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Propuesta indecente 19.

Alma Gemela

Once meses más tarde, Nick y Erika cumplían su primer año juntos y decidieron celebrarlo cenando en casa para tener más intimidad de la que podrían tener en cualquier restaurante. Poco a poco, Nick fue consiguiendo que Erika llevara algunas de sus cosas a su apartamento y dormía con él todas las noches excepto los martes, que Erika dormía en su apartamento con Alice para celebrar su noche de chicas, que consistía básicamente en ver una película de comedia romántica mientras comían comida del chino acompañado con unas copas de lambrusco. Nick y Daniel aprovechaban esos martes para cenar juntos y ponerse al día mientras beben cerveza.

–  Cariño, estás preciosa. – Le dijo Nick a Erika cuando la vio salir del dormitorio con un escotado y ceñido vestido de color fucsia con unas sandalias plateadas de tacón de aguja. Le dio un beso en los labios y añadió: – El vestido te queda perfecto, pero me temo que no te durará mucho puesto.

–  Espera a ver lo que llevo debajo, cariño. – Le contestó Erika dándole gratas expectativas.

–  Cariño, creo que podemos cenar más tarde, ¿no crees?

–  No, te conozco y no cenaríamos. – Le dijo Erika riendo. – Primero cenamos, después nos damos los regalos y, por último, podrás hacer conmigo lo que quieras.

Nick la besó en los labios y la abrazó. Aún no podía creer el que cambio que había hecho desde que Erika entró en su vida. No había vuelto a estar con ninguna otra mujer desde que conoció a Erika y tampoco lo echaba de menos, con ella tenía todo lo que deseaba, todo lo que le complacía. Ella se enfadaba continuamente y, desde que hacía unos meses le habían devuelto el carné de conducir, cogía el coche y se iba a dar una vuelta hasta que se calmaba y regresaba junto a Nick, que le esperaba con los brazos abiertos, una sonrisa en los labios y un montón de mimos.

El móvil de Erika sonó y ella lo cogió y leyó el mensaje, que era de Alice: “Deséame suerte, voy a decírselo a Daniel.” Erika sonrió y tecleó en su móvil: “Suerte.”

–  ¿Qué te hace tan feliz? – Quiso saber Nick al verla sonreír.

–  ¿Te gustan los niños? – Le preguntó Erika.

–  ¿Hay algo que quieras decirme, cariño? – Le preguntó Nick acariciando el vientre de ella.

–  Solo sentía curiosidad. – Le contestó Erika antes de darle un beso en los labios.

Se sentaron a la mesa y cenaron iluminados únicamente por un candelabro con tres velas, brindaron por su relación e iniciaron el intercambio de regalos. Nick llevaba varios meses tratando que el ayuntamiento le diera los permisos para empezar a construir en el terreno, pero el ayuntamiento se lo había denegado dos veces. Erika movió algunos hilos y, gracias a un amigo de la universidad, había podido conseguir que le concedieran el permiso. Erika había pensado que los permisos para construir la casa y unas mini vacaciones de cuatro días en una pintoresca casa en la playa que había alquilado. Ser la hija del jefe le había facilitado conseguir unos días libres para ambos. Erika le tendió un sobre a Nick donde iban los permisos para construir y un pequeño escrito de Erika en el que le invitaba a una pequeña escapada de cuatro días en la playa. Nick abrió el sobre emocionado, era su primer regalo de aniversario y se quedó alucinado cuando sacó los documentos con la autorización del ayuntamiento para construir la casa y el vale de las mini vacaciones.

–  ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo los has conseguido? – Exclamó Nick alzando en brazos a Erika para después besarla en los labios. – Y, ¿qué es esto? Mm… Cuatro días en la playa solos tú y yo, estoy deseando irme, cariño.

–  Perfecto, porque nos vamos mañana por la mañana. – Le dijo Erika dándole un beso.

–  Cariño, voy a darte mi regalo pero no quiero que te estreses, ¿de acuerdo? – Bromeó Nick. Sacó una pequeña caja de terciopelo azul y se la entregó a Erika. – Te quiero, cariño y por eso quiero que te cases conmigo. No tenemos por qué casarnos rápidamente, podemos tener un compromiso de esos largos y casarnos cuando tú te sientas preparada, pero me gustaría poder decirle a la gente que eres mi prometida en vez de mi novia. – Erika abrió la pequeña caja de terciopelo y se quedó muda al ver el precioso anillo de oro blanco con varios diamantes encastrados. Nick cogió el anillo y, mientras se lo ponía en el dedo anular de la mano derecha, le preguntó: – Cariño, ¿me harías el hombre más feliz del mundo casándote conmigo? – Erika no le contestó, simplemente se arrojó a sus brazos y le devoró la boca apasionadamente. – Cariño, ¿esto es un sí? – Quiso confirmar Nick cuando los labios de ambos se separaron.

–  Por supuesto que sí, mi amor. – Le contestó Erika. – Te quiero, Nick.

Ambos volvieron a besarse y los besos dieron paso a las caricias hasta que acabaron, como era de esperar, haciendo el amor allí mismo.

Al día siguiente, Alice y Daniel llegaron al apartamento de Nick antes de que Nick y Erika se marcharan a sus mini vacaciones, Daniel quería darle la gran noticia a su hermano Nick y también quería saber cuál había sido la respuesta de Erika a la gran pregunta que le había hecho Nick.

–  Supongo que si llevas ese anillo en el dedo es porque has dicho que sí. – Fue el saludo que le dedicó Daniel a Erika seguido de un abrazo. Se volvió hacia a su hermano Nick y añadió: – Nosotros también tenemos una gran noticia que daros. – Abrazó a Alice, la besó en los labios y anunció con una sonrisa de oreja a oreja: – ¡Vamos a ser papás!

Las dos parejas desayunaron juntos mientras se felicitaban mutuamente por las buenas noticias que se habían dado. Las chicas empezaron a hablar de vestidos de novia y bebés y ellos las miraban sonriendo totalmente embelesados.

 

FIN

 

Propuesta indecente 18.

Alma Gemela

Un mes después de iniciar su relación, propiamente dicha, Erika y Nick decidieron ir con Alice y Daniel a tomar café a casa de los padres de Nick y Daniel. Tan solo faltaba una semana para la celebración del aniversario de los padres de ellos y la madre había expresado su deseo de conocerlas antes de que llegara el gran día.

Erika y Alice estaban nerviosas, querían agradar a sus suegros y se habían vestido para la ocasión. Los chicos les aconsejaron que fueran en tejanos, los Button no eran una familia rica y remilgada y no tenían en cuenta el dinero ni la ropa cara a la hora de valorar a una persona. Aun así, Erika quería ir arreglada, así que optó por unos tejanos pitillo, unos botines negros con tacón de aguja, una camisa blanca con manga de 3/4 y una ceñida y elegante americana de color negro que la hacía más sofisticada sin parecer excesivamente arreglada. Alice también se había puesto unos tejanos, unas botas altas y un fino jersey de cuello de barco. Las dos parejas se dirigieron en el coche de Nick a casa de los Button, que estaba situada a las afueras de la ciudad.

Nick aparcó el coche en una amplia calle de una urbanización y salió del coche rápidamente para ayudar a salir a Erika.

–  Ésta es la casa dónde me crie. – Le susurró al oído en cuanto Erika salió completamente del coche y la besó. – ¿Estás preparada para entrar o prefieres dar media vuelta?

Erika miró la casa que Nick le señalaba, una preciosa casa adosada con jardín y garaje. Se imaginó a Nick, Daniel y Jessica de niños corriendo por el jardín y sonrió.

–  Estoy preparada, pero también estoy muy nerviosa. – Le confesó Erika.

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Le susurró Nick abrazándola y besándola levemente en los labios antes de llamar al timbre de la casa.

La puerta de hierro forjado se abrió y Nick fue el primero en traspasar la puerta, seguido de Erika, que continuaba aferrada a la mano de Nick ya que él no estaba dispuesto a soltarla. Después entraron Alice y Daniel, también cogidos de la mano.

La puerta principal de la casa se abrió y de ella aparecieron dos figuras, los futuros suegros de las dos chicas que les miraban nerviosas y emocionadas.

Nick tuvo que tirar de Erika para que se moviera del sitio, estaba demasiado nerviosa, ella no era de las que dejaba que una relación avanzara tanto como para conocer oficialmente a los padres de su novio, con el que solo llevaba un mes y al que solo conocía desde hacía un mes y una semana.

–  Cariño, no estés tan tensa. – Le susurró Nick mientras cruzaban el jardín y subían los cuatro escalones que conducían al pequeño porche. Le dio un recatado beso en la mejilla y Erika sonrió ante aquel inocente pero dulce beso. – Estás preciosa cuando sonríes. – Nick fue el primero en llegar hasta a sus padres y les saludó sonriendo alegremente para después presentarles a Erika, a la que mantenía agarrada de la cintura por si decidía salir corriendo en el último momento: – Papá, mamá, ella es Erika Blackwell. – Se volvió hacia Erika y añadió: – Cariño, ellos son mis padres, Bruce y Karen Button.

Jess se había ido con sus amigas a pasar el fin de semana fuera y no regresaría a casa hasta el domingo, así que solo estaban en casa Karen y Bruce. A Erika le hubiera gustado que Jess hubiera estado allí, le caía bien y estaba segura de que le hubiese sido de ayuda.

–  Encantada de conocerles, señores Button. – Les saludó Erika educadamente.

–  Llámanos Bruce y Karen, por favor. – La saludó Karen encantada con la belleza y la educación de su futura de nuera. – Sin duda eres tan hermosa como Nick me había dicho.

Erika le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y Nick, viendo cómo se ruborizaba, decidió ruborizarla un poco más y dijo:

–  Es preciosa por fuera y por dentro, por eso me he enamorado de ella.

Erika se puso como un tomate y le suplicó a Nick con la mirada que parara. A otras chicas les encantaba que les hicieran cumplidos, pero ella nunca había sabido comportarse con naturalidad. Por suerte Daniel la sacó del atolladero al saludar a sus padres y presentar a Alice, quién recibió la misma cariñosa bienvenida que Erika.

–  Pasad al salón, ¿qué queréis beber? – Les ofreció Karen.

–  Yo quiero una cerveza, cielo. – Le dijo Bruce a su esposa.

Todos optaron por tomar una cerveza, incluso Karen. Daniel acompañó a su madre a la cocina para ayudarla a traer las bebidas al salón y Bruce aprovechó para mirar a las dos chicas que tenía delante. Nadie podía negar que sus hijos tenían buen gusto, ambas eran realmente preciosas, cada una en su estilo. Observó cómo su hijo mayor, al que nunca había visto en actitud cariñosa con una mujer en público aunque sabía que bien lo hacía en privado, no había soltado a Erika desde que habían entrado en casa y la miraba y le sonreía constantemente, se notaba que se preocupaba por ella al igual que se notaba lo nerviosa que ella estaba. Alice parecía más relajada, miraba a su alrededor analizando cada detalle de la ubicación y la decoración de la casa, era una chica muy observadora y le gustaba verla tan relajada, pero los ojos de Bruce no podían apartarse de Erika. Le gustaba ver cómo se comportaba su primogénito con aquella chica, parecía ser alguien distinto.

–  Chicas, ¿qué tal os tratan mis hijos? – Quiso saber Bruce.

–  Creo que de momento no nos podemos quejar. – Bromeó Alice.

Erika intercambió una mirada con Nick y ambos se sonrieron. Daniel y Karen regresaron al salón con seis botellines de cerveza y seis copas que sirvieron para todos los presentes.

–  Y tú, ¿qué dices, Erika? – Le preguntó Bruce. – ¿Soportas sus cambios de humor?

Bruce dio en el clavo y Erika se echó a reír, haciendo que Nick frunciera el ceño en señal de protesta, lo que provocó las carcajadas de todos.

–  Cariño, yo no tengo cambios de humor. – Insistió Nick fingiendo estar molesto.

–  Es cierto, yo lo describiría como doble personalidad. – Se mofó Erika y todos volvieron a reír a carcajadas. Cuando se recuperaron, Erika añadió: – Pero lo soporto encantada.

Nick miró a Erika y le sonrió. Le encantaba verla bromear con su familia, los nervios previos habían desaparecido y ahora estaba relajada y cómoda entre los miembros de su familia. Nick quería besarla y no quiso esperar a que se quedaran a solas, así que la atrajo hacia a él y la besó delante de todos los que allí estaban presentes. Karen y Bruce se miraron y se sonrieron, ambos encantados de ver a sus hijos tan enamorados y felices.

Durante un par de horas, hablaron de infinidad de cosas pero sobre todo de la pequeña celebración del aniversario de Karen y Bruce. Karen quiso asegurarse de que sus recién descubiertas nueras estuviesen allí la próxima semana y ellas así se lo confirmaron.

Karen quiso que se quedaran a cenar, pero Nick le dijo que ya tenían planes. Daniel utilizó la misma excusa que su hermano para marcharse con ellos, él también quería estar a solas con Alice.

Las dos parejas se montaron en el coche de Nick y se dirigieron al apartamento de las chicas. Erika y Alice se rieron del pacto de no llevar chicos a casa, con aquellos hermanos se lo habían saltado a la primera de cambio a pesar de que en la universidad estuvieron cinco años cumpliéndolo a raja tabla.

Pidieron comida tailandesa y cenaron en el salón mientras los cuatro bromeaban sobre el primer encuentro de las chicas con los padres de Nick y Daniel. A medianoche, Nick no pudo contenerse más y le susurró a Erika al oído:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

Erika asintió con la cabeza y le dio un leve beso en los labios a Nick para después levantarse del sofá y despedirse de Alice y Daniel. Nick sonrió encantado, Erika le entendía y pensaba igual que él. Apenas quince minutos más tarde, ambos entraban en el apartamento y se acomodaban en el sofá del salón. Erika se percató de que Nick estaba muy cariñoso, la abrazaba y la besaba inocentemente, solo porque quería sentir su contacto, y eso le gustó. Hacía mucho que Erika no estaba tan a gusto con un hombre, el mismo tiempo que hacía que no compartía secretos con el mismo hombre con el que se acostaba. Nick observó cómo Erika fruncía el ceño y le preguntó:

–  ¿Qué estás pensando para que hayas fruncido el ceño?

–  Supongo que se me hace rara toda esta situación.

–  Define “rara”. – Le pidió Nick.

–  Si hace poco más de un mes me hubieran dicho que estaría empezando una relación con alguien me hubiera echado a reír, por no mencionar que encima sería con la mano derecha de mi padre. – Le confesó Erika. – Creía en el amor, pero no creía que fuera para mí. Y ahora, estoy sentada en el sofá de tu apartamento, después de haber pasado la tarde con tus padres y haber cenado con tu hermano y mi mejor amiga.

–  ¿Preferirías estar en otra parte?

–  No querría estar en ningún otro lugar, eso es lo raro. – Le explicó Erika. – Siempre he sentido pánico cuando una relación empezaba a ser seria y, sin embargo, contigo he hecho en un mes lo que nunca en veintitrés años se me había pasado por la cabeza, conocer a los padres de mi novio. Dijimos que iríamos despacio pero todo está yendo demasiado rápido y me da igual, me gusta estar contigo.

–  Pues múdate a mi apartamento. – Le propuso Nick feliz por lo que acababa de escuchar.

–  ¿Qué? – Fue lo único que logró decir Erika.

–  Cariño, prácticamente ya vivimos juntos. – Le dijo Nick con la voz ronca. – Los fines de semana vives en mi apartamento las veinticuatro horas, entre semana desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos y al menos dormimos juntos un par de noches más entre semana. Prácticamente, ya vivimos juntos. – Insistió Nick. – Solo supondría dormir un par de noches más aquí durante la semana y traer algunas de tus cosas, lo que necesites para sentirte cómoda.

–  Nick, dijimos que iríamos despacio y estás pisando el acelerador a fondo. – Río Erika. – Me encanta estar contigo, pero quiero seguir teniendo mi propio apartamento. Además, si te enfadas conmigo no querrás tenerme y créeme, te enfadarás conmigo.

–  De acuerdo, tómate tu tiempo para pensarlo. – Dijo Nick resignado. – Ya te dije que estaba dispuesto a esperar si es eso lo que quieres.

Erika le besó y Nick la colocó en un solo movimiento a horcajadas en su regazo y la abrazó mientras seguían besándose.

–  De momento, tendré que conformarme con que te quedes esta noche. – Le susurró Nick a Erika con la voz ronca.

Ambos se miraron a los ojos y después se devoraron la boca con pasión mientras sus manos se movían ansiosas por deshacerse de la ropa.

Propuesta indecente 17.

Alma Gemela

Adolf Wolf finalmente aceptó la oferta de Blackwell Company y convocó una reunión con Erika y Nick diez días más tarde. El día antes de la reunión con Wolf, Eduard vio salir de su despacho a su hija y quiso hablar con ella ahora que Nick parecía no estar cerca. Aquellos dos se traían algo entre manos y Eduard no entendía por qué trataban de ocultárselo, él no se iba a interponer en su relación, al menos no lo haría si no interfería negativamente en su trabajo, cosa que hasta ahora no había ocurrido.

–  Erika, ¿tienes un momento? – Le preguntó Eduard.

–  Claro, papá. – Le respondió Erika acercándose a él.

Ambos entraron en el despacho de Eduard y se sentaron cómodamente, sabiendo que se avecinaba una conversación difícil.

–  Sé que no tengo ningún derecho a preguntarte y no pienso meterme en tu vida privada, aprendí la lección hace mucho tiempo. – Empezó a decir Eduard. – Pero me gustaría que confiaras en mí, Erika. Sé que hay algo entre tú y Nick y me parece bien, Nick es un gran chico, educado, trabajador e inteligente. No entiendo por qué me lo queréis ocultar.

–  Papá, no pretendemos ocultártelo. – Le aclaró Erika. – Nos estamos conociendo y queremos esperar un poco antes de hacer pública nuestra relación.

–  Entonces, ¿vais en serio? – Quiso saber Eduard.

–  Nuestras intenciones son serias, pero no sé si lo nuestro llegará a alguna parte. – Le dijo Erika a modo de respuesta. – No te preocupes, ambos somos adultos y nada de lo que suceda influirá negativamente en nuestro trabajo.

–  Entonces, si estás saliendo con Nick, no te importará venir a cenar con él a casa, ¿no? – Le preguntó Eduard. Erika puso los ojos en blanco y Eduard añadió: – Solo quiero estar seguro de lo que me estás diciendo, Erika.

–  Necesitas que te lo demuestre. – Le entendió Erika. Cogió el teléfono de su padre, marcó la extensión de Nick y le dijo cuándo descolgó: –  Nick, ¿puedes venir un segundo al despacho de mi padre?

–  Claro, ahora mismo voy. – Contestó Nick antes de colgar.

Nick se dirigió al despacho de Eduard un poco preocupado por el tono de Erika, no le había parecido muy contenta y temía que iba a tener problemas. Pero se armó de valor y entró en el despacho de Eduard decidido a defender su relación con Erika. Nick vio a Erika y Eduard sentados en sus sillones y en cuanto él entró Erika se puso en pie. Él caminó hasta quedar a su lado y les preguntó:

–  ¿Qué puedo hacer por vosotros?

–  Bésame. – Le contestó Erika.

–  ¿Cómo? – Le preguntó Nick sorprendido.

Erika volvió a poner los ojos en blanco y decidió besarle directamente. Nick no se podía creer que Erika le estuviera besando con lengua delante de su padre y, cuando por fin se separó, la oyó preguntarle a su padre:

–  ¿Ya estás contento?

–  Ahora sí. – Le contestó Eduard a su hija sonriendo divertido. Se volvió hacia a Nick y al ver su rostro lleno de confusión decidió apiadarse de él: – Solo quería asegurarme del motivo por el cual vosotros dos estáis tan raros y fingís que no os conocéis.

Aquello no le aclaró nada a Nick, en todo caso lo confundió más.

–  Será mejor que no preguntes, créeme. – Le dijo Erika a Nick.

–  Nick, le estaba diciendo a Erika que me gustaría que vinieses a cenar a casa. – Le dijo Eduard a Nick, encantado de que aquél fuera su futuro yerno.

–  Papá, ya habrá tiempo para eso más adelante. – Le replicó Erika. – Y no quiero que confabules a mis espaldas. No quiero que ninguno de los dos lo haga. – Repitió mirando a Nick.

Ambos levantaron las manos en señal de paz y Erika les escrutó con la mirada antes de marcharse a su despacho para seguir preparando la reunión con Wolf.

–  Eduard, conocí a Erika sin saber que era tu hija y…

–  No tienes que explicarme nada, Nick. – Le interrumpió Eduard sonriendo. – Mi hija es una montaña rusa, tendrás que tener paciencia con ella y yo no podré echarte una mano, hace mucho que le prometí que no me entrometería en sus relaciones y pienso mantener mi promesa.

–  Te aseguro que nada de esto influirá negativamente en nuestro trabajo, Eduard. – Le aseguró Nick.

–  Estoy seguro de ello. – Afirmó Eduard. – Ahora será mejor que vayas a ver a mi hija y trates de calmarla, creo que la he puesto un poco furiosa y si voy yo solo conseguiré que se enfade más. Puede que esta relación nos beneficie a todos. – Bromeó Eduard.

Nick salió del despacho de su jefe sonriendo y fue a buscar a Erika, que estaba trabajando en su despacho.

–  Cariño, ¿podemos hablar? – Le preguntó Nick desde la puerta.

–  Pasa. – Le contestó Erika. Esperó a que entrara y cerrara la puerta y añadió: – Lo siento por la encerrona pero era necesaria, créeme. Además, mi padre ya lo sabía y no me preguntes cómo porque no tengo ni la menor idea.

Nick se acercó a ella y la besó. Estaba tensa y cuando sus labios se posaron en los de ella esa tensión desapareció y todo su cuerpo se relajó.

–  No hay problema, cariño. – Le dijo Nick a Erika. – Tu padre nos conoce demasiado bien a los dos, ha debido deducirlo sin más. No le des importancia.

–  Ese no es el problema.

–  Entonces, ¿cuál es el problema? – Insistió Nick con paciencia.

–  Da igual, es una tontería. – Le respondió Erika quitándole importancia.

–  No será una tontería cuando te lo tomas así.

–  Mi padre me dijo que sabía que estábamos juntos y, cuando se lo confirmé sin rodeos, creyó que había sido demasiado fácil y que se lo había dicho solo para entretenerlo mientras tramaba cualquier otra cosa. Mi padre no confía en mí y solo es culpa mía. – Reconoció Erika.

–  Eduard confía en ti, no te hubiera puesto al mando de semejante negociación si no lo hiciera, cariño. – Le dijo Nick acariciándole la mejilla con el dorso de la mano. – Pero quizás su reacción tenga algo que ver con tener prohibido meter las narices en los asuntos sentimentales de su única hija, ¿no crees? Entiendo que haya ciertos temas de los que no quieras hablar con tu padre, pero quizás debáis encontrar un término medio. – Nick le dio un beso en los labios y añadió: – Yo no le hablo a mis padres de las aventuras sexuales que tengo, pero sí que comparto con ellos lo que es digno de mención.

–  ¿Le has hablado de mí a tus padres? – Le preguntó Erika sorprendida.

–  Sí, les dije que había conocido a una chica especial que me gustaba y que esa chica era la hija de mi jefe. – Le respondió Nick. – Mi madre quiso que te invitara a su fiesta de aniversario, pero le expliqué que me lo estabas poniendo difícil y que no creía que aceptaras la invitación, por eso mis padres preferían que Jess no fuera con su novio. Después lo arreglamos, pero acordamos ir despacio y no quise presionarte, de eso ya se encargó mi hermana Jess y también de poner al corriente a mis padres de las últimas novedades sobre nuestra relación. – Erika estalló en carcajadas y Nick, divertido con la situación, añadió: – No te rías tanto, mis padres quieren conocerte y quieren hacerlo antes de la fiesta de su aniversario.

–  ¿Qué? – Preguntó Erika poniéndose pálida al instante.

–  Suponía que ibas a reaccionar así. – Le dijo Nick burlonamente. – He pensado que quizás sería mejor hacer una presentación conjunta, ya sabes, tú y Alice, así te encontrarás más tranquila.

–  Se lo comentaré a Alice. – Balbuceó Erika tratando de asimilar la noticia.

–  Te van a adorar en cuanto te vean, no tienes de qué preocuparte. – Le respondió Nick.

Nick fue a darle otro beso, pero alguien llamó a la puerta del despacho de Erika y se apartó discretamente para mantener las formas y las distancias.

–  ¿Interrumpo? – Preguntó Jason asomando la cabeza en el despacho.

–  Pasa, anda. – Le dijo Erika a Jason. – ¿Qué te trae por aquí?

–  Habíamos quedado para comer, ¿no lo recuerdas? – Le dijo Jason un poco molesto.

–  Es cierto, se me había olvidado. – Respondió Erika mirando su reloj.

–  Venga, coge tu bolso. – La apresuró Jason. – Nick, ¿vienes con nosotros?

Nick miró a Erika buscando una respuesta en sus ojos, pero ella le sonrió, le dio un beso en los labios y le contestó a Jason:

–  Nick se viene con nosotros, quiero que vosotros dos os conozcáis un poco.

Los tres salieron del despacho y fueron a comer a un restaurante cercano a la oficina. Eduard les observó salir y supo que aquellos tres se llevarían bien. Eduard no podía ocultar su alegría, por una vez su hija había elegido un hombre que el respetaba y admiraba.

Erika se esforzó para que los dos hombres que estaban con ella mantuvieran alguna conversación interesante que les descubriera algo en común, pero lo único que estaba consiguiendo es que ambos se miraran con cierta desconfianza. Por suerte para todos, Nick y Jason terminaron abriéndose e incluso bromearon juntos.

Al día siguiente, Erika y Nick se reunieron con Adolf Wolf y firmaron el contrato. Tal y cómo Erika había dicho, Wolf era un hombre que quería salvar la empresa familiar por encima de todo, así que escuchó gustoso todos y cada uno de los consejos que Erika le dio.

Propuesta indecente 16.

Alma Gemela

Nick y Erika se despertaron al escuchar el timbre de la puerta. Erika abrió los ojos y vio que era de día, pero no tenía ganas de levantarse de la cama, así que cerró los ojos, ignoró el timbre de la puerta y continuó durmiendo.

Nick se levantó de la cama, se puso un pantalón y se dirigió a la puerta para abrir a quién tan insistentemente llamaba. Pero Nick lo que menos pensaba es que iba a aparecer su hermana.

–  Jess, ¿qué estás haciendo aquí?

–  Yo también me alegro de verte. – Le gruñó Jessica. – Tengo un problema y Daniel me dijo que tenías el día libre, así que aquí estoy. – Jessica miró a su hermano extrañada, él nunca se levanta tan tarde ni habiendo salido de fiesta la noche anterior, pero tampoco se traía chicas a su apartamento, así que solo podía ser una cosa. – ¿Estás enfermo?

–  ¿Qué? – Le preguntó Nick confundido. – ¿Tengo mala cara?

–  No, es solo que me extraña que estuvieras durmiendo a estas horas un martes a menos que Daniel tenga razón y hayas conocido a la princesa que romperá el hechizo de ese corazón de hielo que se niega a creer que existe alguien para él. – Se mofó Jessica. – ¿Estás con alguien?

–  Sí, pero no es asunto tuyo. – Zanjó Nick.

–  ¡Claro que es asunto mío! – Le espetó Jessica. – Si la has traído a tu apartamento y nunca traes a ninguna chica aquí es porque es especial, te gusta de verdad y quiero conocerla. Es la primera vez que te veo interesado en una chica, incluso tienes esa cara de tonto que se nos pone cuando oímos hablar de la persona de la que estamos enamorados.

–  Será mejor que no le menciones nada de esto. – Pensó en voz alta Nick.

–  ¿Por qué no?

Nick suspiró y le dijo a su hermana:

–  No sé si para ella es pronto iniciar una relación estable, apenas hace diez días que nos conocemos y no quiero asustarla. – Confesó Nick. – Estoy dispuesto a ir todo lo despacio que ella quiera, solo quiero que esto salga bien.

Erika abrió los ojos de nuevo cuando Nick salió de la habitación y se levantó para escuchar detrás de la puerta cuando oyó la voz de una mujer joven. Escuchó toda la conversación que Nick había tenido con su hermana, aunque se metió de nuevo en la cama cuando oyó a Jessica decirle a Nick:

–  Por favor, ve a buscarla. Quiero conocer a mi futura cuñada.

–  Lo intentaré, pero no te prometo nada. – Le respondió Nick.

Nick se levantó del sofá y se dirigió a su habitación. Entró sin hacer ruido y cerró la puerta despacio para después caminar y sentarse junto a Erika en el filo de la cama.

–  Cariño, ¿estás despierta? – Le susurró al oído mientras le acariciaba la mejilla. Erika ronroneó para hacerle saber que estaba despierta pero no abrió los ojos. – Mi hermana está aquí y quiere conocerte, ¿quieres salir a conocerla?

Erika abrió los ojos de golpe y Nick vio reflejada esa expresión de pánico que había visto en ella la noche anterior cuando Irving les acompañó hasta la mesa que había preparado. Nick no quería presionarla, le había prometido que irían despacio, así que le dijo:

–  No te preocupes, le diré que es demasiado pronto.

Erika pudo notar un atisbo de decepción en los ojos de Nick, él quería que ella conociera a su hermana y, aunque no estaba segura de cómo iba a acabar todo esto, se armó de seguridad y le respondió tras darle un beso en los labios:

–  Antes necesito darme una ducha, dame quince minutos y estaré lista.

–  ¿Estás segura? No tienes por qué…

–  Quiero hacerlo. – Le interrumpió Erika. – Pero te agradecería que me dijeras si hay algún tema en particular que no deba mencionar o si hay algo que deba saber.

–  Mi hermana es una cotilla y probablemente incluso trate de organizarnos la boda, pero es una buena chica y terminarás cogiéndole cariño. – Exageró Nick.

Erika le besó en los labios y se levantó de la cama para darse una ducha. Nick regresó al salón con su hermana Jess y veinte minutos después les acompañó Erika.

–  Hola. – Saludó Erika tímidamente.

–  Cariño, ven. – Le dijo Nick sonriendo alegremente. – Quiero presentarte a mi hermana Jessica, la pequeña de los tres. – Nick se volvió hacia su hermana y le dijo: – Ella es Erika.

–  Encantada de conocerte, Erika. – La saludó Jess dándole un beso en la mejilla.

–  Lo mismo digo. – La correspondió Erika con una tensa sonrisa.

–  Por fin mi hermano va a sentar la cabeza y tengo que reconocer que tiene muy buen gusto. – Le dijo Jess divertida. – ¿Cómo os conocisteis?

–  Jess, eso no es asunto tuyo. – Le advirtió Nick a su hermana.

–  Oh, vamos. No estoy preguntando nada malo. – Protestó Jess.

–  Nos conocimos en el Lovers, un tipo nos estaba molestando a mi amiga y a mí y Nick le dio un puñetazo. – Se mofó Erika.

–  Cariño, no hacía falta ser tan explícita. – Le reprochó Nick.

–  Sí que hacía falta. – Sentenció Jess. – ¿Desde cuándo vas pegando puñetazos por ahí?

–  Ahora mi familia cree que soy un monstruo. – Dramatizó Nick con gesto teatral.

–  Hablando de familia, ese es mi problema. – Les dijo Jess. – Papá y mamá celebran su trigésimo aniversario de bodas dentro de tres semanas y yo iba a ir con mi novio, pero mamá dice que si vosotros venís solos lo mejor es celebrarlo en casa en plan íntimo. He convencido a Daniel para que venga con su novia, a la cual también me muero por conocer pero que él no quiere enseñarle a nadie, como si se la fuéramos a quitar. – Rio Jess. – Mis dos hermanos enamorados, ¡qué bonito!

–  La novia de Daniel es la mejor amiga de Erika, Jess. – Le dijo Nick. – Las conocimos cuando estábamos en el Lovers tomando una copa.

–  ¿En serio? Si venís juntos a celebrar el aniversario yo podré ir con mi novio y todos felices. – Le dijo Jess a su hermano. – Piensa en la ilusión que les va a hacer ver a sus hijos con novia.

–  Jess, deja que Erika se lo piense y ya te diremos algo, aún faltan tres semanas. – La cortó Nick antes de que incomodara a Erika. – Vamos a almorzar a la cafetería, necesitamos reponer fuerzas.

Los tres se dirigieron a una cafetería cercana, donde siguieron charlando mientras almorzaban. Jess no quería insistir sobre el tema, su hermano le había dicho que Erika necesitaba tiempo y no quería presionarla. Después de almorzar, Jess se despidió de su hermano y de Erika, a quién le dijo que esperaba volver a verla pronto. Nick pagó la cuenta y guió a Erika de nuevo a su apartamento. Ella no dijo nada, le gustaba saber que era la única chica que había estado allí, además de su hermana y su madre.

Nada más entrar en el apartamento, Nick cerró la puerta y acorraló a Erika contra la pared de la entrada, la agarró del trasero y la alzó haciendo que le rodeara la cintura con las piernas.

–  Cariño, quiero hacerte el amor. – Le susurró Nick al oído.

–  No voy a ser yo quién te lo impida. – Logró contestar Erika.

Hicieron el amor allí mismo y continuaron en el salón, la habitación y, cómo no, también en el jacuzzi.

Erika estaba sentada entre las piernas de Nick y envuelta en sus brazos, con la espalda sobre el pecho de él mientras las burbujas del jacuzzi les relajaban.

–  Esto es mejor que un día en el spa. – Opinó Erika alzando sus brazos para acariciar la nuca de Nick con ambas manos, exponiendo sus pechos.

Nick la besó en la mejilla y colocó sus manos en el vientre de ella para ascender y llegar hasta sus pechos, a los que acarició y excitó jugando con su pezón, apretándolo y rozándolo suavemente. Erika arqueó la espalda y Nick le hizo que abriera las piernas colocándolas por encima de las suyas, dejando libre el acceso a su monte de Venus y todo lo que por allí cerca se hallaba. Nick descendió con sus manos de los pechos de Erika hasta llegar al monte de Venus, pero antes de tocar el punto de excitación femenino, ella gimió por la expectación y el miembro de Nick se puso duro y erecto y presionaba sobre el trasero de Erika. Nick se quedó quieto y Erika gimió y movió el trasero impaciente, él sonrió y le susurró al oído:

–  Tendrás que especificar qué quieres que haga si quieres que esto continúe, cariño.

–  ¿Está es tu venganza por haberle contado a tu hermana que le pegaste un puñetazo a un tipo que trataba de molestarme? – Le preguntó Erika.

–  Más que un castigo, creo que es una recompensa, cariño. – Se mofó Nick. – Dime qué quieres que haga. ¿Cómo quieres que te dé placer?

–  Tócame. – Le contestó Erika.

–  Tienes que ser más explícita. – Le recordó Nick divertido.

Erika cogió la mano de Nick y la colocó sobre su monte de Venus. En lugar de decirle lo que ella quería, decidió enseñárselo. Se acarició el clítoris con el dedo de Nick y, cuando estaba lo suficiente húmeda, introdujo su dedo corazón mientras que con el pulgar le seguía animando a estimular el clítoris. Cuando él aprendió el movimiento, Erika dejó esa mano y cogió la otra para colocarla sobre sus pechos. Hizo que Nick primero los sopesara y después los estrechara. Con el pulgar y él índice le animó a que le pellizcara los pezones y cuando lo hizo ella se arqueó y gimió. La entrepierna de Nick se movió inquieta al escuchar el gemido de Erika y ella, al notarlo, le dijo:

–  Quiero que me penetres tal y cómo estamos y que hagas que nos corramos.

–  Tus deseos son órdenes para mí, cariño. – Le contestó Nick besándola en los labios.

Nick obedeció de inmediato y la penetró de una sola estocada, seguida de otras muchas hasta que ambos estaban a punto de llegar al clímax y Nick salió de ella para eyacular fuera, pero siguió estimulando a Erika con la mano hasta que ambos quedaron satisfechos.

Propuesta indecente 15.

Alma Gemela

Nick entró en el Lovers agarrando de la cintura a Erika. Una cosa era que quisieran ir despacio y otra muy distinta que los buitres que había alrededor creyeran que estaba libre.

A Erika le gustó que Nick la rodeara por la cintura, aunque ignoraba el verdadero motivo por el que lo hacía.

Alice y Daniel les vieron en cuanto entraron por la puerta y les hicieron una señal para que se sentaran en su mesa. Mientras caminaban hacia donde estaban Alice y Daniel, Nick le susurró a Erika en el oído:

–  No creo que pueda contener las ganas que tengo de besarte.

–  Tendrás que hacer un esfuerzo. – Le contestó Erika burlonamente.

–  Y, ¿si con eso no es suficiente? – Insistió Nick.

–  Supongo que tampoco se acabaría el mundo. – Le contestó Erika encogiéndose de hombros y después le besó en los labios sin importarle quién les pudiera ver.

–  Que conste que no es una queja, pero creo que lo de ser discretos no ha funcionado. – Bromeó Nick abrazando a Erika.

Llegaron a la mesa donde estaban Alice y Daniel y se sentaron con ellos. Se saludaron los cuatro con una cómplice sonrisa, pero ninguno mencionó el beso que acababan de ver.

Pidieron una ronda de copas y los cuatro brindaron por el destino que cruzó sus caminos una noche hacía diez días.

–  Siento haber metido la pata esta tarde con tu padre. – Se disculpó Daniel con Erika.

–  No tienes que disculparte, no es culpa tuya. – Le respondió Erika con una dulce sonrisa. – La culpa es solo mía.

–  ¿A qué te refieres? – Quiso saber Nick.

–  Eduard me preguntó desde cuándo nos conocíamos y yo le dije que desde el sábado pasado así que Eduard hizo cálculos y dedujo que ya os conocíais cuando el domingo fuisteis a comer a su casa y fingisteis que no os conocíais. – Le explicó Daniel sintiéndose culpable.

–  No pasa nada, Eduard no se lo ha tomado mal. – Le quitó importancia Nick.

Erika sabía que su padre no interferiría en su relación con Nick, fuera cual fuera la relación que ellos tuvieran. Después de dejar a Piero y ver cómo su hija se encerró en sí misma le dolió tanto a Eduard que se prometió que nunca más interferiría en su vida privada porque solo quería verla feliz. Erika no lo pasó nada bien tras la ruptura con Piero, pero sabía que era lo mejor para los dos porque ambos querían vidas totalmente diferentes, aunque se amaban.

Erika no había vuelto a sentir eso por nadie, pero ahora lo estaba sintiendo por Nick. Puede que se estuviera precipitando, que el hecho de trabajar juntos debería hacerles dar marcha atrás, pero estaba dispuesta a luchar para conseguir la felicidad y en ese momento su felicidad era estar junto a Nick.

–  Erika, ¿estás bien? – Le preguntó Nick a Erika al verla distraída.

–  Sí. – Le contestó ella sonriendo felizmente. Se acercó más a él y le susurró: – Tengo un problema, necesito besarte con urgencia.

Nick no se lo pensó dos veces y la besó con tanta urgencia como la que fue capaz. Alice y Daniel les miraron y después ambos sonrieron y se besaron.

Se tomaron un par de copas, charlaron con Alice y Daniel, bailaron un par de canciones y, un par de horas después de haber llegado, Erika le susurró a Nick al oído mientras bailaban una romántica balada de Pablo Alborán:

–  Creo que ya nos podemos ir, ¿no crees?

–  Estoy totalmente de acuerdo. – Convino Nick.

Ambos se despidieron de la otra pareja y Alice le advirtió a Erika que no pasaría la noche en el apartamento porque se quedaría con Daniel.

Erika pensó que podían ir a su apartamento y estarían a solas, pero Nick tenía otros planes en mente, quería llevar a Erika a su apartamento y que fuera la única mujer, además de su madre y su hermana, que entraba en su guarida.

Nick ayudó a Erika a subir al coche y después subió él. Antes de que pudiera arrancar el coche, Erika le preguntó:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

–  No, quiero que vayamos al mío. – Le contestó Nick.

Erika lo miró confundida, Jason le había dicho que Nick nunca llevaba a sus amantes a su apartamento y a todas las llevaba a su estudio, pero a ella acababa de invitarla y no pensaba rechazar esa invitación.

–  En ese caso, espero que vivas solo. – Bromeó Erika. – Pero me gustaría pasar primero por mi apartamento para coger algo de ropa. Mañana por la mañana no querré salir a la calle con este vestido puesto.

Pasaron por el apartamento de Erika y pocos minutos después, Nick aparcaba el coche en el parking de su edificio y se dirigía con Erika hacia el ascensor para subir al ático. En el ascensor, Erika comenzó a jugar a quitarle la corbata a Nick y desabrocharle los botones de la camisa mientras que él deslizaba las manos de la cintura a los muslos de ella, excitándose más de lo que ya estaba. Sin poder contenerse más, la agarró con una mano por la nuca y la atrajo hacia a él para besarla con absoluta necesidad. Erika le correspondió con la misma necesidad, pero las puertas del ascensor se abrieron interrumpiendo el momento. Nick agarró a Erika de la mano y la arrastró hasta la puerta, se sacó las llaves del bolsillo y la abrió. Entonces, cogió a Erika en brazos entró con ella traspasando el umbral para después cerrar la puerta con un suave golpe con el pie. Erika se agarró al cuello de Nick y, sin prestar la menor atención al apartamento, comenzó a lamerle el lóbulo de la oreja.

–  Estás muy cariñosa. – Comentó Nick burlonamente.

–  ¿Es una queja? – Se mofó Erika.

–  Para nada, tan solo es una apreciación. – Le contestó Nick besándola en los labios antes de dejarla en el suelo. – ¿Te apetece una copa?

–  Mm… Lo cierto es que tenía otra cosa en mente, pero supongo que una copa tampoco estaría nada mal. – Le confesó Erika sonriendo pícaramente.

–  Mientras sirvo las copas, puedes contarme qué tenías en mente. – La animó Nick con una sonrisa traviesa.

Y Erika se sonrojó confirmando lo que ya sospechaba Nick. Sirvió dos copas de algún tipo de licor con alcohol y le entregó una de las copas a Erika mientras le preguntaba:

–  ¿Quieres que te enseñe el apartamento?

–  No hacía falta que me trajeras aquí, Nick. – Le dijo Erika. – Podríamos haber ido a mi apartamento, al Seasons o a cualquier otro sitio, excepto a tu estudio, claro.

–  Lo sé, pero quería traerte aquí. – Le dijo Nick abrazándola con ternura. La cogió de la mano y le enseñó el apartamento: – Este es el salón-comedor-cocina y en el pasillo está un aseo, una habitación de invitados, un baño, mi despacho y mi habitación con baño incluido. No es muy grande, pero para mí solo es suficiente. He comprado un terreno a las afueras de la ciudad donde quiero construir una casa, pero aún no me he decidido por ninguno de los planos que ha diseñado el arquitecto.

–  No sé mucho sobre arquitectura, pero todo el mundo dice que tengo buen gusto para diseñar y decorar, por si quieres contar con otra opinión. – Le dijo Erika.

–  Me encantaría contar con tu opinión, puede que dentro de poco vivamos juntos en esa casa. – Le susurró Nick al oído.

–  Eso es ir demasiado deprisa, señor Button. – Bromeó Erika. – Pero me encantaría ayudarte, aunque probablemente después no escuches ni sigas mis consejos.

–  Mientras que no quieras convertir mi casa en una mansión de la Barbie Malibú, todos estaremos contentos. – Bromeó Nick.

Erika estaba excitada, la conversación le resultaba muy interesante pero ya tendrían otra ocasión para hablar de ello. Ahora quería dedicarse a otra cosa. Entró en la habitación de Nick y la observó detenidamente, incluyendo el baño con un enorme jacuzzi que tanto le gustaban a ella.

Nick observaba todos y cada uno de sus gestos mientras recorría la habitación y disfrutaba con lo que ella iba descubriendo. Supo nada más ver su cara que el jacuzzi la volvería loca y rápidamente pensó de cuantas maneras la podría hacer disfrutar allí.

–  Un apartamento típico de hombre soltero, pero muy bonito. – Se acercó a él para darle un beso en los labios y añadió: – Hemos tomado una copa, me has enseñado tu apartamento, ¿qué quieres hacer ahora?

–  Quiero llevarte al paraíso, cariño. – Le susurró Nick con la voz ronca.

Con demasiada lentitud para el gusto de Erika, Nick se terminó de desnudar de cintura para arriba y se quitó los zapatos antes de volver a besar a Erika. Después bajó la cremallera de su vestido y dejó que la tela roja cayera al suelo resbalando por la suave piel de ella. Se deleitó mirándola tan solo vestida con un sujetador rojo sin tirantes y un tanga con liga sujetando sus medias hasta los muslos, todo del mismo color rojo que el vestido.

–  Eres preciosa, Erika.

–  Si me lo dices tantas veces, puede que acabe creyéndomelo. – Bromeó Erika. Le besó en los labios y, con una mirada felina que volvió loco a Nick, le dijo: – Creo que deberías continuar desnudándome, aún no has terminado.

Nick sonrió y le desabrochó el sujetador, dejándolo caer al suelo junto con el resto de la ropa que se habían quitado. Sus ojos brillaron cuando vio aquellos dos pechos firmes y redondos con los que había estado soñando todas las noches desde que la conocía y no pudo evitar lamer ambos pezones con la punta de su lengua y acariciarlos con ambas manos. Nick se entretuvo un rato en los pechos de Erika y prosiguió con su misión: terminar de desnudarla. Desabrochó el liguero de las medias y se las quito acariciando cada centímetro de sus largas piernas y después hizo el mismo ritual con el liguero y el tanga. Nick la estrechó entre sus brazos cuando la tuvo completamente desnuda y la besó con pasión mientras sus manos acariciaban la espalda y los muslos de ella.

Erika se apartó con suavidad de él y le sonrió. Acarició el pecho y el abdomen de Nick, tan musculoso y definido que le hizo preguntarse de dónde sacaría tiempo aquél hombre para ir al gimnasio. Desabrochó sus pantalones y se los bajó junto a los bóxer negros que llevaba. Se arrodilló frente a él para ayudarle a deshacerse de las prendas de ropa que se habían atascado a sus pies y cuando alzó la vista y vio su miembro erecto no se lo pensó dos veces y se lo metió en la boca.

Nick se sorprendió ante semejante contacto que no esperaba y tuvo que hacer un esfuerzo por no dejarse llevar y correrse en su boca. Le encantaba lo que ella le estaba haciendo pero si la dejaba continuar el juego acabaría pronto. La cogió por los hombros y la obligó a ponerse en pie. Erika le miró con el ceño fruncido y le preguntó:

–  ¿No te gusta?

–  Cariño, me encanta. – Le contestó Nick y al ver que su ceño seguía estando arrugado decidió aclararle: – Si me la chupas una vez más, me corro. Supongo que no querrás que me corra tan pronto, ¿verdad?

Nick la besó en los labios y la tumbó sobre la cama cuando la vio sonreír. Colocó el trasero de ella en el filo del colchón y sus pies sobre los hombros de él, dándole una panorámica completa de lo que tanto ansiaba. Nick besó, lamió, mordió y acarició todo lo que estaba a su alcance, sobre todo el sexo de ella y sus pechos que tan loco le volvían. Cuando la tuvo preparada y a punto de correrse, la puso boca abajo y le alzó el trasero colocando una mano sobre su bajo vientre. En esa postura, Nick podía penetrarla y seguir estimulando su clítoris con la mano para que el orgasmo que ella sintiera fuera mayor de lo que ella se esperaba. Se puso un preservativo y eso fue lo que sucedió. Erika no se lo podía creer, Nick se las había apañado bastante bien para llevarla al paraíso y estaba a punto de conseguirlo. Nick supo que ella estaba a punto de correrse y la animó a hacerlo susurrándole al oído con voz ronca:

–  Quiero oír cómo gimes, cariño. – Le dio un suave azote en el trasero y añadió: – Córrete cariño, córrete para mí.

Erika no pudo más y estalló. Gimió como nunca antes había gemido mientras sentía como Nick aceleraba sus embestidas dándole cada vez más placer hasta que ambos sucumbieron. Nick se tumbó sobre ella y al notar que a ella le costaba respirar se echó hacia a un lado e invirtió las posiciones, colocándola a ella sobre él, y así se quedaron dormidos.

Propuesta indecente 14.

Alma Gemela

Erika se sorprendió cuando Nick le empezó a hablar de su vida sin que ella se lo pidiera. Había evitado preguntarle nada porque él nunca mencionaba nada de su familia y temió meter la pata, además tenían ese estúpido trato de que su relación sería estrictamente profesional. Nick le contó que se había criado en una familia de clase media y que sus padres, a pesar de que no le habían podido dar todo lo que él quería, siempre le habían dado cariño a él, a su hermano Daniel y a su hermana Jessica, la pequeña de los tres hermanos. Había ido a la universidad con la ayuda de una beca y lo que sus padres le habían podido dar. Él solo se había labrado su futuro y se había ganado hasta el último céntimo trabajando con esfuerzo y dedicación.

A Erika le gustaba oír cómo Nick hablaba de sus padres, de sus hermanos y sobre todo le encantaba oírle contar anécdotas y travesuras de su infancia y adolescencia.

–  ¿Qué dices de las chicas? ¿Has tenido alguna relación seria? – Le preguntó Erika.

–  No desde el instituto. – Confesó Nick. – Desde que entré en la universidad me centré en mis estudios y después en mi trabajo. No tenía ni tiempo ni ganas de mantener una relación estable, aunque quizás era porque no había encontrado a la persona adecuada que me hiciera cambiar de opinión. – Nick la miró a los ojos y cuando vio que Erika le miraba un poco confundida decidió preguntarle algo que quería saber: – ¿Qué me dices de tus relaciones? Tengo entendido que te los buscas… peculiares, como el tal Piero Varoso.

–  Digamos que me gustan las relaciones complicadas, por suavizarlo de algún modo. – Bromeó Erika. – De todos los tipos “peculiares” con los que he salido, Piero es la única relación estable que he tenido. Lo conocí en Barnacles durante el primer año de universidad y nuestra relación duró unos dos años, hasta que nos detuvieron en una de las carreras ilegales que Piero organizaba. Las cosas no acabaron muy bien ese día y decidimos dejar la relación por el bien de los dos.

–  Pero, os habéis estado viendo después, ¿no? – Insistió Nick.

Erika le miró a los ojos antes de responder. Sabía que su respuesta no le iba a gustar pero tampoco estaba dispuesta a mentir, así que le dijo:

–  Sí, hemos seguido viéndonos.

Nick no dijo nada pero Erika pudo ver cómo su mandíbula se tensaba y se lamentó por habérselo contado a Nick, acababa de fastidiar la noche. Erika quería salvar la noche y no pensaba dejar las cosas así.

–  Entre Piero y yo no hay nada, solo somos dos viejos amigos que de vez en cuando coinciden en la misma ciudad y salen a cenar. – Le dijo Erika.

–  No tienes que darme explicaciones, Erika. Tan solo quiero conocerte. – Le dijo Nick. – Si no quieres contarme algo, no tienes por qué hacerlo.

Erika contuvo las ganas que tenía de besarle y, armándose de valor, le dijo:

–  Soy un desastre, no debería haber dicho nada, ¿verdad?

Nick ya no pudo contenerse más y la besó, le arrebató un apasionado en los labios que ambos saborearon y disfrutaron. Cuando sus labios se despegaron, se miraron a los ojos durante unos segundos y finalmente Nick susurró:

–  No eres ningún desastre y te agradezco que seas sincera. – Besó el lóbulo de la oreja de ella y descendió por su cuello dejando un reguero de besos por donde pasaban sus labios. Paró al llegar a su hombro y Erika esperó que continuará, pero Nick le dijo: – Me encantaría seguir con lo que estoy haciendo cómo sé que te gustaría a ti, pero antes debo contarte algunas cosas.

–  Soy todo oído. – Le contestó ella con la voz ronca.

Nick pudo comprobar lo excitada que estaba cuando oyó su voz. Quería ser sincero con ella al igual que ella lo había sido con él, pero sabía que eso podía traerle problemas. En cualquier caso, decidió arriesgarse y ser sincero con Erika.

–  Creo que, si recuerdas la noche que nos conocimos, puedes hacerte una ligera idea de la clase de relaciones que tenía. – Le dijo Nick.

Erika se percató de que hablaba en pasado, pero por el momento prefirió ignorarlo.

–  ¿Nunca repites con ninguna?

–  Solo con las que buscaban lo mismo que yo, un poco de buen sexo. – Contestó Nick. – Aún conservo el estudio donde viví mientras estaba en la universidad y lo he estado utilizando de picadero todo este tiempo.

Erika ya sabía todo eso, Jason se había encargado de mantenerla informada, pero aun así admiró el valor de Nick por confiar en ella y contarle algo así.

–  A mí me llevaste a un hotel, ¿el apartamento quedaba muy lejos de dónde estábamos? – Bromeó Erika después de beber de su copa de vino.

–  El estudio está justo al lado del Lovers. – Fue la respuesta de Nick.

–  Entonces, ¿por qué me llevaste al Seasons? – Le preguntó Erika sin entender nada.

–  No quería llevarte al estudio y tampoco quería llevarte a mi apartamento, se suponía que solo íbamos a vernos esa noche, así que el Seasons me pareció el mejor lugar. – Le contestó Nick. – Por la mañana me desperté y ya te habías ido. Entonces supe que había cometido un error, quería volver a verte.

–  Y entonces nos encontramos en casa de mi padre, casi me muero cuando te vi allí. – Comentó Erika divertida.

–  Casi me muero yo cuando fingiste que no me conocías. – Le reprochó Nick.

–  Se suponía que ese era nuestro trato, si volvíamos a vernos fingiríamos no conocernos. – Se defendió Erika.

–  No utilices mis palabras en mi contra. – Le replicó Nick. – He pasado la última semana más tiempo contigo que con cualquier otra persona los últimos cinco años, con la excepción de tu padre, y la verdad es que me gusta estar contigo. No eres como el resto de las chicas, te gusta comer comida rápida, no cuentas las calorías de todo lo que comes, no eres superficial y, a pesar de que has nacido en una familia rica, eres una persona humilde y trabajadora. Sé que teníamos un trato, pero esta noche hemos decidido olvidarnos de todos los tratos. Solo quiero seguir conociéndote, pero no estoy dispuesto a compartirte con nadie, Erika.

–  A ver si lo he entendido, quieres que nos acostemos juntos pero con exclusividad, supongo que por ambas partes, ¿no? – Intentó aclarar Erika.

–  No has entendido nada. – Le dijo Nick armándose de paciencia. – No quiero acostarme contigo, bueno sí quiero, pero no te estoy proponiendo eso. – Trató de aclarar Nick. – Quiero que vayamos poco a poco, que nos conozcamos sin prisas…

–  A ver si lo he entendido ahora. – Le interrumpió Erika. – Quieres que nos conozcamos poco a poco y mientras tanto no me puedo acostar con nadie, pero tampoco contigo.

–  No me estás entendiendo. – Le dijo Nick sonriendo con ternura. – Me gustas, Erika. Quiero ir despacio contigo porque quiero que esto funcione. No quiero que te acuestes con nadie que no sea yo, pero estoy dispuesto a esperar si así lo deseas.

Erika entendió al fin lo que Nick le estaba proponiendo y no supo qué decir. Nick se puso tenso mientras esperaba la respuesta de Erika, que instantes después asimiló todo lo que acaba de decirle Nick y le contestó:

–  Está bien, poco a poco.

Nick alzó su copa junto a la de Erika y brindó:

–  Por nosotros.

–  Por nosotros. – Dijo Erika antes de besarle.

Se besaron apasionadamente y Nick la estrechó contra su cuerpo para instantes después separarla con suavidad mientras le susurraba al oído:

–  Si seguimos así, nos va a ser difícil ir despacio.

–  No quiero ir despacio, al menos no en cuanto al sexo se refiere. – Le dijo Erika a Nick con la voz ronca. – Ya hemos estado juntos, no tiene sentido esperar a menos que pretendas torturarme.

Nick sonrió al oír las palabras de aquella chica a veces dulce, a veces pícara y a veces una fiera. A penas hacía poco más de una semana que se conocían pero ella le había hechizado.

–  Te aseguro que lo último que haría sería torturarte. – Le susurró Nick a Erika. – Pero me temo que, antes de cumplir tus deseos, tenemos que pasar por el pub donde hemos quedado con Daniel y Alice, a menos que quieras darles plantón.

–  Tengo que confesar que me resulta tentador, pero Alice se enfadará. – Reconoció Erika. – Al menos deberíamos tomar una copa con ellos y luego…

–  ¿Y luego? – Le preguntó Nick maliciosamente para que continuara con lo que iba a decir.

–  Y luego nos iremos a algún lugar dónde tengamos un poco de intimidad para seguir con esta conversación que vamos a dejar pendiente. – Le respondió Erika con una pícara sonrisa en los labios.

Erika y Nick acabaron de cenar, se despidieron de Irving y Armando y se marcharon tras prometerles que regresarían otro día.

Nick condujo hasta llegar al Lovers, entró en el parking del pub y aparcó el coche. Ayudó a Erika a salir del coche y la besó antes de entrar en el pub sabiendo que una vez dentro debían tratar de ser discretos, pues habían decidido ir despacio.

Propuesta indecente 13.

Alma Gemela

Una hora después de haberse marchado, Nick regresaba al apartamento de Erika. Henry, el conserje del edificio, ya le conocía y no le preguntaba a dónde iba, simplemente le saludaba amablemente y le daba los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches. Cuando llegó al apartamento, Erika le invitó a pasar y él le dijo esbozando una gran sonrisa:

–  Estás preciosa.

–  Gracias, tú tampoco estás mal. – Le contestó Erika bromeando.

Nick la siguió al salón y la observó con ese vestido rojo con escote palabra de honor y con el pelo suelto y rizado mientras ella servía dos copas de vino.

–  He reservado mesa a las nueve y media en La Pampa. – Le dijo Erika entregándole una de las dos copas de vino que había servido. – Espero que hayas venido con hambre.

–  ¿En La Pampa? – Preguntó Nick sorprendido. – Creía que tenía una lista de espera de más de seis meses.

–  Y así es, pero conozco al dueño y me ha prometido que nos conseguiría una mesa a las nueve y media. – Le contestó Erika. – Pero esta noche invito yo, es lo menos que puedo hacer por haberte metido en todo este lío.

–  De eso nada, esta noche invito yo que tú has ganado la apuesta. – Le dijo Nick sonriendo. – Y, si quieres agradecerme lo buena persona que soy, estaré encantado de que me invites a cenar otra noche.

–  ¿Te han dicho alguna vez que eres un poco bipolar? – Preguntó Erika.

–  ¿A qué te refieres? – Preguntó Nick confundido.

–  Dijiste que no debíamos volver a vernos, de hecho hiciste bastante hincapié en esa parte, pero ahora me propones que salgamos juntos continuamente, lo cual es justo todo lo contrario a lo que dijiste en un principio y empiezas a desconcertarme. – Le explicó Erika sin reproches.

–  Cuando hicimos el primer trato, no sabía que íbamos a trabajar juntos. – Alegó Nick. – El trato tiene que actualizarse según las circunstancias.

–  Y, ¿qué propones? – Le preguntó Erika divertida.

–  La verdad es que no quiero hacer ningún trato contigo. – Le contestó Nick. – Tengo que decirte que trabajo a gusto contigo y también disfruto tomando una copa contigo. No quiero que nuestra relación sea estrictamente laboral, simplemente quiero poder hablar contigo sin pensar en si estoy rompiendo o no un trato.

–  Siempre y cuando nuestra vida personal no influya en la profesional, estoy completamente de acuerdo. – Le dijo Erika. – Podemos ser dos compañeros de trabajo que de vez en cuando salen a cenar o a tomar una copa.

–  Necesito preguntarte algo, Erika. – Le dijo Nick con rostro serio. – Entre tú y Jason… ¿Hay algo que yo deba saber?

–  Jason es mi mejor amigo. – Le respondió Erika. – ¿Qué problema tienes con él?

–  Creía que era tu prometido, creo recordar que eso fue lo que dijo cuándo se presentó en la oficina el lunes. – Apuntilló Nick.

–  Mi padre y los padres de Jason se conocen desde hace muchos años. Jason y yo siempre nos hemos llevado y tienen la esperanza de que algún día los dos formemos una estupenda pareja, por eso Jason y yo siempre bromeamos con eso. – Le dijo Erika hasta que cayó en la cuenta de algo y le preguntó con una sonrisa burlona: – ¿Creías que me había acostado contigo estando prometida con Jason?

–  ¡Yo que sé! Fuiste tú la que se empeñó en que nuestra relación fuese única y exclusivamente laboral cuando nos enteramos de que trabajaríamos juntos. – Le reprochó Nick molesto.

–  Vale, ¿qué te parece si nos olvidamos de todo y nos limitamos a hacer lo que nos apetezca? – Le propuso Erika a Nick.

–  Eso engloba muchas posibilidades, Erika. – Le dijo Nick con una sonrisa pícara en los labios.

–  Siempre que los dos estemos de acuerdo, no habrá problema. – Le contestó Erika sonriendo divertida. Bebió de su copa y añadió levantándose del sofá: – Será mejor que nos vayamos ya o llegaremos tarde al restaurante.

Nick y Erika salieron del apartamento de Erika y se subieron al BMW i8 de Nick para dirigirse a La Pampa, el restaurante argentino donde iban a cenar. Nick aparcó frente a la puerta y le entregó las llaves del coche al aparcamiento nada más bajarse para después dirigirse hacia la puerta del copiloto para ayudar a salir del coche a Erika, que estaba espectacular con ese vestido.

–  ¿Te he dicho ya que estás preciosa? – Le susurró Nick a Erika mientras entraban en el lujoso local cogidos de la mano.

–  Creo que sí, pero no me importa oírlo de nuevo. – Le contestó ella divertida.

–  En ese caso, estás preciosas. – Le volvió a susurrar Nick al oído, esta vez con la voz ronca.

Erika le dedicó una sonrisa coqueta y ambos se pararon frente al atril del maître, quien saludó alegremente a Erika nada más verla:

–  ¡Señorita Blackwell, qué grata sorpresa!

–  Buenas noches, Irving. – Le saludó Erika con una sonrisa. – He llamado a Armando para que nos reserve una mesa para dos personas a las nueve y media.

–  Ya tenemos la mesa preparada, ¿quieren acompañarme? – Les propuso Irving con su sonrisa permanente en los labios.

Erika y Nick siguieron a Irving a hasta uno de los reservados de los balcones donde habían dispuesto una romántica mesa para dos. Erika se quedó un poco parada y, al ver su gesto de confusión, Irving le dijo con timidez tratando de disculparse al ver que había metido la pata:

–  Armando me dijo que venías con un amigo así que pensé…

–  No te preocupes, Irving. La mesa es perfecta, aunque no me esperaba que tuvierais un reservado libre llamando tan solo con un par de horas antes. – Le cortó Erika antes de que la situación se tornara incómoda.

–  Siempre tenemos un reservado por si aparece un cliente VIP. – Le contestó Irving agradecido.

Nick ayudó a Erika a tomar asiento y después se sentó a su lado. Por suerte para Nick, la mesa estaba dispuesta para contemplar las vistas de la ciudad y ambas sillas estaban colocadas una al lado de la otra, permitiéndole estar todo lo cerca posible de ella.

Irving dejó la carta de vinos y fue a buscar la carta de comida, dejándoles a solas. Nick se volvió hacia a Erika y le susurró divertido:

–  Cuando has visto la mesa, he pensado que saldrías corriendo.

–  Lo siento, es solo que no me lo esperaba. – Le contestó Erika sonrojada. – Le dije a Armando que venía con un amigo y supongo que me malinterpretó. Solo vengo a comer aquí con mi padre, con Alice o con Jason.

Nick se alegró de oír eso porque significaba que no iba allí con alguien cualquiera, aunque no le había gustado la cara de pánico que había puesto al ver la romántica mesa para dos.

–  Nunca había venido aquí, aunque he oído hablar muy bien del lugar. – Comentó Nick tratando de que Erika se relajara. – ¿Qué vino te apetece beber?

–  El que elijas estará bien. – Le contestó Erika con la mirada perdida en el horizonte.

Por supuesto, Nick se percató de que Erika tenía la mente en otra parte pero después de todo lo que había pasado esa tarde, le parecía normal. De hecho, él mismo estaba distraído pensando mil cosas, todas relacionadas con la chica que estaba sentada a su lado.

Irving regresó con Armando Quiroga, el propietario del local y buen amigo de la familia Blackwell, quien saludó a Erika con un efusivo abrazo.

–  ¿Cómo es posible que cada vez que te veo estés más bella? – Le dijo Armando cuando la soltó de su efusivo abrazo. – Además, vienes muy bien acompañada. – Añadió mirando a Nick. – Soy Armando Quiroga, amigo de Erika y de su padre.

–  Encantado de conocerle, soy Nick Button. – Le dijo Nick estrechándole la mano amablemente.

–  ¿Nick Button? ¿Trabajas con Eduard? – Preguntó Armando sorprendido.

–  Sí, trabajo para Eduard Blackwell. – Corroboró Nick confundido.

Armando miró a Erika confundido y ella, a modo de respuesta, se encogió de hombros y le respondió con total naturalidad:

–  Lo sé, pero ya sabes que me gusta ponerle emoción a la vida.

–  Cielo, la gente suele hacer deportes de riesgo, como puenting, barranquismo o se van al parque de atracciones. – Le dijo Armando a Erika cariñosamente. – A ti te gusta tirarte al vacío sin cuerdas de seguridad, cielo. –  No es nada personal, me pareces un hombre encantador y creo que hacéis una buena pareja, pero no me gustaría estar en tu pellejo cuando Eduard se entere. – Le dijo Armando a Nick. – El pobre aún tiene esperanzas de que su única hija acabe contrayendo matrimonio con Jason.

–  ¡Armando! – Le regañó Erika.

–  Querida, creo que si ha conseguido que le traigas aquí, un lugar público lleno de gente, también se merece saber lo que le espera. – Bromeó Armando.

–  Armando, no quiero que lo asustes y acabar cenando sola. – Le dijo Erika divertida.

–  ¿Qué te hace pensar que saldré corriendo? – Le preguntó Nick a Erika en un susurro mientras sonreía pícaramente.

–  Ningún hombre saldría corriendo de tu lado, cielo. – Le dijo Armando a Erika. – ¿Os puedo sorprender con el vino y la comida?

–  A mí me parece estupendo. – Dijo Erika agradecida.

–  Como la señorita desee. – Confirmó Nick sonriendo.

Irving y Armando asintieron y se retiraron, dejando a ambos a solas. Nick, con curiosidad por lo que había dicho Armando sobre lo que Eduard pensaba sobre su hija y Jason Milton, le preguntó a Erika:

–  ¿Alguna vez le has dado falsas esperanzas a tu padre sobre tu relación con Jason?

–  Creo que será mejor que me preguntes qué es realmente lo que quieres saber y así evitaremos rodeos. – Le sugirió Erika.

–  De acuerdo. – Le dijo Nick con el semblante serio. – ¿Ha habido, en algún momento de vuestra vida, algo más que una inocente amistad entre tú y Jason?

–  Ya te dije que Jason y yo solo somos buenos amigos, nada más. – Le contestó Erika sonriendo al ver cómo Nick fruncía el ceño. – Nunca ha habido nada entre nosotros y nunca lo habrá porque es como un hermano para mí.

–  He notado que no le gusto en absoluto, así que deduje que… – Nick se interrumpió cuando Irving apareció para servirnos el vino en dos copas de fino cristal. Cuando Irving se fue, Nick le acercó la copa a Erika y brindó: – Por esta magnífica noche.

Erika brindó con Nick y ambos entablaron una nueva conversación, esta vez y para sorpresa de Erika, sobre la vida de Nick.

Propuesta indecente 12.

Alma Gemela

Nick dejó claro que no era fiable dejar que Erika y Alice continuaran viviendo solas en el apartamento y Eduard, Jason y Daniel estuvieron de acuerdo. Erika y Alice no estaban de acuerdo, pero tampoco estaban dispuestas a llevarle la contraria a los cuatro hombres que las miraban con preocupación, pero tampoco estaban dispuestas a dejar su apartamento.

–  Creo que, mientras evaluamos la situación, podemos seguir viviendo aquí. – Opinó Alice decidida a no abandonar el apartamento.

–  No puedes quedarte aquí, esos narcos pueden venir a buscaros. – Le replicó Daniel a Alice decidido a proteger a su amada.

–  ¿Y qué vamos a hacer? ¿Nos mudamos a casa de nuestros padres? – Ironizó Erika. – Esos tipos nos encontrarán dónde quiera que vayamos, no tiene sentido que nos escondamos.

–  Puede que os encuentren de todos modos, pero si estamos todos juntos, será más fácil evitar que os hagan daño. – Replicó Nick.

–  ¿Qué quieres decir? – Le preguntó Alice.

–  Si no estáis dispuestas a abandonar el apartamento, podríamos contratar a una empresa de seguridad para que os escolte. – Le contestó Nick.

–  No quiero ver a tipos desconocidos merodeando en mi casa. – Les advirtió Erika.

–  Tengo entendido que Nick y Daniel dominan las artes marciales, es posible que logremos llegar a un acuerdo sin tener la necesidad de contratar a una empresa de seguridad. – Opinó Eduard. – Si Nick y Daniel estuvieran dispuestos a protegeros, ¿aceptaríais que se quedaran con vosotras en el apartamento?

–  Por supuesto. – Les contestó Alice.

–  De eso nada. – Claudicó Erika. – Piero no está en Hidden City, diga lo que diga la DEA y a pesar de lo que penséis de mí todos vosotros.

–  En eso estoy de acuerdo con Erika. – Dijo Jason. – Dudo mucho que Varoso pusiera en riesgo la vida de Erika, la hubiera llamado por teléfono antes de arriesgarse a venir a la ciudad.

–  No pienso dejar que os quedéis aquí solas, así que solo tenéis dos opciones. – Les dijo Eduard a Alice y Erika. – O venís a casa o podéis quedaros en el apartamento con Nick y Daniel, si ambos están de acuerdo.

–  Esto es ridículo, estamos poniendo la venda antes de tener la herida. – Protestó Erika.

–  Tienes una hora para localizar a Varoso, si en una hora no lo has localizado, solo te quedarán esas dos opciones. – Sentenció Eduard.

Erika miró su reloj, se encogió de hombros y entró en su habitación para coger el ordenador portátil y le envió un correo electrónico a Piero diciéndole que necesitaba hablar con él menos de una hora. Erika regresó al salón y, dos minutos después, su teléfono móvil empezó a sonar.

–  ¿Es Piero? – Le preguntó Jason.

Erika asintió con la cabeza, descolgó el teléfono y salió a la terraza para contestar:

–  ¿Piero?

–  Aquí estoy, nena. – Le respondió Piero. – ¿A qué viene tanta prisa? ¿Me echas de menos?

–  Han estado en mi apartamento dos agentes de la DEA, dicen que unos narcos te están buscando y creen que estás en Hidden City. – Le espetó Erika furiosa. – ¿Me puedes decir qué está pasando? Si alguien va intentar matarme, me gustaría saberlo.

–  Nena, yo nunca te pondría en peligro y lo sabes. – Trató de tranquilizarla Piero. – No estoy en Hidden City y tu vida no corre peligro. Esos tipos de la DEA probablemente me estén buscando y por eso han ido a verte. Están tratando de llegar a mí a través de ti pero no tienes de qué preocuparte, nadie te va a hacer daño. Si esos tipos de la DEA vuelven a buscarte les dices que no sabes nada de mí ni quieres saberlo, que piensen que no tenemos ningún tipo de contacto. No debería decirte esto pero, para que estés más tranquila, te diré que nunca he dejado de protegerte, aunque desde que llegaste a Hidden City otro hombre también se encarga de protegerte.

–  ¿Me vigilas? – Le preguntó Erika molesta.

–  Te protejo. – Aclaró Piero. – Erika, nunca dejaré que te pase nada malo y, si estuvieras ante el más mínimo peligro, te aseguro que tú serías la primera en enterarte porque yo mismo te lo diría, pero necesito que mantengas a la DEA alejada de ti. Deben creer que nosotros no seguimos en contacto y así te dejarán en paz.

–  Está bien, así lo haré. – Claudicó Erika.

–  Llámame si necesitas algo. – Le dijo Piero.

–  Espero no tener que hacerlo. – Le replicó Erika y añadió antes de colgar: – Cuídate, Piero.

–  Lo mismo digo, pequeña. – Se despidió Piero.

Erika entró de nuevo al salón y se encontró con cinco pares de ojos que la miraban con expectación y dos de ellos también la miraban molestos.

A Nick y Eduard no les hizo ninguna gracia que Erika hablara con Piero, aunque por motivos diferentes. Eduard no quería que su única hija saliera con un tipo como Piero Varoso, un hombre que se había hecho rico sobre todo por realizar carreras ilegales de coches. Eduard sabía que ambos se habían amado profundamente y que, a pesar de que hacía tres años que ya no estaban juntos, sabía que se veían de vez en cuando y eso no le gustaba nada, pero respetaba las decisiones que su hija tomaba. Nick acababa de saber lo que estaba ocurriendo y apenas sabía quién era Piero Varoso, además de saber lo que Eduard ya le había dicho, que era un tipo que se dedicaba a las carreras ilegales de coches y que había salido con Erika hacía tres años. Por eso no le hacía ninguna gracia que ella hablara con ese tipo. Y lo que más le molestaba era que Jason Milton, lejos de molestarse por la situación con ese Piero Varoso, parecía divertido.

–  No tenemos nada de qué preocuparnos, la DEA simplemente quiere tenerlo localizable. – Les dijo Erika. – Si logro convencer a la DEA de que no mantengo ningún tipo de contacto con Piero me dejarán tranquila.

–  ¿Cómo se supone que les vas a convencer? – Preguntó Jason.

–  Tú me vas a ayudar. – Le dijo Erika. – Les llamaré y nos reuniremos con ellos. Les diré que llevo tres años sin ver ni hablar con Piero y que estoy con Jason. Si tengo otra pareja, no tiene sentido que quiera seguir manteniendo el contacto con Piero, o al menos así espero que piensen ellos.

–  Lo más seguro es que la DEA haya investigado a tu círculo familiar y eso me incluye a mí. – Le advirtió Jason. – Nuestra relación ya existía antes de que Piero apareciera en tu vida, por mucho que finjamos ser pareja no lograremos convencerles de que no mantienes el contacto con Piero.

–  Puede que no funcione contigo, pero sí puede funcionar con Nick. – Opinó Eduard. – Os guste o no, pasáis mucho tiempo juntos y, si la DEA quiere asegurarse de que Erika no sigue en contacto con Piero Varoso, probablemente la estén vigilando. Simplemente tenéis que dejaros ver por algún restaurante o cualquier otro lugar además de la oficina y la DEA ya interpretará las señales.

–  Estoy segura de que el señor Button tiene demasiadas cosas qué hacer como para perder el tiempo de esta manera. – Erika trató de mantener al margen a Nick.

–  ¿Qué dices tú, Nick? – Le preguntó Eduard a su mano derecha.

–  Por mí no hay ningún problema y, si no recuerdo mal, creo que esta noche íbamos a salir a cenar, ¿verdad Erika? – Fue la respuesta de Nick.

–  Es cierto, algo de eso había oído. – Comentó Eduard. Se levantó del sillón y dijo sonriendo para despedirse: – Que os lo paséis bien esta noche y mañana os podéis tomar el día libre, habéis hecho un buen trabajo en la reunión con Wolf y os merecéis un descanso después de tantos días de trabajo.

–  Hasta el miércoles, entonces. – Le dijo Erika a su padre dándole un beso en la mejilla.

–  Voy contigo, Eduard. – Dijo Jason. Se volvió hacia Erika y le dijo: – Ya hablaremos mañana, ahora tengo que irme. – Le dio un beso en la mejilla y se dirigió a su hermana Alice y a Daniel: – Y con vosotros dos ya quedaré un día. – Besó a Alice en la mejilla y le estrechó la mano a Daniel amistosamente. Después de dirigió a Nick y, mientras le estrechaba la mano con firmeza, le susurró para que solo él pudiera escucharle: – Cuida de Erika, ella no es como las mujeres que tú sueles frecuentar.

Nick le devolvió el estrechón de manos con firmeza y le desafió con la mirada, pero no le dijo nada. Esta noche Nick iba a salir a cenar con Erika y en ese momento eso era lo único que le importaba.

Eduard y Jason se marcharon dejando a las dos parejas en el apartamento.

–  Voy a casa a ducharme y vestirme de etiqueta y vuelvo a buscarte, ¿de acuerdo? – Le propuso Nick a Erika con una seductora sonrisa.

–  De acuerdo, yo haré lo mismo. – Le respondió Erika.

–  Nosotros también íbamos a salir a cenar, podemos vernos después en el pub y juntos tomar unas copas. – Propuso Alice.

–  Por mí estupendo. – Dijo Nick alegremente. – Os veo luego, entonces. – Se volvió hacia a Erika y le susurró mientras le daba un beso en la mejilla: – ¿Has pensado ya dónde vamos a ir a cenar?

–  Por supuesto y te aseguró que te encantará. – Le respondió Erika sonriendo relajada por primera vez esa tarde.

Nick se marchó y Erika se metió en la ducha. Alice y Daniel tomaron un par de cervezas en el salón mientras charlaban de todo lo que había ocurrido y decidían dónde ir a cenar.

Propuesta indecente 11.

Alma Gemela

Erika se despertó al oír un tremendo estruendo procedente del hall del apartamento. Se levantó de un salto del sofá donde se había quedado dormida después de llegar de comer con Nick y se encaminó hacia a la puerta.

Apenas pudo llegar a poner un pie en el salón cuando tropezó con dos tipos que parecían dos gorilas y uno de ellos la atrapó poniéndole la mano enguantada en la boca para que no gritara mientras le sujetaba ambas muñecas con la otra mano.

–  Hemos tenido suerte, la hemos encontrado a la primera. – Dijo uno de los tipos sonriendo.

Erika trataba de resistirse y zafarse de las garras de aquel tipo, pero era demasiado grande y fuerte comparado con ella.

–  Tranquila, fiera. – Le susurró el mismo tipo, que parecía el jefecillo de los dos. – Solo hemos venido a preguntarte por Piero Varoso. Sabemos que está en la ciudad y estamos seguros de que ha tenido que venir a verte.

Erika forcejeó para destapar su boca y les espetó:

–  Hace casi tres años que no veo a Piero. – Mintió. Pero luego dijo una verdad: – Ni siquiera sabía que estaba en la ciudad y dudo que haya venido a verme. Deberíais buscarle en otra parte.

–  Puede que ya no estéis juntos, pero sé que él te tiene en alta estima y contactará contigo. – Le contestó el tipo mientras sacaba una tarjeta del bolsillo para entregársela. – Sabemos que un grupo de narcotraficantes le está buscando y, si nosotros hemos llegado hasta a ti, ellos también pueden hacerlo.

Erika se fijó en la tarjeta que aquel tipo le había entregado y se sorprendió de que fuera de un agente de la DEA.

–  ¿Qué hace la DEA irrumpiendo en mi casa? – Les preguntó molesta.

–  Será mejor que se mantenga alejada de Piero Varoso, señorita Blackwell. – Le aconsejó el tipo que no había abierto la boca. – Tampoco debería salir a la calle sola ni ir por lugares con poca gente, es posible que traten de llegar a Varoso a través de usted.

–  ¿Me están diciendo que unos narcotraficantes que están buscando a Piero, para nada bueno me imagino, pueden tratar de buscarme a mí también? – Les preguntó Erika preocupada. Lo último que necesitaba eran más quebraderos de cabeza.

–  Tiene nuestra tarjeta, llámenos si necesita algo y si dispone de alguna información. – Le contestó el tipo que le daba consejos.

–  Estoy segura de que si alguien entra en mi casa y me apunta con una pistola, con una sola llamada ustedes lo solucionarán todo. – Ironizó Erika molesta. – Por favor, salgan de mi casa.

Los dos agentes de la DEA se despidieron de ella con un leve gesto de cabeza y salieron del apartamento sin decir nada más.

Erika no se lo podía creer. Hacía ya tres años que no salía con Piero, aunque desde entonces se habían visto alguna que otra vez esporádicamente, y ya estaba otra vez metida en líos. Solo podía pensar en cómo se lo iba a tomar su padre, pero decidió decírselo cuanto antes y quitárselo de encima. Su padre siempre le había dicho que había que coger el toro por los cuernos y eso era lo que pensaba hacer.

Buscó su teléfono móvil y llamó a su padre.

–  Papá, tenemos que hablar. – Le dijo nada más descolgó.

–  Hija, ¿qué ocurre? – Preguntó Eduard preocupado.

–  Acaban de irrumpir en mi apartamento dos agentes de la DEA, me han dicho que unos narcotraficantes están buscando a Piero y están seguros de que Piero está en la ciudad. – Le explicó Erika nerviosa. – Papá, me han dicho que esos narcotraficantes pueden venir a buscarme a mí y la única ayuda que me han ofrecido es una tarjeta con sus teléfonos.

–  No te muevas del apartamento, voy hacia allí. – Le dijo Eduard a su hija antes de colgar.

Erika sacó una cerveza del frigorífico y se bebió la mitad de un trago. Se encendió un cigarrillo y salió a la terraza para que le diera el aire. Estaba aturdida, ni siquiera podía pensar con claridad. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Lo primero era tratar de localizar a Piero, pero lo iba a tener difícil dado que siempre era él quien la encontraba a ella. Pero esos dos agentes de la DEA le habían dicho que Piero estaba en la ciudad, así que tarde o temprano Piero terminaría apareciendo ante los ojos de ella. Erika se sobresaltó de nuevo al oír la puerta, pero pronto descubrió que era Alice acompañada por Daniel. Al ver a Daniel se acordó de Nick, había quedado con él a las ocho para ir a cenar y ya eran las seis y media.

–  ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué tienes esa cara de susto? – Le preguntó Alice alarmada al ver el rostro de su amiga. – ¿Qué ha pasado, Erika?

Erika le sostuvo la mirada a Alice, después miró un instante a Daniel y, sabiendo que a su amiga no le iba a gustar nada de lo que iba a decir, le sugirió:

–  Será mejor que te tomes una cerveza, mi padre está de camino y no tardará en llegar.

Alice sacó tres cervezas de la nevera, una para cada uno, y regresó al salón, donde vio la tarjeta de los dos tipos de la DEA le habían entregado. En cuanto Alice leyó la tarjeta, supo que todo estaba relacionado con Piero Varoso y se tensó antes de preguntar:

–  ¿Esto tiene que ver con Piero?

Erika asintió preocupada y, antes de contestar a Alice, miró un instante a Daniel, quién la observaba con curiosidad.

–  Alice, creo que no nos vamos a poder quedar en el apartamento, al menos no hasta que se solucione todo esto.

–  Erika, ¿has visto a Piero desde que llegamos? – Le preguntó Alice con cuidado, Piero era un tema bastante tabú y conocía las reacciones de su amiga ante tales preguntas.

–  No, no lo he vuelto a ver desde el mes de julio y la última vez que hablé con él fue el día antes de mudarnos aquí. – Se sinceró Erika.

–  A tu padre le va a encantar oír eso. – Dijo Alice con sarcasmo.

Llamaron a la puerta y Erika volvió a tensarse, así que Alice se levantó y fue a abrir. En cuanto abrió la puerta, Eduard y Jason entraron en el apartamento y, tras saludar a Alice, se dirigieron al salón en busca de Erika.

–  ¿Estás bien? – Le preguntó Eduard a su hija.

–  Sí, pero necesito hablar con Piero, papá. – Le respondió Erika con un hilo de voz.

–  ¿Tienes forma de localizarle? – Preguntó Jason.

–  La DEA dice estar segura de que Piero está en la ciudad, por eso han venido aquí. Creen que si está aquí es por mí, pero lo cierto es que yo lo dudo. – Contestó Erika.

–  ¿Dudas de que esté aquí por ti? – Se mofó Jason.

–  Dudo que esté en la ciudad, si estuviera aquí hubiera venido a verme antes que la DEA y, si está en peligro como ellos dicen, no vendría a la ciudad para ponerme a mí en peligro. – Dijo Erika sin opción a réplica.

Eduard saludó a Alice y después a Daniel, el hermano de Nick. Le sorprendió verle allí y le preguntó:

–  ¿Desde cuándo os conocéis?

–  Desde el sábado pasado. – Le respondió Daniel saludando al jefe de su hermano con un apretón firme de manos.

Volvieron a llamar a la puerta y Eduard dijo:

–  Ya voy yo a abrir.

Nick llamó a la puerta del apartamento de Erika y esperó a que le abrieran la puerta. Su jefe le había llamado por teléfono veinte minutos antes y le había pedido que se reuniera con él en el apartamento de su hija, lo cual le decía que eso no era algo bueno.

Cuando la puerta se abrió, Nick saludó a Eduard y ambos entraron en el salón. Erika se sorprendió de ver allí a Nick. Miró su reloj, era temprano para ir a cenar.

–  Me he tomado la libertad de llamar a Nick, estoy seguro de que su ayuda nos será de gran utilidad para lo que sea que esté pasando. – Le explicó Eduard al ver la confusión en el rostro de su hija. – Por cierto, si os conocisteis el sábado pasado, ¿por qué el domingo cuando vinisteis a comer a casa fingisteis que no os conocíais?

Nick sonrió y contestó:

–  Supongo que ambos estábamos demasiado sorprendidos como para reaccionar de otra manera, no esperábamos encontrarnos allí. – Nick saludó a su hermano y a Alice y cruzó una fría mirada con Jason para después saludarle con un ligero movimiento de cabeza. Después se volvió hacia a Erika y le dijo: – Si queréis que sea de ayuda, tendréis que decirme qué pasa.

Sin andarse con rodeos, Eduard le explicó a Nick la situación mientras Erika evitaba cruzar su mirada con la de Nick. Nick escuchó todo lo que Eduard le contaba y trataba de encontrar la mirada de Erika pero ella le esquivaba continuamente. Nick supo que debía esperar a quedarse a solas con ella para saber algo más de lo que Eduard contaba, así que se armó de paciencia y escuchó a Eduard sin preguntar nada que no le quisieran decir, y la primera decisión que tomó fue que Erika y Alice no podían seguir viviendo solas en el apartamento hasta que todo se aclarara.

Propuesta indecente 10.

Alma Gemela

Nick se levantó el lunes a las seis de la mañana, como acostumbraba a hacer entre semana, se duchó y revisó el contrato por última vez antes de ir a buscar a Erika.

Erika fue puntual cómo casi siempre y a las ocho en punto de la mañana salió del portal y se encontró con Nick apoyado en un BMW i8 de color negro esperándola. Llevaba puesto un traje gris marengo con una camisa blanca y una corbata del mismo tono de gris que el traje. Erika había pasado dos horas la noche anterior para escoger qué se pondría para la reunión con Wolf y finalmente se decidió por una falda de tubo del mismo gris marengo que el traje de Nick, una camisa blanca sin mangas y unos zapatos de tacón de aguja. Sin haberlo planeado, se habían vestido a conjunto y eso hizo sonreír a Erika mientras caminaba hacia dónde estaba Nick.

–  Buenos días. – La saludó Nick sonriente mientras le abría la puerta del copiloto y la ayudaba a entrar en el coche.

–  Buenos días, Nick. – Le respondió ella de buen humor. Nick rodeó el coche y se sentó en el asiento del conductor. Nada más arrancar el coche, Erika añadió: – Menudo coche, es increíble.

–  ¿Quieres conducirlo? – Le propuso Nick.

–  Me temo que no sería una buena idea, pero gracias de todos modos. – Le contestó Erika.

Nick le dedicó una maliciosa sonrisa que a ella no le gustó nada. A Erika le hubiera gustado conducir ese cochazo, pero su padre ya le había advertido que no quería verla conducir ningún vehículo, al menos hasta que recuperara el carné de conducir que le habían quitado por participar en carreras ilegales en Barnacles y que no recuperaría hasta principios del próximo año.

Nick tomó la salida de la autopista a un área de servicio y Erika le miró extrañada sin decir nada mientras él aparcaba en el parking del restaurante.

–  Son las ocho y media, la reunión es a las diez y estamos a diez minutos de la empresa de Wolf, así que creo que podemos parar a tomar un café y relajarnos un poco. – Le dijo Nick tras apagar el motor del coche. Entraron en la cafetería, pidieron un par de cafés y se sentaron en una de las mesas que quedaba apartada del resto. – Wolf es bastante hostil, si a eso le sumas tu juventud, tendrás que estar muy segura de ti misma para que no dude de lo que dices y pueda confiar en ti. Yo no le caigo demasiado bien, así que no esperes que pueda echarte una mano para que la negociación resulte favorable, pero estoy seguro de que lo sabrás manejar.

–  He investigado lo suficiente a Wolf cómo para crear un perfil bastante acertado de su persona y te aseguro que será una negociación más fácil de lo que crees. – Le advirtió Erika.

–  ¿Apostarías una cena si lo consigues?

–  Si lo consigo me invitas a cenar donde yo elija. – Apuntilló Erika. – Y si no lo consigo…

–  Si no lo consigues, entonces tú me invitarás a cenar a mí donde yo elija. – La interrumpió Nick divertido por la apuesta. Ganara o perdiera la apuesta, se había asegurado una cena con ella.

–  Trato hecho. – Le dijo Erika estrechándole la mano para formalizar el trato. – Espero que no tengas planes para esta noche, me gustaría salir a cenar para celebrarlo.

–  Vamos a esa reunión, demuéstrame que puedes conseguirlo y te invitaré a comer y cenar. – Le contestó Nick llevándosela a su terreno.

Después de tomar café se dirigieron a la empresa de Wolf, que estaba situada en una gran nave industrial moderna. Presents, la empresa de Wolf, llevaba dos meses en suspensión de pagos y se hallaba en una situación crítica. Erika se había informado bien y lo tenía todo controlado para conseguir que Adolf Wolf firmara el contrato. Nada podía salir mal.

Entraron en el hall de la empresa y rápidamente la secretaria de Wolf les hizo pasar a su despacho. Adolf Wolf se puso en pie para recibirlos, pero su gesto distaba mucho de dar una bienvenida, algo que Erika y Nick ya se esperaban.

–  Buenos días, señor Wolf. – Saludó Erika estrechándole la mano con firmeza. – Soy Erika Blackwell.

–  Debería decir que estoy encantado de conocerla, pero dudo que realmente piense eso cuando finalice esta reunión. – Le respondió Adolf Wolf con desgana, cansado de que otros trataran de beneficiarse de su empresa en precaria situación.

–  Estoy segura de que cambiará de parecer en cuanto me escuche. – Le contestó Erika dedicándole una coqueta sonrisa que a Nick no le gustó nada. – Creo que ya conoce al señor Button, ¿verdad?

–  Sí, aunque hubiera preferido no conocerlo. – Se sinceró Wolf con cara de pocos amigos. – Debo decirle, señorita Blackwell, que si ha venido con la misma intención con la que vinieron su padre y el señor Button, está perdiendo su tiempo.

–  No he venido hasta aquí para repetir lo que ya le han dicho, señor Wolf. – Le respondió tajante Erika. – Y le aseguro que no me gusta perder el tiempo, así que me gustaría ir al grano.

Adolf Wolf la estudió con la mirada y les hizo un gesto a ambos para que se sentaran. Nick y Erika intercambiaron una mirada y Nick le hizo saber que iba por buen camino al dedicarle una breve y pequeña sonrisa que apenas pudo percibir.

–  El motivo de esta reunión no es otro que hacerle una propuesta, pero una propuesta muy distinta a la que mi padre le ha hecho. – Comenzó a decir Erika. – Para ser sincera, estoy aquí porque entiendo su postura y que quiera mantener la empresa familiar. Si yo estuviera en su situación, le aseguro que tampoco la vendería.

–  Si no quiere comprar la empresa, ¿para qué ha venido? – Preguntó Wolf con curiosidad.

–  Si no quiere vender, necesitará inversores para poder hacer resurgir la empresa y, dado a que lleva en esta situación más de seis meses, deduzco que no le está resultando fácil encontrar a quien invierta tanto dinero en su empresa, mucho menos desde que está en suspensión de pagos a los trabajadores. – Apuntó Erika. – Estamos dispuestos a invertir en su empresa y hacer que vuelva a estar en lo más alto, si logramos llegar a un acuerdo.

–  Supongo que ahora viene una retahíla de condiciones. – Dijo Wolf con sarcasmo.

–  El señor Button ha redactado un contrato que puede satisfacernos a ambos. – Continuó Erika con la voz cortante mientras cogía los documentos que Nick le entregaba. – Usted podrá seguir siendo el presidente, director y jefe de la empresa, pero nosotros dispondremos del 40% de las acciones y, en consecuencia, del 40% de los beneficios obtenidos. Dada la situación económica actual de la empresa no obtendremos beneficios durante el primer año, creemos que lo prioritario es pagar a los empleados y mantener los pocos clientes que aún les quedan. Una vez haya firmado el contrato, usted será el único que tome decisiones y no tendrá que dar explicaciones a nadie, ni siquiera a nosotros. Le daremos seis meses para que empiece a obtener beneficios, de lo contrario nos veremos obligados a intervenir y nos encargaremos de la parte financiera, pero solo hasta haber recuperado lo invertido, después usted seguirá dirigiendo la empresa. Si logra obtener beneficios antes de que pasen los seis meses, nosotros continuaremos manteniéndonos al margen y solo precisará de nuestra presencia como accionistas a la hora de tomar decisiones importantes en las cuales se requiere que el 80% de las acciones. En cualquier caso, usted siempre tendrá el 60% de las acciones, así que continuará siendo el accionista mayoritario.

–  No puedo darle una respuesta ahora. Necesito estudiar su propuesta, señorita Blackwell. – Le respondió Wolf visiblemente interesado en la negociación. – No obstante, le confesaré que estoy realmente interesado, esta empresa tiene un valor emocional para mí que no se puede comprar con dinero.

–  Como le he dicho, no me gusta perder el tiempo. – Le recordó Erika. – Tiene una semana para pensarlo, si el próximo lunes no tenemos noticias suyas retiraremos la oferta.

–  Tendrá una respuesta antes de que finalice la semana, señorita Blackwell.

–  En ese caso, esperaremos sus noticias. – Le dijo Nick con tono nada amable. – Aquí tiene mi tarjeta, llámame cuando haya tomado una decisión.

Tras estrecharse la mano educadamente, Nick y Erika se despidieron de Wolf y salieron de la nave industrial de Wolf. En cuanto estuvieron sentados en el coche, Erika le dijo a Nick:

–  Creo que ha ido bastante bien, ¿no crees?

–  ¿Bien? ¡Lo tienes comiendo de tu mano! – Rio Nick, fascinado por las habilidades carismáticas de Erika. – ¿Ya sabes dónde vas a querer ir a cenar para celebrarlo?

–  Por supuesto, pero ya te adelanto que se tiene que ir de etiqueta. – Le contestó Erika divertida.

–  Y yo que creía que me llevarías a un establecimiento de comida rápida. – Bromeó Nick. – ¿Un cinco tenedores?

–  Es una sorpresa, pero te gustará. – Fue la única pista que ella le dio. – Volviendo al trabajo, deberíamos estudiar la situación de mercado. La imagen de Presents ha sido dañada al igual que su reputación. Necesitamos hacerle un lavado de cara a la empresa.

–  El contrato no te permite tomar ningún tipo de decisión. – Le recordó Nick.

–  No puedo tomar decisiones, pero sí puedo dar buenos consejos. – Alegó Erika. – Wolf quiere y necesita más que nosotros que la empresa obtenga beneficios, estoy segura de que oirá nuestros consejos aunque la decisión final sea suya.

Nick sonrió, le gustaba poder hablar con Erika de trabajo y que fuera capaz de entenderle, pero le gustaba aún más escucharla hablar con tanta soltura y precisión como lo hacía. Se había sorprendido al descubrir cómo se las había apañado para llevarse a Wolf a su terreno.

Llegaron a la oficina y, tras reunirse con el jefe del departamento marketing, sacaron algunas ideas para dar una nueva imagen a Presents.

A la hora de comer, Nick cumplió su propósito y la invitó a un restaurante cercano a la oficina, donde comieron mientras charlaban sobre trabajo. Después de comer, Nick se empeñó en acompañar a Erika hasta el portal de su edificio para que descansara y recobrara fuerzas para la noche.

–  Pasaré a recogerte a las ocho, vestido de etiqueta. – Se despidió Nick con una de sus mejores sonrisas.

En cuanto Érika entró en su apartamento, llamó a su padre y le puso al corriente sobre la negociación con Wolf. Tras hablar un rato con él, le dijo que iba a salir a cenar con Nick y que probablemente al día siguiente no llegarían temprano a la oficina. Eduard sabía que su hija y su mano derecha se traían algo entre manos, pero no sabía decir si era algo bueno o malo así que, como siempre, prefirió callar y no meterse en la vida privada de su hija.