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Hasta que el contrato nos separe 6.

Matt y Gisele pasaron el resto de la tarde encerrados en el despacho mientras se ponían de acuerdo para que su historia fuera creíble. Matt estaba encantado de que Gisele hubiera aceptado su propuesta, con ella todo le iba a resultar mucho más fácil. Por una vez, Gisele se dejó llevar e hizo lo que realmente le apetecía en lugar de lo que debía. Sabía que lo mejor hubiera sido buscar otro trabajo y continuar pagando sus estudios, pero la atracción que sentía por Matt era mucho más fuerte que su conciencia.

—Deberíamos ponernos de acuerdo en cómo nos conocimos y todas esas cosas —comentó Gisele tímidamente.

—Creo que lo mejor es que nos ciñamos el máximo posible a la verdad —opinó Matt—, nos conocimos en pub tomando unas copas, intercambiamos números de teléfono y quedamos.

—Si nos van a entrevistar para verificar la veracidad de nuestro matrimonio, es posible que nos pregunten por algunos detalles íntimos como cuándo nos dimos nuestro primer beso, en qué lado de la cama dormimos, o si nos llamamos con algún apelativo cariñoso —le dijo Gisele para hacerle ver que aquello era más complicado de lo que él pensaba—. Deberíamos ponernos de acuerdo para responder lo mismo.

— ¿Tienes alguna sugerencia?

—Como bien has dicho, cuanto más nos acerquemos a la verdad, mejor nos irá. ¿En qué lado de la cama sueles dormir?

—No tengo un lado de la cama, duermo solo.

—Yo duermo en el lado derecho, así que a partir de ahora tú dormirás en el izquierdo —le respondió Gisele—. En cuanto a los apelativos cariños, ¿alguna idea?

— ¿No puedo llamarte Gisele sin más?

—Sólo tú me llamas Gisele, el resto del mundo me llama Gis.

—No voy a dejar de llamarte Gisele, me gusta tu nombre completo —le advirtió Matt con una sonrisa pícara en los labios.

—Tenemos tiempo para pensar en un apelativo cariñoso, ya lo decidiremos más adelante.

—Es importante mantener una rutina, por lo que había pensado en llevarte a la universidad por las mañanas y recogerte cuando salgas, así también podremos evitar que tu ex novio siga molestándote, no creo que sea tan idiota de seguir haciéndolo si me ve contigo.

—La verdad es que Erik está empezando a darme miedo, se ha vuelto loco —le confesó Gisele.

—Gisele, prométeme que si vuelve a molestarte me llamarás. Me da igual la hora que sea, quiero que me llames, ¿de acuerdo?

Aunque sus palabras parecían una petición, en realidad era una orden. A Matt le preocupaba que aquel tarado pudiera llegar a hacerle daño a Gisele, así que tomó nota mental para investigarlo y mantenerlo vigilado.

—Te lo prometo —le prometió Gisele con un hilo de voz, visiblemente asustada por los continuos numeritos de Erik.

—No te preocupes, no dejaré que vuelva a acercarse a ti —le aseguró Matt colocando su mano sobre la de ella—. Se supone que somos una pareja, ahora debemos cuidar el uno del otro. Por cierto, en un par de meses celebraremos el quinto aniversario de la agencia y quiero que vengas conmigo para hacer oficial nuestra relación, pero antes me gustaría presentarte a mi madre y a mi hermana.

—En dos semanas habré terminado el semestre y tendré todo el tiempo del mundo, supongo que no me vendrá mal hacer un poco de vida social.

—Y yo que creía que iba a tener problemas para presentarte a tu futura suegra —bromeó Matt.

—Si te soy sincera, me preocupa bastante. ¿Qué pasa si no le caigo bien a tu familia?

—Eso no debería preocuparte, a mi madre le resultarás adorable y con mi hermana te llevarás bien, ya lo verás. A Jason ya lo conoces, él es mi mejor amigo y también mi abogado. Si no tienes planes para este fin de semana, podemos pasarlo juntos y así te voy hablando un poco de todo lo que necesites saber.

—Tengo que estudiar, Matt —le recordó Gisele—. Además, se supone que nos conociendo, no puedo pasar todo un fin de semana en tu casa tan pronto.

—Supongo que tienes razón, primero deberíamos darnos el primer beso y todo eso —se mofó Matt.

—Si pretendes que Sarah nos crea, tendremos que ser cuidadosos, ella será peor que el comité de investigación para la resolución del testamento de tu abuelo.

— ¿A qué te refieres?

—En cuanto le diga que estamos juntos, querrá saberlo todo. Y cuando digo todo, me refiero a TODO. Me va a pedir detalles, muchos detalles, y yo no voy a saber qué responder —comenzó a agobiarse Gisele.

—Tenemos tiempo para ponernos de acuerdo. Si Sarah te pregunta, dile que todavía es pronto y que nos estamos conociendo. Dile que quieres ir despacio.

—Todo esto es una locura, no va a salir bien, Matt.

—Gisele, todo va a salir bien, solo tienes que ceñirte al plan. A partir de ahora, piensa en mí como en tu pareja, cuéntame las cosas que le contarías, regáñame cuando lo consideres necesario y regálame un beso o una sonrisa espontánea cuando estemos en público. Si hay algo que te preocupa, no dudes en decírmelo, yo me encargaré de todo, Gisele.

—Haces que todo parezca más fácil de lo que en realidad es —comentó Gisele.

—Y tú haces que resulte más fácil de lo que debería.

Gisele le agradeció aquellas palabras con una sonrisa. Le hubiera gustado que un hombre así se hubiera interesado en ella de verdad, no solo por una herencia. Pero sacudió la cabeza para librarse de aquellos pensamientos y se centró en lo positivo del acuerdo: ya no tendría que preocuparse por obtener el dinero necesario para cubrir las tasas de la universidad, con la beca que recibía cubriría su parte del alquiler del apartamento que compartía con Sarah y, además, Matt le había asignado una paga mensual de tres mil euros para sus gastos.

El teléfono del despacho comenzó a sonar y Matt contestó con el altavoz puesto al comprobar que se trataba de su secretaria.

—Señor Spencer, tengo que confirmar la reunión de mañana, ¿a las ocho le va bien?

—No, confírmela para las diez y modifique mi agenda de esta semana y la que viene, no llegaré a la oficina hasta a las nueve y media o las diez de la mañana.

—De acuerdo, señor Spencer —le respondió su secretaria antes de colgar.

—No quiero que dejes de atender tu trabajo para acompañarme a la universidad, puedo ir en mi coche y, si Erik aparece, puedo llamarte.

—Si aparece, más te vale llamarme —le advirtió Matt—. De todos modos, solo te quedan un par de semanas para acabar el semestre, puedo permitirme acompañarte y me quedaré más tranquilo.

—Como quieras —accedió Gisele sabiendo que no le haría cambiar de opinión.

Matt miró el reloj que colgaba de la pared de su despacho y, tras comprobar que eran casi las ocho de la tarde, se puso en pie y le dijo a Gisele:

—Te llevo a casa, es tarde e imagino que querrás descansar.

Gisele asintió con una sonrisa, pero lo cierto es que hubiese preferido quedarse un rato más con Matt. Salieron del despacho y los pocos empleados que seguían trabajando a esa hora se volvieron para mirarlos con curiosidad. Algunos lo hicieron con disimulo, otros con un gran descaro, pero a ninguno de los dos les importó. Se subieron en el coche y Matt condujo hasta llegar a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Gisele.

—Espera, te acompaño a la puerta —le dijo Matt mientras rodeaba el coche y miraba a su alrededor.

Gisele hizo lo mismo por instinto y no falló. Reconoció el coche de Erik aparcado al otro lado de la calle y se tensó. Matt se percató de su reacción y le preguntó:

— ¿Qué pasa?

—El coche de Erik está aparcado al otro lado de la calle —susurró Gisele mirando con disimulo por encima del hombro de Matt y añadió con la voz quebrada—: Está ahí, dentro del coche.

—Creo que es un buen momento para nuestro primer beso.

— ¿Qué?

—Tú solo cierra los ojos —le dijo Matt con una seductora sonrisa en los labios.

Gisele abrió la boca para protestar, pero Matt se la tapó con sus labios sometiéndola al beso más seductor que jamás le habían dado. Ambos disfrutaron del beso y se dejaron llevar durante unos segundos, hasta que Matt se apartó lentamente de ella haciendo un gran esfuerzo y le susurró al oído:

—Un gran primer beso, ¿no crees?

—Sí, si omitimos el pequeño detalle que ha sido forzado porque mi ex novio está al otro lado de la calle.

—Si no te ha gustado, podemos repetirlo —le propuso Matt tratando riendo.

—No deberías abusar, o puede que al final termines enamorándote de mí —bromeó Gisele.

—Correré el riesgo —le respondió Matt antes de rodearle la cintura con sus brazos para estrecharla contra su cuerpo y besarla de nuevo.

Esta vez, ambos se perdieron en aquel beso. Desconectaron sus mentes de todo lo que sucedía a su alrededor y disfrutaron plenamente de aquel íntimo y placentero contacto hasta que alguien fingió toser detrás de ellos:

—Ejem, ejem.

Matt despegó sus labios de los de ella haciendo un gran esfuerzo y dio media vuelta para encararse con quien quiera que fuera quien les había interrumpido, pero se mordió la lengua al comprobar que se trataba de Sarah, la amiga de Gisele.

—Lamento interrumpir, pero estáis bloqueando el paso —se mofó Sarah—. Deberíais subir al apartamento o buscar un hotel, pero está feo montárselo en el portal.

— ¡Sarah! —La regañó Gisele.

—Solo estaba bromeando, —se excusó Sarah con una sonrisa maliciosa en los labios. Se volvió hacia a Matt y le dijo antes de dirigirse al apartamento—: Me alegro de verte, Matt. Quizás tú puedas hacerle entender que la vida es algo más que estudiar y trabajar, necesita desmelenarse un poco.

—Haré lo que pueda —le respondió Matt divertido. Espero a que Sarah se montara en el ascensor y le dijo a Gisele—: Tu ex novio se ha largado mientras nos besábamos —ella frunció el ceño y él añadió—: No tienes nada de qué preocuparte, enviaré a un par de agentes para que vigilen el edificio y no le dejen pasar si se atreve a presentarse. Yo vendré a buscarte por la mañana para llevarte a la universidad e iré a recogerte cuando termines las clases, ¿de acuerdo?

—Te estoy dando más problemas de los que te puedo solucionar —murmuró Gisele haciendo un mohín que a Matt le pareció adorable.

—Sube al apartamento, imagino que Sarah querrá someterte a un tercer grado.

—No te hará tanta gracia cuando me pregunte cómo eres en la cama y me exija detalles —le replicó Gisele siguiéndole la broma.

—En ese caso, creo que debería hacer algo para que te resulte más fácil —le susurró Matt acercando su boca a la de ella y pidiéndole permiso con la mirada antes de besarla por tercera vez. Cuando sus labios se separaron apenas unos segundos después, añadió—: Buenas noches, Gisele.

—Buenas noches, Matt.

Gisele cruzó el portal del edificio y se volvió hacia Matt para dedicarle una sonrisa antes de montarse en el ascensor. Suspiró profundamente al recrear mentalmente los tres besos que Matt le había dado y sonrió como hacía mucho tiempo que no sonreía.

Matt esperó a que Gisele entrara en el ascensor para sacar su teléfono móvil del bolsillo y llamar a Tyler Cooper, su mano derecha en la agencia, para pedirle que enviara a un par de agentes a hacer guardia frente al edificio de Gisele.

Hasta que el contrato nos separe 5.

El lunes por la mañana Matt se levantó a las cinco, saludó a Doris, su asistenta, que ya estaba levantada, y salió a correr como todas las mañanas. Regresó una hora más tarde, se dio una ducha y desayunó mientras comprobaba el horario de las clases de Gisele. Su primera clase no empezaba hasta las nueve, todavía tenía tiempo de echar un vistazo a su correo electrónico y llamar a la agencia.

Gisele se levantó más cansada de lo que se había acostado, se dio una ducha y se tomó una taza de café para espabilarse. Estuvo más de veinte minutos parada frente al armario pensando qué ponerse. Quería que Matt la viera guapa, pero no lo suficiente como para que pensara que se había arreglado para él.

—Gis, me marcho ya —anunció Sarah—. Suerte con los exámenes, nos vemos esta noche.

— ¡Suerte, Sarah! —Respondió Gisele alzando la voz para que Sarah, que ya se estaba marchando, la escuchara.

A las ocho y cuarto, Gisele salía por el portal del edificio de apartamentos y se dirigía a cruzar la calle donde estaba aparcado su viejo coche cuando vio a Matt delante de ella, apoyado en su elegante coche, con las manos en los bolsillos y con una seductora sonrisa en los labios.

— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Hoy tienes un chófer particular —bromeó Matt—. Sube al coche, te llevo a la universidad.

—Matt, te agradezco lo que estás haciendo, pero…

—Solo déjame llevarte a la universidad, después iré a recogerte y no tendrás que dejar el coche —insistió Matt.

— ¿Siempre te sales con la tuya?

—Lo intento —le confirmó Matt orgulloso.

—Es inútil discutir contigo —sentenció Gisele dándose por vencida y subiendo al coche de Matt.

—Bien, nos vamos entendiendo.

Gisele rodó los ojos, no iba a consentir que Matt se saliera con la suya siempre, pero ese día no estaba de humor para discutir.

Matt condujo en silencio hasta llegar al edificio principal del campus universitario, el lugar donde Gisele tenía su primera clase.

—Vendré a buscarte a la una en punto, no lo olvides —le recordó Matt.

—No lo olvidaré.

—Suerte con los exámenes, Gisele —le dijo Matt mientras ella bajaba del coche.

—Gracias, te veo luego —le susurró.

Con una sonrisa en los labios, Gisele entró en el edificio principal de la universidad y Matt encendió de nuevo el coche para dirigirse a la agencia. Quería hablar con Jason y que tuviera preparado el contrato de confidencialidad. Si todo iba bien, esa misma tarde firmaría el contrato que le permitiría heredar el patrimonio de su abuelo y mantener la casa familiar.

Matt pasó la mañana en su despacho con Jason, que no daba crédito a la insistencia de su amigo por casarse con aquella muchacha.

—Si sigues acechándola, acabará denunciándote por acoso —le advirtió Jason.

—No la estoy acechando —se defendió Matt—. Encárgate de tener listo el contrato de confidencialidad para después de comer, es posible que lo necesitemos esta tarde.

—Estás como una cabra.

—Tengo que ir a recogerla a la universidad, deséame suerte.

—Rezaré por ti, vas a necesitar una ayuda sobrenatural para que esto salga bien —le dijo Jason ladeando la cabeza con desaprobación.

Matt ignoró la advertencia de Jason, le dedicó una amplia sonrisa y se marchó en busca de Gisele. Tenía ganas de verla, le gustaba charlar con ella y pasar el rato con Gisele se le antojaba de lo más interesante y apetecible. Aparcó el coche en el mismo lugar donde lo había hecho unas horas antes y esperó a que Gisele saliera. La puerta del edificio se abrió y los estudiantes comenzaron a salir. Matt buscó a Gisele con la mirada y sonrió cuando la encontró caminando hacia el coche.

—Puntual como un reloj suizo —mientras ella se sentaba y se abrochaba el cinturón de seguridad—. ¿Qué tal han ido los exámenes?

—Mejor de lo que esperaba, creo sacaré una muy buena nota en los dos.

—Eso es genial, ¿tienes más exámenes esta semana?

—Tengo dos más el miércoles y otro el jueves, estoy deseando acabar el semestre, ya solo me quedará el último año de carrera.

— ¿Qué carrera estás estudiando?

—Estudio psicología y quiero especializarme en el análisis de la personalidad, tiene una gran variedad de salidas, pero aún no tengo decidido por cual me decantaré —le respondió Gisele encogiéndose de hombros—. Por cierto, ¿a dónde me llevas?

—A mi restaurante favorito, te va a gustar.

Matt tomó la autopista para salir de la ciudad y Gisele se acomodó en el asiento con despreocupación. Pese a que Matt era casi un desconocido, se sentía segura y a salvo cuando estaba con él.

Veinte minutos más tarde, Matt aparcaba el coche frente a una antigua masía situada a las afueras de la ciudad. A Gisele le encantó el lugar, parecía sacado de un cuento de hadas.

Entraron en la masía y el maître, que reconoció a Matt en seguida, les acompañó al reservado, una zona íntima situada en el jardín trasero de la masía. Se sentaron en una de las mesas más apartadas, bajo la sombra de un sauce y con un par de biombos de madera a su alrededor para estar ocultos de las miradas de otros comensales. El camarero tomó nota de la bebida y la comida antes de dejarles de nuevo a solas.

—Parece un sitio estupendo, tranquilo y rodeado de naturaleza —comentó Gisele por hablar de algo, ya que Matt parecía más callado de lo habitual—. Aunque supongo que no me has traído aquí para enseñarme las vistas.

—Quería enseñarte mi restaurante favorito y este es un buen lugar para que podamos hablar tranquilamente. ¿Has pensado en mi propuesta?

—Sí, y tengo algunas dudas —le respondió Gisele—. Para empezar, ¿cuáles serían mis obligaciones si decido aceptar?

—Cuando estemos en público o haya gente con nosotros, tendrás que comportarte como si realmente fueras mi novia o mi esposa. Por supuesto, no podrás mantener relaciones sexuales ni sentimentales mientras dure nuestro contrato. Necesito que nuestro matrimonio sea creíble, nos investigarán y nos entrevistarán, así que tendrás que vivir conmigo cuando nos casemos.

—El contrato durará más de un año, ¿qué pasa si uno de los dos cambia de opinión durante ese tiempo?

—En ese caso, sería incumplimiento de contrato y tendrá que pagar una indemnización, a menos que sea de mutuo acuerdo.

— ¿Por qué necesitas casarte? —Preguntó Gisele sin poder reprimir la curiosidad que sentía.

—No puedo hablarte de ello hasta que firmes un contrato de confidencialidad —le contestó Matt con naturalidad—. ¿Qué te parece si disfrutamos de la comida, del aire puro del campo y de la compañía y dejamos esta conversación para después?

A Gisele le pareció una idea excelente y ambos disfrutaron de aquella comida como dos buenos amigos. Cuando terminaron de comer, Matt pagó la cuenta y se dirigieron a la agencia, situada a las afueras de la ciudad, muy cerca de dónde estaban. A Matt le urgía que Gisele firmara el contrato de confidencialidad cuanto antes para poder explicárselo todo. Si por él fuera, ya se lo hubiera contado, pero Jason le había hecho prometer que no le daría más información hasta que lo hubiese firmado.

Gisele tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la compostura cuando llegaron a las instalaciones de la agencia. Suponía que a Matt le iba muy bien con la agencia debido a su nivel de vida, pero no esperaba que aquel complejo de edificios tan elegante y moderno fuera en realidad la base de operaciones de una agencia de seguridad.

Matt aparcó frente a la puerta del edificio principal, salió rápidamente del coche para ayudar a bajar a Gisele y entraron en el majestuoso edificio. Ella se quedó un par de pasos por detrás y él la agarró de la mano y la guio hacia el ascensor para subir a la última planta, donde se encontraba su despacho. Recorrieron el largo pasillo de la oficina y, antes de encerrarse con Gisele en su despacho, le dijo a su secretaria:

—Dile a Jason que le espero en mi despacho.

La secretaria asintió y descolgó el teléfono para hacerse cargo de lo que su jefe le había pedido mientras Matt y Gisele entraban en el despacho y se sentaban en uno de los dos sofás de la zona de reuniones.

—Jason, además de un buen amigo, es mi abogado —la informó Matt.

— ¿Él estará al tanto de nuestro acuerdo?

—Sí, él se encargará de redactar nuestro contrato y estará al tanto de todo.

Alguien llamó a la puerta y, tras recibir permiso para entrar por parte de Matt, la puerta se abrió y tras ella apareció Jason con una sonrisa burlona en los labios. Saludó a Gisele con un beso en la mejilla y, entre risas, le preguntó si estaba segura de lo que iba a hacer.

—Jason, céntrate —le reprochó Matt fulminando a su amigo con la mirada.

—Aquí está el acuerdo de confidencialidad, en él se especifica que todo lo relacionado con lo comentado en esta reunión no se puede comentar ni difamar. En cuanto la señorita Moore lo firme, podremos continuar —anunció Jason en modo profesional, entregándole el documento a Gisele. Esperó a que lo leyera y lo firmara y añadió—: Ahora ya podemos continuar. Matt, ¿quieres seguir tú?

—El padre de mi madre falleció hace dos semanas y me nombró único heredero en su testamento, con la condición de que me casara antes de cumplir treinta y cinco años y que el matrimonio durase más de un año, solo entonces podré heredar su patrimonio —resumió Matt.

—Tienes dinero suficiente, ¿por qué quieres casarte si no necesitas esa herencia?

—La casa donde viven mi madre y mi hermana sigue siendo propiedad de mi abuelo. Fue un regalo que mi abuelo le hizo a mi madre cuando cumplió dieciocho años, pero después mi madre conoció a mi padre y mi abuelo no llegó a hacer el cambio de nombre de la propiedad, así que si no consigo la herencia, mi madre perderá la casa.

—Bien, aclarada la situación, si ambas partes estáis de acuerdo, podemos proseguir con los puntos del acuerdo para poder redactar el contrato prenupcial —intervino Jason—. El primer punto, será especificar los roles de cada uno. Para que el matrimonio sea considerado válido, deberéis aparentar ser una pareja, tendréis que fingir un noviazgo, la pedida de mano, la boda, la luna de miel y ser un matrimonio durante un año. Para ello, deberéis salir a cenar, al cine y a cualquier otro lugar público donde todas puedan ver que vuestro amor es auténtico. La boda debe celebrarse antes del veinte de enero, así que fingiréis el noviazgo hasta después de verano, que será cuando os comprometeréis. Una vez que os caséis, deberéis vivir juntos y asistir juntos a los actos sociales y profesionales que lo requieran. Obviamente, no podéis mantener ninguna relación sentimental ni sexual con terceras personas, así que tenéis dos opciones: podéis vivir en la abstinencia durante ese tiempo o bien podéis decidir satisfaceros mutuamente, al fin y al cabo, seréis marido y mujer.

A Gisele le sorprendió que Jason expresara su opinión tan abiertamente, pero en el fondo se alegró porque ella también quería saber qué iba a pasar con ese tema.

—Podemos añadir una cláusula prohibiendo cualquier acercamiento sexual entre nosotros, no quiero que te sientas incómoda —se apresuró a decir Matt.

—Si vamos a enfocar esto como un trato de negocios, el sexo entre nosotros debería quedar descartado —opinó Gisele—. Sin embargo, se trata de un período muy largo de tiempo y quizás cambiemos de opinión.

—Entonces, no hay cláusula de prohibición —concluyó Jason sonriendo divertido.

—Además, tendremos que añadir el pago de los estudios de Gisele, una asignación mensual para sus gastos y una indemnización final cuando nos divorciemos —añadió  Matt ignorando la sonrisa de su amigo.

— ¿De qué cantidades estamos hablando? —Preguntó Jason.

—Gisele, ¿qué cantidad quieres?

— ¿Mil euros? —Dudó ella.

—Tres mil euros al mes y cincuenta mil después del divorcio —decidió Matt.

—Queda por decidir la cantidad a indemnizar en caso de incumplimiento de contrato —les recordó Jason.

—Cincuenta mil euros —decidió Matt pensando que con una cifra elevada evitaría que Gisele se echara atrás.

—Pues con esto, ya lo tengo todo —anunció Jason—. Mañana a primera hora tendréis el contrato listo para firmar —. Se puso en pie y, tras besar a Gisele en la mejilla, se despidió sin ocultar su sonrisa—: Un placer volver a verte, Gisele.

—Lo mismo digo —le despidió ella.

Jason se marchó y les dejó a solas en el despacho. Matt escrutó con la mirada a Gisele, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la cabeza, pero no lo logró.

— ¿Estás bien?

—Sí.

—Si no lo tienes claro, puedes tomarte unos días más para pensarlo —le dijo Matt.

—Lo tengo claro.

Y Gisele no mentía. Puede que firmar aquel contrato con Matt fuera una locura, pero las ganas que tenía de pasar más tiempo con él y de asegurar el pago de sus estudios tuvieron más peso que su propia cordura.

Hasta que el contrato nos separe 4.

Gisele pasó el resto de la mañana del domingo en su apartamento, pensando en la propuesta de Matt y tratando de estudiar para los exámenes finales. Sarah apareció a primera hora de la tarde, con cara no haber dormido en toda la noche pero de haberse divertido como nadie. Las dos amigas se acomodaron en el sofá y se pusieron al día. Sarah le contó lo bien que lo había pasado con Jason, pero dejó claro que no quería seguir viéndolo.

— ¿Por qué no quieres seguir viéndole? Es la primera vez que te veo tan ilusionada con un hombre —preguntó Gisele.

—Precisamente por eso, Jason es el tipo de hombre del que me resultaría fácil enamorarme y, cómo ya sabes, el amor no entra en mis planes —aseveró Sarah—. ¿Qué tal te fue con Matt?

—Bien, es un tipo encantador, estuvimos charlando en el pub hasta que Erik se presentó y me montó un numerito. Matt se encaró con él, le dio un puñetazo y me llevó a su casa, donde me invitó a quedarme para no pasar la noche sola y arriesgarme a que el idiota de Erik siguiera teniendo ganas de montarme otro numerito.

— ¿Te acostaste con Matt?

—No, me ofreció la habitación de invitados y se comportó como todo un caballero, incluso me ha traído a casa esta mañana.

—Por favor, dime que al menos os habéis intercambiado los números de teléfono.

—Sí, me ha dado su número y él tiene el mío —le respondió Gisele que, hasta el momento, no había dicho nada que fuera mentira.

—Te lo preguntaré de otra manera, ¿piensas quedar con él?

—No sé, puede ser —contestó encogiéndose de hombros—. Ahora mismo no quiero preocuparme por eso, mi prioridad es terminar los exámenes con la mejor nota posible para mantener la beca o tendrás que buscar una nueva compañera de piso.

—No seas tan melodramática, tenemos el dinero del fondo de emergencia.

—Con ese dinero no tendremos ni para cubrir los gastos de un mes de alquiler.

—Llama a Matt y queda con él, quizás él pueda hacer que seas un poco más optimista —le replicó Sarah poniéndose en pie y añadió antes de dirigirse a su habitación—. Me voy a dormir antes de que consigas deprimirme.

Gisele le sacó la lengua a modo de respuesta y volvió a centrarse en los libros, debía estudiar para los dos exámenes que tenía el día siguiente.

Tras dejar a Gisele en su apartamento, Matt se dirigió a la casa familiar para comer con su madre y su hermana como todos los domingos que el trabajo le permitía. Su madre seguía muy preocupada por la posibilidad de perder la casa y Matt, tratando de animarla, le dijo:

—He conocido a una chica.

— ¿Qué significa eso exactamente? —Quiso saber Leonor, pues conocía la fama de mujeriego de su hijo—. Imagino que conocerás chicas constantemente.

—Me refiero a una chica especial, mamá. Una chica con la que podría casarme.

— ¿Tienes novia? —Preguntó su hermana Kelly sorprendida.

—Nos estamos conociendo, pero me gusta mucho —confesó Matt.

Y era cierto, Gisele le gustaba y mucho. Era una chica especial, luchadora, responsable y muy atractiva, no podía negarlo. Gisele tenía una belleza natural que le había hechizado, ella no tenía nada que ver con las mujeres artificiales con las que él solía salir en busca de sexo.

—Podrías pasar unos días con ella aquí este verano, así la conocemos —comentó Leonor ilusionada.

—Si para entonces le sigue interesando la chica —murmuró Kelly entre dientes.

— ¡Kelly! —La regañó Leonor. Sin embargo, miró a su hijo a los ojos y le aconsejó—: Matt, si esa chica te gusta de verdad, no lo estropees.

— ¿Qué te hace pensar que lo voy a estropear?

—El hecho que jamás has estado con una chica más de dos meses, quizás —intervino Kelly para mofarse de su hermano mayor.

—Me encanta venir de visita, me voy de aquí mucho más animado —ironizó Matt.

A media tarde, cansado de escuchar los consejos de su madre y su hermana para conquistar a una chica, decidió marcharse de allí y hacerle una visita a su amigo Jason, tenía muchas cosas de las que hablar con él.

— ¿Estás solo? —Le preguntó Matt cuando Jason descolgó el teléfono.

—Sí, estoy solo en casa, Sarah se marchó hace un rato.

—Ábreme, estoy en la puerta —le dijo Matt antes de colgar.

Dos segundos después, la puerta principal se abrió y Matt entró en la casa. Se dirigió directamente al salón, se sentó en el sofá y anunció:

—Quiero que Gisele sea mi esposa.

— ¿Te has enamorado en una sola noche? —Se mofó Jason.

—Es perfecta, una chica guapa, inteligente y responsable. Además, acaba de perder su trabajo y necesita dinero para pagar sus estudios, este acuerdo nos beneficiaría a ambos.

—No puedes proponerle algo así a esa chica, acabas de conocerla.

—Ya lo he hecho.

— ¿Te has vuelto loco? —Le espetó Jason incrédulo.

—La he investigado y he confirmado que todo lo que me había dicho es cierto, ha sido totalmente sincera conmigo. Además, la chica me gusta.

—Estudia en la universidad, le debes sacar entre diez y quince años.

—A ti no te ha importado pasar la noche con su amiga —le replicó Matt.

—Porque solo se trata de sexo de una noche, tú pretendes casarte con ella.

—No será un matrimonio de verdad, es un negocio —matizó Matt.

—Ese es el problema, Matt. No será un matrimonio de verdad, pero debe parecerlo. Los abogados de tu abuelo os investigarán, os entrevistarán a vosotros y a vuestro círculo más cercano para confirmar que realmente sois una pareja —le recordó Jason—. Por no hablar de Patrick, es capaz de cualquier cosa para heredar la fortuna de tu abuelo. Dime una cosa, ¿has pasado la noche con ella?

—Ha dormido en mi casa, pero en la habitación de invitados.

— ¿No ha habido sexo?

—No.

—Interesante —comentó Jason—. ¿Qué te ha dicho cuando se lo has propuesto?

—Al principio me ha dicho que estaba loco, pero creo que al final la he convencido para que piense en todo este asunto como un negocio.

— ¿Le has contado el motivo por el cual quieres casarte?

—Le he dicho que se lo contaré todo si decide aceptar.

—Si finalmente acepta, ven a verme antes de contarle nada. Le haremos firmar un acuerdo de confidencialidad antes de firmar el contrato —apuntó Jason—. Por cierto, si no te acostaste con ella, ¿cómo es que acabó durmiendo en tu casa?

—Su ex novio apareció en el pub y le montó un numerito mientras yo estaba pidiendo un par de copas en la barra. Tuve que intervenir y sacar de allí a Gisele. Estaba en estado de shock y no quería dejarla en su casa, no quería arriesgarme a que aquel imbécil volviera a molestarla.

—Y la llevaste a tu casa —adivinó Jason—. Esas chicas no son como las mujeres con las que salimos. Puede que no tengan dinero, pero tienen sus principios y su dignidad. No son la clase de mujeres que sueñan con un marido rico.

—Parece que Sarah te ha tocado el corazón —se mofó Matt.

—De eso nada, solo ha sido una noche, nada más. Y no te imaginas qué noche.

Jason sacó un par de cervezas de la nevera y ambos amigos se enfrascaron en una larga conversación sobre la noche que habían pasado con aquellas dos chicas que habían conocido la noche anterior.

Cuando Matt llegó a casa esa noche, estaba tan cansado que se dirigió directamente a su habitación pero, al subir las escaleras y pasar frente a la puerta de la habitación de invitados, no pudo contener las ganas que sentía de hablar con Gisele y decidió llamarla por teléfono.

— ¿Sí? —Gisele respondió al tercer tono.

—Hola, Gisele. Soy Matt.

—Oh. Hola Matt.

—Solo llamaba para saber si estabas bien o si ese idiota había vuelto a molestarte.

—Estoy bien —mintió Gisele.

—Pues no ha sonado muy creíble. ¿Qué te ocurre? Ha vuelto, ¿verdad?

—Ha conseguido entrar en el edificio, estaba borracho y ha comenzado a gritar para que la abriéramos la puerta. Sarah ha llamado a la policía y se lo acaban de llevar.

—Gisele, ¿por qué no me has llamado?

—Si tuviera que llamarte cada vez que me ocurre algo, tendría que vivir tres vidas para pagar la factura del teléfono —bromeó Gisele.

—También podrías vivir conmigo y te ahorrarías tener que llamarme.

—Matt…

—Admítelo, mi propuesta te beneficiaría.

—Te dije que lo pensaría.

—Lo sé, pero no tengo mucho tiempo —le recordó—. ¿Te apetece que quedemos para comer mañana?

— ¿Te han dicho alguna vez que eres muy insistente?

—Nunca me doy por vencido.

—Entonces, supongo que te las ingeniarás para comer conmigo mañana diga lo que diga.

—Supones bien —le confirmó Matt divertido—. Entonces, ¿comemos juntos mañana?

—No termino las clases en la universidad hasta la una de la tarde —le informó Gisele, aunque estaba segura de que Matt ya estaba más que informado—. Si no estás allí cuando salga, creeré que has cambiado de opinión y me marcharé, así que más te vale ser puntual.

—Seré puntual, te lo prometo. Buenas noches, Gisele.

—Buenas noches, Matt —se despidió antes de colgar.

Gisele sonrió como una idiota, Matt tenía ese efecto en ella. Se imaginó compartiendo casa con él y fingiendo ser un matrimonio, aquella disparatada idea cada vez se le antojaba más tentadora. Sin embargo, tener que engañar a todo el mundo era algo que no estaba segura de poder sobrellevar. Ella no era una buena mentirosa y fingir una relación no iba a ser fácil. La mejor manera de sobrellevarlo era dejar el sexo al margen. El sexo entre ambos haría que el trato se convirtiera en algo personal en lugar de ser el negocio beneficioso para ambos, pero eso iba a resultar complicado. Para empezar, las muestras de cariño en público serían inevitables. Además, pasarían juntos muchas horas y el sexo con terceras personas quedaba descartado, ya que ponía en riesgo la validez del matrimonio. Aquello suponía practicar la abstinencia sexual durante todo un año más lo que durara el noviazgo o practicar el sexo entre ellos, lo cual era factible ya que serían un matrimonio.

— ¿Con quién hablabas? —Le preguntó Sarah asomando la cabeza por la puerta de la habitación.

—Era Matt, solo quería saber si estaba bien y si Erik había vuelto a molestarme.

—Le gustas y por tu sonrisa deduzco que él también te gusta a ti, Gis. Quizás deberías salir con él y ver qué pasa, en el peor de los casos te llevarás un par de revolcones.

—Puede que lo haga —le respondió Gisele pensando en aceptar la propuesta de Matt.

—Buenas noches, Gis.

—Buenas noches, Sarah.

Gisele se metió en la cama, apagó la luz de su habitación y se durmió con una sonrisa en los labios, pensando en Matt.

Hasta que el contrato nos separe 3.

Gisele tuvo una pesadilla en la que Erik aparecía en su apartamento en mitad de la noche y disparaba a Matt, que dormía en la cama junto a ella. Se despertó gritando y se reprendió mentalmente por permitirse soñar con Erik, quería borrarlo de su mente como si jamás lo hubiese conocido. Se levantó de la cama sin recordar que no estaba en su apartamento y, a oscuras, dio un par de pasos hasta que se golpeó la rodilla contra el armario y, de repente, se acordó de todo.

— ¡Maldita sea! —Gruñó Gisele buscando el interruptor de la luz y sentándose a los pies de la cama para comprobar los años.

Tan solo había dormido unas cinco horas, pero estaba lo suficiente lúcida para recordar que se encontraba en casa de Matt, un tipo al que había conocido la noche anterior y que la había rescatado tras el último numerito dramático que Erik le había dedicado.

Matt estaba en el gimnasio, situado en la habitación de al lado de la habitación de invitados, cuando escuchó gritar a Gisele. Salió al pasillo para comprobar que ella se encontraba bien cuando escuchó un golpe procedente de la habitación de invitados y abrió la puerta sin pensárselo dos veces. Tuvo que respirar profundamente cuando la vio sentada a los pies de la cama, tan solo llevaba puesta su vieja camiseta del ejército que a duras penas le cubría los muslos.

— ¿Estás bien? —Preguntó Matt clavando su mirada en la rodilla izquierda de Gisele—. Veo que te has dado un buen golpe.

—He tenido una pesadilla, me he despertado y me he levantado sin recordar dónde estaba, así que me he dado un buen golpe en la rodilla contra el armario —se lamentó Gisele, sintiéndose de lo más patética—. Soy un desastre.

—No eres ningún desastre, pero sí un poco dramática —bromeó Matt sentándose a su lado a los pies de la cama—. Deja que le eche un vistazo a esa rodilla.

Tras examinar la rodilla de Gisele y comprobar que tan solo se trataba de una contusión, Matt le dedicó una amplia sonrisa y, poniéndose en pie, le dijo:

—Tu rodilla está bien, pero te saldrá un buen hematoma. Voy a darme una ducha rápida y te espero en la cocina para desayunar, quiero hablar contigo —. Se dirigió hacia la puerta y, antes de marcharse de la habitación, añadió con una amplia sonrisa en los labios—: Por cierto, te sienta muy bien esa camiseta.

Gisele se ruborizó, aquella camiseta cubría su torso, pero poco más. Una vez que se quedó de nuevo a solas en la habitación, se dejó caer de espaldas sobre la cama y pensó en lo guapo que estaba Matt por la mañana. No podía negar que aquel hombre le atraía y mucho. Holgazaneó unos minutos más en la cama antes de asearse y vestirse para bajar a la cocina. Sentía curiosidad por aquel “quiero hablar contigo” que Matt le había dicho.

Después de ducharse, Matt bajó a la cocina y preparó café y tostadas mientras esperaba a que Gisele bajara para desayunar con ella. Cuando Gisele se fue a dormir, él aprovechó para investigarla, quería saberlo todo sobre ella y lo consiguió. Había confirmado que todo lo que le había dicho era cierto, había sido sincera con él. Pese haber pasado toda su adolescencia en casas de acogida, había trabajado de camarera para pagar sus estudios en la universidad y había logrado salir adelante sin la ayuda de nadie. Aquella chica le parecía perfecta para convertirla en su socia, solo tenía que planteárselo de manera que ella viera que ambos saldrían beneficiados. Por suerte para él, contaba con una baza a su favor: la situación económica de ella no era buena y con ello esperaba que al menos se lo pensara.

—Buenos días —saludó Gisele al entrar en la cocina.

—Buenos días, Gisele —sonrió Matt—. Siéntate, he preparado café y unas tostadas para desayunar.

—Alojamiento y desayuno, acabas de convertirte y mi hada de la suerte —bromeó Gisele.

—Se te ha olvidado la mejor parte: la compañía —apuntó Matt siguiéndole la broma y, con un buen humor matutino que no había tenido antes, le preguntó—: ¿Qué sueles tomar para desayunar?

—Café con leche o zumo de piña, según cómo me levante. Hoy me vendrá bien el café.

—Y tostadas, tienes que comer, el desayuno es la comida más importante del día.

Matt le sirvió una taza de café con leche y un par de tostadas y se sirvió lo mismo para él. Gisele le dio las gracias y se comió con gusto todo lo que Matt había preparado. En tres años que había estado con Erik, jamás le había preparado y servido el desayuno.

—Gisele, quiero proponerte algo, pero antes quiero que me prometas que me vas a escuchar hasta el final y que lo pensarás, quiero que lo veas con perspectiva —comenzó a decir Matt.

—De acuerdo —le dijo Gisele con curiosidad.

—Necesitas dinero y yo puedo dártelo…

—No voy a aceptar tu dinero y no deberías preocuparte por mi situación económica, sé cuidar de mí misma —le aseguró ella ligeramente ofendida.

—Creía que ibas a escucharme —protestó Matt.

—Está bien, te escucho.

—El caso es que necesitas un trabajo y yo puedo ofrecerte uno que, aunque no sea muy convencional, estoy seguro de que nos beneficiará a ambos.

— ¿A qué te refieres con eso de que no es un trabajo muy convencional? —Gisele sospechaba que el trabajo que le estaba proponiendo Matt no le iba a gustar.

—Más que un trabajo, sería una especie de acuerdo, un negocio entre tú y yo —tanteó el terreno Matt y, al comprobar que Gisele seguía interesada en escucharle, añadió—: Necesito casarme antes de que acabe el año y ese matrimonio tiene que durar como mínimo un año. Si aceptas el trato, yo me comprometo a pagar todos tus estudios, a asignarte una paga mensual y una buena cantidad cuando se cumpla un año de matrimonio y nos divorciemos.

—No puedo creer que estés hablando en serio, si ni siquiera sabes nada de mí.

—Te recuerdo que dirijo una agencia de seguridad.

— ¿Es que me has estado investigando?

—Tenía que hacerlo, necesitaba estar seguro de que eras quién decías ser.

—No sé si ofenderme o pensar que estás loco —le reprochó Gisele—. ¿Acaso crees que puedes comprarme con tu dinero?

—No busco a una esposa de verdad, solo a alguien que finja serlo —le aclaró Matt—. Solo tendríamos que fingir un noviazgo durante unos meses y un matrimonio durante un año. Tú podrás dedicarte completamente a tus estudios, tendrás una paga mensual para tus gastos, que no serán muchos si vives aquí, pues no tendrás que pagar alojamiento ni comida.

—Estás loco.

—Sé que en un primer momento puede parecer una locura, pero si lo piensas detenidamente, es un buen negocio —insistió Matt.

—Y, ¿qué que ganas tú con este negocio si solo quieres una esposa de mentira?

—Te lo contaré todo cuando decidas aceptar el trato, pero ten en cuenta que es un trato confidencial.

—Me estás pidiendo que me case contigo y no hace ni veinticuatro horas que me conoces, si tuviera fuerzas para salir corriendo lo haría —bromeó Gisele.

—Se trata de un matrimonio de conveniencia, ambos saldríamos ganando —insistió de nuevo Matt, recordándole que sería un buen trato para ella—. Prométeme que lo pensarás.

Gisele lo meditó un instante y, si lo pensaba con la cabeza fría, casarse con Matt podría ser un plan B para pagar los estudios si no conseguía un trabajo.

—Lo pensaré, aunque sea una locura puede que no esté tan mal —concluyó Gisele.

—Perfecto —dijo Matt satisfecho—. Una cosa más, el trato es confidencial, todo el mundo deberá creer que nuestro matrimonio es real, incluida tu amiga y mi familia.

La idea de mentir a Sarah no le gustó, sobre todo porque contarle a Sarah la propuesta de Matt era lo primero que pensaba hacer en cuanto llegara a su apartamento, pero con la condición de Matt, hablar con Sarah del tema era una opción que quedaba descartada.

—Debería irme a casa, estoy a punto de comenzar los exámenes finales y debería estudiar si no quiero suspender.

—Te llevo a casa —sentenció Matt.

Gisele hubiera preferido tomar un taxi de regreso a su apartamento, necesitaba tiempo para asimilar lo que había ocurrido durante las últimas horas, pero tampoco se sintió con fuerzas para discutir con Matt, que no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta.

Se mantuvieron en silencio durante los pocos minutos que duró el trayecto, él iba concentrado en la carretera y ella miraba por la ventana mientras analizaba cada una de las palabras que Matt había utilizado para lanzar su propuesta.

—Ya hemos llegado —anunció Matt aparcando el coche frente a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Gisele.

Hasta ese momento, Gisele no había reparado en que no le había dado su dirección a Matt, por lo que sospechó que su labor de investigación había sido intensa.

—También has averiguado mi dirección —comentó Gisele sin reproche en su voz, tan solo constataba un hecho.

—Me gano la vida haciendo eso, no te lo tomes como algo personal, es solo deformación profesional —bromeó Matt, quitándole importancia—. Lo que de verdad me preocupa es tu ex novio, ¿crees que aquí estarás segura?

—Estaré bien —le aseguró Gisele.

Matt sacó una de sus tarjetas de visita del bolsillo y se la entregó. Gisele la cogió y, tras comprobar que en la tarjeta constaba el teléfono de Matt, le miró y esperó a que le diera una explicación.

—Si ese tipo vuelve a molestarte, quiero que me llames, ¿de acuerdo? —Gisele asintió y Matt añadió—: No importa la hora que sea, llámame y lo solucionaremos.

— ¿Intentas ganar puntos para que acepte tu protesta?

—Si sirve para ganar puntos, me alegraré, pero esto no tiene nada que ver con la propuesta, lo entiendes, ¿verdad? —Quiso aclarar Matt—. Solo quiero que ese tipo no vuelva a molestarte, no me gustó lo que hizo anoche y no me gustaría que se volviera a repetir. Por cierto, también puedes llamarme si te apetece charlar, tomar un café o salir a cenar, estaré encantado de hacerte compañía.

Su tono alegre y positivo, tratando de fingir ser el hombre más optimista del mundo, hizo sonreír a Gisele. Aquel hombre estaba loco, pero le gustaba demasiado como para permitirse caer en la locura junto a él.

—Imagino que ya debes saber mi número de teléfono, así que tú también puedes llamarme.

—Lo haré, te lo aseguro —le confirmó Matt con una sonrisa de oreja a oreja.

Gisele le dio un beso en la mejilla a modo de despedida antes de bajar del coche y entrar en el edificio para dirigirse a su apartamento. Sentía tantas emociones que necesitaba sentarse para analizarlas, pero tenía que ir con cautela para que Sarah no sospechara nada. No podía comentarle nada sobre la propuesta de Matt y lo cierto era que lo prefería así, no quería darle más preocupaciones a Sarah.

Hasta que el contrato nos separe 2.

Gisele observó a Matt mientras se alejaba a por un par de copas y no pudo evitar darle un repaso con la mirada, demorándose en su perfecto trasero. Se reprendió mentalmente por ello, lo último que necesitaba era complicarse la vida con un hombre. De hecho, se preguntó qué estaba haciendo allí. Sarah se había ido con Jason, un tipo al que había conocido esa misma noche, y ella seguía en el aquel pub con Matt. Sin embargo, se quedó allí. Se encontraba cómoda charlando con Matt, era un tipo atractivo, inteligente y divertido, algo muy inusual de encontrar, así que decidió tomarse una última copa con él.

Tan inmersa estaba en sus propios pensamientos que no se percató de que, a escasos metros de donde ella estaba, Erik Muller la observaba. Su ex novio la había seguido desde que salió del apartamento con Sarah, esperando que Gisele se quedara a solas para hablar con ella. Pero, al verla junto a otro hombre, la ira se fue apoderando de él hasta ponerse furioso. Se dirigió hacia donde estaba Gisele y, totalmente fuera de sí, comenzó a gritarle:

— ¿Por eso me has dejado? ¿Para estar con otro? ¿O empezaste con él mientras estabas conmigo?

Gisele se quedó paralizada. Erik comenzaba a darle miedo, sobre todo después de la pelea que montó en el pub donde ella trabajaba y del cual la habían despedido. No le había vuelto a ver desde aquella noche, había recibido cientos de llamadas y de mensajes suyos pero los había ignorado. Esperaba encontrárselo tarde o temprano y sabía que la situación no sería fácil, pero aquel numerito la pilló desprevenida.

—Vamos, ¡dímelo! —Insistió Erik agarrándola del brazo y zarandeándola.

— ¡Eh, aléjate de ella! —Intervino Matt apartando a Erik de un puñetazo. Erik cayó al suelo, Matt lo levantó agarrándole de la camisa y le advirtió—: Si vuelves a acercarte a ella, te hago una cara nueva, ¿lo entiendes?

Erik se deshizo del agarre de Matt y, tras mirar con desprecio a Gisele, dio media vuelta y se marchó del pub sangrando por la nariz. Se formó un corralillo de gente alrededor de ellos, Gisele seguía paralizada, pero Matt reaccionó y decidió llevarse a Gisele de allí. La agarró de la mano y tiró de ella hasta que llegaron al aparcamiento. Se detuvo justo al lado de su coche y le preguntó a Gisele:

— ¿Has venido en coche? —Ella negó con la cabeza y él, señalando su coche, le ordenó—: Sube al coche, te llevaré a casa.

Gisele obedeció sin rechistar, todavía en estado de shock. En ese momento, tan solo podía pensar en la noche que le esperaba si Erik decidía ir a buscarla a su apartamento, no tenía ganas ni fuerzas de seguir enfrentándose a él. Estaba tan ensimismada que ni siquiera reparó en que Matt no le había preguntado por su dirección hasta que él anunció:

—Ya hemos llegado.

Gisele miró a su alrededor y vio una bonita casa con jardín y garaje situada a las afueras de la ciudad. Estaba achispada, pero no lo suficiente para saber que aquella no era su casa, ya le hubiera gustado a ella.

— ¿Dónde estamos?

—En mi casa, no creo que sea buena idea que regreses a la tuya y que ese imbécil vaya a buscarte —musitó visiblemente molesto—. Además, Sarah pasará la noche con Jason, no quiero que estés sola si ese tipo vuelve a molestarte.

—Eres muy amable, pero no quiero molestarte y…

—No es ninguna molestia —le aseguró Matt—. No te preocupes, puedes quedarte en la habitación de invitados, estarás bien.

Una vez más, Gisele asintió y obedeció. Pasar la noche en casa de Matt, un tipo al que acababa de conocer, no le pareció muy buena idea, pero le pareció peor regresar al apartamento y arriesgarse a encontrarse con Erik de nuevo. Además, Matt estaba siendo amable con ella y se había encarado con Erik para protegerla. Se sentía cómoda con él y, en ese momento, nada le apetecía más que seguir charlando y disfrutando de su compañía.

Matt se sorprendió de sus propias palabras y de sus propios hechos. Él, que consideraba su hogar un lugar sagrado en el que tan solo entraba su círculo más íntimo de amistades y familia, había invitado a una completa desconocida a pasar la noche allí. Sin embargo, no se preocupó. No veía ningún riesgo en Gisele y, al igual que ella, él también quería seguir disfrutando de su compañía.

Entraron en la casa y Gisele quedó fascinada por el espacio y el buen gusto en la decoración, pese a que resultaba un tanto fría e impersonal, casi como la de un hotel moderno y minimalista.

— ¿Te apetece tomar algo o prefieres ir a descansar? —Le preguntó Matt tratando de ser el perfecto anfitrión.

—Creo que ya he bebido suficiente, pero tampoco creo que pueda dormir.

—Podemos seguir charlando en el salón o en el jardín, si lo prefieres.

—Me encantaría —le confesó Gisele con una tímida sonrisa.

Matt cogió una botella de agua y un par de vasos antes de salir al jardín trasero, donde se acomodaron en un sofá-balancín.

—Gracias por lo del pub y por invitarme a pasar aquí la noche —le agradeció Gisele tras beber del vaso de agua que Matt le había entregado.

—Ha sido un placer. Imagino que ese era tu ex novio —Gisele asintió y Matt, que sentía una curiosidad extrema por todo lo que tuviera que ver con ella, le preguntó—: ¿Él es el causante de que te hayas quedado sin trabajo?

—Sí, gracias a él me han despedido y, si no consigo pronto un trabajo, no podré pagar las tasas de la universidad y perderé el semestre.

— ¿Has intentado pedir una beca?

—Me han dado una beca, pero con eso solo cubro mi parte de alquiler del apartamento. Mi trabajo no era el mejor del mundo, pero con el dinero que me pagaban podía comer, pagar la universidad, los libros y darme algún capricho.

— ¿Tu familia no puede ayudarte?

—No tengo familia —respondió Gisele con nostalgia, no había un solo día en que no echara de menos a sus padres.

— ¿No tienes algún hermano ni tíos? —Preguntó con el ceño fruncido.

—Mis padres murieron en un accidente de tráfico cuando yo tenía doce años, no tengo hermanos, ni tíos ni más familia, excepto Sarah que, aunque no tengamos la misma sangre, la considero mi hermana.

—Lo siento, no debió ser fácil para ti.

—Bueno, tengo veintidós años y sigo viva, supongo que no me ha ido tan mal —bromeó para quitarle importancia al asunto.

—Si necesitas dinero, puedo prestar…

—No —le interrumpió Gisele sin opción a réplica—. Te lo agradezco, pero no voy a aceptar tu dinero ni el de nadie. Esto es algo que tengo que hacer por mí misma —le dedicó una amplia sonrisa para que no parecer una desagradecida y le preguntó para cambiar de tema—: ¿Qué me cuentas de ti?

— ¿Quieres saber si tengo familia?

—O lo que quieras contarme —le contestó encogiéndose de hombros.

—Mi padre también murió cuando yo era un adolescente, mi madre nos sacó adelante a mi hermana y a mí ella sola, sin la ayuda de nadie. Mi abuelo murió hace un par de semanas, pero nunca tuve relación con él. Y después está Jason que, aunque tampoco tiene mi misma sangre, es como un hermano para mí.

Continuaron charlando un rato más, hablando de sus vidas y de su pasado, hasta que Gisele bostezó y Matt, con una ternura que jamás había sentido antes, le dijo:

—Estás agotada, te acompañaré a tu habitación para que descanses.

Gisele no se lo discutió, estaba a punto de amanecer y realmente se sentía agotada. Siguió a Matt escaleras arriba y se detuvieron frente a la primera puerta del pasillo. Matt la abrió y ella sonrió, era una auténtica habitación de invitados con su cama doble, su cómoda, su armario y su propio cuarto de baño.

—Mi habitación está al final del pasillo, avísame si necesitas algo —se ofreció Matt.

— ¿Te importaría prestarme una camiseta vieja para dormir? —Le preguntó Gisele con timidez.

—Toda mi ropa está en mi habitación.

Matt la guio hasta su habitación y ella le siguió. Tenía curiosidad por descubrir cómo sería el dormitorio de Matt y tuvo que reconocer que era mucho mejor de lo que esperaba. Incluso tenía un gran vestidor con el que ella y Sarah habían soñado. Sonrió al pensar que ambos podían dormir en aquella enorme cama y ni siquiera se rozarían.

—Coge lo que quieras para dormir —la animó Matt frente a la indecisión de Gisele.

Ella solo quería una camiseta vieja, pero allí solo había trajes hechos a medida y camisas de diseño que Gisele creía que debían costar más de lo que ganaría en su vida.

— ¿Necesitas ayuda?

—Sí, busco una camiseta con la que pueda dormir sin preocuparme por arrugarla —le respondió Gisele sonrojada.

—En el segundo cajón tengo algunas camisetas de algodón o, si lo prefieres, puedes coger una camisa. Elijas lo que elijas, no deberías preocuparte por que se arrugue.

Como si estuviera en su propia casa, Gisele abrió el segundo cajón donde Matt le había dicho que se encontraban las camisetas y cogió la primera que vio. La desdobló y vio que se trataba de una vieja camiseta de entrenamiento del ejército.

— ¿Estás en el ejército?

—Lo estuve —le confirmó Matt—, me retiré para dedicarme al sector privado y fundé mi propia agencia de seguridad —Gisele frunció el ceño y Matt le preguntó—: ¿Qué ocurre?

—Es un trabajo peligroso.

—Soy el director de la agencia, no uno de sus agentes, aunque supongo que mi trabajo conlleva algunos riesgos —reconoció Matt. Gisele bostezó de nuevo y él añadió—: Es hora de ir a dormir, estás agotada.

Matt la acompañó de nuevo a la habitación de invitados y, cuando llegaron a la puerta, Gisele le dio un beso en la mejilla y le deseó casi en un susurro:

—Buenas noches, Matt.

—Buenas noches, Gisele —le respondió él antes de que Gisele entrara en la habitación y cerrara la puerta.