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Hasta que el contrato nos separe 19.

Después de aquella pequeña escapada de fin de semana a la capital para visitar a Sarah, Gisele estuvo más animada. Tras confirmar que Erik Jerks había abandonado el país, Matt se relajó y decidió pasar más tiempo en casa con Gisele. Se levantaba temprano para ir a la agencia mientras la dejaba durmiendo y regresaba a la hora de la cena para pasar la tarde con ella en la piscina o viendo una película en el salón.

La paz y la tranquilidad que respiraron durante la semana se esfumaron el sábado. El día de la celebración del quinto aniversario de la agencia había llegado y todo el mundo estaba nervioso. Matt quería controlarlo todo y se pasó la mañana hablando por teléfono, comprobando que todo fuese según lo planeado.

—Jason y Sarah irán directamente a la agencia, me parece que esos dos se están cogiendo cariño —le comentó Matt a Gisele tras colgar la llamada de Jason.

—Ya son mayorcitos para saber lo que hacen.

— ¿Qué te pasa?

—Nada.

— ¿Nada? —Insistió Matt—. Por tu tono no lo parecía.

—Estoy un poco nerviosa, eso es todo.

—Mientes.

—Matt, no estoy de humor —le advirtió de mal humor.

—Ven aquí —le ordenó agarrándola del brazo antes de que se le escapara. La sentó sobre a horcajadas sobre su regazo y, suavizando el tono de voz, le preguntó—: ¿Quieres contarme qué te pasa?

Gisele resopló. Si le mentía, Matt se daría cuenta; pero si le decía la verdad probablemente se reiría en su cara. Y es que lo cierto era que no tenía ningún derecho a exigirle nada, ella estaba allí para cumplir con un acuerdo y no debía olvidarlo por mucho que deseara que él se pasara el día complaciéndola.

—Ya te lo he dicho, estoy un poco nerviosa por la fiesta de esta noche —le respondió Gisele con una verdad a medias—. Apenas conoceré a nadie y tú eres el anfitrión, tendrás que estar pendiente de todos los invitados.

—Ahora solo quiero estar pendiente de ti.

Gisele correspondió al apasionado beso de Matt y, sin importarle que estuvieran en el salón y que Elsa podía salir de su habitación y pillarles infraganti en cualquier momento, se deshizo de su camiseta y se quedó desnuda de cintura para arriba.

—Mm… Creo que deberíamos pasar la tarde en la cama —susurró Matt con la voz ronca antes de llevarse a la boca uno de los pezones de Gisele—. ¿Te parece bien, Gisele?

—No podría parecerme mejor.

Matt se levantó del sofá con Gisele en brazos y, sosteniéndola con fuerza, la llevó escaleras arriba a la habitación. La tumbó en la cama y se deshizo del short tejano y el tanga que Gisele llevaba deslizándolos por sus piernas, dejándola completamente desnuda. Se quedó observándola durante unos segundos hasta que ella le provocó:

— ¿Te gusta lo que ves?

—Me encanta —afirmó Matt y con una sonrisa traviesa en los labios.

Matt se abalanzó sobre ella como un lobo hambriento y Gisele lo recibió encantada, riendo divertida. Adoraba a Matt cuando se ponía juguetón y travieso, eran pocas las ocasiones en las que tenía oportunidad de disfrutar de su buen humor y no pensaba desaprovecharla. Durante los últimos días se habían visto sometidos a una gran tensión que les iba consumiendo, pero ambos conseguían serenarse cuando estaban juntos, y no necesariamente mediante el sexo. Tan solo les bastaba el contacto físico, abrazarse, acariciarse y besarse se había convertido en una terapia para ellos.

Matt se hundió en ella lentamente, entró y salió con un suave vaivén y la cubrió de besos hasta que alcanzaron el clímax al mismo tiempo. El sexo entre ambos se había vuelto más romántico, algo nuevo para él, pero extremadamente más placentero que el sexo simple. Cada día le gustaba más la idea de casarse con Gisele y pasar un año entero como marido y mujer.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Matt rodando hacia a un lado y llevándose consigo a Gisele para invertir sus posiciones.

—Nunca he estado mejor —le respondió Gisele todavía jadeante.

—Todavía tenemos tiempo antes de que empiece la fiesta, podemos quedarnos en la cama un par de horas, ¿te apetece echarte una siesta conmigo?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella utilizando las palabras de Matt y haciéndole sonreír.

Unas horas más tarde, tras haber descansado y haberse preparado para la celebración del quinto aniversario de la agencia, Matt y Gisele llegaban a la sala de fiestas de la agencia, donde se celebraba la fiesta.

— ¿Te he dicho ya que estás preciosa?

—Creo que esta es la séptima vez que lo haces desde que hemos salido de casa —le respondió Gisele entre risas—. Pero reconozco que no me molesta, puedes seguir repitiéndomelo el resto de la noche.

—Voy a pasarme el resto de la noche deseando llegar a casa y quitarte ese vestido.

—Creía que estaba preciosa con el vestido —le replicó Gisele girando sobre sí misma con coquetería para provocarlo.

—Deja de provocarme o nos perderemos la fiesta.

—Mm…

—Gisele —le advirtió Matt.

—Estoy nerviosa, necesito una sesión rápida de terapia —ronroneó Gisele.

—Los invitados están llegando.

—Solo tardaremos un minuto en subir a tu despacho.

—Gisele…

—Dime que no lo deseas y no insistiré más.

—Lo deseo más que tú —le confesó Matt con la voz ronca.

—Demuéstramelo.

Matt no pudo resistirse más, la agarró de la mano y tiró de ella hasta llegar al ascensor. Subieron a la última planta y recorrieron el pasillo hasta el despacho de Matt, por suerte no había nadie trabajando porque todos estaban en la sala de fiestas, situada en la planta baja.

—Tendrá que ser rápido —le advirtió Matt. Gisele asintió y él le ordenó—: Inclínate sobre la mesa, agárrate a los bordes y abre las piernas.

Gisele obedeció, excitándose con aquella orden. Matt se colocó detrás de ella y acarició su espalda mientras presionaba con su enorme erección contra el trasero de ella. Le subió la falda del vestido y se la enrolló en la cintura. Acarició sus nalgas y deslizó sus braguitas por sus piernas, se las quitó y las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Esta noche no las necesitas —le susurró al oído—. Abre más las piernas, preciosa.

Gisele no se hizo de rogar y abrió las piernas, Matt acarició el pubis de Gisele para comprobar si estaba preparada para recibirle antes de hundirse en ella de una estocada. Ella gimió extasiada y abrió más las piernas en busca del placer de ambos. Él acarició su clítoris mientras entraba y salía de ella hasta que, juntos, alcanzaron el clímax.

—Me hubiera gustado que hubiese sido de otra manera, pero te prometo que te compensaré cuando lleguemos a casa —le aseguró Matt.

—Te tomo la palabra.

Tras asearse y adecuarse la ropa, salieron del despacho y regresaron a la planta baja donde se reunieron con todos los invitados.

— ¿Se puede saber dónde estabas? Todo el mundo me ha preguntado por ti —le reprochó Jason.

—He subido un momento al despacho para revisar algo.

— ¿Para revisar algo? —Se mofó Jason—. Querrás decir que has subido para darle un repaso a Gis, no hay más que ver tu cara de idiota para adivinarlo. Por cierto, es la misma cara de idiota que pones cuando la miras.

Matt sonrió ante el comentario de su amigo, pero no apartó la mirada de Gisele. Ella estaba charlando con Sarah y Kelly a pocos metros de distancia, pero él no podía quitarle los ojos de encima.

— ¡Pamela, cuánto tiempo! —Exclamó Jason para avisar a su amigo de la presencia de Pamela, que llegó hasta ellos en un par de segundos—. Voy a saludar a unos amigos, nos vemos luego.

Matt siguió a Jason con la mirada y vio que se dirigió hacia a las chicas y las alejó de dónde él se encontraba, pero Gisele se volvió en busca de Matt y al verlo hablando con aquella mujer entendió el propósito de Jason. Intercambió una rápida mirada con Matt antes de dar media vuelta y seguir a Jason y a las chicas.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Pam?

—Hace semanas que no sé nada de ti y he oído rumores, así que he venido a comprobar con mis propios ojos si eran ciertos. Y lo he comprobado, he visto cómo miras a esa niña, ¿cuántos años tiene? Debes sacarle casi quince años —le dijo con tono burlón.

—Doce —la corrigió Matt.

—Tú no estás hecho para el compromiso, Matt —le recordó Pamela—. Te gusta esa cría porque es una novedad, pero te cansarás de ella y, para entonces, quizás yo también me haya cansado de esperarte.

—No me esperes Pam, lo mío con Gisele va en serio.

—Esa niña no sabrá complacerte, volverás a mí, Matt —gruñó entre dientes Pamela, rabiosa por el rechazo de Matt, antes de dar media vuelta y marcharse.

Matt recorrió la sala con la mirada hasta encontrar a Gisele y se dispuso a ir junto a ella, pero los invitados querían saludarle y felicitarle por el quinto aniversario de la agencia, le paraban a cada paso que daba y tenía que comportarse como el perfecto anfitrión.

Gisele estaba nerviosa, aquella fiesta era su presentación oficial como la novia de Matt y podía sentir los ojos de todos los invitados clavados en ella. Tampoco le había pasado por alto el intento de Jason por alejarlas de Matt cuando hablaba con Pamela, la mujer pelirroja. Intentando convencerse de que debía mantener la compostura y seguir en su papel de novia perfecta, Gisele se excusó y se dirigió al cuarto de baño. Necesitaba refrescarse para centrarse, tenía que controlar el ataque de celos que la había invadido porque no tenía ningún derecho a estar celosa, o al menos de eso intentaba convencerse. Estaba lavándose las manos cuando la voz de una mujer dijo a su espalda:

—Supongo que tú eres la increíble Gisele.

A Gisele no le hizo falta dar media vuelta o mirar a través del espejo para adivinar a quién pertenecía esa voz.

— ¿Y tú eres…? —La encaró Gisele.

—Soy Pamela, una vieja amiga de Matt, tú ya me entiendes —le respondió Pamela con una risa maliciosa.

—Creo que sí —le respondió Gisele sacando a la arpía que llevaba dentro—, eres una de las ex amantes de Matt que ha venido para suplicarle unas migajas de atención porque, desde que está conmigo, ya no quiere saber nada de ti.

Pamela fulminó con la mirada a Gisele y levantó la mano dispuesta a darle una bofetada, pero Gisele la detuvo agarrándola por la muñeca antes de que su mano le impactara en la cara.

—Solo eres una cría, te arrepentirás cuando él se aburra de ti y te deje —siseó antes de marcharse por donde había venido.

Gisele respiró hondo y reunió toda la paciencia que le quedaba para no salir detrás de Pamela y arrancarle los ojos. Era consciente de que Matt tenía un pasado, pero ambos tenían un acuerdo al que ceñirse y no quería quedar como una cría frente a Matt, por eso decidió omitir la pequeña conversación que había mantenido con Pamela en el cuarto de baño.  Se refrescó la nuca y regresó junto a los demás, pero no había ni rastro de Matt. Lo buscó con la mirada pero no lo encontró, así que trató de mantener la calma y se unió a la conversación con Sarah y Kelly. Poco después se les unió Leonor, la madre de Matt y Kelly, que le hizo prometerle que irían a hacerle una visita pronto. Jason, Tyler y Ben se quedaron junto a las chicas, pero no prestaron atención a la conversación ya que continuamente eran interrumpidos por los invitados que querían saludarles.

— ¿Va todo bien?

Gisele suspiró aliviada al escuchar su voz y sentir sus brazos alrededor de la cintura, Matt la abrazaba desde la espalda.

—Supongo que sí —le respondió Gisele encogiéndose de hombros.

Matt la escrutó con la mirada y adivinó qué se le estaba pasando por la cabeza a Gisele. No tenía ninguna intención de mentirle, con ella no era necesario.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso. Ella asintió, Matt la agarró de la mano y, tras salir al jardín, añadió—: La mujer con la que me has visto hablando es Pamela Steel, una mujer con la que quedaba de vez en cuando y nos divertíamos sin ningún tipo de compromiso.

— ¿Por qué me cuentas esto, Matt?

—No he quedado con ninguna mujer desde que te conozco, solo quiero que sepas que estoy cumpliendo el contrato y que, aunque mi fama me preceda, la única mujer que hay en mi vida eres tú. No quiero ni necesito a ninguna otra —le susurró al oído las últimas palabras.

—Entonces, ¿sigue en pie nuestro plan para esta noche después de la fiesta? —Le preguntó Gisele con voz seductora, no quería hablar sobre Pamela.

—Por supuesto, preciosa. Pero ahora debemos regresar, los invitados deben estar preguntándose dónde nos hemos metido.

Matt la estrechó con fuerza contra su cuerpo y la besó apasionadamente, necesitaba sentir sus labios en su boca y su cuerpo entre sus brazos antes de regresar a la fiesta. Necesitaba sentirla casi tanto como respirar.

Hasta que el contrato nos separe 18.

Nadie salió de su habitación hasta la hora de la cena, cuando todos se reunieron de nuevo en el vestíbulo del hotel, frente al restaurante. Habían planeado una noche de copas para que las chicas se divirtieran y para que los chicos se distrajeran un poco del trabajo. Tyler y Kelly decidieron salir a cenar a solas, por fin tenían la primera cita que ambos tanto habían soñado pero que ninguno se había atrevido a dar el primer paso para salir juntos, aunque fuera por una absurda apuesta. Sin embargo, gracias a Gisele, aquella apuesta se tornó en una improvisada cita.

—Has arrojado a mi hermana a los brazos de un psicópata —la acusó Matt bromeando mientras tomaban asiento en la mesa.

—Sé que es tu hermana pequeña y que no quieres oír lo que te voy a decir, pero ambos desean lo mismo desde hace mucho tiempo y me temo que el único motivo por el que no se habían atrevido a hacerlo eras tú.

—Tienes razón, no quiero oírlo.

—Tyler es tu amigo, ¿crees que se enrollaría con tu hermana si solo quisiera pasar una noche divertida? Kelly le gusta de verdad, solo tienes que fijarte en la forma en que la mira para confirmarlo.

— ¿Podemos olvidarnos del tema?

Gisele no dijo nada, pero le desafió con la mirada. No podía creer que aquel testarudo se negara a ver lo evidente simplemente porque no quería aceptar que su hermana y uno de sus amigos estaban enamorados.

— ¿Problemas en el paraíso? —Se mofó Ben.

— ¿Quieres pasarte el resto de los festivos de guardia? —Le amenazó Matt.

—Creo que me voy a ir a mi habitación y llamaré al servicio de habitaciones, así dejaré que las parejitas se diviertan —se despidió Ben riendo divertido—. Pasarlo bien, parejas.

—Buenas noches, Ben —le respondió Gisele sonriendo.

A Matt no le pasó desapercibida aquella sonrisa de Gisele y de nuevo volvió a sospechar que le estaban ocultando algo. Gisele le vio fruncir el ceño y, tratando de hacerle sonreír, le susurró al oído:

—Tendremos que seguir con la terapia de relajación esta noche, parece que la sesión de esta tarde no te ha hecho demasiado efecto.

—Terapia intensiva, eso es lo que necesito —le respondió Matt con la voz ronca y una seductora sonrisa en los labios.

Ella le miró y sonrió con complicidad, convivir con Matt le estaba resultando más fácil, agradable y placentero de lo que hubiera podido pensar antes de firmar el acuerdo. Sin embargo, esa misma complicidad la asustaba. ¿Y si se enamoraba de él? Sabía que todo terminaría en cuanto cumpliera con el acuerdo y Matt heredara la fortuna de su abuelo materno. Pero para ello todavía quedaba más de un año, tenía tiempo para pensar qué debería hacer cuando llegase el momento.

Mientras cenaban, Sarah se animó tras beberse un par de copas de vino y, con una maliciosa sonrisa en la cara, comentó:

—Bueno parejita, veo que la tarde ha sido muy fructífera para vosotros, tenéis la palabra sexo escrita en la cara.

Jason se echó a reír a carcajadas, Gisele se atragantó con el vino que estaba tomando y Matt, mientras acariciaba y daba suaves golpecitos en la espalda de Gisele para que dejara de toser, le respondió a Sarah:

—A Jason y a ti también se os ve muy buena cara, imagino que también os ha cundido la tarde.

—En mi defensa diré que la abstinencia no es lo mío y estaba a dos velas desde que me marché del apartamento —alegó Sarah.

—Solo ha pasado una semana —calculó Matt.

—Pues eso, demasiado tiempo en sequía —zanjó la cuestión Sarah.

—Me halaga saber que me deseas tanto —murmuró Jason entre dientes, visiblemente molesto.

—Oh cielo, que la abstinencia no sea lo mío no significa que esté dispuesta a follar con cualquiera —le aclaró Sarah haciendo que Gisele se atragantara de nuevo. Se volvió hacia a su amiga y le dijo burlonamente—: Me parece increíble que a estas alturas sigas escandalizándote al oírme, deberías estar inmunizada.

—Espera, que ahora voy a tener que darle las gracias y todo —protestó Jason.

—Deberías, eso significa que estás en una buena posición en mi lista.

Jason abrió la boca pero Gisele, adivinando cómo acabaría aquella conversación, decidió intervenir y le aconsejó a Jason:

—Es mejor que no preguntes, no lo quieres saber.

Después de cenar, los cuatro se dirigieron al pub del hotel y se acomodaron en unos sofás al fondo, en la zona chill-out.

—Iré a la barra a por unas copas, ¿qué queréis tomar? —Se ofreció Matt.

—Lo de siempre —respondieron Jason y Gisele al unísono.

—Yo todavía no lo tengo decidido, te acompaño a la barra y así veo qué tienen —respondió Sarah con naturalidad, pero Gisele conocía demasiado a su amiga y la miró enarcando las cejas, queriendo adivinar qué se traía entre manos—. No me mires así Gis, no estoy tramando nada.

—Si no te conociera, quizás te creería —murmuró Gisele.

Matt besó a Gisele en los labios y le susurró al oído:

—Estaré de vuelta antes de que te des cuenta —se volvió hacia a Jason y le advirtió con el ceño fruncido—: Compórtate.

—Yo siempre me comporto —replicó Jason con tono burlón.

La mirada amenazadora de Matt fue suficiente para que Jason asintiera con seriedad, conocía bien a su amigo y se había dado cuenta de que Gisele se había convertido en su kryptonita.

Matt se dirigió a la barra con Sarah, se abrieron paso entre la multitud sin decir nada, pero Matt sabía que aquel repentino interés de ella en acompañarlo no era más que una excusa para hablar con él a solas y solo podía ser sobre un tema: Gisele.

—Gis parece estar bastante bien, teniendo en cuenta que Erik ha resultado ser un criminal y que hay un riesgo importante de que su banda quiera matarla —comenzó a decir Sarah mientras esperaban que el camarero les atendiera.

—Intento mantenerla al margen de la investigación para no preocuparla, pero es muy testaruda y a veces resulta imposible evitarlo.

—Gis es una mujer fuerte, pero todos tenemos un límite. La conozco bien y sé que su prioridad en estos momentos es tratar de aparentar estar lo mejor posible para no preocuparnos más de lo que ya estamos.

— ¿Y qué se supone que debo hacer para que se relaje y esté bien?

—Hagas lo que hagas, no se te está dando mal —bromeó Sarah—. Solo quiero asegurarme que cuidarás de ella y que, si decides cambiar de opinión, me avises para que pueda regresar junto a ella y apoyarla.

—Te aseguro que estoy cuidando de Gisele y voy a seguir haciéndolo.

— ¿Sabes? Gis no quería saber nada de los hombres, decía que quería centrarse en terminar sus estudios y conseguir un buen trabajo. Sin embargo, apenas hace unas semanas que os conocéis y he notado a Gis más cómoda y relajada de lo que jamás la había visto en casi cuatro años de relación con Erik.

— ¿Me estás dando tu visto bueno? —Bromeó Matt.

—Yo no soy quien da el visto bueno, pero sí quien puede matarte si resultas salir rana —le advirtió Sarah—. Gis es como una hermana, es mi única familia. No hay nada que no estuviera dispuesta a hacer por ella.

—Te prometo que cuidaré de Gisele.

—Me ha dicho que le has ofrecido trabajar unas horas en la agencia para pagar las tasas de la universidad para el próximo semestre, pero con todo lo que ha pasado no apenas ha trabajado.

—Es correcto, su seguridad es mi prioridad. Pero no te preocupes por las tasas de la universidad, yo me encargo de eso. ¿Hay algo más que quieras saber?

—Solo una cosa más, ¿por qué Gis?

— ¿A qué te refieres?

—Puede que Gis viva en una nube, pero el resto de los humanos sabemos que tienes fama de mujeriego y que tu tipo de chica ideal son las Barbies siliconadas.

—Con las Barbies siliconadas, como tú las llamas, solo quería divertirme, pasar una noche de buen sexo y si te he visto no me acuerdo. Pero con Gisele no fue así. Me gustó desde que la vi. Su naturalidad, su sencillez y su manera de enfocar el mundo me fascinaron. Supongo que el hecho de ser diferente a las chicas con las que salía fue el motivo por el que me hechizó.

—No te voy a engañar, cuando Gis me dijo que había pasado la noche en tu casa y que le habías ofrecido la habitación de invitados, no os vi ningún futuro.

— ¿Por qué conformarme con una sola noche de sexo con Gisele si tengo la oportunidad de enamorarla y disfrutar del sexo con ella todas las noches del resto de nuestras vidas?

—Espero que no le digas eso si no quieres que salga corriendo, Gis tiene un ligero temor al compromiso.

—Tomo nota de tu consejo —asintió Matt sonriendo y añadió cambiando de tema—: ¿Qué me dices de Jason? Tenía entendido que no repetías dos veces con el mismo hombre.

—El cuerpo es débil y a tu amigo se le da muy bien complacerme, supongo que yo tampoco soy de las que deja escapar las oportunidades.

Mientras Matt y Sarah pedían las copas en la barra, Jason y Gisele les esperaban charlando en la zona chill-out. Jason trató de entretenerla con anécdotas divertidas, sin mencionar el acuerdo secreto. No quería incomodarla, sabía lo importante que era para Matt que ella se sintiera cómoda. Si no conociera tan bien a su amigo, hubiera dicho que se había enamorado.

— ¿Qué tal estás llevando lo de tu ex?

—No lo sé, creo que todavía estoy en la fase de asimilación —le confesó Gisele.

—Matt está preocupado, dice que pareces estar llevándolo bien pero que probablemente estés fingiendo para no preocuparle.

—Deberías preocuparte por él, apenas ha descansado en los últimos días.

—No he sido yo quien le ha tenido despierto toda la tarde —bromeó Jason.

—Ahí me has pillado —le respondió ella encogiéndose de hombros.

—No te preocupes, Matt sabe lo que se hace —le aseguró Jason.

Matt y Sarah regresaron con las copas y los cuatro se acomodaron en los sofás para charlas animadamente. A Sarah no le pasaron por alto las manos de Matt, que estaban en contacto permanente con el cuerpo de Gisele. Era evidente que él cuidaba muy bien de ella, se mostraba cariñoso incluso en público y a Gisele se la veía resplandeciente.

—Sea lo que sea lo que haces, a ella le sienta genial —le susurró Sarah a Matt para que solo él la escuchara.

Matt agradeció sus palabras con una sonrisa de complicidad. Por alguna extraña razón, de repente le resultaba importante contar con la aprobación de Sarah y no pensaba en el acuerdo precisamente.

—No quiero que esta noche acabe, te he echado mucho de menos estos días, Gis —le confesó Sarah cuando las luces del pub comenzaron a encenderse para indicar a los clientes que iban a cerrar—. Menos mal que el próximo fin de semana nos vamos a volver a ver.

—A mí también me verás, muñeca —le recordó Jason—. Podemos ir juntos a la celebración del quinto aniversario de la agencia, así te ahorro el tener que buscar a una nueva víctima a la que seducir.

—Eres todo un romántico —se mofó Sarah—. Suena bien, pero corres el riesgo de enamorarte de mí, muñeco.

—Estoy dispuesto a arriesgarme.

—Vale, no quiero seguir escuchando —sentenció Gisele poniéndose en pie. Miró a Matt y, mordiéndose el labio inferior, le preguntó—: ¿Vienes a la cama?

—Estaría loco si te dijera que no —le confirmó Matt sonriendo de oreja a oreja.

—Buenas noches, pareja —se despidió Sarah.

—Gis, recuerda lo que hemos hablado —le dijo Jason entre risas, haciendo referencia a la conversación sobre la falta de descanso de Matt.

—Tú solo procura que no nos interrumpan durante la noche, yo me ocupo del resto —le respondió ella siguiéndole el juego.

— ¿A qué ha venido eso? —Quiso saber Matt cuando subieron al ascensor.

Pero Gisele no le respondió cómo esperaba, se arrojó a sus brazos y le devoró la boca, hambrienta de deseo. Matt no hizo más preguntas, la alzó en brazos haciendo que le rodeara la cintura con las piernas y presionó la pelvis de ella con su abultada entrepierna. Se olvidó de su curiosidad y de todo lo que no fuera besar y acariciar a Gisele. En su mente solo tenía una meta: llevar a Gisele a la habitación y colmarla de placer hasta desfallecer a causa del cansancio.

Hasta que el contrato nos separe 17.

Aquella comida en el restaurante del hotel fue sobre ruedas. Gisele tenía sus dudas, no estaba segura de que Sarah se creyera el repentino noviazgo con Matt, pero la complicidad y la intimidad que compartían fue suficiente para que Sarah comprobara con sus propios ojos que la relación era real. Y es que lo cierto era que ninguno de los dos tenía que fingir cuando se besaban y acariciaban, ambos sentían la necesidad de tocarse.

Matt no quería pensar en aquellos extraños sentimientos que le invadían cuando estaba con ella, tan solo se dejaba llevar y hacía lo que más le apetecía, que era disfrutar de la compañía de Gisele. Era consciente de que su interés por ella no era solamente sexual, iba más allá. Pero le quedaba más de un año por delante para pensar en ello y ahora solo quería vivir el presente, ya se ocuparía del futuro cuando llegara el momento.

—Voy con Jason al apartamento para recoger algunas cosas, tardaremos un buen rato en regresar —le susurró Sarah a Gisele, con una gran sonrisa en la cara cuando salieron del restaurante después de comer.

—Diviértete —le respondió Gisele entre risas.

Sintió unas manos que le rodeaban la cintura desde su espalda y sonrió al reconocerlas, solo él era capaz de hacer que su cuerpo temblara con tan solo una caricia.

— ¿Va todo bien con Sarah?

—Todo bien —le confirmó Gisele—. ¿Te apetece descansar un rato en la habitación?

—Estaría loco si te dijera que no —le susurró Matt antes de besarla.

—Princesa, tú también deberías ir a descansar, no quiero que te duermas por los rincones esta noche durante nuestra cita —le dijo Tyler a Kelly.

—Perdona, ¿he oído que vas a tener una cita con mi hermana esta noche?

— ¡Matt! —Le regañó Kelly por meterse en sus asuntos.

—Solo quiero demostrarle a tu hermana que soy un caballero —se defendió Tyler entre risas.

—Tú nunca has sido un caballero —replicaron Matt y Ben al unísono.

—Esto es ridículo, ambos son mayorcitos para saber lo que hacen —intervino Gisele, encarándose con Matt.

— ¿Lo has organizado tú? —Adivinó Matt escandalizado.

Todos rieron ante la exagerada reacción de Matt, incluso Kelly. Gisele rodó los ojos exasperada, no podía creer que Matt fuera tan protector, aunque Kelly era su hermana pequeña, tenía veintiséis años. Sin embargo, aquel sentimiento protector despertó en ella una ternura que la hizo sonreír. Le besó en los labios con suavidad y le susurró al oído:

—Sé cómo compensártelo.

—Si le pasa algo a mi hermana…

—Cuidaré de ella —le aseguró Tyler poniéndose serio.

Matt asintió, sabía que Tyler cuidaría de Kelly, aunque prefería no saber cómo lo hacía. Pasar la tarde con Gisele encerrados en una habitación de hotel era demasiado irresistible y no quería pensar en nada más.

Los cinco subieron en el ascensor hasta la última planta y, una vez allí, cada uno se encerró en su respectiva habitación. Gisele traspasó la puerta de la habitación y sonrió al comprobar que se trataba de una lujosa suite, mucho más grande que el apartamento que compartía con Sarah. La estancia principal estaba formada por el salón, el comedor y una pequeña zona de trabajo con una mesa de escritorio y tres sillones. Un pequeño pasillo conducía al enorme dormitorio, al vestidor y al cuarto de baño. Además, el dormitorio tenía una pequeña terraza en la que había un jacuzzi y un sofá-balancín como el que Matt tenía en su casa.

Matt la observó sonriendo divertido mientras Gisele recorría la habitación con curiosidad, ella era como una brisa fresca en su vida. Le gustaba verla emocionarse con cada pequeño detalle, su sencillez y naturalidad le tenían fascinado y completamente hechizado. Gisele se acercó a Matt y comenzó a desabrochar los botones de su camisa para desnudarlo, pero él le agarró de las muñecas para detenerla y, haciendo un gran esfuerzo, murmuró:

—Te aseguro que me apetece más que a ti, pero deberías descansar.

—Tú también necesitas descansar —le replicó ella poniendo los brazos en jarra.

—Gisele…

—No —le interrumpió Gisele con rotundidad—. Hoy el Capitán Spencer se va a tomar el día libre y va a dejar que su futura esposa cuide de él —. Retomó su tarea y continuó desabrochando los botones de la camisa de Matt mientras seguía hablando—: Para empezar, nos vamos a deshacer de tu ropa. Hace mucho calor aquí dentro y no la vas a necesitar.

— ¿Y qué pasa con tu ropa?

—No seas impaciente —le regañó Gisele dándole un pequeño azote en el trasero—, hoy mando yo.

Matt estaba acostumbrado a llevar las riendas de la situación en todo momento, pero cedió ante Gisele para complacerla. Ella sonrió satisfecha y prosiguió con su misión de desnudar a Matt. Se deshizo de su camisa, de sus pantalones y también de su ropa interior, que dejó al descubierto una enorme erección.

— ¿Puedo desnudarte ya? —Insistió Matt con impaciencia, estaba demasiado excitado para poder contener sus ganas de devorarla.

—Todavía no —le advirtió Gisele—. Túmbate boca abajo en la cama.

Matt la miró con recelo, pero Gisele puso los brazos en jarras empezando a impacientarse y él, una vez más, decidió dejar que Gisele se saliera con la suya. Se tumbó en la cama boca abajo, cerró los ojos y dejó que Gisele hiciera con él lo que le viniera en gana.

Ella sonrió cuando Matt decidió seguirle el juego y tumbarse sobre la cama. Comprobó que tenía los ojos cerrados y se apresuró en deshacerse de su ropa antes de sentarse sobre el trasero de Matt y comenzar a masajearle la espalda.

—Estás muy tenso —opinó mientras acariciaba los duros músculos de su espalda.

—Mm… Últimamente estoy sometido a mucho estrés en el trabajo.

—Supongo que yo tampoco te lo estoy poniendo fácil.

— ¿Por qué dices eso? —Quiso saber Matt, que se tumbó boca arriba sin quitarse a Gisele de encima. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos y añadió—: Resulta muy fácil estar contigo, Gisele.

— ¿Por eso soportas sin protestar que mi ex novio sea un criminal?

—No te entiendo, ¿te molesta que no me queje?

—Sabes perfectamente a qué me refiero, Matt —murmuró Gisele incapaz de continuar mirándole a los ojos. Se acurrucó sobre el pecho de él y, haciendo un gran esfuerzo, le confesó con un hilo de voz—: Sé que no me cuentas nada para no preocuparme, pero ahora mismo lo que más me preocupa es lo que se te pueda estar pasando por la cabeza.

—Ahora mismo, lo único que se me pasa por la cabeza es complacerte, Gisele —con un movimiento ágil y veloz, Matt intercambió la posición con Gisele y, cubriendo el cuerpo de ella con el suyo, añadió con la voz ronca—: Solo me preocupas tú. Si tú estás bien, todo está bien.

—Tienes mucho dinero, ¿no te resultaría más fácil dejar que el hijastro de tu tío heredara la fortuna de tu abuelo y negociar con él la compra de la casa? Sería más fácil que soportarme a mí y todos mis problemas.

— ¿Te estás arrepintiendo? —Le preguntó Matt escrutándola con la mirada.

—Deberías ser tú el arrepentido.

—Yo no estoy arrepentido, Gisele.

—Ni yo tampoco —reconoció ella.

—Entonces, ¿por qué estás así?

—No quiero causarte problemas, Matt.

—No me causas ningún problema, deja de preocuparte por tonterías.

—Tendrás que mantenerme ocupada para distraerme —le susurró Gisele con un tono de voz más que sugerente. Se arqueó alzando su pelvis para rozar la abultada entrepierna de Matt y añadió casi en un ronroneo—: ¿Se te ocurre alguna idea?

—Desde luego que sí —gruñó antes de abalanzarse sobre ella para devorarla a besos.

Matt se entretuvo recorriendo con sus labios la suave piel de Gisele, haciéndola gemir con cada beso y cada caricia. Se demoró en sus pechos, jugando con sus pezones, mordisqueándolos para después lamerlos con mimo. Cuando deslizó su mano hacia el pubis de ella, Gisele lo detuvo y le recordó:

—Hoy mando yo.

Matt gruñó frustrado y excitado a la vez. Ansiaba estar dentro de ella, lo necesitaba. Pero la curiosidad por descubrir las intenciones de Gisele le superaba. Además, le resultaba imposible negarle algo a aquella mujer. Gisele le tenía completamente hechizado.

— ¿Quieres que me tumbe boca abajo?

—No. Túmbate boca arriba —le ordenó Gisele con una sonrisa maliciosa en los labios.

Matt la obedeció sin rechistar y ella se colocó a horcajas sobre él, con la erección de Matt palpitando en su entrepierna. Pegó su pecho al de Matt y comenzó a dibujar un camino de besos desde su cuello hasta sus hombros mientras notaba como el cuerpo de Matt se tensaba. Continuó descendiendo por su pecho y jugó con los pezones de Matt igual que él había hecho con los suyos momentos antes. Bajó por su abdomen y rodeó el ombligo con su lengua sin entretenerse demasiado para llegar a dónde quería.

—Gisele…

—Sht —le chistó Gisele antes de lamer la gota de semen que brillaba en el glande—. Hoy mando yo.

Matt no le replicó y, pese a que deseaba hundirse en ella, dejó que siguiera sometiéndole a aquella dulce tortura. Una vez más, Gisele sonrió satisfecha y comenzó a introducir el duro y erecto miembro de Matt en la boca. Un gemido de intenso placer brotó de la garganta de Matt al sentir el placentero contacto de la boca de Gisele sobre su verga y supo que no tardaría en correrse si ella seguía con ese ritmo.

—Gisele, si sigues así no voy a durar —le advirtió con la voz ronca.

—No quiero que dures, solo que disfrutes.

Gisele aceleró el ritmo de sus chupadas, acarició la base del pene y los testículos, llevando a Matt al límite cuando rodeó su glande con la lengua. El cuerpo de Matt se tensó y Gisele adivinó que estaba a punto de alcanzar el clímax.

—Aparta, me voy a correr.

Pero Gisele impidió que la apartara y continuó masturbándole hasta que Matt explotó y se derramó en su boca soltando un gruñido gutural de la garganta. Gisele tragó sin dejar de chupar y Matt la agarró de los hombros para ponerla a su altura antes de besarla con urgencia en los labios y estrecharla entre sus brazos.

Se quedaron abrazos en silencio durante unos minutos, cada uno pensando en sus cosas. Matt estaba sorprendido, le habían hecho muchas felaciones a lo largo de su vida, pero nunca había experimentado el placer tan devastador que Gisele le había hecho sentir.

—Necesito estar dentro de ti, necesito sentirte sin látex de por medio —le confesó Matt con la voz ronca—. ¿Utilizas algún anticonceptivo?

—Tomo la píldora.

— ¿Y por qué nunca te he visto tomarla? —Gisele le miró alzando las cejas y él, sonriendo divertido, lo entendió—: Supongo que no tenía por qué saberlo.

Gisele no dijo nada más, alzó las caderas y colocó el miembro de Matt en la entrada de su vagina antes de empalarse lentamente. Se arqueó mientras lo hacía, disfrutando de las sensaciones que le causaba poder sentir directamente a Matt sin la barrera del preservativo. Cabalgó sobre él con un rítmico vaivén de caderas mientras Matt la agarraba de los muslos para embestirla más profundamente y jugueteaba mordisqueando sus pezones. Llevó una de sus manos al punto en el que sus cuerpos se unían y estimuló el abultado y excitado clítoris de Gisele hasta que ella estalló en mil pedazos. Solo entonces, Matt se dejó ir y se derramó dentro de ella. Gisele se desplomó sobre Matt y él la abrazó con fuerza, todavía conmocionado por lo que ella le hacía sentir.

— ¿Estás bien? —Quiso asegurarse Matt.

—No podía estar mejor —le confesó Gisele.

—Entonces, duerme un poco y descansa.

—Tú también tienes que descansar.

—Por supuesto, no pienso moverme de tu lado —le aseguró Matt y, en un murmullo que Gisele no fue capaz de descifrar, añadió—: Me tienes hechizado.

Gisele se acurrucó contra el cuerpo de Matt, escondió la cara entre la almohada y el cuello de Matt y se quedó dormida entre sus brazos. Él la observó dormir durante unos minutos, mirarla le resultaba tan agradable y tranquilizador que le llevó a un estado de relajación que no alcanzaba desde hacía años. Ella se había convertido en su adicción y también en su cura, estar con Gisele se había convertido en su necesidad y hacerla feliz era su prioridad. Y, con ese pensamiento, cerró los ojos y se sumergió en un placentero sueño.

Hasta que el contrato nos separe 16.

Después de una intensa y placentera noche de sexo, ambos se quedaron dormidos, uno en brazos del otro. A la mañana siguiente, cuando Gisele se despertó, se apretujó contra el cuerpo de Matt, que seguía junto a ella en la cama. Él le sonrió con dulzura y la besó en la coronilla de la cabeza antes de susurrarle que volviera a dormirse. Matt le aseguró que seguiría allí cuando ella despertara y así lo hizo.

Durante los días siguientes, Gisele no salió de casa. Matt se marchaba todas las mañanas a la agencia y regresaba dos o tres horas más tarde, no quería dejar sola a Gisele tanto tiempo y mucho menos si Ben se encargaba de vigilarla. La repentina complicidad que había surgido entre ambos no había pasado desapercibida para Matt, sospechaba que se traían algo entre manos y, aunque se moría de ganas por averiguarlo, se abstuvo de preguntarle a Gisele. Con Ben ya lo había intentado, pero lo único que había conseguido era ponerse de un humor de perros. Pese a que Ben le gustaba tocar las narices en exceso y tenía un carácter peculiar, pero era uno de los hombres más leales y Matt confiaba plenamente en él.

El sábado por la mañana Matt y Gisele se levantaron temprano, se dieron una larga ducha y desayunaron tranquilamente antes de salir de casa para dirigirse a la agencia. Por motivos de seguridad, Matt había decidido viajar a la capital en avión en lugar de hacerlo en coche como tenía previsto. Dos agentes les escoltaron durante el corto trayecto entre la casa y la agencia, pero Matt parecía relajado y eso tranquilizó a Gisele. Cuando llegaron al hangar de la agencia, Jason, Ben, Tyler y Kelly ya les estaban esperando. Matt besó a Gisele y le susurró antes de separarse de ella para acercarse junto a sus hombres:

—Estaremos en la capital antes de que te des cuenta.

Ella sonrió, Matt estaba pendiente de ella a todas horas y eso le encantaba.

—No sé qué le haces a mi hermano, pero le sienta muy bien —comentó Kelly mirando a los cuatro hombres que hablaban a escasos metros de ellas—. Ya me gustaría a mí que alguien mostrara el mínimo interés en mí.

— ¿Tyler? —Imaginó Gisele. Kelly asintió y ella añadió—: Ya tienes su interés, el problema es que os expresáis de forma equivocada.

— ¿Qué quieres decir?

—Es evidente que hay una atracción sexual no resuelta entre vosotros dos, hasta un ciego lo podría ver —le respondió Gisele con total sinceridad—. Quizás deberíais enfocaros en eso en lugar de haceros la vida imposible.

—No puedo evitarlo, es que a veces me entran unas ganas de matarlo que…

— ¿Se puede saber qué estáis cuchicheando? —Les preguntó Tyler, interrumpiendo la conversación de las chicas, siendo el único valiente de decir en voz alta lo que el resto de sus amigos querían saber.

—Comentábamos lo fácil que es querer matar a un hombre —le respondió Kelly con fingido desdén.

Matt miró a Gisele enarcando las cejas, dándose por aludido por el comentario de su hermana, y ella, tras plantarle un beso en los labios, le dijo metida en su papel:

—Tranquilo cariño, te quiero demasiado para matarte.

—Es bueno saberlo —murmuró Matt divertido.

Subieron a uno de los aviones privados de la agencia y se acomodaron en los amplios y cómodos sillones. Matt y Jason se sentaron en una zona más apartada para preparar la reunión a la que iban a asistir y Gisele aprovechó la oportunidad para preguntarle a Ben y a Tyler:

— ¿Tenéis noticias?

—Erik Jerks ha abandonado el país esta madrugada, ¿Matt no te lo ha dicho? —Le preguntó Ben sorprendido.

—No, pero le he notado más relajado.

—Sí, nos hemos dado cuenta —comentó Tyler tratando de ocultar la risa.

— ¿Qué te hace tanta gracia? —Le espetó Kelly.

—Todos conocemos a Matt y sabemos cuál es su carácter, pero Gis consigue mantenerle en calma y apaciguar su mal humor cuando está con él —les explicó Tyler—. Nos hace gracia ver el efecto que produces en él, es algo inaudito.

—Es un hombre enamorado que se preocupa por su chica y la protege —saltó Kelly en defensa de su hermano y aprovechó para lanzar un ataque—: Si hubiera más hombres como él, las mujeres seríamos más felices. Solo queremos a un caballero a nuestro lado.

—Princesa, yo soy todo un caballero y puedo demostrártelo cuando quieras —la retó Tyler.

Kelly se ruborizó y se miró los zapatos. Gisele rodó los ojos, no podía creer que se viniera abajo cuando le estaba poniendo una oportunidad en bandeja y, antes de que su futura cuñada lo echara todo a perder, decidió intervenir:

—Demuéstraselo esta noche, invítala a cenar y demuestra que puedes ser todo un caballero.

— ¿Qué dices, princesa? ¿Cenas conmigo esta noche?

—Eh…

—Pues claro que acepta —zanjó el tema Gisele.

Ben se echó a reír y le preguntó a Gisele bromeando:

— ¿Tienes planeada una noche salvaje con el jefe?

— ¡Eh, que estás hablando de mi hermano! —Le regañó Kelly tapándose los oídos.

Los cuatro estallaron a reír a carcajadas, llamando la atención de Jason y Matt que les miraron con curiosidad. Matt sonrió hasta que interceptó un cruce de miradas entre Gisele y Ben, no podía evitar sentir celos de la complicidad que existía entre los dos. Apagó el ordenador dando por finalizada la preparación de la reunión y se puso en pie para dirigirse hacia donde estaba Gisele. Ella le recibió con una amplia sonrisa y le invitó a sentarse en el asiento de al lado. Matt se sentó donde Gisele le indicó, pero acto seguido la agarró por la cintura y la colocó sobre su regazo. Se miraron a los ojos con intensidad durante unos segundos hasta que Matt le preguntó en un susurro:

— ¿De qué os reís tanto?

—Bromeaban insinuando que quería deshacerme de ellos para pasar una noche salvaje contigo —le confesó Gisele sonriendo tímidamente.

—Y, ¿es cierto? ¿Quieres pasar una noche salvaje conmigo? —Le susurró Matt para que solo ella le escuchara.

—Mm… Estaría loca si te dijera que no —ronroneó acariciando su cuello con la punta de la nariz.

— ¡Oye, esperad al menos a llegar al hotel! —Les reprochó Jason—. ¿Es que no os han dicho que es de mala educación comer delante de los hambrientos?

—Habla por ti, yo me he ido saciado de casa —se mofó Ben.

Aterrizaron en la capital pocos minutos después y tuvieron que separarse. Matt y Jason tenían que asistir a una reunión importante con un nuevo cliente y las chicas querían reunirse cuanto antes con Sarah para ir a comprar los vestidos para la fiesta de aniversario de la agencia. Tyler y Ben habían sido asignados para escoltarlas y Matt les recordó su misión antes de despedirse de Gisele con un prolongado beso en los labios.

Las chicas, acompañadas por Ben y Tyler, pasaron a recoger a Sarah por su apartamento y se dirigieron al centro de la capital. Gisele y Sarah hablaban por teléfono todos los días y se mantenían al corriente de todos los acontecimientos, pero el principal tema de conversación solía ser Matt. Sarah veía a su amiga feliz y eso la tranquilizaba, pero aquella repentina relación no terminaba de encajar y quería ver cómo se comportaba la pareja.

— ¿Cuándo vendrá Matt? —Preguntó Sarah mientras tomaban un café en la terraza de una cafetería.

—Más tarde, él y Jason están reunidos con un cliente. Venga, tenemos que comprar los vestidos antes de que cierren las tiendas.

Entraron en todas las tiendas que encontraron y se probaron todos los vestidos que les gustaron, que no fueron pocos. Ben y Tyler pensaban que se iban a aburrir, pero ver a tres preciosas chicas enseñándoles un modelito tras otro les pareció interesante y muy entretenido.

—Matt y Jason están de camino —anunció Tyler cuando Gisele salió del probador—, no tardarán en llegar.

—Todavía no me he decidido —se lamentó Gisele. Se volvió hacia las chicas y les preguntó mostrándoles el vestido rojo que se había probado—: ¿Os gusta más este vestido o el negro de encaje que me he probado antes?

—Llévate los dos —dijeron Kelly y Sarah al unísono.

—Hazte una foto con los vestidos y envíasela a Matt, seguro que estará encantado de echarte una mano con la decisión —le propuso Ben.

—Así solo conseguirá ponerlo cachondo, pero me parece bien —opinó Sarah.

— ¡Sarah! —La regañó Gisele.

—Es la verdad, Gis —se defendió ella encogiéndose de hombros—. Estaba un poco preocupada, pero te veo feliz y he podido comprobar con mis propios ojos que Matt cuida de ti incluso cuando las cosas se ponen feas. Sinceramente, creo que no estaría mal que le dieras una pequeña alegría enviándole una inofensiva foto.

— ¿Por qué no compras los dos y le pides a Matt que ayude a elegir el que llevarás a la fiesta cuando estéis a solas en vuestra habitación? —Le propuso Ben.

—Es una idea excelente, pero no quiero gastar tanto dinero.

—Espera, te hago una foto con el vestido rojo y después vuelves a probarte el vestido negro, así podremos compararlos antes de decidir —decidió Sarah.

— ¿Todavía seguís así? —Exclamó Jason al entrar en la tienda con Matt y ver a las chicas con los vestidos de noche puestos.

—Gisele tiene un dilema, no sabe qué vestido escoger —les explicó Ben a los recién llegados.

Matt escrutó con la mirada a Gisele, la observó de la cabeza a los pies detenidamente y le pareció que estaba de lo más sexy con ese vestido. Se acercó a ella sonriendo y le plantó un beso en los morros antes de susurrarle:

—Estás preciosa, Gisele.

—Por favor Matt, ayúdala a que se decida y podamos salir ya de aquí —protestó Tyler.

Gisele le señaló a Matt el vestido negro y esperó que él tomara la decisión.

—Nos llevamos los dos —sentenció Matt. La besó en la mejilla y le dijo—: Ve a cambiarte mientras yo pago, los chicos están hambrientos.

—Pero no…

—Compláceme, solo quiero comprarte dos vestidos —la interrumpió Matt.

Gisele accedió ante la insistencia de Matt y, tras ponerse sus ropas y pagar los vestidos que habían comprado, todos se dirigieron al restaurante del hotel donde se alojarían aquella noche en la capital. Matt había reservado todas las habitaciones de la última planta del hotel por motivos de seguridad. La elección del hotel tampoco había sido una casualidad, contaba con todas las comodidades y disponía de todos los servicios que pudieran necesitar como el restaurante, el pub y la piscina.

—Sarah, deberías quedarte esta noche, si nos quedamos todos en el hotel estaremos más seguros y tú también tendrás tu propia habitación —argumentó Matt.

—Eso suena genial, pero tendré que pasar por el apartamento para coger algunas cosas.

—No te preocupes, yo te llevo al apartamento después de comer —se ofreció Jason—. Así dejaremos que la parejita se eche la siesta y se sacien para que no tengan que meterse mano delante de nosotros.

Matt, que en ese momento estaba acariciando sensualmente la espalda de Gisele, agarró una servilleta con la mano que le quedaba libre y se la lanzó a Jason.

— ¡Qué susceptible! —Se mofó Tyler.

—Gis, deja descansar a Matt que nos lo tienes agotado —bromeó Jason—. ¿Se puede saber qué haces con él por las noches?

—Hacemos lo que no nos dejáis hacer durante el día, que siempre estáis interrumpiéndonos en el momento más inoportuno —protestó Gisele entre risas y añadió—: El próximo que se atreva a llamar en mitad de la noche no vivirá para contarlo.

—El mensaje ha sido claro así que, a menos que sea un asunto de vida o muerte, no aceptaremos más interrupciones nocturnas —sentenció Matt. Besó a Gisele en los labios y añadió susurrándole al oído para que solo ella le escuchara—: Estoy deseando que llegue esta noche.

—La idea es que os contengáis un poquito hasta después de comer —les recordó Sarah provocando las risas de todos.

Se sentaron en una de las mesas del restaurante y comieron todos juntos mientras charlaban animadamente.

Hasta que el contrato nos separe 15.

Gisele seguía procesando toda aquella información que había obtenido gracias a Ben. Matt había tenido el detalle de no decirle a qué clase de actividades se dedicaba Ben y su banda y Gisele no le culpaba por ello, pero Ben tenía razón y ella debía estar al corriente de todo. Por eso aprovechó que estaba a solas con Ben para preguntarle lo que no tenía valor de preguntarle a Matt:

— ¿Dónde está Erik?

—Sigue en su habitación del motel, no ha vuelto a tu apartamento.

—No creo que regrese.

— ¿Por qué crees eso?

—Erik es un hombre inteligente, puede que se haya vuelto loco, pero hasta los más locos conservan su esencia y él siempre ha sido un obseso del control —le explicó Gisele.

—Matt también es un obseso del control, todos los agentes lo somos.

—Él quería saber qué íbamos a hacer y dónde íbamos a estar en cada momento, jamás improvisaba —comentó Gisele—. Las personas cambian, pero mantienen su esencia. Sabe que no estoy en mi apartamento y que estoy protegida, tampoco ha podido encontrar a Sarah, así que debe pensar que estoy fuera de la ciudad. Está buscándome, pero sus recursos en ese motel deben ser limitados y no tardará en salir de allí. Tenemos que averiguar dónde puede tener acceso a todos esos recursos y pasar desapercibido.

— ¿En el laboratorio donde trabaja?

—No, es demasiado inteligente para hacerlo desde el laboratorio, necesita mantener limpia la identidad de Erik Muller, es su única baza.

—Buscará un lugar en el que ya haya estado antes y se sienta cómodo, si triangulamos la señal de su teléfono móvil durante los últimos meses tendremos una lista de los lugares que ha estado frecuentando —le dijo Ben tecleando en su ordenador portátil—. Nos llevará un poco de tiempo, pero es lo único que tenemos.

— ¿Puedo preguntarte algo?

—Adelante —la animó Ben, sospechando que la pregunta de Gisele probablemente le pondría contra la espada y la pared, pero él adoraba los retos.

— ¿Cómo lo está llevando Matt?

—Tendrás que ser más precisa.

—Vale, lo intentaré. ¿Qué tal lleva Matt que mi ex novio sea un criminal y que tenga que protegerme de él?

—Supongo que eso deberías preguntárselo a él pero, si quieres mi opinión, creo que está más preocupado por cómo lo estás llevando tú —le respondió Ben con sinceridad—. Imagino que no debe hacerle ninguna gracia que tu ex novio ande detrás de ti, sobre todo teniendo semejante historial delictivo —le dijo encogiéndose de hombros y, al verla tan seria y preocupada, añadió bromeando—: Está un poco más gruñón que de costumbre, pero nos lo turnamos para soportarlo.

Pocos minutos después, Tyler regresó a casa de Matt con Kelly y se encontró a Ben y a Gisele trabajando juntos en el caso. Tyler fulminó con la mirada a Ben, sabía que aquello les traería problemas con Matt, que había dejado muy claro que no quería involucrar a Gisele para no preocuparla.

—A Matt le va a encantar —gruñó Tyler con ironía.

—A Gis se le ha ocurrido una muy buena idea y estamos trabajando en ello, no estamos haciendo nada malo —se defendió Ben sonriendo divertido, le encantaba el riesgo.

—Ya me lo repetirás si nos quedamos sin trabajo —murmuró Tyler entre dientes.

Kelly rodó los ojos con exasperación y se abrió paso por delante de Tyler, contoneándose con sensualidad hasta llegar a Gisele. La saludó con un beso en la mejilla y un cariñoso abrazo antes de decir:

—No le hagas ni caso Gis, Tyler es un gruñón.

—Princesa, si te han fastidiado el día de compras, no lo pagues conmigo —la provocó Tyler.

A Gisele no le pasó desapercibida la tensión sexual no resuelta que existía entre aquellos dos y se preguntó si ellos también se habían dado cuenta o si se pasaban la vida persiguiéndose como el perro y el gato.

—Nadie se va a quedar sin trabajo porque Matt no se va a enterar si ninguno de vosotros se lo dice —intervino Gisele poniéndose seria—. Sé que él quiere mantenerme al margen para no preocuparme y él está más tranquilo si piensa que estoy al margen, así que no le vamos a dar razones para agobiarlo. Pero tenéis que entender que me siento culpable, al fin y al cabo ninguno de vosotros estaría aquí si no fuera porque Erik es mi ex novio, así que me gustaría ayudaros en lo que pueda.

—A espaldas de Matt —repitió Tyler enarcando las cejas.

—No puedo deciros qué debéis hacer, solo quiero que conozcáis mis intenciones —argumentó Gisele con paciencia—. Matt no va a dejar que me involucre por las buenas, así que tengo dos opciones: hacerlo a escondidas y echaros una mano, lo cual no os vendría nada mal; o bien puedo hacerlo por las malas y discutir con él hasta que consiga mi propósito, pero los dos acabaremos enfadados y de mal humor.

—Lo siento Tyler, pero Matt de mal humor no es una opción para mí —opinó Ben.

—Estoy con Ben —le secundó Kelly.

— ¿Qué dices tú, Tyler? —Le animó Gisele.

—Espero que intervengas a mi favor cuando Matt quiera despedirme.

Todos se echaron a reír y se pusieron manos a la obra. Ben y Gisele hicieron un listado de todos los lugares que frecuentaba Erik; Tyler investigó los historiales de los empleados y a los clientes habituales de los lugares de la lista; y Kelly colaboró buscando noticias y reportajes relacionados, haciendo práctica de su habilidad periodística.

Cuando Matt y Jason regresaron de la agencia y se encontraron a los cuatro sentados a la mesa, con una fingida sonrisa en la cara, ambos adivinaron que les estaban ocultando algo. Era imposible que reinara la paz en la misma estancia donde se encontraban Tyler y Kelly, pero lo que realmente molestó a Matt fue un rápido intercambio de miradas cómplices entre Gisele y Ben.

— ¿Qué está pasando aquí? —Exigió saber Matt, escrutándolos a todos con la mirada.

—Estamos hablando del viaje a la capital el fin de semana, Kelly y yo queremos ir a un montón de tiendas y Ben y Tyler no paran de quejarse —le respondió Gisele saludándole con un efusivo y apasionado beso que hizo que Matt se olvidara de sus sospechas.

—Chicas queriendo ir de tiendas y chicos protestando por tener que acompañarlas, a mí no me importa ir de compras si me dejan entrar en los probadores con ellas —bromeó Jason ganándose una furiosa mirada de Matt y Tyler mientras Ben reía a carcajadas.

Sin importarle lo que pensaran sus amigos y su propia hermana, Matt mantuvo a Gisele pegada a su cuerpo, necesitaba sentirla cerca, ella había convertido en una droga para él. Nunca había actuado así con ninguna mujer, pero es que nunca antes había sentido la urgencia y la necesidad que sentía de tenerla entre sus brazos.

Comieron todos juntos en el jardín trasero y después, mientras Gisele y Kelly se distraían tomando el sol y charlando en la piscina, los chicos se encerraron en el despacho de Matt.

—Tienes buen gusto, jefe —comentó Ben con una sonrisa burlona en los labios, quería provocar a Matt—. Gis es una chica fantástica, es inteligente y es muy atractiva.

—Ben… —Le advirtió Jason.

— ¡Ojalá la hubiera conocido yo antes! —Siguió provocándole Ben.

—Te ha salido competencia —se mofó Tyler.

—Deberíamos haber pasado la tarde en la piscina con las chicas, a todos nos hubiera venido bien relajarnos un poco —continuó Ben tratando de llevar a Matt al límite.

Y lo consiguió. Matt golpeó la mesa con fuerza y se abalanzó sobre Ben, totalmente fuera de sí, mientras Tyler y Jason trataban de sostenerle y Ben reía divertido.

—Relájate, solo quiere provocarte —le aconsejó Jason tratando de aguantar la risa.

—Es evidente que Gis te gusta, solo queríamos saber hasta qué punto —le respondió Tyler tratando de rebajar la tensión.

—Será mejor que os marchéis a casa, ya hemos tenido suficiente por hoy —sentenció Matt, solo quería estar con Gisele—. Tyler, ¿puedes llevar a Kelly a casa?

—Claro, me encanta discutir antes de cenar —musitó Tyler, aunque en realidad se moría de ganas de pasar un rato a solas con Kelly.

Los tres hombres le obedecieron de inmediato, ninguno quería discutir con Matt y Ben ya le había provocado suficiente. Cuando se despidieron, Gisele fue consciente de la tensión que se respiraba en el ambiente y le lanzó una fugaz mirada de reproche a Ben, sospechaba que él era el culpable. Matt esperó hasta que se quedaron a solas para reprocharle a Gisele:

— ¿Te lo has pasado bien con Ben?

— ¿A qué viene esa pregunta?

—Me ha parecido intuir que os lleváis muy bien, supongo que te diviertes más con él, que es más joven.

—Me cae bien, es un tipo divertido, pero prefiero tu compañía —le confesó Gisele plantándole un beso en los morros—. Voy a darme un baño, ¿me acompañas?

—Estaría loco si te dijera que no —le respondió Matt cogiéndola en brazos para llevarla escaleras arriba hasta el cuarto de baño de su dormitorio.

Abrió el grifo de agua caliente de la bañera y puso el tapón en el desagüe. Mientras la bañera se llenaba de agua, Matt se deshizo de la ropa de Gisele, incluido su bikini.

—Eres tan tentadora… —le susurró con la voz ronca mientras le besaba el cuello y acariciaba la curva de su cintura.

Ella le dedicó una sonrisa y comenzó a desnudarlo. Llevaba todo el día deseando quedarse a solas con él y repetir lo que habían estado haciendo la noche anterior. Cuando ambos estuvieron completamente desnudos, entraron en la bañera y Matt acomodó a Gisele entre sus piernas, con la espalda de ella pegada a su pecho. Gisele se dio la vuelta y se colocó a horcajadas sobre él, rozando su entrepierna contra la erección de Matt.

—No puedo usar un preservativo en la bañera, ¿tomas la píldora? —Gisele negó con la cabeza y Matt volvió a acomodarla en la postura anterior, abriendo sus piernas para llegar al centro de su placer—. Puedo darte un anticipo de lo que te espera después.

Gisele levantó los brazos rodeando el cuello de Matt y dándole un mejor acceso a sus pechos y al punto donde se unían sus piernas. Matt comenzó a masturbarla acariciando su clítoris y penetrándola con sus dedos con una mano mientras con la otra pellizcaba y acariciaba sus pezones, estimulándolos y endureciéndolos.

— ¡Oh, Matt! —Gimió excitada.

—Córrete gritando mi nombre, Gisele —le susurró acelerando sus caricias—. Sé que estás a punto, déjate llevar, Gisele.

— ¡Matt! —Explotó Gisele casi en el acto.

Se dejó llevar y estalló en mil pedazos mientras Matt recorría su cuello dejando un reguero de besos hasta que ella recuperó el aliento. Esperó a que ella se recompusiera para quitar el tapón del desagüe de la bañera, cogió el grifo extensible para aclarar los cuerpos de ambos y después envolvió a Gisele en una toalla antes de salir de la bañera y ayudar a Gisele a hacer lo mismo. Después la cogió en brazos y la llevó al dormitorio, donde la depositó con sumo cuidado sobre la cama para seguir colmándola de placer.