CategoríaSiempre Cuidaré De Ti

Siempre cuidaré de ti 22.

Siempre cuidaré de ti

El día siguiente lo pasamos casi entero en mi habitación. Tratamos de salir de allí en varias ocasiones, pero el solo roce de nuestros cuerpos nos excita de una manera sobrenatural y terminamos haciendo el amor en la cama, en el suelo, en la ducha, en la bañera, sobre la encimera del baño, contra la pared de la habitación y sobre la cómoda.

A las siete de la tarde ambos estamos exhaustos y decidimos bajar a la cocina y comer algo para reponer fuerzas. Pero no hay nadie dentro de casa, tan solo está el personal de seguridad y el personal de servicio. Deben de estar en la base y no han querido molestarnos.

Tras comer un poco y reponer la energía que nos hacía falta, Axel y yo regresamos a la habitación, donde continuamos haciendo el amor hasta el día siguiente.

El lunes nos levantamos casi a la hora de comer y, después de ducharnos juntos, bajamos al salón, donde Pablo, Angie y Debby están tomando una cerveza y un aperitivo.

–  Buenos días, parejita. – Nos saluda Angie.

–  Buenos días. – Respondo ruborizándome.

–  Entonces, ¿estáis juntos? – Pregunta Pablo.

–  ¿Qué crees que han estado haciendo dos días encerrados en la habitación? – Se mofa Debby. – Por cierto Axel, tú padre está escandalizado y horrorizado con tu comportamiento, pero Adolfo le dio una larga charla y le dijo que ya erais mayorcitos, así que supongo que, aunque algo te dirá, no creo que sea muy grave.

–  La culpa es de Ari, me secuestró. – Bromea Axel abrazándome y besándome en los labios.

–  Oye, yo no te he secuestrado. – Le reprocho. – Además, yo puedo alegar lo mismo y estoy segura de que me creerían a mí antes que a ti.

–  Princesita, ¿salimos de la habitación y ya me estás desafiando? – Me pregunta burlonamente. – Voy a tener que volver a entrar contigo a esa habitación para que aprendas a respetarme.

–  Nada me apetecería más, pero debemos comer algo e ir a la base, creo que nos espera una larga tarde de preguntas a las que tendremos que responder. – Le contesto.

Después de comer con los chicos, Axel y yo nos dirigimos en su coche a la base, donde nuestros padres nos esperan para empezar con su gran reunión.

–  Antes de hablar del nuevo puesto y de las condiciones que conlleva, nos vemos obligados a preguntar sobre vuestra relación. – Nos dice mi padre en cuanto nos sentamos frente a él y Manuel. – No queremos meternos en vuestra vida privada, pero sí debemos asegurarnos de que no influirá en vuestra relación laboral.

–  Nuestra relación acaba de empezar, pero ambos estamos seguros de lo que hacemos y de lo que queremos. – Le responde Axel. – Y queremos estar juntos. Quién sabe, quizás hasta os demos nietos.

–  ¡Axel! – Le regaño totalmente ruborizada.

–  ¡No será porque no lo intentéis! – Bromea mi padre.

–  Papá, por favor. – Le pido. – Ambos somos adultos y queremos asumir el riesgo y las consecuencias de seguir adelante con nuestra relación, pero no dejaremos que influya en nuestro trabajo, si es que finalmente decidimos aceptarlo.

–  Perfecto, entonces vayamos directamente al tema que nos trae aquí. – Dice mi padre. – Queremos crear un equipo especial de operaciones secretas, totalmente independiente del Servicio Secreto. Es decir, totalmente independiente a la hora de organizar las operaciones, pero las misiones os las daremos nosotros.

–  Seremos el brazo ejecutor, pero tendremos total libertad para llevar a cabo la misión a nuestra manera, como mejor lo consideremos. – Matiza Axel. – Y, ¿quién formará el equipo?

–  Eso lo dejaríamos en vuestras manos. – Responde mi padre. – Podréis elegir a veinte agentes del Servicio Secreto, que automáticamente pasarán a formar parte de vuestro equipo y a los que tendréis que informar del cambio y a los que deberéis controlar porque esos agentes serán responsabilidad vuestra.

–  ¿Qué decís? – Nos pregunta Manuel.

–  Yo acepto. – Contesta Axel y, mirándome a los ojos, me susurra: – Princesita, se nos daba bien trabajar en equipo cuando queríamos matarnos, ahora somos invencibles.

–  No sé, yo no tenía pensado trabajar como agente, siempre he querido una vida normal. – Les contesto dudando mi respuesta. – Aunque tampoco voy a conseguir una vida normal y quizás esta sea la manera de vivir una vida lo más normal posible, al menos no tendré que mentir a todos los que quiero.

–  Nada de secretos entre nosotros. – Me asegura Axel. – No tienes que contestar ahora si no estás segura de lo que quieres.

–  Sé lo que quiero, quiero hacerlo pero no sé si seré capaz de estar al nivel que me vais a exigir, yo nunca he trabajado como agente. – Les respondo. – Cuando he trabajado lo he hecho bajo mis propias órdenes y sola, yo no trabajo en equipo y creo que no se me da nada bien hacerlo.

–  Eso es mentira, lo vi cuando Wolf y sus hombres os atacaron cuando salías del laboratorio con mi padre y cuando Wolf nos sorprendió en la casa del bosque. – Me dice Axel. – Vales para trabajar en equipo y tienes más agallas que la mayoría de los agentes del Servicio Secreto. Eres fuerte, Ari.

–  Como Axel ha dicho, no queremos una respuesta inmediata. – Nos dice mi padre. – De hecho, hemos pensado que ambos os merecéis unas vacaciones para descansar y poder pensar en nuestra propuesta con tranquilidad. Un mes de vacaciones es tiempo suficiente para que ambos os recuperéis y decidáis si queréis embarcaros juntos en este proyecto.

Ambos estamos seguros de querer aceptar la propuesta, pero la tentación de unas vacaciones juntos me hacen perder la razón y me oigo decir:

–  Creo que unas vacaciones juntos en el Caribe nos abrirán la mente, nos relajará y nos hará verlo todo con mayor positividad.

Todos se echan a reír y Axel, sin poder evitarlo, me besa en los labios y me susurra al oído:

–  Princesita, ¿acaso pretendes torturarme todas las vacaciones yendo con un bikini todo el tiempo?

Le sonrío con ternura y le susurro al oído para que solo él pueda escucharme:

–  En realidad, tenía pensado alquilar una villa con playa privada en la que no hiciera falta llevar bañador, pero si te supone un problema…

–  Ariadna, no puedo escuchar lo que le estás diciendo pero puedo imaginármelo. – Me reprende mi padre. – Largaos de aquí, recoged vuestras cosas e iros a vuestra particular luna de miel. Cuando volváis, volveremos a hablar.

 

Tres días más tarde…

Me despierto abrazada a Axel sobre la cama, ambos estamos totalmente desnudos. Axel, que como siempre ya está despierto, me sonríe y me dice alegremente:

–  Buenos días, princesita. – Me da un beso en la frente y pregunta: – ¿Has dormido bien?

–  Contigo siempre duermo bien. – Le respondo estrechándome contra él. – ¿Dejarás de llamarme “princesita” algún día?

–  No, princesita. – Me contesta divertido. – Eres mi princesa y siempre cuidaré de ti.

Nos besamos levente en los labios, pero nuestros cuerpos, insaciables de sexo, empiezan a excitarse de nuevo y Axel baja su mano para acariciar la húmeda hendidura de mi sexo, al mismo tiempo que dice:

–  Princesita, no sabes lo que me excita comprobar que siempre estás preparada para recibirme. – Me da un beso en los labios y desciende hasta mi pezón, el cual lame, muerde y estira. – Me excitas demasiado, princesita. Quiero hacerte el amor en cada metro cuadrado de esta villa, en la arena de la playa, a la orilla del mar y en el mismo mar.

–  Tienes un mes para cumplir tus fantasías, yo te lo voy a poner fácil. – Le susurro al oído colocándome a horcajadas sobre él. – De momento, empezaremos por donde lo dejamos ayer, en la cama.

Axel me sonríe y me besa en los labios al mismo tiempo que me agarra del trasero para levantarme lo justo para introducir la punta de su pene en la boca de mi sexo y hacerme descender con lentitud provocando su deseo y el mío propio.

La primera noche que hicimos el amor en casa de mi padre, perdí la cuenta de las veces que lo habíamos hecho. Creo que lo he hecho más veces con él en cinco días que con Juan durante cinco años. Pero lo más importante de todo es que, por primera vez en mi vida, me despierto en la cama con un hombre y no siento esa necesidad de querer salir huyendo, quiero comprometerme con él.

–  ¿En qué piensas, princesita? – Me pregunta Axel.

–  Pienso en lo bien que estoy cuando estoy contigo, sobre todo cuando estamos en la cama.

–  Al final pensaré que solo me quieres por el sexo. – Me dice Axel fingiendo molestarse.

–  No te voy a negar que el sexo es una de tus virtudes que me vuelven loca, pero me enamoré de ti sin saber cómo eras sexualmente hablando. – Le respondo divertida. – Y, corrígeme si me equivoco, pero no te he oído quejarte por tener que practicar sexo conmigo.

–  Ni me oirás quejarme, princesita. – Me susurra al oído. – Te quiero, Ari.

–  Yo también te quiero.

 

FIN

Siempre cuidaré de ti 21.

Siempre cuidaré de ti

En el taxi, Axel se sienta a mi lado y me abraza durante todo el tiempo que dura en camino de regreso a casa. Sé que está nervioso, tanto como yo, pero lo disimula muy bien, los dos lo disimulamos muy bien.

Cuando llegamos a casa, Axel le tiende un billete de cincuenta euros al taxista y le dice:

–  Quédese con el cambio.

–  Gracias señor, que pasen una buena noche. – Le responde el taxista con acento inglés.

Axel me ayuda a salir del taxi y caminamos cogidos de la mano hasta llegar a las escaleras del porche que dan acceso a la casa de mi padre. Ambos nos miramos al ver que la luz del salón está encendida, nuestros padres están despiertos.

–  Tarde o temprano se enterarán, pero antes necesitamos hablar. – Me dice Axel besándome en la frente con ternura: – Tendremos que hablar de lo que ambos queremos antes de pregonarlo a los cuatro vientos, princesita.

–  Y, ¿qué es lo que quieres tú? – Le pregunto.

–  Te quiero a ti, princesita. – Me responde mirándome a los ojos. – Mi vida era muy aburrida hasta que te conocí y, desde entonces, no he podido sacarte de mi cabeza por mucho que lo he intentado.

–  ¿Por qué querías sacarme de tu cabeza?

–  Ari, eres la hija de Adolfo. – Me responde molesto. – Y la verdad es que eso me preocupa bastante, puede que a tu padre no le haga ninguna gracia lo nuestro.

–  Estamos yendo demasiado rápido, puede que nos estemos precipitando.

–  Ariadna, yo tengo muy claro lo que quiero. – Me contesta estrechándome contra su cuerpo. – Nunca he sentido nada igual por nadie y, si no lo tienes claro, tampoco te quiero presionar.

–  Lo tengo claro, es solo que… – Suspiro profundamente y añado: – Todo esto es nuevo para mí, nunca he tenido una relación estable, nunca he tenido que darle explicaciones a nadie y nunca he sentido celos por nadie. – Le digo con gesto acusador. – Soy virgen en esto del amor y no sé si estaré a la altura de lo que me pidas…

–  Sht, princesita. – Me susurra callándome con un beso. – Ambos somos vírgenes en esto del amor, pero estoy seguro que entre los dos lograremos convertirnos en unos expertos.

Axel me besa de nuevo, esta vez con más intensidad, pero nuestro beso se ve interrumpido cuando la puerta de casa se abre y escuchamos la voz de mi padre:

–  Supongo que esto explica por qué las maletas de tu hijo siguen en la habitación de mi hija.

–  ¿Vamos a ser consuegros? – Pregunta Manuel burlonamente.

–  Pasad al salón y aclarad nuestras dudas. – Nos ordena mi padre.

–  Lo que acabáis de ver, todavía no lo hemos asimilado y, si estamos aquí, es porque queremos un poco de privacidad e intimidad para poder hablar de ello. – Les contesto. – Lo siento, pero tendréis que esperar igual que nosotros estamos esperando a que llegue el lunes para que nos habléis de ese nuevo puesto que nos habéis ofrecido.

–  Tu hija es tan hermosa como lo era tu mujer, pero ha sacado tu carácter. – Le dice Arturo a mi padre mofándose.

–  Mientras que no acabéis matándoos, podéis hacer lo que os dé la gana. – Nos dice mi padre. – Pero el lunes queremos oír lo que tengáis que decirnos al respecto.

–  ¿Quieres un informe? – Le pregunto con sarcasmo.

–  Ariadna. – Me advierte Axel mirándome a los ojos mientras yo le sostengo la mirada. – Deja de desafiarme con la mirada.

–  Deja tú de decirme lo que tengo qué hacer. – Le respondo.

–  Ariadna, no quiero discutir otra vez. – Me contesta con voz más suave.

–  Ni yo tampoco, pero me lo pones difícil. – Protesto y todos se echan a reír. – Yo no le veo la gracia, no sé por qué os reís.

–  Princesita, todos creemos que eres adorable, sobretodo yo. – Me susurra al oído Axel haciéndome sonreír. Se vuelve hacia nuestros padres y les dice: – Estaremos en el jardín tomando una copa, el lunes tendréis las explicaciones que queréis.

–  No sé cómo lo has hecho, pero creo que eres el único capaz de domar a la fiera de mi hija. – Le dice mi padre a Axel dándole una palmada en el hombro con cariño.

–  ¡Papá! – Le reprocho.

–  ¿Qué pasa? No he dicho nada que no sea verdad. – Se defiende mi padre divertido.

–  Sácame de aquí, por favor. – Le suplico a Axel.

Axel me sonríe y me coge de la mano, arrastrándome dentro de casa en dirección a la cocina, donde coge un par de copas y una botella de vino para después salir al jardín, donde nos sentamos sobre el césped, uno al lado del otro.

–  Princesita, quiero que lo nuestro dure. Quiero despertarme a tu lado todas las mañanas, quiero ser el único que bese y acaricie cada centímetro de tu piel. – Me dice acariciando mis hombros y besando mi cuello.

–  Te estás comprometiendo conmigo y ni siquiera hemos f… practicado sexo. – Me corrijo en el último momento provocando una carcajada de Ángel. – No te rías, no tiene gracia.

–  Princesita, has sido tú la que me ha dicho que íbamos muy rápido. – Me recuerda Axel. – ¿Has cambiado de opinión?

–  Me refería a que íbamos demasiado rápido respecto a lo que tú quieres, si me descuido organizas la boda y les pones nombre a nuestros futuros hijos. – Le contesto molesta. – No te estoy diciendo que no quiera eso contigo, simplemente te pido que me des tiempo para asimilarlo, todo esto es nuevo para mí. Y no quiero esperar respecto al sexo, para mí es importante que nos compenetremos en la cama. Además, tengo mis necesidades y hace mucho que no las satisfago.

–  Me encanta oír eso, princesita. – Me susurra estrechándome contra su cuerpo, colocando mi trasero sobre el duro bulto de su entrepierna. – Me tienes así desde que te vi en el pub de Gabriel.

–  Pues lo has disimulado muy bien. – Le reprocho un poco molesta.

–  Pues te diré que no es fácil de disimular cuando me abrazas mientras duermes, cuando bailas con otros tipos ni cuando vas vestida tan sexy como ahora. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  Si lo que te molesta es el vestido, estaré encantada de que me acompañes a la habitación y me ayudes a quitármelo. – Le propongo.

No me da tiempo a decir nada más, Axel se levanta conmigo en brazos y camina decidido hacia el interior de la casa para subir las escaleras y entrar en mi habitación, donde me deposita con sumo cuidado sobre la cama y me dice sonriendo:

–  La primera vez que te traje aquí en brazos te quedaste dormida en el jardín.

–  Tuve un día malo. – Le contesto encogiéndome de hombros. Me levanto y camino hasta quedarme frente a él y le pregunto con picardía: – ¿Me ayudas a quitarme el vestido?

Axel no me contesta, busca la cremallera de mi vestido y la baja despacio hasta el final, dejando que el vestido resbale por mi cuerpo hasta caer a mis pies, quedándome tan solo con el conjunto de ropa interior sexy que me he comprado esta misma mañana.

–  Joder, princesita. – Murmura sin dejar de mirarme de arriba abajo.

Me acerco más a él y le desabrocho la camisa al mismo tiempo que acaricio su musculoso pecho y abdomen y bajo mis manos hasta llegar a su pantalón y desabrochar el botón que mantiene apretado su abultado y duro miembro. Le sonrío con picardía mientras él me observa en silencio y continúo desnudándolo. Termino de quitarle la camisa dejando que resbale por sus brazos hasta caer al suelo y hago lo mismo con sus pantalones, dejándole vestido tan solo con unos bóxer ceñidos que marcan toda la erección de su miembro, excitándome aún más de lo que ya estoy. Coloco mi mano sobre su vientre y lo rodeo arrastrando mi mano conmigo para acariciar todo el contorno de su cintura hasta llegar al punto de partida, donde desciendo y acaricio suavemente la silueta de su miembro. Le quito el bóxer y me quedo contemplando su gran miembro libre, duro y erecto.

–  ¿Te gusta lo que ves, princesita? – Me susurra.

–  Me gusta mucho. – Le respondo antes de besarle en los labios.

–  Princesita, no estamos en igualdad de condiciones. – Me susurra acariciando el contorno de la tela de mi sujetador. – Quiero verte completamente desnuda. Desnúdate, princesita. Quiero ver cómo lo haces.

Deslizo los tirantes de mi sujetador por los brazos y desabrocho el cierre de mi espalda, dejando caer lentamente la prenda, liberando mis pechos. Axel los mira con admiración y extiende sus manos para acariciarlos mientras yo le doy pleno acceso. Tras jugar con mis pechos, me estrecha contra su cuerpo y, bajándome el culote hasta que caen al suelo con el resto de nuestra ropa, me coge en brazos y vuelve a dejarme sobre la cama al mismo tiempo que me dice:

–  Voy a hacerte el amor, princesita.

–  Lo estoy deseando. – Le confieso excitada.

Me abre las piernas, dejándome totalmente expuesta ante él, y sonríe pícaramente, ambos estamos muy excitados. Acaricia mi sexo con sus dedos, preparándome para lo que va a suceder, y yo gimo de placer. Busco su miembro y lo acaricio con ambas manos hasta que Axel me detiene y, colocándome a horcajadas sobre él, me susurra al oído:

–  Princesita, me estás volviendo loco.

Le sonrío provocadoramente y, sin previo aviso, coloco su pene en la hendidura de mi sexo y empiezo a descender lentamente, dejando que me penetre por completo mientras nos besamos y acariciamos. Muevo mi cuerpo ascendiendo y descendiendo para que su miembro entre y salga de mí una y otra vez. Nuestras respiraciones se vuelven cada vez más rápidas e intensas, nuestros gemidos aumentan de volumen hasta que ambos llegamos juntos al clímax, estallando por el placer que sentimos.

Durante unos minutos, nos quedamos tumbados y abrazados sobre la cama para recuperarnos y, cuando lo hacemos, volvemos a la carga. Empezamos con sexo vainilla pero, conforme van pasando las horas, el sexo es cada vez más duro y cada vez mejor. Ambos empezamos a descubrir los gustos del otro y nos pasamos toda la noche practicando para volvernos unos expertos. Cuando por fin caemos rendidos, los rayos de sol penetran a través de las cortinas de la ventana de mi habitación, pero a ninguno de los dos nos importa.

Siempre cuidaré de ti 20.

Siempre cuidaré de ti

Cenamos bebiendo vino y brindamos por repetir otra noche como esta, rara vez salimos con Pablo y con Ben, y con Axel nunca habíamos salido a cenar y a tomar unas copas como estamos haciendo hoy.

Axel continua callado y bastante serio, creo que no le apetece nada estar aquí. Ni siquiera el vino le está haciendo sonreír.

Cuando terminamos de cenar, los seis pasamos a los sofás para bebernos juntos la primera copa, todo el mundo sabe que a partir de la segunda cada uno empieza a ir a su aire. Me siento junto a Axel en uno de los sofás, ya que se han puesto por parejitas, y bebo un trago detrás de otro de mi copa observándole en silencio mientras él se dedica a mirar por la cristalera hacia la pista de baile, que se está empezando a llenar de gente. Cuando toda mi paciencia me abandona, le suelto:

–  Nadie te ha obligado a venir, si no quieres estar aquí no tienes por qué quedarte. – Se vuelve hacia a mí y añado mirándole a los ojos: – Ya no está de servicio, agente Romero.

–  No te basta con torturarme que también quieres provocarme, ¿verdad princesita? – Me contesta más como un reproche que como una broma.

–  ¿Qué te pasa? – Le pregunto sorprendida. – Se supone que debemos de beber un par de copas, bailar y pasárnoslo bien y no entiendo a qué viene esa cara.

–  Princesita, hay cosas que es mejor no preguntar si sabes que no te va a gustar la respuesta.

–  Oh claro, se me olvidaba que yo solo soy una princesita consentida, mimada y superficial. – Le espeto molesta sintiéndome como una imbécil.

Me levanto del sofá y accedo al pub por la puerta lateral, dispuesta a ir a la barra para pedir otra copa y alejarme de Axel. Soy idiota, para una vez que me enamoro voy y me enamoro de un imbécil.

Me siento en uno de los taburetes de la barra del pub y le pido una copa doble al camarero, la voy a necesitar, de hecho voy a necesitar más de una.

–  ¿Qué hace una chica tan guapa cómo tú sola en un lugar como este? – Me pregunta un tipo sentándose a mi lado. Extiende su mano y me dice: – Soy Adam.

–  Encantada, soy Ari. – Le respondo forzando una sonrisa al mismo tiempo que le estrecho la mano y le observo. Es un tipo bastante atractivo, me recuerda un poco a Nacho, aunque más rubio y con los ojos azules, pero a mí me van más los morenos.

–  Igualmente, Ari. – Me dice sonriendo. Echa un vistazo a nuestro alrededor y pregunta: – ¿De verdad has venido sola?

–  No, he venido con unos amigos. – Le respondo devolviéndole la sonrisa. – Pero me han hecho venir en plan parejita y mi supuesta pareja me odia, así que he decidido escaquearme un rato viniendo a pedir una copa a la barra.

–  Y, ¿te gustaría escaquearte otro rato bailando conmigo? – Me propone. – Te aseguro que soy un buen bailarín y prometo no pisarte.

–  Supongo que entonces no puedo negarme. – Le respondo divertida.

Nos adentramos en la pista de baile y bailamos la canción de “Devuélveme la vida” de Antonio Orozco con Malú. A pesar de ser una canción lenta, Adam se comporta como un caballero y mantiene las distancias conmigo, cosa que agradezco. La canción termina y regreso hacia a la barra con Adam para sentarme de nuevo en el taburete junto a él.

Justo en ese mismo momento, unas manos me rodean la cintura y sin verle sé que es Axel, puedo oler su aroma. Me abraza desde atrás y me susurra al oído:

–  Princesita, ¿quieres bailar conmigo?

Una tremenda corriente eléctrica sacude todo mi cuerpo y el corazón se me dispara. La música que está sonando desde que he entrado son baladas románticas. ¿Quiere bailar conmigo una canción lenta? Recuerdo sus palabras en el coche, si no me arriesgo nunca lo sabré, y salto del taburete al mismo tiempo que le dedico una sonrisa a Adam a modo de disculpa y me doy media vuelta para quedarme frente a Axel, que me coge de la mano y me lleva hacia el centro de la pista, donde vuelve a rodearme por la cintura y me estrecha contra su cuerpo al mismo tiempo que yo poso mis brazos sobre sus hombros y apoyo mi cabeza sobre su pecho. Durante los cuatro o cinco minutos que dura la canción, una balada en inglés que nunca antes había oído pero que me ha encantado, ninguno de los dos habla. Cuando la canción termina, Axel me separa un poco de él y me pregunta susurrando:

–  ¿Hasta cuándo vas a seguir torturándome?

–  ¿Qué? – Pregunto confundida. – Pero, si has sido tú quién quería bailar…

–  Bailar contigo no ha sido una tortura, la tortura ha sido verte bailar con otro. – Me responde susurrándome al oído.

Axel vuelve a abrazarme para continuar bailando conmigo, ahora al ritmo de la canción “Por besarte” de Lu, mientras yo le voy susurrando al oído la canción:

“Y no me has dado tiempo de disimularte

que te quiero hablar,

que por un beso puedo conquistar el cielo

y dejar mi vida atrás.

Quiero pertenecerte ser algo en tu vida,

que me puedas amar,

con un abrazo fuerte hacerte una poesía

renunciar a lo demás.

Y en cada frase oculta de lo que tú digas

en un beso hablara,

ya no me queda duda solo ven y escucha

decidamos comenzar.

Por besarte

mi vida cambiaría en un segundo

tú, serías mi equilibrio, mi destino,

bésame y solo así podré tenerte

eternamente en mi mente.

Un solo intento basta en este momento

para poder saber

si aún nos queda tiempo para estar en medio

de lo que va a suceder.

Conmigo no hay peligro, ven te necesito

la distancia no es

motivo del olvido aquí estoy yo contigo

y para siempre yo estaré.

Por besarte

mi vida cambiaría en un segundo

tú, serías mi equilibrio, mi destino

bésame y solo así podré tenerte

eternamente en mi mente.”

El estribillo vuelve a sonar y Axel me susurra con la voz ronca:

–  Si vuelves a decir “bésame”, no respondo de mis actos, princesita.

–  Bésame. – Le pido mirándole a los ojos.

–  Princesita… – Pero no termina de hablar, me besa en los labios delicadamente. No sé durante cuánto tiempo nos besamos, pero es bastante. Cuando nuestros labios se separan, me pregunta: – ¿Estás bien, princesita?

–  ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo? – Le pregunto a la defensiva.

–  Solo quería estar seguro antes de volver a besarte. – Me contesta antes de besarme de nuevo, esta vez más apasionadamente. Se separa de mí y añade: – Ari, si sigo besándote así…

–  Llévame a casa. – Le digo, sonando más como una orden que como una petición.

–  Princesita, has sido tú la que me has pedido que te bese y yo ya te había advertido… – Le interrumpo besándole en los labios para que se calle.

–  Quiero irme a casa contigo, ¿lo entiendes? – Le susurro al oído.

–  Creo que sí, pero antes tenemos que hablar, quiero decirte algo desde que llegamos y…

–  Hablaremos de lo que quieras en casa. – Le digo haciendo un mohín. – Le envío un mensaje a las chicas para avisarlas y nos vamos.

–  Ari, ¿de verdad quieres ir a casa de tu padre?

–  No podemos pasar la noche en otro sitio, le prometí a mi padre que me quedaría en su casa hasta la reunión del lunes. – Le contesto. – Relájate, nadie se va a enterar de lo nuestro. Bueno, sin contar los que están al otro lado de aquella pared de espejo.

–  Princesita, de eso quería hablarte. – Me contesta. – Pero me gustaría hacerlo en otro lugar que no fuera en casa de tu padre, me refiero a lo de hablar.

Suelto una carcajada a causa del matiz de Axel, es como si hubiera perdido toda esa arrogancia que usa de caparazón. Me mira molesto y le doy otro beso en los labios que le hace sonreír de nuevo.

–  ¿A dónde quieres ir? – Le pregunto.

–  A cualquier parte donde podamos hablar sin que nadie termine interrumpiéndonos, quiero hablar contigo desde que regresamos y cuando me armo de valor alguien nos interrumpe. – Me responde sin dejar de abrazarme, como si temiera que me fuera a escapar. – Si no te fías de mis intenciones, elige cualquier lugar público donde podamos hablar sin que nos interrumpan.

–  Vamos a buscar un taxi, en la entrada de la masía hay una parada. – Le digo cogiéndole de la mano dispuesta a salir de allí. – Iremos a casa de mi padre, pero te prometo que nadie nos interrumpirá, ¿de acuerdo?

Axel asiente con la cabeza y camina pegado a mí, como si fuera mi guardaespaldas. Cogemos un taxi y Axel le da la dirección de casa de mi padre al taxista, mientras yo les rezo a todos los dioses en silencio para que mi padre, Manuel y Arturo estén dormidos cuando lleguemos.

Siempre cuidaré de ti 19.

Siempre cuidaré de ti

Después de recorrer todas las tiendas de la ciudad y de comprarme tres vestidos, dos pares de zapatos y un conjunto de ropa interior de color rosa chicle para ponérmelo con uno de los vestidos que he comprado. Angie y Debby también se han comprado más de lo que pretendían, pero todas volvemos más contentas a casa de mi padre.

–  ¿Ya habéis comprado todo lo que buscabais? – Nos pregunta Pablo sonriendo como un idiota al ver a Angie.

–  Esta noche todas iremos con un vestido sexy. – Les anuncia Debby.

Pablo y Hugo sonríen mientras yo busco a Axel, ¿dónde se ha metido?

–  Ari, ¿tienes un momento? – Me pregunta Hugo. – Me gustaría hablar contigo.

–  Claro, vamos a la cocina y cogemos un par de cervezas. – Le contesto dejando las bolsas en el suelo del hall y encaminándome hacia a la cocina. – Tú dirás. – Le digo cuando estamos a solas en la cocina mientras saco un par de cervezas de la nevera.

–  ¿Qué te traes con Axel?

–  ¿A qué te refieres?

–  Puede que él y yo no seamos precisamente amigos, pero cuando me ha visto aparecer esta mañana sé que le hubiera gustado matarme y la única razón que se me ocurre por lo que quisiera hacerlo es porque se ha puesto celoso al vernos juntos. – Me responde. – Si estás con él, creo que deberías aclararle que entre nosotros no hay nada antes de que intente matarme con algo más que con la mirada.

–  No hay nada entre Axel y yo. – Le contesto.

–  He visto cómo os miráis, he visto cómo le buscabas en cuanto has entrado en casa y no lo has visto, así que no trates de engañarme, solo te engañas a ti misma.

–  En ese caso, te diré que aún no hay nada entre Axel y yo. – Le contesto sonriendo. – Es un tipo complicado, pero conseguiré resultarle adorable.

–  Creo que ya le resultas más que adorable. – Bromea. – Por cierto, está durmiendo porque, según tengo entendido, se ha quedado haciendo guardia mientras tú dormías, cosa que no entiendo porque estabas en casa de tu padre, pero bueno.

–  No ha debido descansar nada, le dejaremos dormir. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Cuando terminamos de bebernos la cerveza, regreso al hall para recoger las bolsas con mis nuevos vestidos y zapatos y subo a mi habitación para guardarlo todo.

Entro en mi habitación y, sin encender la luz, paso directamente al vestidor y, mientras guardo la ropa, voy hablando sola:

–  No sé qué tienen de malo mis tejanos, a mí me gustan.

–  ¿Es que hablas sola?

No le doy tiempo a acabar de decir la frase y, en un acto reflejo, ataco. Pero Axel me sujeta con fuerza ambas muñecas y me susurra al oído con la voz ronca:

–  Princesita, ¿por qué me atacas?

–  ¿Por qué apareces como los fantasmas? ¿Acaso pretendes matarme? – Le replico.

–  Estaba durmiendo cuando te he oído entrar y, ¿estabas hablando sola?

–  Sí, hablo sola y bastante a menudo. – Le contesto molesta. – ¿Por qué estás durmiendo en mi habitación?

–  He pasado la noche aquí y nadie me ha dado una habitación, así que supuse que no te importaría, princesita. – Me contesta encogiéndose de hombros.

–  Touchée. – Le digo. – Lo siento, además de no dejar que descanses por hacer de niñera, cuando por fin te liberan de mí y puedes descansar, no soy capaz ni de darte una habitación.

–  Y yo que pensaba que era porque te habías acostumbrado a dormir conmigo. – Se mofa Axel.

–  Será mejor que duermas un poco más, estás empezando a delirar.

–  Ahora mismo lo que necesito es una ducha. – Me contesta subiendo la persiana y abriendo la ventana para ventilar la habitación. – ¿Dónde me puedo duchar?

–  Utiliza el baño que quieras pero, si optas por el mío, lo necesito libre en una hora. – Le advierto. – Yo también me quiero duchar.

–  Te has duchado esta mañana, princesita.

–  Tienes una hora, ni un minuto más. – Le recuerdo antes de salir de mi habitación.

Una hora más tarde regreso a mi habitación y, tal y cómo le he pedido a Axel, está fuera de mi baño, pero sigue en mi habitación y vestido tan solo con una toalla que va desde su cintura hasta por debajo de su rodilla, dejando visible su musculoso abdomen, sus fuertes brazos y su pecho duro como la piedra.

–  ¿Te gusta lo que ves, princesita? – Me pregunta divertido, dándose cuenta de cómo me lo estoy comiendo con los ojos.

–  No está mal. – Le respondo fingiendo indiferencia. – Voy a darme una ducha, Pablo y Ben te esperan en el salón.

–  ¿Y Hugo? ¿Viene con nosotros? – Me pregunta Axel molesto.

–  No, pero algún día tendrás que contarme qué te pasa con él. – Le advierto.

–  Será mejor que se lo preguntes a él.

–  Ya lo he hecho, pero me gustaría saber cuál es tu versión.

–  No te gustaría saberla princesita, créeme. – Me contesta forzando una sonrisa.

Pongo los ojos en blanco y entro directamente en el baño dispuesta a darme una ducha de agua fría para que mi cuerpo vuelva a su temperatura habitual.

Una hora más tarde, cuando ya estoy vestida y terminando de maquillarme, Hugo entra en mi habitación y me dice en cuanto me ve:

–  ¡Joder Ari, cómo estás!

–  Espero que eso sea un piropo, de lo contrario me pondré el pijama y me meteré en la cama. – Le contesto bromeando. – ¿Ya te vas?

–  Sí, pero estoy pensando en quedarme. – Responde mirándome de arriba a abajo sonriendo con picardía. – ¿Estás segura de que no quieres venirte conmigo a China, preciosa?

–  Hoy no, pero puede que vaya a hacerte una visita en unos días. – Le contesto pensando en que cuando Axel reanude su trabajo se olvidará de mí y yo necesitaré desaparecer unos días para aclarar mis ideas y, probablemente, para llorar hasta deshidratarme.

–  Te tomo la palabra. – Me contesta al mismo tiempo que me abraza con fuerza. – Te echaré de menos, preciosa. Aún no me he ido y ya te echo de menos.

–  Lamento interrumpir esta declaración de amor, pero tenemos que irnos. – Dice Debby apareciendo por la puerta de mi habitación con su vestido rojo nuevo. Me mira y añade: – Joder Ari, te miro y me entran ganas de hacerme lesbiana.

–  ¡Ponte a la cola, pelirroja! – Bromea Hugo.

Entre risas bajamos las escaleras y cuando entramos en el salón veo a Angie coqueteando con Pablo y a Ben y Axel hablando de trabajo, ¡cómo no! Ambos se vuelven hacia a nosotras al vernos llegar y, mientras Ben sonríe a Debby maliciosamente, Axel me mira impasible, no sé qué es lo que estará pensando, pero creo que prefiero no saberlo.

–  ¿Nos vamos? – Pregunta Pablo poniéndose en pie.

Hugo me susurra al oído que espera mi visita en China y Debby, solo para provocar a Axel, nos reprocha divertida:

–  Parejita, ya os habéis declarado hace un momento, ¿es necesario que volváis a repetirlo?

–  ¿Me he perdido algo? – Me pregunta Angie.

–  Te veo en China. – Me dice Hugo sonriendo y dándome un último abrazo y un beso en la mejilla antes de despedirse de los demás y marcharse.

Ben se empeña en conducir y llevarnos a todos en su Hummer, cómo él no bebe, quiere hacer de taxista. Es un agente del Servicio Secreto y, aunque no esté de servicio, nunca deja de ser un agente.

Ben conduce y Debby se sienta en el asiento del copiloto mientras Pablo, Angie, Axel y yo nos sentamos en la parte trasera del coche. Durante el camino, Pablo me pregunta:

–  ¿Acaso piensas irte a China con Hugo?

–  Probablemente vaya a pasar unos días cuando todo por aquí vuelva a la normalidad. – Le contesto con tristeza. – Creo que me vendrá bien alejarme unos días para desconectar, sobre todo después de todo lo que ha pasado últimamente.

–  Dime que lo de que os estabais declarando era una broma de Debby o te juro que dejo de hablarte si te vas a China. – Me amenaza Angie.

–  ¿Qué? Pero, ¿cómo se te ocurre? – Le pregunto riendo. – ¡Parece mentira que no conozcas a tu loca amiga Debby!

–  Cariño, ¿de verdad pensabas que Ari se enamoraría de Hugo? – Se mofa Pablo. – Mejor aún, ¿de verdad pensabas que Ari se puede enamorar?

–  ¡Oye! – Protesto. – Si no me he enamorado es porque aún no he conocido a un hombre del que merezca la pena enamorarse. Además, el amor está sobrevalorado.

–  Te empeñas en llevar una doble vida porque no quieres que los tíos con los que te acuestas sepan quién eres, pero no tendrías ese problema si salieras con un agente. – Me sugiere Pablo.

–  Claro, así cuando la relación termine, nos podemos matar en la oficina. – Le respondo sonriendo con sarcasmo.

–  ¿Por qué das por hecho que la relación se terminará? – Me pregunta Axel, abriendo la boca por primera vez desde que he salido del baño. – Puede que salga bien o puede que salga mal, pero nunca lo sabrás si no te arriesgas.

–  ¿Podemos hablar de otra cosa? – Les pregunto para cambiar de tema. – Cómo, por ejemplo, ¿desde cuándo habéis vuelto a salir juntos?

–  Desde que Axel te hace de niñera. – Se mofa Pablo.

En una situación normal, Axel se hubiera reído e incluso hubiera bromeado al respecto, pero esta no parece ser una situación normal.

Ben aparca frente a una masía a las afueras de la ciudad, una masía restaurante y pub, todo en uno. Ben habla con uno de los camareros y nos hacen pasar a un salón privado con una mesa enorme y seis sillas para seis personas en mitad de la estancia y en la otra mitad tres sofás frente a las ventanas acristaladas que dan a la pista de baile del pub. A un lado del salón hay una puerta que da acceso al pub. El camarero antes de marcharse nos informa que, aunque nosotros podamos ver lo que pasa en el pub, las ventanas al otro lado son espejos, por lo que nadie del pub puede vernos.

Siempre cuidaré de ti 18.

Siempre cuidaré de ti

Cuando bajo al salón, ya están allí esperándome mi padre, Axel, Manuel y Arturo. Todos se me quedan mirando y tengo un deja vu, esto ya lo he vivido antes. Axel me hace un gesto para que me siente junto a él en el sofá y yo le obedezco sin rechistar, últimamente me estoy volviendo muy obediente y eso tiene bastante confundido a mi padre, que me mira extrañado.

Manuel me da un vaso de zumo de melocotón bien fresquito y yo se lo agradezco con una sonrisa, Manuel es un buen tipo, y el padre de Axel.

–  Antes de decir nada, me gustaría daros las gracias por capturar a Wolf y sus hombres. – Nos dice mi padre. – Especialmente a ti, Axel. Sé que no estás hecho para hacer de niñera, pero espero que entiendas que quería dejar a mi hija en las mejores manos.

–  Solo he hecho mi trabajo. – Contesta Axel.

Eso es lo que ha hecho, su trabajo. Es un agente y mi padre es su jefe, ¿qué esperaba que pasara? ¿Que se enamorara de mí? Eso solo pasa en las películas románticas y desgraciadamente no es mi caso.

–  Ari, ¿estás bien? – Me pregunta Manuel preocupado.

–  ¿Qué? – Pregunto Distraída. – Sí, estoy bien.

Axel me escruta con la mirada, pero no dice nada.

–  Ari, anoche llamé al doctor Petersen y se pasará a mediodía por aquí. – Me dice mi padre. – Axel me ha comentado que tu herida no ha dejado de sangrar estos días y es mejor que el doctor le eche un vistazo para asegurarnos de que todo está bien. – Asiento dócilmente y añade: – Creo que os debemos una explicación y ha llegado el momento de dárosla. Todo empezó hace diez años, cuando la mafia rusa secuestró a la única hija y heredera de Wolf. Le chantajearon para obtener la información que querían, pero Wolf se negó a dársela sin que antes le devolvieran a su hija y recurrió a nosotros para que la rescatáramos, pero la cosa se complicó, muchos agentes murieron y la hija de Wolf desapareció. Dos años más tarde, encontraron su cadáver y Wolf no nos lo perdonó nunca, aunque no le culpo por ello.

–  ¿Qué hay del ADN que encontraron en los agentes asesinados? – Le pregunto. – ¿Cómo es posible que aparezca el ADN de esa niña en la escena de un crimen diez años después de haber sido asesinada?

–  No teníamos ni idea hasta que ayer accedimos al ordenador de Wolf. – Me responde mi padre poniéndose tenso. – Durante estos años, Wolf ha estado investigando sobre la clonación, pretendía clonar a su hija con células madre del cordón umbilical que tenía guardado en un banco de células madre. Por lo que sabemos, ninguno de sus clones sobrevivió más de dos o tres días, pero obtuvo ADN suficiente como para hacernos creer que su hija podía estar viva.

–  Tus conclusiones no iban desencaminadas en la investigación, pese a no tener ni idea de lo que estabas investigando. – Me dice Manuel orgulloso. – Si algún día quieres trabajar en mi laboratorio, estaré encantado de poner a todos los científicos bajo tus órdenes.

–  Te agradezco la oferta, pero no estoy hecha para pasarme el día encerrada en un laboratorio. – Le respondo con sinceridad. – Aunque estaré encantada de darte mi opinión siempre que la requieras.

–  No puedo creer que haya intentado clonar a su hija. – Comenta Axel indignado. – ¿Cuántos experimentos habrá llegado a hacer hasta conseguir que los embriones llegaran a salir de los tubos de ensayo vivos?

–  Prefiero no pensar en ello. – Reconozco en voz alta.

–  Wolf rendirá cuentas frente a la justicia internacional y os aseguro que no serán misericordiosos con él dada la gravedad de sus delitos. No solo lo acusarán por jugar a ser Dios, sino que también le acusarán de los asesinatos de dos agentes y de los intentos de asesinato de vosotros tres. – Nos dice mi padre señalándonos a Manuel, Axel y a mí. – Y eso os lo debemos a vosotros dos. – Nos dice a Axel y a mí. – Y por eso queríamos proponeros algo. Queremos crear un nuevo equipo especial de operaciones dentro del Servicio Secreto y queremos que lo dirijáis juntos. Por separado sois los dos mejores agentes que tenemos, pero juntos sois dos agentes imparables, capaces de pensar con la cabeza fría en los momentos más intensos, imprevistos y difíciles. No queremos que nos deis una respuesta en este mismo momento, queremos que lo penséis bien.

–  De todas formas, a mí me gustaría recalcar que, pese a vuestra extraña forma de socializar, por llamarlo de alguna manera, es cierto que no habéis tenido problemas a la hora de convivir y trabajar juntos sin apenas conoceros. – Puntualiza Manuel. – A vuestra manera, habéis sabido sobrellevar la situación y salir de ella de la mejor forma posible.

–  El lunes por la tarde tendremos una reunión más formal y os daremos los detalles de la oferta para que podáis pensarlo tranquilamente con todas las condiciones sobre la mesa. – Nos dice mi padre. – Hasta entonces, creo que deberías descansar y salir por ahí a distraeros. Pablo nos ha dicho que tenéis pensado salir a tomar algo esta noche.

–  Sí, eso parece. – Le respondo resignada.

–  ¿Desde cuándo rechazas una invitación a salir de copas? – Me pregunta Arturo mofándose.

–  Desde que es una imposición, pero supongo que me vendrá bien salir un rato. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  Princesita, nos merecemos una copa como mínimo. – Me dice Axel divertido. – Solo una copa y, si después quieres volver a casa, yo mismo te traigo.

–  ¿El agente Romero sigue estando de servicio, papá? – Le pregunto a mi padre bromeando.

Todos se echan a reír y Axel me dice sonriendo divertido:

–  Princesita, soy un agente del Servicio Secreto, yo siempre estoy de servicio.

–  Pues que conste que eres tú quién ha insistido y eso te quita el derecho de quejarte constantemente que trabajas de niñera. – Le advierto, provocando las carcajadas de todos sin haber tenido la intención de hacerlo, de hecho estaba hablando en serio.

–  Ari, eres adorable. – Me dice Manuel llorando de la risa.

–  Lo sería si estuviera bromeando, pero no bromea. – Se mofa mi padre. Cuando logra dejar de reír, añade: – Por cierto, no os quiero ver aparecer por la base hasta el lunes por la tarde, utilizad estos dos días libres para divertiros.

Manuel, Arturo y mi padre se marchan a la base, ellos sí tienen mucho qué hacer con todo lo de Wolf, pero nosotros por fin podemos descansar y yo estoy feliz de que Axel haya aceptado salir con nosotros esta noche, aunque todavía no sé cuándo le han invitado, probablemente mientras yo me duchaba.

–  Bueno, no hay mal que por bien no venga. – Me dice Axel sonriendo, pero yo me siento mal, me siento hundida. – Princesita, acaban de ofrecernos dirigir un equipo nuevo de operaciones del Servicio Secreto, deberías estar dando saltos de alegría.

–  Yo no soy una agente, Axel. – Le contesto cansada y dolida. – Ni siquiera me había tomado en serio serlo hasta ahora y la verdad es que no quiero…

–  Princesita, vamos a ver al doctor, esta noche saldremos de copas, mañana nos pasaremos el día durmiendo y el lunes escucharemos lo que nos tengan que decir. – Me interrumpe Axel. – Después, podrás tomar la decisión que creas conveniente, pero te ruego que lo pienses antes, al fin y al cabo, no se nos ha dado tan mal trabajar juntos, ¿no crees?

–  Si yo rechazo la oferta, dirigirás tú solo al equipo y no tendrás a una princesita merodeando a tu alrededor y metiendo las narices en todas partes.

–  Ariadna, tenemos que hablar de eso. – Me dice Axel molesto. – Eres una princesita y eso…

–  Ari, el doctor está aquí. – Dice Pablo interrumpiéndonos.

¿Es que nadie nos va a dejar hablar sin interrumpirnos? Y siempre nos interrumpen cuando la conversación se pone más seria, cuando Axel me llama por mi nombre completo.

–  Doctor Petersen, creía que vendría a mediodía. – Le digo sorprendida de verlo tan temprano.

–  Y yo también, pero tus amigas han insistido en que viniera cuanto antes para que os pudierais ir de compras, ¿celebráis algo esta noche? – Me responde el doctor divertido.

–  El funeral de mis amigas como sigan así. – Le respondo furiosa mientras Pablo y Axel se ríen a carcajadas. – Y puede que el de éstos dos también. – Me vuelvo hacia Pablo y le pregunto con tono nada amistoso: – Tú también estás metido en esto, ¿verdad?

–  ¡Dios me libre! – Se mofa Pablo. – Tus queridas amigas solo quieren que estés guapa esta noche, quieren que te diviertas y, si es posible, también que te relajes. – Añade guiñándome un ojo.

Entre risas y bromas, el doctor Petersen me revisa la herida del brazo y me dice que todo está bien y que al menos la herida no está infectada, por lo que no tengo que tomar antibióticos y me da vía libre para beber todo el alcohol que quiera esta noche, aunque me recomienda que es mejor que no abuse.

En cuanto el doctor se marcha, Angie y Debby vienen a buscarme muy sonrientes, dispuestas a llevarme de compras por toda la ciudad.

–  Hemos revisado la ropa que tienes y no hay nada de lo que buscamos, así que nos vamos a comprarte un vestido sexy. – Dice Angie sonriendo dulcemente mientras los chicos nos miran divertidos.

–  No quiero ir, puedo ponerme cualquier cosa. – Protesto.

–  Si lo prefieres, puedo prestarte el pijama de franela sexy. – Se mofa Axel.

–  Soy capaz de ir con ese pijama si con eso me libro de ir de compras. – Confieso.

–  Siempre vas con tejanos, por un día que te pongas un vestido no te va a pasar nada. – Me dice Debby poniendo los ojos en blanco.

–  ¿Qué tienen de malo mis tejanos? – Les pregunto molesta.

–  Preciosa, tus tejanos no tienen nada de malo. – Oigo una voz masculina procedente de la puerta del salón.

Todos nos volvemos al instante y entonces veo a Hugo, uno de los agentes de mi padre con los que mejor me llevo, después de Pablo, claro.

–  ¡Hugo! – Exclamo arrojándome a sus brazos. – ¿Qué estás haciendo aquí? Creía que estabas en China infiltrado, ¿cuándo has vuelto?

–  Acabo de llegar ahora mismo, tu padre me llamó y me contó lo que había pasado así que decidí coger un par de días libres para venir a verte y ver que estás bien con mis propios ojos. – Me contesta Hugo y añade susurrando en mi oído para que nadie más que yo lo escuche: – Uy pequeña, cuánta tensión noto en este salón.

Le miro confusa, sin saber a qué se refiere y entones veo como Axel y Hugo intercambian una mirada nada amistosa y Axel le dice a modo de saludo sin apenas mover los músculos de la cara:

–  Hugo.

–  Axel. – Le saluda de igual modo Hugo.

¿Qué pasa aquí? No me da tiempo a preguntarlo porque Angie y Debby, tras saludar a Hugo fugazmente, me arrastran hacia el jardín y me suben al coche de Pablo, dispuestas a llevarme de compras.

Siempre cuidaré de ti 17.

Siempre cuidaré de ti

Pablo, Axel y yo regresamos juntos a casa de mi padre en el coche de Axel mientras que nuestros padres y el resto de agentes que les acompañaban se quedan en la casa para encargarse de la situación. Puede que en otra ocasión me hubiera sentido furiosa por haberme echado a un lado, pero en este momento lo agradezco. Lo último que me apetecería sería tener que explicar a todo el mundo lo que ha pasado, no tengo ganas ni fuerzas.

Pablo se empeña en conducir y nos obliga a Axel y a mí a sentarnos juntos en la parte de atrás para que tratemos de descansar un poco, es un viaje largo. Axel, sorprendiéndome, le hace caso y se sienta a mi lado, me rodea los hombros con su brazo y me estrecha contra su cuerpo dejando descansar mi cabeza sobre su hombro al mismo tiempo que me susurra al oído:

–  Descansa un poco, princesita.

Cierro los ojos y me quedo dormida al instante. Podría estallar una guerra en este mismo momento y yo seguiría en calma siempre y cuando estuviera en los brazos de Axel como lo estoy en este momento. ¿Es eso estar enamorada? Tendré que preguntárselo a Angie, ella es la que entiende de estas cosas.

Cuando me despierto, Axel me lleva en brazos y sube las escaleras de casa de mi padre para llevarme a mi habitación. Me sonríe con dulzura y me susurra:

–  Princesita, es la segunda vez en menos de una semana que te tengo que llevar en brazos a tu habitación.

–  La culpa es tuya. – Le contesto medio dormida volviendo a cerrar los ojos y abrazándome a él con fuerza. – Si me tratas como a una princesita, luego no te quejes si me terminas convirtiendo en una.

Axel se echa a reír pero no dice nada, me lleva hasta a mi habitación y me deposita sobre la cama con sumo cuidado, como si fuera tan frágil como el cristal. Después me quita las zapatillas de deporte y me echa una pequeña mantita por encima antes de decirme:

–  Sigue durmiendo, princesita.

Axel da media vuelta dispuesto a marcharse, pero le agarro del brazo y susurro con un hilo de voz:

–  Por favor, no…

–  Eh, ¿qué ocurre, Ari? – Me pregunta sentándose junto a mi lado y, antes de que pueda contestar, añade: – No pasa nada, aquí estás segura y no tienes nada de qué preocuparte ahora. Además, te he prometido que siempre cuidaré de ti.

–  Entonces, no te vayas. – Le pido con tristeza.

–  Ari… – Resopla y, abrazándome, me dice: – Quieres acabar conmigo, ¿verdad?

Le miro sin entender nada. No he hecho ni dicho nada malo para que piense que quiero acabar con él, de hecho creo que es la primera vez que soy tan sincera y amable con él. Axel parece leerme la mente porque me lanza una sonrisa tranquilizadora, se tumba a mi lado en la cama y me dice con ternura:

–  Duérmete, te prometo que no me moveré de esta habitación mientras descansas.

Más tranquila sabiendo que Axel estará aquí cuando despierte, vuelvo a quedarme dormida de inmediato. Cuando vuelvo a despertarme, Axel no está tumbado conmigo en la cama, pero está en mi escritorio escribiendo en el ordenador, probablemente escribiendo el informe de lo que ha ocurrido esta mañana en la casa del bosque.

Tiene gracia, antes creía que Axel era un psicópata, después creí que era un idiota que me odiaba por el simple hecho de existir y ahora es una de las pocas personas en las que confío. Y no, no se me olvida que creo que estoy enamorada de él, pero eso es algo en lo que prefiero no pensar.

–  Buenos días, princesita marmota. – Me dice alegremente Axel cuando se percata de que estoy despierta. – ¿Qué tal has dormido?

–  No lo sé, creo que sigo estando cansada y me duele la cabeza. – Le respondo escondiendo mi cara bajo la almohada. – ¿Qué hora es?

–  Las nueve de la mañana. – Me responde. – Y te aconsejo que te des una ducha para espabilarte y hables con tu padre, no ha terminado de entender por qué me he quedado aquí toda la noche.

–  Te vas a reír, pero me sentía más segura sabiendo que estabas cerca. – Le respondo. – La gente que me quiere me miente y me traiciona, sin embargo, tú me odias y me cuidas, a pesar de que crees que soy una princesita.

–  Yo nunca he dicho que te odiara. – Me responde muy serio. – Ariadna, yo…

–  ¡Ari! – Gritan Angie y Debby entrando en mi habitación como un huracán e interrumpiendo lo que  Axel me iba a decir: – ¿Cómo estás? – Me pregunta Angie.

–  Ya te lo digo yo, fatal. – Le responde Debby. – Ari, no puedes seguir así. Esta noche tenemos planes, me da igual si quieres o no venir, lo harás igualmente.

–  No pienso salir a ninguna parte. – Le respondo molesta por la interrupción.

Axel estaba a punto de decirme algo cuando ellas han aparecido. Me ha llamado Ariadna y él nunca antes me había llamado por mi nombre completo, normalmente me llama princesita y en alguna rara ocasión Ari. Axel se pone en pie y, antes de salir de mi habitación, me dice más serio de lo normal:

–  Te dejo en buena compañía.

Me quedo observando cómo Axel desaparece de mi vista y, en cuanto lo hace, Debby me da un codazo y me dice burlonamente:

–  Cuenta por esa boquita que te traes con el buenorro del vecino.

–  Creo que estoy enamorada. – Confieso dejándome caer en la cama y tapándome la cabeza con la almohada.

–  No hace falta que lo jures, se te ve a la legua. – Me responde Debby. – Pero no es eso lo que te he preguntado. Por tu cara sé que no te has acostado con él, pero sé que algo hay, tu padre nos ha dicho que cuando llegaron anoche él estaba sentado donde seguía hasta hace un momento y no ha consentido moverse, pese a que todos han insistido en que se fuera a descansar. Según me ha dicho tu padre, ha insistido en que te había prometido que no se movería hasta que te despertases y eso es lo que ha hecho.

–  ¡Qué mono! – Digo medio alegre y medio triste.

–  Sí, muy mono, pero sigues sin contestarme. – Apunta Debby.

–  No ha pasado nada, estaba a punto de decirme algo cuando habéis entrado, pero ni siquiera sé si iba a decir algo bueno o malo. – Les respondo abatida. – Para él solo soy una niña mimada y consentida que se ha visto obligado a cuidar.

–  Cielo, esta noche te vas a poner el vestido más sexy que tengas y nos vamos a ir a tomar unas copas con los chicos, así Axel podrá ver todo lo que se va a perder si te deja escapar. – Me dice Angie.

–  ¿Con los chicos? – Pregunto sorprendida. – ¿Qué chicos?

–  Querida Ari, por fin Angie y Pablo están oficialmente juntos. – Me dice Debby burlonamente al mismo tiempo que Angie se ruboriza.

–  ¿Por qué Pablo no me ha dicho nada? – Le pregunto divertida. – ¿Es que lo guardabais en secreto?

–  Le hice prometer que me dejaría a mí darte la noticia, aunque Debby se ha adelantado. – Me contesta Angie. – Ah, y Debby se tiró anoche al escolta de tu padre.

–  ¡¿Qué?! – Exclamo sorprendida. – ¿Con Ben? – Las tres nos echamos a reír y finalmente añado divertida: – ¿Pretendéis que Axel acceda a venir a esa cita triple que tenéis planeada? Lo único que conseguiréis es que se ría de mí.

–  Cuando te vea con el vestido sexy que te vas a poner, solo podrá babear y te seguirá como un patito sigue a la mamá pata. – Se mofa Debby.

–  Lo siento chicas, pero no lo veo. – Les confieso. – Y tampoco tengo ganas de salir de copas, si os soy sincera, de lo único que tengo ganas es de pasarme el día encerrada en mi habitación escuchando canciones tristes de amor y llorando hasta deshidratarme.

–  ¡Se ha puesto en plan melodramática! – Exclama Debby. – ¡Esto es más grave de lo que me imaginaba!

–  Ari, nos da igual lo que quieras. – Me dice Angie. – Necesitas salir y desconectar y esta noche vamos a ir todos juntos a tomar unas copas. Axel no tiene ni idea de lo que hay entre Pablo y yo y mucho menos de lo que hay entre Debby y Ben, así que simplemente seremos un grupo de amigos que salen juntos a tomar algo.

–  Chicas, os agradezco vuestro interés, pero prefiero que no os metáis en esto. – Les ruego.

–  Vale, no nos meteremos si tú no quieres. – Me dice Angie. – Pero le invitamos a venir con nosotros, aunque solo sea por educación y luego ya dejamos en vuestras manos todo lo demás.

–  Está bien, cómo queráis. – Cedo finalmente. – Voy a darme una ducha y a ver a mi padre, luego hablamos del tema.

No muy convencidas, salen de mi habitación y yo me levanto decidida a darme una ducha y dejar la mente en blanco aunque solo sea por un instante. Antes de pensar en salir de copas esta noche, tengo que pensar en lo que me espera en el salón con mi padre y apuesto que saldré más furiosa y deprimida de lo que voy a entrar.

Siempre cuidaré de ti 16.

Siempre cuidaré de ti

Estoy abrazada a Axel y él me tiene abrazada a mí cuando me despierto, pero esta vez no abro los ojos, quiero quedarme un rato más entre sus brazos. Axel se mueve un poco y me acaricia suavemente la espalda, pero lo hace inconscientemente porque sigue dormido, lo noto en su respiración. Axel vuelve a moverse y esta vez me abraza con más fuerza, me da un beso en la coronilla y me susurra:

–  Buenos días, princesita.

¿Cómo ha sabido que estoy despierta? Sin abrir los ojos, musito medio dormida:

–  Buenos días.

–  Buenos días, pareja. – Oigo una voz con acento alemán al otro lado del sofá.

Axel y yo nos incorporamos de un salto y nos despertamos de golpe. Frente a nosotros se encuentra Wolf con una docena de hombres, todos ellos apuntándonos con sus respectivas pistolas.

–  Por fin volvemos a vernos, señorita Ayala. – Me dice Wolf. – La otra vez no pudimos hablar, pero esta vez he venido mejor preparado, no me esperaba que fueras toda una leona.

Nos hace un gesto para que salgamos de la casa y le obedecemos, son trece hombres armados y nosotros solo somos dos y estamos desarmados, ahora mismo no tenemos nada qué hacer contra ellos.

Cruzamos el porche y bajamos las escaleras que nos llevan al jardín y en el suelo veo el cadáver de Juan, le han pegado un tiro en la cabeza. Axel me coge de la mano y me la aprieta en señal de apoyo, pero yo no muestro mis sentimientos, llevo puesta mi máscara especial para esta clase de situaciones.

–  No sientas lástima por él. – Me dice Wolf. – Su misión era hacer que te enamoraras de él para que así tú estuvieras más a nuestro alcance, pero el muy idiota no solo no consiguió que te enamoraras, si no que él se enamoró de ti y pretendía jugárnosla. Lo que él no se esperaba es que no acudieras a la cita en París y por lo contrario vinieras a un lugar perdido en las montañas con otro hombre.

–  ¿Haces todo esto por tu hija? – Le pregunto. – ¿Crees que matándome a mí ella volverá? ¿Crees que te sentirás mejor?

–  ¡Cállate! – Me grita Wolf acercándose y dándome una bofetada.

Ese es el momento que aprovecho para arrebatarle la pistola y utilizarlo de escudo contra sus propios hombres.

–  ¿Sabes cuál es el verdadero problema de los hombres? – Le pregunto a Wolf. – Subestimáis a las mujeres y la mayoría de las veces suelen ser más inteligentes. – Alzo la voz para dirigirme a los hombres de Wolf y añado: – Dejad las armas en el suelo sin hacer ningún movimiento brusco para no asustarme y apriete el gatillo.

Apunto directamente a la sien de Wolf y todos sus hombres me obedecen al instante, mientras Axel se encarga de recoger las armas y atarlos a todos. Cuando termina, se acerca a Wolf y, tras darle un tremendo puñetazo que le hace caer al suelo, le dice furioso:

–  Así no se trata a una princesita.

Axel me abraza y yo me dejo abrazar, por fin ha acabado todo y vuelvo a sentirme cómoda y segura entre sus brazos. En ese mismo momento empiezan a llegar coches del Servicio Secreto y veo bajarse de ellos a mi padre, a Manuel, Arturo y Pablo, entre algunos otros agentes que ya conozco y otros que no había visto en mi vida.

–  ¿Estáis bien? – Nos pregunta mi padre. – Hija, ven aquí. – Me dice abrazándome con lágrimas en los ojos. – Perdóname, siento todo lo que ha ocurrido y me arrepiento de no haberte dicho toda la verdad.

–  Ya hablaremos de eso más tarde, papá. – Le respondo abrazándole con fuerza. – Quiero saber la verdad, pero puedo esperar un poco más.

–  Chicos, ¿estáis bien? – Nos pregunta Manuel.

Axel asiente con la cabeza, todo rastro de buen humor y de buen rollo entre nosotros ha desaparecido, vuelvo a ser la princesita para la que hace de niñera.

–  Ari, ¿qué te ha pasado en el labio? – Me pregunta Manuel horrorizado.

–  Creo que es mejor que preguntes qué le ha pasado a Wolf, creo que tiene la mandíbula rota. – Dice Arturo mirándonos a Axel y a mí alternativamente.

–  Axel, ¿nos lo puedes explicar? – Le pregunta mi padre molesto.

–  Solo nos hemos defendido. – Intervengo furiosa. – ¿Es que ahora somos nosotros los sospechosos?

–  Nada de esto hubiera pasado si os hubierais comportado como dos adultos. – Me reprocha mi padre.

–  Si no nos hubieras ocultado lo que estaba pasando no habríamos llegado a esta situación, si buscas un culpable, el único responsable eres tú. – Le espeto más furiosa que nunca. De hecho, creo que nunca le había hablado así a mi padre. Axel trata de calmarme colocando su brazo sobre mis hombros, pero sin obtener el resultado que esperaba. – Trece hombres armados han entrado en la casa mientras dormíamos, tienes suerte de que los hayamos capturado a todos y que ninguno haya muerto. De hecho, tienes suerte de que nosotros estemos vivos, si es que te importa, claro.

–  Ari, ¿a qué viene esto? – Me pregunta mi padre sorprendido y confundido. – Que tú y Axel estéis bien es lo más importante para mí. Perdóname, estoy muy nervioso y…

–  Todos estamos nerviosos. – Le interrumpe Axel quitándole importancia al asunto. Se vuelve hacia a mí y, tras revisar con delicadeza la herida en mi labio, me dice: – Princesita, deberías ir a limpiarte ese labio y ponerte un poco de hielo.

No hago el menor intento de moverme porque no quiero alejarme de Axel, aunque sé perfectamente que me acaba de echar y sin ningún miramiento. Pablo me rodea la cintura y me arrastra hasta dentro de la casa, donde me acompaña a mi habitación y me hace sentar a los pies de la cama mientras me empieza a curar el labio con una gasa húmeda.

–  ¿Quieres contarme cómo te has hecho esto? – Me pregunta Pablo sin presionarme.

–  He provocado a Wolf para que me lo hiciera y así poder distraerlo para quitarle la pistola.

–  ¿Y él tiene la mandíbula rota por qué…? – Me dice Pablo esperando que yo acabe la frase.

–  Porque se lo merecía. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Fuiste tú o Axel?

–  ¿Qué más da? – Le inquiero. – Tiene suerte de tener sólo la mandíbula rota, tendría que haberle disparado en las piernas y haber dejado que muriera desangrado.

–  ¿Y Juan? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

–  Wolf me investigó y averiguó que me veía con Juan, así que hizo un trato con él para que me enamorara y así poder controlarme. – Le contesto con los ojos anegados en lágrimas. – Según Wolf, Juan se había enamorado de mí y quería decirme la verdad cuando estuviéramos en París, pero Wolf se dio cuenta de sus intenciones y lo trajo aquí antes de matarlo. Supongo que quería que viese que en vez de estar con él estaba con otro hombre, supongo que él no sabría nada de todo esto.

–  Ven aquí, pequeña. – Me dice abrazándome mientras yo lloro desconsoladamente entre sus fuertes y familiares brazos. – Toda esta pesadilla ya se ha acabado.

Pablo me da la tranquilidad y la seguridad que en estos momentos necesito. Pablo es como mi hermano mayor y actúa como tal, aunque también hace de madre, padre y niñera. El pobre tiene el cielo ganado conmigo. Me limpia las lágrimas y me lava la cara, como lo haría con su hermana pequeña y, cuando termina, me dice bromeando:

–  Venga, cambia esa cara ya si no quieres que termine creyendo que de verdad eres una princesita como dice Axel.

–  Idiota. – Le respondo sonriendo. – Déjame que me dé una ducha, me visto y recojo todas mis cosas antes de irnos.

–  No tardes, ahí fuera se palpa la tensión y no me gusta nada estar en medio. – Me contesta antes de marcharse de la habitación.

Me doy una ducha rápida, me pongo unos tejanos y una camiseta de tirantes con las zapatillas deportivas y recojo todas mis cosas. Cuando estoy a punto de salir de la habitación, Axel aparece por la puerta y, con una sonrisa burlona, me dice:

–  Princesita, has acojonado a todo el mundo y nadie quiere llevarte a casa.

–  ¿Aún te quedan ganas de seguir haciendo de niñera? – Le pregunto con un hilo de voz.

–  Siempre cuidaré de ti, princesita. – Me dice sonriendo al mismo tiempo que coge mi maleta. – Venga, vamos juntos de camino a casa y Pablo nos acompañará. – Pongo cara de triste sin darme cuenta y Axel me pregunta con ternura: – Princesita, ¿qué te pasa? Si no quieres volver en mi coche, estoy seguro de que convenceremos a alguien para que te lleve, puede que tenga que sobornarles o amenazarles pero, ¿qué más da?

–  Idiota, deja de reírte de mí. – Le respondo medio riendo medio sollozando.

–  Oye, ¿por qué te has quitado ese pijama tan sexy? – Se mofa. Abro la boca fingiendo estar muy ofendida y añade riendo: – Tienes razón, eso ha sido un golpe bajo.

–  No. – Le respondo sonriendo. Le doy un leve golpe en el vientre que le hace doblarse, pero solo por acto reflejo, no de dolor, y añado: – Eso ha sido un golpe bajo.

–  Princesita, te vas a librar porque tu herida del brazo me tiene preocupado y ya has tenido suficientes emociones fuertes por hoy, pero esta me la pagarás. – Me contesta mientras yo camino divertida por el pasillo. Se acerca a mí por detrás y me susurra para que solo yo lo escuche: – Cuando menos te lo esperes, princesita.

Sus palabras susurradas tan de cerca me estremecen y me doy cuenta de lo mucho que Axel me gusta y me atrae. ¿Hay algo más que me pueda salir mal?

Definitivamente, mi vida es un desastre y ahora más que nunca. Mi padre me oculta cosas, han matado a mi amante por enamorarse de mí cuando debería haberme enamorado él a mí, han intentado matarme dos veces en una misma semana y, por si fuera poco, creo que me he enamorado de un mujeriego que solo está conmigo porque le han enviado de niñera y que cree que soy una princesita. Debería haber dejado que Wolf me matara, no le hago ningún bien a todo el que me rodea.

Siempre cuidaré de ti 15.

Siempre cuidaré de ti

El viernes por la mañana vuelvo a despertarme en los brazos de Axel, pero esta vez ya es de día y él, pese a que sigue tumbado en el sofá conmigo, ya está despierto y no se ha levantado. Le miro ruborizada y me echo a un lado del sofá, pues estaba prácticamente encima de él.

–  Lo siento, suelo moverme bastante cuando duermo. – Me disculpo incorporándome.

–  No pasa nada, no he querido moverme para no despertarte. – Me responde como si fuera la cosa más natural del mundo. Desde luego, a él no le afecta dormir conmigo como me afecta a mí. Otra razón más para quitármelo de la cabeza. – Voy a darme una ducha.

Axel se levanta y entra en su habitación, dejándome sola en el salón y vuelvo a tumbarme en el sofá. Si lo llego a saber, me hago un rato más la dormida. Lo sé, nada de lo que estoy pensando tiene sentido.

Decido mirar mi correo en el ordenador de Axel para distraerme, pero la mayoría son correos publicitarios, así que decido llamar a Angie:

–  ¡Ari, por fin llamas! – Me espeta nada más descolgar. – ¿Cómo va por ahí? ¿Ha llegado ya la sangre al río o habéis preferido aliviar tensiones de una manera más placentera?

–  ¡Joder Angie, hablas igual que Debby! – Exclamo divertida. – Por aquí sigue todo igual, salvo que yo estoy cada vez más confundida…

–  Ari, ten cuidado. – Me advierte Angie. – No creo que Axel sea un mal tío, pero por lo poco que he podido averiguar sé que tiene fama de mujeriego y…

–  No quiero saberlo, Angie. – La interrumpo. – Tengo demasiadas cosas y preocupaciones en la cabeza y no quiero tener que preocuparme de algo por lo que ni siquiera sé si quiero preocuparme.

–  Estás fatal. – Sentencia Angie. – ¿Qué te está haciendo ese idiota? ¿No te trata bien?

–  Estoy bien Angie, de verdad. – Le respondo con tristeza. – Axel no me está tratando mal, de hecho creo que me está tratando mejor de lo que yo le trato. Es solo que… Olvídalo, solo son tonterías.

–  A mí no me parece ninguna tontería que estés así. – Me dice Angie.

–  Supongo que me siento un poco confundida y sola, también está lo de mi padre, que aún no he hablado con él y sinceramente, tampoco tengo ganas de hacerlo. – Le confieso. – Es como si de un día para otro mi vida ya no fuera mi vida y yo ya no fuera yo. Creo que tengo una crisis de identidad.

–  ¿Lo de la crisis de identidad tiene que ver con Axel? Porque si es así voy hasta el maldito culo del mundo donde os encontráis y le parto la cara. – Me dice Angie.

–  Angie, Axel no tiene la culpa de mis desgracias. – Le respondo empezando a impacientarme.

–  Me alegra saber eso. – Oigo la voz de Axel detrás de mí.

Me vuelvo y lo veo envuelto de cintura para abajo con una toalla, recién salido de la ducha y más sexy que nunca. Ahora la que necesita la ducha soy yo, pero de agua fría.

–  Angie, tengo que colgar. – Le digo a mi amiga sin dejar de mirar a Axel. – Te llamaré pronto.

Cuelgo el teléfono y Axel continua mirándome con una sonrisa burlona en los labios. Debo de estar más roja que un tomate y eso a Axel le parece divertido, pero a mí me resulta de lo más incómodo, así que me levanto del sofá y le digo todo lo digna que puedo:

–  ¿No te han enseñado que no se escuchan las conversaciones ajenas?

–  Princesita, cuando mantienes una conversación sobre mí en mi propia casa, no creo que se pueda considerar una conversación ajena a mí. – Me responde burlonamente.

–  Voy a ducharme. – Le respondo antes de huir del salón y esconderme en el baño de mi habitación.

Finalmente, decido darme un baño con espuma en vez de una ducha. Podría llenar el jacuzzi pero no quiero malgastar tanta agua, sobre todo teniendo en cuenta que empezará a llover en breve y Axel ya me advirtió que si llueve nos quedamos sin luz y si nos quedamos sin luz nos quedamos sin agua caliente.

Una hora más tarde, Axel llama a la puerta de mi baño y me pregunta:

–  Princesita, ¿piensas salir de ahí algún día?

–  ¡No! – Le respondo molesta.

–  Será mejor que te cubras si no quieres que te vea desnuda, voy a entrar. – Me responde antes de abrir la puerta y entrar en el baño. Por suerte, sigo dentro de la bañera y el agua y la espuma cubren todo mi cuerpo, excepto del cuello para arriba y mis rodillas, que al tener las piernas dobladas sobresalen un poco por encima del nivel del agua. – Princesita, te vas a arrugar si sigues ahí metida. Además, ha empezado a llover y nos quedaremos sin luz de un momento a otro.

Justo es decir eso e irse la luz.

–  ¡Mierda! – Exclamo. – Si antes lo llegas a decir…

–  Anda, sal de ahí antes de que te quedes helada. – Me dice tendiéndome la mano para ayudarme a salir, pero al ver que dudo añade: – Estamos a oscuras, no puedo verte, princesita.

–  Más te vale que sea verdad o te sacaré los ojos para que no vuelvas a ver nada en tu vida. – Le respondo con tono amenazador, pero Axel parece divertirse.

Me pongo en pie en la bañera sin soltar la mano de Axel y después pongo un pie en el suelo, momento en que él me coge de la otra mano para asegurarse de que no me doy de bruces contra el suelo. Coge mi albornoz para ayudarme a ponérmelo y, cuando ya estoy del todo tapada, enciende una vela y la deja sobre la encimera del lavabo, iluminando toda la estancia.

–  No tardes, la cena ya está lista. – Me dice antes de dar media vuelta para salir.

–  Axel, espera. – Le digo sujetándole del brazo. – Gracias y… Lo siento.

–  De nada, princesita. – Me responde sonriendo. – No tardes.

Y desaparece. Y me alegro, si se hubiera quedado un solo segundo más me hubiera arrojado a sus brazos y eso no puede pasar. Me pongo un pijama de franela nada sexy de cuando Axel era adolescente, cortesía del propio Axel para que no me muera de frío por las noches, me cepillo el pelo y salgo del baño llevando la vela encendida que me ha dejado Axel en el baño, pero él ya se ha ocupado de iluminarme el camino dejando velas en la habitación y el pasillo hasta llegar al salón.

Cuando entro en el salón, me quedo anonadada. La mesa está preparada para empezar a cenar y un precioso candelabro de plata con seis velas en el centro de la mesa ilumina toda la estancia. Todo resulta de lo más romántico, si omites el pequeño detalle que realmente estamos sin luz y que Axel no tiene la más mínima intención de ser romántico conmigo.

–  Te has puesto preciosa para la ocasión, princesita. – Me dice burlonamente en cuanto me ve entrar en el salón. – Estás muy sexy con ese pijama.

–  Muy gracioso. – Le replico sacándole la lengua. – Podría haberme puesto uno de los vestidos que tú me obligaste a dejar en la ciudad.

Oigo que Axel murmura algo entre dientes pero no logro adivinar el qué, así que decido no hacerle caso y sentarme a la mesa. Axel también se sienta y empieza a servir los platos.

–  He hecho tallarines al pesto, un pajarito me ha dicho que es tu plato preferido y me ha amenazado con matarme si no me portaba bien contigo. – Me dice divertido.

–  Voy a tener que hablar con el pajarito de Angie. – Le digo sintiéndome fatal. – Me imagino lo que estarás pensando, pero te aseguro que no es lo que parece.

–  Lo sé, además de escuchar parte de vuestra conversación esta mañana, Angie me ha llamado para decirme que aunque tú se lo negaras sabía que yo me estaba portando mal contigo y por eso tú estabas tan deprimida. – Me responde poniéndose serio. – Ari, siento si he sido poco tolerante contigo y…

–  Axel, no le he dicho a Angie que me tratabas mal porque no considero que me trates mal. – Le contesto con un hilo de voz. – No he sido justa contigo, desde que salimos de casa de mi padre te has comportado como una verdadera niñera conmigo y yo ni siquiera te lo he agradecido.

–  Princesita, vamos a hacer un trato. – Me propone sirviendo nuestras copas de vino. – Tú cuidas de mí y yo cuido de ti, ¿qué te parece?

–  Me parece una idea estupenda. – Le digo cogiendo mi copa para brindar con él y después dar un trago y saborear el delicioso vino. – Mmm. Está buenísimo.

–  Debe estarlo, es una botella de reserva de 1000€ y tengo otra igual en el alféizar de la ventana para que se mantenga fresca. – Me dice sonriendo.

Cenamos bajo la luz de las velas, hablando y bromeando, recogemos juntos la mesa sin dejar de bromear y seguimos con nuestra animada charla en el sofá frente a la chimenea para bebernos la segunda botella de vino. Estamos tan cerca el uno del otro que puedo notar como nuestros cuerpos se rozan con el subir y bajar de nuestras respiraciones.

El estruendo de un trueno me sobresalta y parte del vino que había en mi copa cae sobre Axel y sobre mí, empapándonos.

–  Princesita, si no te gustaba el pijama bastaba con que no te lo pusieras, no hacía falta que nos echaras el vino por encima, ahora yo también me tengo que cambiar de ropa. – Me dice mofándose.

–  ¡No te rías! – Le reprocho riendo. – ¡Nos hemos puesto perdidos!

–  ¿Nos hemos puesto? Querrás decir que nos has puesto. – Me corrige sin dejar de reír. – Voy a buscar algo para ponernos, dame un segundo. – Se marcha y regresa segundos después con un par de pijamas limpios y secos. – Aquí tienes, igual de bonito que el anterior.

Me lanza el pijama y me dispongo a cambiarme allí mismo cuando Axel me pregunta:

–  ¿Es que piensas cambiarte aquí?

–  No pienso ir a la habitación, me congelaré. – Le respondo. – Si te incomoda no mires, pero no verás más de lo que ves cuando vas a la playa.

Axel me sonríe divertido y ambos nos cambiamos de ropa, poniéndonos un pijama limpio, para continuar bebiendo vino. Cuando la segunda botella de vino se acaba, Axel apaga las velas que ha dejado encendidas en el pasillo y la habitación y nos tumbamos en el sofá de lado, mirando hacia la chimenea. Axel me abraza desde atrás, estrechándome entre sus brazos contra su firme y atlético cuerpo, me besa en la coronilla antes de susurrarme al oído:

–  Buenas noches, princesita.

Siempre cuidaré de ti 14.

Siempre cuidaré de ti

Me despierto de madrugada muerta de frío y veo que estoy en el sofá del salón con Axel, nos debimos de haber quedado dormidos mientras hablábamos. Intento incorporarme sin hacer demasiado ruido para no despertarlo, pero no da resultado:

–  ¿Qué pasa, princesita?

–  Me estoy muriendo de frío, voy a echar más leña a la chimenea.

Axel me agarra del brazo para detenerme, se incorpora de un salto y me dice con la voz de medio dormido:

–  Sigue durmiendo, ya lo hago yo.

Se levanta, coge un par de troncos cortados y los echa dentro de la chimenea para que ardan en ella. Después desaparece en dirección a su habitación y regresar un minuto más tarde con una gruesa colcha de algodón que me echa por encima.

–  ¿Mejor ahora? – Me pregunta.

Lo cierto es que no. Su cuerpo me daba calor y ya no lo tengo, por no mencionar las ganas de abrazarlo que tengo, me hubiera gustado que no se hubiera despertado y poder seguir durmiendo entre sus brazos, aunque solo sea por accidente.

–  Princesita, no sé cómo decirte esto pero creo que vamos a tener que compartir sofá, a menos que prefieras que me muera congelado en una de las habitaciones. – Me dice tumbándose a mi lado. – Estás helada y temblando, ven aquí.

Me estrecha contra su cuerpo abrazándome desde mi espalda y yo me dejo hacer, entrando de nuevo en calor, quizás sintiendo más calor del necesario.

–  ¿Cómo es posible que haga tanto frío? – Le pregunto. – O mejor aún, ¿por qué decidiste instalar un jacuzzi en vez de calefacción?

–  Princesita, tenemos calefacción, pero está averiada. – Me responde susurrándome al oído. – Ahora duérmete, mañana tenemos mucho trabajo que hacer.

Relajada y con menos frío, vuelvo a quedarme dormida en los brazos de Axel.

Cuando vuelvo a despertarme Axel ya no está en el sofá durmiendo conmigo, pero hay una nota sobre la mesa del salón: “Estoy en el lago, avísame si necesitas algo. A.” Demasiado escueta para mi gusto, pero al menos ha tenido el detalle de decirme dónde estaba para que no me preocupara cuando me despertara y no lo encontrara en casa.

Me levanto y me asomo por la ventana de la cocina desde donde mejor se ve el lago y puedo divisar a Axel nadando con rapidez y destreza. Me bebo un zumo mientras lo observo nadar desde la ventana y regreso al salón cuando veo que sale del lago y camina de regreso a casa. No quiero que piense que le estaba observando, aunque eso es exactamente lo que estaba haciendo. Recojo las mantas del sofá y las copas de vino de la noche anterior justo antes de que llegue Axel.

–  Buenos días, Princesita. – Me dice de buen humor cuando entra en casa. – ¿Has desayunado ya?

–  Me estoy bebiendo un zumo y por ahora es todo lo que mi cuerpo puede digerir.

–  Voy a ducharme, tardo diez minutos y cuando regrese nos ponemos a trabajar. – Da un par de pasos acercándose a mí y noto como su buen humor se esfuma de su cara. – Ari, ¿es que no te has visto como tienes la herida? Joder, estás pálida y ojerosa, ¿te encuentras bien?

Miro la herida de mi brazo, otra vez está sangrando. No me he mirado en el espejo, pero deduzco que mi tez pálida y mis ojeras se deben a la pérdida de sangre y al frío que he pasado esta noche.

–  ¡Mierda, otra vez! – Musito entre dientes. – Voy a ver qué puedo hacer para que esto deje de sangrar antes de morir desangrada.

–  Espera, me doy una ducha rápida y te ayudo con eso. – Me dice Axel preocupado. – Ves quitándote el vendaje y limpiando la herida que en seguida estoy contigo.

Entro en mi habitación y me dirijo al baño, donde me quito la camiseta y, quedándome tan solo vestida con unos tejanos y el sujetador, empiezo a quitarme el vendaje cubierto de sangre. Tengo que ir con cuidado, los puntos se enganchan y al estirar los puedo soltar. Cuando termino, cojo una gasa, la empapo en suero y limpio todo el perímetro de alrededor de la herida para quitar la sangre seca. Estoy cogiendo otra gasa para empaparla en suero y seguir limpiando la herida cuando mi mirada se cruza con la de Axel en el espejo y, tras quitarme la gasa de la mano, me dice:

–  Deja que siga yo.

Se ha puesto un pantalón corto de deporte y va desnudo de cintura para arriba, con algunas gotas de agua sobre el pecho y la espalda que lo hacen todavía más atractivo de lo que ya es. Axel termina de limpiar mi herida con sumo cuidado y cuando termina me aplica un apósito para cubrirla y finalmente vuelve a vendarme el brazo.

–  No entiendo por qué te sangra tanto. – Me dice tirando a la basura los restos de vendajes y gasas utilizados. – Si mañana sigues igual iremos al pueblo más cercano para que el doctor te revise la herida, estás perdiendo mucha sangre.

–  Estoy bien, no te preocupes. – Le respondo quitándole importancia.

–  Si vamos a ir a por Wolf, necesitas estar al 100%, no quiero correr ningún riesgo. – Me contesta con rotundidad. Me mira dulcificando su mirada y me pregunta: – Has pasado mucho frío esta noche, ¿verdad?

–  Un poco. – Le confieso avergonzada. Solo imaginar que he pasado la noche entre sus brazos hace que una descarga eléctrica recorra mi cuerpo y me excito.

–  ¿Por qué te ruborizas? No pasa nada porque reconozcas que has pasado frío, yo también he pasado frío esta noche. – Me dice divertido. – No te preocupes, te prometo que esta tarde encenderé la chimenea antes y por la noche toda la casa estará más caldeada. – Me ayuda a ponerme una camiseta limpia que me ha traído de mi armario y añade: – Esta mañana he estado investigando un poco a Wolf, según parece ha salido del país y en estos momentos está en Tokio. Eso nos da mínimo un par días de tregua para que podamos investigar y así tú también podrás terminar de curar tu herida.

–  ¿En Tokio? – Le pregunto confusa. Juan también está en Tokio, ¿puede tratarse de una inocente casualidad? Decido no alertar a Axel, al menos no sin tener pruebas, y le digo: – ¿Qué puede estar haciendo Wolf en Tokio?

–  No lo sé, supongo que nada bueno. – Me responde encogiéndose de hombros. – ¿Hay algún motivo para que hayas puesto esa cara cuando has escuchado Tokio?

Joder, no se le escapa ni una. Le miro a los ojos y ambos nos sostenemos la mirada sin parpadear, desafiándonos. Finalmente, decido ceder:

–  Está bien, te lo contaré. – Le respondo. – Pero no es nada importante y…

–  Suéltalo, princesita. – Me apremia.

–  Juan me dijo en su carta que iba a estar toda la semana en Tokio y cuando me has dicho que Wolf estaba allí… No sé, puede que sea una coincidencia, pero me han educado para no creer en ellas y, por alguna razón, me temo que Juan puede tener algo que ver con esto, al fin y al cabo, apenas lo conozco.

–  Según tengo entendido, te acuestas con él y te ha invitado a pasar un fin de semana romántico en París, ¿por qué de repente desconfías de él?

–  Lo conozco desde hace unos cuatro años y nuestra relación se ha basado únicamente en el sexo, ambos sabíamos que no queríamos una relación estable, al menos hasta hace unos días…

–  ¿Lo has investigado alguna vez? – Me pregunta Axel.

–  No, no investigo a nadie de mi ámbito personal, me siento mal al hacerlo. – Le confieso. – ¿Crees que puede tener algo entre manos con Wolf por el simple hecho de estar en Tokio la misma semana?

–  Princesita, yo no creo en las casualidades y, por lo que me estás contando, tu amigo ha dado un cambio repentino en vuestra relación y resulta un poco sospechoso. – Me contesta. – ¿Te parece bien que le echemos un vistazo a su expediente?

Asiento con la cabeza y camino detrás de Axel hasta llegar al salón, donde nos sentamos en el sofá y Axel coloca el portátil sobre su regazo, por lo que me acerco a él para poder ver mejor la pantalla. Teclea el nombre y apellido de Juan en el buscador de la base de datos del Servicio Secreto y aparece su expediente en la pantalla. Ambos lo leemos minuciosamente y finalmente Axel termina diciendo:

–  No hay nada que nos haga sospechar de él, pero si piensas seguir en contacto con él, preferiría que lo mantuvieras al margen hasta que hayamos solucionado todo esto.

–  De acuerdo. – Le respondo.

Lo cierto es que no termino de confiar en Juan. Nunca hemos sido amigos de verdad, nos hemos limitado a quedar casi siempre en su casa, pasar la noche allí y por la mañana regresar a mi apartamento. Nunca me había mencionado que quisiera algo serio conmigo, acordamos los límites de nuestra relación al principio y desde entonces ambos hemos mantenido las condiciones.

Axel abre de nuevo el expediente de Wolf y, mientras lo revisamos, se me ocurre algo interesante que preguntarle a Axel:

–  Oye, ¿debo suponer que investigas a todo aquel con el que te cruzas?

–  Así es.

–  ¿Incluida a mí? – Vuelvo a preguntar.

–  Lo intenté, princesita. – Me responde encogiéndose de hombros. – Pero tu padre se ha encargado de bloquear tu expediente y no pude entrar. Al principio pensaba que se trataba de un error, pero después tu padre me confirmó que tu expediente estaba bloqueado por razones de seguridad y que todo lo que tenía que saber de ti era que eres su hija y quiere protegerte, fue la única explicación que me dio para que hiciera de niñera contigo. Claro que entonces no tenía idea de que habías sido entrenada como una agente desde que naciste.

–  Siento que te hayas visto involucrado en todo esto. – Le susurro con un hilo de voz.

–  Princesita, ambos hemos querido involucrarnos en esto, por eso estamos aquí. – Me dice pasando su brazo sobre mis hombros para abrazarme brevemente. – Todo saldrá bien.

Nos pasamos el día investigando el expediente de Wolf y leyendo todos los informes del Servicio Secreto en donde se le menciona. Solo tenemos un ordenador y lo compartimos, pero eso no es ningún problema, al menos para mí. Cada vez me gusta más estar con Axel, me gusta hasta discutir con él. Puede que cuando todo esto acabe él desaparezca de mi vida y todo vuelva a ser como antes de conocerle, pero tampoco puedo evitar sentir lo que siento.

Por otra parte, Axel parece comportarse más suavemente conmigo, incluso podría decir que se empeña en tratarme como a una verdadera princesa. Aunque siga llamándome princesita, sé que está empezando a disfrutar de mi compañía como yo empiezo a disfrutar de la suya.

Siempre cuidaré de ti 13.

Siempre cuidaré de ti

Cuando me despierto ya es completamente de día, pero el cielo está totalmente cubierto de nubes negras que seguro nos traerán lluvia. Me paso al asiento del copiloto bajo la atenta mirada de Axel, que me observa por el retrovisor sin decir nada.

–  No me odies, pero necesito parar. – Le digo con un hilo de voz.

–  Pararé en la siguiente área de servicio y almorzaremos. – Me contesta deteniendo su mirada en mi brazo. – Ari, la herida te está volviendo a sangrar.

–  Lo sé, por eso necesito parar. – Le respondo encogiéndome de hombros. – Creo que se han soltado un par de puntos de la herida, he traído el pequeño botiquín que cogí ayer de mi apartamento, pero no sé si yo sola voy a poder coserme la herida, necesitaré que me ayudes.

–  Quedan un par de horas de camino para llegar a la casa del bosque, será mejor que curemos la herida ahora, has perdido bastante sangre los últimos dos días y apenas puedes con tu alma. – Me dice Axel sin desviar la mirada de la carretera.

–  Solo quiero cambiarme el vendaje y ponerme uno limpio, cuando lleguemos ya la limpiaré y coseré los puntos que se han soltado. – Le respondo quitándole importancia.

Axel toma la salida de la siguiente área de servicio y aparca el coche frente a los servicios públicos del área de descanso que hay antes de llegar al restaurante y la gasolinera.

Cojo el botiquín y Axel entra conmigo a los servicios, dispuesto a ayudarme a cambiar el vendaje y eso es lo que hace mientras yo se lo permito confiando plenamente en él.

Una vez cambiado el vendaje de mi herida, nos dirigimos al restaurante y nos sentamos para comernos un bocadillo de jamón y bebernos una Coca-Cola. Una hora más tarde, retomamos nuestro camino.

Vamos por una estrecha y solitaria carretera entre montañas y durante más de una hora no nos cruzamos con ningún otro coche. Aquí el clima es muy húmedo y frío y aún nos queda otra hora de camino. Miro por la ventana y contemplo el paisaje, el verde vivo de las montañas contrasta con el cielo gris y amenazador, pero aun así el paisaje y las vistas son asombrosas.

–  Ya te dije que no íbamos a un palacio. – Me recuerda Axel algo molesto.

–  Solo contemplar las vistas transmite paz. – Le respondo sin dejar de mirar el paisaje. – De niña soñaba con vivir en mitad de la naturaleza, a lo Pocahontas. – Le digo sonriendo. – Supongo que eso se lo debo a mi padre y sus campamentos de verano.

–  ¿Tu padre te llevó al campamento de agentes? – Me pregunta sorprendido.

–  Sí, todos los veranos desde que tengo uso de razón. – Le respondo. – Mi padre siempre me decía que si quería vivir tenía que aprender a sobrevivir primero y nos dejaban a Pablo y a mí perdidos en el bosque para que nos las apañáramos. Tengo que confesar que, aunque puede que no esté muy cuerda, me gustaban esos veranos en el bosque.

–  Princesita, acabas de sorprenderme. – Me dice sonriendo felizmente. – Para serte sincero, te diré que esperaba que pusieras el grito en el cielo cuando descubrieras a dónde te estoy llevando.

–  Si te hubieras molestado en conocerme en lugar de dar por hecho que soy una princesita ahora no estarías sorprendido. – Le respondo un poco molesta porque pensara de verdad que soy una “princesita” cómo a él le gusta llamarme.

–  Supongo que no he sido justo contigo, no debe ser fácil ser la hija del director del Servicio Secreto.

–  No, no lo es. – Le confieso. – Los que saben quién soy se acercan a mí para hacerme la pelota o me ignoran por ser quién soy y los que no saben quién soy realmente… Bueno, es difícil mantener una relación con alguien a quien tienes que mentir y ocultar parte de tu vida.

–  Tal y cómo lo cuentas, parece que te has resignado a encontrar a alguien con quien compartir toda tu vida. – Comenta Axel sin dejar de mirar la carretera.

–  No podría compartir mi vida con alguien que solo conoce una parte de mí, que solo conoce de mí la parte que yo le dejo ver. Y tampoco podría enamorarme de alguien en quien no confío lo suficiente como para decirle quién soy en realidad. De hecho, creo que ni siquiera yo sé quién soy. – Le contesto encogiéndome de hombros.

–  Eres una princesita inquieta, sorprendente y un poco salvaje, como Pocahontas. – Me dice Axel bromeando. Le miro y sonrío pero con un matiz de tristeza que a él no le pasa inadvertido. Se pone serio de repente, coge mi mano para acariciarla y añade sin desviar su atención de la carretera: – Mi padre siempre ha querido que nos conociéramos, tu padre me tiene en gran estima y a menudo me dice que soy uno de sus mejores agentes y que tú y yo en el mismo equipo podríamos ser capaces hasta de dominar el mundo. Yo me reía imaginando a una niña mimada, consentida y caprichosa, no entendía lo que decían.

–  Y supongo que sigues sin entenderlo, para ti sigo siendo la princesita mimada, consentida y caprichosa hija del director de tu agencia. – Le digo fingiendo no estar molesta. – Puede que tengas razón, solo soy una princesita.

–  No, no lo eres. – Me contradice Axel mirándome a los ojos para después devolver su mirada a la carretera. – No pienses que voy a dejar de llamarte princesita, pero sí te diré que eres una princesita poco convencional.

–  Creo que eso es lo más parecido a un cumplido que voy a conseguir de ti, así que supongo que debería estar agradecida. – Le digo riendo. Axel también se ríe y añado bromeando: – ¡Pero si sabes reír!

El resto del camino lo pasamos más relajados hasta que por fin llegamos a la casa de Axel, una preciosa casita en mitad de una pequeña llanura frente al lago y rodeada por un frondoso bosque montañoso. Sin duda alguna el lugar más bello y tranquilo que pueda existir.

Apenas Axel para el motor del coche, salgo disparada y doy vueltas sobre mí misma con los brazos extendidos, como haría cualquier niña pequeña o una de las princesitas de Disney, pero no me importa lo que piense Axel viéndome así, él ya me ha juzgado como a una princesita.

–  ¡Me encanta este sitio! – Exclamo fascinada. Axel me mira confundido y creo que con tristeza, ha torcido el gesto y me ha dedicado una mueca que pretendía ser una sonrisa. – ¿Estás bien? ¿He dicho algo que no tendría que haber dicho? Te prometo que estaba siendo sincera, me encanta este sitio de verdad y…

–  Me has recordado a mi madre, siempre que veníamos aquí ella era la primera en salir del coche y hacía exactamente lo que tú has hecho. – Me interrumpe hablando con tristeza. – Mi padre nos trajo un verano aquí y mi madre se enamoró del lugar. La propiedad era de un tipo que la alquilaba durante todo el año y mi madre no dejó de perseguir al propietario durante todo el verano hasta que consiguió que se la vendiera. Durante el invierno mi madre contrató a una empresa de reformas y modernizó la casa, que entonces no era más que una cabaña de madera. Desde entonces, vinimos todos los veranos hasta que ella murió. Mi padre no ha vuelto por aquí desde entonces y yo tampoco vengo muy a menudo, solo para echar un vistazo o cuando necesito alejarme un par de días de la ciudad.

–  Tu madre debió de ser una persona muy convincente y persuasiva, yo nunca hubiera vendido una propiedad como esta, solo hay paz y naturaleza alrededor. – Le contesto sin dejar de contemplar el paisaje con admiración mientras Axel me sonríe divertido. – Deberías venir más a menudo, el aire de este sitio te favorece y además calma ese carácter huraño que tienes.

–  Sigues estando bastante lejos de parecerme adorable. – Me contesta con su tono burlón de siempre, volviendo a ser el mismo Axel que yo conozco. Coge las maletas del coche y me dice pasando por delante de mí: – Vamos, te ensañaré la casa.

Caminamos por el estrecho camino embaldosado del jardín hasta llegar a las escaleras que dan acceso al pequeño porche. Axel saca sus llaves y abre la puerta de la casa. Entra primero él y acciona los diferenciales del cuadro eléctrico para encender las luces de la casa antes de dejarme pasar.

–  No hay muchas comodidades, pero tampoco nos faltará lo básico. – Me dice dejando las maletas a un lado. – Hay dos habitaciones, escoge la que quieras.

–  Prefiero que seas tú quién escoja mi habitación. – Le respondo con cautela, no quiero quitarle su habitación y mucho menos la de sus padres. – ¿Cuál es la habitación de invitados?

–  No hay habitación de invitados, solo hay dos habitaciones. – Me responde. – No pasa nada, puedes escoger la que quieras.

Echo un vistazo a las dos habitaciones y decido quedarme con la más pequeña de las dos, que supongo que será la de Axel, ya que hay un pequeño tablón de corcho lleno de fotografías de él, de sus padres y de los que supongo que serán sus amigos.

–  Princesita, ¿por qué has escogido la habitación más pequeña? – Me pregunta curioso.

–  Si lo prefieres, puedo dormir en el sofá. – Le respondo molesta.

–  Princesita, solo tengo curiosidad. – Me contesta a la defensiva.

–  Axel, ¿dónde cojones duermo? – Le pregunto acabando con mi paciencia.

–  Duerme en mi habitación, hice una reforma en el baño y estarás más cómoda. – Me dice metiendo sus maletas en la otra habitación. – Será mejor que te instales rápido, tenemos un montón de cosas por hacer y en pocas horas se hará de noche.

Entramos cada uno en su habitación y deshacemos las maletas. Cuando termino de guardar mi ropa en el armario decido entrar en el baño que Axel me ha dicho que había reformado hace poco y me quedo sin aliento al verlo. Es un baño amplio con bañera, ducha y jacuzzi. Cuando veo el jacuzzi, una enorme sonrisa se dibuja en mi cara y corro hacia la habitación de Axel, que está guardando su ropa en el armario, y le pregunto emocionada como una niña con zapatos nuevos:

–  ¿Puedo utilizar el jacuzzi? Por favor, dime que funciona.

Axel estalla en carcajadas y asiente con la cabeza sonriendo antes de responder:

–  Sí, funciona. En cuanto a lo de utilizarlo, tienes que saber que solo hay un jacuzzi en la casa y yo también querré utilizarlo.

–  Es un jacuzzi enorme, cabemos los dos. – Le digo sin tener la intención de que suene como una invitación, pero sin tener claro haberlo conseguido.

–  Princesita, primero tenemos que ocuparnos de la casa si quieres tener agua caliente en el baño y encender la chimenea para que cuando anochezca y la temperatura baje más de veinte grados puedas estar caliente. – Hace una pausa y matiza: – Me refería a que no haga frío dentro de la casa…

–  Te he entendido. – Le interrumpo.

Ayudo a Axel a buscar leña para encender la chimenea y después limpiamos la casa y hacemos juntos la cena. No discutimos, pero sí que soltamos más de una de nuestras pullas, aunque ahora solo lo hacemos para divertirnos, como si de un juego entre nosotros se tratara.

Después de cenar nos sentamos en el sofá frente a la chimenea, la temperatura, tal y como me había advertido Axel, ha bajado unos veinte grados de golpe y tengo frío. Nos bebemos una copa de vino acomodados en el sofá con una pequeña manta echada sobre nuestras piernas mientras le explico a Axel con pelos y señales todas y cada una de las pruebas sobre el caso de la hija de Wolf que revisé y las conclusiones que saqué hasta que, sin darnos cuenta, ambos nos quedamos dormidos.

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