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Confía en mí 8.

Confía en mí

Estaba a punto de amanecer y Valeria continuaba durmiendo. Jason se acercaba a cada rato a la habitación para comprobar que ella estuviera bien. No sabía por qué se sentía tan protector y posesivo con ella, pero tampoco le importaba. El deseo y la necesidad de estar cerca de Valeria eran superior a cualquier razonamiento lógico.

Jason trataba de distraerse trabajando desde su portátil cuando escuchó hablar a Valeria. Le pareció que se estaba quejando y se puso en pie dispuesto a dirigirse hacia a ella cuando la escuchó gritar aterrada y corrió hasta llegar a su lado. La encontró sentada en la cama con la respiración agitada y los ojos anegados en lágrimas. Sin pensárselo dos veces, se sentó en la cama y la abrazó. La estrechó entre sus brazos y la acunó intentando que se calmara al mismo tiempo que le susurraba:

–          No pasa nada, solo ha sido una pesadilla.

Valeria estaba temblando. Había tenido una horrible pesadilla, una pesadilla que de vez en cuando regresaba para atormentarla en sus sueños. Habían pasado cinco años desde entonces, pero aquellas pesadillas continuaban acechándola y trayéndole de vuelta dolorosos y aterradores recuerdos que Valeria quería olvidar.

Cuando vio que Valeria se había calmado un poco, hizo que se tumbara de nuevo en la cama, la arropó y le susurró con un tono de voz suave que le sorprendió hasta a él mismo:

–          Duerme un rato más, todavía ni ha amanecido.

Valeria se sintió fría, insegura y sola en cuanto Jason dejó de estrecharla entre sus brazos. No quería separarse de él, necesitaba sentirlo junto a ella.

–          No te vayas, por favor. – Le suplicó Valeria en cuanto adivinó las intenciones de Jason de dejarla sola en la habitación.

Jason se quedó paralizado, ¿había escuchado bien? La miró a los ojos tratando de adivinar su gesto e intuyó que estaba asustada. No quería asustarla más de lo que estaba y para asegurarse de que la había entendido le preguntó:

–          ¿Quieres que me quede aquí? – Valeria asintió y Jason no se lo pensó dos veces, se metió con ella en la cama, la envolvió con sus brazos y le susurró al oído: – Ahora descansa, te prometo que no me moveré de aquí.

Entre los brazos de Jason, Valeria consiguió volver a dormirse. Jason la observó mientras dormía, Valeria parecía tan frágil y vulnerable dormida entre sus brazos que no pudo dejar de mirarla hasta que finalmente él también se quedó dormido.

Jason se despertó tres horas después y Valeria todavía dormía entre sus brazos, ni siquiera se había movido. No quería moverse para no despertarla y perdió la noción del tiempo contemplando lo bella que estaba Valeria mientras acariciaba la suave piel de su mejilla. Valeria empezó a moverse pero todavía seguía dormida. Se acurrucó contra el cuerpo de Jason y él se tensó, aquel gesto inconsciente de ella le había excitado y tuvo que hacer un esfuerzo para controlar sus impulsos. Intentó separarse de ella con cuidado para no despertarla, pero Valeria protestó todavía dormida y se acercó más a él.

–          Vas a acabar conmigo. – Musitó Jason entre dientes.

Media hora más tarde Valeria se despertó y lo primero que vio al abrir los ojos fue la sonrisa de Jason. Imágenes de la noche anterior acudieron a su mente, recordó que tuvo una maldita pesadilla y cómo Jason la complació quedándose con ella, le prometió que no se movería de su lado y todavía continuaba entre sus brazos.

–          Buenos días. – La saludó Jason.

–          Buenos días. – Le respondió Valeria con el rubor en las mejillas.

–          ¿Has dormido bien?

–          Sí, gracias por quedarte conmigo. – Le agradeció Valeria con un hilo de voz.

–          No tienes nada que agradecerme. – Le respondió Jason sonriendo. – Voy a pedir que nos traigan el desayuno, tienes que comer algo. Mientras tanto, si quieres puedes ducharte y vestirte. Vladimir no tardará en llegar, tenemos que hablar de lo que ocurrió anoche.

Lo que menos le apetecía a Valeria era hablar del tema y mucho menos estando Vladimir delante, a pesar de su aturdimiento la noche anterior, se había dado cuenta del gesto de desaprobación de Vladimir cuando llegó a su apartamento y vio a Jason pegado a ella y con la mano dañada a causa del puñetazo que le había dado a la pared.

Jason le dedicó una sonrisa antes de dejarla a solas y regresar al salón de la suite para pedir que les subieran el desayuno.

Valeria se levantó, se dio una larga y relajante ducha y se vistió con unos vaqueros pitillo y una camiseta con tirantes cruzados por detrás de color fucsia junto con unos botines negros de tacón alto. Estaba terminando de cepillarse el pelo cuando alguien golpeó la puerta de la habitación. No le dio tiempo a preguntar quién era cuando la puerta se abrió y pudo comprobarlo con sus propios ojos. Jason no llegó a entrar en la habitación, se quedó parado en el umbral de la puerta observándola. Valeria estaba saliendo del baño y ambos se quedaron mirando durante unos instantes hasta que Jason recordó para qué había ido allí y le dijo:

–          Acaban de traer el desayuno, tienes que comer un poco.

Valeria asintió y ambos pasaron al salón donde se sentaron a la mesa y desayunaron juntos en el más absoluto de los silencios.

Ella estaba nerviosa, sabía que de un momento a otro Vladimir aparecería por la puerta de la suite y con él las preguntas que ella quería evitar responder. Él también estaba nervioso, sabía que Valeria le estaba ocultando algo y ese algo la tenía aterrada, tenía que intentar que confiara en él pero no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo plantearle la situación. También se había dado cuenta que Vladimir la intimidaba desde el primer día que lo conoció, pero Vladimir era su mano derecha, su amigo y también el mejor de sus agentes, no podía prescindir de él en este asunto. Finalmente, Jason se armó de valor y le dijo:

–          Valeria, quiero protegerte, pero no puedo hacerlo si no me ayudas, si no confías en mí.

–          Gracias Jason, pero estoy bien y en un par de días me mudo a Sunbeach. – Le respondió Valeria tratando de mantenerlo al margen de aquella locura en la que se había convertido su vida. – Probablemente haya sido una broma de mal gusto…

–          Ha sido mucho más que eso, Valeria. – La interrumpió Jason dando un golpe sobre la mesa, sin poder controlar su frustración. – Habían cámaras y micros en tu apartamento, es mucho más que una broma de mal gusto.

Valeria se puso pálida y Jason se arrepintió en ese mismo momento de lo que le acababa de decir y del tono que había utilizado. Debía aprender a controlar los impulsos si no quería que Valeria se asustara más de lo que ya estaba. El teléfono móvil de Valeria empezó a sonar y, aprovechando la ocasión, Valeria se levantó para coger el móvil y responder:

–          Hola Oli. – Saludó nada más descolgar al ver que era su amiga.

–          Val, ¿va todo bien? Ayer Mario y yo nos quedamos un poco preocupados cuando te fuiste tan de repente.

–          Todo está bien, Oli. – Mintió Valeria.

–          Me alegro, porque quiero verte y hablar contigo antes de regresar a casa o cancelo mi billete de avión y me quedo contigo en Suncity unos días más hasta que te mudes a Sunbeach. – Le dijo Olivia sin opción a réplica. – Últimamente estás muy rara, tenemos que hablar y ponernos al día, no podemos seguir así, Val.

Valeria lo pensó durante un segundo. Necesitaba hablar con Olivia, contarle todo lo que estaba ocurriendo y escuchar su opinión. Ella era la única que conocía su historia completa con Luke Benson y la única con la que podía hablar abiertamente de sus sospechas.

–          De acuerdo, dame una hora y voy a buscarte, así aprovecho y veo a mis padres antes de que regresen a casa. – Le dijo Valeria a Olivia. Su mirada se cruzó con la mirada de desaprobación de Jason y Valeria se afanó en despedirse de Olivia antes de colgar: – Te veo en un rato, tengo que colgar.

Jason estaba furioso, tenía la mandíbula tensa y los puños apretados, algo que no le pasó inadvertido a Valeria.

–          ¿Ocurre algo? – Le preguntó Valeria con fingida inocencia.

–          Dímelo tú, Valeria. – Musitó furioso. – Alguien entra en tu apartamento, te amenaza y tú haces como si nada y quedas con tu amiga Olivia para ir de paseo.

–          No pienso dejar de hacer mi vida, Jason. – Le advirtió Valeria. – Prefiero morir que vivir escondiéndome.

Justo en ese momento alguien llamó a la puerta de la suite y Jason fue a abrir. Dos segundos más tarde regresaba acompañado por Vladimir. Vladimir supo que algo no iba bien en cuanto vio la cara desencajada de su amigo y lo confirmó cuando vio a Valeria con el ceño fruncido y mirándoles a ambos con hostilidad.

–          Si no es buen momento, puedo volver más tarde. – Murmuró Vladimir.

–          Acabemos con esto cuanto antes, por favor. – Les respondió Valeria.

Vladimir miró a Jason para pedirle permiso antes de empezar a hablar, lo que había descubierto no era nada bueno y hubiera preferido hablarlo primero con él, pero Jason asintió, quería que Vladimir hablara claro delante de Valeria porque confiaba en que lo que Vladimir tuviera que decir influiría en la decisión de ella.

–          No traigo buenas noticias. – Empezó a decir Vladimir. – Además de las cámaras de vídeo, los micrófonos y el teléfono pinchado hemos descubierto una huella dactilar en el cuchillo que clavaron en la pared junto a vuestra foto.

–          ¿Has podido averiguar de quién es esa huella? – Le preguntó Jason con interés.

–          No te va a gustar. – Le previno Vladimir. – La huella pertenece a César Merino.

Jason se quedó inmóvil, no podía creerse lo que Vladimir acababa de decir. Pero la reacción de Valeria le hizo volver en sí. No pareció sorprenderse y tampoco preguntó quién era César Merino, lo conocía. Vladimir también tuvo la misma intuición y no dudó en preguntar:

–          ¿De qué lo conoces?

Valeria resopló resignada, no la dejarían salir de allí si no les daba una explicación. Sospechaba de César Merino pero Vladimir acababa de confirmárselo.

–          Es una larga historia. – Respondió Valeria. – Y no me apetece hablar de ello.

–          ¡Maldita sea, Valeria! – Vociferó Jason fuera de sus cabales. Ya no lo soportaba más, esa mujer iba a acabar con él y con su cordura.

Vladimir le lanzó una mirada a Jason para que se controlase, nunca lo había visto así, él siempre lo tenía todo bajo control, pero no podía controlar lo que esa mujer le hacía sentir y en ese momento se sentía frustrado. Como nada bueno iba a salir de la boca de Jason, Vladimir decidió intervenir y mediar entre ambos:

–          Señorita Mancini, es importante que entienda que César Merino es una persona muy peligrosa. – Empezó a decir Vladimir. – Ese tipo la está vigilando y la ha amenazado, va a por usted. Nosotros no pretendemos juzgarla, tan solo queremos protegerla y para ello es de vital importancia que nos facilite toda la información que nos pueda ser útil para mantenerla a salvo.

Valeria agradeció en silencio las palabras de Vladimir. La había tratado con respeto y le había hablado con sinceridad sin necesidad de maldecir ni hacerla sentir una mala persona. No entendía por qué Jason reaccionaba así con ella.

–          Durante el último año de universidad empecé a salir con Luke Benson, un chico malo al que le gustaba demasiado el dinero fácil. – Empezó a decir Valeria. – Estuvimos juntos un par de años, hasta que uno de sus trapicheos no salió bien y su cliente quiso tomarme como moneda de cambio. Los hombres de César Merino me secuestraron con el fin de usarme de garantía para que Luke les pagara lo que les debía. Estuve secuestrada durante tres días, el tiempo que Luke tardó en conseguir el dinero.

–          Eso no explica que César Merino venga a por ti, a menos que tu ex le deba dinero otra vez. – La acusó Jason usando un tono de voz frío como el hielo.

–          Intentó violarme, Luke llegó en ese momento y, en medio de un tiroteo, logró sacarme de allí. – Bufó Valeria sosteniéndole la mirada. – ¿Ya estás contento?

–          Vladimir, déjanos a solas. – Ordenó Jason sin dejar de mirar a Valeria. Vladimir obedeció y desapareció, ya tenía información suficiente para empezar a hacer su trabajo. Valeria estaba pálida y sus ojos reflejaban el pánico que tenía y que no quería reconocer. Jason se acercó a ella despacio y Valeria dio un paso atrás asustada. – Valeria, no voy a hacerte daño, solo quiero protegerte.

Valeria sabía que las intenciones de Jason eran sinceras y solo quería protegerla, probablemente por deformación profesional. Pero estaba segura que si continuaba tan cerca de Jason ella acabaría sufriendo, estaba empezando a sentir cosas por Jason que no debería sentir y aquello no acabaría bien para ella. Mario se lo había advertido, Jason no es de los que se comprometen con una mujer, no busca casase y formar una familia. Anthony Spencer también se lo había advertido, Jason solo buscaba sexo con ella y después se olvidaría, solo era uno de sus tantos caprichos. Pero Valeria no estaba dispuesta a alejarse de él, al menos no voluntariamente. Puede que todo aquello fuera un error, pero estaba dispuesta a seguir adelante aunque después tuviera que asumir las consecuencias.

–          Valeria, deja que cuide de ti hasta que todo esto se calme. – Le dijo Jason suavizando su tono de voz, no quería volver a asustarla. – No tienes que dejar de hacer tu vida si tienes protección. – Se acercó de nuevo a ella y esta vez Valeria no se retiró, se quedó dónde estaba. Jason acunó el rostro de ella con ambas manos y le susurró: – Confía en mí, solo quiero que estés bien. – Valeria asintió con la cabeza, las palabras de Jason le parecían sinceras. Jason sintió como el cuerpo de ella temblaba y, sin poder contenerse, la estrechó entre sus brazos, solo abrazado a ella conseguía sentirse bien. – Tengo una reunión con Charles Stuart en una hora en la masía, puedo llevarte al hotel donde se alojan tus padres y así tú estarás con ellos mientras yo estoy con Charles. Más tarde ya decidiremos lo que vamos a hacer.

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria más calmada entre los brazos de Jason. – ¿Puedo pedirte algo, Jason?

–          Lo que quieras.

–          No le digas nada de esto a nadie. – Le rogó Valeria con un hilo de voz. – No le conté a nadie lo que ocurrió, excepto a Olivia.

–          ¿No lo denunciaste? – Le preguntó Jason volviendo a ser el hombre de hielo. Valeria se tensó y Jason decidió darle una tregua. – De acuerdo, no pasa nada. Ya hablaremos más tarde, cuando los dos estemos más tranquilos. – La besó en la frente con ternura, le dedicó una amplia sonrisa y le susurró con voz seductora: – Vas a acabar volviéndome loco.

Valeria le devolvió la sonrisa, aquellas palabras de Jason decían mucho más de lo que pretendían y eso le alegró el día.

Veinte minutos más tarde, Jason y Valeria llegaban en uno de los vehículos privados de la agencia al hotel donde se alojaban los padres y los amigos de Valeria. Aparcó el coche y acompañó a Valeria al salón del hotel donde los invitados charlaban y se despedían antes de regresar a sus casas. Jason colocó su brazo alrededor de la cintura de Valeria nada más entrar en el salón y Valeria maldijo en silencio cuando vio a Anthony Spencer, lo último que le apetecía era tener que hablar de nuevo con él. Jason notó la tensión en el cuerpo de Valeria y supo que ella también había visto a Spencer.

–          Tranquila, no tienes que preocuparte de él. – Le susurró al oído.

Paola había visto entrar a su hija junto con el señor Smith y fue testigo de la complicidad de ambos cuando los vio hablándose al oído. Estaba segura de que había algo entre su hija y Jason y estaba dispuesta a averiguar de qué se trataba.

–          ¡Cielo, te estábamos esperando! – La saludó Paola al mismo tiempo que abrazaba a su hija.

Jason retiró su brazo de la cintura de Valeria y ella se volvió a mirarle rogándole que no la dejara sola y Jason no se movió de su lado.

–          Hola mamá. – La saludó Valeria. – He venido a despedirme antes de que regreséis a Smalltown.

–          Lo sé, cielo. Olivia nos lo ha dicho hace un rato. – Miró a Jason y añadió: – Me alegro de verle de nuevo, señor Smith.

–          Lo mismo digo, señora Mancini. – Le respondió Jason mostrándole una encantadora sonrisa que Valeria no había visto antes.

–          Val, ¡por fin llegas! – Exclamó Olivia apareciendo detrás de Paola. – Tenemos que salir hacia el aeropuerto en un par de horas y necesito hablar contigo antes de irme.

–          Mamá, voy un momento con Oli a su habitación, en un rato regresamos y hablamos. – Le dijo Valeria a su madre.

–          Ve tranquila, estaré con tu padre y Mario en el jardín. – Paola le dio un beso en la mejilla a su hija y le dijo a Jason antes de marcharse: – Nos vemos luego, señor Smith.

Jason se despidió de Paola con una amplia sonrisa y Valeria no pudo evitar sentirse un poco celosa, aunque fuera de su madre. A ella nunca le había sonreído así. Jason se acercó a Valeria y le susurró al oído:

–          Tengo que reunirme con Charles en la masía, no te separes de Olivia y llámame si ocurre cualquier cosa. – Tomó su mano y depositó un beso sobre ella, un gesto de lo más sensual y seductor que hizo que Valeria se derritiera. – No tardaré en regresar.

Jason se despidió de ambas amigas y se dirigió al aparcamiento para subirse al coche e ir a la masía donde Charles le esperaba. Olivia agarró a su amiga del brazo y la arrastró hasta a su habitación, donde tras cerrar la puerta, le preguntó a Valeria:

–          ¿Qué ha sido eso que he visto? ¿Te has tirado al hombre de hielo?

–          No, anoche todo se complicó. – Le empezó a explicar Valeria. – Jason me acompañó a casa y le invité a subir al apartamento para tomar una última copa, pero cuando entramos alguien había estado allí.

Durante más de una hora, Valeria le contó todo lo que había pasado y cómo Jason había reaccionado frente a todos los acontecimientos. Valeria le confesó lo mucho que Jason le atraía, pero que a él no parecía interesarle.

–          No sé mucho sobre Jason Smith, sé lo poco que me ha contado Mario, pero hasta él me ha confesado que Jason parece una persona distinta cuando está contigo. – Le dijo Olivia a su amiga. – Te mira con una intensidad que me pone cachonda hasta a mí y no hay más qué ver lo posesivo que se pone cuando algún hombre merodea a tu alrededor.

–          Nada más lejos de la realidad. – La sacó de su error Valeria. – Oli, le pedí que se quedara conmigo después de tener la pesadilla y, a pesar de estar abrazados en la misma cama, no intentó nada.

–          Val, acababas de tener una pesadilla, estabas asustada y actuó como todo un caballero, dándote protección y consolándote, ¿o acaso hubieras querido que en ese momento te hubiera metido mano? – Le dijo Olivia tratando de animarla. – Anoche en la fiesta estuvo todo el tiempo pendiente de ti, sé que le gustas, lo sé yo y todos los que anoche os vieron juntos en la fiesta.

–          No sé qué pensar, supongo que tendré que esperar para averiguarlo.

–          ¿Cuándo te mudas a Sunbeach?

–          Tenía previsto viajar mañana o pasado mañana, pero después de averiguar que César Merino es quien está detrás de esto no sé qué pasará. – Le respondió Valeria.

–          Instálate en mi apartamento, tengo sitio de sobra y sigo en paro, podré quedarme contigo las veinticuatro horas del día si así lo quieres. – Le propuso Olivia. – Al menos mientras toda esta situación se normaliza, Val.

–          Esta noche hablamos de nuevo y te digo algo. – Le contestó Valeria sin querer asegurarle nada hasta haber hablado con Jason primero.

–          De acuerdo. Ahora vamos a buscar a tus padres y a Mario, en poco tiempo tenemos que marcharnos al aeropuerto.

Tras pasar más de una contándose confidencias, Valeria y Olivia salieron al jardín para reunirse con el matrimonio Mancini y Mario, Valeria quería hablar con ellos y despedirse antes de que regresaran a casa.

Confía en mí 7.

Confía en mí

Muchos de los invitados que conocían personalmente a Valeria se acercaron a felicitarla por su ascenso y su nuevo puesto como directora general de la delegación de Editorial Love en Sunbeach. La interrumpían constantemente, todos querían saludarla y darle la enhorabuena y Jason se fue impacientando. Quería hablar con ella y disfrutar de su compañía, pero estaba claro que mientras siguieran en la masía todo el mundo querría acercarse a ella. Aprovechando que Valeria iba a estar ocupada durante algunos minutos cuando se le acercó un grupo de cinco personas, todos escritores de los cuales Valeria era editora, Jason se acercó a Vladimir para que le mantuviera al corriente de la situación.

La poca paciencia que tenía Jason se esfumó en cuanto regresó junto a Valeria y la vio hablando de nuevo con Anthony Spencer. Valeria buscaba a su alrededor, estaba claro que no se sentía cómoda y ni Mario ni Olivia estaban junto a ella, por lo que se apresuró a colocarse a su lado y, colocando el brazo alrededor de la cintura de Valeria, le dijo a Spencer en un tono bastante amenazador:

–          Aléjate de ella, Spencer.

–          Tranquilo Smith, Valeria y yo solo estábamos charlando. – Le respondió Anthony Spencer sonriendo con malicia. Se volvió hacia a Valeria y, mostrando una sonrisa de lo más seductora, se despidió de ella: – Un placer hablar de nuevo contigo, Valeria.

Valeria no se despidió de Anthony Spencer, tan solo se limitó a seguirle con la mirada hasta que desapareció de su campo de visión.

–          Gracias. – Le agradeció Valeria a Jason con un hilo de voz.

–          ¿Estás bien? – Quiso asegurarse Jason.

–          Sí, Anthony Spencer no me ha dicho ni hecho nada desagradable, pero hay algo en su mirada que hace que salten todas mis alertas. – Le confesó Valeria. – Creo que ya he tenido suficiente fiesta por esta noche, será mejor que me despida de Grace y Charles y regrese a casa.

–          ¿Dónde están Mario y Olivia?

–          Han ido a pedir un par de copas.

–          Vamos a despedirnos de todos y te llevo a casa. – Sentenció Jason.

Tras despedirse de Grace y Charles Stuart, de Olivia y de Mario, Valeria y Jason se dirigieron al aparcamiento. Jason tenía previsto ir en uno de los todoterrenos de su agencia, pero Valeria le recordó que había dejado su coche allí y finalmente Jason accedió a ir en el coche de ella.

Jason condujo en silencio y concentrado en la carretera durante los quince minutos que apenas duró el trayecto. Cuando llegaron al edificio donde vivía Valeria, ella le señaló la entrada al aparcamiento del edificio y le preguntó:

–          ¿Te importa dejar el coche en el garaje? No me gusta dejarlo en la calle de noche.

Jason asintió con la cabeza y se dirigió hacia el garaje al mimos tiempo que Valeria le indicaba cuál era su plaza de aparcamiento. Una vez estacionado el coche, ambos caminaron hacia el ascensor.

Valeria no quería despedirse tan pronto de Jason, pero él se mostraba frío y distante con ella y no sabía qué hacer para que se quedara un rato más con ella.

Jason tampoco quería separase de Valeria, esa mujer se había convertido en su obsesión y Spencer se había dado cuenta de ello, razón de más para que Jason no quisiera separarse de ella.

–          Es pronto, ¿te apetece subir y tomar una copa? – Se arriesgó a preguntar Valeria.

Jason la miró sorprendido, no esperaba aquella invitación y no pensaba desaprovecharla.

–          Por supuesto, me encantaría. – Le respondió Jason con gesto serio.

Valeria ya no sabía qué más hacer o decir para que cambiara la cara de pocos amigos con la que Jason había estado prácticamente toda la noche, pero al menos había aceptado tomarse una copa con ella, lo que significaba que podría estar un rato más con él.

Entraron en el ascensor y cuando las puertas se cerraron la tensión sexual se instaló en el pequeño y metálico cubículo. Ambos fueron conscientes de la tensión que existía entre ellos y, cuando sus miradas se encontraron, Valeria se mordió el labio, estaba nerviosa, y Jason tuvo que controlar su instinto más primitivo para no devorarla, se sentía intensamente atraído por ella. Las puertas del ascensor se abrieron y a Valeria se le escapó un pequeño suspiro de alivio, estar encerrada con él en un ascensor era más de lo que podía soportar. Se dirigieron a la única puerta que había en el rellano, la puerta del apartamento de Valeria. Sacó las llaves de su pequeño bolso de mano, la introdujo en la cerradura y al girarla la puerta se abrió. Valeria dio un paso y se detuvo antes de entrar al ver el caos que había en el apartamento. Había empezado a empaquetar sus cosas para mudarse a Sunbeach, pero el desorden que había dejado en su apartamento antes de irse no era el caos que veía en esos momentos. Entonces vio una fotografía tamaño póster clavada en la pared con un cuchillo de cocina, una foto de esa misma noche en la que aparecían ella y Jason agarrándola por la cintura. – Valeria se tensó y se quedó paralizada ante la escena, bloqueando la puerta. Jason se percató de que algo no iba bien, se acercó a ella y, agarrándola por la cintura desde su espalda, le preguntó:

–          ¿Va todo bien?

Pero Valeria no contestó, parecía sumida en otro mundo y Jason se preocupó.

–          Valeria, ¿qué ocurre? – Se colocó a su lado y siguió su mirada hasta la pared donde estaba la fotografía. Jason sacó su pistola y le ordenó a Valeria: – No te muevas de aquí, voy a comprobar que no haya nadie.

Valeria estaba en estado de shock, aunque hubiera querido no hubiera podido moverse. Jason recorrió todo el apartamento para comprobar que no hubiera nadie. El sonido de su móvil devolvió a Valeria a la realidad, había recibido un mensaje. El remitente era un número oculto, abrió el mensaje y leyó: “Vas a ser mía.” Junto al texto, una fotografía en la que salía de espaldas y mirando de lado. Apenas un minuto más tarde, Jason regresó a su lado y le dijo mientras guardaba su pistola y sacaba el móvil para llamar a Vladimir:

–          No hay nadie. Dame un minuto, voy a hacer una llamada para… – Se detuvo al mirarla y ver el pánico en sus ojos. Sostenía su móvil entre las manos con fuerza y Jason se lo arrebató de las manos. Cuando vio el mensaje acompañado de esa foto en la que salía tan sexy ya no pudo controlarse, la furia le invadió y descargó su ira lanzando un puñetazo contra la pared al mismo tiempo que blasfemó: – ¡Maldita sea!

Valeria dio un respingo asustada ante aquella reacción que no se esperaba. Jason le había pegado un puñetazo a la pared y había hecho un agujero. Vio sus nudillos cubiertos de sangre y yeso y ya no pudo más. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, tampoco entendía por qué Jason estaba tan enfadado y, sin poder evitarlo, las lágrimas se derramaron de sus ojos y cayeron por sus mejillas.

En cuanto la vio llorar, Jason se maldijo en silencio por ser tan bruto y la estrechó entre sus brazos con fuerza al mismo tiempo que le susurraba:

–          Eh, tranquila, no va a pasarte nada. Estoy aquí, contigo. – Cuando pasados unos minutos logró calmar a Valeria, acunó su rostro con las manos y, limpiándole las lágrimas de las mejillas con ambos pulgares, se disculpó por su reacción: – Lo siento, no pretendía asustarte. ¿Te sientes mejor?

Valeria a duras penas asintió, con los ojos rojos por el llanto y el cuerpo tembloroso. Estaba asustada, pero en los brazos de Jason se sentía segura.

Jason la tomó de las manos, la llevó al salón y la hizo sentar en el sofá. Advirtió que estaba temblando y se quitó la americana de su traje para echársela a Valeria sobre los hombros al mismo tiempo que marcaba en su teléfono móvil el número de Vladimir.

Vladimir seguía en la masía donde se celebraba el aniversario de Editorial Love cuando recibió la llamada de Jason.

–          ¿Todo bien? – Le preguntó Vladimir nada más descolgar.

–          No, necesito que vengas junto con un par de hombres de confianza al apartamento de Valeria. – Le respondió Jason con tono gélido. – Ven rápido, es importante.

–          Salgo ahora mismo. – Le aseguró Vladimir antes de colgar.

Quince minutos más tarde, Vladimir entraba en el apartamento de Valeria acompañado por dos de los agentes de la agencia Smith, la agencia de seguridad de Jason. Nada más cruzar el umbral de la puerta, Vladimir vio la foto de Jason y Valeria clavada a la pared con un cuchillo y justo al lado vio un agujero en la pared, que adivinó que había sido obra de Jason al ver su puño cubierto de yeso y sangre reseca. Parecía que hubiera pasado un huracán por el interior del apartamento, Vladimir se acercó hasta a donde estaban Jason y Valeria y, al ver los ojos rojos de ella y su rostro compungido, le preguntó a Jason preocupado:

–          ¿Qué ha pasado aquí?

A Vladimir no le pasó por alto que Valeria le rehuía la mirada, estaba nerviosa y, por alguna razón, también advirtió que Jason se sentía culpable.

–          Cuando hemos llegado todo estaba revuelto y alguien había clavado una foto nuestra en la pared, dos minutos después Valeria ha recibido un mensaje de un número oculto con foto incluida. – Le respondió Jason.

–          La cerradura no está forzada y la foto es de esta noche, necesitaríamos saber quién tiene llaves del apartamento. – Comentó Vladimir. – Tomaremos huellas y revisaremos las imágenes de las cámaras de video vigilancia, algo encontraremos. – Le echó una rápida mirada a Valeria y le preguntó a Jason en voz baja: – ¿Qué vas a hacer con ella? Aquí no puede quedarse y tampoco es buena idea que se quede sola, deberías avisar a alguien que se ocupe de ella.

–          Yo me ocuparé de Valeria. – Sentenció Jason.

–          ¿De la misma forma que te has ocupado de la pared? – Le reprochó Vladimir. Jason lo fulminó con la mirada y Vladimir le dijo: – Llévatela, yo me ocuparé de todo.

–          Llámame cuando hayas acabado. – Le pidió Jason. Vladimir asintió y se dirigió hacia a los dos agentes que le acompañaban para darles instrucciones. Jason se acercó de nuevo a Valeria y, tomándola de las manos, la ayudó a ponerse en pie y le dijo suavizando el tono de voz para no asustarla todavía más de lo que ya estaba – Vladimir se ocupará de todo, coge todo lo que necesites para un par de días y nos vamos.

–          ¿A dónde vamos? – Preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          No puedes quedarte aquí, al menos no esta noche. – Le contestó Jason. Valeria lo miró confundida y, cuando su mirada se topó con los ojos tristes de ella, decidió seguir el consejo de Vladimir y le dijo: – Esta noche te quedarás en el hotel, necesitas descansar.

–          No quiero ir al hotel ni regresar a la masía, no quiero preocupar a mis padres. – Le dijo Valeria con un hilo de voz.

–          Voy a llevarte al hotel donde me alojo, Valeria. – Le aclaró Jason mientras la ayudaba a preparar una bolsa de deporte con algo de ropa y productos de higiene personal. Valeria lo miró confundida, no estaba segura de haber entendido correctamente lo que le acababa de decir. Jason advirtió la confusión y el miedo en sus ojos y le aseguró: – Voy a cuidar de ti, no dejaré que te ocurra nada, ¿de acuerdo?

Valeria asintió, por un momento pensó que Jason la llevaría al hotel donde se alojaban sus padres y la gran mayoría de invitados al aniversario de la editorial y casi le da algo. Conociendo a su padre, si se llegaba a enterar de lo que había ocurrido no la hubieron dejado ni un minuto a solas y la habría obligado a trasladarse a Smalltown junto a ellos.

En cuanto Valeria hubo recogido todo lo que necesitaba, ambos se marcharon del apartamento dejando allí a Vladimir con los dos agentes y se dirigieron en el coche de Valeria al hotel donde Jason se alojaba.

Veinte minutos más tarde, entraban en la suite del hotel donde se alojaba Jason. Valeria recorrió la habitación con la mirada, era una suite amplia, con habitación, baño y cocina independiente, pero en la habitación solo había una cama.

–          ¿Voy a dormir aquí? – Se oyó preguntar.

–          Sí, tú dormirás en la cama y yo dormiré en el sofá. – Le respondió Jason dedicándole una tierna sonrisa. – Ve a ponerte cómoda mientras yo nos sirvo una copa, tenemos que hablar.

Valeria obedeció sin rechistar, le devolvió la americana a Jason y, tras coger la bolsa de deportes con sus cosas, se encerró en el baño para cambiarse de ropa y ponerse el pijama.

Jason se lavó las manos, eliminó los restos de yeso y sangre seca de su puño y sirvió un par de copas. Acto seguido se quitó la corbata y se arremangó la camisa antes de sentarse en el sofá mientras esperaba a que Valeria regresara. Cuando por fin la vio aparecer, tuvo que respirar con profundidad para tratar de controlarse y se recolocó el pantalón para disimular el bulto que crecía en su entrepierna. Vestida con un short de algodón ajustado y una camiseta de tirantes, que era lo que utilizaba para dormir, Valeria se sentó en el sofá junto a Jason y, cuando le miró, no supo si estaba enfadado, cansado o de mal humor, pero sabía que algo le ocurría a pesar de que tratara de ocultarlo con su máscara de hielo.

–          ¿Estás más tranquila? – Le preguntó Jason luchando en silencio contra su instinto más primitivo, quería hacerla suya en ese mismo momento. Valeria asintió y Jason continuó hablando: – Valeria, ¿tienes alguna ligera sospecha de quién puede haber entrado en tu casa y enviarte el mensaje?

Antes de responder, Valeria lo meditó. La única persona que podía tener alguna razón para estar enfadado con ella era Brian, su ex novio. Lo había dejado la misma noche que le propuso matrimonio y, apenas tres meses después, aparecía en la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love con otro hombre, una fiesta a la que iban a asistir juntos. Pero Brian era demasiado correcto y educado, en los dos años de relación que había tenido con Brian nunca había sido posesivo ni celoso, no sería capaz de hacer algo así.

–          No, no sé quién pudo haberlo hecho. – Le respondió Valeria.

–          La cerradura no estaba forzada, pudieron entrar con llave. – Prosiguió Jason. – Piensa en quién tiene o puede tener llaves de tu apartamento.

–          Cambié la cerradura hace tres meses. – Contestó Valeria recordando que había preferido llamar a un cerrajero antes que llamar a Brian y pedirle que le devolviera las llaves de su apartamento. – Solo le di una copia a Grace por si surgía alguna emergencia.

–          Está bien, no te preocupes. – Trató de tranquilizarla Jason. Le ofreció una de las copas que había servido y siguió con sus preguntas – Sé que no es fácil, pero debes intentar pensar en ello. Quien quiera que sea está celoso por habernos visto juntos esta noche y te considera suya, de su propiedad. – Jason la miró a los ojos y preguntó: – ¿Crees que hay alguien a tu alrededor que pueda encajar en ese perfil?

A Valeria le regresó a la mente el nombre de Brian, pero estaba totalmente segura de que él no había sido.

–          No lo sé, no lo creo. – Le contestó Valeria aturdida.

–          Estás agotada, lo mejor será que descanses. – Sentenció Jason. La tomó de las manos y la acompañó a la habitación. Retiró las sábanas para que Valeria se metiera en la cama y le dijo casi en un susurro: – Estaré justo al otro lado de la puerta, avísame si necesitas algo.

Valeria asintió y, cuando Jason estaba a punto de marcharse, lo agarró del brazo con suavidad y le dijo:

–          Gracias por todo, Jason. No sé qué habría hecho esta noche sin ti.

Jason le dedicó una sonrisa, la besó con ternura en la frente y le dijo antes de marcharse para dejarla descansar:

–          No tienes nada que agradecerme, ha sido un placer. Buenas noches, Valeria.

–          Buenas noches. – Le respondió Valeria ya casi dormida.

Jason la arropó, cerró la puerta de la habitación para que Valeria descansara y se dirigió al salón de la suite, donde se sirvió otra copa y llamó a Vladimir.

–          ¿Todo bien? – Preguntó Vladimir nada más descolgar.

–          Sí, aquí todo bien. – Le confirmó Jason. – ¿Alguna novedad por ahí?

–          Sí y no te va a gustar. – Le advirtió Vladimir. – Hemos localizado dos cámaras, una en el salón y otra en la habitación de Valeria. – Jason respiró profundamente y Vladimir continuó hablando – También habían pinchado el teléfono fijo y el ordenador de sobremesa, no se trata de alguien cualquiera, Jason. – Vladimir sabía que no era un buen momento, pero tenía que insistir: – ¿Has hablado con ella? Tiene que tener alguna ligera sospecha de quién puede estar haciendo esto. ¿Te ha hablado de Brian Adams? Ese tipo estuvo hablando con ella al principio de la noche y después se largó.

–          ¿Brian Adams estuvo allí? – Preguntó Jason sorprendido.

–          Sí, estuvo hablando con ella justo antes de que Anthony Spencer se acercara a ella para saludarla. – Le confirmó Vladimir. – Veré qué puedo averiguar sobre él.

–          Llámame cuando sepas algo. – Le dijo Jason antes de colgar.

Jason estaba furioso, la ira se apoderaba de él en cuanto pensaba que alguien se había colado en el apartamento de Valeria, alguien que creía que Valeria era suya, algo que, sin pretenderlo, lo destrozaba por dentro. Necesitaba despejarse o acabaría bebiéndose la botella y quería estar al lado de Valeria cuando despertara, así que decidió darse una ducha para tratar de calmarse.

Confía en mí 6.

Confía en mí

Cuando Valeria salió de la oficina ya eran pasadas las tres de la tarde. Llegó a casa, se preparó una ensalada para comer y se dio una ducha rápida. Tenía el tiempo justo para arreglarse y no hacer esperar a Jason, intuía que no era uno de esos hombres pacientes y relajados.

Se puso un vestido de noche de color rojo que se le ceñía al cuerpo como si de su propia piel se tratara hasta los muslos y después caía suelto hasta el suelo, con un escote abierto sujeto por dos finos tirantes que se unían en la nuca, dejando toda su espalda al descubierto. Se recogió el pelo en un moño alto dejando varios mechones caídos en forma de bucle y se maquilló de una manera muy natural, con un poco de sombra en los ojos, rímel en las pestañas y carmín en los labios del mismo tono rojo que el vestido. Se calzó sus zapatos rojos de tacón de aguja de diez centímetros. Regresó al baño y se perfumó con su perfume favorito que solo utilizaba en las grandes ocasiones, un perfume con esencia de jazmín.

Su teléfono móvil empezó a sonar y Valeria respondió tras echarse un último vistazo en el espejo:

–          ¿Sí?

–          Valeria, soy Jason. – Escuchó su voz al otro lado del teléfono. – Estoy frente al portal de tu edificio, puedes bajar cuando quieras.

A Valeria no le pasó por alto aquel tono distante en su voz, pero decidió ignorarlo, iba a dejarse llevar y disfrutar de la noche, que también iba a ser la noche de su despedida de Suncity.

–          Ya estoy lista, enseguida bajo. – Le respondió con tono alegre.

Jason había ido a buscar a Valeria en una limusina blanca, quería que fuera una noche especial para ella ya que sería una de las últimas noches que pasara en Suncity. Había organizado todo aquello en cuanto Valeria aceptó que asistieran juntos al aniversario de la editorial. Y, a pesar de lo molesto que se había sentido al descubrir que ella no les había dicho a sus amigos que estaban trabajando juntos, él no había cancelado esos planes. Empezaba a pensar que quizás Valeria le había dicho la verdad y simplemente se había olvidado de mencionárselo a sus amigos porque había tenido una semana caótica cuando la vio salir del portal. Estaba realmente impresionante con ese vestido rojo, tanto que tuvo que respirar profundamente para calmarse justo a tiempo para saludarla.

–          Estás… preciosa. – Acertó a decir Jason.

–          Gracias. – Le dijo Valeria tímidamente.

Jason abrió la puerta de la limusina y la invitó a entrar. Valeria subió a la limusina y fue entonces cuando Jason vio la espalda desnuda que el vestido de Valeria dejaba al descubierto. Se sentó junto a ella en la limusina y la observó con el ceño fruncido, no se le había olvidado lo ocurrido por la mañana. Permanecieron en silencio los quince minutos que duró el trayecto a la masía y cuando llegaron, Jason se bajó de la limusina y le tendió la mano a Valeria para ayudarla a salir. Valeria se agarró a la mano de Jason y la estrechó con fuerza cuando los flashes de las cámaras de fotos la deslumbraron. Había estado tan distraída pensando en Jason que había olvidado que el lugar estaría lleno de periodistas cubriendo el evento. Jason colocó su mano sobre la espalda desnuda de Valeria y la guio por la alfombra negra que llevaba a la puerta principal de la masía mientras los flashes de las cámaras les deslumbraban constantemente. A Valeria nunca le habían gustado los paparazzi y por eso tan solo atendía a la prensa en los eventos relacionados con su profesión. Siempre trataba de pasar desapercibida frente a las cámaras y lo había conseguido, al menos hasta esa noche. El aluvión de flashes que recibieron no era a lo que Valeria estaba acostumbrada y todos sus músculos se tensaron. Jason se percató de ello y la estrechó contra su cuerpo para tranquilizarla al mismo tiempo que le susurró al oído:

–          ¿Va todo bien?

Valeria echó un vistazo a su alrededor y mirara dónde mirara había periodistas y fotógrafos, lo cual la llamó bastante la atención.

–          No esperaba que hubiesen tantos periodistas. – Le respondió Valeria con un hilo de voz.

–          No te preocupes, no podrán entrar en la masía. – Le susurró de nuevo Jason. – Déjalo todo en mis manos y disfruta de la fiesta.

Ambos se miraron a los ojos y se sonrieron con complicidad, un momento de complicidad entre ambos que fue fotografiado por varios paparazzi.

A Jason tampoco le gustaba lo más mínimo dejarse ver en eventos públicos y mucho menos en los que la prensa cubría, pero después de todas las normas que se había saltado por Valeria, ya no le importaba saltarse una más. Se estaba dejando ver en público con una mujer, él que nunca se dejaba ver con ninguna de las chicas con las que salía, y ni siquiera la había besado todavía.

Entraron en la masía y fueron recibidos por los anfitriones Grace y Charles, quienes intercambiaron una cómplice mirada al verles llegar juntos.

–          Valeria, estás impresionante. – La aduló Grace mientras Charles le estrechaba la mano a Jason a modo de saludo.

–          Grace tiene razón, estás preciosa. – La secundó Charles.

–          Gracias, vosotros sí que estáis estupendos. – Les respondió Valeria. – ¿Cómo va todo por aquí?

–          Todo va genial, ya casi han llegado todos los invitados, deberíais pasar al salón y tomaros una copa antes de pasar al comedor para cenar. – Les sugirió Charles.

–          Tus padres y tus amigos están en el salón, ve a saludarles y diviértete, esta fiesta también es para ti. – Le recordó Grace a Valeria.

–          Te acompaño. – Sentenció Jason.

Valeria se dejó guiar por Jason hacia el salón y, tras saludar a los invitados con los que se iban cruzando por el camino, consiguieron llegar a donde estaban los padres de Valeria, Olivia y Mario. Jason los saludó educadamente y acto seguido se excusó con ellos al ver a Vladimir haciéndole una señal para que se acercara hacia a él.

–          Regreso en cinco minutos. – Le susurró al oído antes de marcharse.

Valeria siguió con la mirada a Jason hasta que lo vio reunirse con Vladimir y ambos desaparecieron tras subir las escaleras hacia la planta superior.

–          Cielo, Jason parece un buen hombre y está muy pendiente de ti. – Comentó Paola dirigiéndose a su hijo. – Y también es muy atractivo.

–          Paola, ese hombre le saca más de diez años a nuestra hija. – Comentó Frank, que no le hacía gracia que su hija pequeña tuviera un nuevo novio.

–          Jason solo está haciendo su trabajo, mamá. – Le advirtió Valeria. Echó un vistazo a su alrededor buscando una cara conocida para escapar del interrogatorio al que sus padres, Olivia y Mario tenían intención de someterla y vio a Brian, ya tenía la excusa perfecta para huir: – Disculpadme, tengo que saludar a alguien.

Sin añadir nada más, Valeria cruzó el salón y se dirigió hacia a Brian, que estaba de espaldas a ella hablando con alguien. Tuvo que pararse para saludar a muchos de los invitados con los que se cruzó por el camino, pero se excusó alegando que debía de ocuparse de un asunto y llegó hasta a Brian.

–          ¿Qué estás haciendo aquí? – Le preguntó Valeria sin saludarlo.

–          Yo también me alegro de verte. – Le respondió Brian con sarcasmo.

–          ¿A qué has venido? – Insistió Valeria con cara de pocos amigos.

–          Tú misma me invitaste hace unos meses. – Respondió. – Si no querías que viniese, deberías haber cancelado la invitación.

–          Brian, lo único que conseguirás es hacernos más daño.

–          El daño lo has hecho tú, Valeria. Te comportaste como una niñata malcriada y continúas haciéndolo, pero para cuándo decidas madurar, yo ya no estaré aquí. – Le advirtió Brian con la mandíbula tensa y los puños apretados. – Solo quería comprobar con mis propios ojos que los rumores eran ciertos y parece que así es.

–          ¿Qué rumores?

–          No te hagas la tonta Valeria, no te pega nada. – Le contestó con desprecio. – No te preocupes por mí, yo me voy ya.

Dicho eso, Brian dio media vuelta y caminó hacia a la salida. Valeria lo observó hasta que lo vio desaparecer, quería estar segura de que se marchaba de verdad.

–          ¡No me lo puedo creer, está aquí la señorita Mancini! – Exclamó una voz a su espalda.

Valeria no se lo podía creer, aquella noche no acabaría nunca. Había reconocido esa voz y no pudo más que resoplar resignada, dar media vuelta y saludar a Anthony Spencer. Debía ser educada y amable con los invitados, aunque fuera una fiesta no podía olvidar que se trataba de trabajo.

–          Señor Spencer, qué sorpresa verle por aquí. – Le dijo Valeria tratando de sonar amable y de dibujar una sonrisa en los labios, pero sin conseguirlo.

–          Un amigo me invitó a acompañarlo y, tras saber que tú ibas a estar aquí, no pude evitar aceptar la invitación. – Le contestó Anthony.

Aquellos ojos pequeños de color ámbar ocultaban algo oscuro y a Valeria no le gustaban nada, por muy bonitos que fueran. Anthony Spencer es un tipo atractivo, pero a Valeria su atractivo no le impresionaba ni mucho menos le interesaba.

–          Deberíamos salir a cenar una noche, estoy seguro que nos lo pasaríamos muy bien tú y yo juntos. – Continuó hablando Anthony, esta vez en susurros para que solo Valeria le escuchara. – A Jason Smith solo le interesa echar un polvo, mientras más difícil se lo pongas más lo tentarás, pero en cuanto lo consiga se olvidará de que existes. Solo eres su capricho de turno.

Valeria no pudo evitar pensar que todo el mundo opinaba lo mismo sobre Jason. Puede que todos tuvieran razón, pero no era lo que ella quería escuchar ni lo que quería creer y decidió ignorar de nuevo aquella información.

–          No sería una buena idea. No me gustaría hacerle perder el tiempo y menos aún que me lo hiciera perder a mí. – Le respondió Valeria con sequedad. – Si me disculpa, he de saludar al resto de invitados.

Sin más, Valeria dio media vuelta decidida a marcharse a la otra punta del salón para mantenerse alejada lo máximo posible de Anthony, pero cuando estaba a mitad de camino alguien la agarró del brazo y acto seguido se empotró contra el torso de un hombre, un hombre que sí le inspiraba seguridad a diferencia de Anthony Spencer.

–          Jason. – Balbuceó Valeria aturdida.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason tensando la mandíbula, con el ceño fruncido y los ojos de un color gris oscuro que la asustaron cuando le siseó: – Ven, tenemos que hablar. – Jason colocó su mano sobre la espalda de Valeria y la guio fuera del salón hasta llegar a un pequeño despacho donde se encerró con ella. La miró a los ojos, perturbándola aún más de lo que ya estaba, y le ordenó: – No vuelvas a acercarte a Spencer, es peligroso y no te conviene. Solo pretende que seas su juguete.

Valeria no dijo nada, aquella situación la superaba, no era la mejor noche para discutir y no tenía la menor intención de hacerlo por Anthony Spencer. Se sostuvieron la mirada sin decir nada durante unos segundos, ella pensaba en todo lo que le habían dicho de Jason y en lo poco que le había contado él; y él pensaba en qué le había podido decir Spencer a Valeria para que se hubiera quedado tan callada y distante.

Vladimir golpeó suavemente la puerta, sabía que Jason se había encerrado allí con Valeria y tenía que avisarlos, los invitados ya habían pasado al comedor, estaban tomando asiento y los Stuart estaban a punto de empezar el discurso. Jason abrió la puerta y Vladimir le dijo:

–          Todos están ya en el comedor.

–          En seguida vamos. – Le respondió Jason. Vladimir le escrutó con la mirada, aquel comportamiento no era nada normal en Jason y Jason, consciente de lo que estaba pensando Vladimir, añadió: – Solo será un minuto.

Vladimir asintió y se marchó dejándolos a solas de nuevo. Jason volvió a cerrar la puerta del despacho y le dijo a Valeria suavizando el tono de voz:

–          Valeria, si Spencer te molesta en algún momento de la noche solo tienes que decírmelo, ¿de acuerdo?

–          De acuerdo. – Le contestó Valeria con un hilo de voz.

Valeria estaba empezando a preocuparse, todavía recordaba la reacción de Mario en la inauguración del Lovers cuando había visto a Spencer a su alrededor. Mario le había dicho que Jason era un buen tipo y que no se comprometía con ninguna mujer, pero de Anthony Spencer no había dicho ni una sola buena palabra, a Mario tampoco le gustaba Spencer.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason preocupado. Valeria asintió, Jason se acercó a ella despacio, colocó el brazo alrededor de la cintura de ella y le susurró al oído: – Vamos a disfrutar de la fiesta, no me moveré de tu lado.

Valeria se sintió más relajada, con Jason a su lado se sentía segura y se lo hizo saber dedicándole una tímida sonrisa. Sin despegarla de su lado, Jason acompañó a Valeria al comedor donde todos los invitados ya estaban sentados en sus mesas. Ambos se sentaron en la mesa presidencial, acompañados por Charles, Grace, Nadia y los directores de los departamentos de marketing y contabilidad.

–          Te he estado buscando, he visto a Brian. – Le dijo Nadia a Valeria cuando se sentó a su lado.

–          Lo sé, yo también lo he visto. – Le contestó Valeria.

–          Y, ¿dónde está ahora? – Preguntó Nadia.

–          Se ha marchado, solo ha pasado a saludar. – Mintió Valeria.

Jason, que estaba sentado junto a Valeria, escuchó la conversación pero no dijo nada. Valeria le había dicho que no tenía novio y, si se trataba de un ex novio o de un amigo con derecho a roce, se alegraba de que se hubiera marchado.

Tras hablar con Brian, Valeria se había topado con Spencer y no había tenido tiempo de pensar en lo que le había dicho Brian sobre los rumores, no sabía a lo que se refería pero iba a averiguarlo.

–          Estás muy rara, ¿te encuentras bien? – Le preguntó Nadia.

–          Estoy bien. – Le aseguró Valeria zanjando el asunto.

Charles y Grace subieron al pequeño escenario para pronunciar el discurso del veinticinco aniversario de Editorial Love. Empezó hablando Charles, explicando cómo fundó la editorial con la ayuda de su esposa y Grace continuó diciendo cómo habían ido haciéndose un hueco en el sector hasta convertir Editorial Love en la editorial más importante del país y una de las más reconocidas y reputadas en el mundo. Entre los dos agradecieron el enorme esfuerzo que todos los empleados de Editorial Love habían hecho durante todos estos años y fue entonces cuando, lleno de orgullo, Charles anunció:

–          Tenemos una magnífica noticia que anunciaros y para ello quiero llamar a nuestra querida Valeria, que es la pieza clave en todo este asunto. Valeria, ¿te importaría unirte un momento a nosotros?

Charles sabía que a Valeria le gustaba pasar desapercibida en esta clase de eventos, pero esta vez la necesitaba para dar la noticia. Valeria respiró profundamente para infundirse valor antes de dirigirse hacia el pequeño escenario. Jason la miró a los ojos y le dedicó una sonrisa arrebatadora que la derritió. Ella le devolvió la sonrisa, se acercó a él y le susurró al oído antes de ponerse en pie para dirigirse junto a Charles y Grace:

–          Deséame suerte, la voy a necesitar.

–          Suerte, aunque no la necesitas. – Le aseguró Jason. – Todo va a salir bien.

Valeria se dirigió hacia el pequeño escenario donde Charles y Grace la esperaban y, una vez llegó hasta a ellos, Charles continuó con su discurso:

–          Ahora que ya estamos todos, queremos anunciaros que Editorial Love va a crecer y vamos a abrir una delegación en Sunbeach, de la cual estará al mando nuestra querida Valeria Mancini. – Todos los invitados aplaudieron y Valeria les guiñó un ojo a sus padres y a sus amigos. – Este es un proyecto muy importante para mi esposa Grace y para mí, siempre hemos querido abrir una delegación en Sunbeach, pero necesitábamos a alguien de plena confianza y con capacidad para asumir ese proyecto. Valeria es la persona adecuada para ello y está plenamente capacitada, prácticamente es ella quien se encarga de que la editorial funcione todo lo bien que está funcionando. – Añadió bromeando y todos estallaron en carcajadas. – El caso es que Valeria nació y creció en un pueblo cerca de la ciudad de Sunbeach y, cuando le hemos ofrecido la dirección de la delegación ha aceptado el cargo. – Se volvió hacia a Valeria y le dijo: – Creo que debes ser tú quien les explique en qué va a consistir el proyecto.

–          Buenas noches a todos. – Empezó a decir Valeria nerviosa. Buscó la mirada de Jason y cuando la encontró se sintió más segura, él le transmitía seguridad y serenidad. Respiró profundamente y continuó hablando: – Antes de nada, quisiera agradecer a Grace y Charles esta oportunidad, han depositado toda su confianza en mí y no les voy a defraudar, sobre todo teniendo en cuenta que Nadia me acompañará en este proyecto. Es un gran proyecto que empezaremos a hacer realidad la próxima semana y que esperamos poder inaugurar en septiembre. Estamos impacientes por llevarlo a cabo y estoy segura de que Charles y Grace les irán manteniendo informados sobre su evolución.

–          Por supuesto, estamos impacientes por finalizar el proyecto y aún no lo hemos empezado. – La secundó Grace. – Pero estoy segura de que en manos de Valeria será una realidad muy pronto.

Charles concluyó el discurso dando las gracias a todos los invitados por asistir y les animó para que disfrutaran de la cena y de la fiesta posterior.

Nada más bajar del escenario, Valeria se dirigió a la mesa donde estaban sentados sus padres, Olivia y Mario. Paola fue la primera en preguntar:

–          ¿Significa eso que regresas a casa?

–          Sí y no. – Le contestó Valeria a su madre sonriendo con ternura. – Trabajaré en Sunbeach, así que buscaré un apartamento en la ciudad. Ya no tendrás que coger un avión para venir a verme.

–          ¡Es una gran noticia! – Exclamó Frank levantando su copa para brindar. – Por tu ascenso, cielo.

Todos brindaron y se abrazaron felices por la gran noticia. Paola y Frank estaban encantados de que su hija se trasladara a Sunbeach, ningún padre ni ninguna madre quieren tener a sus hijos lejos. Olivia también estaba feliz con la noticia, su mejor amiga regresaba a casa y la distancia ya no sería un problema para poder verse. Y Mario también estaba contento, Valeria era una buena amiga y casi como una hermana a la que había echado mucho de menos.

Valeria regresó a la mesa presidencial cuando los camareros empezaron a servir la cena y se sentó junto a Jason, que estaba hablando con Vladimir. En cuanto Vladimir la vio llegar, se retiró para seguir con su trabajo. Jason se volvió hacia a ella, la recibió con una amplia sonrisa y le susurró al oído:

–          Todo ha salido genial, ahora ya puedes relajarte y disfrutar de la fiesta.

Cenaron mientras charlaban alegremente. Jason estuvo casi todo el tiempo con Valeria, pero cada hora que pasaba se levantaba de la mesa y se reunía con Vladimir para asegurarse de que todo seguía bien, Vladimir tenía controlado a Spencer en todo momento.

Después de cenar pasaron al segundo salón, donde habían dispuesto una sala de baile y una barra de bar al fondo.

Los padres de Valeria se despidieron y regresaron al hotel, estaban cansados y al día siguiente debían regresar a Smalltown. Acompañada por Jason, Valeria se unió a Olivia y Mario, quienes volvieron a felicitar a Valeria por su nuevo puesto. Había llegado el momento de disfrutar de la fiesta, habían muchas cosas por las que brindar.

Confía en mí 5.

Confía en mí

Valeria pasó toda la semana encerrada en su despacho desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde. Jason pasaba la mañana en la oficina, se reunía con sus hombres y a la hora de comer, cuando todos hacían un descanso, se pasaba por el despacho de Valeria y la invitaba a comer. Por la tarde Valeria volvía a encerrarse en su despacho y Jason se dirigía con sus hombres a la masía para supervisar la instalación de los sistemas y dispositivos de seguridad que le facilitarían el trabajo, pero a las ocho de la tarde regresaba a la oficina solo y se ofrecía a acompañar a Valeria a su casa. El viernes a las ocho de la tarde, Jason también se presentó en la oficina de la editorial y se ofreció a llevarla a casa.

–          Hora de marcharse, mañana es el gran día y tienes que descansar. – Le anunció Jason al entrar en el despacho de Valeria.

Valeria le dedicó una amplia sonría, había esperado toda la tarde a que dieran las ocho solo para volver a verlo. Ambos salieron de la oficina y pasearon de camino a casa de Valeria. Jason estaba un poco tenso, debía hablar con ella y decidió no esperar más:

–          Por cierto, he visto la lista de invitados.

–          ¿Charles no te había informado de cuántos invitados asistirán al aniversario de Editorial Love? – Le preguntó Valeria confundida.

–          Sí, pero al revisar la lista de nombres me he encontrado a muchos que me resultan familiares. – Le respondió Jason para comprobar si Valeria sabía a lo que se refería.

–          ¡Oh, claro! – Exclamó Valeria. – Mario Colucci y mi amiga Valeria también asistirán, ambos están invitados.

–          Valeria, ¿has leído la lista de invitados? – Volvió a preguntar Jason.

–          No, de eso se encarga Nadia. ¿Qué ocurre?

–          Anthony Spencer está en esa lista. – Le aclaró Jason.

–          ¿El tipo siniestro del pub? – Quiso asegurarse Valeria de haber entendido de quién hablaba Jason. – No estaba entre los invitados de la editorial, probablemente sea uno de los invitados de nuestros escritores o colaboradores. No creo que Anthony Spencer sea un problema.

–          ¿Vas a llevar acompañante a la fiesta? – Le preguntó Jason.

Valeria lo estudió con la mirada, pero su rostro era indescifrable. Le miró a los ojos y vio cómo su iris pasaba de un tono azul a un grisáceo turbio, sabía que esa no era una buena señal.

–          No. – Se limitó a responder.

–          Asistiremos juntos al aniversario, Spencer no se acercará si nos ve juntos. – Sentenció Jason cuando llegaron al portal del edificio donde vivía Valeria. – Pasaré a recogerte mañana a las siete.

Valeria le miró preocupada. No conocía de nada a ese tal Anthony Spencer, tan solo había coincidido con él una sola vez en la inauguración del pub donde también conoció a Jason, pero había algo en los ojos de Spencer que no le había gustado nada, no le inspiraba ninguna confianza.

–          ¿Debo preocuparme por la presencia de Spencer en la fiesta del aniversario de Editorial Love? – Le preguntó Valeria mostrándose más preocupada de lo que le hubiera gustado aparentar.

–          Deja que sea yo quién me ocupe de eso. – Le susurró Jason con una tierna sonrisa en los labios. – Tú solo preocúpate de descansar esta noche para mañana poder disfrutar de la fiesta, el resto déjalo en mis manos.

Valeria no pudo hacer otra cosa que sonreír y Jason se percató del rubor que invadió sus mejillas. Tuvo que controlar las ganas que tuvo de estrecharla entre sus brazos y devorar sus labios, en lugar de eso, le dedicó una amplia sonrisa, la besó en la mejilla como había estado haciendo los días anteriores y se despidió de ella:

–          Buenas noches, Valeria.

–          Buenas noches. – Se despidió Valeria.

A la mañana siguiente, Valeria se levantó temprano y se dirigió al aeropuerto en su BMW 118 de color negro, quería ir a buscar a sus padres, a Olivia y a Mario. Los cuatro venían en el mismo vuelo y, como se iban a hospedar en el hotel cercano a la masía, Valeria quiso al menos recogerlos en el aeropuerto y llevarlos al hotel para que se instalaran tranquilamente.

Nada más salir por la puerta de embarque, su madre y Olivia se le arrojaron a los brazos mientras que su padre y Mario sonreían contemplando la escena, esperando su turno para saludar a Valeria.

Entre risas y abrazos, Valeria los saludó a todos y los llevó en su coche al hotel. Estaba aparcando en el parking del hotel cuando Vladimir la vio. Se había acercado a hablar con el equipo de seguridad privada del hotel para coordinarse y allí estaba ella, la chica por la que Jason había perdido el norte. La había investigado lo suficiente como para saber que las personas que le acompañaban eran sus padres, su mejor amiga Olivia y Mario Colucci, a quien ya conocía. Sacó su móvil y llamó a Jason.

–          ¿Todo bien, Vladimir? – Le preguntó Jason nada más descolgar.

–          Estoy viendo a tu hechicera aparcando su coche en el hotel, ha venido con sus padres, su amiga Olivia y Mario Colucci. – Le informó Vladimir sin andarse con rodeos.

–          Voy hacia allí, asegúrate de que no se encuentra con Anthony Spencer, no lo quiero cerca de ella. – Le ordenó Jason.

–          Tengo a Spencer controlado, su avión no aterrizará hasta dentro de tres horas. – Lo tranquilizó Vladimir, quien estaba al tanto de lo sucedido con Spencer en el pub y lo tenía vigilado.

Jason colgó y, tras subirse a uno de los coches oficiales de la agencia, se dirigió al hotel, que tan solo estaba a unos 5 km de la masía, donde él se encontraba. Cuando llegó al hotel se encontró a Valeria hablando con Grace y Charles, rodeada por sus padres, su amiga Olivia y Mario. Se acercó a saludarlos con la única intención de hablar con Valeria, a quien no esperaba ver hasta por la tarde, cuando pasara a recogerla para asistir juntos al aniversario de Editorial Love.

–          ¡Jason Smith, qué sorpresa! – Lo saludó Mario en cuánto lo vio.

Jason le estrechó la mano al mismo tiempo que intercambió una mirada con Valeria, una mirada que Valeria entendió perfectamente al ver cómo sus ojos azules se tornaban de un color gris turbio. Jason no entendía por qué Valeria no le había dicho a Mario que se habían visto y que estaban trabajando juntos.

–          ¡Jason! ¿Qué haces por aquí? – Lo saludó Olivia con simpatía.

–          Salvarnos la fiesta. – Intervino Grace al ver la cara de apuro de Valeria. – Jason está al frente de la seguridad de la masía. – Se volvió hacia a Jason e hizo las presentaciones oportunas, ya que a Valeria parecía habérsele comido la lengua el gato. – Jason, ellos son Frank y Paola Mancini, los padres de Valeria.

–          Encantado de conocerles. – Los saludó Jason desplegando todo su carisma.

A Paola le bastó una breve mirada a su hija para entender que algo se traían entre manos aquel hombre y su hija y lo saludó con una amplia sonrisa en los labios:

–          Lo mismo digo, Jason.

Frank se limitó a estrecharle la mano con desconfianza, había visto cómo Jason miraba a su hija pequeña, estaba interesado en ella.

–          Cielo, vamos a instalarnos en la habitación, nos vemos luego. – Le dijo Paola a su hija al mismo tiempo que tiraba del brazo de su marido para llevárselo de allí.

–          Nos vemos luego. – Se despidió de ellos Valeria mientras los observaba marcharse junto a Grace y Charles. Se volvió hacia a sus amigos y les pregunto: – Y vosotros, ¿qué queréis hacer?

–          Podríamos ir a comer. – Propuso Mario.

–          Lo siento, pero no puedo. – Se excusó Valeria. – Tengo que pasar por la oficina a ocuparme de un par de asuntos, pero quedaos con mi coche, yo cogeré un taxi.

–          Yo también tengo que pasar un momento por la oficina de Editorial Love, si quieres puedo acercarte. – Se ofreció Jason.

–          ¿No te importa? – Le preguntó Valeria. – No quiero molestarte y puedo coger un taxi…

–          No es ninguna molestia. – Le aseguró Jason. – Dame un par de minutos y nos vamos.

Jason se despidió de Olivia y Mario hasta la noche y acto seguido se dirigió hacia a Vladimir para contarle sus planes:

–          Voy a llevar a Valeria a la editorial

–          ¿No iba a ir en coche? – Le preguntó Vladimir alzando una ceja.

–          Sí, pero iba a regresar en taxi. – Le respondió Jason. – No creo que tarde mucho, pero llámame si surge cualquier imprevisto.

Vladimir asintió y no abrió la boca. Ya le había advertido a su amigo que aquella chica lo estaba volviendo loco y no había servido para disuadirlo, lo mejor era dejarlo y ya se le pasaría la obsesión.

Mario esperó a que Jason estuviera lo bastante lejos como para que no le escuchase y le dijo a Valeria:

–          ¿Qué hace Jason Smith trabajando para Editorial Love?

–          Fue una casualidad, nos quedamos sin empresa de seguridad y Charles contrató a su agencia para el trabajo.

–          Valeria, con Jason Smith nada pasa por casualidad. – Le advirtió Mario.

–          Estás paranoico, todo eso ocurrió la semana pasada mientras yo estaba de vacaciones y ni siquiera le conocía. – Le respondió Valeria.

–          Tiene pinta de ser un tigre en la cama. – Comentó Olivia divertida.

–          No es nada de lo que te imaginas, Jason se está portando como un auténtico caballero, demasiado para mi gusto. – Se lamentó Valeria.

–          Valeria, Jason Smith no es de los que se compromete, es de los que cambian de chica cada noche y ni siquiera se deja ver con ellas en público. – Le advirtió Mario. – No es un mal tipo, pero tampoco es un hombre que te convenga.

–          Lo tendré en cuenta. – Le respondió Valeria zanjando la cuestión.

A Valeria no le gustó lo que Mario le había dicho sobre Jason, pero no quiso discutir por algo que no tenía ningún sentido. Además, ¿qué sabía ella sobre Jason? Absolutamente nada. Ella le había hablado de su trabajo, de su familia, de sus amigos e incluso de su pasado, pero él no había mencionado nada, ni siquiera sabía si tenía hermanos o hermanas, o si su familia vivía en Sunbeach.

–          Por ahí viene tu caballero andante. – La informó Olivia cuando vio que Jason se acercaba a dónde estaban. – Llámame en cuanto te quedes a solas, tienes que ponerme al día.

–          Eres una bruja. – Le respondió Valeria sacándole la lengua.

Justo en ese momento Jason se unió a ellos y la miró frunciendo el ceño, sin entender a qué venía aquello.

–          Solo están bromeando. – Lo sacó de dudas Mario.

Jason cruzo una mirada de complicidad con Mario y acto seguido le dijo a Valeria:

–          Nos podemos ir cuando quieras.

–          Bien, pues será mejor que nos marchemos ya. – Le respondió Valeria con una amplia sonrisa en los labios. – Os veo luego.

Tras despedirse de Mario y Olivia, Jason y Valeria se subieron a uno de los todoterreno, propiedad de la Agencia Smith, y se dirigieron a Suncity. Apenas habían pasado diez minutos cuando Jason aparcó frente a la puerta del edificio donde se encontraban las oficinas de la editorial.

–          Te acompaño, he de coger unos documentos que hemos dejado en la sala de juntas. – Le dijo Jason al mismo tiempo que salía del coche. Rodeó el vehículo con rapidez y ayudó a Valeria a salir ofreciéndole su mano. Ella se lo agradeció con una tímida sonrisa y él le preguntó: – ¿Puedo preguntarte algo?

–          Acabas de hacerlo. – Le respondió Valeria divertida. – Claro, pregunta lo que quieras, pero no te aseguro una respuesta.

–          ¿Por qué no le has dicho a Mario y Olivia que estamos trabajando juntos?

Valeria se detuvo a escasos dos metros del ascensor y se volvió para mirarlo de frente. No quería mentirle, ¿pero qué le iba a decir? No iba a confesarle que hubiera preferido mantener aquello en secreto y que nadie lo supiese porque así no tendría que dar explicaciones por algo que aún no había pasado y tampoco quería escuchar lo poco que Mario le había dicho sobre él.

–          He tenido una semana dura, apenas he hablado con ellos y supongo que se me ha debido de olvidar mencionarlo. – Mintió Valeria.

Aquello a Jason no le sentó nada bien, ¿tan insignificante era para ella que ni siquiera se acordaba de mencionárselo a sus amigos?

Jason se apresuró en entrar en la sala de juntas y cogió los documentos que supuestamente necesitaba antes de despedirse de Valeria:

–          Paso a buscarte a las siete por casa. – Su tono fue frío y distante y Valeria se percató de ello.

–          Jason, espera. – Le dijo Valeria sintiéndose mal. Pudo ver cómo sus ojos seguían de color grisáceo.

–          ¿Sí? – Le preguntó Jason al ver que se había quedado callada.

–          Tendrás que saber mi número de teléfono o en qué piso vivo para avisarme cuando llegues. – Fue lo único capaz de decir Valeria.

Jason ya sabía su teléfono y dónde vivía Valeria, pero no había conseguido esos datos de una forma demasiado ética, así que le dijo:

–          Tienes razón, dame tu número de teléfono y te llamaré cuando esté de camino.

Valeria sacó una de sus tarjetas de visita de su bolso y anotó su número de teléfono personal detrás de la tarjeta antes de entregársela a Jason.

–          Aquí tienes, nos vemos dentro de unas horas. – Se despidió Valeria al mismo tiempo que le entregaba la tarjeta.

–          Nos vemos en unas horas. – Le confirmó Jason a modo de despedida, dio media vuelta y se marchó.

Valeria se encerró en su despacho pensando que Jason había estado frío y distante con ella, pero se consoló al recordar que esa noche asistirían juntos a la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love.

Decidió llamar a Olivia y hablar con ella, necesitaba desahogarse y nadie la entendería mejor que Olivia.

–          Empezaba a pensar que tendría que torturarte para que me llamaras y me contarás qué te traes con el señor Smith. – Le dijo Olivia nada más descolgar. – Porque me llamas para hablarme de él, ¿verdad?

–          Sí, pero solo porque creo que me voy a volver loca. – Le contestó Valeria. – No sé cómo ni por qué, pero ese hombre…

–          Ese hombre te pone. – Acabó la frase Olivia. – Val, hace tres meses que lo dejaste con Brian, tienes que salir, conocer hombres y satisfacer algunas necesidades básicas, como el sexo, y Jason parece estar dispuesto a ayudarte.

–          Ya has oído lo que ha dicho Mario, es de los que se acuesta con una mujer distinta cada noche. – Se lamentó Valeria.

–          También ha dicho que no se deja ver en público con ninguna de ellas y sin embargo un pajarito me ha dicho que vas a asistir con él al aniversario de la editorial. – Le replicó Olivia.

–          Ha venido a la oficina todos los días a última hora de la tarde para acompañarme a casa, la verdad es que si no hubiera sido por él creo que me habría tirado por la ventana, esta semana ha sido una locura. – Le explicó Valeria. – Lo tengo metido en mi cabeza día y noche, me mira y me hipnotiza hasta volverme torpe, esto no es sano, Oli. Pero tampoco estoy dispuesta a alejarlo, más bien todo lo contrario. ¿Qué se supone que debo hacer?

–          Por una vez en tu vida, deja de planear al segundo lo que vas a hacer y déjate llevar, disfruta del presente sin pensar demasiado en el futuro, lo que tenga que ser será. – Le respondió Olivia.

–          ¿Puedo pedirte algo?

–          No hace falta, seré una tumba. – Le dijo Olivia sabiendo que su amiga le iba a pedir que no dijera nada y fuera discreta con ese asunto.

–          Te quiero, Oli. – Se despidió Valeria. – No sé qué haría sin ti.

–          Te aburrirías. – Le dijo Olivia divertida y añadió antes de colgar: – Ponte un vestido sexy, así te aseguras de que Jason no se separe de ti en toda la noche.

Valeria se despidió de Olivia y decidió ponerse a trabajar. El próximo lunes iba a tener que dejar su despacho y quería asegurarse de dejarlo todo en orden.

Confía en mí 4.

Confía en mí

Vladimir condujo el todoterreno sin apartar la vista de la carretera salvo para cruzar alguna que otra mirada con Jason por el retrovisor. Vladimir no sabía qué pensar, su amigo y jefe parecía haberse vuelto loco por esa mujer, había aceptado un repentino encargo solo por tener la ocasión de estar con ella, incluso le había pedido que la investigara.

–          Estamos entrando en Suncity, ¿hacia a dónde me dirijo? – Preguntó Vladimir tomando la salida de la autopista para incorporarse al tráfico de la ciudad.

–          Déjanos en la Avenida Principal. – Le indicó Jason.

Apenas dos minutos más tarde, Jason y Valeria se apeaban del todoterreno en la Avenida Principal y, antes de despedirse, Jason le dijo a Vladimir:

–          Encárgate de informar a Klaus, quiero a los equipos preparados y en Suncity el sábado a mediodía. – Le miró directamente a los ojos y añadió: – Continúa con la investigación que te pedí, quiero saberlo todo.

A Vladimir no le hizo falta que le diera más detalles, quería que averiguase si Valeria Mancini estaba soltera.

Jason podría haberle preguntado a Mario todo lo que quería saber y, aunque estaba seguro de que no contestaría a todas sus preguntas, sí que le sacaría de muchas dudas. Pero Jason quería mantener al margen de todo esto a Mario, le había dejado muy claro que Valeria era como una hermana pequeña y si le preguntaba cualquier cosa sobre ella probablemente Mario alertara a Valeria sobre su reputación. Nunca se había escondido de ser quién era, Jason siempre se había mostrado claro y directo con las mujeres, les dejaba muy claro lo que quería y les advertía que él no era uno de esos hombres que se casaba y formaban una familia. Y tampoco le gustaba dejarse ver en público con ninguna de sus amantes. Por su trabajo, Jason debía ser un hombre discreto, los escándalos podían dañar la reputación de la Agencia y la suya propia. Pero estaba rompiendo todas las reglas solo por estar con Valeria. Vladimir tenía razón, esa mujer lo había vuelto loco, le tenía bajo su hechizo.

–          Tú conoces la ciudad mejor que yo, ¿tienes alguna sugerencia para ir a comer a un buen restaurante? – Le preguntó Jason a Valeria.

–          Mi restaurante favorito está a un par de calles de aquí, es un restaurante argentino especializado en carnes a la brasa. – Le respondió Valeria. – Si te apetece, podemos ir.

A Valeria le encantaba ir a comer a La Patagonia, pero a Brian nunca le terminó de convencer ese restaurante y siempre trataba de disuadirla cuando proponía ir a comer allí.

–          Suena genial, vamos allí. – Concluyó Jason.

Valeria llevó a Jason a La Patagonia y ambos se sentaron a comer en una de las mesas más retiradas del local. Jason cogió la carta, echó un vistazo a los platos y le preguntó a Valeria:

–          ¿Qué me sugieres que pida?

–          Siempre que vengo pido el solomillo “Angus”, pero cualquier cosa que pidas estará buena. – Le aseguró Valeria con una amplia sonrisa en los labios.

Cuando el camarero se acercó a tomarles nota Jason pidió dos solomillos “Angus” y una botella de vino tinto Malbec para acompañar.

–          ¿Cuánto tiempo hace que vives aquí? – Le preguntó Jason por entablar una conversación pese a que ya conocía la respuesta.

–          Me mudé a Suncity cuando cumplí los dieciocho años y me matriculé en la Universidad de la ciudad. Durante el último año de carrera hice las prácticas en Editorial Love y cuando me licencié me ofrecieron trabajo, así que aquí me quedé. – Le empezó a decir Valeria más relajada sin la presencia intimidatoria de Vladimir. – Pero echo de menos a mi familia y a mis amigos y, si todo va bien, pronto regresaré a mis adoradas tierras del sur.

–          ¿Vas a regresar a Sunbeach? – Preguntó Jason encantado con la noticia.

–          Sí, si todo surge según lo previsto. – Respondió Valeria sin querer dar más detalles. – Te lo confirmaré en el aniversario de Editorial Love.

–          Tu familia y tus amigos estarán contentos, ¿no?

–          Eres la primera persona a quien se lo digo. – Le confesó Valeria.

–          ¿Hay algún motivo, además de que echas de menos a tu familia y amigos, para que quieras dejar Suncity y tu trabajo en Editorial Love? – Le preguntó Jason frunciendo el ceño con preocupación y Valeria pudo ver como el color azul de sus ojos se desvanecía y en su lugar aparecía un tono gris perturbador.

–          Grace y Charles hace tiempo que planean abrir una delegación en Sunbeach pero debido al tiempo y dinero que requiere lo han ido aplazando. – Le comenzó a explicar Valeria sintiéndose cómoda con él. – Esta mañana me ha ofrecido dirigir la nueva delegación en Sunbeach y he aceptado. Grace quiere hacerlo oficial durante la fiesta del aniversario y no quiero decir nada hasta entonces, por si algo sale mal.

–          Lo entiendo, quieres que todo sea seguro para generar expectativas a tu familia. – Concluyó Jason. Y, como la vio relajada y habladora, aprovechó para preguntar: – ¿Y qué opina tu novio de que te mudes a Sunbeach?

Valeria abrió la boca para mencionar a Brian, pero la volvió a cerrar en el momento en que pensó lo que había estado a punto de decir. A pesar de que ya había terminado con aquella relación, había momentos en los que seguía pensando en él como su novio, era algo normal después de haber pasado los últimos dos años y medio con él. Valeria sonrió para salir del paso y le respondió:

–          No tengo novio, lo único que me retiene aquí es mi trabajo que me encanta.

Jason le devolvió la sonrisa, por fin había escuchado lo que tanto deseaba oír. Pensó que ese Brian Adams con el que Valeria aparecía en muchas fotos de internet de eventos a los que asistía quizás solo fuera un amigo o un ex novio. En cualquier, caso se alegró de que no hubiera nada que la retuviera en Suncity.

Mientras comían, Valeria le habló de sus amigos, le contó divertidas anécdotas de su infancia y adolescencia en Smalltown.

–          ¿Tienes hermanos? – Le preguntó Jason.

–          Tengo una hermana dos años mayor que yo, está casada y tiene una hija de tres años, mi querida ahijada Lía. – Le contó Valeria. – El mes que viene es su cumpleaños y esta semana me lo ha recordado cada vez que me ha visto, no quiere que me pierda su fiesta de cumpleaños y yo tampoco me la perdería por nada del mundo.

–          ¿Te gustan los niños? – Le preguntó Jason y se arrepintió en ese mismo momento.

–          No especialmente, pero Lía es distinta. A pesar de sus tres años, te sorprendería lo lista, pícara y lógica que es. – Le contestó Valeria sonriendo al recordar las travesuras de su sobrina. – No descarto tener hijos en un futuro, pero tampoco se me ha despertado el instinto maternal por el momento. Y a ti, ¿te gustaría tener hijos?

–          Si te soy sincero, nunca me lo he planteado. – Respondió Jason encogiéndose de hombros. No estaba preparado para contestar preguntas que jamás se había planteado, así que decidió cambiar de tema. – En este restaurante se come genial, ten por seguro que regresaré cuando venga a Suncity.

–          Me alegro de que te haya gustado. – Le dijo Valeria sonriendo coquetamente.

Puede que fuera el efecto del Malbec, pero se sentía cómoda y relajada, se sentía segura con Jason, a pesar de que prácticamente era un extraño.

Cuando terminaron de comer eran las seis de la tarde y ya casi era de noche, así que Jason se ofreció a acompañar a Valeria a su casa. Jason paró a un taxi libre cuando salieron del restaurante y Valeria se alegró de no ver allí a Vladimir, quería seguir estando a solas con Jason un poco más antes de despedirse.

Se subieron al taxi y en diez minutos llegaron al edificio donde vivía Valeria. Jason abrió la puerta del vehículo y antes de bajar le dijo al taxista:

–          No pare el taxímetro, en seguida regreso.

Jason salió del vehículo y le tendió la mano a Valeria para ayudarla a salir. Ambos se dedicaron una tímida sonrisa y caminaron despacio hacia el portal del edificio.

–          Ya hemos llegado. – Anunció Valeria al llegar al portal. No quería despedirse tan pronto de Jason, así que, para alargar la despedida, empezó a decir: – Gracias por llevarme a mi restaurante favorito, por invitarme a comer y por el agradable rato que me has hecho pasar, al final me he olvidado de todas mis preocupaciones del trabajo.

–          Ha sido un placer. – Le respondió Jason. – Cuando te mudes a Sunbeach te llevaré a mi restaurante favorito. Pasaré mañana a primera hora por la editorial, necesitaré los planos de la masía para empezar con la organización. Charles nos ha ofrecido una de las salas de juntas para reunirnos allí con los agentes, así que nos veremos todos los días en Editorial Love.

–          Hasta mañana, entonces. – Se despidió Valeria tratando de ocultar la absurda tristeza que sentía al pensar en alejarse de él aunque solo fueran unas horas. – Buenas noches, Jason.

–          Buenas noches, Valeria. – Le respondió Jason con una amplia sonrisa. Le dio un beso muy cerca de la comisura de los labios y añadió: – Hasta mañana.

Valeria asintió con la cabeza, dio media vuelta y se adentró en el portal del edificio para dirigirse a su apartamento.

Jason la observó hasta que la vio entrar en el ascensor, regresó al taxi y le pidió al taxista que le llevara al hotel donde se hospedaba. Allí se encontró con Vladimir y su cara de pocos amigos.

–          Te has vuelto loco. – Le espetó Vladimir en cuanto Jason apareció en la suite.

–          Podemos arreglárnoslas. – Le restó importancia Jason.

–          Es un espacio muy grande, con muchos invitados y muchos empleados, no podemos organizarlo todo en cinco días. – Le espetó Vladimir. – No entiendo por qué haces todo esto por una cría que apenas conoces y a la que le sacas diez años.

–          Casi once años, para ser exactos. – Le replicó Jason burlonamente. Pero acto seguido frunció el ceño y le preguntó a Vladimir: – ¿Crees que ella está al tanto de nuestra diferencia de edad? ¿Podría suponerle un problema?

–          Se te ha ido la olla, tío. – Dijo Vladimir ladeando la cabeza con resignación. – Esa chica te tiene idiotizado, aceptas encargos imposibles, me haces quebrantar mil leyes para investigarla y todo ¿para qué? ¿Para echar un polvo? No necesitas hacer todo esto para echar un polvo, puedes tener a mil chicas como ella que estarían encantadas de meterse en tu cama sin tener que pasar por todo esto.

–          Puede que sea así, pero ninguna de esas chicas me interesa. – Le respondió Jason con voz calmada. – No sé qué tiene Valeria, pero nunca me había atraído tanto una mujer y, antes de que digas nada, no se trata de sexo. – Vladimir le miró alzando las cejas con escepticismo y Jason le aclaró: – No se trata solo de sexo. Me gusta poder hablar con ella de cualquier cosa y que se muestre tan sincera y natural, no es como el resto de las chicas con las que suelo tratar. A Valeria quiero seducirla, no echar un polvo con ella y fingir que no la conozco.

–          Aunque cambiaras de opinión, ya es demasiado tarde para echarnos atrás. – Concluyó Vladimir. – Pero si me permites un consejo, la próxima vez que quieras seducir a una mujer inténtalo con el método tradicional: te presentas, le pides su número de teléfono, la invitas a cenar, a bailar, le envías un ramo de flores o cualquiera de esas cosas que suele hacer la gente normal.

–          Creo que intimidas a Valeria, le das un poco de miedo. – Le dijo Jason ignorando todo lo que Vladimir le acababa de decir.

–          Vale, haz lo que te dé la gana. – Se resignó Vladimir.

A la mañana siguiente, Valeria se levantó más temprano de lo habitual y a las seis y media ya estaba en la oficina. Por supuesto, allí no había ni un alma. Se encerró en su despacho y continuó poniéndose al día con el correo electrónico y no se dio cuenta de la hora que era hasta que Nadia entró en su despacho y le dio los buenos días:

–          Buenos días, Val. – La saludó Nadia. – ¿Qué tal fue ayer con el director de la agencia de seguridad? ¡Menudo bombón! Ya le conocías de antes, ¿verdad?

–          Buenos días, Nadia. – Le devolvió el saludo Valeria sonriendo divertida ante las preguntas de su asistente. – Ayer fue muy bien con el director de la agencia de seguridad y sí, es un bombón. Y sí, le conocí el viernes en la inauguración de un pub en Sunbeach.

–          Se nota que le gustas, deberías aprovechar esa oportunidad y darle una alegría al cuerpo que ya le va haciendo falta. – Se mofó Nadia.

–          Trabajo y placer, mal negocio. – Le recordó Valeria. Y, aprovechando aquella amena conversación, le preguntó cómo quién no quiere la cosa: – Nadia, tú también eres del sur, ¿no echas de menos tu tierra y a tu gente?

–          Todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto. – Le contestó Nadia. – Pero en Suncity era más fácil conseguir un buen trabajo así que aquí estoy. Siempre he tenido la intención de regresar, sobre todo después de dejarlo con mi ex, pero ha pasado un año y aquí sigo.

–          Si consiguieras un buen trabajo en Sunbeach, ¿te trasladarías allí?

–          Os echaría a todos mucho de menos pero sí, viviendo en Sunbeach solo estaría a una hora en coche de casa de mis padres. – Le respondió Nadia. – ¿A qué viene todo esto?

–          Nada, simple curiosidad. – Le contestó Valeria. – Me pongo un poco melancólica después de venir de visita de casa de mis padres.

–          A mí también me ocurre lo mismo. – Le respondió Nadia y la abrazó con ternura.

Nadia regresó a su mesa y Valeria se quedó en su despacho para seguir revisando el correo hasta que, pocos minutos después, alguien llamó a la puerta de su despacho.

–          Adelante.  – Invitó a pasar Valeria pensando que se trataba de Grace.

–          Buenos días, Valeria. – La saludó Jason tras abrir la puerta. – Solo quería pasar a saludarte y a preguntarte si ya tienes los planos de la masía.

–          Sí, aquí mismo los tengo. – Le respondió Valeria entregándole los planos. – Estaré por aquí, avísame si necesitas cualquier cosa.

–          Gracias. – Le respondió Jason mientras cogía los planos que Valeria le entregaba y le dedicó una seductora sonrisa antes de marcharse.

A las diez de la mañana alguien volvió a llamar a la puerta de su despacho, esta vez se trataba de Grace. Tras saludarla, se sentó en el sillón de en frente y le preguntó a Valeria:

–          ¿Has estado pensando en tu nuevo proyecto?

–          Sí, de hecho, no he podido dejar de pensar en ello. – Le confesó Valeria. – Grace, ¿hay algún problema si le pido a Nadia que venga conmigo a Sunbeach? No me gustaría tener que buscar otra asistente y probablemente Nadia acepte la propuesta, ella también tiene a su familia en el sur y en Sunbeach estaría más cerca de ellos.

–          No hay ningún inconveniente, Val. – Le aseguró Grace. – Vas a ser la directora de la delegación de Sunbeach, eres tú quién debe decidir a quién contratar, vas a ser tú la que tenga que trabajar día tras día con esas personas.

–          Entonces, ¿puedo hablar con Nadia y ofrecerle el puesto en Sunbeach?

–          Por supuesto, Val. Tanto Charles como yo queremos que estés cómoda y a gusto en tu nueva oficina. – Le confirmó Grace. – Por cierto, ¿qué tal con Jason Smith? No sabía que le conocías.

–          Lo conocí el viernes pasado, Mario Colucci nos presentó.

–          ¿Tu amigo Mario? Empiezo a creer que en Sunbeach todos los hombres son muy atractivos. – Bromeó Grace, que conocía a Mario de algunas veces que había ido a visitar a Valeria a Suncity. – Charles está reunido con Jason Smith, hemos tenido mucha suerte en que aceptara este encargo con tan poco tiempo, espero que aquí tengan espacio suficiente para reunirse con sus hombres.

–          Le he dicho al señor Smith que me avise si necesitan cualquier cosa. – Le dijo Valeria.

–          Bien hecho, necesitamos que trabajen cómodamente. – Le respondió Grace poniéndose en pie. – Te dejo que continúes trabajando y, si me permites un consejo, habla con Nadia antes de que se entere como todos los demás en el aniversario de Editorial Love.

Valeria asintió con la cabeza y Grace salió de su despacho sonriendo, así era Grace. Valeria decidió seguir su consejo y llamó a Nadia a su despacho.

–          ¿Ocurre algo? – Preguntó Nadia cuando Valeria le dijo que cerrara la puerta y se sentara en el sillón.

–          Grace y Charles van a abrir una delegación en Sunbeach y me han ofrecido el puesto de directora, quieren que me encargue de ponerla en funcionamiento y que la dirija. – Le empezó a explicar Valeria a Nadia. – Y, si quieres, me encantaría que vinieras conmigo.

Nadia miró a Valeria sin creerse lo que acababa de oír.

–          ¿Me estás ofreciendo este mismo puesto de trabajo en Sunbeach? – Quiso asegurarse Nadia.

–          En realidad, seguirás con el mismo contrato, pero tu oficina se ubicaría en otra ciudad, así que mantendrías la antigüedad y una bonificación por el traslado. – La informó Valeria.

–          ¡Por supuesto que acepto! – Exclamó Nadia emocionada arrojándose a los brazos de Valeria. – ¿Cuándo nos trasladaremos?

–          Grace quiere que nos pongamos a ello después del aniversario de Editorial Love. – Le contestó Valeria. – Darán la gran noticia durante la fiesta del aniversario, hasta entonces tendrás que ser discreta.

Ambas continuaron con sus tareas, tenían que ocuparse de todo el trabajo atrasado antes del aniversario de la editorial, quería dejarlo todo bien atado.

Confía en mí 3.

Confía en mí

Valeria regresó a Suncity el domingo por la tarde. El lunes llegó a la oficina a las siete en punto de la mañana, pero allí no había ni un alma. Nadia, su asistente, no llegaba hasta las siete y media o las ocho; Grace y Charles llegaban entre las ocho y las nueve de la mañana; y el resto de empleados también empezaban su jornada entre las ocho y las nueve de la mañana. Entró en su despacho, encendió el ordenador y empezó a ponerse al día con el correo electrónico.

A las ocho menos cuarto de la mañana llegó Nadia y fue directa al despacho de Valeria para saludarla:

–          ¡Valeria! ¿Qué tal han ido las vacaciones? – Le preguntó Nadia entrando en su despacho y abrazándola. – Te he echado de menos, ¡no sé cómo no te vuelves loca con tanto trabajo! He estado una semana sin ti y creía que me iba a dar algo.

–          ¿Tan malo ha sido? – Le preguntó Valeria sorprendida.

–          Un caos. – Le confesó Nadia sentándose en la silla de enfrente. – La empresa decoradora que hemos contratado para el aniversario de Editorial Love ha decorado el salón completamente de rosa, ¡a Grace casi le da un síncope cuando lo vio el viernes! Poco le faltó para despedirla y se ha negado a tratar con ella, así que ese marrón te toca comértelo a ti.

–          Empezamos bien la semana. – Comentó Valeria con ironía.

–          Pues eso no es todo. – Le continuó informando Nadia. – Charles ha decidido cambiar de agencia de seguridad en el último momento por un pequeño altercado que ha habido y del cual no he sido del todo informada y el director de la agencia de seguridad se ha comprometido a supervisar la seguridad del evento personalmente y, ¿adivinas a quién le ha tocado hacerse cargo de él?

–          No me lo digas, a mí. – Dijo Valeria tras resoplar.

–          Exacto. – Le confirmó Nadia. – Por cierto, tienes una reunión con él a las doce.

–          Va a ser un lunes emocionante. – Ironizó Valeria.

Se dirigieron al office mientras se ponían al día rápidamente y, tras tomarse un café rápido, Valeria regresó a su despacho, tenía mucho por hacer.

Grace y Charles Stuart llegaron a la oficina cuando ya eran pasadas las nueve de la mañana y ambos traían una amplia sonrisa dibujada en la cara. Nada más llegar, saludaron a Nadia y se asomaron al despacho de Valeria también para saludarla.

–          ¡Valeria, querida! – Exclamó Grace abrazándola con cariño. – ¿Te han ido bien las vacaciones?

–          ¡Hola Grace! – La saludó Valeria. – Las vacaciones me han venido genial, aunque tengo entendido que por aquí las cosas se han complicado un poco.

–          ¿Un poco? – Le preguntó Charles a su esposa arqueando las cejas incrédulo. – Ha ocurrido un desastre seguido de otro, esto parecía un campo de batalla.

–          Hemos tenido problemas con la decoradora y con la empresa de seguridad que habíamos contratado. – La informó Grace. – Por suerte, Charles ha conseguido que una de las mejores agencias de seguridad del país acepte el encargo con tan poco tiempo de margen para organizarse.

–          ¿Es que no pensáis explicarme qué ha ocurrido con nuestra agencia de seguridad habitual? – Preguntó Valeria arqueando las cejas.

–          Han filtrado información sensible de la editorial, han incumplido el contrato de confidencialidad y los hemos despedido. – La informó Charles. – Un amigo me recomendó la agencia Smith, así que llamé y les puse al tanto de la situación, pero me dijeron que había muy poco margen de tiempo para organizar la estructura de seguridad de un evento tan grande. Prácticamente les supliqué y debí darle pena al director, porque el sábado me llamó y me confirmó que se harían cargo de la seguridad del evento y que él mismo se encargaría personalmente de dirigir y supervisar a su equipo.

–          La agencia tiene la sede en Sunbeach, pero trabaja en todo el país. – Apuntó Grace.

–          ¿De Sunbeach? – Se sorprendió Valeria. – ¡Qué coincidencia!

Aquello no era ninguna coincidencia, pero Valeria no conocía ninguno de los detalles que podían haberla hecho sospechar.

–          Tienes una reunión con él a las doce. – La informó Charles. – Quiere conocer todo el recinto donde se va a celebrar el aniversario de Editorial Love y no hay nadie mejor que tú para enseñárselo.

–          ¿Qué hay de la decoradora? – Preguntó Valeria sabiendo la respuesta de antemano.

–          No puedo con ella, es una incompetente. – Dijo Grace teatralmente. – Pero no puedo echarla porque sería imposible encontrar a otra decoradora a estas alturas.

–          De acuerdo, veré qué puedo hacer para que el aniversario de la editorial no parezca la fiesta de cumpleaños de Tarta de Fresa. – Se mofó Valeria.

–          Parece que te han sentado muy bien esas vacaciones en Sunbeach. – Comentó Grace mirando a Charles con complicidad. – Siempre que vas a Sunbeach de visita se te ve más feliz y contenta. ¿Qué tal te ha ido por allí?

–          Muy bien, no me doy cuenta de lo mucho que echo de menos Smalltown hasta que voy de visita. – Le contestó Valeria sonriendo con nostalgia. – Echo de menos a mi familia y a mis amigos.

–          Queremos proponerte algo, Valeria. – Le dijo Charles con seriedad. – Hace tiempo que queremos abrir una delegación de Editorial Love en el sur del país, concretamente en Sunbeach, pero lo hemos ido aplazando ya que el proyecto requería dejar a alguien de plena confianza al cargo de la gestión y, hasta ahora, no conocíamos a nadie plenamente cualificado a quien confiarle el proyecto y que ambos estuviéramos puesto de acuerdo. Y digo hasta ahora porque ya lo hemos encontrado, queremos que seas tú, Valeria.

Valeria se quedó muda. Repasó mentalmente lo que acababa de decir Charles y, cuando confirmó que le había entendido bien, decidió asegurarse de ello:

–          ¿Me estás diciendo que quieres abrir una delegación en Sunbeach y quieres que yo me haga cargo de ella?

–          Así es, si tú estás dispuesta a asumir el cargo de directora, claro. – Le confirmó Charles sonriendo.

–          ¡Por supuesto que sí! – Exclamó Valeria sin acabar de creérselo mientras se arrojaba a los brazos del matrimonio Stuart. – ¿Cuándo empezaríamos?

Durante las siguientes dos horas, Charles y Grace pusieron a Valeria al corriente de la situación. Llevaban años estudiando la posibilidad de hacer crecer la editorial, confiaban en Valeria y estaba totalmente capacitada para asumir su nuevo puesto como directora. Además, el matrimonio Stuart le ofreció un 20% de las acciones de la editorial, más un considerable aumento de sueldo. Querían que la nueva delegación en Sunbeach estuviera en funcionamiento cuanto antes, por lo que decidieron que, una vez pasado el veinticinco aniversario de la editorial, Valeria se trasladaría a Sunbeach para encargarse de buscar las nuevas oficinas y empezar a contratar al personal necesario.

Tan concentrados estaban hablando de la nueva delegación de la editorial que ninguno de los tres se dio cuenta de la hora que era hasta que Nadia llamó a la puerta del despacho de Valeria y anunció con el rubor todavía en las mejillas:

–          El señor Smith está aquí, ¿le digo que espere y que en seguida le haréis pasar? – Nadia vio la confusión en el rostro de Valeria y le aclaró – El señor Smith es el director de la agencia de seguridad que habéis contratado para el aniversario de Editorial Love.

–          Oh, claro. – Reaccionó Valeria. – Dame dos minutos, por favor. En seguida salgo a recibirle.

Nadia asintió, salió del despacho de Valeria y cerró la puerta tras de sí. Grace se volvió a mirar a Valeria y le dijo:

–          Anunciaremos la creación de la nueva delegación y tu ascenso en el aniversario de Editorial Love, si te parece bien.

–          Me parece estupendo. – Le confirmó Valeria emocionada con la noticia.

–          En ese caso, será mejor que recibamos al señor Smith. – Comentó Charles.

Jason Smith estaba sentado en uno de los sillones de la sala de espera, esperando a que Charles Stuart le recibiera. Jason había recibido la llamada de Charles el viernes pasado y le había contado lo ocurrido con la agencia de seguridad que habían contratado. Se trataba de un evento importante y con muy poco margen de tiempo para organizar la seguridad, así que trató de rechazar el encargo, pero Charles parecía tan desesperado que le dijo que le diera un par de días para ver qué podía hacer. Lo cierto era que no tenía ningún interés en aceptar el trabajo, pero le supo mal darle un no por respuesta sin ni siquiera intentarlo. Aunque el verdadero motivo por el que estaba en las oficinas de Editorial Love era otro bien distinto. Había conocido a Valeria el mismo viernes por la noche y su obsesión por ella le había llevado a investigarla o, mejor dicho, a pedirle a Vladimir, su amigo y su mano derecha, que lo averiguara todo sobre ella. En cuanto descubrió que Valeria trabajaba en la editorial de Charles, se puso en contacto con él, aceptó el trabajo y le aseguró que supervisaría personalmente el evento, así se aseguraba de coincidir con Valeria.

Charles fue el primero en salir del despacho, seguido de Grace y Valeria. Jason se puso en pie y saludó a Charles sin percatarse de que Valeria también estaba allí presente.

–          Señor Smith, muchísimas gracias por aceptar hacerse cargo de la seguridad del evento con tan poco tiempo de margen. – Lo saludó Charles. – Le presento a mi esposa Grace y a Valeria Mancini, que se encarga de la organización del aniversario de Editorial Love, además de ser nuestra mejor editora. – Se volvió hacia su esposa Grace y Valeria y añadió: – Queridas, os presento al señor Smith, el director de la Agencia Smith.

–          Encantada, señor Smith. – Lo saludó Grace estrechándole la mano. – Muchas gracias por asumir este reto, sabemos que no va a ser fácil con tan poco tiempo.

Mientras Grace saludaba a Jason, Valeria se quedó estupefacta. ¿Qué hacía allí Jason, el amigo de Mario? Su mirada se encontró con la de Jason que, tras dedicarle una amplia sonrisa, le dijo:

–          Me alegro de volver a verte, Valeria. – Le plantó un par de besos en la mejilla y añadió con un tono de voz que a ella le pareció de lo más sensual – No sabía que trabajas en Editorial Love.

–          Ya ves, el mundo es un pañuelo. – Fue lo único que pudo decir Valeria en ese momento, todavía estaba tratando de asimilar que tuviera a Jason delante.

–          ¿Os conocéis? – Preguntó Grace sorprendida.

–          Sí, un amigo en común nos presentó el otro día. – Le respondió Jason sin dar demasiada información pero sin parecer grosero.

–          Bueno, os dejamos trabajar. – Concluyó Charles. – Valeria, avísame si surge cualquier imprevisto.

–          Nos vemos mañana, Val. – Se despidió Grace con un breve abrazo.

Jason se sorprendió al descubrir la familiaridad con la que el matrimonio Stuart trataba a Valeria, más que una empleada parecía la hija de ambos.

–          ¿Te encuentras bien? – Le preguntó Jason preocupado al ver que Valeria parecía tener la cabeza en cualquier parte menos allí.

–          Sí, perdona. – Le contestó forzando una sonrisa. – No sabía que tenías una empresa de seguridad.

–          Yo tampoco sabía que eras editora. – Mintió Jason. – Ha sido una agradable sorpresa verte de nuevo.

–          Será mejor que nos pongamos a trabajar, tenemos mucho trabajo por hacer y muy poco tiempo. – Le dijo Valeria evitando mirarle a la cara para no perderse en la intensidad del color gris azulado de sus ojos. – Si te parece bien, podemos ir al recinto donde celebraremos el aniversario de la editorial, así tú conoces el lugar y yo podré ver con mis propios ojos el supuesto desastre con la decoración. – Se volvió hacia a Nadia y le dijo todavía medio aturdida: – Me voy con el señor Smith, Nadia. Avisa a la decoradora que vamos hacia el recinto, quiero que esté allí cuando lleguemos.

–          Recuerda que no estamos a tiempo de buscar a otra decoradora. – Le susurró Nadia a Valeria, conociendo el genio que se gastaba.

Valeria resopló, ya estaba bastante nerviosa con tener que afrontar todo lo que se le venía encima como para que también tuviera que hacerlo bajo la total atención de Jason que tanto la desconcertaba, la confundía y la hipnotizaba.

Valeria cogió su bolso, se despidió de Nadia y salió de la oficina con Jason. Una vez en la calle, Jason colocó su mano sobre la parte baja de la espalda de ella y le dijo casi en un susurro:

–          Vladimir nos llevará. – Valeria le miró confundida y Jason le aclaró – Vladimir es mi mano derecha, además de un buen amigo. Está allí.

Jason señaló a un hombre de dos metros de alto y una espalda de uno de ancho que había apoyado en un todoterreno negro y Valeria se tensó, aquel tipo intimidaba con tan solo mirarle y, por si fuera poco, tenía unas facciones duras y marcadas que le hacían parecer un mafioso ruso.

–          Vladimir es de absoluta confianza, intimida un poco pero es un buen tipo. – Le dijo Jason mientras la guiaba hacia el coche donde les esperaba Vladimir y, una vez llegaron junto a él, Jason hizo las presentaciones oportunas. – Valeria, te presento a Vladimir Ivanov, mi mano derecha. Vladimir, te presento a la señorita Valeria Mancini que, por lo que he podido comprobar, es la mano derecha de los Stuart.

Vladimir le ofreció la mano a Valeria y ella se la estrechó un tanto desconfiaba, no podía evitar sentirse intimidada por él. Vladimir abrió la puerta trasera del coche y le hizo un gesto a Valeria para que subiera. Después intercambió una mirada cómplice con Jason y meneó la cabeza de un lado a otro con incredulidad. Vladimir estaba al tanto de las intenciones de Jason. Él mismo le había pedido el sábado anterior que investigara a Valeria Mancini y dos días después estaban en la otra punta del país aceptando un encargo de la editorial donde ella trabajaba solo porque quería volver a verla. Conocía a Jason desde hacía años y él nunca había actuado así. Con su atractivo físico y su carisma, podía conseguir a la mujer que quisiera y nunca se había interesado por ninguna en particular, hasta el momento. Sin embargo, desde que Jason había conocido a Valeria la noche del viernes, se había saltado su única regla: no mezclar los negocios con el placer. Nunca antes se había involucrado profesionalmente con ninguna de las muchas mujeres con las que había salido, todas ellas relaciones esporádicas con las que jamás aparecía en público. Vladimir le había advertido a su amigo que todo aquello era una locura, pero Jason no había querido ni escucharle.

–          ¿Hacia a dónde me dirijo? – Preguntó Vladimir mirándoles por el retrovisor.

–          Tienes que coger la autopista del norte hasta la salida 15, después yo misma te guío hasta la masía donde se va a celebrar el evento. – Le respondió Valeria un poco más tranquila.

Jason la miró y le dedicó una sonrisa que hizo que a Valeria le temblaran hasta las pestañas, no acababa de acostumbrarse a la intensidad con la que los ojos de Jason la miraban.

En apenas quince minutos llegaron a la masía de campo donde se iba a celebrar el veinticinco aniversario de Editorial Love y Jason admiró el lugar en silencio. Sin lugar a dudas, aquella masía era un lugar perfecto para organizar un evento como el que iban a organizar.

–          ¿Qué os parece? – Preguntó Valeria a los dos hombres que continuaban contemplando la masía en absoluto silencio.

Vladimir miró a Jason, negó con la cabeza y trató de no sonreír sin conseguirlo. Jason se volvió hacia a Valeria, le dedicó una amplia y seductora sonrisa y le contestó:

–          Es un lugar magnífico, pero bastante más grande de lo que habíamos imaginado. – Lo pensó durante un minuto y añadió – Vamos a tener más trabajo del que pensábamos, que ya era bastante, pero estoy seguro de que todo saldrá bien.

–          ¿Los invitados también se hospedarán en las habitaciones de la masía? – Quiso preguntar Vladimir.

–          No, no había suficientes habitaciones en la masía así que reservamos un hotel situado a unos 5 km de distancia. – Le respondió Valeria. – Solo nos hospedaremos en la masía los empleados de Editorial Love, algunos familiares y amigos y, si así lo queréis, vuestro equipo de seguridad también puede quedarse. Podéis echar un vistazo por la masía y los alrededores para familiarizaros con el terreno, mañana os daré una copia de los planos y espero que con eso ya podáis empezar.

–          ¿Puedo preguntar qué ha pasado con la otra empresa de seguridad que habíais contratado? – Preguntó Vladimir.

–          No lo sé con exactitud, pero según parece incumplieron el contrato de confidencialidad y pusieron en riesgo información comprometida de Editorial Love. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – Los abogados de la editorial ya se están encargando del asunto.

Vladimir asintió, se mostraba serio y de pocas palabras, aunque en realidad era un tipo muy divertido, pero su apariencia de mafioso ruso intimidaba a cualquiera que no le conociera.

Valeria les dejó recorrer el terreno mientras ella se adentraba en la masía en busca de Elsa Claims, la decoradora. Le había dado instrucciones muy concisas y precisas y, según le había dicho Grace, había convertido la masía en la casa de Tarta de Fresa.

Entró en el hall, vio a Elsa hablando con uno de los técnicos de sonido y la observó mientras se acercaba a ella.

Elsa es una mujer muy atractiva, es alta y delgada, con una larga melena de color dorado y los ojos de un color verde intenso. Siempre va vestida muy exuberante, enseñando el canalillo y una parte considerable de sus pechos.

Cuando Valeria traspasó la puerta del hall que daba acceso al salón principal de la masía y lo vio todo completamente rosa, casi le dio un síncope. Valeria pensaba que Grace había exagerado con los nervios de la cercanía del evento y las diversas dificultades que habían sufrido en su ausencia de vacaciones obligadas, pero lo cierto es que se había quedado corta. Las cortinas que cubrían los ventanales eran de color rosa pastel, al igual que las paredes, los manteles de las mesas y el tapizado de las sillas. Era como si alguien hubiera puesto una bomba de pintura rosa en medio del salón y la hubiera hecho explotar. Elsa debió de apreciar el gesto de horror que puso Valeria cuando vio el salón, así que trató de adelantarse:

–          ¡Señorita Mancini! Ya sé que no es lo que buscabais, pero os aseguro que estará todo cambiado y listo antes del sábado.

–          No pienso esperar al sábado para encontrarme otra horterada como esta. – Le espetó Valeria horrorizada. – El miércoles quiero que esté todo como te pedí, no como si hubiera estallado una maldita bomba rosa en mitad del salón.

–          Pero…

–          ¡Ni peros ni nada! – Estalló Valeria furiosa. – Era muy sencillo, tenías que ceñirte a lo que te dijimos, tonos negros y dorados. Y en lugar de eso me encuentro en el puto salón del castillo de la princesa Pink. Si el miércoles no está todo como debe estar, te demandaremos.

Elsa Claims asintió con la cabeza, se disculpó con Valeria y se marchó de la masía. Valeria nunca había estado tan furiosa, no era una persona prepotente ni borde, más bien todo lo contrario, pero aquello ya era demasiado. La decoradora había hecho lo que le había dado la gana y había ignorado las premisas que le habían impuesto y, en vez de estar trabajando para solucionarlo, se la encontraba coqueteando con uno de los técnicos de sonido.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Jason entrando en el salón al escuchar los gritos de Valeria.

–          No, nada va bien. – Resopló Valeria. – ¿Has visto el salón? ¡Es horrible!

–          Tendría que tratar de restarle importancia, pero es horrible lo mires por donde lo mires, no hay por dónde cogerlo. – Se mofó Jason. – Y tienes razón, parece que ha estallado una bomba de pintura rosa en mitad del salón.

–          No te rías, no tiene ninguna gracia. – Protestó Valeria sin poder evitar sonreír. – Grace está histérica, ni siquiera quiere hablar con la decoradora y la verdad es que no es para menos.

–          Habéis tenido una semana caótica por lo que me cuentas. – Comentó Jason.

–          En realidad, yo no he sufrido la semana caótica, al menos no directamente. – Le dijo Valeria encogiéndose de hombros. – Grace y Charles se empeñaron en que me fuera unos días de vacaciones y fui a ver a mi familia y amigos a Sunbeach. No tendría que haberme ido.

–          No puedes llevar tú toda la responsabilidad de la editorial. – Le dijo Jason colocando sus manos sobre los hombros de ella para quitarle tensión aunque consiguiendo el efecto contrario. – Estás muy tensa, deberías relajarte un poco.

–          ¡Ojalá fuera tan fácil! – Exclamó Valeria.

–          Lo es, déjalo en mis manos. – Sentenció Jason. – Vladimir está echando un vistazo por los alrededores, en cuanto regrese salimos de aquí y te invito a comer. Solos tú y yo, como Valeria y Jason.

La propuesta de Jason pilló a Valeria desprevenida. Ya le costaba pensar con coherencia cuando tenía a Jason delante y esa invitación había sonado de lo más sugerente. Tampoco le dio tiempo a decir nada, Vladimir entró en el salón y dijo:

–          Tres plantas de unos 1500 m2 cada una más el jardín, es mucho más grande de lo que habíamos previsto, necesitaremos veinte hombres más.

–          El equipo de Klaus regresó anoche a la base, estarán descansados para el sábado, llámale e infórmale, quiero tener el recinto cubierto. – Le dijo Jason frunciendo el ceño.

Valeria pudo observar en primera fila cómo los ojos de Jason pasaban de un color azul a un gris borroso al mismo tiempo que fruncía el ceño. No pudo adivinar qué se le estaría pasando por la cabeza, su rostro permanecía impasible, pero Valeria percibió aquel cambio de color en su iris.

–          ¿Ocurre algo? – Preguntó Valeria preocupada.

–          No pasa nada de lo que debas preocuparte, deja esto en mis manos. – Le susurró Jason acercándose a ella.

Valeria se quedó paralizada cuando sintió de nuevo el tacto de la mano de Jason sobre su espalda. No podía encontrar una explicación razonable para ello, pero el caso era que cada vez que lo tenía cerca se sentía torpe, no podía pensar con claridad. Evitaba mirarle a los ojos porque la hipnotizaban y, pese a que le encantaba lo que sentía cuando sus cuerpos se rozaban ligeramente, Valeria tenía miedo. Lo que aquel hombre le hacía sentir habiéndolo visto tan solo en dos ocasiones era algo que nunca antes había sentido.

–          ¿Te encuentras bien, Valeria? – Le preguntó Jason haciendo que volviera en sí.

–          Sí, perdona. – Le respondió Valeria ruborizada. – Creo que tienes razón, necesito relajarme un poco. – Añadió sonriendo tímidamente.

–          Vamos, te invito a comer. – Sentenció Jason devolviéndole la sonrisa y, sin retirar su mano de la espalda de Valeria, la guio hasta donde estaba aparcado el coche.

Mientras Valeria pensaba en todo lo que Jason la hacía sentir siendo prácticamente un extraño, Jason se estrujaba la cabeza por tratar de averiguar en qué pensaba Valeria. La notaba distraída, estaba a mil años luz del coche en el que viajaban uno al lado del otro y Jason quería saber qué o quién la mantenía en ese estado. Cruzó una mirada con Vladimir por el retrovisor y, tras sostenerse la mirada durante un instante, Jason sonrió y Vladimir ladeó la cabeza con resignación. Valeria no se percató de nada, estaba concentrada pensando que no sabía nada de Jason pero se moría de ganas de saberlo todo acerca de él.

Confía en mí 2.

Confía en mí

Después de cenar, Olivia y Valeria se despidieron de los Mancini y se subieron al coche de Olivia para dirigirse a Sunbeach. Desde que empezó a salir con Brian hacía poco más de dos años y desde que la ascendieron en la editorial, Valeria fue reduciendo sus visitas a Smalltown y ya habían pasado más de tres meses desde la última visita. A pesar de la distancia, Valeria y Olivia continuaban manteniendo el contacto, pero la relación se había enfriado un poco. Por ese motivo, Valeria quería salir de copas con Olivia, quería relajarse con su mejor amiga, ponerse al día mutuamente y divertirse olvidándose de todas las responsabilidades aunque fuera solo por una noche.

–          Tienes muchas cosas que contarme, ¿quieres empezar a ponerme al día o prefieres hacerlo con una copa entre las manos? – Le preguntó Olivia a Valeria mientras conducía por la autopista dirección a Sunbeach.

–          Mejor te lo cuento con una copa entre las manos. – Le respondió Valeria divertida.

Casi una hora más tarde, ambas amigas estaban sentadas en la zona chill-out del pub de moda de la ciudad y con una copa entre las manos.

–          Ha llegado el momento, Val. – Le dijo Olivia. – Ya estás soltando por esa boquita qué ha pasado con Don Perfecto.

Olivia llamaba a Brian Don Perfecto. Había tratado poco con Brian, pero la relación de su amiga con él parecía tan sumamente perfecta que no parecía real. Olivia sabía desde el primer día que vio a Brian que él no era el hombre adecuado para Valeria, les faltaba chispa.

–          Brian no te ha gustado nunca, ¿verdad? – Quiso saber Valeria.

–          No es que Brian no me guste, es vuestra relación lo que no me gustaba. – Le confesó Olivia a su mejor amiga. – Todo era monótono, superficial y protocolario, ¡parecíais dos actores en mitad de un rodaje!

–          Supongo que tienes razón, Brian y yo nunca tuvimos esa clase de relación apasionada, todo lo planeábamos con antelación y lo hacíamos porque “tocaba”. – Comentó Valeria, consciente de que aquella relación no tenía futuro.

–          ¿Cómo rompisteis?

–          Brian planeó una velada romántica y me pidió que me casara con él, fue entonces cuando me di cuenta que eso no era lo que quería hacer con mi vida. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – No quiero una relación cómoda, quiero una relación apasionada, quiero poder discutir a gritos con mi pareja y reconciliarnos haciendo el amor salvajemente. Brian es demasiado correcto para mí. Tuve que confesarle que no estaba enamorada de él y que lo mejor era que lo dejáramos, aunque creo que aún le está costando entenderlo, cree que me he asustado y por eso he reaccionado así.

–          Y tú, ¿estás bien?

–          He tenido épocas mejores, pero supongo que no me puedo quejar. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros.

–          Lo bueno es que puedes seguir buscando a tu alma gemela y, mientras lo encuentras, pasarás un buen rato con los candidatos.

–          Tanto buscar, acabaré con el peor de todos. – Le dijo Valeria entre risas.

–          Siempre te han gustado los chicos malos. – Bromeó Olivia y ambas estallaron en carcajadas.

Más que los chicos malos, a Valeria le gustaban los tipos duros. Era algo que no podía evitar y que le ocurría desde bien jovencita. Además del físico, el poder y la determinación hacen a un hombre muy atractivo y a Valeria le gustaban los hombres directos, precisos y seguros de sí mismos. Aunque, como a casi todas las mujeres, un hombre con uniforme podía volverla loca.

–          No me puedo creer que dejaras a Brian justo en el preciso momento en el que te pidió que te casaras con él. – Comentó Olivia divertida.

–          No tiene gracia, Oli. – La regañó Valeria.

–          Para él, desde luego que no. – Se mofó de nuevo Olivia.

–          Y tú, ¿cómo llevas lo del amor?

–          Sigo sin saber lo que es, ya me conoces. – Respondió Olivia mientras se encogía de hombros. – El día que conozca a un hombre del que no me aburra después de la tercera cita, me casaré con él.

Las dos amigas continuaron charlando, bromeando y bebiendo de sus respectivas copas hasta que empezó a sonar la canción de moda del momento y ambas se dirigieron a la pista de baile dispuestas a divertirse y dejarse llevar. Hacía tiempo que no salían las dos juntas de copas y, brindis tras brindis, se achisparon bastante.

–          He tenido un déjà vu, Oli. – Le dijo Valeria cuando, agotadas de tanto bailar, regresaron a sentarse a la zona chill-out. – Es como estar de vuelta a nuestra adolescencia.

–          Yo ya no soy una adolescente, estoy mayor para salir de copas y bailar. – Se lamentó Olivia dramatizando.

Valeria y Olivia se miraron y se echaron a reír.

–          Será mejor que vayamos a dormir como las dos abuelas que somos, de lo contrario corremos el riesgo de quedarnos dormidas aquí. – Opinó Valeria sin poder dejar de reír.

Entre risas, bromas y confidencias, las dos amigas se dirigieron al apartamento de Olivia donde, tras tomarse la última copa sentadas en el sofá charlando, se fueron a dormir.

Al día siguiente no se despertaron hasta pasadas las tres de la tarde. Ambas se habían pasado con el alcohol y la consecuencia era una horrible resaca.

–          Confirmado: estoy mayor para estas cosas. – Le dijo Olivia a Valeria mientras se preparaban algo para comer. – Pero tenemos que repetirlo, hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien juntas.

–          Podemos repetirlo el viernes por la noche, no regreso a Suncity hasta el próximo domingo. – Le propuso Valeria.

–          ¡Cuenta conmigo! – Exclamó Olivia feliz y abrazó a su amiga, la había echado muchísimo de menos.

Después de comer Olivia llevó a Valeria de regreso a Smalltown y, aprovechando el viaje, Olivia también decidió quedarse unos días en casa de sus padres.

El lunes por la mañana Valeria se levantó temprano y se fue con su padre al circuito de Sunbeach para ver los entrenamientos. Frank trabajaba como ingeniero de pista y mecánico en el circuito y el lunes comenzaban los entrenamientos para el gran premio que allí se celebraría en agosto. Valeria compartía con su padre la afición por los coches y por las carreras y, siempre que podía, acudía al circuito con su padre para disfrutar de la carrera en primera línea.

–          ¿Cuándo fue la última vez que fuimos juntos al circuito? – Le preguntó Frank a su hija mientras conducía por la autopista su Audi A5 de color negro dirigiéndose al circuito de Sunbeach.

–          El verano pasado vimos juntos la última carrera de la temporada, creo que fue a finales de julio. – Comentó Valeria con tristeza y añadió: – Ha pasado ya casi un año desde entonces.

–          Cielo, ¿estás bien? Tu madre me ha dicho que has dejado a Brian porque te ha pedido que te cases con él y yo la verdad es que no entiendo nada, pero me basta si me dices que tú estás bien. – Le dijo Frank a su hija.

–          Estoy bien, papá. – Le aseguró Valeria. – Sé que últimamente he estado un poco distante, pero te prometo que eso va a cambiar.

–          Supongo que ahora puedo confesarte que Brian nunca me ha gustado para ti, es demasiado correcto y educado, tú necesitas a alguien que sea capaz de apaciguar tu temperamento, y Brian no te llevaría la contraria para ahorrarse una discusión.

Valeria se sorprendió por cómo su padre había calado su relación con Brian pese a que en dos años de relación tan solo lo había visto en un par de ocasiones. Y Frank no se había equivocado en absoluto, Valeria lo sabía, aunque se había dado cuenta un poco tarde.

Frank aparcó su coche en el parking privado para empleados del circuito y se dirigió con Valeria hacia el box principal donde todo el equipo de ingenieros y mecánicos se habían reunido. Valeria había crecido en ese circuito, allí todos la conocían y se alegraron de verla. Saludó a todos los compañeros de su padre, pero echó de menos a alguien y preguntó:

–          ¿Dónde está Mario?

Mario Colucci es el ingeniero de pista más joven que ha tenido el circuito de Sunbeach. Su padre también había sido ingeniero de pista y él había crecido en aquel circuito y había visto crecer a Valeria, la hija pequeña de su compañero y amigo Frank. A sus treinta y cinco años, Mario es un hombre soltero, las mujeres lo deseaban y su fama de mujeriego es conocida en toda la región del sur del país. Mario es muy atractivo, es alto y fuerte, tiene la piel bronceada por el sol y unos ojos negros de mirada intensa y penetrante que es su mejor arma para seducir a las féminas.

–          Mario debe estar comprobando los monitores del muro. – Le respondió Frank. – Ve a saludarlo, se llevará una gran sorpresa cuando te vea.

Valeria no se lo pensó dos veces y salió del box, cruzó el pitline y se acercó al muro dónde Mario estaba trabajando tan concentrado en los monitores que ni siquiera se percató de la presencia de Valeria que, parada a escasos metros de él, lo observaba con admiración. Ella y Mario se conocen desde que tienen uso de razón, pues ambos han crecido entre coches en el circuito de Sunbeach, y siempre han sido grandes amigos a pesar de que se llevan nueve años de diferencia. Mario se dio media vuelta y se encontró de frente con Valeria. Esbozó una sonrisa maliciosa y, acercándose a ella despacio, le preguntó bromeando:

–          La chica más sexy de la gran ciudad ha venido de visita y, ¿soy el último en enterarme?

Mario alcanzó a Valeria y la abrazó con fuerza, feliz de que su amiga se dejara ver.

–          Estabas tan concentrado que me daba apuro interrumpirte. – Le dijo Valeria. – He venido unos días de visita y no podía irme sin venir a verte.

–          Si tantas ganas tienes de verme, supongo que no podrás rechazar una invitación para salir de copas el viernes por la noche, ¿verdad?

–          Le prometí a Oli que saldríamos juntas.

–          Pues ven con ella, a mí no me importará que me vean acompañado de dos jóvenes bellezas como vosotras. – Le respondió Mario bromeando.

Continuaron charlando mientras regresaban al box donde todos los ingenieros de pista y los mecánicos se habían reunido para organizar la tanda de entrenamientos. Valeria se sentó en un rincón del box y prestó atención a todo lo que allí decían. Una vez la reunión finalizó, Mario se la llevó a la pista para dar una vuelta al circuito en uno de los coches de carrera mientras Frank se dedicaba a confirmar que todo estuviera en orden. Hablaron de trabajo, de la ruptura con Brian y de lo mucho que Valeria echaba de menos la vida en Smalltown y no se había dado cuenta hasta estos últimos días.

–          Entonces, vuelves a estar soltera después de dos años con pareja. – Comentó Mario burlonamente y añadió divertido: – Las épocas de sequía son muy duras.

–          ¡Como si tú supieras lo que es la sequía! – Se mofó Valeria.

Cuando se despidieron, Valeria le prometió a Mario que el viernes por la noche le acompañaría junto con Olivia a la inauguración del pub de su amigo.

El martes Valeria pasó la mañana con su madre, la acompañó a comprar, la ayudó a preparar la comida y ambas disfrutaron de los agradables momentos de madre e hija que tanto les gustaban y que tanto habían echado de menos las dos.

–          Cielo, ¡no sabes cuánto me gustaría que vivieras más cerca! – Le dijo Paola a su hija por enésima vez.

–          Lo sé, mamá. – Le respondió Valeria con cariño. – Pero te prometo que vendré a veros más a menudo.

El miércoles por la tarde Valeria quedó con su hermana Bianca cuando salió de trabajar. Bianca trabaja en el colegio de Smalltown donde llevaba a Lía a clase, así que a las cinco de la tarde Valeria y Bianca charlaban sentadas en un banco del parque mientras que Lía jugaba con los demás niños y niñas de su edad sin que ninguna de las dos hermanas le quitaran el ojo de encima.

–          Y dime, ¿has salido con alguien desde que lo dejaste con Brian? – Le preguntó Bianca burlonamente.

–          No he salido con nadie desde entonces, estoy muy liada con la preparación del aniversario de Editorial Love y tampoco me apetece lo más mínimo quedar con un hombre, la verdad.

–          Hace tres meses que lo dejaste con Brian, ¿no has salido con ningún hombre desde entonces? – Le preguntó Bianca incrédula.

–          Ya te he dicho que no. – Respondió Valeria molesta.

–          Cielo, tres meses sin sexo son demasiados días con sus correspondientes noches, deberías darle una alegría al cuerpo antes de que empieces a pagar tu mal humor con quien menos culpa tiene. – Le aconsejó su hermana mayor. – No te estoy diciendo que te metas en otra relación, ahora necesitas un tiempo para organizar tu vida y saber qué es lo que quieres hacer, pero eso no está reñido con salir a divertirse, tomar unas copas y, se surge la ocasión, disfrutar de una noche loca con un absoluto desconocido.

–          Deberías dejar de ver sexo en Nueva York. – Se mofó Valeria. Bianca la miró con reproche y Valeria añadió: – Estoy bien, no necesito ninguna noche loca con ningún desconocido, pero no te preocupes, si surge la ocasión no la desaprovecharé.

Valeria nunca había sido de las que se acostaban con un hombre en la primera cita y mucho menos si el hombre en cuestión era un absoluto desconocido. Por supuesto, le atraía el buen físico en un hombre, como a todo el mundo, pero Valeria consideraba muy íntimo el hecho de meterse en la cama con un hombre y siempre había necesitado conocerlos un poco más y decidir si realmente le interesaba.

–          Disfruta de tu soltería, Val. – Le aconsejó su hermana. – Y no escojas a tu hombre porque creas que te vaya a dar una buena vida y te vaya a cuidar, escoge a un hombre que te haga sentir viva, un hombre que te mire con pasión y te desee, porque ese será el único hombre que podrá hacerte feliz.

–          No necesito ningún hombre para ser feliz, Bianca. – Le replicó Valeria a su hermana un tanto molesta.

–          No te estoy diciendo que necesites a un hombre para ser feliz, te estoy diciendo que si quieres ser feliz con un hombre solo hay un tipo de hombre que con el que podrás serlo, Valeria. – Sentenció Bianca confundiendo todavía más a Valeria.

–          Da igual, por el momento, nada de hombres. – Sentenció Valeria.

Ambas hermanas resoplaron, las dos se querían mucho, pero a veces no llegaban a entenderse demasiado bien.

–          Tita Val, mi amiga Kim dice que no vas a venir a mi cumple. – Le dijo la pequeña Lía parada frente a ella y con el ceño fruncido. – ¿A que sí vas a venir, tita Val?

–          Cariño, todavía falta más de un mes para tu cumpleaños. – Trató de calmarla Bianca intentando sin éxito ocultar la risa.

–          Pues claro que iré a tu cumple, princesa. – Le aseguró Valeria a su única sobrina, a la cual adora. – Y te voy hacer un regalo que te va a encantar, ya lo verás.

–          ¿Me lo prometes? – Preguntó Lía.

–          Te lo prometo, princesa. – Le prometió Valeria. Lía regresó con su amiga Kim y continuaron jugando. Valeria observó a su sobrina durante unos minutos y después le dijo a Bianca: – Lía crece muy rápido, parece que fue ayer cuando empezaba a andar y ahora habla por los codos.

–          En los dos últimos años apenas has venido cuatro o cinco veces de visita. – Comentó Bianca sin reproche en su voz. – Lía te adora, siempre pregunta por ti y presume de tita, ella también te echa mucho de menos, Val.

–          Te prometo que voy a venir más a menudo, Bianca. – Le aseguró Valeria a su hermana al mismo tiempo que la abrazaba. – Yo también os he echado mucho de menos a todos.

El jueves Valeria lo dedicó a ir de compras con Olivia a Sunbeach y ambas se compraron un precioso vestido para la fiesta de inauguración del pub del amigo de Mario. Mario les había dicho a las chicas que se trataba de un pub muy exclusivo y ellas querían estar perfectas para la ocasión.

Durante toda la semana, Valeria había telefoneado a su asistente Nadia para que la mantuviera al corriente de cómo iban las cosas por la oficina, pero Nadia le respondía todos los días lo mismo: tenía órdenes directas de Grace y Charles Stuart de no decirle absolutamente nada. Y el viernes cuando llamó de nuevo a Nadia, Valeria obtuvo la misma respuesta, así que decidió olvidarse de todo lo que tuviera que ver con el trabajo y disfrutar de la estupenda noche que tenía por delante con Olivia y Mario.

Los tres amigos cenaron con los padres de Valeria en la casa del matrimonio y después de cenar se dirigieron juntos a Sunbeach. Mario condujo hasta llegar a la avenida principal de Sunbeach, donde aparcó en el parking privado de un edificio de tres plantas con un cartel enorme con la palabra “Lovers” en neón rosa escrita en la fachada.

–          Está lleno de cochazos. – Opinó Olivia echando un vistazo al parquin.

–          Es un pub privado bastante exclusivo, aquí no puede entrar cualquiera. – Le contestó Mario. – Chicas, vamos a entrar. He quedado con un amigo y debe estar esperándonos dentro.

Caminaron hacia a la puerta principal del edificio, donde dos tipos de seguridad con traje negro les pidieron los nombres.

–          Olivia Verino, Valeria Mancini y Mario Colucci. – Le dijo Mario.

Tras comprobar sus nombres en la lista de invitados, uno de los tipos de seguridad les dijo abriendo la puerta:

–          Pueden pasar.

Nada más traspasar el umbral de aquella puerta, Valeria se dio cuenta de que aquel pub no era un pub normal y corriente y no solo por el alto nivel económico de los clientes que allí había, era un lugar bastante peculiar. La primera planta es una amplia estancia que está escasamente iluminada con una tenue luz roja, convirtiendo la estancia en un lugar bastante oscuro y sugerente. Al lado izquierdo hay una barra de bar un poco más iluminada, con taburetes de cuero blanco a juego con la barra de bar y las estanterías para las botellas que hay en la pared. Al lado derecho está la zona chill-out, una zona de relax llena de camas con dosel, sofás, pufs y mesitas bajas. Y en el centro del local estaba la pista de baile, donde las parejas bailaban acarameladas mientras sonaba una lenta balada de lo más sugerente. Todavía era temprano pero el lugar ya estaba lleno de gente, Mario tuvo que abrir paso entre la multitud para guiar a las chicas hacia a la barra y pedir unas copas.

–          No es un pub normal, ¿verdad? – Le preguntó Valeria a Mario.

–          Ya te he dicho que es un pub muy exclusivo. – Le respondió Mario sonriendo maliciosamente.

–          ¿Es un club de intercambio de parejas? – Se aventuró a preguntar Valeria.

–          No exactamente. – Contestó Mario divertido. – El local tiene tres plantas, esta de aquí y dos más. Esta es la primera planta, que es el pub, un lugar donde tomar una copa, charlar y bailar. En la segunda planta está la zona VIP, donde están los reservados de estilo chill-out y cuentan con camarero exclusivo. Y en la tercera planta están las habitaciones, que se alquilan un mínimo de dos horas.

–          Supongo que eso justifica el nombre del local. – Le dijo Valeria encogiéndose de hombros.

–          Pero, ¿habrán algunas normas, no? – Preguntó Olivia interesada en el Lovers.

–          Normas básicas de convivencia y respeto. – Le respondió Mario. – En la primera planta puedes hacer lo que quieras siempre que lleves la ropa puesta, pero si quieres sexo tienes que subir a un reservado o a una habitación. Siempre y cuando se mantenga el respeto hacia a los demás, no hay ningún problema.

–          Esto es lo que vulgarmente se conoce como un picadero, ¡me encanta! – Exclamó Olivia excitada por estar en ese lugar.

Mario pidió tres copas al camarero, que vestía de blanco impoluto, y los tres brindaron por la magnífica noche que tenían por delante. Pocos minutos después, Ethan Gumers, el propietario del local y amigo de Mario, se acercó hasta a su amigo para saludarlo.

–          Mario, me alegra que hayas podido venir y tan bien acompañado. – Lo saludó Ethan guiñándoles un ojo a las chicas.

–          Cuidado con ellas que son como mis hermanas. – Le advirtió Mario y añadió más relajado: – Te presento a Olivia y Valeria. – Se volvió hacia las chicas y les dijo con una sonrisa maliciosa en los labios: – Chicas, él es Ethan Gumers, el propietario del Lovers.

Ethan Gumers es un hombre de treinta y nueve años, uno de los solteros de oro de la ciudad de Sunbeach. Su pelo rubio, su sonrisa traviesa y sus ojos azules lo hacían resultar muy atractivo y allí a dónde iba los hombres y las mujeres se volvían para mirarlo. Es un hombre muy educado y simpático que le hacen resultar muy carismático. También es conocido por su fama de mujeriego, pues las relaciones no suelen durarle más de un par de meses.

Ethan les besó la mano a las dos amigas a modo de saludo y les dijo sonriendo:

–          Encantado de conocerlas, señoritas. Espero que disfruten de la inauguración y espero que se diviertan tanto como para que quieran regresar. – Ethan le estrechó la mano a su amigo y se despidió por el momento: – Tengo que saludar a algunos invitados, te veo luego por aquí. Un placer, señoritas. – Se despidió también de las chicas.

Poco después de que Ethan se alejara para saludar al resto de invitados como el perfecto anfitrión que era, apareció Álex Dinoso, el amigo con el que Mario había quedado. Álex es un hombre de treinta y cinco años, iba a clase con Mario en el colegio de Sunbeach y desde entonces son muy buenos amigos. Tiene el pelo castaño oscuro, los ojos marrones y unos labios carnosos muy sugerentes que incitan a ser besados. Es amable, simpático, divertido y muy atractivo, pero insiste en ser un eterno soltero, le gusta demasiado la vida que tiene y no quiere cambiarla. Valeria había oído hablar de él muchas veces, pero nunca había llegado a coincidir con él.

–          ¿Qué tal, Mario? – Lo saludó Álex abrazando brevemente a Mario.

–          No tan bien cómo tú, colega. – Le respondió Mario. Ambos intercambiaron un par de bromas sobre el otro y después Mario añadió – Álex, ellas son Valeria Mancini y Olivia Verino, dos buenas amigas.

–          Encantado de conocerlas, señoritas. – Las saludó Álex plantándoles a cada una un par de besos en la mejilla. – ¿Qué hacen dos chicas guapas como vosotras en un sitio como este? ¿Saben vuestros novios que habéis venido? – Bromeó Álex.

–          No tenemos novio y, aunque lo tuviéramos, tampoco tendríamos que pedirle permiso para ir a ninguna parte. – Le respondió Olivia coqueta, guiñándole el ojo y mostrando su sonrisa más seductora.

Los cuatro se acomodaron en los taburetes frente a la barra y Mario pidió otra ronda de bebidas al camarero. Entre trago y trago, los cuatro charlaron alegremente, bailaron cuando la música empezó a ser más animada y se divirtieron más de lo que en un principio habían pensado que podrían divertirse. Valeria estaba bailando con Olivia en mitad de la pista cuando Álex se acercó a ellas y, viendo la complicidad que existía entre Álex y su amiga Olivia, decidió apartarse de ellos con discreción y se dirigió hacia el baño, situado al fondo de la amplia estancia. Apenas le faltaban un par de metros para llegar hasta a la puerta del baño de mujeres cuando un hombre le bloqueó el paso con descaro y, mostrándole una sonrisa que a Valeria no le auguró nada bueno, el tipo acercó su boca al oído de Valeria y le susurró:

–          ¿Has venido sola, preciosa?

Valeria se lo quedó mirando durante una milésima de segundo. Era un tipo muy atractivo, como todos los invitados, que parecían sacados de una agencia de modelos. Debía rondar los treinta y cinco años, más o menos. Sus ojos pequeños, rasgados  y de color ámbar le daban un aire exótico que incrementaba su atractivo, pero había algo en él que a Valeria no le inspiraba confianza.

–          No creo que eso sea asunto tuyo. – Le respondió Valeria de malos modos al mismo tiempo que se apartaba de él para continuar su camino.

–          Vamos preciosa, estoy seguro de que juntos nos podemos divertir mucho. – Insistió el tipo al ver que Valeria quería alejarse de él. – Discúlpame, he sido un grosero. Mi nombre es Anthony Spencer, ¿y usted es…?

–          Valeria Mancini. – Le respondió Valeria estrechándole la mano con desgana.

A Valeria no le gustó el tacto de la mano de aquel hombre, tenía la mano áspera y fría como el hielo, tan fría que un escalofrío recorrió su cuerpo.

–          Un placer conocerla, señorita Mancini. – Le contestó Anthony fingiendo no darse cuenta de lo molesta que estaba Valeria. – ¿Qué te parece si, para compensarte esta intromisión, te invito a una copa?

–          Otro día, hoy he venido acompañada. – Le contestó Valeria para quitárselo de encima sin parecer más descortés de lo que estaba siendo. – Ya nos veremos.

Valeria le dedicó una fingida sonrisa y se encaminó a la seguridad del baño de mujeres, donde Anthony no la seguiría.

Jason Smith había visto a Valeria en cuanto puso un pie en el local acompañada por Mario Colucci y otra chica a la que tampoco conocía y desde entonces no le había quitado el ojo de encima. Poco rato después se les unió Álex, quién claramente estaba interesado en la otra chica, con la que ahora bailaba en el centro de la pista. Al principio, Jason pensó que podría tratarse de la nueva conquista de Mario, pero al observarlos durante toda la noche y ver que se trataban con bastante familiaridad, había descartado la idea. Si Mario hubiera tenido hermanas, hubiera pensado que sería su hermana, pero Jason sabía que Mario era hijo único.

Jason se había obsesionado con Valeria desde que la vio entrar por la puerta del Lovers, no podía dejar de mirarla y sonreía cuando la veía sonreír por lo que, aprovechando que ella estaba en el baño y Álex estaba bailando con la otra chica, Jason se acercó a saludar a Mario. No le había gustado en absoluto que el capullo de Spencer se le hubiera acercado y estaba dispuesto a cualquier cosa para evitar que se volviera a acercar a ella.

Él y Mario nunca habían sido grandes amigos, pero se conocían desde el instituto y habían pasado muchos años desde entonces. Al vivir en la misma ciudad, coincidían constantemente y se saludaban con cordialidad y educación, eran esa clase de amigos que se conocen desde que se tiene uso de razón y con el que, a pesar de no tener una estrecha relación, se le tiene en gran estima.

–          Mario, ¿qué haces tan solo en un lugar como este? ¿Es que has sentado la cabeza? – Le saludó Jason divertido.

Se estrecharon la mano, se dieron un breve abrazo con palmada en la espalda incluida y Mario, haciéndole un gesto para que se sentara en el taburete que había junto a él, le respondió:

–          Estoy con Álex y dos amigas.

–          Entonces, estás de caza. – Comentó Jason tratando de averiguar qué relación tenía con esa chica de la que ni siquiera sabía el nombre.

–          Yo siempre estoy de caza, ya me conoces. – Bromeó Mario. – Pero esta noche tengo otras prioridades.

–          ¿Otras prioridades? Te me estás haciendo mayor, amigo. – Bromeó Jason.

Valeria salió del baño y se dirigió hacia a la barra donde estaba Mario, tratando de esconderse de Anthony Spencer entre la gente que bailaba. Cuando llegó hasta a Mario, lo encontró sentado de espaldas hablando con un hombre. Los observó a escasos tres metros de distancia sin querer interrumpirles y se dedicó a observarlos durante un instante. Mario estaba relajado y bromeaba, así que Valeria intuyó que se trataba de otro de sus amigos. Valeria se fijó en el hombre que lo acompañaba, también parecía estar relajado y sentirse cómodo. A pesar de estar sentado en el taburete de la barra, Valeria pudo percatarse de que era un hombre alto y fuerte, de los que van al gimnasio a diario y les gusta mantenerse en forma. Tenía el pelo muy corto, pero aún y así pudo ver que era de un color castaño claro. Desde donde estaba no podía verle el color de los ojos, pero estaba segura de que eran de un color claro. Se acercó hasta llegar junto a ellos y pudo observarlo más de cerca, era muy atractivo. Se fijó en sus preciosos ojos, pero no supo adivinar si eran azules o grises.

–          Valeria, justo estábamos hablando de ti. – Le dijo Mario agarrándola por la cintura y pegándola a su lado. Se volvió hacia a Jason y añadió con tono de advertencia: – Jason, esta es mi amiga Valeria, es como una hermana pequeña para mí.

–          Encantado de conocerte, Valeria. – La saludó Jason plantándole un beso en la mejilla y aprovechando la ocasión para deleitarse con su aroma a jazmín. – Soy Jason, un amigo de Mario.

Valeria tuvo que esforzarse en no devorarlo con la mirada cuando se acercó a saludarla y la besó en la mejilla. Todo su cuerpo se había rendido ante su contacto y notó como el rubor se instaló en sus mejillas.

–          Encantada, Jason. – Fue lo único que Valeria fue capaz de decir.

–          Parece que Oli y Álex se lo están pasando muy bien, ¿no crees? – Le preguntó Mario a Valeria mientras miraba hacia a la pista de baile.

–          Si se lo lleva a casa, esta noche me quedo a dormir contigo. – Le contestó Valeria que se negaba a dormir en la habitación contigua a la de su amiga y oírla gemir con Álex toda la noche.

–          ¿Soy tu segundo plato? – Bromeó Mario haciéndose el ofendido.

Justo en ese momento se unieron a ellos Álex y Olivia y Valeria se apresuró en cambiar de conversación:

–          ¿Pedimos otra ronda?

Todos asintieron y Mario se encargó de llamar al camarero para que les sirviera otra ronda de bebidas. Durante un par de horas, los cinco continuaron bebiendo, bailando y charlando entre bromas. Jason se quedó con ellos y no perdió de vista a Valeria ni un solo segundo, pero se quedó charlando con Mario cuando ella se dirigió de nuevo a la pista de baile. Mario había ido al baño cuando Valeria se encontró de nuevo con Anthony Spencer en la pista de baile. Jason, que no había dejado de observarla, se acercó a ella en cuanto vio que Spencer se acercaba y trataba de bailar con ella. La agarró de la cintura y le susurró al oído:

–          ¿Va todo bien, Valeria?

Valeria le abrazó, le dedicó una amplia sonrisa y le respondió:

–          Tengo sed, ¿me acompañas a pedir una copa a la barra?

Jason asintió con gesto serio y, antes de dar media vuelta y marcharse con Valeria, le dedicó una mirada de advertencia a Spencer para que no se acercara a ella.

–          ¿Estás bien? – Le preguntó Jason preocupado.

–          Sí, gracias. – Le respondió Valeria avergonzada, sintiéndose como si fuera una niña pequeña. – Lo siento, ese tipo me ha entrado antes cuando iba al baño y no me da muy buena espina.

–          Mantente alejada de Spencer, no te conviene. – Le aconsejó Jason con gesto serio.

Valeria asintió, no tenía la menor intención de acercarse a Anthony Spencer. Cuando Mario regresó del baño y vio las caras largas de Valeria y Jason, Valeria le contó lo ocurrido y Mario decidió dar la noche por finalizada. Se despidió de Álex y Jason, dejó que las chicas también se despidieran de ellos, y las llevó al apartamento de Olivia, donde quedó en ir a buscarlas al día siguiente.

Confía en mí 1.

Confía en mí

Eran las ocho de la tarde de un viernes y Valeria Mancini todavía estaba en su despacho trabajando. Tan solo quedaban un par de meses para que se celebrase el vigésimo quinto aniversario de Editorial Love, la editorial donde trabajaba.

Valeria se había licenciado en literatura en la Universidad de Suncity, una de las universidades más prestigiosas del mundo, situada en la ciudad de Suncity, la capital del país. Durante el último año de carrera, cursó las prácticas en la Editorial Love y, una vez licenciada, la editora jefe estaba tan encantada con ella que la contrató como su asistente. Dos años más tarde, Valeria ascendió a editora y su carrera profesional despegó, pero su vida social empezó a caer  empicado. Aun y así, Valeria adoraba su trabajo y no lo cambiaba por nada.

–          ¿Todavía estás aquí? – Le preguntó Grace Stuart asomando la cabeza por la puerta de su despacho. – Deberías haberte marchado a casa hace horas, es viernes por la noche y la gente de tu edad sale a divertirse.

Grace Stuart es la editora jefe de Editorial Love y también es la esposa de Charles Stuart, el fundador, presidente y director general de Editorial Love.

A sus cincuenta años, Grace es una mujer más moderna y abierta de mente que cuando tenía veinte. Viste a la moda, es alegre y muy divertida, aunque tiene fama de dura. Es alta y esbelta, lleva el pelo corto por encima de los hombros y de color rojo intenso. Sus ojos son grandes y de color miel.

Los Stuart llevaban veintisiete años casados y seguían igual de enamorados que el primer día. El matrimonio siente una especial predilección por Valeria y siempre la han apoyado y ayudado como si de su propia hija se tratara.

–          Solo faltan dos meses para la fiesta del veinticinco aniversario de Editorial Love y quiero que todo salga perfecto. – Se excusó Valeria.

–          Yo también quiero que todo salga perfecto, por eso quiero que descanses para que estés al 100% ese día. – Le replicó Grace con su tono de voz más dulce. – Quiero que te cojas la semana que viene de vacaciones y desconectes de todo, también deberías aprovechar e ir a ver a tu familia, hace meses que no vas a verlos.

–          Estoy bien, Grace.

–          La semana que viene te vas de vacaciones y no es discutible. – Sentenció Grace sin darle a Valeria opción a réplica. – Llámame el lunes desde Smalltown o Charles y yo nos enfadaremos contigo.

–          ¿Me obligas a irme de vacaciones? – Protestó Valeria.

–          Cielo, a la gente normal no hay que obligarla a irse de vacaciones. – Opinó Grace al mismo tiempo que le daba un beso en la mejilla y después se despidió: – Es hora de marcharse a casa, aprovecha estos días y desconecta de todo esto.

Charles Stuart es un hombre con cara de bonachón, con el pelo cano y una sonrisa permanente en los labios. Está un poco entrado en carnes, pero su salud no podría ser mejor a sus cincuenta años. Sus ojos color café y su dulce mirada hacen de él un hombre carismático y muy querido en la sociedad.

Charles fue en busca de su esposa para marcharse a casa con ella y la encontró charlando con Valeria en su despacho.

–          Muchacha, ¿todavía estás aquí? – Le preguntó Charles a Valeria al darse cuenta de que la muchacha todavía seguía trabajando. Se acercó a su esposa, la rodeó con sus brazos por la cintura y añadió: – Esta chica trabaja demasiado.

–          Sí, pero ya se va a casa y se tomará la semana que viene de vacaciones. – Le contestó Grace a su marido.

–          Grace me obliga a marcharme de vacaciones. – Protestó de nuevo Valeria.

–          Pues hace bien, unos días fuera de la ciudad te sentarán bien. – Dijo Charles, que opinaba lo mismo que su esposa.

–          Está bien, ya me echaréis de menos cuando no esté. – Se resignó Valeria sabiendo que no va a ganar esa batalla.

Tras despedirse de Grace y Charles Stuart, Valeria decidió enviarle un e-mail a Nadia, su asistente, informándole que estaría de vacaciones la próxima semana y pidiéndole que aplazara todas sus citas y reuniones. Una vez enviada toda la información a Nadia, recogió su maletín con el ordenador portátil y los manuscritos, cogió su bolso y se marchó a casa.

Valeria sabía que Grace tenía razón, debería desconectar del trabajo unos días e ir a ver a su familia. Hacía tres meses que no iba a Smalltown, justo desde antes de romper con Brian, y su familia estaba preocupada. Les había dado la noticia por teléfono a su familia y amigos y, tras asegurarles que estaba bien, se centró en su trabajo. Lo cierto es que la ruptura con Brian no le había afectado, su relación ya estaba acabada, pero tuvo la mala suerte de darse cuenta justo en el preciso momento en el que Brian le propuso matrimonio. Su mejor amiga Olivia siempre le decía que en Brian había encontrado la comodidad, pero no estaba enamorada de él, y Olivia tenía razón. Cuando Brian le propuso matrimonio, Valeria comprendió que no quería pasar el resto de su vida junto a alguien por comodidad. Quería a Brian, pero no estaba enamorada de él y no podía continuar con aquella falsa relación. El pobre Brian no entendió nada. Al principio creyó que Valeria simplemente se había asustado, que necesitaba tiempo para asimilarlo, pero conforme fueron pasando los días y ella se seguía manteniendo en su postura, a Brian no le había quedado más remedio que respetar su decisión y confiar en que Valeria cambiaría de opinión. Pero ya habían pasado tres meses y Valeria tenía más claro que nunca que no iba a volver con él.

Llegó a casa, se dio una ducha, preparó una ensalada para cenar y cogió su portátil dispuesta a comprar un billete de avión, había llegado el momento de regresar a Smalltown y contestar las incesantes preguntas a las que todo el mundo la sometería. No le había contado a nadie por qué había roto su relación con Brian y por supuesto tampoco había dicho que le había propuesto matrimonio. Sabía que no se había comportado bien con Brian, él la quería y siempre la había tratado como a una reina, a pesar de que ella siempre le daba prioridad a su trabajo. Tenían una buena relación, pero no era la relación romántica y apasionada que ella anhelaba, más bien eran como dos amigos que también disfrutaban juntos del buen sexo, pero eso no era suficiente, al menos no para Valeria.

Es sábado a las 15 horas Valeria aterrizó en el aeropuerto de Sunbeach, la segunda ciudad más importante del país después de Suncity. Sunbeach está situada al sur del país, a unos cincuenta kilómetros de Smalltown, el pueblo natal de Valeria. Podría haberle pedido a su padre que viniera a buscarla al aeropuerto, pero prefirió alquilar un coche y darles una sorpresa a sus padres.

Valeria aparcó frente a la casa de sus padres, se bajó del coche y entró en la propiedad cruzando por la puerta abierta de la verja que rodeaba el jardín. Sus padres viven en una preciosa casa de estilo victoriano con garaje independiente y un precioso jardín. La casa tiene cinco habitaciones: la habitación del matrimonio Mancini, las dos habitaciones de sus hijas aunque hace años que no viven en su casa, un estudio que Frank utiliza de despacho y una habitación de invitados. También cuenta con dos baños, un aseo, una amplia cocina americana y un elegante salón.

No le había dado tiempo ni de llegar a subir las escaleras del porche cuando Paola Mancini, la madre de Valeria, apareció tras abrirse la puerta principal y la recibió con un fuerte abrazo.

Paola Mancini es una mujer no muy alta, casi de la misma estatura que su hija, y también es de complexión delgada. Su cabello es castaño claro y sus ojos son del mismo color verde turquesa que los ojos de Valeria. Es de carácter alegre y cariñoso, sobre todo con sus dos hijas. Es madre, pero también amiga de sus hijas, Paola siempre ha presumido de poder hablar con sus hijas de cualquier cosa sin que ellas se sientan incómodas.

–          Cielo, cuánto me alegro de que estés aquí. – Le dijo Paola sin dejar de abrazar a su hija, que tan preocupada la tenía últimamente. – ¿Cómo estás? Te veo más delgada. ¿Comes bien?

–          Estoy bien, mamá. – Le aseguró Valeria. – Y no estoy más delgada, peso lo mismo que siempre.

–          ¿Has venido para quedarte unos días? – Preguntó Paola.

–          Sí, Grace me ha obligado a tomarme una semana de vacaciones y he pensado en daros una sorpresa y haceros una visita. – Le respondió Valeria.

–          Grace ha hecho bien, de lo contrario seguirías pasando día y noche encerrada en ese despacho. Justo esta mañana tu padre y yo hablábamos de ir a visitarte el próximo fin de semana, nos tienes un poco preocupados.

–          Estoy bien, mamá. – Le aseguró Valeria de nuevo.

–          Esa es una de las cosas que más me preocupa, hija. – Le confesó Paola al mismo tiempo que guiaba a su hija al interior de la casa. – Llevabas saliendo con Brian dos años, lo normal es que hubieras llorado o que te hubieras soltado la melena durante algunas semanas, pero encerrarte en tu despacho y dedicarte solo a tu trabajo no es una reacción sana, cielo. – Sacó un par de cervezas de la nevera y le ofreció una su hija mientras continuaba hablando. – Si te soy sincera, no creo que Brian sea el hombre de tu vida, él es demasiado tranquilo y superficial, tú necesitas a alguien con carácter, alguien que comparta tu manera de ver el mundo.

–          Pensaba que nuestra relación iba bien, creía que me sentía feliz, mamá. – Empezó a decir Valeria. – Me invitó a cenar un restaurante elegante, paseamos por el casco antiguo de la ciudad y, a orillas del río, me pidió que me casara con él. – Valeria resopló y dio un largo trago a su cerveza antes de continuar. – Entonces me di cuenta de que no estaba enamorada de Brian, entre nosotros no hay esa atracción ni esa chispa que te hacen sentirte viva. Con él simplemente me sentía cómoda, pero nada más. Sé que debí darme cuenta mucho antes de llegar a esa situación, pero ya sabes que soy un desastre.

–          Cielo, no eres ningún desastre. – Le aseguró Paola a su hija mientras la abrazaba con ternura. – En algún lugar está esperándote tu príncipe azul, cariño.

–          No creo en príncipes azules, mamá. El amor no está hecho para mí.

–          Cambiarás de opinión cuando conozcas a tu hombre.

Valeria no quiso replicarle a su madre, pero tenía muchas dudas de que en algún lugar hubiera un hombre perfecto para ella. Así que optó por cambiar de tema:

–          ¿Dónde está papá?

Frank Mancini es un hombre familiar que adora su esposa y a sus dos hijas. Siempre ha sentido una especial predilección por Valeria, su hija pequeña, que ha sacado la belleza de su madre pero el carácter de su padre. Se conserva muy bien a sus cincuenta y cinco años, es un hombre tranquilo y de pocas palabras. Su mirada felina y sus ojos verdes lo hacen muy atractivo, pero también es un hombre de carácter.

–          Tu padre está en el circuito, el lunes empiezan los entrenamientos y ha querido ir a supervisar que todo esté bien, ya lo conoces. – Le respondió Paola resignada.

Y Valeria conocía muy bien a su padre, él era tan perfeccionista como lo era ella y entendía perfectamente que quisiera comprobar con sus propios ojos que todo vaya a estar listo para el lunes que empezaban los entrenamientos.

–          Tu hermana vendrá más tarde a traer a Lía, ella y Steve van a cenar con unos amigos y Lía se quedará a dormir en casa. – La informó Paola.

–          Voy a coger las maletas del coche y a instalarme y te ayudo a preparar la cena. – Le dijo Valeria a su madre sin opción a réplica.

Tras instalarse en la habitación, Valeria decide llamar a su mejor amiga Olivia, a quien lleva más de tres meses sin ver. Le debía muchas explicaciones y también la echaba mucho de menos, últimamente se habían distanciado un poco debido al hermetismo de Valeria en cuanto sacaban el tema de la ruptura con Brian.

–          ¡Val, justo en este momento estaba pensando en ti! – Le respondió Olivia nada más descolgar. – Te echo de menos, Val.

–          Yo también a ti, Oli. – Le contestó Valeria. – Por eso te llamo, ¿qué te parece si esta noche nos vamos de copas?

–          ¿Estás en Smalltown? – Preguntó Olivia incrédula.

–          Acabo de llegar a casa de mis padres. ¿Vienes a cenar?

–          Por supuesto que voy, ¡estoy deseando verte!

–          Pues nos vemos sobre las nueve, no llegues tarde.

Valeria se despidió de Olivia y acudió a la cocina para ayudar a su madre a preparar la cena como le había prometido. Paola se alegró de que Valeria hubiera invitado a cenar a Olivia, habían sido amigas desde pequeñas pero en los últimos meses se habían distanciado y esta cena podría ser un buen momento para volver a unirse.

Frank Mancini, tras comprobar que todo fuera según lo previsto en el circuito, decidió regresar a casa. Es un hombre trabajador, ingeniero de pista y mecánico en el circuito de automovilismo de Sunbeach y también posee un taller en Smalltown al que dedica su tiempo cuando no hay carreras en el circuito. Pero también es un hombre familiar que adora su esposa y a sus dos hijas. Siempre ha sentido una especial predilección por Valeria, su hija pequeña, que ha sacado la belleza de su madre pero el carácter de su padre. Se conserva muy bien a sus cincuenta y cinco años, es un hombre tranquilo y de pocas palabras. Su mirada felina y sus ojos verdes lo hacen muy atractivo, pero también es un hombre de carácter.

–          Cariño, ya estoy en casa. – Anunció Frank nada más traspasar el umbral.

–          Estamos en la cocina, cariño. – Respondió Paola alegremente.

Frank se dirigió hacia a la cocina, de dónde provenía la voz de su esposa, y allí se encontró a Paola con Valeria, su hija menor.

–          ¡Val, qué alegría verte! – La saludó Frank estrechándola entre sus brazos. La dejó en el suelo y la separó un poco de él para mirarla de arriba abajo y comprobar con sus propios ojos que su hija estaba en perfecto estado y, tras confirmarlo, añadió: – Tu madre y yo habíamos pensado en ir a visitarte a Suncity, estábamos empezando a preocuparnos, pequeña.

–          He estado bastante liada con el trabajo últimamente, en un par de semana celebramos el veinticinco aniversario de Editorial Love. – Le respondió Valeria eludiendo el tema que su padre amenazaba con sacar a la luz de nuevo. – Por cierto, necesito que me confirméis si vais a asistir.

–          Cielo nosotros ya estamos mayores para fiestas nocturnas. – Protestó Frank al que no le gustaban nada las fiestas multitudinarias.

–          Pues claro que asistiremos. – Le aseguró Paola a su hija haciendo que su marido rodase los ojos con resignación mientras que Paola añadía emocionada: – Recibimos la invitación hace un par de semanas, va a ser una fiesta por todo lo alto.

El timbre de la puerta sonó y Valeria fue a abrir. En el porche se encontró con su mejor amiga Olivia y, tras mirarse a los ojos, ambas se fundieron en un abrazo. Olivia es una chica morena, de ojos castaños y pícara sonrisa; de mediana estatura y complexión delgada. Atractiva, divertida, alocada y sin pelos en la lengua, Olivia es una mujer de armas tomar que vive el momento como si fuera el último.

–          Necesitaba uno de tus abrazos, te he echado mucho de menos. – Le confesó Olivia.

–          Yo también a ti, Oli. – Le aseguró Valeria feliz de estar de nuevo junto a su mejor amiga.

Las dos amigas entraron en la casa y se enfrascaron en una eterna conversación que fue interrumpida cuando el timbre volvió a sonar.

–          Ya voy yo. – Dijo Valeria que era la que estaba más cerca de la puerta.

Valeria abrió la puerta y se encontró a su hermana Bianca, su cuñado Steve y su sobrina Lía, que formaban una preciosa estampa familiar. Lía se le echó a los brazos nada más abrir la puerta.

–          ¡Tita Val! – Gritó la pequeña mientras abrazaba a su tía Valeria.

Valeria abrazo con fuerza a su sobrina Lía, una pequeña de tres años, de pelo rubio y de ojos azules. Es muy parlanchina y curiosa, todo un terremoto y con una energía inagotable. Bianca, la hermana mayor de Valeria, también se unió a ese abrazo, feliz de ver a su hermana pequeña de vuelta en casa. Bianca es dulce, cariñosa y protectora como su madre. Es una mujer responsable, que adora a su familia por encima de todo y con un corazón enorme. Tiene el pelo castaño claro y los ojos del mismo color verde que los ojos de Frank.

–          ¡Te he echado de menos, Val! – Exclamó Bianca sin dejar de abrazar a su hermana pequeña.

–          ¡Menuda sorpresa! – Exclamó Steve Robson, el marido de Bianca. – ¿Qué hace por aquí mi cuñada favorita?

–          Soy la única cuñada que tienes, te guste o no soy tu favorita. – Le respondió Valeria a modo de saludo y también abrazó a su cuñado.

Steve es un buen hombre que adora a su familia por encima de todo. Es cariñoso, divertido, trabajado y tiene mucho sentido del humor. A sus treinta años, es alto, musculoso y muy atractivo. Tiene el pelo de color castaño claro, los ojos azules y una nariz aguileña que le da personalidad. Steve y Valeria siempre se han llevado muy bien y son buenos amigos, ambos se adoran.

–          ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? – Preguntó Bianca sabiendo que su hermana estaba en Smalltown de paso.

–          Estaré por aquí una semana. – Le respondió Valeria. – Por cierto, ¿vendréis al aniversario de la editorial?

–          No podemos, Val. Lía es demasiado diablilla para dejarla todo un fin de semana, no dejaría de llorar y volvería loca a la niñera. – Se lamentó Bianca. – Pero te llamo mañana por la tarde y quedamos, tenemos muchas cosas de las que hablar.

Steve y Bianca saludaron a Frank, Paola y Olivia y, tras dar todas las indicaciones para cuidar de Lía, se marcharon a cenar con unos amigos dejando a la pequeña en casa de los abuelos.

Paola se encargó de dormir a su nieta mientras Frank se daba una ducha y Valeria y Olivia prepararon la mesa para cenar.

A las nueve en punto de la noche, los Mancini se sentaron a la mesa para cenar con su hija Valeria y con su mejor amiga Olivia, a quien conocían desde que nació y a quien consideraban una más de la familia.

–          ¿Tenéis pensado salir esta noche? – Preguntó Paola mientras cenaban.

–          Iremos a Sunbeach a tomar unas copas y nos quedaremos a dormir en el apartamento de Oli. – Le contestó Valeria. – Regresaré mañana por la tarde y me quedaré aquí el resto de la semana con vosotros.

Paola y Frank intercambiaron una mirada, que su hija quisiera salir de copas con Olivia era una buena señal y ambos se alegraron.

Confía en mí.

Confía en mí

Tras la proposición de matrimonio de Brian, Valeria se da cuenta que él no es el hombre con quien desea pasar el resto de su vida y decide poner fin a la relación. Se vuelca en su trabajo y apenas da explicaciones a su familia sobre la repentina ruptura, hecho que les preocupa a todos, incluso a los Stuart, sus jefes.

Tras ser obligada a tomarse una semana de vacaciones, Valeria viaja a Smalltown con la intención de visitar a su familia y amigos. Allí conoce a Jason Smith, un hombre once años mayor que ella, con fama de mujeriego y mirada intensa por el que se siente mucho más que atraída.

Tras una semana de vacaciones, Valeria regresa a Suncity y descubre que Jason es el director de la nueva empresa de seguridad que ha contratado la editorial en la que trabaja para garantizar la seguridad del gran evento por el veinticinco aniversario de la editorial. Las circunstancias hacen que Valeria y Jason acudan juntos a la fiesta de aniversario de la editorial y, cuando Jason la acompaña de regreso a casa, descubren que alguien ha entrado en el apartamento de Valeria y ha dejado un claro mensaje: una foto de ambos clavada en la pared por un cuchillo.

Desde entonces, Jason se hace cargo de la situación y también de la protección y la seguridad de Valeria, pero ¿hasta a dónde está dispuesto a llegar Jason para protegerla y mantenerla a su lado? ¿Logrará que confíe en él y le cuente los secretos que ella oculta? Y Valeria, ¿logrará confiar en él pese a su reputación de mujeriego?

Si quieres saber más sobre ésta historia, aquí podrás encontrar todos los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18