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Hasta que el contrato nos separe 32.

Matt estaba furioso tras ver el vídeo de seguridad donde Pamela intentaba golpear a Gisele, había tratado de ocultar su enfado frente a su futura mujer, pero necesitaba salir de la casa o estallaría. Tampoco podía creerse que Gisele no le hubiera dicho nada, ¿tan poco confiaba en él? ¿Tan poco creía que le importaba? Golpeó con fuerza el volante al imaginarse cuál era la respuesta. Llamó a Jason por teléfono y, tras contarle todo lo que había ocurrido con Pamela, le dijo:

—Ponte en contacto con ella en calidad de abogado y adviértele que, si vuelve a acercarse a Gisele, la demandaremos.

—No te preocupes, le haré llegar un aviso formal en persona mañana a primera hora.

—Mañana no. Ahora —le ordenó Matt—. Estoy conduciendo de camino a la agencia, quiero hablar con Ben para que tenga vigilada a Pamela. Todavía no me puedo creer que haya sido capaz de ser tan ruin.

—Pamela es una bruja, si a eso le sumas que está despechada…

—Entrégale la advertencia —le interrumpió Matt antes de colgar.

En cuanto llegó a la agencia, Matt se dirigió al centro de operaciones en busca de Ben. Pese a que esperaba recibir alguna burla por su parte, lo cierto es que Ben se mostró preocupado desde un primer momento y no bromeó sobre el tema.

—No te preocupes, me aseguraré de que esa bruja no vuelva a acercarse a Gisele —le aseguró Ben. Matt se lo agradeció con una sonrisa forzada y Ben añadió—: Y tampoco te enfades con Gis, si no te lo ha contado es porque no quería preocuparte.

— ¿Tú sabías algo de esto?

—No, Gis no me ha contado nada —reconoció Ben—. Pero Gis nunca ha querido preocuparte, ni siquiera con lo de su ex. Solo intenta protegerte igual que tú haces con ella, en eso consiste el amor, ¿no?

El intento de Ben para que Matt sonriera fue todo un éxito. El amor. El amor mutuo. Un tema tabú del que ambos se negaban a hablar pero no tenían ningún reparo en demostrarlo.

—Vete a casa con Gis, te habías tomado la tarde libre para estar con ella y, en lugar de aprovecharlo, vienes aquí —le reprochó Ben bromeando—. Todavía está a tiempo de arrepentirse, no la dejes escapar.

Matt abrazó a su amigo Ben, se despidió de él y salió de la agencia conduciendo su coche de regreso a casa.

Había pasado poco más de una hora desde que Matt se había marchado y Gisele seguía en la cocina, echándole una mano a Elsa para preparar la cena y desahogándose con ella. Matt entró en casa sin hacer ruido, se asomó por la puerta de la cocina y vio a Gisele de espaldas, revolviendo entre los armarios en busca de alguna cosa. Le hizo una señal a Elsa para que no le delatara y se acercó a Gisele despacio, se colocó detrás de ella y rodeó su cintura con sus brazos.

—Te he echado de menos, preciosa —le susurró al oído.

—Y yo a ti —le respondió Gisele ladeando la cabeza para poder besarle.

— ¿Te apetece cenar conmigo en el salón mientras vemos una película? —Le propuso Matt con su tono de voz más seductor.

—Me parece un plan perfecto.

Y así lo hicieron. Cenaron en el sofá y después disfrutaron de una romántica película acurrucados el uno junto al otro.

— ¿Nos vamos a la cama? —Le preguntó Gisele juguetona cuando terminó la película.

—Por supuesto, cariño —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla al dormitorio. La dejó de pie junto a la cama y le dijo divertido—: Creo que has dicho que me habías comprado un regalo de boda y, aunque estoy molesto conmigo mismo porque no sabía que debíamos hacernos un regalo, estoy deseando saber que es.

Gisele sonrió divertida y se encaminó hacia el armario del vestidor donde había escondido el reloj que le había comprado a Matt. Cogió la caja envuelta que contenía el reloj y, con el rubor en las mejillas, se lo entregó a Matt. Él lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja, embelesado por la ternura de Gisele. Como si fuera un niño pequeño, abrió la caja emocionado y se quedó paralizado cuando vio el lujoso reloj. Hizo un rápido cálculo mental y supo que aquel regalo le había debido de costar el mismo dinero que había recibido como beneficio del contrato.

— ¿Por qué me has comprado esto, Gisele?

El gesto serio de Matt hizo que Gisele lo malinterpretara, imaginó que no le había gustado el reloj y así se lo hizo saber:

—No te ha gustado.

—El reloj es precioso, Gisele. Pero yo no lo necesito y me duele que te hayas gastado tanto dinero en algo así.

—Pues lamento comunicarte que no lo puedo devolver, está grabado en el reverso.

Matt miró el reverso y sonrió al ver las iniciales de ambos y la fecha de la boda. Se colocó el reloj en la muñeca y estrechó a Gisele entre sus brazos.

—Es un regalo maravilloso, casi tanto como tú —le susurró Matt al oído antes de besarla.

Ambos se fundieron en aquel beso y, como tantas otras noches, se dejaron llevar por la pasión, pero esta vez, también se dejaron llevar por el amor que ambos sentían aunque todavía no estuvieran dispuestos a reconocerlo en voz alta.

A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, estaba sola en la cama. Se incorporó desperezándose y vio una nota en la mesita de noche: “Buenos días, preciosa. Estaré en el despacho cuando leas esto, ven a buscarme cuando te levantes y desayunamos juntos. M.” Gisele se levantó de buen humor y se dirigió al baño para darse una rápida ducha antes de ir en busca de Matt.

Matt se había levantado temprano, le había escrito una nota y se había encerrado en su despacho para encargarse de un par de asuntos que había dejado pendiente: Pamela y el reloj que Gisele le había regalado. El tema del reloj fue fácil de resolver, tan solo tuvo que buscar su precio en internet y transferir el mismo importe a la cuenta de Gisele. Sin embargo, lo de Pamela se le hizo cuesta arriba. Pensó en hacerle una visita para dejarle las cosas claras, pero sabía que Pamela era capaz de utilizar aquella visita en contra de Gisele y no quería más problemas, así que decidió llamar a Jason para que le pusiera al corriente de la situación.

—Esperaba tu llamada —le dijo Jason nada más descolgar.

— ¿Has hablado con Pamela?

—Sí, y lo niega todo. Nada que no pudiéramos imaginar —comentó Jason—. No creo que sea tan estúpida de seguir increpando a Gisele, pero Ben la tiene vigilada por si acaso.

—Hemos duplicado la seguridad para mañana, no quiero que nada ni nadie nos estropee la boda.

— ¿Qué tal está Gis?

—No estoy seguro —le confesó Matt—. Está demasiado entera para toda la presión que está teniendo. Su ex novio es un criminal del que no sabía nada, Pamela la acosa y no me dice nada, ¿tú lo entiendes?

— ¿Qué tal están las cosas entre vosotros?

—Genial, por eso no entiendo por qué me ha ocultado lo de Pamela, cualquier otra persona lo hubiera gritado furiosa a los cuatro vientos, pero ella decidió callarse porque no quería darme más preocupaciones.

—A eso se le llama amor, ¿no crees?

—Me preocupa que todo esto la sobrepase.

—Tu labor como marido es demostrarle que no está sola, que tú estás allí para apoyarla, así que olvídate de la agencia y cuida de ella —le aconsejó Jason—. Tengo que dejarte, estoy a punto de subir al avión para ir a buscar a Sarah.

—Últimamente pasas mucho tiempo en ese avión, ¿hay algo que quieras contarme?

—De momento, prefiero guardármelo para mí —le respondió divertido y añadió antes de colgar—: Estaremos allí a primera hora de la tarde.

Mientras tanto, Gisele se había dado una ducha y se había vestido para bajar a desayunar con Matt. Estaba de buen humor porque en pocas horas vería a Sarah y la podría abrazar. Echaba de menos a su amiga, aunque tampoco podía desahogarse con ella debido al contrato de confidencialidad que había firmado con Matt. Al coger su teléfono móvil antes de salir, vio que había recibido una notificación del banco informando de una nueva transferencia de saldo recibida y maldijo entre dientes cuando vio el importe.  Bajó las escaleras y entró en el despacho de Matt mostrándole la pantalla de su móvil donde aparecía la notificación de la transferencia bancaria y le espetó:

— ¿Me puedes explicar qué significa esto?

Matt, que en ese momento no tenía ni idea de a qué se refería Gisele, le respondió:

— ¿Qué es eso?

— ¿Por qué me has hecho el ingreso de ese dinero, Matt? —Insistió Gisele acercándose para mostrarle la notificación.

—Es obvio que lo he hecho porque he querido y, si te soy sincero, preferiría no hablar más del tema porque al final acabaremos discutiendo. Además, te recuerdo que acordamos que yo me encargaría de todos los gastos que conllevara nuestra relación.

—Tan solo pretendía tener un detalle contigo pero, si tan mal te sienta, no lo repetiré.

Gisele hizo amago de marcharse, pero Matt la agarró del brazo para detenerla y, juntando su frente con la de ella, le susurró con dulzura:

—Me encanta que hayas tenido ese detalle, pero no quiero que te gastes tu dinero en mí, no compras nada para ti, no te das ningún capricho.

—No estoy acostumbrada a darme caprichos y tú me consientes todos los días, tan solo quería agradecértelo.

—No tienes que agradecerme nada, ¿podemos dejar ya este tema? —Matt la estrechó entre sus brazos y le dio un leve beso en los labios—. ¿Qué te parece si mejor hablamos de una pequeña escapada después de la boda, solos tú y yo? ¿Te gustaría pasar un par de días solo conmigo y sin que nadie nos interrumpa?

—Mm… Estaría loca si te dijera que no.

Hasta que el contrato nos separe 31.

Gisele se dirigió al dormitorio, guardó el regalo de Matt en el armario y se metió bajo la ducha para que el agua ocultara sus lágrimas. Se sentía estúpida por dejar que las palabras de Pamela la afectaran de aquella manera. Al fin y al cabo, era consciente de que su relación con Matt se basaba en un contrato que tenía fecha de caducidad.

Esa misma tarde, Matt decidió salir antes de la agencia y regresó temprano a casa para poder estar un rato con Gisele. Se encontró a Elsa en la cocina y, tras saludarle, le preguntó:

— ¿Dónde está Gisele?

—Acaba de llegar, ha subido a ducharse —le respondió Elsa con un tono y una mirada acusadora que Matt captó a la primera.

— ¿Se supone que he hecho algo mal?

—No sé qué habrá pasado pero, aunque ha intentado disimular, era evidente que había estado llorando cuando ha llegado a casa.

—Voy a hablar con ella —decidió Matt preocupado. Elsa le miró esperando una explicación pero él, que no tenía ninguna, le aseguró—: No sé qué ha pasado, pero no tiene nada que ver conmigo.

Matt no dio más explicaciones, salió de la cocina y se dirigió al dormitorio en busca de Gisele, preocupado por lo que hubiera podido ocurrir. Tan solo esperaba que Erik Jerks no tuviera nada qué ver, no tenían constancia de que hubiera entrado en el país, pero tampoco se fiaba de él.

—Gisele, ¿dónde estás? —Preguntó al entrar en la habitación y no verla.

La puerta del baño se abrió y ella apareció haciendo un evidente esfuerzo por fingir su mejor sonrisa. Llevaba el albornoz puesto y tenía el pelo mojado, acababa de salir de la ducha.

—Estoy aquí.

— ¿Qué tal ha ido el día?

—Bien —mintió Gisele.

Matt supo que le estaba mintiendo pero, en lugar de presionarla, decidió besarla en los labios y estrecharla entre sus brazos. Pese a que ella no opuso resistencia alguna, Matt la sintió distante. Gisele hizo todo lo que pudo para ocultar que no estaba bien, pero Matt la conocía demasiado bien como para dejarse engañar.

— ¿Va todo bien?

—Eso mismo iba a preguntarte yo, ¿qué haces aquí tan pronto? —Cambió de tema Gisele.

—Me apetecía pasar la tarde contigo y he salido antes de la agencia —le respondió Matt sin dejar de abrazarla—. Mi madre sigue empeñada en que debemos dormir separados la noche antes de la boda, así que esta será nuestra última noche juntos como solteros. A menos que quieras que me quede aquí.

—Solo es una noche, puedes darle el gusto a tu madre.

— ¿No vas a echarme de menos?

—Mucho, pero sobreviviré —bromeó Gisele.

—Elsa me ha dicho que has salido esta tarde, ¿a dónde has ido?

—He ido a dar un paseo por el centro de la ciudad, me he tomado un café y he regresado a casa poco antes que tú —le respondió sin contarle toda la verdad.

—Ve a secarte el pelo y vístete, te espero en el salón —le dijo antes de darle un beso y salir de la habitación.

Matt se dirigió a su despacho con una idea en mente: descubrir a dónde había ido Gisele. El coche tenía un localizador por GPS y la ciudad estaba llena de cámaras de seguridad a las que él tenía acceso, solo tenía que seguirla. Vio a Gisele entrar en la joyería y salir pocos minutos más tarde; la vio caminar unos pocos metros y entonces la pantalla del ordenador le mostró el encuentro entre Gisele y Pamela. Las cámaras no grababan el audio, pero a Matt no le hizo falta escuchar lo que decían para saber que no era nada bueno. Pamela había asaltado a Gisele en plena calle y Gisele había sabido defenderse, lo cual le hizo sonreír pese a lo molesto que estaba con ella porque no le había mencionado lo ocurrido. Además, era obvio que ya se conocían y se temió que, además de ese encuentro, hubieran intercambiado palabras antes.

Salió del despacho con paso firme y se topó con Gisele en el vestíbulo. Y, aunque no lo pretendía, su tono de voz fue más brusco de lo habitual cuando le dijo:

—Pasa un momento a mi despacho, tenemos que hablar.

Gisele no vaticinó nada bueno tras aquellas palabras, pero asintió con un leve gesto de cabeza y entró en el despacho. Matt le señaló uno de los sillones para que se sentara, él se sentó en el sillón de en frente y le preguntó sin andarse por las ramas:

— ¿Desde cuándo conoces a Pamela?

Se miraron a los ojos durante varios segundos y Gisele decidió contestarle con sinceridad, no tenía nada que ocultar:

—La conocí el día del aniversario de la agencia, coincidimos en el baño.

— ¿La has vuelto a ver desde entonces?

—Sí, la he visto esta tarde —le respondió Gisele desafiándole con la mirada. Era evidente que él ya sabía las respuestas y no entendía a qué estaba jugando—. ¿Quieres contarme a qué viene todo esto?

—Eso mismo iba a preguntarte yo.

Ambos se desafiaron con la mirada, pero finalmente Gisele decidió hablar y contarle todo lo que Matt quería saber:

—Durante la fiesta del aniversario de la agencia te vi hablar con ella y adiviné que debía ser alguna amiga tuya, sobre todo cuando hiciste todo lo posible por alejarla de mí. Ella también debió saber quién era yo, porque me siguió cuando fui al baño, se presentó con gran orgullo y confirmó mis sospechas.

— ¿Qué te dijo?

—No lo recuerdo bien, pero no fue muy amistosa —bromeó Gisele tratando de hacer sonreír a Matt pero sin conseguirlo—. Esta tarde decidí ir de compras al centro de la ciudad, quería comprarte un regalo de boda —añadió ruborizada.

—Y te encontraste de nuevo con ella —concluyó Matt—. ¿Por qué no me has dicho nada, Gisele? Ni me lo dijiste en el aniversario en la agencia ni me lo has dicho esta tarde.

El tono de Matt no fue de reproche, sino de decepción. Quería que Gisele confiara en él y se esforzaba para que así fuera, pero ella ni siquiera le contaba que Pamela la había estado molestando.

—Es una tontería y no quería molestarte —le confesó Gisele—. Desde que te conozco solo te he dado problemas, no quería sumar uno más por algo tan insignificante.

—Imagino que sabes que tengo cámaras por toda la agencia y pienso buscar la grabación del baño, ¿de verdad crees que lo que veré será insignificante?

—Deberías dejarlo estar, ya te he dicho que es una tontería —le advirtió Gisele.

Ella sabía que si Matt veía aquel vídeo dejaría de ser una tontería y probablemente montaría un drama, pero tampoco era para tanto. O al menos así lo creía Gisele en comparación con los problemas que les había dado su ex.

—Espérame en la cocina, en seguida estoy contigo y preparamos un aperitivo para ver una película —la invitó a salir de su despacho.

—Matt…

—Solo serán cinco minutos —sentenció antes de acompañarla a la puerta.

Gisele rodó los ojos, dio media vuelta y se dirigió a la cocina, donde se encontró a Elsa dedicándole su enorme y cariñosa sonrisa.

— ¿Va todo bien con Matt, cielo? —Le preguntó Elsa, sospechaba que algo no iba bien.

—Es testarudo y un mandón —bufó Gisele mientras sacaba un refresco de la nevera y le daba un trago.

Elsa sonrió con complicidad, dando por hecho que no era más que una pequeña riña de enamorados y siguió preparando la cena tras abrazar cariñosamente a Gisele. Cinco minutos más tarde, la voz de Matt tronó desde el pasillo:

— ¡Gisele!

—Si es que no se puede ser más terco —murmuró Gisele rodando los ojos.

— ¿Algo insignificante? ¿Una tontería? ¡Intentó agredirte! —Vociferó Matt al entrar en la cocina y ver a Gisele.

—Te advertí que no vieras el vídeo, solo has conseguido ponerte de mal humor —le reprochó Gisele.

—Tengo que ir a la agencia, regresaré en un par de horas.

—Acabas de llegar, íbamos a pasar la tarde juntos —protestó Gisele desilusionada.

—Solo un par de horas y ya no me separaré de ti hasta mañana por la noche —le aseguró Matt estrechándola entre sus brazos y dándole un leve beso en los labios—. Y, cuando vuelva, nos pondremos de acuerdo para determinar qué es una tontería insignificante.

— ¿De verdad consideras necesario tener que ir a la agencia ahora?

—Sí —afirmó con rotundez.

Gisele rodó los ojos de nuevo, en ocasiones era inútil discutir con Matt. Él le dio un último beso antes de marcharse y Gisele se quedó en la cocina con Elsa, mirando con resignación hacia a la puerta por donde Matt se había ido.

Hasta que el contrato nos separe 30.

Los días siguientes fueron más tranquilos. Matt tan solo iba a la agencia por la mañana, mientras Gisele estaba en clase. Después pasaba a recogerla por la universidad y comían en casa antes de que él siguiera trabajando desde casa y Gisele le hiciera compañía estudiando. Por la noche, cenaban en el sofá del salón mientras veían una película, casi siempre alguna comedia romántica elegida por Gisele, y cuando terminaba se dirigían al dormitorio para hacer el amor antes de dormir abrazados el uno el otro.

Leonor y Kelly intentaron quedar con Gisele para hablar de los últimos preparativos para la boda, pero Matt se negó en rotundo alegando que Gisele tenía que estudiar y no les permitió mencionar nada al respecto hasta después de su escapada de fin de semana.

—Me estás sobreprotegiendo —le acusó Gisele divertida.

—Has estado sometida a mucha presión, necesitas descansar y tienes que estudiar —se justificó Matt—. Pero este fin de semana, es solo para nosotros.

—Estoy deseando llegar a la cabaña.

Gisele estaba emocionada, Matt le había dicho que la llevaría a la cabaña de pesca a la que iba con su padre sin que ella se lo mencionara. Para Gisele, aquello era una muestra de la confianza que ambos habían forjado durante los casi seis meses que llevaban juntos.

Después de más de dos horas conduciendo por una carretera secundaria que rodeaba la montaña, Matt aparcó el coche frente a una pequeña cabaña de piedra y madera rodeada de árboles y cerca de un pequeño río de aguas cristalinas.

—Es precioso —susurró Gisele, pensando en voz alta.

—Tú sí que eres preciosa —le dijo Matt con la voz ronca al mismo tiempo que la abrazaba desde la espalda—. Será mejor que entremos en la cabaña y encendamos la chimenea, en un par de horas la temperatura descenderá entre quince y veinte grados.

—Mm… Tendremos que darnos calor para combatir el frío.

Matt sonrió embelesado, le encantaba ver a Gisele bromeando tan relajada y siendo la dulce y seductora descarada que le volvía loco.

—Ponte cómoda, voy a por leña para encender la chimenea y que nos dure toda la noche —le dijo tras besarla en la mejilla con ternura.

Gisele metió en la nevera la comida que habían traído de casa, deshizo las maletas, guardó la ropa de ambos en el armario y las cosas de aseo en el baño, hizo la cama colocando sábanas de franela y un par de mantas y ayudó a Matt a guardar la leña en el cobertizo mientras él continuaba partiendo troncos con el hacha.

—Creo que con esto ya tenemos suficiente leña para todo el fin de semana —opinó Matt tras echar un vistazo a toda la leña que había en el cobertizo.

— ¿Qué hacemos ahora?

—Se me ocurren muchas cosas, pero antes debemos encender la chimenea —respondió Matt con tono juguetón.

Gisele estaba feliz, tenían todo el fin de semana por delante para estar a solas y sin que nadie les interrumpiese. Tras encender la chimenea, Matt le propuso a Gisele dar un paseo por la ribera del río y ella aceptó encantada. Disfrutar de un simple paseo por la montaña junto a Matt le hizo sentirse la mujer más feliz del mundo y desear que aquel fin de semana no acabara nunca.

—Estás muy callada, ¿quieres contarme en qué piensas?

—En la paz y la tranquilidad que nos rodea, hace que me sienta feliz.

—Tú sí que me haces feliz —le confesó Matt en un susurro antes de besarla en los labios con una dulzura embriagadora.

Gisele sintió un gran alivio al escuchar las palabras de Matt que, aunque no fuera de una forma directa, prácticamente era una confirmación de que empezaba a sentir algo por ella. Matt se sorprendió al oírse pronunciar aquellas palabras, pero aquella verdad se había escapado de entre sus labios sin poder evitarlo. Y es que lo cierto era que Matt estaba cada día más hechizado por ella, era en lo único que pensaba día y noche.

—Ahora eres tú el que se ha quedado callado —apuntó Gisele tras caminar en silencio durante varios minutos.

—Disfrutaba de la paz y la tranquilidad de la que hablabas —le respondió sonriendo al mismo tiempo que la abrazaba.

Gisele se dejó abrazar, se sentía feliz y segura entre los brazos de Matt. No pudo evitar preguntarse qué pasaría después de su matrimonio pactado con fecha de caducidad, pero decidió no preocuparse por ello en ese momento y disfrutar del año que le quedaba con Matt.

Aquel fin de semana en la cabaña fue perfecto para ambos. Paseaban siguiendo el curso del río, preparaban la comida juntos como cualquier pareja normal y al anochecer se acomodaban en el sofá, abrazándose el uno al otro frente al calor del fuego de la chimenea.

Ninguno de los dos mencionó el tema del contrato, se convirtió en una especie de tema tabú entre ellos. Se compenetraban a la perfección, cada día que pasaba se unían más y los sentimientos del uno por el otro crecían.

Las siguientes semanas fueron una montaña rusa. Matt quería dejarlo todo bien atado en la agencia, pues pretendía tomarse unos días libres desde la boda hasta después de Navidad; Gisele tenía que estudiar para los exámenes de final de semestre, además de ocuparse de los contratiempos que iban surgiendo en los preparativos de la boda; Leonor tampoco se lo ponía fácil a la pareja, aunque solo pretendía ayudar, terminaba agobiándoles.

Dos días antes de la boda, Gisele aprovechó que no tenía clase y que Matt estaba trabajando para ir al centro de la ciudad. Quería comprarle un regalo y tener un detalle con él. Le dijo a Elsa que salía a hacer un par de recados y se marchó de casa. Matt estaba trabajando en la agencia, así que era el momento ideal para comprar el regalo y poder darle una sorpresa. No avisó a nadie, ni siquiera a Kelly, le apetecía pasar un rato a solas.

Entró en una joyería y, tras echar un vistazo a los expositores, decidió comprarle a Matt un reloj en el que se gastó un buen pellizco. Le pidió al joyero que grabara las iniciales de ambos entrelazadas y la fecha de la boda. El joyero le indicó que regresara en una hora mientras grababan el reloj y Gisele decidió hacer tiempo tomándose un café en la cafetería de la esquina. Tan ensimismada estaba en sus propios pensamientos, que no reparó en la presencia de Pamela hasta que la agarró del brazo cuando se disponía a entrar en la cafetería. Tan solo la había visto una vez en el quinto aniversario de la agencia y tuvieron un encontronazo en el baño.

—Vaya, vaya, si tenemos aquí a la futura señora Spencer —murmuró con tono despectivo y maquiavélico—. No sé qué habrá visto Matt en ti, pero de lo que estoy segura es que se cansará de ti más temprano que tarde, a Matt no le van las mosquitas muertas como tú.

—Claro, le gustan las arpías venenosas como tú, por eso se va a casar contigo —le respondió Gisele a la defensiva.

—Él no te quiere, tan solo eres un capricho pasajero del que se aburrirá muy pronto y regresará a mí como ha hecho siempre.

—No pierdas la esperanza —se mofó Gisele.

Pamela dio media vuelta y se alejó furiosa calle abajo. Gisele había disimulado muy bien frente a Pamela, pero los dardos envenenados de Pamela le habían dolido porque, en el fondo, sabía que ella tenía razón. Su relación con Matt tenía fecha de caducidad, solo eran dos socios en un negocio en el que ambos salían beneficiados.

—Pero yo he sido una imbécil y he acabado enamorándome de él —pensó Gisele mientras se sentaba en una de las mesas de la cafetería.

Sin duda alguna, aquel encuentro con Pamela la había afectado. Aquella víbora tan solo quería provocarla, pero no lo iba a conseguir. Se tomó un café bien caliente y llamó a Sarah para hacer tiempo antes de regresar a la joyería.

— ¿Qué te pasa, Gis? Y no me digas que nada porque te conozco demasiado bien y solo con escuchar tu voz sé que algo no va bien —le advirtió Sarah.

—Acabo de encontrarme con Pamela.

Gisele le contó con todo detalle su encuentro con Pamela y Sarah escuchó atentamente a su amiga.

— ¿Por qué no se lo has dicho a Matt?

—Matt ya tiene suficientes cosas en las que pensar, no quiero darle una preocupación más por una tontería. Además, seguro que es lo que quiere esa arpía, así Matt irá a buscarla para decirle cuatro cosas.

—Pasa de esa bruja, al fin y al cabo, Matt te ha elegido a ti y no a ella —trató de animar Sarah a Gisele—. Mañana a estas horas estaremos juntas, tengo tantas ganas de abrazarte.

Más tranquila tras aquella conversación con Sarah, Gisele pagó su café a la camarera y se marchó para dirigirse a la joyería. Recogió el reloj que le había comprado a Matt y regresó a casa. Pese a que intentó olvidarse del encuentro con Pamela y de sus palabras envenenadas, no lo consiguió, pero intentó disimularlo cuando llegó a casa. Elsa, que era una persona muy suspicaz, supo que algo no iba bien en cuanto le vio la cara. Gisele, conocedora de las habilidades de Elsa por adivinar las emociones, le dio un beso en la mejilla y se excusó alegando que iba a darse un baño para subir a la habitación.

Hasta que el contrato nos separe 29.

Pocos minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a la puerta del hotel y, tras pagar al taxista, se bajaron del vehículo y entraron en el hotel. Con el brazo alrededor de la cintura de Gisele para estrecharla contra su cuerpo, se dirigió hacia la recepción del hotel para pedir una habitación. Gisele ni siquiera prestó atención a aquella conversación, tan solo se mantuvo abrazada a Matt, le había echado muchísimo de menos, mucho más de lo que jamás hubiera podido imaginar. Mientras subían en el ascensor a la habitación, Matt le preguntó con la voz ronca y mirándola a los ojos:

— ¿Me has echado de menos?

—Muchísimo —afirmó Gisele y, solo para provocarle, añadió divertida—: Aunque tengo que reconocer que ha sido más fácil de sobrellevar viendo cómo se desnudaba el stripper policía.

Matt la miró con el ceño fruncido, no le gustaba imaginarse a Gisele entre los brazos de un stripper y no quiso pensar en ello.

—Prefiero que no me cuentes nada de lo del stripper —bufó visiblemente molesto.

—Ni siquiera le toqué —le aseguró Gisele apiadándose de él. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron en el vestíbulo de la última planta. Recorrieron el pasillo hasta llegar a su habitación y, una vez dentro, Gisele le besó en los labios y le susurró—: Gracias por venir.

Gisele estaba emocionada. Matt no solo había pagado su despedida de soltera, sino que también había cumplido su promesa y había ido a la capital en cuanto ella se lo había pedido. No podía negar que Matt era una buena persona, detallista, cariñoso, tierno… Suspiró pensando en la cantidad de adjetivos buenos que le describían.

—Siempre cumplo mis promesas —le susurró Matt. Se deshizo de su traje y acto seguido hizo lo mismo con el vestido de Gisele, quedándose ambos en ropa interior. Se tumbó en la cama, arrastrándola con él, y la envolvió entre sus brazos—. ¿Te has divertido este fin de semana?

—Me lo he pasado genial, nos hemos reído mucho, hemos disfrutado de la comida del mejor restaurante de la capital, de una tarde en el SPA con masajes incluidos, bebido y también bailado, no me puedo quejar.

—No te olvides del stripper —le reprochó Matt.

—Prefiero recordar este momento.

—Gisele, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt, que notaba a Gisele un poco distinta, perdida en sus propios pensamientos—. Si ocurre algo…

—Todo va bien —le aseguró. Y, cambiando de tema, añadió—: He estado pensando en escaparnos un par de días a la montaña, refugiarnos en una pequeña cabaña y acurrucarnos frente al fuego de una chimenea. Me apetece mucho salir de la ciudad un par de días y, aunque sé que tú tienes trabajo y yo tengo que estudiar, había pensado en hacerlo allí, lejos del estrés y la presión.

—Me parece una idea estupenda, yo también había pensado en escaparnos el próximo fin de semana —sonrió satisfecho y le dio un leve beso en los labios—. Han sido un par de meses muy intensos, has estado sometida a mucho estrés y nos vendrá bien despejarnos un poco.

—En un mes nos casaremos, después vendrá Navidad y luego los exámenes de final de semestre, todavía nos esperan un par de meses más de locura.

—Pero después disfrutaremos de una larga luna de miel solos tú y yo, sin interrupciones.

—Eso suena tan bien que no soy capaz de creérmelo —bromeó Gisele—. Por cierto, no me has hablado de tu despedida de soltero, ¿lo has pasado bien?

—Me temo que no ha sido tan divertida como la tuya, tan solo hemos ido a cenar y estábamos a punto de ir a tomar una copa cuando me has enviado el mensaje.

— ¿No te han llevado a un local de striptease?

—No, yo solo quiero ver desnuda a mi futura mujer.

—Entonces, ¿por qué no me terminas de desnudar?

Matt mostró su sonrisa más seductora y comenzó a besarla lentamente en los labios, descendió por su cuello al mismo tiempo que deslizaba los tirantes del sujetador por sus brazos y lo desabrochaba. Besó y acarició cada centímetro de su piel, adorándola y dejándose adorar por ella. Hicieron en amor apasionadamente, pero también con una ternura y una conexión especial entre ellos.

Durmieron abrazados toda la mañana. Matt se despertó a media mañana pero no quiso despertar a Gisele, así que se quedó con ella en la cama, disfrutando de aquel momento. Cuando Gisele abrió los ojos, Matt le dio los buenos días con una amplia sonrisa en los labios y ella le respondió tumbándose sobre él y ronroneándole al oído:

—Quiero sexo soñoliento, Matt.

—Te daré todo lo que me pidas, cariño —le susurró Matt antes de hundirse en ella lentamente y hacerle el amor.

A Gisele no le pasó por alto la ternura con la que Matt la trataba, ni tampoco que había dejado de llamarla Gisele para llamarla cariño cuando estaban a solas. Además, había podido confirmar lo detallista que era, siempre estaba pendiente de ella y dispuesto a hacer cualquier cosa para complacerla.

—Mm… ¿Nos podemos quedar así para siempre? —Ronroneó Gisele estrechándose contra el cuerpo de Matt.

—No creo que sea posible, en un par de horas Jason y Sarah vendrán a buscarnos, tendremos que regresar a casa y, una vez allí, podremos meternos en la cama y continuar donde lo dejemos.

Efectivamente, Jason y Sarah llegaron al hotel un par de horas más tarde, con el equipaje de Gisele. Jason y Matt bajaron al restaurante del hotel a esperar a las chicas mientras Gisele se daba una ducha rápida y se ponía al día con Sarah.

— ¿Qué tal te lo has pasado con Jason?

—Con él siempre me lo paso genial, es el tipo de hombre que siempre me ha parecido perfecto, es divertido, extrovertido, apasionado,…

—Y te tiene completamente enamorada —intervino Gisele.

—Me gusta, pero no hay nada serio entre nosotros. Nos vemos de vez en cuando y lo pasamos bien juntos, pero no hay ningún compromiso.

— ¿Te gustaría que lo hubiera?

—Vivimos en distintas ciudades y todo el mundo sabe que las relaciones a distancia no funcionan. Además, no creo que a él le interese una relación estable.

—Kelly dijo que Jason no era ningún mujeriego —le recordó Gisele.

—No me hagas pensar en ello, Gis —le rogó Sarah haciendo un mohín—. No estoy preparada para asimilar lo que siento por él, estoy demasiado confusa.

—Pues deberías empezar a planteártelo, cada vez que os veis acabáis pasando la noche en la misma cama.

—Créeme si te digo que no puedo evitarlo, pero Jason tiene algo que me hechiza, hace que pierda la capacidad de razonar con coherencia.

—Sé a qué te refieres —le aseguró Gisele—, me ocurre lo mismo con Matt.

—Matt te adora, jamás había visto a un hombre tan enamorado como él lo está de ti —le aseguró Sarah—. Te cuida mucho y a ti se te ve muy feliz con él.

—Lo soy, aunque todo ha sido tan rápido que todavía lo estoy asimilando.

Media hora más tarde y después de varias confesiones, Gisele y Sarah salieron de la habitación y se reunieron en el restaurante con Matt y Jason, que las recibieron con una amplia sonrisa al verlas llegar. Gisele se sentó a la mesa junto a Matt, él no pudo contener las ganas de besarla y le plantó un beso de película sin importarle ser el centro de atención del restaurante del hotel.

—Por favor, ¿es que no habéis tenido suficiente tiempo de daros el lote en la habitación y seguís haciéndolo en el restaurante? —Les reprochó Sarah con tono burlón.

— ¿Tú también quieres un besito, muñeca? —Bromeó Jason agarrando a Sarah por la cintura para acercarla a él y dejar sus labios a escasos milímetros de los de ella.

Sarah recorrió el espacio que los separaba y le dio un leve beso en los labios que acompañó con un susurro para que solo Jason le escuchara:

—Solo un besito, o acabarás enamorándote de mí.

Ya era tarde para eso, Jason ya se había enamorado de ella y le plantó un beso en la boca, esta vez con verdadera pasión.

—Al final nos echarán del hotel por escándalo público —bromeó Gisele.

Entre bromas, besos y acaricias, los cuatro disfrutaron de un gran almuerzo antes de dirigirse al aeropuerto, donde se reunieron con Kelly y Tyler.

—Deberías ir haciéndote a la idea de que Tyler será tu futuro cuñado —le dijo Jason a Matt, mofándose.

Todos se echaron a reír, incluidos Tyler y su hermana Kelly. Pero Matt, que apreciaba a Tyler y estaba encantado de que fuera su cuñado, también le encantaba provocarle para fastidiarle un poco y no pudo quedarse callado:

—No os hará cuando mi madre exija conocer al responsable de las salidas nocturnas de Kelly.

Esta vez, rieron todos excepto la pareja aludida. Kelly se ruborizó, a ella no le importaba decirle a su madre que salía con Tyler, pero temía que él no estuviera preparado y se asustara. Sin embargo, Tyler sí estaba preparado para conocer oficialmente a su suegra, pese a que ya conocía a Leonor, pero la inseguridad de Kelly le hizo dudar y pensó que quizás Kelly necesitaba más tiempo para hacer oficial la relación.

—Gis, te voy a echar muchísimo de menos —reconoció Sarah abrazando con fuerza a su amiga.

—Nos veremos en la boda dentro de un mes y pasaremos juntas la Navidad —le recordó Gisele tratando de animarla.

—Y puedes venir a casa siempre que lo desees, Sarah —añadió Matt, tratando de animar a las dos amigas.

—Y si no quieres quedarte en casa de la parejita feliz, siempre puedes quedarte en la mía —le dijo Jason con una amplia sonrisa en los labios.

Se despidieron de Sarah y, con gran pesar, subieron al avión para regresar a casa. Gisele pasó de la felicidad a la nostalgia en pocos minutos y Matt trató de consolarla estrechándola contra su cuerpo y acunándola en su regazo.

Hasta que el contrato nos separe 28.

Las chicas se quedaron dormidas en el enorme sofá del salón y se despertaron a mediodía. Gisele ni siquiera se había tomado un café cuando su teléfono móvil comenzó a sonar y no tuvo que mirar la pantalla para saber que se trataba de Matt. Sonrió de forma automática, ese era el efecto que causaba en ella, y respondió aún medio dormida:

— ¿Sí?

—Supongo que debo darte los buenos días —bromeó Matt—. ¿Te he despertado?

—No, pero por poco.

— ¿Una noche divertida?

—Una gran noche —le confirmó Gisele—. Nos quedamos en el apartamento de Sarah, bebiendo vino y contándonos confidencias. ¿Y tú? ¿Qué has estado haciendo?

—He aprovechado para adelantar trabajo en la agencia, así podré tomarme el próximo fin de semana libre, te tengo preparada una sorpresa.

—Me estás malcriando —le advirtió Gisele.

—Me encanta malcriarte —le susurró con la voz ronca—. Y esta noche cenaré con los chicos, han insistido en celebrar mi despedida de soltero.

—Te vendrá bien divertirte un poco, trabajas demasiado.

—Hubiese preferido divertirme contigo —reconoció Matt—, pero tendré que conformarme con llamarte esta noche.

—Estaré esperando tu llamada —le respondió Gisele antes de despedirse y colgar.

Gisele se dirigió a la cocina para desayunar con las chicas y se sentó en uno de los taburetes mientras Sarah preparaba tres tazas de café con leche.

— ¿Era Matt? —Le preguntó Kelly. Gisele asintió con un leve gesto de cabeza y Kelly añadió divertida—: Tyler me ha dicho que Matt está insoportable, no le sienta bien separarse de ti.

—La verdad es que yo también le echo de menos —confesó Gisele.

—Déjate de lamentos, tenemos cita en el SPA y no quiero perderme los masajes —le replicó Sarah—. Esta noche iremos a bailar y a tomar unas copas, necesitamos recargar energía.

Pasaron el resto del día en el SPA, recibiendo masajes y tratamientos corporales, disfrutando de la sauna y de los baños turcos. Fueron unas horas de absoluto relax, pero Gisele no consiguió dejar de pensar en Matt en ningún instante.

Por la noche, las chicas llevaron a Gisele a un restaurante que ofrecía espectáculo con la cena y, como no podía ser de otra manera, un stripper vestido de policía se desnudó antes ellas y un grupo pequeño de chicas que también celebraban una despedida de soltera. Gisele era demasiado tímida y trató de esconderse para pasar desapercibida entre el resto de chicas, pero a Sarah no le importaba ser el centro de atención sentada en el regazo de aquel stripper.

—Uff, no sé si serán las copas o la falta de sexo, pero no me importaría pasar la noche con el supuesto policía —comentó Sarah entre risas cuando salieron del restaurante.

—Yo ni siquiera me acuerdo de la última vez que tuve sexo y, por si fuera poco, Tyler parece que tampoco va a ponérmelo fácil—se lamentó Kelly.

—Pues yo sí y estoy deseando repetirlo —les dijo Gisele sonriendo.

—Se acabó. Esta noche es para divertirnos, bailar y olvidarnos de los hombres —sentenció Sarah—. Esta noche no quiero saber nada de ellos.

Se subieron a un taxi y se dirigieron a un pub para seguir con la fiesta. Sarah se ofreció para ir a buscar las copas y Sarah la acompañó para ayudarla mientras Gisele se encargaba de buscar un sitio en el que sentarse en la zona chill-out. Encontró un sofá libre en una esquina y se sentó allí a esperar a las chicas. Sacó su teléfono móvil del bolso y vio que tenía una llamada perdida de Matt. Dudó en llamarle o enviarle un mensaje, pero finalmente decidió devolverle la llamada más tarde y disfrutar de aquella noche con las chicas.

Kelly y Sarah se sentaron junto a ella cinco minutos después y, por enésima vez aquella noche, brindaron de nuevo. Animadas por el ambiente, la música y las copas de más, bailaron entre risas y cachondeo y continuaron bebiendo.

—Creo que me estoy haciendo mayor —bufó Kelly dejándose caer en el sofá del chill-out.

—Pues yo creo que mañana tendré una resaca horrible, no recuerdo la última vez que bebí tanto —comentó Sarah antes de dar otro trago a su copa. Se volvió hacia Gisele y le preguntó sonriendo—: ¿Qué tal te lo estás pasando?

—Genial, gracias por haber organizado un fin de semana perfecto —le agradeció—. Aunque no deberíais haber gastado tanto dinero.

—Esa parte agradécesela a Matt, no quería que te faltara nada en este fin de semana —se le escapó a Sarah sin darse cuenta.

Gisele se sintió fatal. Matt había pagado su despedida de soltera y ella había ignorado su llamada. Bebió un trago de su copa y, tras excusarse para ir al baño, cogió su bolso y se alejó de ellas. Quería llamar a Matt, pero finalmente optó por enviarle un mensaje: “Te echo de menos, me encantaría que estuvieras aquí.” Recibió un mensaje de Matt al instante: “Solo tienes que pedirme que vaya y estaré junto a ti en poco más de una hora.” Gisele no lo dudó ni un segundo y contestó: “Quiero que vengas, no quiero dormir otra noche sola.” Un segundo después, Matt la estaba llamando.

—Matt —ronroneó Gisele nada más descolgar.

— ¿Seguro que quieres que vaya a la capital?

—Completamente.

—Pues ya estoy de camino, preciosa —le respondió Matt—. Aunque, como podrás suponer, no voy solo. Jason y Tyler me acompañan.

—Mientras no se metan en la cama con nosotros… —bromeó Gisele.

—Puede que a ti no te importe, pero a Kelly y a Sarah…

—Lo descubriremos cuando lleguéis —le interrumpió.

— ¿No saben que estás hablando conmigo?

—Si les hubiera dicho que tenía intención de llamarte o escribirte un mensaje, me hubieran quitado el teléfono y no hubiera podido hablar contigo —se excusó Gisele.

—Envíame la ubicación del lugar donde estáis y vuelve con las chicas. Sigue disfrutando de la noche y, antes de que te des cuenta, estaré estrechándote entre mis brazos —le dijo Matt en un susurro para que los chicos no le escucharan—. Hasta dentro de un rato, cariño.

—Hasta dentro de un rato —susurró Gisele antes de colgar y regresar junto a Kelly y Sarah como si nada hubiera pasado.

Matt les dijo a los chicos que la despedida de soltero se había terminado y que se iba a la capital. Les contó que pensaba presentarse en el pub donde estaban las chicas y pasar el resto de la noche con Gisele.

—Si queréis, podéis acompañarme —les invitó.

—Es su despedida de soltera, ¿no crees que se lo tomarán mal? —Le advirtió Tyler, aunque en el fondo se moría de ganas de ver a Kelly.

—Solo hay una manera de saberlo, averigüémoslo —sentenció Jason, que no pensaba dejar escapar la oportunidad de volver a ver a Sarah.

—Id vosotros y divertíos, yo me ocupo de la agencia mañana —se ofreció Ben.

Una hora más tarde, Gisele, Kelly y Sarah seguían bebiendo, riendo y bailando. Gisele estaba ansiosa, no dejaba de mirar disimuladamente hacia a la puerta, esperando que en cualquier momento Matt entrara en el pub y le dedicara una de sus seductoras sonrisas. Justo en el momento que se puso de espaldas a la puerta para coger su copa y beber un trago, Matt entró en el pub acompañado por Jason y Tyler. Aprovechando que estaba de espaldas, Matt se acercó a Gisele y la abrazó desde atrás, pegándola a su cuerpo.

—Mm… No te imaginas cuánto he echado de menos tus abrazos —susurró Gisele, a quien no le hizo falta girarse para saber que era Matt quién la abrazaba.

—No voy a dejar de abrazarte en toda la noche —la complació Matt.

— ¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí? —Les reprochó Sarah—. Se supone que esto es una despedida de soltera y no estabais invitados.

—Demasiado tiempo lejos de mi futura esposa, no he podido resistirme —se justificó Matt sin dejar de abrazar ni besar a Gisele.

— ¿Es que no te alegras de verme, muñeca? —Le preguntó Jason a Sarah.

—Podré contestarte a eso mañana, tienes toda la noche para convencerme —le respondió Sarah con un descaro que volvió loco a Jason.

—Gisele y yo nos vamos a un hotel —anunció Matt.

—Pero tengo todas mis cosas en el apartamento de Sarah —protestó Gisele.

—Sarah y yo te llevaremos todas tus cosas mañana, no te preocupes —le aseguró Jason.

—Nosotros también nos vamos, nos reuniremos con vosotros mañana en el aeropuerto para regresar a casa —decidió Kelly con seguridad, refiriéndose a ella y a Tyler. Se volvió hacia a Sarah y añadió—: Os acompañamos al apartamento a recoger mis cosas y después nos marchamos y os dejamos a solas.

—Hay habitaciones de sobra, podéis quedaros en el apartamento —les invitó Sarah.

—Te lo agradecemos, pero quiero a mi futura esposa solo para mí esta noche y no quiero que nadie nos interrumpa —rechazó Matt la oferta de Sarah.

—No te preocupes, ni siquiera estaremos en el mismo hotel —le dijo Kelly.

Matt lanzó una mirada de advertencia a Tyler, no le hacía ninguna gracia que pasara la noche con su hermana en un hotel. Gisele le dio un codazo a Matt para que se relajara y no interfiriera en la vida de su hermana, sobre todo porque sabía que las intenciones de Tyler eran buenas y Kelly necesitaba dar ese paso más en la relación.

—Nos vemos mañana, disfrutad de lo que queda de noche —se despidió Gisele tirando del brazo de Matt para marcharse de allí.

Salieron del pub y Matt detuvo a un taxi en la calle para que les llevara al mismo hotel donde se habían alojado cuando habían ido de visita a la capital.