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Hasta que el contrato nos separe 10.

Gisele estaba agotada y se sentía tan cómoda con Matt que logró dormir toda la noche de un tirón. Pero Matt no logró pegar ojo en toda la noche. Dormir en la misma cama con Gisele conteniendo las ganas que tenía de besarla ya le resultaba bastante difícil, pero la situación se complicó cuando Gisele, todavía dormida, se acurrucó junto a él y colocó la cabeza sobre su pecho. Matt no pudo evitar echarle el brazo sobre los hombros y pasó la noche vigilando el sueño de Gisele.

Cuando Gisele abrió los ojos a la mañana siguiente y se encontró abrazada a Matt dio un brusco respingo para apartarse de él que hizo reír a Matt.

—Buenos días, Gisele. ¿Has dormido bien?

—Lo siento, suelo moverme mucho mientras duermo y no estoy acostumbrada a compartir la cama —se apresuró en disculparse ella, con el rubor en las mejillas.

—Todavía es pronto, puedes dormir un poco más —le susurró Matt al oído antes de levantarse de la cama—. Voy a darme una ducha y después bajaré al despacho, avísame si me necesitas.

—Ni siquiera ha amanecido, ¿por qué te levantas tan temprano?

—Si me quedo, no creo que sea capaz de controlar mis impulsos más primitivos.

—Oh, lo siento —se disculpó Gisele avergonzada.

—Duérmete, te despertaré a las siete —le susurró Matt antes de hacer un esfuerzo para alejarse de ella.

Gisele cerró los ojos y volvió a quedarse dormida mientras Matt aprovechó para ducharse y encerrarse después en su despacho para llamar a Tyler.

— ¿Hay alguna noticia? —Preguntó Matt tras saludar a Tyler.

—Se quedó esperando frente a la puerta del edificio hasta las dos de la madrugada, después se marchó a un motel a pocos minutos de aquí y allí sigue, imagino que durmiendo —le respondió Tyler—. Es muy probable que regrese a primera hora de la mañana. ¿Todavía quieres que lo llevemos a la agencia?

—No, he cambiado de idea. Quiero que seáis discretos y os mantengáis en un segundo plano hasta que averigüemos quién es ese tío. No quiero que actuéis a menos que sea imprescindible.

—Será mejor que matices qué consideras imprescindible.

—Si está en juego la seguridad y/o la vida de alguna persona, especialmente la de Gisele o la de su compañera de piso, ¿entendido?

—Supongo que eso confirma los rumores.

— ¿Qué rumores? —Exigió saber Matt.

—Se rumorea que esa chica ha derribado la gran muralla que rodea al Capitán Spencer —se mofó Tyler—. Aunque, si te soy sincero, yo me alegro por ti. Espero que esa chica te obligue a desconectar un poco del trabajo, es bueno divertirse un poco de vez en cuando.

— ¿Por qué todos creéis que no me divierto?

—Quizás ahora todo el mundo piense que te diviertes demasiado, tienes buen gusto para las mujeres y es evidente que le sacas diez años por lo menos a esa chica.

—Aburrido y viejo, hablar contigo es realmente reconfortante —opinó Matt con sarcasmo.

—Para eso están los amigos —comentó Tyler burlonamente y añadió antes de colgar—: Te llamaré para mantenerte informado.

Matt suspiró profundamente, aquel asunto cada vez le tenía más preocupado. El ex novio de Gisele no era quien decía ser pero, ¿ella lo sabía? ¿Sería capa Gisele de ocultarle algo así? Podría preguntárselo directamente, pero no quería presionarla y que se cerrara en banda, él quería que ella confiara en él. Decidió que hablaría del asunto con ella por la tarde, esperaba que Gisele estuviera más relajada y receptiva tras terminar los exámenes finales y esa mañana tenía el último.

—Buenos días, Elsa —saludó Matt al entrar en la cocina.

—Buenos días, ¿qué tal has dormido? —Le preguntó la mujer con una sonrisa cómplice en los labios—. Por esas ojeras, diría que no has dormido mucho.

—Gisele se quedó dormida recostada sobre mi pecho y no quise moverme para no despertarla. Ella tampoco ha descansado demasiado últimamente —reconoció Matt—. La he dejado durmiendo, en un rato iré a despertarla.

Elsa sonrió con ternura, nunca había visto a Matt tan interesado en una chica, él no era un hombre de los que se comprometía. Jamás había llevado a ninguna de sus amantes a casa, él prefería que los encuentros fuesen en casa de ellas o en un hotel, así podía marcharse cuando quisiera. Por eso Elsa se alegraba tanto de verle tan prendado de aquella chica, Matt ya tenía edad para sentar la cabeza y Elsa estaba deseando verle casarse y formar una familia.

—Buenos días —saludó Gisele entrando en la cocina.

Gisele había escuchado a hurtadillas parte de la conversación y decidió compensar a Matt de alguna manera por la noche que le había hecho pasar. Caminó hasta llegar a su lado, se sentó sobre su regazo y le dio un beso en los labios que le pilló totalmente desprevenido.

—Mm… ¿Te has levantado de buen humor? —Susurró Matt con la voz ronca, envolviéndola con sus brazos para retenerla junto a él un poco más.

—Estoy de tan buen humor que he pensado en invitarte a comer, así celebramos que he terminado los exámenes —se oyó decir Gisele. Sus palabras también sorprendieron a Matt, que la observó sin decir nada—. ¿Tienes trabajo? No te preocupes, lo entiendo —añadió un poco desilusionada—. Te he estado quitando demasiado tiempo estos días y…

Matt le cerró la boca con un apasionado beso que hizo que ambos se olvidaran de que no estaban solos en aquella cocina.

—Me encanta veros tan cariñosos, pero deberíais dejar algo para después si no queréis llegar tarde —les interrumpió Elsa poniéndose en pie. Cogió la cafetera y, mostrándosela a Gisele, le preguntó—: ¿Quieres café?

—Sí, te ayudo.

Matt maldijo en silencio, le hubiera gustado que Gisele se quedara entre sus brazos unos minutos más.

Elsa y Matt hablaron de las compras relacionadas con la casa y la comida mientras desayunaban y Gisele se limitó a escuchar. Adivinó que mantener una casa como aquella no debía ser fácil y no se refería solamente al coste que conllevaba, sino a la organización. El jardinero tenía que ocuparse del mantenimiento del jardín y la piscina; la chica de la limpieza venía una vez a la semana para hacer limpieza a fondo; una vez al mes le tocaba el turno al limpiador de ventanas, que se tenía que descolgar por la fachada para que los cristales quedaran impolutos; y también había que organizar el tema de las comidas. Matt aparecía poco por casa para comer o cenar, pero cuando lo hacía siempre era por sorpresa.

Después de desayunar, se despidieron de Elsa y se montaron en el coche de Matt para dirigirse a la universidad. Gisele iba distraída mirando la carretera cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Lo cogió y frunció el ceño al ver que se trataba de Sarah. La tarde anterior le había dejado una nota en la nevera avisándola de que pasaría la noche con Matt, así que imaginó que la llamaba para someterla a un interrogatorio.

—Buenos días, Sarah.

—Buenos días, Gis. ¿Qué tal ha ido la noche? —Le preguntó con tono burlón.

—Sarah…

—Bueno, ya hablaremos más tarde de eso, te llamo por otro asunto. ¿Tienes planes para comer?

—Eh… La verdad es que sí.

—Necesito hablar contigo, tengo que tomar una decisión y necesito que me des tu aprobación.

— ¿Desde cuándo necesitas mi aprobación?

—Es en serio, Gis. Se trata de una oferta de trabajo, ¿no puedes cambiar tus planes?

—Sí, supongo que sí —le respondió Gisele mirando a Matt—. Te llamo cuando salga de clase y quedamos.

—De acuerdo. Gracias, Gis —se despidió Sarah antes de colgar.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Matt en cuanto colgó.

—Sarah quiere hablar conmigo, le han ofrecido un puesto de trabajo para el verano y quiere comentarlo conmigo después de clase —le respondió Gisele con cara de niña buena—. Sé que te he invitado a comer, pero esto es importante para Sarah y tengo que estar con ella. Lo entiendes, ¿verdad?

—No te preocupes, no pasa nada —se resignó Matt—. Vendré a buscarte después para llevarte con Sarah.

—Gracias, eres el mejor novio del mundo —bromeó Gisele.

—Al mejor novio del mundo no se le va olvidar que le debes dos celebraciones.

— ¿Dos celebraciones?

—Anoche se suponía que íbamos a celebrar nuestro acuerdo, pero decidiste invitar a Elsa para que se quedara con nosotros, ¿lo has olvidado?

—Insistente, persuasivo, mandón y rencoroso —comentó Gisele divertida—, pero el mejor novio del mundo.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal de la universidad y se apresuró en salir del coche y rodearlo para ayudar a Gisele.

—No olvides que también soy un caballero —le susurró mientras le rodeaba la cintura con los brazos para atraerla hacia a él y besarla—. Será mejor que te vayas a clase antes de que decida dejar de ser un caballero.

—Te veo luego —se despidió Gisele entre risas.

Tras dejar a Gisele en la universidad, Matt se dirigió a la agencia. Aprovechó para ponerse al día con su agenda y también centrarse en la investigación sobre Erik Muller. Saber quién era ese tipo se había convertido en su prioridad, no le daba buena espina y quería mantener protegida a Gisele.

A la una en punto de la tarde, Matt la esperaba frente al edificio principal de la universidad, apoyado en su coche y con las manos en los bolsillos, esperando que ella saliera por la puerta y deseando verla.

— ¿Qué tal te ha ido el examen?

—Muy bien, creo que voy a sacar una muy buena nota —le contestó Gisele riendo despreocupadamente.

Se subieron al coche y se dirigieron al apartamento de Gisele que, sintiéndose mal por haber cancelado los planes con Matt, le dijo:

—Te debo dos celebraciones, no lo voy a olvidar.

—Espero que sea pronto, no me gusta esperar. Te llamaré más tarde —le advirtió Matt antes de darle un leve beso en los labios que a ambos les supo a poco.

Gisele bajó del coche y entró en el edificio sonriendo. Aquella locura de acuerdo podría traer graves consecuencias, pero ya lo había firmado y se había propuesto disfrutar de todo aquello que pudiera, incluido su futuro marido.

—Aquí me tienes —anunció Gisele cuando entró en el apartamento.

—Siento haberte fastidiado el plan con Matt, pero necesito dar una respuesta esta tarde y antes de tomar una decisión quiero saber tu opinión.

— ¿Pedimos una pizza y me lo cuentas todo?

Sarah llamó por teléfono al restaurante para pedir una pizza a domicilio mientras Gisele se cambiaba de ropa para estar más cómoda. Media hora más tarde, ambas amigas estaban sentadas en el sofá, devorando una pizza y poniéndose al corriente.

—Antes de hablarte de la oferta de trabajo, quiero que me cuentes qué hay exactamente entre Matt y tú —exigió Sarah.

—Es evidente que me gusta, nos estamos conociendo y parece que no nos va mal —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Anoche dormí con él, pero no hicimos nada, seguimos en la fase de los besos.

—Gis, si ya te has metido en su cama, ¿por qué no has llegado al final?

—Creo que él no quiere presionarme debido al acoso al que Erik me tiene sometida y yo quiero tomármelo con calma, aunque a este paso, dudo que eso sea posible —reconoció Gisele—. Pero no hablemos más de mí. Cuéntame cuál es esa oferta de trabajo tan interesante.

—Me han ofrecido trabajar en las oficinas centrales de News, pero tengo que darles una respuesta esta tarde y, si acepto, mañana por la mañana tengo que subirme a un avión.

— ¿Cuáles son las condiciones?

—Me pagan el alojamiento y un sueldo semanal de tres cuatrocientos euros, me vendría genial y también podría prestarte dinero para pagar las tasas, pero quiero que vengas conmigo. No me gusta la idea de dejarte aquí sola con Erik merodeando a tu alrededor constantemente y montándote numeritos.

— ¿Y qué voy a hacer yo allí? Además, Matt tiene una agencia de seguridad y me ha prometido que no permitirá que Erik me haga daño. También me ha ofrecido trabajar unas horas en su agencia y podré pagar las tasas.

—Entonces, ¿te parece bien si acepto?

— ¡Por supuesto que sí!

— ¡Gracias, Gis! Voy a llamarles ahora mismo —gritó Sarah eufórica—. Y tú deberías llamar a Matt y recompensarle, seguro que se alegra si le invitas a cenar.

—Pero es tu última noche aquí, pasarás todo el verano en la capital.

—Estamos a tres horas en coche de distancia, puedo venir a verte los fines de semana o también puedes venir tú. No te va a dar tiempo a echarme de menos —le aseguró Sarah y, con una tímida sonrisa, añadió—: Además, había quedado con un compañero de clase y, si me voy a ir tres meses, me iré satisfecha porque no sé lo que me encontraré allí.

— ¿Necesitas que te lleve mañana al aeropuerto?

—Necesito que dejes de pensar tanto en los demás y pienses en ti. Llama a Matt y disfruta de una noche salvaje con él —le dio un fuerte abrazo y añadió—: Te llamaré mañana cuando me instale en mi nuevo apartamento de verano.

Hasta que el contrato nos separe 9.

El trayecto de regreso a casa de Matt lo pasaron completamente en silencio. Gisele estaba perdida en sus propios pensamientos, cada vez le preocupaba más la actitud de Erik, jamás se había comportado así en cuatro años que hacía que le conocía. El hombre con quien había compartido su vida durante más de tres años se había vuelto loco. Matt la observaba de reojo mientras conducía, imaginó que pesaba en su ex novio y no se equivocaba, pero no la presionó, dejó que fuera ella quien decidiera hablar o no del tema.

Unos minutos más tarde, Matt aparcó el coche en el garaje y entró en la casa agarrado de la mano de Gisele, que caminaba a su lado con la cabeza en otra parte.

— ¡Creía que os habíais marchado y no regresaríais! —Les saludó Elsa gratamente sorprendida de ver a Gisele junto a Matt.

—Hemos ido a la agencia, tenía que encargarme de un asunto importante, y hemos pasado por el apartamento de Gisele para coger un par de cosas, se quedará a dormir en casa esta noche —informó Matt.

—Eso es genial, Gis —celebró Elsa—. Voy a preparar una cena de chuparse los dedos.

—Estoy deseando probarla, Elsa —le respondió Gisele con una amplia sonrisa.

—Vamos, te acompaño a mi despacho —le indicó Matt—. Allí podrás estudiar sin que nadie te moleste hasta la hora de la cena.

Gisele se acomodó en el sofá del despacho de Matt, situado en la plata baja de la casa, mientras él se dirigió a su habitación para llamar a Tyler. El asunto del ex novio molesto de Gisele le tenía harto y, tras ver el temor en los ojos de Gisele al enterarse que estaba frente a la puerta del edificio de su apartamento, a Matt se le había acabado la paciencia.

—Hola Matt —saludó Tyler cuando descolgó.

—Tyler, asegúrate que no pierden de vista a Erik Muller, lo quiero en la agencia mañana a primera hora.

—De acuerdo, así lo haremos —afirmó Tyler—. Estaba a punto de llamarte, seguimos investigando y hemos encontrado un vacío en su expediente. Erik Muller comenzó a existir hace ocho años.

—Genial —bufó Matt con sarcasmo—. Averigua quién es realmente ese tipo, quiero saberlo todo sobre él.

—Lo intentaré, pero no va a ser fácil, ese tipo no ha dejado ningún rastro de su identidad anterior. Quizás la chica pueda darnos más información de la que podamos conseguir investigándolo —propuso Tyler con cautela.

—Quiero mantener a Gisele al margen, no quiero que se agobie más.

— ¿Y de verdad crees que es mejor secuestrar a su ex novio que preguntarle directamente por él? —Se mofó Tyler—. Supongo que así es el amor, os deja a todos gilipollas.

Si le hubiera dicho eso a Matt una semana antes, probablemente le hubiera dado un buen puñetazo, pero después de conocer a Gisele, no pudo más que reír. Al fin y al cabo, aquello significaba que no se les daba tan mal fingir ser una pareja.

—Esta noche Gisele se quedará conmigo, no apareceremos por allí —le informó Matt—. No lo perdáis de vista y llámame si averiguas algo más.

—De acuerdo, seguimos en contacto —afirmó Tyler antes de colgar.

Matt suspiró profundamente y se dejó caer sobre la cama. Estaba agotado, apenas había dormido desde el sábado y se temía que esa noche tampoco dormiría mucho más si tenía que compartir cama con Gisele. Lo que en un principio parecía de lo más tentador, podría convertirse en una auténtica tortura si debía de contener la atracción que sentía por ella.

Tratando de deshacerse de esos pensamientos que solo conseguían excitarle más, Matt decidió darse una ducha de agua fría y bajar a la cocina para echarle una mano a Elsa, así al menos lograría distraerse un poco mientras Gisele estudiaba.

— ¿Qué intenciones tienes con esa chica? —Exigió saber Elsa, que se comportaba más como una madre que como una empleada.

—Tengo las mejores intenciones con Gisele, me gusta de verdad —le respondió Matt, y no fue ninguna mentira.

—Parece una buena chica, un poco joven quizás.

— ¿Me estás llamando viejo? —Bromeó Matt.

—Si tú eres viejo, ¡yo soy una momia! —Replicó Elsa divertida. Se puso seria y añadió—: Gis me gusta para ti, he visto cómo la miras y cómo sonríes cuando estás con ella.

Matt guardó silencio. Elsa era una persona muy intuitiva, difícil de engañar. Si bien era cierto que Matt se sentía atraído por Gisele desde que la vio por primera vez en aquel pub, nunca había profundizado en ese sentimiento. Había estado ocupado tratando de que ella aceptara firmar el contrato y así tener una excusa para seguir viéndola.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Elsa.

—Sí, solo estoy un poco cansado —le confesó Matt.

Matt pelaba y cortaba las patatas mientras Elsa encendía el horno para calentarlo cuando, cansada de estudiar, Gisele cerró los libros y salió del despacho para dirigirse a la cocina. Allí se los encontró charlando tranquilamente mientras preparaban la cena y, tratando de echar una mano, se ofreció:

—Hola, ¿puedo ayudaros a algo?

— ¿Ya has terminado de estudiar? —Le preguntó Matt escrutándola con la mirada.

—Ajá, es lo bueno de estudiar todos los días, no tengo que pasarme la noche anterior en vela estudiando.

—Todavía falta un rato para que la cena esté lista, puedes instalarte en mi habitación y darte una ducha, si te apetece.

—No puedo dejar que vosotros hagáis todo el trabajo —protestó Gisele.

—Eres nuestra invitada, no podemos consentir que eches una mano —sentenció Matt con rotundidad—. Vamos, te acompaño a la habitación. En seguida regreso, Elsa.

Matt agarró a Gisele por la cintura y, pegándola al lado izquierdo de su cuerpo, salieron de la cocina como si fueran una pareja de enamorados. Gisele esperaba que Matt retirara el brazo de su cintura, pero lo dejó allí hasta que llegaron al dormitorio principal de la planta superior. Matt le enseñó el dormitorio, el vestidor y el cuarto de baño y Gisele no pudo evitar pensar que aquella amplia estancia era más grande que el cochambroso apartamento que compartía con Sarah. Al entrar en el cuarto de baño, Gisele ahogó un grito de euforia cuando vio la enorme bañera y se sorprendió excitándose al imaginarse con Matt en ella.

—Hay toallas limpias en el armario o, si lo prefieres, puedes utilizar mi albornoz, yo nunca lo uso —le ofreció Matt—. Estaré con Elsa en la cocina, baja cuando termines. Y, si necesitas algo, llámame.

—Gracias —le dijo Gisele dedicándole una amplia sonrisa.

Matt asintió con un leve gesto de cabeza y regresó rápidamente a la cocina junto a Elsa, imaginarse a Gisele en su bañera no era la mejor forma para contener sus necesidades.

Gisele estuvo tentada de darse un largo baño, pero no quería que la tuvieran que esperar para cenar y decidió darse una rápida ducha. Media hora más tarde, Gisele entraba en la cocina más relajada y con su eterna sonrisa en los labios.

—Llegas justo a tiempo, la cena ya casi está —anunció Matt.

—Huele de maravilla.

—Sentaos a la mesa, yo me encargo de serviros y os dejo solos —dijo Elsa.

— ¿Pero cómo no vas a cenar con nosotros? —Protestó Gisele—. ¡Si has preparado tú la cena!

—Ejem, ejem —tosió Matt para recordarle que él también había ayudado.

—Perdón, tú también —se disculpó ella con una sonrisa divertida.

Matt estrechó a Gisele entre sus brazos y le plantó un beso en los labios de manera espontánea. Agradeció en silencio que Elsa estuviera presente, al menos podía justificarlo diciendo que estaba metido en su papel de novio enamorado. Pero a Gisele no le molestó aquel beso, todo lo contrario.

—Ya has oído a Gisele, tienes que cenar con nosotros —sentenció Matt, dirigiéndose a Elsa.

—Está bien, pero sentaos a la mesa que yo me encargo de servir la cena.

Ambos la obedecieron sin rechistar y se sentaron a la mesa del comedor mientras Elsa se desenvolvía con facilidad en la cocina.

—Elsa no puede saber nada sobre nuestro acuerdo —le recordó Matt una vez a solas en el comedor.

—Pues tendrás que acostumbrarte al lado izquierdo de la cama —bromeó Gisele tratando de parecer despreocupada.

—Dormir en un lado o en otro de la cama no será lo que suponga un problema —murmuró él entre dientes.

Elsa entró en el comedor con la bandeja de pollo y patatas y sirvió los platos. Los tres cenaron charlando tranquilamente, pero Elsa quería saber más de la chica que había conquistado el corazón de Matt y comenzó a hacer preguntas:

— ¿Cómo os conocisteis?

—Jason y yo estábamos tomando algo en un pub, Gisele y su amiga estaban sentadas lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían y…

—Y tuvisteis la poca vergüenza de cotillear todo lo que decíamos —le interrumpió Gisele divertida.

—No debí parecerte tan malo, te quedaste charlando conmigo toda la noche.

—Eso es porque eres muy insistente, persuasivo y mandón —le replicó Gisele sacándole la lengua.

—Creo que te ha calado perfectamente —se mofó Elsa.

—Así que un mandón, ¿no?

—Un mandón encantador —le confirmó Gisele sonriendo.

Estuvo a punto de besarle, pero cambió de opinión en el último momento. Matt se percató y frunció el ceño, no entendía por qué se había echado atrás.

Después de cenar, Gisele se empeñó en ayudar a Elsa a recoger la mesa y Matt también echó una mano, quería acabar con aquello cuanto antes para irse a dormir con Gisele.

—Buenas noches, Elsa —se despidió Matt tirando del brazo a Gisele—. Vamos a dormir, mañana tienes un examen.

—Buenas noches, Elsa.

—Buenas noches, pareja —les deseó Elsa.

Gisele siguió a Matt a la habitación y, tras coger su mochila, entró en el cuarto de baño para ponerse el pijama mientras Matt hacía lo mismo en el vestidor. Cuando Gisele salió del cuarto de baño, él ya estaba tumbado en el lado izquierdo de la cama. Tragó saliva cuando la vio con aquella camiseta blanca y ajustada que marcaba sus pechos y aquel short diminuto que dejaba al descubierto sus piernas perfectas. Gisele se metió en el lado derecho de la cama y, antes de apagar la luz, le dijo a Matt entre risas:

—Buenas noches, cariño.

Buenas noches, Gisele —le susurró él con la voz ronca.

Hasta que el contrato nos separe 8.

Matt y Gisele mantuvieron la tregua mientras comían en silencio, pero ella seguía pensando en aquel acuerdo. Elsa vivía con Matt, tendría que fingir incluso cuando estuviera en casa y eso suponía dormir en la misma habitación. No habría ningún problema si se tratara de un fin de semana, pero un año y medio era demasiado tiempo. Corría el riesgo de enamorarse de él, algo bastante probable dada la atracción que sentía por él.

Después de comer, Matt quiso ir a la agencia para leer el contrato y, si lograban estar de acuerdo, firmarlo. Pero Gisele se negó a marcharse de allí dejando los platos y la mesa sin recoger. Ella no estaba acostumbrada a tener una asistencia que se lo hiciera todo, pero dejar la cocina así le parecía una barbaridad.

—Le pago a Elsa para que se ocupe de estas cosas —refunfuñó Matt ante la insistencia de ella por dejarlo todo limpio y recogido.

—No me cuesta nada y no quiero darle más trabajo del necesario a Elsa. Si voy a vivir aquí, quiero llevarme bien con ella.

—No tendrás ningún problema con Elsa, en una buena persona y muy cariñosa, te tratará muy bien.

— ¿Hace mucho que trabaja para ti?

—Trabajó como asistenta interna en casa de mis padres desde que yo era pequeño y hasta que mi padre murió, ella se encargaba de cuidar de la casa y también a mi hermana y a mí cuando mis padres estaban fuera. Cuando hace unos años dejé el ejército quedamos para charla, me contó que acababa de quedarse sin trabajo y no lo dudé. Elsa es una más de la familia.

Cuando por fin terminaron de recogerlo todo y Gisele dio su visto bueno, se dirigieron al apartamento de Gisele. Ella le invitó a subir, pero Matt decidió esperarla en la calle y aprovechar para charlar con los dos agentes que Taylor había enviado para custodiar la entrada el edificio. Quería confirmar si Erik Muller había tenido las narices de volver a presentarse allí para molestar a Gisele.

— ¿Va todo bien por aquí?

—De momento, ningún altercado —confirmó uno de los agentes—. La policía nos ha confirmado que lo han dejado libre con cargos a media mañana. Probablemente se habrá ido a dormir la mona y regrese más tarde.

—Gisele pasará la noche en mi casa, pero en el apartamento se quedará su amiga Sarah, así que estad atentos y llamadme si ese tipo aparece por aquí.

Ambos agentes asintieron con un enérgico movimiento de cabeza. Matt vio que Gisele salía del edificio y se apresuró en despedirse de los agentes para ayudar a Gisele a cargar con la mochila que llevaba.

— ¿Has metido piedras aquí dentro? —Se mofó Matt.

—Solo llevo una muda de ropa, los libros y apuntes que necesito y algunos productos de higiene, no seas exagerado —le replicó ella sacándole la lengua.

Matt metió la mochila de Gisele en el maletero del coche y ambos se dirigieron a la agencia para reunirse con Jason. Una vez más, todos los agentes que merodeaban por allí se volvieron para mirar a su jefe, no era habitual verlo acompañado por una mujer y mucho menos en la agencia. Por todos era sabido que Matt era un hombre que no se comprometía con ninguna mujer, él estaba casado con su trabajo, aunque aquello no le impedía disfrutar de los encuentros sexuales que mantenía con sus amantes.

—Creía que ya no vendríais —les saludó Jason dirigiendo una sonrisa burlona a su amigo mientras señalaba el reloj de pared.

—Nos hemos entretenido un poco —respondió Matt con naturalidad—. Pasemos a mi despacho y seguimos hablando allí.

Matt colocó su mano sobre la parte inferior de la espalda de Gisele para guiarla hacia el despacho y la invitó a entrar la primera tras abrir la puerta. Matt y Gisele se sentaron en uno de los sofás del despacho y Jason se sentó en el otro. A Gisele no le pasó por alto la sonrisa maliciosa que Jason le dedicó a Matt y sonrió al imaginar la guasa que debía gastarse Jason con Matt.

—Aquí tenéis una copia del contrato, podéis revisarlo y me decís si queréis añadir o quitar alguna cláusula —les informó Jason sin borrar la sonrisa de la cara.

—Queremos añadir un par de cláusulas: una que nos obligue a respetarnos y apoyarnos; y otra en la cual se especifique que yo me encargaré de todo lo relacionado con la seguridad de ambos —le respondió Matt mirando a Gisele a los ojos para confirmar su aprobación, tal y cómo habían hablado antes. Ella asintió y Matt le dijo a su amigo—: Puedes ir añadiéndolas mientras nosotros repasamos el contrato, te avisaré si decidimos algo más.

Jason miró a su amigo con las cejas alzadas, sorprendido de que su amigo le invitara a marcharse. Pero sonrió al percatarse del interés que Matt mostraba en aquella chica. Jason le conocía lo suficiente para saber que Matt se había encaprichado de aquella chica y que la herencia tan solo era una excusa para estar cerca de ella.

Matt esperó a que Jason se marchara y, cuando se quedó a solas con Gisele, le preguntó:

— ¿Lo leemos juntos? —Ella asintió y Matt comenzó a leer el contrato—: “Mathew Spencer y Gisele Moore, en adelante el Novio y la Novia,…

—Por favor, ve directo a lo importante —le interrumpió Gisele señalando el reloj.

— ¿Ahora te entra la prisa? —Le replicó Matt. Ella hizo un mohín y el cedió—: Está bien, iremos directos al grano. Cláusula 1: El novio y la novia se comprometen a mantener el presente contrato en la más estricta confidencialidad. Cláusula 2: El novio y la novia se comprometen a mantener un noviazgo a efectos públicos. Dicha relación prosperará en un matrimonio, a efectos públicos y legales, que debe celebrarse antes del trigésimo quinto cumpleaños del novio. Cláusula 3: La novia deberá mudarse a casa del novio en cuanto se formalice el matrimonio. Cláusula 4: El novio y la novia están obligados a guardarse fidelidad, la infidelidad será motivo de anulación del contrato. Cláusula 5: El novio y la novia están obligados a asistir juntos a los eventos familiares, profesionales y sociales en los que se les requiera. Cláusula 6: El novio se hará cargo de los gastos de los estudios universitarios de la novia. Cláusula 7: La novia recibirá una paga mensual de 3.000€. Cláusula 8: La novia recibirá una paga extra de 100.000€ cuando se cumpla un año y un día desde la celebración del matrimonio. Cláusula 9: En caso de incumplimiento de contrato, se pagará una indemnización de 50.000€ al cónyuge. Cláusula 10: El novio y la novia se divorciaran cuando el novio haya logrado el objetivo del presente contrato, salvo que ambos cónyuges decidan seguir unidos en matrimonio de mutuo acuerdo. Todas las cláusulas tienen sus respectivas explicaciones y algunos ejemplos, ¿te queda todo claro?

—Sí, me queda claro.

—Bien, ¿quieres añadir alguna cláusula más?

—Supongo que, con las dos que le has dicho a Jason, ya está todo, ¿no?

—No hay ninguna cláusula sobre el sexo entre nosotros —apuntó Matt escrutando a Gisele con la mirada—. ¿Quieres añadir alguna para prohibirlo?

—Si queremos enfocar esto como un negocio de duración determinada, el sexo entre nosotros no es una buena idea y deberíamos evitarlo —opinó Gisele—. Pero nuestro contrato prohíbe que mantengamos una relación sentimental y/o sexual con una tercera persona y eso complica las cosas. No estamos hablando de un mes de abstinencia sexual, nuestro acuerdo durará un año como mínimo.

—Será mejor que me aclares lo que estás intentando decir porque creo que no te estoy entendiendo bien.

—Solo digo que no deberíamos cerrar esa puerta con llave, un año puedo ser muy largo y ambos somos adultos, supongo que, llegado el momento, puede ser una opción a tener en cuenta.

—Estoy completamente de acuerdo —concluyó Matt satisfecho. Alguien llamó a la puerta del despacho y añadió alzando la voz—: Adelante.

La puerta se abrió y Jason apareció sonriendo de oreja a oreja, era evidente que aquella situación le divertía.

—Aquí traigo vuestro contrato con las dos cláusulas añadidas —anunció Jason.

Matt cogió el contrato que Jason le entregaba y lo revisó junto a Gisele. Buscó las dos nuevas cláusulas y las leyó en voz alta:

Cláusula 11: El novio se encargará de todo lo que tenga que ver con la seguridad de ambos sin excepción alguna. Cláusula 12: El novio y la novia deberán mantenerse el respeto y apoyarse desde el inicio hasta el fin del contrato.

— ¿Qué te parece, Gisele? —Le preguntó Jason.

—Jason —le advirtió Matt, fulminándole con la mirada.

—Me parece bien —intervino Gisele antes de que aquellos dos se enzarzaran en una discusión—, y por favor, llámame Gis.

—Pues, si todo está en orden, puedes firmar el contrato, Gis —le respondió Jason haciendo énfasis en su nombre.

—Creía que el novio era yo —les reprochó Matt.

—Uix, parece que tu novio es muy celoso —le dijo Jason a Gisele bromeando.

Matt, visiblemente molesto por aquella repentina camaradería entre aquellos dos, cogió el contrato y lo firmó antes de entregárselo a Gisele. Ella cogió el contrato pero, antes de firmar, miró a Matt y le dijo apiadándose de él:

—No quiero que empecemos nuestro acuerdo estando de morros.

—Eso podrías arreglarlo con un beso —opinó Jason entre risas.

—Lárgate si no quieres que te eche a patadas —gruñó Matt perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

Jason se puso en pie dispuesto a marcharse pero, antes de salir, se volvió hacia a Gisele y le dijo solo para provocar a Matt:

—Espero verte pronto, Gis.

Gisele sonrió a modo de respuesta, consciente de la intención de Jason para provocar a Matt. Esperó a que Jason se hubiera marchado y firmó el contrato bajo la atenta mirada de Matt.

—Ya está —concluyó dejando el contrato sobre la mesa—, tienes delante a tu futura esposa.

—Deberíamos celebrarlo, ¿no crees?

—Mañana tengo un examen —le recordó Gisele.

—Pues lo celebraremos con un brindis mientras cenamos y no puedes decir que no, Elsa nos está preparando la cena.

—Solo una copa.

—Solo una copa, mañana tienes un examen —repitió Matt—. Vamos, le daremos a Jason el contrato firmado y regresaremos a casa para que puedas estudiar el resto de la tarde.

Matt y Gisele se disponían a salir del despacho cuando se toparon con Tyler Cooper. Por su cara, Matt dedujo que no traía buenas noticias, pero se contuvo al ver a Gisele junto a él.

— ¿Podemos hablar un momento?

—Puedes hablar, Gisele debe estar al tanto de todo —respondió Matt, llamando por completo la atención de Gisele.

—Lleva más de dos horas frente a la puerta del edificio, ha llegado pocos minutos después de que os marcharais y todavía no se ido, la está esperando —les informó Tyler escogiendo cuidadosamente sus palabras.

— ¿Erik? —Quiso confirmar Gisele.

Matt asintió y ella palideció. Matt le rodeó la cintura con su brazo para estrecharla contra su cuerpo y le susurró al oído:

—No debes preocuparte por nada, esta noche te quedas conmigo como habíamos planeado y mañana estará todo resuelto —. Se volvió hacia Tyler y le dijo—: Mantenedle vigilado, quiero saber dónde está en todo momento. Te llamaré más tarde.

Tyler asintió y, tras despedirse, se marchó por uno de los pasillos. Matt agarró a Gisele de la mano para reconfortarla y, tras asegurarle que no tenía nada por lo que preocuparse, le entregaron el contrato firmado a Jason y se marcharon de la agencia para regresar a casa.

Hasta que el contrato nos separe 7.

En cuanto Gisele entró en el apartamento, Sarah la bombardeó a preguntas. Su amiga quería saberlo todo sobre esa relación y sabía que no iba a darse por vencida hasta que se lo contara absolutamente todo. Gisele respiró hondo, se armó de paciencia y se metió en su papel de futura esposa de Matt para contarle una bonita historia de amor ceñida lo máximo posible a la realidad pero manteniendo en secreto el acuerdo con Matt. Le explicó que Matt había aparecido por la mañana para llevarla a la universidad, que más tarde fue a recogerla y la invitó a comer a una preciosa y elegante masía en mitad del campo pero a pocos minutos de la ciudad y que después la llevó a su agencia para mostrarle el lugar en el que trabajaba.

— ¿Y cuándo decidió lanzarse? —Quiso saber Sarah, que algo no terminaba de encajarle en aquella historia.

—Justo antes de que aparecieras, solo nos hemos dado tres besos. Literalmente.

— ¿Hasta qué punto te interesa Matt?

—Desembucha —la animó Gisele, que conocía demasiado bien a su amiga.

—Gis, ese tipo tiene doce años más que tú y es un mujeriego —le espetó Sarah tratando de abrirle los ojos a su amiga—. Si sacaras la cabeza de los libros sabrías que Matt Spencer es considerado uno de los solteros de oro de la ciudad y también del país. Se codea con actrices y modelos, pero con ninguna de ellas dura más de dos meses.

— ¿A qué viene esto? Te recuerdo que fuiste tú la que me aconsejó que le diera una alegría a mi cuerpo con Matt.

—Exacto, te dije que le dieras una alegría al cuerpo, pero hablas de él como si fuera el amor de tu vida y no quiero que te haga daño.

—Solo nos estamos conociendo y, cómo te he dicho, solo nos hemos dado tres besos —la tranquilizó Gisele—. Sigo con la cabeza metida en los libros, pero me siento cómoda con Matt y me gusta estar con él, así que seguiré conociéndole y ya veremos qué pasa.

—Pase lo que pase, yo siempre estaré a tu lado —le aseguró Sarah abrazándola con ternura y añadió bromeando—: Pero, si esto acaba con un churumbel, yo seré la madrina.

—Me parece justo —rio Gisele divertida.

Matt pasó la noche investigando a Erik Muller, el ex novio de Gisele. Le había pedido a Tyler Cooper que mantuviera un par de agentes custodiando el edificio donde se encontraba el apartamento de Gisele y que mantuviera vigilado a Erik Muller, quería saber dónde se encontraba en todo momento.

Por la mañana, Matt pasó a recoger a Gisele tras confirmar que su ex novio no se había presentado por allí en toda la noche. La estaba esperando apoyado en el coche, con las manos en los bolsillos. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando la vio aparecer, aquella imagen de ella bañada por los rayos de sol le pareció el paraíso.

—Buenos días, señor Spencer —le saludó Gisele al pasar por su lado.

—Buenos días, señorita Moore —le siguió el juego Matt—. ¿No se le olvida algo?

Gisele se miró de arriba abajo para comprobar que llevaba todo lo que necesitaba y se encogió de hombros sin saber a qué se refería. Matt señaló sus labios y le preguntó con tono burlón:

— ¿Es que no vas a darme un beso para acompañar los buenos días? —Gisele le dio un leve beso en los labios y Matt añadió divertido—: ¡Pero si ni siquiera he podido disfrutarlo!

—Tendrás que estar más atento la próxima vez —se guaseó Gisele.

Se dirigieron a la universidad en el coche de Matt y él aprovechó el trayecto para preguntarle algo que le había estado matando de curiosidad durante toda la noche:

— ¿Qué tal te fue anoche con Sarah?

—Mejor de lo que esperaba, pero no le ha hecho demasiada gracia saber que nos estamos conociendo —le confesó. Matt la miró alzando las cejas y ella le aclaró—: No es nada personal, ella solo quería que, según sus propias palabras, echásemos un polvo y si te he visto no me acuerdo. No cree que seas adecuado para mí y no la culpo, tú y yo somos de mundos distintos.

— ¿A qué te refieres con que somos de mundos distintos? ¿Por qué no puedo ser el hombre adecuado para ti? —Quiso saber Matt, tratando de ocultar lo mal que le habían sentado aquellas palabras.

—Al parecer, eres uno de los solteros de oro del país y te codeas con actrices y modelos, yo no pinto nada en tu mundo.

Matt sonrió. Adivinó que Sarah había averiguado que tenía fama de mujeriego y había puesto en preaviso a Gisele.

—No te voy a negar que tengo un pasado, igual que tú tienes el tuyo —le respondió Matt encogiéndose de hombros, sin darle importancia al asunto.

— ¿Por qué yo? Con todas las candidatas que debes tener, ¿por qué me escogiste a mí para esto? ¿Acaso crees que no me echaré atrás en el trato porque soy pobre y no podré pagar la indemnización por incumplimiento de contrato?

—Esa no ha sido la razón —le dijo Matt con rotundidad, visiblemente ofendido. Aparcó frente al edificio principal de la universidad y añadió—: Vendré a buscarte cuando termines las clases y seguiremos con esta conversación.

Gisele abrió la puerta y bajó del coche, decepcionada porque Matt no le había pedido que se metiera en su papel de futura esposa y le diera un beso. Se despidió haciéndole un gesto con la mano y él le respondió con un leve gesto de cabeza antes de arrancar el motor del coche y marcharse. Matt maldijo una y mil veces mientras conducía hacia a la agencia. Necesitaba a Gisele para consolidarse como único heredero de la fortuna de su abuelo, pero también porque quería seguir disfrutando de su compañía y no estaba dispuesto a echarlo todo a perder por una tontería. Y sí, se había ofendido. Él no era un esnob, no había escogido a Gisele porque fuera pobre y así se aseguraría de que ella no incumpliría el contrato porque no pudiera hacer frente a la cláusula de indemnización. Había escogido a Gisele porque era una chica encantadora, simpática y divertida. Había sido completamente sincera con él pese a que apenas se conocían y, aunque no lo reconociera en voz alta, también la había escogido porque le atraía. No había tenido en cuenta el estado de sus cuentas bancarias para tomar la decisión, tan solo bien que se sentía y lo mucho que le gustaba su compañía.

— ¡Uix, qué cara! ¿Has discutido con la churri? —Se mofó Jason cuando se lo cruzó por uno de los pasillos.

— ¿Tienes el contrato?

Ambos amigos intercambiaron una significativa mirada y entraron en el despacho para hablar con mayor intimidad. Jason no tuvo que preguntar para que Matt le contara qué le ocurría y, aunque lo intentó, no pudo contener la risa.
— ¿Te parece gracioso? —Le espetó Matt furioso.

—Empiezas a parecer a un hombre casado —se guaseó Jason.

Gisele salió de clase a la una en punto y sonrió cuando vio a Matt esperándola junto a su coche. Se despidió de un par de compañeras de la universidad y se dirigió hacia a él cruzando los dedos para que se le hubiera pasado el enfado.

—Estás aquí —le saludó en un susurro.

— ¿Acaso pensabas que no iba a venir?

—Tenía mis dudas después de cómo te has marchado esta mañana —reconoció Gisele.

—Tenemos una conversación pendiente, quiero que lo tengas todo claro antes de firmar el acuerdo, si es que todavía sigues interesada. ¿Comemos en mi casa y lo hablamos tranquilamente?

—Mañana tengo un examen, tengo que estudiar.

—Estarás en tu apartamento antes de que el sol se ponga —insistió Matt.

—Está bien.

Matt ayudó a Gisele a subir al coche y condujo en dirección a su casa antes de que ella decidiera cambiar de opinión. Apenas unos minutos más tarde, aparcaba el coche en el garaje y entraba en su casa con Gisele. En cuanto pusieron un pie en el interior de la casa, una mujer de unos sesenta años asomó la cabeza por la puerta de la cocina y sonrió al ver Matt.

— ¡Matt! No esperaba que llegaras tan pronto, ¿te preparo algo de comer? —La mujer se percató que Matt iba acompañado y sonrió más ampliamente al ver a Gisele—. Oh, lo siento, pensaba que estabas solo. ¿Os quedaréis a comer? ¿Qué queréis que os prepare?

—Hola Elsa, debería haberte avisado —se disculpó Matt saludándola con un leve beso en la mejilla. Se volvió hacia Gisele e hizo las presentaciones oportunas—: Gisele, te presento a Elsa, vive aquí y se ocupa de las tareas de la casa. Gisele es… una amiga especial.

—Encantada de conocerla, Elsa —la saludó Gisele estrechándole la mano.

—Lo mismo digo Gisele pero, por favor Gisele, trátame de tú.

—De acuerdo, pero entonces tendrás que llamarme Gis —se desenvolvió Gisele con una sonrisa arrebatadora que hechizó tanto a Elsa como a Matt.

—No hay problema, Gis. ¿Qué te apetece comer?

—No sé, ¿Matt?

—Me da igual, decide tú —gruñó Matt, que empezaba a impacientarse con tanta charla entre esas dos.

— ¿Te echo una mano? —Se ofreció Gisele.

—Gisele, te recuerdo que tenemos un asunto pendiente —gruñó Matt de nuevo.

Gisele rodó los ojos con exasperación, aquel hombre no estaba acostumbrado a que le hicieran esperar, pero ella no era ninguna maleducada.

—Muchas gracias cielo, pero ya me ocupo yo de la comida o me quedaré sin trabajo —bromeó Elsa para sacarla del apuro al mismo tiempo que fulminaba con la mirada a Matt por ser tan impertinente y maleducado.

—Estaremos en mi despacho —anunció Matt con el rostro impasible, colocando su mano sobre la espalda de Gisele para guiarla.

Una vez a solas con Gisele en el despacho de su casa, le hizo un gesto para que tomara asiento y él se sentó frente a ella, al otro lado de la mesa. Se miraron fijamente a los ojos durante unos segundos, hasta que él decidió romper el silencio que se había formado:

—Te escogí a ti porque fuiste natural y sincera conmigo, tu situación económica no tuvo nada que ver. En cuanto a mi pasado, es obvio que he estado con otras mujeres y no he mantenido una relación estable con ninguna de ellas. Siempre he dejado muy claras mis intenciones antes de acostarme con una mujer, nunca las he engañado.

—No has tenido una relación estable en tu vida y pretendes casarte con una desconocida, ¿te das cuenta de la ironía?

— ¿Qué es lo que te preocupa, Gisele? —Le preguntó Matt sin andarse por las ramas.

— ¿Crees que vas a poder convivir conmigo? ¿Qué pasa si tengo un mal día? ¿Y si quiero quedarme todo el día en la cama sin hacer nada? Yo no estoy acostumbrada a obedecer a nadie y, por lo visto, a ti se te da genial dar órdenes. Además, también tendremos que fingir cuando estemos en casa, ¿o Elsa también está al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, creo que puedo convivir contigo. Si tienes un mal día, no pasa nada, todos lo tenemos. Y, si quieres quedarte todo el día en la cama sin hacer nada, no seré yo quien te lo impida, pero recuerda que somos una pareja y hay ciertos eventos a los que estaremos obligados a asistir juntos. Gisele, si no lo ves claro…

—Lo veo claro, lo que no tengo tan claro es cómo vamos a llevar la situación —le interrumpió Gisele.

—Te doy mi palabra que haré todo lo posible para que te sientas cómoda y a gusto, solo tienes que confiar en mí.

—Voy a confiar en ti y más te vale no decepcionarte, no querrás tener una esposa cabreada —le dijo Gisele para rebajar la tensión.

—Entonces, ¿quieres firmar el contrato?

—Sí, pero tendrás que añadir una cláusula en la que estaremos obligados a respetarnos y apoyarnos durante el tiempo que dure el acuerdo —exigió Gisele—. Estás comprando mi firma en un papel, pero no mi cuerpo, ni mis principios, ni mi dignidad.

—Yo también quiero añadir otra cláusula: me encargaré personalmente de tu seguridad y no es negociable porque es una parte vital para que conseguir el objetivo del acuerdo.

—Me parece bien, una esposa muerta no será un beneficio para nadie. ¿Cuándo firmamos el contrato?

—Después de comer. Iremos a la agencia y nos reuniremos con Jason. Si lo tienes todo claro, firmaremos el contrato.

Gisele asintió tratando de asimilar lo que estaba a punto de hacer. Durante el siguiente año y medio, su vida iba a estar unida a la de Matt por contrato.

Elsa llamó a la puerta del despacho y anunció que la comida ya estaba lista. Ambos se pusieron en pie y se dirigieron a la cocina, donde se sentaron a la mesa que Elsa se encargó de servir.

—Voy a salir a comprar, ¿os quedaréis a cenar? —Preguntó Elsa con una amplia sonrisa en los labios, sin poder contener lo feliz que se sentía al ver a Matt interesado de verdad en aquella chica.

—Gisele me ha hecho prometerle que la llevaría a su casa antes de que oscureciera, mañana tiene un examen y tiene que estudiar —refunfuñó Matt—. Quizás tú puedas convencerla.

—Gis, voy a preparar mi plato estrella, tienes que quedarte.

—Me encantaría, pero tengo que estudiar.

—Podemos pasar por tu apartamento de camino a la agencia, coges todo lo que necesites y te quedas a dormir aquí, así todos tendremos lo que queremos —intervino Matt.

—Está bien, me quedaré. Pero me tienes que llevar a casa para que coja mis apuntes y ropa para mañana.

—Haré lo que tú quieras —le aseguró Matt plantándole un beso en los labios bajo la atenta y sorprendida mirada de Elsa.

Gisele supo que Matt tan solo se estaba metiendo en su papel de novio enamorado, pero le gustó aquella reacción y mucho más el beso, así que le dedicó una amplia sonrisa. Elsa se fue a comprar y les dejó a solas en la casa para darles intimidad, aquella chica sencilla y natural le gustaba para Matt.

Hasta que el contrato nos separe 6.

Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde encerrados en el despacho mientras se ponían de acuerdo para que su historia fuera creíble. Matt estaba encantado de que Gisele hubiera aceptado su propuesta, con ella todo le iba a resultar mucho más fácil. Por una vez, Gisele se dejó llevar e hizo lo que realmente le apetecía en lugar de lo que debía. Sabía que lo mejor hubiera sido buscar otro trabajo y continuar pagando sus estudios, pero la atracción que sentía por Matt era mucho más fuerte que su conciencia.

—Deberíamos ponernos de acuerdo en cómo nos conocimos y todas esas cosas —comentó Gisele tímidamente.

—Creo que lo mejor es que nos ciñamos el máximo posible a la verdad —opinó Matt—, nos conocimos en pub tomando unas copas, intercambiamos números de teléfono y quedamos.

—Si nos van a entrevistar para verificar la veracidad de nuestro matrimonio, es posible que nos pregunten por algunos detalles íntimos como cuándo nos dimos nuestro primer beso, en qué lado de la cama dormimos, o si nos llamamos con algún apelativo cariñoso —le dijo Gisele para hacerle ver que aquello era más complicado de lo que él pensaba—. Deberíamos ponernos de acuerdo para responder lo mismo.

— ¿Tienes alguna sugerencia?

—Como bien has dicho, cuanto más nos acerquemos a la verdad, mejor nos irá. ¿En qué lado de la cama sueles dormir?

—No tengo un lado de la cama, duermo solo.

—Yo duermo en el lado derecho, así que a partir de ahora tú dormirás en el izquierdo —le respondió Gisele—. En cuanto a los apelativos cariños, ¿alguna idea?

— ¿No puedo llamarte Gisele sin más?

—Sólo tú me llamas Gisele, el resto del mundo me llama Gis.

—No voy a dejar de llamarte Gisele, me gusta tu nombre completo —le advirtió Matt con una sonrisa pícara en los labios.

—Tenemos tiempo para pensar en un apelativo cariñoso, ya lo decidiremos más adelante.

—Es importante mantener una rutina, por lo que había pensado en llevarte a la universidad por las mañanas y recogerte cuando salgas, así también podremos evitar que tu ex novio siga molestándote, no creo que sea tan idiota de seguir haciéndolo si me ve contigo.

—La verdad es que Erik está empezando a darme miedo, se ha vuelto loco —le confesó Gisele.

—Gisele, prométeme que si vuelve a molestarte me llamarás. Me da igual la hora que sea, quiero que me llames, ¿de acuerdo?

Aunque sus palabras parecían una petición, en realidad era una orden. A Matt le preocupaba que aquel tarado pudiera llegar a hacerle daño a Gisele, así que tomó nota mental para investigarlo y mantenerlo vigilado.

—Te lo prometo —le prometió Gisele con un hilo de voz, visiblemente asustada por los continuos numeritos de Erik.

—No te preocupes, no dejaré que vuelva a acercarse a ti —le aseguró Matt colocando su mano sobre la de ella—. Se supone que somos una pareja, ahora debemos cuidar el uno del otro. Por cierto, en un par de meses celebraremos el quinto aniversario de la agencia y quiero que vengas conmigo para hacer oficial nuestra relación, pero antes me gustaría presentarte a mi madre y a mi hermana.

—En dos semanas habré terminado el semestre y tendré todo el tiempo del mundo, supongo que no me vendrá mal hacer un poco de vida social.

—Y yo que creía que iba a tener problemas para presentarte a tu futura suegra —bromeó Matt.

—Si te soy sincera, me preocupa bastante. ¿Qué pasa si no le caigo bien a tu familia?

—Eso no debería preocuparte, a mi madre le resultarás adorable y con mi hermana te llevarás bien, ya lo verás. A Jason ya lo conoces, él es mi mejor amigo y también mi abogado. Si no tienes planes para este fin de semana, podemos pasarlo juntos y así te voy hablando un poco de todo lo que necesites saber.

—Tengo que estudiar, Matt —le recordó Gisele—. Además, se supone que nos conociendo, no puedo pasar todo un fin de semana en tu casa tan pronto.

—Supongo que tienes razón, primero deberíamos darnos el primer beso y todo eso —se mofó Matt.

—Si pretendes que Sarah nos crea, tendremos que ser cuidadosos, ella será peor que el comité de investigación para la resolución del testamento de tu abuelo.

— ¿A qué te refieres?

—En cuanto le diga que estamos juntos, querrá saberlo todo. Y cuando digo todo, me refiero a TODO. Me va a pedir detalles, muchos detalles, y yo no voy a saber qué responder —comenzó a agobiarse Gisele.

—Tenemos tiempo para ponernos de acuerdo. Si Sarah te pregunta, dile que todavía es pronto y que nos estamos conociendo. Dile que quieres ir despacio.

—Todo esto es una locura, no va a salir bien, Matt.

—Gisele, todo va a salir bien, solo tienes que ceñirte al plan. A partir de ahora, piensa en mí como en tu pareja, cuéntame las cosas que le contarías, regáñame cuando lo consideres necesario y regálame un beso o una sonrisa espontánea cuando estemos en público. Si hay algo que te preocupa, no dudes en decírmelo, yo me encargaré de todo, Gisele.

—Haces que todo parezca más fácil de lo que en realidad es —comentó Gisele.

—Y tú haces que resulte más fácil de lo que debería.

Gisele le agradeció aquellas palabras con una sonrisa. Le hubiera gustado que un hombre así se hubiera interesado en ella de verdad, no solo por una herencia. Pero sacudió la cabeza para librarse de aquellos pensamientos y se centró en lo positivo del acuerdo: ya no tendría que preocuparse por obtener el dinero necesario para cubrir las tasas de la universidad, con la beca que recibía cubriría su parte del alquiler del apartamento que compartía con Sarah y, además, Matt le había asignado una paga mensual de tres mil euros para sus gastos.

El teléfono del despacho comenzó a sonar y Matt contestó con el altavoz puesto al comprobar que se trataba de su secretaria.

—Señor Spencer, tengo que confirmar la reunión de mañana, ¿a las ocho le va bien?

—No, confírmela para las diez y modifique mi agenda de esta semana y la que viene, no llegaré a la oficina hasta a las nueve y media o las diez de la mañana.

—De acuerdo, señor Spencer —le respondió su secretaria antes de colgar.

—No quiero que dejes de atender tu trabajo para acompañarme a la universidad, puedo ir en mi coche y, si Erik aparece, puedo llamarte.

—Si aparece, más te vale llamarme —le advirtió Matt—. De todos modos, solo te quedan un par de semanas para acabar el semestre, puedo permitirme acompañarte y me quedaré más tranquilo.

—Como quieras —accedió Gisele sabiendo que no le haría cambiar de opinión.

Matt miró el reloj que colgaba de la pared de su despacho y, tras comprobar que eran casi las ocho de la tarde, se puso en pie y le dijo a Gisele:

—Te llevo a casa, es tarde e imagino que querrás descansar.

Gisele asintió con una sonrisa, pero lo cierto es que hubiese preferido quedarse un rato más con Matt. Salieron del despacho y los pocos empleados que seguían trabajando a esa hora se volvieron para mirarlos con curiosidad. Algunos lo hicieron con disimulo, otros con un gran descaro, pero a ninguno de los dos les importó. Se subieron en el coche y Matt condujo hasta llegar a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Gisele.

—Espera, te acompaño a la puerta —le dijo Matt mientras rodeaba el coche y miraba a su alrededor.

Gisele hizo lo mismo por instinto y no falló. Reconoció el coche de Erik aparcado al otro lado de la calle y se tensó. Matt se percató de su reacción y le preguntó:

— ¿Qué pasa?

—El coche de Erik está aparcado al otro lado de la calle —susurró Gisele mirando con disimulo por encima del hombro de Matt y añadió con la voz quebrada—: Está ahí, dentro del coche.

—Creo que es un buen momento para nuestro primer beso.

— ¿Qué?

—Tú solo cierra los ojos —le dijo Matt con una seductora sonrisa en los labios.

Gisele abrió la boca para protestar, pero Matt se la tapó con sus labios sometiéndola al beso más seductor que jamás le habían dado. Ambos disfrutaron del beso y se dejaron llevar durante unos segundos, hasta que Matt se apartó lentamente de ella haciendo un gran esfuerzo y le susurró al oído:

—Un gran primer beso, ¿no crees?

—Sí, si omitimos el pequeño detalle que ha sido forzado porque mi ex novio está al otro lado de la calle.

—Si no te ha gustado, podemos repetirlo —le propuso Matt tratando riendo.

—No deberías abusar, o puede que al final termines enamorándote de mí —bromeó Gisele.

—Correré el riesgo —le respondió Matt antes de rodearle la cintura con sus brazos para estrecharla contra su cuerpo y besarla de nuevo.

Esta vez, ambos se perdieron en aquel beso. Desconectaron sus mentes de todo lo que sucedía a su alrededor y disfrutaron plenamente de aquel íntimo y placentero contacto hasta que alguien fingió toser detrás de ellos:

—Ejem, ejem.

Matt despegó sus labios de los de ella haciendo un gran esfuerzo y dio media vuelta para encararse con quien quiera que fuera quien les había interrumpido, pero se mordió la lengua al comprobar que se trataba de Sarah, la amiga de Gisele.

—Lamento interrumpir, pero estáis bloqueando el paso —se mofó Sarah—. Deberíais subir al apartamento o buscar un hotel, pero está feo montárselo en el portal.

— ¡Sarah! —La regañó Gisele.

—Solo estaba bromeando, —se excusó Sarah con una sonrisa maliciosa en los labios. Se volvió hacia a Matt y le dijo antes de dirigirse al apartamento—: Me alegro de verte, Matt. Quizás tú puedas hacerle entender que la vida es algo más que estudiar y trabajar, necesita desmelenarse un poco.

—Haré lo que pueda —le respondió Matt divertido. Espero a que Sarah se montara en el ascensor y le dijo a Gisele—: Tu ex novio se ha largado mientras nos besábamos —ella frunció el ceño y él añadió—: No tienes nada de qué preocuparte, enviaré a un par de agentes para que vigilen el edificio y no le dejen pasar si se atreve a presentarse. Yo vendré a buscarte por la mañana para llevarte a la universidad e iré a recogerte cuando termines las clases, ¿de acuerdo?

—Te estoy dando más problemas de los que te puedo solucionar —murmuró Gisele haciendo un mohín que a Matt le pareció adorable.

—Sube al apartamento, imagino que Sarah querrá someterte a un tercer grado.

—No te hará tanta gracia cuando me pregunte cómo eres en la cama y me exija detalles —le replicó Gisele siguiéndole la broma.

—En ese caso, creo que debería hacer algo para que te resulte más fácil —le susurró Matt acercando su boca a la de ella y pidiéndole permiso con la mirada antes de besarla por tercera vez. Cuando sus labios se separaron apenas unos segundos después, añadió—: Buenas noches, Gisele.

—Buenas noches, Matt.

Gisele cruzó el portal del edificio y se volvió hacia Matt para dedicarle una sonrisa antes de montarse en el ascensor. Suspiró profundamente al recrear mentalmente los tres besos que Matt le había dado y sonrió como hacía mucho tiempo que no sonreía.

Matt esperó a que Gisele entrara en el ascensor para sacar su teléfono móvil del bolsillo y llamar a Tyler Cooper, su mano derecha en la agencia, para pedirle que enviara a un par de agentes a hacer guardia frente al edificio de Gisele.