella deposita los lirios sobre el jarrón con agua donde estaban las rosas que ahora descansan en la papelera. Norma ve las rosas, pero actúa discretamente y no dice nada. ¿Le habrá pedido Mike que las encargue? Espero que no, de lo contrario no sé qué pensará Norma de mí…

Me acerco al ramo de lirios e inhalo el delicado olor de las flores que tanto me gustan. Cojo la tarjeta que acompaña el ramo de lirios y la leo: “Para mi Hada de la suerte.” Sonrío como una adolescente mientras miro embobada los preciosos lirios blancos.

Tu hada de la suerte 10

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Retraso todo lo que puedo el viaje a casa de Mike y cuando salimos a la calle Joe está apoyado en el todoterreno aparcado en doble fila frente al portal. Joe me saluda amablemente y veo en sus ojos que lo hace con sinceridad, ya no me mira con esa desagradable desconfianza. Llegamos a su casa a la hora de cenar y, mientras Mike me acompaña a la habitación de invitados para que me instale, Carmen nos prepara la cena.

–  Mike me ha dicho que te gustan mucho las berenjenas rellenas de carne y gratinadas con queso, espero que me hayan quedado bien. – Me dice Carmen con una amable sonrisa cuando entramos en el comedor.

–  Gracias Carmen, estoy segura de que estarán riquísimas. – Le agradezco. Me vuelvo hacia a Mike para darle las gracias también a él y me guiña un ojo con complicidad. – Gracias.

–  No me las des, es mi obligación mantener a mi hada de la suerte contenta. – Me responde divertido.

Carmen nos mira con alegría y cariño, sin duda alguna se alegra de la complicidad que existe entre Mike y yo. Joe también sonríe al mirarnos, aunque no logro adivinar si es una sonrisa sincera o irónica, supongo que es sincera porque Mike le devuelve la sonrisa. Por algún motivo, hoy todos parecen estar contentos.

Cuando terminamos de cenar y Carmen entra en el comedor para retirar los platos vacíos, le digo:

–  Estaban buenísimas, Carmen.

–  Gracias, mi niña. – Me contesta tímidamente. – Me alegro de que te hayan gustado.

–  Ahora podré utilizar las dotes culinarias de Carmen para hacerte chantaje y que vengas a cenar a casa cuando te lo pida. – Bromea Mike. Su teléfono empieza a sonar y al ver quién es el interlocutor exclama: – Mierda, me he olvidado de la cena en casa de mis padres. – Suspira profundamente antes de descolgar y dice: – Hola mamá. – Una larga pausa y añade: – Lo sé, se me ha ido el santo al cielo y… – Se interrumpe y, una breve pausa después, añade: – ¿Qué? No, no es mi… – Le vuelven a interrumpir y dice antes de colgar: – Vale, está bien. Lo intentaré pero no te prometo nada.

Mike se pasa las manos por la cabeza y me mira incómodo. Estoy segura de que va a decirme algo que no me va a gustar pero como no abre la boca decido preguntar:

–  ¿Va todo bien? No quiero causarte ningún problema y…

–  Tengo que pedirte un favor. – Me interrumpe Mike.

–  No me va a gustar, ¿verdad? – Me arriesgo a preguntar.

–  Me temo que no. – Me responde apesadumbrado. – ¿Salimos al jardín y te lo cuento?

Asiento con la cabeza y ambos nos levantamos y salimos del comedor dejando a Carmen y Joe tratando de ocultar una sonrisa sin éxito. Tan malo no puede ser si ellos se están riendo, ¿no?

Mike me guía por el pasillo, atravesamos el salón y salimos al jardín trasero de la casa. Caminamos unos metros hasta llegar a una especie de zona chill-out que se ha montado en el jardín, donde nos sentamos en uno de los sofás.

–  Será mejor que empieces a hablar, estoy empezando a asustarme. – Le ruego al ver que continúa callado. – ¿Tan malo es lo que me vas a pedir?

–  Mi hermana le ha dicho a mi madre que nos vio muy juntos en el pub y mi madre, aprovechando el despiste que he tenido al olvidarme de la cena familiar de los domingos,  quiere que vayamos juntos mañana a comer a su casa. – Mi cara debe ser un poema porque rápidamente añade: – Sé que no tengo ningún derecho a pedirte esto, pero me facilitará las cosas con mi madre.

–  ¿Me estás pidiendo que vaya a comer a casa de tus padres y me haga pasar por tu novia? – Le pregunto para asegurarme de haberlo entendido bien.

–  No, te estoy pidiendo que me acompañes a comer a casa de mis padres en calidad de amiga, no quiero mentir. – Me aclara.

–  Estoy segura de que me voy a arrepentir, pero no puedo decir que no ya que esto ha sido en parte culpa mía. – Le digo tras lanzar un gran suspiro. – Pero quiero que le digas la verdad a tu madre, no quiero que me utilices para mentirle.

–  ¿La verdad? ¿Y cuál es la verdad?

–  La verdad es que trabajo para ti. – Le respondo, pero al ver su cara de desconcierto y desaprobación añado dudosa: – Y ¿somos amigos?

–  Sí, somos amigos. – Me confirma con su sonrisa perfecta. – Pero no trabajas para mí, trabajas para Luxe. Te estoy pidiendo un favor como amiga, no como empleada de Luxe.

Nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos y tengo que contener mis ganas de besarle que es lo que más deseo en este mismo momento.

–  Milena, no quiero que hagas nada que tú no quieras. – Me dice sin dejar de mirarme a los ojos, pero sin rastro de su sonrisa. Me coge de las manos y continúa hablando: – Sé que todo esto es una locura, pero lo entenderás cuando conozcas a mi madre.

–  Iré contigo, pero te advierto que esto servirá como compensación por la estancia en casa de mi abuelo. – Le advierto y añado con sorna: – Lo entenderás cuando conozcas a mi abuelo.

–  Eres mi hada de la suerte, supongo que te pondrás de mi parte frente a tu abuelo. – Me susurra al oído acercándose más a mí. Me tenso al sentir su aliento en mi cuello y Mike se percata, se aleja de mí y dice con voz ronca al mismo tiempo que se pasa las manos por la cabeza: – Será mejor que entremos en casa, es tarde, mañana es lunes y tenemos que trabajar.

Asiento con la cabeza y me levanto del sofá. Cruzamos el jardín, entramos en la casa y Mike me acompaña hasta la puerta de la habitación de invitados, mi habitación esta noche.

–  Mi habitación es la última puerta de la derecha, avísame si necesitas algo. – Me dice Mike evitando mirarme a los ojos. – Buenas noches, Milena.

–  Buenas noches. – Logro balbucear antes de entrar en la habitación.

Me meto en la cama y me paso la noche dándole vueltas a lo que ha pasado en el jardín. Juraría que Mike ha estado a punto de lanzarse, pero finalmente no lo ha hecho. Y cuando me ha dado las buenas noches, ¿me estaba invitando sutilmente a su habitación o solo pretendía ser amable y hacer de anfitrión?

Estoy tan nerviosa que no puedo dormir y a las seis de la mañana decido levantarme y darme una ducha antes de bajar a desayunar.

Cuando entro en la cocina me encuentro con Carmen que está preparando el desayuno y me saluda alegremente cuando me ve:

–  Buenos días, mi niña. ¿Tú tampoco has dormido bien?

–  ¿Tanto se me nota? – Le pregunto confirmando su observación.

–  Se te ve cansada. – Me confiesa Carmen. – Siéntate que te voy a preparar un buen desayuno para reponer energías.

Obedezco a Carmen y me siento a la mesa de la cocina mientras ella me sirve un café con leche, un vaso de zumo, tostadas con mermelada y tortitas. Mike y Joe entran en la cocina y nos dan los buenos días. Joe parece de buen humor, sonríe con alegría y se sirve un café solo, pero Mike no sonríe y parece estar tan cansado como yo. Evita mirarme y, por precaución, decido seguir devorando mi desayuno sin decir nada. Una vez acabamos de desayunar, Joe nos lleva al Luxe en el todoterreno y permanecemos en el más absoluto de los silencios durante todo el trayecto.

Cuando entro en mi despacho veo un ramo de rosas rojas sobre el escritorio. Cojo la tarjeta que cuelga del ramo y la leo: “Te echo de menos, nena. D.”

Me siento en la silla porque me estoy empezando a marear. Leo de nuevo la tarjeta, aunque sé perfectamente de quién es. No sé cómo me ha encontrado Daniel, pero es obvio que me ha encontrado si me ha enviado las rosas al despacho.

Daniel es mi ex novio y el motivo por el cual me fui de Beach Ville. Llevábamos tres años saliendo juntos y seis meses prometidos hasta que hace dos meses descubrí que me ponía los cuernos con Patty, mi mejor amiga desde que íbamos a primaria. Debido a mi trabajo tenía que viajar constantemente y últimamente apenas nos veíamos, pero tampoco me esperaba que me fuera a traicionar con Patty. No los he vuelto a ver ni a hablar con ellos desde que los pillé infraganti un día que regresé temprano del trabajo. Cuando llamé a Tom y le conté lo sucedido me dijo que me fuera con él a la gran ciudad una temporada y, como ya nada me ataba a Beach Ville, dejé mi trabajo y me trasladé. Cambié mi número de teléfono y también de vida. Patty no ha intentado ponerse en contacto conmigo ni una sola vez, pero Daniel no ha dejado de enviarme e-mails que borro sin leer.

Tu hada de la suerte 9.

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Desayuno un café con leche y me doy una ducha para despejarme. No puedo quitarme a Mike de la cabeza, mi mente no deja de imaginar qué hubiera pasado entre él y yo si su hermana no hubiera interrumpido el casi beso. Esto debería ser lo último en lo que debería pensar, pero no queda ni rastro de sensatez en mi cabeza.

–  Vale, tengo que recobrar la cordura. – Pienso en voz alta.

Estoy secándome el pelo cuando llaman a la puerta del apartamento. Envuelta únicamente en una escueta toalla, me dirijo hacia a la puerta y miro por la mirilla. No me lo puedo creer. Al otro lado de la puerta está Mike, vestido con unos tejanos y una camisa, más fresco que una rosa y mucho más guapo de lo que lo recordaba.

–  Sé que estás ahí, escucho tu respiración al otro lado de la puerta. – Me dice burlonamente. – ¿Vas a abrirme?

Suspiro profundamente y abro la puerta para recibirlo. Mike me mira de los pies a la cabeza y finalmente su mirada se detiene en mis ojos. Nos miramos durante un par de segundos, pero es suficiente para adivinar lo que desea, igual que él debe leerlo en mis ojos.

–  Había pensado en invitarte a comer y así hablar del viaje a Rusia, debería haber llamado antes…

–  No te preocupes. – Le interrumpo. Me aparto para dejarle entrar y le digo: – Pasa y sírvete algo de beber, voy a vestirme.

–  Sí, es una buena idea. – Murmura mirando mis piernas. Le lanzo una mirada de advertencia y, alzando las manos en señal de inocencia, me dice con sorna: – No me culpes, me gustan las obras de arte y sé apreciarlas cuando las veo.

Pongo los ojos en blanco y me encierro en mi habitación para vestirme antes de que decida quitarme la toalla y echarme encima de él como una loba hambrienta.

Decido ponerme unos tejanos pitillo y una camisa blanca con una americana negra entallada a la cintura y unos botines con tacón de aguja. Me miro en el espejo antes de regresar junto a Mike y salgo de la habitación cuando compruebo que estoy lista.

–  Ya estoy aquí. – Anuncio al entrar en la cocina y ver a Mike de pie mirando por la ventana. – ¿Te apetece algo de beber?

–  Estoy bien, gracias. – Me responde volviéndose hacia a mí con su perfecta sonrisa en los labios, pero tiene la mandíbula tensa.

–  ¿Ocurre algo? – Me aventuro a preguntar.

–  En realidad quería hablar contigo de algo más que del viaje a Rusia. – Me confiesa pasándose las manos por la cabeza. – Esta mañana he recibido esto en mi casa.

Mike me entrega un sobre, lo cojo y lo abro. Del interior del sobre saco varias fotografías, todas las fotografías son de ayer y en todas aparecemos Mike y yo. Las miro una a una con detenimiento y las ordeno: Mike viniéndome a buscar a la puerta de mi nuevo apartamento, Mike y yo entrando en su casa, Mike y yo saliendo de su casa por la noche, Mike y yo cenando en el restaurante, Mike y yo bailando en el pub y Mike y yo despidiéndonos frente al portal del apartamento de Tom.

–  ¿Cómo te las han enviado? – Le pregunto sin dejar de mirar las fotografías.

–  Las ha dejado un motorista en el buzón de mi casa esta mañana. – Me explica Mike. – Lo tenemos grabado por las cámaras de seguridad, pero llevaba un casco integral puesto y la moto no tenía matrícula.

–  Analizaremos el sobre y las fotografías por si hay alguna huella. Aparte de ti y de Joe, ¿alguien más ha tocado el sobre o las fotografías?

–  No, nadie. – Me confirma Mike. – ¿Crees que pueden ser los rusos?

–  No lo creo, ellos no amenazan enviando fotografías. – Le respondo. – Quienquiera que te haya enviado las fotografías quiere que sepas que te está vigilando, a ti y a mí. No creo que sea un profesional, pero nos ha seguido y fotografiado todo un día y no nos hemos dado cuenta, por lo que no debemos subestimarlo.

–  Quiero que vivas en mi casa hasta que todo esto se solucione. – Sentencia Mike rotundamente.

–  ¿Qué? – Exclamo incrédula. – Mike, no pienso vivir en tu casa. – Le dejo muy claro. Mike me mira con cara de pocos amigos y añado: – Te agradezco el detalle, pero no tienes de qué preocuparte. Si hubieran querido hacernos daño ya lo hubieran hecho.

–  Milena, solo quiero asegurarme de que no te pasa nada.

–  Y no me va a pasar nada. – Le aseguro. – Tienes que relajarte un poco, no puedes arreglar el mundo tú solo.

–  Acabo de enseñarte esas fotos y cualquiera en tu situación hubiera puesto el grito en el cielo, cualquier otra mujer me suplicaría que la acogiera en mi casa y tú me dices que me relaje. – Dice Mike visiblemente molesto. – ¿Qué me relaje? – Me repite pasándose las manos por la cabeza.

–  O te dará un infarto. – Me mofo. Mike me fulmina con la mirada y añado con voz de no haber roto un plato en mi vida: – No me mires así, no puedo ser tu hada de la suerte si estás muerto. ¿Qué clase de hada de la suerte sería?

Mike se relaja al escuchar mis palabras y me dedica su perfecta sonrisa.

–  Si vas a ser mi hada de la suerte, tendrás que dejar que yo sea tu ángel de la guarda. – Me dice con la voz ronca. Mira hacia los lados y me pregunta con el ceño fruncido: – ¿Estás sola?

–  Sí, Tom se ha marchado esta mañana y no regresará hasta la hora de cenar.

–  Bien, pues en ese caso no tienes excusa para que te invite a comer.

–  No creo que salir a lugares públicos sea lo más acertado, mejor pedimos que nos traigan algo de comida a domicilio. – Sugiero.

–  ¿Quieres quedarte aquí o vamos a mi casa?

–  Prefiero que nos quedemos aquí. – Respondo.

Sé que a Tom no le gustará llegar y encontrarme con Mike, pero menos le gustará que le diga que he estado en su casa. Y tampoco me apetece ver a Joe con su mirada desconfiada. Aquí estaremos mejor y más tranquilos.

–  De acuerdo, como la señorita desee. – Me responde divertido.

Nos acomodamos en el sofá del salón y saco mi portátil para revisar el itinerario mientras le voy explicando a Mike que tendremos que alquilar un coche para desplazarnos. Comento que existe la posibilidad de que tengamos que viajar a Kazan para explorar la zona, pero Mike se cierra en banda y me dice que es demasiado peligroso y que no piensa llevarme a allí. No es el momento para seguir insistiendo, pero acabaré saliéndome con la mía, eso lo tengo claro.

Cuando llega la hora de comer, Mike llama por teléfono a un restaurante chino para que nos traigan la comida a casa y media hora más tarde estamos los dos comiendo en la cocina.

Entre nosotros se puede percibir la tensión sexual, pero ninguno de los dos se muestra incómodo con el otro, más bien todo lo contrario. Mike aprovecha la mínima oportunidad para tocarme o rozarse conmigo y yo se lo permito con una sonrisa. Ambos nos contenemos y nos esforzamos para mantener las distancias aunque nuestros ojos revelan lo que realmente deseamos. Tengo que recordarme una y otra vez que Mike es mi jefe y que él no es accesible para mí, al menos si quiero mantener el trabajo. Pero tampoco puedo dejar de pensar cómo es en la cama, debe ser como un Dios del sexo y yo me muero de ganas por comprobarlo.

–  ¿En qué estás pensando? – Me pregunta Mike mostrándome su perfecta sonrisa.

–  Eh… Perdona, tenía la cabeza en otra parte. – Me disculpo al darme cuenta de lo que estaba pensando y que por supuesto no le iba a contar. Mi móvil empieza a sonar y yo le doy gracias a quien quiera que me esté llamando en este momento. Cojo mi móvil y respondo de inmediato al ver que es Tom. – Hola.

–  Hola Milena. – Me responde Tom al otro lado del teléfono. – No voy a ir a cenar a casa y probablemente tampoco vaya a dormir. No puedo explicártelo ahora, pero no tiene nada que ver con nuestra discusión de anoche. El lunes hablamos, los dos tenemos muchas cosas que contarnos.

–  Está bien. – Concedo y añado antes de colgar. – El lunes hablamos, Tom.

–  ¿Todo bien? – Me pregunta Mike preocupado.

–  Sí, era Tom que no viene a cenar y tampoco cree que venga a dormir.

–  Milena…

–  Voy a estar bien, Mike. – Le interrumpo antes de que diga lo que ya sé que va a decir.

–  Quédate en mi casa esta noche, si el resto de las noches tu amigo Tom está contigo no diré nada ni insistiré más, pero ven a casa esta noche. – Insiste Mike. – Mañana por la mañana iremos juntos al trabajo y después te traeremos al apartamento de Tom.

–  De acuerdo, pero solo esta noche. – Le advierto. – Deja que prepare una pequeña bolsa con mis cosas y ropa limpia para mañana y nos vamos.

Mike asiente encantado por haberse salido con la suya, si no supiera que Tom nunca me vendería, hubiera pensado que Mike le habría llamado para que no apareciera por casa.

Hubiera preferido que Mike se hubiera quedado aquí conmigo, pero teniendo en cuenta que no es mi apartamento y que Tom probablemente me lo reprocharía más tarde, ir a su casa es lo mejor.

Tu hada de la suerte 8.

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Después de cenar, Mike decide llevarme a un pub situado cerca del apartamento de Tom. Al entrar en el local, Mike se coloca detrás de mí y posa sus manos en mi cintura para guiarme hacia a la barra. Pedimos un par de copas al camarero y cuando nos las sirve Mike coloca su brazo alrededor de mi cintura y me guía hasta uno de los sofás libres de la zona chill-out de la terraza.

–  ¿Te gusta el local? – Me pregunta Mike.

–  Sí, es fantástico. – Le respondo.

Y realmente lo es. Se trata de un local moderno, lleno de gente joven y elegante, con zona chill-out para escuchar la música de fondo mientras charlas y con pista de baile por si lo que quieres es mover el esqueleto.

–  ¿Milena? – Oigo una voz familiar detrás de mí. Me vuelvo y veo a Tom. – ¿Qué estás haciendo aquí?

–  ¡Tom! – Exclamo. Me levanto de un brinco y casi me caigo, pero Tom me coge al vuelo. Me temo que he bebido alguna copa de más. – Siento no haber podido ir al partido, ¿habéis ganado?

–  Por supuesto, ¿acaso lo dudabas? – Me responde divertido.

Mike se pone en pie y caigo en la cuenta de que no los he presentado.

–  Mike, éste es mi amigo Tom. Tom, él es Mike.

–  ¿Solo Mike? – Me pregunta Tom alzando una ceja con complicidad.

–  Mike Madson. – Lo saluda Mike estrechándole la mano.

–  Encantado de conocerte, Mike. – Le responde Tom. Se vuelve hacia a mí y añade antes de marcharse de nuestro lado: – Estaré por aquí, avísame si te quedas sola y regresamos juntos a casa.

–  No será necesario, yo te llevaré a casa. – Me susurra Mike al oído. – ¿Quieres bailar?

–  ¿Me estás invitando a bailar? – Pregunto sorprendida.

–  Sí, ¿tan extraño te parece?

–  No, es solo que no pensaba que fueras de los que bailan. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Mike me dedica su perfecta sonrisa y lleva a la pista de baile agarrándome por la cintura. Justo en ese mismo momento, empieza a sonar una balada de Leona Lewis y Mike me da la vuelta para quedar frente a él, coloca mis brazos alrededor de su cuello y me envuelve entre sus brazos estrechándome contra su firme y duro cuerpo.

Para mi sorpresa, descubro que es un buen bailarín y que me encanta estar entre sus brazos.

–  Milena, ¿puedo preguntarte algo? – Me susurra al oído mientras bailamos.

–  Ajá. – Logro balbucear.

–  ¿Hay o ha habido algo entre tú y tu amigo Tom?

–  Tom es mi mejor amigo, es casi como un hermano. – Le contesto sin levantar la cabeza de su hombro y sin dejar de bailar. – Nunca ha habido nada entre nosotros.

–  ¿Estás viviendo con él?

–  Sí, necesitaba un cambio de aires y Tom me ofreció mudarme a la gran ciudad. La idea era vivir en su apartamento unos meses hasta encontrar trabajo y un apartamento para mí. Ahora solo tengo que comprar algunos muebles y mudarme.

–  Avísame si necesitas ayuda para la mudanza.

–  ¿Además de bailar también haces mudanzas? – Bromeo divertida.

–  Hay muchas cosas que sé hacer y que te dejarían verdaderamente sorprendida. – Susurra con voz ronca.

–  ¿Cómo qué? – Le pregunto con fingida inocencia.

–  Tendrás que descubrirlo tú. – Me susurra divertido.

La canción termina y Mike me guía de nuevo hacia el sofá de la zona chill-out. El camarero nos trae dos copas más y Mike brinda por “su hada de la suerte”. Nuestras miradas se encuentran y nuestras bocas se buscan, pero cuando estamos a punto de besarnos, una voz femenina nos interrumpe:

–  ¡Mike, qué agradable sorpresa! – La chica se le echa literalmente a los brazos y Mike pone los ojos en blanco cuando añade: – ¿No vas a presentarme a tu amiga?

–  Milena, te presento a mi hermana Kate, la cotilla de la familia. – Nos presenta Mike con tono burlón.

–  Encantada de conocerte, Milena. – Me saluda Kate dándome dos besos en las mejillas y comenta con simpatía: – Debes de ser alguien especial si has conseguido que mi hermano baile contigo.

Mi mirada se cruza con la de Mike y sale en mi ayuda:

–  No seas cotilla, Kate.

–  No lo soy, tan solo me intereso por el estirado de mi hermano. – Le replica Kate. – Te veo mañana por la noche, no lo olvides o mamá se enfadará. – Se vuelve hacia a mí y añade antes de desaparecer entre la multitud: – Espero verte de nuevo, Milena.

–  No deberías hacer enfadar a tu madre. – Le reprendo burlonamente en cuanto nos quedamos a solas.

–  Tienes razón, pero es difícil no hacerla enfadar. – Se mofa. Las luces del pub se encienden para que los clientes vayan terminando sus copas y se marchen. – Parece que es hora de marcharse, te llevaré a casa.

–  No es necesario, Tom está por aquí y puedo irme con él.

–  De eso nada, yo te llevo. – Sentencia Mike.

Veinte minutos más tarde, Mike aparca el coche frente al portal del edificio de Tom y rápidamente sale del coche para abrir la puerta del copiloto y ayudarme a salir. Me agarro a su mano y Mike tira de mí hasta ponerme en pie y quedar frente a él. Me tambaleo a causa del alcohol y me sostiene entre sus brazos antes de decirme con tono burlón:

–  Me temo que has bebido demasiado.

–  Es por tu culpa, yo no estoy acostumbrada a beber tanto. – Me excuso inocentemente.

–  Te lo compensaré, por nada del mundo quiero que mi hada de la suerte se enfade conmigo. – Me contesta divertido. Me acompaña hasta el portal del edificio y añade antes de darme un beso en la mejilla para despedirse: – Buenas noches, Milena. Te llamaré mañana.

–  Buenas noches, Mike. – Le deseo antes de entrar en el edificio.

Cuando entro en el apartamento, Tom me está esperando de pie junto a la puerta y con los brazos cruzados sobre el pecho. Está enfadado.

–  Lo sé, pero no es lo que parece. – Me defiendo.

–  ¿No es lo que parece? Porque a mí me parecía que estabas bebiendo y bailando con tu jefe de una manera demasiado íntima y que, además, te estás involucrando en algo peligroso por su culpa. – Me espeta Tom furioso. – ¿Se puede saber en qué estás pensando?

–  Ya soy mayorcita, Tom. No necesito que hagas de padre conmigo. – Le reprocho antes de encerrarme en mi habitación.

Sé que Tom tiene razón, pero estoy demasiado cansada y he bebido más de la cuenta, ahora no quiero pensar en las consecuencias, ya lo haré mañana.

Me meto en la cama y a mi mente empiezan a acudir los recuerdos del día con Mike, en especial el casi beso que ha interrumpido su hermana Kate. Sé que Mike hubiera preferido besarme en los labios cuando se ha despedido, lo he visto en sus ojos. Pero finalmente ha decidido besarme en la mejilla, desearme las buenas noches y marcharse.

Me quedo dormida pocos minutos después y mi imaginación me hace soñar con él.

A la mañana siguiente cuando me levanto, descubro que Tom se ha marchado. Me ha dejado una nota en la que me informa que pasará el día fuera y no regresará hasta la hora de cenar.

Tu hada de la suerte 7.

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Después de comer, Mike, Joe y yo regresamos al despacho. Mike pone a Joe al corriente de la situación y entre los tres decidimos organizar una nueva investigación. Para empezar, les pido que me enseñen los documentos que Jesse, la esposa de Erik, encontró sobre lo que su marido descubrió de Albert Fontaine y del pasaporte ruso que encontró y fotocopió de Andrey Ivanov.

–  Mike ha reconocido a Albert Fontaine como Andrey Ivanov en la foto de su expediente. – Le digo a Joe dejando a un lado mi enfado por su trato anterior. – Tú también conociste a Albert Fontaine y me gustaría que vieras a Andrey Ivanov y me confirmases que es la misma persona. – Me vuelvo hacia a Mike y añado: – No significa que no me fíe de ti ni de tu criterio, tan solo quiero contrastar todos los puntos para evitar cualquier mínimo error.

–  Adelante. – Concede Mike con complicidad.

Joe mira detenidamente la fotografía del expediente de Andrey Ivanov en la pantalla del ordenador portátil y finalmente dice:

–  Es él, no tengo ninguna duda.

–  Bien. – Asiento con la cabeza. – Quiero revisar los documentos que encontró la mujer de Erik y pediré un informe sobre Andrey Ivanov. – Les miro a los ojos y les advierto: – Mientras tanto, no quiero que juguéis a los detectives por vuestra cuenta, ¿de acuerdo?

–  ¿No tienes toda la información que necesitas en el expediente? – Me pregunta Joe sin poder ocultar su tono de desconfianza.

–  Joe. – Le advierte Mike severamente.

Me armo de paciencia y, ocultando mis ganas de sacarle los ojos a Joe, le respondo:

–  En su expediente tan solo constan los datos oficiales como los colegios a los que ha asistido, los antecedentes penales, las propiedades que posee y algunos vínculos familiares. Necesitamos otra clase de información para llegar hasta a él. Andrey Ivanov es un tipo con recursos, ante cualquier sospecha cambiará de identidad y desaparecerá.

–  ¿Cómo vamos a conseguir ese tipo de información? – Me pregunta Mike.

Sonrío al darme cuenta que utiliza el plural, ya piensa que somos un equipo. Me pongo seria de nuevo y, con tono de voz firme, les digo:

–  Mi abuelo fue agente de la KGB y aunque está retirado, de vez en cuando colabora con el Servicio Secreto de Inteligencia Ruso. No le va a hacer ninguna gracia que ande metida en estos asuntos, pero no se negará a ayudarnos cuando le digamos lo que Erik descubrió sobre el tráfico de órganos y el secuestro de niños. Pero antes de que acepte ayudarnos os investigará a fondo y os querrá conocer en persona. – Hago una pausa para que asimilen mis palabras y, como no dicen nada, añado: – Sería la manera más rápida y eficaz para conseguir la información, pero si no os parece bien podemos buscar una alternativa…

–  Me parece bien. – Me interrumpe Mike con solemnidad. – Quiero empezar y acabar con esto cuanto antes y no nos vendrá mal tener a un antiguo agente de la KGB de nuestro lado.

Durante el resto de la tarde revisamos los documentos del reportaje que Erik estaba realizando y todo lo que descubrió sobre Albert Fontaine. Una vez revisada toda la documentación de la que disponemos, llamo a mi abuelo Oleg y le pongo al corriente de la situación.

–  Si tus padres se enteran de que te estoy ayudando se enfadarán. – Me dice mi abuelo cuando termino de contarle toda la historia. – Pero te conozco bien y sé que lo harás con o sin mi ayuda, así que no puedo decirte que no, pero sí puedo exigirte conocer antes al hombre al que quieres ayudar y por supuesto lo voy a investigar.

–  Me lo imaginaba, pero aun así queremos seguir adelante con esto.

–  Envíame todo lo que tengas y ven a verme con tu amigo en una semana. – Me responde mi abuelo aceptando lo que le pido. – Mientras tanto, quiero que os mantengáis a la espera, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, abuelo. – Le respondo y añado antes de colgar: – Te quiero.

–  ¿Todo bien? – Me pregunta Mike.

–  Nos ayudará, pero quiere vernos en una semana. – Le informo encogiéndome de hombros. – Le enviaremos toda la información de la que disponemos y tratará de averiguar todo lo que pueda sobre Andrey Ivanov.

–  ¿Es necesario que vayamos a Rusia? – Me pregunta Joe no demasiado convencido.

–  Es su condición. – Le contesto volviéndome a encoger de hombros. – Ha sido agente de la KGB, la desconfianza ha sido lo que a día de hoy lo mantiene con vida.

–  ¿Dónde vive tu abuelo? – Pregunta Mike.

–  En Kurovo, una pequeña ciudad situada a unos 70 km al norte de Moscú. – Respondo. – Si estáis de acuerdo, puedo empezar a organizar el viaje.

Mike y Joe se muestran de acuerdo, así que le envío a mi abuelo toda la información que tenemos y organizamos el viaje a Rusia.

Son las ocho y media de la tarde cuando Mike reserva los billetes de avión a Moscú y los tres estamos agotados. Joe mira el reloj de pared del despacho y le dice a Mike:

–  Tengo que irme, llámame si hay alguna novedad. Regresaré en un par de horas.

Mike asiente con la cabeza y Joe se marcha tras despedirse.

–  ¿Tienes planes para salir a cenar? – Me pregunta Mike mirándome a los ojos. – Me gustaría invitarte y pasar juntos un rato para conocernos mejor, sin hablar de trabajo ni de nada que tenga que ver con Andrey Ivanov.

–  Acepto, pero con una condición.

–  Tú dirás. – Me responde Mike con su sonrisa perfecta en los labios.

–  Después de cenar tendrás que llevarme a tomar una copa, hace siglos que no salgo de copas y no conozco la ciudad.

–  Seré el anfitrión perfecto, no te arrepentirás. – Me asegura divertido mostrándome una sonrisa traviesa que enciende mi cuerpo.

Estoy segura de que de una forma u otra acabaré arrepintiéndome, pero ahora mismo lo único que quiero es salir con Mike, aunque con ello me salte mis propias normas.

A las nueve y media de la noche llegamos a uno de los restaurantes de moda de la ciudad. Mike para el coche en la puerta y, tras salir del coche y abrir la puerta del copiloto para ayudarme a salir, le entrega las llaves del coche al aparcacoches y le da una generosa propina. El maître nos recibe con excesiva amabilidad y educación, sabe quién es Mike y lo adula.

Apenas dos minutos más tarde, Mike y yo estamos sentados en la mejor mesa del local, una mesa íntima y romántica frente a un ventanal con vistas al río que atraviesa la ciudad. Un camarero se acerca a tomarnos nota y Mike me pregunta:

–  ¿Qué quieres tomar para beber? ¿Vino? – Asiento con la cabeza y le dedico una tímida sonrisa antes que le pida al camarero: – Beberemos vino tinto.

–  Enseguida se lo servimos y le traemos la carta. – Nos informa el camarero.

El camarero regresa dos minutos después con una botella de vino tinto en las manos y nos sirve un par de copas tras entregarnos la carta. Mike me sugiere que pruebe el solomillo con salsa de trufas y ambos pedimos lo mismo.

Pasamos la velada haciéndonos preguntas para conocernos mejor. Hablamos de la música que nos gusta, de los lugares que nos gustaría visitar, de cine y literatura, y de muchas otras cosas más. Descubro que Mike y yo tenemos gustos muy similares y disfruto escuchando como narra algunas anécdotas de cuando era pequeño.

Tu hada de la suerte 6.

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La casa de Mike es una mansión, si no estuviera agarrada a su brazo posiblemente me hubiera caído de la impresión. Predomina el minimalismo en la decoración jugando con el blanco y el negro. Es una casa moderna, pero también muy masculina e impersonal, se nota que aquí vive un hombre soltero. Cruzamos el hall y accedemos al salón. La estancia es muy amplia llena de luz natural que entra por el enorme ventanal que ocupa toda una pared que ofrece las vistas del perfecto jardín. Un amplio sofá en forma de U junto con un televisor de 50″, una mesa de café y un mueble de madera negra es el mobiliario del que consta la estancia. No hay ninguna fotografía suya ni de su familia, tan solo algunos cuadros abstractos en blanco y negro, a juego con el resto de la escasa decoración.

–  ¿Estás bien? Te has quedado muy callada. – Me pregunta Mike preocupado.

–  Estoy bien, es solo que no me esperaba que vivieras en un lugar así…

–  ¿Y eso es bueno o malo? – Me pregunta confuso.

–  No es ni bueno ni malo, simplemente es diferente. – Respondo encogiéndome de hombros.

–  Diferente. – Repite Mike no demasiado entusiasmado con el adjetivo. – ¿Te apetece algo de beber?

–  Una Coca-Cola estará bien.

Atravesamos el salón y llegamos a la cocina, donde predomina el negro y el rojo. Una señora de unos sesenta años ataviada con un delantal y una amplia sonrisa en el rostro, nos recibe con simpatía:

–  Buenos días, Mike. Buenos días, señorita.

–  Buenos días. – Saludo tímidamente.

–  Buenos días, Carmen. – Saluda Mike. – ¿Puedes traer una Coca-Cola para la señorita Ayala y un agua para mí a mi despacho?

–  Por supuesto, ahora mismo os lo llevo. – Responde Carmen. – ¿Os apetece algo de comer?

–  Comeremos más tarde. – Sentencia Mike. Se vuelve hacia a mí y añade: – Vamos, tenemos mucho qué hacer todavía.

Mike me dirige a su despacho, situado en la planta baja y con vistas al jardín trasero de la casa. Me ofrece asiento y, tras sentarme obedientemente, él toma asiento frente a mí. Tan solo nos separa una mesa de madera, pero el corazón me late como si estuviéramos piel con piel.

Carmen entra en el despacho tras golpear suavemente la puerta y nos sirve nuestras bebidas justo en el momento en que mi móvil empieza a sonar. Al ver en la pantalla del móvil que es Vladimir, uno de los amigos de mi abuelo, decido contestar:

–  Hola Vladimir, ¿va todo bien?

–  Hola Milena. – Me responde Vladimir. – Oye, alguien lleva intentando acceder a tu expediente desde hace un par de horas. No sé quién es, pero hemos podido averiguar su posición y curiosamente está en la misma casa donde tú estás ahora.

–  Espera, ¿dices que lo están intentando en este mismo momento? – Pregunto sorprendida, ya que Mike está frente a mí y ni siquiera ha encendido el ordenador.

–  Mientras tú y yo estamos hablando han intentado acceder tres veces. – Me confirma Vladimir.

Carmen sale del despacho tras dejar nuestras bebidas y Mike me observa detenidamente, aunque no puede entender nada de lo que digo porque estoy hablando en ruso. Joe asoma la cabeza por la puerta del despacho y, tras cruzar una mirada con Mike, murmura:

–  Me ha resultado imposible, ni con un nivel cuatro.

Y entonces sé quién ha estado tratando de acceder a mi expediente. Suspiro resignada y, volviendo a mi conversación telefónica, le digo a Vladimir antes de colgar:

–  No te preocupes, Vladimir. Yo me encargo, está todo bajo control. – Cuelgo y me quedo mirando a los dos hombres que me observan con el ceño fruncido. – ¿Tenéis algo que contarme?

–  Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros. – Me contesta Joe.

–  Llevas dos horas tratando de acceder a mi expediente y, a pesar de que es confidencial, has seguido intentando acceder una y otra vez. – Empiezo a decir. – Si fueras un poco listo sabrías que cada vez que alguien intenta acceder a un expediente confidencial se genera una alarma y automáticamente se localiza la ubicación exacta del punto desde donde se intenta acceder. – Me vuelvo hacia a Mike y le digo: – Creo que lo mejor es que olvidemos este asunto y que me dedique única y exclusivamente a mi trabajo en Luxe, si es que aún sigues queriendo que trabaje para ti.

–  Espera Milena, siéntate por favor. – Me ruega Mike poniéndose en pie y acercándose a mí para impedir que me marche. – Puede que intentar investigarte no haya sido la mejor opción, pero necesitaba asegurarme de saber quién eras para poder confiar en ti.

–  Tengo inmunidad diplomática, por esa razón mi expediente es confidencial y solo puede acceder a él alguien que tenga un nivel A de seguridad. – Le contesto lo más cordial que puedo. Cojo mi portátil y accedo a mi expediente tras introducir una clave de seguridad y lo muevo de manera que la pantalla quede frente a Mike: – Aquí tienes lo que buscabas, ¿quieres algo más?

Mike suspira profundamente y le dice a Joe:

–  Joe por favor, déjanos a solas. – Joe asiente y se marcha. Mike se vuelve hacia a mí, se pasa las manos por la cabeza y después se toca el mentón. Lo he visto hacer ese gesto cuando se pone nervioso y sé que ahora mismo lo está. – Milena, no me hace falta leer tu expediente, el gesto que has tenido mostrándomelo ya me dice mucho de ti. – Cierra el portátil y añade: – Si aún estás dispuesta a escucharme, me gustaría explicarte algunas cosas. – Tomo de nuevo asiento y Mike continúa hablando: – Hace unos meses un buen amigo desapareció y dos días más tarde lo encontraron muerto en un pantano junto con otro cadáver que no fue identificado. Mi amigo Erik estaba haciendo un reportaje de investigación sobre el tráfico de órganos y conoció a un tipo que dijo que le ayudaría a conseguir las pruebas que estaba buscando para su reportaje.

–  ¿El cadáver que apareció en el pantano puede ser de ese tipo? – Pregunto con cautela.

–  Le dimos a la policía el nombre de Albert Fontaine, el nombre con el que mi amigo nos presentó, pero no consta en las bases de datos de la policía. – Me responde Mike. – La policía me permitió ver los cadáveres, pero no era el tipo que iba a ayudarle en el reportaje. Hace unas semanas me llamó la mujer de mi amigo, había encontrado algunos documentos en el despacho de Erik y quiso que los revisara. Erik estaba investigando a Albert Fontaine y había descubierto que era un estafador y que ese no era su verdadero nombre. Registrando sus cosas encontró un pasaporte ruso con su foto a nombre de Andrey Ivanov, a quien estoy tratando de encontrar.

–  Si Andrey Ivanov tiene un pasaporte tiene que estar en la base de datos, solo tenemos que buscarlo y salimos de dudas. – Le digo apoderándome de nuevo del portátil. Busco en la base de datos y aparece el expediente frente a nuestros ojos.

–  ¡Es él! – Exclama Mike al ver la fotografía del tipo en cuestión.

–  Aquí dice que tiene varias propiedades en Kazan, una ciudad situada a unos 800 km al este de Moscú. – Le informo mientras continúo leyendo el expediente. – No está casado ni tampoco tiene hijos reconocidos. Sus padres están muertos pero tiene un hermano vivo, Sergei Ivanov, que también vive en Kazan.

–  Tengo que ir a Kazan. – Musita Mike.

–  No es una buena idea, Mike. – Le contradigo. – No sabemos lo que nos vamos a encontrar allí, lo más sensato es investigar y conseguir la mayor información posible. Si vamos a ir a por ellos debemos saber a qué nos estamos enfrentando.

–  Milena, te agradezco enormemente lo que estás haciendo, pero no pienso poner tu vida en riesgo llevándote a Rusia, ya te he involucrado demasiado en esto.

–  Me necesitas, Mike. – Le recuerdo mirándole a los ojos. – Y, si quieres que te ayude, tendrás que aceptar mis condiciones.

–  ¿Tus condiciones?

–  Así es, mis condiciones. – Le confirmo. – Para empezar, cuando quieras saber algo sobre mí deberás preguntármelo directamente, es la forma más efectiva de tener respuestas. Si vamos a colaborar juntos en esto, tendrás que dejar que lo hagamos a mi manera. – Mike abre la boca para decir algo pero lo interrumpo diciendo: – Recuerda que soy tu hada de la suerte y estoy aquí para que todo salga bien. Y no te preocupes, no haré nada sin tu previo consentimiento, tú eres quien pone los límites en este asunto, pero no olvides que somos un equipo.

–  Y si decido ir a Kazan, ¿vendrás conmigo? – Me pregunta Mike escudriñándome con la mirada.

–  Sí, estamos juntos en esto. – Le aseguro. – ¿Aceptas mis condiciones?

–  Sí, Hada de la Suerte. – Me responde con su sonrisa perfecta en los labios. – Pero antes vamos a comer algo. – Nos ponemos en pie y, antes de salir del despacho, añade: – Una cosa más, Milena. Joe solo ha seguido mis órdenes, no te enfades con él.

Asiento con la cabeza y nos dirigimos a la cocina, donde Carmen ya está sirviendo la comida. Nos sentamos a la mesa y Joe se nos une sin decir nada, pero noto su constante mirada de desaprobación durante todo el tiempo que dura la comida.

Tu hada de la suerte 5.

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Durante el resto de la semana, Joe se encarga de recogerme todas las mañanas para llevarme al Luxe y me trae de vuelta todas las tardes.

Mike no ha vuelto a mencionar el tema de los rusos y yo tampoco me he atrevido a hacerlo, prefiero centrarme en mi verdadero trabajo como directora ejecutiva del Luxe. Nadie me ha especificado qué hizo mi antecesor, pero tras echar un vistazo a los archivos me doy cuenta de que habrá hecho de todo menos trabajar. Me ha costado treinta y dos horas organizarlo todo, pero lo he conseguido y ahora puedo disfrutar del fin de semana.

Estoy recogiendo mi despacho para marcharme a casa cuando llaman a la puerta y Mike asoma la cabeza:

–  ¿Se puede?

–  Adelante. – Le respondo mientras continúo recogiendo.

–  Solo venía a preguntar qué tal te ha ido la primera semana en Luxe.

–  Agotadora. – Le confieso. – No tengo ni idea de quién ocupaba mi puesto antes de que yo llegara, pero te aconsejo que no lo vuelvas a contratar ni para limpiar los baños. Lo he organizado todo de nuevo y he pensado en crear un nuevo sistema para que sea más fácil acceder a los archivos, el que estamos utilizando está muy anticuado.

–  ¿Ya has acabado de organizar todos los archivos? – Me pregunta Mike confuso.

–  Bueno, he tardado un poco más porque todo estaba fatal, pero te aseguro que no he podido ir más rápido…

–  Llevo un mes tratando de organizar algo de todo ese caos y me he rendido y tú lo has hecho todo en tan solo una semana. Estoy perplejo.

–  Es mi trabajo y lo hago lo mejor que puedo. – Le respondo encogiéndome de hombros. Le miro fijamente a los ojos y, armándome de valor, le suelto: – Se acaba el plazo para dar una respuesta a los rusos, ¿has pensado qué vas a hacer?

–  No vas a desistir, ¿verdad? – Me dice con una media sonrisa.

–  No volveré a insistir más, pero quiero que sepas que sigo dispuesta a ayudarte si cambias de opinión.

–  No es fácil cambiar de opinión, sigo pensando que es demasiado peligroso y que no debo involucrarte en este asunto, pero tampoco tengo alternativa. – Me dice con cautela pero sin dejar de mirarme fijamente a los ojos. – Si te parece bien, mañana te invito a comer y te pongo al corriente de la situación. No quiero que tomes una decisión sin estar al tanto de todo.

–  Me parece bien. – Le contesto. – Podemos quedar a partir de las doce si te va bien, antes no puedo porque me entregan las llaves de mi nuevo apartamento.

–  Me gusta tu manera de negociar, hada de la suerte. – Me dice divertido. – Por cierto, si vas a mudarte tendrás que darle tu nueva dirección a Joe, va a seguir llevándote y trayéndote del trabajo a casa.

–  Eso todavía lo tenemos que discutir. – Le replico molesta.

–  No hay nada que discutir, Milena. – Sentencia Mike. – Llámame mañana cuando termines con lo del apartamento y te paso a buscar, ¿de acuerdo?

–  ¿No vas a enviar a Joe? – Le pregunto sorprendida.

–  No, Joe tiene cosas que hacer. – Me responde un tanto incómodo. – Iré yo a buscarte, si no tienes inconveniente.

–  No, no tengo inconveniente. – Le aseguro.

Tras despedirse, Mike regresa a su despacho y yo me dirijo hacia el ascensor. En cuanto salgo por la puerta principal del Luxe, me encuentro con Joe apoyado en el todoterreno como todas las tardes, dispuesto a llevarme a casa. Abre la puerta del copiloto y me subo al coche sin rechistar, sé que no tengo alternativa.

Cuando llego a casa hablo con Tom y le digo que no podré acompañarlo al partido al día siguiente y le explico un poco por encima el motivo.

–  Sé que tu intención no es otra que ayudar, pero no conoces de nada a ese tipo y además es tu jefe. – Me recuerda Tom. – Y eso por no mencionar lo peligroso que puede llegar a ser ese asunto.

–  Sé lo que hago, al igual que tú sabes que sé cuidarme sola.

Tom no insiste, me conoce y sabe que cuando se me mete algo en la cabeza no hay nada que pueda hacer para que me olvide del tema.

El sábado por la mañana me levanto temprano, me doy una ducha, desayuno y me dirijo a mi nuevo apartamento para firmar el contrato de alquiler con la inmobiliaria. A las 11:30 horas ya tengo firmado el contrato y las llaves de mi nuevo hogar en las manos. A solas en mi nuevo apartamento, saco mi móvil del bolso y llamo a Mike:

–  Ya estoy libre, soy toda tuya.

Nada más pronunciar esas palabras me arrepiento, soy consciente del doble sentido que se puede interpretar.

–  Si eres toda mía, dime dónde estás para que pueda ir a buscarte. – Me contesta y adivino que está sonriendo al otro lado del teléfono.

–  Estoy en la calle Sunset número 25. – Respondo.

–  Tardo dos minutos, estoy aquí al lado. – Me dice de buen humor y añade antes de colgar: – No tardes, te espero frente al portal.

Tras echar un último vistazo a mi vacío apartamento, recojo mi bolso y me dispongo a bajar a la calle y esperar a Mike, pero para mi sorpresa Mike ya me está esperando. Vestido con unos tejanos y un jersey de cuello de pico, está apoyado en el lateral de un Audi R8 de color negro, como no. Nuestras miradas se encuentran y me dedica una sonrisa perfecta de lo más sugerente.

–  Buenos días, Hada de la Suerte. – Me saluda abriendo la puerta del copiloto para que me siente.

–  Buenos días. – Le saludo antes de subir a su coche.

Dos segundos más tarde, Mike ocupa el asiento del conductor, arranca el motor del coche y se incorpora al tráfico de la ciudad.

–  Lo que te voy a contar es algo delicado y confidencial, por lo que no puedo hablar de ello en un lugar público donde cualquiera pueda escucharnos.

–  Me niego a pisar ese mugriento motel otra vez. – Le advierto.

–  En realidad, había pensado en ir a mi casa. – Me responde con una sonrisa burlona. – Y espero que no me malinterpretes, igual que yo no te he malinterpretado cuando has dicho que eras toda mía.

Mis mejillas arden y, aunque no las vea, sé que están muy coloradas, la sonrisa burlona de Mike me lo confirma.

–  Si así te sientes más cómodo para hablar de ello, no tengo ninguna objeción. – Le respondo encogiéndome de hombros tratando de aparentar normalidad pero sin conseguirlo.

Este hombre me atrae cada día más y yo me comporto como una adolescente cuando estoy con él, no sé qué me está pasando…

Mike vive a escasas manzanas de mi nuevo apartamento, cerca del centro de la ciudad en una casa con jardín y piscina que ocupa toda una manzana. Detiene el coche frente a la puerta principal de la verja que rodea el terreno, aprieta un botón de un pequeño mando a distancia y la puerta se abre. Entramos en la propiedad por un camino asfaltado que conduce a una gran casa de hormigón con grandes ventanales. Los jardines están perfectamente cuidados y la piscina es enorme, es un pequeño paraíso dentro de la gran ciudad.

Aparca frente al camino de acceso a la puerta principal de la casa y un tipo con uniforme abre la puerta y me ayuda a salir del coche tendiéndome la mano al mismo tiempo que me saluda:

–  Buenos días, señorita.

–  Buenos días. – Lo saludo tímidamente.

Mike se acerca y, tras decirle al tipo uniformado que se encargue de aparcar el coche en el garaje, se vuelve hacia a mí y me ofrece su brazo para que me agarre a él. Sin dudarlo, entrelazo mi brazo con el suyo y me guía hacia el interior de la casa.

Tu hada de la suerte 4.

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El resto del camino hasta llegar al Luxe y entrar en el despacho de Mike, lo pasamos en absoluto silencio. Joe nos ha dejado enfrente de la puerta principal del edificio y se ha marchado en el todoterreno cuando Mike le ha dicho que se ocupase del “otro asunto” y que le mantuviera informado.

Al entrar en el despacho, toma asiento y me ordena:

–  Siéntate y explícame por qué tengo que desconfiar de ellos.

Hubiera preferido seguir en silencio, su tono de voz autoritario, la mandíbula tensa y esa mirada fulminante me asustan, pero decido respirar y, señalando su portátil para pedirle permiso para cogerlo, le pregunto:

–  ¿Te has fijado en el tatuaje que llevaba en la muñeca el del traje gris? – Mike me ayuda a colocar el portátil en una posición donde ambos podamos ver la pantalla y, tras negar con la cabeza en respuesta a mi pregunta, añado: – Llevaba una serpiente tatuada en la muñeca, una serpiente que representa a un clan de la mafia rusa. Si se han tomado la molestia de venir hasta aquí para reunirse contigo, solo puede ser por dos razones: quieren mantener oculto el paradero de tu amigo o tratan de sacarte información y dinero para ser ellos los primeros en localizarlo, en cuyo caso no será para nada bueno. – Encuentro el dibujo del tatuaje que estaba buscando en internet y se lo enseño. – Este es el tatuaje y también puedes leer el artículo al que le hacen referencia.

Le doy un par de minutos para que lo lea y pueda procesarlo. Mike se pasa las manos por el cabeza, nervioso, se frota el mentón pensativo y finalmente me dice:

–  ¿Puedo preguntarte por qué sabes hablar ruso?

–  Mi madre y toda mi familia materna son de Rusia, he pasado muchos veranos y navidades allí con mis abuelos. Además, mi madre siempre me habla en ruso, dice que así practica ella y practico yo. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Y lo del tatuaje del clan de la mafia rusa? ¿Eso también lo aprendiste durante tus vacaciones de verano y navidad en Rusia? – Me pregunta Mike alzando una ceja.

–  Comprendo que no confíes en mí, apenas hace unas horas que nos conocemos. – Empiezo a decir sabiendo que me estoy metiendo en la boca del lobo. – Si me das tu consentimiento, ahora mismo puedo hacer una llamada y en cuestión de minutos tendrás ante ti la ficha policial de esos dos tipos.

–  ¿Puedes hacer eso? – Me pregunta sorprendido. – ¿Cómo piensas conseguirlo?

–  Digamos que soy tu hada de la suerte. – Le respondo dando largas.

–  ¿Vas a hacer algo ilegal? – Me pregunta con voz severa.

–  Ya te he dicho que solo voy a hacer una llamada. – Contesto con voz de no haber roto un plato en mi vida. – Solo necesito que estés de acuerdo, de lo contrario me olvidaré del tema y me limitaré a hacer de traductora.

–  Me gusta tu manera de negociar, Milena. – Me dice mostrándome por fin su sonrisa perfecta a la que creo que me he vuelto adicta. – Haz esa llamada y, mientras esperamos a que nos lleguen esas fichas policiales, te invito a comer.

Sin tiempo que perder, saco mi móvil del bolso y llamo a mi abuelo Oleg, el padre de mi madre que vive en Rusia y que fue agente de la antigua KGB, aunque ese es un detalle que le voy a omitir a Mike. Tras saludar brevemente a mi abuelo, le explico por encima lo que ocurre y accede a enviarme la información en cuanto la tenga, en un par de horas como mucho, según me ha dicho.

–  En dos horas como mucho, dispondremos de las fichas policiales de esos dos tipos. – Le informo.

–  Estupendo, nos da tiempo de salir a comer. – Me responde con su sonrisa perfecta.

Le devuelvo la sonrisa y me siento idiota. ¡No me he comportado así ni cuando era una adolescente! Noto como me sonrojo y camino por delante de él al dirigirnos hacia el ascensor para evitar que me mire.

Mike me lleva a un restaurante cercano al Luxe, un restaurante de comida local que resulta ser un lugar bastante elegante. Nos sentamos en una de las mesas y pedimos la comida tras examinar la carta. Mientras esperamos a que nos sirvan, Mike me dice:

–  Háblame de ti. Cuéntame qué te ha traído a Highland.

–  Necesitaba cambiar de aires y un amigo me ofreció mudarme aquí. Llegué hace un par de meses a la ciudad y lo más interesante que me ha pasado desde que llegué ha sido todo este asunto de los rusos. – Le respondo sin dar detalles.

–  Y, ¿qué te parece la ciudad?

–  Me gusta, aunque todavía no la conozco demasiado bien. – Le contesto sonriendo tímidamente. El camarero nos trae nuestros platos y le pregunto: – Y tú, ¿siempre has vivido aquí?

–  Sí, así es. Me gusta esta ciudad y no he encontrado un sitio mejor en el que vivir. – Me responde de buen humor. – Aunque tengo que confesar que en verano siempre me escapo un par de semanas a algún lugar donde haya playa.

–  No hay nada mejor que disfrutar de unas vacaciones en la playa sin hacer nada, excepto tomar el sol y darse un chapuzón en el agua. – Opino recordando mis vacaciones con Tom este verano, pero omitiendo las borracheras nocturnas.

Comemos mientras charlamos sobre nosotros, pero sin entrar en detalles. Descubro que le gusta su ciudad pero también disfruta de unas vacaciones en la playa, también que Joe, además de ser su mano derecha y su escolta personal, es uno de sus mejores amigos. Pero no descubro nada de su familia. Me ha preguntado por mi familia y cuando iba a preguntarle por la suya ha cambiado de tema antes de que pudiera abrir la boca, así que he decidido no preguntar, al fin y al cabo es mi jefe.

Cuando regresamos al Luxe reviso mi correo electrónico y veo que tengo un mail de mi abuelo con la información que le he pedido. Imprimo los archivos adjuntos y se los doy a Mike.

–  La ficha policial y los antecedentes de los investigadores privados rusos. También incluye la lista de antecedentes y los casos en los que se le relaciona pero que no se les ha podido imputar. – Le informo mientras él observa los documentos. – Mike, esos tipos son peligrosos.

–  Tampoco tengo otra opción, Milena. – Me contesta tras pasarse las manos por la cabeza.

–  Sí que tienes otra opción, me tienes a mí. – Le replico sentándome frente a él. – Si quieres, puedo ayudarte. No puedo prometerte nada, no hago milagros, pero te aseguro que podrás obtener mucha más información que si contratas a esos tipos.

–  No puedo meterte en esto, Milena. – Me responde tras suspirar profundamente. – Tú misma has dicho que es peligroso.

–  Ya estoy metida en esto, me han visto la cara. Pero el peligro no me asusta y estoy preparada y capacitada para responder ante situaciones difíciles. Además, soy tu hada de la suerte. – Le respondo sonriendo para quitarle seriedad al asunto. – Piénsatelo, Mike. No tienes que responder ahora.

–  Lo pensaré. – Me responde mirándome a los ojos. – Ahora vete a casa y descansa, ya has tenido bastante por hoy.

Asiento con la cabeza y salgo del despacho dispuesta a marcharme. Nada más cruzar la puerta principal del Luxe, me encuentro a Joe apoyado en el todoterreno y, cuando pasa por su lado, me dice con voz firme:

–  La llevaré a casa, señorita Ayala.

–  No es necesario, gracias Joe. – Le respondo.

–  Es una orden directa del señor Madson, que intenta velar por su seguridad, señorita Ayala. – Me contesta al mismo tiempo que abre la puerta del copiloto y me hace un gesto para que suba al todoterreno.

Obedezco sin rechistar, Joe no es una de esas personas a las que se les replica y mucho menos después de haber escuchado su severo tono de voz.

Tras darle la dirección dónde me alojo en casa de Tom, Joe conduce en silencio hasta que para el coche frente al portal del edificio.

–  ¿Es aquí? – Me pregunta observando los alrededores. Me entrega un papel con un número de teléfono y añade: – Si ves o notas algo extraño, llámame.

–  Gracias, pero estaré bien. – Le respondo guardando el papel en el bolso. – Sé cuidar de mí misma y aún no he encontrado a nadie que lo haga mejor que yo.

Me bajo del coche y entro en el edificio sin despedirme de Joe. Sé que él tan solo cumple órdenes, pero Mike se ha pasado de la raya. Para empezar, si tan preocupado estaba podía haberme traído él y, si me respetara, antes me habría preguntado si yo estaba de acuerdo.