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Hasta que el contrato nos separe 44.

Antes de marcharse de la Agencia, uno de los enfermeros le dio a Matt un informe con todas las indicaciones para realizar las curas de las heridas a Gisele y también con la medicación y los complementos vitamínicos que debía tomar. Agarró a Gisele por la cintura para sostenerla mientras caminaban hacia el coche para regresar a casa. Matt había pedido que recuperaran el equipaje que Gisele llevaba cuando sufrió el accidente y lo guardó en el maletero de su coche. Tenía la intención de escaparse con Gisele unos días a la playa, tal y como ella había planeado, pero la sensatez le hizo aplazar aquel viaje. Había llamado a Sarah y le había pedido que pasara el fin de semana con Gisele, ya que supuso que, dada la tensión que había entre ellos, no quería que se sintiera sola. Además, Gisele necesitaba descansar y guardar reposo, no podía someterla a un viaje en coche de dos horas en su estado.

— ¿Estás bien así? —Le preguntó Matt tras ayudarla a sentarse en el coche y abrocharle el cinturón de seguridad. Ella asintió con un leve gesto de cabeza y Matt añadió—: Conduciré despacio, avísame si te mareas.

Gisele asintió de nuevo, pero no dijo nada. Ella no necesitaba descansar, tan solo necesitaba que la abrazase y le dijera que toda iba a ir bien.

Llegaron a casa y Matt le pidió a Elsa que ayudara a Gisele a darse un baño mientras él hacía un par de llamadas. Leonor y Kelly se habían enterado de lo ocurrido y querían visitar a Gisele, pero Matt las convenció para que les visitaran al día siguiente. Llamó a Jason para decirle que se dirigieran a su casa en cuanto llegaran y también llamó a Ben, quien le confirmó que Pamela ya había sido detenida. Era cuestión de horas que averiguaran quién la había ayudado a llevar a cabo su maléfico plan. Cuando terminó de hablar por teléfono con Ben, subió a la habitación justo en el momento en el que Gisele salía del baño con la ayuda de Elsa.

—Estaba a punto de ir a buscarte, tenemos que curarle las heridas de nuevo —le dijo Elsa visiblemente preocupada.

—Yo me encargo, Elsa. Por favor, prepara la habitación de invitados para Sarah.

A Elsa no le pasó por alto la tensión que había en el ambiente y les dejó a solas, aquellos dos tenían mucho de lo que hablar. Matt se acercó a Gisele despacio mientras ella se deshacía del albornoz, quedándose completamente desnuda frente a él. En otro situación, Matt no hubiera resistido la tentación de abrazarla y besarla, pero las magulladuras y moratones en el cuerpo de Gisele le hicieron estremecerse. Se concentró en leer las instrucciones que el doctor había redactado para curar las heridas de Gisele y preparó la medicación que le habían pautado mientras ella se vestía. Cuando se acercó a ella dispuesto a curar y secar la herida de su frente y otras raspaduras que tenía por todo el cuerpo, Gisele le dijo tajante:

—Puedo hacerlo yo.

—Como quieras —gruñó Matt de mal humor.

Matt no estaba acostumbrado a que le ocultaran información, ni a que le replicaran, mucho menos a que le desobedecieran, pero estaba haciendo un gran esfuerzo por controlar la frustración que sentía. Estaba enfadado con Gisele, pero también aliviado de que ella estuviera bien, o todo lo bien que se podía estar después de sufrir semejante accidente. Había tenido mucha suerte y el simple hecho de pensar que le podía haber sucedido algo mucho peor hacía que la ira invadiera su cuerpo. Quería gritarle casi tanto como abrazarla y besarla, pero Gisele se mostraba distante y desafiante, no se lo pondría fácil y no la culpaba, se había comportado con ella como un idiota. La observó en silencio mientras ella curaba sus heridas y, cuando terminó, le tendió las pastillas para que se las tomara al mismo tiempo que le decía:

—Es un antibiótico, un antinflamatorio, un analgésico y el complemento vitamínico, tómate todas las pastillas.

—Sí, Capitán —bufó Gisele, frustrada por la frialdad de Matt.

Una vez más, Matt se mordió la lengua para no caer en las provocaciones de Gisele y evitar una nueva discusión. Tenía una conversación pendiente con ella y le debía una disculpa, pero estaba demasiado molesto para hacerlo en aquel momento. Gisele se tomó las pastillas, se puso una fina bata de seda para tapar su diminuto pijama por si recibía alguna visita y se tumbó sobre la cama.

—Intenta dormir un poco, te avisaré cuando llegue Sarah.

Gisele pensó que Matt se marcharía a su despacho, pero se quedó en la habitación con ella. Se sentó en el sofá y se dedicó a observarla mientras jugueteaba con su teléfono móvil en las manos. Gisele cerró los ojos, le dolía demasiado ver a Matt tan frío y distante con ella.

Media horas más tarde, Elsa anunció la llegada de Sarah y Jason. Ambos subieron a la habitación y Gisele sonrió por primera vez desde el accidente al ver a Sarah. Las dos amigas se abrazaron, se echaban de menos y, después de lo sucedido, Sarah estaba muy preocupada por Gisele. Matt le había contado por teléfono lo que había ocurrido con Gisele y, mientras volaban de regreso a la ciudad, Jason le contó que la pareja estaba enfadada. Consciente de que ambas necesitaban intimidad, Matt y Jason las dejaron a solas y se retiraron al despacho.

—Un pajarito me ha dicho que Matt y tú estáis enfadados, ¿quieres hablar de ello? —Le preguntó Sarah con dulzura.

Gisele le contó todo lo que había pasado, incluida la reacción de Matt después del accidente, aunque omitió la parte en la que le reprochó que había incumplido el contrato. Sarah entendía que Matt estuviera molesto porque su esposa le hubiera ocultado semejante información que la había puesto en peligro, pero ver a su amiga llorar y sentirse tan sola le rompió el corazón en mil pedazos. Los chicos regresaron junto a las chicas después de comprobar cómo iba la investigación y Sarah, con fingida inocencia, le dijo a Matt:

—Gis está un poco agobiada, creo que le vendría bien cambiar de aires y yo tengo unos días libres, puede quedarse conmigo en la Capital.

Matt clavó la mirada en Gisele y no le costó adivinar que tenía los ojos rojos e hinchados de haber estado llorando. Se odiaba por ello, sabía que él era el único causante de sus lágrimas, pero descubrir que Gisele pretendía marcharse con Sarah a la Capital sin siquiera hablar antes con él le decepcionó.

—No puedo ir, el doctor me ha dicho que he de guardar reposo unos días —se oyó decir Gisele al darse cuenta de lo que pretendía su amiga.

Matt respiró aliviado, tenía argumentos de sobra para que Gisele se quedara en casa con él, pero dudaba que ella quisiera escucharlos.

—En un par de días ya estará mucho mejor y el viaje a la capital es corto, sobre todo si vamos en avión —insistió Sarah y, al ver que nadie decía nada, añadió—: Gis necesita que la mimen en este momento y no hay nadie mejor que yo para hacerlo.

—Matt ya tiene planes con Gisele —intervino Jason.

— ¿Podéis dejarme un momento a solas con Gisele? —Musitó Matt con cara de pocos amigos.

Sarah miró a Gisele esperando su aprobación y, solo cuando Gisele asintió, Sarah decidió dejarles a solas y salió de la habitación seguida de Jason. Matt se acercó a Gisele y se sentó en la cama junto a ella. Le sostuvo la mirada durante unos segundos pero sin desafiarla, tan solo tratando de hacer tiempo para encontrar las palabras adecuadas que ella no pudiera malinterpretar.

— ¿Cómo te encuentras? —Le preguntó finalmente, suavizando su tono de voz y enterrando el hacha de guerra.

—Estoy bien.

—No, no estás bien —la corrigió—. Sé que has estado llorando y quieres marcharte con Sarah a la Capital.

—Sarah me conoce mejor que nadie, sabe que no estoy bien y tampoco le ha costado adivinar que estás enfadado conmigo.

—Estoy enfadado contigo porque tenías sospechas de que podías estar en peligro y no me dijiste nada, sin embargo no te faltó tiempo para decírselo a Ben. Pero eso no justifica mi actitud contigo, te debo una disculpa.

—Si no te dije nada no fue porque no confíe en ti, sino porque no quería preocuparte. Pensé que quizás era una paranoia mía y me sentía ridícula haciéndote perder el tiempo —se justificó Gisele.

—Soy tu marido, es a mí a quién tienes que hacer perder el tiempo contándole tus cosas, no pedírselo a uno de mis agentes —le espetó Matt dolido—. Solo de pensar en lo que te podría haber pasado yo…

—Estoy bien, Matt. Pero no te mentiré y te diré que podría estar mejor.

—Quiero que te quedes conmigo, Gisele. Tenías planes para este fin de semana y, aunque no haya salido tal y cómo habías previsto, me encantaría pasar unos días contigo en la casa de la playa. Aunque, si prefieres irte unos días con Sarah a la Capital, lo comprenderé.

— ¿Quieres que me quede contigo para seguir frío y distante conmigo?

—Quiero que te quedes conmigo para cuidarte y mimarte como debí haberlo hecho en cuanto recobraste la conciencia —la corrigió Matt—. Si lo prefieres, podemos pedirles a Sarah y Jason que vengan con nosotros a la casa de la playa. Pero prométeme que si vuelves a tener la más mínima sospecha de que sucede algo poco habitual a tu alrededor me lo dirás, aunque pienses que sea una tontería.

—Te lo prometo —le dijo ella con un hilo de voz.

—Y yo te prometo que vas a estar a salvo, no permitiré que nada malo te ocurra —le susurró Matt al oído. Le dio un leve y casto beso en los labios y, con una amplia sonrisa en los labios, añadió—: Entonces, ¿te apetece pasar unos días conmigo en la playa?

—Estaría loca si te dijera que no.

Matt la estrechó entre sus brazos y Gisele rio divertida, soltando toda la tensión que había acumulado durante las últimas horas.

—Necesitaba sentirte entre mis brazos, cariño —le confesó mientras la acunaba.

—Yo también lo he echado de menos.

Permanecieron abrazados sobre la cama durante varios minutos, hasta que Gisele recordó que tenían visita y que probablemente les estuvieran esperando:

—Creo que deberíamos ocuparnos de los invitados.

—Elsa se ocupará de ellos, necesitas descansar y no pienso separarme de ti.

Casi una hora más tarde, Jason y Sarah llamaron a la puerta del dormitorio, preocupados porque ninguno de los dos hubiera salido todavía.

— ¿Va todo bien ahí dentro? —Les preguntó Jason pegando la oreja en la puerta para escuchar mejor—. Será mejor que os adecentéis, voy a abrir la puerta en cinco segundos.

—No pienso despegarme de tu lado —le advirtió Matt a Gisele en un susurro antes de que Sarah y Jason entraran en el dormitorio.

—La parejita de enamorados ya se ha reconciliado —constató Sarah al verlos tan acaramelados.

—Estupendo porque Elsa ya ha preparado la cena y estoy hambriento.

—Cariño, ¿quieres bajar a cenar o prefieres que te suba la cena al dormitorio? —Le preguntó Matt a Gisele.

—Me alegra saber que seguís tan empalagosos como siempre, pero la cena se enfría.

—Bajo a cenar con vosotros —decidió Gisele.

—Como quieras, pero después de cenar regresas a la cama. El doctor ha sido muy claro al decir que debes guardar reposo —le recordó Matt.

Gisele rodó los ojos, pero Matt frunció el ceño y ella le plantó un beso en los morros para hacerle sonreír. Los cuatro bajaron a cenar al comedor y Gisele insistió en que Elsa se uniera a ellos. Charlaron animadamente durante la cena y Matt estuvo pendiente de Gisele en todo momento, mostrándose mucho más cariñoso de lo habitual. Terminaron de cenar y se quedaron charlando un rato más hasta que Sarah vio a Gisele bostezar y le dijo a Matt:

—Lleva a Gis a la cama, está agotada y necesita descansar.

—Odio que habléis de mí como si yo no estuviera delante —protestó Gisele.

—Cariño, ¿nos vamos a la cama? —Le preguntó Matt en un susurro.

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió Gisele al oído con tono sugerente.

Con una amplia sonrisa en los labios, Matt cogió en brazos a Gisele, se despidió de sus amigos, la llevó al dormitorio y se metió con ella en la cama, donde durmieron abrazados toda la noche.

Hasta que el contrato nos separe 43.

Matt entró en la habitación y sintió una punzada en el pecho al ver a Gisele tan vulnerable en aquella cama. Se acercó a ella despacio y se sentó en el sillón de al lado, sin poder dejar de observarla. Pese a que estaba furioso con ella y consigo mismo, no pudo evitar sentir ternura al mirar a Gisele y, por primera vez, reconoció que estaba enamorado de ella.

Debido a los calmantes que el doctor le había dado, Gisele no recobró el conocimiento hasta un par de horas más tarde. En cuanto ella abrió los ojos, Matt se acercó y le dijo tratando de que su tono de voz sonara apacible:

—No te preocupes, estás en la Agencia. El doctor ha tenido que darte un par de puntos en la frente y tienes algunas contusiones, pero dice que te pondrás bien guardando reposo durante unos días.

Pese al esfuerzo de Matt por simular que todo iba bien, Gisele se dio cuenta de que Matt utilizaba un tono distante con ella y adivinó lo que ocurría:

—Estás enfadado.

— ¿Por qué debería de estarlo? —Le replicó él con ironía—. Sabías que te estaban siguiendo y me lo ocultaste, no confiaste en mí pero sí en Ben.

—Matt…

—Te recuerdo que has firmado un contrato en el que se especifica que yo personalmente me ocuparé de tu seguridad —le reprochó Matt sin poder controlarse—. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

—Significa que existe un incumplimiento de contrato y puedes rescindirlo sin pagarme un céntimo, además de recibir una generosa indemnización por ello.

— ¿Te parece divertido? —Le espetó Matt.

—Han intentado matarme, ¿de verdad crees que me parece divertido?

Gisele desafió a Matt con la mirada y él sintió el dolor y la decepción en sus ojos. Gisele se incorporó en la cama para ponerse en pie pero Matt se lo impidió:

—No puedes levantarte, Gisele. Estás herida.

— ¿Ahora vas a preocuparte por mi estado?

Aquellas palabras fueron como cuchillos para Matt, más de lo que podía soportar. Dio media vuelta y, antes de salir de la habitación, le dijo casi en un susurro:

—Voy a buscar al doctor para decirle que ya te has despertado.

Gisele entendía que a Matt le molestase que le hubiera ocultado algo como aquello, pero no podía comprender que ni siquiera le hubiera preguntado cómo se encontraba. En ese momento lo que Gisele necesitaba era que Matt la abrazase, la mimase y le asegurara que aquello no volvería a pasar, pero solo se encontró con su rechazo y su enfado por haber incumplido el contrato.

Dos minutos después, Matt regresó a la habitación acompañado por el doctor y Gisele se apresuró en limpiarse las lágrimas para disimular su dolor emocional, pero Matt la conocía demasiado bien como para poder ocultárselo.

— ¿Cómo te encuentras, Gis? —Le preguntó el doctor mientras comprobaba sus constantes vitales.

—He tenido días mejores —musitó ella.

—Hemos tenido que darte unos puntos en la frente y tienes varias contusiones en el cuerpo debido a los golpes, pero estarás como nueva guardando reposo durante unos días —le aseguró el doctor. Gisele se esforzó en devolverle la sonrisa al doctor, pero tan solo le salió una extraña mueca—. Volveré en un par de horas para ver cómo sigues. Hasta entonces, tendrás que quedarte aquí.

Gisele asintió, importaba poco lo que ella pudiera decir al respecto porque sabía que nadie la dejaría salir de allí hasta que el doctor así lo indicara. El doctor se excusó para seguir con su trabajo y Jason aprovechó la ocasión para entrar en la habitación.

— ¿Qué tal estás, Gis? —Le preguntó preocupado.

—Estoy bien —respondió ella con un hilo de voz, aguantando las lágrimas.

Jason fulminó con la mirada a Matt, no podía creerse que estuviera siendo tan fría y distante con Gisele por una estupidez y en un momento como aquel.

—Ya que estás aquí, quédate haciéndole compañía a Gisele mientras yo me ocupo de algunos asuntos —bufó Matt antes de marcharse.

Con Matt fuera de la habitación, la tensión desapareció y Gisele quiso saber qué estaba ocurriendo:

— ¿Habéis localizado los todoterreno?

—Todavía no, pero Ben les está siguiendo la pista. ¿Hay algo que vieras que pueda servirnos de algo?

—Pude reconocer a uno de los ocupantes de los asientos traseros de uno de los todoterrenos que me embistió.

— ¿A quién viste?

—A Pamela —le respondió Gisele aliviada de haberlo soltado por fin.

— ¿Se lo has dicho a Matt? —Gisele negó con la cabeza y Jason, exasperado, le espetó—: ¿Por qué no se lo has dicho?

—Tenía miedo de su reacción, no sé si te has dado cuenta, pero está furioso conmigo.

—Está furioso con todo el mundo aunque solo tú y Ben tengáis la culpa —le reprochó Jason y añadió para rebajar la tensión—: ¿Cómo se os ocurre ocultarle algo así sabiendo que es un obseso de la seguridad? Además, has firmado un contrato en el que delegas la responsabilidad de tu seguridad a Matt.

—Matt ya se ha encargado de decirme que he incumplido el contrato, no necesito que tú también me lo repitas.

— ¿Eso te ha dicho? —Preguntó Jason sorprendido. Gisele asintió y Jason, consciente de cómo se sentía ella, le confesó—: Matt no habla conmigo del contrato, es como si fuera un tema tabú, como si no existiera.

—Conmigo tampoco habla de ello pero, si te soy sincera, lo prefiero así.

—Tienes que decirle a Matt lo que sabes, Gis.

— ¿No puedes decírselo tú?

—Gis, tienes que hablar con él —sentenció Jason sin opción a réplica.

Gisele resopló, no le apetecía enfrentarse de nuevo a Matt, no soportaba sentirle tan frío y distante con ella. Pero Jason tenía razón, tarde o temprano tendría que hablar con él y cuanto antes lo hiciera, antes terminaría con aquella agonía emocional.

Justo en ese momento, Matt entró en la habitación. Cruzó su mirada con la de Gisele durante una milésima de segundo y acto seguido le dijo a Jason:

—Ve a buscar a Sarah a la capital, te estará esperando en el aeropuerto. No os entretengáis por el camino, os estaremos esperando.

—Gis, ya sabes lo que tienes que hacer —le dijo Jason con tono de advertencia. Se volvió hacia Matt y añadió antes de marcharse—: Cuida de Gis.

Jason salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí y dejando a Matt y Gisele a solas. Ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos hasta que Gisele, con un hilo de voz, le soltó de pronto:

—Pamela iba en uno de los todoterrenos.

— ¿Estás segura?

— ¡Por supuesto que estoy segura!

—Diste varias vueltas de campana, es posible que…

—Por favor, dile a Ben a que venga —bufó Gisele enfurruñada.

— ¿Prefieres hablar con él que conmigo?

—Coloqué un par de vuestras cámaras de espía en mi coche, dile a Ben que venga y podré enseñarte las pruebas que confirman lo que acabo de decirte.

A Gisele no le sentó nada bien que Matt dudara de su palabra, la acusaba de no confiar en él y ahora era Matt quién desconfiaba de ella. A regañadientes, Matt llamó por teléfono a Ben y le pidió que fuera a la habitación de hospitalización con un ordenador portátil. Ben obedeció sin hacer preguntas y, unos minutos después, llamaba a la puerta de la habitación.

—Gis, ¿cómo estás? —Fue lo primero que preguntó Ben. Se acercó a ella y, dedicándole una tierna sonrisa, añadió—: Nos has dado un buen susto.

—Estoy bien, cómo tú has dicho, solo ha sido un susto.

—Gisele dice que colocó un par de cámaras en su coche, accede a ellas para ver las grabaciones —ordenó Matt interrumpiendo aquella amistosa conversación sin molestarse en ocultar su mal humor.

Gisele desafió a Matt con la mirada mientras Ben se concentraba en localizar la grabación del momento exacto del accidente.

— ¡Aquí está! —Anunció emocionado.

Matt se acercó para ver bien la pantalla del ordenador portátil y Ben reprodujo el vídeo. Gisele prefirió no verlo, ya había tenido bastante con haberlo vivido en primera persona. En el video se podía ver a los dos todoterrenos siguiendo el coche de Gisele y embistiéndolo hasta provocar que saliera de la carretera y diera varias vueltas de campana. A Matt se le pusieron los pelos de punta al darse cuenta que Gisele podría haber muerto en aquel accidente.

—Si me decís qué estoy buscando, quizás tarde menos en encontrarlo —les dijo Ben.

—Vi a Pamela en uno de los todoterrenos —le respondió Gisele—. Pasa el vídeo a cámara lenta mientras el coche está dando vueltas de campana, uno de los todoterrenos pasó justo por delante y fue cuando la vi. La cámara tenía el mismo ángulo de visión que yo.

Ben miró a Gisele durante una milésima de segundo, sorprendido por aquella nueva información, pero se abstuvo de hacer comentarios. Siguió las indicaciones de Gisele, buscó el momento exacto en el que el todoterreno pasaba por delante del vehículo de Gisele y capturó la imagen precisa, la amplió y confirmaron lo dicho por Gisele.

—Habla con el jefe de policía, tramita la denuncia y dile que nosotros nos encargamos de la investigación —le ordenó Matt—. Una cosa más, Ben. Ya que has estado involucrado en la investigación desde el principio, quiero que te encargues tú de supervisarla.

— ¿No vas a encargarte tú? —Le preguntó Ben descolocado.

—No, pero quiero estar informado de cualquier avance, por mínimo que sea.

Ben se despidió del matrimonio y se machó para continuar con su trabajo. Una vez que se quedaron a solas, Matt se sentó a los pies de la cama de Gisele y, guardando las distancias, la observó sin decir nada hasta que el doctor regresó para examinar a Gisele.

—Todo parece estar bien, la analítica de sangre ha revelado que tienes un poco de anemia de hierro, pero puedes equilibrarlo tomando un complemento vitamínico durante seis semanas y después repetiremos la analítica —comenzó a decir el doctor—. No obstante, debido al golpe en la cabeza, es imprescindible que alguien esté contigo durante las siguientes cuarenta y ocho horas por si sufres algún mareo o si tiene alguna hemorragia por la nariz o los oídos —. La cara de Matt se contrajo de preocupación y el doctor añadió para tranquilizarlo—: Solo es el procedimiento habitual, no hay por qué alarmarse. Ahora solo necesita que guardar reposo durante unos días y evitar situaciones de estrés, lo mejor que puedes hacer por ella es mimarla y hacerle compañía.

Sin saberlo, el doctor había metido el dedo en la llaga y Matt se sintió aún más culpable, pese a que seguía molesto con Gisele.

—Entonces, ¿puedo irme ya a casa?   

—Gracias, doctor —le despidió Matt para quedarse a solas con Gisele. Esperó a que el doctor saliera de la habitación y, suavizando el tono de voz, la miró a los ojos y anunció—: Nos vamos a casa, ya has oído al doctor, necesitas guardar reposo.

Gisele no se lo discutió, le dolían todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, Matt seguía enfadado con ella y lo único que le apetecía en ese momento era meterse en la cama y taparse con la manta hasta la cabeza.

Hasta que el contrato nos separe 42.

La relación entre Matt y Gisele se reforzó tras pasar casi una semana separados. Ambos habían podido sentir lo mucho que se habían echado de menos y ninguno de los dos estaba dispuesto a volver a sufrir la tortura de estar lejos el uno del otro.

Matt estaba más complaciente de lo habitual y Gisele decidió aprovechar la oportunidad para convencerle de que la dejara ir en su coche a la universidad y él, como no podía ser de otra manera, la complació. Entendía a Gisele y su necesidad de libertad, pero Matt no estaría tranquilo hasta que localizaran a Erik Muller, el ex novio de Gisele. Ella era su prioridad absoluta, pero no solo bastaba con mantenerla segura, también debía asegurarse de que se sentía feliz.

Cuando el lunes Matt llegó a la Agencia más temprano de lo habitual y con el ceño fruncido, Jason sospechó que algo le había ocurrido con Gisele y estaba dispuesto a averiguarlo:

— ¿Va todo bien con Gis?

Justo en ese momento, Ben llamó a la puerta del despacho y Matt le invitó a entrar.

—Gis ya ha llegado a la universidad —le anunció Ben.

— ¿Has dejado que Gis vaya sola a la universidad? —Preguntó Jason visiblemente sorprendido.

—Gisele no quiere depender de mí para todo y se ha empeñado en conducir su coche hasta la universidad —le respondió Matt—. No soy capaz de negarle nada a mi esposa pero tampoco estoy dispuesto a poner en riesgo su seguridad, así que le he pedido a Ben que ponga un localizador en el coche de Gisele.

—Y, por supuesto, ella no sabe nada —adivinó Jason.

—Como ya he dicho, no pienso poner en riesgo la seguridad de Gisele —zanjó el tema Matt.

Conocía a Jason lo suficiente como para saber qué pretendía con sus comentarios, pero no estaba preparado para decir en voz alta lo que todavía no se había atrevido a reconocerse a sí mismo.

Los días fueron pasando y Gisele continuó yendo sola a la universidad en su viejo coche, al terminar las clases se dirigía a la Agencia y allí pasaba la tarde con Ben, al que ayudaba en la investigación de un caso antiguo sin resolver. De vez en cuando, Matt se pasaba por allí con alguna excusa absurda, sola para poder verla y darle un leve beso en los labios, aunque la consecuencia fuera escuchar las mofas de Ben.

Una de esas tardes, Gisele salió de la universidad al terminar las clases y conducía hacia a la Agencia cuando le pareció que un todoterreno de color negro la estaba siguiendo, pero al tomar su salida vio que el todoterreno seguía adelante por la carretera secundaria. Se olvidó del tema hasta que, días más tarde, le pareció ver el mismo todoterreno un par de coches más atrás. Para salir de dudas, Gisele dio un par de giros al azar a izquierda y derecha, pero el todoterreno seguía detrás de ella. Parada en uno de los semáforos de la ciudad, miró por los retrovisores de su coche tratando de ver la matrícula del todoterreno, pero no lo logró. Siguió su camino hasta a la Agencia y el todoterreno dejó de seguirla en la misma salida que la vez anterior.

Matt notó a Gisele un poco nerviosa cuando llegó, pero ella se excusó alegando que los exámenes finales estaban cerca. Decidió no decirle nada a Matt para no preocuparle, al menos hasta haber confirmado que había algo de lo que preocuparse. El único problema era que necesitaba ayuda para para averiguarlo y, pese a que sabía que Matt se enfadaría si se enteraba, decidió contárselo todo a Ben.

—Se lo tienes que contar a Matt —fue la respuesta inmediata de Ben.

—No quiero preocuparle por una tontería, por eso antes quiero averiguar quién me sigue en ese todoterreno.

—Si Matt se entera, me matará, ¿lo entiendes?

—Por favor, Ben —insistió Gisele haciendo un puchero.

—No me extraña que Matt acabe resignándose y dejándote hacer lo que te da la gana, no se puede decir que no a esa cara de pena —bromeó Ben.

—Creo que el hecho de que te guste el riesgo tiene algo que ver —se mofó Gisele.

Durante los siguientes días, Gisele condujo atenta a la carretera y a los vehículos con los que se cruzaba mientras Ben se dedicaba a seguirla a través de las cámaras de seguridad de la ciudad para tratar de localizar al todoterreno negro, pero no hubo éxito. Tampoco consiguió ver la matrícula en las escasas imágenes de seguridad que habían localizado del vehículo, por lo que Ben le pidió a Gisele que, en caso de que volvieran a seguirla, tenía que tomar otro camino de regreso por otras calles con más cámaras de seguridad y mayor visibilidad.

—Si te vuelven a seguir, llámame por teléfono —le ordenó Ben—. Yo te guiaré por dónde has de conducir y trataré de obtener la máxima información posible para lograr saber quién es la persona que te sigue.

—No creo que sea Erik, no es tan estúpido para eso.

—No sé qué decirte, no fue muy listo cuando se quedó horas frente a tu edificio ni cuando te montó el numerito en el pub.

—Erik es inteligente y, si quisiera hacerme daño, ya lo habría hecho.

Ben no opinó más sobre el tema, Gisele era la esposa de su amigo y también su jefe, la situación era delicada, ya que el ex novio de Gisele era en realidad el heredero de su hermano Mike, un magnate del narcotráfico fallecido años atrás.

Sin que Matt sospechara nada, Gisele y Ben crearon un plan para llevar a cabo si el todoterreno la seguía de nuevo, pero pasaron los días y Gisele no volvió a verlo. Entre las clases en la universidad, las prácticas en la Agencia y estudiar para los exámenes finales, Gisele se olvidó del tema, aunque Ben continuaba vigilándola a través de las cámaras de seguridad de la ciudad.

Durante las dos semanas que duraron los exámenes finales, Gisele apenas tuvo tiempo libre para pensar en otra cosa que no fuera estudiar. Echaba de menos pasar el rato con Matt, por eso había organizado un fin de semana en la casa de la playa para sorprenderle y compensarle por su paciencia. Matt había estado pendiente de ella en todo momento, se había ofrecido a ayudarla a estudiar, se ocupaba de que no se saltara ninguna comida por no dejar de estudiar y la obligada a irse a descansar pasada la medianoche. Fueron dos semanas largas en las que Matt cuidó de Gisele sin quejarse ni una sola vez y ella quería agradecérselo con un fin de semana en la playa. No tuvo más que hablar con Jason y Ben y, entre los tres, lo organizaron todo en un momento.

El viernes era el último día de Gisele en la universidad y, tras terminar el último examen, se subió a su viejo coche para dirigirse a la Agencia. Conducía sin prestar mucha atención, repasando mentalmente si había guardado todo el equipaje en el maletero, cuando un coche la golpeó en el lateral trasero, tratando de echarla de la carretera. Mientras trataba de esquivar los golpes que le asestaban dos todoterrenos de color negro, Gisele llamó por teléfono a Ben.

—Ya sé que estás de camino y no te preocupes, Matt no sospecha nada —le dijo Ben nada más descolgar, dando por hecho que Gisele le llamaba para comprobar que la sorpresa para Matt seguía siendo una sorpresa.

—Ben, dos todoterrenos están intentando sacarme de la carretera, están dando volantazos y no puedo esquivarlos —gritó Gisele aterrada—. Estoy en la carretera secundaria, en… ¡Ay!

La llamada se cortó, Ben miró el mapa donde se situaba el coche de Gisele y vio que estaba parado. Accedió a todas las cámaras de seguridad de la zona, pero en ninguna pudo encontrar el coche de Gisele, así que decidió avisar a Matt.

Ben entró en el despacho de Matt sin llamar previamente a la puerta, se trataba de una urgencia y no había tiempo para los buenos modales:

—Le ha pasado algo a Gis, la estaban embistiendo dos todoterrenos y he perdido la comunicación con ella, no he podido localizarla, pero el localizador del coche indica que está parado en…

— ¡Vamos! —Ordenó Matt poniéndose en pie, con una mirada más fría que el hielo.

En la cabeza de Matt no dejó de reproducirse la frase de Ben: le ha pasado algo a Gis. No podía articular palabra, solo apretaba la mandíbula con la esperanza de encontrar a Gisele ilesa.

El coche de Gisele se salió de la calzada, dio un par de vueltas de campana y terminó a pocos metros de la carretera. Gisele no perdió el conocimiento pese al golpe que se había dado en la frente contra el cristal de la ventanilla y, mientras su coche volcaba, pudo reconocer a una de las personas que viajaban en uno de los todoterrenos antes de que se marcharan a toda velocidad.

Mareada y confusa, Gisele respiró profundamente durante unos segundos para tranquilizarse. Buscó su teléfono móvil, pero no lo encontró y, aunque le flaqueaban las piernas, logró salir del coche y caminar hasta la carretera. Maldijo entre dientes pasados cinco minutos sin que apareciera un solo vehículo por la carretera al que pedir ayuda, entonces divisó a lo lejos el coche de Matt.

— ¡Está ahí! —Exclamó Jason aminorando la velocidad y deteniéndose cerca de Gisele.

Matt casi salta del coche en marcha cuando la vio. Gisele estaba ensangrentada, apenas podía sostenerse en pie y tenía la mirada perdida. Matt corrió y llegó hasta Gisele cuando a ella le vencieron las fuerzas, justo a tiempo de sostenerla para que no se diera de bruces contra el suelo. Matt cogió a Gisele en brazos, la montó en el coche con la ayuda de Ben y le dijo a Jason con la voz rota:

—Ben y yo llevaremos a Gisele a la Agencia, quédate aquí hasta que lleguen los equipos de investigación, quiero a todo el mundo trabajando en esto. Te espero en la Agencia.

Jason asintió con un leve gesto de cabeza y Matt se marchó con Ben y Gisele a la Agencia. Mientras esperaba los equipos de investigación, Jason echó un vistazo por el lugar del accidente. Las marcas de los neumáticos en la carretera eran visibles a varios metros de distancia, al igual que las huellas en el barro que había en el lado derecho de la carretera por donde se había salido Gisele. Siguió el rastro y a pocos metros vio el coche de Gisele, abollado y con todas las lunas de cristal rotas, así que no le resultó difícil adivinar que había dado varias vueltas de campana.

Matt y Ben llegaron a la Agencia y los sanitarios se llevaron a Gisele para examinarla y atenderla. Matt quiso entrar en la habitación hospitalizada donde se llevaron a Gisele, pero el doctor se lo impidió argumentando que necesitaban espacio para trabajar.

—No entiendo nada, ¿qué es lo que ha pasado? —Se preguntó Matt en voz alta mientras caminaba por el pasillo de un lado al otro.

—Matt, hay algo que debería haberte dicho hace tiempo y…

—Habla —le ordenó Matt agarrándole de la camisa.

—Hace un par de meses Gis me comentó que creía haber visto un todoterreno negro que la seguía cuando conducía de la universidad a la Agencia —comenzó a decir Ben—. Gis no quería decirte nada para no preocuparte, así que tratamos de averiguar algo sobre…

— ¿Qué averiguasteis?

—No pudimos ver la matrícula del todoterreno en las cámaras de seguridad de la ciudad, no tenemos nada.

—Coordina y supervisa la investigación, ya hablaremos más tarde.

Ben asintió y se marchó para acatar las órdenes de Matt. Veinte minutos más tarde, Jason se reunía con Matt en el pasillo, frente a la habitación donde se encontraba Gisele.

— ¿Cómo está Gis?

—No lo sé, el doctor todavía la está examinando.

—No te preocupes, Gis es una mujer fuerte.

—Sabía que la estaban vigilando y me lo ocultó, pero a Ben sí se lo dijo —se lamentó Matt, decepcionado—. ¿No confía en mí?

—Acabo de cruzarme con Ben y me lo ha contado. Las otras dos veces la seguía un todoterreno negro, pero hoy han sido dos todoterreno y la han echado de la carretera. El coche ha dado varias vueltas de campana, es una suerte que ese viejo trasto sea de hierro y no de fibra de vidrio como los de ahora.

Matt no podía procesar tanta información, descubrir que Gisele le había estado ocultando que la habían seguido en dos ocasiones le tenía totalmente bloqueado. La puerta de la habitación se abrió y el doctor, con una sonrisa tranquilizadora, le dijo a Matt:

—Gisele está bien, le hemos tenido que dar un par de puntos para cerrar la herida que tenía en la frente y tiene varias contusiones, nada que no se cure guardando reposo durante unos días. Todavía no ha recobrado el conocimiento, pero seguro que se alegra de verte cuando despierte.

El doctor se marchó al laboratorio con unas muestras de sangre de Gisele para analizarlas y Matt se quedó allí plantado en el pasillo.

— ¿Es que no vas a entrar en la habitación con Gis? —Le preguntó Jason extrañado.

—No confía en mí —gruñó Matt enfadado con ella y también consigo mismo.

—Gis nos pidió ayuda para darte una sorpresa, quería pasar el fin de semana contigo en la casa de la playa —le soltó Jason para que Matt dejara de pensar lo que no era—. Quería agradecerte la paciencia que tienes con ella y lo mucho que la cuidas sin exigir nada a cambio.

— ¿Por qué me cuentas esto ahora?

—Gis es tu mujer y cuida de ti igual que tú cuidas de ella, por eso no te contó nada, ni siquiera estaba segura de que supusiera un peligro real y no quería preocuparte. Ahora te toca a ti cuidar de ella, tienes a toda la Agencia trabajando en el caso, llévate a Gisele a la casa de la playa y disfrutad del fin de semana como ella había planeado. Y, para que conste, esto te lo estoy diciendo como amigo, no como abogado.

Matt no estaba preparado para afrontar aquella situación, la cabeza no dejaba de darle vueltas y no lograba entender por qué Gisele no confiaba en él. Incluso barajó la posibilidad de que Gisele se sintiera atraída por Ben, al fin y al cabo, pasaban mucho tiempo con Ben y él mismo había sido testigo de la complicidad que existía entre ambos. Matt nunca había sido un hombre celoso, pero empezaba a averiguar qué se sentía al serlo.

—Mantenedme informado —le dijo a Jason antes de entrar en la habitación donde se encontraba Gisele.

Hasta que el contrato nos separe 41.

Después de entregarse a la pasión y el deseo, Matt y Gisele se instalaron en la que sería su casa durante las siguientes dos semanas. Gisele estaba ansiosa por conocer todas las islas, pero Matt la convenció argumentando que tenían muchos días por delante y debían descansar para reponer energía y combatir el jet-lag. A regañadientes, Gisele optó por no contrariar a Matt, no quería iniciar una guerra por una tontería y tenía que reconocer que estaba agotada de tanto viaje.

Pasaron la tarde en la piscina, refrescándose y relajándose bajo el sol, acariciándose y besándose como los dos recién casados que eran. Matt tan solo deseaba disfrutar con Gisele de aquellas dos semanas de luna de miel sin que nadie les interrumpiese. Había dado órdenes estrictas para que nadie les molestase a menos que hubiera una emergencia, quería dedicar todo su tiempo a Gisele. A esas alturas, Matt ya no se molestaba en intentar engañarse, sabía que lo que sentía por Gisele era especial y estaba decidido a cuidarla para conservarla. Pero con el contrato de por medio, todo resultaba más complicado de lo que parecía. Aquel tema seguía siendo un tabú entre ellos y Matt temía que, llegado el momento, Gisele se marchara de su lado. Llevaban casi nueve meses juntos y Matt ya no podía imaginar su vida sin Gisele.

—No te he visto mirar el teléfono móvil desde que hemos llegado —comentó Gisele sin rastro de reproche en su voz—, ¿va todo bien?

—Estamos de luna de miel, solo estoy disponible para ti.

— ¿Solo para mí?

—Solo para ti, Gisele —le confirmó Matt estrechándola entre sus brazos—. ¿Te apetece salir a dar un paseo por la playa y buscar un restaurante donde cenar o prefieres que nos quedemos aquí y pidamos algo de comida a domicilio?

—Me gustaría salir a pasear, estoy cansada de estar sentada y tumbada.

Una hora más tarde, ambos paseaban por las calles de Kailua, entreteniéndose observando las tiendas y los diversos restaurantes de la zona donde sentarse a cenar.

—Gisele, si no decides dónde cenar, lo haré yo —le advirtió Matt.

—Te vuelves un poco gruñón cuando tienes hambre —le dijo ella divertida y, señalando uno de los restaurantes, añadió—: Quiero cenar allí.

Matt quiso complacerla en todo, pese a que Gisele no demandaba ningún capricho lujoso, ella era una mujer sencilla que disfrutaba de las pequeñas cosas de la vida.

—Estás tan relajado y complaciente que estás empezando a preocuparme —le confesó Gisele mientras cenaban, ya que él no dejaba de mirarla y sonreír—. ¿Vas a contarme qué te ocurre?

—Estoy disfrutando de unas vacaciones en Hawái con mi esposa, lo único que me ocurre es que estoy feliz.

Las palabras de Matt hicieron que Gisele sonriera, le encantaba que se mostrara tan cariñoso con ella.

Durante los siguientes días, la pareja se dedicó a explorar las islas hawaianas. Primero alquilaron un coche para explorar la isla grande, la isla donde se hospedaban. Contrataron un vuelo turístico en helicóptero para observar las islas desde el aire y, por último, alquilaron un yate con tripulación y navegaron recorriendo toda la costa de las islas.

Las dos semanas de vacaciones se les pasaron volando, ninguno de los dos quería regresar a la rutina, ambos deseaban quedarse allí, lejos de las responsabilidades y las preocupaciones del día a día. La última noche en Hawái, Matt estaba tumbado en la cama con Gisele dormida entre sus brazos y, sorprendiéndose a sí mismo, se escuchó susurrarle a Gisele:  

—Te quiero, Gisele.

El viaje en avión de regreso a casa era largo, pero a ambos estaban tan a gusto abrazados el uno al otro que, en su burbuja de amor, perdieron la noción del tiempo.

Después de aquella luna de miel aplazada, ambos tenían muy claro qué era lo que sentían el uno por el otro. A simple vista, todo parecía como siempre entre ellos, pero algo había cambiado. Los dos se dejaban llevar por la buena sintonía y el cariño que se sentían, habían dejado de fingir que eran un matrimonio para comenzar a serlo. Gisele comenzó las clases del último semestre de carrera y lo compaginó con las prácticas en la Agencia de Matt, a la que acudía todas las tardes de lunes a viernes. Matt seguía insistiendo en llevarla a la universidad todas las mañanas y recogerla a mediodía para llevarla a la agencia, donde pasaban la tarde trabajando para después regresar juntos a casa a la hora de cenar.

Ben era el encargado de enseñarle a Gisele el funcionamiento de la Agencia, Matt sabía que ambos se llevaban bien y, pese a que sentía cierta envidia por la complicidad que existía entre ellos, ordenó a Ben ser el supervisor de Gisele durante las prácticas.

Pasados un par de meses, una tarde Matt entró en la sala de operaciones donde Gisele se encontraba con Ben y otros agentes, y le preguntó con tono de voz serio:

—Cariño, ¿podemos hablar un momento?

Gisele asintió y salió de la sala de operaciones seguida de Matt, que la guió hasta su despacho y allí, tras cerrar la puerta, Gisele le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—No —le respondió Matt preocupado—. Ha surgido un pequeño problema en una misión que estamos llevando a cabo y voy a tener que personarme allí.

— ¿Cuánto tiempo estarás allí?

—El menor tiempo posible, lo último que quiero es alejarme de ti —le susurró Matt estrechándola con fuerza entre sus brazos—. Hablaré con Ben para que sea tu chófer y vaya contigo a todas partes mientras yo esté fuera, no quiero que corras el más mínimo riesgo.

—No, no quiero tener pegado a Ben todo el día —protestó Gisele—. Puedo conducir hasta la universidad, ir a la Agencia y regresar a casa yo sola, te prometo que llamaré a Ben cada vez que salga para que sepa dónde estoy en todo momento.

—Está bien, no pienso discutir contigo antes de marcharme —cedió Matt sin dejar de abrazarla—. Te llamaré todas las noches mientras esté fuera y estaré deseando regresar contigo cada minuto.

—Mm… No quiero que te vayas…

Matt resopló, él tampoco quería marcharse y dejar sola a Gisele, pero tampoco tenía alternativa.

—Cariño, te aseguro que yo tampoco quiero irme —le susurró Matt besándola dulcemente en los labios.

Esa misma tarde, Matt partió en el avión de la Agencia junto a Jason y Tyler. Ben, consciente de la preocupación de Gisele, se acercó a ella y le dijo para tratar de calmarla:

—No te preocupes, si alguien sabe lo que se hace es Matt. Ya verás cómo volverá antes de que te des cuenta.

— ¿De qué va la misión? ¿Qué es lo que ha ocurrido? —Le preguntó Gisele a Ben cuando la llevaba de regreso a casa.

—Es confidencial, no puedo hablar de ello. Pero no te preocupes, Matt, Jason y Tyler saben cuidarse muy bien.

—Lo sé, pero eso no evita que me preocupe.

Ben la acompañó hasta la misma puerta de casa y, al despedirse, le recordó:

—Llámame mañana por la mañana cuando vayas a salir de casa y de nuevo cuando llegues a la universidad —Gisele le miró alzando una ceja y Ben añadió—: Lo siento, pero son órdenes directas del jefe.

—Genial —musitó Gisele.

—Él siempre cuida de ti y, ahora que él no está, me ha pedido que me ocupe yo de ello.

—Matt es muy protector —constató Gisele.

—Y también un obseso del control, pero si a todo le sumas lo enamorado que está de ti, imagina lo que pasa por su cabeza solo de pensar que te pueda ocurrir algo.

—Imagino que habrá sido así siempre con sus otras parejas —murmuró Gisele, que estaba de bajón por el repentino viaje de Matt.

—Nunca he visto a Matt enamorado, hasta que te conoció. A todos nos llamó la atención sus repentinas ausencias y su interés por protegerte con lo de tu ex, jamás le habíamos visto así y todavía nos sigue sorprendiendo —apuntó Ben divertido—. Será mejor que entres en casa y acuérdate de llamarme mañana si no quieres que tu marido me despida.

—No te preocupes, te llamaré —le aseguró Gisele—. Buenas noches, Ben.

Durante los días siguientes, Gisele se distraía con las clases en la universidad, las prácticas en la Agencia y estudiando en casa para combatir la ausencia de Matt. Él la llamaba todas las noches para interesarse por ella y Gisele, que no quería preocuparle, siempre le decía que estaba bien. Sin embargo, la quinta noche que Matt la llamó por teléfono y le hizo la misma pregunta, Gisele le respondió con un hilo de voz:

—Te echo de menos.

Matt suspiró profundamente, escuchar aquellas palabras de la boca de Gisele y con aquel tono de voz tan solo le hacían desearla más. Él también la echaba de menos, deseaba regresar a casa para poder besarla y estrecharla entre sus brazos.

—Yo también te echo de menos, Gisele. Tengo que colgar, pero te prometo que estaré contigo antes de que te des cuenta —se despidió Matt.

A Gisele no le pasó por alto la rápida despedida de Matt, ni tampoco las prisas por colgar, incluso le pareció que pretendía deshacerse de ella y no pudo evitar pensar que sus palabras habían sido las causantes. Pero Matt tenía una muy buena razón para comportarse así: estaba subido en el avión para regresar a casa y no podían despegar mientras él hablara por teléfono. No llegaría a casa hasta pasadas las cuatro de la mañana, por eso prefirió no decirle nada a Gisele para que no le esperara despierta.

Matt llegó a casa bien entrada la madrugada, pero casi un par de horas antes de lo previsto. Entró en el dormitorio principal sin hacer ruido y sonrió al ver a Gisele durmiendo con su pijama. Recordó sus palabras e imaginó que Gisele se había puesto su pijama para combatir su ausencia, igual que él miraba su alianza cada vez que se acordaba de ella. Tratando de no despertarla, se tumbó junto a ella en la cama y la observó dormir.

Gisele se despertó cuando los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana del dormitorio, pero no abrió los ojos. Era sábado, Matt no estaba y no tenía nada qué hacer, así que pensaba pasar gran parte de la mañana en la cama. Matt adivinó que Gisele estaba despierta pero que todavía no se había percatado de su presencia, así que se acercó y le susurró al oído:

—Buenos días, dormilona.

— ¡Matt! —Gritó Gisele eufórica al abrir los ojos y comprobar que Matt estaba allí de verdad y no era una imaginación suya. Se colocó a horcajadas sobre él y, mirándole a los ojos con deseo, le preguntó—: ¿Cuándo has llegado?

—Hace cuatro horas —le respondió agarrándola por la cintura.

— ¡¿Cuatro horas?! ¿Por qué no me has despertado?

—Me encanta observarte mientras duermes, me relaja —le confesó Matt con toda naturalidad. Se incorporó con ella a horcajadas, la estrechó entre sus brazos y la besó apasionadamente en los labios antes de preguntarle con picardía—: ¿Por qué llevas puesto mi pijama?

—Te echaba de menos y tu pijama huele a ti —le confesó Gisele—. Pero, como ahora estás aquí, ya no necesito este pijama.

Gisele se deshizo del pijama y se quedó completamente desnuda frente a Matt, que estaba haciendo un gran esfuerzo por contener sus ansias de acariciar cada recoveco de su cuerpo.

— ¿Me has echado mucho de menos? —Le preguntó Matt siguiéndole el juego, depositando un reguero de besos por el cuello y la espalda de ella.

—Muchísimo —jadeó Gisele.

Matt la colocó entre sus piernas, haciendo que Gisele apoyara la espalda sobre su pecho, y comenzó a acariciarla hasta llevarla al borde del orgasmo.

—Matt, te necesito dentro —le rogó.

Y no tuvo que repetírselo dos veces para que Matt la obedeciera. Hicieron el amor lentamente, demorándose en cada caricia, en cada beso y en cada placentero roce de sus cuerpos. Una vez más, aquello no era simplemente sexo; aquello era amor en estado puro.

Hasta que el contrato nos separe 40.

Hasta que el contrato nos separe

Después de cenar, Matt complació a Gisele y ambos se dieron un largo baño. A Gisele le sorprendió la ternura y la delicadeza con la que Matt la trataba, una vez más la hacía sentir como una princesa viviendo un cuento de hadas. Matt cada día era más cariñoso y más detallista con ella, pero no podía olvidar que aquel, precisamente, era su papel.

Por su parte, Matt se encontraba más a gusto con Gisele conforme pasaban los días. Deseaba que Gisele se quedara junto a él el resto de su vida, pero sabía que no sería fácil convencerla de ello con un contrato de por medio. No podía romper el contrato porque necesitaba esa herencia para que no le quitaran la casa familiar a su madre, pero había trazado un plan para demostrarle a Gisele que de verdad le gustaba, de verdad la deseaba, de verdad la quería y, aunque todavía no estaba dispuesto a reconocerlo, de verdad la amaba. Se propuso dejar el sexo en un segundo plano, necesitaba que ella se diera cuenta que por encima de todo él deseaba su compañía, pero Gisele no estaba dispuesta a ponérselo fácil.

Lo cierto es que a Gisele no le pasó por alto que Matt, pese a que estaba muy cariñoso con ella, no dio ningún paso para que los besos y las caricias le llevaran a algo más y, cuando ella lo intentó dar, él se excusó alegando que les esperaba un día muy largo y debían ponerse en marcha. Gisele fue a protestar, pero dada la postura distante que Matt había adaptado, prefirió no insistir y tratar de adivinar qué era lo que se le estaba pasando por la cabeza.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Gisele tras pasar el día visitando los lugares más turísticos y emblemáticos de Seattle.

—No podía ir mejor, cariño —le confesó Matt envolviéndola entre sus brazos—. ¿A dónde te apetece ir a cenar?

— ¿Podemos pedir la cena al servicio de habitaciones y quedarnos en la suite?

Matt la escrutó con la mirada, aquella petición le pilló por sorpresa, pero lo que más le llamó la atención fue el ceño fruncido de Gisele y la ausencia de su sonrisa.

—Podemos hacer lo que tú quieras —le respondió dispuesto a complacerla.

— ¿Todo lo que yo quiera?

—Gisele, ¿quieres contarme qué es lo que quieres en lugar de andar con tantos rodeos?

—No quieres que me ande con rodeos, está bien —aceptó Gisele para después preguntarle directa al grano—: ¿Qué está pasando? ¿Por qué me evitas desde anoche?

—No te estoy evitando, hemos pasado juntos todo el día.

—Sabes perfectamente a lo que me refiero.

—Sé a qué te refieres, pero no estoy evitando —le aclaró Matt mirándola a los ojos para después confesarle la verdad—: No quiero que pienses que el contrato y el sexo es lo único que nos une, quiero que te des cuenta que me gusta estar contigo, disfruto de tu compañía, de nuestras charlas y…

— ¿Disfrutas del sexo conmigo? —Se oyó preguntar de repente Gisele.

—Jamás he disfrutado tanto del sexo como lo hago contigo, Gisele. ¿A qué viene todo esto?

—No lo sé, me ha dado la impresión de que quizás ya no te gustaba…

—Regresemos al hotel, pediremos la cena al servicio de habitaciones y te demostraré lo mucho que me gusta el sexo contigo.

Por el momento, Gisele se quedó conforme con la explicación que le dio Matt, pero se propuso no bajar la guardia y estar más pendiente de él. Temía que, pasados ya más de seis meses juntos, Matt comenzara a aburrirse de ella. Gisele se consoló pensando que, por contrato, aún le quedaban diez meses para seguir siendo la señora Spencer y, durante esos meses que le quedaban, se había propuesto enamorar a Matt.

Tras pasar un par de días en Seattle disfrutando como dos auténticos turistas, Matt y Gisele se dirigieron de nuevo al aeropuerto para volar en el avión de la agencia hacia su destino final: una pequeña villa de Hawái, con playa privada y rodeada de naturaleza, ideal para una pareja de enamorados con ganas de disfrutar de la intimidad sin renunciar al mayor atractivo de las islas.

Para que Gisele no descubriera su sorpresa, antes de aterrizar Matt le vendó los ojos y la convenció para que escuchara música con sus auriculares con la única intención de que no escuchara nada que le hiciera adivinar dónde se encontraban. Gisele se dejó hacer, lo mínimo que podía hacer era confiar en Matt, sobre todo cuando lo único que pretendía era sorprenderla con su luna de miel.

—Ten cuidado, vamos a subir a un coche —anunció Matt retirando uno de los auriculares de la oreja de Gisele y colocando una mano sobre la cabeza de ella para que se agachara y no se golpeara la cabeza. La ayudó a sentarse en el coche y después se sentó a su lado, agarrándola por la cintura y estrechándola contra su cuerpo—. Tardaremos un rato en llegar, pero ya podemos deshacernos de esto.

Matt le quitó los auriculares, Gisele ya no podía escuchar nada que le revelara el lugar donde se encontraban. Gisele sonrió mientras se acurrucaba en el pecho de Matt, deseando llegar a donde fuese que él la quisiera llevar. Pero, pasada casi una hora, comenzó a impacientarse y le preguntó a Matt:

— ¿Cuánto falta para llegar?

—Todavía falta un poco, preciosa. Te daré una pista que te sirva para adivinar dónde estamos y te ayude a distraerte hasta que lleguemos.

—Dame la primera pista.

—Imagino que ya habrás notado el clima cálido, concretamente un clima tropical.

—Mm… ¿Me has traído a un pequeño paraíso tropical?

— ¿Te gustaría que así fuera?

— ¿Dónde estamos, Matt?

—Así no es el juego, yo te doy una pista y tú tratas de adivinarlo —le respondió Matt con tono burlón—. Si te lo digo, no tendría ninguna gracia.

Gisele resopló frustrada, pero era testaruda y no iba a desistir hasta adivinarlo.

—Está bien, dame otra pista.

—Ahí va otra pista: sus playas son muy famosas.

— ¡Brasil!

—No.

— ¡California!

—No.

— ¡Australia!

—No. Te daré otra pista antes de que menciones todos los lugares del planeta —se mofó Matt plantándole un beso en los labios—. Además de playas para disfrutar de las altas temperaturas, pero también hay zonas de montaña en los que la temperatura desciende a bajo cero.

—En resumen, estamos en un lugar con clima tropical, con playas famosas y zonas de montaña en las que hace mucho frío, ¿es correcto?

—Es correcto.

— ¿Perú?

—No.

— ¿Chile?

—No.

—Por favor Matt, ¡dímelo ya! —Exclamó Gisele exasperada.

—Ya casi hemos llegado, ¿puedes esperar un poco más para averiguarlo? —Le dio un leve beso en el cuello y le susurró al oído—: Te aseguro que la espera valdrá la pena.

Gisele ronroneó al mismo tiempo que se dejaba abrazar por Matt. Deseaba quitarse la venda de los ojos y acabar con la enfermiza curiosidad que sentía por averiguar dónde la había llevado Matt, pero fue incapaz de estropear la sorpresa que Matt se había esforzado tanto en organizar.  Acurrucada entre sus brazos, esperó hasta que el vehículo se detuvo y Matt anunció que habían llegado a su destino.

—Espera, te ayudo a bajar del coche —le susurró Matt mientras hacía lo propio. Agarrándola por la cintura, la hizo caminar junto a él unos pocos metros antes de añadir—: ¿Estás preparada para que te quite la venda de los ojos?

—Sí, estoy deseándolo —le respondió Gisele emocionada y también nerviosa.

Matt deshizo el nudo de la venda y la dejó caer al mismo tiempo que le susurraba a Gisele:

—Abre los ojos poco a poco para no deslumbrarte.

Gisele abrió los ojos poco a poco, siguiendo las recomendaciones de Matt, y tuvo que parpadear varias veces hasta que sus ojos se acostumbraron a la luz natural del lugar y, cuando lo hizo, se quedó maravillada. Estaban en lo alto de una pequeña colina con vistas al mar, a la playa y a una ciudad no muy lejana, todo rodeado de hermosas colinas verdes y con un cielo azul despejado de nubes. Sin lugar a dudas, aquello era el paraíso para Gisele. Con Matt abrazándola desde la espalda, Gisele continuó observando el maravillo paisaje y descubrió algunas islas pequeñas cercanas a la costa.

— ¿Eso de allí son islas? —Le preguntó a Matt para asegurarse.

—Así es, estamos en un archipiélago en mitad del Océano Pacífico.

— ¿Estamos en Hawái?

La expresión en la cara de Gisele, de completa emoción e incredulidad, hizo que Matt riera divertido a carcajadas. Le encantaba aquella naturalidad e inocencia de ella, sobre todo cuando se trataba de sorprenderla.

—Estamos en Hawái —le confirmó Matt sin poder dejar de reír—. ¿He acertado con el destino de nuestra luna de miel?

— ¡Estaría loca si te dijera que no! —Exclamó eufórica.

—Ven, quiero enseñarte la casa donde nos hospedaremos mientras dure nuestra estancia en el paraíso.

Matt la agarró de la mano y ambos se dirigieron a una enorme casa con paredes de cristal y madera, con partes de la misma abiertas para combatir el caluroso clima de la zona, muy acorde con el resto de casas que Gisele había divisado desde el mirador. Además, la casa también contaba con piscina y una pequeña cala privada a la que se accedía desde un pequeño sendero que comenzaba en el jardín trasero de la casa.

— ¿Qué quieres que hagamos primero?

—De momento, vamos a celebrar el inicio de nuestra luna de miel —le respondió Gisele saltando a los brazos de Matt y comiéndoselo a besos.

Como una verdadera pareja de recién casados en plena luna de miel, Matt y Gisele se dejaron llevar por el deseo, la pasión y la emoción del momento e hicieron el amor para inaugurar su luna de miel en el paraíso.

Hasta que el contrato nos separe 39.

Tras pasar la Nochebuena y el día de Navidad todos juntos en casa de Leonor, Matt y Gisele regresaron a su casa. Durante los días siguientes, Gisele y Sarah aprovecharon cada minuto del día para estar juntas, pero por la noche Sarah se quedaba en casa de Jason y Gisele regresaba a casa con Matt.

Animada por Matt, Gisele organizó la fiesta de fin de año en casa con la ayuda de Sarah. Invitaron a todos los amigos y a la familia, Elsa incluida, pero finalmente la fiesta de fin de año se convirtió en una noche de parejitas: Matt y Gisele; Jason y Sarah; y Tyler y Kelly.

—Cariño, estás preciosa —le susurró Matt a Gisele abrazándola desde atrás mientras ella se miraba en el espejo—. Los invitados están aparcando, deberíamos bajar a recibirlos.

Una hora más tarde, todos estaban sentados a la mesa y disfrutando de una deliciosa cena de fin de año en la mejor compañía. Bromearon, rieron y se divirtieron hasta que llegó la medianoche y con ella el año nuevo, al que le dieron la bienvenida con un brindis.

Un par de días más tarde, Sarah regresó a la capital y Gisele retomó las clases para afrontar los exámenes de final de semestre. Entre las clases y estudiar, a Gisele apenas le quedaba tiempo libre. Matt le dio espacio para no agobiarla, pero siempre se las apañaban para cenar juntos y charlar un rato antes de irse a dormir.

El último día de exámenes antes de las vacaciones del semestre, Matt fue a recoger a Gisele a la universidad como todos los días, pero con un plan entre manos. Se había pasado casi toda la noche trabajando desde casa y por la mañana, tras llevar a Gisele a la universidad, había regresado a casa para preparar el equipaje de ambos. Cuando lo tuvo todo listo, se dirigió a la agencia para confirmar que el plan iba según lo previsto y dejó allí el equipaje para que lo cargaran en el avión privado de la agencia. Se aseguró de dar las instrucciones necesarias a Jason y a Tyler para que se encargaran de la agencia en su ausencia, pues no quería que les molestasen a menos que se tratara de una urgencia. Había pospuesto la luna de miel, pero había llegado el momento de disfrutarla y quería sorprender a Gisele.

Matt aparcó frente a la universidad y esperó a que saliera. Pocos minutos más tarde, la vio despedirse de un par de compañeras y mirar a su alrededor. Matt levantó el brazo para llamar su atención y ella, con una amplia sonrisa en los labios, corrió hasta llegar a él y saltó a sus brazos mientras Matt la cogía al vuelo y le daba vueltas sobre sí mismo, contagiado de su alegría y su buen humor.

—Imagino que los exámenes te han ido genial.

—No podía haberme ido mejor, aunque tendremos que esperar a que publiquen las notas para confirmar los resultados. ¿Tienes trabajo esta tarde? Me gustaría invitarte a comer para celebrarlo —le propuso Gisele.

—Lo vamos a celebrar, pero antes tenemos que pasar por la agencia un momento —le respondió Matt dedicándole una sonrisa traviesa que no pasó desapercibida para Gisele.

— ¿Qué estás tramando?

— ¿Confías en mí?

— ¿Cómo no voy a confiar en mi marido? —Bromeó Gisele.

—Entonces, confía en mí. Te prometo que vamos a celebrar el final de tus exámenes semestrales y todo lo que tú quieras.

— ¿Todo lo que yo quiera?

El tono sugerente de Gisele hizo sonreír a Matt, que se sentía completamente hechizado por ella. Sin borrar la sonrisa de su rostro, Matt condujo hasta llegar a la agencia, concretamente al hangar donde les esperaba el avión.

— ¿Qué estamos haciendo aquí, Matt? —Le preguntó alzando las cejas, pues sabía que Matt estaba tramando algo.

—Si confías en mí, subirás al avión sin hacer preguntas.

—Confío en ti, pero solo subiré a ese avión si tú vienes conmigo.

—Por supuesto que yo también subiré a ese avión contigo, estaría loco si no lo hiciera —le aseguró él antes de estrecharla entre sus brazos y besarla con ternura—. ¿Estás preparada?

Gisele asintió emocionada por aquella nueva aventura, completamente enamorada de Matt y de su forma de cuidarla y sorprenderla. Sin hacer más preguntas, subió al avión seguida de Matt, tratando de adivinar a dónde se dirigían.

Se acomodaron en los sillones y se abrocharon el cinturón de seguridad para despegar y, en cuanto el avión alcanzó el modo crucero, les sirvieron la comida. Gisele dedujo que se trataba de un vuelo largo cuando, después de comer, Matt la instó para que descansaran unas horas en el pequeño camarote del avión.

— ¿Todavía no vas a decirme a dónde vamos? —Le preguntó Gisele cuando se despertó de la siesta.

—No, es una sorpresa —le contestó Matt, sonriendo divertido.

—Y, al menos, ¿puedes decirme cuánto tardaremos en llegar?

—Aterrizaremos en un par de horas y pasaremos un par de días en la ciudad, pero no es nuestro destino final, tan solo es una escalada para que no te aburras de tanto viaje.

El tono guasón de Matt obtuvo un almohadazo a modo de respuesta por parte de Gisele. Ambos se enzarzaron en una dulce guerra de almohadas que terminó con los dos desnudos y exhaustos sobre la cama del camarote del avión, hasta que el pilotó anunció por megafonía que aterrizarían en veinte minutos.

Una vez aseados, vestidos y adecentados, Matt y Gisele se acomodaron en los sillones del avión y se abrocharon los cinturones de seguridad para aterrizar. Gisele miró por una de las ventanillas del avión y vio lo que le pareció una gran ciudad soleada en mitad de mucha naturaleza, pero no logró adivinar dónde estaban.

— ¿Dónde estamos? —Preguntó Gisele mientras bajaban las escaleras del avión, buscando con la mirada cualquier cartel que indicara el nombre de la ciudad donde se encontraban.

—Estamos en Seattle, en el Estado de Washington, Estado Unidos.

— ¿Estamos aquí por algún motivo en concreto?

—No te gusta demasiado el frío, ¿eh? —Bromeó Matt.

—No es eso, es que no sé a qué hemos venido —le aclaró Gisele—. ¿Hemos venido de vacaciones?

—Más o menos, ya te he dicho que solo nos quedaremos aquí un par de días.

— ¿Y después?

—Después nos dirigiremos a nuestro destino final, donde disfrutaremos de nuestra luna de miel.

— ¿Dónde? —Quiso saber Gisele emocionada.

—Cariño, creía que habías dicho que confías en mí —le respondió Matt con tono burlón.

— ¡Matt!

La protesta de Gisele, con los brazos en jarras, el ceño fruncido y poniendo morritos, hizo que Matt soltara una sonora carcajada. La estrechó entre sus brazos, la abrazó con fuerza, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Vamos a instalarnos en el mejor hotel de Seattle, descansaremos en nuestra suite y haremos turismo por la ciudad durante los siguientes dos días. Después, subiremos al avión y volaremos hasta un lugar cálido y con playa donde permaneceremos durante dos largas semanas, solos tú y yo.

—Parece un buen plan —reconoció Gisele con tono sugerente.

—Gisele…

Ella sonrió ante la advertencia de Matt, pero él la agarró por la cintura al mismo tiempo que le hacía cosquillas y, cuando Gisele le rogó entre risas que parara, él le susurró:

— ¿Vas a portarte bien hasta que lleguemos al hotel?

—Solo hasta que lleguemos al hotel —le aseguró Gisele sonriendo pícaramente.

Matt aceptó aquella tregua y le plantó un beso en los morros, dejándose llevar por la espontaneidad y la positividad de ella que tanto le gustaba.

Media hora más tarde, ambos se instalaban en la suite presidencial del mejor hotel de Seattle. Estaban agotados después del largo viaje en avión y también hambrientos, pues ya era la hora de cenar. Gisele entró en el cuarto de baño para dejar sus cosas se aseo y, cuando vio la enorme bañera, no puedo evitar resistirlo:

—Matt, ¿te apetece que nos demos un baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió abrazándola desde la espalda—, pero antes tenemos que cenar. ¿Quieres bajar al restaurante o pedimos que nos suban la cena?

—Pedimos que nos suban la cena.

Dicho y hecho. Matt llamó por teléfono al servicio de habitaciones y, mientras esperaban que les subieran la cena, terminaron de instalarse en la suite.

Más tarde, cenaron en el amplio salón de la suite, junto al calor de la chimenea y mientras observaban por la ventana cómo nevaba.

— ¿Te gustaría vivir aquí?

— ¿Aquí dónde?

—En Seattle —le aclaró Matt.

—Parece una ciudad interesante, incluso romántica, pero me resultaría bastante deprimente vivir en un lugar en el que el cielo siempre es gris y llueve casi todos los días.

—Prefieres los lugares cálidos —afirmó Matt.

— ¿A qué viene todo esto? ¿Es que vas a mudarte?

—No, solo era una pregunta.

Gisele no se quedó satisfecha con aquella respuesta, era evidente que Matt le estaba ocultando algo, pero decidió dejarlo estar ya que tomar aquel camino significaba acabar discutiendo con Matt y no quería estropear el viaje. Su luna de miel.

Hasta que el contrato nos separe 38.

A última hora de la tarde, Matt, Gisele, Sarah, Jason, Kelly y Tyler llegaron a casa de Leonor para celebrar la nochebuena. Leonor recibió a todos sus invitados con los brazos abiertos, le encantaba tener la casa llena de familia y amigos y esperaba llenarla de nietos muy pronto.

Leonor les hizo pasar al salón, donde dejaron todos los regalos bajo el árbol de navidad y se acomodaron en los sofás junto a la chimenea mientras charlaban y hacían tiempo para cenar.

Matt se sentó junto a Gisele en uno de los sofás y la mantuvo abrazaba todo el tiempo, provocando las mofas de los presentes, pero le dio igual, lo único que le importaba era mantener el contacto con Gisele. Ella le agradeció con una sonrisa que no retirara el brazo de alrededor de su cintura y Matt no pudo evitar besarla.

A Gisele no le pasó por alto la ternura con la que Matt la trataba y no es que antes no lo hiciera, pero la relación entre ellos había avanzado durante las últimas semanas y aquello la perturbaba en cierta manera. Intentaba no pensar en lo que suponía enamorarse de un hombre con el que estaría casada por un tiempo determinado. Un año comenzaba a parecerle muy poco tiempo, un tiempo del que estaba dispuesta a disfrutar pese a que temía hacer frente a las consecuencias que le acarrearía su decisión.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Matt en un susurro—. Últimamente estás muy pensativa, si hay algo de lo que quieras hablar…

—Estoy bien —le interrumpió Gisele dedicándole su mejor sonrisa.

—Pero hay algo que te inquieta —insistió Matt.

—Es mi primera navidad como mujer casada, estoy tratando de asimilarlo —bromeó para que no se preocupara.

—Mamá, creo que deberíamos instalarnos en las habitaciones antes de empezar a cenar —le dijo Matt a su madre, era la excusa perfecta para quedarse a solas con Gisele.

—Tienes razón, hijo —opinó Leonor y acto seguido hizo el reparto de habitaciones—: Matt, tú dormirás con Gis en tu habitación; Kelly con Tyler en la suya; Sarah puede dormir en la habitación de invitados; y Jason, lo siento, pero a ti te toca el sofá.

—Es navidad, Leonor. Estoy seguro que Sarah se contagiará del espíritu generoso de la navidad y me acogerá en su alcoba —le respondió Jason mirando a Sarah con descaro.

—Eso ya tendrás que discutirlo con ella —le advirtió Leonor—. En cualquier caso, el sofá seguirá estando a tu disposición.

Matt no quiso perder el tiempo, agarró a Gisele de la mano y, tras coger el par de maletas de mano que habían traído, subieron las escaleras para dirigirse a la habitación de Matt. Gisele ya había estado en aquella habitación de adolescente que Leonor conservaba tal y como su hijo la dejó con dieciocho años.

— ¿No vas a contarme qué te pasa por esa cabecita? —Insistió Matt cuando estuvieron a solas en la habitación.

—No vas a desistir, ¿verdad?

—Me conoce muy bien, señora Spencer.

Gisele sonrió, le gustaba cómo sonaba eso de señora Spencer.

—Estoy bien, todo va bien —le aseguró Gisele—. No hay motivos para que te preocupes, relájate y disfruta de la navidad.

—No me habrás comprado nada, ¿verdad?

—Jamás osaría hacer algo así —fingió hacerse la ofendida.

—Gisele, hablo en serio —le advirtió—. No quiero que te gastes dinero en comprar algo que puedo comprarme yo.

—Sí, lo sé —se mofó Gisele—. Pero, como conozco a mi marido y lo poco que le gusta que le compre regalos, he decidido no comprarte nada y hacerte algo especial.

Aquellas palabras captaron toda la atención de Matt. Sentía una curiosidad enfermiza por averiguar cuál sería el sorprendente regalo de Gisele. Si algo tenía claro, era que el regalo de Gisele le iba a sorprender, ella siempre lo hacía.

— ¿No vas a decirme de qué se trata?

—Tendrás que esperar hasta medianoche, cuando todos abramos los regalos.

—Dame una pista —insistió Matt.

—Es algo que puedes desear.

— ¿Algo que quizás pueda desear o algo que ya deseo?

—Mm… No puedo darte una respuesta clara a esa pregunta sin confundirte más.

—Yo también tengo un regalo para ti.

—Tú sí puedes comprarme un regalo…

—Por supuesto que puedo comprarte un regalo, eres mi esposa —la interrumpió Matt riendo divertido. Gisele frunció el ceño y Matt le susurró con dulzura—: No te enfades, es nuestra primera navidad juntos y no quiero discutir.

Sí, era la primera navidad que pasarían juntos, pero también la única según el contrato que habían firmado. Dentro de un año, probablemente ya se habrían divorciado.

—Sea lo que sea, deja de preocuparte por ello —le susurró Matt, que la conocía demasiado bien como para saber que le estaba dando vueltas a la cabeza.

—Necesito una terapia intensa de relajación —le dijo Gisele con tono sugerente.

—Estaría loco si te dijera que no, pero eso no significa que no me dé cuenta de que intentas utilizar el sexo para desviar mi atención.

—Os estamos esperando para cenar, ya tendréis tiempo de seguir con lo que sea que estéis haciendo —les gritó Jason desde el otro lado de la puerta.

Matt abrió la puerta bruscamente, miró a Jason y le espetó:

— ¡Con vosotros es imposible tener ni cinco minutos de intimidad!

—Uix, me parece que a Matt no le ha sentado nada bien tener que dejar su luna de miel —se mofó Sarah.

—Será mejor que bajemos antes de que Leonor suba a buscarnos —intervino Gisele lanzándole una fulminante mirada a Jason y Sarah, que no desperdiciaban ninguna ocasión para provocar a Matt.

Pocos minutos después, todos estaban sentados alrededor de la mesa y disfrutando de una deliciosa cena en una inmejorable compañía. Leonor estaba encantada de celebrar la navidad rodeada de sus hijos y sus amigos, se la veía radiante de felicidad.

Kelly y Tyler habían hecho oficial su relación poco antes de la boda de Gisele y Matt, y se les veía muy enamorados. Sarah y Jason se llevaban más que bien, se habían visto en pocas ocasiones, pero en todas ellas habían acabado pasando la noche juntos y Sarah se había quedado en casa de Jason mientras Gisele y Matt estaban en su mini luna de miel.

—Chicos, ya es casi medianoche —anunció Leonor después de cenar—. ¿Abrimos los regalos?

— ¡Sí! —Gritaron todos al unísono.

Como era de esperar, Leonor instó a todos para que abrieran sus regalos y nadie tuvo el valor de llevarle la contraria. Entre risas, comenzaron a abrir los regalos sentados en el suelo frente al árbol de navidad. Gisele abrió el regalo de Leonor y se quedó paralizada. Matt, que estaba sentado detrás de ella, la abrazó desde la espalda al notar la tensión en el cuerpo de Gisele y le preguntó en un susurro:

— ¿Va todo bien, cariño? —Matt reparó en el regalo que su madre le había hecho a Gisele: su primera manta de cuando era bebé, con su nombre bordado.

Matt también se tensó, pero no porque su madre le hubiera hecho ese regalo a Gisele con una clara intención de que la hicieran abuela pronto, sino porque acababa de darse cuenta que deseaba tener un hijo con Gisele. No es que lo deseara en ese mismo momento, pero sí en un futuro próximo.

—Es la primera mantita de Matt, lo envolvía en ella cuando era bebé y le encantaba, se quedaba dormidito en seguida —le explicó Leonor mientras Gisele trataba de sonreír para salir del paso.

—Acabamos de casarnos, mamá —intervino Matt cuando fue capaz de reaccionar—. Gisele y yo queremos disfrutar de nuestra relación de dos antes de pensar en aumentarla.

Pese a que Matt tan solo trataba de rebajar la tensión, Gisele se tomó al pie de la letra sus palabras e hizo un esfuerzo por centrarse en su papel de esposa feliz:

—Muchas gracias, Leonor. Es un regalo muy especial que cuidaremos para cuando sea el momento.

Continuaron abriendo regalos y Matt aprovechó que todos estaban distraídos para susurrarle al oído a Gisele:

—Lo siento, no tenía ni idea del regalo de mi madre.

—Me siento la persona más horrible del mundo —le confesó Gisele con un hilo de voz.

Matt la besó en los labios y, mirándola a los ojos, le aseguró:

—Eres la persona más adorable que conozco.

—Leonor, me parece que esta noche van a empezar a fabricar nietos —se mofó Jason al ver a la pareja tan acaramelada.

—Espero ser la primera en saberlo —comentó Sarah con un claro tono de advertencia a Gisele.

—Creo que el primero en saberlo debería ser yo —le replicó Matt divertido.

—No si no eres el padre —bromeó Jason.

— ¡Jason! —Le regañaron todos al unísono y acabaron riendo a carcajadas.

—Abre mi regalo —le susurró Matt a Gisele.

Gisele le miró con curiosidad, pero también con recelo. Sospechaba que Matt le habría hecho un regalo impresionante y comenzaba a sentirse ridícula por el regalo que ella le iba a hacer. Matt le entregó un pequeño paquete cuadrado y plano y ella sonrió, imaginando que se trataría de un bonito marco con una foto de ambos, probablemente de la boda. Desgarró el envoltorio y descubrió una caja aterciopelada, muy lejos de parecer un marco de fotos.

—Matt…

—Por favor, Gisele. Compláceme, abre la caja y acepta el regalo —le rogó Matt.

Con manos temblorosas, Gisele abrió la suave caja de terciopelo azul y se encontró una hermosa gargantilla con un enorme rubí rojo en forma de corazón.

— ¡Oh, es precioso, Matt! —Exclamó Leonor al verlo.

Gisele no dijo nada, no sabía qué decir. Dejó que Matt le colocara la gargantilla alrededor del cuello y se lo agradeció con una dulce sonrisa que a Matt le supo a poco.

—No te ha gustado.

— ¿Cómo no me va a gustar? —Le replicó Gisele—. Pero ahora me siento ridícula por el regalo que te he hecho.

— ¿Dónde está mi regalo? —Le exigió Matt divertido.

Avergonzada, Gisele le entregó el sobre que contenía su vale por un deseo y se lo entregó. Matt la escrutó con la mirada, tratando de adivinar de qué se trataba hasta que se le ocurrió algo que no le hizo ninguna gracia:

—Si lo abro, espero no encontrarme un cheque ni nada parecido.

—No es dinero y no tiene ningún valor económico —le aseguró Gisele.

Matt no esperó más, abrió el sobre y sacó su contenido. Frunció el ceño al comprobar que el papel tenía el mismo tamaño que un talón, pero sonrió embelesado cuando leyó: Vale por un deseo.

—Mm… Esto puede resultar de lo más interesante, es el mejor regalo que podías hacerme —le aseguró Matt agarrando a Gisele por la cintura y colocándola en su regazo—. ¿Puedo utilizarlo cuando quiera o tiene condiciones?

—Puedes utilizarlo cuando quieras y sin condiciones, pero solo tienes uno, así que te recomiendo que lo guardes para cuando de verdad lo necesites —le explicó Gisele, más relajada entre los brazos de Matt.

—Entonces, si quiero gastar mi deseo en pasar un fin de semana a solas contigo, ¿puedo utilizarlo aunque tú hayas hecho otros planes?

—Sí, no sería muy ético, pero sí —bromeó Gisele.

Continuaron abriendo regalos hasta que, bien entrada la madrugado, todos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones, las que Leonor les había asignado.

Hasta que el contrato nos separe 37.

A la mañana siguiente, tras hacerse la remolona durante más de una hora, Gisele se levantó de la cama para darse lo que pretendía ser una ducha rápida con Matt, pero se demoraron más de lo previsto y pidieron al servicio de habitaciones que les subieran el desayuno a la suite mientras terminaban de arreglarse.

Después de desayunar, dejaron el hotel y se subieron a un taxi para hacer una rápida parada en casa. Cogieron el equipaje para su pequeño anticipo de luna de miel, se subieron al coche de Matt y se dirigieron hacia el sur por la autopista.

Tras conducir durante más de dos horas, Matt por fin paró el motor del coche al llegar a su destino. Gisele sonrió en cuanto vio el mar y bajó del vehículo emocionada, queriendo salir corriendo hacia a la playa y conteniéndose para no parecer una niña pequeña. Echó un vistazo a su alrededor y entonces reparó en la pequeña casa victoriana de dos plantas con jardín y garaje que tenía al lado y ató cabos.

— ¿Vamos a quedarnos aquí? —Preguntó entusiasmada.

—Sí, pero solo por unos días —le recordó Matt estrechándola entre sus brazos—. Les hemos prometido a todos que regresaremos a tiempo para celebrar la nochebuena. Entremos en la casa, quiero enseñártela.

Gisele agarró a Matt del brazo y prácticamente le arrastró hacia el interior de la casa. Sentía curiosidad por conocer el lugar que Matt había elegido para disfrutar de su anticipo de luna de miel y no tenía la menor sospecha de lo que él se proponía.

Con toda la parsimonia del mundo, Matt le mostró la casa a Gisele. Recorrieron la planta baja, formada por una estancia abierta en la que se encontraba la cocina, el comedor y el salón, y un pequeño aseo para las visitas. En la planta superior se encontraba el dormitorio principal con baño propio, dos dormitorios más y un cuarto de baño completo. Gisele reparó en los dos dormitorios con decoración infantil, pero no dijo nada al respecto.

— ¿Te gusta la casa? —Quiso saber Matt mientras salían al jardín trasero que tenía acceso directo a la playa.

—Me encanta, gracias por todo lo que haces —le respondió ella mirándole a los ojos totalmente embelesada por todo lo que Matt le hacía sentir.

—Me alegra oír eso, porque es tu regalo de boda.

—Tú me devolviste el dinero que me gasté en tu regalo de boda —le acusó Gisele con tono de reproche, pero lo meditó durante un instante y añadió—: Aunque tengo que reconocer que tu regalo de boda es mucho mejor, al menos lo disfrutaremos los dos.

—Bueno, en realidad es solo tuyo, tú eres la única propietaria de la casa.

— ¿La única propietaria de la casa? ¿De qué estás hablando? —Le preguntó Gisele al no entender lo que Matt le decía, pero ató cabos antes de que Matt pudiera abrir la boca y le espetó—: ¿Es que te has vuelto loco?

—Vaya, y yo que pensaba que no podía haber respuesta que tu regalo es mucho mejor, con tono rencoroso —bromeó Matt, quitándole importancia al hecho de haberle regalado una casa en la playa.

—Matt, te lo agradezco de verdad, pero esto es demasiado —le dijo Gisele poniéndose seria, sintiéndose mal por aceptar esa clase de regalos, por llamarlos de alguna manera—. Me halaga que seas tan detallista, generoso y bueno conmigo, pero no puedo aceptar un regalo así y no voy a hacerlo.

—Claro que vas a aceptarlo —le contradijo Matt visiblemente molesto—. No sé qué habrás pensado, pero no pretendo pedir nada a cambio por lo que doy.

—Yo no he dicho nada de eso ni lo he insinuado, mucho menos lo he pensado —le corrigió Gisele a la defensiva.

—Me hace feliz hacerte feliz y sé que esta casa es el regalo perfecto, no pretendía ofenderte ni mucho menos que te enfadaras.

—No me he ofendido ni me he enfadado —le aseguró Gisele sintiéndose la peor persona del mundo.

—Entonces, hazme feliz y dime que aceptas mi regalo de boda —insistió Matt sin darse por vencido.

—Me lo pensaré —le respondió Gisele juguetona—. Quizás tengas que darme algunos buenos motivos y razones para convencerme.

—Mm… Adoro los retos, cariño —le susurró Matt con la voz ronca.

Gisele ya no sabía qué pensar. Recibir como regalo de boda una casa en la playa era demasiado, sobre todo si tenía en cuenta que se trataba de un matrimonio de conveniencia pero, una vez más, decidió no pensar en ello. No quería desgastarse pensando en qué ocurriría en el futuro, era el momento de disfrutar del presente.

Durante los días siguientes, Matt y Gisele disfrutaron de su mutua compañía, dejándose llevar por la pasión y el deseo que sentían el uno por el otro y olvidándose del resto del mundo. Se dedicaron a complacerse, a disfrutar juntos de los pequeños placeres de la vida, como disfrutar de una íntima y romántica cena casera, ver una película acomodados en el sofá o pasar el día en la cama.

La última noche antes de regresar a la ciudad para celebrar la Navidad con la familia, Matt llevó a Gisele al borde el orgasmo para después detenerse de repente, provocando las protestas de Gisele.

— ¿Qué ocurre? ¿Quieres que continúe? —Le preguntó mofándose.

— ¡Claro que quiero que continúes! —Le espetó Gisele con frustración.

—Entonces, solo tienes que aceptar mi regalo de boda.

—Eso es chantaje —protestó ella de morros.

—Llámalo como quieras, la cuestión es si quieres quedarte así o continuar con lo que estábamos haciendo —la provocó Matt maliciosamente. Ella alzó las caderas en busca de placer y Matt añadió con la voz roca—: Dime que aceptas mi regalo y acabaré con esta tortura, cariño.

—Acepto tu regalo, pero te advierto que yo también sé jugar sucio —accedió Gisele finalmente.

—No ha sido tan difícil, ¿verdad? —Se burló Matt antes de seguir donde lo habían dejado un par de minutos antes.

Tras una última noche de pasión en la casa de la playa, Matt y Gisele emprendieron el camino de regreso a casa para celebrar la Navidad con la familia y los amigos.

Llegaron a casa a mediodía, deshicieron las maletas, pidieron comida a domicilio y almorzaron en la cocina. Gisele había quedado con Sarah y Kelly para comprar los regalos de navidad y, aunque Matt hubiera preferido pasar la tarde con ella, tuvo que conformarse con pasar la tarde con Jason.

— ¿Qué tal ha ido la luna de miel? —Le preguntó Jason nada más verle, dispuesto a divertirse un poco a costa de su amigo.

—No podría haber ido mejor, con Gisele todo es fácil, cómodo y apasionante —le confesó Matt—. Nos llevamos bien, nos entendemos y a ambos nos gusta estar juntos, así que todo va genial.

—Pareces sorprendido de que sea así.

—Es la primera vez que me siento tan cómodo compartiendo mi vida —le respondió Matt encogiéndose de hombros—. Siempre he pensado que sería incapaz de convivir con alguien, pero con Gisele no solo resulta fácil, sino que además es divertido. Tú me conoces, mi vida es la agencia. Pero, desde que la conozco, busco cualquier excusa que me permita dejarlo todo para estar con ella.

—Te has enamorado de ella —le acusó Jason con tono divertido.

—No estoy enamorado, Gisele solo es una socia con la que debo convivir hasta que finalice nuestro contrato —argumentó Matt tratando de convencerse a sí mismo—. Aunque eso no significa que no podamos divertirnos mientras tanto.

Jason no dijo nada, sabía que aquel sentimiento era nuevo para Matt y necesitaría tiempo para asimilarlo y aceptarlo. Hasta entonces, cualquier cosa que le dijera resultaría inútil.

—Sarah y yo también nos divertimos mucho —comentó cambiando de tema.

—Pasáis juntos mucho tiempo, pese a que vivís en ciudades distintas —apuntó Matt tratando de descubrir qué se traía entre manos su amigo con la mejor amiga de Gisele.

—Nos divertimos mucho, no te lo voy a negar —le respondió con una amplia sonrisa en los labios—. Pero no hay mucho más qué contar. Cómo has dicho, vivimos en ciudades distintas y ninguno de los dos quiere una relación estable.

—Da igual lo que quieras, a veces las cosas pasan sin más —pensó en voz alta Matt, ya que él era un claro ejemplo de ello.

Gisele pasó la tarde con Sarah y Kelly, recorriendo las tiendas del centro de la ciudad para realizar las compras de última hora. Gisele ya había comprado todos los regalos, salvo el regalo de Matt. Sabía que, comprara lo que comprara, Matt averiguaría el precio de su regalo y le haría la transferencia correspondiente, algo que Gisele no estaba dispuesta a permitir. Por eso había decidido regalarle otra cosa, algo que no fuera material, que no pudiera comprarse con dinero, pero no se le ocurría otra cosa que no fuera desnudarse y ponerse un lazo enorme en la cabeza.

—Pues eso seguro que le gusta —bromeó Sarah entre risas.

—Quiero regalarle algo que tenga valor para él, pero no un valor material ni tampoco sexual.

—Sin duda alguna es el mejor regalo que le puedo hacer a Jason, el único problema es qué le diré a Leonor cuando me pregunte qué le he regalado —continuó bromeando Sarah.

—Lo siento, pero no se me ocurre nada para ayudarte —le dijo Kelly—. Todo lo que se me ocurre incluye un valor material.

Finalmente, Gisele optó por comprar una tarjeta negra en la que escribió con un rotulador dorado: “Vale por un deseo” y la metió en un sobre dorado. Era el regalo perfecto para Matt, un regalo que le gustaría y que no podría devolverle.

Tras realizar las últimas compras, las chicas regresaron a casa de Gisele, donde se prepararon para la cena de nochebuena en casa de Leonor.

Hasta que el contrato nos separe 36.

Los recién casados pudieron relajarse un poco durante la comida, pero aquellos discursos de sus amigos les habían hecho pensar a ambos en el futuro, algo para lo que todavía no estaban preparados para afrontar.

Después de comer, de cortar el pastel y de brindar por enésima vez, llegó el momento del primer baile de los recién casados. Matt se había encargado de escoger la canción del primer baile y había mantenido en secreto su elección a todo el mundo, incluida Gisele. Matt agarró a Gisele de la mano y la llevó al centro del salón principal de la masía cuando empezaron a sonar los primeros acordes de la canción. Colocó los brazos alrededor de su cintura y la estrechó contra su cuerpo al mismo tiempo se balanceaba con un suave vaivén al ritmo de la música.

— ¿Qué canción es esta? —Le preguntó Gisele recostando la cabeza en el hombro de Matt y añadió—: Nunca la había escuchado, pero me encanta.

—La canción se titula I want to know what love is y es de Foreigner —le susurró Matt.

Obviamente, Matt había elegido esa canción por un motivo: el significado de la misma. La letra de aquella canción describía a la perfección lo que él sentía por Gisele pero no se atrevía a confesar en voz alta.

A Gisele no le pasó por alto el significado de la letra de la canción y se devanó los sesos pensando si aquello era una señal que Matt le enviaba o si simplemente era una bonita canción que había escogido al azar. Cerró los ojos y se dejó llevar por el suave balanceo, en paz entre los brazos de Matt. Cuando la canción terminó, Matt la besó en los labios con amor, ternura y pasión, uno de esos besos que sacudían todo su cuerpo.

—Ejem, ejem —fingió toser Jason para llamar la atención de los novios y, cuando lo logró, le preguntó a su amigo Matt sonriendo divertido—: ¿Es que no vas a dejar que tu esposa baile conmigo?

—Solo si ella quiere, no quiero dormir en el sofá la primera noche de matrimonio —le respondió Matt bromeando.

Jason bailó con Gisele y Matt bailó con Sarah. Durante la siguiente hora y media, las parejas de baile fueron rotando hasta que, ansioso por sentir el contacto con Gisele, Matt recuperó a su pareja de baile y, envolviéndola con sus brazos, le confesó en un susurro:

—Quiero que esto se acabe para poder estar a solas contigo, no creo que pueda aguantarlo mucho más.

— ¿Nos podemos ir ya?

— ¿Te quieres ir ya? —Preguntó Matt sorprendido.

—Me muero de ganas por estar contigo a solas —le confesó ella.

Matt no necesitó escuchar nada más. Abrazó a Gisele y, llamando la atención de todos los invitados, se dispuso a excusarse con ellos:

—Queremos daros las gracias a todos por acompañarnos en un día tan especial como el de hoy, nos habéis regalado un maravilloso recuerdo que permanecerá con nosotros para siempre. Os pedimos que sigáis disfrutando de la fiesta y que nos disculpéis, pero debemos descansar un poco antes de poner rumbo a nuestra pequeña luna de miel antes de Navidad, esperamos que lo comprendáis.

—Tranquilos, todos sabemos lo que se hace en la noche de bodas —bromeó Sarah haciendo reír a todos los invitados y ruborizando a Gisele.

—Sarah, ¿te quedarás en la ciudad hasta que regrese? —Quiso saber Gisele.

—No te preocupes, se quedará en mi casa y la trataré como a una princesa —respondió rápidamente Jason.

—Llamadnos mañana cuando lleguéis a vuestro destino —les pidió Leonor sin desvelar el lugar al que Matt llevaba a Gisele.

—Llamaré cuando lleguemos, pero os recuerdo que estamos de luna de miel y no queremos recibir llamadas a menos que se trate de un asunto urgente y/o importante —les advirtió Matt con tono amenazante.

—Déjales Leonor, que van a practicar para darte nietos —se mofó Sarah, bastante achispada.

—Por favor, sácame de aquí —le rogó Gisele a Matt en un susurro.

Matt no esperó a que se lo dijera dos veces, se despidieron de todos y salió de la masía agarrando a Gisele por la cintura y pegándola a su costado. La ayudó a subir a la limusina y, poco después, se dirigían por la autopista hacia un hotel a las afueras de la ciudad donde Matt había reservado una suite para pasar su primera noche con Gisele como marido y mujer.

— ¿A dónde vamos? —Le preguntó ella al percatarse de que iban en dirección opuesta a casa de Matt.

—En seguida lo verás.

Matt no le dijo nada más, la abrazó y la besó en los labios de nuevo, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo al tener una esposa como Gisele.

Diez minutos más tarde, el chófer de la limusina aparcó frente a un lujoso y discreto hotel situado a las afueras de la ciudad. Matt ayudó a Gisele a salir del vehículo mientras el chófer sacaba un par de pequeñas maletas del maletero y se las entregaba a uno de los empleados del hotel para que se las llevaran.

—Buenas noches —saludó Matt al recepcionista—. Soy Matt Spencer, tenemos una suite nupcial reservada.

—Buenas noches, señores Spencer y mi más sincera enhorabuena por el enlace —les felicitó el recepcionista dándoles la bienvenida y añadió señalando al empleado que cargaba con sus maletas—: Jerry les acompañará a su habitación.

Cogidos de la mano, Matt y Gisele subieron al ascensor junto al botones hasta la última planta del edificio, donde se encontraba la suite nupcial. Nada más salir del ascensor, el botones se apresuró en abrir la puerta de la suite y dejar las maletas dentro para salir antes de que la pareja entrara. Matt sacó un billete de la cartera y se lo entregó al botones, que desapareció de allí al instante. Gisele fue a entrar a la suite, pero Matt la detuvo y la cogió en brazos para entrar con ella como marcaba la tradición.

—Bienvenida a nuestra primera noche de matrimonio, señora Spencer —le susurró Matt con la voz ronca.

—Mm… Señor Spencer, estoy deseando comenzar a disfrutar de nuestra primera noche.

Matt dejó que los pies de Gisele tocaran el suelo y ambos recorrieron la suite, deteniéndose en el enorme baño.

— ¿Te apetece que nos demos un baño?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella sonriendo.

Abrieron el grifo de la bañera y se desnudaron mutuamente, recreándose en tiernos besos y delicadas caricias con las que se excitaban sin pretenderlo. Se metieron en la bañera y Gisele se sentó entre las piernas de Matt, recostando su espalda en el pecho de él.

—Llevo veinticuatro horas deseando que llegara este momento —le confesó Matt en un susurro—. Me olvido del mundo cuando estamos solos tú y yo, me gusta tenerte entre mis brazos, verte sonreír a cada momento y escuchar cómo tratas de convencerme para que te deje dormir un ratito más cada mañana. Me gusta besarte, acariciarte y darte placer hasta hacerte estallar en mil pedazos mientras gritas mi nombre.

Las palabras de Matt fueron acompañadas por una demostración física de las mismas, la besó, la acarició y hundió su mano en la entrepierna de ella en busca del centro de su placer.

—Matt…

—Déjate llevar, cariño —le susurró él estimulándola con más presión y velocidad—. Quiero oírte gemir, quiero que te deshagas entre mis brazos.

Matt no tuvo que insistir mucho más, Gisele se dejó llevar y alcanzó el orgasmo gritando el nombre de Matt, un grito que él ahogó con un apasionado beso. Se quedaron en silencio hasta que Gisele recobró la respiración y se colocó a horcajadas sobre Matt.

—Necesito sentirte dentro —le susurró con un hilo de voz al mismo tiempo que se empalaba lentamente.

Gisele quiso llevar el control de la situación y aceleró el ritmo de las embestidas, pero Matt se lo impidió y la agarró por la cintura para suavizar el ritmo. No quería un polvo rápido, quería hacerle el amor. Gisele se percató de su intención y lo complació, pues ella también anhelaba hacer el amor de aquella manera tan tierna y delicada. Ambos se dejaron llevar y juntos alcanzaron el clímax. Matt la abrazó con fuerza, estrechándola contra su cuerpo, cerró los ojos y le confesó en un susurró:

—Me encantaría quedarme así para siempre.

—Y a mí también —se oyó decir Gisele.

—El agua se está enfriando, deberíamos salir, secarnos y seguir con esto en la cama.

Dicho y hecho. Pocos minutos después, ambos estaban abrazados en la cama, profiriéndose besos y caricias, haciendo el amor apasionadamente y dejándose llevar por el deseo que les hacía arder de pasión.

—Duérmete cariño, mañana nos espera un pequeño viaje para disfrutar de nuestro anticipo de luna de miel y quiero que estés descansada.

—Unos días a solas y sin nada qué hacer, te vas a aburrir conmigo —bromeó Gisele.

—Te aseguro que no me voy a aburrir contigo, preciosa —le susurró Matt estrechándola contra su cuerpo para pegarla aún más a él—. Ahora duérmete, ya tendremos tiempo de continuar por donde lo hemos dejado cuando lleguemos a nuestro destino.

—Un destino que no me vas a revelar —adivinó Gisele.

—Es una sorpresa, mañana lo descubrirás —sentenció Matt. La besó en los labios con dulzura y añadió—: Buenas noches, señora Spencer.

—Buenas noches, amado esposo —le respondió Gisele siguiéndole el juego antes de dormirse.

Hasta que el contrato nos separe 35.

Tras firmar los documentos que acreditaban el recién matrimonio, Matt y Gisele salieron de la iglesia agarrados de la mano, seguidos por las damas de honor, el padrino y la madrina. Leonor, al igual que Elsa, estaba muy emocionada, no había dejado de llorar de felicidad al ver a su hijo contraer matrimonio con una persona tan buena y sencilla como era Gisele, a quien ya consideraba como a su propia hija. Kelly, Sarah, Jason, Tyler y Ben también estaban eufóricos y encantados con el enlace entre Matt y Gisele.

— ¿Preparada para salir ahí fuera como la señora Spencer? —Le preguntó Matt a Gisele.

Ella asintió con la cabeza, agarrando con fuerza la mano de Matt. Él la besó en los labios y la estrechó brevemente entre sus brazos antes de salir de la iglesia. En cuanto traspasaron el umbral de la puerta, les cayó una lluvia de pétalos acompañada por un ¡viva los novios! de todos los invitados que esperaban a las puertas de la iglesia para felicitar a los novios.

Durante más de veinte minutos, la pareja se sumergió en un sinfín de felicitaciones y abrazos por parte de familiares y amigos, pero Matt no soltó a Gisele en ningún momento. Ella estaba nerviosa, le apretaba la mano con fuerza para que no la soltara y él no pudo ni quiso despegarse de su lado.

Cuando se subieron a la limusina para dirigirse al banquete, Matt envolvió a Gisele entre sus brazos, la besó con ternura en los labios y le preguntó en un susurro:

— ¿Estás bien, Gisele?

—Mejor y más tranquila desde que te he visto —le confesó—. Por cierto, tienes que contarme por qué nadie te llama Mathew.

—No me gusta.

—A mí tampoco me gusta que me llames Gisele, ¿por qué no me llamas Gis? —Le replicó.

—Porque tienes un nombre precioso y me encanta llamarte así —sentenció Matt sin opción a réplica. La besó en los labios y le susurró al oído—: También te llamo preciosa y cariño.

Gisele se dejó abrazar por Matt, con él se sentía cómoda, segura y en paz. Él era su templo, su lugar sagrado, con él podía refugiarse del mundo entero. Y una vez más, supo que se había enamorado perdidamente de Matt pero decidió seguir disfrutando del momento sin preocuparse del futuro. Ya lloraría después, pero ahora quería reír y ser feliz.

—Estás muy callada, espero que no te estés arrepintiendo tan pronto de haberte casado conmigo —bromeó Matt.

—Estoy en paz cuando estoy contigo, me transmites serenidad —confesó Gisele.

—Podemos saltarnos el banquete e irnos a nuestra mini luna de miel un día antes.

—No podemos hacer eso, ¡nos matarían! —Exclamó ella riendo ante la ocurrencia de su marido—. Me temo que un día más de mini luna de miel no nos recompensará una vida de reproches por parte de la familia y amigos.

Gisele se arrepintió de utilizar aquellas palabras en el mismo momento en que salieron de su boca. No pasaría una vida con Matt, tan solo pasaría con él un año.

—El resto de nuestra vida… —repitió Matt pensativo y añadió dejando completamente descolocada a Gisele—: Al sacerdote le ha faltado decir eso de hasta que la muerte nos separe, ¿no crees?

—O, en nuestro caso, hasta que el contrato nos separe —le corrigió Gisele sin darse cuenta y, una vez más, se arrepintió de utilizar esas palabras.

—Falta mucho para eso —le susurró Matt pensando en que, transcurrido ese tiempo, habría logrado enamorarla y que quisiera pasar el resto de su vida con él—. De momento, vamos a disfrutar del día de nuestra boda.

Gisele estuvo completamente de acuerdo con Matt, lo mejor era no pensar en el futuro, vivir el presente y afrontar el problema cuando llegara el momento. En un año podían pasar muchas cosas, podían enamorarse, odiarse o simplemente sentir indiferencia el uno por el otro. Torturarse pensando en lo que podía ocurrir no tenía ningún sentido y tampoco solucionaba nada.

—Ya hemos llegado —anunció Matt cuando la limusina se detuvo.

Gisele miró a través de la ventanilla y sonrió al ver dónde se encontraban. Matt había decidido celebrar el banquete de boda en la masía y ella sabía que era un detalle muy especial, pues la masía era su lugar sagrado.

—Pensé que te gustaría que lo celebráramos aquí.

—Has acertado —le confirmó Gisele emocionada y le plantó un beso en los labios.

Todos los invitados ya habían llegado, la limusina había dado un buen rodeo para que así fuera y pudieran recibir a los novios.

Matt ayudó a Gisele a bajar del vehículo, la miró de arriba abajo con una amplia sonrisa en los labios y le susurró al oído antes de besarla en los labios:

—Siempre estás preciosa, pero hoy estás impresionante.

—Es por el vestido, me siento princesa por un día —bromeó Gisele, notablemente nerviosa.

—Siempre vas a ser mi princesa —susurró Matt con la voz ronca mientras la estrechaba entre sus brazos. La agarró de la mano y, tirando de ella para entrar en la masía, añadió—: Es hora de disfrutar del banquete.

—Estoy deseando disfrutar de la noche de bodas —le susurró Gisele para provocarle.

—Cariño, si vuelves a provocarme te secuestro y te quedas sin banquete de boda —le advirtió Matt siguiéndole el juego.

—Si me secuestras, ¿sería para adelantar la noche de bodas?

— ¡Menudo peligro tienes! —Se rio divertido—. Será mejor que entremos o toda la agencia vendrá a buscarnos.

Una vez más, la pareja de recién casados fue recibida entre aplausos, vítores y felicitaciones en cuanto pusieron un pie en la masía. Todo el mundo quería hablar con el novio y la novia, pero Jason y Sarah les echaron una mano y llevaron a los invitados al salón principal, donde se celebraría el banquete. Los invitados se sentaron en el lugar donde se encontraba la tarjeta con su respectivo nombre y los recién casados se sentaron en el centro de la mesa presidencial acompañados por Leonor, Sarah, Jason, Kelly, Tyler y Ben.

Los camareros comenzaron a servir la bebida y a llenar las copas de los invitados. Jason esperó a que todo el mundo tuviera su copa llena para ponerse en pie y, tras llamar la atención de todos los allí presentes, se dispuso a hacer el primer brindis:

—Creo que, como padrino de los novios, me corresponde hacer un brindis y, teniendo en cuenta lo que se bebe en las bodas, prefiero hacerlo cuanto antes —bromeó haciendo reír a todos los invitados—. Lo primero que quiero hacer es felicitar a Matt y a Gis por su matrimonio. Sinceramente, cuando Matt me dijo que le iba a proponer a Gis que se casara con él, pensé que estaba loco. Apenas hacía unos meses desde que se conocían, pero lo cierto es que se compenetran y se complementan a la perfección, es evidente que están hechos el uno para el otro. De hecho, si os fijáis, ni siquiera pueden estar un par de minutos sin tocarse —dijo Jason haciendo reír a carcajadas a los invitados—. El caso es que, desde que Matt conoció a Gis, está menos gruñón y eso, los que trabajamos con él y le soportamos, lo agradecemos. Así que no puedo decir más que ¡viva los novios!

Jason recibió un aluvión de aplausos y también una mirada más que significativa por parte de Matt, que terminó sonriendo al comprobar que sus manos agarraban a Gisele por la cintura con verdadera necesidad. Gisele sonrió divertida ante el discurso y el brindis de Jason, pese a que todo formaba parte de una patraña, en realidad Jason no había dicho ni una sola mentira.

—No te preocupes, no le dejaremos hablar más —le susurró Matt a Gisele, refiriéndose a Jason, para hacerla sonreír.

Tras el brindis de Jason, los familiares y los amigos más cercanos también quisieron dedicar unas palabras a los recién casados.

—Gis es como la hermana que nunca tuve, la quiero más que a mi propia vida y así se lo hice saber a Matt cuando le conocí —dijo Sarah arrancando más de una carcajada a todos los invitados—. Pero lo cierto es que jamás he visto a Gis tan feliz como lo es con Matt así que solo puedo darles mis bendiciones y pedirles que me den sobrinitos pronto.

Matt se rio de la broma de Sarah como todo el mundo, pero a Gisele le cambió la cara. Siempre había deseado ser madre, pero nunca se lo había planteado en su relación con Matt, al fin y al cabo, su matrimonio solo era una parodia. Se reprendió mentalmente por pensar en aquello en ese preciso momento. Se había propuesto disfrutar durante un año de Matt y preocuparse de lo que ocurriría después cuando llegara el momento.

—Por la cara que ha puesto Gis, me parece que no vamos a tener sobrinitos pronto —se mofó Kelly.

—Acaban de casarse, ya tendrán tiempo de pensar en niños más adelante —Elsa se apiadó de Gisele y salió en su ayuda.

Los discursos continuaron con Kelly, Leonor, Elsa, Tyler y Ben que, con tono guasón, advirtió públicamente a Matt que si dejaba escapar a Gisele, él estaría allí para enamorarla.

Esta vez, fue la cara de Matt la que se convirtió en un poema. Él mismo había sido testigo de la complicidad que existía entre Ben y Gisele y, aunque sabía que entre ellos no había más que una buena amistad, no podía evitar sentir un poco de envidia de aquella relación.

—Estoy deseando que llegue esta noche, cuando estemos solos tú y yo y pueda estrecharte entre mis brazos —le susurró Matt a Gisele cuando acabaron con los brindis y los camareros comenzaron a servir la comida—. No te imaginas cuánto lo he echado de menos.

—Has estado sin mí poco más de doce horas, ¿qué harás cuando tengas que marcharte de la ciudad unos días? —Bromeó Gisele.

— ¿Por qué voy a marcharme unos días de la ciudad? —Le preguntó Matt visiblemente molesto.

—Me dijiste que viajabas mucho por trabajo y hasta ahora no has viajado, pensé que sería por todo lo que ha pasado últimamente, la boda,… —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

—Desde que te conocí he evitado viajar —reconoció Matt—, no me gusta dejarte sola y sólo lo haré cuando no me quede elección.

—No quiero condicionar tu vida ni tu trabajo, Matt…

—Y no lo haces, pero ahora tú te has convertido en mi prioridad absoluta —le aseguró—. Casi me vuelvo loco sin ti en doce horas, no quiero pensar qué pasaría si tengo que pasar un día entero sin ti. Otra vez no —añadió recordando los dos días que estuvieron separados cuando celebraron la despedida de soltera.

La intensa mirada de Matt aturdió a Gisele, que agradecía en silencio el estar sentada en ese momento mientras trataba de asimilar las palabras de Matt.

— ¿Qué le has dicho a Gis? ¡Mira qué cara tiene, pobre! —Le recriminó Leonor a su hijo al ver el gesto de contrariedad de Gisele—. Cielo, ¿estás bien?

Gisele estaba emocionada y la intervención de Leonor no la ayudaba a serenarse. Estaba viviendo una vida que no era real y le horrorizaba pensar que estaba engañando a todas aquellas personas que brindaban por su felicidad, que la habían acogido con los brazos abiertos y que se habían convertido en parte de su familia.

—Matt me ha dicho que si tenemos un hijo quiere llamarle Quasimodo —le respondió Gisele a Leonor, tratando de arreglarlo metiéndose en su papel—. ¿Te lo puedes creer?

Matt estalló a reír a carcajadas, abrazó a Gisele colocándola sobre su regazo y la besó apasionadamente sin importarle que todos les miraran y les vitorearan.

—Vas a volverme loco —le susurró Matt con la voz ronca.

— ¡Dejad algo para la noche de bodas! —Gritó uno de los invitados provocando las risas de todo el mundo, incluida la de los recién casados.