Archivo

Hasta que el contrato nos separe 27.

Gisele estaba emocionada con esa escapada a la capital para celebrar su despedida de soltera. Echaba de menos a Sarah y deseaba pasar el fin de semana con ella y con Kelly, que se había convertido en una muy buena amiga. Además, una salida de chicas le vendría muy para desconectar de la universidad y de los preparativos de la boda que tanto la habían estado agobiando. Sin embargo, la idea de estar separada de Matt durante todo un fin de semana no le apetecía lo más mínimo. Y, cómo la gran romántica empedernida que era, se preguntó si Matt la echaría tanto de menos como ella a él.

—Gisele, ¿lo tienes todo preparado? —Le preguntó Matt sacándola de sus pensamientos.

Gisele miró en su maleta para confirmar que lo había guardado todo y asintió con un leve gesto de cabeza antes de cerrarla. Matt se acercó a ella y le rodeó la cintura con sus brazos, abrazándola desde atrás.

—Estás muy cariñoso —comentó Gisele divertida.

—Voy a estar todo el fin de semana sin ti y te voy a echar de menos —se justificó Matt susurrándole al oído—. Tenemos que salir ya, Sarah ha amenazado con matarme si llegabas tarde a tu despedida de soltera.

Matt le dio un leve beso en los labios, cogió la maleta de Gisele y se dirigió detrás de ella hacia el salón, donde les esperaba Kelly para dirigirse al aeropuerto y viajar a la capital para celebrar la despedida de soltera de Gisele.

—Intentad no meteos en líos pero, si lo hacéis, llamadme y estaré allí en una hora —le dijo Matt a Gisele antes de que subiera al avión. La besó durante un largo rato y, cuando logró separar sus labios de los de ella, añadió—: Diviértete, me gusta verte sonreír y últimamente sonríes poco.

—No estarás para verme sonreír —le recordó.

—Solo tienes que llamarme y estaré allí en una hora —le aseguró Matt.

—Puede que lo haga —le susurró antes de besarle y subir al avión con una sonrisa en los labios.

Matt sonrió satisfecho, con un poco de suerte sería un invitado más en aquella despedida de soltera y podría disfrutar de la compañía de Gisele. Pasar todo un fin de semana sin ella iba a ser complicado de sobrellevar, se había acostumbrado tan rápido a estar con ella que casi le parecía un drama.

Gisele se subió al avión con Kelly y volaron hacia la capital, donde Sarah las estaba esperando para iniciar el fin de semana de chicas.

— ¡Gis, Kelly! —Les gritó Sarah desde su coche cuando las vio salir por la puerta de la terminal del aeropuerto—. Venga, subid al coche.

Las chicas corrieron hacia Sarah al mismo tiempo que un policía se acercó a ella y le dijo:

—Señorita, no puede estacionarse aquí.

—Es un segundo, mis amigas ya están aquí —se excusó Sarah—. Solo será un segundo, por favor.

El policía abrió la boca para rechazar su petición, pero Gis y Kelly llegaron en ese momento y, tras meter el equipaje en el maletero, se subieron al coche con cara de no haber roto un plato en su vida, así que el policía finalmente suspiró y les rogó:

—Por favor, circulen.

Las chicas sonrieron y Sarah pisó el acelerador antes de que el policía decidiera cambiar de opinión y ponerle una multa.

— ¿Estás preparada para un fin de semana inolvidable? —Preguntó Sarah emocionada mientras Kelly bailaba sentada en su asiento.

—Me estáis dando miedo —se guaseó Gis, contagiada del buen humor de sus amigas.

—Vas a tener de todo, ya verás qué bien lo vamos a pasar, ¡va a ser una locura! —Exclamó Sarah riendo a carcajadas y haciendo reír a las otras dos.

—Antes de nada, nos vamos de compras, nos merecemos un capricho. Después iremos a comer al mejor restaurante de la capital —anunció Kelly, ciñéndose al plan.

Gisele frunció el ceño. ¿Compras y comida en un buen restaurante? Aquel no era un plan diseñado por Sarah ni tampoco por Kelly. Aquellas dos estaban demasiado locas para diseñar un plan tan tranquilo.

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta el plan? —Le preguntó Sarah sin apartar la vista de la carretera.

—El plan me gusta, pero no es algo que hubiera esperado de vosotras dos —reconoció Gisele escrutándolas con la mirada—. Sé que me estáis ocultando algo.

—Relájate, vamos a pasar el día tranquilamente —le aseguró Kelly y añadió sonriendo a Sarah con complicidad—: Ya tendremos tiempo de desmelenarnos cuando llegue la noche.

Tras dejar las maletas en el apartamento de Sarah, las chicas pasaron la mañana recorriendo las mejores tiendas de la capital, comprando ropa, zapatos y mucha lencería. Gracias a la paga mensual de Matt, Gisele tenía bastante más dinero del que necesitaba, así que decidió tener un detalle con Matt y comprarle un regalo.

— ¿Qué puedo regalarle a Matt que le haga ilusión? —Preguntó Gisele mientras caminaban de una tienda a otra.

—Enciérrate con él en un dormitorio y ponte un lazo en la cabeza —bromeó Sarah.

—Hablo en serio, quiero regalarle algo especial, algo que realmente desee —insistió—. Él siempre tiene detalles conmigo, aunque no quiera reconocerlo, en el fondo es un romántico.

—A Matt le encanta perderse en su cabaña de las montañas —comentó Kelly tratando de ayudarla—, es un lugar bastante básico pero a él le encanta salir a pescar o sentarse frente a la chimenea. Siempre iba con mi padre pero, cuando murió, Matt continuó yendo solo.

—Parece un lugar demasiado especial, a lo mejor se toma mal que le lleve allí —tanteó Gisele.

—No es un lugar sagrado, pero siempre suele ir solo o con los chicos —le respondió Kelly y añadió encogiéndose de hombros—: A Matt le gusta el frío.

Gisele frunció el ceño. Matt siempre la había llevado a sitios cálidos en todas sus escapadas, incluidas las vacaciones.

—Seguiré pensándolo, quiero regalarle algo que le sorprenda.

—Espérale en el dormitorio completamente desnuda y con un lazo en la cabeza —insistió Sarah entre risas.

Gisele rodó los ojos con resignación, no conseguiría ayuda de sus amigas durante aquel fin de semana, pero siguió pensando en ello mientras iban de una tienda a otra. Descartó regalarle una escapada, ya le había robado demasiado tiempo. Pero anotó mentalmente que el destino de su próximo viaje o escapada sería a un lugar frío en el que pudieran acobijarse frente al calor de una chimenea.

Después de una mañana de compras, las chicas se dirigieron a un exclusivo restaurante en el que Sarah había reservado mesa.

— ¿No quieres saber qué tenemos planeado para después? —Le preguntó Sarah mientras comían.

— ¿Debo preocuparme? —Preguntó Gisele tratando de adivinar qué habían tramado aquellas dos.

—No tienes nada de lo que preocuparte, lo tenemos todo bajo control —le aseguró Kelly con una risilla traviesa.

—Hoy solo queremos cuidarte y darte un par de caprichos, puedes relajarte —la tranquilizó Sarah.

— ¿Y mañana?

—Mañana será un día diferente —le respondió con una sonrisa socarrona en los labios.

—Eso me deja mucho más tranquila —murmuró Gisele.

Almorzaron en el restaurante entre bromas y confesiones. Sin planearlo, Matt, Jason y Tyler estuvieron muy presentes en su conversación.

— ¿Qué tal te va con Tyler? —Quiso saber Sarah.

Kelly no tuvo ningún tapujo en contestar y se sinceró con las que ya eran sus mejores amigas.

—Bien, supongo —respondió encogiéndose de hombros. Gisele y Sarah la miraron esperando una explicación a esa respuesta tan poco convincente. Ella suspiró y añadió—: Llevamos un par de meses saliendo, hemos tenido varias citas y todo ha ido bien pero, en el momento de dar un paso más, él siempre se echa atrás.

— ¿Todavía no ha habido sexo entre vosotros? —Preguntó Sarah escandalizada.

—Sarah —le advirtió Gisele regañándola con la mirada. Se volvió hacia Sarah y, aunque nadie se lo había pedido, le dio su opinión—: Creo que Tyler está realmente interesado en ti y quiere ir despacio para que todo salga bien. Pero, si él no da el primer paso, quizá es porque espera que seas tú quién lo dé.

—Aunque sea por una vez, estoy de acuerdo con Gisele —la secundó Sarah.

—Está decidido, la próxima vez que le vea paso la noche con él sí o sí —decidió Kelly alzando su copa para brindar—: Por las mujeres decididas.

— ¡Por ellas! —Brindaron Sarah y Gisele.

Salieron del restaurante bien entrada la tarde y bastante achispadas. Se dirigieron directamente al apartamento de Sarah, dejaron las bolsas con las compras en el hall, abrieron una botella de vino y se acomodaron en el sofá para seguir charlando.

— ¿Qué hay entre tú y Jason? —Le preguntó Kelly a Sarah.

—Básicamente, atracción sexual.

—Mientes —la acusó Gisele—. ¿Hasta qué punto te gusta?

—Hasta el punto de dar gracias de no vivir en la misma ciudad que él —confesó—. Me gusta todo de él, nos compenetramos muy bien en la cama y fuera de ella, pero no es la clase de hombre con el que te casas y es mejor no enamorarse.

— ¿Por qué dices eso? —Le preguntó Kelly.

—Él mismo me confirmó que era un mujeriego.

—Jason no es ningún mujeriego, al igual que mi hermano tiene esa fama y no es para nada justificada —les defendió Kelly—. Todas esas modelos y actrices con las que asisten a fiestas y con las que se les relacionan son en realidad más trabajo para ellos, clientas de la agencia que a veces quieren dejarse ver con el director o el subdirector de la agencia.

Pasaron el resto de la tarde y parte de la noche charlando sobre los chicos y, cómo no, también sobre la inminente boda de Matt y Gisele.

Hasta que el contrato nos separe 26.

Durante la visita de Sarah a la ciudad, Gisele escogió el vestido de novia, el ramo y los zapatos, pero todavía tenía que decidir muchas cosas más, entre ellas el lugar de celebración. Gisele se comenzó a agobiar, Leonor le había mostrado un sinfín de lugares que le gustaban, pero ninguno le resultaba especial. No encontraba el sitio idóneo para celebrar el enlace y comenzaba a desesperarse ella y desesperar a los demás.

Consciente del estrés y la presión a la que se estaba viendo sometida Gisele, Leonor decidió intervenir. Ella adoraba a su hijo, pero ya era hora de ponerle los puntos sobre las íes. Leonor se presentó por sorpresa en las oficinas de la agencia, dispuesta a hablar con su hijo.

—Mamá, ¿qué estás haciendo aquí?

—Tenemos que hablar.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Matt preocupado, invitando a su madre a entrar en su despacho y cerrando la puerta después—. ¿Le pasa algo a Gisele?

—Es evidente, ¿acaso no te has dado cuenta?

— ¿A qué te refieres? —Exigió saber Matt a la defensiva.

—Cielo, Gisele es una mujer estupenda, es buena, cariñosa, humilde y generosa. Aunque me temo que le hace falta un poco más de carácter para lidiar contigo.

—Tengo mucho trabajo, ¿te importaría ir al grano?

—Has dejado toda la organización de la boda en manos de Gisele y está desbordada, Matt —le reprochó—. La veo muy agobiada con las clases, los estudios y la boda. En lugar de ser un momento maravilloso se está convirtiendo en una obligación para ella, quizás deberías involucrarte un poco más y apoyarla. Me da la sensación de que se siente bastante sola, no tiene familia y su mejor amiga ni siquiera vive en su misma ciudad.

— ¿Gisele te ha dicho eso?

—No, ella no dice nada. Se limita a esforzarse en sonreír y decir que todo va bien, pero es bastante obvio que no es así.

—Está bien, esta tarde me quedaré en casa con ella y nos distribuiremos las tareas para la boda.

—Eso no es lo que te estoy diciendo, Matt —le regañó Leonor—. Tienes que pasar más tiempo junto a ella e involucrarte en todo lo relacionado con la boda. ¿Sabes que Gisele ya ha comprado el vestido de novia?

—No, no me lo ha dicho.

—A eso me refiero —bufó Leonor—. Será mejor que te esfuerces si no quieres quedarte plantado en el altar.

Leonor, bastante molesta por la actitud de su hijo con su futura esposa, dio media vuelta y se marchó de allí sin darle un beso de despedida. Matt resopló con frustración, pero sabía que su madre tenía razón y decidió tomarse la tarde libre para estar con Gisele. Llamó a la puerta del despacho de Jason y, tras sentarse junto a él, le dijo:

—Voy a tomarme la tarde libre.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amigo? —Exclamó Jason mofándose.

—Mi madre me acaba de hacer una visita, ha venido para reprocharme que no me involucro con la organización de la boda y me ha regañado por dejar a Gisele encargándose de todo ella sola.

—La verdad es que tu madre tiene razón, no olvides que Gis no tiene familia y que su mejor amiga está a 350 kilómetros de distancia —le recordó Jason.

—Lo sé, por eso me voy a casa con ella —zanjó la conversación poniéndose en pie—. Llámame si surge cualquier cosa.

—Deja que yo me encargue de la agencia, tú encárgate de tu futura mujer si no quieres que te deje antes de casarte.

Matt sabía que Jason estaba bromeando pero no pudo evitar sentirse culpable, era la segunda vez en apenas una hora que le reprochaban que estaba dejando a Gisele sola. Todo aquel ajetreo la estaba estresando y él ni siquiera se había dado cuenta, pues apenas pasaba el rato con ella y cuando estaban juntos tan solo quería sentirla entre sus brazos.

—Gisele, ¿dónde estás? —Alzó la voz Matt al entrar en casa.

—Estoy aquí —respondió Gisele desde el salón. Matt entró en la estancia un par de segundos después y ella, preocupada, le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—He decidido tomarme la tarde libre, últimamente apenas estamos juntos y a solas —le contestó él besándola en la frente y acomodándose junto a ella en el sofá—. ¿Estabas estudiando?

Gisele asintió, pero se apresuró en cerrar los libros y guardar los apuntes, no quería que darle ninguna excusa para que la dejara sola de nuevo.

—Mi madre ha venido a la agencia para regañarme, cree que estás agobiada por los estudios y los preparativos de la boda —comenzó a decirle Matt en un susurro al mismo tiempo que colocaba a Gisele en su regazo—. Y tiene razón, ni siquiera sabía que ya habías comprado el vestido de novia.

—No importa, sé que tienes mucho trabajo en la agencia —le excusó ella, pues no podía reprocharle nada, al fin y al cabo su relación formaba parte de un contrato.

—Sí que importa. A partir de ahora nos ocuparemos juntos de todo lo que tenga que ver con la boda —. La besó en los labios y añadió juguetón—: ¿No vas a decirme cómo es el vestido de novia que has comprado?

—No, tiene que ser una sorpresa —le respondió Gisele igual de juguetona—. Pero he comprado otra cosa que puedo enseñarte.

—Mm… Lo estoy deseando.

— ¿Te apetece que primero nos demos un largo baño?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de cogerla en brazos y llevarla al dormitorio.

Matt entró en el baño de la habitación y abrió el grifo de la bañera para que se llenara de agua mientras ambos se desnudaban. Gisele esperaba que Matt iniciara la chispa que les hiciera estallar de deseo, pero él se limitó a meterse en la bañera sentándose detrás de ella y envolviéndola con sus brazos.

—Matt, ¿va todo bien?

—No podría ir mejor, preciosa —le aseguró él.

Gisele se dio media vuelta, se colocó a horcajadas sobre él y le susurró con un tono de voz más que sugerente:

—Sí que puede ir mejor.

Matt pretendía dejar el sexo en un segundo plano, quería demostrarle a Gisele que estaba con ella porque realmente así lo deseaba, no porque se le antojara un poco de sexo. Pero Gisele no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta y él no hubiera podido resistirse aunque hubiese querido.

Después de aquel baño, Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde en el dormitorio, abrazados sobre la cama y poniéndose de acuerdo en la toma de decisiones sobre la organización de la boda. Lo que más agobiaba a Gisele era la elección del lugar de la celebración y Matt se ofreció para encargarse de escogerlo y darle una sorpresa.

—Ya casi lo tenemos todo, solo queda mi traje de novio y el sitio donde celebrar la boda, pero de eso me encargo yo —concluyó Matt—. Aprovecharé para hacerlo el próximo fin de semana, cuando te vayas a la capital para celebrar tu despedida de soltera.

—Solo serán un par de días, ni siquiera te dará tiempo a echarme de menos —bromeó Gisele.

—Te aseguró que te echaré de menos —le confesó con la voz quebrada.

Gisele sospechaba que algo le ocurría a Matt y se abrazó a él para hacerle saber que ella estaba a su lado y le apoyaba. Lo que no sabía Gisele es que Matt todavía trataba de asimilar lo que estaba sintiendo por ella.

Durante el resto de la semana, Matt decidió trabajar desde casa por las tardes y así pasar más tiempo con Gisele. Elsa fue testigo del evidente cambio de humor de ambos, que radiaban felicidad cuando estaban juntos. Leonor también fue testigo del cambio de Gisele, que de nuevo sonreía constantemente y no se la veía tan preocupada.

Matt sabía que el fin de semana sin Gisele sería interminable y quería aprovechar todo el tiempo que podía para estar con ella.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —Preguntó Gisele divertida al notar las manos de Matt por su cintura y su espalda mientras charlaba con Leonor.

—Está nervioso porque mañana nos vamos de despedida de soltera, lleva toda la semana amenazándome con matarme si te llevábamos a un local de striptease —se mofó Kelly.

—Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti —le aseguró Gisele antes de besarle.

Matt confiaba en Gisele, pero no se fiaba ni un pelo de Sarah ni de su hermana Kelly, aquellas dos tenían la palabra peligro escrita en la frente.

Hasta que el contrato nos separe 25.

Pocos días después del anuncio oficial de su compromiso, Matt y Gisele recibieron la visita sorpresa del abogado del abuelo de Matt. Kevin Norris se presentó en casa de Matt un sábado a primera hora de la mañana, mientras Gisele y Matt dormían. Llamó al timbre y Elsa le recibió y le hizo pasar al salón mientras ella se dirigió al dormitorio principal para avisar a Matt.

Gisele seguía dormida y Matt no quiso despertarla, así que se levantó, se vistió y bajó al salón para atender al abogado.

—Buenos días, señor Spencer —le estrechó la mano el abogado—. Soy Kevin Norris, el abo…

—Sé quién es —le interrumpió Matt—. ¿A qué ha venido?

—Directo al grano —bromeó Kevin antes de contarle el motivo de su visita—. Según nuestras informaciones, se acaba de prometer con… —hizo una pausa para buscar el nombre de la chica entre las hojas de su carpeta y añadió—: Con Gisele Moore.

—Así es.

—Y, ¿dónde está ella?

—Son las ocho de la mañana de un sábado, está durmiendo —bufó Matt.

— ¿Está viviendo con usted?

—Sí.

— ¿Desde cuándo?

— ¿A qué viene todo esto? —Protestó Matt.

—Si se casa con la señorita Moore se convertirá en el heredero de Bill West, motivo por el cual deberemos realizar un exhaustivo seguimiento de su relación para verificar que se trata de un matrimonio real y no de conveniencia —le explicó Kevin—. Dicho seguimiento en visitas para realizar entrevistas por sorpresa, individual o conjuntamente.

Gisele se despertó y, al no encontrar a Matt en la cama con ella, decidió levantarse y salir a buscarle. Escuchó su voz proviniendo del salón e imaginó que estaría hablando por teléfono, pero cuando se asomó por la puerta y lo vio sentado en el sofá en silencio, entró en el salón y, sentándose en su regazo sin sospechar que no estaban solos, le dijo tras besarle en los labios:

— ¿Qué haces aquí en lugar de estar en la cama conmigo?

—Eso mismo me preguntaba yo, pero he tenido que salir de la cama para atender una visita.

Matt le hizo una señal a Gisele para que mirara al otro lado del salón y entonces vio a Kevin Norris junto a la ventana. Ella no le conocía ni sabía quién era, así que se levantó de un salto, visiblemente avergonzada, y se disculpó mientras daba gracias en silencio por haberse puesto la bata antes de salir de la habitación:

—Lo siento, pensaba que estabas solo.

—No te preocupes, Gisele. El señor Norris es el abogado de mi difunto abuelo, solo ha venido a saludar.

—Encantada de conocerle —le saludó Gisele tímidamente—. Disculpe la interrupción, les dejaré a solas.

Gisele se marchó de allí tan rápido como llegó y se dirigió a la cocina, necesitaba tomarse un café y rezar para no haber fastidiado el trato que tenía con Matt.

—Nos damos por informados, señor Norris —le dijo Matt dando por finalizada aquella  conversación—. Pero, cómo ha podido ver, no tengo nada que ocultar sobre mi relación con Gisele. Es la mujer de mi vida.

—Genial, así este asunto será más fácil para todos —opinó Kevin tendiéndole la mano a Matt para después añadir a modo de despedida—: Un placer saludarle, señor Spencer. Nos veremos pronto.

—Estoy seguro de ello —murmuró estrechándole la mano.

Matt acompañó a Kevin a la salida y se quedó allí mirándole hasta que le vio salir de la propiedad. Se dirigió a la cocina y allí se encontró a Gisele desayunando en compañía de Elsa, que rápidamente se dispuso a servirle el desayuno a Matt.

—Buenos días —saludó Matt de buen humor. Besó a Gisele en los labios y se sentó a su lado mientras le susurraba al oído—: ¿Qué tal has dormido, preciosa?

—Contigo siempre duermo bien —le respondió Gisele con una tímida sonrisa—. Siento haber interrumpido, pensaba que estabas solo.

—No lo sientas, ha sido lo mejor que ha podido pasar —le respondió Matt guiñándole un ojo con complicidad.

Elsa, consciente de que la pareja deseaba intimidad, salió de la cocina silenciosamente para seguir dedicándose a sus tareas. Mientras desayunaban, Matt le propuso a Gisele ir a pasar el día a la playa y ella aceptó encantada. Era su último fin de semana antes de empezar las clases en la universidad y Gisele quería aprovecharlo para disfrutar de la compañía de Matt, pues una vez comenzado el semestre apenas tendría tiempo para nada.

— ¿Se puede saber por qué estás tan callada? —Le preguntó Matt tras pasar todo el trayecto en silencio y seguir igual durante más de una hora que llevaban en la playa—. ¿Estás bien?

—Sí, solo estoy un poco triste —le confesó ella—. Entre tu trabajo y mis clases, apenas tendremos tiempo para relajarnos cómo hacemos ahora.

—Entonces, quizás debamos aprovechad el día en un lugar un poco más íntimo.

—Quiero ir a casa y pasar el resto del día en la cama contigo —susurró Gisele mirándole a los ojos con verdadero deseo.

—Cariño, nos vamos ahora mismo.

A Matt le encantaba complacer a Gisele y también le resultaba fácil, ella no pedía grandes cosas ni lujos, tan solo quería afecto. Además, pasar el resto del día en la cama con ella era un sueño hecho realidad para Matt, que cada día se enamoraba más de Gisele.

Los días fueron pasando y Gisele comenzó las clases del último curso de carrera en la universidad. Matt se encargaba de llevarla a la universidad por la mañana y recogerla a media mañana, comía con ella en casa y después regresaba a la agencia mientras Gisele se quedaba en casa estudiando, ayudaba a Elsa con las tareas de la casa o salía con Kelly a tomar un café. Matt regresaba a casa a última hora de la tarde, se daba un largo baño con Gisele antes de cenar, charlaban durante un rato y se iban a dormir.

Ese fin de semana, después de la primera semana de clases, Gisele recibió la visita sorpresa de su amiga Sarah. Matt solo quería ver a Gisele feliz y sabía que aquella era una ocasión especial para conseguirlo.

Gisele aprovechó la visita de Sarah para comenzar a mirar vestidos de novia, locales para celebrar la boda y probar los posibles menús para la celebración. Por supuesto, Leonor y Kelly las acompañaron a todas partes, pero Gisele siempre reservaba un par de horas para pasar a solas con Sarah, echaba mucho de menos a su amiga.

—Te veo muy feliz con Matt, parece que te cuida muy bien —comentó Sarah mientras tomaban un refresco en el jardín y esperaban a que Matt regresara del trabajo para cenar.

—Matt es encantador, el novio perfecto —le confesó Gisele con verdadera adoración por Matt, siendo totalmente sincera—. Me trata como a una princesa y siempre está pendiente de mí, no puedo quejarme.

—A él también se le ve muy enamorado —constató Sarah.

— ¿Qué me dices de ti? Todavía no te he escuchado hablar de ningún sexy hombretón de la capital, ¿es que no has conocido a ninguno?

—No estoy en la capital para ligar, tengo que compaginar las clases con el trabajo y apenas me queda tiempo para mí —se justificó Sarah—. Además, tampoco me apetece salir con nadie ahora. Creo que estoy madurando —añadió burlonamente para restar importancia a sus palabras.

—Es curioso, no percibo eso cuando estás con Jason —se mofó Gisele.

—Jason es genial, nos divertimos cuando estamos juntos, pero eso es todo.

—No me lo creo.

—Gis, entre Jason y yo no hay nada. Nos hemos acostado un par de veces, pero eso es todo.

Gisele sabía que su amiga no le estaba contando toda la verdad, pero no insistió más ya que todos tenían derecho a tener sus secretos. Matt llegó a casa y se dirigió al jardín para saludar a las chicas, que continuaban charlando y poniéndose al día.

—Buenas noches, señoritas. ¿Qué tal ha ido el día?

Matt besó a Gisele en los labios y se sentó junto a ella, desplegando sus brazos alrededor de la cintura de ella. Sarah rodó los ojos y, poniéndose en pie, anunció:

—Me voy a dar una ducha, así os dejo un rato a solas.

—Jason está en la cocina, le he invitado a cenar y ha insistido en preparar él la cena —le informó Matt sonriendo divertido, consciente de que entre aquellos dos existía algo especial pese a que ambos se negaban a reconocerlo.

—Me parece que esta noche no cenamos —bromeó Gisele.

—Está todo controlado, el plan B es pedir pizza a domicilio —las tranquilizó Matt.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Sarah se dirigió al interior de la casa, concretamente a la cocina, donde se encontró con Jason.

—Así que esta noche vas a ser el cocinero —le tanteó Sarah.

—Esta noche seré lo que tú quieras que sea, muñeca —le respondió con tono sugerente.

—La parejita sigue en el jardín, yo voy a darme una ducha —le dijo antes de dirigirse a la habitación de invitados.

— ¿Necesitas ayuda?

—Quizás después de cenar —le contestó Sarah con tono sugerente antes de desaparecer por el pasillo.

Jason sacudió la cabeza para quitarse la idea de ir detrás de Sarah, pues tenía que encargarse de preparar la cocina. Sarah se encerró en la habitación de invitados y se dio una ducha mientras pensaba en cómo sacarse a Jason de la cabeza. Y la parejita, tras besarse durante unos minutos en el jardín, también decidieron subir a su habitación para darse juntos una rápida ducha antes de cenar.

Hasta que el contrato nos separe 24.

Después de dos semanas disfrutando de unas idílicas y románticas vacaciones en la isla privada y tras una última noche de celebración por su recién compromiso, emprendieron el viaje de regreso a casa. Mientras Gisele dormía en el camarote del avión, Matt se encargó de organizar una pequeña fiesta con la ayuda de Kelly y Sarah para celebrar con la familia y amigos su compromiso con Gisele.

Cuando aterrizaron en la pista de la agencia, Jason les estaba esperando para llevarles en coche a casa. Gisele se percató del intercambio de miradas entre los dos hombres y sospechó que se traían algo entre manos pero, conociendo a Jason, imaginó que se estaría mofando de su amigo.

—Bonito pedrusco, Gis —comentó Jason divertido, haciendo referencia al anillo que llevaba en el dedo anular.

—Soy una novia con suerte —bromeó Gisele, pues Jason era el único que conocía su secreto.

—No es una mala respuesta, pero todo el mundo querrá saber todos los detalles y os someterán a un tercer grado —les advirtió Jason—. Espero que, además de divertíos, también hayáis tenido tiempo de pensar en ello.

—Tranquilo, todo está bajo control —le aseguró Matt a su amigo.

Pocos minutos después, Jason aparcaba frente a la puerta de la casa de Matt y se adelantaba a entrar en la casa mientras Matt entretenía a Gisele besándola. Cuando fueron capaces de separar sus labios, Matt la agarró de la mano y se dirigieron hacia el interior de la casa.

— ¿No cogemos las maletas?

—Luego nos ocuparemos de eso —le respondió Matt.

Gisele le miró con el ceño fruncido, era evidente que Matt estaba más raro de lo normal. Entraron en la casa y Gisele miró a su alrededor en busca de Jason, pero no lo vio por ninguna parte.

— ¿Dónde se ha metido Jason?

—Habrá salido al jardín, vamos a buscarlo.

Matt se dirigió al jardín con Gisele y, en cuanto pusieron un pie en el exterior, todos sus amigos y familiares salieron de su escondite y gritaron al unísono:

— ¡Felicidades!

Gisele se quedó paralizada unos segundos, no daba crédito a lo que sus ojos veían. Frente a ella estaba Jason, Elsa, Leonor, Kelly, Sarah, Taylor y Ben sosteniendo una pancarta enorme en la que habían escrito ¡Felicidades, prometidos!

Sarah fue la primera que soltó la pancarta y abrazó a su amiga, y poco a poco todos se fueron acercando para felicitar a la pareja.

—Estabas metida en esto desde el principio —acusó Gisele a Sarah bromeando.

—Hubiera matado a Matt si no hubiera sido así —bromeó Sarah guiñándole un ojo con complicidad a Matt.

—Queremos ver el anillo, Matt no nos lo quiso enseñar —protestó Kelly.

—Quería que Gisele fuera la primera en verlo —alegó Matt.

— ¡Qué romántico! —Se mofó Ben.

— ¡Y caro! —Exclamó Sarah agarrando la mano de Gisele para acercársela a la cara y examinar el anillo—. ¡Es un pedazo de diamante rosa rodeado de más diamantes!

Gisele se volvió inmediatamente hacia Matt, tratando de confirmar si lo que decía Sarah era verdad y su sonrisa de satisfacción se lo confirmó. No podía creerse que se hubiera gastado tanto dinero en un anillo de compromiso para un matrimonio que no era real.

—Es un anillo precioso, Gis —opinó Leonor emocionada, con lágrimas en los ojos.

—Entonces, ¿cuándo nos vamos de boda? —Preguntó Taylor para animar el ambiente.

—Todavía no lo tenemos decidido, pero me gustaría que fuera antes de Navidad —respondió Matt colocándose detrás de Gisele y envolviéndole la cintura con sus brazos—. Pero supongo que Gisele tiene la última palabra.

—Sea cuando sea, espero que al menos me avises con tiempo para poder organizar una despedida de soltera en condiciones —le advirtió Sarah a Matt.

— ¿Despedida de soltera? —Gruñó Matt con desaprobación.

—Sí, colega —le confirmó Jason—. Y también habrá despedida de soltero.

A Matt no le gustó nada que sus amigos organizaran las despedidas de soltero y de soltera, mucho menos que lo hicieran por separado, pero optó por callar en ese momento y ya afrontaría la situación más adelante. Disfrutaron de la fiesta sorpresa, comieron, bebieron, bailaron y se divirtieron.

Tras bailar un par de canciones con Leonor, Sarah y Kelly, Gisele se sentó en el sofá-balancín para descansar. En realidad, necesitaba asimilar todo lo que estaba pasando. Su compromiso con Matt ya era oficial, todo el mundo lo sabía y el plan iba según lo previsto. El trato con Matt estaba resultando más fácil de cumplir de lo que esperaba, pese a que no podía ignorar que se estaba enamorando de él. Sin embargo, lo peor que llevaba era tener que engañar a todo el mundo, especialmente a Sarah. Se sentía mal por ello y no podía evitarlo.

— ¿Estás bien, cariño? —Le preguntó Matt sentándose a su lado con una sonrisa en los labios.

—Sí, pero tenemos una conversación pendiente.

— ¿Me vas a regañar por algo?

—Estás loco, ¿cómo te has podido gastar tanto dinero en el anillo de compromiso? —Le preguntó escandalizada—. Tenemos que cambiarlo por otro más sencillo y, desde luego, que sea mucho más barato.

—No podemos cambiar el anillo, ya lo ha visto todo el mundo —argumentó Matt—. Creía que te había gustado.

—Y me gusta, pero es demasiado para mí.

—A mí no me lo parece —le susurró él antes de besarla.

Cansadas de bailar, las chicas se unieron a la pareja y poco después lo hicieron los chicos. Leonor estaba eufórica con la boda y no dejó escapar la ocasión para ofrecerse a ayudar en la organización de la boda:

— ¿Sabéis ya dónde celebraréis la boda? Hay un montón de sitios preciosos para elegir, tendremos que ir a visitarlos —. Se volvió hacia Gisele y le dijo—: Gis, me encantaría acompañarte a escoger el vestido de novia.

— ¡Y a mí también! —Anunció Kelly.

—Acabamos de comprometernos, no la agobiéis —las regañó Matt.

—Si pretendes casarte antes de Navidad, ya vas tarde —le advirtió Sarah—. Además, Gis empezará las clases en un par de semanas y ya no tendrá tanto tiempo libre, os esperan unos meses de locura.

—Tres meses para preparar una boda, podemos hacerlo si nos organizamos bien —opinó Leonor con optimismo.

—Y no nos olvidemos de la despedida de soltera —insistió Sarah solo para fastidiar a Matt, del que se ganó una mirada de desaprobación.

—Podemos celebrarla en la capital y aprovechad para ir a mirar vestidos de novia, allí están las mejores tiendas —comentó Kelly.

—Un viaje de chicas, me gusta —opinó Gisele animada.

—Pues a mí no me gusta tanto —gruñó Matt entre dientes.

—Tranquilo cuñado, cuidaremos bien de ella —se mofó Sarah.

—Eso es precisamente lo que nos da miedo —murmuró Jason haciendo reír a todos.

—Vamos, solo será un fin de semana —suavizó la situación Kelly.

— ¡¿Un fin de semana?! —Exclamó Matt para nada dispuesto a pasar todo un fin de semana sin Gisele.

— ¿Me vas a echar de menos? —Le susurró Gisele a Matt.

—No. No pienso perderte de vista todo un fin de semana —sentenció Matt.

Gisele le desafió con la mirada y, lejos de callarse, le espetó:

—Si no tengo despedida de soltera, no me caso —. Y, para evitar que Matt buscase cualquier excusa para rebatirla, añadió—: Despedida de soltera solo para chicas.

—Colega, aún no te has casado y ya te está mangoneando —se mofó Ben.

—Tú también tendrás tu despedida de soltero, no te dará tiempo a echarme de menos —le aseguró Gisele tratando de rebajar la tensión. Le dio un leve beso en los labios y, con voz melosa, le susurró al oído—: Solo serán un par de días y te prometo que seré buena.

—No es de ti de quién no me fío —le aseguró Matt lanzando una fugaz pero intimidatoria mirada a su hermana Kelly y a Sarah.

—Tranquilo, te la cuidaremos bien —le dijo Sarah con tono burlón. Miró a las mujeres y añadió—: Entonces, ¿cuento con que seremos nosotras cinco?

Leonor y Elsa rápidamente se desentendieron de la fiesta:

—Nosotras ya estamos demasiado mayores para esas cosas, os lo pasaréis mejor si vais las tres.

—No sé si quiero saber qué tienen planeado —comentó Ben divertido.

—Pues yo sí —dijeron Matt, Taylor y Jason al unísono.

Las cinco mujeres se rieron, pero ninguno de los hombres encontró la gracia a aquella situación.

La fiesta de compromiso se alargó hasta bien entrada la noche, pero en cuanto Matt vio a Gisele bostezar por primera vez, dio por finalizada la fiesta alegando que necesitaban que descansar. Matt llenó la bañera de agua caliente y, tras desnudarse y meterse dentro, invitó a Gisele a unirse a él.

Hasta que el contrato nos separe 23.

Una hora más tarde, Gisele avistó tierra en el horizonte e, imaginando que aquél era el destino de sus idílicas vacaciones, comenzó a dar saltitos, completamente emocionada. Matt disfrutó viéndola tan feliz y no pudo evitar estrecharla entre sus brazos y besarla apasionadamente, aquella chica le tenía hechizado.

Desembarcaron en un pequeño muelle de la isla privada que Matt había alquilado y recorrieron el camino adoquinado que unía el embarcadero con la piscina y la preciosa casa que ocupaba la mayor parte de la pequeña isla.

—Bienvenida a nuestro hogar durante las vacaciones —le susurró Matt al oído—. ¿Te gusta?

—Me encanta —le aseguró Gisele.

Mientras Matt le mostraba la pequeña isla y la casa a Gisele, la tripulación del yate se encargó de llevar el equipaje a la casa antes de despedirse y dejar a la pareja a solas en la isla.

—Aquí tenemos todo lo que necesitamos durante nuestra estancia, pero también disponemos de una pequeña embarcación por si te apetece salir de excursión —la informó Matt mientras recorrían la isla—. Podemos bañarnos en la piscina, en el mar y, por supuesto, en el jacuzzi.

Gisele se arrojó a sus brazos, totalmente eufórica, y Matt la cogió en brazos y la llevó al dormitorio principal de la casa, donde se instalaron entre bromas, caricias y besos. Tras instalarse y vestirse con ropa cómoda y el traje de baño, Matt se dispuso a preparar la comida con la ayuda de Gisele, que se le insinuó descaradamente, pero Matt priorizó la comida a sucumbir al deseo y la pasión, y Gisele se puso de morros aunque intentó disimularlo.

Gisele preparó la mesa del jardín y comieron allí, disfrutando de la suave brisa del mar. Después de comer, Matt propuso dar un paseo por la playa, bordeando la isla, y Gisele aceptó, pese a que seguía de morros porque Matt continuaba manteniendo las distancias. Por supuesto, Gisele no pensaba rebajarse a suplicarle sexo, eso sería lo último que haría, pero tampoco iba a ponérselo fácil a Matt.

—Me apetece nadar un poco, ¿te importa si me doy un chapuzón en la piscina? —Le preguntó Gisele con fingida inocencia.

—Puedes hacer lo que quieras —le respondió Matt—. Voy a por un par de toallas y en seguida te alcanzo en la piscina.

Gisele asintió, se sentó en una de las hamacas y, cuando se aseguró de que Matt había entrado en la casa, sacó su teléfono móvil y llamó a Ben al comprobar que allí ya habría amanecido. Era una llamada arriesgada, pero necesitaba saber si todo iba bien por allí.

— ¿Sabe Matt que me estás llamando? —Se mofó Ben nada más descolgar.

—No, no lo sabe y espero que siga siendo así. ¿Sabéis algo de Erik?

—Le hemos perdido la pista, no tenemos constancia de que haya regresado al país pero creemos que puede estar preparando algo.

—Vigilad el laboratorio en el que trabajaba, no será tan estúpido de ir allí de día, pero puede que vaya de noche si necesita algo —le sugirió Gisele—. Conoce el lugar como la palma de su mano, es posible que entre y salga de allí sin que nadie se dé cuenta.

—Lo tendremos en cuenta, pero vosotros olvidaos del tema y disfrutad de las vacaciones, nosotros nos encargamos del resto.

—Avísame si averiguáis algo y no le digas a nadie que te he llamado —le pidió Gisele. Vio a Matt salir de la casa y se apresuró en despedirse—: Tengo que colgar, ya hablaremos.

Gisele colgó al mismo tiempo que Matt doblaba la esquina y la vio con el teléfono móvil en la mano. La escrutó con la mirada y, aunque ella le dedicó una sonrisa para distraerle, a él no le pasó por alto que le ocultaba algo.

— ¿Con quién hablabas?

—Con nadie, estaba a punto de llamar a Sarah, pero me he dado cuenta que allí aún no habrá amanecido y probablemente esté durmiendo.

—Si quieres, puedes intentar hacer una videoconferencia con mi ordenador más tarde —le propuso Matt al notarla tan extraña—. ¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor y sonrías un poco?

—Me temo que ya has hecho más que suficiente —le respondió haciendo referencia a las vacaciones en la isla—. Voy a darme un chapuzón, ¿te apetece acompañarme?

Matt no lo dudó ni un instante, se deshizo de su camiseta y se zambulló en la piscina detrás de Gisele. Nadaron, se salpicaron, se abrazaron y terminaron besándose apasionadamente. En cuanto sus labios se separaron, se miraron a los ojos y ambos supieron que deseaban lo mismo.

—Gisele, si seguimos así…

—Quiero seguir así —le aseguró Gisele.

—Cómo quieras —le susurró Matt antes de seguir devorándola.

Gisele ya había esperado demasiado y no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta. Matt no quiso resistirse, la atracción que sentía por Gisele era tan arrolladora que tampoco hubiera sido capaz de contenerse.

Los días fueron pasando y ellos disfrutaron de sus vacaciones en aquella preciosa isla privada, pese a que Matt trabajara desde su ordenador portátil algunas mañanas, antes de que Gisele se despertara. Tras pasar dos semanas a solas en la isla, Matt organizó una velada romántica en el jardín la última noche de sus vacaciones. Había preparado la escena perfecta para pedirle matrimonio a Gisele y, aunque se suponía que formaba parte del contrato que habían firmado, lo cierto era que Matt estaba muy emocionado y quería sorprenderla, se lo tomó muy en serio. Incluso le había comprado un precioso anillo de compromiso de oro blanco con un enorme diamante rosa rodeado de pequeños diamantes.

— ¿Qué es todo esto? —Preguntó Gisele sorprendida ante tal despliegue de romanticismo.

Matt había preparado una pequeña mesa para dos personas en el jardín que había decorado con un mantel blanco, un par de velas para crear un ambiente íntimo y romántico, y un estrecho jarrón con una rosa roja.

— ¿Te gusta? —Le susurró Matt.

—Me encanta —le confesó Gisele emocionada. Besó a Matt con dulzura y le preguntó con verdadera curiosidad—: ¿Cómo has organizado todo esto sin que me diera cuenta?

—Aproveché mientras te duchabas y le pedí a Sarah que te llamara por teléfono y te entretuviera bastante tiempo hablando —le respondió Matt divertido.

—Gracias, todo esto es…

—Ven, vamos a cenar —la interrumpió Matt ayudándola a sentarse en la silla—. Un pajarito me ha dicho cuál es tu plato favorito y me he esforzado en seguir la receta al pie de la letra, pero ahora veremos qué tal ha salido.

Gisele sintió el delicioso aroma de las berenjenas gratinadas rellenas de carne y se relamió los labios.

—Huele genial, eres un excelente cocinero.

—Espero que sepan igual que huelen —bromeó Matt.

Se sentaron a la mesa y Matt sirvió la cena en los platos. Ambos degustaron la exquisita cena que Matt había preparado acompañándola con un par de botellas de vino que se bebieron sin darse apenas cuenta. A Gisele no le pasó por alto el comportamiento de Matt que, aunque durante los últimos días se había mostrado bastante más cariñoso que al principio, aquella noche lo fue muchísimo más. No solo no dejaba de abrazarla, acariciarla y besarla, sino que la miraba con una luz especial en los ojos que le hizo soñar que aquellos sentimientos podían ser reales, igual que le estaba pasando a ella.

Cuando terminaron de cenar, Matt se llevó los platos vacíos, abrió una botella de champagne y sirvió un par de copas y le entregó una de ellas a Gisele.

— ¿Qué celebramos? —Preguntó ella sin sospechar nada de lo que pretendía Matt.

Matt dejó su copa sobre la mesa, miró a Gisele a los ojos y clavó la rodilla derecha en el suelo frente a ella. Le dedicó una pícara sonrisa y le dijo:

—Jamás pensé verme en esta situación y, sin embargo, jamás en mi vida he estado tan seguro de algo. Eres lo primero que pienso al despertar y lo último antes de dormirme y, si te soy sincero, no me imagino compartiendo el resto de mi vida con alguien que no seas tú —. Hizo una pausa para sacar del bolsillo interior de su chaqueta la pequeña caja de terciopelo que contenía el anillo de compromiso. La abrió, se la mostró y, con los nervios a flor de piel y sin dejar de mirarla a los ojos, le preguntó—: Gisele Moore, ¿me harías el honor de convertirte en mi esposa?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella antes de arrojarse a sus abrazos para besarlo apasionadamente.

Ante el excitante beso de Gisele que le pilló por sorpresa, Matt perdió el equilibrio y ambos terminaron en el suelo, riendo como dos adolescentes.

— ¿Te ha parecido un buen motivo para celebrar con una copa de champagne?

—No podía ser mejor —le confirmó Gisele cogiendo las copas para brindar—: Por nuestro compromiso.

Matt entrechocó su copa con la de Gisele y ambos bebieron de sus respectivas copas antes de dejarse llevar y, una vez más, dieran rienda suelta a su pasión.