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Tu hada de la suerte 23.

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Un año más tarde…

Llevo varios días encontrándome fatal, vomito a todas horas, el olor a comida me provoca náuseas y me duermo por los rincones. Mike está preocupado, pero le he quitado importancia alegando que se trataba de un virus gastrointestinal, aunque sé perfectamente lo que me ocurre. Igual que también lo sabe Carmen, que esta mañana se ha confabulado con Mike y se han negado a dejarme salir de la cama. Mike se ha ido a trabajar y Carmen se ha quedado cuidándome.

–  ¿Cuándo vas a decírselo? – Me ha preguntado con cautela, pero con un ligero reproche en la voz.

–  ¿Ha decirle el qué a quién? – Me hago la sueca.

–  Milena, hasta yo me he dado cuenta de lo que te ocurre. – Me dice Carmen acariciando mi mano para darme ánimo. – ¿Estás asustada?

–  Estoy aterrada. – Le confieso. Necesito hablar con alguien o me volveré loca y Carmen es la única que sabe lo que me ocurre. – Ni siquiera me he hecho el test de embarazo, pero sé que va a dar positivo. Mike y yo ni siquiera hemos hablado de tener hijos, no sé cómo se lo va a tomar y yo estoy confundida. No sé si estoy preparada para tener un bebé y, por si fuera poco, no dejo de vomitar, mi comida preferida me da asco y me duermo por los rincones.

–  Mi niña, creo que deberías hablar con Mike. – Me aconseja Carmen. – Estoy segura de que él desea a ese bebé tanto como tú.

Animada por Carmen, hemos ido a la farmacia y he comprado un par de test de embarazo. He decidido hablar primero con Mike y hacerme el test de embarazo con él presente, tal y cómo me ha aconsejado Carmen. Al fin y al cabo, si estoy embaraza él será el padre de ese bebé.

Cuando Mike llega de trabajar, Carmen nos dice que ha dejado preparada y lista para calentar la cena en el horno y se retira a su habitación para dejarnos a solas.

–  ¿Qué le has hecho a Carmen para que salga tan rápido de la cocina? – Bromea Mike al entrar en la cocina y toparse con Carmen. Me besa en los labios y añade: – ¿Cómo se encuentra mi hada de la suerte?

–  Estoy bien, pero necesito hablar contigo. – Balbuceo nerviosa.

Mike me escruta con la mirada, tratando de adivinar qué es lo que ocurre. Se pasa las manos por la cabeza y, mirándome a los ojos con gesto indescifrable, me dice:

–  Te escucho.

–  No sé muy bien cómo decirlo… Es un poco complicado. – Empiezo a decir. – El caso es que desde hace unos días no me encuentro muy bien, como ya te habrás dado cuenta… Tengo náuseas, sueño a todas horas y hace diez días que tendría que haberme venido la regla. – Le dejo caer como una bomba y le observo esperando su reacción.

Los labios de Mike se curvan formando una amplia sonrisa y me pregunta para asegurarse:

–  ¿Me estás diciendo que vamos a tener un bebé? – Sin duda alguna, la noticia le ha hecho feliz tal y como me ha dicho Carmen que ocurría.

–  He comprado esto en la farmacia para confirmarlo. – Le respondo enseñándole los dos test de embarazo que he comprado.

Mike me abraza, me coge en brazos y da vueltas sobre sí lleno de felicidad y alegría. Me besa en los labios con adoración y me dice sin dejar de abrazarme:

–  Temía que fueras a darme una mala noticia y sin embargo acabas de hacerme el hombre más feliz del planeta. – Me besa de nuevo en los labios y añade: – Vamos a confirmarlo.

Me lleva al cuarto de baño y me sienta en el inodoro tras subirme el vestido y bajarme las bragas. Saca el aparato del envoltorio y me lo entrega, después saca las instrucciones del test de embarazo y las lee en voz alta para que las siga al pie de la letra. Cuando por fin logro hacer pipí sobre la tira reactiva del aparato, le pongo el capuchón y lo dejo sobre la encimera, a la vista de ambos. Mientras esperamos que aparezca el resultado, Mike me abraza desde la espalda y me da besos por el cuello y la nuca, tratando de relajar la tensión que siento en este momento. En la pequeña ventana del aparato aparecen dos palitos de color rosa y Mike se afana en leer las instrucciones para averiguar el resultado. A mí no me hace falta, sé lo que significan los dos palitos: estoy embarazada. Mike descubre el resultado y sonríe feliz al conocer la noticia, pero mi cara debe ser un poema porque me mira a los ojos y su sonrisa se desvanece, me coge en brazos y me lleva a la cama al mismo tiempo que me pregunta preocupado:

–  Cielo, ¿estás bien? Te has puesto pálida y…

–  Tengo miedo, Mike. – Le interrumpo. – No sé si estoy preparada para esto, si voy a ser capaz de cuidar de una vida que va a depender absolutamente de mí y…

–  Sht. – Me calma Mike meciéndome entre sus brazos. – Vas a ser la mejor madre del mundo y no tienes que asustarte porque no vas a estar sola, yo voy a estar contigo y con nuestro bebé en todo momento y te voy a ayudar. – Me da un beso en los labios y añade: – Además, Carmen se volverá loca de alegría y estará encantada de ayudarnos; nuestros padres también estarán encantados de tener un nieto. Kate lleva tiempo pidiéndonos un sobrinito al que malcriar y pronto se lo vamos a dar. – Me acaricia la inexistente barriga con ambas manos y me susurra al oído: – Soy el hombre más feliz del mundo y todo gracias a ti, que me lo has dado todo, cariño. Te quiero, pequeña.

–  Yo también te quiero. – Le respondo dejándome envolver por sus cálidos brazos.

 

FIN

 

 

Tu hada de la suerte 22.

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El sábado por la mañana Mike me lleva a casa de mis padres. Se ha levantado de muy buen humor y se muestra excesivamente cariñoso y dulce conmigo. Me siento en el séptimo cielo, así es como me hace sentir Mike. Tengo que reconocer que estoy un poco nerviosa, mis padres nos someterán a un tercer grado y, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, estoy segura de que hablaremos de Daniel y eso me hace sentir incómoda. No quiero hablar de él, me gustaría fingir que nunca ha existido, olvidarme de él y de todo lo que sufrí por él. Ahora solo quiero ser feliz al lado de Mike y voy a luchar por mi felicidad.

–  ¿En qué piensas? – Me pregunta Mike curioso.

–  En lo bien que me siento cuando estoy contigo. – Le confieso.

Mike me sonríe con dulzura, coge una de mis manos y se la lleva a los labios para besarla con ternura. Pese a lo tenso que estaba anoche, hoy parece relajado y contento.

Llegamos a casa de mis padres antes del mediodía y mi madre sale a recibirnos con una amplia sonrisa en los labios y los brazos abiertos e impacientes por envolverme con ellos.

–  Mi niña, me alegro de que estés aquí. – Me dice mientras me abraza con fuerza. – ¿Cómo estás? ¿Va todo bien, cielo? Últimamente nos tienes preocupados y después de lo que nos enteramos ayer… Supongo que ya sabrás lo de Daniel, ¿verdad?

–  Estoy bien, mamá. – La tranquilizo. Mike se acerca y me apresuro en añadir antes de que llegue donde estamos nosotras: – Sé lo de Daniel, pero no quiero hablar de ello ahora y menos delante de Mike.

–  Lo único que me importa es que estés bien y parece que Mike se ha encargado de que así sea. – Me dice mi madre con complicidad. – ¿No vas a presentármelo?

Espero a que Mike llegue a mi lado, le cojo la mano para que me transmita seguridad y transmitírsela también a él y hago las presentaciones oportunas:

–  Mamá, éste es Mike, mi novio. – Puedo sentir como Mike respira aliviado, el pobre aún tenía alguna duda de que lo fuera a presentar como a mi jefe. – Mike, ésta es mi madre, Katia.

–  Encantado de conocerla, señora Ayala. – La saluda Mike amablemente estrechándole la mano.

–  Lo mismo digo, Mike. – Le responde mi madre. – Y por favor, llámame Katia.

Mi madre nos invita a pasar y nos sentamos en el sofá del sillón mientras ella nos sirve un par de refrescos y va a buscar a mi padre a su despacho para informarle de nuestra llegada. Mi madre regresa al salón acompañado de mi padre. Mike se pone en pie para saludarlo y noto cómo se tensa igual que anoche. Mi padre me mira a los ojos tratando de averiguar mi estado de ánimo y yo le hago saber que estoy feliz mostrándole una de mis mejores sonrisas, eso hace que su expresión se torne más amistosa y Mike se relaja un poco.

–  ¡Hola papá! – Lo saludo echándome a sus brazos.

–  ¿Cómo está mi pequeña? – Me pregunta paternal mientras me abraza con fuerza. – Tu madre y yo te hemos echado mucho de menos.

–  Tendrás que darle las gracias a Mike, él es el responsable de que esté aquí. – Le respondo pidiéndole paz con la mirada, a mi padre siempre le ha gustado asustar a mis novios. – Papá, quiero presentarte a Mike.

Ambos hombres se miran con firmeza y seguridad y se estrechan la mano con cordialidad, pero con cierta desconfianza.

–  Me alegro de que ambos estéis aquí. – Comenta mi padre.

Nos tomamos el refresco mientras charlamos con mis padres sobre nuestra peculiar relación, pero omitiendo los detalles más privados. Mike justifica nuestra repentina y temprana relación alegando que fue amor a primera vista y que desde entonces no he salido de su cabeza ni de su corazón. Ni qué decir tiene que se mete a mi madre en el bolsillo en el momento y creo que a mi padre también, aunque no lo muestre tan abiertamente como ella.

Algunos amigos y vecinos de mis padres empiezan a llegar a saludarme, mi madre les ha avisado de mi llegada y ha organizado una pequeña “fiesta de bienvenida” y yo pongo los ojos en blanco.

–  Lo intentado evitar pequeña, pero ya conoces a tu madre. – Me dice mi padre resignado pero mirando a mi madre con verdadera adoración.

Por el rabillo del ojo veo como Mike sonríe divertido, está disfrutando con la situación. Mi madre se apresura a presentar a su “yerno”, como lo llama ella, a todos los invitados y Mike los saluda a todos amablemente. Ahora soy yo la que sonríe divertida.

–  Hacía tiempo que no te veía tan feliz. – Me dice mi padre aprovechando que todos están entretenidos charlando con mi madre y con Mike. Me ofrece una cerveza y añade: – Supongo que es mérito de Mike.

–  Supones bien, papá. – Le confirmo sonriendo. – Puede que todo esté pasando demasiado deprisa, pero nunca había sido tan feliz como lo soy hoy. Os tengo a vosotros, lo tengo a él y no tengo ninguna preocupación en la cabeza excepto la de continuar siendo y sintiéndome así de feliz.

–  Soy feliz si tú eres feliz, pequeña. – Me dice mi padre con ternura. – Mike parece un buen hombre, está pendiente de ti todo el tiempo y te mira con verdadera adoración. Me recordáis a tu madre y a mí cuando éramos jóvenes. Nuestra relación también empezó de una forma repentina, no quise alejarme de ella desde la primera vez que la vi y treinta años después sigo adorándola como el primer día.

Mi padre me abraza y me besa en la coronilla con ternura. Últimamente no se lo he hecho pasar muy bien a mis padres, mi vida era un caos pero ahora está calmada y relajada, todo gracias a Mike. Y a mi padre eso no se le ha pasado por alto.

En cuanto puede escabullirse de mi madre y sus amigas, Mike viene a mi encuentro mostrando su mejor sonrisa pese a que el día se le debe estar haciendo eterno. Le devuelvo la sonrisa y acerco mis labios a los suyos para besarle. Mike acepta el beso pero enseguida lo corta mirando de reojo a mi padre y sintiéndose incómodo. Mi padre nos sonríe y sale al encuentro de mi madre, dejándonos a Mike y a mí solas.

–  ¿A qué ha venido eso? – Me pregunta Mike con sorna, refiriéndose al beso.

–  Decías que no querías esconderte. – Le respondo divertida mientras me encojo de hombros. – Y te he visto con cara de necesitarlo.

–  No sabes cuánto necesito tus besos en este momento, pero si empiezo no voy a poder parar y no querrás que demos un espectáculo en casa de tus padres rodeados de sus vecinos y amigos. – Me susurra al oído con voz ronca. Lo provoco rozando mi mano por su entrepierna y añade con la mirada incendiada por el deseo: – Deja de torturarme o me las pagarás cuando lleguemos a casa.

–  ¿Me vas a castigar como a una chica mala? – Continúo con mi juego de provocación.

Mike abre la boca para decir algo, pero justo en ese momento mis padres entran en el salón acompañados por todos los invitados y nos hacen sentar a la mesa.

Disfruto de un día rodeada de mis padres y sus amigos acompañada por Mike, que se ha mostrado abierto y amable con todo el mundo. Tiene un carisma que raya lo divino y se los mete a todos en el bolsillo, incluido mi padre.

Cuando el sol se oculta tras las montañas, Mike y yo decidimos regresar a la casa de campo y nos despedimos de mis padres. Mi madre me hace prometer que regresaré pronto a visitarles y le hace prometer a Mike que me acompañará, él acepta encantado.

Llegamos a la casa de campo bien entrada la noche. Hace frío y Mike enciende la chimenea. Nos sentamos en el sofá y Mike me coloca entre sus brazos y nos echa una manta por encima para combatir el frío.

–  ¿Lo has pasado bien hoy, pequeña? – Me pregunta con ternura.

–  Lo he pasado genial, me encanta estar contigo. – Le respondo con franqueza.

–  Pues lo mejor del día está por llegar, preciosa. – Me dice Mike con tono sugerente a la vez que me tumba sobre el sofá y se echa sobre mí como un lobo hambriento. – Voy a besarte, a acariciarte, a meterme dentro de ti y a hacerte el amor. Quiero oírte gemir bajo mi cuerpo, quiero oírte gritar cuando te corras y que te dejes llevar por la pasión el deseo, cariño. Quiero que te entregues a mí y seas completamente mía, de nadie más.

Nuestras bocas se encuentran y nos besamos salvajemente, nos desnudamos el uno al otro en milésimas de segundos y nuestros cuerpos se pegan con urgencia, con la necesidad de permanecer unidos. Hacemos el amor frente a la tenue y mágica luz del fuego de la chimenea y alcanzamos juntos el clímax, abandonándonos en un grito de placer incontrolable. Nos quedamos tumbados uno al lado del otro hasta que nuestras respiraciones se acompasan y Mike me coge en brazos y me lleva a la cama, donde me acurruca entre sus brazos y me acuna hasta quedarnos dormidos.

Tu hada de la suerte 21.

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Tras instalarnos en la habitación principal, Mike se empeña en preparar la cena y yo decido ayudarle, pese a que soy una nefasta cocinera. Me sorprendo al descubrir la destreza de Mike con los fogones, nunca lo hubiera imaginado.

Después de cenar, pasamos al salón y nos sentamos en el sofá frente a la chimenea y, mientras Mike rellena las copas de vino, me dice con voz firme y segura:

–  Ha llegado el momento de tener esa conversación. – Me acerca mi copa y añade: – Sé que el hecho de que trabajemos juntos te perturba, pero te aseguro que nuestra relación personal no afectará en nuestro trabajo.

–  Eres mi jefe, Mike. – Le recuerdo, ya que habla como si fuera un compañero más.

–  Sé que apenas hace un mes que nos conocemos y quiero seguir conociéndote, pero quiero hacerlo sin tener que escondernos. – Me dice Mike mirándome a los ojos. – Me gustaría poder pasear contigo y cogerte de la mano, me gustaría besarte sin tener que contenerme porque haya alguien delante, y también me gustaría que dejaras de presentarme como tu jefe.

–  ¿Y cómo se supone que debo presentarte? – Le pregunto con un hilo de voz, rogándole en silencio a todos los dioses para que su respuesta no me rompa el corazón.

–  A mí me gustaría que me presentaras como a tu pareja, siempre que tú estés de acuerdo.

–  ¿Me estás proponiendo una relación formal y estable? – Pregunto sorprendida.

–  Ya te he dicho que no quiero salir contigo a escondidas, tengo muy claro lo que quiero y te quiero a ti, te quiero solo para mí. – Me dice con la seguridad que le caracteriza. – Dime algo, Milena.

–  No sé qué decir. – Le digo con sinceridad. – Quiero estar contigo, pero todo esto está yendo demasiado rápido y tengo miedo, Mike…

–  No debes temer nada, pequeña. – Me susurra Mike. – Danos una oportunidad a los dos, te prometo que no te presionaré y que, si lo necesitas, te daré tu espacio.

–  ¿Y si no sale bien? – Me aventuro a preguntar hecha un manojo de nervios.

–  Saldrá bien, pequeña. – Me asegura Mike. – No pienso dejar escapar a mi hada de la suerte, solo deja que te demuestre cuánto deseo tenerte en mi vida. ¿Qué me dices? ¿Me das una oportunidad?

–  Sí, pero antes hay algo que quiero aclarar. – Le respondo sonriendo. – Si yo soy solo tuya, tú eres solo mío, estamos en igualdad de condiciones.

–  Soy tuyo desde el primer día en que te vi en el hall del Luxe, desde entonces me acuesto y me levanto pensando en ti. – Me besa en los labios y añade: – Mi vida empezó a tener sentido cuando te conocí.

Le devuelvo el beso con urgencia y verdadera necesidad. El calor de su cuerpo y la seguridad con la que sus brazos me envuelven me hacen sentir querida y relajada. Los besos y las caricias se tornan más apasionadas y excitantes y terminamos haciendo el amor allí mismo, en el cómodo sofá del salón frente al calor de la chimenea.

El viernes por la mañana, tras desayunar y llamar a mis padres para decirles que el sábado les iré a visitar acompañada de mi novio, Mike me coge en brazos y me lleva al baño, donde me deja sentada sobre la encimera de mármol del lavabo mientras llena de agua la bañera.

–  Me encanta bañarme contigo. – Me susurra cogiéndome de nuevo en brazos para depositarme en la bañera. Se sienta detrás de mí y, colocándome entre sus piernas, añade: – ¿Cómo se han tomado tus padres la noticia?

Mike se refiere a la visita que mañana les haremos a mis padres. Cuando he llamado a mi madre y le he dicho que iría a visitarla acompañada no me ha hecho falta decirle quién será mi acompañante. Al parecer, mi abuela Anika le ha dado todos los detalles. El hecho de que Mike cuente con la aprobación de mi abuelo Oleg no ha hecho más que acrecentar la curiosidad de mis padres, pues mi abuelo es muy estricto y por regla general nadie le cae bien. Mi madre está encantada, pero mi padre se ha mostrado más reservado con el asunto, como siempre.

–  Se lo han tomado muy bien y tienen muchas ganas de conocerte. – Le respondo. Noto como Mike se tensa bajo mi cuerpo y, abrazándolo con más fuerza, lo tranquilizo: – Mis abuelos les han hablado muy bien de ti, no tienes de qué preocuparte.

–  Voy a conocer a mis futuros suegros, es normal que esté nervioso. – Me dice divertido. – Por cierto, eso me recuerda que debemos volver a casa de mis padres y hacer una presentación formal.

–  Vayamos por pasos. – Le ruego.

Mike me sonríe burlonamente y me besa en los labios con una ternura y una dulzura que me derrite y, apretando su pelvis contra la mía para que note su excitación, me susurra con voz ronca y sugerente:

–  Creo que ambos necesitamos aliviar tensiones.

–  Estoy totalmente de acuerdo. – Le respondo antes de devorarle la boca.

Hacemos el amor en la bañera y me entrego en cuerpo y alma al hombre que tanto deseo y sin el cual ya no querría vivir.

Por la tarde Mike recibe una llamada y su semblante se pone serio. Se dirige a la cocina para hablar con mayor intimidad y regresa al salón casi una hora después. Sé que está nervioso, se pasa las manos por la cabeza y se muerde el labio mientras se acerca y se sienta a mi lado.

–  ¿Quieres contarme qué te pasa? – Le pregunto con cautela.

–  Era Joe. – Me responde nervioso. – Tu ex novio ha tenido un accidente de tráfico esta mañana, los médicos han intentado hacer todo lo posible pero…

–  ¿Daniel está muerto? – Pregunto intuyendo la respuesta.

Mike asiente con la cabeza y me escruta con la mirada tratando de adivinar mis sentimientos, pero ni yo misma sé cómo me siento. Estoy sorprendida por la noticia y no me alegro, pero tampoco me entristece. Es como si una parte de mí se hubiera liberado de la carga mental que la existencia de Daniel me generaba, aunque suene tremendamente egoísta y desalmado. Yo no quería que le ocurriera nada malo ni me alegro por ello, pero tampoco puedo decir que me entristezca, hace tres meses que para mí Daniel está muerto.

–  ¿Cómo ha ocurrido? – Pregunto finalmente.

–  Estaba borracho, robó un coche y se dio la fuga de la policía, pero se estrelló contra un camión en la autopista al tratar de adelantarlo. – Mike coloca una de sus manos sobre mi rodilla y me pregunta: – ¿Estás bien?

–  Estoy bien, de verdad. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Supongo que debería afectarme, pero lo cierto es que me siento un poco aliviada, aunque suene fatal…

Mike me abraza con fuerza, me coloca entre sus brazos y me besa en la frente. Le noto tenso, tiene la mandíbula apretada y sé que me está ocultando algo.

–  ¿Hay algo más, verdad? – Le pregunto. – Dímelo Mike, no quiero mentiras.

–  La policía ha registrado el piso de Daniel y ha encontrado cientos de fotos tuyas, ha estado siguiéndote desde poco antes de que empezaras a trabajar en Luxe. – Me dice Mike. – Él fue quien envió las fotos en las que aparecíamos juntos, pero supongo que ya nada de eso importa.

–  No, ya no importa nada. – Le secundo. – Ahora lo único que me importa y en lo único que quiero pensar es en nosotros, Mike. – Mi teléfono móvil empieza a sonar e interrumpe el beso que a punto estaba de dar a Mike, que gruñe a modo de protesta pero no impide que coja el móvil y conteste: – ¿Sí?

–  Hola Milena, soy Brad. – Me saluda Brad al otro lado del teléfono. – Tenemos a Ivanov y a toda su banda, ahora mismo están camino a una base secreta de la Interpol donde serán interrogados. Hemos reabierto el caso de Erik Clark, solo quería que lo supieseis. Llamaré de nuevo cuando haya novedades sobre el caso.

–  Gracias Brad, te debo una. – Le agradezco.

–  No tienes nada que agradecerme, pero me harás feliz si tú también lo eres y en mí siempre tendrás un amigo en el que refugiarte y que te ayudará cuando lo necesites, no lo olvides.

–  Lo mismo digo, Brad.

Tras despedirme de Brad y colgar, le cuento a Mike la noticia que me acaba de dar por teléfono y él parece alegrarse, pero no parece del todo satisfecho.

–  Le tienen que interrogar y llevar a cabo una nueva investigación, estas cosas llevan su tiempo. – Trato de animarle. – En cualquier caso, puedes estar seguro de que Ivanov no volverá a ver la luz del sol.

–  Lo sé, solo quiero que todo esto acabe cuanto antes. – Me responde Mike estrechándome con fuerza entre sus brazos. – De lo único que quiero preocuparme es de que tú estés bien, pequeña.

–  Estoy bien siempre que estoy contigo. – Le confieso dándole tiernos besos por su cuello. – Cariño, tu hada de la suerte está muy caliente, necesita que su ángel de la guarda le haga arder.

–  Tu ángel de la guarda se vuelve loco por satisfacer tus deseos, pequeña.

Mike me coloca a horcajadas sobre él y se deshace de la bata y el camisón de seda roja que llevo puesto en cuestión de dos segundos. Estoy desnuda y totalmente expuesta frente a él y al ver cómo sus ojos arden de deseo me siento fuerte, segura y poderosa. Ayudo a Mike a deshacerse de su camiseta y sus pantalones y ambos quedamos desnudos en el sofá frente la luz y el calor de la chimenea. Me tumba en el sofá y con una mano sujeta mis manos por las muñecas por encima de la cabeza mientras que con la otra acaricia mis pechos y se lleva a la boca mis pezones para lamerlos y morderlos, sometiéndome a una dulce tortura a la que me he vuelto adicta. Sus labios descienden por mi cuerpo en línea recta pasando por el ombligo hasta llegar a mi pubis, que muerde juguetonamente y yo gimo excitada. Me abre las piernas para tener un mejor acceso a mi entrepierna y desliza su lengua por los labios vaginales hasta encontrar el clítoris y lo estimula con fuertes lametones, presionándolo y succionándolo mientras sus manos acarician lascivamente todo mi cuerpo. Me arqueo y gimo, envuelta en un manto de placer supremo. Lo quiero dentro de mí y se lo hago saber arrastrándolo hasta ponerlo a mi altura. Mike me comprende con solo mirarme, lleva su pene erecto a la entrada de mi vagina y me penetra de una sola estocada haciéndome gemir y sacudiendo mi cuerpo con descargas de éxtasis que se adueñan de todo mi ser. Mi cuerpo tiembla y se sacude ante la inminente llegada del orgasmo mientras Mike entra y sale de mí con fuerza y rapidez, haciéndome vibrar con cada embestida, dejándome llevar por las olas de placer que Mike me provoca. Una última estocada y ambos alcanzamos juntos el clímax, gritando el nombre del otro mientras nuestros cuerpos se sacuden y convulsionan ante el delirante placer del orgasmo.

Tu hada de la suerte 20.

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Tras darles las buenas noches a mis abuelos, Mike y yo nos dirigimos a la casa de invitados. Estoy tan agotada que ni siquiera pienso en deshacer la maleta, ya lo haré mañana por la mañana. Mike me abraza desde la espalda y me susurra al oído:

–  No te imaginas las ganas que tenía de sentirte entre mis brazos. – Me besa en el cuello con dulzura y añade: – Por cierto, me gustaría saber de qué hablabas con tu abuela. Aunque me imagino lo que te habrá dicho.

–  ¿Qué te imaginas que ha dicho? – Pregunto con curiosidad.

–  ¿Me equivoco si te digo que te ha preguntado por qué has venido a Rusia con tu jefe?

–  Te equivocas. – Le confirmo. – Mi abuela ha querido dejarme muy claro que no le hace ninguna gracia que te presente como mi jefe.

–  ¿Y cómo quiere que me presentes?

–  Esa respuesta formaría parte de una conversación que se suponía que íbamos a tener cuando regresásemos a Highland después de pasar unos días en Kazan, pero tú has suspendido nuestra estancia y yo me niego a tener esa conversación hasta entonces.

–  Te compensaré los días perdidos en Kazan por unos días memorables en mi casa de campo, donde solo estaremos tú y yo. – Me promete Mike. – En un par de días regresamos a Highland, arreglo unos asuntos en la oficina y nos vamos fuera de la ciudad unos días, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo. – Le confirmo feliz de que quiera que sigamos viéndonos cuando lleguemos a Highland.

–  Estás agotada. – Me susurra empezando a desnudarme. Nos metemos en la cama y me coloca entre sus brazos al mismo tiempo que me susurra al oído: – Duérmete pequeña, necesitas descansar.

Realmente estoy agotada y me quedo dormida al momento. A la mañana siguiente cuando me despierto Mike sigue envolviéndome con sus brazos y, tras besarme en los labios, me dice:

–  Buenos días, pequeña. ¿Has dormido bien?

–  Buenos días. – Lo saludo acurrucándome a su lado. – No podía haber dormido mejor, ¿y tú?

–  Fatal, tus ronquidos no me han dejado pegar ojo. – Bromea para provocarme. – Creo que me lo deberías compensar de algún modo.

Me coloco a horcajadas sobre él pero Mike, agarrándome por la cintura, me hace rodar en la cama hasta que invierte nuestras posiciones y comienza a besarme apasionadamente. Sus manos acarician cada recoveco de mi cuerpo, arrancando gemidos de placer de mi garganta al mismo tiempo que mi cuerpo se arquea invitándolo a poseerme y finalmente reclamando su posesión con urgencia.

–  Mmm… Mi hada de la suerte está que arde. – Murmura Mike con voz ronca.

Hacemos el amor en la cama y volvemos a repetir en la bañera. Mi cuerpo no se sacia del cuerpo de Mike y él tampoco parece saciarse de mí.

Pasamos dos días en Kurovo y mis abuelos terminan cogiéndole cariño a Mike al ver cómo me mira y cómo me trata. Mi abuela insiste en recordarme que solo tenemos una vida y que no debo dejar pasar la oportunidad de ser feliz que el destino me brinda. Según ella, Mike y yo estamos hechos el uno para el otro.

El miércoles por la noche regresamos a Highland y Joe viene a buscarnos al aeropuerto. Mike ni siquiera me pregunta si quiero ir a mi casa o a la suya, directamente le dice a Joe que nos lleve a casa y veinte minutos más tarde llegamos a casa de Mike.

Subimos a la planta superior y caminamos por el distribuidor para dirigirnos a las habitaciones cuando, al llegar a la habitación de invitados donde he dormido las veces anteriores, me paro frente a la puerta para entrar pero Mike se para a mi lado y me pregunta un tanto molesto:

–  ¿Qué haces? – No me deja responder y añade con voz triste: – ¿Es que no quieres dormir conmigo?

Por supuesto que quiero dormir con él, pero en lugar de eso le respondo:

–  Alguien podría vernos.

La cara de Mike es un poema, no le han gustado nada mis palabras y me espeta:

–  ¿Acaso te supone un problema que te vean conmigo?

–  No he querido decir eso y lo sabes. – Me apresuro en contestar y, tratando de que me entienda, continúo: – Eres mi jefe, Mike. Y por si fuera poco tan solo llevo tres semanas trabajando en Luxe.

–  Necesitamos tener con urgencia esa conversación. – Farfulla irritado. Me lleva a su habitación y me dice antes de meternos en la cama: – Mañana iré temprano a la oficina y cuando regrese nos iremos fuera de la ciudad hasta el domingo. – Me besa en los labios, me acomoda entre sus brazos y añade: – Y ahora descansa, mañana no te dejaré dormir hasta que hablemos y dejemos claras algunas cosas.

Cuando me despierto, Mike no está en la cama y tampoco en la habitación. Son las diez de la mañana, he dormido casi doce horas seguidas y sigo estando cansada. ¡Maldito jet-lag! Me siento en la cama y veo una nota sobre la mesita de noche: Buenos días, pequeña. He ido a la oficina para arreglar unos asuntos, pero regresaré antes de comer. Llámame si necesitas algo y siéntete como en tu propia casa. Mike.

No puedo evitar sonreír al leer la nota, Mike no deja de sorprenderme.

Me ducho y bajo a desayunar a la cocina, donde me encuentro con Carmen que me saluda con cariño y se muestra discreta respecto a mi relación con Mike. Carmen me hace compañía mientras espero que Mike regrese y se lo agradezco, siempre es muy amable y cercana conmigo.

Mike regresa antes de la hora de comer, tal y como me ha prometido. Mike y Joe entran en la cocina, donde me encuentro ayudando a Carmen a preparar la mesa, y Mike me atrae hacia a él y me besa en los labios delante de ellos. Estoy segura de que lo ha hecho por la pequeña discusión de ayer, si se puede llamar discusión porque no me dio opción a rebatirle.

–  Te he echado de menos. – Me susurra Mike al oído. Se vuelve hacia a Carmen y le dice con tono alegre: – Carmen, estaremos fuera de la ciudad hasta el domingo. Joe se quedará en casa, avísale si necesitas algo.

Después de comer, Mike y yo nos subimos a su coche y nos dirigimos a su casa de campo, situada a unos 200 km de la ciudad. Paramos por el camino en un supermercado para comprar algo de comida, ya que a donde vamos estaremos rodeados de naturaleza y nada más. Cuando llegamos me quedo asombrada, esperaba ver una pequeña casa en mitad del campo y me encuentro con una enorme casa de dos plantas con jardín, piscina y garaje. Está situada en una explanada junto a un lago y rodeada de bosques, el lugar perfecto para desconectar y relajarse.

Mike me enseña la casa, compuesta de cinco habitaciones, cinco baños, un aseo, una cocina-comedor y un amplio salón con chimenea. La casa de campo no tiene mucho que envidiarle a la casa habitual de Mike.

–  Estás muy callada, ¿no te gusta la casa? – Me pregunta Mike preocupado. – Si no te gusta…

–  La casa me encanta. – Le aseguro antes de que pueda terminar la frase. Mi móvil empieza a sonar y respondo al ver que es mi madre: – Hola, mamá.

–  Hola, mi niña. – Me saluda cariñosamente y acto seguido me dice decepcionada: – Prometiste llamarme cuando regresaras a Highland y no lo has hecho, espero que al menos vengas a vernos este fin de semana.

–  Lo siento, mamá. He estado algo liada y se me ha pasado llamarte. – Me disculpo sintiéndome culpable y añado: – Y no creo que pueda ir a veros este fin de semana, pero te prometo que el próximo fin de semana iré.

–  Tus promesas empiezan a perder valor, Milena. – Me regaña mi madre. – Hemos organizado una pequeña comida para reunirnos el sábado, ¿estás segura de que no vas a poder venir?

–  Veré qué puedo hacer, mamá. – Me resigno ante su insistencia. – Pero no te prometo nada.

–  Te llamaré mañana y ya quedamos para el sábado. – Me dice mi madre como si le hubiera asegurado que voy a ir. – Tengo muchas ganas de verte y también tenemos muchas cosas de las que hablar, como de la relación que te traes con tu supuesto jefe, la abuela me ha dicho que es tu alma gemela.

–  La abuela tiene la boca muy grande. – Refunfuño. – Mañana hablamos, mamá.

–  De acuerdo, mi niña. – Se despide mi madre. – Te quiero, no lo olvides.

–  Yo también te quiero, mamá. – Le digo antes de colgar.

Mike, que ha estado escuchando todo lo que le he dicho a mi madre, me pregunta inquieto:

–  ¿He estropeado los planes que tenías para este fin de semana?

–  No has estropeado nada, pero a mi madre no le ha sentado nada bien que retrase mi visita para el próximo fin de semana. – Le respondo. – Ha organizado una de sus reuniones para el sábado y se ha molestado un poco cuando le he dicho que al final no voy a poder ir.

–  Tus padres no viven muy lejos de aquí, podría llevarte con ellos el sábado y, si quieres, me encantaría acompañarte. – Me dice Mike abrazándome por detrás. – Pero antes tenemos que hablar, Milena.

No suele llamarme por mi nombre, solo cuando está enfadado o cuando la situación es demasiado seria y eso me inquieta. Necesitamos hablar de nuestra relación y deseo hacerlo, pero también me inquieta y me atemoriza. Es posible que Mike se haya cansado de mí y quiera dar por finalizado nuestra relación personal.

Tu hada de la suerte 19.

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Cuando me despierto Mike no está a mi lado en la cama, ya se ha levantado. Suspiro sonoramente tratando de aliviar la tensión que siento, pero sin lograrlo. Mi suspiro ha debido de alertar a Mike, que sale del baño envuelto en una toalla a la altura de la cintura y todavía mojado de la ducha. Nuestras miradas se encuentran pero Mike no dice nada, así que intento hablar con él:

–  Buenos días.

–  Buenos días. – Me responde sin mirarme.

Está claro que sigue enfadado, pero decido ignorar su enfado ya que no tiene ningún sentido.

–  La chica que estaba con Ivanov anoche en el restaurante es su prometida y se conocieron hace tres meses. – Empiezo a decir mientras él se viste. – Le enviaré a mi abuelo las fotos que les hice anoche y podremos saber el nombre de ella.

–  No. – Me dice con rotundidad. – Regresamos a Highland.

–  ¿Cómo? – Pregunto incrédula y protesto: – No podemos regresar ahora, acabamos de llegar y no hemos venido hasta aquí para nada.

–  Teníamos un acuerdo que no has respetado, todo esto se me está escapando de las manos y no pienso dejar que te pongas en peligro por no ser capaz de cumplir una sola cosa que te pido. – Me espeta Mike furioso. Se pone la chaqueta y, sin mirarme a la cara, me ordena antes de marcharse: – Dúchate y baja a desayunar, vendré a buscarte en un par de horas.

Y, sin más, Mike desaparece dejándome sola. No sé a dónde ha ido, pero tampoco me atrevo a preguntar, intuyo su respuesta…

Me ducho, preparo el equipaje (Mike ya ha dejado listo el suyo) y bajo al restaurante del hotel a desayunar. Estoy absorta en mis propios pensamientos cuando un hombre se sienta junto a mí. Es Brad, un agente de la Interpol con el que he colaborado en alguna ocasión y con el que me llevo muy bien, pero sé qué está haciendo aquí y le pregunto molesta:

–  ¿Quién te lo ha dicho?

–  Yo también me alegro de verte, Milena. – Me responde mofándose. – Tengo entendido que tu abuelo te dijo que Ivanov estaba siendo investigado por la Interpol y aun así has decidido intervenir por tu cuenta.

–  No sé de qué me hablas. – Le respondo con fingida inocencia.

–  Puede que esto te refresque la memoria. – Me responde Brad entregándome varias fotos en las que aparezco cenando con Mike a dos mesas de Ivanov.

–  Aunque no te lo creas, salimos a cenar y coincidimos en el mismo restaurante. – Le explico sabiendo que no se lo va a creer pese a que es la verdad. – Pero tranquilo, me temo que regreso hoy mismo a casa.

–  Ivanov es demasiado peligroso, Milena. – Me advierte Brad. – Sé lo que has venido buscando y prometo que lo conseguiré y te mantendré informada de toda la operación, pero tienes que mantenerte al margen, ¿me lo prometes?

–  Te lo prometo. – Me resigno.

Y Brad me da un cálido abrazo que dura hasta que la voz de Mike inquiere a mis espaldas:

–  ¿Interrumpo algo?

Si antes estaba enfadado y furioso, ahora parece estar fuera de sí, lo noto en sus ojos a pesar de que trata de mantener la compostura. Brad sonríe burlonamente, divirtiéndose observando la situación.

–  Brad, él es Mike Madson, mi jefe. – Le digo a Brad sin apenas mirar a Mike.

Brad le tiende la mano y le dice con amabilidad:

–  Soy Brad, un viejo amigo de Milena. – Le hace un gesto a Mike para que se siente con nosotros y continúa hablando: – Milena me estaba diciendo que os vais hoy de la ciudad.

–  Así es. – Le confirma Mike.

–  Es lo mejor que podéis hacer, las cosas por aquí están un poco tensas y meses de investigación se pueden ir por el retrete si no actuamos en consecuencia. – Comenta Brad. Se vuelve hacia a Mike y le dice con una sonrisa de complicidad: – No sé qué le habrás hecho, pero la tienes bastante cabreada. – Brad se levanta de la silla, me abraza, me besa en la frente con cariño y se despide: – Te llamaré todos los días, pero recuerda lo que me has prometido. – Se vuelve hacia Mike y añade antes de marcharse: – Ten paciencia con ella, la vas a necesitar.

Brad se marcha sonriendo y yo continúo desayunando como si nada hubiera pasado. Si Mike se había enfadado porque hablé con la prometida de Ivanov en el baño de un restaurante, yo me he enfadado por su manera de ignorarme y decido pagarle con la misma moneda.

–  ¿Qué clase de amigo es Brad? – Me pregunta Mike con cara de pocos amigos.

–  Uno bueno. – Respondo con indiferencia.

–  Algo más que un amigo será cuando me has presentado como tu jefe. – Me reprocha molesto.

–  Que eres mi jefe es lo único que tengo claro. – Farfullo en voz baja pero lo suficientemente alto como para que Mike me escuche.

Termino de desayunar en silencio y bajo la atenta mirada de Mike, que sigue furioso, pero también me mira con curiosidad. Sé que está esforzándose por no preguntar lo que quiere saber, el muy orgulloso no da su brazo a torcer.

Cuando subimos a la habitación para coger el equipaje, Mike se me echa encima, me acorrala contra la pared y me besa con urgencia y necesidad. Se apodera de mi cuerpo mientras yo me dejo arrastrar por el placer que sus besos y caricias me proliferan.

–  Acabarás matándome. – Susurra cuando nuestros labios se despegan.

–  Y tú a mí volviéndome loca. – Le replico al recordar que hace apenas dos horas estaba furioso conmigo.

–  Supongo que los dos necesitaremos tener paciencia. – Bromea de buen humor. Me abraza y añade con rotundidad: – Regresaremos a Kurovo, pasaremos un par de días en casa de tus abuelos si así lo deseas y regresaremos a Highland. Tengo que arreglar unos asuntos en el Luxe, pero en cuanto los termine nos iremos unos días fuera de la ciudad tú y yo, tenemos muchas cosas de las que hablar. – Me da un leve beso en los labios y añade: – Será mejor que nos demos prisa, no quiero que se nos haga de noche conduciendo.

Después de casi ocho horas conduciendo tan solo hemos recorrido unos 400 km cuando decidimos parar y alojarnos en un hotel para pasar la noche.

Durante el viaje le he explicado a Mike que Brad, además de un buen amigo, es un agente de la Interpol con el que he colaborado en el pasado y que ahora está investigando a Ivanov. Mike parece relajarse un poco, pero sé que hay algo que le ronda la cabeza y lo averiguo cuando nos metemos en la bañera de nuestra habitación de hotel:

–  ¿Brad es como Tom? ¿Son la misma clase de amigos?

–  No. – Le respondo. – Tom es como un hermano para mí, no tengo esa relación de amistad con nadie excepto con Tom. Brad es un buen amigo y no me he acostado con él, si es eso lo que quieres saber.

–  Pero él lo ha intentado, lo he visto en su mirada. – Me responde Mike estrechándome contra su cuerpo con fuerza. – Te quiero solo para mí, pequeña. Eres mía.

–  Demuéstramelo. – Le ordeno con picardía.

Mike no lo duda ni un segundo, me besa y me hace el amor en la bañera y después en la cama hasta que nos quedamos dormidos uno en brazos del otro.

A la mañana siguiente retomamos nuestro camino hacia Kurovo. Llegamos a casa de mis abuelos maternos al anochecer y mis abuelos nos esperan para cenar juntos. A pesar de que lo único que me apetece es meterme en la cama con Mike y dormirme entre sus brazos, hago un esfuerzo y trato de poner buena cara frente a mis abuelos, aunque no tengo demasiado éxito.

–  Mi niña, ¿va todo bien? Pareces un poco triste… – Comenta mi abuela en ruso para que Mike no la entienda.

–  Estoy bien, abuela. – Le respondo forzando una sonrisa. – Tan solo estoy cansada por el viaje.

–  Sea lo que sea lo que haya pasado, no hay más que mirar a este chico a los ojos para saber que te adora y te idolatra, no sé por qué te empeñas en presentar a Mike como tu jefe, yo lo presentaría como tu alma gemela. – Me dice mi abuela con ternura. Mike no entiende lo que decimos, pero ha escuchado su nombre en la conversación y nos mira intrigado. Mi abuela, que se da cuenta, le sonríe y le dice para tranquilizarlo: – Le estaba diciendo a Milena que deberíais descansar, estaréis agotados por el viaje.

–  ¿Has hablado con Brad? – Me pregunta mi abuelo muy inoportuno.

El gesto de Mike se contrae y tensa la mandíbula al oír el nombre de Brad, a pesar de que le he aclarado que entre él y yo no hay nada, Mike continúa teniendo sus dudas.

–  Ahora no, abuelo. – Le corto de inmediato. Y poniéndome en pie para dirigirme a la casa de invitados y retrasar esa conversación, añado: – Necesitamos descansar, mañana hablamos.

Tu hada de la suerte 18.

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Duermo toda la noche abrazada a Mike. Sé que esto no acabará saliendo bien pero decido disfrutar del momento y lo que tenga que ser será. Mike se comporta con naturalidad conmigo, es cariñoso, amable, atento y un Dios del sexo, pero tampoco ha sacado el tema sobre la definición de nuestra relación y yo tampoco pienso hacerlo.

–  Buenos días, pequeña. – Me saluda cuando abro los ojos. Le dedico una sonrisa pese a estar medio dormida y me froto contra su piel con sensualidad. – Mmm… Me parece que me ha tocado un hada de la suerte insaciable. – Me coloca sobre él y me acaricia la espalda, el trasero, los muslos y gimo cuando llega hasta el centro de mi deseo y acaricia mi humedecido clítoris. – Me encanta encontrarte siempre tan húmeda para mí, preciosa. ¿Te apetece un poco de sexo soñoliento?

–  Mmm… – Es lo único que logra salir de mi boca en respuesta.

–  Me lo tomaré como un sí. – Me susurra divertido al mismo tiempo que guía su pene hasta la entrada de mi vagina y me penetra despacio y con suavidad. Entra y sale de mí sin prisa, pero la posición de nuestros cuerpos aumenta nuestro placer y nuestras respiraciones se aceleran. – Pequeña, quiero que te corras conmigo. Vamos, quiero oírte.

Sus palabras son como una orden para mi cuerpo que le obedece al instante y juntos alcanzamos el orgasmo. Cuando nuestras respiraciones se acompasan, le susurro al oído:

–  Me ha encantado el sexo soñoliento.

–  A mí también, deberíamos patentarlo dentro de nuestra terapia de relajación. – Me responde bromeando. Me mueve para salir de mí y vuelve a abrazarme antes de añadir: – Vamos a la ducha, desayunamos y nos ponemos en marcha, que todavía nos quedan unas cuantas horas de camino.

Mike no espera a que me levante de la cama, me coge en brazos y me lleva a la ducha, donde nos es inevitable volver a hacer el amor. Después bajamos al restaurante del hotel para desayunar y luego nos ponemos en marcha hacia Kazan.

Durante todo lo que dura el trayecto, Mike se muestra cariñoso y atento a cada momento, se preocupa por mí y me repite una y otra vez que cuidará de mí. Sé que está preocupado y se siente culpable por ponerme en esta situación, pero he sido yo quien ha decidido estar donde estoy y tampoco tiene nada por lo que preocuparse, al fin y al cabo he sido entrenada desde niña por uno de los mejores agentes que tuvo la antigua KGB.

Llegamos a Kazan a las 17:00 horas y nos registramos en el hotel donde pasaremos los próximos días para tratar de investigar el entorno de Andrey Ivanov. Lo primero que hace Mike al entrar en la habitación es comprobar el baño. Cuando comprueba que todo está en orden, se acerca a mí con su sonrisa perfecta en los labios, me abraza y me susurra al oído con voz ronca:

–  Tenemos un enorme jacuzzi en el baño, ¿quieres que nos relajemos un poco antes de cenar?

–  Mmm… Me muero de ganas. – Ronroneo excitada por las expectativas de su proposición.

–  Pequeña, ¿dónde has estado todo este tiempo? – Me dice Mike cogiéndome en brazos. – Todo hubiese sido más fácil contigo a mi lado.

–  ¿A qué te refieres? – Le pregunto confusa.

Mike me da un beso en los labios y me deja de pie sobre la alfombra del baño. Abre el grifo del jacuzzi y mientras se llena de agua se desnuda rápidamente y se toma su tiempo para desnudarme a mí. Cuando el jacuzzi está listo, me ayuda a entrar antes de entrar él y me coloca entre sus piernas, dejando que mi pecho descanse sobre el suyo. Me abraza y, mientras acaricia mi espalda con ambas manos, empieza a decir:

–  Hacía años que no me sentía tan bien como cuando estoy contigo. Puedo hablar contigo de cualquier cosa, eres inteligente y muy astuta, por no hablar de lo perseverante e insistente que puedes llegar a ser para conseguir lo que sea. – Me besa en la frente y añade sonriendo: – La primera vez que te vi estabas en el hall del Luxe y me sorprendió tu reacción porque fue la misma que tuve yo cuando entré al Luxe por primera vez. No pude evitar acercarme a ti y necesitaba saber quién eras y qué hacías allí, así que le pedí a Bree que lo averiguara, aunque lo averigüé yo mismo antes de que ella pudiera decírmelo. – Me besa de nuevo en los labios, me mira a los ojos y me dice: – Creo que tenemos pendiente una conversación sobre lo que está pasando, hada de la suerte.

–  Sí, supongo que debemos hablar. – Le contesto resignada.

–  Dime qué piensas de todo esto, Milena.

–  Si te soy sincera, no sé qué pensar. – Le confieso. – Eres mi jefe, no debería estar desnuda contigo en un jacuzzi, sin embargo no hay nada que me apetezca más en este momento. – Me acurruco entre sus brazos y añado: – No han pasado ni dos semanas desde que nos conocimos, pero hemos pasado tantas horas juntos que cuando estoy contigo es como si te conociera de toda la vida, a pesar que apenas sé nada de ti.

–  Entonces deja que sigamos conociéndonos, te prometo que tendremos una cita de verdad en cuanto regresemos a Highland. Y, por supuesto, nuestra vida personal no influirá en lo profesional.

–  ¿Te has parado a pensar en lo que pensarán tus empleados cuando sepan que estamos liados? Acabo de llegar a la oficina y estoy liada con el jefe, creo que lo mejor será que te busques una nueva directora ejecutiva para Luxe. – Le sugiero.

–  Me da igual lo que piensen los demás, solo me importa lo que pienses tú. – Sentencia Mike y me dice muy serio: – Podemos ser discretos durante un tiempo si eso hace que te sientas mejor, pero no pienso salir contigo a escondidas, no somos unos adolescentes.

–  También podemos disfrutar de estos días juntos y tener esta conversación cuando regresemos a Highland. – Le sugiero.

–  Como mi hada de la suerte desee. – Me complace Mike. – Pero te advierto que no voy a cambiar de opinión.

Pasamos más de una hora en el jacuzzi antes de vestirnos y salir a cenar. Mike parece estar de mejor humor cuando nos bañamos juntos y yo tengo que reconocer que me encanta.

Cenamos en un restaurante cerca del hotel donde nos alojamos y, pese a que hace mucho frío en la calle, ambos disfrutamos del paseo y caminamos cogidos de la mano.

–  Mira a tu derecha, ese que está ahí es Andrey Ivanov. – Le susurro a Mike mientras cenamos en el restaurante. – Está cenando con una chica, ¿su novia, quizás?

–  Quizás. – Me responde Mike encogiéndose de hombros.

–  Quédate quieto, voy a intentar sacarles una foto sin que se den cuenta. – Le ordeno mientras saco el móvil del bolso y les saco un par de fotos. – Ya está, después averiguaremos quién es y qué relación tiene con Ivanov.

Alargamos la cena todo lo que podemos hasta que Andrey Ivanov pide la cuenta a uno de los camareros y nosotros hacemos lo mismo. Queremos ver el coche con el que han venido y probablemente podremos obtener más información. Cuando veo que la acompañante de Andrey se dirige al baño, me levanto y decido seguirla a pesar de la mirada de desaprobación que me lanza Mike.

Entro en el baño y me encuentro a la rubia que estaba cenando con Ivanov que se está retocando el maquillaje. Me coloco a su lado y hago lo mismo. Ella me dedica una sonrisa de complicidad a través del espejo y veo que sus ojos brillan de emoción. Entonces me percato del enorme pedrusco que lleva en el dedo y ella, al darse cuenta de lo que miro, me dice feliz:

–  Mi novio me acaba de pedir que me case con él y le he dicho que sí.

–  Enhorabuena. – La felicito sonriendo, sabiendo que esta es mi oportunidad. – ¿Lleváis mucho tiempo juntos?

–  En realidad, no. – Me confiesa. – Nos conocimos hace tres meses, pero me enamoré de él la primera vez que lo vi y desde entonces no nos hemos separado.

–  Amor a primera vista, qué romántico. – Le digo siguiéndole la corriente.

Ella me sonríe feliz y se despide de mí antes de salir del baño. Espero un par de minutos antes de regresar junto a Mike y cuando lo hago veo que está furioso.

–  Regresemos al hotel. – Me ordena poniéndose en pie tras haber pagado la cuenta y dejado una más que generosa propina.

Regresamos al hotel caminando, pues está a un par de calles. Tardamos diez minutos en llegar al hotel, pero debido al absoluto silencio que reina entre nosotros se me hace eterno. Trato de hablar con él cuando entramos en la habitación, pero Mike se niega con un escueto “ahora no” y se mete en la cama. Yo también me meto en la cama y me tumbo a su lado, pero Mike no se acerca a mí ni me abraza. Sabiendo que lo mejor es darle tiempo para que se le pase el enfado y no acabar discutiendo, decido tratar de dormir.

Tu hada de la suerte 17.

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Cuando terminamos de instalarnos en la casa de invitados, Mike y yo regresamos a la casa de mis abuelos y mi abuela Anika nos hace pasar al comedor donde mi abuelo nos espera sentado a la mesa y mi abuela empieza a servir los platos. Mientras comemos, observo cómo Mike se desenvuelve fuera de su entorno y, aunque está un poco tenso, tampoco parece estar incómodo. Mi abuelo también nos observa, sabe que nuestra relación va más allá de lo profesional y de la amistad, a pesar de que tan solo hace unos diez días que nos conocemos.

–  Todo estaba delicioso, Anika. – Le agradece Mike a mi abuela.

–  Me alegro que te haya gustado, así seguro que volverás. – Le responde mi abuela guiñándome el ojo con complicidad.

Tras reposar la comida, mi abuelo nos invita a pasar a su despacho y los tres nos sentamos en los sillones en silencio hasta que mi abuelo empieza a decir:

–  Milena me ha explicado lo de tu amigo Erik y también me ha enviado todo lo que habéis encontrado y averiguado hasta el momento. – Se vuelve hacia a Mike y le pregunta: – ¿Cómo de importante es para ti obtener respuestas? ¿Tan importante como para poner tu vida y la de mi nieta en peligro?

–  Abuelo. – Le advierto con tono severo.

–  Milena, la única manera de conseguir lo que tu amigo quiere es infiltrarse en el círculo de Andrey Ivanov. – Me dice mi abuelo. – Solo quiero saber si tu amigo va a consentir que seas tú la que se infiltre.

–  No, no pienso consentirlo. – Inquiere Mike.

–  Mike, no hemos venido a aquí para nada. – Le recuerdo. – Antes de tomar una decisión deberíamos escuchar todas las opciones.

–  Ya habíamos hablado de esto, Milena. – Sentencia Mike. – Y no pienso cambiar de opinión.

–  ¿De qué habéis hablado? – Me pregunta mi abuelo en ruso para evitar que Mike lo entienda.

–  No quería que me involucrara en este asunto y cuando conseguí que aceptara mi ayuda me hizo prometer que no me involucraría de una manera activa. – Le explico a mi abuelo encogiéndome de hombros mientras Mike nos mira sin entender nada. – Se supone que yo solo debo hacer el trabajo de oficina.

Mi abuelo se echa a reír y le dice a Mike:

–  Muchacho, está claro que no conoces a mi nieta si crees que se va a quedar de brazos cruzados.

–  ¡Abuelo, así no ayudas! – Le regaño. Me vuelvo hacia a Mike y le digo suavizando el tono: – Solo serán unos días, podemos alquilar un apartamento en Kazan y observar los movimientos de Andrey Ivanov mientras fingimos que somos turistas. Será algo discreto, te prometo que no me meteré en ningún lío.

–  Es demasiado tarde para que salgáis hoy, es un viaje de ocho horas en coche y es mejor que salgáis al amanecer. – Nos aconseja mi abuelo. – Por cierto, los detectives privados con los que os reunisteis en realidad pertenecen a un clan de la mafia, la Interpol les está investigando.

–  Saldremos al amanecer y estaremos allí sobre las dos de la tarde. – Le digo a Mike mientras él me mira con desaprobación. – No me mires así, no tienes nada por lo que preocuparte.

Pasamos la tarde en el despacho de mi abuelo, revisando toda la información que ha conseguido sobre Andrey Ivanov. No averiguamos mucho más de lo que ya sabemos, pero estudiamos a fondo su entorno y cómo pasar desapercibidos. Mike ha dejado claro desde el primer momento que todo esto no le hacía ninguna gracia, pero tampoco se ha opuesto ni me ha dicho directamente que no lo vayamos a hacer, así que continuamos adelante con el plan.

Después de cenar, nos dirigimos a la casa de invitados. Mike me abraza desde atrás y me lleva directamente al baño. Abre el grifo de la bañera para que se vaya llenando de agua caliente mientras me desnuda y se desnuda con rapidez.

–  Vamos a relajarnos en la bañera, pequeña.

Y ambos nos relajamos en la bañera hasta que Mike saca el tema:

–  Milena, no creo que sea buena idea ir a Kazan. No sabemos dónde nos estamos metiendo y si te pasa algo no me lo perdonaré nunca.

–  Creía que íbamos a relajarnos. – Protesto molesta.

–  Créeme que lo estoy intentando. – Me contesta resoplando. Me coloca entre sus piernas y me tumba sobre su pecho antes de envolverme con sus brazos. Me besa en la frente y añade: – Prométeme que pase lo que pase no te separarás de mi lado ni un solo segundo. Somos un equipo y lo que tengamos que hacer lo haremos juntos.

–  Te lo prometo. – Le susurro estrechándome contra su cuerpo. – Todo va a salir bien, solo seremos dos turistas que buscan un lugar donde relajarse.

Sé que Mike sigue sin estar convencido, pero al menos ha dado el tema por zanjado así que al amanecer nos dirigiremos a Kazan.

Tras relajarnos en la bañera y hacer el amor, nos metemos en la cama y nos quedamos profundamente dormidos. Mike me despierta al amanecer y, tras despedirnos de mis abuelos y prometerles que regresaremos a visitarles antes de volver a Highland, nos encaminamos hacia a Kazan.

–  Hay unos 850 km de distancia hasta Kazan, lo que supone unas doce horas de viaje, pero está empezando a nevar y es posible que esas doce horas se conviertan en veinte según el estado de las carreteras. – Me dice Mike cuando nos ponemos en marcha. – Pararemos para dormir a mitad de camino, ¿qué te parece en Kstovo?

–  Me parece bien. – Le respondo.

Por el camino le explico a Mike algunas anécdotas que he vivido en Rusia junto a mi abuelo y le cuento que he colaborado en alguna ocasión con el servicio secreto ruso y con la Interpol para que no se preocupe, pero consigo justo el efecto contrario y Mike se tensa más.

Después de diez horas de camino llegamos a Kstovo y nos registramos en un hotel de la zona. Mike está muy serio y callado y cuando entramos en la habitación para instalarnos voy directa hacia el baño para comprobar si tiene ducha o bañera. Por suerte, me encuentro con una enorme bañera con hidromasaje.

–  ¿Está todo bien por aquí? – Me pregunta Mike apoyado en el marco de la puerta del baño.

–  Sí, está todo perfecto. – Le respondo sonriendo. – Voy a llamar a mi abuelo para decirle que hemos llegado a Kstovo.

–  No tardes, voy a llenar la bañera. – Me dice tras besarme en los labios.

Llamo a mi abuelo y le digo que hemos llegado bien a Kstovo y que pasaremos la noche aquí, mañana emprenderemos el viaje y llegaremos a Kazan por la tarde. Mi abuelo me da algunos consejos y antes de colgar me pide que le llame cuando lleguemos a Kazan.

Cuando regreso al baño Mike está en la enorme bañera cubierto de espuma, me mira con deseo y me pregunta con voz ronca:

–  ¿Te apetece bañarte conmigo, pequeña?

–  Por supuesto, ¿acaso lo dudabas?

Me desnudo rápidamente y entro en la bañera con la ayuda de Mike, que me coloca entre sus piernas y me abraza con fuerza.

–  Me encanta bañarme contigo, podría pasarme horas así. – Me susurra al oído.

–  A mí también me gusta bañarme contigo, quizás deberíamos patentarlo como terapia de relajación, puede que nos hagamos ricos. – Bromeo.

–  ¿Qué harías si fueras rica? – Me pregunta Mike divertido.

–  Me compraría una casa en una de esas islas paradisiacas que están prácticamente vírgenes. – Le respondo sin dudar. – También viajaría por todo el mundo, descubrir otras culturas y me tomaría un año sabático para escribir un libro.

–  ¿Y todo eso te haría feliz?

–  Sí, pero no por completo.

–  ¿A qué te refieres? – Me pregunta con curiosidad.

–  Las cosas que de verdad me importan no se pueden comprar con dinero. – Le respondo. – Tener todo eso no me haría feliz si no tuviera a mi familia y a mis amigos.

–  Que valores a tu familia y a tus amigos por encima del dinero dice mucho de quién eres. – Me susurra Mike estrechándome entre sus brazos y añade tras besarme en los labios: – Eres preciosa por fuera y por dentro.

–  Mmm… Creo que vamos a tener que bañarnos juntos todos los días. – Le respondo con voz melosa mientras acaricio su cuello.

–  ¿Mi hada de la suerte está juguetona?

No me da tiempo a responder, Mike me devora la boca y terminamos haciendo el amor en la bañera.

Tu hada de la suerte 16.

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Tras ducharme y vestirme, bajo a la cocina a desayunar. Todos actúan con normalidad, por lo que deduzco que no saben que he pasado la noche en la habitación de Mike y me relajo. Carmen me sirve una taza de café con leche y un plato con un par de tostadas con aceite de oliva y sal, justo como a mí me gusta.

A las siete de la mañana Joe nos lleva al aeropuerto en el todoterreno negro. Por el camino no puedo evitar mirar por las ventanillas del coche para comprobar que nadie nos está siguiendo y Mike se percata.

–  Relájate, todo está controlado. – Me dice acariciándome la rodilla.

–  ¿Sabéis dónde está Daniel?

–  Si, se aloja en una pensión cerca del Luxe y dos de nuestros agentes de seguridad lo están vigilando, sabremos dónde está en cada momento. – Me tranquiliza Mike.

A las nueve en punto de la mañana nuestro avión despega tal y como estaba previsto. Acomodados en primera clase, las cuatro horas de vuelo pasan volando y llegamos a Moscú a las 15:00 hora local, pero en Highland son las 13:00.

Tras recoger nuestro equipaje, Mike me guía por el aeropuerto hasta llegar a un mostrador de coches de alquiler, donde alquila un robusto todoterreno idéntico al que conduce Joe.

–  Tengo que llamar a mi abuelo para decirle que estamos aquí y también tengo que llamar a mis padres para avisarles. – Comento cuando Mike arranca el todoterreno.

–  Cuando lleguemos al hotel podrás llamar a quién tú quieras.

–  ¿Al hotel? – Pregunto confusa.

–  Sí, al hotel. – Me confirma Mike. – Tu abuelo no nos espera hasta el viernes, así que podemos quedarnos un par de días en Moscú y hacer un poco de turismo.

Mike aparca frente a la puerta del Hotel Imperial de Moscú, un hotel de cinco estrellas catalogado entre los diez mejores del mundo y probablemente también esté entre los diez más caros del mundo.

–  Esto es demasiado caro, podríamos quedarnos a dormir en casa de mis abuelos, tienen un pequeño apartamento independiente y…

–  No te preocupes por nada, preciosa. – Me interrumpe dedicándome una perfecta sonrisa y añade al mismo tiempo que entramos en el impresionante hall del hotel: – Yo me ocuparé de todo.

Nos instalamos en nuestra habitación, una suite doble con jacuzzi en la terraza. Ambos nos cambiamos de ropa para combatir el frío de Moscú y salimos a pasear por la plaza roja y el centro de la ciudad. Cuando regresamos más tarde para cenar en el restaurante del hotel decido llamar a mis padres.

–  Todo esto es muy extraño, hija. ¿Te has ido con tu jefe por negocios y vas ir a ver a los abuelos acompañada por ese hombre? – Me dice mi madre que me conoce demasiado bien. – ¿No quieres contarme lo que está pasando?

–  Es una larga historia, mamá. – Trato de zanjar el tema. – Es mi jefe y sí, me gusta. Es una situación complicada y no quiero complicarla más.

–  Hija, ven a vernos cuando regreses de Rusia, hace más de dos meses que no charlamos cara a cara y necesito verte para comprobar que estás bien, cielo. – Me ruega mi madre.

–  Iré a verte un par de días cuando regrese a la ciudad, te lo prometo. – Le prometo antes de despedirme y colgar.

También llamo a mi abuelo y, tras ponerle al corriente de la situación con Daniel, le explico que estoy en Moscú con Mike y que tenemos pensado quedarnos un par de días en la ciudad y hacer turismo. Mi abuelo no hace preguntas y se despide de mí hasta el jueves.

–  ¿Todo bien? – Me pregunta Mike cuando me ve dejar el teléfono móvil sobre un escritorio junto a la ventana.

–  Sí, todo bien. – Le confirmo. – Le he dicho a mi abuelo que el jueves estaremos allí.

Mike me lleva a cenar al restaurante del hotel y después regresamos a la suite. Saco de mi maleta lo que suelo usar de pijama y me dirijo al baño para cambiarme cuando Mike me agarra por la cintura desde mi espalda y me susurra al oído con voz ronca:

–  ¿Quieres que nos demos un baño antes de dormir?

Su tono sugerente me excita y asiento con la cabeza antes de dirigirnos al baño. Mike llena la bañera con agua caliente y comienza a desnudarme sin prisa y después se deshace de su ropa. Me coge en brazos y nos sumergimos en la rebosante bañera. Me coloca entre sus piernas y tira de mí para que recueste mi espalda sobre su pecho.

–  ¿Quieres contarme qué te tiene tan preocupada? – Me pregunta Mike al mismo tiempo que masajea mis hombros. – Y no me digas que no pasa nada porque no me lo creo.

–  Mi madre quiere que vaya a verla para poder interrogarme sobre por qué viajo con mi jefe a Moscú y lo llevo a casa de mis abuelos. – Le confieso.

–  Mmm… Un interrogatorio duro. – Murmura Mike deslizando sus manos hasta llegar a mis pechos y los acaricia pellizcando mis pezones. – Tendremos que pensar en qué le vamos a decir.

–  ¿Vamos? – Pregunto volviendo mi cabeza para mirarle a los ojos.

–  Eso es, pequeña. – Me confirma Mike. – Estamos juntos en esto, Milena. – Me dice con tono serio y mirándome a los ojos. – Lo entiendes, ¿verdad?

–  ¿Te estás ofreciendo voluntario para acompañarme a ir de visita a casa de mis padres? – Le pregunto incrédula.

–  Sí, si eso es lo que quieres.

–  Gracias, pero creo que será mejor que yo me ocupe de eso. – Le respondo divertida.

Alzo mis brazos y uno mis manos detrás de su cuello, exponiendo mis pechos en su totalidad. Noto como la erección de Mike crece bajo mi trasero y sus manos se deslizan por mi abdomen hasta llegar al pubis.

–  Coloca las piernas sobre las mías, pequeña. – Me ordena sensualmente. Le obedezco y añade: – Eso es, preciosa. Ahora solo tienes que relajarte y disfrutar.

Hago lo que Mike me pide, me relajo y disfruto mientras él acaricia mi sexo, aprieta mi clítoris e introduce dos dedos en mi vagina haciéndome gemir.

Hacemos el amor en la bañera y más tarde repetimos en la cama. Al día siguiente salimos de nuevo a pasear por las calles de Moscú como si fuésemos una verdadera pareja. Mike se muestra cariñoso y atento conmigo en todo momento, me coge de la mano mientras paseamos, me besa en los labios sin importarle que nadie nos vea y me pregunta constantemente si tengo frío. Durante dos días se dedica única y exclusivamente a complacerme en todo.

El jueves por la mañana dejamos la suite del Hotel Imperial de Moscú y nos dirigimos a casa de mis abuelos maternos en el todoterreno que Mike ha alquilado. Cuando llegamos, mi abuelo Oleg y mi abuela Anika nos esperan en el porche de la casa para recibirnos. Mike se tensa y me dice antes de bajarnos del coche:

–  Sé buena conmigo mientras estemos aquí.

–  ¿A qué te refieres? – Le pregunto sin entender nada.

–  Me refiero a que no te pasees envuelta únicamente en una diminuta toalla, no mientras estemos en casa de tus abuelos o no me hago responsable de mis actos. – Me advierte Mike.

–  Nos instalaremos en la casa de invitados. La llaman así pero tan solo se trata de un apartamento tipo loft que está totalmente separado de la casa. – Le contesto divertida. Salgo del coche y voy corriendo a abrazar a mis abuelos. – Os he echado de menos. – Les digo con un hilo de voz mientras ellos me abrazan y me besan emocionados. Mike se acerca y hago las presentaciones oportunas: – Abuelos, os presento a mi amigo Mike. – Me vuelvo hacia a Mike y añado: – Mike, él es mi abuelo Oleg y ella es mi abuela Anika.

–  Encantado de conocerles. – Les saluda Mike estrechándoles la mano.

Mi abuelo mira a Mike con desconfianza pero al menos tampoco le dice nada fuera de lugar. Mi abuela lo agarra del brazo y lo invita a pasar dentro de la casa donde nos sirve un café bien caliente para que entremos en calor.

–  He mandado a preparar la casa de invitados para que os instaléis allí. – Nos dice mi abuela con una amplia sonrisa. – Id a acomodaos mientras yo preparo la comida.

Mi abuela desaparece del salón y mi abuelo, antes de desaparecer como mi abuela, me dice en ruso para que Mike no se entere:

–  Tu amigo, tu jefe, tu amante y ahora también tu compañero de misión. Te encanta todo lo complicado desde que eras una niña.

–  No puedo evitarlo. – Le respondo encogiéndome de hombros con inocencia.

Cuando nos quedamos a solas en el salón, Mike me pregunta preocupado:

–  ¿Quiero saber lo que ha dicho tu abuelo?

–  Solo me ha recordado lo mucho que me gustan las complicaciones desde que era niña. – Le respondo divertida. – Vamos a instalarnos a la casa de invitados, quiero hablar con mi abuelo antes de comer.

Me dirijo con Mike hacia a la casa de invitados y deshacemos las maletas. La casa es de una planta y tiene unos 100 m2. Es un gran espacio al estilo loft, con cocina, comedor, salón y habitación en una misma estancia y un cuarto de baño con una bañera enorme. Mire a donde mire solo veo lugares donde Mike y yo podemos hacer el amor salvajemente.

–  Me encanta cuando tienes esa mirada. – Me susurra al oído abrazándome desde atrás. – Dime en qué estabas pensando, pequeña.

–  Mmm… Si te lo digo no saldremos de aquí en todo el día. – Le respondo sonriendo. – Pero tenemos prioridades y una de ellas es la razón por la que estamos aquí.

Mike me da un beso en los labios y una palmada en el trasero antes de seguir deshaciendo las maletas y colocando nuestra ropa en el armario.

Tu hada de la suerte 15.

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Me miro en el espejo y compruebo que estoy lista antes de salir de la habitación y reunirme con Mike en el salón. Estoy bajando las escaleras y lo veo en el hall, esperándome. Se ha puesto un traje negro con una camisa gris marengo y está para comérselo. Me sonríe en cuanto me ve y me mira de arriba a abajo con lujuria. Le devuelvo la sonrisa y camino hasta llegar junto a él.

–  Estás preciosa, Hada de la Suerte.

–  Tú también estás muy guapo, Ángel de la Guarda. – Le respondo divertida.

Mike me rodea la cintura con su brazo y me guía hacia el jardín trasero donde Carmen nos ha preparado una cena romántica bajo la marquesina. Sobre la pequeña mesa improvisada hay dos velas que iluminan el espacio. Nos sentamos en el sofá de dos plazas y murmuro:

–  Vaya, todo esto es… precioso.

–  Me alegra que te guste, pero tengo que confesarte que el mérito es de Carmen. – Me confiesa. – Nos ha preparado un delicioso risotto de setas que acompañaremos con un vino espumoso muy suave.

Mike destapa los platos y el delicioso aroma del risotto inunda mis fosas nasales. Sirve dos copas de vino espumoso y brindamos por nosotros.

Cenamos tranquilamente mientras charlamos de lo que hemos hecho hoy. Mike se muestra encantador y muy cariñoso, manteniendo el contacto conmigo en todo momento, pero tampoco va más allá.

–  Bueno, tenemos una conversación pendiente. – Me dice finalmente Mike, mirándome a los ojos, cuando terminamos de cenar. – Me gustaría saber qué piensas de lo que ocurrió ayer.

–  Sinceramente, no quiero pensarlo. – Le confieso. – Es obvio que entre ambos existe una fuerte atracción y que debería evitarte porque eres mi jefe, pero no quiero pensar en ello.

–  Yo tampoco quiero que pienses en ello, no quiero que me evites, Milena. – Me dice acunando mi rostro con ambas manos. – Pero tampoco quiero que hagas nada de lo que no estés segura.

Sé que Mike no va a ser el primero en dar el paso por mucho que lo desee, no quiere presionarme y quiere que sea yo quién lo dé cuando esté segura, pero yo ya estoy segura de lo que quiero. Doy el primer paso y me siento sobre él a horcajadas. Mike coloca sus manos en mi cintura y gruñe antes de devorarme la boca.

Cuando sus labios se despegan de los míos se me escapa un gemido de protesta y Mike comenta divertido con una sonrisa arrebatadora en los labios:

–  Mi hada de la suerte quiere jugar. – Desliza sus manos por el exterior de mis muslos y añade con la voz ronca por la excitación: – Será mejor que vayamos a la habitación, quiero ser el único que vea ese regalito que has comprado para mí. – Mike me besa en los labios y me lleva en brazos hasta su habitación, donde me deposita en el suelo y, mirándome de arriba a abajo con lujuria, añade atrayéndome hacia a él: – Ven aquí, preciosa. Quiero desnudarte.

Le obedezco sin rechistar y le rodeo el cuello con mis brazos cuando sus manos se posan en mi trasero y empieza a deslizar hacia arriba mi vestido hasta que se deshace de él tirándolo al suelo.

–  Joder, recuérdame que le dé las gracias a mi hermana. – Exclama Mike excitado. – Deja que te vea bien, preciosa. – Me dice cogiéndome de la mano y girándome sobre mí misma. – Estás muy sexy con las botas de tacón, el liguero y ese diminuto conjunto de color rojo. – Me besa apasionadamente y me alza entre sus brazos al mismo tiempo que yo le rodeo la cintura con mis piernas. Mientras nos besamos me deshago de la chaqueta de Mike y también de su camisa. Acaricio su firme y duro torso y él me sonríe y murmura con tono burlón: – Me encanta ver a mi hada de la suerte tan impaciente.

Mike me deja sentada con cuidado sobre el escritorio de su habitación y me quita las botas. Acto seguido, se quita los zapatos y el pantalón y se coloca entre mis piernas, pero aun lleva puestos los bóxer. Me besa apasionadamente, acaricia mis brazos, mis muslos, mi cintura y mi clavícula, haciendo que cada vez desee más sus caricias, jugando conmigo. Si quiere jugar, jugaremos. Le pago con la misma moneda: le acaricio deslizando mis manos hacia su miembro duro y erecto oculto por los bóxer, pero reculo justo cuando estoy a punto de tocarlo y vuelvo a seguir el mismo recorrido una y otra vez mientras dejo que continúe besándome.

–  Eres un hada muy traviesa. – Me regaña dándome un pequeño azote en las nalgas cuando por enésima vez vuelvo a retirar mis manos cuando estoy a punto de acariciarle el pene. Posa su mano en mi entrepierna, gruñe de satisfacción y susurra con voz ronca: – Estás empapada, pequeña. – Gimo a modo de respuesta y Mike me pone en pie y termina de desnudarme. Empieza desabrochándome el sujetador y lo deja caer al suelo. Sus ojos se concentran en mis pechos y antes de darme cuenta me está mordisqueando y lamiendo los pezones. – Me vuelves loco. – Me susurra al oído antes de besarme en los labios y continuar con su tarea. Me quita el liguero y el tanga con gran habilidad y rapidez y vuelve a cogerme en brazos para dejarme sentada sobre el escritorio. – Abre las piernas, quiero probar tu sabor.

Hago lo que me pide y Mike sonríe antes de enterrar su cara entre mis piernas. Su lengua presiona contra mi clítoris y se desliza hasta la entrada de la vagina. Le agarro del pelo y me arqueo en busca de un mayor placer mientras Mike introduce un dedo en mi vagina, luego dos y después tres dedos y gimo cuando su lengua vuelve a presionar en mi clítoris.

–  Eso es, pequeña. Quiero oírte gritar. – Susurra contra mi sexo y vuelve a arremeter con su lengua, me acaricia el clítoris con los dientes y yo me vuelvo loca de placer, grito, gimo y le tiro del pelo. – Córrete para mí, mi caliente hada de la suerte.

Sus palabras me vuelven loca, mi cuerpo se convulsiona cuando llego al orgasmo. Mike bebe de mí hasta el último espasmo y me dice antes de besarme en los labios:

–  Eres deliciosa, prueba tu sabor.

Nos besamos apasionadamente y cuando nuestros labios se separan me encuentro en los brazos de Mike que me lleva a la cama y se tumba a mi lado, dejando que recobre la respiración con normalidad. Me incorporo y le quito el bóxer, dejando su enorme, duro y erecto pene al descubierto frente a mí. Lo cojo con mimo y me lo llevo a los labios. Lo introduzco por completo en mi boca succiono cuando lo retiro mientras mi lengua lo acaricia con dedicación. Repito de nuevo la misma acción pero Mike me detiene y me coloca a horcajadas sobre él.

–  Quiero estar dentro de ti. – Me dice apretando su pene contra mi pubis.

Mike estira el brazo y coge un preservativo del cajón de la mesita de noche, rasga el envoltorio con los dientes y me da un azote en el trasero para que me levante un poco y poder colocarse el preservativo. Cuando termina, coloca su pene en la entrada de mi vagina, posa sus manos sobre mis caderas y me hace descender lentamente al mismo tiempo que me penetra y me llena por completo.

–  Encajamos a la perfección. – Me dice moviendo la pelvis en círculos.

Cabalgo sobre él mientras me acaricia los pechos. Me deja tener el control durante un rato, pero entonces nos da la vuelta y quedo debajo de él. Me sonríe y me besa en los labios al mismo tiempo que entra y sale de mí. Las embestidas son cada vez más rápidas y mi cuerpo se enciende de nuevo. Los músculos de mi vagina se tensan y los espasmos de placer empiezan a sacudir mi cuerpo cuando Mike me susurra al oído:

–  Córrete conmigo, pequeña.

Su tono de ordeno y mando junto con esa voz ronca me vuelven loca y mi cuerpo se convulsiona mientras Mike entra y sale de mí con ímpetu hasta que nuestros cuerpos se arquean y se deja llevar por el placer del orgasmo. Sin salir de mí, Mike nos da la vuelta y quedo tumbada sobre él. Cuando nuestras respiraciones se acompasan, me besa dulcemente en los labios, sale de mí y retira el preservativo, le hace un nudo y lo tira al suelo.

–  ¿Estás bien, preciosa? – Me pregunta envolviéndome con sus brazos.

–  Perfectamente. – Le respondo estrechándome contra él.

–  Pues a dormir que mañana tenemos que coger un avión. – Me dice divertido. Apaga la luz de la habitación y añade: – Buenas noches, preciosa.

–  Buenas noches, Mike. – Le respondo antes de quedarme dormida.

A la mañana siguiente cuando me despierto sigo entre los brazos de Mike. Él ya está despierto y me mira sonriendo antes de decirme de buen humor:

–  Buenos días, pequeña. Es hora de levantarse y darse una ducha, nuestro avión sale en poco más de tres horas.

Me obligo a deshacerme de la pereza y me levanto de la cama, pero apenas pongo un pie en el suelo Mike se levanta y me coge en brazos para llevarme hasta el baño.

–  Dúchate mientras yo traigo tu ropa. – Me dice tras darme un beso en los labios.

Hago lo que me pide sin rechistar, estoy demasiado confusa y yo soy de las que no puede pensar con razonamiento hasta después del desayuno.

Tu hada de la suerte 14.

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A la mañana siguiente cuando me despierto Mike no está en la cama, pero está sentado junto al tocador y tecleando en su portátil.

–  Buenos días, ¿has dormido bien? – Me pregunta cuando ve que estoy despierta.

–  Buenos días. – Le respondo con una mueca llevándome las manos a la cabeza, me duele todo.

–  Le diré a Carmen que te prepare el desayuno. – Comenta Mike. – Pero antes tengo que decirte algo, Milena.

–  ¿Qué ocurre? – Pregunto al ver su cara de preocupación.

–  Has recibido un ramo de rosas rojas esta mañana. – Me contesta Mike mirándome a los ojos para adivinar mi reacción. – No he leído la tarjeta, pero tampoco me hace falta hacerlo para saber de quién son.

–  Tíralas. – Le digo agobiada. – Voy a darme una ducha.

–  Espera, no he terminado. – Me dice Mike acercándose y sentándose a los pies de la cama. – Dada la situación, lo más conveniente es que adelantemos nuestro viaje a Rusia. Joe se quedará aquí y se ocupará de tu ex.

–  ¿Cuándo quieres salir hacia Rusia? – Le pregunto con serenidad.

–  El próximo vuelo a Moscú sale mañana a las nueve de la mañana, a las siete de la mañana tenemos que salir de aquí.

–  Necesito ir de compras, Mike.

–  Joe te llevará y te acompañará a dónde quieras ir. – Sentencia Mike.

–  Había quedado con Kate…

–  Lo sé, ya la he llamado. – Me interrumpe Mike pasándose las manos por la cabeza. – Le he dicho que adelantábamos nuestro viaje y está de camino, pero si no quieres…

–  No te preocupes, iré con Kate de compras. – Lo interrumpo antes de que acabe la frase, sé que se siente algo incómodo con el hecho de que haya quedado con su hermana, así que añado: – A menos que a ti te parezca mal, claro.

–  Me parece genial, pero Joe os acompañará. – Sentencia. – Tengo que ir al Luxe para terminar unos asuntos antes de marcharnos, llévate el móvil y si puedo me acercaré a comer con vosotras antes de regresar de nuevo al Luxe. Llámame si necesitas algo. – Me da un leve beso en los labios y añade mostrándome su sonrisa perfecta: – Esta noche terminaremos esa conversación pendiente, así que será mejor que no bebas.

Mike se marcha a la oficina y yo me doy una ducha y bajo a la cocina a desayunar en compañía de Carmen. Kate llega poco después y ambas nos marchamos con Joe en su todoterreno.

–  No entiendo como Mike te lleva a Rusia con el frío que hace allí, podría haber escogido otro destino más cálido. – Comenta Kate consternada. – No entiendo a los hombres.

Joe nos mira por encima del hombro, pero no dice nada. Supongo que él tampoco nos entiende a nosotras y no le culpo.

–  Mis abuelos maternos viven en Rusia, podré hacerles una visita. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Kate y yo recorremos media ciudad de tienda en tienda mientras Joe nos sigue a todas partes sin decir nada, al menos tampoco protesta. De vez en cuando veo que Kate le pone ojitos a Joe y sé que le gusta, pero él parece incomodarse y huye. Cuando la escena se repite por quinta vez no me puedo contener más y le pregunto a Kate:

–  ¿Se puede saber qué te traes con Joe?

–  ¿Tanto se nota? – Me pregunta horrorizada. Me encojo de hombros a modo de respuesta y, tras suspirar profundamente, Kate me dice: –  Estoy enamorada de él desde que le conocí hace ya tres años. Joe siempre ha sido educado y amable conmigo, pero hace unas semanas coincidimos en la fiesta de unos amigos de mis padres y él había bebido un par de copas de más. No estaba borracho ni mucho menos, tan solo un poco más parlanchín. Nos estábamos saludando cuando llegó mi madre y le pidió a Joe que me sacara a bailar. Mientras bailábamos me dijo que era preciosa y que le gustaría tenerme entre sus brazos para siempre. Estaba a punto de besarme cuando el hijo del anfitrión se acercó y pidió un baile conmigo. Joe asintió con la cabeza y me dejó bailando con el hijo de los amigos de mi padre. Desde entonces, me rehúye. Evita quedarse conmigo a solas ni me mira a los ojos mientras yo trato de no volverme loca.

–  ¿Mike sabe algo de esto?

–  No y va a seguir sin saberlo. – Me advierte Kate. – Creo que Joe se echa atrás por mi hermano, puede que incluso Mike le haya dicho algo, no lo sé. Pero tampoco importa demasiado porque si Joe me amara ya hubiera venido a buscarme.

–  No sé qué decirte, apenas conozco a Joe, es poco hablador y creo que no le caigo demasiado bien, pero he visto cómo te mira y te aseguro que le gustas. Quizás un poco de celos le ayude a espabilarse. – Le sugiero.

Seguimos comprando durante toda la mañana y a la hora de comer Mike me llama para decirme que no puede venir a comer pero me promete estar en casa a las seis. Joe, Kate y yo vamos a un restaurante griego y después Kate se empeña en ir a una tienda de lencería. Joe se queda en la puerta de la tienda mientras nosotras entramos y miramos algunos conjuntos. Kate se empeña en que me compre lencería provocativa para que la utilice en Rusia con su hermano. Intento resistirme pero con Kate es imposible, así que termino comprándome cinco conjuntos a cuál más provocador.

Llegamos a casa de Mike a las siete de la tarde y adivino en su rostro que está molesto.

–  Vaya horas de volver. – Nos gruñe cuando pasamos al salón. Se vuelve hacia a mí y añade con reproche: – Espero que hayas encontrado todo lo que necesitabas.

–  No te quejes, hermanito. Milena también ha comprado un regalito para ti. – Le dice Kate divertida.

–  ¿Un regalito? – Me pregunta Mike.

Como no contesto, Kate le dice:

–  Ha intentado resistirse, pero al final la he convencido así que, cuando te dé tu regalo, espero que me agradezcas lo que he hecho por ti, hermanito.

Mike entiende lo que dice su hermana y me sonríe pícaramente al mismo tiempo que yo me ruborizo tanto que podrían confundirme con un tomate.

–  Joe, lleva a casa a Kate, por favor. – Ordena Mike. Le da un beso en la mejilla a su hermana y le dice divertido: – Ya hablaremos tú y yo cuando vuelva.

–  Por supuesto, tendrás que darme las gracias. – Se mofa Kate. Me da un abrazo para despedirse y me dice al oído: – Llámame cuando quieras, me encanta ir de compras contigo.

Joe se marcha con Kate y Mike y yo nos quedamos a solas.

–  Así que has comprado muchas cosas y un regalito para mí. – Me dice Mike con tono sugerente acercándose a mí lentamente. Me besa levemente en los labios y añade sonriendo: – Me muero de ganas de ver mi regalo.

–  En realidad, son cinco regalos. – Le corrijo. – Tu hermana tendría que ser vendedora.

–  ¿Tienes hambre? – Me pregunta Mike. Asiento con la cabeza y me dice: – Le he pedido a Carmen que nos prepare la cena en el jardín, bajo la marquesina.

–  Suena genial, voy a darme una ducha y soy toda tuya.

–  Mmm… ¿Toda mía? – Me pregunta excitado.

–  Toda tuya. – Le confirmo antes de besarle en los labios. – No tardaré, te lo prometo.

Subo las escaleras para dirigirme a mi habitación y me meto directamente en la ducha, no quiero demorarme ni un segundo. Salgo del baño envuelta con una toalla y me dirijo al armario. Mientras decido qué ponerme, hago la maleta para mañana con toda la ropa que he comprado. Finalmente decido ponerme uno de los conjuntos nuevos que he comprado con Kate, concretamente un sujetador de media copa rojo de encaje con su diminuto tanga a juego y liguero. Cojo del armario un vestido negro muy ceñido, de escote cuello de cisne y corto por debajo de los muslos. Aunque todavía no estemos oficialmente en invierno ya hace bastante frío, así que decido ponerme mis botas altas de tacón de aguja. Regreso al baño para secarme el pelo y me lo aliso. Si así no soy capaz de seducir a Mike, me rindo.