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Sedúceme 18.

Eva y Derek bajaron al salón de casa de los padres de Eva. Victoria les recibió con su amplia sonrisa en los labios, pero Vicente estaba más serio de lo habitual y a Eva no le pasó desapercibido. Quería que Derek se sintiera cómodo con sus padres, pero su padre no se lo estaba poniendo fácil. Con la única intención de quedarse un momento a solas con su padre, Eva le dijo a Derek:

—Cariño, me he dejado el teléfono móvil sobre la isla de la cocina del loft, ¿te importaría ir a buscarlo, por favor?

—Claro —la complació Derek y desapareció al instante.

—Papá, no estás colaborando nada —le reprochó Eva a Vicente.

—Tu madre ya está colaborando por los dos —protestó su padre.

—Por favor, papá —le rogó Eva—. Tengo intención de pasar el resto de mi vida con Derek, te agradecería que le trataras como a uno más de la familia, porque para mí lo es.

—De acuerdo, cielo —fue incapaz de negarse Vicente—. Pero si en algún momento no se comporta contigo como te mereces, yo mismo me ocuparé de estrangularle con mis propias manos.

—Estoy segura que eso nunca llegará a suceder —le confesó Eva con una amplia sonrisa en los labios.

Vicente pudo ser testigo de la felicidad que Derek causaba en Eva, hacía tanto tiempo que no la veía tan radiante como lo estaba en ese momento y supo que era gracias a Derek. Lo único que Vicente quería era seguir viendo así de feliz a su hija, así que no le costó ningún esfuerzo ser amable y simpático con su futuro yerno, algo que Eva agradeció en silencio. Derek notó aquel cambio en el comportamiento de Vicente hacia a él y adivinó que Eva tenía algo que ver en ello, pero prefirió no comentar nada.

La cena fue mucho mejor de lo que Eva esperaba. Derek se había ganado la confianza de sus padres en pocas horas, aunque el cambio de comportamiento de Vicente en realidad había sido producido por Eva.

Tras la cena, Eva quiso salir a tomar una copa pese al frío que hacía y Derek trató de convencerla para quedarse en el loft.

—Cariño, ¿no prefieres quedarte en casa? —Le preguntó Derek mientras Eva se ponía el abrigo.

—Si pretendes tenerme en abstinencia, será mejor que pasemos el menor tiempo posible en loft o acabaremos discutiendo —le respondió Eva visiblemente molesta.

—Nena, subamos al loft —le susurró al oído con tono sugerente al mismo tiempo que la agarraba por la cintura para estrecharla entre sus brazos—. Si vas a torturarme hasta que no pueda más, prefiero caer ya en la tentación.

Eva sonrió satisfecha y le besó apasionadamente. Derek le quitó el abrigo, la cogió en brazos y la llevó junto a la cama. La desnudó lentamente, disfrutando del placer de ir descubriendo poco a poco cada centímetro de su piel. Cuando se quedó completamente desnuda, Eva gimió demandando lo que tanto ansiaba y Derek no se hizo de rogar.

Hicieron el amor con ternura y alcanzaron el clímax al mismo tiempo, quedándose abrazados el uno al otro hasta que recobraron la respiración.

—Nena, quiero darte tu regalo de navidad —le susurró Derek sonriendo con complicidad.

—Faltan dos días para navidad —comentó Eva intrigada—. ¿Qué me has comprado que no pueda esperar? ¿Has adoptado un amiguito para Thor? —Preguntó emocionada.

—Es algo que tenía pensado regalarte cuando regresemos a la ciudad, pero creo que no puede haber un mejor momento que este —Derek se levantó de la cama, rebuscó en su maleta y regresó junto a Eva con una pequeña cajita con un lazo rojo—. Cariño, esto es para ti.

Eva lo miró a los ojos antes de abrir su regalo. Derek parecía nervioso y ella se apresuró en averiguar qué contenía la caja. La abrió sin más ceremonia y se quedó petrificada cuando vio el anillo. Era un hermoso anillo de compromiso de oro blanco con un enorme diamante con forma de lágrima.

—Derek… —Balbuceó Eva sin dejar de mirar el anillo pero sin cogerlo.

—Cariño, te quiero —le dijo Derek mirándola a los ojos—. Eres la persona con la que quiero acostarme y levantarme todos los días, la persona más importante de mi vida. Quiero vivir la vida contigo, en lo bueno y en lo malo. Cásate conmigo, nena.

Eva se quedó muda. Estaba tan emocionada por lo que acababa de escuchar de los labios de Derek que continuaba procesándolo.

—Nena, dime algo por favor —le rogó Derek.

—Sí. ¡Claro que sí! —Exclamó arrojándose a sus brazos.

Se fundieron en un apasionado beso y Derek le colocó el anillo de compromiso en el dedo antes de hacerle el amor de nuevo.

Al día siguiente, cuando se reunieron con toda la familia, la pareja dio la feliz noticia y todos les felicitaron por el reciente compromiso. Irene y Victoria comenzaron a hacer planes para la boda, Ana les dio algunos consejos y todos dieron su opinión sobre una boda perfecta. Pero Derek y Eva no les escuchaban, tan solo se miraban y se sonreían con complicidad, sin ser conscientes de lo que ocurría a su alrededor.

Aquella navidad en el pueblo fue la mejor que habían vivido, rodeados por la familia y sus mejores amigos. Derek y su familia congeniaron muy bien con la familia de Eva. Junto a la familia de Ana y la de Ruth pasaron la navidad y el fin de año.

Después de aquellos días de vacaciones, regresaron a la ciudad. Derek trató de convencer a Eva durante esos días en el pueblo para que se mudara a su casa, pues se negaba a dormir ni una sola noche lejos de ella. Eva, tras la insistencia de Derek, la necesidad que sentía por estar cerca de él y el hecho de que ya pasaba casi todas las noches en su casa, decidió aceptar y se trasladó con él. Se sintió mal por Ruth, no quería dejarla sola, pero Ruth la tranquilizó alegando que estaría bien e incluso bromeó diciendo que ahora podría subir al apartamento a tantos hombres como quisiera.

Tres meses más tarde, Derek y Eva seguían disfrutando de su amor y conviviendo en armonía. Habían establecido una agradable rutina, se compenetraban a la perfección y ambos colaboraban en las tareas domésticas, pese a que Derek tenía contratada a una asistenta.

Eva estaba terminando de arreglarse para ir al hospital a ver a Ana y a su bebé recién nacido. Se estaba demorando más de lo habitual y Derek empezaba a impacientarse.

—Nena, si no te das prisa no llegaremos ni al primer día de colegio —protestó Derek, que la esperaba impaciente para ir a conocer a su sobrino recién nacido.

—Ya estoy lista —anunció Eva bajando las escaleras.

Derek se acercó a ella, la besó en los labios y, agarrados de la mano, se encaminaron hacia el garaje, donde se subieron al coche de Derek.

Apenas veinte minutos más tarde, llegaron a la clínica de maternidad donde Ana había dado a luz. Se encontraron a Nahuel en el pasillo, frente a la puerta de la habitación.

—Felicidades papá novato —felicitó Derek a su hermano.

—Enhorabuena —lo saludó Eva—. ¿Cómo está la mamá y el pequeñín?

—La mamá feliz pero cansada y el pequeñín está perfectamente, ahora mismo duerme como un tronco —les respondió Nahuel feliz—. Pasemos a la habitación, así podréis conocer a vuestro primer sobrino.

Nahuel entró en la habitación y Derek y Eva lo siguieron. Ana estaba estirada sobre la cama con el pequeño bebé recién nacido en sus brazos. Se quedaron observándola con ternura hasta que Ana se percató de su presencia y les saludó dedicándoles una amplia sonrisa:

— ¡Si están aquí los titos! Mirad al pequeño Nahuel, tiene los mismos morritos que los Smith.

Durante más de una hora, el pequeño Nahuel pasó de mano en mano para estar en brazos de sus tíos y de sus papás.

Ruth llegó poco después, parecía nerviosa y contrariada, pero cuando le preguntaron tan solo se excusó diciendo que tenía mucho trabajo en la galería. Apenas estuvo treinta minutos en la habitación del hospital y se marchó aún más nerviosa de lo que llegó.

— ¿Qué le ocurre a Ruth? —Preguntó Ana cuando la aludida se marchó.

—No lo sé, pero eso no ha sido nada normal —comentó Eva—. Debe tener mucho lío en la galería, en un par de semanas inauguran una nueva exposición.

Derek y Eva se despidieron de los recién estrenados papás y del pequeño retoño que habían traído al mundo. Cuando llegaron a casa, Derek abrazó por la espalda a Eva y le susurró al oído:

—Nena, quiero que tengamos un bebé. Un pedacito de nosotros.

—Y lo tendremos, pero después de la boda.

—Solo quedan cinco meses, estoy deseando que seas mi esposa —le confesó Derek.

—Y yo estoy deseando serlo —le aseguró Eva—. Pero no pienso casarme gorda como una morsa, así que nada de bebés hasta que estemos casados.

—En ese caso, deberíamos ir practicando… —sugirió Derek.

Se fundieron en un apasionado beso de tornillo, encendieron su deseo e hicieron el amor con ternura, despacio y sin prisa, como acostumbraban a hacerlo desde que se prometieron en Navidad.

 

FIN

 

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Sedúceme 17.

El miércoles por la mañana la pareja se acercó a casa de Irene y James para despedirse, aunque se verían dentro de un par de días en el pueblo, pues los padres de Derek habían sido invitados a casa de los padres de Ana por navidad, al igual que los padres de Eva y de Ruth.

Eva estaba más tranquila, sabía que su madre adoraba a Derek y lo trataría como a uno más de la familia, pero su padre le preocupaba. A Vicente nunca le había gustado ninguno de los novios de su hija Eva, no importaba lo inteligentes, buenos o adinerados que fueran. Para él no existía un hombre lo suficiente bueno para su única hija. Pero, con la ayuda de su madre y estando al lado de Derek, Eva se veía capaz de afrontar cualquier cosa.

Sin embargo, el que ahora estaba nervioso era Derek. Conocía a sus padres y estaba seguro que tratarían bien a Eva y les facilitarían las cosas evitando cualquier conversación incómoda, pero Derek no conocía muy bien a los padres de Eva y tampoco ayudaba que ella tan solo mencionase que “su madre lo adoraría”. Cuando le preguntaba por su padre, Eva se limitaba a responder que ella estaría con él en todo momento y cambiaba de tema.

—Estás muy callado, ¿va todo bien? —Le preguntó Eva cuando bajaron del avión.

—Solo estoy un poco nervioso, voy a conocer a tus padres —le respondió Derek sonriendo satisfecho.

Derek le había confesado a Eva que nunca había conocido a los padres de las chicas con las que había estado, al menos nunca de una manera formal. Con Eva todo era distinto, era él quien desde un principio quería una relación estable y formal y ella la que se resistía, pero por fin había accedido y él, aunque nervioso, se sentía feliz por ello.

Vicente y Victoria fueron a buscarlos al aeropuerto y Eva, dispuesta a hacer que Derek se sintiera tan cómodo como se lo había hecho sentir a ella estando en la costa, agarró a Derek de la mano, le dedicó una confortable sonrisa y le susurró al oído:

—Te quiero.

Derek se detuvo en seco, agarró a Eva por la cintura y, estrechándola entre sus brazos, le dijo antes de besarla apasionadamente:

—Yo también te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Tras el beso, se fundieron en un intenso abrazo y se quedaron uno en brazos del otro durante varios segundos, hasta que escucharon a alguien fingir toser. Derek se separó bruscamente de Eva cuando se volvió y vio a sus padres, pero Eva lo abrazó de nuevo, le dio un leve beso en los labios y acto seguido saludó a sus padres:

— ¡Mamá, papá! —Exclamó abrazándoles. Regresó a su posición junto a Derek y añadió—: ¿Os acordáis de Derek, verdad?

—Por supuesto que nos acordamos —le confirmó Victoria sonriendo contenta. Le plantó dos besos a Derek y añadió—: Hacéis una bonita pareja y seguro que tendremos unos nietos guapísimos.

— ¡Mamá! —La regañó Eva.

—Antes de que lleguen los nietos supongo que habrá boda, ¿verdad? —Preguntó Vicente con tono amenazador.

—Papá —dijo Eva lanzando una mirada de advertencia a su padre.

Vicente saludó a Derek estrechándole la mano y Derek, tras mantener una corta pero educada conversación con sus futuros suegros, le dijo a Eva:

—Voy a buscar el equipaje, ahora vuelvo.

Eva aprovechó que Derek se había marchado y la había dejado a solas con sus padres para dejar las cosas claras:

—Derek y sus padres se han portado muy bien conmigo y me han hecho sentir como a una más de la familia —les desafió con la mirada y añadió—: Espero que él pueda decir lo mismo de vosotros cuando regresemos a la ciudad.

—Pero si no hemos hecho nada —se excusó Vicente.

— ¿Hablar de boda y de nietos en un primer encuentro no os parece un tanto precipitado? —Les preguntó Eva retóricamente.

—Solo queremos verte feliz, cielo —le dijo Victoria a su hija.

—Lo sé, mamá. Derek me hace feliz, lo amo y quiero pasar el resto de mi vida con él, así que no me lo asustéis.

—Si de verdad le importas, no se asustará —alegó Vicente.

Eva resopló resignada. Dijese lo que dijese, sus padres terminarían haciendo lo que les diera la gana, así que tampoco insistió. Derek regresó poco después cargando con las dos maletas y los cuatro se dirigieron al aparcamiento donde Vicente había dejado el coche para ir a casa.

Veinte minutos más tarde llegaban a la casa de los padres de Eva. Victoria se apresuró en indicarles que subieran al apartamento independiente de encima del garaje para que se instalaran y añadió:

—Voy a preparar la comida, avisadme si necesitáis algo.

Vicente siguió a su mujer, pero antes le dedicó una mirada de advertencia a Derek. No era nada personal, tan solo trataba de proteger a su pequeña.

Eva agarró a Derek de la mano y lo guió escaleras arriba hasta entrar en el apartamento tipo loft que sus padres habían construido sobre el garaje. Era un espacio amplio, con baño y una pequeña cocina, donde tendrían todo lo que pudieran necesitar. Deshicieron las maletas y se instalaron en el apartamento. Eva trató de provocar a Derek, pero él se excusó alegando:

—Nena, estoy seguro que tus padres vendrán a buscarnos de un momento a otro y, después de la advertencia implícita en los ojos de tu padre, me temo que será mejor que lo dejemos para otro momento.

—Vamos a pasar aquí diez días, espero que ese otro momento llegue antes de regresar a la ciudad —murmuró Eva un tanto decepcionada.

Derek la agarró por la cintura y la atrajo hacia a él, estrechándola contra su cuerpo. La abrazó, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

—Según parece, no me quieres lo suficiente —le reprochó Eva bromeando.

—Te haría el amor ahora mismo, me encantaría escucharte gritar mi nombre mientras te corres, pero tengo intención de seguir viendo a tus padres y me temo que eso complicaría las cosas —bromeó Derek.

—No estás jugando limpio, nene. Pero a ese juego podemos jugar los dos.

La sonrisa traviesa que Eva le dedicó a Derek lo puso sobre alerta. Pero Eva tan solo cogió algo de ropa limpia y fue al cuarto de baño para darse una ducha rápida. Derek estuvo tentado de ir tras ella, pero recapacitó y esperó a que Eva saliera de la ducha para entrar él, de lo contrario se entretendrían más de la cuenta y no quería que sus futuros suegros pensaran que era un invitado grosero y maleducado.

Eva maldijo en silencio ante la increíble contención de Derek, pero no estaba dispuesta a quedarse sin sexo diez días, hasta que regresaran a la ciudad. Así que, mientras terminaba de arreglarse y Derek se daba una ducha rápida, comenzó a maquinar un plan para seducir a Derek durante su estancia en el pueblo.

Para que su plan tuviera un mayor efecto positivo, se cambió de ropa, incluso de ropa interior. Decidió estrenar un conjunto de sujetador y braguitas con liguero que sabía que a Derek le volvería loco, y se puso un vestido ceñido hasta la cadera que dejaba la falda caer con vuelo. Se recogió el pelo para acentuar aún más el marcado escote del vestido.

—Estás preciosa, cariño —le dijo Derek sonriendo cuando salió del baño y la vio, adivinando sus intenciones.

—He pensado que después de cenar podríamos ir a tomar una copa —comentó Eva con fingida inocencia.

—Cómo quieras, nena —contestó Derek tratando sin éxito de ocular su sonrisa.

Eva también sonrió, pero lo hizo tan disimuladamente que Derek no se percató. Decidido a complacer a Eva y a seguir con su juego pese a desconocer las normas, Derek accedió a salir a tomar un par de copas después de cenar.

Sedúceme 16.

A la mañana siguiente Eva se despertó antes que Derek y se dirigió a la cocina para prepararse una tila. Estaba nerviosa, aunque ya conocía a Irene y James, no era lo mismo ir a visitarles como la novia de su hijo pequeño que como la amiga de la esposa de su hijo mayor. Adoraba a Irene y a James, pero no podía evitar sentirse nerviosa. Derek se despertó y al no encontrar a Eva en la cama se levantó y fue en su busca. La encontró sentada en uno de los taburetes de la cocina tomándose una tila y mirando por la ventana.

— ¿Qué haces levantada, nena? Son las siete de la mañana —le susurró Derek abrazándola desde atrás.

—No podía dormir —le respondió Eva con una sonrisa forzada.

—Nena, no tienes nada de lo que preocuparte —le aseguró Derek adivinando el motivo por el que Eva no podía dormir. Esperó a que se tomara la tila y la cogió en brazos para llevarla de nuevo a la cama—. Vamos a dormir un rato más, nena.

Se acostaron de nuevo y ambos se quedaron dormidos abrazados el uno al otro. Se despertaron tres horas más tarde y, tras darse una ducha y desayunar, se dirigieron a la casa de los padres de Derek.

Derek había conseguido que Eva se relajara pero, nada más bajar del coche, la agarró por la cintura y le recordó:

—Todo va a salir bien, nena.

Eva le sonrió y lo besó en los labios. Justo en ese momento, Irene salió al porche y los vio besándose. Sonrió satisfecha, ella había sido testigo durante los últimos dos años de la infelicidad de su hijo menor, tan solo se le veía realmente feliz cuando estaba con Eva.

—Chicos, ¡qué guapos estáis! —Los saludó Irene acercándose a ellos para abrazarlos—. Os sienta muy bien eso de estar enamorados, se os ve radiantes.

Eva se ruborizó al instante y Derek la abrazó divertido. Irene les hizo pasar al salón, donde James se encontraba sentado en el sofá leyendo el periódico.

— ¿Qué tal, pareja? —Los saludó James.

—Sentaos mientras yo os traigo algo de beber —les dijo Irene.

—Te echo una mano, Irene —le respondió Eva siguiéndola a la cocina. Eva se sentía en la obligación de explicarle muchas cosas a Irene sobre la repentina relación con Derek. Una vez a solas en la cocina, Eva se armó de valor y empezó a decir—: Irene, sé que todo esto os puede parecer muy repentino, pero lo cierto es que entre Derek y yo había algo desde que nos conocimos hace más de dos años.

—Cielo, no tienes que decirme nada si no quieres —le dijo Irene con dulzura—. Yo no soy nadie para juzgaros, solo quiero veros felices y parece que lo estáis.

—He hecho cosas de las que no estoy orgullosa, pero quiero que sepas que amo a Derek más que a mi propia vida, Irene. Ese verano mis hijos estuvieron rebosantes de felicidad, hasta que regresasteis a la ciudad. Nahuel lo tuvo más fácil, él vivía en la ciudad y regresó con Ana un par de semanas después, pero Derek no. Desde que te marchaste cambió muchísimo. Él siempre había sido un casanovas, pero de repente dejó de salir con chicas y se centró en la creación de su empresa junto con Víctor. No lo volví a ver tan feliz hasta que os volvisteis a ver unas semanas antes de la boda de Nahuel y Ana. Entonces me di cuenta de lo que realmente le ocurría: se había enamorado de ti —hizo una breve pausa y añadió—: Derek me contó que pasasteis juntos la noche antes de la boda. No fue fácil para él verte con Norbert, pero supongo que para ti tampoco fue nada fácil.

—Nada de lo que ocurrió estaba planeado, Irene. Simplemente pasó.

—Lo sé, cielo —Irene acarició la mano de Eva con ternura y añadió—: Derek me lo contó todo después de la boda y yo le dije que luchara por ti, pero él prefirió no interferir en tu vida. Prefería que fueras feliz con otro hombre antes que infeliz a su lado —Irene la miró a los ojos y le dijo—: Si te estoy diciendo todo esto es porque sé que, aunque ya lleváis juntos cuatro meses, seguís yendo con pies de plomo. Sé que Derek siempre ha sido un mujeriego, pero debes saber que jamás había traído a una chica a casa, jamás nos había hablado de ninguna de las chicas con las que ha estado y, por supuesto, jamás ha amado a nadie como te ama a ti.

—Te lo ha contado —murmuró Eva muerta de vergüenza.

—Es normal que temas perderle, Eva. Igual que él teme perderte a ti. Solo se teme perder a quiénes realmente amamos.

Derek, alarmado por el rato que llevaban las dos mujeres en la cocina, decidió ir a buscarlas. En cuanto puso un pie en la cocina, ambas se quedaron calladas. Derek las observó durante un instante y acto seguido, les preguntó:

— ¿Va todo bien por aquí?

—Fenomenal —le confirmó Eva dedicándole su mejor sonrisa.

—Mamá, espero que no estés asustando a Eva —le advirtió Derek a Irene.

—No la estoy asustando, me preocupa más que seas tú quien la asuste a ella —bromeó Irene—. Venga, vamos al salón que ya tengo las bebidas preparadas.

Pasaron al salón como Irene les había indicado y allí se acomodaron en los sofás. Derek se sentó junto a Eva y la abrazó, le resultaba imposible no hacerlo viéndola tan nerviosa, pese a que no tenía motivos para estarlo.

Irene y James la trataron como si ya fuera una más de la familia. Eva se sintió acogida y cómoda en todo momento, todos se lo habían puesto muy fácil y ella lo agradeció.

Después de comer y pasar la tarde con Irene y James, Eva y Derek se despidieron y regresaron al apartamento de Derek.

— ¿Estás más tranquila? —Le preguntó Derek cuando entraron en el apartamento—. Te dije que todo iba a salir bien, nena.

Derek la besó en los labios y la estrechó entre sus brazos. Sabía que para Eva no había sido nada fácil dar ese paso y todavía tenían que decírselo a sus padres. Para Derek, sin embargo, todo le resultaba mucho más fácil de lo que hubiera esperado, ese era el efecto que Eva causaba en él: a su lado todo le parecía más fácil.

—Tus padres son fantásticos —le confirmó Eva—. Tenías razón, no debería haberme preocupado tanto, aunque deberías haberme dicho que le habías contado toda nuestra historia a tu madre.

—Mi madre jamás nos juzgará, Eva. Ella tan solo quiere vernos juntos y felices.

—Siento haber desconfiado de ti —se disculpó Eva—. Te juzgué sin apenas conocerte, no he sido justa contigo.

—Si te pregunto algo, ¿serás sincera conmigo?

—Adelante, pregunta.

—Si no confiabas en mí, ¿por qué seguiste adelante con lo nuestro?

—Al principio lo hice porque me resultaba imposible resistirme a ti. Jamás te lo he dicho, pero nunca he dejado de pensar en ti. Incluso estando con Norbert te echaba de menos. Ana y Ruth no dejaban de repetirme que mi relación con Norbert no era real, que eras tú el hombre del que realmente estaba enamorada, pero yo no quise escucharlas, lo nuestro no podía ser estando tú en la costa y yo en la ciudad, así que me centré en Norbert. Cuando ya estaba casi convencida de que estar con Norbert era lo mejor para mí, te volví a ver y acabamos pasando la noche juntos. Cuando salí de tu habitación me encontré con Ana. No hizo falta que le dijera nada, ella me comprendió tan solo con mirarme a los ojos y me dijo que, hiciera lo que hiciera, siempre podría contar con su apoyo incondicional —le confesó Eva—. No fue fácil, pero decidí seguir adelante con la relación con Norbert y olvidarme de ti, él era el prototipo de hombre que siempre me había gustado, pese a que nunca había estado enamorada de él. Una vez en la ciudad, mi vida se convirtió en un verdadero caos, me ascendieron en el trabajo y me olvidé de Norbert. Apenas nos veíamos y cuando nos veíamos yo siempre estaba distraída pensando en el trabajo o en ti. Finalmente, Norbert descubrió que algo me pasaba y que el causante eras tú. Hablamos del tema y, a pesar de que propuso que continuáramos adelante, decidimos que lo mejor era que cada uno siguiera su camino. Me centré única y exclusivamente en mi trabajo y entonces apareciste tú de nuevo. Casi me muero cuando te vi en casa de Ana, me ocultaron que tú estarías allí porque temían que buscara una excusa para no ir.

—Casi tuve que amenazarte para que accedieras a cenar conmigo —recordó Derek sonriendo divertido—. Pero al final lo conseguí.

—Sabía que si me quedaba a solas contigo volvería a caer en la tentación, tan solo trataba de alejarte para que no me hicieras daño. Pero fuiste tan insistente y yo tenía tan poca fuerza de voluntad que caí en tus redes. Creía que lo nuestro apenas duraría, que tú te cansarías de mí y decidí dejarme llevar y que fuese lo que tuviese que ser.

Derek la abrazó y la besó. Tenerla entre sus brazos era lo que más deseaba y su deseo se había hecho realidad. La cogió en brazos y la llevó a la cama donde, siguiendo el ritual de todas las noches, le hizo el amor con verdadera adoración. Cuando sus respiraciones se normalizaron, Derek la abrazó y le susurró al oído antes de que Eva se quedara dormida:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Sedúceme 15.

Después de tres horas de vuelo, aterrizaron en el pequeño aeropuerto de la costa y un taxi les estaba esperando para llevarles al apartamento de Derek. Eva sentía curiosidad, nunca antes había estado en su apartamento de la costa, nunca la invitó allí durante el verano que estuvieron juntos.

Nada más poner un pie en el apartamento, Eva se sorprendió al encontrarlo todo tan distinto a lo que se esperaba. El apartamento era grande, tenía tres habitaciones, una de ellas con baño propio. La cocina era tipo americana, separada del comedor con una amplia barra que hacía a la vez de ventana interior. Todas las estancias tenían enormes ventanales que aportaban una agradable luz natural al apartamento. La decoración era sobria y elegante, todo estaba limpio y ordenado, nadie hubiera dicho que ahí vivía un joven soltero como Derek.

— ¿Qué te parece el apartamento? —Le preguntó Derek al ver que Eva no decía nada.

—Es fantástico, sobre todo porque venía mentalizada para encontrarme el picadero de un soltero mujeriego —bromeó Eva.

—Eres la primera mujer que pisa este apartamento. Bueno, en realidad eres la tercera si contamos a mi madre y a la asistencia —le respondió Derek estrechándola entre sus brazos—. Este apartamento ha sido mi santuario, aquí las mujeres estaban prohibidas, hasta que has llegado tú.

— ¿Eso significa que a partir de ahora desfilarán mujeres por aquí? —Continuó bromeando Eva.

—Eso significa que solo tú desfilarás por aquí, nena —le aclaró Derek. La besó en los labios y añadió con la voz ronca—: Estoy deseando verte desfilar desnuda por el apartamento.

—En ese caso, quizás deba empezar a desnudarme.

— ¿Qué te parece si deshacemos el equipaje, nos instalamos y nos echamos una siesta? —Le propuso Derek al mismo tiempo que la agarraba por la cintura y la acercaba a él para estrecharla entre sus brazos—. Quiero invitarte a cenar fuera y presumir de novia.

— ¿La siesta incluye algo más que dormir?

—Por supuesto, nena —le confirmó Derek mostrando su sonrisa más traviesa.

A Eva le pareció una idea estupenda y, tras instalarse en el apartamento, ambos se metieron en la cama con la intención de hacer algo más que dormir.

Cuando se despertaron eran más de las siete de la tarde. Derek se levantó y llamó al restaurante para reservar una mesa para dos. Quería llevar a Eva a un restaurante elegante y pasar con ella una noche romántica y tranquila ya que apenas habían salido a cenar por ahí desde que le entregaron las llaves de la casa de la ciudad a Derek.

Se ducharon juntos, razón por la cual se demoraron más de lo que pretendían y llegaron tarde al restaurante. Eva se había puesto un elegante vestido negro con un escote profundo en forma de v que pronunciaba aún más sus generosos pechos y dejaba al descubierto su espalda. Derek tuvo que hacer un esfuerzo por no abalanzarse sobre Eva cuando entraron en el restaurante y la ayudó a quitarse el abrigo. A Eva no le pasó inadvertida la mirada cargada de lujuria con la que Derek la repasó de arriba abajo. Se sentaron a cenar y ambos disfrutaron de una agradable y romántica velada en el restaurante. Después de cenar, Derek propuso ir a tomar una copa y Eva le sugirió ir a un pub exclusivo del que Derek le había hablado el verano que pasaron juntos en la costa y al que no llegaron a ir. Derek torció el gesto, la sugerencia de Eva no le hacía ninguna gracia. Cada vez que Eva mencionaba que quería regresar a la masía Derek buscaba alguna excusa, pero ya no le quedaban excusas y la propuesta de Eva le había cogido por sorpresa.

—Está bien, pero solo una copa —cedió Derek finalmente—. Mañana vamos a comer a casa de mis padres y supongo que no querrás ir con resaca.

Eva sonrió complacida, hacía tiempo que no se adentraban en una de sus peculiares aventuras sexuales. Eva no estaba dispuesta en participar en ninguna orgía, ni siquiera un trío. A ella tan solo le daba morbo mirar cómo otras parejas se dejan llevar por la pasión y el deseo; como también le gustaba sentirse observada cuando se entregaba a Derek. Era algo que solo había hecho con él y no se imaginaba haciéndolo con ningún otro hombre, él le daba la seguridad que necesitaba, la enloquecía hasta el punto de desinhibirla por completo. Sin embargo, las excusas de Derek le preocupaban, Eva pensaba que Derek podría haber dejado de divertirse con ella y buscar a otra con la que divertirse. Esa era una de las razones por la que Eva insistía en ir a la masía, aunque jamás lo confesaría ante nadie.

Derek traspasó las puertas de una villa situada a las afueras y aparcó frente a la puerta de una casa de estilo victoriano. Eva echó un vistazo alrededor, todo estaba muy tranquilo y silencioso. Derek la agarró por la cintura y caminó a su lado para entrar en la casa. Un tipo trajeado les recibió en el hall y les hizo pasar a una de las estancias de la casa. Eva se aferró a la mano de Derek, pero se relajó cuando vio que allí solo había un pub escasamente iluminado donde la gente bailaba o se tomaba una copa mientras charlaba en la zona chill-out. Se dirigieron a la barra y Derek le pidió un par de copas al camarero mientras Eva observaba el lugar con más detenimiento ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la escasa luz. Las personas que estaban en la pista de baile no solo bailaban, también se acariciaban con sensualidad y se rozaban con descaro. Se fijó en una de las parejas que bailaban abrazados mientras otras personas a su alrededor les observaban de cerca  y se animaban a participar acariciándolos, magreándoles todo el cuerpo. Echó un vistazo hacia la zona chill-out y vio a una chica cabalgando a horcajadas sobre un hombre sentado en un sillón que la agarraba con fuerza del trasero. Justo al lado de esa pareja, un hombre les observaba al mismo tiempo que se masturbaba. Mirase a donde mirase, Eva veía lujuria por todas partes. Continuó observando y su mirada se detuvo en una pareja que se besaba apasionadamente. El chico se sentó en uno de los sofás y sentó a la chica sobre su regazo, dejando la espalda de ella pegada a su pecho. Le abrió las piernas e hizo que las apoyara sobre el sofá, exponiendo la entrepierna de la chica que no llevaba braguitas. Introdujo su dedo corazón en la boca de ella para que lo chupara y, cuando creyó que estaba lo suficiente humedecido, lo deslizó hacia su entrepierna y lo introdujo en su vagina. Ella se arqueó para facilitar el acceso y él continuó dándole placer, metiendo y sacando su dedo corazón en ella mientras acariciaba el clítoris con su dedo pulgar. Otra pareja se acercó a ellos, se sentaron justo al lado, en el mismo sofá, y les imitaron. Intercambiaron miradas y acto seguido intercambiaron parejas. Aquello excitó muchísimo a Eva, pero le dieron náuseas al imaginar intercambiando a Derek por otro hombre mientras él la cambiaba por otra mujer, ella jamás sería capaz de hacer algo así, aunque tenía que reconocer que la excitaba muchísimo verlo.

—Olvídalo, nena. Eso no pasará —le susurró Derek al oído—. Jamás te compartiré con nadie, te quiero solo para mí —la besó en los labios y añadió—: No tengo ningún problema en venir contigo y tomarnos una copa, pero el amor lo hacemos en privado.

—No quiero que otro hombre que no seas tú me toque, Derek —le confesó Eva—. Y tampoco estoy dispuesta a compartirte con nadie.

—Me alegra saber que estamos de acuerdo —concluyó Derek. Eva hizo un pequeño mohín y Derek añadió—: Nena, nos divertimos mucho el verano que pasamos juntos, pero entonces tan solo éramos dos jóvenes que buscan nuevas aventuras y no tenían responsabilidades. Puede que solo hayan pasado poco más de dos años, pero todo ha cambiado mucho desde entonces. Ahora somos una pareja que se quiere y que planea pasar el resto de su vida juntos. Te quiero, nena. Me gusta lo que tenemos y lo cierto es que no quiero cambiarlo. Además, tengo que confesarte que no soporto la idea de poseerte mientras otros hombres te miran excitados. Quiero ser el único que te acaricie, que te bese y el único que te lleve al cielo, nena.

—Al final resultará que eres un hombre celoso —bromeó Eva con coquetería.

—Lo soy y mucho más de lo que nunca hubiera imaginado —reconoció Derek.

—Yo también tengo que confesarte algo: He insistido tanto en que viniéramos porque pensaba que comenzabas a aburrirte conmigo y temía que te fijaras en otra.

—Cariño, ¿te das cuenta de que eso es absurdo? —Le preguntó escudriñándola con la mirada. Eva se encogió de hombros y Derek añadió—: Eva, llevo cuatro meses intentando convencerte de que te quiero y eres lo único que me importa. Estamos en la costa para presentarte a mis padres oficialmente como a mi novia, aunque ya te conozcan. ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí?

—Confío en ti, Derek —le aseguró Eva—. Es solo que todo está saliendo demasiado bien y me cuesta creer que todo vaya a seguir así.

—Vamos a dejar esta conversación para cuando regresemos a la ciudad —sentenció Derek—. Si después de navidad sigues teniendo dudas sobre mis intenciones, entonces deberé replantearme qué estoy haciendo mal.

Derek no lo dijo como un reproche, pero Eva no pudo evitar sentirse mal. Derek se esforzaba día tras día para complacerla, era bueno con ella y no le había dado ningún motivo para que desconfiara, pero el pasado de Derek la aterraba. Una pequeña voz en su mente le repetía una y otra vez que nadie podía cambiar tanto y mucho menos en tan poco tiempo.

—Olvidémoslo, nena —le rogó Derek—. Vamos a tomarnos la copa y nos vamos al apartamento a disfrutar de la intimidad de nuestro hogar —la besó en los labios y le susurró al oído—: Será mejor que disfrutes de las vistas, no creo que regresemos por aquí, nena.

Inmersos en su propio mundo, Derek y Eva se tomaron la copa mientras se besaban y comentaban las distintas formas de darse placer que veían, incluso prestando atención a las técnicas para ponerlas en práctica cuando regresaran al apartamento.

Regresaron al apartamento y, nada más cerrar la puerta, Derek cogió a Eva en brazos y la llevó a la habitación, donde la desnudó y le hizo el amor.

Sedúceme 14.

A la mañana siguiente, Derek se levantó temprano. Dejó a Eva durmiendo, se despidió de ella con un tierno beso en la frente y se marchó a la oficina, tenía que dejarlo todo arreglado para poder tomarse tantos días de vacaciones como pretendía. Eva se levantó poco después de que Derek se marchara. Se dio una ducha y desayunó para obtener fuerzas y enfrentarse a esa conversación pendiente que tenía con su madre. Su familia no entendía por qué lo había dejado con Norbert, a sus ojos formaban la pareja perfecta. Su madre no había dejado de hacerle preguntas, sospechaba que algo no iba bien, pero Eva empleaba la excusa del trabajo para todo.

—Parece que te has acordado que tienes una familia —le reprochó Victoria nada más descolgar.

—Hola mamá —la saludó Eva ignorando el reproche de su madre—. ¿Qué tal va todo por ahí?

—Por aquí todo bien, como siempre. Tu padre y yo estábamos hablando ahora mismo de ti, ¿vendrás al pueblo por navidad, no?

—Por eso te llamaba…

—Aix hija, no me digas que no vienes —se lamentó Victoria—. Estás empezando a asustarme, no te vemos desde primavera, siempre andas ocupada trabajando y no quieres hablar de tu ruptura con Norbert. Tu padre y yo estamos preocupados, Eva.

Eva se sintió culpable. No visitaba a sus padres desde unos días antes de la boda de Ana y Nahuel. A partir de entonces su vida fue un caos: le fue infiel a Norbert con Derek, la ascendieron en el trabajo, rompió con Norbert y empezó su aventura con Derek a espaldas de todo el mundo.

—Siento no haber ido a veros antes, mamá. Os echo mucho de menos aunque no os lo diga —le confesó Eva.

—Cielo, ¿estás bien? Lo único que nos preocupa es que tú estés bien. Si no puedes venir no te preocupes, ya iremos nosotros a la ciudad un par de días.

—En realidad llamaba para decirte que adelanto un par de días mi viaje al pueblo, estaré allí el miércoles.

— ¿Ocurre algo?

—Quiero presentaros a alguien, mamá —dejó caer Eva—. Sé que últimamente he estado muy distante con todos, pero él me ha abierto los ojos y quiero que le conozcáis.

—Oh.

— ¿Oh? ¿Qué pasa, mamá?

—No pasa nada, cielo. Es que los padres de Ana me han dicho que los padres y el hermano de Nahuel pasarán la navidad con ellos y nos habían invitado, querían que estuviéramos todos juntos pero no importa. Cenaremos en casa y más tarde nos reuniremos con ellos, ¿qué quieres que prepare para la cena? ¿Le gusta comer de todo? Por cierto, ¿os quedaréis en casa, no? Ya sabes que aquí tenemos sitio de sobra. Si queréis más intimidad podéis quedaros en el loft independiente de encima del garaje. Solo queremos que seas feliz, cielo.

Eva dejó hablar a su madre. No prestaba la menor atención a los argumentos que Victoria le daba para que ella y su pareja se quedaran a dormir en la casa familiar. Eva estaba pensando cómo decirle a su madre quién era su pareja, como ella había empezado a llamarle. Finalmente, decidió decírselo sin rodeos:

—Mamá, no hace falta que cambies de planes. Es Derek.

— ¡Oh, qué bien! —Aplaudió Victoria—. Ese chico es muy simpático y siempre que lo he visto estaba pendiente de ti. Será una navidad perfecta y en familia. Pero, ¿os quedaréis en casa, verdad?

—Por supuesto que sí, mamá —le confirmó Eva para complacerla, más tarde ya pensaría cómo se lo explicaba a Derek.

Continuó hablando con su madre un poco más y le explicó que el motivo de viajar unos días antes de lo previsto, además de pasar más tiempo con ellos, era que quería que conocieran a Derek antes de navidad. A pesar de lo que Eva temía, Victoria se había tomado muy bien la noticia. Ella conocía muy bien a su hija y sabía que con Norbert no sería feliz, así que se alegró cuando Eva le dijo que ya no estaban juntos. Durante la celebración de la boda entre Ana y Nahuel, Victoria se percató de cómo se miraban Derek y Eva pese a que Norbert estaba junto a ellos. Sin duda alguna, estaban hechos el uno para el otro y Victoria estaba segura que Derek la haría feliz.

— ¿Qué tal la mañana, cariño? —Le preguntó Derek tras saludarla con un beso en los labios cuando unas horas más tarde regresó a casa.

Eva sabía muy bien a qué se refería. No quería saber qué había hecho durante la mañana, lo que en realidad quería saber era si había llamado a sus padres para avisar de nuestra visita.

—Aburrida sin ti —le respondió encogiéndose de hombros, fingiendo inocencia.

Pero Derek no estaba para bromas. Se volvió para encararse con ella y, mirándola a los ojos, le preguntó con cara de pocos amigos:

—Eva, ¿has llamado a tus padres?

—Sí.

— ¿Y?

—Y nada. Les he dicho que llegaremos el miércoles —Derek la escudriñó con la mirada y Eva añadió casi en un susurro—: Mi madre ha insistido en que nos instalemos en el loft que hay encima del garaje y no he podido decirle que no. Pero no te preocupes, es un apartamento independiente a la casa y tendremos más intimidad.

Derek la miró incrédulo. Temía que Eva se echara atrás en el último momento y no les dijera nada a sus padres, pero había cumplido con su palabra.

—Nena, acabas de hacerme feliz —sin decir nada más, Derek la abrazó y la besó en los labios.

—Entonces, ¿quieres quedarte en casa de mis padres?

—Así es, cariño. Siempre que tú y yo durmamos en la misma cama —le contestó Derek juguetón, atrayendo a Eva hacia su cuerpo.

—Mm… ¿Estás juguetón, nene?

La respuesta de Derek llegó en forma de gruñido gutural. La cogió en brazos y la llevó a la habitación, donde hicieron de nuevo el amor. A Eva no le pasó por alto que Derek últimamente solo le hacía el amor en la cama. Tampoco habían regresado a la masía, pese a que Eva lo había comentado en más de una ocasión.

—Nena, tenemos que salir ya hacia el aeropuerto o llegaremos tarde. ¿Lo tienes todo listo? —Le preguntó Derek mientras se vestían de nuevo.

—Sí, tengo las maletas preparadas.

Tras terminar de vestirse, Derek y Eva cogieron sus maletas y cargaron el equipaje en el coche. Derek condujo hasta el aeropuerto, donde subieron a uno de los aviones privados de la agencia de Nahuel que les llevaría a la costa.

—Estoy muy nerviosa —le confesó Eva una vez subidos al avión.

—Cariño, mis padres están deseando volver a verte, ya te he dicho que te adoran.

— ¿Se lo has contado ya?

– Sí, ya lo saben —le confirmó Derek sin mirarla a los ojos.

—Derek, me estás rehuyendo la mirada —le recriminó Eva—. ¿Qué ocurre?

—Nena, mi madre conoce nuestra historia.

Eva lo miró durante unos segundos sin decir nada. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que Eva finalmente le preguntó:

— ¿Qué es lo que sabe exactamente?

— ¿Se puede saber por qué te preocupas tanto? Todo está bien, vamos a pasar unos días en la costa y nos instalaremos en mi apartamento. Relájate, hace mucho tiempo que no te tomas unas vacaciones y quiero que disfrutes, no que te agobies más.

A Eva esa respuesta no le acabó de convencer. Irene era una mujer muy agradable y habían congeniado mucho ayudando a Ana a organizar la boda, hacía ya ocho meses. El problema era que por aquel entonces ella estaba saliendo con Norbert, quien la acompañó a la boda, y ahora le resultaba de lo más incómodo presentarse como la novia de Derek frente a sus padres. Pese a que Derek le había pedido que no se preocupara, lo cierto era que Eva no estaba para nada tranquila, aunque trató de disimular su preocupación e intentó relajarse solo por complacer a Derek.

Sedúceme 13.

A la mañana siguiente, Derek se encargó de organizar una cena en casa para todos sus amigos. La lista de invitados era reducida: Ana y Nahuel, Ruth, Víctor y Jason. Les llamó por teléfono para invitarles a cenar y tan solo les dijo que quería darles una noticia, pero no desveló la misma. Eva sugirió llegar con el resto de invitados, pero Derek no estaba dispuesto a separarse de ella ni siquiera unas horas, así que cuando los invitados llegaron, Eva ya estaba allí.

El primero en llegar fue Víctor, el amigo y socio de Derek que ya conocía la relación que su amigo tenía con Eva.

— ¿Preparada para soltar la gran bomba? —Le preguntó Víctor tras saludar a Eva.

—No la pongas más nerviosa —le regañó Derek. Se acercó a Eva y, tras besarla en los labios con ternura, le susurró al oído—: Todo va a salir bien, nena.

Estar entre los brazos de Derek era lo único que conseguía relajarla. Víctor sonrió al ver a la pareja en una actitud tan cariñosa, todavía no daba crédito a ver a su mejor amigo tan enamorado, él que siempre había sido el más mujeriego del grupo.

Los siguientes en llegar fueron Nahuel y Ana. Ana estaba embarazada de seis meses y ya sabían que su bebé iba a ser un niño, aunque el matrimonio aún no había sido capaz de ponerse de acuerdo para escoger el nombre de su primogénito.

—Menos mal que has venido, estaba a punto de llamar a la policía para denunciar tu secuestro si no aparecías —saludó Ana a Eva con un cariñoso abrazo—. ¿Se puede saber dónde andas metida últimamente? Ni siquiera Ruth te ve y eso que vive contigo. Por cierto, me ha dicho que sales con alguien, ¿es cierto?

Derek, que estaba escuchando con disimulo lo que Ana decía, decidió intervenir para que Eva no se pusiera más nerviosa de lo que estaba.

—Ana, ¿te importa ayudarme a escoger el vino?

—Cuñado, lo que acabas de pedirme es una tortura teniendo en cuenta que estoy embaraza y no puedo beber —le reprochó Ana bromando.

—Yo me encargo del vino —sentenció Nahuel.

Eva miró a Derek rogándole ayuda, no quería que Ana la sometiera a un interrogatorio, ya estaba suficiente nerviosa.

—Dime, ¿ya le habéis buscado nombre a mi sobrino o seguís sin poneros de acuerdo? —Continuó preguntando Derek para distraer la atención de Ana.

Consiguió atraer la atención de Ana y Eva aprovechó para escapar a la cocina, donde se encontró con Nahuel. Sin decir nada, Eva se sirvió una copa de vino y se la bebió de un trago mientras Nahuel la observaba asombrado.

—Eva, ¿va todo bien? —Se aventuró a preguntar.

Nahuel sospechaba desde hacía tiempo que entre su hermano pequeño y Eva había algo, pero no supo adivinar si se debía a la intensa aventura que vivieron en la costa o si había algo más. La repentina invitación de Derek y la presencia de Eva allí le bastaron a Nahuel para hacerse una idea de lo que ocurría.

—Sí, solo estoy un poco estresada con el trabajo —mintió Eva descaradamente.

Nahuel sonrió al mismo tiempo que ladeaba la cabeza, ante la peculiar reacción que tenían aquellos dos. Nahuel conocía a su hermano pequeño y sabía que desde que se trasladó a la ciudad solo tenía ojos para Eva, cualquiera que dedicara unos minutos a observarlos lo sabría. Nahuel no insistió, esos dos ya hablarían cuando estuvieran preparados.

Poco más tarde, llegaron los invitados que faltaban: Ruth y Jason. Derek hizo pasar a todos al comedor y se sentaron en la gran mesa redonda que presidía la estancia. El azar quiso que se sentaran tal y cómo Derek deseaba que lo hicieran, en el siguiente orden: Eva, Ruth, Ana, Nahuel, Jason, Víctor y él, que cerraba el círculo con Eva a su otro lado. Tras servir la cena, fue Víctor quien, consciente de que su amigo se lo agradecería por sacar el tema poniéndoselo más fácil, le preguntó delante de todos:

—Bueno, ¿cuándo piensas decirnos cuál es el motivo de esta cena? ¿Hay algo que debamos celebrar?

Automáticamente, todos dejaron de comer y posaron su mirada en Derek. Todos excepto Eva, que fulminó con la mirada a Víctor.

—Lo cierto es que sí, tenemos algo que celebrar —confirmó Derek. Hizo una pausa para respirar profundamente, carraspeó para aclararse la voz y, agarrando la mano de Eva bajo la mesa, añadió con una amplia sonrisa en los labios—: He encontrado a la mujer de mi vida, he luchado por ella y, aunque no me lo ha puesto fácil, me he ganado su confianza y también su amor —se puso en pie y le tendió la mano a Eva para que también se levantara de la silla. Una vez estuvieron ambos de pie, uno al lado del otro, Derek añadió—: Aquí tenéis a esa hermosa mujer que me ha hechizado.

Todos miraron a la pajera durante unos instantes sin decir nada, sorprendidos ante aquel descubrimiento que a todos les había cogido por sorpresa.

—Entonces, la persona con la que sales, ¿es Derek? —Le preguntó Ruth a Eva.

Eva asintió, estaba demasiado nerviosa para que las palabras salieran de su boca.

— ¿Desde cuándo estáis juntos? —Quiso saber Ana.

— ¿Por qué nos lo habéis ocultado? —Preguntó Nahuel.

Eva apretó la mano de Derek pidiéndole ayuda para responder el interrogatorio al que todos pretendían someterla. Derek, consciente del estado de Eva, se encargó de responder:

—Estamos juntos desde que volvimos a vernos a mediados de agosto, cuando vine a la ciudad para supervisar el traslado de la sede de la empresa —se volvió hacia a Eva y, con una dulce sonrisa en los labios, añadió antes de besarla—: Pasaremos la navidad juntos en el pueblo.

— ¿Cuándo vais a decírselo a la familia? —Preguntó Ruth divertida.

—Estamos en ello —respondió de nuevo Derek, Eva seguía demasiado nerviosa—. Mañana viajaremos a la costa para hablar con mis padres y el miércoles viajaremos al pueblo para hablar con los padres de Eva.

—Parece que vais en serio —comentó Ana lanzándole una mirada de advertencia a Derek.

—Así es, cuñada —le confirmó Derek seguro de sus sentimientos por Eva—. Eva es mi prioridad.

Eva le dedicó una tímida sonrisa y Derek la besó en los labios, le resultaba imposible contenerse.

—Dejad algo para cuando os quedéis a solas, pareja —se mofó Víctor.

Todos rieron divertidos y Nahuel aprovechó la feliz ocasión para brindar por la nueva pareja. El resto de la noche transcurrió con normalidad. Derek abrazó, besó y sonrió a Eva constantemente, feliz de poder hacerlo sin tener que contenerse. Pasada la medianoche los invitados se marcharon, despidiéndose hasta unos días más tarde, cuando se reencontraran en el pueblo por navidad.

—Parece que todo ha ido bien, ¿no? —Comentó Derek cuando se quedaron a solas.

—La reunión de esta noche era fácil, lo difícil será en casa de tus padres y de los míos —le respondió Eva visiblemente nerviosa.

—Nena, mis padres ya te conocen y te adoran —trató de calmarla Derek.

—Me conocen como a la amiga de Ana, pero a lo mejor no les gusto para ti.

—No digas tonterías, a mis padres les gustas más que yo. Mi madre no ha dejado de repetirme que me busque una novia como tú desde que te conoció —Derek la estrechó entre sus brazos, la besó con dulzura y añadió—: Vamos a descansar, mañana nos espera un largo día.

Eva no rechistó, estaba cansada. Además, al día siguiente tendría que llamar a sus padres para darles la noticia y viajar a la costa para hacer lo propio con los padres de Derek.

Derek la cogió en brazos y cargó con ella por las escaleras hasta llegar a la habitación principal, una habitación que compartían la mayoría de las noches. Con cuidado, Derek depositó a Eva sobre la cama y la observó con una sonrisa traviesa en los labios.

— ¿En qué estás pensando? —Le preguntó Eva intuyendo que algo tramaba.

—Nena, estoy pensando muchas cosas ahora mismo —se tumbó junto a ella y, mirándola a los ojos, añadió—: Eres preciosa. Todavía recuerdo la primera vez que te vi, tumbada sobre una toalla, tomando el sol junto a la orilla. Me pareciste una diosa. Después Thor te robó la parte superior del bikini y, a pesar de lo borde que fuiste conmigo, todavía me hechizaste más.

—No recuerdo haber pasado tanta vergüenza en mi vida —comentó Eva divertida—. Puede que me pasara un poco pero, si te sirve de consuelo, Ana y Ruth después me dijeron que había sido una bruja contigo.

—Mi pequeña bruja —le susurró Derek con cariño.

Ambos se fundieron en un beso apasionado que les encendió. Formaron una maraña de abrazos, besos y caricias sobre la cama. Se desnudaron el uno al otro sin prisa, disfrutando del sensual momento. Derek adoró cada recoveco de la piel de Eva y, con una dulzura y ternura cada vez más usual en él, le hizo el amor.

Sedúceme 12.

Las semanas fueron pasando, Derek y Eva seguían viéndose, aunque ocultaban su relación a sus amigos y a su familia. Con la excusa de inaugurar todas las estancias de su nueva casa a cambio de una cita, Derek había conseguido salir con Eva por toda la ciudad sin necesidad de esconderse y sus citas se habían convertido en una rutina para ambos. Su relación era la de una pareja normal, poco a poco Derek había conseguido que Eva confiara más en él, pero cada vez que mencionaba el tema Eva le distraía con cualquier otra cosa. La navidad estaba a la vuelta de la esquina y Eva tenía planeado pasar esos días en el pueblo con su familia. Derek y sus padres habían sido invitados por los padres de Ana para pasar las vacaciones en el pueblo, así que estarían juntos, pero Derek quería cenar en Nochebuena con Eva, cogerla de la mano y besarla frente a todos, quería que su relación dejase de ser un secreto de ambos y pregonar su amor a los cuatro vientos.

Una semana antes de ir al pueblo para pasar allí las vacaciones de navidad, Derek insistió en que se quedara a dormir con él en su casa y Eva no pudo negarse a pesar de que Ruth comenzaba a sospechar sobre las idas y venidas de su amiga y compañera de apartamento.

—Últimamente no hay quien te vea el pelo —le reprochó Ruth cuando pasó por el apartamento a recoger algo de ropa para el día siguiente—. ¿Se puede saber con quién te estás viendo? Y no trates de negármelo, es evidente que llevas semanas pasando la noche fuera con alguien.

—Está bien, sí. Me estoy viendo con alguien —le espetó Eva molesta tras tanta insistencia día sí y día también.

— ¿Por qué lo mantienes en secreto? ¿Estás saliendo con un fugitivo o es que has vuelto con Norbert? No habrás vuelto con él, ¿verdad? —Le preguntó Ruth horrorizada.

—No he vuelto con Norbert, ¿cómo se te ocurre?

—Entonces, ¿a qué viene tanto secreto?

—No me apetece hablar de ello ahora, Ruth —zanjó el tema Eva.

Ruth dejó de insistir, Eva no estaba muy receptiva y solo conseguiría que se enfadara. Iban a pasar la navidad en el pueblo, así que prefirió dejar las preguntas para cuando estuvieran allí y Eva llevara un par de copas de más.

Ajena a las cavilaciones de Ruth, Eva se despidió de ella y se dirigió a casa de Derek. Le encantaba aquella casa, era la casa de sus sueños y, aunque no fuera de ella, al menos la podía disfrutar junto a Derek. Aparcó frente a la puerta y bajó del coche cargando con la pequeña bolsa donde guardaba su ropa y su neceser. La puerta no estaba cerrada del todo, así que la abrió y se quedó asombrada ante lo que allí descubrió. Un camino de pétalos de rosas alumbrado con docenas de velas encendidas. Dejó su bolsa en el hall y siguió aquel camino sonriendo de oreja a oreja hasta llegar al salón, donde se encontró a Derek esperándola con una amplia sonrisa en los labios. Junto a él, una pequeña mesa para dos estaba preparada para servir la cena y alumbrada con la romántica luz de un candelabro con tres velas. Eva miró a Derek impresionada, todo era tan romántico que le pareció estar en un cuento de hadas con su príncipe azul incluido.

— ¿Qué es todo esto?

—Una cena para dos —le respondió Derek sonriendo con travesura. La besó en los labios, la ayudó a quitarle el abrigo y añadió mirándola a los ojos—: Tenemos que hablar, nena.

Eva se tensó. Aquellas palabras solo podían presagiar una cosa y ella no estaba preparada para afrontarlo, pese a que tenía claro que aquella relación era temporal y decidió llegar hasta el fin sin pensar en las consecuencias.

Derek le indicó con un gesto que se sentara a la mesa y ella le obedeció sin rechistar, respirando profundamente para mantener la compostura frente a lo que se avecinaba. Derek sirvió la cena en los platos y llenó las dos copas de vino. Esperó a terminar de comer el primer plato antes de comenzar a hablar sobre el tema:

—No podemos seguir así —Eva abrió la boca pero Derek la interrumpió antes de que pudiera pronunciar palabra—. Deja que termine de hablar, nena —hizo una pequeña pausa y prosiguió—: Hace cuatro meses que estamos juntos y, aunque trates de seguir fingiendo que esto es un juego, lo cierto es que no lo es, Eva —la miró a los ojos con intensidad y añadió—: Nena, no podemos seguir ocultándonos. No quiero pasar la navidad mirándote y sin poder abrazarte ni besarte, sin poder decirte lo preciosa que estás y sin poder decirle a todos que tú eres la mujer que me hace feliz.

Derek hizo una pausa y esperó a que Eva dijera alguna cosa. Eva se había quedado en blanco. Lo que acaba de decir Derek no era lo que esperaba oír, ella se había preparado para afrontar el fin de su peculiar relación. Pero le pareció entender que Derek quería justo todo lo contrario, así que se armó de valor y, para confirmarlo, le preguntó con un hilo de voz:

— ¿Quieres una relación estable?

—Ya tenemos una relación estable, preciosa —le contestó Derek con un tono de voz dulce que Eva jamás le había escuchado—. Lo que quiero es que dejemos de ocultárselo a nuestros amigos y nuestra familia. Quiero pasar la navidad contigo, nena.

—Solo queda una semana para navidad, ¿pretendes que nos presentemos en el pueblo y les demos la noticia? No creo que sea una buena idea soltar semejante bomba de pronto.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo, por eso he pensado que quizás podríamos organizar una cena en casa mañana e invitar a nuestros amigos más íntimos para darles la noticia —le propuso Derek con pies de plomo—. El lunes podemos viajar a la costa y pasar allí un par de días con mis padres para darles la noticia —Derek hizo una pausa y, al ver que Eva no decía nada, añadió—: Y el miércoles podemos ir al pueblo para hablar con tus padres antes que lleguen los demás —hizo una nueva pausa, esta vez más larga, pero Eva continuaba mirándolo sin decir nada—. Nena, dime algo por favor.

—La verdad es que no sé qué decir —le confesó Eva. Lo escudriñó con la mirada y le preguntó—: ¿Estás seguro de lo que quieres?

—Estoy completamente seguro de lo que quiero —le aseguró Derek—. Te quiero a ti, cariño.

Eva le dedicó una tímida sonrisa. La proposición de Derek la había cogido tan de improviso que ni siquiera supo reaccionar. Escuchar ese “cariño” de la boca de Derek todavía la aturdió más, pero no pudo evitar pensar que aquel era el mejor regalo de navidad que le habían dado nunca. Estaba enamorada de Eva por mucho que hubiera tratado de evitarlo y de negarlo.

—Eva, por favor —le rogó Derek—. Dime algo si no quieres que me vuelva loco.

Eva no le dijo nada, se levantó de la silla y se sentó sobre el regazo de Derek para besarlo apasionadamente.

— ¿Eso es un sí? —Le preguntó Derek sonriendo divertido.

—Eso es un sí, pero tengo que confesarte que estoy un poco aterrada. ¿Crees que se tomarán bien nuestra relación?

—Por supuesto que sí, nena.

Derek la estrechó entre sus brazos y respiró aliviado, por un momento había temido que Eva huyera otra vez. Eva comenzó a ponerse nerviosa ante todo lo que se avecinaba. En pocos días tenían que planear una cena en casa de Derek con todos los amigos más íntimos, un viaje relámpago a la costa para conocer a sus padres y otro viaje al pueblo para presentar su nuevo novio a sus padres.

—Cariño, no te agobies —le pidió Derek—. Yo me encargaré de todo, ¿de acuerdo? Lo único que debes hacer es decirles a tus padres que llegarás antes de lo previsto y acompañada.

Eva lo dejó todo en manos de Derek, confiaba plenamente en él.

Terminaron de cenar, disfrutaron de una romántica velada y celebraron su amor en la habitación principal, de manera tradicional.

Durante los últimos meses, Derek había evitado llevar a Eva a la masía o cualquier lugar de similares características, no estaba dispuesto a compartirla con nadie. A Eva no le había pasado por alto aquel detalle, pero tampoco insistió en ello. Lo único que le importaba era estar con Derek y disfrutar con él el tiempo que le quedara.

Sedúceme 11.

Habían pasado cinco días desde aquella noche en la que Derek había decidido abstenerse de mantener relaciones sexuales y no lo llevaba nada bien. Durante los últimos cinco días tan solo se veían por las tardes al salir del trabajo. Derek la pasaba a recoger por la oficina y después paseaban por distintos lugares emblemáticos de la ciudad mientras él continuaba descubriendo cosas sobre Eva.

A Eva todo aquello le resultaba extraño, pero disfrutaba de la compañía de Derek y, dispuesta a vivir aquella aventura hasta el final, se prohibió cavilar sobre las intenciones de él.

Derek estaba irreconocible ante los ojos de Eva. Paseaban cogidos de la mano, se dedicaban cómplices miradas y se besaban como dos adolescentes, pero no pasaban de ahí. Derek la acompañaba hasta el portal del edificio donde vivía Eva y allí se despedían volviendo a besuquearse antes de darse las buenas noches.

Eva no quiso darle demasiada importancia, pensó que estaba cansado tras una larga jornada de trabajo, con el traslado de su empresa él y Víctor no daban abasto. Pero Eva no se dio por vencida y puso todas sus esperanzas en el viernes. Cuando Derek pasó a recogerla a la puerta de la oficina donde Eva trabajaba y la vio, tuvo que cerrar los ojos y tratar de contenerse para no devorarla en mitad de la transitada calle. Eva llevaba puesto un vestido azul muy sexy y elegante junto a unas sandalias romanas con un tacón de aguja de diez centímetros. Eva no estaba dispuesta a continuar sin sexo y, bajo aquel vestido, llevaba un provocador conjunto de ropa interior con liguero incluido.

—Estás preciosa, nena —le susurró Derek al oído tras darle un escueto beso en los labios—. Me han entregado las llaves mi nueva casa y he preparado una cena de inauguración.

— ¿Me llevas a una fiesta en tu casa? —Le preguntó Eva sin poder ocultar la decepción en su voz.

—Te llevo a mi casa, pero no hay ninguna fiesta —le aclaró Derek dedicándole una sonrisa burlona—. Es una cena privada, solos tú y yo.

Eva sonrió aliviada, estarían los dos solos. Derek condujo hasta su nueva casa. Tras una visita guiada para que Eva conociese la casa, Derek la llevó a la cocina y sirvió un par de copas de vino. Mientras él preparaba la cena, Eva se encargó de preparar la mesa. A ambos les gustó vivir aquella rutinaria escena de pareja, pero ninguno hizo externo su pensamiento.

—Todo estaba exquisito —le dijo Eva con total sinceridad cuando terminaron de cenar—. Tienes un don para cocinar y tengo que confesar que jamás lo hubiera adivinado.

—Me lo tomaré como un cumplido —le replicó Derek divertido. Se puso en pie y se acercó a ella tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse. Agarrándola de la mano, Derek la guió al salón y ambos se acomodaron en el sofá—. ¿Te apetece una copa?

– Creo que es bastante evidente qué me apetece —le contestó Eva con tono sugerente, sosteniéndole la mirada.

Derek resopló. Mantenerse en la abstinencia le iba a costar todavía más si Eva decidía ponérselo aún más difícil.

—Eva, créeme si te digo que a mí me apetece igual o más que a ti, pero no quiero que eso sea lo único que hay entre nosotros dos. Nos lo pasamos bien juntos y no me refiero solo en la cama.

— ¿Qué intentas decirme, Derek?

—Lo que intento decirte es que, además de disfrutar del sexo contigo, también quiero disfrutar de una agradable velada, o salir a ver una película en el cine. Quiero más que sexo contigo.

Eva lo escrutó con la mirada. No entendía muy bien lo que Derek pretendía, pero no estaba dispuesta a seguir sin sexo.

—Entonces, ¿piensas seguir torturándome cómo has hecho toda la semana?

A Derek se le escapó una sonora carcajada que cortó en el mismo momento que sus ojos se cruzaron con la mirada desafiante de Eva. La besó en los labios con ternura y le susurró al oído con tono burlón:

—Nena, solo quiero que entiendas que el sexo no es mi prioridad —acarició su cuello con delicadeza y añadió—: Quiero complacerte, tan solo tienes que decirme lo que quieres.

—Sedúceme.

No hizo falta repetirlo dos veces, Derek la obedeció. Lo hizo de una manera sensual y erótica, pero también romántica. La cogió en brazos como si fuera una princesa y la llevó escaleras arriba hasta llegar a la habitación. La desnudó despacio, con delicadeza. Acarició, besó y adoró cada centímetro de su piel. La depositó con cuidado sobre la cama y, por primera vez, le hizo el amor a una mujer. Porque aquello no era sexo, era amor. Derek entró en ella lentamente, con delicadeza, en lugar de hacerlo de una sola estocada como acostumbraba. Entró y salió de ella despacio, con un movimiento suave y embriagador que colmaba a ambos de un placer indescriptible y que nunca antes habían sentido. Alcanzaron juntos el clímax y Derek se derrumbó sobre la cama, arrastrando a Eva con él para que quedara encima y poder seguir estrechándola entre sus brazos. No quería separarse de ella ni un solo instante, ahora Eva era su adicción y su prioridad.

— ¿Todo bien, nena? —Le preguntó Derek para asegurarse que Eva estaba bien ya que se había quedado muy callada.

—Todo perfecto —le confirmó ella.

Y era verdad, para Eva no podía ser más perfecto. El único problema era que se estaba enamorando cada día un poco más de Derek con sus actos. No se comportaba como el joven mujeriego, aventurero y fiestero que conoció en la costa dos años atrás. A Eva no le pasó desapercibida la manera en la que Derek le había hecho el amor, no había sido como las otras veces. La había seducido despacio, había adorado cada recoveco de su piel y se habían fundido el uno el otro. Derek no solo la había hecho sentirse deseada como de costumbre, la había hecho sentirse amada e idolatrada. La había colmado de placer, de ternura y de romanticismo.

— ¿En qué piensas, nena? —Le preguntó Derek con curiosidad al mismo tiempo que la envolvía entre sus brazos con ternura.

—Ahora mismo estoy pensando muchas cosas —le confesó Eva un tanto confusa.

—Espero que no pienses en salir huyendo.

—Aunque quisiera, no creo que tuviera fuerzas ni para levantarme de la cama —bromeó Eva.

—Mejor, no quisiera tener que secuestrarte —continuó Derek bromeando. Se puso serio y, tras besar a Eva levemente en los labios, le preguntó—: ¿Qué te parece si mañana vamos al cine a ver una película? O también podríamos ir a montar a caballo, los tíos de Jason tienen una hípica a las afueras de la ciudad, se alegrarán si les hacemos una visita.

— ¿No prefieres que inauguremos todas y cada una de las estancias de tu nueva casa? —Le sugirió Eva con picardía.

—De momento ya hemos inaugurado la habitación principal —hizo una pausa para besarla en el cuello y añadió—: Te propongo un trato. Por cada estancia que inauguremos, tendrás que hacer algo conmigo. Como hemos inaugurado la primera estancia, ¿qué te parece si mañana vamos a dar un paseo a caballo antes de inaugurar a nuestra manera la siguiente estancia? Ya sabes, como una cita.

Eva se volvió para mirarlo y asegurarse que no seguía bromeando, pero el gesto de Derek le confirmó que hablaba muy en serio.

— ¿Qué me dices, hay trato?

—De acuerdo, trato hecho.

Eva le tendió la mano a Derek para sellar su acuerdo, pero él la agarró por la cintura, colocándola a horcajadas, y la besó en los labios apasionadamente, esa fue su manera de sellar el trato. Durmieron toda la noche abrazados el uno al otro, como una verdadera pareja enamorada.

Sedúceme 10.

Tras tomar el postre y el café en casa de Ana y Nahuel, los invitados empezaron a despedirse. La primera en marcharse fue Ruth, alegando que había quedado con un nuevo amante. El siguiente fue Jason, excusándose con que al día siguiente trabajaba. Después Víctor, echándole un cable a su amigo tras la que se había formado con la broma de su supuesta cita con Eva, dijo:

—Gracias por la velada, ha sido una noche magnífica —se volvió hacia Derek y Eva y les preguntó—: ¿Os marcháis ya?

– Sí, dejaremos a los futuros padres descansar ahora que pueden —sentenció Derek poniéndose en pie.

Eva también se puso en pie para despedirse de Ana y Nahuel y, acto seguido, se marchó acompañada de Derek y Víctor. En cuanto traspasaron el porticón de la verja de la casa, Derek agarró a Eva por la cintura, la atrajo hacia sí y la besó. A Eva no le importó que la besara delante de Víctor, tan solo le importó la necesidad que sentía por estar en los brazos de Derek.

—Víctor, ¿te importa acercarnos al hotel? —Le preguntó Derek a su amigo.

—Subid al coche antes de que os arresten por escándalo público —bromeó Víctor.

En ese momento, Eva confirmó que Víctor ya estaba al tanto de su peculiar historia con Derek antes de asistir a la cena de Ana y Nahuel.

Los tres se subieron al coche y Víctor les llevo hasta la puerta principal del hotel donde Derek se alojaba. Tras darle las gracias a Víctor por haberles llevado hasta allí, se despidieron de él y entraron en el hall del hotel. Derek guió a Eva hacia los ascensores y, tan pronto como las puertas del ascensor se cerraron y se quedaron a solas, Derek la arrinconó contra la pared y la besó con urgencia. Las puertas del ascensor se abrieron, pero ellos continuaron besándose.

—Ejem, ejem —fingió toser un hombre de mediana edad que disponía a montar en el ascensor cuando reparó en la apasionada pareja.

Ambos se separaron en cuanto supieron que no estaban solos. Derek sonrió divertido por la situación, agarró a Eva de la mano y, tras saludar al hombre con un leve gesto de cabeza, caminó con Eva hasta la puerta de su suite. Eva evitó mirar a aquel hombre, se sentía avergonzada por haber sido descubierta en aquella situación, pero con Derek todo era imprevisible, eso formaba parte del encanto.

—Me encanta ver cómo te sonrojas, nena —le susurró Derek al oído al mismo tiempo que cerraba la puerta de entrada a la suite.

No le dio tiempo a contestar, Derek la agarró de los muslos, la alzó entre sus brazos y la llevó a la cama. A Eva le extrañó que decidiera seguir en la cama con lo que estaban haciendo, él no era uno de esos hombres tradicionales, pero no dijo nada.

Derek la desnudó con urgencia, se colocó sobre ella y la penetró de una sola estocada. Entró y salió de ella con fuerza, más rudo de lo habitual. Estaba excitado, furioso y, aunque él no era capaz de reconocerlo, también estaba celoso. No supo afrontar aquel nuevo sentimiento que le invadía y se dejó llevar por la frustración que llevaba dentro. Ambos gozaron de aquel encuentro y alcanzaron el clímax, pero ninguno quedó satisfecho. Derek se maldijo en silencio por haberlo echado todo a perder de esa manera tan irracional, se levantó y, sin decir nada, se encerró en el baño con la intención de darse una ducha para aclarar sus ideas. Eva se quedó dónde estaba, desnuda sobre la cama, sin saber qué hacer. No entendía el comportamiento de Derek, todo parecía ir bien hasta que entraron en la suite. Él no era un amante romántico, pero nunca antes había sido tan rudo con ella. Confusa y sola en aquella cama, Eva decidió vestirse y marcharse de allí.

Cuando Derek salió del baño cubierto tan solo por una toalla de la cadera a la altura de las rodilla, se encontró a Eva ya vestida y cogiendo su bolso.

— ¿Vas a alguna parte? —Le preguntó Derek molesto.

— ¿Acaso te importa?

Ambos se sostuvieron la mirada, desafiándose. Pero finalmente, Derek dio su brazo a torcer, él era el único responsable de aquella situación.

—Eva, no te vayas —su voz sonó más a una súplica que a una orden. Se acercó a ella despacio, le cogió la mano con suavidad y añadió con la voz rota—: – Nena, sé que no me lo merezco y puede que lo más sensato sea dejarte marchar, pero no puedo.

— ¿Qué quieres de mí, Derek? —Le preguntó Eva sin poder ocultar un ligero tono de reproche en su voz.

—Me conformo con tu compañía —le confesó Derek. La estrechó entre sus brazos y la abrazó con ternura—. Me he comportado como un idiota, estaba furioso y lo he pagado contigo.

— ¿Por qué estabas furioso? —Le preguntó Eva fingiendo inocencia.

Derek resopló. Ni siquiera él sabía con exactitud la respuesta a esa pregunta, pero Eva se merecía una explicación, así que se esforzó en tratar de hacerse entender:

—Estaba frustrado, te tenía al lado y no podía besarte como me apetecía. Tampoco ha sido fácil escuchar cómo planeabas tu futuro con Víctor.

Eva lo meditó por un instante. Tenía tantas o más ganas que él de quedarse allí, si se marchaba a su apartamento era más que probable que se arrepintiese de por vida. Pero aquello no podía quedar así, tenían que hablar.

—Esto se nos está yendo de las manos, deberíamos hablar porque…

—Hablaremos —la interrumpió Derek—. Pero ahora es muy tarde y ambos estamos cansados, hablaremos mañana después de haber dormido.

Eva no se lo discutió, estaba demasiado cansada para mantener esa conversación, necesitaba dormir para aclarar sus ideas. Derek desnudó a Eva con suma delicadeza, la ayudó a ponerse una de sus camisetas y se metió en la cama con ella. Tan solo quería dormir acurrucado con ella para poder sentirla cerca, y eso fue lo que hizo.

A la mañana siguiente Eva se despertó entre los brazos de Derek.

—Buenos días, nena —la saludó en cuanto Eva abrió los ojos. La besó en los labios con ternura y añadió—: ¿Has dormido bien?

—Más o menos —murmuró Eva tras recordar lo ocurrido la noche anterior.

—Eva, siento mucho lo que pasó anoche, me comporté como un verdadero…

—Olvidémoslo.

—Te prometo que no volverá a pasar —le aseguró Derek.

Esa misma noche fueron a cenar a la masía. Se acomodaron en uno de los reservados, Derek se apoderó del mando a distancia que controlaba el enorme ventanal pero decidió dejarlo como estaba: siendo un espejo. Eva sentía curiosidad por descubrir que había detrás de aquel espejo, pero contuvo su curiosidad ya que estaba disfrutando con Derek de una romántica velada, algo inusual en él.

— ¿Te apetece tomar una copa aquí o prefieres que regresemos al hotel? —Le preguntó Derek.

—Podemos tomar una copa aquí y después tomarnos otra en la suite del hotel —propuso Eva.

El camarero no tardó en servir las dos copas que habían pedido. Bebieron mientras charlaban, Derek seguía queriendo saber todo sobre Eva y preguntar era la mejor forma de conocerla. Le encantaba mirarla, podría pasar miles de horas seguidas observándola y no se aburriría. Cada gesto, cada expresión de ella, lo enamoraban un poco más a cada instante.

Tras pensar en su comportamiento la noche anterior, Derek se había propuesto seducir y enamorar a Eva dejando al margen el sexo. La abstinencia sería la mejor prueba para demostrarle a Eva que, para él, ella no era un simple capricho pasajero, ella era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida. Había llevado a Eva a la masía porque ya había realizado la reserva, pero no tenía la menor intención de quitar aquel enorme ventanal de espejo, el espectáculo que hubiera tras él ya lo disfrutaría con Eva en otro momento si es que se daba el caso. Lo que antes le parecía de lo más morboso, ahora le hacía sentir bastante incómodo. Quería a Eva solo para él, no quería compartirla con nadie.

Después de aquella copa, Derek propuso regresar al hotel y Eva aceptó disimulando su decepción por no disfrutar con él del lujurioso espectáculo que con total seguridad había tras el espejo. Una vez llegaron al hotel, Derek hizo el mismo ritual que la noche anterior: desnudó a Eva, le puso una de sus camisetas a modo de pijama y se metió con ella en la cama. La envolvió entre sus brazos y la abrazó hasta que se quedó dormida, solo entonces se permitió descansar él también.

Sedúceme 9.

Eva y Derek pasaron el fin de semana encerrados en la suite del hotel. Como ya le había dicho Derek, a Eva no le hizo falta pasar por su apartamento para coger algo de ropa, pues pasaron todo el fin de semana desnudos, dejándose llevar por la lujuria y la pasión que sentían.

El domingo por la tarde Eva regresó a su apartamento a pesar de la insistencia de Derek para que pasara la noche con él en la suite. Nada más entrar en el apartamento, se encontró con la mirada inquisidora de Ruth.

—¿Se puede saber dónde has estado todo el fin de semana? Tu teléfono móvil está apagado y me tenías preocupada.

—Lo siento, últimamente tengo mucho trabajo y ni siquiera me he dado cuenta que tenía el móvil apagado, debe haberse quedado sin batería —mintió Eva.

Las palabras de Eva no acabaron de convencer a Ruth.

—¿Seguro que va todo bien?

—Sí, solo estoy un poco cansada —le aseguró Eva forzando una sonrisa.

Se sentía fatal por mentir a su amiga, pero en ese momento era lo mejor, no podía responder preguntas de las que desconocía la respuesta.

El lunes Eva se levantó y fue a trabajar. Recibió la llamada de Derek a mediodía y quedó en reunirse con él en la suite del hotel donde se alojaba cuando saliera de la oficina. A pesar de que Eva creía que su relación con Derek solo se basaba en el sexo, lo cierto era que Derek se esforzaba mucho en averiguar cosas de Eva sin que ella apenas se diera cuenta. Quería saberlo todo sobre ella, quería seducirla para que se quedara a su lado para siempre.

El martes, miércoles y jueves siguieron la misma rutina, pero el viernes Derek decidió planear algo distinto. Reservó una de las salas privadas de la masía con la intención de llevar allí a Eva, pero Ana y Nahuel organizaron una cena familiar a última hora y ambos estaban invitados.

—Nena, tendremos que aplazar nuestra cita para mañana por la noche —le dijo Derek cuando la llamó por teléfono tras recibir la invitación de Ana y Nahuel.

—Ni siquiera me habías dicho a dónde me ibas a llevar —le respondió Eva tratando de sonsacarle información.

—Es una sorpresa, nena. Te veo esta noche en casa de mi hermano, va a ser una tortura estar a tu lado y no poder besarte ni… —Derek se interrumpió, su entrepierna estaba creciendo bajo la tela del pantalón y en pocos minutos tenía una reunión—. Nena, tengo que colgar.

—Nos vemos esta noche —se despidió Eva antes de colgar, sonriendo al adivinar lo excitado que se sentía Derek.

Esa noche, Eva y Ruth acudieron juntas a la cena en casa de Ana y Nahuel. A Derek le hubiera gustado poder asistir con Eva, pero ni siquiera se atrevió a preguntárselo, sabía que ella no aceptaría, al menos no tan pronto. Primero debía ganarse su confianza para que Eva entendiera que estaba interesado en ella de verdad, que no era solo un capricho.

Cuando Eva y Ruth llegaron a casa de Ana y Nahuel, Derek ya estaba allí. Eva se lo encontró en el jardín trasero de la casa charlando con Jason, el socio de Nahuel, y con su amigo y socio Víctor, el único que estaba al tanto de la relación que mantenían Derek y Eva.

—Chicas, ¿os acordáis de Víctor? —Les preguntó Ana a sus amigas cuando llegaron al jardín trasero—. Víctor es uno de los amigos de Derek al que conocimos en la playa, él también se ha trasladado a la ciudad, es el socio de Derek.

Eva ya estaba al tanto de todo, incluso de que Víctor se había trasladado al apartamento de sus abuelos ya fallecidos, pero disimuló muy bien. Derek, además de colmarla de grandes placeres sexuales, también la mantenía informada de todo lo que hacía en su día a día, al igual que ella lo mantenía informado a él.

Ruth y Eva saludaron a Víctor con simpatía, lo recordaban perfectamente. Víctor aprovechó el encuentro para fastidiar un poco a su mejor amigo:

—Sigues tan preciosa como te recordaba, Eva. Deberíamos salir a cenar una noche, estoy seguro que lo pasaríamos muy bien juntos.

A Eva no se le escapaba una. Derek no le había mencionado que Víctor estuviera al tanto de su peculiar relación, pero el intercambio de miradas de aquellos dos los delató. Eva no sabía qué pretendían, pero ella también sabía jugar sus cartas. Le sostuvo la mirada a Derek durante un instante, se volvió hacia a Víctor y le dijo con coquetería al mismo tiempo que le guiñaba un ojo con complicidad:

—Cuando quieras, suena muy prometedor.

La cara de Derek era un poema y no pasó desapercibido para nadie, ni siquiera para Jason que, aunque no conocía la historia que Derek y Eva tuvieron dos años atrás, entendía qué estaba pasando allí, pero no comentó nada al respecto.

Nahuel, apiadándose de su hermano menor, salió en su ayuda:

—Bueno, ahora que estamos todos, creo que ha llegado el momento de deciros cuál es el motivo de esta celebración—. Abrazó desde atrás a Ana y acarició su vientre con ambas manos—. Cariño, díselo tú.

Todos miraron a la pareja con expectación, las manos de Nahuel acariciando el todavía inexistente vientre de Ana no pasaron desapercibidas para nadie, pero esperaron a oírlo de la voz de los protagonistas.

—¡Estamos embarazados! —Exclamó Ana eufórica.

Todos les felicitaron emocionados por la buena nueva. Ana y Nahuel contestaron todas las preguntas que sus amigos les hicieron: estaba embarazada de tres meses, todavía no podían saber si era niño o niña y sí, había sido concebido durante la luna de miel.

Durante la cena todos se divirtieron bromeando sobre cómo será la vida de los futuros padres e incluso se aventuraron a opinar quiénes serían los siguientes en ser padres:

—Puede que después de esa cena, Eva y Víctor nos sorprendan —bromeó Ana solo para picar a su cuñado.

Derek ya no podía más. Lo que había empezado como una mera broma de Víctor se estaba convirtiendo en una tortura para él, que no dejaba de escuchar comentarios sobre la supuesta cita que ella y Víctor iban a tener. Sin dar ninguna explicación, se puso en pie y se dirigió al interior de la casa. Eva fulminó con la mirada a Ana, reprendiéndola por su comentario, y Ana confirmó sus sospechas: entre aquellos dos había algo.

—Eva, acompáñame un momento a la cocina, quiero enseñarte algo —le dijo Ana poniéndose en pie.

Sin mediar palabra, Eva se levantó y siguió a Ana hasta llegar a la cocina. Ambas se sostuvieron la mirada durante un instante hasta que finalmente Ana le dijo con tono burlón:

—Me temo que a Derek no le ha sentado nada bien las bromas que hemos hecho sobre ti y su amigo Víctor.

—Ese no es mi problema —le respondió Eva encogiéndose de hombros.

Ana se armó de paciencia, con Eva tenía que tener mucho tacto, pese a que siempre la habían tachado de fría e insensible, lo cierto era que tan solo era una coraza que escondía un corazón enorme.

—Eva, tan solo quiero que sepas que, hagas lo que hagas, contarás siempre con mi apoyo —en ese justo momento, vio a Derek salir del baño y le dijo mientras salía disparada por el pasillo—: Derek, ayuda a Eva a servir el postre, yo tengo que ir al baño.

Ana vio la oportunidad de dejarlos a solas y la aprovechó. Una cosa era que bromearan para fastidiarles un poco; y otra, que se enfadaran por ello.

Derek esperó a que Ana se encerrara en el baño y se aseguró que no había nadie alrededor de la cocina. La miró a los ojos con intensidad. Eva percibió parte de reproche y lujuria en los ojos de él, pero no se amilanó y le sostuvo la mirada.

—Nena…

El tono de advertencia de Derek era más que evidente, pero a Eva le pareció de lo más seductor y sonrió con malicia, acercándose a él como una gatita con ganas de jugar.

—Deja de torturarme, Eva —no fue una orden, fue casi una súplica.

Pero Eva tenía ganas de jugar. Alzó sus manos alrededor del cuello de Derek, se estrechó contra su cuerpo y le susurró al oído:

—Quiero jugar, nene.

Derek ya no pudo controlarse por más tiempo, Eva era demasiado tentadora cuando se ponía juguetona. La agarró con fuerza por los muslos y la alzó en brazos haciendo que rodeara su cintura con las piernas. Presionó su erección contra la entrepierna de ella para hacerle saber lo excitado que estaba y la besó con urgencia, casi con verdadera desesperación. Hasta que escucharon unos pasos por el pasillo y se separaron bruscamente el uno del otro para adecentar sus ropas.

—¿Va todo bien por aquí? —Preguntó Nahuel asomando la cabeza por la puerta de la cocina. Ambos asintieron y Nahuel preguntó—: ¿Dónde está Ana?

– En el baño, nos ha dejado al mando para servir los postres —informó Eva ruborizada.

Nahuel posó su mirada de Eva a Derek y viceversa, ladeó la cabeza sonriendo y se marchó sin decir nada más.

—Quiero verte esta noche —le dijo Derek sin opción a réplica en cuanto Nahuel les dejó a solas de nuevo.

—No sé si podré.

—Ruth ha dicho que tenía planes después de la cena, no dormirá en casa —le recordó Derek—. Deja que yo me encargue del resto, nena.

Eva accedió, a Derek le resultaba imposible decirle que no, daba igual lo que le propusiera, él tenía ese efecto en ella. Sirvieron el postre que Ana había preparado y regresaron al jardín trasero junto a los demás para disfrutar del resto de la velada.