CategoríaHasta Que El Contrato Nos Separe

Hasta que el contrato nos separe 34.

El día de la boda había llegado, pero Gisele y Sarah se habían estado charlando la noche anterior hasta las tantas y se habían quedado dormidas en el sofá. Allí las encontró Elsa cuando se levantó y se apresuró en despertarlas para que desayunaran, se ducharan y comenzaran a prepararse. Kelly llegó mientras desayunaban en la cocina y las regañó al encontrarlas todavía sin haberse duchado:

— ¿Se puede saber qué habéis estado haciendo toda la noche? Porque, desde luego, dormir habéis dormido poco.

—No te enfades, ya he terminado de desayunar y me ducho en diez minutos —la tranquilizó Gisele. Dio media vuelta antes de subir las escaleras en dirección a su habitación y le preguntó con curiosidad—: ¿Cómo está Matt?

—Insoportable porque no está contigo y nervioso porque está a punto de casarse —les respondió Kelly riéndose divertida.

—No vas a llamarle ahora, vamos mal de tiempo —le advirtió Sarah, que conocía muy a su amiga y cuáles eran sus intenciones—. Ya tendrás tiempo luego de hablar con él, pasaréis juntos todo el día.

Gisele hizo un mohín con tristeza, pero acató las órdenes que le habían dado y se apresuró en ducharse y vestirse. Mientras tanto, Kelly y Elsa, que ya estaban casi listas para salir, las ayudaron a peinarse y maquillarse. Dos horas después, tal y como estaba previsto, Jason, Tyler y Ben pasaron a recoger a Gisele, Sarah, Kelly y Elsa en una preciosa y gran limusina blanca que les llevaría a todos hasta una pequeña iglesia situada en un valle desde donde se podía vislumbrar el mar.

Gisele todavía no estaba preparada, pero con la ayuda de Elsa, Sarah y Kelly tan solo tardaron cinco minutos.

—Llevas algo viejo, los pendientes de tu madre; algo nuevo, el vestido de novia; y te falta algo prestado que te lo doy yo, mi pulsera de la suerte —le dijo Sarah emocionada al mismo tiempo que abrochaba la pulsera alrededor de la muñeca de Gisele—. Estás preciosa, Gis.

—Vosotras sí que estáis preciosas —respondió Gisele con un hilo de voz, a punto de llorar.

— ¡No llores! —Exclamaron Sarah y Kelly al unísono para que a Gisele no se le estropeara el maquillaje.

—Venga chicas, debemos irnos ya o llegaremos tarde —las apresuró Elsa.

—Y mi hermano enviará al ejército a buscarte —se mofó Kelly, creyendo a su hermano capaz de eso y mucho más.

Salieron de la habitación, bajaron las escaleras y se encontraron a los chicos esperándolas en el hall, que sonrieron en cuanto las vieron. Tras lanzarse piropos unos a otros, se subieron a la limusina y se dirigieron hacia a la iglesia.

— ¿Estás segura de querer casarte? —Le preguntó Ben y añadió bromeando—: Todavía estás a tiempo de fugarte.

—Por nuestro bien, más nos vale asegurarnos de que Gisele llega al altar y le da el sí quiero, de lo contrario Matt será insufrible —bromeó Tyler.

—El amor siempre triunfa, no hay nada que se pueda hacer para impedirlo —opinó Kelly mirando de reojo a Tyler—. Llegaremos a tiempo a la iglesia, Matt y Gisele se casarán y todos respiraremos tranquilos.

—Gis, deja de apretarme la mano que me la vas a partir —le dijo Sarah a su amiga, devolviéndola a la realidad—. Chicos, dejad de hablar que la estáis asustando.

—Toda va ir bien, cielo —le aseguró Elsa—. Tan solo son los nervios del momento, Matt debe estar igual que tú en este momento.

Gisele estaba muy nerviosa y no sabía por qué. Sí, estaba a punto de casarse, pero tampoco era para tanto teniendo en cuenta que había firmado un contrato específicamente para ello. Sin embargo, no pudo evitar sentirse insegura. De repente, sintió pánico de llegar y no encontrar allí a Matt.

—Para el coche —ordenó Gisele en pleno ataque de histeria.

— ¿Qué ocurre? ¿Se te ha olvidado algo? —Preguntó Sarah.

—Necesito llamar a Matt.

—Lo vas a ver en un rato, Gis —le restó importancia Sarah pero, al ver la cara de preocupación de su amiga, le entregó su teléfono móvil y añadió—: Llámale, pero no paramos que ya vamos tarde.

Gisele cogió el teléfono móvil de Sarah y marcó el número de Matt. No tuvo que esperar más de un segundo para que él respondiera:

—Sarah, ¿dónde estáis?

—Estamos de camino, casi estamos llegando —le respondió Gisele con un hilo de voz.

—Gisele, ¿va todo bien?

—Sí, solo necesitaba llamarte. ¿Estás bien?

—Ahora mismo estoy enfadado conmigo mismo por no haberme quedado contigo esta noche, apenas he podido dormir.

—Sarah y yo nos quedamos dormidas en el sofá del salón bien entrada la madrugada —le confesó Gisele.

—Estoy deseando estrecharte entre mis brazos, preciosa —susurró Matt con la voz ronca al otro lado del teléfono.

— ¿Me has echado de menos? —Le tanteó Gisele.

—Muchísimo. Y aún te echo de menos. Estoy deseando verte con tu vestido de novia.

—Entra en la iglesia, estaré contigo en dos minutos —le susurró Gisele al mismo tiempo que la limusina entraba en el recinto de la iglesia.

A Gisele le hubiera gustado añadir un te quiero antes de colgar, pero se mordió la lengua porque sabía que podía no ser correspondido y aquello la hundiría, no podía arriesgarse justo cuando estaba a punto de casarse.

La limusina se detuvo frente a la puerta principal de la pequeña iglesia, que estaba custodiada por dos agentes de seguridad junto a otra docena agentes por los alrededores. Bajaron del vehículo y Gisele respiró profundamente para infundirse valor y serenidad. En ese momento, le hubiera encantado haber desaparecido de allí junto a Matt a un lugar lejano en el que pudieran quedarse para siempre. No podía dejar de repetirse que la boda era una farsa de tiempo limitado.

—Cielo, te estás poniendo pálida, ¿estás bien? —Le preguntó Elsa preocupada.

—Estoy bien, un poco nerviosa —murmuró Gisele tratando de tranquilizar a Elsa—. Será mejor que entréis, no quiero hacer esperar a Matt.

Elsa, Tyler y Ben entraron en la iglesia mientras Kelly y Sara retocaban el vestido de Gisele para que estuviera perfecto. Jason le ofreció el brazo a Gisele y, con una serenidad que todas agradecieron, le dijo a Gisele:

— ¿Preparada?

—Por supuesto —le confirmó ella.

Gisele entró en la iglesia del brazo de Jason y seguida por sus dos damas de honor: Sarah y Kelly. Más de doscientos invitados clavaron su mirada en ella, pero Gisele solo veía a Matt al final del pasillo y se concentró en caminar hacia él. Agradeció en silencio que Jason además de ofrecerle su brazo también le agarrara la mano y se la apretara para darle la fuerza que parecía haberse esfumado de su cuerpo.

—Gis, relájate —le susurró Jason—. Están tan nerviosa que estás temblando.

—Créeme si te digo que lo intento —murmuró Gisele haciendo reír a Jason y llamando aún más la atención de todos los allí presentes.

Matt no podía apartar la mirada de Gisele, estaba preciosa con ese vestido de novia con escote de pico y de manga francesa. Jason le entregó la mano de Gisele y Matt la agarró con fuerza para después llevársela a los labios y besarla.

—Estás… impresionante —le susurró Matt haciendo un esfuerzo por contener las ganas de besarla.

Ella le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y ambos se colocaron frente el altar para escuchar la breve misa del sacerdote. Ninguno de los dos prestó atención a las palabras del sacerdote, estaban demasiado embelesados mirándose el uno al otro. El sacerdote tuvo que carraspear dos veces, provocando las risas cómplices de los invitados, para que Matt le prestara atención y, cuando lo consiguió, le dijo:

—Por favor, saque los anillos —. Matt obedeció de inmediato y el sacerdote añadió—: Puede colocar el anillo en el dedo anular de la novia.

Matt sacó de la caja la alianza de Gisele y, mientras se la colocaba en el dedo anular, escuchó las palabras del sacerdote mirando a Gisele a los ojos:

—Mathew Spencer, ¿promete serle fiel a Gisele Moore, amarla, apoyarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de su vida?

—Sí, quiero —respondió Matt y, haciéndole un cómplice guiño a Gisele, añadió—: Estaría loco si dijera que no.

Y después le llegó el turno a Gisele:

—Gisele Moore, ¿promete serte fiel a Mathew Spencer, amarle, apoyarle y respetarle, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de su vida?

—Sí, quiero —respondió Gisele dedicándole una amplia sonrisa a Matt.

—En ese caso, yo les declaro marido y mujer. Pueden besarse —concluyó el sacerdote.

Matt no lo dudó ni por un instante, agarró a Gisele por la cintura, la estrechó contra su cuerpo, la envolvió con sus brazos y la besó con todo el amor que sentía hasta que los invitados comenzaron a vitorearles y Gisele, completamente ruborizada, escondió la cara en el cuello de Matt, dejándose abrazar por él.

Hasta que el contrato nos separe 33.

Tras rebajar la tensión en el despacho, Matt invitó a Gisele a almorzar fuera de casa y la llevó a la masía donde la llevó la primera vez. A ambos les encantaba la paz del lugar, la intimidad y la buena comida que allí servían. Además, quería hacer tiempo para que Jason trajera a Sarah a casa y pudieran darle una sorpresa a Gisele cuando regresaran a casa después de comer.

Jason estaba encantado de hacer de anfitrión a Sarah, la atracción entre ambos era evidente y los dos congeniaban a la perfección. Querían divertirse y juntos lo conseguían. Sin reproches, sin presiones. Su relación era cordial en público y apasionada en la intimidad, una relación que beneficiaba a ambos. A pesar de la distancia que les separaba, que tampoco era tanta, se veían a menudo y cada vez que coincidían acababan pasando la noche juntos.

Tras regresar a la ciudad con Sarah, Jason la llevó directamente a casa de Matt. Le hubiera gustado pasar un rato a solas con ella, pero temía que si se lo proponía le pudiera malinterpretar y el día antes de la boda de Matt y Gisele no era el mejor momento para causar un conflicto, así que se resignó y al menos se contentó con disfrutar de ella a solas durante el corto tiempo del trayecto.

— ¡Qué alegría se va a llevar Gis cuando te vea! —Exclamó Elsa notablemente emocionada cuando recibió a Jason y Sarah.

—Alegría la que me voy a llevar yo, que me muero por abrazarla —le confesó Sarah—. Se me hace tan raro estar sin Gis que todavía no me acostumbro, pero me consuela saber que aquí la estáis cuidando muy bien.

—Gis es un encanto, las dos lo sois —afirmó Elsa lanzando una mirada demoledora a Jason.

—Yo no he dicho lo contrario —se defendió él alzando las manos en señal de inocencia.

A Elsa no se le pasaba una. Era obvio que entre aquellos dos había algo más que el coqueteo inicial de cuando se conocieron hacía seis meses antes y Elsa pudo comprobarlo con sus propios ojos. Ambos se buscaban con la mirada, la atracción entre ellos era palpable y se notaba que hacían un gran esfuerzo por contener sus ganas de dejarse llevar por ese deseo tan arrollador que sentían.

—Matt y Gisele están de camino, llegarán en diez minutos —les informó Elsa. Y, para darle unos minutos de intimidad, le dijo a Jason—: Acompaña a Sarah a la habitación de invitados y llevaos las maletas para que Gis no sospeche nada.

Jason le hizo un gesto de agradecimiento a Elsa sin que Sarah lo viera y, tras coger la maleta, agarró de la mano a Gisele y subieron las escaleras casi corriendo. Mientras Sarah se apresuraba en deshacer su maleta e instalarse en la habitación de invitados, Jason la observaba con una sonrisa en los labios, totalmente hechizado por ella. Pero Jason tenía una pregunta que hacerle y no quería esperar más para saber la respuesta:

— ¿Hasta cuándo te vas a quedar en la ciudad?

—El domingo regreso a la capital, Matt se va a llevar a Gis un par de días después de la boda, así que no tiene ningún sentido que yo me quede aquí si Gis no está —le respondió Sarah con naturalidad y añadió con tono burlón—: Tranquilo, no te va a dar tiempo a echarme de menos porque pasaré aquí la Navidad y el fin de año.

—Matt y Gis solo estarán fuera tres o cuatro días, no merece la pena que regreses a la capital, deberías quedarte.

—No voy a quedarme en casa de Matt si ellos no están aquí.

—Pues quédate en mi casa —le propuso Jason.

—No creo que sea una buena idea…

—No seas mal pensada, tendrías tu propia habitación y te prometo que no te molestaré, ¿qué me dices?

— ¿De verdad quieres meterme en tu casa? ¿En tu adorado templo?

—No sería la primera vez que duermes en mi casa pero sí la primera que no lo haces en mi cama, aunque tengo que reconocer que estaré encantado de dormir contigo si así lo deseas, muñeca —le respondió Jason con su tono de voz más seductor.

—Lo pensaré —le dijo Sarah zanjando el tema por el momento—. Será mejor que bajemos al salón, Matt y Gis deben estar a punto de llegar.

Jason se conformó con aquella respuesta, al menos no le había dicho que no. Decidió no insistir más en ese momento, pero estaba dispuesto a convencerla.

Matt y Gis entraron en casa y Sarah les sorprendió gritando eufórica:

— ¡Sorpresa!

— ¡Sarah! —Gisele abrazó a su amiga y ambas se emocionaron—. Creía que no llegarías hasta dentro de unas horas.

—Lo sé, pero quería darte una sorpresa —le dijo Sarah con ternura. Se volvió hacia a Matt y también le saludó dándole un abrazo—: Me alegro de verte, cuñado. Y de ver que cuidas tan bien de Gis.

Los cuatro se sentaron en los sofás del salón junto al calor de la chimenea y charlaron animadamente sobre la boda, el trabajo y la universidad. Matt se levantó para ir a la cocina a por algo de beber y Sarah se ofreció a ayudarle, dejando a Jason y Gisele a solas en el salón.

—Jason, me gustaría pedirte algo —comenzó a decir Gisele, captando la atención de Jason de inmediato—. Cómo sabes, mis padres murieron y, por lo tanto, no tengo a nadie que mañana me lleve al altar. Sarah y Kelly serán mis damas de honor y me gustaría que tú me llevaras al altar.

—Será un honor —le aseguró Jason—. Puede que todo esto empezara por una razón, pero me alegra haberte conocido, eres una buena persona y le haces mucho bien a Matt. Si te soy sincero, nunca le había visto tan a gusto con una mujer.

—A ti y a Sarah también os he visto muy a gusto, ¿hay algo que no sepa?

—Sarah tiene previsto regresar a la capital el domingo y le he pedido que se quede en mi casa mientras estáis fuera. Me ha dicho que lo pensará, pero me temo que tan solo ha querido cambiar de tema.

—Hablaré con ella, pero no te prometo nada —le dijo Gisele con una sonrisa cómplice.

Matt y Sarah regresaron al salón con refrescos para todos, uniéndose a Gisele y Jason, y pasaron la tarde charlando animadamente. A última hora de la tarde, Matt y Jason se despidieron de las chicas para ir a cenar a casa de Leonor, donde pasarían la noche, mientras que las dos amigas disfrutaban de unas horas antes de dormir para ponerse al día sobre los últimos acontecimientos.

— ¿Nos vemos mañana en el altar? —Le preguntó Matt visiblemente nervioso, temía que Gisele se echara atrás y cancelara la boda en el último momento. A esas alturas, le importaba poco la herencia de su abuelo, tan solo quería seguir teniéndola a su lado unos meses más.

—Estaría loca si te dijera que no —le contestó ella en un susurro antes de besarle—. Echaré de menos dormir sin ti en una cama tan grande.

—Si me dices eso, me quedo aquí.

—De eso nada —intervino Sarah interrumpiéndoles—, Matt se va a casa de su madre y mañana no os preocupéis porque pasaréis el día juntos.

—Te llamaré esta noche, preciosa —le aseguró Matt a Gisele, besándola una vez más antes de marcharse.

Sarah esperó a que los chicos se hubieran marchado para preguntarle a Gisele:

—Bueno, ¿qué tal está la novia el día antes de la boda?

—La novia está confundida, su dama de honor le oculta sus amoríos con el padrino de su boda y sospecha que está coladita por él —le respondió Gisele siguiéndole el juego.

—Eres una bruja, pero tienes razón —le confesó—. Jason me gusta y me encanta aprovechar cada pequeña ocasión para estar con él, lo cual me resulta extraño y me asusta. Él vive aquí y yo en la capital, así que al principio pensé que no pasaría nada si nos veíamos de vez en cuando, no pillaría por alguien a quien veo una vez al mes.

—Pero te has pillado.

—Un poquito. Me ha pedido que me quede en sus días mientras tú y Matt estáis en vuestra pre-luna de miel.

—Me parece una buena idea, no estarás sola y seguro que Jason sabe cómo entretenerte y hacer que te diviertas.

—No puedo arriesgarme a pasar tanto tiempo con él, es demasiado perfecto para no enamorarme de él.

—Quién no arriesga, no gana —le recordó Gisele.

—Acabaría haciéndome daño, es mejor no enamorarse, a menos que seas tú y encuentres a alguien como Matt —bromeó Sarah.

Gisele sonrió, pero fue una sonrisa a medias. Sí, estaba a punto de casarse con Matt, el hombre del que se estaba enamorando irremediablemente, pero no podía decirle a su amiga que aquella relación no era más que una farsa de la que había aceptado formar parte a cambio de una generosa cantidad de dinero. Sin embargo, prefirió decirle lo que sí sentía de verdad:

—He tenido mucha suerte de conocer a Matt, es un hombre encantador, cariñoso, apasionado y todo un caballero.

—Me alegra tanto tan feliz —le confesó Sarah emocionada—. Puede que haya alguien que piense que os habéis precipitado, yo misma lo pensé cuando me dijiste que te habías prometido con Matt, pero os veo juntos y sé que seréis una de esas parejas que duran toda la vida.

Gisele se emocionó ante las palabras de su amiga y derramó algunas lágrimas que apresuró en limpiar.

Pasaron gran parte de la noche hablando de sus vidas, de sus sentimientos y de sus metas para el futuro hasta que, bien entrada la madrugada, ambas se quedaron dormidas en el sofá del salón.

Hasta que el contrato nos separe 32.

Matt estaba furioso tras ver el vídeo de seguridad donde Pamela intentaba golpear a Gisele, había tratado de ocultar su enfado frente a su futura mujer, pero necesitaba salir de la casa o estallaría. Tampoco podía creerse que Gisele no le hubiera dicho nada, ¿tan poco confiaba en él? ¿Tan poco creía que le importaba? Golpeó con fuerza el volante al imaginarse cuál era la respuesta. Llamó a Jason por teléfono y, tras contarle todo lo que había ocurrido con Pamela, le dijo:

—Ponte en contacto con ella en calidad de abogado y adviértele que, si vuelve a acercarse a Gisele, la demandaremos.

—No te preocupes, le haré llegar un aviso formal en persona mañana a primera hora.

—Mañana no. Ahora —le ordenó Matt—. Estoy conduciendo de camino a la agencia, quiero hablar con Ben para que tenga vigilada a Pamela. Todavía no me puedo creer que haya sido capaz de ser tan ruin.

—Pamela es una bruja, si a eso le sumas que está despechada…

—Entrégale la advertencia —le interrumpió Matt antes de colgar.

En cuanto llegó a la agencia, Matt se dirigió al centro de operaciones en busca de Ben. Pese a que esperaba recibir alguna burla por su parte, lo cierto es que Ben se mostró preocupado desde un primer momento y no bromeó sobre el tema.

—No te preocupes, me aseguraré de que esa bruja no vuelva a acercarse a Gisele —le aseguró Ben. Matt se lo agradeció con una sonrisa forzada y Ben añadió—: Y tampoco te enfades con Gis, si no te lo ha contado es porque no quería preocuparte.

— ¿Tú sabías algo de esto?

—No, Gis no me ha contado nada —reconoció Ben—. Pero Gis nunca ha querido preocuparte, ni siquiera con lo de su ex. Solo intenta protegerte igual que tú haces con ella, en eso consiste el amor, ¿no?

El intento de Ben para que Matt sonriera fue todo un éxito. El amor. El amor mutuo. Un tema tabú del que ambos se negaban a hablar pero no tenían ningún reparo en demostrarlo.

—Vete a casa con Gis, te habías tomado la tarde libre para estar con ella y, en lugar de aprovecharlo, vienes aquí —le reprochó Ben bromeando—. Todavía está a tiempo de arrepentirse, no la dejes escapar.

Matt abrazó a su amigo Ben, se despidió de él y salió de la agencia conduciendo su coche de regreso a casa.

Había pasado poco más de una hora desde que Matt se había marchado y Gisele seguía en la cocina, echándole una mano a Elsa para preparar la cena y desahogándose con ella. Matt entró en casa sin hacer ruido, se asomó por la puerta de la cocina y vio a Gisele de espaldas, revolviendo entre los armarios en busca de alguna cosa. Le hizo una señal a Elsa para que no le delatara y se acercó a Gisele despacio, se colocó detrás de ella y rodeó su cintura con sus brazos.

—Te he echado de menos, preciosa —le susurró al oído.

—Y yo a ti —le respondió Gisele ladeando la cabeza para poder besarle.

— ¿Te apetece cenar conmigo en el salón mientras vemos una película? —Le propuso Matt con su tono de voz más seductor.

—Me parece un plan perfecto.

Y así lo hicieron. Cenaron en el sofá y después disfrutaron de una romántica película acurrucados el uno junto al otro.

— ¿Nos vamos a la cama? —Le preguntó Gisele juguetona cuando terminó la película.

—Por supuesto, cariño —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla al dormitorio. La dejó de pie junto a la cama y le dijo divertido—: Creo que has dicho que me habías comprado un regalo de boda y, aunque estoy molesto conmigo mismo porque no sabía que debíamos hacernos un regalo, estoy deseando saber que es.

Gisele sonrió divertida y se encaminó hacia el armario del vestidor donde había escondido el reloj que le había comprado a Matt. Cogió la caja envuelta que contenía el reloj y, con el rubor en las mejillas, se lo entregó a Matt. Él lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja, embelesado por la ternura de Gisele. Como si fuera un niño pequeño, abrió la caja emocionado y se quedó paralizado cuando vio el lujoso reloj. Hizo un rápido cálculo mental y supo que aquel regalo le había debido de costar el mismo dinero que había recibido como beneficio del contrato.

— ¿Por qué me has comprado esto, Gisele?

El gesto serio de Matt hizo que Gisele lo malinterpretara, imaginó que no le había gustado el reloj y así se lo hizo saber:

—No te ha gustado.

—El reloj es precioso, Gisele. Pero yo no lo necesito y me duele que te hayas gastado tanto dinero en algo así.

—Pues lamento comunicarte que no lo puedo devolver, está grabado en el reverso.

Matt miró el reverso y sonrió al ver las iniciales de ambos y la fecha de la boda. Se colocó el reloj en la muñeca y estrechó a Gisele entre sus brazos.

—Es un regalo maravilloso, casi tanto como tú —le susurró Matt al oído antes de besarla.

Ambos se fundieron en aquel beso y, como tantas otras noches, se dejaron llevar por la pasión, pero esta vez, también se dejaron llevar por el amor que ambos sentían aunque todavía no estuvieran dispuestos a reconocerlo en voz alta.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, estaba sola en la cama. Se incorporó desperezándose y vio una nota en la mesita de noche: “Buenos días, preciosa. Estaré en el despacho cuando leas esto, ven a buscarme cuando te levantes y desayunamos juntos. M.” Gisele se levantó de buen humor y se dirigió al baño para darse una rápida ducha antes de ir en busca de Matt.

Matt se había levantado temprano, le había escrito una nota y se había encerrado en su despacho para encargarse de un par de asuntos que había dejado pendiente: Pamela y el reloj que Gisele le había regalado. El tema del reloj fue fácil de resolver, tan solo tuvo que buscar su precio en internet y transferir el mismo importe a la cuenta de Gisele. Sin embargo, lo de Pamela se le hizo cuesta arriba. Pensó en hacerle una visita para dejarle las cosas claras, pero sabía que Pamela era capaz de utilizar aquella visita en contra de Gisele y no quería más problemas, así que decidió llamar a Jason para que le pusiera al corriente de la situación.

—Esperaba tu llamada —le dijo Jason nada más descolgar.

— ¿Has hablado con Pamela?

—Sí, y lo niega todo. Nada que no pudiéramos imaginar —comentó Jason—. No creo que sea tan estúpida de seguir increpando a Gisele, pero Ben la tiene vigilada por si acaso.

—Hemos duplicado la seguridad para mañana, no quiero que nada ni nadie nos estropee la boda.

— ¿Qué tal está Gis?

—No estoy seguro —le confesó Matt—. Está demasiado entera para toda la presión que está teniendo. Su ex novio es un criminal del que no sabía nada, Pamela la acosa y no me dice nada, ¿tú lo entiendes?

— ¿Qué tal están las cosas entre vosotros?

—Genial, por eso no entiendo por qué me ha ocultado lo de Pamela, cualquier otra persona lo hubiera gritado furiosa a los cuatro vientos, pero ella decidió callarse porque no quería darme más preocupaciones.

—A eso se le llama amor, ¿no crees?

—Me preocupa que todo esto la sobrepase.

—Tu labor como marido es demostrarle que no está sola, que tú estás allí para apoyarla, así que olvídate de la agencia y cuida de ella —le aconsejó Jason—. Tengo que dejarte, estoy a punto de subir al avión para ir a buscar a Sarah.

—Últimamente pasas mucho tiempo en ese avión, ¿hay algo que quieras contarme?

—De momento, prefiero guardármelo para mí —le respondió divertido y añadió antes de colgar—: Estaremos allí a primera hora de la tarde.

Mientras tanto, Gisele se había dado una ducha y se había vestido para bajar a desayunar con Matt. Estaba de buen humor porque en pocas horas vería a Sarah y la podría abrazar. Echaba de menos a su amiga, aunque tampoco podía desahogarse con ella debido al contrato de confidencialidad que había firmado con Matt. Al coger su teléfono móvil antes de salir, vio que había recibido una notificación del banco informando de una nueva transferencia de saldo recibida y maldijo entre dientes cuando vio el importe.  Bajó las escaleras y entró en el despacho de Matt mostrándole la pantalla de su móvil donde aparecía la notificación de la transferencia bancaria y le espetó:

— ¿Me puedes explicar qué significa esto?

Matt, que en ese momento no tenía ni idea de a qué se refería Gisele, le respondió:

— ¿Qué es eso?

— ¿Por qué me has hecho el ingreso de ese dinero, Matt? —Insistió Gisele acercándose para mostrarle la notificación.

—Es obvio que lo he hecho porque he querido y, si te soy sincero, preferiría no hablar más del tema porque al final acabaremos discutiendo. Además, te recuerdo que acordamos que yo me encargaría de todos los gastos que conllevara nuestra relación.

—Tan solo pretendía tener un detalle contigo pero, si tan mal te sienta, no lo repetiré.

Gisele hizo amago de marcharse, pero Matt la agarró del brazo para detenerla y, juntando su frente con la de ella, le susurró con dulzura:

—Me encanta que hayas tenido ese detalle, pero no quiero que te gastes tu dinero en mí, no compras nada para ti, no te das ningún capricho.

—No estoy acostumbrada a darme caprichos y tú me consientes todos los días, tan solo quería agradecértelo.

—No tienes que agradecerme nada, ¿podemos dejar ya este tema? —Matt la estrechó entre sus brazos y le dio un leve beso en los labios—. ¿Qué te parece si mejor hablamos de una pequeña escapada después de la boda, solos tú y yo? ¿Te gustaría pasar un par de días solo conmigo y sin que nadie nos interrumpa?

—Mm… Estaría loca si te dijera que no.

Hasta que el contrato nos separe 31.

Gisele se dirigió al dormitorio, guardó el regalo de Matt en el armario y se metió bajo la ducha para que el agua ocultara sus lágrimas. Se sentía estúpida por dejar que las palabras de Pamela la afectaran de aquella manera. Al fin y al cabo, era consciente de que su relación con Matt se basaba en un contrato que tenía fecha de caducidad.

Esa misma tarde, Matt decidió salir antes de la agencia y regresó temprano a casa para poder estar un rato con Gisele. Se encontró a Elsa en la cocina y, tras saludarle, le preguntó:

— ¿Dónde está Gisele?

—Acaba de llegar, ha subido a ducharse —le respondió Elsa con un tono y una mirada acusadora que Matt captó a la primera.

— ¿Se supone que he hecho algo mal?

—No sé qué habrá pasado pero, aunque ha intentado disimular, era evidente que había estado llorando cuando ha llegado a casa.

—Voy a hablar con ella —decidió Matt preocupado. Elsa le miró esperando una explicación pero él, que no tenía ninguna, le aseguró—: No sé qué ha pasado, pero no tiene nada que ver conmigo.

Matt no dio más explicaciones, salió de la cocina y se dirigió al dormitorio en busca de Gisele, preocupado por lo que hubiera podido ocurrir. Tan solo esperaba que Erik Jerks no tuviera nada qué ver, no tenían constancia de que hubiera entrado en el país, pero tampoco se fiaba de él.

—Gisele, ¿dónde estás? —Preguntó al entrar en la habitación y no verla.

La puerta del baño se abrió y ella apareció haciendo un evidente esfuerzo por fingir su mejor sonrisa. Llevaba el albornoz puesto y tenía el pelo mojado, acababa de salir de la ducha.

—Estoy aquí.

— ¿Qué tal ha ido el día?

—Bien —mintió Gisele.

Matt supo que le estaba mintiendo pero, en lugar de presionarla, decidió besarla en los labios y estrecharla entre sus brazos. Pese a que ella no opuso resistencia alguna, Matt la sintió distante. Gisele hizo todo lo que pudo para ocultar que no estaba bien, pero Matt la conocía demasiado bien como para dejarse engañar.

— ¿Va todo bien?

—Eso mismo iba a preguntarte yo, ¿qué haces aquí tan pronto? —Cambió de tema Gisele.

—Me apetecía pasar la tarde contigo y he salido antes de la agencia —le respondió Matt sin dejar de abrazarla—. Mi madre sigue empeñada en que debemos dormir separados la noche antes de la boda, así que esta será nuestra última noche juntos como solteros. A menos que quieras que me quede aquí.

—Solo es una noche, puedes darle el gusto a tu madre.

— ¿No vas a echarme de menos?

—Mucho, pero sobreviviré —bromeó Gisele.

—Elsa me ha dicho que has salido esta tarde, ¿a dónde has ido?

—He ido a dar un paseo por el centro de la ciudad, me he tomado un café y he regresado a casa poco antes que tú —le respondió sin contarle toda la verdad.

—Ve a secarte el pelo y vístete, te espero en el salón —le dijo antes de darle un beso y salir de la habitación.

Matt se dirigió a su despacho con una idea en mente: descubrir a dónde había ido Gisele. El coche tenía un localizador por GPS y la ciudad estaba llena de cámaras de seguridad a las que él tenía acceso, solo tenía que seguirla. Vio a Gisele entrar en la joyería y salir pocos minutos más tarde; la vio caminar unos pocos metros y entonces la pantalla del ordenador le mostró el encuentro entre Gisele y Pamela. Las cámaras no grababan el audio, pero a Matt no le hizo falta escuchar lo que decían para saber que no era nada bueno. Pamela había asaltado a Gisele en plena calle y Gisele había sabido defenderse, lo cual le hizo sonreír pese a lo molesto que estaba con ella porque no le había mencionado lo ocurrido. Además, era obvio que ya se conocían y se temió que, además de ese encuentro, hubieran intercambiado palabras antes.

Salió del despacho con paso firme y se topó con Gisele en el vestíbulo. Y, aunque no lo pretendía, su tono de voz fue más brusco de lo habitual cuando le dijo:

—Pasa un momento a mi despacho, tenemos que hablar.

Gisele no vaticinó nada bueno tras aquellas palabras, pero asintió con un leve gesto de cabeza y entró en el despacho. Matt le señaló uno de los sillones para que se sentara, él se sentó en el sillón de en frente y le preguntó sin andarse por las ramas:

— ¿Desde cuándo conoces a Pamela?

Se miraron a los ojos durante varios segundos y Gisele decidió contestarle con sinceridad, no tenía nada que ocultar:

—La conocí el día del aniversario de la agencia, coincidimos en el baño.

— ¿La has vuelto a ver desde entonces?

—Sí, la he visto esta tarde —le respondió Gisele desafiándole con la mirada. Era evidente que él ya sabía las respuestas y no entendía a qué estaba jugando—. ¿Quieres contarme a qué viene todo esto?

—Eso mismo iba a preguntarte yo.

Ambos se desafiaron con la mirada, pero finalmente Gisele decidió hablar y contarle todo lo que Matt quería saber:

—Durante la fiesta del aniversario de la agencia te vi hablar con ella y adiviné que debía ser alguna amiga tuya, sobre todo cuando hiciste todo lo posible por alejarla de mí. Ella también debió saber quién era yo, porque me siguió cuando fui al baño, se presentó con gran orgullo y confirmó mis sospechas.

— ¿Qué te dijo?

—No lo recuerdo bien, pero no fue muy amistosa —bromeó Gisele tratando de hacer sonreír a Matt pero sin conseguirlo—. Esta tarde decidí ir de compras al centro de la ciudad, quería comprarte un regalo de boda —añadió ruborizada.

—Y te encontraste de nuevo con ella —concluyó Matt—. ¿Por qué no me has dicho nada, Gisele? Ni me lo dijiste en el aniversario en la agencia ni me lo has dicho esta tarde.

El tono de Matt no fue de reproche, sino de decepción. Quería que Gisele confiara en él y se esforzaba para que así fuera, pero ella ni siquiera le contaba que Pamela la había estado molestando.

—Es una tontería y no quería molestarte —le confesó Gisele—. Desde que te conozco solo te he dado problemas, no quería sumar uno más por algo tan insignificante.

—Imagino que sabes que tengo cámaras por toda la agencia y pienso buscar la grabación del baño, ¿de verdad crees que lo que veré será insignificante?

—Deberías dejarlo estar, ya te he dicho que es una tontería —le advirtió Gisele.

Ella sabía que si Matt veía aquel vídeo dejaría de ser una tontería y probablemente montaría un drama, pero tampoco era para tanto. O al menos así lo creía Gisele en comparación con los problemas que les había dado su ex.

—Espérame en la cocina, en seguida estoy contigo y preparamos un aperitivo para ver una película —la invitó a salir de su despacho.

—Matt…

—Solo serán cinco minutos —sentenció antes de acompañarla a la puerta.

Gisele rodó los ojos, dio media vuelta y se dirigió a la cocina, donde se encontró a Elsa dedicándole su enorme y cariñosa sonrisa.

— ¿Va todo bien con Matt, cielo? —Le preguntó Elsa, sospechaba que algo no iba bien.

—Es testarudo y un mandón —bufó Gisele mientras sacaba un refresco de la nevera y le daba un trago.

Elsa sonrió con complicidad, dando por hecho que no era más que una pequeña riña de enamorados y siguió preparando la cena tras abrazar cariñosamente a Gisele. Cinco minutos más tarde, la voz de Matt tronó desde el pasillo:

— ¡Gisele!

—Si es que no se puede ser más terco —murmuró Gisele rodando los ojos.

— ¿Algo insignificante? ¿Una tontería? ¡Intentó agredirte! —Vociferó Matt al entrar en la cocina y ver a Gisele.

—Te advertí que no vieras el vídeo, solo has conseguido ponerte de mal humor —le reprochó Gisele.

—Tengo que ir a la agencia, regresaré en un par de horas.

—Acabas de llegar, íbamos a pasar la tarde juntos —protestó Gisele desilusionada.

—Solo un par de horas y ya no me separaré de ti hasta mañana por la noche —le aseguró Matt estrechándola entre sus brazos y dándole un leve beso en los labios—. Y, cuando vuelva, nos pondremos de acuerdo para determinar qué es una tontería insignificante.

— ¿De verdad consideras necesario tener que ir a la agencia ahora?

—Sí —afirmó con rotundez.

Gisele rodó los ojos de nuevo, en ocasiones era inútil discutir con Matt. Él le dio un último beso antes de marcharse y Gisele se quedó en la cocina con Elsa, mirando con resignación hacia a la puerta por donde Matt se había ido.

Hasta que el contrato nos separe 30.

Los días siguientes fueron más tranquilos. Matt tan solo iba a la agencia por la mañana, mientras Gisele estaba en clase. Después pasaba a recogerla por la universidad y comían en casa antes de que él siguiera trabajando desde casa y Gisele le hiciera compañía estudiando. Por la noche, cenaban en el sofá del salón mientras veían una película, casi siempre alguna comedia romántica elegida por Gisele, y cuando terminaba se dirigían al dormitorio para hacer el amor antes de dormir abrazados el uno el otro.

Leonor y Kelly intentaron quedar con Gisele para hablar de los últimos preparativos para la boda, pero Matt se negó en rotundo alegando que Gisele tenía que estudiar y no les permitió mencionar nada al respecto hasta después de su escapada de fin de semana.

—Me estás sobreprotegiendo —le acusó Gisele divertida.

—Has estado sometida a mucha presión, necesitas descansar y tienes que estudiar —se justificó Matt—. Pero este fin de semana, es solo para nosotros.

—Estoy deseando llegar a la cabaña.

Gisele estaba emocionada, Matt le había dicho que la llevaría a la cabaña de pesca a la que iba con su padre sin que ella se lo mencionara. Para Gisele, aquello era una muestra de la confianza que ambos habían forjado durante los casi seis meses que llevaban juntos.

Después de más de dos horas conduciendo por una carretera secundaria que rodeaba la montaña, Matt aparcó el coche frente a una pequeña cabaña de piedra y madera rodeada de árboles y cerca de un pequeño río de aguas cristalinas.

—Es precioso —susurró Gisele, pensando en voz alta.

—Tú sí que eres preciosa —le dijo Matt con la voz ronca al mismo tiempo que la abrazaba desde la espalda—. Será mejor que entremos en la cabaña y encendamos la chimenea, en un par de horas la temperatura descenderá entre quince y veinte grados.

—Mm… Tendremos que darnos calor para combatir el frío.

Matt sonrió embelesado, le encantaba ver a Gisele bromeando tan relajada y siendo la dulce y seductora descarada que le volvía loco.

—Ponte cómoda, voy a por leña para encender la chimenea y que nos dure toda la noche —le dijo tras besarla en la mejilla con ternura.

Gisele metió en la nevera la comida que habían traído de casa, deshizo las maletas, guardó la ropa de ambos en el armario y las cosas de aseo en el baño, hizo la cama colocando sábanas de franela y un par de mantas y ayudó a Matt a guardar la leña en el cobertizo mientras él continuaba partiendo troncos con el hacha.

—Creo que con esto ya tenemos suficiente leña para todo el fin de semana —opinó Matt tras echar un vistazo a toda la leña que había en el cobertizo.

— ¿Qué hacemos ahora?

—Se me ocurren muchas cosas, pero antes debemos encender la chimenea —respondió Matt con tono juguetón.

Gisele estaba feliz, tenían todo el fin de semana por delante para estar a solas y sin que nadie les interrumpiese. Tras encender la chimenea, Matt le propuso a Gisele dar un paseo por la ribera del río y ella aceptó encantada. Disfrutar de un simple paseo por la montaña junto a Matt le hizo sentirse la mujer más feliz del mundo y desear que aquel fin de semana no acabara nunca.

—Estás muy callada, ¿quieres contarme en qué piensas?

—En la paz y la tranquilidad que nos rodea, hace que me sienta feliz.

—Tú sí que me haces feliz —le confesó Matt en un susurro antes de besarla en los labios con una dulzura embriagadora.

Gisele sintió un gran alivio al escuchar las palabras de Matt que, aunque no fuera de una forma directa, prácticamente era una confirmación de que empezaba a sentir algo por ella. Matt se sorprendió al oírse pronunciar aquellas palabras, pero aquella verdad se había escapado de entre sus labios sin poder evitarlo. Y es que lo cierto era que Matt estaba cada día más hechizado por ella, era en lo único que pensaba día y noche.

—Ahora eres tú el que se ha quedado callado —apuntó Gisele tras caminar en silencio durante varios minutos.

—Disfrutaba de la paz y la tranquilidad de la que hablabas —le respondió sonriendo al mismo tiempo que la abrazaba.

Gisele se dejó abrazar, se sentía feliz y segura entre los brazos de Matt. No pudo evitar preguntarse qué pasaría después de su matrimonio pactado con fecha de caducidad, pero decidió no preocuparse por ello en ese momento y disfrutar del año que le quedaba con Matt.

Aquel fin de semana en la cabaña fue perfecto para ambos. Paseaban siguiendo el curso del río, preparaban la comida juntos como cualquier pareja normal y al anochecer se acomodaban en el sofá, abrazándose el uno al otro frente al calor del fuego de la chimenea.

Ninguno de los dos mencionó el tema del contrato, se convirtió en una especie de tema tabú entre ellos. Se compenetraban a la perfección, cada día que pasaba se unían más y los sentimientos del uno por el otro crecían.

Las siguientes semanas fueron una montaña rusa. Matt quería dejarlo todo bien atado en la agencia, pues pretendía tomarse unos días libres desde la boda hasta después de Navidad; Gisele tenía que estudiar para los exámenes de final de semestre, además de ocuparse de los contratiempos que iban surgiendo en los preparativos de la boda; Leonor tampoco se lo ponía fácil a la pareja, aunque solo pretendía ayudar, terminaba agobiándoles.

Dos días antes de la boda, Gisele aprovechó que no tenía clase y que Matt estaba trabajando para ir al centro de la ciudad. Quería comprarle un regalo y tener un detalle con él. Le dijo a Elsa que salía a hacer un par de recados y se marchó de casa. Matt estaba trabajando en la agencia, así que era el momento ideal para comprar el regalo y poder darle una sorpresa. No avisó a nadie, ni siquiera a Kelly, le apetecía pasar un rato a solas.

Entró en una joyería y, tras echar un vistazo a los expositores, decidió comprarle a Matt un reloj en el que se gastó un buen pellizco. Le pidió al joyero que grabara las iniciales de ambos entrelazadas y la fecha de la boda. El joyero le indicó que regresara en una hora mientras grababan el reloj y Gisele decidió hacer tiempo tomándose un café en la cafetería de la esquina. Tan ensimismada estaba en sus propios pensamientos, que no reparó en la presencia de Pamela hasta que la agarró del brazo cuando se disponía a entrar en la cafetería. Tan solo la había visto una vez en el quinto aniversario de la agencia y tuvieron un encontronazo en el baño.

—Vaya, vaya, si tenemos aquí a la futura señora Spencer —murmuró con tono despectivo y maquiavélico—. No sé qué habrá visto Matt en ti, pero de lo que estoy segura es que se cansará de ti más temprano que tarde, a Matt no le van las mosquitas muertas como tú.

—Claro, le gustan las arpías venenosas como tú, por eso se va a casar contigo —le respondió Gisele a la defensiva.

—Él no te quiere, tan solo eres un capricho pasajero del que se aburrirá muy pronto y regresará a mí como ha hecho siempre.

—No pierdas la esperanza —se mofó Gisele.

Pamela dio media vuelta y se alejó furiosa calle abajo. Gisele había disimulado muy bien frente a Pamela, pero los dardos envenenados de Pamela le habían dolido porque, en el fondo, sabía que ella tenía razón. Su relación con Matt tenía fecha de caducidad, solo eran dos socios en un negocio en el que ambos salían beneficiados.

—Pero yo he sido una imbécil y he acabado enamorándome de él —pensó Gisele mientras se sentaba en una de las mesas de la cafetería.

Sin duda alguna, aquel encuentro con Pamela la había afectado. Aquella víbora tan solo quería provocarla, pero no lo iba a conseguir. Se tomó un café bien caliente y llamó a Sarah para hacer tiempo antes de regresar a la joyería.

— ¿Qué te pasa, Gis? Y no me digas que nada porque te conozco demasiado bien y solo con escuchar tu voz sé que algo no va bien —le advirtió Sarah.

—Acabo de encontrarme con Pamela.

Gisele le contó con todo detalle su encuentro con Pamela y Sarah escuchó atentamente a su amiga.

— ¿Por qué no se lo has dicho a Matt?

—Matt ya tiene suficientes cosas en las que pensar, no quiero darle una preocupación más por una tontería. Además, seguro que es lo que quiere esa arpía, así Matt irá a buscarla para decirle cuatro cosas.

—Pasa de esa bruja, al fin y al cabo, Matt te ha elegido a ti y no a ella —trató de animar Sarah a Gisele—. Mañana a estas horas estaremos juntas, tengo tantas ganas de abrazarte.

Más tranquila tras aquella conversación con Sarah, Gisele pagó su café a la camarera y se marchó para dirigirse a la joyería. Recogió el reloj que le había comprado a Matt y regresó a casa. Pese a que intentó olvidarse del encuentro con Pamela y de sus palabras envenenadas, no lo consiguió, pero intentó disimularlo cuando llegó a casa. Elsa, que era una persona muy suspicaz, supo que algo no iba bien en cuanto le vio la cara. Gisele, conocedora de las habilidades de Elsa por adivinar las emociones, le dio un beso en la mejilla y se excusó alegando que iba a darse un baño para subir a la habitación.

Hasta que el contrato nos separe 29.

Pocos minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a la puerta del hotel y, tras pagar al taxista, se bajaron del vehículo y entraron en el hotel. Con el brazo alrededor de la cintura de Gisele para estrecharla contra su cuerpo, se dirigió hacia la recepción del hotel para pedir una habitación. Gisele ni siquiera prestó atención a aquella conversación, tan solo se mantuvo abrazada a Matt, le había echado muchísimo de menos, mucho más de lo que jamás hubiera podido imaginar. Mientras subían en el ascensor a la habitación, Matt le preguntó con la voz ronca y mirándola a los ojos:

— ¿Me has echado de menos?

—Muchísimo —afirmó Gisele y, solo para provocarle, añadió divertida—: Aunque tengo que reconocer que ha sido más fácil de sobrellevar viendo cómo se desnudaba el stripper policía.

Matt la miró con el ceño fruncido, no le gustaba imaginarse a Gisele entre los brazos de un stripper y no quiso pensar en ello.

—Prefiero que no me cuentes nada de lo del stripper —bufó visiblemente molesto.

—Ni siquiera le toqué —le aseguró Gisele apiadándose de él. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron en el vestíbulo de la última planta. Recorrieron el pasillo hasta llegar a su habitación y, una vez dentro, Gisele le besó en los labios y le susurró—: Gracias por venir.

Gisele estaba emocionada. Matt no solo había pagado su despedida de soltera, sino que también había cumplido su promesa y había ido a la capital en cuanto ella se lo había pedido. No podía negar que Matt era una buena persona, detallista, cariñoso, tierno… Suspiró pensando en la cantidad de adjetivos buenos que le describían.

—Siempre cumplo mis promesas —le susurró Matt. Se deshizo de su traje y acto seguido hizo lo mismo con el vestido de Gisele, quedándose ambos en ropa interior. Se tumbó en la cama, arrastrándola con él, y la envolvió entre sus brazos—. ¿Te has divertido este fin de semana?

—Me lo he pasado genial, nos hemos reído mucho, hemos disfrutado de la comida del mejor restaurante de la capital, de una tarde en el SPA con masajes incluidos, bebido y también bailado, no me puedo quejar.

—No te olvides del stripper —le reprochó Matt.

—Prefiero recordar este momento.

—Gisele, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt, que notaba a Gisele un poco distinta, perdida en sus propios pensamientos—. Si ocurre algo…

—Todo va bien —le aseguró. Y, cambiando de tema, añadió—: He estado pensando en escaparnos un par de días a la montaña, refugiarnos en una pequeña cabaña y acurrucarnos frente al fuego de una chimenea. Me apetece mucho salir de la ciudad un par de días y, aunque sé que tú tienes trabajo y yo tengo que estudiar, había pensado en hacerlo allí, lejos del estrés y la presión.

—Me parece una idea estupenda, yo también había pensado en escaparnos el próximo fin de semana —sonrió satisfecho y le dio un leve beso en los labios—. Han sido un par de meses muy intensos, has estado sometida a mucho estrés y nos vendrá bien despejarnos un poco.

—En un mes nos casaremos, después vendrá Navidad y luego los exámenes de final de semestre, todavía nos esperan un par de meses más de locura.

—Pero después disfrutaremos de una larga luna de miel solos tú y yo, sin interrupciones.

—Eso suena tan bien que no soy capaz de creérmelo —bromeó Gisele—. Por cierto, no me has hablado de tu despedida de soltero, ¿lo has pasado bien?

—Me temo que no ha sido tan divertida como la tuya, tan solo hemos ido a cenar y estábamos a punto de ir a tomar una copa cuando me has enviado el mensaje.

— ¿No te han llevado a un local de striptease?

—No, yo solo quiero ver desnuda a mi futura mujer.

—Entonces, ¿por qué no me terminas de desnudar?

Matt mostró su sonrisa más seductora y comenzó a besarla lentamente en los labios, descendió por su cuello al mismo tiempo que deslizaba los tirantes del sujetador por sus brazos y lo desabrochaba. Besó y acarició cada centímetro de su piel, adorándola y dejándose adorar por ella. Hicieron en amor apasionadamente, pero también con una ternura y una conexión especial entre ellos.

Durmieron abrazados toda la mañana. Matt se despertó a media mañana pero no quiso despertar a Gisele, así que se quedó con ella en la cama, disfrutando de aquel momento. Cuando Gisele abrió los ojos, Matt le dio los buenos días con una amplia sonrisa en los labios y ella le respondió tumbándose sobre él y ronroneándole al oído:

—Quiero sexo soñoliento, Matt.

—Te daré todo lo que me pidas, cariño —le susurró Matt antes de hundirse en ella lentamente y hacerle el amor.

A Gisele no le pasó por alto la ternura con la que Matt la trataba, ni tampoco que había dejado de llamarla Gisele para llamarla cariño cuando estaban a solas. Además, había podido confirmar lo detallista que era, siempre estaba pendiente de ella y dispuesto a hacer cualquier cosa para complacerla.

—Mm… ¿Nos podemos quedar así para siempre? —Ronroneó Gisele estrechándose contra el cuerpo de Matt.

—No creo que sea posible, en un par de horas Jason y Sarah vendrán a buscarnos, tendremos que regresar a casa y, una vez allí, podremos meternos en la cama y continuar donde lo dejemos.

Efectivamente, Jason y Sarah llegaron al hotel un par de horas más tarde, con el equipaje de Gisele. Jason y Matt bajaron al restaurante del hotel a esperar a las chicas mientras Gisele se daba una ducha rápida y se ponía al día con Sarah.

— ¿Qué tal te lo has pasado con Jason?

—Con él siempre me lo paso genial, es el tipo de hombre que siempre me ha parecido perfecto, es divertido, extrovertido, apasionado,…

—Y te tiene completamente enamorada —intervino Gisele.

—Me gusta, pero no hay nada serio entre nosotros. Nos vemos de vez en cuando y lo pasamos bien juntos, pero no hay ningún compromiso.

— ¿Te gustaría que lo hubiera?

—Vivimos en distintas ciudades y todo el mundo sabe que las relaciones a distancia no funcionan. Además, no creo que a él le interese una relación estable.

—Kelly dijo que Jason no era ningún mujeriego —le recordó Gisele.

—No me hagas pensar en ello, Gis —le rogó Sarah haciendo un mohín—. No estoy preparada para asimilar lo que siento por él, estoy demasiado confusa.

—Pues deberías empezar a planteártelo, cada vez que os veis acabáis pasando la noche en la misma cama.

—Créeme si te digo que no puedo evitarlo, pero Jason tiene algo que me hechiza, hace que pierda la capacidad de razonar con coherencia.

—Sé a qué te refieres —le aseguró Gisele—, me ocurre lo mismo con Matt.

—Matt te adora, jamás había visto a un hombre tan enamorado como él lo está de ti —le aseguró Sarah—. Te cuida mucho y a ti se te ve muy feliz con él.

—Lo soy, aunque todo ha sido tan rápido que todavía lo estoy asimilando.

Media hora más tarde y después de varias confesiones, Gisele y Sarah salieron de la habitación y se reunieron en el restaurante con Matt y Jason, que las recibieron con una amplia sonrisa al verlas llegar. Gisele se sentó a la mesa junto a Matt, él no pudo contener las ganas de besarla y le plantó un beso de película sin importarle ser el centro de atención del restaurante del hotel.

—Por favor, ¿es que no habéis tenido suficiente tiempo de daros el lote en la habitación y seguís haciéndolo en el restaurante? —Les reprochó Sarah con tono burlón.

— ¿Tú también quieres un besito, muñeca? —Bromeó Jason agarrando a Sarah por la cintura para acercarla a él y dejar sus labios a escasos milímetros de los de ella.

Sarah recorrió el espacio que los separaba y le dio un leve beso en los labios que acompañó con un susurro para que solo Jason le escuchara:

—Solo un besito, o acabarás enamorándote de mí.

Ya era tarde para eso, Jason ya se había enamorado de ella y le plantó un beso en la boca, esta vez con verdadera pasión.

—Al final nos echarán del hotel por escándalo público —bromeó Gisele.

Entre bromas, besos y acaricias, los cuatro disfrutaron de un gran almuerzo antes de dirigirse al aeropuerto, donde se reunieron con Kelly y Tyler.

—Deberías ir haciéndote a la idea de que Tyler será tu futuro cuñado —le dijo Jason a Matt, mofándose.

Todos se echaron a reír, incluidos Tyler y su hermana Kelly. Pero Matt, que apreciaba a Tyler y estaba encantado de que fuera su cuñado, también le encantaba provocarle para fastidiarle un poco y no pudo quedarse callado:

—No os hará cuando mi madre exija conocer al responsable de las salidas nocturnas de Kelly.

Esta vez, rieron todos excepto la pareja aludida. Kelly se ruborizó, a ella no le importaba decirle a su madre que salía con Tyler, pero temía que él no estuviera preparado y se asustara. Sin embargo, Tyler sí estaba preparado para conocer oficialmente a su suegra, pese a que ya conocía a Leonor, pero la inseguridad de Kelly le hizo dudar y pensó que quizás Kelly necesitaba más tiempo para hacer oficial la relación.

—Gis, te voy a echar muchísimo de menos —reconoció Sarah abrazando con fuerza a su amiga.

—Nos veremos en la boda dentro de un mes y pasaremos juntas la Navidad —le recordó Gisele tratando de animarla.

—Y puedes venir a casa siempre que lo desees, Sarah —añadió Matt, tratando de animar a las dos amigas.

—Y si no quieres quedarte en casa de la parejita feliz, siempre puedes quedarte en la mía —le dijo Jason con una amplia sonrisa en los labios.

Se despidieron de Sarah y, con gran pesar, subieron al avión para regresar a casa. Gisele pasó de la felicidad a la nostalgia en pocos minutos y Matt trató de consolarla estrechándola contra su cuerpo y acunándola en su regazo.

Hasta que el contrato nos separe 28.

Las chicas se quedaron dormidas en el enorme sofá del salón y se despertaron a mediodía. Gisele ni siquiera se había tomado un café cuando su teléfono móvil comenzó a sonar y no tuvo que mirar la pantalla para saber que se trataba de Matt. Sonrió de forma automática, ese era el efecto que causaba en ella, y respondió aún medio dormida:

— ¿Sí?

—Supongo que debo darte los buenos días —bromeó Matt—. ¿Te he despertado?

—No, pero por poco.

— ¿Una noche divertida?

—Una gran noche —le confirmó Gisele—. Nos quedamos en el apartamento de Sarah, bebiendo vino y contándonos confidencias. ¿Y tú? ¿Qué has estado haciendo?

—He aprovechado para adelantar trabajo en la agencia, así podré tomarme el próximo fin de semana libre, te tengo preparada una sorpresa.

—Me estás malcriando —le advirtió Gisele.

—Me encanta malcriarte —le susurró con la voz ronca—. Y esta noche cenaré con los chicos, han insistido en celebrar mi despedida de soltero.

—Te vendrá bien divertirte un poco, trabajas demasiado.

—Hubiese preferido divertirme contigo —reconoció Matt—, pero tendré que conformarme con llamarte esta noche.

—Estaré esperando tu llamada —le respondió Gisele antes de despedirse y colgar.

Gisele se dirigió a la cocina para desayunar con las chicas y se sentó en uno de los taburetes mientras Sarah preparaba tres tazas de café con leche.

— ¿Era Matt? —Le preguntó Kelly. Gisele asintió con un leve gesto de cabeza y Kelly añadió divertida—: Tyler me ha dicho que Matt está insoportable, no le sienta bien separarse de ti.

—La verdad es que yo también le echo de menos —confesó Gisele.

—Déjate de lamentos, tenemos cita en el SPA y no quiero perderme los masajes —le replicó Sarah—. Esta noche iremos a bailar y a tomar unas copas, necesitamos recargar energía.

Pasaron el resto del día en el SPA, recibiendo masajes y tratamientos corporales, disfrutando de la sauna y de los baños turcos. Fueron unas horas de absoluto relax, pero Gisele no consiguió dejar de pensar en Matt en ningún instante.

Por la noche, las chicas llevaron a Gisele a un restaurante que ofrecía espectáculo con la cena y, como no podía ser de otra manera, un stripper vestido de policía se desnudó antes ellas y un grupo pequeño de chicas que también celebraban una despedida de soltera. Gisele era demasiado tímida y trató de esconderse para pasar desapercibida entre el resto de chicas, pero a Sarah no le importaba ser el centro de atención sentada en el regazo de aquel stripper.

—Uff, no sé si serán las copas o la falta de sexo, pero no me importaría pasar la noche con el supuesto policía —comentó Sarah entre risas cuando salieron del restaurante.

—Yo ni siquiera me acuerdo de la última vez que tuve sexo y, por si fuera poco, Tyler parece que tampoco va a ponérmelo fácil—se lamentó Kelly.

—Pues yo sí y estoy deseando repetirlo —les dijo Gisele sonriendo.

—Se acabó. Esta noche es para divertirnos, bailar y olvidarnos de los hombres —sentenció Sarah—. Esta noche no quiero saber nada de ellos.

Se subieron a un taxi y se dirigieron a un pub para seguir con la fiesta. Sarah se ofreció para ir a buscar las copas y Sarah la acompañó para ayudarla mientras Gisele se encargaba de buscar un sitio en el que sentarse en la zona chill-out. Encontró un sofá libre en una esquina y se sentó allí a esperar a las chicas. Sacó su teléfono móvil del bolso y vio que tenía una llamada perdida de Matt. Dudó en llamarle o enviarle un mensaje, pero finalmente decidió devolverle la llamada más tarde y disfrutar de aquella noche con las chicas.

Kelly y Sarah se sentaron junto a ella cinco minutos después y, por enésima vez aquella noche, brindaron de nuevo. Animadas por el ambiente, la música y las copas de más, bailaron entre risas y cachondeo y continuaron bebiendo.

—Creo que me estoy haciendo mayor —bufó Kelly dejándose caer en el sofá del chill-out.

—Pues yo creo que mañana tendré una resaca horrible, no recuerdo la última vez que bebí tanto —comentó Sarah antes de dar otro trago a su copa. Se volvió hacia Gisele y le preguntó sonriendo—: ¿Qué tal te lo estás pasando?

—Genial, gracias por haber organizado un fin de semana perfecto —le agradeció—. Aunque no deberíais haber gastado tanto dinero.

—Esa parte agradécesela a Matt, no quería que te faltara nada en este fin de semana —se le escapó a Sarah sin darse cuenta.

Gisele se sintió fatal. Matt había pagado su despedida de soltera y ella había ignorado su llamada. Bebió un trago de su copa y, tras excusarse para ir al baño, cogió su bolso y se alejó de ellas. Quería llamar a Matt, pero finalmente optó por enviarle un mensaje: “Te echo de menos, me encantaría que estuvieras aquí.” Recibió un mensaje de Matt al instante: “Solo tienes que pedirme que vaya y estaré junto a ti en poco más de una hora.” Gisele no lo dudó ni un segundo y contestó: “Quiero que vengas, no quiero dormir otra noche sola.” Un segundo después, Matt la estaba llamando.

—Matt —ronroneó Gisele nada más descolgar.

— ¿Seguro que quieres que vaya a la capital?

—Completamente.

—Pues ya estoy de camino, preciosa —le respondió Matt—. Aunque, como podrás suponer, no voy solo. Jason y Tyler me acompañan.

—Mientras no se metan en la cama con nosotros… —bromeó Gisele.

—Puede que a ti no te importe, pero a Kelly y a Sarah…

—Lo descubriremos cuando lleguéis —le interrumpió.

— ¿No saben que estás hablando conmigo?

—Si les hubiera dicho que tenía intención de llamarte o escribirte un mensaje, me hubieran quitado el teléfono y no hubiera podido hablar contigo —se excusó Gisele.

—Envíame la ubicación del lugar donde estáis y vuelve con las chicas. Sigue disfrutando de la noche y, antes de que te des cuenta, estaré estrechándote entre mis brazos —le dijo Matt en un susurro para que los chicos no le escucharan—. Hasta dentro de un rato, cariño.

—Hasta dentro de un rato —susurró Gisele antes de colgar y regresar junto a Kelly y Sarah como si nada hubiera pasado.

Matt les dijo a los chicos que la despedida de soltero se había terminado y que se iba a la capital. Les contó que pensaba presentarse en el pub donde estaban las chicas y pasar el resto de la noche con Gisele.

—Si queréis, podéis acompañarme —les invitó.

—Es su despedida de soltera, ¿no crees que se lo tomarán mal? —Le advirtió Tyler, aunque en el fondo se moría de ganas de ver a Kelly.

—Solo hay una manera de saberlo, averigüémoslo —sentenció Jason, que no pensaba dejar escapar la oportunidad de volver a ver a Sarah.

—Id vosotros y divertíos, yo me ocupo de la agencia mañana —se ofreció Ben.

Una hora más tarde, Gisele, Kelly y Sarah seguían bebiendo, riendo y bailando. Gisele estaba ansiosa, no dejaba de mirar disimuladamente hacia a la puerta, esperando que en cualquier momento Matt entrara en el pub y le dedicara una de sus seductoras sonrisas. Justo en el momento que se puso de espaldas a la puerta para coger su copa y beber un trago, Matt entró en el pub acompañado por Jason y Tyler. Aprovechando que estaba de espaldas, Matt se acercó a Gisele y la abrazó desde atrás, pegándola a su cuerpo.

—Mm… No te imaginas cuánto he echado de menos tus abrazos —susurró Gisele, a quien no le hizo falta girarse para saber que era Matt quién la abrazaba.

—No voy a dejar de abrazarte en toda la noche —la complació Matt.

— ¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí? —Les reprochó Sarah—. Se supone que esto es una despedida de soltera y no estabais invitados.

—Demasiado tiempo lejos de mi futura esposa, no he podido resistirme —se justificó Matt sin dejar de abrazar ni besar a Gisele.

— ¿Es que no te alegras de verme, muñeca? —Le preguntó Jason a Sarah.

—Podré contestarte a eso mañana, tienes toda la noche para convencerme —le respondió Sarah con un descaro que volvió loco a Jason.

—Gisele y yo nos vamos a un hotel —anunció Matt.

—Pero tengo todas mis cosas en el apartamento de Sarah —protestó Gisele.

—Sarah y yo te llevaremos todas tus cosas mañana, no te preocupes —le aseguró Jason.

—Nosotros también nos vamos, nos reuniremos con vosotros mañana en el aeropuerto para regresar a casa —decidió Kelly con seguridad, refiriéndose a ella y a Tyler. Se volvió hacia a Sarah y añadió—: Os acompañamos al apartamento a recoger mis cosas y después nos marchamos y os dejamos a solas.

—Hay habitaciones de sobra, podéis quedaros en el apartamento —les invitó Sarah.

—Te lo agradecemos, pero quiero a mi futura esposa solo para mí esta noche y no quiero que nadie nos interrumpa —rechazó Matt la oferta de Sarah.

—No te preocupes, ni siquiera estaremos en el mismo hotel —le dijo Kelly.

Matt lanzó una mirada de advertencia a Tyler, no le hacía ninguna gracia que pasara la noche con su hermana en un hotel. Gisele le dio un codazo a Matt para que se relajara y no interfiriera en la vida de su hermana, sobre todo porque sabía que las intenciones de Tyler eran buenas y Kelly necesitaba dar ese paso más en la relación.

—Nos vemos mañana, disfrutad de lo que queda de noche —se despidió Gisele tirando del brazo de Matt para marcharse de allí.

Salieron del pub y Matt detuvo a un taxi en la calle para que les llevara al mismo hotel donde se habían alojado cuando habían ido de visita a la capital.

Hasta que el contrato nos separe 27.

Gisele estaba emocionada con esa escapada a la capital para celebrar su despedida de soltera. Echaba de menos a Sarah y deseaba pasar el fin de semana con ella y con Kelly, que se había convertido en una muy buena amiga. Además, una salida de chicas le vendría muy para desconectar de la universidad y de los preparativos de la boda que tanto la habían estado agobiando. Sin embargo, la idea de estar separada de Matt durante todo un fin de semana no le apetecía lo más mínimo. Y, cómo la gran romántica empedernida que era, se preguntó si Matt la echaría tanto de menos como ella a él.

—Gisele, ¿lo tienes todo preparado? —Le preguntó Matt sacándola de sus pensamientos.

Gisele miró en su maleta para confirmar que lo había guardado todo y asintió con un leve gesto de cabeza antes de cerrarla. Matt se acercó a ella y le rodeó la cintura con sus brazos, abrazándola desde atrás.

—Estás muy cariñoso —comentó Gisele divertida.

—Voy a estar todo el fin de semana sin ti y te voy a echar de menos —se justificó Matt susurrándole al oído—. Tenemos que salir ya, Sarah ha amenazado con matarme si llegabas tarde a tu despedida de soltera.

Matt le dio un leve beso en los labios, cogió la maleta de Gisele y se dirigió detrás de ella hacia el salón, donde les esperaba Kelly para dirigirse al aeropuerto y viajar a la capital para celebrar la despedida de soltera de Gisele.

—Intentad no meteos en líos pero, si lo hacéis, llamadme y estaré allí en una hora —le dijo Matt a Gisele antes de que subiera al avión. La besó durante un largo rato y, cuando logró separar sus labios de los de ella, añadió—: Diviértete, me gusta verte sonreír y últimamente sonríes poco.

—No estarás para verme sonreír —le recordó.

—Solo tienes que llamarme y estaré allí en una hora —le aseguró Matt.

—Puede que lo haga —le susurró antes de besarle y subir al avión con una sonrisa en los labios.

Matt sonrió satisfecho, con un poco de suerte sería un invitado más en aquella despedida de soltera y podría disfrutar de la compañía de Gisele. Pasar todo un fin de semana sin ella iba a ser complicado de sobrellevar, se había acostumbrado tan rápido a estar con ella que casi le parecía un drama.

Gisele se subió al avión con Kelly y volaron hacia la capital, donde Sarah las estaba esperando para iniciar el fin de semana de chicas.

— ¡Gis, Kelly! —Les gritó Sarah desde su coche cuando las vio salir por la puerta de la terminal del aeropuerto—. Venga, subid al coche.

Las chicas corrieron hacia Sarah al mismo tiempo que un policía se acercó a ella y le dijo:

—Señorita, no puede estacionarse aquí.

—Es un segundo, mis amigas ya están aquí —se excusó Sarah—. Solo será un segundo, por favor.

El policía abrió la boca para rechazar su petición, pero Gis y Kelly llegaron en ese momento y, tras meter el equipaje en el maletero, se subieron al coche con cara de no haber roto un plato en su vida, así que el policía finalmente suspiró y les rogó:

—Por favor, circulen.

Las chicas sonrieron y Sarah pisó el acelerador antes de que el policía decidiera cambiar de opinión y ponerle una multa.

— ¿Estás preparada para un fin de semana inolvidable? —Preguntó Sarah emocionada mientras Kelly bailaba sentada en su asiento.

—Me estáis dando miedo —se guaseó Gis, contagiada del buen humor de sus amigas.

—Vas a tener de todo, ya verás qué bien lo vamos a pasar, ¡va a ser una locura! —Exclamó Sarah riendo a carcajadas y haciendo reír a las otras dos.

—Antes de nada, nos vamos de compras, nos merecemos un capricho. Después iremos a comer al mejor restaurante de la capital —anunció Kelly, ciñéndose al plan.

Gisele frunció el ceño. ¿Compras y comida en un buen restaurante? Aquel no era un plan diseñado por Sarah ni tampoco por Kelly. Aquellas dos estaban demasiado locas para diseñar un plan tan tranquilo.

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta el plan? —Le preguntó Sarah sin apartar la vista de la carretera.

—El plan me gusta, pero no es algo que hubiera esperado de vosotras dos —reconoció Gisele escrutándolas con la mirada—. Sé que me estáis ocultando algo.

—Relájate, vamos a pasar el día tranquilamente —le aseguró Kelly y añadió sonriendo a Sarah con complicidad—: Ya tendremos tiempo de desmelenarnos cuando llegue la noche.

Tras dejar las maletas en el apartamento de Sarah, las chicas pasaron la mañana recorriendo las mejores tiendas de la capital, comprando ropa, zapatos y mucha lencería. Gracias a la paga mensual de Matt, Gisele tenía bastante más dinero del que necesitaba, así que decidió tener un detalle con Matt y comprarle un regalo.

— ¿Qué puedo regalarle a Matt que le haga ilusión? —Preguntó Gisele mientras caminaban de una tienda a otra.

—Enciérrate con él en un dormitorio y ponte un lazo en la cabeza —bromeó Sarah.

—Hablo en serio, quiero regalarle algo especial, algo que realmente desee —insistió—. Él siempre tiene detalles conmigo, aunque no quiera reconocerlo, en el fondo es un romántico.

—A Matt le encanta perderse en su cabaña de las montañas —comentó Kelly tratando de ayudarla—, es un lugar bastante básico pero a él le encanta salir a pescar o sentarse frente a la chimenea. Siempre iba con mi padre pero, cuando murió, Matt continuó yendo solo.

—Parece un lugar demasiado especial, a lo mejor se toma mal que le lleve allí —tanteó Gisele.

—No es un lugar sagrado, pero siempre suele ir solo o con los chicos —le respondió Kelly y añadió encogiéndose de hombros—: A Matt le gusta el frío.

Gisele frunció el ceño. Matt siempre la había llevado a sitios cálidos en todas sus escapadas, incluidas las vacaciones.

—Seguiré pensándolo, quiero regalarle algo que le sorprenda.

—Espérale en el dormitorio completamente desnuda y con un lazo en la cabeza —insistió Sarah entre risas.

Gisele rodó los ojos con resignación, no conseguiría ayuda de sus amigas durante aquel fin de semana, pero siguió pensando en ello mientras iban de una tienda a otra. Descartó regalarle una escapada, ya le había robado demasiado tiempo. Pero anotó mentalmente que el destino de su próximo viaje o escapada sería a un lugar frío en el que pudieran acobijarse frente al calor de una chimenea.

Después de una mañana de compras, las chicas se dirigieron a un exclusivo restaurante en el que Sarah había reservado mesa.

— ¿No quieres saber qué tenemos planeado para después? —Le preguntó Sarah mientras comían.

— ¿Debo preocuparme? —Preguntó Gisele tratando de adivinar qué habían tramado aquellas dos.

—No tienes nada de lo que preocuparte, lo tenemos todo bajo control —le aseguró Kelly con una risilla traviesa.

—Hoy solo queremos cuidarte y darte un par de caprichos, puedes relajarte —la tranquilizó Sarah.

— ¿Y mañana?

—Mañana será un día diferente —le respondió con una sonrisa socarrona en los labios.

—Eso me deja mucho más tranquila —murmuró Gisele.

Almorzaron en el restaurante entre bromas y confesiones. Sin planearlo, Matt, Jason y Tyler estuvieron muy presentes en su conversación.

— ¿Qué tal te va con Tyler? —Quiso saber Sarah.

Kelly no tuvo ningún tapujo en contestar y se sinceró con las que ya eran sus mejores amigas.

—Bien, supongo —respondió encogiéndose de hombros. Gisele y Sarah la miraron esperando una explicación a esa respuesta tan poco convincente. Ella suspiró y añadió—: Llevamos un par de meses saliendo, hemos tenido varias citas y todo ha ido bien pero, en el momento de dar un paso más, él siempre se echa atrás.

— ¿Todavía no ha habido sexo entre vosotros? —Preguntó Sarah escandalizada.

—Sarah —le advirtió Gisele regañándola con la mirada. Se volvió hacia Sarah y, aunque nadie se lo había pedido, le dio su opinión—: Creo que Tyler está realmente interesado en ti y quiere ir despacio para que todo salga bien. Pero, si él no da el primer paso, quizá es porque espera que seas tú quién lo dé.

—Aunque sea por una vez, estoy de acuerdo con Gisele —la secundó Sarah.

—Está decidido, la próxima vez que le vea paso la noche con él sí o sí —decidió Kelly alzando su copa para brindar—: Por las mujeres decididas.

— ¡Por ellas! —Brindaron Sarah y Gisele.

Salieron del restaurante bien entrada la tarde y bastante achispadas. Se dirigieron directamente al apartamento de Sarah, dejaron las bolsas con las compras en el hall, abrieron una botella de vino y se acomodaron en el sofá para seguir charlando.

— ¿Qué hay entre tú y Jason? —Le preguntó Kelly a Sarah.

—Básicamente, atracción sexual.

—Mientes —la acusó Gisele—. ¿Hasta qué punto te gusta?

—Hasta el punto de dar gracias de no vivir en la misma ciudad que él —confesó—. Me gusta todo de él, nos compenetramos muy bien en la cama y fuera de ella, pero no es la clase de hombre con el que te casas y es mejor no enamorarse.

— ¿Por qué dices eso? —Le preguntó Kelly.

—Él mismo me confirmó que era un mujeriego.

—Jason no es ningún mujeriego, al igual que mi hermano tiene esa fama y no es para nada justificada —les defendió Kelly—. Todas esas modelos y actrices con las que asisten a fiestas y con las que se les relacionan son en realidad más trabajo para ellos, clientas de la agencia que a veces quieren dejarse ver con el director o el subdirector de la agencia.

Pasaron el resto de la tarde y parte de la noche charlando sobre los chicos y, cómo no, también sobre la inminente boda de Matt y Gisele.

Hasta que el contrato nos separe 26.

Durante la visita de Sarah a la ciudad, Gisele escogió el vestido de novia, el ramo y los zapatos, pero todavía tenía que decidir muchas cosas más, entre ellas el lugar de celebración. Gisele se comenzó a agobiar, Leonor le había mostrado un sinfín de lugares que le gustaban, pero ninguno le resultaba especial. No encontraba el sitio idóneo para celebrar el enlace y comenzaba a desesperarse ella y desesperar a los demás.

Consciente del estrés y la presión a la que se estaba viendo sometida Gisele, Leonor decidió intervenir. Ella adoraba a su hijo, pero ya era hora de ponerle los puntos sobre las íes. Leonor se presentó por sorpresa en las oficinas de la agencia, dispuesta a hablar con su hijo.

—Mamá, ¿qué estás haciendo aquí?

—Tenemos que hablar.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Matt preocupado, invitando a su madre a entrar en su despacho y cerrando la puerta después—. ¿Le pasa algo a Gisele?

—Es evidente, ¿acaso no te has dado cuenta?

— ¿A qué te refieres? —Exigió saber Matt a la defensiva.

—Cielo, Gisele es una mujer estupenda, es buena, cariñosa, humilde y generosa. Aunque me temo que le hace falta un poco más de carácter para lidiar contigo.

—Tengo mucho trabajo, ¿te importaría ir al grano?

—Has dejado toda la organización de la boda en manos de Gisele y está desbordada, Matt —le reprochó—. La veo muy agobiada con las clases, los estudios y la boda. En lugar de ser un momento maravilloso se está convirtiendo en una obligación para ella, quizás deberías involucrarte un poco más y apoyarla. Me da la sensación de que se siente bastante sola, no tiene familia y su mejor amiga ni siquiera vive en su misma ciudad.

— ¿Gisele te ha dicho eso?

—No, ella no dice nada. Se limita a esforzarse en sonreír y decir que todo va bien, pero es bastante obvio que no es así.

—Está bien, esta tarde me quedaré en casa con ella y nos distribuiremos las tareas para la boda.

—Eso no es lo que te estoy diciendo, Matt —le regañó Leonor—. Tienes que pasar más tiempo junto a ella e involucrarte en todo lo relacionado con la boda. ¿Sabes que Gisele ya ha comprado el vestido de novia?

—No, no me lo ha dicho.

—A eso me refiero —bufó Leonor—. Será mejor que te esfuerces si no quieres quedarte plantado en el altar.

Leonor, bastante molesta por la actitud de su hijo con su futura esposa, dio media vuelta y se marchó de allí sin darle un beso de despedida. Matt resopló con frustración, pero sabía que su madre tenía razón y decidió tomarse la tarde libre para estar con Gisele. Llamó a la puerta del despacho de Jason y, tras sentarse junto a él, le dijo:

—Voy a tomarme la tarde libre.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amigo? —Exclamó Jason mofándose.

—Mi madre me acaba de hacer una visita, ha venido para reprocharme que no me involucro con la organización de la boda y me ha regañado por dejar a Gisele encargándose de todo ella sola.

—La verdad es que tu madre tiene razón, no olvides que Gis no tiene familia y que su mejor amiga está a 350 kilómetros de distancia —le recordó Jason.

—Lo sé, por eso me voy a casa con ella —zanjó la conversación poniéndose en pie—. Llámame si surge cualquier cosa.

—Deja que yo me encargue de la agencia, tú encárgate de tu futura mujer si no quieres que te deje antes de casarte.

Matt sabía que Jason estaba bromeando pero no pudo evitar sentirse culpable, era la segunda vez en apenas una hora que le reprochaban que estaba dejando a Gisele sola. Todo aquel ajetreo la estaba estresando y él ni siquiera se había dado cuenta, pues apenas pasaba el rato con ella y cuando estaban juntos tan solo quería sentirla entre sus brazos.

—Gisele, ¿dónde estás? —Alzó la voz Matt al entrar en casa.

—Estoy aquí —respondió Gisele desde el salón. Matt entró en la estancia un par de segundos después y ella, preocupada, le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—He decidido tomarme la tarde libre, últimamente apenas estamos juntos y a solas —le contestó él besándola en la frente y acomodándose junto a ella en el sofá—. ¿Estabas estudiando?

Gisele asintió, pero se apresuró en cerrar los libros y guardar los apuntes, no quería que darle ninguna excusa para que la dejara sola de nuevo.

—Mi madre ha venido a la agencia para regañarme, cree que estás agobiada por los estudios y los preparativos de la boda —comenzó a decirle Matt en un susurro al mismo tiempo que colocaba a Gisele en su regazo—. Y tiene razón, ni siquiera sabía que ya habías comprado el vestido de novia.

—No importa, sé que tienes mucho trabajo en la agencia —le excusó ella, pues no podía reprocharle nada, al fin y al cabo su relación formaba parte de un contrato.

—Sí que importa. A partir de ahora nos ocuparemos juntos de todo lo que tenga que ver con la boda —. La besó en los labios y añadió juguetón—: ¿No vas a decirme cómo es el vestido de novia que has comprado?

—No, tiene que ser una sorpresa —le respondió Gisele igual de juguetona—. Pero he comprado otra cosa que puedo enseñarte.

—Mm… Lo estoy deseando.

— ¿Te apetece que primero nos demos un largo baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de cogerla en brazos y llevarla al dormitorio.

Matt entró en el baño de la habitación y abrió el grifo de la bañera para que se llenara de agua mientras ambos se desnudaban. Gisele esperaba que Matt iniciara la chispa que les hiciera estallar de deseo, pero él se limitó a meterse en la bañera sentándose detrás de ella y envolviéndola con sus brazos.

—Matt, ¿va todo bien?

—No podría ir mejor, preciosa —le aseguró él.

Gisele se dio media vuelta, se colocó a horcajadas sobre él y le susurró con un tono de voz más que sugerente:

—Sí que puede ir mejor.

Matt pretendía dejar el sexo en un segundo plano, quería demostrarle a Gisele que estaba con ella porque realmente así lo deseaba, no porque se le antojara un poco de sexo. Pero Gisele no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta y él no hubiera podido resistirse aunque hubiese querido.

Después de aquel baño, Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde en el dormitorio, abrazados sobre la cama y poniéndose de acuerdo en la toma de decisiones sobre la organización de la boda. Lo que más agobiaba a Gisele era la elección del lugar de la celebración y Matt se ofreció para encargarse de escogerlo y darle una sorpresa.

—Ya casi lo tenemos todo, solo queda mi traje de novio y el sitio donde celebrar la boda, pero de eso me encargo yo —concluyó Matt—. Aprovecharé para hacerlo el próximo fin de semana, cuando te vayas a la capital para celebrar tu despedida de soltera.

—Solo serán un par de días, ni siquiera te dará tiempo a echarme de menos —bromeó Gisele.

—Te aseguró que te echaré de menos —le confesó con la voz quebrada.

Gisele sospechaba que algo le ocurría a Matt y se abrazó a él para hacerle saber que ella estaba a su lado y le apoyaba. Lo que no sabía Gisele es que Matt todavía trataba de asimilar lo que estaba sintiendo por ella.

Durante el resto de la semana, Matt decidió trabajar desde casa por las tardes y así pasar más tiempo con Gisele. Elsa fue testigo del evidente cambio de humor de ambos, que radiaban felicidad cuando estaban juntos. Leonor también fue testigo del cambio de Gisele, que de nuevo sonreía constantemente y no se la veía tan preocupada.

Matt sabía que el fin de semana sin Gisele sería interminable y quería aprovechar todo el tiempo que podía para estar con ella.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —Preguntó Gisele divertida al notar las manos de Matt por su cintura y su espalda mientras charlaba con Leonor.

—Está nervioso porque mañana nos vamos de despedida de soltera, lleva toda la semana amenazándome con matarme si te llevábamos a un local de striptease —se mofó Kelly.

—Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti —le aseguró Gisele antes de besarle.

Matt confiaba en Gisele, pero no se fiaba ni un pelo de Sarah ni de su hermana Kelly, aquellas dos tenían la palabra peligro escrita en la frente.

Hasta que el contrato nos separe 25.

Pocos días después del anuncio oficial de su compromiso, Matt y Gisele recibieron la visita sorpresa del abogado del abuelo de Matt. Kevin Norris se presentó en casa de Matt un sábado a primera hora de la mañana, mientras Gisele y Matt dormían. Llamó al timbre y Elsa le recibió y le hizo pasar al salón mientras ella se dirigió al dormitorio principal para avisar a Matt.

Gisele seguía dormida y Matt no quiso despertarla, así que se levantó, se vistió y bajó al salón para atender al abogado.

—Buenos días, señor Spencer —le estrechó la mano el abogado—. Soy Kevin Norris, el abo…

—Sé quién es —le interrumpió Matt—. ¿A qué ha venido?

—Directo al grano —bromeó Kevin antes de contarle el motivo de su visita—. Según nuestras informaciones, se acaba de prometer con… —hizo una pausa para buscar el nombre de la chica entre las hojas de su carpeta y añadió—: Con Gisele Moore.

—Así es.

—Y, ¿dónde está ella?

—Son las ocho de la mañana de un sábado, está durmiendo —bufó Matt.

— ¿Está viviendo con usted?

—Sí.

— ¿Desde cuándo?

— ¿A qué viene todo esto? —Protestó Matt.

—Si se casa con la señorita Moore se convertirá en el heredero de Bill West, motivo por el cual deberemos realizar un exhaustivo seguimiento de su relación para verificar que se trata de un matrimonio real y no de conveniencia —le explicó Kevin—. Dicho seguimiento en visitas para realizar entrevistas por sorpresa, individual o conjuntamente.

Gisele se despertó y, al no encontrar a Matt en la cama con ella, decidió levantarse y salir a buscarle. Escuchó su voz proviniendo del salón e imaginó que estaría hablando por teléfono, pero cuando se asomó por la puerta y lo vio sentado en el sofá en silencio, entró en el salón y, sentándose en su regazo sin sospechar que no estaban solos, le dijo tras besarle en los labios:

— ¿Qué haces aquí en lugar de estar en la cama conmigo?

—Eso mismo me preguntaba yo, pero he tenido que salir de la cama para atender una visita.

Matt le hizo una señal a Gisele para que mirara al otro lado del salón y entonces vio a Kevin Norris junto a la ventana. Ella no le conocía ni sabía quién era, así que se levantó de un salto, visiblemente avergonzada, y se disculpó mientras daba gracias en silencio por haberse puesto la bata antes de salir de la habitación:

—Lo siento, pensaba que estabas solo.

—No te preocupes, Gisele. El señor Norris es el abogado de mi difunto abuelo, solo ha venido a saludar.

—Encantada de conocerle —le saludó Gisele tímidamente—. Disculpe la interrupción, les dejaré a solas.

Gisele se marchó de allí tan rápido como llegó y se dirigió a la cocina, necesitaba tomarse un café y rezar para no haber fastidiado el trato que tenía con Matt.

—Nos damos por informados, señor Norris —le dijo Matt dando por finalizada aquella  conversación—. Pero, cómo ha podido ver, no tengo nada que ocultar sobre mi relación con Gisele. Es la mujer de mi vida.

—Genial, así este asunto será más fácil para todos —opinó Kevin tendiéndole la mano a Matt para después añadir a modo de despedida—: Un placer saludarle, señor Spencer. Nos veremos pronto.

—Estoy seguro de ello —murmuró estrechándole la mano.

Matt acompañó a Kevin a la salida y se quedó allí mirándole hasta que le vio salir de la propiedad. Se dirigió a la cocina y allí se encontró a Gisele desayunando en compañía de Elsa, que rápidamente se dispuso a servirle el desayuno a Matt.

—Buenos días —saludó Matt de buen humor. Besó a Gisele en los labios y se sentó a su lado mientras le susurraba al oído—: ¿Qué tal has dormido, preciosa?

—Contigo siempre duermo bien —le respondió Gisele con una tímida sonrisa—. Siento haber interrumpido, pensaba que estabas solo.

—No lo sientas, ha sido lo mejor que ha podido pasar —le respondió Matt guiñándole un ojo con complicidad.

Elsa, consciente de que la pareja deseaba intimidad, salió de la cocina silenciosamente para seguir dedicándose a sus tareas. Mientras desayunaban, Matt le propuso a Gisele ir a pasar el día a la playa y ella aceptó encantada. Era su último fin de semana antes de empezar las clases en la universidad y Gisele quería aprovecharlo para disfrutar de la compañía de Matt, pues una vez comenzado el semestre apenas tendría tiempo para nada.

— ¿Se puede saber por qué estás tan callada? —Le preguntó Matt tras pasar todo el trayecto en silencio y seguir igual durante más de una hora que llevaban en la playa—. ¿Estás bien?

—Sí, solo estoy un poco triste —le confesó ella—. Entre tu trabajo y mis clases, apenas tendremos tiempo para relajarnos cómo hacemos ahora.

—Entonces, quizás debamos aprovechad el día en un lugar un poco más íntimo.

—Quiero ir a casa y pasar el resto del día en la cama contigo —susurró Gisele mirándole a los ojos con verdadero deseo.

—Cariño, nos vamos ahora mismo.

A Matt le encantaba complacer a Gisele y también le resultaba fácil, ella no pedía grandes cosas ni lujos, tan solo quería afecto. Además, pasar el resto del día en la cama con ella era un sueño hecho realidad para Matt, que cada día se enamoraba más de Gisele.

Los días fueron pasando y Gisele comenzó las clases del último curso de carrera en la universidad. Matt se encargaba de llevarla a la universidad por la mañana y recogerla a media mañana, comía con ella en casa y después regresaba a la agencia mientras Gisele se quedaba en casa estudiando, ayudaba a Elsa con las tareas de la casa o salía con Kelly a tomar un café. Matt regresaba a casa a última hora de la tarde, se daba un largo baño con Gisele antes de cenar, charlaban durante un rato y se iban a dormir.

Ese fin de semana, después de la primera semana de clases, Gisele recibió la visita sorpresa de su amiga Sarah. Matt solo quería ver a Gisele feliz y sabía que aquella era una ocasión especial para conseguirlo.

Gisele aprovechó la visita de Sarah para comenzar a mirar vestidos de novia, locales para celebrar la boda y probar los posibles menús para la celebración. Por supuesto, Leonor y Kelly las acompañaron a todas partes, pero Gisele siempre reservaba un par de horas para pasar a solas con Sarah, echaba mucho de menos a su amiga.

—Te veo muy feliz con Matt, parece que te cuida muy bien —comentó Sarah mientras tomaban un refresco en el jardín y esperaban a que Matt regresara del trabajo para cenar.

—Matt es encantador, el novio perfecto —le confesó Gisele con verdadera adoración por Matt, siendo totalmente sincera—. Me trata como a una princesa y siempre está pendiente de mí, no puedo quejarme.

—A él también se le ve muy enamorado —constató Sarah.

— ¿Qué me dices de ti? Todavía no te he escuchado hablar de ningún sexy hombretón de la capital, ¿es que no has conocido a ninguno?

—No estoy en la capital para ligar, tengo que compaginar las clases con el trabajo y apenas me queda tiempo para mí —se justificó Sarah—. Además, tampoco me apetece salir con nadie ahora. Creo que estoy madurando —añadió burlonamente para restar importancia a sus palabras.

—Es curioso, no percibo eso cuando estás con Jason —se mofó Gisele.

—Jason es genial, nos divertimos cuando estamos juntos, pero eso es todo.

—No me lo creo.

—Gis, entre Jason y yo no hay nada. Nos hemos acostado un par de veces, pero eso es todo.

Gisele sabía que su amiga no le estaba contando toda la verdad, pero no insistió más ya que todos tenían derecho a tener sus secretos. Matt llegó a casa y se dirigió al jardín para saludar a las chicas, que continuaban charlando y poniéndose al día.

—Buenas noches, señoritas. ¿Qué tal ha ido el día?

Matt besó a Gisele en los labios y se sentó junto a ella, desplegando sus brazos alrededor de la cintura de ella. Sarah rodó los ojos y, poniéndose en pie, anunció:

—Me voy a dar una ducha, así os dejo un rato a solas.

—Jason está en la cocina, le he invitado a cenar y ha insistido en preparar él la cena —le informó Matt sonriendo divertido, consciente de que entre aquellos dos existía algo especial pese a que ambos se negaban a reconocerlo.

—Me parece que esta noche no cenamos —bromeó Gisele.

—Está todo controlado, el plan B es pedir pizza a domicilio —las tranquilizó Matt.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Sarah se dirigió al interior de la casa, concretamente a la cocina, donde se encontró con Jason.

—Así que esta noche vas a ser el cocinero —le tanteó Sarah.

—Esta noche seré lo que tú quieras que sea, muñeca —le respondió con tono sugerente.

—La parejita sigue en el jardín, yo voy a darme una ducha —le dijo antes de dirigirse a la habitación de invitados.

— ¿Necesitas ayuda?

—Quizás después de cenar —le contestó Sarah con tono sugerente antes de desaparecer por el pasillo.

Jason sacudió la cabeza para quitarse la idea de ir detrás de Sarah, pues tenía que encargarse de preparar la cocina. Sarah se encerró en la habitación de invitados y se dio una ducha mientras pensaba en cómo sacarse a Jason de la cabeza. Y la parejita, tras besarse durante unos minutos en el jardín, también decidieron subir a su habitación para darse juntos una rápida ducha antes de cenar.

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