CategoríaLa Protegida Del Capitán

La protegida del Capitán 11.

A la mañana siguiente, Scarlett se despertó entre los brazos de Oliver, como ya venía siendo una costumbre. Tras darle los buenos días con un leve beso en los labios, Oliver se levantó, se dio una ducha y bajó a la cocina para preparar el desayuno. Scarlett se quedó durmiendo un rato más debido a la insistencia de Oliver, pues tan solo eran las siete de la mañana.

Mientras preparaba el desayuno, Oliver recibió una llamada de teléfono del General Turner, que quería confirmar la cita de esa noche para cenar.

—Por supuesto, la cena sigue en pie —le confirmó Oliver—. A Scarlett le vendrá bien pasar un rato con su familia.

—Quería pedirte algo, Oliver —le dijo el General suavizando el tono de voz—. El Coronel Wilmore y su hijo también quieren ver a Scarlett y quiero darle una sorpresa a mi hija, así que me preguntaba si habría algún inconveniente si se apuntaban a la cena de esta noche.

—Eh… No, no hay ningún problema.

—Y, ya que vamos a cenar en familia, también me gustaría que la tuya cenara con nosotros.

— ¿Mi familia?

—Sí, a menos que tengan otros planes.

—Estoy seguro de que no se lo querrán perder —murmuró Oliver, sabiendo que ninguno de ellos rechazaría aquella invitación.

—Genial, nos vemos esta noche —concluyó el General y añadió antes de colgar—: Estoy deseando que nos juntemos todos.

Oliver colgó y suspiró con resignación, aquella noche iba a ser de lo más peculiar. No estaba seguro de cómo se lo iba a tomar Scarlett, pero confiaba en que el General tuviera razón y se llevara una sorpresa al ver al Coronel. Sin embargo, la visita del hijo del Coronel no le hacía demasiada gracia. ¿Por qué se iba a alegrar Scarlett de verle? ¿Había algo entre ellos? Sabía que el General y el Coronel eran grandes amigos desde hacía más de tres décadas, por lo que era lógico que mantuviera una buena relación con su hijo, al igual que Scarlett.

Antes de informar a su familia que estaban invitados a la cena de esa noche, Oliver decidió llevarle el desayuno a la cama a Scarlett y ponerla al corriente, sin mencionarle la asistencia del Coronel ni la de su hijo para que el General pudiera darle la sorpresa.

—Entonces, ¿vamos a cenar con tu familia y con mi padre? —Quiso confirmar Scarlett, un tanto escéptica.

—Eso parece, ¿hay algún problema?

— ¿Lo sabe mi padre?

—La idea ha sido suya.

— ¿Y a tu familia le parece bien?

—Todavía no se lo he dicho, pero estoy seguro de que no se perderían la cena por nada en el mundo —le respondió Oliver.

—Y a ti, ¿te parece bien?

—Sí, siempre que a ti no te incomode la situación.

—Te mentiría si te dijese que la situación no es un tanto peculiar: tú y yo, tu familia y mi padre, no sé si saldrá algo bueno de ahí…

— ¿Temes que descubran lo que ocurre entre nosotros? —La tanteó.

—Me temo que lo nuestro es un secreto a voces, no hemos sido muy discretos y, tanto tu familia como mi padre, tienen muy buena intuición.

—Entonces, ¿estamos bien?

— ¿No lo estamos? —Preguntó ella confusa.

—Eres tú quien se ha empeñado en ser discretos, aunque no se nos haya dado demasiado bien.

—Y creo recordar que tú estabas de acuerdo —le reprochó Scarlett.

—Lo sé, pero me molesta tener que esconderme para poder besarte, no estamos haciendo nada malo y creo que es una estupidez teniendo en cuenta que todo el mundo lo intuye.

—No hace ni un mes que nos conocemos, ¿no te parece un poco precipitado?

—No, tengo muy claro lo que quiero.

—Estoy confusa, Oliver. ¿Qué me estás queriendo decir?

—Me gustas, Scarlett —le confesó Oliver mirándola a los ojos—. Sé que hace poco que nos conocemos, entiendo que quieras ir despacio para ver a dónde nos lleva todo esto, pero te advierto que no voy a estar ocultándome siempre para poder besarte y estrecharte entre mis brazos.

— ¿Qué te parece si seguimos con esta conversación cuando hayan detenido a Damian Wilson y a sus hombres? —Le propuso Scarlett—. Quizás para entonces no pienses de la misma manera.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y lo dejó estar, no quería que aquella conversación derivara en una discusión pocas horas antes de que se celebrara la cena. Ya tendría tiempo de volver a debatir sobre el tema, porque no estaba dispuesto a olvidarlo.

Tal y cómo Oliver esperaba, su familia aceptó encantada la invitación para cenar en casa junto al General, el Coronel y su hijo, el Teniente Scott Wilmore. Pese a que no estaban destinados en la misma base, Oliver conocía a Scott, ya que era el hijo de su jefe, y se llevaban bastante bien. Sabía que era un gran hombre, leal y noble, pero también muy deseado entre las mujeres y eso le ponía nervioso.

El mal humor de Oliver fue aumentando conforme se acercaba la hora de la cena, pero Scarlett le ignoró sospechando que aquel comportamiento era fruto de los nervios del momento. Ella también estaba nerviosa, aquella cena de los Parker y los Turner parecía una cena de compromiso en la que las dos familias se conocían y festejaban el amor de sus hijos. A pesar de que esa misma mañana Oliver le había confesado lo mucho que le molestaba tener que ocultarse para besarla, Scarlett temía que todo aquello le sobrepasara y decidiera enviarla de nuevo a la base.

— ¿Estás lista? Tu padre no tardará en llegar —la apresuró Oliver entrando en el dormitorio.

—Relájate, solo es una cena.

—Con un invitado especial —gruñó entre dientes.

—Deja de gruñir y sonríe un poco —le rogó Scarlett, dándole un dulce y breve beso en los labios—, te prometo que esta noche te lo compensaré.

Oliver la abrazó y la estrechó contra su cuerpo. Deseaba desnudarla y hacerle el amor en ese mismo momento, pero la idea se le fue de la cabeza al escuchar el timbre de la puerta.

—Ve a recibir a tu invitados, en seguida estoy contigo —le dijo Scarlett tras besarle con verdadero deseo.

—Nena… Haces conmigo lo que quieres —suspiró con resignación y se marchó a abrir la puerta a los invitados.

Los primeros en llegar fueron los padres y la abuela de Oliver, seguidos de Claire, Izan, Jake y Noah. Oliver les hizo pasar al jardín trasero y les ofreció una copa de vino al mismo tiempo que les recordaba que los invitados, además de ser la familia de Scarlett, también eran sus jefes. Scarlett bajó las escaleras justo cuando el General Turner llamó al timbre y se encontró con Oliver en el hall. Oliver abrió la puerta y, tras saludar al General con un apretón de manos, se hizo a un lado para dejarle entrar.

—Hola, cielo —saludó a su hija con un cariñoso abrazo—. Espero que no te importe, pero he traído compañía.

— ¿Compañía? ¿Te refieres a George?

—A George y a alguien más —le confirmó Trevor, haciendo una señal con la mano para que George y Scott entraran.

— ¡Scott! —Exclamó Scarlett al ver al hijo del Coronel.

— ¡Mi pequeña, estás preciosa! —La saludó Scott alzándola en brazos y dando vueltas con ella, un saludo más cariñoso de lo que Oliver hubiera deseado.

Scarlett y Scott se conocían desde que tenían uso de razón, ambos habían crecido juntos en la base militar y eran prácticamente como hermanos. La confianza, la complicidad y el cariño que existía entre ellos era difícil de negar, pero no iba más allá de una sana relación fraternal.

— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me has llamado? —Le atosigó a preguntas Scarlett en cuanto sus pies tocaron el suelo de nuevo.

—Es obvio que he venido a verte, he llegado a la ciudad esta tarde y no te he llamado porque quería darte una sorpresa —le respondió Scott riendo divertido—. ¿Me has echado de menos, pequeña?

— ¿Es que no vas a saludar a tu padrino? —Intervino George.

— ¡George! —Exclamó Scarlett, abrazando a su padrino.

Oliver, tratando de mantener la compostura, les hizo pasar al jardín e hizo las presentaciones oportunas mientras les invitó a tomar asiento y les sirvió una copa de vino. El último en llegar fue Daniel, que sonrió de oreja a oreja al ver el brazo del hijo del Coronel sobre los hombros de Scarlett.

—Tienes competencia, hermanito —se mofó Daniel en un susurro, para que solo Oliver le escuchara.

El humor de Oliver, en lugar de mejorar, fue empeorando. Scarlett estaba tan distraída con la sorpresa de Scott que ni siquiera se percató de lo molesto que estaba Oliver, algo que no pasó desapercibido para el General Turner. Daniel, que conocía bien a su hermano, soltó alguna pulla para fastidiarle, ganándose la mirada reprochadora de Joe y Cynthia.

Durante la cena, la situación no fue a mejor. Scott se las ingenió para sentarse a un lado de Scarlett y Noah quiso sentarse a su otro lado, así que Oliver no tuvo más remedio que cederle el sitio a su sobrina. Scarlett se sintió mal al ver el gesto de enfado de Oliver que, pese a que intentaba ocultarlo, a ella no la engañaba. Consciente del mal rato que estaba pasando Oliver, Scarlett ignoró las pullas de Daniel y de Scott, que parecían divertirse a costa de la pareja.

Tras la cena, Scarlett propuso salir de nuevo al jardín y tomar una copa, una idea que todos aplaudieron y secundaron. El General aprovechó la ocasión para quedarse atrás con su hija y hacerle la pregunta de la cual ya sabía la respuesta:

— ¿Estás saliendo con el Capitán?

—No he salido de los terrenos de la granja.

—Ya sabes a qué me refiero, Scarlett.

—Ya sabes la respuesta.

—Entonces, ¿por qué no le das el lugar que se merece y cortas las bromas? Es evidente que no le están haciendo ninguna gracias.

—Es muy pronto para hacerlo oficial, nos estamos conociendo y no sé lo que va a durar.

—Cielo, no estamos hablando de casarte con él —le hizo entender Trevor—. Se trata de hacer lo que es justo después de todo lo que Oliver está haciendo por ti. ¿Te ha contado que ha devuelto el dinero?

— ¿Qué dinero?

—Le transferimos un importe de seis cifras a modo de recompensa por ocuparse de tu seguridad, pero lo ha devuelto alegando que no hace esto por dinero ni tampoco porque yo se lo haya pedido —le explicó Trevor y añadió, por si le había quedado alguna duda—: Lo hace por ti.

Tras aquella conversación con su padre, Scarlett se dispuso a ir a la cocina para echar una mano a Oliver, pero el General le pidió que le dejaré a él y ella salió al jardín con los demás. Se sentó junto a Scott, que charlaba animadamente con Daniel, y aprovechó que estaban juntos para lanzarles una clara advertencia:

—Si no dejáis de fastidiar a Oliver, me voy a convertir en vuestra peor pesadilla.

—Interesante —rumió Scott—. ¿Desde cuándo te lo tiras?

—No es asunto tuyo —bufó Scarlett.

—Eso confirma que te lo tiras —afirmó Scott.

—Todo el mundo lo sabe, pero nadie entiende por qué os empeñáis en hacernos creer lo contrario —opinó Daniel.

—No es asunto vuestro —les regañó Scarlett.

— ¿De verdad crees que el Capitán Parker se ha hecho cargo de tu seguridad porque eres la hija del General? —Se mofó Scott—. Solo por ser quién eres se hubiera negado en rotundo y mucho menos te habría traído a su casa. Su misión era sacarte de Isla Maravilla y llevarte a la base, el resto lo está haciendo porque le importas, Scarlett.

—Negaré haberlo dicho delante de él, pero ni yo ni mi familia le habíamos visto jamás así de interesado por una mujer, está pendiente de ti en todo momento e incluso organiza excursiones y veladas románticas para sorprenderte —comentó Daniel—. Supimos que estaba enamorado de ti incluso antes de conocerte.

— ¿Se puede saber qué cuchicheáis todo el rato? —Les regaño la abuela Sylvia, que no le hacía falta escuchar para saber qué decían.

—Scarlett nos está regañando, abuela —le respondió Daniel riendo y provocando las risas en todos los presentes.

Mientras tanto, Oliver estaba en la cocina sirviendo las copas para todos con la ayuda del General. Trevor sabía que entre el Capitán y su hija existía una relación más allá de la profesionalidad y la amistad. No quería ser un obstáculo en aquella relación por ser el superior del Capitán y estaba dispuesto a dejárselo claro:

—Estoy muy contento de ver a mi hija feliz, pese a que no tenga su ansiada libertad, y es obvio que es gracias a ti. Sé que a veces Scarlett puede ser muy testaruda y que no te lo pondrá fácil, pero también he visto cómo te mira, igual que tú la miras a ella.

—General Turner, yo…

—Por favor, llámame Trevor —le interrumpió y, sin dejarle mediar palabra, añadió—: Mi hija me ha confirmado que existe una relación entre vosotros y me parece bien si es lo que ambos queréis.

—Gracias —logró decir Oliver, sorprendido y emocionado por aquellas palabras del General.

La protegida del Capitán 10.

Oliver contó con la ayuda de su familia para organizar la excursión a la que pensaba llevar a Scarlett y también para que su casa estuviera lista para disfrutar de una velada romántica. Su interés sentimental en Scarlett se había convertido en un secreto a voces, a nadie le había pasado desapercibido y Oliver tampoco tenía intención de ocultarlo. Habían pasado tres semanas desde que la conoció en Isla Maravilla; había pasado cinco días en la selva con ella, escondiéndose de Damian Wilson y sus hombres; habían discutido y había estado separado de ella toda una semana, sin mantener ningún tipo de contacto; se habían reconciliado y ahora estaba empezando a asimilar que se había enamorado de ella.

Oliver suspiró extasiado mientras contemplaba a Scarlett, que dormía plácidamente entre sus brazos. Le acarició la espalda con suavidad y, cuando ella se despertó, le susurró:

—Buenos días, preciosa. Es hora de levantarse.

—Un ratito más —le rogó Scarlett, acurrucándose contra él.

—Hoy no, nos vamos de excursión —le recordó. La besó en los labios y, cogiéndola en brazos, la llevó al cuarto de baño y añadió—: Dúchate mientras preparo el desayuno.

— ¿No te duchas conmigo?

—Si me ducho contigo, no saldremos de la cabaña en todo el día —bromeó Oliver, pese a que sus palabras no eran ninguna mentira.

Scarlett no discutió, sabía que Oliver estaba muy ilusionado con aquella excursión y ella también lo estaba. No quería pensar en lo que estaba sintiendo por él, tan solo deseaba disfrutar de todo aquello antes de que se acabara.

Mientras ella se duchaba, Oliver metió todo lo que necesitaba en una mochila y preparó el desayuno. Una hora más tarde, Oliver la llevó al establo donde Daniel les esperaba con un precioso caballo listo para montar.

— ¿Vamos a montar a caballo? —Preguntó Scarlett nerviosa. Oliver asintió, mostrando la mejor de sus sonrisas, y ella le confesó—: No creo que sea buena idea, nunca he montado a caballo.

—No te preocupes, yo iré contigo. ¿Confías en mí? —Scarlett sonrió, por supuesto que confiaba en él. Oliver la cogió en brazos y, sin ningún esfuerzo, la subió a lomos del caballo y después se subió él detrás de ella—. ¿Estás bien?

—Sí.

— ¿A qué hora regresaréis? —Les preguntó Daniel.

—Al atardecer, pero ya me encargo yo de guardar el caballo en el establo cuando lleguemos, así puedes echarle una mano a Claire.

—De acuerdo, ya veo que lo tienes todo bajo control —bromeó Daniel y añadió antes de que se marcharan a lomos del caballo—: Disfrutad de la excursión.

A Scarlett no le pasó por alto aquel sospechoso intercambio de miradas, ya sospechaba desde la tarde anterior que Oliver tramaba algo y que había hecho partícipe de ello a su familia. Sin embargo, se olvidó de todo cuando Oliver agarró las riendas del caballo con una mano y con la otra la sujetó a ella por la cintura y la besó sin previo aviso.

— ¿Vas a decirme a dónde me llevas? —Le preguntó Scarlett un rato después.

—Ya te he dicho que es una sorpresa, no seas impaciente —le respondió Oliver con tono juguetón, estaba de muy buen humor y se le notaba.

El paseo a caballo duró aproximadamente una hora, hasta que llegaron a un pequeño claro en el bosque por donde pasaba el río. Oliver bajó del caballo de un salto y, acto seguido, cogió a Scarlett en brazos para ayudarla a bajar. Scarlett estaba fascinada, aquel hermoso lugar parecía sacado de un cuento de hadas. Mientras ella miraba el paisaje embelesada, Oliver amarró el caballo a un poste a orillas del río para que pudiera beber agua bajo la sombra de otro sauce, tendió la manta de picnic sobre la hierba, bajo la sombra de un sauce llorón, y preparó un pequeño aperitivo.

—Gracias —le dijo Scarlett abrazándole.

— ¿Por qué?

—Por todo. Por dejar que me quede en la granja, por cuidar de mí, por lidiar con mi padre y, sobre todo, por hacer que todo resulte mucho más fácil de lo que es.

—Tú haces que todo resulte sencillo, preciosa —le respondió él besándola en los labios con dulzura—. Entonces, ¿te ha gustado la sorpresa?

— ¡Me ha encantado! —Exclamó Scarlett acurrucándose junto a él y añadió bromeando divertida—: Podemos buscar una cueva en la que instalarnos y quedarnos aquí.

—En verano sería divertido, pero en invierno nos congelaríamos.

—Este lugar es precioso y transmite mucha paz.

—Pues todavía no te he enseñado lo mejor.

— ¿Hay más sorpresas?

—Una más, pero antes tienes que comer un poco.

— ¿Hay una cabaña por aquí? Porque, si es así, me quedaré hasta en invierno.

— ¿Eso significa que te quedarías aquí conmigo para siempre? —Le preguntó Oliver con tono juguetón.

—Acabarías aburriéndote de mí.

—Quizás tengamos que poner a prueba tu teoría y ver qué pasa.

—Mm… Ten cuidado, me estás malacostumbrando —ronroneó en su cuello.

Entre provocaciones, besos y caricias, Oliver y Scarlett se alimentaron con un pequeño aperitivo. Con la excusa de dar un paseo y enseñarle a Scarlett los alrededores de la zona, Oliver la guió hasta llegar al lugar preciso: las pozas termales. Scarlett se quedó estupefacta al ver aquellas pequeñas lagunas de agua humeante entre las rocas, casi ocultas por la frondosa vegetación de la zona.

— ¿Dónde estamos? —Le preguntó Scarlett acercándose a las pozas pero sin llegar a tocar el agua.

—Seguimos en los terrenos de la granja, al pie de la sierra. Estas pozas se encuentran sobre una línea de fallas por donde se filtran las aguas subterráneas que se calientan al llegar a cierta profundidad y suben después en forma de vapor o de agua caliente.

— ¿Podemos bañarnos en las pozas?

—Por supuesto, a eso hemos venido —le respondió Oliver al mismo tiempo que se deshacía de su ropa—. ¿Te bañas conmigo?

Scarlett se desnudó a modo de respuesta, él la abrazó, le dio un leve beso en los labios y entró en la poza junto a ella. Oliver se sentó en una piedra plana dentro de la poza y Scarlett se sentó a horcajadas sobre él, mostrando su sonrisa traviesa y juguetona.

—Mm… ¿Estás de buen humor? —Le preguntó con la voz ronca.

—Estoy feliz y tengo ganas de jugar —ronroneó Scarlett.

— ¿Quieres jugar? —La provocó alzando la pelvis para presionar con su erección sobre su entrepierna.

A Scarlett se le escapó un gemido de la garganta al presagiar lo que estaba a punto de ocurrir y Oliver no se hizo de rogar para complacerla. La estrechó con fuerza entre sus brazos, la besó apasionadamente y se hundió en ella con una lentitud tan desesperante como placentera. Con la misma lentitud, entró y salió de ella al mismo tiempo que la besaba, deslizando una de sus manos hacia el punto donde sus cuerpos se unían para estimularla acariciando y presionando sobre su clítoris, haciéndola estallar en mil pedazos y dejándose arrastrar con ella en un orgasmo demoledor.

— ¿Estás bien, preciosa? —Le preguntó Oliver cuando sus respiraciones se acompasaron.

—No podría estar mejor —le confirmó ella extasiada.

Pasaron el resto de la mañana bañándose en las pozas de aguas termales, profiriéndose besos y caricias. Más tarde regresaron a orillas del río, donde se acomodaron bajo la sombra de un sauce para disfrutar de un picnic al aire libre, ante las hermosas vistas de un paisaje de belleza natural y fascinante.

A media tarde decidieron ponerse en camino para regresar a la cabaña, recogieron el picnic, se subieron a los lomos del caballo y llegaron al establo al anochecer. Daniel les saludó al verlos llegar y, consciente de los planes de su hermano con Scarlett, les instó a que se marchasen mientras él se ocupaba del caballo.

Como dos adolescentes viviendo su primer amor, Scarlett y Oliver caminaron agarrados de la mano, profiriéndose besos y caricias hasta que llegaron a la cabaña.

— ¿Te duchas conmigo? —Le preguntó Scarlett.

—Si alguna vez te respondo que no a esa pregunta, mátame —bromeó él, entrando en el cuarto de baño detrás de ella.

Tras compartir una placentera ducha más larga de lo que Oliver pretendía, la instó a vestirse y a preparar una mochila con una muda de ropa para el día siguiente y sus cosas de aseo.

— ¿Vamos a alguna parte? —Preguntó Scarlett preocupada.

—Esta noche no dormiremos en la cabaña.

— ¿Y dónde vamos a dormir?

—En seguida lo verás —le respondió él divertido.

— ¿Necesito un pijama para dormir? —Le preguntó Scarlett con una sonrisa traviesa en los labios.

—Puedes llevarte un pijama, pero no creo que lo vayas a utilizar.

Aunque tenía intención de dormir desnuda como cada noche, Scarlett metió un pijama en la mochila por si acaso lo necesitaba, también añadió una muda de ropa y su neceser con todo lo que necesitaba para asearse. Intrigada e impaciente por descubrir a dónde la llevaría Oliver a pasar la noche, anunció emocionada:

—Ya estoy lista, ¿nos vamos?

— ¿Te ha entrado prisa, nena? —Le preguntó él, provocándola.

— ¡Oliver! —Protestó Scarlett poniendo morritos.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó riendo a carcajadas.

—Dime a dónde me llevas o no voy a ninguna parte.

—En seguida lo sabrás, nena —le susurró con la voz ronca y, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Espero que la última sorpresa del día te guste tanto como las otras dos.

Agarrados de la mano, Oliver y Scarlett salieron de la cabaña cargando con la mochila que habían preparado y se dirigieron a la casa de Oliver. Scarlett se detuvo junto a la entrada del jardín delantero y no le costó deducir dónde pasarían la noche:

—Vamos a dormir aquí.

—No pareces muy ilusionada —comentó divertido.

—No me importa dormir en el suelo cuando estoy en mitad de la selva ocultándome de un peligroso asesino que me busca para matarme, pero cuando prefiero dormir en una cama si dispongo de una.

Oliver la abrazó desde atrás y atravesaron el jardín delantero hasta llegar a la entrada principal de la casa. Abrió la puerta e invitó a entrar a Scarlett. Ella dio un par de pasos y se detuvo en el hall, desde donde se podía ver el salón y el comedor completamente amueblados.

— ¿Cuándo han traído los muebles?

—Hoy, Claire se ha encargado de que estuviera todo preparado para cuando llegáramos y me ha dicho que tenemos una sorpresa en el jardín trasero, pero antes quiero enseñarte la casa.

Scarlett accedió encantada, curiosa por averiguar cómo había decorado el resto de las habitaciones de la casa. Tras un breve recorrido por la el salón, el comedor, la cocina y un pequeño aseo, subieron a la planta superior. Oliver le mostró el despacho, un par de habitaciones de invitados con un baño compartido, el dormitorio principal  con baño propio y, por último, una tercera habitación de invitados que también contaba con baño propio.

—Nos vamos a instalar en la casa y esta será tu nueva habitación.

— ¿No vas a dormir conmigo?

—Por supuesto, nena. Dormiré contigo siempre que quieras, pero quiero que te sientas cómoda aquí y que tengas un lugar en la casa que solo sea tuyo —le respondió Oliver sin dejar de abrazarla.

Sin dejar de abrazarse, bajaron las escaleras hacia la planta baja y salieron al jardín trasero de la casa, donde Claire se había encargado de preparar un romántica mesa para dos, ambientada con la luz de un par de velas de color rojo y un pequeño camino de pétalos de rosa sobre el césped que llevaba del porche trasero a la mesa.

— ¿Qué es todo esto?

—Claire quería darnos una sorpresa y nos ha preparado una velada romántica, pero creo que se le ha ido un poco de las manos…

—No, es perfecto —opinó ella.

— ¿Te gusta?

—Me encanta, Capitán —le confirmó besándole en los labios.

Ambos se sentaron a la mesa del jardín y se dispusieron a disfrutar de una deliciosa cena en un ambiente íntimo y romántico. Después de cenar, Oliver agarró en brazos a Scarlett y subió a la planta superior de la casa cargando con ella hasta el dormitorio principal, donde la depositó con delicadeza sobre la cama.

—Quiero jugar, Capitán —ronroneó Scarlett deshaciéndose primero de su camiseta y después de su pantalón.

—Me tienes a tus pies, nena —le susurró Oliver con la voz ronca—. Solo tienes que decirme qué es lo que deseas.

—Te deseo a ti besando y acariciando mi cuerpo, hundiéndote en mí y haciéndome gritar de placer.

Los ojos de Oliver se impregnaron de lujuria y no se hizo de rogar, se abalanzó sobre Scarlett y le dio todo lo que ella deseaba.

La protegida del Capitán 9.

Oliver llamó a su madre a media tarde, mientras regresaba con su padre del valle, para hablar con Scarlett, pero Cynthia le dijo que se había ido con Dexter, Claire y los niños al río. Ansioso por verla, convenció a su padre para dar un pequeño rodeo y pasar por la ribera del río, donde encontraría a Scarlett.

Dexter y Jake buscaban cangrejos mientras que Claire, Scarlett y Noah se bañaban y nadaban en el río cuando Oliver y Joe llegaron hasta ellos.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

Scarlett miró en la misma dirección que miraba Jake y sonrió al ver a Oliver y a Joe. Le había echado de menos, aunque no podía negar que lo había pasado bien con su familia.

—No os esperábamos tan pronto —apuntó Claire.

—Oliver tenía prisa por regresar —comentó Dexter con tono burlón.

Joe sonrió, lo que sea que hubiera entre su hijo y Scarlett era de dominio público, todos estaban al tanto de ello. Oliver saludó a su sobrino Jake y a Dexter y después se acercó a la orilla del río. Claire, consciente de lo que ambos deseaban, cogió a Noah en brazos y salió del río, guiñándole un ojo a su hermano con complicidad.

—Papá, nos vamos a casa contigo —anunció Claire envolviendo a Noah en una toalla para secarla. Se volvió hacia su hijo y le dijo—: Jake, vamos con el abuelo a casa y le llevamos los cangrejos a la abuela.

—Yo también voy con vosotros, tengo una cita esta noche y no quiero llegar tarde —se excusó Dexter.

— ¿Quién es la ingenua a la que has engañado? —Se mofó Oliver.

—Si quieres, me quedo y te lo cuento —le respondió burlonamente.

—Mejor me lo cuentas mañana.

Dexter se marchó riendo, acompañado por Joe, Claire, Jake y Noah, dejando a su amigo Oliver a solas con la hija del General Turner. Scarlett, que seguía disfrutando de su baño en el río, esperó a que todos se marcharan y le preguntó a Oliver:

— ¿Te bañas conmigo?

—No hay nada que me apetezca más en este momento —le respondió Oliver deshaciéndose de su ropa y zambulléndose en el río. Nadó hasta llegar a Scarlett y la estrechó entre sus brazos—. Te he echado de menos, nena.

—Mm… ¿Estás juguetón?

Oliver le respondió dándole un apasionado beso. Llevaba todo el día pensando en ella, anhelando tenerla entre sus brazos y deseando besarla. Scarlett colocó sus brazos alrededor del cuello de Oliver y le rodeó con sus piernas por la cintura.

—Alguien podría vernos —le advirtió Oliver agarrándola de los muslos y presionando la entrepierna de ella con su erección.

—La discreción no es lo nuestro —bromeó Scarlett.

— ¿Qué te parece si regresamos a la cabaña, nos damos una ducha y preparo una deliciosa cena y la acompañamos con un buen vino? —Le propuso Oliver.

—Me parece una idea perfecta.

Oliver no podía ni quería esperar para empezar a disfrutar de aquel plan y, tras darle un dulce beso en los labios, agarró a Scarlett con fuerza y salió del río cargando con ella en brazos. Un par de horas más tarde, ambos disfrutaban de una deliciosa cena preparada.

—Por esta magnífica noche —brindó Scarlett.

—Y por nosotros, nena —añadió Oliver con la voz ronca—. Voy a hacerte el amor durante toda la noche.

—Mm… Suena de lo más tentador —ronroneó Scarlett—, pero ¿no tienes que ir mañana al valle con tu padre?

—No, hemos trabajado mucho hoy para no tener que ir mañana.

—Entonces, ¿mañana te quedarás todo el día conmigo?

—Todo el día —le aseguró Oliver—. ¿Te gustaría que fuéramos de excursión, solos tú y yo?

—Me encantaría.

Tras una romántica velada que culminó en una noche de sexo salvaje y apasionado, Oliver y Scarlett se quedaron dormidos casi al amanecer, totalmente exhaustos. Cuando Scarlett se despertó, el sol ya estaba en lo más alto y la aguja del reloj marcaba las doce del mediodía. Miró a Oliver y sonrió al comprobar que estaba dormido. Se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su rostro, descendió con sus labios por su cuello y continuó hasta llegar a su pecho. Scarlett se detuvo cuando Oliver se removió inquieto, pero siguió con lo que estaba haciendo cuando comprobó que seguía dormido. Deslizó una de sus manos bajo la sábana y agarró el miembro erecto de Oliver, acariciándolo con sensualidad. Oliver se removió de nuevo, pero esta vez abrió los ojos.

—Buenos días, ¿te has despertado juguetona? —La saludó Oliver alzando su pelvis para que continuara acariciándole.

Scarlett le sonrió a modo de respuesta y continuó descendiendo con sus labios por el cuerpo de Oliver, hasta que llegó a la altura de su miembro y, sorprendiéndole, se lo metió en la boca.

—Nena, no hagas eso —le dijo Oliver agarrándola de los hombros para detenerla y tiró de ella hasta que quedó a su altura para poder mirarla a los ojos.

— ¿No te gusta? —Susurró Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Qué si me gusta? Me encanta —le aseguró él, a punto de correrse—, pero si sigues con eso, me correré.

—Bien, porque eso es lo que pretendía —le sonrió Scarlett con picardía antes de volver a su posición inicial y continuar con lo que estaba haciendo.

Oliver se tensó al sentir su erección penetrando en la boca de Scarlett mientras ella le succionaba y le estimulaba haciendo que entrara y saliera de su boca. Hasta que, a punto de estallar de placer en mil pedazos, la detuvo de nuevo y, tras intercambiar rápidamente la posición con ella, la besó con dulzura y la penetró lentamente, haciéndola gemir. Oliver tuvo que contenerse para no dejarse llevar y derramarse, quería alcanzar el clímax con ella y llevó una de sus manos al centro de su placer. Mientras salía y entraba de su apretada vagina, estimuló su clítoris con movimientos circulares, ejerciendo un poco de presión sobre él con cada embestida y consiguiendo llevarla a las puertas del clímax.

—Oliver… —gimió Scarlett excitada.

—Lo sé, nena. Córrete conmigo.

Y Scarlett no se hizo de rogar, obedeció a Oliver y se dejó llevar por un abrumador orgasmo que la hizo gritar como jamás había gritado, arrastrando a Oliver con ella en aquel viaje de placer al que accedió con un gruñido gutural.

Oliver rodó con Scarlett en la cama hasta dejarla encima de él y se mantuvieron abrazados en silencio durante varios minutos. Unos minutos más tarde, cuando por fin se vio capaz de pronunciar palabra, Oliver le dio un tierno beso en la frente y le susurró al oído:

—Me quedaría en la cama contigo el resto del día.

— ¿Podemos hacerlo?

—Podemos hacer lo que tú quieras, pero no olvides que tengo una familia de cotillas y vendrán a buscarnos si no nos ven aparecer en todo el día.

Pasaron la mañana en la cama, hasta que Cynthia llamó por teléfono a su hijo para invitarle a él y a Scarlett a comer. Era domingo y toda la familia al completo se reunía para comer en casa de Cynthia y Joe, y Scarlett no quiso perdérselo. Llevaba una semana en la granja con Oliver y ya se sentía una más de la familia. Antes de salir de la cabaña, Oliver le dio su teléfono móvil a Scarlett y le dijo:

—Llama a tu padre.

— ¿Tengo que hacerlo por alguna razón en especial? 

—Porque es tu padre, te echará de menos y querrá saber que su única hija está bien —le respondió Oliver y añadió bromeando—: O también puedes decirle lo entretenida que estás conmigo.

—Puede que lo haga —le provocó ella.

A Oliver se le descompuso la cara al escuchar aquellas palabras, pero Scarlett rio divertida y él respiró aliviado al confirmar que solo estaba bromeando. Scarlett marcó el número de su padre y solo tuvo que esperar un par de tonos hasta que el General Turner respondió:

— ¿Cómo va todo por ahí, Capitán Parker?

—Soy yo, papá —le corrigió Scarlett. Oliver le guiñó un ojo y le hizo un gesto indicando que la esperaba fuera y darle intimidad para hablar con su padre. Scarlett esperó a que Oliver saliera de la cabaña y añadió—: Por aquí todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Oliver te ha dicho que me llames —adivinó Trevor—. Es evidente que el Capitán siente algo por ti, Scarlett. Y, si no le correspondes, creo que es mejor que se lo digas cuanto antes, es un buen agente y no quiero que las cosas se tuerzan por algo así.  

—Y, ¿si le correspondo? —Le tanteó Scarlett.

— ¿Lo haces?

—Es posible.

—Entonces, ¿debo empezar a hacerme a la idea que Oliver va a ser mi yerno?

—Es demasiado pronto para hablar de eso, incluso para pensarlo —le advirtió—. Es una situación complicada, papá. Pero quédate tranquilo, Oliver y su familia me están tratando muy bien y no tengo ninguna intención de ir a ninguna parte.

—Ayer hablé con Oliver y le dije que quería ir a visitarte.

— ¿Y qué te dijo?

—Me dijo que seré bienvenido cuando quiera ir, pero me pidió que hablara antes contigo.

—Es su casa, no es a mí quien debes pedirle permiso para venir de visita, pero me gustaría verte, ya ha pasado una semana desde que me fui de la base.

—Dile al Capitán Parker que iré a cenar el martes por la noche, tal y cómo habíamos quedado.

—Si ya lo teníais organizado, ¿para qué me has preguntado? —Le replicó Scarlett.

—Cielo, hay algo más que quiero decirte porque sé que Oliver no te lo contará —le dijo de pronto—. Le he ofrecido dinero para cubrir tus gastos, pero se ha negado a aceptarlo alegando que no te protege porque sea su trabajo, sino porque quiere. No seas dura con él y no se lo pongas difícil con la convivencia.

—Nos vemos el martes, papá —se despidió Scarlett y añadió antes de colgar—: Te quiero.

Scarlett salió de la cabaña y se encontró a Oliver sentado en los escalones del porche, escrutándola con la mirada.

— ¿Va todo bien?

—Dímelo tú —le reprochó Scarlett.

— ¿Estás enfadada? —La tanteó.

—No, pero me hubiera gustado que me lo hubieras dicho —reconoció Scarlett.

—Nena, tu padre quería venir a verte, no sabía qué opinarías al respecto y no estaba contigo para preguntártelo, así que le dije que lo hablara contigo —le respondió él poniéndose en pie para poder estrecharla entre sus brazos—. ¿Qué te parece si te lo compenso con una excursión mañana?

— ¿Solos tú y yo?

—Solos tú y yo —le confirmó Oliver—. Pero ahora vamos a comer a casa de mis padres, toda la familia nos está esperando.

Recorrieron el pequeño trayecto que separaba la cabaña de la casa de los Parker y se unieron al resto de la familia que les esperaba sentados a la mesa del jardín mientras Cynthia comenzaba a servir los platos. Pese a que Scarlett ya se sentía como una más de la familia, Oliver se mantuvo pendiente de ella en todo momento y a ninguno de los presentes le pasó por alto aquel detalle. Después de comer, todos se fueron a la piscina y Oliver aprovechó un momento en el que se quedó a solas con su hermana para pedirle un favor:

—Mañana traerán los muebles de casa, ¿puedes encargarte de todo? Quiero llevar a Scarlett de excursión y darle una sorpresa cuando lleguemos.

—No te preocupes, yo me ocupo de todo —decidió Claire y, mirando a Scarlett, le preguntó—: ¿Debo empezar a llamarla cuñada?

—Es un poco pronto y puede que la asustes, pero acabará convirtiéndose en tu cuñada —le aseguró Oliver—. El martes vendrá el General Turner a cenar con nosotros, no me vendría mal algún consejo para que me acepte como posible yerno.

—Te ha confiado la vida de su hija, creo que eres su mejor candidato —le tranquilizó Claire y, tratando de echarle una mano, añadió—: ¿Qué te parece si preparo una deliciosa comida para que cenéis en el jardín en plan romántico?

— ¿No será demasiado?

—Lección número uno: Nada es demasiado cuando intentas conquistar a la futura madre de tus hijos.

—De acuerdo —accedió Oliver.

Claire tenía el don de transmitir seguridad con tan solo unas palabras y sin necesidad de recrearse en aburridos discursos. Solucionada aquella parte de su plan, Oliver fue en busca de Daniel para pedirle que le prestara un caballo para ir de excursión con Scarlett. Aquel favor no le salió barato, a cambio, Daniel quiso saber todo lo que había entre su hermano y Scarlett, y Oliver no tuvo más remedio que contarle todos los detalles.  

La protegida del Capitán 8.

Oliver y Scarlett pasaron los siguientes dos días en la piscina bañándose con el pequeño Jake y la pequeña Noah, haciendo un pequeño descanso a mediodía para ir a comer a casa de Cynthia y Joe. Por la tarde recibían la visita de Dexter y Caleb, se sentaban a la sombra y se tomaban un par de cervezas hasta que comenzaba a anochecer y se marchaban, dejando a la pareja a solas.

Oliver le daba espacio a Scarlett para que conversara con su familia y sus amigos pero, cuando llegaba la noche, se encargaba de que nadie les molestase. La noche era el único momento del día en el que podía disfrutar de Scarlett a solas y no estaba dispuesto a que dejara de ser así.

Scarlett insistía en que Oliver hiciera lo que normalmente solía hacer y no solo porque se sintiera culpable al ocupar su tiempo y su espacio, sino porque deseaba saber más de él. Pero, al igual que Oliver, ella también ansiaba que llegara la noche para quedarse a solas con él. Esa noche, Oliver estaba nervioso. Al día siguiente se levantaría al amanecer para acompañar a su padre a llevar a las vacas y a los terneros y no regresaría a la cabaña junto a Scarlett hasta bien entrada la tarde.

—Ven aquí, preciosa —le susurró Oliver abrazándola en la cama y, por enésima vez, le preguntó—: ¿Estarás bien mañana?

—Estaré bien —le aseguró Scarlett—. Claire se va a tomar el día libre y pasaremos el día en la piscina con los niños.

—Le he pedido a Dexter que se pase por aquí mañana.

—Oliver…

—Sé que no va a pasar nada, pero me quedo más tranquilo si él está aquí —argumentó Oliver.

Scarlett aceptó las condiciones de Oliver para complacerle, pese a que pensaba que estaba exagerando.

A la mañana siguiente, Oliver se despertó al amanecer y, cuando fue a levantarse, Scarlett le abrazó y le susurró:

—Te voy a echar de menos, Capitán.

—Yo también te voy a echar de menos, nena —le confesó Oliver con la voz ronca. Le dio un leve beso en los labios y añadió antes de levantarse—: Regresaré antes de que anochezca.

Scarlett se quedó durmiendo un par de horas más antes de levantarse. Era temprano, así que desayunó tranquilamente en la cabaña antes de dirigirse a casa de los padres de Oliver. La abuela Sylvia estaba regando las plantas del jardín cuando la vio llegar y la saludó alegremente mientras le daba un cariñoso abrazo:

—Buenos días, Scarlett. ¿Has desayunado ya?

—Sí.

—Cynthia está en el gallinero, tardará un rato en venir —la informó la abuela—. Claire y los niños aún no han salido de casa, pero no creo que tarden en llegar, esos terremotos no perdonan un día de piscina.

— ¿Puedo ayudarte? —Se ofreció Scarlett.

—Ya he terminado aquí, pero Oliver quiere que arregle el jardín delantero de su casa. Si quieres, puedes echarme una mano.

—Me encantaría —le aseguró Scarlett.

La abuela Sylvia miró su reloj de muñeca y, tras comprobar que tenían dos o tres horas antes de que los niños reclamaran su baño en la piscina, cogió a Scarlett del brazo y ambas se dirigieron a la casa de Oliver. La abuela ya había preparado la tierra del jardín, solo tenían que trasplantar las flores de las pequeñas macetas en el suelo del jardín. Scarlett escuchó atentamente todas las indicaciones de la abuela Sylvia y la imitó cuando comenzó a trabajar.

—Se te da muy bien para ser la primera vez —la felicitó la abuela después de algunas flores trasplantadas correctamente.

—He plantado tres flores y tú, en el mismo tiempo, has plantado seis.

—Pero yo llevo toda la vida haciéndolo, cielo. Además, no por ir más rápido las cosas se hacen mejor. ¿Puedo preguntarte algo? No te preocupes, te prometo que todo lo que me digas quedará entre nosotras, no se lo diré a nadie y mucho menos a Oliver.

—Eh… Sí. Supongo que sí —balbuceó Scarlett, temiéndose cuál sería la pregunta.

— ¿Por qué estás aquí? —Scarlett la miró sin comprender la pregunta, Oliver ya le había dicho a toda su familia que estaba allí porque necesitaba protección. La abuela, al percibir la confusión en los ojos de Scarlett, añadió—: Ya sé que un asesino peligroso anda buscándote, pero imagino que esa es la versión oficial.

—No soporto estar encerrada y no estaba pasando por un buen momento. Llevaba una semana en la base y quería marcharme de allí aunque fuese sola y sin protección, no aguantaba más —comenzó a explicarle Scarlett con total sinceridad—. Mi padre sabía que yo no estaba bien y, a mis espaldas, urdió su propio plan y se fue en busca de Oliver. Entre ambos decidieron darme una alternativa a la base: quedarme en la granja con Oliver.

— ¿Ya conocías a Oliver?

—Lo conocí unos días antes, le encomendaron la misión de encontrarme en Isla Maravilla y llevarme a la base, me protegió de los tipos que me buscaban, pasamos cinco días ocultándonos en la selva y finalmente llegamos a la base.

—Y discutisteis nada más llegar —adivinó la abuela Sylvia, que tenía un don especial para entender y captar las relaciones amorosas.

—Muy pocas personas saben que soy la hija del General y Oliver no era una de ellas, sabía que existía algún tipo de relación entre el General y yo y dedujo que era su amante. Sabía que Oliver lo sospechaba, pero no me dijo nada y yo tampoco le corregí. Cuando llegamos a la base, mi padre me ordenó que me instalara en su casa y Oliver lo malinterpretó todo. Se enfadó y se marchó sin dejar que le explicara nada.

—Oliver llegó muy disgustado y de muy mal humor —reconoció la abuela Sylvia—. Pero desde que regresó contigo vuelve a estar feliz y no deja de sonreír.

—Me preocupa que esté haciendo esto porque se sienta culpable —le confesó Scarlett—. No quiero ser una molestia ni impedirle que disfrute de la maravillosa familia que tiene.

—Algo nos ha contado esta mañana, pero me temo que no te va a resultar nada fácil que se separe de ti, al menos mientras estés bajo su protección —bromeó la abuela Sylvia para sacarle una sonrisa y, cuando lo logró, añadió—: Eres mucho más que una misión para él, Scarlett y creo que él también es mucho más que un guardaespaldas para ti.

—Apenas nos conocemos, la situación es, por decirlo de algún modo, bastante peculiar y, sinceramente, no estoy segura de lo que pueda pasar cuando todo esto se resuelva —le dijo Scarlett con un hilo de voz, intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir—. No quiero pensar en qué ocurrirá mañana, quiero disfrutar del día de hoy y ya afrontaré las consecuencias cuando las tenga que afrontar.

—Espero que mi nieto sea listo y no te deje escapar —zanjó el tema la abuela Sylvia, que no quería seguir importunándola.

Continuaron trabajando en el jardín al mismo tiempo que charlaban alegremente. La abuela Sylvia le contó muchísimas anécdotas graciosas de cuando Oliver era pequeño pero, sobre todo, le habló maravillas de él. Scarlett no necesitaba que nadie le dijera lo buen partido que era Oliver, ella misma lo había podido comprobar en los pocos días que había compartido con él. Oliver era todo lo que a ella le gustaba en un hombre, era todo un caballero, inteligente y atractivo, un gran seductor y un hombre apasionado.

Mientras ambas charlaban alegremente, Oliver acompañaba a su padre por el campo para llevar a las vacas al valle y, a medio camino, decidió llamar a su madre para comprobar que Scarlett estuviera bien.

—Hola hijo, ¿qué tal os va con las vacas? —Le saludó Cynthia nada más descolgar.

—Muy bien, mamá. Hemos parado a comer y descansar un poco —le respondió Oliver y, tras responder a su pregunta, añadió—: ¿Dónde está Scarlett?

—No la he visto todavía, imagino que estará durmiendo.

— ¿A estas horas? Ve a la cabaña y búscala, quiero asegurarme de que está bien.

Cynthia miró el reloj de la cocina y se sorprendió al comprobar que eran más de las once de la mañana. Extrañada por no haber visto aún a Scarlett, se dirigió a la cabaña a petición de Oliver y comenzó a preocuparse cuando tampoco la encontró allí.

—Oliver, Scarlett no está en la cabaña.

—Mamá, búscala, por favor. Busca a la abuela y a Claire, a ver si está con ellas —gruñó Oliver, reprochándose mentalmente por haber dejado sola a Scarlett.

—No te preocupes, seguro que está con la abuela o con Claire. Voy a buscarla y ahora te vuelvo a llamar —le dijo Cynthia  antes de colgar.

Cynthia respiró profundamente para calmarse, Scarlett no podía haber desaparecido de la granja, solo tenía que encontrarla. Fue a casa de su hija Claire, pero ella y los niños estaban desayunando y no habían visto a Scarlett. Se dirigió a la nueva casa de Oliver, pensando que probablemente hubiera ido a la piscina mientras esperaba a Claire y a los niños y la encontró en el jardín delantero con la abuela Sylvia, trasplantando las hermosas y coloridas flores que la abuela había escogido.

— ¡Por fin te encuentro, Scarlett! —Exclamó Cynthia al verla—. Ha llamado Oliver y no te encontraba y…

—Será mejor que le devuelvas la llamada, conociéndole, es capaz de enviarnos a todo el ejército para que te busque —bromeó la abuela Sylvia.

Cynthia asintió con un leve gesto de cabeza y le entregó el teléfono móvil a Scarlett para que llamara a Oliver. Scarlett cogió el teléfono móvil y, tras comprobar que ya estaba llamando, se lo puso en la oreja.

—Dime que la has encontrado y que está bien —dijo Oliver nada más descolgar.

—Tranquilo, me ha encontrado y estoy bien —le respondió ella sin poder contener la risa, Oliver podía llegar a ser exageradamente dramático.

—Nena, ¿dónde estabas? ¿Es que quieres matarme?

—Estaba con tu abuela, ayudándola con el jardín de tu casa nueva.

— ¿Estáis plantando las flores en el jardín? —Preguntó Oliver sorprendido.

—Sí, ya casi hemos terminado y está quedando genial.

—Creía que ibas a pasar el día en la piscina, ya sabes que no puedes hacer esfuerzos, tienes dos costillas rotas —le recordó Oliver.

—No te preocupes, pasaré el resto del día en la piscina y guardaré reposo —le aseguró ella para que se quedara tranquilo—. ¿Cómo estás tú? ¿Ya habéis llegado al valle?

—Todavía no, estamos a mitad de camino. Pero vamos bien de tiempo, estaré contigo antes de que anochezca.

—Te estaré esperando —le susurró Scarlett.

—Te llamaré más tarde, sé buena y guarda reposo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, Capitán —se mofó Scarlett y añadió antes de colgar—: Estaré esperándote.

Oliver sonrió al escuchar aquellas palabras. Aunque Scarlett no estuviera dispuesta a reconocerlo, sabía que le estaba echando de menos tanto como él a ella.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Joe cuando lo vio guardar el teléfono móvil.

—Sí, Scarlett estaba con la abuela, plantando las flores en el jardín de casa.

— ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, papá.

— ¿Hay algo entre tú y Scarlett?

—Te mentiría si te dijera que no —reconoció Oliver—. Estoy tratando de llevar este asunto con discreción, la situación es complicada y temo que, si la presiono, Scarlett pueda salir huyendo.

—No creo que tenga intención de huir a ninguna parte, se ha metido a toda la familia en el bolsillo, incluso a la abuela —bromeó Joe y, al ver la preocupación en el rostro de su hijo, le aconsejó—: Si esa chica te importa de verdad, demuéstraselo.

—Eso intento.

—Pues sigue así, hasta ahora se te está dando muy bien.

La abuela Sylvia y Scarlett terminaron de plantar las flores en el jardín y pasó el resto de la mañana en la piscina junto a Claire, Jake y Noah.

— ¿Cómo te trata mi hermano? —Quiso saber Claire, guiñándole un ojo a Scarlett con complicidad.

—No puedo quejarme, está pendiente de todo lo que pueda necesitar y trata de complacerme en todo —reconoció Scarlett y añadió bromeando—: Si sigue tratándome así, tendréis que echarme para que me vaya.

—También puedes casarte con Oliver y quedarte aquí para siempre —comentó Claire con naturalidad y añadió divertida—: A mí me encantaría tenerte de cuñada.

—No creo que a Oliver le haga tanta ilusión como a ti —bromeó Scarlett.

Pese a los doce años de diferencia, Claire y Scarlett tenían muchas cosas en común y congeniaron muy bien. Tan entretenidas estaban hablando de sus cosas que no se dieron cuenta de la hora que era hasta que Cynthia fue a buscarlas a la piscina para decirles que la comida ya estaba lista. Media hora más tarde, las cuatro mujeres y los dos niños comían mientras charlaban alegremente.

Dexter se presentó en casa de los Parker después de comer y los niños le suplicaron que los llevara al río. A Claire y Scarlett le pareció una gran idea y Dexter no supo decir que no, era demasiado fácil de convencer.

—Hacéis conmigo lo que queréis —fingió hacerse el ofendido mientras se dirigían al río.

La protegida del Capitán 7.

Scarlett y Oliver salieron del gallinero y se dirigieron hacia el jardín trasero de la casa principal, a ciento cincuenta metros de distancia. Durante el escaso trayecto, Oliver aprovechó para darle un rápido beso a Scarlett, asegurándose antes de que nadie les podía ver. Cuando llegaron al jardín, se encontraron con la abuela Sylvia, que plantaba flores en las jardineras que delimitaban el jardín con la zona de piscina.

—Buenas tardes, muchachos. ¿Habéis salido a pasear? —Les saludó la abuela Sylvia con una amplia sonrisa en los labios.

—Le he enseñado la granja a Scarlett y mi madre ha insistido en que nos tomemos un refresco en el jardín —le respondió Oliver, poniendo a su abuela al corriente—. Te están quedando muy bien las jardineras, es una pena que el jardín de mi casa no luzca así de bien.

—No seas gruñón, la semana que viene me pondré con tu jardín —le aseguró la abuela—. Tu padre ha ido al valle, quiere llevar allí a las vacas esta semana, ¿irás con él?

Oliver miró a Scarlett con disimulo antes de responder:

—No lo creo, abuela. Se supone que estoy protegiendo a Scarlett y no puedo ausentarme durante todo el día.

— ¿Por qué no? —Le replicó Scarlett—. Puedes pasar el día ayudando a tu padre y yo puedo quedarme aquí ayudando a tu abuela a plantar las flores en tu jardín.

— ¡Esa es una idea estupenda! —Aplaudió la abuela Sylvia.

— ¿Cuál es la idea estupenda? —Preguntó Cynthia, que llegaba al jardín junto a su hijo Daniel.

—Oliver acompañará a Joe a llevar a las vacas al valle —anunció la abuela Sylvia.

— ¿Vas a dejar a Scarlett solo todo el día? —Le preguntó Daniel incrédulo.

—No estará sola, nosotras le haremos compañía —intervino rápidamente Cynthia.

—Precisamente eso es lo que más me preocupa —gruñó Oliver entre dientes.

—Tranquilo hermano, yo personalmente me encargaré de que Scarlett se sienta cómoda en tu ausencia —le provocó Daniel.

—Olvídalo, no iré a ninguna parte —gruñó Oliver, colocando su brazo alrededor de la cintura de Scarlett por instinto, sin darse cuenta de ello.

— ¿Qué ocurre aquí? —Preguntó divertido Joe al ver a la mitad de la familia bromeando en el jardín.

—Oliver te acompañará a llevar al valle a las vacas mientras nosotros le hacemos compañía a Scarlett —le puso al corriente su esposa antes de ir a la cocina a por unos refrescos para todos.

— ¿Vas a dejar a Scarlett sola? —Preguntó Joe incrédulo, conocía demasiado a su hijo como para saber que aquella chica le importaba de verdad y dejarla a solas con la familia era un riesgo muy alto.

—Este año no iré, pero Daniel puede acompañarte —decidió Oliver pese a que le apetecía mucho pasar el día con su padre.

— ¡De tal palo, tal astilla! —Bufó Cynthia.

—Scarlett no va a estar sola, nosotras le haremos compañía y la trataremos muy bien —le aseguró la abuela Sylvia a Oliver—. Y, cuando regreses del valle, tendrás un hermoso jardín lleno de flores.

—Voy a estar bien —le aseguró Scarlett—. No quiero que dejes de hacer lo que normalmente harías si yo no estuviera aquí.

—De acuerdo, pero le diré a Dexter y a Caleb que os hagan compañía —cedió Oliver poniendo una única condición.

—Eres un exagerado, Capitán Parker —bromeó Scarlett.

—Es posible, pero estaré más tranquilo si ellos están aquí mientras yo estoy en el valle con mi padre —argumentó Oliver.

—De acuerdo —cedió Scarlett.

— ¿Y ya está? ¿No vas a protestar? —Quiso confirmar Oliver, que no se esperaba que Scarlett accediera sin más a su condición.

—Aunque no te lo creas, no estoy aquí para ponerte las cosas más difíciles —le reprochó bromeando Scarlett—. Estaré bien, de verdad.

—Solo serán un par de días y estaré de vuelta antes de que anochezca —le aseguró Oliver.

Cynthia y Joe intercambiaron una mirada y sonrieron, ambos sabían que Oliver y Scarlett estaban hechos el uno para el otro. La abuela Sylvia también sonrió, le gustaba que aquella chica de carácter le plantara cara al mandón de su nieto.

La abuela Sylvia y Cynthia comenzaron a hacer planes con Scarlett para los dos días que Oliver estaría fuera, hasta que Oliver se vio obligado a recordarles que Scarlett tenía dos costillas rotas y optaron por hacerle compañía en la piscina y trabajar un rato en el jardín por la tarde, esto último ante la insistencia de Scarlett. Mientras las tres mujeres hablaban de las flores que plantarían en el jardín y se alejaron para escoger las mejores especies, Daniel miró a su hermano y le advirtió con su habitual tonó burlón para provocarle:

—Si la dejas escapar, te aseguro que yo no cometeré ese error.

—Casi la pierdo una vez, créeme si te digo que no la dejaré escapar —le aseguró Oliver.

—Hijo, ¿qué hay entre tú y Scarlett? —Quiso saber Joe.

—Nos estamos conociendo y todo va bien pero, cuando todo esto acabe, ella se marchará y no sé qué pasará.

—Hijo, si de verdad la quieres, lucha por ella y conquístala como lo haría todo un caballero —le aconsejó Joe.

—Por alguna extraña razón, creo que a ella también le interesas —opinó Daniel, que dejaba pasar una ocasión para meterse con su hermano—. De lo contrario, hubiera salido corriendo nada más conocer a nuestra familia de locos.

—No podemos negar que ese es un punto a tu favor —bromeó Joe.

Los tres hombres se echaron a reír divertidos justo en el mismo momento en el que las tres mujeres regresaban junto a ellos y Cynthia, curiosa por naturaleza, les preguntó:

— ¿De qué os reís?

—Nosotros nos vamos —anunció Oliver poniéndose en pie junto a Scarlett y colocando su mano sobre la espalda de ella.

— ¿No os quedáis a cenar? —Le preguntó Cynthia a su hijo, poniéndole ojitos.

—Esta noche no, mamá —le respondió Oliver besando a su madre en la mejilla—. Hasta mañana, familia.

—Scarlett, ¿mañana vienes a comer? —Insistió Cynthia.

—No, mamá —respondió Oliver por ella y añadió con sarcasmo—: Y muchas gracias por incluirme en la invitación.

—Cynthia, deja a los chicos tranquilos —la regañó Joe.

Scarlett se sintió mal con aquella situación, no entendía por qué Oliver no le daba el gusto a su madre y aceptaba aquella invitación a comer. Scarlett miró a Oliver disgustada, intentando que rebajara el tono y complaciera a su madre.

—No me mires así, no soy ningún ogro —le bufó Oliver.

—No he dicho nada —se defendió Scarlett.

—No hace falta que lo digas, lo veo en tus ojos.

Scarlett no abrió la boca, pero dio su respuesta fulminándole con la mirada. Oliver no cedió y le sostuvo la mirada, retándola para que realmente dijera lo que pensaba. Oliver estaba dolido porque prefiriera pasar el rato con su familia antes que con él y, aunque no era más que una rabieta de adolescente, no estaba dispuesto a ceder, quería aprovechar el tiempo al máximo posible para llevar a cabo su plan de conquistar y enamorar a Scarlett.

—No os enfadéis, habrá tiempo para todo —medió la abuela Sylvia, echándole una mano a su nieto—. Consultadlo con la almohada y ya mañana lo decidiréis.

—Tengo una habitación de invitados en casa, está disponible para ti si te aburres del gruñón de mi hermano —bromeó Daniel, solo para fastidiar a Oliver.

—Hasta mañana —se despidió Scarlett entre risas mientras Oliver tiraba de ella para llevársela de allí.

Cuando estuvieron lo suficiente lejos de la casa de su familia y, tras cerciorarse de que nadie pudiera verles ni oírles, Oliver colocó su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y, estrechándola contra su cuerpo, le susurró al oído:

— ¿Ya te has aburrido de mí?

—Todavía no he tenido tiempo de aburrirme, Capitán —bromeó Scarlett y, sabiendo que aquello le preocupaba aunque Oliver se lo dijera con tono de broma, le aclaró—: Me encanta estar contigo, pero no quiero ocupar todo tu tiempo. Además, creo que tu madre me utiliza como excusa para pasar tiempo contigo.

—Lo que en realidad motiva a mi madre es averiguar qué nos traemos entre manos —masculló entre dientes.

— ¿Crees que Daniel le ha contado que nos ha visto en el establo?

—No, Daniel no dirá nada —comentó Oliver—. Pero tampoco creo que sea necesario, dudo de que a alguien le haya pasado por alto la atracción que existe entre nosotros.

—Si esto te va a traer problemas…

—No va a traer ningún problema —la interrumpió y le advirtió—: Deja de buscar excusas para librarte de mí, no lo vas a conseguir.  

Llegaron a la cabaña y, nada más entrar y cerrar la puerta, Scarlett se arrojó a los brazos de Oliver, besándole con voracidad. Oliver la agarró de los muslos con fuerza y la alzó en brazos, estrechándola contra su cuerpo y correspondiéndola con pasión y deseo. En pocos segundos, se deshicieron de sus ropas y Oliver tumbó a Scarlett sobre la cama, contemplándola con los ojos cargados de lujuria.

— ¿Te gusta lo que ves? —Le provocó Scarlett.

—Me encanta lo que veo —le confirmó Oliver tumbándose sobre ella para besarla con dulzura antes de añadir con la voz ronca—: Me encantas toda tú, nena.

Oliver la besó de nuevo y después recorrió con sus labios cada recoveco de la piel de ella, excitándola con cada roce, con cada caricia. Hundió la cabeza entre las piernas de ella y se deleitó con el sabor de su excitación mientras Scarlett gemía de placer.

—Nena, no te contengas —le susurró él para que se dejara llevar.

—No —casi rogó Scarlett, tapándose la vulva con las manos para que no siguiera con lo que estaba haciendo.

— ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Quieres que pare? —Le preguntó preocupado, deteniéndose al instante.

—Te quiero dentro, nene —le respondió Scarlett con una sonrisa traviesa en los labios.

Oliver sonrió y, sin hacerse de rogar, se hundió lentamente en ella, haciéndola gemir una vez más. Entró y salió de Scarlett con un rítmico vaivén hasta que la hizo estallar en mil pedazos al alcanzar el orgasmo. Scarlett gritó, convulsionó y arañó la espalda de Oliver con sus uñas, derritiéndose entre sus brazos. Solo entonces, Oliver se dejó llevar y se derramó dentro de ella. Acto seguido, rodó a un lado de la cama llevándose a Scarlett consigo e intercambiado sus posiciones. La besó en los labios y le preguntó:

— ¿Todo bien?

—Ajá —le confirmó Scarlett acurrucándose junto a él—. Todo perfecto.

Se quedaron abrazados durante un buen rato, Oliver acariciaba la espalda de Scarlett con la yema de los dedos y ella jugueteaba con sus dedos sobre el pecho de él. Juntos se sentían cómodos y relajados, se olvidaban del mundo y solo existían ellos dos.

— ¿Te duchas conmigo? —Le propuso Oliver.

Scarlett asintió y, cinco minutos más tarde, ambos hacían el amor de nuevo, esta vez bajo el agua de la ducha. Tras una ducha de lo más estimulante, Scarlett y Oliver prepararon la cena en la cabaña, dedicándose miradas cargadas de deseo y provocándose constantemente con caricias y besos.

— ¿Quieres que mañana vayamos a comer a casa de mis padres? —Le preguntó Oliver mientras cenaban.

Scarlett se tomó unos segundos antes de contestar. Le miró tratando de adivinar con qué intención le hacía aquella pregunta, pero no logró descifrarlo.

—Me encanta estar contigo —comenzó a decir—, pero soy bastante sociable, me gusta hablar con la gente.

—Así que no soy suficiente para ti, necesitas a alguien más —bromeó Oliver para rebajar la tensión.

—Eres más que suficiente para mí —le respondió ronroneando—, pero no quiero acaparar todo tu tiempo, quiero que disfrutes de tu familia y de tus vacaciones.

—Aunque esté de vacaciones, tengo una misión —le recordó Oliver—. Y mi misión es protegerte.

—No creo que necesite protección para ayudar a tu abuela a plantar flores en el jardín —le replicó Scarlett.

—Soy un profesional, me gusta hacer bien mi trabajo —bromeó de nuevo Oliver.

Después de cenar entre bromas y provocaciones, Oliver le propuso a Scarlett dar un paseo por los alrededores de la cabaña y ella aceptó. Caminaron agarrados de la mano hasta llegar al jardín delantero de la nueva casa de Oliver y se sentaron en las escaleras del porche y se quedaron en silencio mientras se abrazaban, disfrutando de la paz y la serenidad que les brindó aquel momento.

La protegida del Capitán 6.

Como la mañana anterior, Scarlett se despertó sola en la cama. Escuchó el agua de la ducha correr y adivinó que se trataba de Oliver. Scarlett deseaba despertar a su lado y que la besara para darle los buenos días, pero él la esquivaba y mantenía las distancias. Oliver estaba haciendo un gran esfuerzo para que Scarlett se sintiera cómoda con él. Ella le gustaba, pero no quería presionarla ni que malinterpretara sus intenciones. Su prioridad era recuperar la confianza de Scarlett y demostrarle que estaba dispuesto a todo por ella.

—Buenos días, dormilona —la saludó Oliver de buen humor cuando salió del cuarto de baño.

—Buenos días, Capitán.

— ¿Te apetece que te enseñe la granja o prefieres que nos relajemos en la piscina?

—Me gustaría ver a los animales, pero lo de la piscina suena muy bien.

— ¿Qué te parece si pasamos la mañana en la piscina y te enseño la granja por la tarde? —Le propuso Oliver.

—Me parece perfecto.

Desayunaron, se pusieron el bañador y Oliver le mostró su nueva casa, casi lista para entrar a vivir, pues tan solo esperaba a que trajeran los muebles del salón, el comedor y las habitaciones. Scarlett quedó impresionada con la amplitud de las estancias y la luminosidad que entraba a través de las grandes ventanas. En el jardín trasero se encontraba la piscina, rodeada de un espeso césped, una zona chill-out donde relajarse al aire libre y una zona de merendero con barbacoa. Sin embargo, el jardín delantero no estaba terminado, pero sí con la tierra preparada para plantar flores.

—Es una casa preciosa —opinó Scarlett cuando Oliver terminó el recorrido en la piscina.

—Faltan los muebles, que los traerán en pocos días, y el jardín delantero, que mi abuela me prometió que se encargaría pero, de momento, sigue igual que cuando me fui —bromeó Oliver mientras se acomodaban en un par de hamacas junto a la piscina y añadió—: Deberías ponerte protector solar si no quieres quemarte la piel.  

— ¿Me echas una mano? —Le preguntó Scarlett con una seductora sonrisa en los labios, provocándole y dándole el protector solar para que se lo aplicara.

—Después tendrás que echarme una mano tú a mí, yo tampoco quiero quemarme —murmuró Oliver con la voz ronca.

Sin perder el tiempo, Scarlett se tumbó en la hamaca boca abajo y dejó que Oliver impregnara toda su piel con protector solar, comenzando por sus hombros, bajando por su espalda y terminando por sus piernas.

—Date la vuelta —le ordenó para que se tumbara boca arriba. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, antes de continuar esparciendo el protector solar por la piel de ella, añadió en un susurro—: Vas a acabar conmigo, nena.

—No seas tan dramático, Capitán —le respondió Scarlett dedicándole una sonrisa pícara y traviesa—. No tengo ninguna intención de torturarte.

Oliver la desafió con la mirada y le dio un poco de su propia medicina. Recorrió todo su cuerpo con la yema de sus dedos, acercándose peligrosamente a sus puntos más erógenos pero sin llegar a tocarlos, sometiéndola a la misma tortura que él padecía cada vez que ella rozaba su cuerpo y contenía sus deseos más primitivos.

—Estás jugando sucio, Capitán —le advirtió Scarlett.

—Nena, esto es jugar sucio —la corrigió Oliver, deslizando sus manos por el torso de ella y rozando sus pezones con los dedos pulgares, haciéndola gemir de excitación—. Exactamente, eso es jugar sucio.

Oliver se separó de ella y se tumbó en la hamaca de al lado, mirándola y mostrando la mejor de sus sonrisas, satisfecho con el efecto causado en Scarlett.

—Ha llegado mi turno —anunció Scarlett con una mirada traviesa y le ordenó—: Túmbate boca abajo.

Divertido por aquel excitante juego de Scarlett, Oliver se dejó llevar y le siguió la corriente para descubrir hasta dónde era capaz de llegar. Se tumbó boca abajo y ella comenzó a masajear su espalda, esparciendo el protector solar sobre su piel con sutiles caricias y descendió por sus piernas hasta llegar a sus pies.

—Date la vuelta, Capitán.

Oliver obedeció de nuevo y se tumbó boca arriba sin hacerse de rogar. Con la única intención de provocarle, se colocó a horcajadas sobre él, haciendo que sus genitales se rozaran a través de la fina tela de sus bañadores, y comenzó a masajear su tórax suavemente. Primero acarició sus hombros y sus brazos, continuó por su pecho y descendió hasta su abdomen, cuando Oliver ya no pudo aguantar más y se incorporó con ella en brazos.

— ¿A dónde me llevas? —Le preguntó Scarlett mientras él caminaba cargando con ella en brazos y rodeándole la cintura con sus piernas.

—Ambos necesitamos refrescarnos —le respondió él con una sonrisa burlona antes de lanzarse a la piscina llevando a Scarlett con él.

—No me lo pones fácil, Capitán —le reprochó Scarlett con frustración, nadando hacia la escalerilla para salir de la piscina.

Oliver la alcanzó en un par de brazadas, la envolvió entre sus brazos y, cuando ella abrió la boca para protestar, él la besó apasionadamente. Oliver pilló totalmente desprevenida a Scarlett pero, tras un par de segundos, ella reaccionó y correspondió el beso con pasión y verdadero deseo.

—Esto se nos está yendo de las manos —murmuró Oliver cuando lograron despegar sus labios haciendo un gran esfuerzo.

— ¿Prefieres seguir evitándome? —Le replicó Scarlett.

—Es más complicado de lo que parece, Scarlett. Se supone que mi misión es protegerte, eres la hija del General y nos alojamos en una cabaña a pocos metros de las casas de mi familia.

—No te estoy pidiendo que te cases conmigo, Oliver —bufó Scarlett—. Tú mismo has reconocido que esto puede ser una tortura.

—Entonces, ¿qué me estás proponiendo?

—Ambos somos adultos, creo que podemos llevarlo con discreción y sin que afecte a las personas que nos rodean.

Oliver lo meditó durante unos segundos. Llevarlo con discreción significaba llevarlo en secreto y él no quería esconderse de nadie. Por otra parte, tan solo hacía un par de semanas que conocía a Scarlett y era la hija del General. Scarlett le gustaba y no quería meter la pata, sabía que lo mejor era ir despacio, pero la situación en la que se encontraban resultaba imposible, ninguno de los dos tenía la fuerza de voluntad para no caer en la tentación.

— ¿No vas a decir nada?

—Estoy de acuerdo —decidió Oliver antes de sellar su acuerdo con un beso.

Aquel acuerdo sería su oportunidad para demostrarle que quería conocerla mejor y también para conquistarla y enamorarla.

Pasaron la mañana en la piscina, provocándose el uno al otro, acariciándose y besándose como dos adolescentes viviendo el primer amor. Regresaron a la cabaña a mediodía para preparar algo de comer, pero Scarlett tenía otros planes en mente. En cuanto entraron en la cabaña, Scarlett se llevó a Oliver al dormitorio y comenzó a desnudarle.

—Eres muy impaciente —bromeó Oliver.

Scarlett le sonrió con picardía, terminó de desnudarle y le hizo un gesto para que se tumbara sobre la cama. Oliver le siguió el juego y, cuando se tumbó, ella comenzó a desnudarse lentamente. Se deshizo primero del vestido, después de la parte superior de su bikini y, por último, de la parte inferior. Oliver no apartó la mirada de ella ni un segundo y, cuando la tuvo frente a él totalmente desnuda, le susurró con la voz ronca:

—Ven aquí, nena.

Scarlett se colocó a horcajadas sobre él y Oliver se incorporó hasta quedar sentado, apoyando la espalda en el cabecero de la cama, con Scarlett en su regazo. Justo en ese momento, el teléfono de Oliver comenzó a sonar y Scarlett, mirándole fijamente a los ojos, le rogó:

—Por favor, ignóralo.

—Luego devolveré la llamada —la complació él, que tampoco estaba dispuesto a interrumpir el momento que tanto había deseado por responder a una llamada de teléfono—. Ahora mismo, mi prioridad eres tú, Nena.

Se fundieron en un apasionado beso mientras se abrazaban y acariciaban con verdadera urgencia y necesidad. Scarlett tomó las riendas de la situación cuando, pasados unos minutos, seguían atascados en los besos. Alzó la pelvis, colocó el miembro de Oliver en la entrada de su vagina y descendió lentamente hasta empalarse por completo. Oliver la agarró de los muslos con ambas manos y la ayudó a mecerse en un rítmico vaivén hasta que ella alcanzó el orgasmo entre gemidos y, solo entonces, él se dejó ir. Scarlett se desplomó sobre el pecho de Oliver, que la envolvió con sus brazos con fuerza para evitar que se alejara.

— ¿Estás bien? —Quiso saber Oliver cuando su respiración se normalizó.

—No podría estar mejor —le respondió ella agotada, acurrucándose junto a él.

El teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar de nuevo y, tras resoplar con frustración por tener que separarse de Scarlett, Oliver se levantó de la cama y respondió la llamada:

— ¿Sí?

— ¿Va todo bien por ahí, Capitán Parker? —Exigió saber el General Turner.

—Sí, estábamos a punto de comenzar a preparar la comida —le respondió Oliver echando un vistazo a la escasa comida que había en la nevera—. ¿Hay alguna novedad?

—Damian Wilson y los hermanos Sullivan continúan fuera del país, serás el primero en saber si algo cambia —le aseguró Trevor—. ¿Qué tal está mi hija?

—Está bien, ¿quieres hablar con ella?

—Sí, pero antes quiero pedirte un favor, Oliver —le dijo Trevor, tuteándole—. Conozco a mí hija, sé que en unos días volverá a sentirse encerrada y se querrá marchar. Avísame cuando eso ocurra y, si todavía sigues dispuesto a continuar protegiéndola, organizaré unas pequeñas vacaciones para que podáis cambiar de escenario unos días.

—Te mantendré informado —le confirmó Oliver antes de despedirse del General y entregarle el teléfono a Scarlett.

—Hola papá, ¿va todo bien? —Le preguntó Scarlett a su padre al no poder descifrar la expresión en el rostro de Oliver.

—Todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Estoy bien, ayer Oliver organizó una excursión familiar al río y hoy me enseñará la granja y los animales, no deja que me aburra.

—Es una gran persona y parece que te ha cogido cariño, ¿no crees?

—Papá —le advirtió Scarlett.

—Lo sé, es demasiado complicado —bufó el General con frustración.

—Exacto. Te quiero, papá —se despidió antes de colgar.

— ¿Hay algo que deba saber? —La tanteó Oliver en cuanto colgó.

—Todo está bien, deja de preocuparte.

Oliver la complació y dejó a un lado las preocupaciones para continuar disfrutando de aquel día con Scarlett. Entre los dos prepararon la comida en la pequeña cocina de la cabaña, aprovechando cada roce para provocarse mutuamente. Después de comer y tras una larga siesta en la que hicieron mucho más que dormir, Oliver le mostró la granja a Scarlett. Primero la llevó a los corrales donde vieron a las vacas con los pequeños terneros; las cabras; y las ovejas. Después se dirigieron a los establos de la hípica de Daniel, donde se divirtieron dándoles de comer a los caballos.

— ¿No podemos ir a dar un paseo a caballo? —Le preguntó Scarlett poniéndole morritos.

—Cuando estés completamente recuperada —le respondió él dándole un rápido beso en los labios tras asegurarse de que nadie podía verlos.

— ¿Me lo prometes?

—Te lo prometo —le aseguró él y añadió susurrándole al oído—: Iremos a caballo hasta las pozas de aguas termales, donde te haré el amor hasta que ya no nos queden fuerzas.

—Mm… Suena muy apetecible —ronroneó Scarlett.

—Nena, me vuelves loco cuando ronroneas —le confesó él con la voz ronca, agarrándola por la cintura para atraerla hacia a él y poder estrecharla entre sus brazos.

Oliver no lo pensó dos veces y recorrió la escasa distancia que separaba sus labios de los de ella, fundiéndose en un beso lento pero cargado de deseo.

— ¡Qué tendrán los establos que todo el mundo termina en el pajar! —Se guaseó Daniel al pillarlos besándose.

Scarlett se separó bruscamente de Oliver al ser descubiertos, pero él se lo impidió y, sosteniéndola por la cintura para que permaneciera donde estaba, le dijo a su hermano con tono de pocos amigos:

—No has visto nada.

—Tranquilo, sé guardar un secreto —le aseguró con tono burlón y, antes de marcharse, añadió mofándose—: Aunque no servirá de nada si andáis retozando por zonas comunes.  

Scarlett no pudo contener la risa y Oliver terminó contagiándose y riéndose con ella. Decidieron continuar con la visita a las instalaciones de la granja y, al pasar por el gallinero, se encontraron a Cynthia recogiendo los huevos de las gallinas, quien les saludó nada más verles:

—Hola chicos, ¿qué hacéis por aquí?

—Le estoy enseñando la granja a Scarlett —le respondió Oliver—. ¿Dónde está papá? Venimos de los corrales y no le hemos visto.

—Ha ido al valle para echar un vistazo, quiere llevar allí a las vacas y a los terneros esta semana —le respondió Cynthia y, con ganas de conocer un poco más a la chica que tenía prendado a su hijo, añadió—: Id a casa y nos tomamos un refresco en el jardín, en seguida me uno a vosotros.

Oliver estaba a punto de rechazar la invitación de su madre cuando Scarlett se le adelantó y aceptó. Cynthia sonrió feliz y Oliver suspiró con resignación, no tenía sentido comenzar una batalla que no iba a ganar.

La protegida del Capitán 5.

Scarlett se despertó sola en la cama y suspiró. Un poco de espacio le venía bien para aclarar sus ideas. La noche anterior había estado muy nerviosa y no pudo asimilar todo lo que sucedió durante su visita a casa de la familia de Oliver. Para empezar, se había convertido en la tía Scarlett. Aquello no le molestaba en absoluto, todo lo contrario. Jake y Noah le parecían unos niños adorables y estaba encantada de que la llamaran tía Scarlett, pero lo que le preocupaba era el motivo. ¿La habían llamado tía Scarlett porque les había gustado o por su supuesta relación con su tío Oliver? Y la pregunta del millón: ¿Por qué Oliver no les había corregido y había repetido esas dos palabras delante de todos? Tanto pensar en ello le dio dolor de cabeza, no podía averiguar qué sucedería ni cómo terminaría, pero ahora estaba allí, dispuesta a vivir el presente.

—Buenos días, dormilona —la saludó Oliver de buen humor, cargando con el desayuno en una bandeja.

—Mm… ¿La cabaña incluye servicio de habitaciones? —Bromeó Scarlett, dedicándole la mejor de sus sonrisas.

—Por supuesto, sobre todo si me sigues sonriendo así.

Oliver dejó la bandeja sobre la cama y, tras ayudar a Scarlett para que se incorporara, le colocó la bandeja sobre las piernas y se sentó junto a ella mientras desayunaba. Él también estaba nervioso, la noche anterior había sido un auténtico caos y temía que Scarlett hubiese cambiado de opinión y hubiera decidido regresar a la base.

— ¿Estás bien?

—Sí —le respondió Scarlett, estudiándole con la mirada—. ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo?

—La cena de anoche fue un desastre, subestimé a mi familia pensando que se comportarían como personas normales y, si me despisto, acabas en el hospital.

—Anoche me lo pasé genial, tienes una familia maravillosa y tú te preocupas demasiado.

—Me prometiste que no ibas a mentirme —le recordó Oliver.

—No te estoy mintiendo, puedes estar muy orgulloso de la familia que tienes —le aseguró Scarlett.

—Entonces, ¿no quieres regresar a la base?

— ¿Es que no quieres que me quede? —Le preguntó Scarlett con u hilo.

—Claro que quiero que te quedes —le respondió Oliver agarrándola por la cintura para atraerla hacia a él y poder estrecharla entre sus brazos—. Tu padre ha llamado hace un par de horas, quería saber qué tal te iba y si todavía estabas dispuesta a quedarte. Le he dicho que estabas durmiendo y que le devolverías la llamada cuando te despertases.

—Y de tu conversación con mi padre has deducido que quiero regresar a la base —adivinó Scarlett—. No te preocupes por él, solo quiere que le asegure que no te estoy haciendo la vida imposible.

—Si en algún momento quieres marcharte, dímelo, por favor —le pidió Oliver—. Te prometo que haré todo lo posible para que desees quedarte pero, si prefieres marcharte, no me lo ocultes.

—Serás el primero en saberlo, pero ya te adelanto que no te resultará tan fácil deshacerte de mí, Capitán —bromeó Scarlett, mostrándole una seductora sonrisa.

—Si sigues mirándome así…

La advertencia de Oliver se vio interrumpida por el sonido del teléfono móvil de Oliver que, al ver que era el General quien llamaba, le pasó el teléfono a Scarlett.

—Hola papá —le saludó Scarlett nada más descolgar.

—Hola cielo, ¿qué tal os va por ahí? ¿Has vuelto ya loco al Capitán?

—Toda va bien y no, todavía no he vuelto loco al Capitán —le respondió a su padre sin apartar la mirada de Oliver—. No te preocupes, estoy siendo buena.

—Eso me ha dicho el Capitán —murmuró el General—. Scarlett, Oliver ha aceptado voluntariamente hacerse cargo de tu custodia y protegerte, te ha abierto las puertas de su casa y también las de su familia. Sé que eres una buena persona, pero también conozco tu carácter y tu impulsividad.

— ¿Qué intentas decirme?

—Sé que hay algo entre vosotros, Scarlett. Lo supe desde que te vi desembarcar de aquel barco después de pasar unos días en la selva con él. Y me parece bien, es un gran chico, un poco mayor que tú, pero supongo que eso no es asunto mío… En fin, solo quiero que sepas que, hagas lo que hagas, yo siempre te voy a apoyar.

—Gracias papá, necesitaba escuchar algo así —le agradeció Scarlett.

—Te quiero, pequeña —se despidió el General Turner antes de colgar.

Oliver prestó atención a aquella conversación entre padre e hija, pero solo escuchaba lo que Scarlett decía y no pudo descifrar nada. Esperó a que ella colgara y le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, mi padre solo quería recordarme lo amable que estás siendo y me ha rogado que no te dé demasiados problemas —le respondió Scarlett con una sonrisa en los labios—. ¿Cuándo nos vamos al río?

—Cuándo tú quieras. Dexter y Caleb acaban de llegar, solo tenemos que pasar a buscar a Daniel y a mis sobrinos.

Media hora más tarde y tras un pequeño paseo, todos llegaban a la ribera del río, dentro de los límites del terreno de la familia Parker. Noah no se separaba de Scarlett y Jake no se separaba de Oliver, mientras que Daniel bromeaba sobre la bonita familia que formaban y Dexter y Caleb reían divertidos. Scarlett estiró su toalla sobre la hierba y ayudó a Noah a hacer lo mismo; Oliver, Caleb y Dexter se alejaron unos metros río arriba para colocar las cañas de pescar y el pequeño Jake se fue con ellos; y Daniel decidió quedarse con Scarlett y Noah.

— ¿Qué tal te encuentras? —Se interesó Daniel.

—Muy bien.

—Me alegra oírlo, temíamos que, después de la peculiar cena de anoche, quisieras salir corriendo de aquí —bromeó Daniel.

—De eso nada, me lo pasé genial y me encantaría repetir —le aseguró Scarlett entre risas.

— ¿Y qué tal llevas convivir con el gruñón de mi hermano?

—De momento no me ha echado, así que supongo que bien —le respondió ella bromeando y después, con tono serio, añadió—: Todavía no me creo que haya accedido a hacer de niñera conmigo.

—Sinceramente, creo que mi hermano está más que encantado de tenerte por aquí, aunque te advierto que negaré haberlo dicho.

—Tía Sarlett, ¿te bañas conmigo? —Preguntó la pequeña Noah.

—Claro que sí, princesa —la complació Scarlett deshaciéndose del vestido que llevaba puesto y quedándose en bikini.

Daniel hinchó a pulmón los manguitos de Noah y se los colocó en los brazos, se deshizo de su camiseta y se unió a ellas. A pocos metros de distancia, Oliver, Dexter y Caleb contemplaban la escena hasta que Dexter le dijo a Oliver con tono de mofa:

—Tu hermano Daniel no pierde el tiempo, deberías espabilar si no quieres que la preciosa hija del General Turner acabe convirtiéndose en tu cuñada.

— ¿Te has acostado con ella desde que esté aquí? —Quiso saber Caleb.

—Jake, ¿me haces un favor? —Le preguntó Oliver a su sobrino. El pequeño asintió y Oliver, que prefería hablar de aquel tema sin que el niño estuviera delante, le pidió—: ¿Puedes ayudar al tío Daniel a vigilar a Noah y a Scarlett y avisarme si me necesitan?

Jake asintió feliz de que le otorgaran aquella responsabilidad tan importante y se marchó a la ribera para cumplir la misión que su tío Oliver le había encomendado.

—La tensión sexual que existe entre vosotros es más que visible —comentó Caleb cuando se aseguró que Jake ya no podía escucharle.

—Ya lo he fastidiado una vez, no quiero fastidiarlo de nuevo —argumentó Oliver—. Scarlett me gusta y no quiero fastidiarlo.

—Es la hija del General, será mejor que no la fastidies —le aconsejó Dexter, dejando las bromas aparte.

—No voy a precipitarme, ahora lo único que me importa es que ella esté a salvo y, por supuesto, que se sienta a gusto aquí —concluyó Oliver y añadió con un ligero tono de advertencia—: Espero que no me lo pongáis más difícil con ella.

Oliver se acercó a la ribera y no pudo evitar sonreír al ver a Scarlett bañándose en el río junto a sus sobrinos y su hermano. Noah no se despegaba de Scarlett en ningún momento, pero reparó en Oliver y le gritó:

— ¡Ven, tío Over!

Scarlett se giró y sonrió al verle, pero apartó la mirada cuando él se quitó la camiseta para unirse a ellos en el río. Oliver y Daniel jugaron con Jake mientras Noah y Scarlett les miraban y reían divertidas. Hasta que, un rato más tarde, Daniel se llevó a los niños a la ribera para darles un poco de intimidad a la pareja.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver, acercándose a ella lentamente.

—Sí, no hace falta que me lo preguntes cada cinco minutos —le respondió Scarlett rodando los ojos—. No te preocupes tanto, estoy perfectamente. 

Scarlett se sumergió en el agua y nadó adentrándose en el río. Estando a escasos metros de Oliver, le salpicó con agua cogiéndole desprevenido y él la alcanzó en un par de brazadas. Tuvo la intención de hacerle una ahogadilla, pero cuando llegó a esta a ella se dejó llevar y acabó envolviéndola con sus brazos. Scarlett no opuso resistencia, se dejó abrazar durante unos segundos, hasta que escucharon la voz de Noah desde la orilla:

— ¡Tía Sarlett, yo quiero bañarme contigo!

—Y yo también —musitó Oliver entre dientes, frustrado por no poder acercarse tanto a Scarlett como le gustaría.

—Voy a por ti, princesa —le dijo Scarlett acercándose a la orilla del río para recoger a la pequeña.

Oliver y Scarlett jugaron con Noah y Jake en el río gran parte de la mañana mientras Caleb y Dexter pescaban y Daniel servía la comida que Cynthia les había preparado para que comieran en el río. Cuando la comida estuvo servida, Daniel llamó a todos para que se sentaran sobre la manta de picnic. Scarlett se encargó de darle de comer a Noah y después la puso a dormir sobre una toalla y bajo la sombra de un árbol.

—Se te dan muy bien los niños, ¿quieres tener hijo? —Le preguntó Dexter a Scarlett, solo para molestar a su amigo Oliver.

—No he pensado en ello —reconoció Scarlett—, supongo que antes debería preocuparme por encontrar un trabajo estable y eso no sucederá si…

—No te va a pasar nada —le aseguró Oliver sin dejar que terminara la frase.

— ¿Tienes novio, Scarlett? —Le preguntó Daniel—. Eres una chica simpática, inteligente y atractiva, seguro que no te faltan pretendientes.

—No, no tengo novio —respondió Scarlett sin titubear.

—Chicos, dejad a Scarlett —les regañó Oliver ante aquel interrogatorio.

Ninguno quería incomodar a Scarlett y, aunque deseaban seguir mofándose de Oliver y de su especial interés en ella, decidieron darle una tregua a la pareja y se marcharon a pescar para dejarles a solas, con la excepción de la pequeña Noah que seguía durmiendo plácidamente.

Scarlett bostezó y Oliver, que estaba pendiente de ella constantemente, le preguntó:

— ¿Estás cansada?

—Un poco, pero estoy bien —le aseguró ella mostrándole una tímida sonrisa.

—Mañana nos quedaremos en la cabaña, necesitas descansar y guardar reposo.

—No es necesario que te quedes conmigo en todo momento, no quiero que dejes de hacer lo que siempre haces por mí.

—Mi misión es protegerte, no pienso separarme de ti.

—Lo sé, pero puedes ir con los chicos a pescar mientras yo me quedo aquí con Noah, no hace falta que te quedes aquí conmigo —insistió Scarlett.

— ¿Me estás echando?

— ¡Claro que no! —Se apresuró a responder.

—Perfecto, porque voy a quedarme aquí contigo.

—Como quieras, pero puede que te aburras.

Pasaron la tarde tomando el sol, disfrutando de un largo baño en el río y jugando con Noah mientras que Daniel, Dexter, Caleb y Jake pescaban río arriba. Regresaron a la cabaña a última hora de la tarde, tras prometerles a los niños que repetirían otro día la excursión al río y despedirse de Dexter y Caleb.

Había sido un día largo, ambos estaban cansados y, después de ducharse y cenar, se metieron en la cama y de nuevo durmieron abrazados, pero nada más.

La protegida del Capitán 4.

Después de cenar, Joe propuso salir al jardín para estar más frescos y, aunque Oliver hubiese preferido regresar a la cabaña junto a Scarlett, no le quedó más remedio que salir al jardín cuando Scarlett aceptó alegremente aquella invitación. Oliver ansiaba quedarse a solas con Scarlett, tumbarse con ella en la cama y abrazarla hasta que se quedara dormida en sus brazos. Había pasado una semana horrible pensando que Scarlett era la amante del General Turner y, ahora que había descubierto que en realidad era su única hija, deseaba recuperar todo el tiempo perdido.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver susurrándole al oído mientras se acomodaban en los sofás del jardín trasero.

—Sí, estoy bien. ¿Y tú? —Le escrutó Scarlett con la mirada tratando de adivinar qué es lo que se le pasaba por la cabeza a Oliver en ese instante.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y le sonrió. Scarlett contuvo las ganas de besarle y  le devolvió la sonrisa.

— ¿Alguien quiere café o una copa? —Preguntó Claire. Uno por uno, comenzaron a hacer sus peticiones y, cuando Claire lo tuvo todo claro, anunció—: Creo que lo tengo todo, en seguida lo traigo.

—Voy contigo y te ayudo —se ofreció Scarlett.

Oliver arrugó la nariz, no quería separarse de ella. Estuvo a punto de levantarse para ir tras ella, pero su abuela lo detuvo y le aconsejó:

—Dale un poco de espacio si no quieres que se agobie.

Oliver aceptó aquel consejo a regañadientes, pero se quedó en el jardín. Su hermano Daniel que, como al resto de la familia, no se le escapaba ni una, le dijo con tono burlón:

—No hace falta que la agarres tanto, no te la vamos a quitar no creo que ella tenga intención de salir corriendo.

—Scarlett te gusta mucho, ¿verdad? —Quiso saber Cynthia.

—Dejad a Oliver tranquilo —les regañó Joe.

Ajena a la conversación que mantenían en el jardín, Scarlett ayudó a Claire a preparar las bebidas y servirlas. Noah no se despegaba de Scarlett y Jake también las siguió a la cocina jugando con la pelota, motivo por el cual Cynthia y Daniel se unieron a ellas. Oliver, tras intercambiar una mirada con su abuela, decidió quedarse en el jardín.

Scarlett se sentía cómoda con la familia de Oliver, pese a que tan solo hacía un par de horas que los conocía. Mientras preparaban las bebidas, Claire y Daniel le hablaron de su trabajo en la granja y de lo gratificante que resultaba poder disfrutar de la vida entre animales y naturaleza. Cynthia contó algunas anécdotas de sus hijos, pero también le hizo una confesión sobre su hijo Oliver:

—Me hubiera gustado que tuviera otro trabajo, pero desde pequeño siempre tuvo claro que se alistaría en el ejército.

—Es un trabajo peligroso pero Oliver ha sido entrenado para ello y sabe cuidar de sí mismo y de los demás muy bien —opinó Scarlett con sinceridad.

—Que conste que estoy encantado de tenerte por aquí, yo y toda la familia —comenzó a decir Daniel antes de preguntar—: Pero, ¿cómo acaba la hija del General viviendo en la granja de la familia del Capitán?

—Estoy bajo protección y mi padre no permitía que saliera de la base a menos que lo hiciera con el mejor de sus hombres —le respondió Scarlett—. Oliver estuvo de acuerdo y entre los dos decidieron que este sería un buen lugar donde mantenerme oculta y a salvo. Por cierto, gracias otra vez por dejar que me quede aquí.

—Cielo, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras —le aseguró Cynthia.

—Y, si te cansas de mi hermano, yo estaré encantado de hacerte compañía —bromeó Daniel.

El pequeño Jake jugaba a la pelota cuando la chutó y, tras rebotar contra la pared, impacto en las costillas de Scarlett, haciendo que se doblara de dolor.

— ¡Maldita sea, Jake! —Espetó Claire para después regañar a su hijo—: ¿Cuántas veces tenemos que decirte que no se puede jugar a la pelota dentro de casa?

— ¿Estás bien? —Le preguntó Daniel.

Cynthia le levantó la camiseta y se horrorizó al ver toda la zona de las costillas llena de hematomas. Todos se asustaron, sobre todo Jake, que comenzó a llorar escandalosamente, llamando la atención de todos los que se encontraban en el jardín. Oliver entró en la cocina y no tuvo que preguntar para averiguar qué había ocurrido. Se abrió paso para llegar a Scarlett y le preguntó:

— ¿Estás bien?

—Estoy bien, no pasa nada —trató de quitarle importancia Scarlett.

Pero no lo consiguió, Oliver estaba furioso, sobre todo consigo mismo. No pudo evitar que Scarlett se lastimara en la selva y tampoco lo había podido evitar en casa de sus padres, ¿qué clase de Capitán del Ejército era?

Jake se asustó al ver la reacción de todos y se marchó de la cocina llorando. Scarlett se sintió fatal por el pequeño Jake, no le había dado con la pelota queriendo, estaba arrepentido y ya se había llevado una buena bronca por parte de su madre y una mirada fulminante de su adorado tío Oliver. Sí, se sentía culpable porque todo aquello no hubiera sido más que una anécdota si no estuviera herida.

—Hemos asustado a Jake —les reprendió Scarlett.

—Todos nos hemos asustado, al menos tienes dos costillas rotas —apuntó Claire.

—Vaya, tienes un ojo clínico —murmuró Scarlett.

— ¿En serio? ¿Dos costillas rotas? —Le reprochó Oliver.

— ¿Y qué querías que te dijera?

—No sé, ¿la verdad? —Le espetó Oliver con sarcasmo.

— ¿Te hubieras sentido mejor sabiendo que tengo dos costillas rotas y un desgarro muscular?

—Pues no —bufó Oliver.

Todos fueron testigos de aquella discusión, pero ninguno se atrevió a abrir la boca para intervenir. En aquel momento, a Scarlett solo le importaba Jake. El niño se había asustado mucho al ver el gran hematoma que cubría la piel de sus costillas y se había marchado llorando. Respiró profundamente y le preguntó a Claire:

— ¿Me acompañas a buscar a Jake?

—Si no te importa, mejor te acompaño yo —se ofreció Joe—. Todos están muy nerviosos y no quiero que Jake acabe traumado.

Scarlett asintió y se dispuso a salir de allí con Joe, pero cuando Oliver le siguió, se volvió hacia a él y le dijo:

—Espera aquí, quiero explicarle que esto no me lo ha hecho él, no quiero que se sienta mal.

Oliver accedió de mala gana, pero se quedó en la cocina mientras su padre se marchaba con Scarlett en busca de Jake. Lo encontraron en el salón, llorando tumbado en el salón. Joe se quedó a un lado y dejó que Scarlett hablara con el pequeño.

—Hola Jake —lo saludó Scarlett, sentándose junto a él en el sofá. Jake se incorporó y ella le sonrió antes de decir—: Perdóname por haberte asustado.

—Pero yo te he hecho daño, no debí jugar a la pelota en casa y ahora el tío Oliver está enfadado conmigo.

Oliver, que no pudo esperar en la cocina, se dirigió al salón y se quedó junto a su padre, escuchando lo que Scarlett le decía a Jake.

—Me temo que el tío Oliver está enfadado con los dos. ¿Sabes cómo me hice esto? —Le preguntó Scarlett. Jake negó con la cabeza y ella le explicó—: El tío Oliver me dijo que me estuviera quieta, pero yo no le hice caso y me subí a un árbol para coger unas frutas. La rama en la que estaba agarrada se partió y me caí al suelo. Y el tío Oliver me regañó, igual que te regaña a ti cuando te dice algo y no le haces caso. ¿Sabes por qué lo hace? —Una vez más, el pequeño negó con la cabeza y Scarlett continuó—: Lo hace porque nos quiere y no quiere que nos pase nada malo.

—Mañana nos iba a llevar al río y ahora no me llevará —sollozó el pequeño.

—Bueno, ¿qué te parece si vamos a hablar con él, le pedimos disculpas y nos portamos bien para que mañana nos lleve al río?

—Eres guay, tía Scarlett —le dijo Jake abrazándola con cuidado para no hacerle daño.

Scarlett no supo qué decir, se quedó allí abrazando al pequeño y sonriendo, le gustaba como sonaba ese tía Scarlett. Joe y Oliver habían escuchado la conversación con atención y ambos estaban fascinados con aquella chica risueña que se había metido en el bolsillo a toda la familia en tan solo unas pocas horas.

—Es una chica muy especial, no seas idiota y no la dejes escapar —le aconsejó Joe a su hijo.

—Ya he sido bastante idiota con ella, ahora estoy intentando compensárselo.

—Imagino que Scarlett no te dijo que tenía dos costillas rotas porque no quería que te sintieras culpable —adivinó Joe.

—Lo sé, es una buena persona.

Scarlett y Jake se levantaron del sofá  y se encontraron a los dos hombres junto a la puerta del salón, mirándoles con una sonrisa en los labios.

—Lo siento, tío Oliver —se disculpó Jake—. Te prometo que seré bueno y te haré caso.

—De acuerdo, ahora ve con el abuelo que te lleve a dormir, que mañana iremos al río.

— ¡Bien! —Gritó Jake eufórico, abrazando a su tío.

Joe se llevó de allí al pequeño Jake y dejó a la joven pareja a solas en el salón para darles un poco de intimidad.

—Yo también te prometo que seré buena y me portaré bien —bromeó Scarlett—. ¿A mí también me llevarás al río mañana?

—Seré tu sombra mientras estés bajo mi protección, no iré a ninguna parte sin ti. Pero tengo que advertirte que a la excursión al río también se unirá mi hermano, Dexter y Caleb —bromeó Oliver y, poniéndose más serio, añadió—: Quiero que me prometas que no volverás a mentirme, ni siquiera una mentira piadosa.

— ¿Estás seguro? Es posible que decisión nos traiga problemas —le advirtió Scarlett con una sonrisa en los labios.

—Una mentira a largo plazo duele más que una verdad en su debido momento —opinó Oliver conteniendo las ganas de abrazarla y de besarla—. Será mejor que regresemos al jardín con los demás antes de que empiecen a sacar sus propias conclusiones.

 Scarlett se sonrojó y apresuró a Oliver para volver al jardín mientras él se reía a carcajadas, hecho que provocó que se llevara un manotazo en el brazo a modo de reprimenda. Entre juegos y risas, los dos salieron al jardín donde todos charlaban tranquilamente, como si no hubiera pasado nada.

—Estábamos a punto de ir a buscaros, pero no queríamos interrumpir —bromeó Daniel al verlos llegar tan sonrientes, ganándose una mirada reprobadora de Oliver.

—Tía Sarlett, ¿vas a venir al río con nosotros?

— ¿Tú quieres que vaya? —Le preguntó Scarlett a Noah, dándole conversación.

— ¡Sí! —Exclamó la pequeña.

—Entonces, tendremos que convencer al tío Oliver.

—Tío Over, ¿puede venir la tía Sarlett al río?

—No sé, ¿tú crees que la tía Scarlett está siendo buena? —Le preguntó Oliver a su pequeña sobrina. Noah asintió con contundencia y Oliver no la hizo sufrir más—: En ese caso, supongo que la tía Scarlett puede venir al río con nosotros.

— ¡Bien! —Gritó la pequeña Noah abrazando a Oliver y después, con mucha más delicadeza, abrazó a Scarlett.

Joe y Cynthia contemplaron la escena e intercambiaron una significativa mirada. Ambos veían a su hijo feliz junto a Scarlett, jamás lo habían visto tan pendiente de una chica y Scarlett les parecía una chica adorable, pero con carácter suficiente para plantarle cara a Oliver. La abuela Sylvia miró a Oliver y le dedicó una amplia sonrisa para hacerle saber que aquella chica le gustaba, gesto que él agradeció. Sin darse cuenta, llevo su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y ella le miró, sonrojándose ante aquella pequeña muestra de afecto. Oliver le sonrió y, deseando estar a solas con Scarlett, le dijo:

—Se está haciendo tarde y, si mañana quieres ir al río, tienes que descansar.

— ¿Tan pronto? —Protestó Cynthia.

—Cynthia, los chicos necesitan descansar —le recordó Joe, tratando de echarle una mano a su hijo.

—Nosotros también nos vamos a casa, los peques también tienen que descansar si mañana quieren ir al río —comentó Izan, guiñándole un ojo a su cuñado con complicidad.

—Duerme todo lo que puedas, vas a necesitar todas tus energías para aguantar a estos dos diablillos todo el día —le aconsejó Claire a Scarlett.

—No será para tanto —le respondió Scarlett sonriendo y, antes de marcharse con Oliver a la cabaña, añadió para despedirse de todos—: Muchas gracias a todos por vuestra generosidad y amabilidad, sois una gran familia.

—Es un placer tenerte como invitada, aquí tienes tu casa siempre que quieras —le dijo Joe con sinceridad.

—Buenas noches, familia —se despidió Oliver.

Oliver y Scarlett regresaron a la cabaña dando un paseo. Scarlett estaba nerviosa, pero actuó con normalidad. Fue al baño, se lavó los dientes, se puso su escueto pijama y se metió en la cama junto a Oliver, que la esperaba para ponerle la pomada sobre el hematoma de sus costillas. Sin esperar a que Oliver le dijera nada, Scarlett se levantó un poco la camiseta y se relajó mientras sentía las manos de él recorrer el costado derecho de su torso. Cuando terminó, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Buenas noches, señorita Sanders.

—Buenas noches, Capitán Parker —logró susurrar ella antes de quedarse dormida.   

La protegida del Capitán 3.

Scarlett se durmió entre los brazos de Oliver durante un par de horas, cuando se despertó de la siesta. Oliver aprovechó para darse una ducha mientras ella deshacía sus maletas y guardaba sus cosas en el armario. Scarlett también quiso darse una ducha antes de ir a cenar con la familia de Oliver y, mientras tanto, él cogió una cerveza del frigorífico, salió al porche y se sentó en el sofá-balancín a esperarla.

Oliver no había tenido tiempo de detenerse a pensar lo que estaba sucediendo, el día había sido una montaña rusa desde que recibió la visita del General Turner a media mañana. Con la adrenalina y la emoción de volver a tener a Scarlett bajo su protección, Oliver olvidó que había quedado con Dexter y Caleb para salir a tomar una copa hasta que les vio aparecer. Dexter y Caleb aparcaron la vieja ranchera junto al coche de Oliver y se acercaron a saludarle:

— ¿Has empezado sin nosotros? —Le saludó Dexter señalando el botellín de cerveza que Oliver tenía en la mano.

—Lo siento, había olvidado que habíamos quedado —se disculpó Oliver.

— ¿Qué ha pasado para que te olvides de tu única actividad social desde que estás de vacaciones? —Quiso saber Caleb, sospechando que se trataba de algo importante.

—El General Turner ha venido a verme este mañana, Scarlett es su hija y quiere que la proteja hasta que detengan a Damian Wilson y a sus hombres —les resumió Oliver.

— ¿La hija del General? —Preguntó Dexter incrédulo.

—Creía que el General no tenía hijos, en su expediente no consta que los tenga —comentó Caleb.

—Scarlett es su única hija.

—No sé qué es peor, que te hubieras acostado con su amante o con su hija —se mofó Caleb.

— ¿Dónde está ahora? —Quiso saber Dexter.

—Se está duchando, mi madre quiere que cenemos todos juntos en su casa —le respondió Oliver, visiblemente nervioso.

Scarlett salió del cuarto de baño ya lista para ir a cenar con la familia de Oliver y, al escuchar algunas voces en el porche, abrió la puerta de la cabaña y allí se encontró a Oliver junto a dos hombres más.

—Hola —saludó tímidamente Scarlett.

Los tres hombres se levantaron de sus asientos y Oliver se encargó de presentar a sus amigos a Scarlett:

—Scarlett, ellos son el Teniente Dexter Coleman y Caleb Baker, nuestro analista —se volvió hacia sus amigos y añadió—: Chicos, ya conocéis a Scarlett.

—No hemos podido conocerte mucho, tan solo nos dieron un nombre y una fotografía que, por cierto, no hace justicia a tu belleza —la piropeó Dexter solo para fastidiar a su amigo. Le tendió la mano a Scarlett y la saludó—: Un placer conocerte por fin.

Oliver fulminó con la mirada a Dexter que le dedicó una amplia sonrisa, sin duda, divirtiéndose con aquella situación. Caleb se acercó a Scarlett y, tras estrecharle la mano a modo de saludo, le susurró con complicidad:

—No te preocupes, siempre están igual.

Scarlett agradeció aquel encuentro tan natural y que, tanto Dexter como Caleb, no la trataran de modo especial por ser la hija del General, porque estaba segura de que Oliver se lo había contado, de lo contrario Dexter no tendría esa sonrisa en la cara.

—Dexter y Caleb ya se marchan —anunció Oliver.

— ¿Acabamos de llegar y ya nos quieres echar? —Le preguntó Dexter con tono burlón.

—Nos están esperando para cenar —insistió Oliver a punto de perder la paciencia.

—Está bien, pero mañana regresaremos —sentenció Dexter—. Tienes muchas cosas que contarnos. Hasta mañana, Scarlett —se despidió de ella plantándole un beso en la mejilla, solo para fastidiar a Oliver una vez más.

—Hasta mañana —gruñó Oliver a modo de despedida.

Scarlett escrutó a Oliver con la mirada, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la mente, pero no consiguió descifrar si estaba molesto por la visita de sus amigos o por no poder salir con ellos al tener que quedarse con ella.

— ¿Te he fastidiado los planes para esta noche?

—No has fastidiado nada —le aseguró Oliver dando el tema por zanjado—. ¿Estás lista para ir a cenar?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y ambos dieron un paseo recorriendo el camino que separaba la cabaña de la casa principal donde vivían los padres de Oliver. Scarlett estaba nerviosa, conocer a la familia de Oliver le inquietaba, sobre todo dadas las circunstancias por las que estaba allí. Oliver se percató de lo nerviosa y tensa que estaba, la agarró de la mano y se la apretó, gesto que ella le agradeció con una tímida sonrisa.

Cynthia Parker, la madre de Oliver, les vio llegar a través de la ventana y salió al porche para recibirles. Cynthia estaba emocionada por conocer a la chica que le había tocado el corazón a su hijo mayor y, aunque su marido le había recordado la advertencia de Oliver, ella no estaba dispuesta a dejar pasar aquella ocasión para averiguar más sobre aquella prometedora historia de amor.

—Esa es mi madre tratando de ser discreta —bromeó Oliver cuando vio a su madre en el porche, con las manos recogidas sobre el pecho y con una sonrisa de oreja a oreja. Scarlett le dio un discreto codazo a modo de reproche y él le susurró al oído con tono burlón—: Te tratarán como a una más de la familia, con todos sus beneficios y consecuencias.

— ¿Qué quieres decir?

—En seguida lo averiguarás —le respondió Oliver mientras subían los cinco escalones que conducían al porche de la casa.

Cynthia estaba emocionada, era la primera vez que su hijo mayor traía a casa a una chica que le gustaba y eso quería decir que aquella chica le importaba de verdad, sobre todo dadas las circunstancias en las que había decidido presentarla a la familia y siendo la hija de su jefe, el General Turner.

—Mamá, ella es Scarlett. Scarlett, ella es mi madre, Cynthia —Oliver hizo las presentaciones oportunas.

—Encantada de conocerla, señora Parker —la saludó Scarlett devolviendo el abrazo que Cynthia le daba.

—Por favor, llámame Cynthia. ¿Te has instalado ya en la cabaña? —Le preguntó invitándoles a entrar—. Le he dicho a Oliver que estarías más cómoda aquí, que tenemos una habitación de invitados con baño propio, pero ha insistido en instalarse en la cabaña hasta que traigan los muebles a su casa. ¿Te la ha enseñado ya?

—Mamá, por favor —la regañó Oliver—. Acaba de cruzar la puerta y ya la estás aturullando con tu verborrea.

Scarlett le dio otro codazo que acompañó con una mirada de reprobación que no pasó desapercibida para Cynthia.

—No le hagas caso, Cynthia —le quitó importancia Scarlett a las palabras de su hijo—. Llevo encerrada en casa de mi padre más de una semana y me apetece mucho poder charlar con alguien.

—Oliver nunca ha sido muy dado a la palabra —intervino Daniel, el hermano menor de Oliver.

—El gracioso es mi hermano Daniel —Oliver informó a Scarlett. Se volvió hacia su hermano y le advirtió—: Scarlett es la hija del General Turner.

—Un placer, Scarlett —la saludó Daniel tendiéndole la mano para después coger la suya y llevársela a los labios solo para fastidiar a su hermano.

Oliver apretó los dientes y fulminó a Daniel con la mirada, pero logró contener sus palabras para no incomodar a Scarlett discutiendo con su hermano, aunque aquella fuera la forma que tenían de comunicarse y mostrar su afecto.

—Oliver, ¿por qué no le enseñas a Scarlett el jardín y la piscina? —Le propuso Cynthia para sacar de aquella incómoda situación a Scarlett y poder reprender a Daniel a gusto.

Oliver no lo dudó ni un instante, agarró a Scarlett de la mano y salió al jardín cruzando el amplio salón. Scarlett se sentía un poco fuera de lugar, pero estaba encantada de estar allí y conocer a la familia de Oliver. Le gustó que se mostraran con tanta naturalidad y se divirtió siendo testigo de la sana rivalidad que existía entre Oliver y su hermano Daniel.

—Si en cualquier momento quieres marcharte, solo tienes que decírmelo —le aseguró Oliver una vez a solas en el jardín—. No puedo culparte por ello.

—Eres demasiado dramático, a mí me ha parecido una familia de lo más entretenida y divertida —opinó Scarlett.

—Espero que continúes pensando lo mismo cuando conozcas al resto de la familia.

—He conocido a tu madre y a tu hermano, ¿a quién más conoceré hoy?

—A toda la familia, todos están aquí y quieren conocerte.

— ¿Qué les has contado sobre mí?

—Les he dicho que somos amigos y también que eres la hija del General Turner, nada que pueda incomodarte —la tranquilizó Oliver—. Mi padre es un hombre de pocas palabras, pero con un gran corazón; mi abuela es muy intuitiva, no trates de mentirla; con mi hermana te llevarás bien y con mi cuñado también; y mis sobrinos, aunque son un par de trastos, son de lo más adorable.

Scarlett sonrió y pensó que él sí que era adorable cuando hablaba de sus sobrinos. Continuaron hablando mientras paseaban cruzando el jardín, rodearon la piscina y siguieron por un camino lateral hasta llegar a unos columpios donde los sobrinos de Oliver se divertían bajo la vigilancia de su madre y de su bisabuelo.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

— ¡Tío Over! —Exclamó Noah, que a sus dos años ya comenzaba a hablar, aunque no siempre se la entendía.

Ambos niños salieron corriendo para arrojarse a los brazos de su tío. El primero en llegar fue Jake que, con seis años, fue más rápido que su hermana Noah, que tan solo tenía dos. Tras saludar a los pequeños, Oliver saludó a su abuela Sylvia y a su hermana Claire. Acto seguido, presentó a Scarlett:

—Ella es Scarlett, pasará una temporada por aquí —. Colocó su mano sobre la espalda de Scarlett y le dijo—: Ellas son mi abuela Sylvia, mi hermana Claire y mis adorables sobrinos, Jake y Noah —. Se volvió hacia sus sobrinos y añadió con un tono más dulce—: Chicos, Scarlett se va a quedar unos días por aquí. Vais a ser buenos con ella, ¿verdad?

—Sí —le aseguró el pequeño Jake, chocándole los cinco.

La pequeña Noah se acercó a Scarlett mirándola tímidamente hasta que, de repente, se abrazó a sus piernas y exclamó:

— ¡Tía Sarlett!

Todos estallaron a reír a carcajadas, incluso Oliver, pero Scarlett se ruborizó al escuchar a Noah y no pudo más que articular una extraña mueca. La abuela Sylvia, percatándose de la incomodidad que sentía Scarlett y, con la mejor de sus sonrisas, le plantó un beso en la mejilla y la saludó amablemente:

—Scarlett, tienes un nombre precioso, ideal para una chica tan hermosa como tú. Oliver y toda la familia haremos que te sientas como en tu propia casa mientras estés aquí.

—No te dejes engañar, Scarlett —le advirtió Claire bromeando—. En esta familia no estamos muy cuerdos, pero somos inofensivos y muy entretenidos.

—Está bien saberlo —comentó Scarlett divertida.

—Venga, todo el mundo a casa a cenar —los apresuró Oliver.

Noah agarró la mano de Scarlett y no se separó de ella durante todo el camino de regreso a la casa principal de los Parker. Oliver tampoco se separó de ella, colocó su brazo alrededor de la cintura de ella y no la soltó hasta que llegaron a la casa.

Cynthia ya tenía lista la cena y había preparado la mesa, que estaba lista para servir los platos. Hizo pasar a toda la familia al comedor mientras esperaban que llegaran los dos hombres que faltaban: Joel, el padre de Oliver, e Izan, el marido de Claire. Ambos estaban en el corral, examinando a las vacas y sus pequeños terneros de pocas semanas de vida. La abuela Sylvia le contó a Scarlett un montón de anécdotas de la granja, haciéndola reír a ella y al resto de la familia. Poco rato después, se unieron a ellos Joe e Izan, ya duchados y listos para cenar en familia.

—Tú debes ser Scarlett —adivinó Joe tendiéndole la mano—. Bienvenida, espero que todos te hagamos sentir como en tu propia casa.

—Muchas gracias, todos están siendo muy amables conmigo —le respondió ella con una tímida sonrisa en los labios.

—Yo soy Izan, el marido de Claire y el padre de los dos monstruitos adorables —se presentó Izan estrechando la mano de Scarlett.

—Encantada de conocerte —le saludó ella.

Cynthia tomó el rol de anfitriona y les hizo pasar al comedor para que se sentaran a la mesa mientras ella servía los platos. Oliver se sentó a un lado de Scarlett y Noah se sentó al otro lado, pues se negaba a separarse de Scarlett. Un rato después, todos cenaban mientras charlaban alegremente. Scarlett se relajó al comprobar que todos la trataban con amabilidad y, tal y cómo le había prometido Oliver, la trataban como a una más de la familia. Oliver estuvo pendiente de ella en todo momento, acariciando suavemente su espalda con la palma de la mano para hacerle saber que todo iba bien y que no tenía ningún motivo para preocuparse, gesto que ella agradecía con una sonrisa. A ninguno de los presentes se les pasó por alto el comportamiento tan protector y delicado de Oliver con Scarlett, él mismo les había reconocido que aquella chica le gustaba, pero todos intuían que se trataba de algo más que eso. Joe, el padre de Oliver, que conocía muy bien a su hijo y compartían el mismo carácter, supo al instante que Scarlett era una chica muy especial para él, una gran chica que Oliver no dejaría escapar. La abuela Sylvia, que tenía un sexto sentido cuando se trataba de todo lo relacionado con el amor, intuyó que aquella sería la primera de muchas cenas familiares a las que Scarlett asistiría como una más de la familia.

La protegida del Capitán 2.

Oliver subió las escaleras antes de que el General Turner cambiara de opinión y lo echara de su casa. Se maldijo por haber empezado con reproches cuando lo primero que tenía que haber hecho era disculparse con ella por cómo la trató la última vez que se vieron. Se dirigió hacia el final del pasillo de la planta superior de la casa, hacia la puerta del fondo, la única que estaba cerrada. Puso la oreja sobre la puerta y escuchó a Scarlett llorar. En ese momento, Oliver sintió una punzada en el corazón. Él era el culpable de esas lágrimas y tenía que hacer algo para arreglarlo.

Respiró profundamente y abrió la puerta. Scarlett estaba tumbada boca abajo sobre la cama, ocultando su cabeza bajo la almohada para amortiguar el sonido de su llanto. Se acercó a ella despacio, se sentó en el borde de la cama y le susurró:

—Perdóname Scarlett, te debo más de una disculpa. Sé que me he comportado como un idiota y te aseguro que no volverá a repetirse pero, por favor, deja de llorar. Estoy aquí porque el General me ha dicho que quieres marcharte de la base, pero no lo va a permitir a menos que sea yo quien te acompañe. Soy tu única baza para salir de aquí y estoy dispuesto a colaborar, pero necesitaré que tú también pongas de tu parte. ¿Qué te parece si empezamos de nuevo?

— ¿Empezar de nuevo? —Preguntó Scarlett con curiosidad, sacando la cabeza de debajo de la almohada.

—Danos una segunda oportunidad para conocernos mejor —insistió Oliver—, te prometo que no te arrepentirás. Ya sabes que soy un hombre de palabra —añadió guiñándole un ojo para rebajar la tensión entre ellos—. ¿Qué me dices?

—No es una buena idea, ya sabemos cómo acabará.

—No haré nada que tú no me pidas, Scarlett—le aseguró.

—Y, ¿a dónde iríamos?

—No lo sé, ¿hablamos con el General y el Coronel para averiguarlo?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y Oliver le tendió la mano para ayudarla a incorporarse. Salieron de la habitación y bajaron las escaleras para reunirse con el General Turner y el Coronel en el salón.

— ¿Y bien? ¿Habéis tomado ya una decisión? —Les preguntó el General, aunque lo que verdaderamente quería saber era si aquellos dos habían logrado resolver sus diferencias.

—Sí, quiero salir de la base —le confirmó Scarlett—. Pero antes quiero saber a dónde voy a ir si salgo de aquí.

Los tres hombres se miraron entre sí, pero ninguno abrió la boca. Oliver tenía una propuesta y el General estaba de acuerdo con él, pero no sabían cómo planteársela a Scarlett.

— ¿Qué te parece si nos instalamos en la granja? Allí podrás salir a pasear al aire libre y estarás segura —le propuso Oliver.

— ¿Pretendes instalarme en la granja de tu familia para esconderme de un asesino? ¿Te has parado a pensar qué podría ocurrir si me encuentra allí? —Le espetó Scarlett, completamente horrorizada—. ¿Te has parado a pesar qué le parecerá a tu familia que me instale allí?

—Nadie te encontrará en la granja porque nadie te buscará allí —le aseguró Oliver—. En cuanto a mi familia, les encantará tenerte en la granja.

—Entonces, ¿estáis de acuerdo? —Tanteó el General, sorprendido por la habilidad de Oliver al tratar con su hija.

Scarlett y Oliver asintieron ante la atenta y curiosa mirada del General Turner y el Coronel Wilmore, ninguno de los dos esperaba que aquellos dos arreglaran sus diferencias tan rápido y sin dramas de por medio. Oliver miró a Scarlett y fue consciente de lo nerviosa que estaba, así que decidió darle algo de tiempo mientras él se encargaba de informar de la situación a su familia para que no hubiera ningún problema:

—Prepara tus cosas, regresaré a buscarte después de comer.

Oliver se despidió y se marchó de la base para dirigirse a la granja. Scarlett, visiblemente nerviosa, miró a su padre y le confesó:

—Quizás hubiera sido mejor quedarme aquí.

—Puedes volver a la base cuando quieras, aquí tienes tu casa —le recordó su padre con su tono de voz más fraternal—. Oliver es un buen hombre y un gran Capitán, está poniendo todo de su parte para que esto salga bien, no se lo pongas muy difícil.

—Y la familia Parker es encantadora, te sentirán una más de la familia —le aseguró el Coronel Wilmore, que también era su padrino.

Aunque estaba nerviosa, Scarlett también estaba emocionada por volver a convivir con Oliver. Le había echado mucho de menos desde que habían regresado a la base, aquellos pocos días que habían pasado juntos en la selva la habían marcado.

Oliver regresó a la granja familiar feliz por poder estar de nuevo con Scarlett, pero un poco preocupado por cómo se comportaría su familia. A su madre le gustaba hacer de celestina, su hermana contaría anécdotas infantiles que le avergonzarían y su hermano probablemente intentaría seducirla, aquello sería una tragicomedia. Por suerte, sabía que podía contar con la ayuda de su padre y de su cuñado para que le echaran una mano, por eso fue con los primeros que habló antes de contárselo al resto de su familia.

—Y, esa chica, ¿es algo más que la hija del General Turner? —Quiso saber Cynthia, que sospechaba que su hijo tenía un interés mayor en aquella chica mayor de lo que quería reconocer.

—Es la hija del General, pero también es una chica especial y me gusta —les confesó Oliver a su familia—. La situación es complicada, os pido que seáis prudentes y que la tratéis como a una amiga más. Si os va a suponer un problema, buscaré otro lugar en el que instalarnos.

—No te preocupes, somos una familia educada y bien avenida, la trataremos tan bien que no querrá marcharse de aquí —le aseguró su hermana Claire.

—Me conformo con que no la pongáis en mi contra —murmuró Oliver.

— ¿Esa chica ha sido la causante del mal humor que arrastrabas desde que llegaste? —Le preguntó su hermano Daniel solo para fastidiarle.

—Sí, discutimos y ahora estamos más o menos bien, por eso quiero que vayáis con precaución con vuestros comentarios —les advirtió.

Después de responder a las numerosas preguntas a las que su familia le sometió, Oliver se sentó a la mesa para comer con ellos antes de ir en busca de Scarlett.

Cuando Oliver regresó a la base en busca de Scarlett, ella ya tenía las maletas preparadas en la puerta y le esperaba emocionada y nerviosa. El General Turner le recibió con una amplia sonrisa y le ayudó a cargar el equipaje de Scarlett en el maletero, momento que aprovechó para recordarle lo importante que Scarlett era para él:

—Scarlett es una buena chica y mi única hija, cuida de ella, Oliver.

—Lo haré, General Turner —le aseguró Oliver.

—Por favor, tutéame y llámame Trevor —le pidió el General, sospechando que quizás algún día el Capitán se convertiría en su yerno. Scarlett se acercó a ellos y el General, abrazándola con ternura, le dijo—: Te echaré de menos, pero Oliver cuidará muy bien de ti hasta que todo se solucione, no se lo pongas difícil.

—No te preocupes, seré una niña buena y me portaré bien, papá —le replicó Scarlett con tono burlón.

—Ten paciencia con ella, es mi hija y la quiero viva —bromeó el General con Oliver, que no pudo evitar sonreír—. Tened cuidado y mantenedme informado de cualquier incidente por pequeño que sea.

—Así lo haremos —concluyó Oliver antes de estrecharle la mano al General a modo de despedida.

Scarlett y Oliver se montaron en el coche y emprendieron el camino hacia la granja de la familia Parker, situada a las afueras de la ciudad, a unos veinte kilómetros de la base. Scarlett estaba tensa, tenía miedo de no gustarle a la familia de Oliver, al fin y al cabo solo era una completa desconocida que iba a irrumpir en su casa. Oliver, consciente de lo tensa que estaba, colocó su mano sobre la pierna de ella mientras conducía y, sin apartar la vista de la carretera, le habló para distraerla y que se relajara:

—Te va a encantar pasar una temporada en la granja, tenemos piscina y hay un río cerca al que podemos ir a bañarnos. También podrás pasear y montar a caballo, no te aburrirás. No traen los muebles de la casa hasta la semana que viene, así que nos instalaremos en la cabaña unos días hasta que la casa esté acondicionada para entrar a vivir.

— ¿Qué piensa tu familia sobre que me quede en la granja?

—Están encantados, tienen muchas ganas de conocerte.

— ¿Les has hablado de mí?

— ¡Cómo si me hubieran dejado otra opción! —Exclamó Oliver riendo divertido—. No te preocupes por nada, mi familia sabe quién eres y por qué te vas a quedar en la granja, también les he dicho que somos amigos.

—Y, ¿eso qué significa exactamente?

—Significa que no eres solo una misión, eres una amiga a la que quiero proteger mientras estoy de vacaciones.

— ¿Estás de vacaciones?

—Oficialmente sí.

— ¿Vas a pasar tus vacaciones en casa cuidando de mí? —Quiso confirmar Scarlett, que no daba crédito a lo que Oliver decía.

—Si lo dices así, parece una tortura —bromeó él para quitarle importancia.

—No quiero causarte ningún problema y, si es así, prefiero regresar a la base.

—No me estás causando ningún problema, salvo que busques la más mínima excusa para alejarte de mí —le reprendió Oliver—. Sé que estás nerviosa y no te culpo, yo también lo estaría si estuviera en tu lugar, a punto de conocer a una familia de extraños con la que vas a convivir. Pero he prometido protegerte y eso también incluye protegerte de mi propia familia si es necesario. No te preocupes, todo va a ir bien.

Scarlett se obligó a sonreír, no quería ser pesimista cuando ni siquiera había llegado a la granja ni había conocido a la familia de Oliver. No tenía ningún motivo para pensar que algo iba a ir mal, sobre todo ahora que volvía a estar con Oliver.

—Ya hemos llegado —anunció Oliver aparcando el coche frente a una pequeña cabaña dentro de la propiedad de la familia Parker.

Oliver ayudó a Scarlett a bajar del coche y la invitó a entrar en la cabaña para mostrársela. No había mucho que enseñar, la cabaña estaba compuesta por un dormitorio, un cuarto de baño y una única estancia que hacía las funciones de cocina, comedor y salón.

—Solo pasaremos unos días aquí, hasta que traigan los muebles de la casa y podamos instalarnos en ella —le dijo Oliver.

—Esta cabaña es un palacio si la comparamos con la cueva —bromeó Scarlett.

—Voy a por tus maletas para que vayas instalándote, mi madre se ha empeñado en que cenemos todos juntos en su casa esta noche.

Scarlett se puso más nerviosa, conocer a toda la familia de Oliver al mismo tiempo durante una cena en casa de sus padres le resultó más aterrador que saber que Damian Wilson y sus hombres la estaban buscando. Oliver regresó a la cabaña con el equipaje de Scarlett y se la encontró en el mismo sitio donde la había dejado unos minutos antes.

— ¿Te encuentras bien? —Le preguntó preocupado—. Ven, túmbate un rato a descansar en la cama, debes guardar reposo para que tus costillas se curen.

—Estoy cansada de guardar reposo, me aburro —protestó Scarlett.  

—Yo te haré compañía, ven conmigo —sentenció Oliver agarrándola de la mano para llevarla al dormitorio, donde se tumbó con ella sobre la cama y la abrazó igual que cuando estaban en la cueva—. He echado de menos estar así contigo.

—Y yo también —le confesó Scarlett—. Me gusta dormir abrazada a ti.

—No está mal para ser el primer cumplido que me haces —bromeó Oliver, feliz de volver a tenerla entre sus brazos—. Estás bastante tensa, ¿quieres contarme qué te preocupa?

—Todo esto es… No sé ni cómo describirlo, pero no es algo que haga habitualmente, no me instalo en la casa de nadie y mucho menos con su familia. ¿Qué pasa si no les gusto?

—Es imposible que no les gustes, no te preocupes por eso.

—Háblame de ellos.

— ¿Qué quieres saber?

—No sé, lo que quieras —le susurró Scarlett acurrucándose contra él.

—Mi hermana y mi cuñado son veterinarios; mi hermano creó una hípica; y mis padres tienen vacas y gallinas cuya leche y huevos venden a pequeños proveedores. Yo soy el único de la familia que no trabaja en la granja, al menos no profesionalmente.

— ¿Cómo acabaste convirtiéndote en Capitán?

—Desde pequeño he tenido muy claro en qué quería trabajar —le respondió Oliver mientras acariciaba su espalda.

—No me has hablado de ninguna de tus novias —le tanteó Scarlett.

—No he tenido ninguna novia.

—No me lo creo.

—Mi trabajo es complicado, no es fácil mantener una relación cuando tienes que mentir sobre tu trabajo, siempre es más fácil romper con la chica que explicarle a qué me dedico —le contestó Oliver encogiéndose de hombres—. Cierra los ojos y descansa un rato, esta noche me lo agradecerás.

Scarlett le hizo caso sin protestar, lo único que deseaba era estar abrazada a él, se hubiera quedado así el resto de su vida. Cerró los ojos y se quedó dormida mientras Oliver continuaba acariciando su espalda con ternura.  

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