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Hasta que el contrato nos separe 35.

Tras firmar los documentos que acreditaban el recién matrimonio, Matt y Gisele salieron de la iglesia agarrados de la mano, seguidos por las damas de honor, el padrino y la madrina. Leonor, al igual que Elsa, estaba muy emocionada, no había dejado de llorar de felicidad al ver a su hijo contraer matrimonio con una persona tan buena y sencilla como era Gisele, a quien ya consideraba como a su propia hija. Kelly, Sarah, Jason, Tyler y Ben también estaban eufóricos y encantados con el enlace entre Matt y Gisele.

— ¿Preparada para salir ahí fuera como la señora Spencer? —Le preguntó Matt a Gisele.

Ella asintió con la cabeza, agarrando con fuerza la mano de Matt. Él la besó en los labios y la estrechó brevemente entre sus brazos antes de salir de la iglesia. En cuanto traspasaron el umbral de la puerta, les cayó una lluvia de pétalos acompañada por un ¡viva los novios! de todos los invitados que esperaban a las puertas de la iglesia para felicitar a los novios.

Durante más de veinte minutos, la pareja se sumergió en un sinfín de felicitaciones y abrazos por parte de familiares y amigos, pero Matt no soltó a Gisele en ningún momento. Ella estaba nerviosa, le apretaba la mano con fuerza para que no la soltara y él no pudo ni quiso despegarse de su lado.

Cuando se subieron a la limusina para dirigirse al banquete, Matt envolvió a Gisele entre sus brazos, la besó con ternura en los labios y le preguntó en un susurro:

— ¿Estás bien, Gisele?

—Mejor y más tranquila desde que te he visto —le confesó—. Por cierto, tienes que contarme por qué nadie te llama Mathew.

—No me gusta.

—A mí tampoco me gusta que me llames Gisele, ¿por qué no me llamas Gis? —Le replicó.

—Porque tienes un nombre precioso y me encanta llamarte así —sentenció Matt sin opción a réplica. La besó en los labios y le susurró al oído—: También te llamo preciosa y cariño.

Gisele se dejó abrazar por Matt, con él se sentía cómoda, segura y en paz. Él era su templo, su lugar sagrado, con él podía refugiarse del mundo entero. Y una vez más, supo que se había enamorado perdidamente de Matt pero decidió seguir disfrutando del momento sin preocuparse del futuro. Ya lloraría después, pero ahora quería reír y ser feliz.

—Estás muy callada, espero que no te estés arrepintiendo tan pronto de haberte casado conmigo —bromeó Matt.

—Estoy en paz cuando estoy contigo, me transmites serenidad —confesó Gisele.

—Podemos saltarnos el banquete e irnos a nuestra mini luna de miel un día antes.

—No podemos hacer eso, ¡nos matarían! —Exclamó ella riendo ante la ocurrencia de su marido—. Me temo que un día más de mini luna de miel no nos recompensará una vida de reproches por parte de la familia y amigos.

Gisele se arrepintió de utilizar aquellas palabras en el mismo momento en que salieron de su boca. No pasaría una vida con Matt, tan solo pasaría con él un año.

—El resto de nuestra vida… —repitió Matt pensativo y añadió dejando completamente descolocada a Gisele—: Al sacerdote le ha faltado decir eso de hasta que la muerte nos separe, ¿no crees?

—O, en nuestro caso, hasta que el contrato nos separe —le corrigió Gisele sin darse cuenta y, una vez más, se arrepintió de utilizar esas palabras.

—Falta mucho para eso —le susurró Matt pensando en que, transcurrido ese tiempo, habría logrado enamorarla y que quisiera pasar el resto de su vida con él—. De momento, vamos a disfrutar del día de nuestra boda.

Gisele estuvo completamente de acuerdo con Matt, lo mejor era no pensar en el futuro, vivir el presente y afrontar el problema cuando llegara el momento. En un año podían pasar muchas cosas, podían enamorarse, odiarse o simplemente sentir indiferencia el uno por el otro. Torturarse pensando en lo que podía ocurrir no tenía ningún sentido y tampoco solucionaba nada.

—Ya hemos llegado —anunció Matt cuando la limusina se detuvo.

Gisele miró a través de la ventanilla y sonrió al ver dónde se encontraban. Matt había decidido celebrar el banquete de boda en la masía y ella sabía que era un detalle muy especial, pues la masía era su lugar sagrado.

—Pensé que te gustaría que lo celebráramos aquí.

—Has acertado —le confirmó Gisele emocionada y le plantó un beso en los labios.

Todos los invitados ya habían llegado, la limusina había dado un buen rodeo para que así fuera y pudieran recibir a los novios.

Matt ayudó a Gisele a bajar del vehículo, la miró de arriba abajo con una amplia sonrisa en los labios y le susurró al oído antes de besarla en los labios:

—Siempre estás preciosa, pero hoy estás impresionante.

—Es por el vestido, me siento princesa por un día —bromeó Gisele, notablemente nerviosa.

—Siempre vas a ser mi princesa —susurró Matt con la voz ronca mientras la estrechaba entre sus brazos. La agarró de la mano y, tirando de ella para entrar en la masía, añadió—: Es hora de disfrutar del banquete.

—Estoy deseando disfrutar de la noche de bodas —le susurró Gisele para provocarle.

—Cariño, si vuelves a provocarme te secuestro y te quedas sin banquete de boda —le advirtió Matt siguiéndole el juego.

—Si me secuestras, ¿sería para adelantar la noche de bodas?

— ¡Menudo peligro tienes! —Se rio divertido—. Será mejor que entremos o toda la agencia vendrá a buscarnos.

Una vez más, la pareja de recién casados fue recibida entre aplausos, vítores y felicitaciones en cuanto pusieron un pie en la masía. Todo el mundo quería hablar con el novio y la novia, pero Jason y Sarah les echaron una mano y llevaron a los invitados al salón principal, donde se celebraría el banquete. Los invitados se sentaron en el lugar donde se encontraba la tarjeta con su respectivo nombre y los recién casados se sentaron en el centro de la mesa presidencial acompañados por Leonor, Sarah, Jason, Kelly, Tyler y Ben.

Los camareros comenzaron a servir la bebida y a llenar las copas de los invitados. Jason esperó a que todo el mundo tuviera su copa llena para ponerse en pie y, tras llamar la atención de todos los allí presentes, se dispuso a hacer el primer brindis:

—Creo que, como padrino de los novios, me corresponde hacer un brindis y, teniendo en cuenta lo que se bebe en las bodas, prefiero hacerlo cuanto antes —bromeó haciendo reír a todos los invitados—. Lo primero que quiero hacer es felicitar a Matt y a Gis por su matrimonio. Sinceramente, cuando Matt me dijo que le iba a proponer a Gis que se casara con él, pensé que estaba loco. Apenas hacía unos meses desde que se conocían, pero lo cierto es que se compenetran y se complementan a la perfección, es evidente que están hechos el uno para el otro. De hecho, si os fijáis, ni siquiera pueden estar un par de minutos sin tocarse —dijo Jason haciendo reír a carcajadas a los invitados—. El caso es que, desde que Matt conoció a Gis, está menos gruñón y eso, los que trabajamos con él y le soportamos, lo agradecemos. Así que no puedo decir más que ¡viva los novios!

Jason recibió un aluvión de aplausos y también una mirada más que significativa por parte de Matt, que terminó sonriendo al comprobar que sus manos agarraban a Gisele por la cintura con verdadera necesidad. Gisele sonrió divertida ante el discurso y el brindis de Jason, pese a que todo formaba parte de una patraña, en realidad Jason no había dicho ni una sola mentira.

—No te preocupes, no le dejaremos hablar más —le susurró Matt a Gisele, refiriéndose a Jason, para hacerla sonreír.

Tras el brindis de Jason, los familiares y los amigos más cercanos también quisieron dedicar unas palabras a los recién casados.

—Gis es como la hermana que nunca tuve, la quiero más que a mi propia vida y así se lo hice saber a Matt cuando le conocí —dijo Sarah arrancando más de una carcajada a todos los invitados—. Pero lo cierto es que jamás he visto a Gis tan feliz como lo es con Matt así que solo puedo darles mis bendiciones y pedirles que me den sobrinitos pronto.

Matt se rio de la broma de Sarah como todo el mundo, pero a Gisele le cambió la cara. Siempre había deseado ser madre, pero nunca se lo había planteado en su relación con Matt, al fin y al cabo, su matrimonio solo era una parodia. Se reprendió mentalmente por pensar en aquello en ese preciso momento. Se había propuesto disfrutar durante un año de Matt y preocuparse de lo que ocurriría después cuando llegara el momento.

—Por la cara que ha puesto Gis, me parece que no vamos a tener sobrinitos pronto —se mofó Kelly.

—Acaban de casarse, ya tendrán tiempo de pensar en niños más adelante —Elsa se apiadó de Gisele y salió en su ayuda.

Los discursos continuaron con Kelly, Leonor, Elsa, Tyler y Ben que, con tono guasón, advirtió públicamente a Matt que si dejaba escapar a Gisele, él estaría allí para enamorarla.

Esta vez, fue la cara de Matt la que se convirtió en un poema. Él mismo había sido testigo de la complicidad que existía entre Ben y Gisele y, aunque sabía que entre ellos no había más que una buena amistad, no podía evitar sentir un poco de envidia de aquella relación.

—Estoy deseando que llegue esta noche, cuando estemos solos tú y yo y pueda estrecharte entre mis brazos —le susurró Matt a Gisele cuando acabaron con los brindis y los camareros comenzaron a servir la comida—. No te imaginas cuánto lo he echado de menos.

—Has estado sin mí poco más de doce horas, ¿qué harás cuando tengas que marcharte de la ciudad unos días? —Bromeó Gisele.

— ¿Por qué voy a marcharme unos días de la ciudad? —Le preguntó Matt visiblemente molesto.

—Me dijiste que viajabas mucho por trabajo y hasta ahora no has viajado, pensé que sería por todo lo que ha pasado últimamente, la boda,… —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Desde que te conocí he evitado viajar —reconoció Matt—, no me gusta dejarte sola y sólo lo haré cuando no me quede elección.

—No quiero condicionar tu vida ni tu trabajo, Matt…

—Y no lo haces, pero ahora tú te has convertido en mi prioridad absoluta —le aseguró—. Casi me vuelvo loco sin ti en doce horas, no quiero pensar qué pasaría si tengo que pasar un día entero sin ti. Otra vez no —añadió recordando los dos días que estuvieron separados cuando celebraron la despedida de soltera.

La intensa mirada de Matt aturdió a Gisele, que agradecía en silencio el estar sentada en ese momento mientras trataba de asimilar las palabras de Matt.

— ¿Qué le has dicho a Gis? ¡Mira qué cara tiene, pobre! —Le recriminó Leonor a su hijo al ver el gesto de contrariedad de Gisele—. Cielo, ¿estás bien?

Gisele estaba emocionada y la intervención de Leonor no la ayudaba a serenarse. Estaba viviendo una vida que no era real y le horrorizaba pensar que estaba engañando a todas aquellas personas que brindaban por su felicidad, que la habían acogido con los brazos abiertos y que se habían convertido en parte de su familia.

—Matt me ha dicho que si tenemos un hijo quiere llamarle Quasimodo —le respondió Gisele a Leonor, tratando de arreglarlo metiéndose en su papel—. ¿Te lo puedes creer?

Matt estalló a reír a carcajadas, abrazó a Gisele colocándola sobre su regazo y la besó apasionadamente sin importarle que todos les miraran y les vitorearan.

—Vas a volverme loco —le susurró Matt con la voz ronca.

— ¡Dejad algo para la noche de bodas! —Gritó uno de los invitados provocando las risas de todo el mundo, incluida la de los recién casados.

Hasta que el contrato nos separe 34.

El día de la boda había llegado, pero Gisele y Sarah se habían estado charlando la noche anterior hasta las tantas y se habían quedado dormidas en el sofá. Allí las encontró Elsa cuando se levantó y se apresuró en despertarlas para que desayunaran, se ducharan y comenzaran a prepararse. Kelly llegó mientras desayunaban en la cocina y las regañó al encontrarlas todavía sin haberse duchado:

— ¿Se puede saber qué habéis estado haciendo toda la noche? Porque, desde luego, dormir habéis dormido poco.

—No te enfades, ya he terminado de desayunar y me ducho en diez minutos —la tranquilizó Gisele. Dio media vuelta antes de subir las escaleras en dirección a su habitación y le preguntó con curiosidad—: ¿Cómo está Matt?

—Insoportable porque no está contigo y nervioso porque está a punto de casarse —les respondió Kelly riéndose divertida.

—No vas a llamarle ahora, vamos mal de tiempo —le advirtió Sarah, que conocía muy a su amiga y cuáles eran sus intenciones—. Ya tendrás tiempo luego de hablar con él, pasaréis juntos todo el día.

Gisele hizo un mohín con tristeza, pero acató las órdenes que le habían dado y se apresuró en ducharse y vestirse. Mientras tanto, Kelly y Elsa, que ya estaban casi listas para salir, las ayudaron a peinarse y maquillarse. Dos horas después, tal y como estaba previsto, Jason, Tyler y Ben pasaron a recoger a Gisele, Sarah, Kelly y Elsa en una preciosa y gran limusina blanca que les llevaría a todos hasta una pequeña iglesia situada en un valle desde donde se podía vislumbrar el mar.

Gisele todavía no estaba preparada, pero con la ayuda de Elsa, Sarah y Kelly tan solo tardaron cinco minutos.

—Llevas algo viejo, los pendientes de tu madre; algo nuevo, el vestido de novia; y te falta algo prestado que te lo doy yo, mi pulsera de la suerte —le dijo Sarah emocionada al mismo tiempo que abrochaba la pulsera alrededor de la muñeca de Gisele—. Estás preciosa, Gis.

—Vosotras sí que estáis preciosas —respondió Gisele con un hilo de voz, a punto de llorar.

— ¡No llores! —Exclamaron Sarah y Kelly al unísono para que a Gisele no se le estropeara el maquillaje.

—Venga chicas, debemos irnos ya o llegaremos tarde —las apresuró Elsa.

—Y mi hermano enviará al ejército a buscarte —se mofó Kelly, creyendo a su hermano capaz de eso y mucho más.

Salieron de la habitación, bajaron las escaleras y se encontraron a los chicos esperándolas en el hall, que sonrieron en cuanto las vieron. Tras lanzarse piropos unos a otros, se subieron a la limusina y se dirigieron hacia a la iglesia.

— ¿Estás segura de querer casarte? —Le preguntó Ben y añadió bromeando—: Todavía estás a tiempo de fugarte.

—Por nuestro bien, más nos vale asegurarnos de que Gisele llega al altar y le da el sí quiero, de lo contrario Matt será insufrible —bromeó Tyler.

—El amor siempre triunfa, no hay nada que se pueda hacer para impedirlo —opinó Kelly mirando de reojo a Tyler—. Llegaremos a tiempo a la iglesia, Matt y Gisele se casarán y todos respiraremos tranquilos.

—Gis, deja de apretarme la mano que me la vas a partir —le dijo Sarah a su amiga, devolviéndola a la realidad—. Chicos, dejad de hablar que la estáis asustando.

—Toda va ir bien, cielo —le aseguró Elsa—. Tan solo son los nervios del momento, Matt debe estar igual que tú en este momento.

Gisele estaba muy nerviosa y no sabía por qué. Sí, estaba a punto de casarse, pero tampoco era para tanto teniendo en cuenta que había firmado un contrato específicamente para ello. Sin embargo, no pudo evitar sentirse insegura. De repente, sintió pánico de llegar y no encontrar allí a Matt.

—Para el coche —ordenó Gisele en pleno ataque de histeria.

— ¿Qué ocurre? ¿Se te ha olvidado algo? —Preguntó Sarah.

—Necesito llamar a Matt.

—Lo vas a ver en un rato, Gis —le restó importancia Sarah pero, al ver la cara de preocupación de su amiga, le entregó su teléfono móvil y añadió—: Llámale, pero no paramos que ya vamos tarde.

Gisele cogió el teléfono móvil de Sarah y marcó el número de Matt. No tuvo que esperar más de un segundo para que él respondiera:

—Sarah, ¿dónde estáis?

—Estamos de camino, casi estamos llegando —le respondió Gisele con un hilo de voz.

—Gisele, ¿va todo bien?

—Sí, solo necesitaba llamarte. ¿Estás bien?

—Ahora mismo estoy enfadado conmigo mismo por no haberme quedado contigo esta noche, apenas he podido dormir.

—Sarah y yo nos quedamos dormidas en el sofá del salón bien entrada la madrugada —le confesó Gisele.

—Estoy deseando estrecharte entre mis brazos, preciosa —susurró Matt con la voz ronca al otro lado del teléfono.

— ¿Me has echado de menos? —Le tanteó Gisele.

—Muchísimo. Y aún te echo de menos. Estoy deseando verte con tu vestido de novia.

—Entra en la iglesia, estaré contigo en dos minutos —le susurró Gisele al mismo tiempo que la limusina entraba en el recinto de la iglesia.

A Gisele le hubiera gustado añadir un te quiero antes de colgar, pero se mordió la lengua porque sabía que podía no ser correspondido y aquello la hundiría, no podía arriesgarse justo cuando estaba a punto de casarse.

La limusina se detuvo frente a la puerta principal de la pequeña iglesia, que estaba custodiada por dos agentes de seguridad junto a otra docena agentes por los alrededores. Bajaron del vehículo y Gisele respiró profundamente para infundirse valor y serenidad. En ese momento, le hubiera encantado haber desaparecido de allí junto a Matt a un lugar lejano en el que pudieran quedarse para siempre. No podía dejar de repetirse que la boda era una farsa de tiempo limitado.

—Cielo, te estás poniendo pálida, ¿estás bien? —Le preguntó Elsa preocupada.

—Estoy bien, un poco nerviosa —murmuró Gisele tratando de tranquilizar a Elsa—. Será mejor que entréis, no quiero hacer esperar a Matt.

Elsa, Tyler y Ben entraron en la iglesia mientras Kelly y Sara retocaban el vestido de Gisele para que estuviera perfecto. Jason le ofreció el brazo a Gisele y, con una serenidad que todas agradecieron, le dijo a Gisele:

— ¿Preparada?

—Por supuesto —le confirmó ella.

Gisele entró en la iglesia del brazo de Jason y seguida por sus dos damas de honor: Sarah y Kelly. Más de doscientos invitados clavaron su mirada en ella, pero Gisele solo veía a Matt al final del pasillo y se concentró en caminar hacia él. Agradeció en silencio que Jason además de ofrecerle su brazo también le agarrara la mano y se la apretara para darle la fuerza que parecía haberse esfumado de su cuerpo.

—Gis, relájate —le susurró Jason—. Están tan nerviosa que estás temblando.

—Créeme si te digo que lo intento —murmuró Gisele haciendo reír a Jason y llamando aún más la atención de todos los allí presentes.

Matt no podía apartar la mirada de Gisele, estaba preciosa con ese vestido de novia con escote de pico y de manga francesa. Jason le entregó la mano de Gisele y Matt la agarró con fuerza para después llevársela a los labios y besarla.

—Estás… impresionante —le susurró Matt haciendo un esfuerzo por contener las ganas de besarla.

Ella le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y ambos se colocaron frente el altar para escuchar la breve misa del sacerdote. Ninguno de los dos prestó atención a las palabras del sacerdote, estaban demasiado embelesados mirándose el uno al otro. El sacerdote tuvo que carraspear dos veces, provocando las risas cómplices de los invitados, para que Matt le prestara atención y, cuando lo consiguió, le dijo:

—Por favor, saque los anillos —. Matt obedeció de inmediato y el sacerdote añadió—: Puede colocar el anillo en el dedo anular de la novia.

Matt sacó de la caja la alianza de Gisele y, mientras se la colocaba en el dedo anular, escuchó las palabras del sacerdote mirando a Gisele a los ojos:

—Mathew Spencer, ¿promete serle fiel a Gisele Moore, amarla, apoyarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de su vida?

—Sí, quiero —respondió Matt y, haciéndole un cómplice guiño a Gisele, añadió—: Estaría loco si dijera que no.

Y después le llegó el turno a Gisele:

—Gisele Moore, ¿promete serte fiel a Mathew Spencer, amarle, apoyarle y respetarle, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de su vida?

—Sí, quiero —respondió Gisele dedicándole una amplia sonrisa a Matt.

—En ese caso, yo les declaro marido y mujer. Pueden besarse —concluyó el sacerdote.

Matt no lo dudó ni por un instante, agarró a Gisele por la cintura, la estrechó contra su cuerpo, la envolvió con sus brazos y la besó con todo el amor que sentía hasta que los invitados comenzaron a vitorearles y Gisele, completamente ruborizada, escondió la cara en el cuello de Matt, dejándose abrazar por él.

Hasta que el contrato nos separe 33.

Tras rebajar la tensión en el despacho, Matt invitó a Gisele a almorzar fuera de casa y la llevó a la masía donde la llevó la primera vez. A ambos les encantaba la paz del lugar, la intimidad y la buena comida que allí servían. Además, quería hacer tiempo para que Jason trajera a Sarah a casa y pudieran darle una sorpresa a Gisele cuando regresaran a casa después de comer.

Jason estaba encantado de hacer de anfitrión a Sarah, la atracción entre ambos era evidente y los dos congeniaban a la perfección. Querían divertirse y juntos lo conseguían. Sin reproches, sin presiones. Su relación era cordial en público y apasionada en la intimidad, una relación que beneficiaba a ambos. A pesar de la distancia que les separaba, que tampoco era tanta, se veían a menudo y cada vez que coincidían acababan pasando la noche juntos.

Tras regresar a la ciudad con Sarah, Jason la llevó directamente a casa de Matt. Le hubiera gustado pasar un rato a solas con ella, pero temía que si se lo proponía le pudiera malinterpretar y el día antes de la boda de Matt y Gisele no era el mejor momento para causar un conflicto, así que se resignó y al menos se contentó con disfrutar de ella a solas durante el corto tiempo del trayecto.

— ¡Qué alegría se va a llevar Gis cuando te vea! —Exclamó Elsa notablemente emocionada cuando recibió a Jason y Sarah.

—Alegría la que me voy a llevar yo, que me muero por abrazarla —le confesó Sarah—. Se me hace tan raro estar sin Gis que todavía no me acostumbro, pero me consuela saber que aquí la estáis cuidando muy bien.

—Gis es un encanto, las dos lo sois —afirmó Elsa lanzando una mirada demoledora a Jason.

—Yo no he dicho lo contrario —se defendió él alzando las manos en señal de inocencia.

A Elsa no se le pasaba una. Era obvio que entre aquellos dos había algo más que el coqueteo inicial de cuando se conocieron hacía seis meses antes y Elsa pudo comprobarlo con sus propios ojos. Ambos se buscaban con la mirada, la atracción entre ellos era palpable y se notaba que hacían un gran esfuerzo por contener sus ganas de dejarse llevar por ese deseo tan arrollador que sentían.

—Matt y Gisele están de camino, llegarán en diez minutos —les informó Elsa. Y, para darle unos minutos de intimidad, le dijo a Jason—: Acompaña a Sarah a la habitación de invitados y llevaos las maletas para que Gis no sospeche nada.

Jason le hizo un gesto de agradecimiento a Elsa sin que Sarah lo viera y, tras coger la maleta, agarró de la mano a Gisele y subieron las escaleras casi corriendo. Mientras Sarah se apresuraba en deshacer su maleta e instalarse en la habitación de invitados, Jason la observaba con una sonrisa en los labios, totalmente hechizado por ella. Pero Jason tenía una pregunta que hacerle y no quería esperar más para saber la respuesta:

— ¿Hasta cuándo te vas a quedar en la ciudad?

—El domingo regreso a la capital, Matt se va a llevar a Gis un par de días después de la boda, así que no tiene ningún sentido que yo me quede aquí si Gis no está —le respondió Sarah con naturalidad y añadió con tono burlón—: Tranquilo, no te va a dar tiempo a echarme de menos porque pasaré aquí la Navidad y el fin de año.

—Matt y Gis solo estarán fuera tres o cuatro días, no merece la pena que regreses a la capital, deberías quedarte.

—No voy a quedarme en casa de Matt si ellos no están aquí.

—Pues quédate en mi casa —le propuso Jason.

—No creo que sea una buena idea…

—No seas mal pensada, tendrías tu propia habitación y te prometo que no te molestaré, ¿qué me dices?

— ¿De verdad quieres meterme en tu casa? ¿En tu adorado templo?

—No sería la primera vez que duermes en mi casa pero sí la primera que no lo haces en mi cama, aunque tengo que reconocer que estaré encantado de dormir contigo si así lo deseas, muñeca —le respondió Jason con su tono de voz más seductor.

—Lo pensaré —le dijo Sarah zanjando el tema por el momento—. Será mejor que bajemos al salón, Matt y Gis deben estar a punto de llegar.

Jason se conformó con aquella respuesta, al menos no le había dicho que no. Decidió no insistir más en ese momento, pero estaba dispuesto a convencerla.

Matt y Gis entraron en casa y Sarah les sorprendió gritando eufórica:

— ¡Sorpresa!

— ¡Sarah! —Gisele abrazó a su amiga y ambas se emocionaron—. Creía que no llegarías hasta dentro de unas horas.

—Lo sé, pero quería darte una sorpresa —le dijo Sarah con ternura. Se volvió hacia a Matt y también le saludó dándole un abrazo—: Me alegro de verte, cuñado. Y de ver que cuidas tan bien de Gis.

Los cuatro se sentaron en los sofás del salón junto al calor de la chimenea y charlaron animadamente sobre la boda, el trabajo y la universidad. Matt se levantó para ir a la cocina a por algo de beber y Sarah se ofreció a ayudarle, dejando a Jason y Gisele a solas en el salón.

—Jason, me gustaría pedirte algo —comenzó a decir Gisele, captando la atención de Jason de inmediato—. Cómo sabes, mis padres murieron y, por lo tanto, no tengo a nadie que mañana me lleve al altar. Sarah y Kelly serán mis damas de honor y me gustaría que tú me llevaras al altar.

—Será un honor —le aseguró Jason—. Puede que todo esto empezara por una razón, pero me alegra haberte conocido, eres una buena persona y le haces mucho bien a Matt. Si te soy sincero, nunca le había visto tan a gusto con una mujer.

—A ti y a Sarah también os he visto muy a gusto, ¿hay algo que no sepa?

—Sarah tiene previsto regresar a la capital el domingo y le he pedido que se quede en mi casa mientras estáis fuera. Me ha dicho que lo pensará, pero me temo que tan solo ha querido cambiar de tema.

—Hablaré con ella, pero no te prometo nada —le dijo Gisele con una sonrisa cómplice.

Matt y Sarah regresaron al salón con refrescos para todos, uniéndose a Gisele y Jason, y pasaron la tarde charlando animadamente. A última hora de la tarde, Matt y Jason se despidieron de las chicas para ir a cenar a casa de Leonor, donde pasarían la noche, mientras que las dos amigas disfrutaban de unas horas antes de dormir para ponerse al día sobre los últimos acontecimientos.

— ¿Nos vemos mañana en el altar? —Le preguntó Matt visiblemente nervioso, temía que Gisele se echara atrás y cancelara la boda en el último momento. A esas alturas, le importaba poco la herencia de su abuelo, tan solo quería seguir teniéndola a su lado unos meses más.

—Estaría loca si te dijera que no —le contestó ella en un susurro antes de besarle—. Echaré de menos dormir sin ti en una cama tan grande.

—Si me dices eso, me quedo aquí.

—De eso nada —intervino Sarah interrumpiéndoles—, Matt se va a casa de su madre y mañana no os preocupéis porque pasaréis el día juntos.

—Te llamaré esta noche, preciosa —le aseguró Matt a Gisele, besándola una vez más antes de marcharse.

Sarah esperó a que los chicos se hubieran marchado para preguntarle a Gisele:

—Bueno, ¿qué tal está la novia el día antes de la boda?

—La novia está confundida, su dama de honor le oculta sus amoríos con el padrino de su boda y sospecha que está coladita por él —le respondió Gisele siguiéndole el juego.

—Eres una bruja, pero tienes razón —le confesó—. Jason me gusta y me encanta aprovechar cada pequeña ocasión para estar con él, lo cual me resulta extraño y me asusta. Él vive aquí y yo en la capital, así que al principio pensé que no pasaría nada si nos veíamos de vez en cuando, no pillaría por alguien a quien veo una vez al mes.

—Pero te has pillado.

—Un poquito. Me ha pedido que me quede en sus días mientras tú y Matt estáis en vuestra pre-luna de miel.

—Me parece una buena idea, no estarás sola y seguro que Jason sabe cómo entretenerte y hacer que te diviertas.

—No puedo arriesgarme a pasar tanto tiempo con él, es demasiado perfecto para no enamorarme de él.

—Quién no arriesga, no gana —le recordó Gisele.

—Acabaría haciéndome daño, es mejor no enamorarse, a menos que seas tú y encuentres a alguien como Matt —bromeó Sarah.

Gisele sonrió, pero fue una sonrisa a medias. Sí, estaba a punto de casarse con Matt, el hombre del que se estaba enamorando irremediablemente, pero no podía decirle a su amiga que aquella relación no era más que una farsa de la que había aceptado formar parte a cambio de una generosa cantidad de dinero. Sin embargo, prefirió decirle lo que sí sentía de verdad:

—He tenido mucha suerte de conocer a Matt, es un hombre encantador, cariñoso, apasionado y todo un caballero.

—Me alegra tanto tan feliz —le confesó Sarah emocionada—. Puede que haya alguien que piense que os habéis precipitado, yo misma lo pensé cuando me dijiste que te habías prometido con Matt, pero os veo juntos y sé que seréis una de esas parejas que duran toda la vida.

Gisele se emocionó ante las palabras de su amiga y derramó algunas lágrimas que apresuró en limpiar.

Pasaron gran parte de la noche hablando de sus vidas, de sus sentimientos y de sus metas para el futuro hasta que, bien entrada la madrugada, ambas se quedaron dormidas en el sofá del salón.

Hasta que el contrato nos separe 32.

Matt estaba furioso tras ver el vídeo de seguridad donde Pamela intentaba golpear a Gisele, había tratado de ocultar su enfado frente a su futura mujer, pero necesitaba salir de la casa o estallaría. Tampoco podía creerse que Gisele no le hubiera dicho nada, ¿tan poco confiaba en él? ¿Tan poco creía que le importaba? Golpeó con fuerza el volante al imaginarse cuál era la respuesta. Llamó a Jason por teléfono y, tras contarle todo lo que había ocurrido con Pamela, le dijo:

—Ponte en contacto con ella en calidad de abogado y adviértele que, si vuelve a acercarse a Gisele, la demandaremos.

—No te preocupes, le haré llegar un aviso formal en persona mañana a primera hora.

—Mañana no. Ahora —le ordenó Matt—. Estoy conduciendo de camino a la agencia, quiero hablar con Ben para que tenga vigilada a Pamela. Todavía no me puedo creer que haya sido capaz de ser tan ruin.

—Pamela es una bruja, si a eso le sumas que está despechada…

—Entrégale la advertencia —le interrumpió Matt antes de colgar.

En cuanto llegó a la agencia, Matt se dirigió al centro de operaciones en busca de Ben. Pese a que esperaba recibir alguna burla por su parte, lo cierto es que Ben se mostró preocupado desde un primer momento y no bromeó sobre el tema.

—No te preocupes, me aseguraré de que esa bruja no vuelva a acercarse a Gisele —le aseguró Ben. Matt se lo agradeció con una sonrisa forzada y Ben añadió—: Y tampoco te enfades con Gis, si no te lo ha contado es porque no quería preocuparte.

— ¿Tú sabías algo de esto?

—No, Gis no me ha contado nada —reconoció Ben—. Pero Gis nunca ha querido preocuparte, ni siquiera con lo de su ex. Solo intenta protegerte igual que tú haces con ella, en eso consiste el amor, ¿no?

El intento de Ben para que Matt sonriera fue todo un éxito. El amor. El amor mutuo. Un tema tabú del que ambos se negaban a hablar pero no tenían ningún reparo en demostrarlo.

—Vete a casa con Gis, te habías tomado la tarde libre para estar con ella y, en lugar de aprovecharlo, vienes aquí —le reprochó Ben bromeando—. Todavía está a tiempo de arrepentirse, no la dejes escapar.

Matt abrazó a su amigo Ben, se despidió de él y salió de la agencia conduciendo su coche de regreso a casa.

Había pasado poco más de una hora desde que Matt se había marchado y Gisele seguía en la cocina, echándole una mano a Elsa para preparar la cena y desahogándose con ella. Matt entró en casa sin hacer ruido, se asomó por la puerta de la cocina y vio a Gisele de espaldas, revolviendo entre los armarios en busca de alguna cosa. Le hizo una señal a Elsa para que no le delatara y se acercó a Gisele despacio, se colocó detrás de ella y rodeó su cintura con sus brazos.

—Te he echado de menos, preciosa —le susurró al oído.

—Y yo a ti —le respondió Gisele ladeando la cabeza para poder besarle.

— ¿Te apetece cenar conmigo en el salón mientras vemos una película? —Le propuso Matt con su tono de voz más seductor.

—Me parece un plan perfecto.

Y así lo hicieron. Cenaron en el sofá y después disfrutaron de una romántica película acurrucados el uno junto al otro.

— ¿Nos vamos a la cama? —Le preguntó Gisele juguetona cuando terminó la película.

—Por supuesto, cariño —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla al dormitorio. La dejó de pie junto a la cama y le dijo divertido—: Creo que has dicho que me habías comprado un regalo de boda y, aunque estoy molesto conmigo mismo porque no sabía que debíamos hacernos un regalo, estoy deseando saber que es.

Gisele sonrió divertida y se encaminó hacia el armario del vestidor donde había escondido el reloj que le había comprado a Matt. Cogió la caja envuelta que contenía el reloj y, con el rubor en las mejillas, se lo entregó a Matt. Él lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja, embelesado por la ternura de Gisele. Como si fuera un niño pequeño, abrió la caja emocionado y se quedó paralizado cuando vio el lujoso reloj. Hizo un rápido cálculo mental y supo que aquel regalo le había debido de costar el mismo dinero que había recibido como beneficio del contrato.

— ¿Por qué me has comprado esto, Gisele?

El gesto serio de Matt hizo que Gisele lo malinterpretara, imaginó que no le había gustado el reloj y así se lo hizo saber:

—No te ha gustado.

—El reloj es precioso, Gisele. Pero yo no lo necesito y me duele que te hayas gastado tanto dinero en algo así.

—Pues lamento comunicarte que no lo puedo devolver, está grabado en el reverso.

Matt miró el reverso y sonrió al ver las iniciales de ambos y la fecha de la boda. Se colocó el reloj en la muñeca y estrechó a Gisele entre sus brazos.

—Es un regalo maravilloso, casi tanto como tú —le susurró Matt al oído antes de besarla.

Ambos se fundieron en aquel beso y, como tantas otras noches, se dejaron llevar por la pasión, pero esta vez, también se dejaron llevar por el amor que ambos sentían aunque todavía no estuvieran dispuestos a reconocerlo en voz alta.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, estaba sola en la cama. Se incorporó desperezándose y vio una nota en la mesita de noche: “Buenos días, preciosa. Estaré en el despacho cuando leas esto, ven a buscarme cuando te levantes y desayunamos juntos. M.” Gisele se levantó de buen humor y se dirigió al baño para darse una rápida ducha antes de ir en busca de Matt.

Matt se había levantado temprano, le había escrito una nota y se había encerrado en su despacho para encargarse de un par de asuntos que había dejado pendiente: Pamela y el reloj que Gisele le había regalado. El tema del reloj fue fácil de resolver, tan solo tuvo que buscar su precio en internet y transferir el mismo importe a la cuenta de Gisele. Sin embargo, lo de Pamela se le hizo cuesta arriba. Pensó en hacerle una visita para dejarle las cosas claras, pero sabía que Pamela era capaz de utilizar aquella visita en contra de Gisele y no quería más problemas, así que decidió llamar a Jason para que le pusiera al corriente de la situación.

—Esperaba tu llamada —le dijo Jason nada más descolgar.

— ¿Has hablado con Pamela?

—Sí, y lo niega todo. Nada que no pudiéramos imaginar —comentó Jason—. No creo que sea tan estúpida de seguir increpando a Gisele, pero Ben la tiene vigilada por si acaso.

—Hemos duplicado la seguridad para mañana, no quiero que nada ni nadie nos estropee la boda.

— ¿Qué tal está Gis?

—No estoy seguro —le confesó Matt—. Está demasiado entera para toda la presión que está teniendo. Su ex novio es un criminal del que no sabía nada, Pamela la acosa y no me dice nada, ¿tú lo entiendes?

— ¿Qué tal están las cosas entre vosotros?

—Genial, por eso no entiendo por qué me ha ocultado lo de Pamela, cualquier otra persona lo hubiera gritado furiosa a los cuatro vientos, pero ella decidió callarse porque no quería darme más preocupaciones.

—A eso se le llama amor, ¿no crees?

—Me preocupa que todo esto la sobrepase.

—Tu labor como marido es demostrarle que no está sola, que tú estás allí para apoyarla, así que olvídate de la agencia y cuida de ella —le aconsejó Jason—. Tengo que dejarte, estoy a punto de subir al avión para ir a buscar a Sarah.

—Últimamente pasas mucho tiempo en ese avión, ¿hay algo que quieras contarme?

—De momento, prefiero guardármelo para mí —le respondió divertido y añadió antes de colgar—: Estaremos allí a primera hora de la tarde.

Mientras tanto, Gisele se había dado una ducha y se había vestido para bajar a desayunar con Matt. Estaba de buen humor porque en pocas horas vería a Sarah y la podría abrazar. Echaba de menos a su amiga, aunque tampoco podía desahogarse con ella debido al contrato de confidencialidad que había firmado con Matt. Al coger su teléfono móvil antes de salir, vio que había recibido una notificación del banco informando de una nueva transferencia de saldo recibida y maldijo entre dientes cuando vio el importe.  Bajó las escaleras y entró en el despacho de Matt mostrándole la pantalla de su móvil donde aparecía la notificación de la transferencia bancaria y le espetó:

— ¿Me puedes explicar qué significa esto?

Matt, que en ese momento no tenía ni idea de a qué se refería Gisele, le respondió:

— ¿Qué es eso?

— ¿Por qué me has hecho el ingreso de ese dinero, Matt? —Insistió Gisele acercándose para mostrarle la notificación.

—Es obvio que lo he hecho porque he querido y, si te soy sincero, preferiría no hablar más del tema porque al final acabaremos discutiendo. Además, te recuerdo que acordamos que yo me encargaría de todos los gastos que conllevara nuestra relación.

—Tan solo pretendía tener un detalle contigo pero, si tan mal te sienta, no lo repetiré.

Gisele hizo amago de marcharse, pero Matt la agarró del brazo para detenerla y, juntando su frente con la de ella, le susurró con dulzura:

—Me encanta que hayas tenido ese detalle, pero no quiero que te gastes tu dinero en mí, no compras nada para ti, no te das ningún capricho.

—No estoy acostumbrada a darme caprichos y tú me consientes todos los días, tan solo quería agradecértelo.

—No tienes que agradecerme nada, ¿podemos dejar ya este tema? —Matt la estrechó entre sus brazos y le dio un leve beso en los labios—. ¿Qué te parece si mejor hablamos de una pequeña escapada después de la boda, solos tú y yo? ¿Te gustaría pasar un par de días solo conmigo y sin que nadie nos interrumpa?

—Mm… Estaría loca si te dijera que no.

Hasta que el contrato nos separe 31.

Gisele se dirigió al dormitorio, guardó el regalo de Matt en el armario y se metió bajo la ducha para que el agua ocultara sus lágrimas. Se sentía estúpida por dejar que las palabras de Pamela la afectaran de aquella manera. Al fin y al cabo, era consciente de que su relación con Matt se basaba en un contrato que tenía fecha de caducidad.

Esa misma tarde, Matt decidió salir antes de la agencia y regresó temprano a casa para poder estar un rato con Gisele. Se encontró a Elsa en la cocina y, tras saludarle, le preguntó:

— ¿Dónde está Gisele?

—Acaba de llegar, ha subido a ducharse —le respondió Elsa con un tono y una mirada acusadora que Matt captó a la primera.

— ¿Se supone que he hecho algo mal?

—No sé qué habrá pasado pero, aunque ha intentado disimular, era evidente que había estado llorando cuando ha llegado a casa.

—Voy a hablar con ella —decidió Matt preocupado. Elsa le miró esperando una explicación pero él, que no tenía ninguna, le aseguró—: No sé qué ha pasado, pero no tiene nada que ver conmigo.

Matt no dio más explicaciones, salió de la cocina y se dirigió al dormitorio en busca de Gisele, preocupado por lo que hubiera podido ocurrir. Tan solo esperaba que Erik Jerks no tuviera nada qué ver, no tenían constancia de que hubiera entrado en el país, pero tampoco se fiaba de él.

—Gisele, ¿dónde estás? —Preguntó al entrar en la habitación y no verla.

La puerta del baño se abrió y ella apareció haciendo un evidente esfuerzo por fingir su mejor sonrisa. Llevaba el albornoz puesto y tenía el pelo mojado, acababa de salir de la ducha.

—Estoy aquí.

— ¿Qué tal ha ido el día?

—Bien —mintió Gisele.

Matt supo que le estaba mintiendo pero, en lugar de presionarla, decidió besarla en los labios y estrecharla entre sus brazos. Pese a que ella no opuso resistencia alguna, Matt la sintió distante. Gisele hizo todo lo que pudo para ocultar que no estaba bien, pero Matt la conocía demasiado bien como para dejarse engañar.

— ¿Va todo bien?

—Eso mismo iba a preguntarte yo, ¿qué haces aquí tan pronto? —Cambió de tema Gisele.

—Me apetecía pasar la tarde contigo y he salido antes de la agencia —le respondió Matt sin dejar de abrazarla—. Mi madre sigue empeñada en que debemos dormir separados la noche antes de la boda, así que esta será nuestra última noche juntos como solteros. A menos que quieras que me quede aquí.

—Solo es una noche, puedes darle el gusto a tu madre.

— ¿No vas a echarme de menos?

—Mucho, pero sobreviviré —bromeó Gisele.

—Elsa me ha dicho que has salido esta tarde, ¿a dónde has ido?

—He ido a dar un paseo por el centro de la ciudad, me he tomado un café y he regresado a casa poco antes que tú —le respondió sin contarle toda la verdad.

—Ve a secarte el pelo y vístete, te espero en el salón —le dijo antes de darle un beso y salir de la habitación.

Matt se dirigió a su despacho con una idea en mente: descubrir a dónde había ido Gisele. El coche tenía un localizador por GPS y la ciudad estaba llena de cámaras de seguridad a las que él tenía acceso, solo tenía que seguirla. Vio a Gisele entrar en la joyería y salir pocos minutos más tarde; la vio caminar unos pocos metros y entonces la pantalla del ordenador le mostró el encuentro entre Gisele y Pamela. Las cámaras no grababan el audio, pero a Matt no le hizo falta escuchar lo que decían para saber que no era nada bueno. Pamela había asaltado a Gisele en plena calle y Gisele había sabido defenderse, lo cual le hizo sonreír pese a lo molesto que estaba con ella porque no le había mencionado lo ocurrido. Además, era obvio que ya se conocían y se temió que, además de ese encuentro, hubieran intercambiado palabras antes.

Salió del despacho con paso firme y se topó con Gisele en el vestíbulo. Y, aunque no lo pretendía, su tono de voz fue más brusco de lo habitual cuando le dijo:

—Pasa un momento a mi despacho, tenemos que hablar.

Gisele no vaticinó nada bueno tras aquellas palabras, pero asintió con un leve gesto de cabeza y entró en el despacho. Matt le señaló uno de los sillones para que se sentara, él se sentó en el sillón de en frente y le preguntó sin andarse por las ramas:

— ¿Desde cuándo conoces a Pamela?

Se miraron a los ojos durante varios segundos y Gisele decidió contestarle con sinceridad, no tenía nada que ocultar:

—La conocí el día del aniversario de la agencia, coincidimos en el baño.

— ¿La has vuelto a ver desde entonces?

—Sí, la he visto esta tarde —le respondió Gisele desafiándole con la mirada. Era evidente que él ya sabía las respuestas y no entendía a qué estaba jugando—. ¿Quieres contarme a qué viene todo esto?

—Eso mismo iba a preguntarte yo.

Ambos se desafiaron con la mirada, pero finalmente Gisele decidió hablar y contarle todo lo que Matt quería saber:

—Durante la fiesta del aniversario de la agencia te vi hablar con ella y adiviné que debía ser alguna amiga tuya, sobre todo cuando hiciste todo lo posible por alejarla de mí. Ella también debió saber quién era yo, porque me siguió cuando fui al baño, se presentó con gran orgullo y confirmó mis sospechas.

— ¿Qué te dijo?

—No lo recuerdo bien, pero no fue muy amistosa —bromeó Gisele tratando de hacer sonreír a Matt pero sin conseguirlo—. Esta tarde decidí ir de compras al centro de la ciudad, quería comprarte un regalo de boda —añadió ruborizada.

—Y te encontraste de nuevo con ella —concluyó Matt—. ¿Por qué no me has dicho nada, Gisele? Ni me lo dijiste en el aniversario en la agencia ni me lo has dicho esta tarde.

El tono de Matt no fue de reproche, sino de decepción. Quería que Gisele confiara en él y se esforzaba para que así fuera, pero ella ni siquiera le contaba que Pamela la había estado molestando.

—Es una tontería y no quería molestarte —le confesó Gisele—. Desde que te conozco solo te he dado problemas, no quería sumar uno más por algo tan insignificante.

—Imagino que sabes que tengo cámaras por toda la agencia y pienso buscar la grabación del baño, ¿de verdad crees que lo que veré será insignificante?

—Deberías dejarlo estar, ya te he dicho que es una tontería —le advirtió Gisele.

Ella sabía que si Matt veía aquel vídeo dejaría de ser una tontería y probablemente montaría un drama, pero tampoco era para tanto. O al menos así lo creía Gisele en comparación con los problemas que les había dado su ex.

—Espérame en la cocina, en seguida estoy contigo y preparamos un aperitivo para ver una película —la invitó a salir de su despacho.

—Matt…

—Solo serán cinco minutos —sentenció antes de acompañarla a la puerta.

Gisele rodó los ojos, dio media vuelta y se dirigió a la cocina, donde se encontró a Elsa dedicándole su enorme y cariñosa sonrisa.

— ¿Va todo bien con Matt, cielo? —Le preguntó Elsa, sospechaba que algo no iba bien.

—Es testarudo y un mandón —bufó Gisele mientras sacaba un refresco de la nevera y le daba un trago.

Elsa sonrió con complicidad, dando por hecho que no era más que una pequeña riña de enamorados y siguió preparando la cena tras abrazar cariñosamente a Gisele. Cinco minutos más tarde, la voz de Matt tronó desde el pasillo:

— ¡Gisele!

—Si es que no se puede ser más terco —murmuró Gisele rodando los ojos.

— ¿Algo insignificante? ¿Una tontería? ¡Intentó agredirte! —Vociferó Matt al entrar en la cocina y ver a Gisele.

—Te advertí que no vieras el vídeo, solo has conseguido ponerte de mal humor —le reprochó Gisele.

—Tengo que ir a la agencia, regresaré en un par de horas.

—Acabas de llegar, íbamos a pasar la tarde juntos —protestó Gisele desilusionada.

—Solo un par de horas y ya no me separaré de ti hasta mañana por la noche —le aseguró Matt estrechándola entre sus brazos y dándole un leve beso en los labios—. Y, cuando vuelva, nos pondremos de acuerdo para determinar qué es una tontería insignificante.

— ¿De verdad consideras necesario tener que ir a la agencia ahora?

—Sí —afirmó con rotundez.

Gisele rodó los ojos de nuevo, en ocasiones era inútil discutir con Matt. Él le dio un último beso antes de marcharse y Gisele se quedó en la cocina con Elsa, mirando con resignación hacia a la puerta por donde Matt se había ido.