CategoríaHasta Que El Contrato Nos Separe

Hasta que el contrato nos separe 54.

Un año más tarde…

Gisele estaba en la habitación del bebé, cambiando de ropa al pequeño Matt para bajar a recibir a los invitados que estaban a punto de llegar para celebrar la cena de Nochebuena. Estaba nerviosa, necesitaba hablar con Matt pero, con Leonor todo el día en casa para organizar los preparativos de la cena, no había podido tener ni un minuto a solas con él. Además, aquella conversación sería larga. Gisele miró el test de embarazo y suspiró, había dado a luz hacía apenas seis meses y estaba embarazada de nuevo. Y, aunque su relación con Matt iba bien, desde que el pequeño Matt nació apenas tenían tiempo solo para ambos y Matt se quejaba de ello, pero Gisele se negaba a separarse de su bebé, y tenía miedo de la reacción de Matt cuando se lo dijera.

Matt estaba en la cocina con Leonor, preparando la cena, cuando decidió ir a buscar a las dos personas que más amaba en el mundo.

—Mamá, voy a ver si Gisele necesita ayuda, ¿puedes encargarte tú?

—Ayuda a Gis, yo aquí me apaño perfectamente —le aseguró Leonor.

Matt subió las escaleras y se dirigió al dormitorio del pequeño Matt. Estaba preocupado por Gisele, la había notado extraña desde que se había levantado y sabía que le ocultaba algo. Fuera lo que fuese, Matt estaba dispuesto a averiguarlo.

—Hola mi amor —la saludó abrazándola desde atrás y depositando un suave beso sobre su cuello—, ¿necesitas ayuda?

—Necesito hablar contigo —se armó de valor Gisele.

—Hablemos —le dijo quitándole al pequeño Matt de los brazos para meterlo en la cuna.

—De acuerdo, hablemos.

—Gisele, estás empezando a preocuparme. ¿Quieres decirme qué ocurre?

—Estoy embarazada, Matt —le confesó con un hilo de voz.

Matt y Gisele se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Matt le preguntó:  

— ¿Estás segura? —Gisele le señaló el test de embarazo con el resultado positivo y Matt, con una sonrisa en los labios, añadió—: Quiero a una pequeña Gisele correteando por casa.

—No sabemos si será niño o niña —le recordó Gisele divertida.

—Mi amor, ¿desde cuándo lo sabes?

—Desde esta mañana, he intentado hablar contigo desde entonces, pero no he podido estar ni un minuto a solas contigo en todo el día.

—Técnicamente, seguimos sin estar a solas —bromeó Matt cogiendo en brazos al pequeño que demandaba atención desde la cuna—. ¿Qué dices, campeón? ¿Quieres tener un hermanito o una hermanita?

El pequeño Matt comenzó a pronunciar sílabas sin sentido, provocando las risas de ambos, y Matt le susurró:

—Creo que quiere varios hermanitos.

—Matt, no quiero decírselo a nadie hasta que me examine el doctor, todavía es muy pronto y prefiero esperar a confirmar que todo está bien antes de anunciarlo.

—Todo irá bien, pero tienes razón, es mejor esperar un par de semanas a que pasen las fiestas antes de darles la noticia —concluyó Matt y añadió bromeando—: Además, no queremos que se acostumbren a que anunciemos la llegada de un nuevo bebé cada Navidad.

—No prometo nada, señor Spencer, eres una tentación muy resistible.

—Lo mismo digo, señora Spencer, es imposible resistirse a una mamá tan sexy.

Una hora más tarde, todos los invitados ya habían llegado y estaban sentados a la mesa disfrutando de una agradable y familiar cena navideña. Gisele sonrió complacida al recordar cómo habían cambiado las cosas desde la primera Navidad que pasó con Matt, hacía ya dos años. Tyler y Kelly estaban prometidos y planeaban casarse en primavera; Jason y Sarah llevaban un año viviendo juntos en casa de Jason, ella pidió el traslado a la ciudad cuando él se le declaró; Gisele y Matt seguían casados pese a que el contrato por el que contrajeron matrimonio se cumplió hacía más de un año, estaban más enamorados que nunca, tenían un precioso niño de seis meses y esperaban la llegada de un nuevo bebé con ilusión. Leonor estaba feliz de estar rodeada de amigos y familia, pero sobre todo estaba feliz porque sabía que pronto estaría rodeada de nietos.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Matt al verla distraída.

—Estaba pensando en cómo han cambiado las cosas desde la primera Navidad que pasamos juntos.

—Han pasado dos años, seguimos casados, tenemos un bebé precioso, viene otro en camino y te amo más que nunca, preciosa —apuntó Matt acariciando el vientre de Gisele—. Estoy deseando ver cómo crece tu barriguita.

—Estaré enorme para la boda de Kelly y Tyler —se lamentó Gisele.

—Estarás preciosa, mi amor.

Matt la besó con ternura, adoraba a aquella mujer que había conseguido derribar todas sus murallas, le había retado y le había ganado todas las batallas hasta caer rendido a sus pies.

— ¿Es que no podéis esperar a llegar al dormitorio? —Les regañó Ben bromeando—. ¿O es que le habéis pedido a Papá Noel un hermanito para el pequeño Matt?

—Quizás lo hagamos —dejó caer Matt sin despegarse de Gisele, mientras miraba a su pequeño en brazos de la abuela.

—Me parece que la familia va a aumentar muy pronto —auguró Sarah.

—Nena, ¿quieres darle un primito al pequeño Matt? —La tanteó Jason.

—Antes tendrás que ponerme un anillo en el dedo, nene.

—Pídeselo a Papá Noel, si has sido buena te lo traerá —la animó Jason.

Sarah le sacó la lengua pensando que tan solo bromeaba, pero lo cierto era que Jason le tenía una sorpresa preparada para cuando llegaran a casa, una sorpresa que incluía un anillo de compromiso.

Ya de madrugada, cuando todos los invitados se marcharon y consiguieron que el pequeño Matt se durmiera en su cuna, Matt y Gisele por fin se quedaron a solas en la intimidad de su dormitorio.

—Cariño, ¿quieres acompañarme en la bañera antes de irnos a dormir?

—Estaría loca si te dijera que no —le susurró Gisele antes de arrojarse a sus brazos y besarle apasionadamente.

FIN

Hasta que el contrato nos separe 53.

Mientras volaban en el avión de la agencia hacia a la capital, Jason le contó a Matt todo lo que había hablado con Sarah la noche anterior y también le explicó el motivo de la repentina huida de Gisele. Matt estaba nervioso, ansiaba ver a Gisele y estrecharla entre sus brazos. Había pasado por situaciones de lo más complicadas y peligrosas, pero jamás se había sentido tan hundido como se había sentido al ver a Gisele salir por la puerta de su casa. Se había enamorado de aquella chica alegre a la que los problemas la perseguían pero que jamás dejaba de mostrar su brillante sonrisa.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Jason tras aterrizar en el aeropuerto de la capital.

—Lo estaré cuando Gisele regrese a casa conmigo.

Quince minutos más tarde, un taxi les dejó frente a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Sarah. Jason respiró profundamente antes de entrar en el edificio y subir en el ascensor hasta detenerse frente a la puerta del apartamento de Sarah.

Gisele se estaba tomando la tercera tila desde que se había levantado cuando el timbre de la puerta sonó. Miró a su amiga abrir la puerta mientras contenía la respiración y entonces le vio. Apenas habían pasado unas horas desde que lo vio por última vez y lo había echado de menos desde que puso un pie fuera de su casa.

Sarah saludó a Matt y a Jason con reproche, sin esforzarse en ocultar lo enfadada que se sentía con ambos por haberla engañado. Se volvió hacia Gisele y le dijo:

—Gis, tienes visita. Estaré en la cafetería de la esquina, llámame y vendré en seguida, ¿de acuerdo?

Gisele asintió y Sarah se marchó con Jason, dejándola a solas con Matt. Ambos se miraron con cautela, tratando de adivinar lo que pensaba el otro. Matt se acercó a ella despacio y, suavizando el tono de voz, le dijo:

—Gisele, tenemos que hablar. Jason me ha contado que nos escuchaste hablar en su despacho, pero te aseguro que se trata de un malentendido.

—Escuché muy bien cómo le decías a Jason que estaba loco si pensaba que ibas a formar una familia conmigo y que tenías que ponerle fin a todo eso.

—Ayer nos reunimos con el abogado de mi abuelo, pensábamos que, cumplido el año de matrimonio, recibiría la herencia, pero hay una nueva cláusula que debo cumplir antes de poder heredar —le explicó Matt sentándose a su lado en el sofá, pero sin llegar a rozarla—. Si quiero heredar, tengo que tener un hijo con mi esposa antes de que se cumplan tres años de matrimonio. Me desahogué con Jason en su despacho y le dije que se acabó porque jamás podría pedirte algo así ni tampoco lo consentiría. Tenía pensado contártelo todo al llegar a casa y también confesarte que te amo y que quiero seguir casado contigo.

Gisele pudo sentir la tristeza, los nervios y también la sinceridad de las palabras de Matt. Y, sin pronunciar palabra, se echó a llorar.

—Cariño por favor, no llores —le susurró Matt abrazándola con fuerza, estrechándola contra su cuerpo—. Haré lo que me pidas, pero no llores.

— ¿Y qué pasa con la casa de tu madre? —Logró balbucear Gisele entre sollozos.

—La heredará el hijastro de mi tío cuando la fecha de la última cláusula del testamento se cumpla, dentro de dos años —le respondió Matt con resignación—. Intentaré llegar a un acuerdo con él para comprarla, pero no quiero que te preocupes por eso.

—Le he contado a Sarah lo de nuestro contrato —le soltó Gisele de pronto.

—Lo sé, ¿está muy enfadada?

—No tanto como ayer cuando llegué —bromeó Gisele.

—Te amo, Gisele. Siempre te amaré.

Matt acercó su boca a la de ella y la besó en los labios, fue un beso lento, pero cargado de amor y cariño, con el que ambos sintieron la paz que les faltaba.

— ¿Regresarás a casa y seguirás siendo la señora Spencer?

—Estaría loca si te dijera que no, pero…

— ¿Pero?

—Antes quiero saber algunas cosas.

—Pregunta lo que quieras, cariño.

— ¿Te gustaría que tuviésemos hijos?

—Me encantaría tener hijos contigo, pero los tendremos cuando estés preparada y así lo decidamos, no tendremos un hijo solo por una herencia.

—Y, ¿si yo quisiera tener un hijo ahora?

—No habría nada que me hiciera más feliz que saber que un pedacito de nosotros crecerá en tu vientre —Gisele comenzó a llorar de nuevo y Matt, sin saber por qué lloraba, le preguntó preocupado—: Cariño, ¿por qué lloras?

—Estoy embaraza —le confesó Gisele con un hilo de voz, mirándole a los ojos para anticipar su reacción.

Matt le sostuvo la mirada durante un par de segundos para confirmar que no se trataba de una broma y le miró el vientre, pero todavía era muy pronto para que se le notara la barriga. Tras pedirle permiso con la mirada, acarició su plano vientre y sonrió al imaginar cómo iría creciendo en los próximos meses.

—Os amo, a ti y a nuestro pequeño bebé —le susurró Matt antes de besarla—. Y, precisamente por eso, no te preguntaré si pensabas ocultarme su existencia.

—No te voy a negar que lo pensé, pero tenía que intentarlo por nuestro bebé.

—En cuanto lleguemos a casa llamaremos al doctor, quiero que te examine y que confirme que todo está bien. Además, tendremos que informarnos de todo lo que no puedes hacer ni comer. Te voy a cuidar como a una reina el resto de mi vida, mi amor.

— ¿Mi amor? —Repitió Gisele sorprendida.

—Sí, mi amor y mi vida eres tú. ¿No te gusta?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella colocándose a horcajadas sobre él con una clara intención de seducirle.

—Por cierto, tengo que decirte algo, pero me tienes que prometer que no te enfadarás.

—Me das miedo —bromeó él ante la mirada de fingida inocencia de ella.

—Ayer por la mañana fui a visitarme a la consulta de mi ginecólogo. Me confirmó que todo está bien, pude escuchar los latidos del bebé y me dijo que estaba embarazada de once semanas. Me hizo una ecografía y me dio una copia, ¿quieres verla?

—Me encantaría.

Como una niña con juguete nuevo, Gisele se levantó del sofá, buscó en el interior de su bolso hasta encontrar las copias de las fotos que el doctor le había dado y se las entregó a Matt, que examinó las fotos con una amplia sonrisa en los labios.

—Prométeme que nunca volverás a salir huyendo sin antes hablar conmigo, yo te prometo que te querré y te mimaré tanto que jamás querrás huir. Te amo, Gisele. No lo dudes nunca.

—Yo también te amo —le confesó Gisele antes de plantarle un beso en los morros.

Preocupados por lo que pudiera estar ocurriendo, Sarah y Jason decidieron regresar al apartamento y comprobar que la sangre no hubiera llegado al río. Por suerte, respiraron tranquilos cuando abrieron la puerta y se encontraron a Gisele y Matt abrazados en el sofá mientras observaban las fotografías de la ecografía:

— ¿Se puede saber qué estáis mirando con esa sonrisa que se os cae la baba? —Preguntó Jason sin saber realmente lo que miraban.

Matt miró a Gisele para pedirle permiso para darle la noticia a su amigo, ella asintió con una sonrisa cómplice en los labios y Matt le respondió:

—Estamos viendo la primera ecografía de nuestro bebé, vuestro sobrino.

— ¡¿Qué?! ¿Voy a ser tío? Va a ser el niño más consentido de todo el planeta.

—O la niña —le corrigió Sarah.

—Me da igual si es niño o niña, solo quiero esté sano —opinó Matt sin dejar de abrazar a Gisele ni de mirar la ecografía—. Mi madre se pondrá como loca cuando se entere.

—Si estos dos nos guardan el secreto, podrás darle la sorpresa el día de Navidad.

—Mi amor, ¿te he dicho ya que te amo?

—Sí, pero jamás me cansaré de escucharlo —le aseguró Gisele.

Más tranquilos y animados habiendo arreglado el malentendido y habiéndose reconciliado, las dos parejas decidieron ir a comer a un restaurante para celebrar la vida, la de ellos y la del bebé que venía en camino.

Esa misma tarde, Matt y Gisele regresaron a casa. Jason se quedó en la capital un par de días más hasta que Sarah cogiera las vacaciones de Navidad para regresar con ella a casa. Ellos también habían tomado una decisión importante respecto a su relación, pero habían decidido aguardar en dar la noticia hasta que Sarah lo dejara todo atado en la capital.

Cuando Gisele entró en casa de Matt y vio el destrozo que había montado, pensó que unos ladrones les habían entrado a robar y Matt tuvo que confesarle lo que realmente había ocurrido.

—Casi me vuelvo loco y solo estado unas horas sin ti —le dijo tras darle la explicación oportuna—. No te preocupes, mañana vendrán a arreglarlo todo.

En el último momento, Matt consiguió convencer a su madre para celebrar la Nochebuena y la Navidad en casa, quería que esa Navidad fuera especial. Leonor insistió en ayudarles a preparar la cena y, como no podía ser de otra manera, Matt se las ingenió para que Gisele no tuviera que hacer nada.

—Entiendo que no me dejes cocinar, pero al menos deja que prepare la mesa y haga algo para que me sienta útil —protestó Gisele al borde de las lágrimas, las hormonas la sumían en una inestabilidad emocional constante.

—Mi amor, solo quiero cuidarte —le dijo Matt armándose de paciencia—. A ti y a nuestro bebé.

Y era cierto, Matt estaba pendiente de Gisele en todo momento, incluso trabajaba desde casa para no tener que ir a la agencia durante aquellos días de fiesta. Gisele reía, lloraba, se enfadaba y volvía a reír, las hormonas la tenían revolucionada y Matt estaba aprendiendo a entenderla y a sobrellevarlo, y no se le estaba dando nada mal. Sarah y Jason, además de guardarles el secreto, también les hicieron compañía, pese a que Matt continuó negándose a separarse de Gisele más de cinco minutos.

En Nochebuena, familia y amigos se reunieron en casa de Matt y Gisele para cenar juntos e intercambiar regalos como cada año. Era la segunda Navidad que Matt y Gisele pasaban juntos, pero ambos la disfrutaron como si fuera la primera.

Tras cenar e intercambiar los regalos, Matt y Gisele decidieron dar la buena noticia a la familia y a los amigos. Matt, llamando la atención de todos los invitados, alzó su copa y pronunció un discurso improvisado:

—Quiero brindar por la familia y por la amistad, por todos vosotros. Pero quiero hacer un brindis especial por mi esposa, la mujer que me tiene completamente hechizado y con la que deseo pasar el resto de mi vida. Además, ahora tengo que cuidarla el doble porque hay un pedacito de nosotros creciendo en su vientre —añadió Matt abrazando desde la espalda a Gisele colocando las manos sobre su vientre.

— ¿Voy a ser abuela? —Preguntó Leonor emocionada.

—Sí, serás abuela en pocos meses —le confirmó Matt.

— ¡Va a ser el niño o la niña más mimado del planeta, su tía se encargará de eso! —Exclamó Kelly feliz por la noticia.

Todos comenzaron a bromear sobre lo consentido que estaría el bebé nada más nacer, de lo poco que iban a poder descansar los padres, etc. Mientras tanto, Gisele los escuchaba y les observaba sin decir nada, tan solo disfrutando de aquella hermosa familia, en la que se incluían a los amigos más íntimos de la pareja, que había formado con Matt.

—Estás muy callada, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt en un susurro.

—No podría estar mejor ni tampoco más feliz y todo es gracias a ti —le confesó Gisele con las lágrimas a punto de derramarse de los ojos—. Te amo, Matt.

—Gracias a ti por hacerme el hombre más feliz del planeta, por permanecer a mi lado, por regalarme tu amor y tu cariño, y por convertir nuestro amor en un pedacito de nosotros al que voy a querer con la misma locura que te quiero a ti, preciosa.

La pareja se sumió en un tierno beso hasta que todos los allí presentes comenzaron a aplaudir y vitorearles, consiguiendo que Gisele se ruborizara y tratara de apartarse de Matt, pero él se lo impidió y le plantó otro beso en los labios, provocando las risas de los amigos y familia.

Hasta que el contrato nos separe 52.

Gisele lloró silenciosamente durante las tres horas que duró el viaje en taxi hasta el apartamento de Sarah en la capital. Por suerte para Gisele, el taxista era poco hablador y no le dijo nada salvo para preguntarle si necesitaba algo o si quería parar y estirar las piernas.

Llamó a Sarah cuando le quedaban pocos minutos para llegar a la capital, estaba anocheciendo y cruzó los dedos para que estuviera en su apartamento.

— ¡Hola Gis! Estaba a punto de llamarte —la saludó Sarah nada más descolgar—. Estoy deseando que llegue el viernes para poder abrazarte, te echo mucho de menos.

—Entonces, tengo una gran noticia para ti, me verás en veinte minutos —le dijo Gisele sonriendo con tristeza.

—Gisele, ¿estás con Matt?

—Estoy en un taxi, de camino a tu apartamento —respondió Gisele con un hilo de voz.

—Pediré una pizza y abriré una botella de vino —trató de animarla Sarah—. Te espero aquí para que me lo cuentes todo.

—Nos vemos en un rato.

Gisele colgó la llamada y se secó las lágrimas de la cara. Resopló abatida, pero se dijo que solo se permitiría ese día para lamentarse, a la mañana siguiente solo vería el lado bueno de las cosas.

Veinte minutos más tarde, Gisele llegó al apartamento de Sarah y su amiga adivinó que aquello era algo más que una pequeña discusión de pareja cuando vio su maleta. Gisele la abrazó y se echó a llorar sin poder pronunciar palabra, así que Sarah tuvo que esperar a que se tranquilizar para escuchar lo que había ocurrido.

—Venga Gis, seguro que es una tontería —le restó importancia Sarah para calmarla.

—No, no lo es —la corrigió Gisele y, entre sollozos, le contó toda la verdad.

Sarah no daba crédito a lo que decía su amiga, se negaba a creer que su matrimonio con Matt no era más que una artimaña para que él se hiciera con la herencia de su abuelo y mucho menos podía creer que Gisele se hubiera prestado a ello. Sin embargo, no le costó adivinar que las lágrimas de su amiga se debían a que realmente estaba enamorada de Matt.

—Y, como ya ha pasado un año desde vuestra boda, os divorciáis y todos tan felices —le reprochó Sarah—. ¿En qué estabas pensando, Gis?

—Eso no es todo —le confesó Gisele.

Sarah miró a los ojos de su amiga y supo que algo gordo estaba ocultando, algo por lo que incluso temblaba.

—Gis, ¿qué has hecho? —Le preguntó Sarah preocupada.

—Estoy embarazada.

Sarah se bebió su copa de vino de un solo trago y acto seguido se bebió la copa de Gisele, necesitaba calmarse un poco antes de hablar.

—Vale, voy a ser tía. ¿O no? —La tanteó.

—Sí, vas a ser tía —le confirmó Gisele sonriendo por primera vez desde que había llegado.

—Y deduzco que Matt no lo sabe.

—No, no lo sabe.

—Pues creo que deberías empezar por ahí, independientemente de lo que pase entre vosotros, ese bebé también es su hijo y tiene derecho a saberlo.

—Escuché a Jason decirle a Matt que nos imaginaba formando una familia y Matt le respondió que era una locura y que cómo podía pensar algo así —le respondió Gisele entre lágrimas.

—Vale, no pasa nada. Ha sido un día largo y tienes que descansar, ahora debes pensar también en ese bebé que no quiere una mamá cansada —le dijo Sarah acompañándola a la habitación de invitados para que descansara—. Mañana, con la mente más despejada, pensaremos qué vamos a hacer.

Sarah se tumbó en la cama junto a Gisele y esperó hasta que se quedó dormida para regresar al salón y terminar de beberse la botella de vino. Había visto a Matt y Gisele felices, cómplices y apasionados, quizás todo comenzó con un contrato de por medio, pero la relación entre ellos era real.

Jason pasó por casa de Matt a última hora de la tarde, quería hablar con Gisele y pedirle ayuda para hacerle un regalo a Sarah por Navidad. Le extrañó ver el coche de Matt aparcado frente a la puerta principal de la casa porque él siempre lo aparcaba en el garaje, pero tampoco le dio importancia. Llamó al timbre de la puerta y, casi una eternidad después, Matt le abrió la puerta completamente borracho. Jason entró en la casa y vio el destrozo que había montado: estanterías caídas, libros y demás objetos tirados por el suelo, un agujero en la pared del salón que sin ninguna duda había sido provocado por un puñetazo y una foto enmarcada de Matt y Gisele el día de su boda.

— ¿Has montado una fiesta y no me has invitado? —Bromeó Jason.

—Estoy celebrando mi maldita soltería —gruñó Matt bebiendo a morro de una botella.

— ¿Dónde está Gis?

—Se ha ido y no quiero volver a escuchar su nombre —vociferó Matt.

— ¿Qué ha pasado?

—No ha pasado nada, he llegado a casa y me la he encontrado a punto de marcharse, con la maleta ya preparada. Me ha dicho que ya ha cumplido su parte del contrato y que espera tu llamada cuando tengas los papeles del divorcio. Quiere divorciarse. Ni siquiera ha sido capaz de mirarme a la cara cuando se ha ido.

Consciente del estado de embriaguez de su amigo, Jason optó por quitarle la botella a Matt y obligarle a meterse en la cama para dormir la mano. Después llamó a Ben y le pidió que localizara a Gisele, lo cual no le resultó difícil debido a que el localizador seguía instalado en el reloj de pulsera de Gisele. Tras averiguar que Gisele se encontraba en la capital, en el apartamento de su amigo, decidió llamar a Sarah.

—Sarah, ¿está Gis contigo? —Le preguntó nada más descolgar.

—Sí, está conmigo —le confirmó Sarah con tono de pocos amigos—, y me lo ha contado todo.

— ¿Se puede saber por qué se ha ido?

—Tú y tu amigo deberíais saberlo.

—Mira, no sé lo que ha pasado, lo único que puedo decirte es que Gis se ha largado sin dar explicaciones y ha dejado a Matt hecho polvo.

— ¿Quieres saber en qué estado ha llegado Gisele a mi apartamento? —Le reprochó Sarah furiosa—. ¡Sois un par de idiotas!

— ¿Puedes pasarme con Gis?

—No, se ha quedado dormida y no pienso despertarla para que hable contigo ni con Matt.

—Sarah, puede que al principio todo fuera parte de una estrategia, pero no puedes negar que entre ellos existe una relación real, tú lo has podido comprobar. Matt quería esperar a después de Navidad para declararse, no quería que Gis pensara que lo hacía por el contrato.

—Gis os escuchó hablar ayer, escuchó como Matt te decía que estabas loco si pensabas que iba a tener hijos con Gisele y que todo se había acabado —le reprochó Sarah.

—No fue eso exactamente lo que dijo, estábamos hablando de la herencia, el abogado del abuelo de Matt ha añadido una nueva cláusula antes de hacer efectiva la herencia: Matt debe tener un hijo antes de que se cumpla el tercer año de matrimonio —le explicó Jason—. Él no estaba dispuesto ni siquiera a comentárselo a Gis, temía que pensara que solo quería estar con ella para conseguir la herencia. Yo bromeé diciendo que ya me los imaginaba con niños y él me dijo que estaba loco si pensaba que sería capaz de tener un hijo con Gis para conseguir la herencia de su abuelo.

—Entonces, ¿todo ha sido un malentendido?

—Me temo que sí, nena —le confirmó Jason—. Tenemos que hacer algo para que se reconcilien, ninguno de los dos está bien.

— ¿Qué pretendes?

—Mañana por la mañana, cuando Matt se despierte, iremos a buscaros —sentenció.

—Matt no lo va a tener fácil.

—Nena, Matt no aceptará un no por respuesta sabiendo que Gis le ama. En cuanto a ti y a mí, tenemos una conversación pendiente —le recordó Jason.

—Desde luego que sí, no te pienses que todo este engaño no va a tener consecuencias.

—Nena, estoy deseando verte aunque estés enfurruñada —bromeó Jason entre risas y añadió antes de colgar—: Nos vemos en unas horas.

A la mañana siguiente, Matt se despertó con una resaca terrible, consecuencia de la cantidad de alcohol ingerida el día anterior. Ni siquiera se molestó en levantarse de la cama, no tenía ningún motivo para hacerlo ahora que Gisele no estaba.

—Levántate y date una ducha, tenemos cosas que hacer —le dijo Jason entrando en el dormitorio.

—Lárgate, no voy a ir a ninguna parte —gruñó Matt.

—Mientras tú estabas durmiendo la mona, yo hice mis averiguaciones —comenzó a decir Jason, llamando la atención de su amigo—. Sé por qué Gis se marchó ayer y, si te soy sincero, no la culpo.

— ¿Qué quieres decir?

—Ayer, después de la reunión con el abogado de tu abuelo, Gis nos escuchó hablar y sacó sus propias conclusiones con lo que oyó.

— ¿Sabe la nueva condición para conseguir la herencia? —Preguntó Matt.

—No, lo que escuchó es que te parecía una locura formar una familia con ella y que tenía que acabar.

—Yo nunca he dicho eso.

—Lo sé, pero ella solo escuchó parte de la conversación. Así que, si quieres hablar con ella y aclararlo, será mejor que te duches.

— ¿Dónde está Gisele?

—Está con Sarah en la capital —le respondió Jason y añadió para apremiarle—: Te lo contaré todo por el camino, te espero en el coche.

A pesar de la horrible resaca que tenía y lo poco que había dormido, Matt se levantó de la cama de un salto y entró en el cuarto de baño para ducharse, no quería perder un minuto más sin Gisele.

Gisele se levantó pasadas las nueve de la mañana y se encontró a Sarah en la cocina, preparando el desayuno.

—Buenos días, Gis. Te he preparado un zumo de naranja natural con unas tostadas, ¿tienes hambre?

Gisele arrugó la nariz, el olor a naranja le dio náuseas y salió corriendo hacia el baño para vomitar. Sarah la esperó en la puerta del baño y, cuando Gisele salió, le preguntó:

— ¿De qué debo deshacerme?

—Del zumo de naranja y de todo lo que huela a naranja —sollozó Gisele.

—No, no llores, por favor. Me deshago de todo ahora mismo, pero no llores.

Sarah se apresuró en retirar el zumo y las naranjas para después servir un vaso de leche que su amiga saboreó junto a unas galletas.

—Me he pasado una hora preparándote un desayuno saludable y terminas comiendo leche con galletas —bromeó Sarah.

— ¿Qué voy a hacer con mi vida, Sarah? —Se lamentó Gisele, ignorando los intentos de su amiga por animarla.

—Tengo que decirte algo, Gis.

— ¿Qué has hecho?

—Te quiero y quiero lo mejor para ti y para el bebé que viene en camino —comenzó a decirle Sarah—. Sé que estás enamorada de Matt y él de ti, ese bebé que esperas necesita un padre y creo que debéis daros al menos la oportunidad de hablar.

— ¿Se lo has contado a Matt? —Exigió saber Gisele, con el miedo en los ojos.

—No le he dicho nada, ni siquiera he hablado con él, pero he hablado con Jason y, dado que estar separados no se os da nada bien, creemos que debéis hablar y solucionarlo.

— ¿Para qué? ¿Para dejar que me humille?

—Gis, no puedo obligarte a hacer algo que no quieres, pero sí puedo aconsejarte que al menos hables con él y dejes que se explique, todo esto es un malentendido y no quiero que te arrepientas el resto de tu vida por tomar la decisión incorrecta.

Gisele no quería volver a ver a Matt, sabía que un encuentro con él le causaría aún más dolor y no quería sentir su rechazo de nuevo, pero decidió seguir el consejo de Sarah y afrontar la situación por el bebé que llevaba en su vientre.

Hasta que el contrato nos separe 51.

Un mes y medio después de haber recibido un disparo en el hombro, Gisele se incorporó de nuevo al trabajo en la agencia. Estaban a mediados de noviembre y a ninguno de los dos se les olvidaba que el contrato vencería en un mes, pero aquel tema seguía siendo tabú entre ambos.

Matt y Gisele iban juntos a la agencia todas las mañanas para trabajar, comían juntos y a media tarde regresaban a casa. Cenaban y poco después disfrutaban de un relajante baño en la bañera antes de irse a dormir. Ya no hacían en el amor todos los días, Matt quería mostrar a Gisele su faceta cariñosa, quería demostrarle que el sexo no era lo único ni lo más importante de su relación. Gisele se percató del cambio en el comportamiento de Matt, pero había decidido disfrutar del tiempo que le quedara con Matt sin más preocupaciones, por lo que evitó cualquier posible discusión con él.

Gisele llevaba varios días con el estómago revuelto y al principio no le dio importancia, hasta que trató de acordarse de la última vez que estuvo con el período y se dio cuenta que no lo tenía desde antes del encuentro con Erik. Habían pasado dos meses y medio desde entonces y en todo ese tiempo tampoco había tomado la píldora anticonceptiva. Matt se había encargado de darle todos los días las pastillas que le había recetado el doctor, pero ninguno de los dos se había acordado de la pastilla más importante. Con la excusa de comprar los regalos de navidad, Gisele salió antes del trabajo y se dirigió al centro. Compró regalos para Leonor, Elsa, Kelly y Sarah y, cuando logró armarse de valor, entró en una farmacia y compró un test de embarazo. A la mañana siguiente, mientras Matt la esperaba en la cocina para desayunar, Gisele se encerró en el baño y utilizó el test de embarazo para salir de dudas. Efectivamente, confirmó lo que ya sospechaba: estaba embarazada. Escondió el test en la bolsa de la farmacia y la tiró a la papelera sabiendo que Matt jamás miraría allí. Respiró profundamente, se miró en el espejo fingiendo una sonrisa y bajó a la cocina a desayunar con Matt. Tenía claro que debía hablar con Matt, pero antes debía asimilarlo ella y pensar qué quería hacer al respecto. En un par de días se cumpliría su primer aniversario de matrimonio y ambos estaban inquietos.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Matt con el ceño fruncido, pues notaba extraña a Gisele desde la noche anterior.

—Por supuesto —mintió Gisele antes de besarle en los labios—. Todavía me falta por comprar varios regalos, entre ellos el tuyo.

—Las compras tendrán que esperar, este fin de semana es nuestro primer aniversario y había pensado en pasarlo en algún lugar, solos tú y yo.

—El contrato finaliza este fin de semana —susurró Gisele temerosa de pronunciar aquellas palabras.

—Tenemos que hablar de eso, pero lo haremos después de las fiestas de Navidad —sentenció Matt. Sentó a Gisele sobre su regazo y le susurró al oído—: ¿A dónde te gustaría ir el fin de semana?

—Podemos decirles a todos que nos vamos fuera el fin de semana y quedarnos encerrados en el dormitorio —le propuso Gisele bromeando.

—Podemos ir a tu casa de la playa, así ves cómo ha quedado la reforma.

— ¿Ya está terminada?

—Acabaron hace unos día y envié a una empresa de limpieza a que la preparara para nuestra llegada, si es que te apetece que vayamos allí.

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió Gisele feliz de saber que pasaría el fin de semana con Matt y también las navidades.

Gisele sabía que tendría que hablar con Matt sobre su embarazo, pero decidió posponer aquella conversación hasta después de Navidad.

Pasaron el fin de semana en la casa de la playa y Gisele trató de memorizar todos y cada uno de los momentos que compartía con Matt, consciente de que aquellos serían sus últimos días como marido y mujer.  

El domingo por la noche, Matt quiso celebrar su aniversario de boda con Gisele sorprendiéndola con una improvisada y romántica cena en el salón. Gisele aceptó la copa de vino que Matt le sirvió y ambos brindaron, pero Gisele solo se mojó los labios de vino y dejó la copa sobre la mesa, donde permaneció sin tocarla el resto de la velada.

— ¿No te ha gustado el vino?

—El vino está bien.

— ¿Estás enferma?

—No estoy enferma, es solo que no me apetece beber alcohol —le restó importancia Gisele.

—Y, ¿qué te apetece hacer?

—Sabes muy bien qué me apetece hacer —le respondió juguetona Gisele.

Matt no necesitó que se lo repitiera dos veces, sabía exactamente lo que quería Gisele y no se hizo de rogar para dárselo. Pese a que Gisele ya estaba completamente recuperada, Matt continuaba haciéndole el amor con ternura, ya no existía entre ellos aquel sexo salvaje de pasión descontrolada, pero el sexo tierno era igual o más placentero y Gisele estaba encantada con ese cambio, a pesar de que al principio no se lo tomó muy bien.

Después de aquel fin de semana, regresaron a la ciudad para continuar con su rutina. Gisele, consciente de tenía una vida creciendo en su interior, llamó a la consulta de su ginecólogo y pidió cita para el día siguiente. Con la excusa de comprar su regalo de Navidad, Gisele se excusó con Matt y se tomó la mañana libre. Él también tenía cosas que hacer aquella mañana, como reunirse con el abogado de su difunto abuelo, y tampoco le había dicho nada a Gisele.

Gisele llegó a la consulta del ginecólogo a las diez de la mañana y, tras hacerle las preguntas rutinarias, el doctor la hizo estirarse en la camilla para examinarla mediante una ecografía. En cuanto el doctor colocó el aparato sobre el abdomen de Gisele, los latidos del bebé se escuchó como si fuera el trote de un caballo y ella se asustó.

—No te asustes, es el latido de tu bebé —la informó el doctor.

— ¿Es normal que sea tan rápido?

—Sí, es un bebé fuerte —le confirmó. Continuó examinándola y, pasados un par de minutos, concluyó—: Estás embarazada de unas once semanas, el latido del bebé es fuerte y todo parece estar bien. No obstante, te realizaremos una analítica de sangre para asegurarnos y te nos veremos a finales de la semana que viene.

Gisele aprovechó para resolver algunas dudas sobre la dieta y el ejercicio que el doctor se encargó de aclararle.

Gisele estaba feliz, se sentía pletórica al saber que una vida crecía dentro de ella, una vida que ella y Matt habían creado. Sin embargo, la felicidad se convirtió en miedo aterrador cuando se preguntó cómo reaccionaría Matt cuando se lo dijera. Se dirigió a la agencia nada más salir de la consulta del doctor, dispuesta a hablar con Matt, decirle que estaba embarazada y que pensaba tener al bebé con o sin su ayuda. Ni siquiera se paró a charlar con la secretaría de Matt cuando pasó al lado de su mesa, se limitó a saludarla con un leve gesto con la mano antes de llamar a la puerta del despacho de Matt.

—Gis, Matt está en el despacho de Jason —la informó la secretaria.

Gisele respiró profundamente y se dirigió al despacho de Jason. Estaba a punto de llamar a la puerta cuando escuchó a Matt pronunciar su nombre, así que decidió quedarse callada y escuchar detrás de la puerta.

—Se acabó, ya has oído a Kevin Norris —escuchó decir a Matt con frustración—. Tengo que hablar con Gisele, nada de esto ya tiene sentido.

— ¿Estás seguro? Yo ya te imaginaba formando una familia con Gisele —se mofó Jason.

— ¿Te has vuelto loco? ¿Crees que haría algo así? —Le espetó Matt.

Gisele no daba crédito a lo que acababa de escuchar. Intuía que la reacción de Matt al saber que iba a ser padre no sería de plena felicidad, pero tenía la esperanza de que, tras procesar la noticia, saliera su lado tierno y romántico. Dolida y humillada, Gisele se secó las lágrimas que salían de sus ojos, dio media vuelta y se marchó de la agencia sin despedirse de nadie.

Gisele regresó a casa de Matt en uno de los todoterrenos de la agencia y agradeció que Elsa no estuviera en casa para no tener que dar explicaciones. Subió al dormitorio principal y comenzó a recoger sus cosas, aquellas con las que llegó a casa de Matt un año y medio antes. Lo metió todo en una maleta y, cuando bajaba las escaleras cargando con la maleta, Matt entró en casa por la puerta principal. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Matt, señalando la maleta, le preguntó:

— ¿Vas a alguna parte?

—Me marcho.

— ¿Te marchas? —Repitió Matt incrédulo.

—He cumplido con mi parte del contrato, quiero el divorcio.

La frialdad de Gisele dejó descolocado a Matt, que no entendía aquel repentino cambio de actitud ni cuál era el motivo de aquella espantada.

—Creía que habíamos acordado esperar a después de Navidad para hablar del tema —la tanteó Matt.

Gisele estaba haciendo un gran esfuerzo para mostrar su endereza y no derrumbarse delante de Matt, pero no estaba dispuesta a dejarse humillar, ahora tenía otra vida en la que pensar.

—Dile a Jason que me llame cuando tenga los papeles del divorcio.

—Por supuesto, se encargará de todo para que no tengamos que volver a vernos —gruñó Matt furioso—. Y no te preocupes, tendrás el dinero en tu cuenta bancaria mañana mismo.

Gisele no le respondió, ni siquiera le miró a la cara cuando pasó por su lado para llegar hasta la puerta y salir de la casa. Se subió al taxi sin mirar hacia atrás mientras las lágrimas rodaban como cascadas por sus mejillas.

— ¿A dónde la llevo, señorita? —Le preguntó el taxista.

—A la capital, por favor —logró decir Gisele entre sollozos.

El taxista asintió con un leve gesto de cabeza y emprendió el camino hacia la capital mientras ella sacaba las copias de las ecografías que le había dado el doctor para mirarlas y seguir llorando.

Tenía el corazón roto y estaba atemorizada por afrontar sola la maternidad, pero también estaba ilusionada con traer al mundo una nueva vida fruto del amor que sentía por Matt. Y es que, aunque Gisele nunca se lo había dicho, amaba a Matt como nunca había amado a nadie, le amaba pese a saber que él ya no quería volver a verla, pese a que ni siquiera había intentado convencerla para que se quedara junto a él.

Gisele necesitaba hablar con alguien con quien poder desahogarse, necesitaba sentir el abrazo de alguien que la quería de verdad y esa era Sarah. Ella la escucharía, la regañaría, la consolaría y después la animaría y la apoyaría en todo lo que decidiese. El único problema era que Gisele no tenía nada decidido, ni siquiera tenía un sitio en el que vivir.

Hasta que el contrato nos separe 50.

Gisele pasó el día en aquella habitación mientras sus amigos la hacían compañía para distraerla y hacerle más amena su estancia allí. Matt no se separó de ella en ningún momento, pese a que todos habían insistido en que descansara, incluida Gisele. Ben se estaba encargando de dirigir la investigación sobre lo ocurrido, con Erik fuera de combate Matt quiso dedicar todo su tiempo a estar con Gisele. Kelly todavía sentía el miedo en su cuerpo, pero Tyler le transmitía la seguridad que necesitaba y no la dejaba a solas ni un momento. Jason estaba feliz de que todo hubiera salido bien y también de tener allí a Sarah, aunque hubiera preferido encontrarse con ella en otras circunstancias.

Hacía varios meses que Jason y Sarah se veían a escondidas, ambos disfrutaban de la compañía del otro y lo que había empezado como una relación basada en un juego divertido se había convertido en una relación romántica, pese a que ninguno de los dos estuviera dispuesto a reconocerlo. Además de la distancia entre ambos, Jason no podía evitar pensar que en unos meses Matt y Gisele se divorciarían y probablemente ya no volverían a verse.

El doctor pasó por la habitación de Gisele a media tarde y, tras examinarla y comprobar que todo estaba bien, decidió darle el alta con la condición de que guardara reposo y no hiciera ningún tipo de esfuerzo.

—Me muero por llegar a casa y darme un largo baño de agua caliente y espuma en la bañera, ¿querrás acompañarme? —Le preguntó Gisele a Matt mientras se dirigían a casa.

—Gisele…

—Te prometo que me portaré bien —insistió Gisele.

—Le pediremos a Elsa que te ayude a bañarte.

— ¿No puedes ayudarme tú?

—Si te ayudo yo, acabarás saliéndote con la tuya —argumentó Matt.

—Creía que ibas a cuidar, mimar y complacer a tu esposa —le provocó Gisele.

—Y yo creía que me lo ibas a poner fácil —replicó Matt.

Había sido un día largo, ambos estaban agotados, Gisele sabía que no conseguiría que Matt cambiase de opinión y no quería acabar discutiendo con él. Llegaron a casa y Elsa la ayudó a darse un baño mientras Matt hablaba por teléfono con Ben para ponerse al día sobre la investigación. Habían realizado una reconstrucción de los hechos en base a la declaración de Gisele y la escena de los hechos, habían confirmado las identidades de los cuatro hombres que acompañaban a Erik y les habían relacionado con su banda de crimen organizado. Después de tantos meses, Gisele por fin podía vivir sin sentirse amenazada por la inestabilidad mental y la peligrosidad de Erik.

—Cielo, ¿qué te apetece que te prepare para cenar? —Le preguntó Elsa a Gisele, con la ternura y la dulzura que la caracterizaban.

—Cualquier cosa que prepares estará bien —le respondió Gisele.

Matt regresó al dormitorio cuando Gisele ya se había bañado y descansaba tumbada sobre la cama con un conjunto de seda de camiseta de tirantes y un pantalón de short. Sexy pero recatado para lo que Matt se había preparado para encontrarse.

—Le estaba preguntando a Gisele qué le apetece cenar —Elsa le puso al corriente de la conversación.

— ¿Qué le apetece cenar a mi esposa consentida? —Preguntó Matt divertido.

—Depende de lo que haya en el menú —le provocó Gisele.

—Me temo que no estáis hablando de comida —comentó Elsa divertida.

—Me apetece cenar pizza —decidió Gisele.

—Elsa, ¿te encargas de llamar al restaurante para que nos sirvan a domicilio?

—Por supuesto, ahora mismo —le respondió antes de salir del dormitorio y dejar a solas a la pareja.

—Has conseguido sonrojar a Elsa —bromeó Matt tras besarla en los labios. Se sentó a los pies de la cama y añadió—: Han sido dos días muy largos, debes estar agotada.

—Tú también estás agotado —apuntó Gisele.

Matt se tumbó en la cama junto a ella y la abrazó. Deseaba protegerla de todo lo malo que hubiera en el planeta, deseaba mimarla y, por encima de todas las cosas, deseaba amarla el resto de su vida.

Esa noche, después de cenar la pizza que a Gisele se le había antojado, ambos se quedaron dormidos abrazos el uno al otro.

Al día siguiente continuaron recibiendo visitas, Leonor, Sarah y Kelly no querían separarse de ella. Matt aprovechaba las visitas para mantenerse al corriente de los asuntos de la agencia hablando por teléfono con Ben, pero no se alejaba de Gisele más de diez minutos y así fue su rutina durante los siete días siguientes. Una semana más tarde, Gisele ya estaba mucho mejor y, aunque no podía realizar esfuerzos, podía moverse sin que le dolieran hasta las pestañas.

Pese a la mejoría de Gisele y sus intentos por seducir a Matt, él se mantenía firme en su decisión de no practicar sexo. A Gisele se le habían acabado los argumentos para convencerle, así que no le quedó más remedio que jugar sucio. La séptima noche, Gisele se metió en la cama completamente desnuda mientras Matt se duchaba. Cuando salió del baño y se metió en la cama con ella, Matt la abrazó y fue consciente de sus intenciones.

—Gisele, no me lo pones nada fácil.

—Si no te has dado cuenta, no es lo que pretendo —le replicó Gisele.

— ¿Crees que yo no lo deseo? Mira cómo me tienes —le susurró Matt rozando su enorme erección contra el trasero de Gisele.

—Nos estás torturando a los dos —gimió Gisele al sentir las manos de Matt acariciando sus pechos.

Gisele deslizó su mano hasta encontrar el miembro erecto de Matt, lo recorrió en su totalidad con la yema de sus dedos y comenzó a masturbarle, pero Matt la detuvo.

—Si vamos a hacerlo, lo haremos a mi manera —le advirtió—. No puedes hacer esfuerzos y no quiero que te muevas. Si no te portas bien, te dejaré a medias. ¿Lo has entendido?

—Alto y claro —le respondió Gisele expectante.

Con sumo cuidado y delicadeza, Matt acarició, besó y adoró cada centímetro de piel del cuerpo de Gisele. Mordisqueó, pellizcó y lamió sus pezones antes de hundir la cara entre sus piernas, donde se demoró estimulando el centro de placer de Gisele.

—Matt —le rogó Gisele con un hilo de voz.

Matt introdujo uno de sus dedos en la vagina de Gisele, pero aquello no fue suficiente y ella le demandaba. Probó con dos y tres dedos, pero eso no era lo que Gisele ansiaba:

—Te necesito dentro, Matt —suplicó Gisele.

Matt ya no fue capaz de resistirse más, aquello era una tortura para ambos. Sosteniendo su cuerpo con los brazos y las rodillas, se colocó encima de Gisele, la besó apasionadamente en los labios y se hundió en ella despacio, llenándola por completo.

— ¿Mejor ahora? —Le preguntó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

—Mucho mejor —confesó Gisele.

Con un suave vaivén, Matt llevó a Gisele al orgasmo y solo entonces se permitió derramarse en su interior.

— ¿Estás bien, cariño? —Le preguntó Matt rodando hacia un lado de la cama para no aplastarla pero abrazándola de nuevo y estrechándola contra su cuerpo.

—No podría estar mejor —reconoció Gisele exhausta.

—Duérmete, seguiré estando aquí cuando despiertes —Le susurró Matt justo antes de que se quedara dormida. Y, cuando estaba seguro de que ya no podía escucharle, le susurró de nuevo—: Te quiero, Gisele.

Desde que dispararon a Gisele, Matt había permanecido a su lado las veinticuatro horas del día y, justo cuando llegaba la noche y Gisele se dormía, él le susurraba al oído que la quería. Todavía no estaba preparado para decírselo estando Gisele despierta, pues temía que ella tampoco estuviera preparada para escucharlo.

Durante las siguientes tres semanas, Gisele permaneció en casa y Matt no se separó de su lado salvo cuando Gisele recibía alguna visita y aprovechaba para hacer unas llamadas a la agencia. Trabajaba desde casa, haciendo compañía a Gisele mientras ella leía un libro, veía la televisión o charlaba por teléfono con su amiga Sarah. El doctor la visitaba un par de veces por semana, la examinaba, le sacaba sangre para hacer una analítica y confirmaba que todo estaba en orden. La herida de bala que Gisele tenía en el hombro ya casi estaba curada y en su lugar ya comenzaba a aparecer una pequeña cicatriz apenas perceptible gracias a las pomadas que Matt le había comprado y que insistía en ponerle sobre la herida.

Matt continuaba cuidando, mimando y complaciendo a Gisele, pero ella ya se encontraba mucho mejor y estaba cansada del sexo suave, quería hacer el amor con Matt apasionadamente y él seguía tratándola como a una muñequita de porcelana que se podía romper.

Gisele se había levantado de mal humor, estaba aburrida de pasar tanto tiempo en casa y había discutido con Matt, pero trató de hacer un esfuerzo por sonreír y fingir que todo iba genial cuando recibieron la visita de Leonor.

—Gis, ¿qué te ocurre? —Le preguntó Leonor preocupada en cuanto la miró a la cara, a ella, al igual que a Elsa, no se le escapaba nada—. No me lo digas, has discutido con Matt. Matt, ¿qué le has hecho?

— ¿Por qué das por hecho que la culpa es mía? —Protestó Matt.

— ¿Me equivoco? —Leonor desafió a su hijo con la mirada.

Ninguno de los dos respondió y Leonor decidió no preguntar más sobre el tema, pues intuía que solo empeoraría las cosas. Enfurruñado, Matt se encerró en su despacho para trabajar desde su ordenador y Gisele se quedó en el salón charlando con Leonor.

—Es tan testarudo como lo era su padre —comentó Leonor cuando se quedó a solas con su nuera.

—No te lo voy a discutir, no hay manera de hacerle cambiar de opinión —murmuró Gisele.

— ¿Qué se le ha metido entre ceja y ceja?

—Se empeña en tratarme como si fuera de cristal y estoy bien —le respondió Gisele.

—Ha estado a punto de perderte, es normal que quiera protegerte.

—Lo sé.

—Ten paciencia con él y llévatelo a tu terreno —le aconsejó Leonor—. Si le retas, se empeñará en llevarte la contraria.

Un rato más tarde, Gisele decidió ir en busca de Matt al despacho, donde seguía trabajando enfurruñado. Llamó a la puerta y esperó a que Matt la invitara a entrar.

—Hola, ¿tienes mucho trabajo? —Le preguntó acercándose a él despacio para después comenzar a masajearle el cuello.

— ¿Qué estás tramando?

—No tramo nada, solo quiero hacer las paces con mi marido —ronroneó Gisele—. No me gusta verte enfadado.

—Ven aquí, caprichosa —Matt la cogió por la cintura y la sentó sobre su regazo al mismo tiempo que aprovechaba la cercanía para plantarle un beso en los labios—. ¿Hasta cuándo va a durar la tregua?

—Sé que esto tampoco está siendo fácil para ti y no quiero presionarte, no pretendo causarte más problemas de los que ya te he dado. Seré una niña buena y no te insistiré más, pero tienes que sonreírme. ¿Aceptas el trato?

—Estaría loco si te dijera que no, preciosa.

Después de aquella charla, Gisele cumplió su parte de la tregua, pero las semanas pasaban y Matt continuaba haciéndole el amor con suavidad y dulzura. No es que a Gisele no le gustara, le encantaba la faceta tierna de Matt, pero comenzaba a sospechar que Matt le estaba tramando algo y que aquella excesiva ternura era parte de su plan, aunque tampoco le importó demasiado, tan solo quería seguir disfrutando de ser su esposa hasta que el contrato se cumpliera.

Hasta que el contrato nos separe 49.

Matt apenas durmió esa noche. La tensión acumulada durante el día todavía recorría su cuerpo y Gisele tampoco se lo puso fácil. Medio dormida y todavía bajo los efectos secundarios de la anestesia, Gisele aprovechaba cada roce entre ambos para insinuarse y provocarle, pero no se permitió caer en esa tentación debido al estado de Gisele y las claras indicaciones del doctor para que guardara reposo.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, Matt se permitió el lujo de bromear sobre el tema:

—Buenos días, pequeña provocadora —la besó en los labios y añadió—: ¿Qué tal estás?

—Te mentiría si no te dijera que he estado mejor —le confesó Gisele.

— ¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor?

—Mm… —ronroneó Gisele—. Ya sabes qué puedes hacer.

—Gisele…

—Sí, lo sé. Tengo que guardar reposo —protestó Gisele—. Te has encargado de recordármelo durante toda la noche.

—Te aseguro que para mí tampoco ha sido divertido —masculló Matt—. No vas a hacer que cambie de opinión, mi prioridad es tu salud y tu seguridad.

Gisele no insistió más, sabía que Matt no cambiaría de opinión. El doctor pasó a examinarla a primera hora de la mañana y Gisele aprovechó para aclarar algunas dudas:

—Doctor, ¿hasta cuándo se supone que debo guardar reposo absoluto?

—Te veo muy bien, así que había pensado en que te levantaras y caminaras un poco para ver cómo te sienta. Es posible que te marees un poco, así que es importante que no intentes hacerlo sola —le advirtió el doctor.

— ¿Eso significa que esta noche podré dormir en casa?

—Si pasas bien el día y Matt se asegura de que no hagas ningún esfuerzo, es posible que puedas pasar la noche en casa.

—Y, siempre que no haga esfuerzos, ¿puedo hacer vida normal?

—Gisele… —le advirtió Matt.

— ¿Qué es lo que quieres saber exactamente? —Le preguntó el doctor sin andarse por las ramas.

—Adelante Gisele, pregúntale al doctor lo que quieres saber —la animó Matt sonriendo maliciosamente, poniéndola en un aprieto.

Gisele se ruborizó, el doctor adivinó lo que quería saber y decidió no hacerla pasar por el mal trago de preguntárselo directamente:

—Siempre y cuando no haga ningún tipo de esfuerzo, puede hacer lo que quiera. Le conviene estar relajada y estoy seguro que Matt sabrá cómo ayudarla a conseguirlo.

—Gracias doctor, ha sido muy amable —le agradeció Gisele.

—Regresaré a verla más tarde —se despidió el doctor antes de marcharse.

Una vez a solas, Matt y Gisele se desafiaron con la mirada durante unos segundos, ambos defendiendo su postura. Matt no estaba dispuesto a poner en riesgo a Gisele y ella no iba a desistir hasta conseguir lo que deseaba.

—Hagamos un trato —le propuso Matt tratando de llegar a un acuerdo—. Tú sigues al pie de la letra las indicaciones del doctor y yo haré todo lo posible para complacerte, sea cual sea tu capricho.

—Mm… El doctor me ha dicho que debo guardar reposo, pero también que puedo hacer mi vida normal sin realizar esfuerzos…

—Gisele, hace apenas doce horas estabas inconsciente y a punto de morir desangrada, no pienso poner en riesgo tu vida otra vez —argumentó suavizando el tono de voz. La besó levemente en los labios y le rogó en un susurro—: No me lo pongas más difícil, acabarás matándome.

Gisele se resignó a conformarse con lo que tenía, que no era poco. Después de lo que había ocurrido con Erik y sus hombres, Gisele entendía que Matt fuera precavido, pues imaginaba que él tampoco lo había pasado bien.

—De acuerdo —aceptó Gisele.

— ¿Así sin más? ¿No vas a replicar ni a protestar? ¿Vas a obedecer sin rechistar?

—Por supuesto, adoro a mi marido y hago cualquier cosa por él —le respondió Gisele divertida mientras le lanzaba un beso al aire.

Matt le dedicó una amplia sonrisa y a punto estuvo de apoderarse de su boca como si fuera un lobo hambriento, pero alguien llamó a la puerta de la habitación y le interrumpió antes de que hiciera algo de lo que acabaría arrepintiéndose. Matt reconoció a la doctora que acompañaba a Ben, una eminencia en psicología especializada en situaciones como la que Gisele acababa de vivir y a la que Ben había convencido para que la visitara. Ben hizo las presentaciones oportunas y, acto seguido, la doctora pidió a los chicos que la dejaran a solas con Gisele.

—Estaré ahí fuera si me necesitas, Gisele —le dijo Matt tras darle un beso en los labios.

Gisele asintió y le dedicó una sonrisa para hacerle saber que estaba bien y no tenía nada de lo que preocuparse. Matt y Ben salieron de la habitación y Gisele se quedó a solas con la doctora.

—Solo quiero hacerte unas preguntas para evaluar cómo te encuentras, no es más que una práctica rutinaria y no tienes nada de lo que preocuparte —comenzó a decir la doctora con un tono de voz que transmitía bondad y ternura—. Todo lo que hablemos aquí es absolutamente confidencial y quedará entre nosotras, ¿quieres contarme qué ha pasado?

—Recibí un vídeo en el que mi cuñada estaba atada en una silla, encerrada en una habitación a oscuras, y una voz distorsionada me amenazó con matarla si no aparecía sola en el edificio de mi antiguo apartamento en una hora.

—Y decidiste ir sola porque no querías que le hicieran daño a tu cuñada.

—Sé que es estúpido, pero Erik es mi problema y no quiero que mi marido ni su familia sufran por mi culpa.

—Gisele, nada de lo que ha pasado ha sido culpa tuya —la corrigió la doctora.

Esperó unos segundos y Gisele continuó contándole su relato sobre lo ocurrido:

—Tuve que esperar varios minutos hasta que Erik apareció, me apuntó con una pistola y me guió hacia la esquina de la calle donde dos de sus hombres nos esperaban en una furgoneta para llevarnos a la fábrica abandonada donde tenían a Kelly. Estuvimos poco tiempo y huimos en otra furgoneta, pero le di a Kelly mi reloj para que Matt la encontrara.

—Te fuiste con Erik para que dejaran libre a Kelly —apuntó la doctora.

—Paramos a descansar en un refugio de cazadores, Erik y dos de sus guardaespaldas fueron al pueblo a comprar algo para comer y entonces aproveché para intentar escapar.

— ¿Habías disparado un arma alguna vez?

—Sí, pero nunca le había disparado a una persona.

— ¿Crees que has hecho algo mal?

—He matado a cinco personas, una de ellas fue mi novio durante más de tres años —comentó Gisele—. Hice lo que debía, pero hubiera preferido que todo hubiera acabado de otro modo.

—Sé que no es agradable, pero debo preguntártelo. ¿Cómo te sientes respecto a la muerte de tu ex novio?

—Estoy confusa, tengo sentimientos contradictorios —le confesó Gisele—. Tenía miedo de Erik, sobre todo después de enterarme de quién era realmente. No me siento feliz de haberle matado, pero le mentiría si le dijera que no me siento aliviada.

— ¿Has pensado en cómo afecta todo esto a la relación con tu marido?

—Matt dirige una agencia de seguridad, él insistió en encargarse de todo desde el principio para tratar de protegerme, sabía que estaba asustada. Siempre evitó hablar del tema, llevaba la investigación con discreción para no preocuparme. Ni siquiera me dijo que Erik era en realidad el hermano de un criminal, pero sé que no me lo dijo para no hacerme daño.

—Es una reacción normal en un hombre como tu marido —le explicó la doctora—. Es un hombre disciplinado, controlador y testarudo, imagino que debió movilizar a toda la agencia para que trabajaran en el caso.

—Matt es el mejor hombre que he conocido.

La doctora le sonrió con complicidad, era evidente que aquella pareja se amaba y permanecían unidos ante las peores adversidades.

Matt, cansado de esperar en el pasillo, llamó a la puerta de la habitación y la abrió, no quería pasar ni un minuto más lejos de Gisele:

— ¿Qué tal va todo por aquí?

—Muy bien, Gisele y yo hemos estado charlando y todo parece estar bien —le informó la doctora—. Sin embargo, a veces estos traumas surgen pasados unos días, semanas o inclusos meses. Gisele, te dejo mi tarjeta por si te apetece charlar.

—Gracias, doctora —dijeron Matt y Gisele al unísono.

La doctora se despidió y Ben, tras saludar a Gisele, acompañó a la doctora a la salida, dejando al matrimonio a solas en aquella habitación.

—Parece que de momento no estoy loca —murmuró Gisele ligeramente molesta por aquella encerrona.

—Solo me preocupo por mi esposa —se defendió Matt besándola en la frente.

—Lo sé, pero estoy bien y quiero que dejes de preocuparte por mí.

—Lo haría si no te gustara tanto ir de aventura —bromeó Matt para hacerla sonreír.

—Ahora solo quiero ir a casa y meterme en la cama contigo.

—El doctor ha dicho que pasaría a examinarte por la tarde, si todo está bien te dará el alta con la condición de que guardes reposo —le recordó Matt—. Tienes muchas visitas esperando para verte, el día se te pasará volando.

— ¿Te vas a quedar conmigo todo el día?

—No pienso ir a ninguna parte sin ti, preciosa —le aseguró Matt.

Matt le dio un largo beso a Gisele en los labios, fue un beso lento y delicado, un beso cargado de amor.

—Ejem, ejem —fingió toser Jason al entrar en la habitación y ver a la pareja besándose—. No pretendíamos molestar pero la puerta estaba abierta.

— ¡Gisele! ¿Cómo estás? ¿Te duele algo? Cómo no te va a doler, ¡te han disparado! —Exclamó Sarah aterrada solo de pensar por lo que había pasado su amiga.

—Estoy bien, Sarah —le aseguró Gisele.

—Ya he visto que Matt te cuida muy bien —bromeó Sarah haciendo referencia al beso que se estaban dando hacía escasos segundos—. Conociendo a Matt, seguro que te mima y te complace en todos tus caprichos.

—En casi todos —la corrigió Gisele con la mirada clavada en Matt.

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Jason.

—A pesar de que ayer le dispararon, Gisele no comprende que debe guardar reposo y seguir las indicaciones del doctor —respondió Matt enfurruñado.

— ¿Qué es lo que se te ha antojado para tenerle así? —Le preguntó Sarah a su amiga. Gisele se ruborizó y Sarah adivinó qué era lo que quería—. Quizás debas esperar unos días antes de practicar sexo salvaje, pero no creo que un poco de sexo suave te vaya a hacer daños. De hecho, creo que os vendría muy bien a los dos.

— ¿Podemos cambiar de conversación? —Gruñó Matt.

— ¿De qué habláis para que Matt esté gruñendo? —Preguntó Kelly bromeando al entrar en la habitación, seguida de Leonor, Elsa, Tyler y Ben—. ¿Cómo estás, cuñada?

—Estoy bien, pero te mentiría si te dijera que no podría estar mejor —le respondió Gisele con una amplia sonrisa.

—Qué mal lo hemos pasado, no nos vuelvas a hacer esto, hija —le rogó Leonor emocionada, con las lágrimas en los ojos.

—Cielo, nos has tenido muy preocupados a todos —sollozó Elsa.

—Por favor, no lloréis que estoy bien —les rogó Gisele, también emocionada.

—Gisele está bien y Matt se asegurará de que esté aún mejor, ¿verdad, Matt? —Se mofó Jason.

—Por supuesto que sí, Matt complacerá a Gisele en todo lo que ella pida —sentenció Leonor lanzando una clara mirada de advertencia a su hijo.

—Ya has oído a tu madre, será mejor que le hagas caso —le dijo Sarah a Matt, mofándose.

—Matt siempre cuida de mí, me mima y me complace. Lo hace desde el primer día que nos conocimos —dijo Gisele con absoluta sinceridad, mirando a Matt a los ojos.

Aquellas palabras fueron directas al corazón de Matt que, pese a que no era una declaración de amor, sí era una clara demostración de lealtad. Gisele valoraba todo lo que Matt había hecho por ella, él era un hombre ejemplar y no estaba dispuesta a que su familia y amigos pensaran lo contrario por una broma a costa de un estúpido capricho. Matt se acercó a ella, le dio un leve beso en los labios y le susurró al oído:

—Seguiré cuidando de ti, mimándote y complaciéndote.

Hasta que el contrato nos separe 48.

Ben consiguió localizar la furgoneta abandonada y también la otra furgoneta con la que habían huido, ya que se trataba de una furgoneta de alquiler que tenía GPS. Tardarían más de una hora hasta llegar al punto donde se encontraban, pero se dirigieron hacia allí lo más rápido que pudieron para rescatar a Gisele.

Matt estaba al borde de un ataque de nervios, ninguno de sus agentes le había visto así antes, pero le entendían perfectamente ya que era su esposa la que había sido secuestrada por aquel tipo. Todos trataron de tranquilizarle diciéndole que todo saldría bien, que encontrarían a Gisele sana y salva.

Jason conocía muy bien a su amigo y sabía que, aunque su matrimonio con Gisele había empezado como una farsa para conseguir la herencia de su abuelo, Matt había terminado enamorándose de ella, tanto o más que ella de él.

Gisele aprovechó la salida de Erik con dos de sus hombres al pueblo para idear un plan de huida, ya que tendría más posibilidades de escapar estando custodiada por solo dos hombres y no por los cinco. Esperó a que Erik se marchara con sus dos guardaespaldas y, cuando se quedó a solas con los otros dos tipos, barajó sus posibilidades. Estaban a las afueras de un pequeño pueblo de montaña, en un refugio de cazadores al pie de una carretera secundaria por la que apenas circulaban vehículos, de hecho, Gisele todavía no había visto pasar a ningún coche por allí. No tenía medios para huir, ya que la única furgoneta que tenían se la había llevado Erik para ir al pueblo. Tenía poco tiempo para intentar escapar y decidió improvisar, cualquier cosa que le pasara sería mejor que vivir el resto de su vida junto a Erik.

Los dos hombres que la custodiaban iban armados, pero uno de ellos dejó su pistola sobre la mesa mientras se entretenía jugando con su teléfono móvil. Con mucha cautela para no llamar la atención, Gisele se fue acercando a la mesa hasta que uno de ellos se percató de sus intenciones y gritó:

— ¡Eh, tú! ¿Qué haces?

Gisele no se lo pensó dos veces, alargó el brazo y cogió la pistola. Ven la había enseñado a disparar, pero nunca lo había le había disparado a nadie y le temblaba todo el cuerpo. Apretó el gatillo al mismo tiempo que cerraba los ojos, pero sintió un fuerte dolor en el hombro y disparó tres veces más. El tipo que estaba hablando por teléfono trató de coger la pistola de su compañero abatido, pero Gisele apretó el gatillo de nuevo y acertó en el blanco.

Sin ser capaz de seguir sosteniéndose en pie, Gisele apoyó la espalda en la pared y se deslizó hacia abajo hasta quedar sentada en el suelo. El dolor que sentía sumado al olor de la sangre y a la adrenalina del momento, la mareó. Sentía la sangre caliente salir de su hombro y descender por su brazo y su tórax, pero sacó fuerza para ponerse en pie, cogió la pistola y el teléfono móvil de aquel tipo, pues Erik y los otros dos hombres que le acompañaban regresarían en cualquier momento, y llamó a Matt.

— ¿Sí? —Gruñó Matt al otro lado del teléfono.

— ¿Matt?

—Gisele, ¿eres tú?

— ¡Matt! —Sollozó Gisele.

— ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está ese cabrón? —Le preguntó Matt alterado. Jason, consciente del estado alterado de su amigo, le hizo un gesto con la mano para que suavizara el tono de voz y Matt respiró profundamente antes de continuar—: Estamos yendo a buscarte, cariño. Llegaremos en unos minutos.

—Erik regresará de un momento a otro con dos de sus hombres, no tengo tiempo, me matará en cuanto me vea —le dijo Gisele con un hilo de voz—. Lo siento, Matt.

—Escúchame, Gisele —le ordenó—. Todo va a salir bien, en unos minutos estarás entre mis brazos y no me separaré de ti nunca más.

Gisele escuchó el motor de la furgoneta pararse frente al refugio e imaginó que ese era su final.

—Erik acaba de llegar, tengo que colgar.

— ¡No, Gisele! —gritó Matt, pero ya era demasiado tarde.

Gisele se resguardó detrás de la barra de la cocina, haciendo un gran esfuerzo para no desvanecerse y con una pistola en cada mano, dispuesta a morir matando. Erik entró en el refugio seguido de sus guardaespaldas y Gisele no dudó en recibirlos con una ráfaga de disparos. Consiguió abatir a los guardaespaldas, pero Erik todavía estaba vivo y le apuntaba con su pistola, dispuesto a disparar. Gisele le miró a los ojos durante una milésima de segundo y, tras coger aire, apretó el gatillo por última vez, cuando la bala penetró en la frente de Erik.

La puerta de la cabaña se abrió de par en par tras un gran estruendo, pero Gisele estaba en shock y no podía dejar de mirar el cuerpo de Erik que yacía en el suelo.

— ¡Gisele! —Exclamó Matt al verla y corrió hacia a ella. La fue a abrazar, pero entonces vio que estaba herida y cubierta de sangre. Gisele temblaba y tenía la mirada perdida, pero se agarró a Matt como si fuera una niña pequeña—. Estoy aquí, cariño. Estoy aquí.

Gisele se desmayó entre los brazos de Matt y el pánico se apoderó de él. Gritó, maldijo y gruñó sin separarse de Gisele hasta que los servicios de emergencias médicas llegaron. Ben y Jason trataron de calmarlo, pero Matt no escuchaba nada, tan solo se aferraba a la mano de Gisele mientras le rogaba que fuera fuerte y que se quedara con él. Un helicóptero con un equipo médico les trasladó hasta las instalaciones de la agencia para que la atendieran los mejores médicos del país, los médicos de la agencia.

En cuanto el helicóptero aterrizó, el equipo médico ya estaba preparado para llevar a Gisele a quirófano. Matt la acompañó hasta la puerta, donde le impidieron el paso. Esperó frente a la puerta del quirófano, caminando nervioso de un extremo al otro del pasillo, en compañía de Tyler, Kelly, su madre Leonor y Elsa. Un rato después, se les unieron Jason y Ben, que regresaron a la agencia en coche y tardaron un poco más en llegar.

— ¿Cómo está Gis? —Preguntó Jason.

—Todavía no sabemos nada, está en quirófano —le respondió Tyler ya que Matt no parecía escuchar lo que decían a su alrededor.

—Abatió a cinco hombres ella sola, es una chica fuerte y saldrá de esta —opinó Ben con orgullo fraternal.

—No entiendo por qué no me lo dijo —se lamentó Matt.

—Fue por mí, le dijo que si iba acompañada me matarían, por eso no quedó con ella donde me tenían a mí —le explicó Kelly con un hilo de voz.

—Y no sabes cuánto me alegra que estés bien —le dijo Matt abrazando a su hermana, lo último que quería es que se sintiera culpable por lo ocurrido.

—Y yo me alegro de que te casaras con Gis, no podías haber escogido a una mujer mejor que ella —opinó Kelly.

—Es una chica estupenda y seguro que se va a recuperar muy pronto —auguró Leonor emocionada, ya que consideraba a Gisele una hija más.

Durante más de dos horas, se distrajeron contando divertidas anécdotas en las que Gisele era la protagonista mientras esperaban que el doctor saliera del quirófano con buenas noticias. La puerta se abrió y el doctor apareció con una tímida sonrisa en los labios.

— ¿Cómo está? —Exigió saber Matt.

—Está estable y fuera de peligro —anunció el doctor—. Ha tenido suerte, la bala no ha dañado la carótida ni tampoco el hueso. Ha perdido mucha sangre y le hemos tenido que hacer una transfusión, pero se pondrá bien —. Dirigiéndose solo a Matt, añadió—: Ahora mismo la estamos trasladando a una habitación equipada para tenerla vigilada y en un momento podrás reunirte con ella.

— ¿Está despierta?

—Ahora está sedada, se despertará confusa dentro de un rato y no le conviene estresarse, por lo que las visitas quedan prohibidas hasta mañana —les advirtió el doctor.

—Id a casa a descansar, yo me quedaré con Gisele —sentenció Matt—. Ben, mañana a primera hora te quiero aquí, quiero que te encargues de dirigir la investigación. Tyler, tómate el día libre y quédate con Kelly, pero deja el teléfono móvil encendido, quiero que todo el mundo esté localizable hasta que todo esto se aclare.

—Tú también deberías descansar, deja que yo me quede con Gis —se ofreció Leonor.

—No, no pienso separarme de ella —zanjó el tema Matt.

—Está bien, regresaremos mañana por la mañana —le dijo Leonor abrazando a su hijo a modo de despedida.

Jason esperó a que todos se marcharan para quedarse un momento a solas con Matt, tenía algo que comentar con él.

—Lo sé, tenemos que contárselo a Sarah —adivinó Matt lo que su amigo quería decirle—. ¿Te encargas tú? Probablemente querrá venir a ver a Gisele y no quiero que conduzca.

—Yo me encargo. ¿Necesitas algo?

—No, márchate.

—Cuida de Gis, te veo mañana —se despidió Jason con un afectuoso abrazo.

Matt se dirigió a la habitación donde se encontraba Gisele y el corazón se le encogió al verla inconsciente en aquella cama y conectada a tantas máquinas y aparatos. Se sentó en el sillón que había junto a la cama, agarró a Gisele de la mano y le comenzó a hablar pese a que no estaba despierta para escucharle:

—Mi pequeña guerrera, casi consigues matarme. Si te hubiera perdido… Ni siquiera puedo pensar en ello, no imagino mi vida sin ti. Me hechizaste en el primer instante en que te vi, pero cada día has ido conquistándome un poco más hasta acabar enamorado de ti como un loco. Es la primera vez que lo digo en voz alta, pero hace mucho tiempo que lo sé. Sé que tenemos un acuerdo y que te preocupa qué será de ti en el futuro cuando el acuerdo finalice. Si te soy sincero, a mí también me preocupa, por eso evito hablar del tema. No quiero que nada cambie, quiero que sigas siendo mi esposa, quiero despertarme y verte dormir a mi lado. No estoy preparado para un divorcio y tampoco estoy dispuesto a renunciar a ti. Voy a conquistarte, preciosa. Me quedan unos meses antes de que se cumpla nuestro acuerdo y voy a dedicar todo este tiempo en enamorarte, Gisele.

Matt le dio un leve beso en los labios y se quedó allí en silencio, observándola dormir mientras acariciaba su mano.

Un par de horas más tarde, Gisele recobró la consciencia. Parpadeó varias veces hasta que finalmente pudo abrir los ojos y vio a Matt.

—Hola, preciosa —la saludó Matt besándola en la mejilla con ternura.

—Debo estar horrible —murmuró Gisele avergonzada.

—Estás preciosa, siempre lo estás —le aseguró Matt—. ¿Cómo te encuentras?

— ¿Estás enfadado conmigo? —Le preguntó Gisele con un hilo de voz, ignorando su pregunta.

—No estoy enfadado, pero tampoco estoy contento.

Matt apretó el botón para llamar al doctor y se presentó de inmediato. El doctor se acercó a Gisele y, tras saludarla y presentarse, comenzó a hacerle preguntas al mismo tiempo que examinaba sus pupilas y tomaba nota de sus constantes vitales:

— ¿Cómo te sientes?

—Estoy un poco mareada, me pesan los párpados y la cabeza.

—Es normal que te sientas un poco aturdida, tu cuerpo todavía está terminando de procesar la anestesia que te hemos puesto —le respondió el doctor—. No tienes nada de lo que preocuparte, solo tienes que guardar reposo durante unos días y dejar que tu marido te mime.

—Estoy deseando que lo haga —murmuró Gisele con tono sugerente.

Matt alzó las cejas sorprendido por el descaro de Gisele, pero todavía le sorprendió más la carcajada que soltó el doctor.

—Es un efecto de la anestesia al despertar, se le pasará en un par de horas —le informó el doctor para tranquilizarle y añadió antes de marcharse—: Os dejo a solas, pero no estaré muy lejos por si me necesitáis.

Matt acompañó al doctor a la puerta y le dio las gracias por salvar a su esposa. En cuanto el doctor se marchó, Gisele le preguntó a Matt:

— ¿No podemos ir a casa?

—No, preciosa. Tienes que recuperarte y aquí lo harás más rápido.

— ¿Vamos a dormir aquí?

—Sí.

— ¿Y por qué no te metes en la cama conmigo?

La cama era lo suficiente grande para los dos y Matt no pudo ni quiso resistirse a estar tumbado junto a Gisele, necesitaba sentirla cerca y saber que seguía a su lado. Había estado a punto de perderla y no estaba dispuesto a alejarse de ella. La abrazó con cuidado de no dañarla y suspiró aliviado cuando sus cuerpos se tocaron.

—Duérmete preciosa, seguiré aquí cuando despiertes —le susurró Matt.

—Prométemelo —ronroneó Gisele.

—Te lo prometo, eso y todo lo que quieras.

—Mm… —ronroneó Gisele con claras intenciones.

—Ya has oído al doctor, tienes que guardar reposo. Ahora descansa, no me moveré de aquí.

Hasta que el contrato nos separe 47.

Gisele comenzó a trabajar en la agencia bajo la supervisión de Ben. A pesar del incidente con Pamela, Matt seguía confiando en Ben. Por su parte, Ben sabía que no podía volver a ocultarle información importante a Matt, sobre todo cuando se trataba de la seguridad de su esposa. Ahora la seguridad de Gisele pasaba a formar parte de su responsabilidad y estaba dispuesto a lo que hiciera falta para protegerla. Esa misma razón fue el argumento principal de Ben para convencer a Gisele de instalar un localizador diminuto en su reloj de pulsera.

—Haz lo que quieras, Ben —desistió Gisele para acabar con aquella discusión—. Pon el maldito localizador en mi reloj si con eso te quedas más tranquilo.

—Gracias, lo haré —le respondió Ben con tono burlón.

A Gisele le gustaba trabajar con Ben, ella veía en él a un hermano mayor, alguien que la protegía y en quien podía confiar.

Un mes más tarde, Gisele ya se manejaba lo suficiente en la agencia como para formar parte del equipo de analistas y ya no estaba bajo la supervisión de Ben, aunque eso no impedía que de vez en cuando se pasara a saludarla y continuara velando por su seguridad.

Una mañana, mientras elaboraba el perfil de un sospechoso de un caso de la agencia, recibió un mensaje en su teléfono móvil con un vídeo. Descargó el vídeo y lo abrió. En él aparecía Kelly sentada en una silla a la que estaba atada de pies y manos, con los ojos vendados y amordazada, en una habitación oscura. Acto seguido, una voz distorsionada le entregaba el mensaje: “Si quieres que siga con vida, te espero junto a la entrada del edificio de tu antiguo apartamento en una hora. Ven sola. Si tengo la mínima duda de que me la has jugado, la mataré.”

Gisele reprodujo el vídeo tres veces antes de tomar una decisión. Ben le había contado una historia sobre un caso que le dio la idea para hacer un botón del hombre muerto. No podía arriesgarse a contárselo a Ben, mucho menos a Matt, ninguno de los dos permitiría que fuera al encuentro de Erik. Gisele sabía que no podía hacer nada para detener a Erik, pero sí podía salvar a Kelly y ganar tiempo hasta que Matt la encontrara. Grabó un vídeo en el que explicaba lo que había sucedido y lo adjuntó con el vídeo que había recibido en un correo electrónico que programó para media hora después de la hora prevista para el encuentro con Erik. De ese modo, Ben y Matt sabrían qué había ocurrido y hacia a dónde se dirigía si no lograba escapar de Erik. Con el botón del hombre muerto programado, Gisele solo tenía que buscar una excusa con la que poder salir de la agencia sin levantar sospechas. Podía pedirle a Ben que la cubriera, pero no quería causarle más problemas con Matt por ocultarle información y tampoco creía probable que Ben aceptara cubrirla. Tampoco podía contar con los demás empleados de la agencia, nadie la cubriría frente a Matt, que era el jefe. Por supuesto, ni se le pasó por la cabeza tratar de engañar a Matt, él sabría que le estaba mintiendo en cuanto la mirara a la cara. Sin más opciones, a Gisele no le quedó más remedio que intentar escapar de la agencia sin que nadie la viera y robar un coche en el que poder dirigirse hacia su antiguo apartamento.

Lo primero no le resultó difícil, a media mañana muchos empleados entraban y salían de la agencia para ir a almorzar o para asistir a reuniones con clientes, así que pasó desapercibida hasta llegar al aparcamiento. Allí buscó algún vehículo de la agencia que tuviera las llaves puestas y tuvo suerte. Dos minutos más tarde, salía de las instalaciones de la agencia conduciendo un todoterreno de color negro y nadie la reconoció al salir. Era consciente de que aquella decisión le acarrearía serios problemas con Matt, pero en ese momento lo único que le importaba era salvar a Kelly aunque tuviera que cambiar su vida por la de ella.

Una hora después de recibir el mensaje con el vídeo, Gisele aparcaba el todoterreno frente al portal del edificio de su antiguo apartamento. Prestó mucha atención a todos los coches que había aparcados en la calle, pero no vio nada sospechoso. Las pocas personas que pasaban a esas horas por la calle tampoco le parecían una amenaza, ya que la mayoría eran ancianos que paseaban y amas de casa que iban al supermercado para hacer la compra. Esperó unos minutos pero, como no había ni rastro de Erik, decidió salir del coche y colocarse a la vista por si la estaban observando. Miró su reloj, en menos de veinte minutos el correo electrónico que había dejado programado se enviaría a Ben y Matt.

—Debo reconocer que esperaba que no vinieras sola —escuchó la voz de Erik detrás de ella. La agarró por la cintura y, apuntándola con su pistola, añadió—: Deja el teléfono móvil aquí, vamos a dar un paseo y no quiero que tu marido nos interrumpa.

— ¿Dónde está Kelly?

—No te preocupes, la vas a ver en seguida.

—Cómo le hayas hecho…

—Cálmate —le ordenó Erik—. Tu amiga está perfectamente, no tiene ni un solo rasguño y en unos minutos podrás comprobarlo con tus propios ojos.

Gisele, consciente de lo peligroso que podía resultar Erik, obedeció sin rechistar, esperando que dijera la verdad y Kelly no hubiera sufrido ningún daño. Erik caminó junto a ella unos metros sin soltarla de su agarre hasta que llegaron a una pequeña furgoneta aparcada en la esquina de la calle, donde dos hombres de Erik armados les esperaban. Tras hacerla subir a la furgoneta, encendieron el motor y se incorporaron a la circulación de la ciudad hasta tomar la autopista.

Media hora más tarde, llegaron a una fábrica abandonada situada en un polígono industrial a las afueras de la ciudad vecina e hicieron bajar del coche a Gisele. Ella miró su reloj de muñeca y, por la hora que era, supo que su mensaje ya se había enviado y que en ese momento probablemente ya estarían buscándola. Llevaba el localizador que Ben le había puesto en el reloj, así que confiaba en que la localizaran rápido mientras ella trataba de ganar tiempo hasta que Matt apareciera.

Gisele entró en la fábrica abandonada seguida de Erik y los dos hombres que le custodiaban, bajaron al sótano. En una esquina de la estancia había un calabozo de tres paredes y una puerta de reja en la que tenían encerrada a Kelly y custodiada por otros dos hombres.

— ¡Kelly! —Exclamó Gisele al verla y corrió hacia a donde estaba ella—. ¿Estás bien? ¿Estás herida?

—Estoy bien, solo un poco asustada —le respondió Kelly con un hilo de voz.

Gisele intentó abrir la puerta de rejas, pero uno de los hombres de Erik se lo impidió agarrándola del brazo y zarandeándola.

—Suéltala ahora mismo —le ordenó Erik. Lanzó una mirada de advertencia a Gisele y, dirigiéndose a aquel tipo, añadió—: Abre la puerta y deja que la chica salga para que se despidan.

— ¿Qué es lo que pretendes con todo esto? —Le espetó Gisele.

—Tranquila, a la chica no le pasará nada, soy un hombre de palabra —le aseguró Erik con semblante serio—. Ya has visto a tu amiga, es hora de marcharnos.

—No iré contigo a ninguna parte hasta que Kelly esté en su casa, con su familia.

—Sigo sin entender cómo ese tipo ha conseguido convencerte para que te cases con él, imagino que el dinero ha tenido mucho que ver —le reprochó Erik.

—Lo entenderías si alguna vez hubieras estado enamorado —le replicó Gisele.

Kelly salió de aquel calabozo y lo primero que hizo fue abrazar a Gisele. Kelly estaba temblando, tenía los ojos rojos y la cara empapada en lágrimas. Estaba aterrada y Gisele trató de calmarla y consolarla.

—Tranquila, no pasa nada. Todo va ir bien —le susurró Gisele.

—Tenemos que irnos —sentenció Erik, la paciencia no era lo suyo, y le hizo una señal para que se despidiera de Kelly—. No te preocupes por ella, tu marido es listo y sabrá encontrarla.

Gisele se abrazó a Kelly, se quitó el reloj y se lo metió en el bolsillo al mismo tiempo que le susurraba para que solo Kelly la escuchara:

—He avisado a Matt, sabe lo que está pasando y vendrá a buscarte.

—Y, ¿qué pasa contigo?

Gisele la miró a los ojos, pero no supo qué contestar. No sabía lo que ocurriría a partir de ese momento, solo le quedaba una opción: hacer todo lo que Erik le dijese para mantenerse con vida hasta que Matt la encontrara.

—Dile a Matt que lo siento —le pidió Gisele antes de salir de allí custodiada por Erik y sus cuatro hombres.

Matt estaba en el centro de operaciones siguiendo una operación especial en conjunto con el ejército cuando el correo electrónico de Gisele apareció en su bandeja de entrada. Ben también lo recibió y lo abrió al instante. En cuanto vio los dos vídeos adjuntos, corrió hacia el centro de operaciones e irrumpió en el lugar, llamando la atención de todos los que estaban allí. Matt supo que algo no iba bien en cuanto vio la cara de Ben y lo confirmó en cuanto Ben se hizo con el control de uno de los ordenadores para reproducir los vídeos que Gisele les había enviado. En el primero, pudieron ver a Kelly y escuchar la voz distorsionada de Erik citando a Gisele; en el segundo, pudieron ver el vídeo de Gisele explicando lo que había ocurrido y lo que iba a hacer. Al final del vídeo, Gisele dejó un mensaje para Matt:

Lo siento Matt, sé que cuando veas esto estarás furioso conmigo por no haberte contado nada, pero si te lo hubiera dicho no habrías dejado que fuese sola a encontrarme con Erik y no podía arriesgarme, no quiero que le pase nada a Kelly por mi culpa.

— ¡Maldita sea! ¿Cómo se ha largado de aquí sin que nadie la viera? —Gruñó Matt fuera de sí.

Ben, que seguía el rastro de Gisele en las cámaras de seguridad de la agencia, la vio salir del parking en uno de los todoterrenos de la agencia y activo el GPS del vehículo al mismo tiempo que accedía a las cámaras de tráfico de la ciudad para ver las imágenes. Sabían hacia a dónde se dirigían y quién la estaría esperando, pero el golpe fue igual de duro.

— ¡Maldito cabrón! —Exclamó Matt furioso—. ¿A dónde la ha llevado? ¿Dónde tiene a Kelly?

—Los teléfonos móviles de ambas están fuera de servicio y Erik se ha llevado a Gis a pie, debe tener un vehículo cerca para huir —le dijo Jason.

—Tengo algo mejor —anunció Ben mientras tecleaba en el ordenador—. Después de lo que ocurrió con Pamela, imaginé que Gis no volvería a contar conmigo para no meterme en líos, así que me las ingenié para convencerla de instalar un localizador en su reloj de pulsera. Gisele está aquí.

Ben señaló un punto rojo en el mapa y Jason, más centrado que Matt y Tyler, se ocupó de tomar las riendas de la situación:

—Está en unos edificios abandonados en un polígono industrial cercano, quiero a dos equipos cubriendo la zona y a otros dos equipos para la ofensiva, vamos a buscar a Gis y a Kelly y vamos a traerlas de vuelta a casa.

Veinte minutos más tarde, llegaron a la zona que les indicaba el localizador de Gisele, pero todo estaba demasiado calmado. De repente, la puerta principal de la fábrica se abrió y tras ella apareció Kelly.

— ¡Kelly! —Gritó Tyler corriendo a su encuentro y Matt corrió detrás de él.

— ¡Tyler! —Kelly se abrazó a Tyler y, acto seguido, también a su hermano Matt.

—Kelly, ¿estás bien? —Le preguntó Matt. Kelly asintió y Matt añadió—: ¿Dónde está Gisele?

—Se la ha llevado, me ha utilizado para que Gis se encontrara con él y se la ha llevado. Gis me ha dicho que tú sabías lo que estaba pasando y que no tardarías en venir a por mí —le dijo entregándole el reloj que Gisele le había metido en el bolsillo—. Me pidió que te dijera que lo siente.

—Erik no estaba solo, hay huellas de ruedas en la tierra de dos vehículos distintos y aquí no hay ninguno —observó Ben.

—Erik estaba con cuatro hombres más, obedecían sus órdenes —apuntó Kelly—. Uno de ellos agarró a Gis por el brazo cuando ella se le encaró y Erik le ordenó que la soltara. inmediatamente.

—Ben, dime que puedes encontrar a Gisele —casi rogó Matt.

—Buscaré la furgoneta en las cámaras de tráfico, la encontraremos —le aseguró Ben antes de concentrarse en la tablet que tenía en las manos.

Erik, sus cuatro hombres y Gisele, se dirigieron al sur tras abandonar la furgoneta en la que habían trasladado a Gisele. Ahora viajaban en una furgoneta más grande y sin ventanas traseras para tratar de cubrir su rastro. Gisele sabía que Matt no podría encontrarla si Erik no dejaba ningún rastro, así que tendría que apañárselas para escapar.

Tras más de una hora de trayecto, la furgoneta se detuvo a las afueras de un pequeño pueblo de montaña, junto a un refugio de cazadores. Gisele miró a su alrededor para saber dónde estaba, pero se decepcionó al descubrir que estaban en mitad de la nada, junto a una pequeña carretera secundaria por la que no se veía circular vehículos.

—Descansaremos aquí y continuaremos el viaje cuando oscurezca —decidió Erik al llegar a la cabaña—. Iremos a comprar algo de comida al pueblo, vosotros dos, quedaos aquí con ella. No quiero ningún altercado, debemos pasar inadvertidos.

Los dos hombres asintieron con poca convicción, sospechaban que Gisele estaba dispuesta a dar problemas y ambos consideraban que lo mejor era deshacerse de ella y Gisele era consciente de ello.

Hasta que el contrato nos separe 46.

Durante los dos meses siguientes, Matt y Gisele disfrutaron del verano en la casa de la playa. Sarah y Jason pasaron un par de semanas con ellos, Matt quería ver feliz a Gisele y no dudó ni un instante en invitarla. Jason y Sarah se veían continuamente y pasaban juntos todo el tiempo que podían, pero su relación no era oficial. Ambos se excusaban en la distancia que les separaba para no plantearse una relación formal, pero solo era cuestión de tiempo que terminaran por hacer oficial su relación.

Gisele sonreía alegremente mientras tomaba el sol en la tumbona y miraba a Matt salir del agua como si fuera el mismísimo dios del océano. Gisele irradiaba felicidad, jamás se había sentido tan bien como se sentía durante aquellos días en la playa.

— ¿Se divierte, señora Spencer?

—Siempre que le veo semi desnudo, señor Spencer —le siguió la broma con un tono de voz de lo más sugerente—. Pero, si le soy sincera, debo decirle que podría divertirme aún más.

Matt la miró sorprendido, aquella descarada conseguía provocarle incluso con una broma de lo más inocente, al menos en su inicio.

—Dígame, señora Spencer, ¿qué puedo hacer para que se divierta aún más?

Gisele sonrió a modo de respuesta y Matt no pudo contener sus ganas de besarla y estrecharla entre sus brazos.

—Creo que ya es hora de irnos de vacaciones, en un par de semanas tendremos que regresar al trabajo —le susurró Matt—. Me he tomado la libertad de organizarlo todo, espero que no te moleste.

— ¿Unas vacaciones sorpresa? ¡Estaría loca si te dijera que no! —Exclamó Gisele colocándose a horcajadas sobre Matt—. ¿Cuándo salimos?

—En unas cinco horas, viajaremos de noche y llegaremos por la mañana, pero podremos dormir en el avión.

—Entonces, tenemos tiempo de ocuparnos de algunos asuntos antes de subir a ese avión.

—Tenemos tiempo, pero no aquí —le dijo Matt poniéndose en pie cargando con ella en brazos hasta entrar en la casa—. ¿Qué te parece si llenamos la bañera?

—Mm… Me parece una gran idea —ronroneó Gisele.

Unas horas más tarde, Matt y Gisele volaban en avión hacia su destino de vacaciones, un lugar espectacular que estaba seguro que le encantaría a Gisele. Viajaron de noche y Gisele, pese a que quería dormir para estar descansada cuando llegaran por la mañana, no lo consiguió a causa de los nervios por la incertidumbre y la emoción que aquellas vacaciones le causaban. Y es que no podía evitar sentirse cada vez más enamorada de Matt, era un hombre cariñoso, detallista, protector y mil adjetivos positivos más. Solo tenía un defecto: no era un hombre que quisiera una relación estable y, aunque Gisele fuera su esposa, sabía que ese título tenía fecha de caducidad. Como cada vez que pensaba en el tema, a Gisele se le escapó un pequeño suspiro que a Matt no le pasó por alto.

—Daría todo lo que tengo por saber qué estás pensando en este momento.

—Pues lamento decirte que perderías mucho para obtener muy poco.

— ¿No vas a decirme qué te preocupa?

—No me preocupa nada —mintió Gisele y, para decir alguna verdad, añadió—: Estoy un poco nerviosa y no puedo dormir, pero si no duermo estaré agotada cuando lleguemos.

—Ven aquí, cariño —le susurró Matt estrechándola entre sus brazos—. Tal vez las sorpresas no sean lo tuyo, ¿quieres saber dónde vamos?

— ¿Me lo dirás?

La emoción en los ojos de Gisele le hizo sonreír, ella seguía sorprendiéndole día tras día con su sencillez y su inocencia y él ya no sabía vivir sin ella. Gisele se había convertido en el centro de su vida, una vida que había empezado a tener sentido desde que la conoció.

—Por supuesto, preciosa —le aseguró mirándola hechizado—. Vamos a pasar dos semanas en una cabaña de madera situada en una pequeña playa privada en la que solo estaremos tú y yo.

—Mm… ¿Solo tú y yo?

—No necesito a nadie más —le susurró Matt antes de que Gisele se quedara dormida.

Cuando Gisele despertó y abrió los ojos supo al instante que ya no estaban en el avión, aunque sí estaba en una cama, la cama de una pequeña cabaña de madera.

—Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? —La saludó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

— ¿Ya hemos llegado? —Matt asintió y Gisele, sonrojada, se disculpó—: Lo siento, debo ser la peor esposa del mundo.

Matt la escrutó con la mirada tratando de adivinar por qué se estaba disculpando, pero decidió tomar el camino fácil y preguntarle directamente:

— ¿Qué es lo que sientes?

—Ser una marmota, ni siquiera me he despertado al aterrizar —le contestó ella visiblemente avergonzada.

—Te dormiste casi al amanecer, estabas agotada y no he querido despertarte para que descansaras.

Gisele se levantó de la cama y le plantó un beso en los labios a Matt, que no dudó en aprovechar la ocasión para abrazarla y estrecharla contra su cuerpo. Necesitaba sentirla cerca casi tanto como respirar.

Tras enseñarle la cabaña y el precioso paisaje de una playa virgen de aguas cristalinas, Matt sirvió el desayuno en el porche de la cabaña mientras Gisele se esforzaba en memorizar cada detalle de aquella escena para retenerla para siempre en sus recuerdos.

Durante las siguientes dos semanas, Matt y Gisele disfrutaron el uno del otro en aquella cabaña de madera donde crearon su propio paraíso. Pero la gran felicidad que Gisele sentía junto a Matt a veces se veía empañada al recordar que, en unos meses, probablemente antes de que acabara el año, Gisele dejaría de ser la señora Spencer y perdería a Matt. Pese que se había propuesto no pensar en el tema, cada vez le resultaba más difícil al acercarse la fecha de su primer aniversario como matrimonio.

Matt sabía que Gisele estaba preocupada por algo, a pesar de que ella se lo negara y tratara de disimular. Pero, aunque ansiaba saber qué era lo que le ocurría, decidió no insistir más en el tema y dedicarse a complacerla, siguiendo su plan para enamorarla y que se quedara con él resto de su vida.

Después de sus vacaciones privadas de dos semanas, Matt y Gisele regresaron a casa, donde a Gisele le esperaba otra sorpresa. Matt le entregó un sobre con un contrato en el interior y Gisele, sin molestarse en leerlo para saber de qué se trataba, le preguntó:

— ¿Qué es esto, Matt?

—Es un contrato de trabajo, sé que tienes intención de buscar trabajo y quiero que lo hagas en la agencia —le explicó Matt antes de argumentar su petición—: Te prometo que serás tratada como una empleada más, continuarás bajo la supervisión de Ben y, si hay algo que no te gusta, lo podemos cambiar. Solo quiero que te sientas cómoda y a gusto en la agencia.

—Te lo agradezco enormemente, Matt. Pero creo que es mejor que busque trabajo fuera de tu círculo, no quiero quedarme sin empleo en unos meses.

— ¿Por qué ibas a quedarte sin empleo?

—Matt, ¿de verdad crees que, después del divorcio, es buena idea que trabajemos juntos?

Matt frunció el ceño, no le gustó que Gisele ya estuviera pensando en el divorcio cuando él trataba de hacer todo lo posible para evitarlo.

—Señora Spencer, ni siquiera hemos pasado el primer aniversario de boda, ¿y ya estás pensando en el divorcio? —Trató de bromear para restarle importancia al asunto, no quería tener aquella conversación en ese momento, no estaba preparado.

—Estoy hablando en serio, Matt.

—El trabajo en la agencia te vendrá muy bien para adquirir experiencia y, si más adelante quieres cambiar de empleo, tendrás más y mejores opciones de las que puedas tener ahora, que no tienes más experiencia que las prácticas universitarias —argumentó Matt.

Gisele se agobió. Deseaba aceptar aquel trabajo en la agencia, pero no podía evitar pensar que, cuando su contrato con Matt finalizara, su vida cambiaría y desaparecería de la vida de Matt. Trabajar en su agencia solo complicaba aún más las cosas.

—No entiendo por qué lo piensas tanto —bufó Matt molesto por el silencio de Gisele.

—Para ti es muy fácil opinar, cuando todo esto acabe tu vida seguirá exactamente igual —le espetó Gisele—. Seguirás viviendo en la misma casa, conservando el mismo trabajo y los mismos amigos, pero yo tendré que marcharme y dejarlo todo atrás.

—Al menos, piénsalo —le respondió Matt antes de salir de la habitación y encerrarse en el despacho de casa.

Gisele resopló con frustración, había conseguido justo todo lo contrario de lo que pretendía y Matt se había enfadado, aunque no comprendía el por qué. Se metió en la cama y esperó a que Matt regresara al dormitorio, pero no lo hizo.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó tampoco encontró a Matt en la cama, pero vio una nota sobre la almohada: “He ido a trabajar a la agencia, regresaré a la hora de comer. M.”

—Es evidente que sigue enfadado —murmuró Gisele, pensando en voz alta.

Mientras Matt se desahogaba con Jason en la agencia, Gisele pasó la mañana relajándose en la piscina, tratando de no pensar en nada. Matt llegó a casa a mediodía y encontró a Gisele dormida en la hamaca del jardín. Se acercó a ella despacio y se sentó en la hamaca de al lado mientras acariciaba su espalda con la yema de sus dedos.

—Mm… ¿Matt? —Preguntó Gisele al despertar, reconociendo las caricias de Matt.

—Hola, preciosa.

Gisele le miró cautelosa, no esperaba que Matt regresara a casa de buen humor, pero acto seguido sintió las manos de él en su cintura y un segundo más tarde estaba sentada a horcajadas sobre él.

—Tenemos que hablar, Gisele —le dijo Matt manteniendo un tono de voz suave.

— ¿Sigues enfadado?

—No, no estoy enfadado. Tan solo quiero hablar contigo.

—Adelante, te escucho —le animó Gisele sin moverse ni un milímetro pese a que seguía a horcajadas sobre Matt, aunque a él tampoco pareció importarle.

—No quiero que dejes de hacer lo que te gusta solo porque estemos casados, no quiero que eso te impida tomar tus propias decisiones y te apoyaré decidas lo que decidas —comenzó a decir Matt—. Sigo pensando que deberías aceptar mi oferta de empleo ya que es lo más beneficioso para ti pero, como te he dicho, te apoyaré sea cual sea tu decisión.

—Mm… ¿Me apoyarás en todo lo que decida?

—Sí, aunque eso no evitará que te diga lo que opine al respecto ni que trate de hacer que cambies de opinión —le advirtió Matt.

—Por ahora puedo conformarme con eso —se conformó Gisele. Le dedicó una sonrisa traviesa a Matt y, mientras deshacía el nudo de su corbata, le susurró—: Creo que deberíamos celebrar esta tregua, ¿te apetece relajarte conmigo en la bañera?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió Matt sonriendo, levantándose de la hamaca cargando con Gisele en brazos para llevarla hasta la habitación.

Esa misma noche, después de hacer el amor, Gisele se dejó abrazar por Matt y le susurró al oído antes de dormirse:

—Acepto tu oferta de empleo, mañana iré a trabajar contigo.

Matt se lo agradeció con un tierno beso en la frente a la vez que contenía un gran suspiro de alivio al saber que Gisele trabajaría en la agencia.     

Hasta que el contrato nos separe 45.

La mañana siguiente Gisele se despertó entré los brazos de Matt y sonrió feliz de que siguiera en la cama con ella. Gisele se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su cuello, tratando de excitarle, pero Matt la detuvo dándole un casto beso en los labios y levantándose de la cama para darse una ducha de agua fría. Matt deseaba hacer el amor con Gisele, pero no pensaba hacerlo hasta que se recuperara. Mientras él se duchaba, Gisele se vistió y un rato más tarde bajaron a la cocina a desayunar, donde se unieron a Jason, Sarah y Elsa. Poco después, llegaron Leonor, Kelly y Tyler, preocupados por Gisele y queriendo comprobar con sus propios ojos que ella estaba bien.

Matt apenas se separó de Gisele en todo el día, necesitaba sentir su contacto, la abrazaba y la besaba constantemente, consciente de lo que podría haber perdido el día anterior, consciente de lo mucho que le importaba Gisele.

Un par de días más tarde, Sarah regresó a la Capital y Matt decidió que era el momento de retomar sus planes y pasar unos días en la casa de la playa. Gisele estaba ansiosa por pasar unos días a solas con Matt, habían estado rodeados de familia y amigos y apenas habían tenido tiempo de estar los dos a solas. Además, Gisele tenía sus propios planes, ya que tenía pensado cómo acabar con la abstinencia sexual que Matt la tenía sometida.

—Apenas has abierto la boca en todo el trayecto, ¿te encuentras bien? —Le preguntó Matt cuando llegaron a la casa de la playa.

—Estoy bien —le aseguró Gisele dedicándole una amplia sonrisa.

Y era verdad, Gisele se encontraba bien, no se sentía enferma ni estaba mareada, tan solo un poco adolorida por las magulladuras, pero ya casi apenas sentía dolor. Matt cargó con el equipaje hasta el dormitorio principal y Gisele le siguió.

—Ponte cómoda mientras yo me encargo de preparar la comida —le dijo Matt tras darle un leve beso en los labios.

—Después prepararemos la comida juntos, todavía es temprano —le replicó Gisele colocando los brazos alrededor de su cintura para abrazarle—: ¿Qué te parece si antes nos damos un chapuzón en la playa?

—Solo han pasado tres días, debes seguir guardando reposo —le quitó la idea Matt.

—Y, ¿qué me dices de un baño relajante en la bañera?

—Gisele, debes guardar reposo y ambos sabemos lo que ocurrirá si entro contigo en esa bañera. No me lo pongas más difícil —le rogó Matt—. Estaré preparando la comida, no tardes demasiado en bajar a la cocina.

Tras darle un leve beso en los labios, Matt bajó a la cocina y comenzó a preparar la comida mientras trataba de no sucumbir a sus instintos más primitivos, la salud y la seguridad de Gisele era su prioridad más absoluta. Sin embargo, ella no se dio por vencida. Sabía que Matt no se lo iba a poner fácil, pero ella tampoco lo haría. Se dio una ducha rápida, se puso un diminuto bikini que había comprado la semana anterior para aquella escapada y terminó el conjunto con un vestido blanco de tirantes y unas sandalias del mismo color.

— ¿Qué tal ha ido el baño?

—Podría haber ido mejor —le respondió Gisele con un ligero tono de reproche en su voz.

—Deja de provocarme, te aseguro que tengo más ganas que tú —le susurró Matt estrechándola contra su cuerpo.

Gisele notó la abultada erección que Matt tenía bajo los pantalones y no quiso desaprovechar la oportunidad. Comenzó a depositar pequeños besos por su cuello mientras le acariciaba la espalda y Matt, haciendo un gran esfuerzo, se separó de ella y le dijo:

—La comida ya casi está, ¿te importa preparar la mesa?

Gisele no dijo nada, se limitó a hacer lo que Matt le había pedido. Durante los dos días siguientes, trató de provocar a Matt con todo lo que se le ocurrió, pero él huía de ella antes de dejarse caer en la tentación, aunque cada vez le resultase más difícil. Gisele se paseaba por la casa casi desnuda, se insinuaba constantemente y, con cualquier roce o caricia, hacía todo lo posible para excitarle y lo conseguía, pero Matt estaba entrenado para soportar cualquier tipo de situación y de nuevo se alejaba de ella.

—Si sigues haciendo ejercicio, te vas a deshidratar —se mofó Jason desde el otro lado del teléfono cuando Matt le contó la situación—. Aunque supongo que lo equilibras con las duchas de agua fría.

—No tiene gracia —gruñó con frustración.

—Tú eres el único culpable de esta situación, ¿cómo no quieres que me ría?

—El doctor dijo que Gisele debe guardar reposo y tampoco quiero que piense que solo me intereso por ella por el sexo…

—Y, en lugar de andarte con tantas sutilezas, ¿por qué no se lo dices a ella directamente?

—Supongo que por la misma razón por la que tú no se lo dices a Sarah.

—Eso ha sido un golpe bajo —protestó Jason—. Y te recuerdo que tú estás casado con Gis, hace más de un año que vivís juntos. Te aconsejo que hables con ella cuanto antes, el tiempo pasa volando y antes de que te des cuenta habrá pasado tu primer año como hombre casado.

—Tengo que colgar, no quiero que Gisele se despierte —se despidió Matt y añadió antes de colgar—: Mantenedme informado.

Matt dejó el teléfono móvil sobre la mesita de noche y se metió de nuevo en la cama junto a Gisele. La conversación con Jason le hicieron pensar en algo que había estado evitando pensar, no estaba preparado para hablar de futuro con Gisele. Su plan era demostrarle a Gisele día tras día que ella era lo más importante para él, al margen del contrato.

— ¿Va todo bien? —Preguntó Gisele medio dormida, acurrucándose contra el cuerpo de Matt.

—Todo va bien —le confirmó Matt envolviéndola con sus brazos—. Duérmete otra vez, solo son las cinco de la mañana.

—Mm… No quiero dormir, Matt —ronroneó Gisele.

—Gisele…

—Te necesito Matt, eres mi marido y…

Matt no la dejó terminar la frase, la besó apasionadamente, cediendo ante su petición que casi fue una súplica. La desnudó lentamente, con mucho cuidado para no hacerle daño ya que todavía tenía hematomas por todo el cuerpo debido al accidente, besando cada centímetro de su piel y adorándola como si fuera una diosa. Quería colmarla de placer sin penetrarla, pero Gisele fue muy clara a la hora de expresar lo que necesitaba:

—Te necesito dentro, Matt.

—Gisele…

Pero Matt ya no se sentía con fuerzas para detenerla. La colocó sobre él, la envolvió con sus brazos y le hizo el amor despacio, con mucha ternura y delicadeza, hasta que ambos estallaron en mil pedazos.

—Cariño, ¿estás bien? —Quiso asegurarse Matt.

—No podría estar mejor —le confirmó Gisele casi en un susurro.

Abrazados el uno al otro, ambos se durmieron de nuevo. Habían sido unos días complicados, pero por fin todo regresaba a la normalidad y volvían a disfrutar de su peculiar vida de matrimonio.

Matt dedicaba todo su tiempo a hacer feliz y complacer a Gisele en todas sus demandas, tan solo llamaba por teléfono a la Agencia un par de veces al día para informarse de cómo iban las cosas por allí. Pamela había sido detenida y confesó que había contratado a una banda para que acabara con Gisele pero, como quería estar segura de que cumplían con el trato, decidió acompañarles mientras llevaban a cabo su plan. Habían localizado y detenido a tres de los miembros de la banda, pero todavía buscaban a dos de ellos.

— ¿Hasta cuándo nos quedaremos aquí? —Le preguntó Gisele tras pasar una semana en la casa de la playa.

— ¿Ya te has aburrido de mí? —Bromeó Matt.

—Me sorprende que estés alejado tantos días de la Agencia y tampoco te he visto trabajar desde tu ordenador portátil.

—Han intentado matar a mi esposa, tú eres lo único que me importa en este momento.

—Entonces, ¿podemos quedarnos unos días más?

— ¿Te gustaría pasar el verano aquí? Podríamos decorar la casa a tu gusto, ir a la playa y salir a navegar —la tanteó Matt.

— ¿Cómo vamos a quedarnos aquí todo el verano? —Le respondió Gisele pensando que Matt estaba bromeando.

—Ya has acabado la carrera, no tienes que ir a la universidad.

— ¿Y tú?

—Lo único bueno de ser el jefe es que puedes faltar al trabajo cuando quieras sin que nadie te diga nada —le respondió Matt.

—No puedes estar dos meses sin trabajar, ¿qué pensarán tus empleados?

—Me da igual lo que piensen los demás, solo me importa lo que pienses tú —le dejó claro Matt, no quería que ella tuviera ninguna duda—. Estaremos a un par de horas de distancia de casa y de la Agencia. Si quieres, puedes invitar a Sarah y a Kelly, o a quién tú quieras para que pase unos días con nosotros. Pero reserva las dos últimas semanas para unas vacaciones de verdad, solo tú y yo.

—Tengo que buscar trabajo y…

—De eso también quería hablar contigo —la interrumpió Matt—. Lo he estado pensando mucho estos días y, tras entender que no voy a poder mantenerte al margen de las investigaciones que llevamos en la Agencia sobre tu ex novio, creo que lo mejor es que formes parte del equipo. Solo como agente de oficina —le advirtió Matt.

— ¿Estás seguro? No tienes que hacerlo si no quieres y…

—Estoy seguro, conoces al sujeto mejor que nadie y estás académicamente preparada para hacerlo. Ben seguirá siendo tu supervisor pero si volvéis a ocultarme información importante, le despediré a él y a quien os haya ayudado —le advirtió tajante. Gisele abrió la boca para protestar, pero Matt continuó hablando—: Me da igual lo que digas, no voy a consentir que nadie permita que estés ante más mínimo riesgo.

—No volveré a ocultarte nada —le aseguró Gisele arrepentida.

—Si te hubiera pasado, no me lo hubiera perdonado jamás —le confesó Matt en un susurro, estrechándola con fuerza contra su cuerpo.

—Entonces, ¿cuándo empiezo a formar parte de los empleados de la Agencia?

—En septiembre, cuando regresemos de vacaciones.

Gisele sonrió feliz y se abrazó a Matt aún más fuerte. Había pasado más de un año desde que conoció a Matt y había sido el mejor año de su vida pese a que había descubierto que Erik era un criminal y de que Pamela casi la mata. Pero la alegría se convirtió en temor al recordar que ya llevaba seis meses casada con Matt y solo le quedaban otros seis meses más para estar a su lado.

— ¿Ocurre algo? —Le preguntó Matt al ver la expresión agridulce de Gisele.

—No pasa nada.

—Mientes fatal, Gisele.

—Estoy bien.

—De acuerdo, ya me hablarás de ello cuando quieras —se rindió Matt antes de besarla—. Me quedaría en la cama todo el día contigo.

—No hay nada que nos lo impida —le tentó.

— ¿Quieres pasar el resto del día en la cama conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no.

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