CategoríaLa Protegida Del Capitán

La protegida del Capitán 21.

Scarlett durmió toda la noche de un tirón y no se despertó hasta el amanecer, cuando Oliver depositó un leve beso sobre su cabeza y se levantó de la cama. Scarlett gruñó a modo de protesta y él, tras darle un tierno beso en los labios, le susurró:

—Necesito darme una ducha, no tardaré más de diez minutos.

Asintió y sonrió, viendo a Oliver desaparecer tras la puerta del cuarto de baño. Scarlett se desperezó y se levantó de la cama. Mientras Oliver se duchaba, ella cogió una muda de ropa limpia del armario y tomó el relevo en la ducha cuando Oliver salió del cuarto de baño.

—Voy a preparar el desayuno, te espero en la cocina —le dijo Oliver.

A Scarlett no le pasó por alto que Oliver, pese a que estaba muy cariñoso con ella, también se mostraba cauteloso. Tenían una conversación pendiente y Scarlett decidió no hacer conjeturas hasta haber hablado con él, quizás por esa misma razón Oliver se mostraba cauteloso.

Tras ducharse y vestirse, Scarlett bajó a la cocina y allí se encontró a su padre con Oliver. El General abrazó a su hija mientras le daba los buenos días y después, consciente de que la pareja necesitaba estar a solas para hablar, se excusó y les dijo:

—Tengo que ir al centro de operaciones, nos vemos luego.

— ¿Y Scott? —Quiso saber Scarlett.

—Está bien, pero necesita descansar y guardar reposo durante unos días. Podrás ir a verle más tarde, pero antes desayuna y ven a verme para prestar declaración.

— ¿Necesito un abogado? —Bufó Scarlett.

—Es el procedimiento rutinario y debes hacerlo —intervino Oliver—. Si quieres, puedo acompañarte y estar presente cuando lo hagas.

—Haré lo que queráis, solo quiero acabar con todo esto cuanto antes —accedió Scarlett.

—Os veo luego —se despidió el General.

Scarlett se sentó a la mesa y Oliver sirvió un par de tazas de café. Scarlett estuvo a punto de rechazarla, pero finalmente la aceptó prometiéndose en silencio que no tomaría más de un café al día.

—Tenemos que hablar, Scarlett —comentó Oliver en cuanto se quedaron a solas.

— ¿Hay alguna posibilidad de olvidarnos de todo esto y fingir que no ha pasado?

—No, necesito que me digas qué te ocurre. Sé que algo no va bien y que, sea lo que sea, me lo estás ocultando.

—Te escuché hablar por teléfono con Wendy de madrugada, no sabía lo que estaba pasando y no quería discutir contigo justo antes de que te marcharas.

Scarlett le relató toda la historia sin omitir ningún detalle, incluso le confesó que había liado a Scott para acceder al expediente médico de Wendy Allen para descubrir cuál era la relación que les unía a ambos. Oliver la escuchó con atención, sin interrumpirla y sin juzgarla. Cuando Scarlett terminó su relato, Oliver le dijo:

—Cuando prestes declaración, sería conveniente que omitieras tu faceta de investigadora, te recuerdo que leer un expediente confidencial es un delito.

— ¿Eso es lo único que vas a decirme?

— ¿Qué esperas que te diga?

—He matado a una persona, una persona que tú conocías y con la que, aunque extraña, mantenías una relación —le recordó Scarlett.

—Fue en defensa propia, tuviste que hacerlo para protegerte a ti y a Scott. En cuanto a mi relación con Wendy, imagino que ya lo habrás investigado o tu padre te habrá puesto al corriente. La única razón por la que me he hecho cargo de sus gastos en la clínica es porque no tiene familia y hubiera terminado en la calle. Ella era una persona risueña y divertida, pero cuando regresé de la academia militar después de más de un año fuera, Wendy pensaba que teníamos una relación y se había montado su película, así que le aclaré que entre nosotros no había nada y comenzó a acosarme. Me seguía a todas partes, se presentaba como mi prometida a todos mis familiares, amigos y compañeros de trabajo. Hasta que la situación fue insostenible y tuve que tomar medidas legales.

—No necesito que me cuentes nada más —intervino Scarlett—. En realidad, me bastaba con saber que no estabas llevando una doble vida. No te voy a negar que fue bastante impactante escuchar que tenías una prometida escondida en alguna parte.

—Eso es un disparate, he estado pegado a ti las veinticuatro horas del día durante meses, ¿de dónde iba a sacar tiempo para tener una amante? —Bromeó Oliver para rebajar la tensión.

—Espero que la falta de tiempo no sea la única razón por la que no te buscas una amante —le replicó Scarlett.

—Te amo, nena. No lo dudes nunca, ni siquiera por un segundo —le susurró él con la voz ronca.

—Entonces, ¿estamos bien?

—Estamos mejor que nunca, preciosa —le confirmó Oliver—. Termina de desayunar, te acompañaré a declarar con tu padre y después visitaremos a Scott.

A Scarlett le bastó aquella respuesta por el momento, pero le inquietó que, pese a que habían pasado la noche juntos, Oliver se había limitado a abrazarla y a besarla levemente en los labios como mucho. Echaba de menos que la besara apasionadamente, que la mirara con esa sonrisa traviesa y le hiciera el amor salvajemente. Se intentó convencer de que Oliver estaría agotado tras una misión de más de dos semanas y la situación a su regreso no acompañaba, aunque no pudo evitar pensar que quizás Oliver ya no se sentía atraído por ella.

—Scarlett, ¿va todo bien? —Le preguntó Oliver escrutándola con la mirada—. Sé que probablemente estés asimilando todo lo que ha ocurrido y no te quiero presionar, pero la verdad es que no sé cómo actuar. No sé si te molesta mi presencia, si prefieres que te deje sola o si simplemente estás en shock y necesito que me ayudes a entenderte, cariño.

— ¿Ya no te atraigo? —Le preguntó ella con un hilo de voz, incapaz de mirarle a la cara.

— ¿Qué?

—Ya me has oído —masculló molesta.

—Nena, ¿qué se te ha pasado por la cabeza para llegar a hacerme esa pregunta? —Le preguntó Oliver horrorizado—. Scarlett, te amo. Te amo más que a mi propia vida. No quiero que lo dudes nunca.

—Entonces, ¿por qué estás tan distante? Llevas más de dos semanas sin verme, te has metido conmigo en la cama y… Bueno, tú ya me entiendes.

—Nena, me encanta el sexo contigo, pero eso no es lo que más me gusta de ti.

— ¿Qué es lo que más te gusta?

—No sabría decidirme por una sola cosa. Me gusta verte dormir entre mis brazos, que te hagas la remolona por la mañana y me ruegas que te deje dormir cinco minutos más, cuando me sonríes de esa manera tan especial y me dices que quieres jugar. Me gusta todo de ti, excepto que tengas secretos para mí.

—Tú también tienes secretos —le recordó Scarlett con un ligero tono de reproche.

—Ya no tengo ningún secreto, pero esperaré el tiempo que necesites hasta que decidas contármelo.

—No tengo nada que contar, ya lo hemos hablado todo y ahora solo quiero acabar con esto, ir a visitar a Scott y pasar el resto del día en una cama contigo.

—Mañana es Navidad —le recordó Oliver.

—Me da igual, he estado muchos días sin ti y no quiero compartirte con nadie.

—Tenía planeado darte una sorpresa cuando regresara a casa, invitarte a cenar, tomar una copa y hacerte el amor toda la noche —le susurró Oliver con la voz ronca—. No podemos ir a casa porque el servicio de limpieza se pasará el día allí, pero podemos ir a cenar a un buen restaurante y pasar la noche en un hotel.

—O también podemos ir directamente al hotel y pedir que nos suban la cena a la habitación.

—Mm… ¿Me has echado de menos?

—Muchísimo —le confirmó Scarlett abrazándose a él con fuerza.

—Tendremos tiempo de jugar más tarde, pero primero tenemos que reunirnos con tu padre y después iremos a visitar a Scott.

Por primera vez en más de dos semanas, Scarlett sonrió de verdad. Todavía le tenía que dar la noticia a Oliver, pero decidió esperar un poco, acababa de regresar y todavía se estaban recuperando del susto del día anterior.

Oliver acompañó a Scarlett a declarar frente a su padre y después fueron a visitar a Scott que, ya despierto habiendo descansado, quería abandonar la cama y regresar a su casa.

—Guarda reposo hasta mañana, os esperamos en la granja para comer todos juntos y en familia —le dijo Oliver.

Scarlett, que sufría los altibajos de la revolución de hormonas en su cuerpo, comenzó a sollozar. Scott y Oliver se miraron sin entender el motivo que había provocado el llanto, pero ninguno supo la respuesta. Oliver la abrazó y le susurró al oído:

—Nena, no llores.

—Eso intento, pero no puedo controlarlo —sollozó Scarlett aún más fuerte.

—Pequeña, ¿te has fumado algo antes de venir? —Se mofó Scott tratando de hacerla sonreír.

— ¡No! —Gruñó Scarlett.

—Creo que necesitas relajarte un poco, han sido muchas emociones en muy poco tiempo —le aconsejó Scott—. Ambos lo necesitáis.

—Tienes razón y eso es justo lo que vamos a hacer en cuanto salgamos de aquí —anunció Oliver.

—Será mejor que no perdáis el tiempo, mañana nos vemos.

Oliver y Scarlett se despidieron de Scott y se marcharon de la base. Oliver condujo en silencio hasta llegar a casa. El servicio de limpieza ya había finalizado su trabajo y no quedaba ni rastro de lo ocurrido el día anterior. Se prepararon un sándwich para comer y decidieron hacer una pequeña maleta con una muda de ropa para el día siguiente.  

—Cariño, ¿lo tienes todo? —Le preguntó Oliver entrando al dormitorio por enésima vez. Al comprobar que todavía no había preparado su maleta, añadió—: Scarlett, ¿no quieres que pasemos la noche en un hotel?

—La verdad es que prefiero quedarme aquí, en nuestro dormitorio.

—Ven aquí, preciosa —le susurró él con la voz ronca, sentándose en la cama y agarrándola por la cintura para colocarla sobre su regazo. La acunó entre sus brazos y añadió—: No puedo verte así, Scarlett. Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor.

—Dime que me quieres, que te vas a quedar conmigo siempre, pase lo que pase.

—Te amo, cariño. Me voy a quedar contigo siempre, pase lo que pase —le aseguró él. Buscó el anillo de compromiso que llevaba guardado en el bolsillo de la chaqueta y, entregándole la caja aterciopelada a Scarlett, continuó susurrándole al oído—: Había planeado una velada romántica, quería que todo fuera perfecto. Pero creo que no hay un momento más perfecto que este para decirte que te amo con locura y que quiero pasar el resto de mi vida contigo, pase lo que pase. Nena, ¿quieres casarte conmigo?

Scarlett se volvió para mirarle a la cara y, cuando vio que la miraba con extrema dulzura, se echó a llorar. Oliver, que no comprendía la reacción de Scarlett, la abrazó con fuerza y le susurró:

—Nena, no llores, por favor —depositó un leve beso sobre sus labios y añadió tratando de ocultar su decepción—: No tenemos que casarnos si tú no quieres, no pasa nada.

—Pues claro que quiero casarme contigo —sollozó Scarlett.

—Entonces, ¿por qué lloras, cariño?

—Tengo que contarte algo y no sé cómo te lo vas a tomar.

—Me estás asustando, dime qué ocurre.

—Estoy embarazada —le soltó Scarlett sin andarse por las ramas.

Oliver la escrutó con la mirada tratando de adivinar si estaba hablando en serio o si le estaba tomando el pelo para ver cuál era su reacción. Sin embargo, sonrió al pensar que un pedacito de ambos crecía en su vientre.

—Nena, dime que es cierto y no estás bromeando, nada me haría más feliz que tener un bebé contigo.

—No bromeo, serás papá a principios de junio —le respondió Scarlett sonriendo aliviada. Se puso en pie y, tras rebuscar en su bolso, le entregó el sobre con las ecografías que le había realizado el doctor—. Son las primeras fotos de nuestro bebé.

Oliver abrió el sobre y sacó las ecografías. Observó en silencio las fotos de su bebé y entendió las extrañas reacciones de su futura esposa. Él también estaba nervioso, era su primer hijo y temía no estar a la altura de las circunstancias, pero deseaba a ese bebé con todas sus fuerzas.

— ¿No vas a decir nada? —Le preguntó Scarlett con impaciencia, temiéndose que Oliver se enfadara por no habérselo contado antes.

—Te amo, nena. A ti y a nuestro bebé —le dijo abrazándola y acariciando su vientre—. Pero quiero que me prometas que no va a ver ningún secreto más entre nosotros, debiste decírmelo antes para que te acompañara a la visita con el doctor.

—Tú acabas de marcharte, no podía contártelo por teléfono y ayer cuando regresaste…

—Eres mi prioridad, Scarlett —la interrumpió Oliver—. Dejaré todo lo que tenga entre manos para estar contigo, sobre todo en un momento así.

—Lo siento, te prometo que no habrá más secretos entre nosotros. La próxima vez, te lo diré en cuanto tenga la más mínima sospecha —bromeó Scarlett.

—Por supuesto que lo harás. Quiero que formemos una familia numerosa.

—De momento, veamos qué tal se nos da tener un solo hijo.

—Te amo, nena.

—Yo también te amo —le respondió Scarlett antes de besarle apasionadamente.

FIN

La protegida del Capitán 20.

El General Turner estaba en el centro de operaciones de la base junto al Coronel Wilmore, esperando que el equipo al completo regresara a casa. Oliver le había pedido que no le dijera a Scarlett que estaba de regreso porque quería darle una sorpresa y el General le complació, pero se sentía inquieto. Sabía que algo le ocurría a su hija y, aunque al principio pensó que se debía a la ausencia de Oliver, con el paso de los días intuyó que, además de la distancia, algo más le afectaba.

El Capitán Parker y su equipo estaban aterrizando en la pista de la base cuando el General Turner recibió la llamada de Scott. El General tenía un sexto sentido para los secretos y, desde la noche anterior, sospechaba que Scott y Scarlett se traían algo entre manos.

—Scott, ¿va todo bien?

—Estoy en casa del Capitán Parker, una chiflada ha entrado en la casa, va armada y estoy herido —le respondió Scott entre jadeos. Se oyó una ráfaga de disparos y añadió—: Scarlett está bien, pero no sé por cuanto tiempo. La familia del Capitán está informada, les he dicho que se encerraran en el sótano de sus casas hasta que fuésemos a buscarlos. Envía refuerzos y al equipo médico.

— ¿Quién es esa chiflada? —Exigió saber el General.

—Wendy Allen, una ex novia de instituto del Capitán Parker que se ha escapado de la clínica en la que está internada.

—Saca a mi hija de ahí, Scott —le ordenó el General—. Envío refuerzos y al equipo médico, en seguida estaremos allí.

El tono de voz del General alertó al Coronel y, en cuanto colgó la llamada, el Coronel le preguntó con preocupación:

—Trevor, ¿qué está ocurriendo?

El General le hizo un gesto con la mano para que esperara un momento y, tras pedir que enviaran refuerzos y al equipo médico a casa del Capitán Parker, se volvió hacia el Coronel y le resumió:

—Era tu hijo, tienen un problema en casa de Oliver. Vamos para allá y te lo cuento por el camino —concluyó el General, visiblemente nervioso.

—Oliver acaba de aterrizar, deberíamos informarle —opinó el Coronel.

El General asintió, lo más sensato era esperarle y dirigirse a la granja todos juntos. En cuanto Oliver puso un pie en el centro de operaciones de la base y vio la cara del General y la del Coronel, supo que algo iba mal.

— ¿Dónde está Scarlett?

—En tu casa, con el Teniente Wilmore y Wendy Allen —le respondió el General que, al igual que el Coronel, conocían la existencia de Wendy Allen desde hacía más de diez años.

— ¿Scarlett está bien? —Preguntó Oliver conteniendo la respiración.

—Lo estaba hace cinco minutos, he enviado refuerzos y al equipo médico. Vamos para allá, ¿nos acompañas? —Le propuso el General.

Oliver asintió y, tras hacerle un gesto a Dexter para que también les acompañara, los cuatro hombres se dirigieron a la granja de los Parker en uno de los vehículos oficiales del General.

Cuando llegaron a la granja, el equipo médico saca a Scott de la casa en una camilla y Scarlett les acompañaba con la ropa cubierta de sangre y visiblemente afectada. Oliver bajó saltó del vehículo antes incluso de que se detuviera y se dirigió hacia a donde estaba Scarlett, pero uno de los soldados le detuvo y requirió su presencia en la cocina de la casa. El soldado prácticamente le arrastró al interior de la casa mientras él cruzaba la mirada con la Scarlett.

Scarlett estaba confusa, no entendía por qué Oliver se dirigía al interior de la casa en lugar de reunirse con ella y preguntarle si estaba bien. La había mirado, se había dado cuenta de que le había visto, pero no le había dicho nada. Scarlett dedujo que Oliver se había enterado de que había matado a Wendy Allen y suspiró con resignación.

—Cielo, ¿estás bien? —Le preguntó el General, sacándola de sus pensamientos—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha ocurrido a Scott?

—Estoy bien, pero Scott tiene una herida de bala en el hombro y otra en el brazo, ha perdido mucha sangre y se lo llevan al quirófano de la base para intervenirle. Quiero ir con Scott, papá.

—Ve con él, pero no te muevas de la base. Hablaremos más tarde.

Scarlett sabía que aquel hablaremos en realidad significaba que la sometería a un interrogatorio hasta descubrir todo lo que había ocurrido, pero al menos tendría un par de horas para asimilarlo antes de responder a sus preguntas. Miró hacia la puerta de la casa una última vez antes de subir al todoterreno que la llevaría a la base, pero no vio a Oliver por ninguna parte. No dejaba de preguntarse si Oliver estaba enfadado, asustado o aturdido por lo que había ocurrido momentos antes de que él llegara a casa y, por más que se esforzaba, tampoco entendía su reacción.

Cuando Scarlett llegó a la base y se dirigió al ala hospitalaria, se encontró al Coronel Wilmore en el pasillo de acceso al área de quirófanos y le preguntó:

— ¿Se sabe algo?

—Acaba de entrar en quirófano, le han tenido que hacer una transfusión de sangre, pero parece que no corre ningún peligro.

Scarlett suspiró aliviada y se dejó caer sobre uno de los asientos que había en el pasillo. Eran demasiadas emociones en muy poco tiempo y apenas podía asimilar todo lo que había pasado durante los últimos días. Que Oliver la hubiera ignorado en lugar de abrazarla tras estar separados tantos días tampoco ayudaba.

Durante más de dos horas, el Coronel Wilmore y Scarlett esperaron en aquel pasillo hasta que el doctor les anunció que la operación había concluido con éxito y que el paciente ahora solo necesitaba descansar y guardar reposo. El doctor les acompañó a la habitación donde habían llevado a Scott y les permitió verlo un minuto para no molestarle, ya que Scott estaba dormido.

—Estás pálida, deberías descansar —le dijo el Coronel a Scarlett cuando salieron de la habitación de Scott.

—Estoy un poco mareada, creo que debería sentarme y…

Scarlett perdió el conocimiento y, gracias a los rápidos reflejos del Coronel Wilmore, evitó darse un batacazo contra el suelo. El Coronel la sostuvo en los brazos y llamó a gritos al doctor, que apareció de inmediato.

Scarlett no recobró el conocimiento hasta unos minutos más tarde, mientras el doctor monitorizaba sus constantes.

— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Scarlett desorientada.

—Te has desmayado, probablemente debido al estrés por lo ocurrido, pero quiero hacerte una analítica de sangre para quedarme más tranquilo —le respondió el doctor.

—Estoy bien, no quiero que me hagas ninguna analítica —bufó Scarlett retirando todos los cables que el doctor le había puesto e incorporándose en la camilla.

—Scarlett, necesitas descansar —insistió el doctor con tono severo—. Tu cuerpo está enviando señales de alarma y debes cuidarte, lo primero es la salud.

Aquellas palabras hicieron que Scarlett cambiara el chip por completo. Ya no se trataba de su salud, sino de la salud de su bebé. Tenía que empezar a cuidarse, debía descansar y también dejar de tomar café.

—Tienes razón, necesito descansar y eso es lo que voy a hacer —le aseguró Scarlett—. Gracias por todo, doctor.

—Llámame si necesitas algo —se despidió el doctor.

El General llegó a la base mientras el doctor atendía a Scarlett y el Coronel le puso al corriente de lo sucedido.

—Cielo, ¿estás bien? —Le preguntó el General en cuanto la vio.

—He estado mejor, pero me conformo con una ducha y una cama.

—Vamos a casa, necesitas descansar —sentenció el General.

El General Turner llevó a su hija a casa y, mientras ella se duchaba, él preparó una deliciosa cena. Scarlett no tenía apetito, pero hizo un esfuerzo para complacer a su padre y mantener alimentado a su bebé. Cuando se sentaron a la mesa para cenar, Scarlett se armó de valor y le preguntó a su padre:

— ¿Dónde está Oliver?

—Vendrá más tarde, está coordinando el escenario. ¿Quieres contarme lo que ha pasado?

Scarlett le contó todo desde el principio y sin omitir ningún detalle mientras el General Turner la escuchaba con atención, frunciendo el ceño de vez en cuando y haciendo un esfuerzo por reprimir sus ganas de regañar a su hija al tomar ciertas decisiones. Scarlett se desahogó entre sollozos y le confesó a su padre su mayor temor:

— ¿Crees que Oliver me va a perdonar?

—Cielo, Oliver me ha hecho la misma pregunta —reconoció el General sonriendo—. Estaba asustado, pensábamos que podía haberte pasado cualquier cosa.

—Pero se ha quedado allí y ni siquiera me ha saludado.

—Acaba de aterrizar tras un vuelo de más de veinte horas, el hombre ha reaccionado lo mejor que ha podido en ese momento —le defendió el General—. Debéis hablar, pero no dejes que el fantasma de Wendy Allen rompa vuestra relación.

— ¿La conocías? ¿Sabías quién era?

—Sí, Oliver nos lo contó cuando ocurrió, hace más de diez años. Esa pobre chica perdió la cabeza y Oliver se sintió culpable. La chica no tenía ningún pariente ni nadie que se hiciera cargo de ella, por eso Oliver decidió afrontar todos los gastos cuando la internaron en la clínica.

—Nada de esto hubiera pasado si nos comunicáramos mejor —reflexionó Scarlett.

Terminaron de cenar entre confidencias y después Scarlett se retiró a su habitación para intentar descansar. Sabía que no iba a poder dormir hasta que hablara con Oliver, pero al menos trataría de descansar y pensar qué le iba a decir a Oliver cuando le viera.

Se metió en la cama y, aunque lo intentó, Scarlett estaba demasiado nerviosa para dormir. No podía dejar de pensar en su encuentro con Oliver, en qué le diría él y qué le diría ella, y en cómo sería su vida a partir de ahora. Se llevó las manos al vientre, acariciándolo con un gesto protector, y le susurró a la barriga:

—Me temo que vamos a tener que esperar unos días más para contárselo a papá, cuando todo esté más tranquilo.

Un par de horas más tarde, Scarlett escuchó varios pasos y algunos murmullos procedentes del salón y agudizó el oído. No fue capaz de descifrar qué decían, pero no tuvo ninguna duda de que aquellas voces eran de su padre, de Oliver y de Dexter. Unos minutos después, escuchó unos pasos subiendo la escalera y fingió estar dormida cuando la puerta de su habitación se abrió.

Oliver estaba hecho un manojo de nervios, ni en la peor de las misiones que le habían asignado lo había pasado tan mal como en aquel momento. Se odiaba por haber expuesto a Scarlett en peligro y por no haberle hablado de Wendy. Seguía sin creerse que Wendy se hubiera fugado de la clínica en la que estaba internada para ir a buscarle y que, al no encontrarle y ver allí a Scarlett, la tomó con ella. No quería ni imaginar todo lo que se le habría pasado por la cabeza a Scarlett al ver a Wendy armada y decidida a acaba con su vida, ni tampoco quería imaginar qué hubiera sido de él si a Scarlett le hubiera pasado algo. Y, aunque Scarlett no había resultado herida durante el ataque de Wendy, sí resultó herido el Teniente Wilmore, hijo del Coronel Wilmore y como un hermano para Scarlett, algo que no sería fácil de perdonar. Y después estaba lo del desmayo de Scarlett, el doctor y el General le habían asegurado que probablemente se debía al estrés sufrido al vivir semejante suceso, pero Oliver quedó satisfecho con aquella explicación en cuanto supo que Scarlett se había negado a que le hicieran cualquier prueba diagnóstica. Para colmo, su familia le había confesado que Scarlett había estado extraña desde que él se marchó, todos intuían que algo le ocurría pero Scarlett no había hablado con nadie sobre el tema. La abuela Sylvia fue la única que habló con seguridad en sus palabras y por eso Oliver se aferró a ellas con la esperanza de que la intuición de su abuela no fallara ahora por primera vez.

—Scarlett te ha echado de menos y, aunque lo ha intentado disimular, la verdad es que no se le ha dado demasiado bien —le dijo la abuela esa noche en la granja—. Necesita saber que vas a estar ahí para cuidarla y no creo que sean palabras lo que busca, sino hechos.

Oliver sonrió con amargura ante aquel consejo. Amaba a Scarlett por encima de todas las cosas y había planeado una maravillosa noche junto a ella para celebrar su regreso, con una sorpresa preparada, un discurso aprendido de memoria y un anillo de compromiso en una caja envuelta para regalo que ahora descansaba guardada en el bolsillo de su chaqueta.

Pese a que el General Turner se mostraba bastante optimista y le animó a subir a la habitación de Scarlett, Oliver tenía sus dudas y no se sorprendería si Scarlett le recibía con un portazo en las narices. Respiró profundamente y abrió la puerta de la puerta de la habitación. Tuvo que esperar un par de minutos hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación y entonces distinguió a Scarlett tumbada en la cama. Caminó despacio y sin hacer ruido hasta llegar a ella, se agachó y le susurró al oído muy bajito:

—Te amo, mi vida.

Scarlett lo escuchó y tuvo que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Oliver supo que Scarlett estaba despierta, su respiración desacompasada la delataba, así que se tumbó en la cama junto a ella, la abrazó pegando su pecho a la espalda de ella, y continuó susurrándole al oído:

—Sé que estás enfadada y lo entiendo, Scott está herido y si a ti te hubiera llegado a pasar algo yo… —Oliver se interrumpió, no quería pensar en eso—. Debí habértelo contado antes, pero la verdad es que, después de tantos meses sin verla ni saber nada de ella, tampoco pensé en ella hasta que me llamó un día antes de marcharme. Jamás imaginé que podías estar en peligro, no te hubiera dejado sola de haberlo sabido.

— ¿No estás enfadado conmigo? —Le preguntó Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Cómo voy a estar enfadado contigo? Casi te matan por mi culpa.  

—Fui yo quien disparó a Wendy —le confesó Scarlett.

—No hubieras tenido que hacerlo tú si yo hubiese estado en casa —insistió Oliver estrechándola entre sus brazos—. Hablaremos mañana, ahora debemos descansar un poco.

Scarlett logró conciliar el sueño entre los brazos de Oliver y él estaba tan agotado y relajado ahora que volvía a estar junto a Scarlett que se durmió unos minutos después que ella.

La protegida del Capitán 19.

Cuando llegaron a casa del General, él y el Coronel ya estaban en la cocina con un delantal puesto y poniéndolo todo patas arriba. Scarlett y Scott, tras reírse y mofarse de aquella estampa, decidieron echarles una mano para poder cenar.

Scarlett se olvidó de todas las preocupaciones que invadían su cabeza y disfrutó de aquella velada en familia como en los viejos tiempos. Cenaron entre bromas, contando y escuchando viejas anécdotas que les hicieron reír sin parar. Una hora antes de medianoche, el Coronel y el Teniente Wilmore se despidieron y se marcharon a sus respectivas casas. El General Turner aprovechó que estaba a solas con su hija y le preguntó lo que llevaba toda la noche preguntándose:

—Cielo, ¿qué es lo que te ocurre?

—No me ocurre nada, papá.

—Mientes —la acusó su padre—. Llevas unos días muy extraña y pareces distraída, ensimismada en tus propios pensamientos.

—Echo de menos a Oliver, me siento extraña estando en su casa sin él y deseo que regrese a casa —le respondió Scarlett, y no era ninguna mentira pero tampoco toda la verdad.

— ¿Va todo bien con Oliver?

—Sí, todo va bien.

—He hablado con Oliver esta tarde, me ha dicho que ha estado hablando contigo todas las noches pero anoche no pudo localizarte, estaba preocupado y quería saber si estabas bien.

—Me quedé dormida, tenía el teléfono móvil en silencio y no me desperté —se excusó Scarlett.

—Cielo, siempre te apoyaré hagas lo que hagas, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, papá —le dijo Scarlett abrazándole—. Todo está bien, no tienes nada de lo que preocuparte.

—Me alegra oír eso.

—Buenas noches, papá —le susurró Scarlett antes de dirigirse a su habitación.

Era casi medianoche y esperaba que Oliver la llamara. Se aseguró de que su teléfono no estuviera en silencio y lo dejó en la mesilla de noche mientras se ponía el pijama y se metía en la cama. Dos minutos más tarde, el teléfono comenzó a sonar y Scarlett respondió de inmediato:

— ¿Sí?

—Scarlett, ¿estás bien?

La voz de Oliver le resultó fría y distante, además denotaba cansancio y su mal humor había aflorado.

—Sí, estoy en casa de mi padre. He venido a cenar y decidí quedarme a dormir para no regresar tan tarde a la granja.

—Entonces, ¿regresarás a casa?

—Sí, a menos que tú no quieras —le contestó Scarlett confusa.

—Pues claro que quiero que regreses a casa, ¿por qué no iba a querer? —Oliver suspiró y, suavizando su tono de voz, añadió—: No quiero discutir, nena. Estaba preocupado, anoche no te localicé y esta tarde me entero que vas a dormir en la base. Sé que hay algo que no me estás contando, pero hablaremos de ello cuando regrese.

— ¿Cuándo regresas?

—Antes de lo que crees, nena. No puedo seguir hablando, pero no olvides que te quiero y que estoy deseando verte.

—Yo también te quiero —le respondió Scarlett con un hilo de voz antes de que la comunicación se cortara.

Scarlett estaba segura de que Oliver era sincero y la quería, incluso podía entender por qué le había ocultado la existencia de Wendy Allen, pero tampoco podía evitar sentirse decepcionada porque Oliver no había confiado en ella. A todo eso, se sumaba una noticia bomba que Scarlett no sabía cómo anunciársela a Oliver y temía su reacción. Ella estaba decidida a seguir adelante con aquel embarazo, con o sin la ayuda de Oliver.

A la mañana siguiente se despertó de buen humor, pese a todas las preocupaciones que le rondaban la cabeza, se dio una rápida ducha, se vistió con la muda de ropa que había preparado el día anterior y bajó las escaleras para dirigirse a la cocina. Allí se encontró a su padre preparando el desayuno y, tras saludarse y darse los buenos días, ambos se sentaron a desayunar.

Después de desayunar, Scarlett se dirigió a su despacho y se concentró en su trabajo. A media mañana, Scott pasó a visitarla y la invitó a comer en la cafetería de la base. Scarlett esperaba encontrar allí a su padre y, cuando no le vio, intuyó lo que estaba pasando.

— ¿Te ha enviado mi padre?

—Está ocupado en el centro de operaciones y, cuando me ha dicho que no podría comer contigo, le he prometido que yo te haría compañía —le explicó Scott—. Tenemos una conversación pendiente, sobre todo si pretendes regresar a casa del Capitán. Wendy Allen sigue siendo una fugitiva, no han dado con ella.

—Oliver es muy estricto con la seguridad, la casa está protegida por uno de los mejores sistemas.

—Y ese sistema no impidió que Wendy Allen metiera un sobre por debajo de la puerta principal. No quiero pensar qué hubiera pasado si en lugar de una foto el sobre hubiera contenido otra cosa.

—Oliver regresará pronto y quiero estar en casa cuando lo haga.

— ¿Has hablado con él?

—Sí, hablamos anoche, pero no le he contado nada. Está bastante preocupado, sabe que le estoy ocultando algo y en cuanto llegue va a querer una respuesta, aunque antes va a tener que responderme varias preguntas.

—No seas muy dura con él, al fin y al cabo, solo ha pecado de ser demasiado bueno.

—Y de mentirme, debería haberme hablado de Wendy, quizás ahora no estaría acechándome por todas partes —protestó Scarlett.

—Te llevaré a casa cuando termines tu turno de trabajo y ya veremos lo que hacemos esta noche —concluyó Scott.

Después de comer con Scott en la cafetería de la base, Scarlett regresó a su despacho y se concentró de nuevo en su trabajo. Scott sabía que Oliver estaba de regreso y llegaría a la base a última hora de la tarde, pero el General había sido tajante al ordenar que nadie le dijera nada a su hija y Scott acató la orden. Oliver quería darle una sorpresa a Scarlett, por eso se había asegurado de que estuviera en casa cuando él regresara. Aunque empezaba a arrepentirse de no haberle dicho nada a Scarlett. La conocía demasiado bien para saber que algo le ocurría y quizás no era el mejor momento para andarse con sorpresas, pero ya era demasiado tarde para cambiar de opinión.

— ¿Te llevo a casa? —Le preguntó Scott asomando la cabeza por la puerta del despacho de Scarlett.

—Tengo mi coche en la base —le recordó ella.

—Lo sé, pero creo que es mejor que yo te acompañe, al menos hasta que localicen y detengan a esa loca que te anda acechando.

—Está bien, nos vamos a casa —se resignó Scarlett.

Scarlett se despidió de su padre y regresó a la granja con Scott. Le invitó a entrar en casa, se dirigió a la cocina y sirvió un par de copas de vino. Hasta que recordó que no podía beber alcohol y cambió su copa de vino por una cerveza sin alcohol que sirvió en un vaso para que Scott no se diera cuenta.

— ¿No te has servido vino?

—Me apetecía cerveza —mintió Scarlett encogiéndose de hombros.

Ambos se sentaron en los taburetes junto a la barra de la cocina y, como los dos buenos amigos que eran, hablaron con sinceridad.

— ¿Puedo pedirte un favor?

—Tú dirás —le respondió Scarlett con curiosidad.

—Sé que estás dolida porque Oliver no te ha contado lo de Wendy Allen y te entiendo, a mí también me hubiera molestado teniendo en cuenta su peligrosidad, pero realmente creo que lo único que Oliver pretendía era protegerte, aunque se haya equivocado.

—Creía que ibas a pedirme un favor.

—Es un tema complicado y delicado. Si una chica se intentara suicidar a causa de mi rechazo sería inevitable que me sintiera culpable, aunque no tuviera la culpa de nada. Entiendo que Oliver quiera ayudarla, nadie quiere cargar con la muerte de alguien sobre su espalda.

—Sigues sin pedirme el favor —insistió Scarlett, sin hacer un solo comentario sobre la reflexión de Scott.

—Pequeña, lo que quiero pedirte es que lo medites y, aunque estés enfadada con él, no olvides que solo está haciendo lo correcto.

Scott tenía razón y Scarlett lo sabía, pero eso no significaba que ya no estuviera enfadada con Oliver. Aunque ella también le estaba ocultando algunas cosas, algo de lo que tendrían que hablar cuando él regresara a casa.

Seguían charlando tranquilamente en la cocina cuando una piedra impactó contra una de las ventanas, haciendo estallar el cristal en mil pedazos. Dos segundos más tarde, una de las ventanas del comedor y otra ventana del salón también estallaron. Scott cubrió a Scarlett con su cuerpo y la llevó al pasillo, lejos de las ventanas.

— ¿Qué está pasando? —Preguntó Scarlett aterrorizada.

—Me temo que Wendy Allen se ha cansado de mirar y ha decidido pasar a la acción —le respondió Scott empuñando su pistola—. Quiero que te quedes aquí y que te mantengas lejos de las ventanas, ¿de acuerdo?

—No me dejes sola, Scott —le rogó con un hilo de voz.

—Solo será un minuto.

Scarlett abrió la boca para protestar, pero Scott ya había desaparecido. Se pegó a la pared del pasillo, lejos de las ventanas y también de las puertas, preparada para salir corriendo escaleras arriba si aquella chiflada entraba en casa. Scott regresó un minuto más tarde y anunció:

—Tenemos que subir a la planta de arriba, vamos.

Scott agarró a Scarlett del brazo y tiró de ella escaleras arriba hasta llegar al dormitorio principal. Abrió la puerta del vestidor y, tras comprobar que no tenía ventanas, la hizo entrar y le dijo:

—Scarlett, necesito que te escondas aquí hasta que venga a buscarte. En cuanto me vaya, cierra la puerta con el cerrojo y no abras hasta que regrese, ¿de acuerdo?

—Scott…

—Por una vez en tu vida, haz lo que te pido —la interrumpió—. Echa el cerrojo y no abras hasta que regrese, ¿lo has entendido?

Scarlett asintió y Scott dio media vuelta y se marchó. Tal y como él le había pedido, Scarlett echó el cerrojo y se encerró en el vestidor. Pegó la oreja a la puerta, pero no escuchó nada. Scarlett estaba aterrada, aquella loca podía hacerle daño a ella y a su bebé y no tenía nada con lo que defenderse. Rebuscó en los estantes y los armarios del vestidor en busca de cualquier objeto con el que pudiera defenderse. En uno de los estantes, entre las camisetas de Oliver, encontró un arma, pero no estaba cargada. Siguió rebuscando hasta que encontró la munición, cargó el arma y se sentó junto a la puerta del vestidor esperando que Scott regresara.

Diez minutos más tarde, tras un inquietante silencio, se escuchó un disparo en el interior de la casa. Scarlett se sobresaltó, pero obedeció la orden de Scott y no salió del vestidor. Un minuto después, se oyó una ráfaga de tres disparos y el silencio reinó de nuevo. Scarlett pegó la oreja a la puerta, pero no escuchó nada. Esperó unos minutos y, al ver que Scott no regresaba, decidió ir a buscarlo ahora que tenía un arma en sus manos. Quitó el cerrojo y abrió la puerta del vestidor. Cruzó el dormitorio principal y, tras asomar la cabeza por el pasillo y comprobar que no había nadie, decidió salir. Prestó atención pero no se escuchaba ningún ruido, algo que la sorprendió ya que la familia de Oliver vivía a escasos metros de distancia y era imposible que no hubieran escuchado el sonido de los disparos, aunque agradeció en silencio que no aparecieran por allí. Bajó las escaleras despacio, con mucho cuidado de no hacer ruido ni de tropezar, hasta que llegó al hall. No supo hacia a dónde dirigirse hasta que escuchó un gemido de dolor procedente de la cocina y no tuvo ninguna duda de que se trataba de Scott. Se dirigió hacia allí y vio a Scott con el brazo ensangrentado, tratando de vendárselo pero sin conseguirlo.

— ¡Scott! —Exclamó Scarlett horrorizada, corriendo a su lado para ayudarle a colocar el vendaje sobre la herida.

—No deberías estar aquí, esa tarda va armada —masculló Scott—. Tengo que sacarte de aquí antes de que nos encuentre.

Demasiado tarde. Wendy Allen les observaba desde la puerta mientras les apuntaba con su arma. Scarlett contuvo la respiración y se llevó la mano a la espalda para coger su pistola, pero Wendy sonrió y disparó. Scott se abalanzó sobre Scarlett, interponiéndose en la trayectoria de la bala que impactó sobre su hombro. Scarlett cayó al suelo, pero tuvo tiempo de alcanzar la pistola y disparar tres veces. Tres balas salieron del cañón y las tres alcanzaron su objetivo. Wendy Allen cayó de rodillas al suelo y dos segundos después quedó tumbada boca abajo bañada en su propia sangre y con el arma todavía en su mano.

Scarlett se quedó mirando el cuerpo sin vida de Wendy mientras trataba de no vomitar hasta que escuchó la voz de Scott:

—He avisado a tu padre hace veinte minutos, deben estar a punto de llegar.

La protegida del Capitán 18.

Después de cenar en casa de los padres de Oliver con toda la familia, Scarlett regresó a casa y esperó la llamada de Oliver mientras leía en la cama. A la once de la noche, el teléfono fijo de la casa comenzó a sonar y Scarlett, pensando que podía ser él, no dudó en descolgar el teléfono:

— ¿Hola?

— ¿Está Oliver en casa?

Scarlett frunció el ceño al escuchar una voz de mujer preguntando por Oliver a esas horas de la noche e imaginó que se trataba de la tan Wendy.

— ¿Quién pregunta por él?

—Soy Wendy, su prometida y futura madre de su bebé —le respondió la mujer al otro lado del teléfono.

—Oliver no está en casa, pero le diré que ha llamado en cuanto regrese a casa —le respondió Scarlett antes de colgar.

No pudo digerir aquellas palabras y tuvo que correr hasta llegar al cuarto de baño para vomitar. Aquella mujer aseguraba ser la prometida de Oliver y la futura madre de su bebé, ¿estaba embarazada? Y su voz… Aquella voz le resultó familiar, ya la había escuchado antes pero no recordaba dónde.

Dio un respingo cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Miró el reloj y, tras confirmar que era medianoche, supo que esta vez sí era Oliver quien la llamaba por teléfono. Sin embargo, no se sentía con fuerzas para hablar con él en ese momento, al menos no sin acabar discutiendo con él. Era mejor mantener esa conversación cara a cara y en privado. Scarlett silenció el teléfono e ignoró las seis llamadas de Oliver, necesitaba asimilar todo lo que estaba pasando antes de hablar con él.

Apenas logró dormir un par de horas y se levantó al amanecer. Tras darse un largo baño, se vistió y se dirigió a la cocina para desayunar. Bajó las escaleras y se detuvo en el hall al ver un sobre en el suelo que dedujo que alguien había colado por debajo de la puerta principal. Cogió el sobre, lo abrió y sacó de su interior una nota y una vieja y desgastada foto. No le costó reconocer a la pareja que aparecía en la foto, era Oliver y la mujer de aspecto enfermizo con la que se tropezó el viernes al salir de la clínica. Detrás de la fotografía, estaban escritos los nombres de ambos y la fecha, de hacía quince años. Aquella mujer era la tal Wendy que llamaba a Oliver a altas horas de la noche y decía ser su prometida y futura madre de su hijo. ¿Era posible que Oliver llevara una doble vida? Scarlett no podía creerlo, él siempre estaba en casa o en el trabajo, vivía con él desde los últimos siete meses y prácticamente habían estado juntos las veinticuatro horas del día. Resultaba bastante improbable que Oliver hubiera podido compaginar dos relaciones y mucho menos que tuviera una prometida y que no hubiera aparecido por la granja de los Parker, ocupando su lugar como ella misma estaba haciendo. Su aspecto enfermizo le hizo sospechar que aquella mujer podía convertirse en un peligroso problema, necesitaba saber más de ella para saber a qué se estaba enfrentando.

—Wendy Allen, tendré que averiguar quién eres realmente —murmuró mirando aquella antigua foto en la que ambos aparecían abrazados y sonrientes en el baile de fin de curso del instituto.

Se preparó un café con unas tostadas y después llamó a su amigo Scott, el hijo del Coronel George Wilmore. Esperaba que él la pudiese ayudar a averiguar quién era Wendy Allen, aunque le costaría convencerle.

— ¿Va todo bien, pequeña? —Le preguntó Scott nada más descolgar.

—Sí, pero necesito que me hagas un pequeño favor.

— ¿De qué se trata?

—Necesito que investigues a una persona.

—Scarlett, si tienes la más mínima sospecha de que puedas estar en peligro, debes de decírmelo —le advirtió Scott.

—No es nada de lo que estás pensando, pero no quiero hablarte de ello por teléfono, ¿nos vemos esta noche y te lo cuento?

—No creo que a tu familia política le guste que salgas de noche con otro hombre mientras el Capitán está desplegado en una misión —se mofó Scott para provocarla.

—No te preocupes por eso, llamaré a mi padre, le diré que iré a cenar y me quedaré allí a dormir con la excusa de no regresar sola y tan tarde a la granja —le respondió Scarlett ignorando por completo la pulla de Scott.

—De acuerdo, nos vemos esta noche.

—Hasta esta noche —se despidió Scarlett antes de colgar.

Tras recoger y limpiar la cocina, Scarlett decidió llamar a su padre y anunciarle que iría a cenar a su casa y que probablemente se quedaría a dormir allí.

—Cielo, todavía no tenemos noticias de que la misión haya concluido —le dijo su padre en cuanto descolgó—. Serás la primera persona a la que informe en cuanto sepa algo.

—En realidad, te llamaba para decirte que, si no tienes otros planes, me gustaría cenar contigo esta noche.

— ¿A dónde te apetece ir a cenar?

—Había pensado en cenar en tu casa, así podría pasar el rato con George y Scott. Y, si no te importa, probablemente también me quede a dormir, no quiero regresar tan tarde a la granja.

—Por supuesto, cielo. Esta sigue siendo tu casa —le recordó el General sospechando que a su hija le pasaba algo o se traía algo entre manos—. ¿Va todo bien en la granja de los Parker?

—Sí, pero aquí todo me recuerda a él y, aunque su familia intenta mantenerme distraída y hacerme compañía, me siento un poco sola en una casa tan grande —le respondió Scarlett con una verdad a medias—. Solo quiero pasar una noche agradable con mi padre, con mi padrino y con Scott, no hay nada por lo que debas preocuparte.

—Está bien, te espero en casa para cenar esta noche. Voy a avisar a George y a Scott para que no hagan planes. Tengo que colgar, cielo. Nos vemos esta noche.

—Hasta esta noche, papá.

Una vez resuelto ese tema, se dirigió a casa de los padres Oliver para comer con toda la familia como hacían todos los domingos. Cuando les informó que esa noche iría a cenar a casa de su padre y que pasaría la noche allí, Cynthia le preguntó:

—Cielo, ¿estás bien? ¿Hemos hecho algo que te haya hecho sentir incómoda?

—Estoy bien y por supuesto que me siento cómoda y muy querida por todos vosotros —le aseguró Scarlett—. Mañana por la tarde, en cuanto salga del trabajo, regresaré a casa.

A todos les pareció una explicación de lo más coherente, pero a la abuela Sylvia no se le escapaba ni una y supo que Scarlett ocultaba algo. Después de comer, cuando Scarlett decidió regresar a casa, la abuela Sylvia insistió en acompañarla y dar un paseo.

—Echas mucho de menos a Oliver, ¿verdad?

—Sí, pero confío en que regrese en dos o tres días como mucho —reconoció Scarlett.

—Diviértete esta noche en casa de tu padre, pero recuerda que le has prometido a esta vieja que te ibas a cuidar.

—No lo olvido, no tomaré más café.

—Ni café ni alcohol —apuntó la abuela Sylvia—. Y debes comer más, estás muy delgada últimamente.

—Abuela Sylvia…

—Haz feliz a la abuela, solo quiere que tengas salud —la interrumpió la abuela Sylvia hablando de ella misma en tercera persona.

Scarlett asintió, era inútil discutir con ella y menos todavía cuando llevaba razón. Tenía que cuidarse más porque ya no se trataba solo de ella, sino del bebé que llevaba en su vientre.

Se despidió de la abuela Sylvia y entró en casa para preparar una pequeña maleta con una muda de ropa para el día siguiente, un pijama y su neceser. Apenas eran las cinco de la tarde, pero Scarlett estaba ansiosa por llevar a cabo su plan y no quiso esperar. Se montó en su coche y se dirigió a la base.

—Cielo, ¿qué haces aquí tan pronto? —Le preguntó el General después de saludarla.

—No tenía nada qué hacer —le respondió ella—, pero no te preocupes, iré a buscar a Scott mientras tú terminas tu trabajo.

Al General Turner le pareció una buena idea, pero le sorprendió que su hija no le preguntara ni se interesara por la misión de Oliver. Scarlett tampoco le dio tiempo a hacerle ninguna pregunta, dio media vuelta y se marchó en busca del Teniente Scott Wilmore.

—Será mejor que me digas en qué andas metida —le advirtió Scott tras saludarla con un abrazo cuando ella entró en su despacho—. ¿A quién quieres investigar?

—A Wendy Allen.

— ¿Quién es?

—Si lo supiera no estaría aquí pidiéndote ayuda —le replicó Scarlett.

— ¿Por qué la quieres investigar?

—Esa mujer llama a Oliver a altas horas de la madrugada, anoche llamó a casa buscando a Oliver y me dijo que ella era su prometida y la futura madre del hijo de Oliver —comenzó a explicarle Scarlett—. Esta mañana, cuando he bajado las escaleras, me he encontrado este sobre con una fotografía de ambos de hace quince años y he reconocido a la mujer que está con él, la tal Wendy. Me la encontré hace unos días en la ciudad y me pidió la hora, trató de entablar conversación conmigo pero me excusé alegando que tenía prisa porque me pareció que tenía algún tipo de trastorno psicótico. Ayer por la tarde, mientras estaba en una tienda de compras con Claire por la ciudad, me pareció verla en la calle. Y esta mañana he encontrado el sobre en el hall de casa, debió de echarlo por debajo de la puerta.

—No creerás que el Capitán Parker lleva una doble vida, ¿verdad?

—No lo creo, pero tampoco entiendo por qué me oculta su relación con ella. Se supone que acordamos que no habrían secretos entre nosotros, por eso no sé cómo tomarme que me haya mentido.

—Vamos a averiguarlo —sentenció Scott mientras tecleaba en su ordenador el nombre de la investigada para acceder a su expediente—. Aquí tenemos el expediente de Wendy Allen y parece que no te equivocabas. Ha estado entrando y saliendo de clínicas de salud mental desde los diecinueve años.

— ¿Por qué? ¿Qué problemas tiene?

—El expediente médico es confidencial y no consta en su expediente civil, solo sus terapeutas poseerán esos informes.

—Eres experto en informática, ¿no puedes hackearlo?

— ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

—Esa loca me está acechando, ha llegado hasta la puerta de mi casa y necesito saber a qué me estoy enfrentando, sobre todo teniendo en cuenta que Oliver está fuera del país.

Scott suspiró con resignación y finalmente complació a su amiga, a la que quería como a una hermana pequeña, y hackeó el expediente médico de Wendy Allen.

—Aquí está su expediente médico, ¿quieres leerlo? —Le preguntó Scott cediéndole su sillón frente a la pantalla del ordenador.

—No, prefiero que lo leas tú y después me hagas un resumen.

Scott asintió y comenzó a leer en silencio el expediente de Wendy. Scarlett observó el rostro de Scott y dedujo que no se había equivocado y Wendy era peligrosa. Unos minutos más tarde, Scott terminó de leer el expediente y se recostó sobre el respaldo de su sillón al mismo tiempo que suspiraba con incredulidad.

— ¿Y bien? —Quiso saber Scarlett.

—Wendy Allen y el Capitán se conocieron en el instituto, fueron juntos al baile de fin de curso del instituto y, al parecer, pasaron la noche juntos. Él se había alistado al Ejército y un par de días más tarde tuvo que trasladarse a la academia militar. Oliver no se despidió de Wendy y ella le esperó más de un año hasta que él regresó a casa ya convertido en un soldado —le comenzó a resumir Scott—. Después de tanto tiempo, Oliver ni siquiera se acordaba de ella y, cuando Wendy fue a buscarle diciendo a familia y amigos que era su novia, Oliver la rechazó y ella intentó suicidarse.

—Vaya.

— ¿Quieres que continúe?

—Sí, por favor —le pidió Scarlett.

—Está obsesionada con Oliver, ha creado en su mente una realidad paralela en la que cree que él es su prometido y que van a formar una familia.

— ¿Por qué Oliver habla con ella por teléfono y la va a visitar?

—También paga los gastos de internamiento de la clínica, probablemente se sienta culpable porque la chica intentó suicidarse cuando él la rechazó —opinó Scott.

— ¿Qué crees que se supone que debo hacer ahora? ¿Finjo que no sé nada?

—Espera, hay una notificación urgente en el expediente de Wendy Allen —la informó Scott.

— ¿De qué se trata?

—Oh, oh. Se fugó de la clínica hace más de una semana.

—Y no se estará medicando —concluyó Scarlett.

—No creo que sea buena idea que te quedes en casa del Capitán Parker mientras esa mujer siga fugada y acechándote. Tú misma has dicho que estará sin medicar y eso la convierte en peligrosa, sobre todo si tenemos en cuenta que Oliver es su obsesión y tú eres la bruja que quiere destrozar su relación.

— ¡Eh!

—Lo siento, solo hablaba desde el punto de vista de Wendy —se disculpó Scott—. Está noche te quedas en la base, que estarás segura. Mañana ya pensaremos qué vamos a hacer.

—Gracias, Scott.

—Pequeña, no tienes nada qué agradecerme —le dijo Scott abrazándola—. Vamos a casa de tu padre, ya habrá llegado y será mejor que le ayudemos a preparar la cena si no queremos morir intoxicados.

La protegida del Capitán 17.

El lunes por la mañana, Scarlett llamó a su ginecólogo y pidió cita para el viernes por la tarde, necesitaba confirmar de forma definitiva que estaba embarazada y necesitaba hacerlo antes de que Oliver regresara de su misión. Ese mismo día, cuando comió con su padre en la cafetería de la base y tras escuchar el escueto informe diario que le daba sobre la cómo iba la misión de Oliver, Scarlett le dijo a su padre:

—Papá, ¿te importa si me tomo libre el viernes por la tarde? Necesito hacer un par de recados y terminar de comprar algunos regalos de navidad.

—Puedes hacer lo que quieras siempre y cuando tengas terminado el informe del perfil sobre el líder de la banda de los barrios bajos.

—Lo tendrás el viernes a mediodía como muy tarde —le aseguró Scarlett.

Continuó con su rutina toda la semana, trabajando durante el día tratando de no pensar en Oliver y esperando su llamada a medianoche. El viernes a mediodía, Scarlett le entregó a su padre el informe con el perfil y, después de comer con él en la cafetería de la base como hacía todos los días desde que Oliver estaba fuera, se despidió y se marchó a casa. Tan solo quería pasar por casa para ducharse antes de ir al ginecólogo y se apresuró en hacerlo para que nadie la viera ni se diera cuenta que había vuelto del trabajo. No pudo evitar sentirse ridícula por andar escondiéndose, pero no tenía opción. Si estaba embarazada, quería que Oliver fuera el primero en saberlo.

Condujo hasta el centro de la ciudad, aparcó en el parking de la clínica y se dirigió a la recepción de la primera planta para anunciar su llegada. La recepcionista, con su eterna sonrisa y su habitual amabilidad, la hizo pasar a la sala de espera y, diez minutos más tarde, la hizo pasar a la consulta del doctor Robson.

—Buenas tardes, señorita Sanders —la saludó el doctor, que siempre la trataba de usted pese a que se conocían desde hacía más de diez años, señalándole uno de los sillones para que tomara asiento.

—Buenas tardes, doctor Robson —le devolvió el saludo Scarlett mientras se sentaba en el sillón.

—Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? —Le preguntó mientras echaba un vistazo a su expediente en el ordenador—. No tienes que realizarte la siguiente revisión hasta dentro de seis meses, así que no vienes por eso. ¿Qué ocurre?

—Estoy embarazada —le soltó Scarlett sin andarse por las ramas—. O eso creo.

— ¿Eso crees? Pues será mejor que primero nos aseguremos. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste con la menstruación?

—El día uno de noviembre.

— ¿Te has hecho un test de embarazo de la farmacia?

—Sí, ha dado positivo.

—Bueno, eso confirma que estás embarazada —opinó el doctor—. Te haremos una analítica de sangre y una ecografía para corroborarlo.

El doctor le tomó una muestra de sangre y después la exploró con el ecógrafo. Tras pasar la sonda de un lado a otro de su abdomen, finalmente se detuvo en el centro y anunció capturando la imagen:

—Aquí tenemos a tu bebé.

El doctor señaló una pequeña bolita blanca en la pantalla y Scarlett se la quedó mirando casi hipnotizada. Era la primera vez que veía a su bebé, como había dicho el doctor. De repente, un estrepitoso ruido como de caballos galopando le hizo dar un respingo y preguntó asustada:

— ¿Qué es eso?

—Son los latidos del corazón de tu bebé —le respondió el doctor con ternura—. Todo parece estar bien, te llamaré cuando tenga los resultados de la analítica y te daré cita para dentro de un par de semanas. Repetiremos la analítica y le haremos una nueva foto a tu bebé. 

El doctor le entregó tres ecografías con las primeras fotos de su bebé, Scarlett se emocionó y no pudo evitar soltar un par de lágrimas.

—Lo siento, últimamente estoy un poco susceptible —se disculpó, avergonzada.

—Es normal, tu cuerpo está revolucionado por las hormonas y estás más sensible de lo normal, cuando las hormonas se estabilicen estarás mejor.

Scarlett no pudo más que resignarse a sufrir los altibajos que le causaban las hormonas, que la habían vuelto extremadamente sensible. Tras guardar en su bolso el informe y las ecografías que el doctor Robson le había entregado, Scarlett se despidió del doctor y salió de la consulta. Iba distraída pensando en todo lo que el doctor le había dicho mientras recorría los pocos metros que la separaban de su coche cuando una mujer joven se dirigió a ella:

—Perdona, ¿tienes hora?

Scarlett miró su reloj de pulsera y le respondió:

—Son las cinco y cuarto de la tarde.

—Tengo cita en la consulta de la doctora y estoy un poco nerviosa, ¿tú también estás embarazada?

Tuvo que pensar su respuesta. Era la primera vez que le hacían esa pregunta y, pese a que ya estaba asimilando la noticia, prefirió mentir porque, además de ser una absoluta desconocida, hubo algo en ella que no le gustaba.

—No, solo he venido por una visita rutinaria. Disculpa, pero tengo prisa —añadió antes de dar media vuelta y seguir por su camino.

Se montó en su coche y regresó a casa. Se dirigió directamente a la cocina y, tras servirse un vaso de agua, sacó las tres ecografías del bolso y se sentó en uno de los taburetes, sonriendo al observar las primeras fotos de su bebé. Seguía estando nerviosa por la reacción de Oliver cuando le diera la noticia, pero la emoción que sentía al saber que un pedacito de Oliver y de ella crecía en su vientre le daba la fuerza necesaria para afrontar cualquier cosa. Amaba a ese bebé más que a su propia vida y estaba dispuesta a todo por él, aunque tuviera que hacerlo sin la ayuda de Oliver.

Como todas las noches desde que Oliver no estaba, Scarlett cenó en casa de la familia Parker. La abuela Sylvia estuvo pendiente de ella en todo momento y de vez en cuando la miraba y le sonreía con complicidad. Scarlett incluso llegó a sospechar que la abuela Sylvia había adivinado que estaba embarazada y, si así era, agradeció que no se lo mencionara.

Después de cenar, Scarlett regresó a casa y esperó la llamada de Oliver, que llegó pocos minutos antes de la medianoche.

—Hola nena, ¿qué tal estás hoy?

—Estoy feliz de escuchar tu voz, aunque reconozco que estaría mejor si tú estuvieras aquí. La espera se me está haciendo eterna.

—Te noto impaciente, ¿tienes ganas de jugar? —Le preguntó Oliver con tono burlón.

—Sabes que sí.

—Cariño, si todo sale bien, estaré ahí contigo en tres o cuatro días y te prometo que no me voy a separar de ti ni un solo segundo hasta después de navidad.

—Recuerda lo que acabas de prometer —le dijo Scarlett pensando que le venía muy bien aquella promesa teniendo en cuenta la noticia que le daría a su regreso.

—Y tú no olvides que te quiero.

—Yo te quiero más.

—Mm… ¿A qué se debe ese tan buen humor? —Quiso saber Oliver, sintiendo curiosidad por su repentino cambio en comparación a los últimos días.

—Acabas de decirme que estarás conmigo en tres o cuatro días, ¿te parece motivo suficiente para estar contenta?

—Estoy deseando estrecharte entre mis brazos, estar lejos de ti es una tortura —le susurró Oliver antes de añadir—: Cariño, tengo que colgar, pero mañana te llamaré de nuevo. Sueña conmigo, en nada estaré contigo.

—Buenas noches, cariño —se despidió Scarlett antes de colgar.

Apenas logró dormir un par de horas en toda la noche, estaba demasiado emocionada por los acontecimientos del día, no podía dejar de mirar las ecografías y ansiaba poder enseñárselas a Oliver.

Se despertó pasado el mediodía, cuando la abuela Sylvia, preocupada por no haberla visto desde la noche anterior, llamó al timbre. Scarlett bajó las escaleras con el pijama puesto y abrió la puerta.

—Cielo, ¿estás bien? Me he preocupado al no verte en toda la mañana, ¿estás enferma? —Le preguntó la abuela Sylvia.

—Anoche me costó dormirme y esta mañana me ha pasado factura —le respondió Scarlett echándose a un lado para invitarla a entrar y le ofreció—: ¿Te apetece un café?

— ¿Qué te parece si yo preparo el café mientras tú te vistes?

—Me parece perfecto, gracias abuela Sylvia.

Scarlett subió las escaleras, se dio una rápida ducha y se vistió antes de regresar a la cocina donde la abuela Sylvia la esperaba sirviendo el café.

—Siéntate y desayuna, aunque no sé si tanto café es saludable para ti —le dijo abuela Sylvia.

A Scarlett le sorprendieron las palabras de la abuela Sylvia, la había visto tomar café varias veces al día y jamás le había dicho nada, hasta ese día.

—Es mi primer café de la mañana, aunque me lo vaya a tomar a mediodía —se excusó Scarlett.

—Haz feliz a esta vieja y no te tomes más de un café al día.

—Haré lo que me pidas si te hace feliz —le respondió Scarlett con naturalidad.

Después de tomarse el café, Scarlett y la abuela se dirigieron a la casa de los padres de Oliver. Cynthia y Claire estaban con los niños, decorando el árbol de navidad. Joe estaba en el establo con Daniel e Izan, pero Cynthia les informó que regresarían en un par de horas para comer todos juntos. Scarlett no pudo resistirse a unirse a ellos cuando se lo pidieron, disfrutando como una niña más de los preparativos de los días previos al día navidad.

—Espero que Oliver regrese antes de navidad —comentó Cynthia con tristeza.

—Espero que así sea, ya han pasado dos semanas —apuntó Scarlett.

—No es fácil ser la esposa de un hombre que sirve a su país, pero el amor hace que todo pueda ser posible —opinó la abuela Sylvia.

—Mira el lado positivo —le aconsejó Claire con una sonrisa traviesa en los labios—, después de más de dos semanas separados el uno del otro, le daréis un buen homenaje al cuerpo.

— ¡Claire! —La regañó Cynthia.

—Probablemente se pasen un par de días sin salir de casa —añadió la abuela Sylvia siguiendo la broma de su hija.

—Abuela Sylvia, ¿tú también? —La reprendió Cynthia—. ¿Qué va a pensar Scarlett de nosotras?

—Pensará que nos gusta el sexo, como al resto de los seres vivos del planeta —le respondió Claire quitándole dramatismo al asunto.

Scarlett no pudo más que reírse con aquella conversación y lejos de sentirse incómoda o avergonzada, estaba relajada y a gusto con la familia de Oliver.

—Scarlett, tengo que ir a hacer unos recados a la ciudad esta tarde, ¿te apetece acompañarme? —Le propuso Claire.

—Sí, yo también tengo que hacer algunos recados —le respondió pensando en los regalos que aún le faltaban por comprar.

Después de comer, Claire y Scarlett fueron a la ciudad y pasaron la tarde recorriendo las tiendas del centro para comprar los regalos que les faltaban para navidad. Scarlett le compró a Oliver un reloj de pulsera como el que a él le gustaba. Se las ingenió para comprar a escondidas el regalo de Claire: un precioso vestido de noche para fin de año que Claire no se había dado el gusto de comprar porque era demasiado dinero para gastarse en un vestido solo para ella. Y también se compró un vestido negro con escote de palabra de honor sobre el cual se ceñía una tela de encaje que se extendía hasta sus manos en forma de manga francesa. El vestido se ceñía a su cuerpo hasta llegar a la altura de las rodillas, donde se expandía con una cola de sirena también cubierta de la misma tela de encaje.

Mientras se disponía a pagar los vestidos que había comprado, Scarlett miró hacia a la calle a través de los cristales del escaparate y le pareció ver a la misma mujer con la que se había cruzado la tarde anterior al salir de la clínica del doctor Robson.

—Aquí tiene, señorita —le dijo la dependienta entregándole las bolsas con los vestidos que había comprado.

—Gracias y feliz navidad —se despidió Scarlett de la amable dependienta antes de salir de la tienda con Claire.

En cuanto puso un pie en la calle, Scarlett miró a un lado y a otro en busca de aquella extraña mujer de aspecto enfermizo, pero no había ni rastro de ella. Claire le propuso parar en una cafetería a tomar un café y Scarlett se olvidó de aquella extraña mujer. Claire le confesó su intención de volver a ser madre y Scarlett sonrió al pensar que su bebé tendría un primito o una primita de la misma edad con quien podría jugar.

—Compaginar el trabajo, los niños, la casa y un marido no es fácil, pero merece la pena —le aseguró Claire—. Mi familia es mi prioridad y no la cambiaría por nada, salvo para ampliarla con un nuevo miembro —añadió guiñándole un ojo con complicidad—. Oliver va a ser un buen padre, los niños le adoran, tiene una paciencia inhumana y un don especial para que le obedezcan.

—No es lo mismo cuidar un rato de tus sobrinos que cuidar a tus propios hijos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana —comentó Scarlett.

—Oliver siempre se queda con los niños cuando Izan y yo nos tomamos un par de días para nosotros, hay que mantener viva la llama de la pasión.

Claire le contó docenas de anécdotas de Oliver y sus hijos mientras Scarlett la escuchaba prestándole toda su atención y sonriendo al imaginar las escenas que Claire le iba narrando. Cuando ambas regresaron a la granja, ya había oscurecido y todos las esperaban para sentarse a cenar.

La protegida del Capitán 16.

El domingo Scarlett se levantó temprano y salió a correr por los alrededores de la granja, el deporte siempre le había ido bien cuando estaba nerviosa o estresada. Al pasar junto a los establos, se encontró a Daniel que también salía a correr.

—Cuñada, ¿te parece bien si te acompaño? —Le preguntó Daniel con su eterno buen humor.

Scarlett aceptó encantada, cuanto más tiempo estuviera acompañada, menos tiempo tendría para darle vueltas a la cabeza. Scarlett se llevaba muy bien con Daniel, tan bien que a veces Oliver incluso se molestaba por la complicidad que existía entre su hermano y ella. Sin embargo, aquella complicidad no era más que una muestra de lo parecidos que eran, un sano cariño que sentía el uno por el otro como el de dos hermanos o dos buenos amigos.

Corrieron bordeando la orilla del río durante poco más de una hora y, cuando regresaban y pasaron delante de la casa de Daniel, él le dijo:

—Te invito a desayunar.

Scarlett adivinó que aquella invitación era obra de Oliver, que se había asegurado de que su familia no dejara que se sintiera sola ni un minuto, pero agradeció que Oliver hubiera tenido ese detalle y que Daniel se hubiera dejado convencer por su hermano. Daniel se encargó de preparar un rico y saludable desayuno con la ayuda de Scarlett, que se empeñó en echarle una mano pese a sus nefastas dotes culinarias. Desayunaron entre bromas y risas, visitaron el establo y le dieron de comer a los caballos. Daniel le ofreció dar un paseo a caballo y enseñarla a montar, pero ella rechazó la oferta con amabilidad alegando que era muy parte, aunque la única razón era que sospechaba que podía estar embarazada.

—Oliver me ha pedido que te mantenga distraída y a salvo, te aseguro que no tengo ninguna intención de llevarle la contraria —se justificó Daniel—. Dime, ¿qué te gustaría hacer?

—Me gustaría poder ir al centro de operaciones y saber cómo va la misión de Oliver, pero mi padre me ha prohibido aparecer por la base hasta el lunes.

—Me temo que en eso no te puedo ayudar, pero estoy seguro que pasar el domingo con tu familia política te distraerá.

Y Daniel tenía razón. Comió en casa de los Parker con toda la familia, excepto con Oliver, y pasaron la tarde charlando en el salón. Jake y Noah estaban encantados con su nueva tía y ya la consideraban una más de la familia. La abuela Sylvia aprovechaba cada ocasión para comentar que Scarlett y Oliver hacían una pareja perfecta. Los padres de Oliver también se mostraban encantados de tener a su nuera tan cerca y de que se llevara tan bien con toda la familia. Cynthia y su marido Izan tenían más tiempo para ellos desde que Scarlett había aparecido en sus vidas, pues los niños la adoraban y se los llevaba de vez en cuando para darles el espacio y la intimidad que tanto necesitaban. En resumen, todo iba como la seda con su familia, pero Scarlett necesitaba averiguar quién era esa tal Wendy. Y esa no era su única preocupación, la ausencia de su menstruación y la sospecha de un posible embarazo la tenían atemorizada. No solo le preocupaba la reacción de Oliver, también la suya propia. No estaba segura de ser capaz de cuidar de un bebé las veinticuatro horas del día, ni siquiera había cambiado un pañal en su vida. Trató de convencerse de que la ausencia de su menstruación no era más que unos días de retraso causados probablemente por la tensión acumulada y decidió esperar unos días más. Si el viernes seguía igual, iría a una farmacia al salir del trabajo y compraría un test de embarazo para salir de dudas.

Cynthia insistió en que todos se quedaran a cenar, le encantaba tener la casa llena de gente, sobre todo si se trataba de su familia. Scarlett cenó con ellos, pero después regresó a casa y esperó la llamada de Oliver. No tuvo que esperar mucho, Oliver la llamó por teléfono justo cuando salía del cuarto de baño y se disponía a meterse en la cama.

—Hola cariño, ¿qué tal ha ido el día? —Le saludó Oliver en cuanto ella descolgó.

—Por aquí todo está igual, he pasado el día con tu familia. Y tú, ¿cómo estás? ¿Cómo va la misión?

—No hemos avanzado mucho desde que llegamos, pero no perdemos el ánimo, todos queremos regresar a casa cuanto antes.

— ¿Me echas de menos?

—Te echo muchísimo de menos, nena —le aseguró Oliver—. Quiero acabar con esta misión cuanto antes para regresar a tu lado, no lo dudes ni un segundo.

—Yo también te echo de menos, me cuesta dormir sin sentir tus brazos rodeándome.

—No sigas por ahí, por favor —le rogó Oliver con la voz ronca.

—Te advertí de que me estabas malacostumbrando, ahora estoy sola en una cama enorme y sin nadie con quien compartirla…

—Nena… —la interrumpió Oliver y añadió casi suplicando—: Se me ha puesto dura solo de escuchar tu voz, no me tortures de esa manera.

— ¿Desde dónde me llamas? ¿Es una línea segura?

—Sí, pero sé lo que estás pensando y no. Puede que nadie esté escuchando en este momento, pero también es posible que alguien decida ponerse a escuchar si la llamada es larga.

—Seré buena, pero solo porque torturarte a ti es torturarme a mí misma —refunfuñó Scarlett.

—Te lo compensaré cuando regrese a casa, nena —le prometió Oliver y añadió para despedirse—: Tengo que colgar, pero te llamaré de nuevo mañana por la noche. No olvides que te quiero, cariño.

—Tú tampoco olvides que yo también te quiero —se despidió Scarlett antes de colgar.

Al día siguiente, Scarlett fue a trabajar como todos los lunes, salvo que esta vez el trayecto en coche hacia la base lo hacía sola, sin la compañía de Oliver. Lo primero que hizo nada más llegar fue dirigirse al centro de operaciones para averiguar cualquier cosa sobre Oliver y su equipo, pero su padre la detuvo justo cuando cruzaba la puerta.

—Cielo, no deberías estar aquí —le recordó el General Turner.

—Solo quiero saber que todo va bien y que Oliver y su equipo están bien.

—Todos están bien, jamás te mentiría y te prometo que serás la primera en enterarte cuando haya novedades.

Scarlett sabía que era mejor mantenerse al margen para no desconcentrar a Oliver ni al resto del equipo, pero todo se veía distinto desde su posición. Ante la firme negativa de su padre, decidió dirigirse a su puesto y se entretuvo con su trabajo. A la hora de comer, el General pasó a buscarla por su despacho y la invitó a comer en la cafetería de la base. El General calmó a su hija contándole pequeñas pinceladas sobre la misión de Oliver y le aseguró que estaría de vuelta antes de navidad.

Durante los días siguientes, Scarlett mantuvo la misma rutina. Se levantaba temprano para ir a trabajar, comía con su padre en la cafetería de la base, cenaba en casa de los padres de Oliver con toda su familia y esperaba su llamada a medianoche para escuchar cómo le decía que la quería y la echaba de menos.

El viernes por la tarde, Scarlett no se dirigió a casa nada más salir del trabajo. Seguía sin tener la menstruación, así que decidió pasar por una farmacia y parar a comprar un test de embarazo. Era la primera vez que se veía en aquella situación, pero no tuvo ningún pudor a la hora de pedirle a la farmacéutica lo que deseaba cuando se lo preguntó:

—Tengo un retraso de una semana y quiero hacerme un test de embarazo.

— ¿Quiere uno sencillo o uno digital?

— ¿Qué diferencia hay?

La farmacéutica cogió un par de cajas con dos modelos distintos de test de embarazo y le respondió:

—Este es más básico y sencillo. Haces pipí sobre el colector absorbente, esperas un par de minutos y en la línea de control aparecerá una raya si no estás embarazada y dos rayas si lo estás —le explicó mostrándole la foto del dispositivo que aparecía en la caja antes de proseguir con su explicación—. Y este otro es digital, funciona exactamente igual que el otro, pero el resultado lo puedes leer en esta pequeña pantalla.

— ¿Cuál es más fiable?

—Ambos son fiables, el margen de error es del 0,01%. Pero es recomendable hacer el test con la primera orina de la mañana, es la más fiable.

—Y, con una semana de retraso, ¿puedo hacer el test?

—Puede hacerse el test desde el primer día de retraso. En su caso, el resultado será más que fiable —le respondió la farmacéutica con una amable sonrisa.

—De acuerdo, pues deme un test de embarazo digital y saldré de dudas.

—Ya verá que es muy fácil de usar y de leer el resultado —le aseguró mientras le cobraba.

Scarlett guardó la compra en el bolso y se dirigió a la granja para cenar con la familia de Oliver como todas las noches. Después de cenar, regresó a casa y esperó la llamada de Oliver.

No pegó ojo en toda la noche, jamás había estado tan nerviosa, ni siquiera cuando sabía que Damian Wilson y sus hombres la buscaban para acabar con ella. Ser madre era una gran responsabilidad y Scarlett no estaba segura de estar preparada para ello. Se levantó al amanecer, buscó el test de embarazo en su bolso y, armándose de valor, entró en el cuarto de baño.

La farmacéutica tenía razón, el test de embarazo era fácil de usar y ahora solo tenía que esperar un par de minutos hasta que apareciera el resultado. Fueron los dos minutos más largos de su vida, pero al fin pudo leer el resultado: Embarazada +3.

Scarlett descubrió que estaba embarazada de más de tres semanas. Tenía que pedir cita con el ginecólogo, necesitaba escuchar el diagnóstico de la boca de un doctor para confirmar lo que ya sabía pero no podía asimilar. El cúmulo de emociones y los nervios ante aquella situación la desbordaron y acabó vomitando. Cuando logró calmarse, se lavó los dientes, se dio un largo y relajante baño de sales aromáticas y más tarde bajó a la cocina a desayunar.

Estaba terminándose de tomar el café cuando sonó el timbre y se levantó para recibir a cualquier miembro de la familia Parker. Abrió la puerta y se encontró con la amplia sonrisa de Claire, la hermana de Oliver.

—Buenos días —la saludó Scarlett, la invitó a entrar y le ofreció un café que Claire aceptó de buena gana—. ¿Puedo ayudarte en algo o solo has venido para comprobar que estoy bien, siguiendo las órdenes de Oliver?

—Ambas cosas —reconoció Claire con una sonrisa traviesa—. Tengo que ir a la ciudad a comprar algunas cosas y he pensado que quizás querrías acompañarme. Ya sabes, un día de chicas. Comprar ropa, comer en un buen restaurante y, si mis hijos nos lo permiten, tomarnos una copa de vino cuando regresemos.

—Suena genial —se apuntó Scarlett.

Claire y Scarlett se terminaron su café y pusieron rumbo a la ciudad. Ambas se habían hecho grandes amigas desde que se conocieron meses atrás. Compraron lencería para sorprender a sus respectivas parejas con una noche romántica, compraron también algunos regalos de navidad para la familia y disfrutaron de un buen menú en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Llegaron a la granja a media tarde y se dirigieron a casa de Oliver para envolver y guardar los regalos de navidad de los niños. Claire no quiso desaprovechar aquella calma que reinaba en la casa, lejos del ruidoso caos de la suya, y le dijo a Scarlett:

—Voy a abrir una botella de vino, ¿te sirvo una copa?

—Eh… Solo una, el vino no me sienta bien —mintió Scarlett.

Claire la escudriñó con la mirada, la había visto beber vino muchas veces y jamás la había escuchado decir que le sentaba mal, pero tampoco le dio importancia. Abrió la botella y sirvió un par de copas de vino. Cuando un par de horas más tarde Izan fue en busca de su esposa, Scarlett apenas había bebido de su copa y Claire se había bebido unas cuantas, hasta que casi acabó con la botella ella sola.   

—Parece que os lo estáis pasando muy bien por aquí —bromeó Izan señalando la botella de vino casi vacía—. Lamento interrumpir vuestro estupendo día de chicas, pero la cena ya está lista, Cynthia me ha enviado a buscaros.

Alegre por las copas de más, Claire se dirigió a cenar a casa de sus padres con su marido y con Scarlett. Cynthia se percató de lo cariñosa que estaba su hija con su marido, invitó a sus nietos a pasar la noche allí y ambos niños aceptaron sin pensárselo.

—Mami, ¿tú también te quedas a dormir con la abuela? —Le preguntó Noah.

—No, cariño. La mami se queda en casa con el papi, a ver si lo convenzo para traer un hermanito o una hermanita a casa —le respondió Claire a su hija, haciendo reír a todos los presentes.

Aquellas palabras también hicieron sonreír a Scarlett, asimilando por primera vez que llevaba un pequeño ser en su vientre y sintiéndose feliz por ello. Después de cenar en casa de los Parker, Scarlett se excusó alegando que estaba cansada para marcharse a casa.

Deseaba escuchar la voz de Oliver, había pasado una semana desde que Oliver fue requerido para una misión y le echaba de menos. No habían pasado ni una sola noche separados desde que Scarlett llegó a la granja y, aunque seguía temerosa de su reacción cuando le dijera que estaba embarazada, deseaba que Oliver regresara a casa, que la abrazara y le susurrara que todo iría bien.

No tuvo que esperar mucho, Oliver la llamó antes de la medianoche y la saludó nada más descolgar:

—Hola cariño, ¿cómo estás?

—Ahora bien —le respondió Scarlett—. Estaba esperando tu llamada, necesitaba escuchar tu voz.

— ¿Va todo bien?

—Sí, todo está como siempre. Mi padre no deja que me acerque por el centro de operaciones de la base y tu familia sigue distrayéndome y haciéndome compañía para que no me acuerde tanto de ti y me sienta sola.

—Scarlett, no hay nada que desee más que estar contigo, ¿lo sabes, verdad?

— ¿Por qué me dices eso?

—Hace días que te noto distante, desde antes de marcharme —insistió Oliver, pues no era la primera vez que se lo mencionaba—. No sé qué es lo que ocurre, pero no quiero que dudes ni un segundo de lo que siento por ti y, cuando regrese, hablaremos de lo que sea que te mantiene tan lejos de mí.

—Lo único que me mantiene lejos de ti es la distancia —le respondió Scarlett con una verdad a medias—. ¿Habéis avanzado algo en la misión?

—No mucho, pero calculo que en una semana podremos estar de vuelta.

—Una semana más —murmuró Scarlett con resignación.

—Si todo va bien, estaré contigo un par de días antes de navidad —trató de animarla—. Ahora ve a la cama, cierra los ojos y sueña conmigo. Buenas noches, cariño.

—Buenas noches —se despidió Scarlett antes de colgar. 

La protegida del Capitán 15.

Después de aquella cena con el General plagada de noticias y revelaciones, Oliver y Scarlett aprovecharon los pocos días libres que les quedaban para ir al apartamento de ella y empaquetar todas las pertenencias de Scarlett para llevarlas a casa de Oliver, su nuevo hogar.

Tras unos días organizándose y asentándose en su nueva vida, Oliver retomó su trabajo en la base el mismo día que Scarlett comenzaba allí su trabajo como analista. Él estaba encantado, así podía pasar más tiempo con Scarlett; y ella, aunque estaba un poco nerviosa, se sentía feliz de vivir aquella nueva etapa junto a Oliver.

—Nena, te voy a echar de menos —le susurró Oliver antes de bajar del coche para entrar en la base.

—Va a ser raro, estoy acostumbrada a estar las veinticuatro horas del día contigo y me va a resultar extraño mirar alrededor y no verte.

—Iré a verte a media mañana para ver cómo te va y regresaré a mediodía para comer contigo, pero no será suficiente para no echarte de menos —le dijo Oliver depositando varios besos sobre su cuello.

—Esta noche recuperaremos el tiempo perdido —le susurró Scarlett.

Y así fue cómo sucedió el primer día y todos los que le siguieron. A Scarlett le gustaba su trabajo, se llevaba bien con sus compañeros y podía estar con Oliver durante el almuerzo. Oliver estaba feliz de poder compartir su rutina con Scarlett y, pese a que tenía que soportar las mofas de sus compañeros por cada gesto cariñoso que le hacía a Scarlett, estaba encantado con su nuevo papel de hombre enamorado. Al General Turner se le veía dichoso y satisfecho de que todo siguiera yendo tan bien entre su hija y el Capitán y, sobre todo, de que ella hubiera decidido trabajar en la base.

A pocos días de navidad, Scarlett se despertó y Oliver no estaba en la cama. Se levantó y bajó a la cocina, preocupada por si le pasaba algo, pero se detuvo a mitad de las escaleras al escuchar su voz procedente del salón:

—He estado liado con el trabajo, pero mañana iré a verte.

Scarlett no escuchó a nadie más, así que dedujo que Oliver estaba hablando por teléfono. Siguió escuchando a hurtadillas y hubo algo que dijo Oliver que le llamó la atención:

—Te prometo que mañana nos veremos. Buenas noches, Wendy.

Unos pasos alertaron a Scarlett, que estaba en shock al escuchar aquellas palabras de Oliver, y subió rápida y sigilosamente las escaleras. Regresó al dormitorio, se metió de nuevo en la cama y esperó a que Oliver se uniera a ella. Un minuto más tarde, Oliver se metió en la cama junto a Scarlett y ella le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, solo he bajado a por un vaso de agua —le respondió Oliver dándole un beso en la frente y envolviéndola con sus brazos—. Vuelve a dormirte, cariño.

Scarlett no hizo más preguntas, pero no se quedó satisfecha con aquella respuesta. Todas las alarmas de su cuerpo habían saltado al escuchar el nombre de Wendy. Quería saber quién era, por qué hablaba por teléfono con Oliver a altas horas de la madrugada y por qué Oliver le había prometido que mañana se verían. Se estaba empezando a imaginar el peor de los escenarios cuando decidió parar y olvidarse del tema, por el momento. Confiaba en Oliver y quería darle el beneficio de la duda.

A la mañana siguiente, cuando Scarlett se despertó, Oliver no estaba en la cama. Sintió pánico al pensar que se hubiera ido con esa tal Wendy y bajó las escaleras para confirmar si Oliver seguía en casa.

— ¿A dónde vas con tanta prisa? —Le preguntó Oliver cuando se tropezó con ella en mitad del pasillo.

—Estás aquí —murmuró Scarlett confusa.

— ¿Y dónde quieres que esté? —Oliver la escrutó con la mirada y añadió—: Cariño, ¿estás bien?

—Sí.

—Vamos a la cocina, he preparado el desayuno —le dijo Oliver tras darle un leve beso en los labios.

Era sábado y no tenían que ir a la base a trabajar. Oliver notaba a Scarlett un poco extraña y quiso intentar animarla invitándola a comer un buen restaurante. Sin embargo, no causó el efecto esperado. En lugar de animarse, a Scarlett volvieron a invadirle pensamientos negativos y no podía quitarse el nombre de Wendy de la cabeza.

—Nena, ¿va todo bien?

— ¿Hay alguna razón para que no vaya bien? —Le replicó Scarlett sin poder ocultar su tono hostil.

—Estás distraída, distante y gruñona —señaló Oliver.

—Lo siento, no he dormido mucho esta noche —se disculpó Scarlett, convenciéndose a sí misma de que no había motivos para preocuparse.

A Oliver no le convenció aquella respuesta, pero decidió darle tiempo y espacio para que Scarlett le contara lo que se le pasaba por la cabeza cuando estuviera preparada.

Oliver y Scarlett estaban terminando de comerse el postre cuando el teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar, haciendo saltar todas las alarmas de Scarlett.

—Es tu padre —la informó Oliver antes de descolgar y decirle a su interlocutor—: Imagino que no es una llamada de cortesía.

—Imaginas bien —le confirmó el General—. Tenemos una misión urgente y te necesito aquí, ¿estás en casa?

—Estoy en la ciudad con Scarlett, hemos salido a comer fuera.

—Deja a Scarlett en casa y ven a la base —le ordenó el General y añadió antes de colgar—, el resto del equipo ya está en camino.  

Oliver le dio la noticia a Scarlett, quien no se lo tomó nada bien pero se esforzó en ocultarlo. Tras pagar la cuenta del restaurante, regresaron a casa. Oliver entró en casa para coger su mochila de viaje y, al ver la angustia en los ojos de Scarlett, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Te llamaré todas las noches y regresaré antes de que te des cuenta.

—Te voy a echar de menos —confesó Scarlett.

—Y yo a ti, cariño. No olvides que te quiero —le dijo sin dejar de abrazarla—. Tengo que marcharme ya para la base, pero te llamaré todas las noches para decirte que te quiero.

Scarlett se quedó en el porche viendo cómo Oliver se marchaba en su coche a la base para llevar a cabo una misión y, cuando ya no lo tuvo a la vista, entró en casa. Su ánimo estaba por los suelos. Averiguar que Oliver hablaba por teléfono con una tal Wendy a altas horas de la madrugada la habían dejado en shock y que Oliver tuviera una misión que le mantendría lejos de casa durante varios días tampoco ayudaba a que se sintiera mejor. Ya no solo se preocupaba de que Oliver pudiera tener una amante, sino que también se temía que resultara herido durante la misión.

Se pasó toda la tarde dándole vueltas a la cabeza, hasta que el sonido del timbre interrumpió sus pensamientos y se levantó a abrir la puerta. Sonrió al encontrarse a la abuela Sylvia con un par de tuppers en las manos.

—Me he enterado que Oliver se ha tenido que marchar a una misión y he pensado que quizás te apetecería cenar con la compañía de esta vieja —le dijo la abuela Sylvia con su habitual tono dulce de voz.

—Por supuesto que me apetece tu compañía, abuela Sylvia —le aseguró Scarlett invitándola a entrar en casa.

Scarlett y la abuela Sylvia se dirigieron a la cocina y, tras servir los platos en la mesa, ambas se sentaron para disfrutar de la cena con una agradable charla.

—El trabajo de Oliver es peligroso y también le obliga a pasar más tiempo del que nos gustaría fuera de casa —comentó la abuela Sylvia—. Aunque imagino que, siendo tu padre un General, sabrás muy bien de lo que te hablo.

Scarlett supo perfectamente que la abuela Sylvia la estaba tanteando, probablemente para averiguar si sería capaz de aguantar el ritmo de trabajo de Oliver.

—Es la primera noche que paso sin él y, aunque soy consciente de que debería acostumbrarme, me temo que nunca lo haré.

—Oliver debería pensar en tomar un puesto de instructor en la base, se lo ofrecieron hace tiempo y lo rechazó porque dice que necesita acción.

—No sería feliz si dejara su trabajo —opinó Scarlett y le advirtió con tono amable—: Y presionarle para que cambie de puesto de trabajo solo causará el efecto contrario.

—Lo sé, tenemos que dejar que sea él quien tome sus propias decisiones, pero resulta difícil sentarse y no hacer nada cuando ves a tus seres queridos como echan su felicidad por la borda.

—No se debe presionar, pero se pueden dar sabios consejos a un ser querido —le respondió Scarlett guiñándole un ojo con complicidad.

—Eres una muchacha adorable y muy inteligente, me alegra saber que Oliver te ha escogido como compañera de vida y espero que pronto forméis una gran familia. Estoy segura de que vais a ser muy felices.

—Me temo que es un poco pronto para hablar de formar una familia y será mejor que no se lo menciones a Oliver, no vaya a ser que le dé por salir corriendo —bromeó Scarlett.

La abuela Sylvia arrugó el ceño un instante, sorprendida por las palabras de Scarlett. Hubiera puesto la mano en el fuego asegurando que Oliver deseaba tener hijos con Scarlett cuanto antes, pero aquellas palabras la confundieron.

—Sinceramente, creo que a Oliver le haría muy feliz ser padre.

Scarlett se tensó. Ella era un reloj cuando se trataba de la menstruación y llevaba un par de días de retraso, aunque no le había dado importancia hasta aquel momento.

— ¿Crees que a Oliver le gustaría ser padre tan pronto?

—Bueno, él ya va teniendo una edad…

—Pero hace pocos meses que nos conocemos.

—Cielo, habéis pasado los últimos seis meses las veinticuatro horas del día juntos, eso es más tiempo del que pasan muchos matrimonios con hijos.

—Todo ha pasado tan rápido y es tan perfecto que me da miedo que desaparezca igual de rápido que apareció —le confesó Scarlett.

Después de cenar y tras empeñarse en ayudarla a limpiar y recoger la cocina, la abuela Sylvia se marchó y Scarlett se quedó sola en casa. Se dirigió al dormitorio, se duchó y se metió en la cama a leer un libro mientras esperaba la llamada de Oliver.

Estaba a punto de dormirse cuando el teléfono comenzó a sonar y, tras mirar la pantalla y confirmar que era Oliver, descolgó y le saludó:

—Hola.

—Hola cariño, ¿te he despertado?

—No, estaba leyendo. ¿Qué tal ha ido el viaje?

—Ha sido largo, acabamos de llegar al campamento base —le respondió Oliver—. La misión es más complicada de lo que esperábamos y nos llevará más tiempo del que habíamos calculado.

— ¿Cuánto tiempo?

—No lo sé. Una semana, tal vez un mes —contestó desanimado.

—Prométeme que tendrás cuidado, quiero que regreses de una sola pieza, Capitán Parker.

—Cariño, no pienso en otra cosa que en estar contigo. ¿Me esperarás?

— ¿Acaso lo dudas?

—Scarlett, ¿qué es lo que ocurre? Llevas un par de días rara y me mata haberme ido dejando las cosas así.

—No ocurre nada de lo que debas preocuparte. Te quiero y estaré aquí esperando que regreses, ya sea una semana o un año —le aseguró Scarlett para no inquietarle ni desconcentrarle durante su misión por una tontería.

—No sabes cuánto desearía poder estar ahí contigo, abrazarte y acunarte hasta que te quedaras dormida.

—Mm… Hace unas horas que te fuiste y ya te echo de menos —se lamentó Scarlett al no poder tenerle allí con ella.

—Te lo compensaré, nena —susurró Oliver con la voz ronca—. Piensa qué quieres que hagamos cuando regrese, podríamos irnos de viaje unos días.

—La navidad está cerca, no creo que a tu familia y a mi padre les guste la idea de que nos marchemos de viaje en navidad.

—Podemos marcharnos después de navidad —insistió Oliver.

—Ya lo decidiremos cuando regreses —zanjó el asunto Scarlett.

—Tengo que colgar, nena —anunció Oliver, que no podía seguir manteniendo la línea ocupada—. Te llamaré mañana por la noche. Te quiero.

—Yo también te quiero —le susurró Scarlett antes de colgar.

La protegida del Capitán 14.

Un día después de llegar a la granja, Oliver le dijo a Scarlett que el General cenaría con ellos esa noche. Pese a que Scarlett no sabía nada, uno de los motivos por los que Oliver la había llevado a la casa franco era porque habían localizado a Damian Wilson y a sus hombres e iban a detenerlos. Oliver no quería que Scarlett se preocupara y, con la aprobación del General, decidió ocultárselo a Scarlett hasta tener la certeza de que la detención se había llevado a cabo con éxito.

Oliver quería contárselo todo a Scarlett antes de que llegara el General, sabía que a ella no le sentaría bien que le hubiera ocultado semejante información y que se avecinaba una discusión.

—Scarlett, tengo que decirte algo —anunció con cautela, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado en el sofá.

—Nunca me llamas por mi nombre, ¿ha pasado algo? —Preguntó ella preocupada.

—Han detenido a Damian Wilson y a sus hombres.

— ¿Cuándo?

—Hace unos días.

— ¡Hace unos días! ¡¿Y me lo dices ahora?!

—Nena…

— ¿Por qué no me lo has dicho antes, Oliver?

—No quería preocuparte. Además, me apetecía mucho pasar unos días contigo en la casa franco y si te lo hubiera dicho no hubieras querido ir —le respondió suavizando su tono de voz y añadiendo una nota de humor para rebajar la tensión.

—Me prometiste que no habrían más secretos.

—Lo sé, pero también he prometido que cuidaré de ti.

—Entonces, ¿ya no soy la protegida del Capitán?

—Nena, siempre serás mi protegida —le aseguró él estrechándola entre sus brazos. Le dio un leve beso en los labios y añadió—: Por cierto, creo que esta noche sería un buen momento para decirle a tu padre que vas a vivir aquí. A menos que te hayas arrepentido.

—No pienses que no me he dado cuenta de lo que has hecho —le acusó Scarlett, deduciendo que le había ofrecido vivir con él porque sabía que su misión había terminado y ya no había motivo para seguir viviendo juntos—. Y no, no me he arrepentido.

—Entonces, ¿se lo vamos a decir a tu padre?

—Algo le tendré que decir cuando vea que me quedo en tu casa en lugar de regresar a la base o a mi apartamento.

—En nuestra casa —la corrigió Oliver—. Esta es nuestra casa, cariño. Quiero que te sientas cómoda aquí, hay varias habitaciones de invitados y podemos convertir una de ellas en un despacho para ti.

—Y hablaremos de eso más adelante, ahora solo quiero disfrutar del verano contigo.

—Nena, llevo dos meses sin ir a trabajar, no me van a dar más vacaciones —le dijo Oliver depositando un dulce beso en su frente—. El verano está a punto de terminar, pero puedo intentar conseguir dos o tres días libres para escaparnos a donde tú quieras.

—Llevas dos meses sin ir a la base, pero has estado trabajando y te deben vacaciones —le corrigió Scarlett, ya se encargaría ella de que así fuera—. Y también vas a aceptar el dinero por los gastos que te he causado mientras hacías de niñera.

—No voy a aceptar ningún dinero, no he cuidado de ti por trabajo, lo he hecho por una cuestión personal —sentenció Oliver—. No quiero discutir sobre esto, Scarlett.

—Hay una alternativa a la discusión —le dijo Scarlett con tono juguetón—. Deja que te lo agradezca con unas vacaciones, solos tú y yo. Yo me encargo de todo.

—Nena, hablaré con el Coronel, pero es difícil que pueda irme de vacaciones.

Esa noche, cuando el General Turner llegó a casa de Oliver, se sorprendió de lo calmada y tranquila que estaba su hija y se temió que Oliver no le hubiera contado nada.

— ¿Se lo has dicho? —Le preguntó a Oliver.

—Sí, ya lo sabe.

— ¿Y no está enfadada?

—Se lo ha tomado bastante bien —le confirmó Oliver.

— ¿Os importaría dejar de hablar como si yo no estuviera delante? —Protestó Scarlett.

Los dos hombres sonrieron y pasaron al comedor. Oliver se empeñó en ser el anfitrión perfecto y no permitió que nadie le ayudara, así también les daba algo de tiempo a padre e hija para que hablaran de sus cosas. El General quería hacerle muchas preguntas a su hija y no desaprovechó la ocasión:

— ¿Qué vas a hacer ahora?

—Ahora voy a cenar contigo y con Oliver.

—Scarlett, ya sabes a qué me refiero.

—Oliver me ha pedido que me quede aquí con él y le he dicho que sí —le respondió sin andarse por las ramas.

— ¿Vas a vivir aquí con él? —Preguntó el General sorprendido.

—Ya sé que hace poco que nos conocemos, pero ambos nos llevamos bien, nos gusta estar juntos y queremos intentarlo.

—Oliver es un buen hombre y me consta que te quiere, pero no se lo pongas muy difícil.

—No va a aceptar el dinero que le ofreciste y quiero compensarle llevándole de vacaciones, pero me ha dicho que lleva dos meses sin ir a trabajar y no puede permitírselo.

—Le dije que le daría dos días de vacaciones por cada día que cuidara de ti, han pasado dos meses desde entonces, así que le debo cuatro meses de vacaciones.

— ¿Eso significa que podemos irnos de vacaciones un par de semanas?

—Sí, si eso es lo que queréis —le confirmó el General—. Además de vivir con Oliver e irte de vacaciones con él, ¿has pensado hacer algo más?

—También he pensado en aceptar el puesto de trabajo que me ofreciste, si todavía sigue estando disponible.

—Por supuesto que sigue estando disponible.

— ¿Podría empezar en septiembre?

—Tómate el tiempo que quieras, vete de vacaciones con Oliver, instálate tranquilamente en su casa y, cuando estés al 100%, empieza tu nuevo trabajo en la base.

Oliver regresó al comedor para servir la cena y se percató del silencio que se había creado a su llegada.

— ¿Interrumpo algo? —Preguntó Oliver.

—Scarlett me estaba contando que va a vivir aquí contigo, que os vais de vacaciones un par de semanas y que acepta el puesto de trabajo como analista en la base —le respondió el General, visiblemente contento.

Oliver miró a Scarlett sin dar crédito a lo que acababa de oír. Habían acordado decirle a su padre que vivirían juntos, pero sospechaba que Scarlett buscaría alguna excusa en el último momento o que le dejaría a él que le diese la noticia. Sin embargo, Scarlett se lo había contado todo a su padre de inmediato y, además, había decidido aceptar la oferta de trabajo en la base.

— ¿Has aceptado? —Quiso confirmar Oliver.

—Sí, pero no olvides las vacaciones.

—Scarlett…

—Me da igual lo que digas, no voy a aceptar un no por respuesta —le advirtió Scarlett.

—Deberías hacerle caso, puede llegar a ser muy testaruda —le aconsejó el General—. Además, te dije que, aunque aceptaras cuidar de Scarlett por un motivo personal, te lo compensaría con días de vacaciones.

—En ese caso, supongo que nos vamos de vacaciones —anunció Oliver dedicándole una tierna sonrisa a Scarlett.

Los tres cenaron mientras charlaban tranquilamente. Una vez más, el General Turner fue testigo de la complicidad que existía entre su hija y el Capitán y se alegró de que Scarlett hubiera encontrado a alguien como Oliver, ambos se compenetraban a la perfección.

Un par de días más tarde, Scarlett se despertó al amanecer y, tras darle un leve beso en los labios a Oliver, le susurró:

— ¿Estás preparado para empezar unas vacaciones apasionadas?

—Nena, ¿no vas a decirme a dónde me llevas?

—No, es una sorpresa.

Scarlett se había empeñado en mantenerle al margen para poder planear las vacaciones y darle una sorpresa, pero aquella situación le inquietaba. Oliver estaba acostumbrado a tenerlo todo bajo control y, conforme pasaban los minutos dejándose llevar por Scarlett en su coche, su mal humor comenzaba a aflorar. Scarlett se percató de ello y, queriendo rebajar un poco la tensión, decidió parar un rato en un área de servicio.

—No quiero obligarte a nada, si no quieres seguir con esto podemos regresar a casa —le dijo un tanto decepcionada.  

—Lo siento, nena —se disculpó él—. Estoy nervioso, no estoy acostumbrado a que otros decidan por mí y mucho menos a desconocer a dónde voy.

—He alquilado una cabaña en la costa, en un lugar con playa privada y rodeado de naturaleza, solo estaremos tú y yo —le susurró Scarlett depositando un reguero de besos por su cuello.

—Mm… Solos tú y yo —le susurró Oliver agarrándola de la cintura para colocarla sobre su regazo—. ¿Nos falta mucho para llegar a la cabaña?

Scarlett calculó que aún les quedaba un par de horas más en coche, miró su reloj de pulsera y, tras meditarlo durante un segundo, le respondió:

—Nos quedan un par de horas, ¿te apetece comer algo y después seguimos con el viaje por carretera?

—Quiero comerte a ti, nena.

—Tendrás que esperar un poco más, pero te prometo que seré tuya en cuanto lleguemos.

Llegaron a la cabaña a media tarde y, después de instalarse, Scarlett se acercó a Oliver, le rodeó el cuello con sus brazos y le dijo con tono sugerente:

—Quiero jugar, cariño.

—Nena, vivo para complacerte —le aseguró Oliver antes de besarla apasionadamente.

En pocos segundos, la ropa de ambos aterrizó sobre el suelo de la cabaña mientras ellos se fundían en una maraña de besos y caricias. Él sabía dónde y cómo tocarla para excitarla sin necesidad de que ella se lo dijera y ella conseguía excitarlo con cada uno de sus gemidos, con su naturalidad y su sensualidad.

—Oliver… —le rogó Scarlett alzando las caderas, pidiéndole que se hundiera en ella.

Él no se hizo de rogar y la complació al instante. Se hundió en ella de una sola estocada al mismo tiempo que acariciaba su hinchado clítoris, haciéndola alcanzar el orgasmo en pocos segundos. Ahogó los gemidos que salían de su garganta besándola apasionadamente y, tras un par de estocadas más, se derramó dentro de ella.

—Te quiero, nena —le susurró al oído con la respiración entrecortada y sin dejar de abrazarla.

—Y yo también —logró balbucear Scarlett.

Durante las dos siguientes semanas, Oliver y Scarlett disfrutaron del sol, de la playa y de la intimidad del lugar sin preocuparse por nada. Dado que la playa era privada, no había nadie más que ellos y se pasaban el día desnudos, provocándose continuamente con cada roce de sus cuerpos y dejándose llevar por el deseo y la pasión sin importarles la hora ni el lugar.

El último día de vacaciones, mientras hacían las maletas, Oliver le preguntó lo que deseaba saber y había evitado preguntar para no presionarla:

— ¿Cuándo traerás tus cosas a casa?

— ¿Mis cosas?

—Entiendo que no quieras deshacerte de tu apartamento por el momento, pero imagino que querrás traer más cosas además de tu ropa.

—Iremos a mi apartamento y decidiremos qué me llevo —propuso Scarlett.

—Me encantará acompañarte y ver tu apartamento, pero eres tú quién debe decidir qué quieres llevarte —opinó Oliver—. En casa hay espacio suficiente y no quiero que eches de menos nada que tengas en el apartamento, no quiero arriesgarme a que cambies de opinión.

— ¿No confías en mí?

—Claro que confío en ti, ¿por qué me lo preguntas?

—Dudas de mi palabra, no me crees cuando te digo que quiero quedarme contigo, vivir en tu casa y, en un futuro, formar una familia.

—No dudo de ti, pero te mentiría si te dijera que no me preocupa que lo nuestro no termine bien —le confesó Oliver—. No quiero perderte.

—Yo tampoco quiero perderte —reconoció Scarlett—. Además, ahora vivimos juntos y no te va a resultar tan fácil deshacerte de mí.

—Jamás se me ocurriría dejarte escapar, nena —le susurró antes de besarla.

Pese al amor que sentía el uno por el otro, les resultaba inevitable pensar en lo rápido que había ido todo entre ellos, aunque ninguno de los dos estuviera dispuesto a tomárselo con calma. Ambos se habían acostumbrado a estar juntos las veinticuatro horas del día y no pensaban renunciar a ello.

La protegida del Capitán 13.

A la mañana siguiente, Oliver y Scarlett desayunaron en casa de Cynthia y Joe para anunciarles que se marchaban unos días de la granja. Oliver, que conocía a su madre y lo teatral que podía llegar a ser, le pidió a Scarlett que le dejara a él darles la noticia. La abuela Sylvia, que conocía muy a su nieto, intuía que Oliver se traía algo entre manos, pero guardó silencio y esperó pacientemente a que Oliver decidiera pronunciarse. Joe también intuía un ambiente extraño y, en un momento dado, se quedó a solas con Scarlett en la cocina y le preguntó:

— ¿Va todo bien con Oliver?

—Todo va fenomenal —le confirmó ella mostrándole una alegre sonrisa.

A Joe le bastó la palabra de Scarlett para despreocuparse, parecía sincera y feliz y su hijo seguía besándola y abrazándola cada vez que la miraba.

Todos terminaron de desayunar y Oliver ya no pudo alargarlo más. Miró a su madre, que sonreía feliz de tenerle en casa; después a su padre, pidiéndole con la mirada que le echara una mano; y, por último, miró a Scarlett para armarse de paciencia con lo que se le venía encima.

—Scarlett y yo nos vamos a marchar de la granja unos días —dejó caer sin allanar el terreno.

— ¿Por qué? ¿Es que no estáis a gusto aquí? ¿Le hemos hecho algo a Scarlett para que os vayáis?

Oliver suspiró, ya se temía la reacción de su madre. Joe acarició la espalda de su esposa para calmarla y le susurró al oído que se calmara y que les dejara hablar.

—Cynthia, créeme si te digo que estoy tan a gusto con vosotros que me mudaría aquí para siempre, pero a Oliver y a mí nos vendrá bien salir de aquí durante unos días —intervino Scarlett con mano izquierda.

—Entonces, ¿solo serán unos días? —Quiso asegurarse Cynthia.

—Sí mamá, solo serán unos días —le confirmó Oliver haciendo un esfuerzo para armarse de paciencia.

Scarlett sonrió divertida ante aquella escena, ganándose una mirada de reproche por parte de Oliver y ella le sacó la lengua a modo de respuesta, provocando las risas de todos los presentes.

—Y, ¿a dónde vais a ir? —Preguntó la abuela Sylvia.

—Iremos a una de las casas seguras del ejército, tendremos de todo y estaremos bien —les informó Oliver—. Regresaremos en unos días y os llamaré de vez en cuando.

Un par de horas más tarde, ambos llegaban a su nuevo destino. La casa era discreta, de una sola planta y oculta en el bosque. Disponía de un potente sistema de seguridad que, además de proteger la casa, también protegía los alrededores. Y contaba con más comodidades de las que necesitaban: una pequeña piscina y un jacuzzi.

— ¿Estarás bien aquí?

—Estaré bien siempre que esté contigo —le respondió Scarlett. Le dio un beso de lo más sensual y añadió—: Quiero darme un baño en la piscina contigo.

—Primero vamos a instalarnos, nos ponemos el bañador y nos damos un chapuzón en la piscina —negoció Oliver.

—Está bien, nos instalaremos primero —le concedió—. Pero después nos bañaremos desnudos en la piscina.

—Nena, tus deseos son órdenes para mí —le susurró Oliver antes de besarla apasionadamente.

Después de instalarse en el dormitorio, Scarlett se desnudó por completo y se puso un vestido playero sin bikini ni ropa interior. Oliver también se deshizo de su ropa, se puso un bañador y, tras coger un par de toallas, se dirigió a la piscina junto a Scarlett.

Nada más llegar a la piscina, Oliver colocó las toallas sobre las hamacas, se deshizo de su bañador y se zambulló en el agua, desde donde invitó a Scarlett a unirse a él. Con lentitud exagerada, Scarlett se deshizo de su vestido, excitando a Oliver que la observaba junto a las escaleras de la piscina.

—Siéntate aquí, nena —le ordenó señalándole el bordillo, que quedaba justo a la altura de su cuello. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, tras abrirle las piernas para tener una visión plena de su entrepierna, añadió con la voz ronca—: Disfruta, preciosa.

Oliver hundió su boca en la entrepierna de ella y la deleitó dándole placer, mordisqueando su clítoris y embistiéndola con su lengua.

—Oliver…

Scarlett estaba a punto de correrse y él lo sabía. No quiso alargarlo más e intensificó sus movimientos al mismo tiempo que la penetraba con los dedos, haciéndola gritar de placer al alcanzar el orgasmo.

Sin esperar a que se recuperara, Oliver la agarró del trasero y tiró de ella hasta llevarla consigo al interior de la piscina. Scarlett colocó sus piernas alrededor de la cintura de Oliver y se abrazó a él, hundiendo la cara entre su cuello y su hombro, todavía recibiendo pequeñas sacudidas a causa del orgasmo que la había poseído.

—Cariño, ¿estás bien?

—Quiero sentirte dentro —le respondió Scarlett empalándose, pillando totalmente desprevenido a Oliver.

Sin dejar de agarrarla por el trasero, Oliver la embistió una y otra vez, con estocadas rápidas y concisas. Ella contrajo la vagina atrapándole en su interior y provocando el estallido de Oliver, que soltó un gruñido gutural que arrastró a Scarlett con él en aquella espiral de placer.

La intimidad de la casa franco les vino muy bien para dar rienda suelta a su pasión y disfrutar del sexo a todas horas, sin importar dónde se encontraban ni si alguien podía verles.

— ¿Estás satisfecha, pequeña insaciable? —Bromeó Oliver cuando recobró el aliento.  

—Completamente satisfecha, por el momento —bromeó siguiéndole el juego.

Excepto por las llamadas telefónicas que mantenían con la base y con la familia Parker para decirles que todo iba bien en la casa franco e informarse de que todo seguía bien en la base y en la granja, Oliver y Scarlett no tenían contacto alguno con el exterior.

Los días fueron pasando y la pareja no dejó ninguna estancia en la que no hubieran hecho el amor. Después de dos semanas en la casa franco, Scarlett quiso aprovechar la última noche que pasaban allí para celebrar una fiesta privada en el jacuzzi. Como era de esperar, a Oliver le pareció una idea estupenda que mejoró al añadir una copa de champagne.

—Mm… Me quedaría aquí para siempre —susurró Scarlett entre los brazos de Oliver.

— ¿Sola o conmigo?

—Contigo —le respondió ella plantándole un beso en los labios.

— ¿Y tiene que ser aquí? —Insistió Oliver. Scarlett le escudriñó con la mirada, tratando de adivinar a dónde quería ir a parar, y él añadió—: En la granja estarás conmigo y puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

—Hasta que atrapen a Damian Wilson y a sus hombres.

—No —respondió Oliver con rotundidad—. Hasta que tú quieras quedarte.

—Deberías tener cuidado con lo que dices, puede que te arrepientas de ofrecerme tu casa para siempre.

—Me gusta vivir contigo, dormir a tu lado y despertarme a causa de tus ronquidos —bromeó ganándose un manotazo de Scarlett—. Nena, estoy hablando en serio. Me encantaría que te quedaras en casa, conmigo. ¿El para siempre ahora te parece demasiado tiempo para pasarlo conmigo y te estás echando atrás?

— ¿Qué te parece si dejamos esta conversación para cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres? Quizás para entonces hayas cambiado de opinión.

—No voy a cambiar de opinión, será mejor que lo asimiles —le susurró con la voz ronca—. No voy a dejarte escapar, cariño. Además, creo que tu padre ya se ha hecho la idea de tenerme como yerno —añadió bromeando.

—Mi padre te aprecia mucho.

—Y yo a él, pero quiero que su hija viva conmigo para siempre.

— ¿No vas a desistir?

—Dime que sí y no insistiré más.

— ¿A qué tengo que decirte que sí?

—A compartir tu vida conmigo, a despertarnos abrazos después de una noche de pasión, a casarnos y formar una familia —le susurró Oliver hablando completamente en serio.  

—Oliver, hace un par de meses que nos conocemos y…

—Te quiero y no quiero pasar ni un minuto sin ti —la interrumpió Oliver—. ¿No es lo mismo que deseabas tú hace un momento?

—Sí, pero no quiero que salga mal.

—Cariño, no voy a permitir que salga mal —le aseguró Oliver mirándola a los ojos—. Será mejor que vayas acostumbrándote a despertar entre mis brazos todas las mañanas.

—Mm… Suena de lo más tentador.

— ¿Eso es un sí?

—Eso es un sí —le confirmó Scarlett antes de plantarle un beso en los morros.

—Entonces, ¿te casarás conmigo?

—Vas demasiado rápido, Capitán.

—Tienes razón, primero tengo que comprar el anillo.

—Deja lo del anillo para dentro de un año y, si sigues queriendo casarte conmigo, te diré que sí.

—Te quiero, preciosa —le susurró Oliver con la voz ronca.

—Hazme el amor —le pidió ella excitada al sentir la enorme erección de Oliver presionando contra su vulva.

Oliver no se hizo de rogar, entró en ella lentamente, mientras la besaba apasionadamente y acariciaba cada recoveco de su piel. Scarlett le rodeó la cintura con sus piernas y se abrazó a él, dejándose llevar por aquel rítmico vaivén hasta que alcanzó el clímax y arrastró a Oliver con ella. Ambos se quedaron abrazados en silencio durante unos minutos, hasta que recobraron el aliento y Scarlett le susurró al oído:

—Te quiero.

—Mm… Ya pensaba que jamás te lo escucharía decir —bromeó antes de besarla. La miró a los ojos y añadió—: Yo también te quiero, para siempre.

Tras un baño apasionado y cargado de lujuria en el jacuzzi, Scarlett y Oliver estiraron una toalla sobre el césped y se tumbaron bajo las estrellas. Abrazados el uno al otro, no necesitaban nada más en aquel momento.

—Tu padre me ha dicho que te ha ofrecido un trabajo en la base como analista de perfiles y que lo has rechazado —comentó Oliver.

—Así es.

— ¿Por qué?

—Trabajar con mi padre no es buena idea, pero trabajar para él es una idea pésima.

—Eso no es cierto, el General es un buen jefe. Y, de momento, también está siendo un buen suegro.

—Tengo miedo de aceptar ese puesto y terminar discutiendo con mi padre, aunque tengo que reconocer que es un buen trabajo.

—Y podría llevarte todas las mañanas al trabajo y traerte a casa por la tarde.

—Lo pensaré, pero después del verano —zanjó el tema Scarlett y añadió bromeando—: Quiero seguir disfrutando de mis vacaciones en la granja.

—Nena, vivimos en la granja, podemos disfrutar de ella cuando queramos.

A Scarlett le gustó que Oliver utilizara el plural. Por muy precipitado que fuera todo, a Scarlett le encantaba la idea de vivir con Oliver y formar una familia con él. En eso mismo pensaba mientras Oliver conducía de regreso a la granja, después de pasar una semana a solas en la casa franco.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Oliver, colocando su mano con ternura sobre la rodilla de ella.

—Sí —le respondió sonriendo.

—Estás muy callada, ¿qué estás tramando?

—Solo pensaba en cómo sería pasar el resto de mi vida contigo —le confesó Scarlett con naturalidad.

—Te cuidaré como a una princesa —le aseguró él.

—Mm… Quiero jugar contigo —ronroneó Scarlett deslizando la mano hacia la entrepierna de Oliver.

— ¿Ahora?

—Ajá, ahora.

—Nena… —Le advirtió Oliver con la voz ronca al sentir la mano de ella agarrando su miembro.

— ¿No quieres jugar?

—Nena, voy conduciendo y en cinco minutos llegaremos a casa. ¿Crees que puedes esperar cinco minutos más?

—Será una tortura —protestó Scarlett sin retirar su mano.

—Te lo compensaré en cinco minutos, preciosa.

Y Oliver cumplió su promesa. Cinco minutos más tarde, llegaron a la granja, Oliver aparcó el coche en el garaje de la casa y, tras agarrar en brazos a Scarlett, cargó con ella escaleras arriba hasta llegar al dormitorio principal y, sin hacerla esperar, se hundió en ella lentamente, arrancándole un gemido tras otro hasta que ambos alcanzaron el clímax simultáneamente.  

La protegida del Capitán 12.

Tras una breve charla, Oliver y Trevor se dirigieron al jardín, cargando con las bebidas para todos y dispuestos a pasar un buen rato. Oliver seguía un poco molesto con Scarlett por no querer darle el lugar que le correspondía y por su acercamiento a Scott, pero también estaba agradecido de que le hubiera confesado a su padre que mantenía una relación una relación con él. Ver a Scarlett de nuevo sentada junto a Scott no le agradó, pero Izan se había llevado a los niños a dormir y ya no tenía que ceder su sitio. Depositó la bandeja con las bebidas sobre la mesa de café para que todos se sirvieran y se sentó junto a Scarlett. Para su sorpresa, ella le dedicó una sonrisa de lo más seductora y colocó la mano sobre su rodilla con coquetería, como si nadie más estuviera a su alrededor.

—No deberías provocarme de esa manera —le advirtió Oliver en un susurro cuando le provocó por enésima vez.

—Scarlett, ¿qué tal te está tratando Oliver? —Quiso saber el Coronel, provocando las risas de lo demás sin pretenderlo—. ¿Qué tiene de gracioso?

—Oliver me está tratando muy bien, es amable, siempre está pendiente de que no me falte nada y me consiente demasiado, más de lo que merezco —le respondió Scarlett dedicándole una significante mirada a Oliver.

—Oliver siempre ha sido un caballero —opinó la abuela Sylvia con orgullo.

Oliver acarició la espalda de Scarlett, agradeciendo sus palabras, y ella se pegó a él, acurrucándose sobre su pecho. Oliver se tensó, sorprendido y confuso por la actitud de Scarlett, pero no se separó de ella ni un solo milímetro.

—Sí que es un caballero, soporta mis locuras con paciencia y jamás me ha invitado a marcharme, ni siquiera lo ha insinuado —argumentó Scarlett.

Oliver depositó un suave beso sobre la coronilla de Scarlett al mismo tiempo que la estrechaba entre sus brazos, sin importarle que todos les estuvieran mirando.

—Entonces, ¿estáis juntos? —Quiso confirmar Cynthia.

—Mamá…

—Nos llevamos bien y nos estamos conociendo —intervino Scarlett interrumpiendo a Oliver.

— ¿Eso significa que todavía tengo posibilidades con Scarlett? —Bromeó Daniel.

Oliver le lanzó una servilleta de tela a modo de respuesta y Scarlett, queriendo dejar claro a todo el mundo en quién estaba interesada, le plantó un beso en los labios a Oliver.

—Me temo que vas a tener que buscarte a otra candidata —se mofó Claire.

Entre bromas y risas, se tomaron un par de copas en el jardín antes de que todo el mundo regresara sus respectivas casas. Scarlett se despidió de Scott con un largo y cariñoso abrazo y Trevor aprovechó el momento para acercarse a Oliver y decirle:

—Gracias por cuidar de ella sin perder la paciencia.

—Lo hago encantado.

—Si os apetece salir de la granja unos días, podemos buscar una de las casas franco —le ofreció el General—. A ambos os vendrá bien cambiar de aires durante unos días.

—De momento estamos bien, pero lo tendré en cuenta y te lo haré saber si Scarlett empieza a agobiarse de estar aquí.

Oliver se despidió del General y del Coronel con un afectuoso abrazo pero, cuando llegó el turno de despedirse de Scott, lo hizo tendiéndole la mano.

—Cuida de mi pequeña, es como una hermana para mí y quiero seguir viéndola así de feliz —le dijo Scott con una sonrisa conciliadora.

—Cuidaré de ella —le aseguró Oliver.

Los Parker también se despidieron del General, el Coronel y el Teniente, invitándoles a regresar cuando quisieran y asegurándoles que todos cuidarían de Scarlett.

En cuanto se quedaron a solas, Oliver cogió en brazos a Scarlett y cargó con ella escaleras arriba hasta el dormitorio principal.

—Nena, has sido mala —le reprochó Oliver con la voz ronca al mismo tiempo que se deshacía del vestido de ella.

—Mm… ¿Y qué vas a hacer? ¿Azotarme? —Ronroneó Scarlett, completamente excitada sin que él la hubiera tocado todavía.

—Mala y descarada, creo que tengo el castigo perfecto para ti —le siguió el juego—. Voy a excitarte hasta el extremo, hasta que me ruegues que haga que te corras.

—Estoy a punto de correrme y ni siquiera me has tocado —le confesó Scarlett.

Oliver sonrió, embelesado por la espontaneidad de ella, por su naturalidad a la hora de dejarse llevar por la pasión y el deseo que ambos sentían. La terminó de desnudar y la tumbó sobre la cama. Abrió sus piernas para colocarse entre ellas y hundió su rostro en la entrepierna de Scarlett, haciéndola gemir al sentir su lengua lamiendo y presionando sobre el clítoris. Scarlett cerró los ojos y disfrutó del placer que Oliver le hacía sentir con su boca. Lamió y mordisqueó su centro de placer, hundió uno, dos y tres dedos en su vagina y la hizo alcanzar el orgasmo mientras gritaba su nombre. Oliver bebió cada gota de su placer y continuó lamiéndola mientras el cuerpo de ella convulsionaba recibiendo los últimos coletazos del orgasmo.

Scarlett quedó totalmente exhausta y desmadejada, pero Oliver no se detuvo ahí. Estaba dispuesto a regalarle un orgasmo tras otro y Scarlett no tenía ninguna intención de impedírselo. Oliver se desnudó, se tumbó junto a ella y comenzó a depositar un reguero de pequeños besos sobre su rostro, fue descendiendo por su cuello, por sus pechos, donde se recreó jugando con sus pezones, lamiéndolos, mordisqueándolos y succionándolos, por ese orden. Continuó descendiendo por su vientre, bajando por una pierna y subiendo por la otra, acercándose al punto de unión entre ambas pero sin llegar a tocarlo.

Excitada, Scarlett deslizó una de sus manos hasta agarrar la enorme erección de Oliver. Acarició el glande con una yema del dedo pulgar, limpiando una gota de semen que brillaba en la hendidura de su pene, acelerando los latidos y la respiración de Oliver. Scarlett gateó hasta colocarse entre las piernas de Oliver y, tras sonreírle con descaro, comenzó a pasear la lengua sobre su miembro duro y erecto. Oliver alzó la pelvis pidiendo más y ella no se hizo de rogar, se metió el pene en la boca y comenzó a succionar al mismo tiempo que se la sacaba y se la volvía a meter, deteniéndose de vez en cuando para juguetear con su glande y acariciar sus testículos en tensión.

—Oh, nena —gimió Oliver tratando de retrasar lo inevitable.

Scarlett aceleró sus caricias y el ritmo de la felación, haciendo que Oliver soltara un gruñido gutural de su garganta, completamente excitado y fuera de control. Estaba a punto de correrse y trató de apartarla, pero Scarlett se lo impidió, haciendo que se derramara en su boca. Bebió cada gota de su semen y limpio el pene de Oliver, todavía erecto, con su lengua mientras él gozaba de las últimas sacudidas del orgasmo.

—Ven aquí, mi pequeña traviesa —le dijo Oliver sin recobrar el aliento, arrastrándola sobre su regazo y penetrándola con excesiva lentitud. Ella gimió de placer y él, excitándose todavía más de lo que estaba al escucharla gemir, le susurró con la voz ronca—: Nena, me vuelves loco.

Scarlett sonrió y empezó a cabalgar sobre él, aumentando el ritmo con cada embestida, sosteniéndole la mirada a Oliver mientras trataba de cerrar la boca para ahogar los gemidos que brotaban de su garganta. A las puertas del clímax, Oliver la agarró del trasero y la ayudó a aumentar el ritmo hasta que ambos fueron arrastrados por un segundo orgasmo arrollador. Completamente agotada, Scarlett se recostó sobre el pecho de Oliver, que la estrechó entre sus brazos con el pene todavía dentro de ella.

Un par de minutos más tardes, con la respiración acompasada, Oliver se movió y su pene despertó de inmediato.

—Mm… ¿Sigues teniendo ganas de jugar? —Le provocó Scarlett.

—Yo siempre tengo ganas de jugar contigo, preciosa.

Un segundo después, Scarlett estaba de rodillas sobre la cama y Oliver detrás de ella, en la misma postura pero con sus piernas entre las de ella. La besó por el cuello al mismo tiempo que acariciaba sus pechos con una mano y deslizaba la otra hacia su entrepierna para acariciar el centro de su placer con el dedo pulgar y metiendo el dedo índice y el dedo corazón en su estrecha vagina. Scarlett levantó los brazos hacia atrás, rodeándole el cuello y dándole mejor acceso a sus pechos y abrió aún más las piernas, incitándole a hundirse en ella mientras la continuaba acariciando. Oliver no tardo ni una décima de segundo en complacerla y la penetró de una sola estocada, provocando que diera un respingo ante la sorpresa de la repentina invasión. Colocó la mano sobre su espalda e hizo que se inclinara hacia adelante con las piernas dobladas por las rodillas y abiertas pegando el pecho sobre el colchón.

—Coloca los brazos a ambos lado de la cabeza para no deslizarte hacia adelante —le indicó con la voz ronca, sin dejar de mirar las maravillosas vistas que Scarlett le ofrecía en esa postura.

Con un suave vaivén, Oliver entró y salió de ella con la fricción suficiente para mantenerla excitada pero sin dejarla alcanzar el orgasmo. Scarlett gruñó a modo de protesta y Oliver retiró el pene de su interior el tiempo necesario para recoger todo el flujo de la excitación de ella y esparcirlo desde la vagina hasta el ano. Scarlett se tensó, pero Oliver depositó un beso sensual sobre una de sus nalgas y volvió a penetrarla, haciendo que se relajara. Tras un par de lentas embestidas, Oliver comenzó a tantear el agujero prohibido y ella se volvió a tensar. Sin dejar de penetrarla con el rítmico vaivén, Oliver llevó una de las manos a su entrepierna para estimular su clítoris con movimientos circulares y ejerciendo presión, al mismo tiempo que hundía el dedo pulgar en su ano. Lejos de retirarse, Scarlett gimió excitada y se movió pidiéndole más. Oliver cambió el pulgar por el índice y más tarde le unió en dedo corazón, pero ella seguía pidiendo más. Sin dejar de acariciar su clítoris, Oliver salió de su vagina para colocarse a las puertas de su ano, donde se hundió abriéndose paso poco a poco. Scarlett estaba sumergida en una explosión de sentidos en el que se mezclaba el placer, la excitación y una pequeña punzada de dolor y presión que desapareció cuando Oliver se hundió por completo en ella.

—Córrete, nena. Córrete gritando mi nombre, Scarlett —le susurró Oliver al oído, conteniendo su orgasmo para dejarse arrastrar al mismo tiempo que ella.

Scarlett no tuvo más que oír la excitada voz de Oliver para estallar en mil pedazos y gritar su nombre mientras su cuerpo convulsionaba  y arrastraba a Oliver en aquel abismo. Oliver salió del interior de ella casi de inmediato, se incorporó sentándose en la cama apoyando la espalda en el cabecero y colocó a Scarlett sobre su regazo para abrazarla y acunarla como si fuera su mayor tesoro.

—Cariño, ¿estás bien?

—Nunca he estado mejor —le respondió Scarlett antes de quedarse dormida entre sus brazos.  

Conforme fueron pasando los días, la pareja cada vez se contenía menos a la hora de besarse y abrazarse en público. Su relación se volvía más sólida cada día que pasaba y tanto la familia de Oliver como el padre de Scarlett estaban encantados con aquella incipiente relación.

Ambos mantenían una rutina diaria con la que se encontraban cómodos, pese a que la situación respecto a Damian Wilson seguía siendo la misma. Pasaban la mañana en la piscina, preparaban juntos la comida, se echaban una siesta después de comer, y pasaban el resto de la tarde en la piscina con los sobrinos de Oliver, con Cynthia, Dexter y Caleb. Algunos días cenaban en casa de Cynthia con Izan y los niños, otros iban a cenar a casa de los padres de Oliver o eran ellos quienes invitaban a Dexter y a Caleb a cenar en casa. A Oliver no es que le entusiasmara la idea de compartir con los demás su tiempo con Scarlett, pero tampoco podía oponerse a ello cuando la veía tan feliz relacionándose con más personas. El General Turner les llamaba por teléfono todos los días y hablaba con ambos, la mejor forma para confirmar que todo iba bien era contrastar las dos versiones.

Una tarde, Scarlett observaba a Oliver jugar con sus sobrinos en la piscina y no pudo evitar pensar en él como el padre de sus hijos. Aquella faceta le resultaba de lo más atractiva y la idea de ser madre se le antojaba de lo más apetecible junto a Oliver.

—Oliver adora a sus sobrinos y sus sobrinos le adoran a él —comentó Joe, advirtiendo a Scarlett de su presencia—. Oliver será un buen padre.

—No me cabe la menor duda de ello —opinó Scarlett y, ante la sonrisa divertida de Joe, se apresuró a añadir—: Aunque eso no significa que estemos pensando en ello.

—Lo sé, pero deberás tener más cuidado con lo que dices delante de mi esposa si no quieres que se haga ilusiones —bromeó Joe.

Scarlett se había metido en el bolsillo a toda la familia Parker. Oliver estaba pendiente de ella en todo momento, no se despegaba de su lado ni un solo minuto y aprovechaba cada ocasión para besarla y estrecharla entre sus brazos. A Daniel le encantaba bromear diciendo que Oliver temía que alguien le quitara a Scarlett y todos reían, incluso Oliver.

—Nena, hace más de un mes que estamos en la granja y he pensado que quizás te gustaría que nos fuéramos de aquí unos días —le preguntó Oliver una noche después de hacer el amor.

—Me encantaría, pero dudo que mi padre me deje salir de aquí a menos que sea para regresar a la base.

—Tu padre me ofreció una casa franco donde poder desconectar unos días y creo que ahora sería un momento perfecto para disfrutar de unos días a solas.

— ¿Estaremos los dos solos?

—Ese es el plan, a menos que quieras invitar a alguien más.

—Mm… Unos días solos tú y yo, suena de lo más tentador —opinó Scarlett—. ¿A dónde iríamos?

—He echado un vistazo a las casas franco que la base tiene a su cargo y creo que esta nos gustará —le respondió entregándole el informe sobre la casa que sacó del cajón de la mesilla de noche.

Scarlett leyó el informe con todos los datos de la casa, ubicación, planos e incluso varias fotografías de todas las estancias. Sonrió al adivinar que Oliver había escogido esa casa porque tenía piscina, un jacuzzi en la terraza y no estaba lejos de la granja.

— ¿Te gusta?

—Me encanta —le aseguró Scarlett—. ¿Cuándo nos vamos?

—Mañana por la mañana, ya he hablado con tu padre y me ha asegurado que la casa estará preparada para instalarnos mañana mismo.

— ¿Lo has organizado todo con mi padre antes de hablar conmigo?

—Tenía que asegurarme que su oferta seguía en pie antes de decírtelo. ¿Qué es lo que te asusta, nena?

—Todo esto va muy rápido, ahora estamos bien pero, cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres, todo será distinto y a lo mejor no piensas de la misma manera.

— ¿Por qué no iba a pensar de la misma manera? ¿Acaso crees que estoy contigo solo porque me han encomendado una misión?

—Aquí no tienes mucho donde elegir.

—Hice mi elección cuando te vi por primera vez, soy un hombre muy testarudo y persistente, sé lo que quiero y te aseguro que hago todo lo posible para lograrlo y conservarlo.

Scarlett no insistió, decidió creer en las palabras de Oliver y dejarse abrazar por él. Solo quería disfrutar de todo lo que estaba sintiendo junto a él sin preocuparse de cómo terminaría.

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