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La protegida del Capitán 4.

Después de cenar, Joe propuso salir al jardín para estar más frescos y, aunque Oliver hubiese preferido regresar a la cabaña junto a Scarlett, no le quedó más remedio que salir al jardín cuando Scarlett aceptó alegremente aquella invitación. Oliver ansiaba quedarse a solas con Scarlett, tumbarse con ella en la cama y abrazarla hasta que se quedara dormida en sus brazos. Había pasado una semana horrible pensando que Scarlett era la amante del General Turner y, ahora que había descubierto que en realidad era su única hija, deseaba recuperar todo el tiempo perdido.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Oliver susurrándole al oído mientras se acomodaban en los sofás del jardín trasero.

—Sí, estoy bien. ¿Y tú? —Le escrutó Scarlett con la mirada tratando de adivinar qué es lo que se le pasaba por la cabeza a Oliver en ese instante.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y le sonrió. Scarlett contuvo las ganas de besarle y  le devolvió la sonrisa.

— ¿Alguien quiere café o una copa? —Preguntó Claire. Uno por uno, comenzaron a hacer sus peticiones y, cuando Claire lo tuvo todo claro, anunció—: Creo que lo tengo todo, en seguida lo traigo.

—Voy contigo y te ayudo —se ofreció Scarlett.

Oliver arrugó la nariz, no quería separarse de ella. Estuvo a punto de levantarse para ir tras ella, pero su abuela lo detuvo y le aconsejó:

—Dale un poco de espacio si no quieres que se agobie.

Oliver aceptó aquel consejo a regañadientes, pero se quedó en el jardín. Su hermano Daniel que, como al resto de la familia, no se le escapaba ni una, le dijo con tono burlón:

—No hace falta que la agarres tanto, no te la vamos a quitar no creo que ella tenga intención de salir corriendo.

—Scarlett te gusta mucho, ¿verdad? —Quiso saber Cynthia.

—Dejad a Oliver tranquilo —les regañó Joe.

Ajena a la conversación que mantenían en el jardín, Scarlett ayudó a Claire a preparar las bebidas y servirlas. Noah no se despegaba de Scarlett y Jake también las siguió a la cocina jugando con la pelota, motivo por el cual Cynthia y Daniel se unieron a ellas. Oliver, tras intercambiar una mirada con su abuela, decidió quedarse en el jardín.

Scarlett se sentía cómoda con la familia de Oliver, pese a que tan solo hacía un par de horas que los conocía. Mientras preparaban las bebidas, Claire y Daniel le hablaron de su trabajo en la granja y de lo gratificante que resultaba poder disfrutar de la vida entre animales y naturaleza. Cynthia contó algunas anécdotas de sus hijos, pero también le hizo una confesión sobre su hijo Oliver:

—Me hubiera gustado que tuviera otro trabajo, pero desde pequeño siempre tuvo claro que se alistaría en el ejército.

—Es un trabajo peligroso pero Oliver ha sido entrenado para ello y sabe cuidar de sí mismo y de los demás muy bien —opinó Scarlett con sinceridad.

—Que conste que estoy encantado de tenerte por aquí, yo y toda la familia —comenzó a decir Daniel antes de preguntar—: Pero, ¿cómo acaba la hija del General viviendo en la granja de la familia del Capitán?

—Estoy bajo protección y mi padre no permitía que saliera de la base a menos que lo hiciera con el mejor de sus hombres —le respondió Scarlett—. Oliver estuvo de acuerdo y entre los dos decidieron que este sería un buen lugar donde mantenerme oculta y a salvo. Por cierto, gracias otra vez por dejar que me quede aquí.

—Cielo, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras —le aseguró Cynthia.

—Y, si te cansas de mi hermano, yo estaré encantado de hacerte compañía —bromeó Daniel.

El pequeño Jake jugaba a la pelota cuando la chutó y, tras rebotar contra la pared, impacto en las costillas de Scarlett, haciendo que se doblara de dolor.

— ¡Maldita sea, Jake! —Espetó Claire para después regañar a su hijo—: ¿Cuántas veces tenemos que decirte que no se puede jugar a la pelota dentro de casa?

— ¿Estás bien? —Le preguntó Daniel.

Cynthia le levantó la camiseta y se horrorizó al ver toda la zona de las costillas llena de hematomas. Todos se asustaron, sobre todo Jake, que comenzó a llorar escandalosamente, llamando la atención de todos los que se encontraban en el jardín. Oliver entró en la cocina y no tuvo que preguntar para averiguar qué había ocurrido. Se abrió paso para llegar a Scarlett y le preguntó:

— ¿Estás bien?

—Estoy bien, no pasa nada —trató de quitarle importancia Scarlett.

Pero no lo consiguió, Oliver estaba furioso, sobre todo consigo mismo. No pudo evitar que Scarlett se lastimara en la selva y tampoco lo había podido evitar en casa de sus padres, ¿qué clase de Capitán del Ejército era?

Jake se asustó al ver la reacción de todos y se marchó de la cocina llorando. Scarlett se sintió fatal por el pequeño Jake, no le había dado con la pelota queriendo, estaba arrepentido y ya se había llevado una buena bronca por parte de su madre y una mirada fulminante de su adorado tío Oliver. Sí, se sentía culpable porque todo aquello no hubiera sido más que una anécdota si no estuviera herida.

—Hemos asustado a Jake —les reprendió Scarlett.

—Todos nos hemos asustado, al menos tienes dos costillas rotas —apuntó Claire.

—Vaya, tienes un ojo clínico —murmuró Scarlett.

— ¿En serio? ¿Dos costillas rotas? —Le reprochó Oliver.

— ¿Y qué querías que te dijera?

—No sé, ¿la verdad? —Le espetó Oliver con sarcasmo.

— ¿Te hubieras sentido mejor sabiendo que tengo dos costillas rotas y un desgarro muscular?

—Pues no —bufó Oliver.

Todos fueron testigos de aquella discusión, pero ninguno se atrevió a abrir la boca para intervenir. En aquel momento, a Scarlett solo le importaba Jake. El niño se había asustado mucho al ver el gran hematoma que cubría la piel de sus costillas y se había marchado llorando. Respiró profundamente y le preguntó a Claire:

— ¿Me acompañas a buscar a Jake?

—Si no te importa, mejor te acompaño yo —se ofreció Joe—. Todos están muy nerviosos y no quiero que Jake acabe traumado.

Scarlett asintió y se dispuso a salir de allí con Joe, pero cuando Oliver le siguió, se volvió hacia a él y le dijo:

—Espera aquí, quiero explicarle que esto no me lo ha hecho él, no quiero que se sienta mal.

Oliver accedió de mala gana, pero se quedó en la cocina mientras su padre se marchaba con Scarlett en busca de Jake. Lo encontraron en el salón, llorando tumbado en el salón. Joe se quedó a un lado y dejó que Scarlett hablara con el pequeño.

—Hola Jake —lo saludó Scarlett, sentándose junto a él en el sofá. Jake se incorporó y ella le sonrió antes de decir—: Perdóname por haberte asustado.

—Pero yo te he hecho daño, no debí jugar a la pelota en casa y ahora el tío Oliver está enfadado conmigo.

Oliver, que no pudo esperar en la cocina, se dirigió al salón y se quedó junto a su padre, escuchando lo que Scarlett le decía a Jake.

—Me temo que el tío Oliver está enfadado con los dos. ¿Sabes cómo me hice esto? —Le preguntó Scarlett. Jake negó con la cabeza y ella le explicó—: El tío Oliver me dijo que me estuviera quieta, pero yo no le hice caso y me subí a un árbol para coger unas frutas. La rama en la que estaba agarrada se partió y me caí al suelo. Y el tío Oliver me regañó, igual que te regaña a ti cuando te dice algo y no le haces caso. ¿Sabes por qué lo hace? —Una vez más, el pequeño negó con la cabeza y Scarlett continuó—: Lo hace porque nos quiere y no quiere que nos pase nada malo.

—Mañana nos iba a llevar al río y ahora no me llevará —sollozó el pequeño.

—Bueno, ¿qué te parece si vamos a hablar con él, le pedimos disculpas y nos portamos bien para que mañana nos lleve al río?

—Eres guay, tía Scarlett —le dijo Jake abrazándola con cuidado para no hacerle daño.

Scarlett no supo qué decir, se quedó allí abrazando al pequeño y sonriendo, le gustaba como sonaba ese tía Scarlett. Joe y Oliver habían escuchado la conversación con atención y ambos estaban fascinados con aquella chica risueña que se había metido en el bolsillo a toda la familia en tan solo unas pocas horas.

—Es una chica muy especial, no seas idiota y no la dejes escapar —le aconsejó Joe a su hijo.

—Ya he sido bastante idiota con ella, ahora estoy intentando compensárselo.

—Imagino que Scarlett no te dijo que tenía dos costillas rotas porque no quería que te sintieras culpable —adivinó Joe.

—Lo sé, es una buena persona.

Scarlett y Jake se levantaron del sofá  y se encontraron a los dos hombres junto a la puerta del salón, mirándoles con una sonrisa en los labios.

—Lo siento, tío Oliver —se disculpó Jake—. Te prometo que seré bueno y te haré caso.

—De acuerdo, ahora ve con el abuelo que te lleve a dormir, que mañana iremos al río.

— ¡Bien! —Gritó Jake eufórico, abrazando a su tío.

Joe se llevó de allí al pequeño Jake y dejó a la joven pareja a solas en el salón para darles un poco de intimidad.

—Yo también te prometo que seré buena y me portaré bien —bromeó Scarlett—. ¿A mí también me llevarás al río mañana?

—Seré tu sombra mientras estés bajo mi protección, no iré a ninguna parte sin ti. Pero tengo que advertirte que a la excursión al río también se unirá mi hermano, Dexter y Caleb —bromeó Oliver y, poniéndose más serio, añadió—: Quiero que me prometas que no volverás a mentirme, ni siquiera una mentira piadosa.

— ¿Estás seguro? Es posible que decisión nos traiga problemas —le advirtió Scarlett con una sonrisa en los labios.

—Una mentira a largo plazo duele más que una verdad en su debido momento —opinó Oliver conteniendo las ganas de abrazarla y de besarla—. Será mejor que regresemos al jardín con los demás antes de que empiecen a sacar sus propias conclusiones.

 Scarlett se sonrojó y apresuró a Oliver para volver al jardín mientras él se reía a carcajadas, hecho que provocó que se llevara un manotazo en el brazo a modo de reprimenda. Entre juegos y risas, los dos salieron al jardín donde todos charlaban tranquilamente, como si no hubiera pasado nada.

—Estábamos a punto de ir a buscaros, pero no queríamos interrumpir —bromeó Daniel al verlos llegar tan sonrientes, ganándose una mirada reprobadora de Oliver.

—Tía Sarlett, ¿vas a venir al río con nosotros?

— ¿Tú quieres que vaya? —Le preguntó Scarlett a Noah, dándole conversación.

— ¡Sí! —Exclamó la pequeña.

—Entonces, tendremos que convencer al tío Oliver.

—Tío Over, ¿puede venir la tía Sarlett al río?

—No sé, ¿tú crees que la tía Scarlett está siendo buena? —Le preguntó Oliver a su pequeña sobrina. Noah asintió con contundencia y Oliver no la hizo sufrir más—: En ese caso, supongo que la tía Scarlett puede venir al río con nosotros.

— ¡Bien! —Gritó la pequeña Noah abrazando a Oliver y después, con mucha más delicadeza, abrazó a Scarlett.

Joe y Cynthia contemplaron la escena e intercambiaron una significativa mirada. Ambos veían a su hijo feliz junto a Scarlett, jamás lo habían visto tan pendiente de una chica y Scarlett les parecía una chica adorable, pero con carácter suficiente para plantarle cara a Oliver. La abuela Sylvia miró a Oliver y le dedicó una amplia sonrisa para hacerle saber que aquella chica le gustaba, gesto que él agradeció. Sin darse cuenta, llevo su brazo alrededor de la cintura de Scarlett y ella le miró, sonrojándose ante aquella pequeña muestra de afecto. Oliver le sonrió y, deseando estar a solas con Scarlett, le dijo:

—Se está haciendo tarde y, si mañana quieres ir al río, tienes que descansar.

— ¿Tan pronto? —Protestó Cynthia.

—Cynthia, los chicos necesitan descansar —le recordó Joe, tratando de echarle una mano a su hijo.

—Nosotros también nos vamos a casa, los peques también tienen que descansar si mañana quieren ir al río —comentó Izan, guiñándole un ojo a su cuñado con complicidad.

—Duerme todo lo que puedas, vas a necesitar todas tus energías para aguantar a estos dos diablillos todo el día —le aconsejó Claire a Scarlett.

—No será para tanto —le respondió Scarlett sonriendo y, antes de marcharse con Oliver a la cabaña, añadió para despedirse de todos—: Muchas gracias a todos por vuestra generosidad y amabilidad, sois una gran familia.

—Es un placer tenerte como invitada, aquí tienes tu casa siempre que quieras —le dijo Joe con sinceridad.

—Buenas noches, familia —se despidió Oliver.

Oliver y Scarlett regresaron a la cabaña dando un paseo. Scarlett estaba nerviosa, pero actuó con normalidad. Fue al baño, se lavó los dientes, se puso su escueto pijama y se metió en la cama junto a Oliver, que la esperaba para ponerle la pomada sobre el hematoma de sus costillas. Sin esperar a que Oliver le dijera nada, Scarlett se levantó un poco la camiseta y se relajó mientras sentía las manos de él recorrer el costado derecho de su torso. Cuando terminó, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Buenas noches, señorita Sanders.

—Buenas noches, Capitán Parker —logró susurrar ella antes de quedarse dormida.   

La protegida del Capitán 3.

Scarlett se durmió entre los brazos de Oliver durante un par de horas, cuando se despertó de la siesta. Oliver aprovechó para darse una ducha mientras ella deshacía sus maletas y guardaba sus cosas en el armario. Scarlett también quiso darse una ducha antes de ir a cenar con la familia de Oliver y, mientras tanto, él cogió una cerveza del frigorífico, salió al porche y se sentó en el sofá-balancín a esperarla.

Oliver no había tenido tiempo de detenerse a pensar lo que estaba sucediendo, el día había sido una montaña rusa desde que recibió la visita del General Turner a media mañana. Con la adrenalina y la emoción de volver a tener a Scarlett bajo su protección, Oliver olvidó que había quedado con Dexter y Caleb para salir a tomar una copa hasta que les vio aparecer. Dexter y Caleb aparcaron la vieja ranchera junto al coche de Oliver y se acercaron a saludarle:

— ¿Has empezado sin nosotros? —Le saludó Dexter señalando el botellín de cerveza que Oliver tenía en la mano.

—Lo siento, había olvidado que habíamos quedado —se disculpó Oliver.

— ¿Qué ha pasado para que te olvides de tu única actividad social desde que estás de vacaciones? —Quiso saber Caleb, sospechando que se trataba de algo importante.

—El General Turner ha venido a verme este mañana, Scarlett es su hija y quiere que la proteja hasta que detengan a Damian Wilson y a sus hombres —les resumió Oliver.

— ¿La hija del General? —Preguntó Dexter incrédulo.

—Creía que el General no tenía hijos, en su expediente no consta que los tenga —comentó Caleb.

—Scarlett es su única hija.

—No sé qué es peor, que te hubieras acostado con su amante o con su hija —se mofó Caleb.

— ¿Dónde está ahora? —Quiso saber Dexter.

—Se está duchando, mi madre quiere que cenemos todos juntos en su casa —le respondió Oliver, visiblemente nervioso.

Scarlett salió del cuarto de baño ya lista para ir a cenar con la familia de Oliver y, al escuchar algunas voces en el porche, abrió la puerta de la cabaña y allí se encontró a Oliver junto a dos hombres más.

—Hola —saludó tímidamente Scarlett.

Los tres hombres se levantaron de sus asientos y Oliver se encargó de presentar a sus amigos a Scarlett:

—Scarlett, ellos son el Teniente Dexter Coleman y Caleb Baker, nuestro analista —se volvió hacia sus amigos y añadió—: Chicos, ya conocéis a Scarlett.

—No hemos podido conocerte mucho, tan solo nos dieron un nombre y una fotografía que, por cierto, no hace justicia a tu belleza —la piropeó Dexter solo para fastidiar a su amigo. Le tendió la mano a Scarlett y la saludó—: Un placer conocerte por fin.

Oliver fulminó con la mirada a Dexter que le dedicó una amplia sonrisa, sin duda, divirtiéndose con aquella situación. Caleb se acercó a Scarlett y, tras estrecharle la mano a modo de saludo, le susurró con complicidad:

—No te preocupes, siempre están igual.

Scarlett agradeció aquel encuentro tan natural y que, tanto Dexter como Caleb, no la trataran de modo especial por ser la hija del General, porque estaba segura de que Oliver se lo había contado, de lo contrario Dexter no tendría esa sonrisa en la cara.

—Dexter y Caleb ya se marchan —anunció Oliver.

— ¿Acabamos de llegar y ya nos quieres echar? —Le preguntó Dexter con tono burlón.

—Nos están esperando para cenar —insistió Oliver a punto de perder la paciencia.

—Está bien, pero mañana regresaremos —sentenció Dexter—. Tienes muchas cosas que contarnos. Hasta mañana, Scarlett —se despidió de ella plantándole un beso en la mejilla, solo para fastidiar a Oliver una vez más.

—Hasta mañana —gruñó Oliver a modo de despedida.

Scarlett escrutó a Oliver con la mirada, tratando de adivinar qué se le estaba pasando por la mente, pero no consiguió descifrar si estaba molesto por la visita de sus amigos o por no poder salir con ellos al tener que quedarse con ella.

— ¿Te he fastidiado los planes para esta noche?

—No has fastidiado nada —le aseguró Oliver dando el tema por zanjado—. ¿Estás lista para ir a cenar?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y ambos dieron un paseo recorriendo el camino que separaba la cabaña de la casa principal donde vivían los padres de Oliver. Scarlett estaba nerviosa, conocer a la familia de Oliver le inquietaba, sobre todo dadas las circunstancias por las que estaba allí. Oliver se percató de lo nerviosa y tensa que estaba, la agarró de la mano y se la apretó, gesto que ella le agradeció con una tímida sonrisa.

Cynthia Parker, la madre de Oliver, les vio llegar a través de la ventana y salió al porche para recibirles. Cynthia estaba emocionada por conocer a la chica que le había tocado el corazón a su hijo mayor y, aunque su marido le había recordado la advertencia de Oliver, ella no estaba dispuesta a dejar pasar aquella ocasión para averiguar más sobre aquella prometedora historia de amor.

—Esa es mi madre tratando de ser discreta —bromeó Oliver cuando vio a su madre en el porche, con las manos recogidas sobre el pecho y con una sonrisa de oreja a oreja. Scarlett le dio un discreto codazo a modo de reproche y él le susurró al oído con tono burlón—: Te tratarán como a una más de la familia, con todos sus beneficios y consecuencias.

— ¿Qué quieres decir?

—En seguida lo averiguarás —le respondió Oliver mientras subían los cinco escalones que conducían al porche de la casa.

Cynthia estaba emocionada, era la primera vez que su hijo mayor traía a casa a una chica que le gustaba y eso quería decir que aquella chica le importaba de verdad, sobre todo dadas las circunstancias en las que había decidido presentarla a la familia y siendo la hija de su jefe, el General Turner.

—Mamá, ella es Scarlett. Scarlett, ella es mi madre, Cynthia —Oliver hizo las presentaciones oportunas.

—Encantada de conocerla, señora Parker —la saludó Scarlett devolviendo el abrazo que Cynthia le daba.

—Por favor, llámame Cynthia. ¿Te has instalado ya en la cabaña? —Le preguntó invitándoles a entrar—. Le he dicho a Oliver que estarías más cómoda aquí, que tenemos una habitación de invitados con baño propio, pero ha insistido en instalarse en la cabaña hasta que traigan los muebles a su casa. ¿Te la ha enseñado ya?

—Mamá, por favor —la regañó Oliver—. Acaba de cruzar la puerta y ya la estás aturullando con tu verborrea.

Scarlett le dio otro codazo que acompañó con una mirada de reprobación que no pasó desapercibida para Cynthia.

—No le hagas caso, Cynthia —le quitó importancia Scarlett a las palabras de su hijo—. Llevo encerrada en casa de mi padre más de una semana y me apetece mucho poder charlar con alguien.

—Oliver nunca ha sido muy dado a la palabra —intervino Daniel, el hermano menor de Oliver.

—El gracioso es mi hermano Daniel —Oliver informó a Scarlett. Se volvió hacia su hermano y le advirtió—: Scarlett es la hija del General Turner.

—Un placer, Scarlett —la saludó Daniel tendiéndole la mano para después coger la suya y llevársela a los labios solo para fastidiar a su hermano.

Oliver apretó los dientes y fulminó a Daniel con la mirada, pero logró contener sus palabras para no incomodar a Scarlett discutiendo con su hermano, aunque aquella fuera la forma que tenían de comunicarse y mostrar su afecto.

—Oliver, ¿por qué no le enseñas a Scarlett el jardín y la piscina? —Le propuso Cynthia para sacar de aquella incómoda situación a Scarlett y poder reprender a Daniel a gusto.

Oliver no lo dudó ni un instante, agarró a Scarlett de la mano y salió al jardín cruzando el amplio salón. Scarlett se sentía un poco fuera de lugar, pero estaba encantada de estar allí y conocer a la familia de Oliver. Le gustó que se mostraran con tanta naturalidad y se divirtió siendo testigo de la sana rivalidad que existía entre Oliver y su hermano Daniel.

—Si en cualquier momento quieres marcharte, solo tienes que decírmelo —le aseguró Oliver una vez a solas en el jardín—. No puedo culparte por ello.

—Eres demasiado dramático, a mí me ha parecido una familia de lo más entretenida y divertida —opinó Scarlett.

—Espero que continúes pensando lo mismo cuando conozcas al resto de la familia.

—He conocido a tu madre y a tu hermano, ¿a quién más conoceré hoy?

—A toda la familia, todos están aquí y quieren conocerte.

— ¿Qué les has contado sobre mí?

—Les he dicho que somos amigos y también que eres la hija del General Turner, nada que pueda incomodarte —la tranquilizó Oliver—. Mi padre es un hombre de pocas palabras, pero con un gran corazón; mi abuela es muy intuitiva, no trates de mentirla; con mi hermana te llevarás bien y con mi cuñado también; y mis sobrinos, aunque son un par de trastos, son de lo más adorable.

Scarlett sonrió y pensó que él sí que era adorable cuando hablaba de sus sobrinos. Continuaron hablando mientras paseaban cruzando el jardín, rodearon la piscina y siguieron por un camino lateral hasta llegar a unos columpios donde los sobrinos de Oliver se divertían bajo la vigilancia de su madre y de su bisabuelo.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

— ¡Tío Over! —Exclamó Noah, que a sus dos años ya comenzaba a hablar, aunque no siempre se la entendía.

Ambos niños salieron corriendo para arrojarse a los brazos de su tío. El primero en llegar fue Jake que, con seis años, fue más rápido que su hermana Noah, que tan solo tenía dos. Tras saludar a los pequeños, Oliver saludó a su abuela Sylvia y a su hermana Claire. Acto seguido, presentó a Scarlett:

—Ella es Scarlett, pasará una temporada por aquí —. Colocó su mano sobre la espalda de Scarlett y le dijo—: Ellas son mi abuela Sylvia, mi hermana Claire y mis adorables sobrinos, Jake y Noah —. Se volvió hacia sus sobrinos y añadió con un tono más dulce—: Chicos, Scarlett se va a quedar unos días por aquí. Vais a ser buenos con ella, ¿verdad?

—Sí —le aseguró el pequeño Jake, chocándole los cinco.

La pequeña Noah se acercó a Scarlett mirándola tímidamente hasta que, de repente, se abrazó a sus piernas y exclamó:

— ¡Tía Sarlett!

Todos estallaron a reír a carcajadas, incluso Oliver, pero Scarlett se ruborizó al escuchar a Noah y no pudo más que articular una extraña mueca. La abuela Sylvia, percatándose de la incomodidad que sentía Scarlett y, con la mejor de sus sonrisas, le plantó un beso en la mejilla y la saludó amablemente:

—Scarlett, tienes un nombre precioso, ideal para una chica tan hermosa como tú. Oliver y toda la familia haremos que te sientas como en tu propia casa mientras estés aquí.

—No te dejes engañar, Scarlett —le advirtió Claire bromeando—. En esta familia no estamos muy cuerdos, pero somos inofensivos y muy entretenidos.

—Está bien saberlo —comentó Scarlett divertida.

—Venga, todo el mundo a casa a cenar —los apresuró Oliver.

Noah agarró la mano de Scarlett y no se separó de ella durante todo el camino de regreso a la casa principal de los Parker. Oliver tampoco se separó de ella, colocó su brazo alrededor de la cintura de ella y no la soltó hasta que llegaron a la casa.

Cynthia ya tenía lista la cena y había preparado la mesa, que estaba lista para servir los platos. Hizo pasar a toda la familia al comedor mientras esperaban que llegaran los dos hombres que faltaban: Joel, el padre de Oliver, e Izan, el marido de Claire. Ambos estaban en el corral, examinando a las vacas y sus pequeños terneros de pocas semanas de vida. La abuela Sylvia le contó a Scarlett un montón de anécdotas de la granja, haciéndola reír a ella y al resto de la familia. Poco rato después, se unieron a ellos Joe e Izan, ya duchados y listos para cenar en familia.

—Tú debes ser Scarlett —adivinó Joe tendiéndole la mano—. Bienvenida, espero que todos te hagamos sentir como en tu propia casa.

—Muchas gracias, todos están siendo muy amables conmigo —le respondió ella con una tímida sonrisa en los labios.

—Yo soy Izan, el marido de Claire y el padre de los dos monstruitos adorables —se presentó Izan estrechando la mano de Scarlett.

—Encantada de conocerte —le saludó ella.

Cynthia tomó el rol de anfitriona y les hizo pasar al comedor para que se sentaran a la mesa mientras ella servía los platos. Oliver se sentó a un lado de Scarlett y Noah se sentó al otro lado, pues se negaba a separarse de Scarlett. Un rato después, todos cenaban mientras charlaban alegremente. Scarlett se relajó al comprobar que todos la trataban con amabilidad y, tal y cómo le había prometido Oliver, la trataban como a una más de la familia. Oliver estuvo pendiente de ella en todo momento, acariciando suavemente su espalda con la palma de la mano para hacerle saber que todo iba bien y que no tenía ningún motivo para preocuparse, gesto que ella agradecía con una sonrisa. A ninguno de los presentes se les pasó por alto el comportamiento tan protector y delicado de Oliver con Scarlett, él mismo les había reconocido que aquella chica le gustaba, pero todos intuían que se trataba de algo más que eso. Joe, el padre de Oliver, que conocía muy bien a su hijo y compartían el mismo carácter, supo al instante que Scarlett era una chica muy especial para él, una gran chica que Oliver no dejaría escapar. La abuela Sylvia, que tenía un sexto sentido cuando se trataba de todo lo relacionado con el amor, intuyó que aquella sería la primera de muchas cenas familiares a las que Scarlett asistiría como una más de la familia.

La protegida del Capitán 2.

Oliver subió las escaleras antes de que el General Turner cambiara de opinión y lo echara de su casa. Se maldijo por haber empezado con reproches cuando lo primero que tenía que haber hecho era disculparse con ella por cómo la trató la última vez que se vieron. Se dirigió hacia el final del pasillo de la planta superior de la casa, hacia la puerta del fondo, la única que estaba cerrada. Puso la oreja sobre la puerta y escuchó a Scarlett llorar. En ese momento, Oliver sintió una punzada en el corazón. Él era el culpable de esas lágrimas y tenía que hacer algo para arreglarlo.

Respiró profundamente y abrió la puerta. Scarlett estaba tumbada boca abajo sobre la cama, ocultando su cabeza bajo la almohada para amortiguar el sonido de su llanto. Se acercó a ella despacio, se sentó en el borde de la cama y le susurró:

—Perdóname Scarlett, te debo más de una disculpa. Sé que me he comportado como un idiota y te aseguro que no volverá a repetirse pero, por favor, deja de llorar. Estoy aquí porque el General me ha dicho que quieres marcharte de la base, pero no lo va a permitir a menos que sea yo quien te acompañe. Soy tu única baza para salir de aquí y estoy dispuesto a colaborar, pero necesitaré que tú también pongas de tu parte. ¿Qué te parece si empezamos de nuevo?

— ¿Empezar de nuevo? —Preguntó Scarlett con curiosidad, sacando la cabeza de debajo de la almohada.

—Danos una segunda oportunidad para conocernos mejor —insistió Oliver—, te prometo que no te arrepentirás. Ya sabes que soy un hombre de palabra —añadió guiñándole un ojo para rebajar la tensión entre ellos—. ¿Qué me dices?

—No es una buena idea, ya sabemos cómo acabará.

—No haré nada que tú no me pidas, Scarlett—le aseguró.

—Y, ¿a dónde iríamos?

—No lo sé, ¿hablamos con el General y el Coronel para averiguarlo?

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y Oliver le tendió la mano para ayudarla a incorporarse. Salieron de la habitación y bajaron las escaleras para reunirse con el General Turner y el Coronel en el salón.

— ¿Y bien? ¿Habéis tomado ya una decisión? —Les preguntó el General, aunque lo que verdaderamente quería saber era si aquellos dos habían logrado resolver sus diferencias.

—Sí, quiero salir de la base —le confirmó Scarlett—. Pero antes quiero saber a dónde voy a ir si salgo de aquí.

Los tres hombres se miraron entre sí, pero ninguno abrió la boca. Oliver tenía una propuesta y el General estaba de acuerdo con él, pero no sabían cómo planteársela a Scarlett.

— ¿Qué te parece si nos instalamos en la granja? Allí podrás salir a pasear al aire libre y estarás segura —le propuso Oliver.

— ¿Pretendes instalarme en la granja de tu familia para esconderme de un asesino? ¿Te has parado a pensar qué podría ocurrir si me encuentra allí? —Le espetó Scarlett, completamente horrorizada—. ¿Te has parado a pesar qué le parecerá a tu familia que me instale allí?

—Nadie te encontrará en la granja porque nadie te buscará allí —le aseguró Oliver—. En cuanto a mi familia, les encantará tenerte en la granja.

—Entonces, ¿estáis de acuerdo? —Tanteó el General, sorprendido por la habilidad de Oliver al tratar con su hija.

Scarlett y Oliver asintieron ante la atenta y curiosa mirada del General Turner y el Coronel Wilmore, ninguno de los dos esperaba que aquellos dos arreglaran sus diferencias tan rápido y sin dramas de por medio. Oliver miró a Scarlett y fue consciente de lo nerviosa que estaba, así que decidió darle algo de tiempo mientras él se encargaba de informar de la situación a su familia para que no hubiera ningún problema:

—Prepara tus cosas, regresaré a buscarte después de comer.

Oliver se despidió y se marchó de la base para dirigirse a la granja. Scarlett, visiblemente nerviosa, miró a su padre y le confesó:

—Quizás hubiera sido mejor quedarme aquí.

—Puedes volver a la base cuando quieras, aquí tienes tu casa —le recordó su padre con su tono de voz más fraternal—. Oliver es un buen hombre y un gran Capitán, está poniendo todo de su parte para que esto salga bien, no se lo pongas muy difícil.

—Y la familia Parker es encantadora, te sentirán una más de la familia —le aseguró el Coronel Wilmore, que también era su padrino.

Aunque estaba nerviosa, Scarlett también estaba emocionada por volver a convivir con Oliver. Le había echado mucho de menos desde que habían regresado a la base, aquellos pocos días que habían pasado juntos en la selva la habían marcado.

Oliver regresó a la granja familiar feliz por poder estar de nuevo con Scarlett, pero un poco preocupado por cómo se comportaría su familia. A su madre le gustaba hacer de celestina, su hermana contaría anécdotas infantiles que le avergonzarían y su hermano probablemente intentaría seducirla, aquello sería una tragicomedia. Por suerte, sabía que podía contar con la ayuda de su padre y de su cuñado para que le echaran una mano, por eso fue con los primeros que habló antes de contárselo al resto de su familia.

—Y, esa chica, ¿es algo más que la hija del General Turner? —Quiso saber Cynthia, que sospechaba que su hijo tenía un interés mayor en aquella chica mayor de lo que quería reconocer.

—Es la hija del General, pero también es una chica especial y me gusta —les confesó Oliver a su familia—. La situación es complicada, os pido que seáis prudentes y que la tratéis como a una amiga más. Si os va a suponer un problema, buscaré otro lugar en el que instalarnos.

—No te preocupes, somos una familia educada y bien avenida, la trataremos tan bien que no querrá marcharse de aquí —le aseguró su hermana Claire.

—Me conformo con que no la pongáis en mi contra —murmuró Oliver.

— ¿Esa chica ha sido la causante del mal humor que arrastrabas desde que llegaste? —Le preguntó su hermano Daniel solo para fastidiarle.

—Sí, discutimos y ahora estamos más o menos bien, por eso quiero que vayáis con precaución con vuestros comentarios —les advirtió.

Después de responder a las numerosas preguntas a las que su familia le sometió, Oliver se sentó a la mesa para comer con ellos antes de ir en busca de Scarlett.

Cuando Oliver regresó a la base en busca de Scarlett, ella ya tenía las maletas preparadas en la puerta y le esperaba emocionada y nerviosa. El General Turner le recibió con una amplia sonrisa y le ayudó a cargar el equipaje de Scarlett en el maletero, momento que aprovechó para recordarle lo importante que Scarlett era para él:

—Scarlett es una buena chica y mi única hija, cuida de ella, Oliver.

—Lo haré, General Turner —le aseguró Oliver.

—Por favor, tutéame y llámame Trevor —le pidió el General, sospechando que quizás algún día el Capitán se convertiría en su yerno. Scarlett se acercó a ellos y el General, abrazándola con ternura, le dijo—: Te echaré de menos, pero Oliver cuidará muy bien de ti hasta que todo se solucione, no se lo pongas difícil.

—No te preocupes, seré una niña buena y me portaré bien, papá —le replicó Scarlett con tono burlón.

—Ten paciencia con ella, es mi hija y la quiero viva —bromeó el General con Oliver, que no pudo evitar sonreír—. Tened cuidado y mantenedme informado de cualquier incidente por pequeño que sea.

—Así lo haremos —concluyó Oliver antes de estrecharle la mano al General a modo de despedida.

Scarlett y Oliver se montaron en el coche y emprendieron el camino hacia la granja de la familia Parker, situada a las afueras de la ciudad, a unos veinte kilómetros de la base. Scarlett estaba tensa, tenía miedo de no gustarle a la familia de Oliver, al fin y al cabo solo era una completa desconocida que iba a irrumpir en su casa. Oliver, consciente de lo tensa que estaba, colocó su mano sobre la pierna de ella mientras conducía y, sin apartar la vista de la carretera, le habló para distraerla y que se relajara:

—Te va a encantar pasar una temporada en la granja, tenemos piscina y hay un río cerca al que podemos ir a bañarnos. También podrás pasear y montar a caballo, no te aburrirás. No traen los muebles de la casa hasta la semana que viene, así que nos instalaremos en la cabaña unos días hasta que la casa esté acondicionada para entrar a vivir.

— ¿Qué piensa tu familia sobre que me quede en la granja?

—Están encantados, tienen muchas ganas de conocerte.

— ¿Les has hablado de mí?

— ¡Cómo si me hubieran dejado otra opción! —Exclamó Oliver riendo divertido—. No te preocupes por nada, mi familia sabe quién eres y por qué te vas a quedar en la granja, también les he dicho que somos amigos.

—Y, ¿eso qué significa exactamente?

—Significa que no eres solo una misión, eres una amiga a la que quiero proteger mientras estoy de vacaciones.

— ¿Estás de vacaciones?

—Oficialmente sí.

— ¿Vas a pasar tus vacaciones en casa cuidando de mí? —Quiso confirmar Scarlett, que no daba crédito a lo que Oliver decía.

—Si lo dices así, parece una tortura —bromeó él para quitarle importancia.

—No quiero causarte ningún problema y, si es así, prefiero regresar a la base.

—No me estás causando ningún problema, salvo que busques la más mínima excusa para alejarte de mí —le reprendió Oliver—. Sé que estás nerviosa y no te culpo, yo también lo estaría si estuviera en tu lugar, a punto de conocer a una familia de extraños con la que vas a convivir. Pero he prometido protegerte y eso también incluye protegerte de mi propia familia si es necesario. No te preocupes, todo va a ir bien.

Scarlett se obligó a sonreír, no quería ser pesimista cuando ni siquiera había llegado a la granja ni había conocido a la familia de Oliver. No tenía ningún motivo para pensar que algo iba a ir mal, sobre todo ahora que volvía a estar con Oliver.

—Ya hemos llegado —anunció Oliver aparcando el coche frente a una pequeña cabaña dentro de la propiedad de la familia Parker.

Oliver ayudó a Scarlett a bajar del coche y la invitó a entrar en la cabaña para mostrársela. No había mucho que enseñar, la cabaña estaba compuesta por un dormitorio, un cuarto de baño y una única estancia que hacía las funciones de cocina, comedor y salón.

—Solo pasaremos unos días aquí, hasta que traigan los muebles de la casa y podamos instalarnos en ella —le dijo Oliver.

—Esta cabaña es un palacio si la comparamos con la cueva —bromeó Scarlett.

—Voy a por tus maletas para que vayas instalándote, mi madre se ha empeñado en que cenemos todos juntos en su casa esta noche.

Scarlett se puso más nerviosa, conocer a toda la familia de Oliver al mismo tiempo durante una cena en casa de sus padres le resultó más aterrador que saber que Damian Wilson y sus hombres la estaban buscando. Oliver regresó a la cabaña con el equipaje de Scarlett y se la encontró en el mismo sitio donde la había dejado unos minutos antes.

— ¿Te encuentras bien? —Le preguntó preocupado—. Ven, túmbate un rato a descansar en la cama, debes guardar reposo para que tus costillas se curen.

—Estoy cansada de guardar reposo, me aburro —protestó Scarlett.  

—Yo te haré compañía, ven conmigo —sentenció Oliver agarrándola de la mano para llevarla al dormitorio, donde se tumbó con ella sobre la cama y la abrazó igual que cuando estaban en la cueva—. He echado de menos estar así contigo.

—Y yo también —le confesó Scarlett—. Me gusta dormir abrazada a ti.

—No está mal para ser el primer cumplido que me haces —bromeó Oliver, feliz de volver a tenerla entre sus brazos—. Estás bastante tensa, ¿quieres contarme qué te preocupa?

—Todo esto es… No sé ni cómo describirlo, pero no es algo que haga habitualmente, no me instalo en la casa de nadie y mucho menos con su familia. ¿Qué pasa si no les gusto?

—Es imposible que no les gustes, no te preocupes por eso.

—Háblame de ellos.

— ¿Qué quieres saber?

—No sé, lo que quieras —le susurró Scarlett acurrucándose contra él.

—Mi hermana y mi cuñado son veterinarios; mi hermano creó una hípica; y mis padres tienen vacas y gallinas cuya leche y huevos venden a pequeños proveedores. Yo soy el único de la familia que no trabaja en la granja, al menos no profesionalmente.

— ¿Cómo acabaste convirtiéndote en Capitán?

—Desde pequeño he tenido muy claro en qué quería trabajar —le respondió Oliver mientras acariciaba su espalda.

—No me has hablado de ninguna de tus novias —le tanteó Scarlett.

—No he tenido ninguna novia.

—No me lo creo.

—Mi trabajo es complicado, no es fácil mantener una relación cuando tienes que mentir sobre tu trabajo, siempre es más fácil romper con la chica que explicarle a qué me dedico —le contestó Oliver encogiéndose de hombres—. Cierra los ojos y descansa un rato, esta noche me lo agradecerás.

Scarlett le hizo caso sin protestar, lo único que deseaba era estar abrazada a él, se hubiera quedado así el resto de su vida. Cerró los ojos y se quedó dormida mientras Oliver continuaba acariciando su espalda con ternura.  

La protegida del Capitán 1.

Había pasado una semana y Scarlett continuaba alojada en casa de su padre, el General Turner. No había visto a Oliver desde que discutieron al llegar a la base y, aunque esperaba verle aparecer en cualquier momento, esa esperanza se hacía más pequeña conforme pasaban los días. Al principio, Scarlett estaba enfadada, no podía creer que Oliver pensara que era la amante del General después de haberse entregado a él. Intentó olvidarse de él, pero le fue imposible no echarle de menos, sobre todo por las noches. Sin embargo, tampoco hizo nada para intentar hablar con él, por mucho que lo deseara.

El General Turner conocía muy bien a su única hija y sospechaba que la tristeza que veía en sus ojos estaba relacionada con el Capitán Parker. Al General Turner no le resultó difícil adivinar que entre ellos había pasado algo mientras estaban en la selva y que, por alguna razón, discutieron al llegar a la base.

—Quiero irme a mi apartamento, necesito salir de aquí —le dijo Scarlett a su padre mientras desayunaban.

—No puedes regresar a tu apartamento, Damian Wilson sabe dónde encontrarte —argumentó el General—. Pero, si te agobias sin poder salir de la base, puedo intentar buscarte un lugar seguro en el que alojarte.

—Lo que sea que me permita salir de aquí —le contestó Scarlett.

Después de desayunar, el General Turner fue en busca de su buen amigo, el Coronel George Wilmore. El Coronel conocía muy bien al Capitán Parker y, antes de poner la vida de su única hija en sus manos, el General quería conocer su opinión.

—Oliver es el mejor de mis hombres, pero llegó tocado después de la última misión —le informó el Coronel—. Está de vacaciones y no se prevé que regrese hasta dentro de seis semanas.

— ¿Soy el único que sospecha que entre el Capitán y mi hija ha pasado algo?

—No, yo también pienso que en aquella selva hubo algo entre ellos pero, sea lo que sea, me temo que no acabó bien —comentó el Coronel que, ante la mirada insistente del General, añadió—: Oliver se ha tomado unas vacaciones porque quiere evitar a Scarlett. No me lo ha dicho directamente, pero le conozco bien.

—Y, ¿qué crees que dirá si le pido que sea el guardaespaldas de Scarlett hasta que detengamos a Damian Wilson y sus hombres?

—Puede que hayan discutido, pero Oliver le ha cogido cariño a tu hija, de lo contrario no estaría tan afectado —opinó el Coronel—. Pero solo hay una manera de averiguarlo.

Y el General Turner sabía cuál era la manera de averiguarlo y no lo dudó ni un segundo, salió de la base en el coche oficial y se plantó en la granja propiedad de la familia Parker, donde adivinó que podría encontrar a Oliver.

Oliver llevaba una semana en la granja familiar, rodeándose de los suyos para intentar quitarse de la cabeza a Scarlett. Había pasado más de una semana desde la última vez que la vio y, desde entonces, no había dejado de pensar en ella. Su frustración fue en aumento conforme pasaban los días, sacando su mal humor con todo aquel que se atreviese a cruzar una palabra con él. Ni sus padres, ni sus hermanos ni su cuñado se atrevieron a preguntarle cuál era el motivo por el que estaba tan irascible, pero sí que lo comentaron entre ellos.

—Quizás ha tenido algún problema en el trabajo —comentó preocupada Cynthia, la madre de Oliver.

—Es demasiado controlador y disciplinado para tener problemas en el trabajo, yo creo que su preocupación tiene nombre de mujer —opinó Claire, la hermana de Oliver.

— ¿El hombre de hielo enamorado de una chica? No me lo creo —se mofó Daniel, el hermano de Oliver.

—Pues yo no lo tengo tan claro, nunca le había visto de tan mal humor —opinó Izan, el marido de Claire y cuñado de Oliver.

—Dejad de hablar del chico, ya es mayorcito para saber lo que se hace y no le hará ninguna gracia que habléis de él a sus espaldas —les regañó Joe, el padre de Oliver.

La familia Parker estaba muy unida, pero Joe y Oliver tenían una relación especial de padre e hijo. Ambos tenían el mismo carácter y, aunque a veces eso provocaba pequeñas discusiones, ambos se entendían a la perfección. Joe no tenía ninguna duda de que su hijo estaba disgustado y, como había dicho su hija Claire, su disgusto tenía nombre de mujer.

Ajeno a la conversación que su familia mantenía en la cocina sobre él, Oliver jugaba con sus sobrinos en la piscina cuando vio el coche oficial del General Turner entrar en la granja y detenerse frente a la puerta de la casa principal, la casa de sus padres. Sacó a sus sobrinos de la piscina, los envolvió en una toalla para secarlos y les dijo mientras les llevaba hacia el interior de la casa por la puerta de la cocina:

—Jake, Noah. Vamos a lavarnos las manos y a prepararnos para comer, ¿de acuerdo? —Los niños asintieron y obedecieron a su tío, al que acompañaron a la cocina. Con gesto de preocupación, Oliver miró a su familia y les dijo—: El General Turner está en la puerta, quedaos con los niños.

Se terminó de secar con una toalla, se puso una camiseta y se dirigió a la puerta principal de la casa justo cuando el timbre sonó.

—General Turner —le saludó Oliver, visiblemente nervioso.

—Capitán Parker, tengo que hablar con usted.

El tono serio del General no tranquilizó en absoluto a Oliver, quién comenzó a sospechar que el General había averiguado lo que había ocurrido en la selva entre él y Scarlett. Oliver le hizo un gesto al General para que le acompañara a dar un paseo por los terrenos de la granja, no quería que su familia se enterara de aquella conversación.

—Usted dirá, General —le animó Oliver, que quería acabar con lo que fuera aquello cuanto antes.

—Sé que entre Scarlett y tú ha pasado algo…

—General…

—Sí, ya sé que estás de vacaciones, pero no confío en nadie más que en ti cuando se trata de la seguridad de mi única hija.

— ¿Scarlett es su hija? —Preguntó Oliver sorprendido.

—Así es, ¿Scarlett no te lo había dicho?

—No y tampoco sabía que usted tuviera una hija, ni siquiera llevan el mismo apellido.

—La madre de Scarlett murió cuando ella era un bebé, tenía que protegerla pero no podía estar siempre con ella debido a mi trabajo, así que decidí ocultar su existencia para impedir que alguien nos relacionase.

— ¿A qué ha venido, General?

—Scarlett quiere marcharse de la base, está agobiada y de mal humor, pero no puedo permitir que se marche sin escolta y solo confío en ti para proteger a mi hija. Sé que estás de vacaciones, pero estoy dispuesto a darte dos días libres por cada día que estés protegiéndola.

— ¿Scarlett está al corriente de su visita?

—No, pero me ha dicho que está dispuesta a lo que sea si así consigue salir de la base —le aseguró el General—. Además, creo que ambos debéis resolver algunas cosas.

—Supongo que no perdemos nada por intentarlo —aceptó Oliver—. ¿Dónde nos instalaremos?

—No lo hemos decidido, pero será en un lugar seguro, discreto y sin relación con el ejército para no levantar sospechas.

—Primero hablaremos con Scarlett, es posible que cambie de opinión cuando sepa cuál es la alternativa.

Media hora más tarde y después de haberse duchado, Oliver se dirigió hacia a la base, concretamente hacia la casa del General Turner. Estaba nervioso, ansiaba ver a Scarlett y esperaba poder hablar con ella para aclarar las cosas. Se bajó del coche y no tuvo que llamar a la puerta, el General le estaba esperando.

—Scarlett está con el Coronel, en seguida regresan —le informó el General—. Todavía no he podido hablar con ella, pero seguro que se alegra de poder salir de aquí.

El General invitó a Oliver a entrar en la casa y, tras ofrecerle algo de beber, ambos se acomodaron en el sofá del salón. No tuvieron que esperar mucho, Scarlett y el Coronel llegaron cinco minutos más tarde.

Scarlett se quedó paralizada cuando entró en casa y se encontró a Oliver sentado en el sofá, charlando tranquilamente con su padre.

— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Scarlett preocupada.

—Querías salir de la base y la condición era que llevaras guardaespaldas —le recordó su padre—. Ya conoces al Capitán Parker, él será tu sombra mientras estés fuera de la base.

Scarlett miró a Oliver en busca de una señal que le confirmase que estaba de acuerdo con aquella decisión, pero su gesto era indescifrable. 

—No creo que sea una buena idea —opinó Scarlett con un hilo de voz, incapaz de seguir sosteniéndole la mirada a Oliver.

—Creo que, antes de tomar una decisión de la que puedas arrepentirme, deberíais primero resolver vuestras diferencias y decidir si estáis dispuestos a seguir adelante con esto —les dijo el Coronel, que era un hombre muy sabio.

—No seas testaruda —le advirtió el General a su hija besándola en la mejilla—, esta es tú única posibilidad de salir de la base mientras que Damian Wilson siga huido.

Scarlett resopló con frustración, no quería discutir con Oliver y tampoco pensaba aclararle nada, no se lo merecía. Sin embargo, tampoco podía evitar emocionarse al verlo frente a ella, con semblante despreocupado y mirada indescifrable.

— ¿Damos un paseo? —Le propuso Oliver, necesitaba salir de aquella casa para poder mantener una conversación sincera con ella. Scarlett asintió y salió de la casa seguida de Oliver, que no dudó en colocar su mano sobre la espalda de ella—. ¿Cómo estás?

—He tenido días mejores.

— ¿Y tus costillas?

—Bien, solo era una pequeña fisura que ya está casi curada —mintió para restarle importancia.

—Scarlett, yo… ¿Por qué no me dijiste que eras la hija del General?

—Tú ya habías sacado tus propias conclusiones, ¿qué importaba lo que yo dijese?

—Me dejaste creer que eras su amante —le reprochó.

—Era lo que tú querías creer, quizás era la manera fácil de…

— ¿De qué? ¿De olvidarme de lo que ocurrió entre nosotros en la cueva? —Le espetó Oliver furioso.

—Te fuiste sin dejar que te diera una explicación, no pareció importarte demasiado largarte y dejarme aquí.

— ¿Eso es lo que crees? ¡Qué poco me conoces! —Estalló Oliver con amargura en la voz—. Has estado casi una semana conviviendo conmigo en mitad de una selva y no sabes nada de mí.

—Esto ha sido un error desde el principio, es mejor que me quede en la base hasta que detengan a Damian Wilson —sentenció Scarlett con los ojos brillantes, conteniendo las lágrimas—. Lamento que te hayan hecho venir aquí para nada.

Scarlett dio media vuelta, dispuesta a regresar a la casa del General, pero Oliver la agarró del brazo con firmeza para detenerla y le advirtió:

—Si pasados unos días cambias de opinión, yo no estaré disponible.

— ¿Eso significa que puedo salir de aquí con otro agente que no seas tú?

— ¡Maldita sea, Scarlett! —Vociferó Oliver fuera de sí—. ¿Acaso pretendes volverme loco? ¿No has tenido suficiente con hacerme creer…?

— ¿Va todo bien por aquí? —Preguntó el Coronel, acercándose a ellos.

—Sí, le estaba diciendo al Capitán Parker que agradezco mucho que haya venido hasta aquí, pero me temo que es mejor que me quede en la base —decidió Scarlett. Y con las lágrimas a punto de derramarse de sus ojos, se excusó antes de regresar a la casa—: Lo siento, disculpadme.

Scarlett recorrió el camino a la inversa para regresar a casa y, sin mediar palabra, entró y subió las escaleras para encerrarse en su habitación, donde las lágrimas se desbordaron y rodaron por sus mejillas como cascadas.

El General Turner, alarmado por aquel extraño comportamiento de su hija, se quedó mirando las escaleras que daban acceso a la planta superior sin saber qué hacer. ¿Trataba de consolar a su hija o le dejaba tiempo e intimidad para que fuera ella la que fuese a hablar con él? Con un pie en el primer peldaño de la escalera, el General se detuvo cuando escuchó la voz de Oliver detrás de él:

—Por favor General, deje que sea yo quien suba a hablar con ella.

El General y el Coronel intercambiaron una significativa mirada, ambos conocían el carácter de Scarlett y sabían que aquello no era una rabieta, aquello escondía mucho más de lo que ellos podían confirmar pero que ya sospechaban.

—Está bien —accedió el General.

La protegida del Capitán.

La historia de Oliver y Scarlett comienza con el relato “Escondidos en la Selva“, cuando a Oliver le asignan una misión extra oficial: proteger a una joven del asesino sin escrúpulos que la busca. Con ella emprende una huida atravesando la selva. Oliver sospecha que Scarlett mantiene una relación con el General Turner y, pese a que se siente muy atraído por ella, decide mantener las distancias y evitar la tentación. Hasta que, finalmente, ambos dejan de resistirse y se entregan a la pasión.

Después de unos días ocultándose de Damian Wilson y de sus hombres, y tras pasar la tormenta, Oliver consigue llevar a Scarlett a la base. Nada más llegar, el General Turner y el Coronel Wilmore les esperan en el puerto y Oliver es testigo del cariñoso recibimiento que el General le dedica a Scarlett. Creyendo que Scarlett es la amante del General, le reprocha su actitud y, dejándola con la palabra en la boca, se marcha dejándola en la consulta del doctor.

Oliver se siente engañado por Scarlett, tan solo hacía unos días que la conocía, pero habían sido unos días muy intensos en los que había sentido mucho más que una atracción sexual por ella. Dolido como estaba, decidió alejarse y tomarse unas más que merecidas vacaciones, necesitaba olvidarse de ella. Scarlett también decidió alejarse de Oliver, la había ofendido al pensar que era la amante del General cuando en realidad era su hija, pero lo que más la había dolido es que siguiera pensando aquello después de haberse entregado a él por completo.

Ambos están decididos a olvidar su corta historia de pasión en la selva, pero el destino es caprichoso y volverá a unir sus caminos. ¿Serán capaces de contener la atracción que sienten el uno por el otro o caerán en las garras de la pasión? ¿Podrán arreglar sus diferencias o el orgullo les jugará una mala pasada? Si quieres averiguar qué pasará entre Oliver y Scarlett, no te pierdas los capítulos de esta historia:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Hasta que el contrato nos separe 54.

Un año más tarde…

Gisele estaba en la habitación del bebé, cambiando de ropa al pequeño Matt para bajar a recibir a los invitados que estaban a punto de llegar para celebrar la cena de Nochebuena. Estaba nerviosa, necesitaba hablar con Matt pero, con Leonor todo el día en casa para organizar los preparativos de la cena, no había podido tener ni un minuto a solas con él. Además, aquella conversación sería larga. Gisele miró el test de embarazo y suspiró, había dado a luz hacía apenas seis meses y estaba embarazada de nuevo. Y, aunque su relación con Matt iba bien, desde que el pequeño Matt nació apenas tenían tiempo solo para ambos y Matt se quejaba de ello, pero Gisele se negaba a separarse de su bebé, y tenía miedo de la reacción de Matt cuando se lo dijera.

Matt estaba en la cocina con Leonor, preparando la cena, cuando decidió ir a buscar a las dos personas que más amaba en el mundo.

—Mamá, voy a ver si Gisele necesita ayuda, ¿puedes encargarte tú?

—Ayuda a Gis, yo aquí me apaño perfectamente —le aseguró Leonor.

Matt subió las escaleras y se dirigió al dormitorio del pequeño Matt. Estaba preocupado por Gisele, la había notado extraña desde que se había levantado y sabía que le ocultaba algo. Fuera lo que fuese, Matt estaba dispuesto a averiguarlo.

—Hola mi amor —la saludó abrazándola desde atrás y depositando un suave beso sobre su cuello—, ¿necesitas ayuda?

—Necesito hablar contigo —se armó de valor Gisele.

—Hablemos —le dijo quitándole al pequeño Matt de los brazos para meterlo en la cuna.

—De acuerdo, hablemos.

—Gisele, estás empezando a preocuparme. ¿Quieres decirme qué ocurre?

—Estoy embarazada, Matt —le confesó con un hilo de voz.

Matt y Gisele se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Matt le preguntó:  

— ¿Estás segura? —Gisele le señaló el test de embarazo con el resultado positivo y Matt, con una sonrisa en los labios, añadió—: Quiero a una pequeña Gisele correteando por casa.

—No sabemos si será niño o niña —le recordó Gisele divertida.

—Mi amor, ¿desde cuándo lo sabes?

—Desde esta mañana, he intentado hablar contigo desde entonces, pero no he podido estar ni un minuto a solas contigo en todo el día.

—Técnicamente, seguimos sin estar a solas —bromeó Matt cogiendo en brazos al pequeño que demandaba atención desde la cuna—. ¿Qué dices, campeón? ¿Quieres tener un hermanito o una hermanita?

El pequeño Matt comenzó a pronunciar sílabas sin sentido, provocando las risas de ambos, y Matt le susurró:

—Creo que quiere varios hermanitos.

—Matt, no quiero decírselo a nadie hasta que me examine el doctor, todavía es muy pronto y prefiero esperar a confirmar que todo está bien antes de anunciarlo.

—Todo irá bien, pero tienes razón, es mejor esperar un par de semanas a que pasen las fiestas antes de darles la noticia —concluyó Matt y añadió bromeando—: Además, no queremos que se acostumbren a que anunciemos la llegada de un nuevo bebé cada Navidad.

—No prometo nada, señor Spencer, eres una tentación muy resistible.

—Lo mismo digo, señora Spencer, es imposible resistirse a una mamá tan sexy.

Una hora más tarde, todos los invitados ya habían llegado y estaban sentados a la mesa disfrutando de una agradable y familiar cena navideña. Gisele sonrió complacida al recordar cómo habían cambiado las cosas desde la primera Navidad que pasó con Matt, hacía ya dos años. Tyler y Kelly estaban prometidos y planeaban casarse en primavera; Jason y Sarah llevaban un año viviendo juntos en casa de Jason, ella pidió el traslado a la ciudad cuando él se le declaró; Gisele y Matt seguían casados pese a que el contrato por el que contrajeron matrimonio se cumplió hacía más de un año, estaban más enamorados que nunca, tenían un precioso niño de seis meses y esperaban la llegada de un nuevo bebé con ilusión. Leonor estaba feliz de estar rodeada de amigos y familia, pero sobre todo estaba feliz porque sabía que pronto estaría rodeada de nietos.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Matt al verla distraída.

—Estaba pensando en cómo han cambiado las cosas desde la primera Navidad que pasamos juntos.

—Han pasado dos años, seguimos casados, tenemos un bebé precioso, viene otro en camino y te amo más que nunca, preciosa —apuntó Matt acariciando el vientre de Gisele—. Estoy deseando ver cómo crece tu barriguita.

—Estaré enorme para la boda de Kelly y Tyler —se lamentó Gisele.

—Estarás preciosa, mi amor.

Matt la besó con ternura, adoraba a aquella mujer que había conseguido derribar todas sus murallas, le había retado y le había ganado todas las batallas hasta caer rendido a sus pies.

— ¿Es que no podéis esperar a llegar al dormitorio? —Les regañó Ben bromeando—. ¿O es que le habéis pedido a Papá Noel un hermanito para el pequeño Matt?

—Quizás lo hagamos —dejó caer Matt sin despegarse de Gisele, mientras miraba a su pequeño en brazos de la abuela.

—Me parece que la familia va a aumentar muy pronto —auguró Sarah.

—Nena, ¿quieres darle un primito al pequeño Matt? —La tanteó Jason.

—Antes tendrás que ponerme un anillo en el dedo, nene.

—Pídeselo a Papá Noel, si has sido buena te lo traerá —la animó Jason.

Sarah le sacó la lengua pensando que tan solo bromeaba, pero lo cierto era que Jason le tenía una sorpresa preparada para cuando llegaran a casa, una sorpresa que incluía un anillo de compromiso.

Ya de madrugada, cuando todos los invitados se marcharon y consiguieron que el pequeño Matt se durmiera en su cuna, Matt y Gisele por fin se quedaron a solas en la intimidad de su dormitorio.

—Cariño, ¿quieres acompañarme en la bañera antes de irnos a dormir?

—Estaría loca si te dijera que no —le susurró Gisele antes de arrojarse a sus brazos y besarle apasionadamente.

FIN

Hasta que el contrato nos separe 53.

Mientras volaban en el avión de la agencia hacia a la capital, Jason le contó a Matt todo lo que había hablado con Sarah la noche anterior y también le explicó el motivo de la repentina huida de Gisele. Matt estaba nervioso, ansiaba ver a Gisele y estrecharla entre sus brazos. Había pasado por situaciones de lo más complicadas y peligrosas, pero jamás se había sentido tan hundido como se había sentido al ver a Gisele salir por la puerta de su casa. Se había enamorado de aquella chica alegre a la que los problemas la perseguían pero que jamás dejaba de mostrar su brillante sonrisa.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Jason tras aterrizar en el aeropuerto de la capital.

—Lo estaré cuando Gisele regrese a casa conmigo.

Quince minutos más tarde, un taxi les dejó frente a la puerta del edificio de apartamentos donde vivía Sarah. Jason respiró profundamente antes de entrar en el edificio y subir en el ascensor hasta detenerse frente a la puerta del apartamento de Sarah.

Gisele se estaba tomando la tercera tila desde que se había levantado cuando el timbre de la puerta sonó. Miró a su amiga abrir la puerta mientras contenía la respiración y entonces le vio. Apenas habían pasado unas horas desde que lo vio por última vez y lo había echado de menos desde que puso un pie fuera de su casa.

Sarah saludó a Matt y a Jason con reproche, sin esforzarse en ocultar lo enfadada que se sentía con ambos por haberla engañado. Se volvió hacia Gisele y le dijo:

—Gis, tienes visita. Estaré en la cafetería de la esquina, llámame y vendré en seguida, ¿de acuerdo?

Gisele asintió y Sarah se marchó con Jason, dejándola a solas con Matt. Ambos se miraron con cautela, tratando de adivinar lo que pensaba el otro. Matt se acercó a ella despacio y, suavizando el tono de voz, le dijo:

—Gisele, tenemos que hablar. Jason me ha contado que nos escuchaste hablar en su despacho, pero te aseguro que se trata de un malentendido.

—Escuché muy bien cómo le decías a Jason que estaba loco si pensaba que ibas a formar una familia conmigo y que tenías que ponerle fin a todo eso.

—Ayer nos reunimos con el abogado de mi abuelo, pensábamos que, cumplido el año de matrimonio, recibiría la herencia, pero hay una nueva cláusula que debo cumplir antes de poder heredar —le explicó Matt sentándose a su lado en el sofá, pero sin llegar a rozarla—. Si quiero heredar, tengo que tener un hijo con mi esposa antes de que se cumplan tres años de matrimonio. Me desahogué con Jason en su despacho y le dije que se acabó porque jamás podría pedirte algo así ni tampoco lo consentiría. Tenía pensado contártelo todo al llegar a casa y también confesarte que te amo y que quiero seguir casado contigo.

Gisele pudo sentir la tristeza, los nervios y también la sinceridad de las palabras de Matt. Y, sin pronunciar palabra, se echó a llorar.

—Cariño por favor, no llores —le susurró Matt abrazándola con fuerza, estrechándola contra su cuerpo—. Haré lo que me pidas, pero no llores.

— ¿Y qué pasa con la casa de tu madre? —Logró balbucear Gisele entre sollozos.

—La heredará el hijastro de mi tío cuando la fecha de la última cláusula del testamento se cumpla, dentro de dos años —le respondió Matt con resignación—. Intentaré llegar a un acuerdo con él para comprarla, pero no quiero que te preocupes por eso.

—Le he contado a Sarah lo de nuestro contrato —le soltó Gisele de pronto.

—Lo sé, ¿está muy enfadada?

—No tanto como ayer cuando llegué —bromeó Gisele.

—Te amo, Gisele. Siempre te amaré.

Matt acercó su boca a la de ella y la besó en los labios, fue un beso lento, pero cargado de amor y cariño, con el que ambos sintieron la paz que les faltaba.

— ¿Regresarás a casa y seguirás siendo la señora Spencer?

—Estaría loca si te dijera que no, pero…

— ¿Pero?

—Antes quiero saber algunas cosas.

—Pregunta lo que quieras, cariño.

— ¿Te gustaría que tuviésemos hijos?

—Me encantaría tener hijos contigo, pero los tendremos cuando estés preparada y así lo decidamos, no tendremos un hijo solo por una herencia.

—Y, ¿si yo quisiera tener un hijo ahora?

—No habría nada que me hiciera más feliz que saber que un pedacito de nosotros crecerá en tu vientre —Gisele comenzó a llorar de nuevo y Matt, sin saber por qué lloraba, le preguntó preocupado—: Cariño, ¿por qué lloras?

—Estoy embaraza —le confesó Gisele con un hilo de voz, mirándole a los ojos para anticipar su reacción.

Matt le sostuvo la mirada durante un par de segundos para confirmar que no se trataba de una broma y le miró el vientre, pero todavía era muy pronto para que se le notara la barriga. Tras pedirle permiso con la mirada, acarició su plano vientre y sonrió al imaginar cómo iría creciendo en los próximos meses.

—Os amo, a ti y a nuestro pequeño bebé —le susurró Matt antes de besarla—. Y, precisamente por eso, no te preguntaré si pensabas ocultarme su existencia.

—No te voy a negar que lo pensé, pero tenía que intentarlo por nuestro bebé.

—En cuanto lleguemos a casa llamaremos al doctor, quiero que te examine y que confirme que todo está bien. Además, tendremos que informarnos de todo lo que no puedes hacer ni comer. Te voy a cuidar como a una reina el resto de mi vida, mi amor.

— ¿Mi amor? —Repitió Gisele sorprendida.

—Sí, mi amor y mi vida eres tú. ¿No te gusta?

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió ella colocándose a horcajadas sobre él con una clara intención de seducirle.

—Por cierto, tengo que decirte algo, pero me tienes que prometer que no te enfadarás.

—Me das miedo —bromeó él ante la mirada de fingida inocencia de ella.

—Ayer por la mañana fui a visitarme a la consulta de mi ginecólogo. Me confirmó que todo está bien, pude escuchar los latidos del bebé y me dijo que estaba embarazada de once semanas. Me hizo una ecografía y me dio una copia, ¿quieres verla?

—Me encantaría.

Como una niña con juguete nuevo, Gisele se levantó del sofá, buscó en el interior de su bolso hasta encontrar las copias de las fotos que el doctor le había dado y se las entregó a Matt, que examinó las fotos con una amplia sonrisa en los labios.

—Prométeme que nunca volverás a salir huyendo sin antes hablar conmigo, yo te prometo que te querré y te mimaré tanto que jamás querrás huir. Te amo, Gisele. No lo dudes nunca.

—Yo también te amo —le confesó Gisele antes de plantarle un beso en los morros.

Preocupados por lo que pudiera estar ocurriendo, Sarah y Jason decidieron regresar al apartamento y comprobar que la sangre no hubiera llegado al río. Por suerte, respiraron tranquilos cuando abrieron la puerta y se encontraron a Gisele y Matt abrazados en el sofá mientras observaban las fotografías de la ecografía:

— ¿Se puede saber qué estáis mirando con esa sonrisa que se os cae la baba? —Preguntó Jason sin saber realmente lo que miraban.

Matt miró a Gisele para pedirle permiso para darle la noticia a su amigo, ella asintió con una sonrisa cómplice en los labios y Matt le respondió:

—Estamos viendo la primera ecografía de nuestro bebé, vuestro sobrino.

— ¡¿Qué?! ¿Voy a ser tío? Va a ser el niño más consentido de todo el planeta.

—O la niña —le corrigió Sarah.

—Me da igual si es niño o niña, solo quiero esté sano —opinó Matt sin dejar de abrazar a Gisele ni de mirar la ecografía—. Mi madre se pondrá como loca cuando se entere.

—Si estos dos nos guardan el secreto, podrás darle la sorpresa el día de Navidad.

—Mi amor, ¿te he dicho ya que te amo?

—Sí, pero jamás me cansaré de escucharlo —le aseguró Gisele.

Más tranquilos y animados habiendo arreglado el malentendido y habiéndose reconciliado, las dos parejas decidieron ir a comer a un restaurante para celebrar la vida, la de ellos y la del bebé que venía en camino.

Esa misma tarde, Matt y Gisele regresaron a casa. Jason se quedó en la capital un par de días más hasta que Sarah cogiera las vacaciones de Navidad para regresar con ella a casa. Ellos también habían tomado una decisión importante respecto a su relación, pero habían decidido aguardar en dar la noticia hasta que Sarah lo dejara todo atado en la capital.

Cuando Gisele entró en casa de Matt y vio el destrozo que había montado, pensó que unos ladrones les habían entrado a robar y Matt tuvo que confesarle lo que realmente había ocurrido.

—Casi me vuelvo loco y solo estado unas horas sin ti —le dijo tras darle la explicación oportuna—. No te preocupes, mañana vendrán a arreglarlo todo.

En el último momento, Matt consiguió convencer a su madre para celebrar la Nochebuena y la Navidad en casa, quería que esa Navidad fuera especial. Leonor insistió en ayudarles a preparar la cena y, como no podía ser de otra manera, Matt se las ingenió para que Gisele no tuviera que hacer nada.

—Entiendo que no me dejes cocinar, pero al menos deja que prepare la mesa y haga algo para que me sienta útil —protestó Gisele al borde de las lágrimas, las hormonas la sumían en una inestabilidad emocional constante.

—Mi amor, solo quiero cuidarte —le dijo Matt armándose de paciencia—. A ti y a nuestro bebé.

Y era cierto, Matt estaba pendiente de Gisele en todo momento, incluso trabajaba desde casa para no tener que ir a la agencia durante aquellos días de fiesta. Gisele reía, lloraba, se enfadaba y volvía a reír, las hormonas la tenían revolucionada y Matt estaba aprendiendo a entenderla y a sobrellevarlo, y no se le estaba dando nada mal. Sarah y Jason, además de guardarles el secreto, también les hicieron compañía, pese a que Matt continuó negándose a separarse de Gisele más de cinco minutos.

En Nochebuena, familia y amigos se reunieron en casa de Matt y Gisele para cenar juntos e intercambiar regalos como cada año. Era la segunda Navidad que Matt y Gisele pasaban juntos, pero ambos la disfrutaron como si fuera la primera.

Tras cenar e intercambiar los regalos, Matt y Gisele decidieron dar la buena noticia a la familia y a los amigos. Matt, llamando la atención de todos los invitados, alzó su copa y pronunció un discurso improvisado:

—Quiero brindar por la familia y por la amistad, por todos vosotros. Pero quiero hacer un brindis especial por mi esposa, la mujer que me tiene completamente hechizado y con la que deseo pasar el resto de mi vida. Además, ahora tengo que cuidarla el doble porque hay un pedacito de nosotros creciendo en su vientre —añadió Matt abrazando desde la espalda a Gisele colocando las manos sobre su vientre.

— ¿Voy a ser abuela? —Preguntó Leonor emocionada.

—Sí, serás abuela en pocos meses —le confirmó Matt.

— ¡Va a ser el niño o la niña más mimado del planeta, su tía se encargará de eso! —Exclamó Kelly feliz por la noticia.

Todos comenzaron a bromear sobre lo consentido que estaría el bebé nada más nacer, de lo poco que iban a poder descansar los padres, etc. Mientras tanto, Gisele los escuchaba y les observaba sin decir nada, tan solo disfrutando de aquella hermosa familia, en la que se incluían a los amigos más íntimos de la pareja, que había formado con Matt.

—Estás muy callada, ¿va todo bien? —Le preguntó Matt en un susurro.

—No podría estar mejor ni tampoco más feliz y todo es gracias a ti —le confesó Gisele con las lágrimas a punto de derramarse de los ojos—. Te amo, Matt.

—Gracias a ti por hacerme el hombre más feliz del planeta, por permanecer a mi lado, por regalarme tu amor y tu cariño, y por convertir nuestro amor en un pedacito de nosotros al que voy a querer con la misma locura que te quiero a ti, preciosa.

La pareja se sumió en un tierno beso hasta que todos los allí presentes comenzaron a aplaudir y vitorearles, consiguiendo que Gisele se ruborizara y tratara de apartarse de Matt, pero él se lo impidió y le plantó otro beso en los labios, provocando las risas de los amigos y familia.

Hasta que el contrato nos separe 52.

Gisele lloró silenciosamente durante las tres horas que duró el viaje en taxi hasta el apartamento de Sarah en la capital. Por suerte para Gisele, el taxista era poco hablador y no le dijo nada salvo para preguntarle si necesitaba algo o si quería parar y estirar las piernas.

Llamó a Sarah cuando le quedaban pocos minutos para llegar a la capital, estaba anocheciendo y cruzó los dedos para que estuviera en su apartamento.

— ¡Hola Gis! Estaba a punto de llamarte —la saludó Sarah nada más descolgar—. Estoy deseando que llegue el viernes para poder abrazarte, te echo mucho de menos.

—Entonces, tengo una gran noticia para ti, me verás en veinte minutos —le dijo Gisele sonriendo con tristeza.

—Gisele, ¿estás con Matt?

—Estoy en un taxi, de camino a tu apartamento —respondió Gisele con un hilo de voz.

—Pediré una pizza y abriré una botella de vino —trató de animarla Sarah—. Te espero aquí para que me lo cuentes todo.

—Nos vemos en un rato.

Gisele colgó la llamada y se secó las lágrimas de la cara. Resopló abatida, pero se dijo que solo se permitiría ese día para lamentarse, a la mañana siguiente solo vería el lado bueno de las cosas.

Veinte minutos más tarde, Gisele llegó al apartamento de Sarah y su amiga adivinó que aquello era algo más que una pequeña discusión de pareja cuando vio su maleta. Gisele la abrazó y se echó a llorar sin poder pronunciar palabra, así que Sarah tuvo que esperar a que se tranquilizar para escuchar lo que había ocurrido.

—Venga Gis, seguro que es una tontería —le restó importancia Sarah para calmarla.

—No, no lo es —la corrigió Gisele y, entre sollozos, le contó toda la verdad.

Sarah no daba crédito a lo que decía su amiga, se negaba a creer que su matrimonio con Matt no era más que una artimaña para que él se hiciera con la herencia de su abuelo y mucho menos podía creer que Gisele se hubiera prestado a ello. Sin embargo, no le costó adivinar que las lágrimas de su amiga se debían a que realmente estaba enamorada de Matt.

—Y, como ya ha pasado un año desde vuestra boda, os divorciáis y todos tan felices —le reprochó Sarah—. ¿En qué estabas pensando, Gis?

—Eso no es todo —le confesó Gisele.

Sarah miró a los ojos de su amiga y supo que algo gordo estaba ocultando, algo por lo que incluso temblaba.

—Gis, ¿qué has hecho? —Le preguntó Sarah preocupada.

—Estoy embarazada.

Sarah se bebió su copa de vino de un solo trago y acto seguido se bebió la copa de Gisele, necesitaba calmarse un poco antes de hablar.

—Vale, voy a ser tía. ¿O no? —La tanteó.

—Sí, vas a ser tía —le confirmó Gisele sonriendo por primera vez desde que había llegado.

—Y deduzco que Matt no lo sabe.

—No, no lo sabe.

—Pues creo que deberías empezar por ahí, independientemente de lo que pase entre vosotros, ese bebé también es su hijo y tiene derecho a saberlo.

—Escuché a Jason decirle a Matt que nos imaginaba formando una familia y Matt le respondió que era una locura y que cómo podía pensar algo así —le respondió Gisele entre lágrimas.

—Vale, no pasa nada. Ha sido un día largo y tienes que descansar, ahora debes pensar también en ese bebé que no quiere una mamá cansada —le dijo Sarah acompañándola a la habitación de invitados para que descansara—. Mañana, con la mente más despejada, pensaremos qué vamos a hacer.

Sarah se tumbó en la cama junto a Gisele y esperó hasta que se quedó dormida para regresar al salón y terminar de beberse la botella de vino. Había visto a Matt y Gisele felices, cómplices y apasionados, quizás todo comenzó con un contrato de por medio, pero la relación entre ellos era real.

Jason pasó por casa de Matt a última hora de la tarde, quería hablar con Gisele y pedirle ayuda para hacerle un regalo a Sarah por Navidad. Le extrañó ver el coche de Matt aparcado frente a la puerta principal de la casa porque él siempre lo aparcaba en el garaje, pero tampoco le dio importancia. Llamó al timbre de la puerta y, casi una eternidad después, Matt le abrió la puerta completamente borracho. Jason entró en la casa y vio el destrozo que había montado: estanterías caídas, libros y demás objetos tirados por el suelo, un agujero en la pared del salón que sin ninguna duda había sido provocado por un puñetazo y una foto enmarcada de Matt y Gisele el día de su boda.

— ¿Has montado una fiesta y no me has invitado? —Bromeó Jason.

—Estoy celebrando mi maldita soltería —gruñó Matt bebiendo a morro de una botella.

— ¿Dónde está Gis?

—Se ha ido y no quiero volver a escuchar su nombre —vociferó Matt.

— ¿Qué ha pasado?

—No ha pasado nada, he llegado a casa y me la he encontrado a punto de marcharse, con la maleta ya preparada. Me ha dicho que ya ha cumplido su parte del contrato y que espera tu llamada cuando tengas los papeles del divorcio. Quiere divorciarse. Ni siquiera ha sido capaz de mirarme a la cara cuando se ha ido.

Consciente del estado de embriaguez de su amigo, Jason optó por quitarle la botella a Matt y obligarle a meterse en la cama para dormir la mano. Después llamó a Ben y le pidió que localizara a Gisele, lo cual no le resultó difícil debido a que el localizador seguía instalado en el reloj de pulsera de Gisele. Tras averiguar que Gisele se encontraba en la capital, en el apartamento de su amigo, decidió llamar a Sarah.

—Sarah, ¿está Gis contigo? —Le preguntó nada más descolgar.

—Sí, está conmigo —le confirmó Sarah con tono de pocos amigos—, y me lo ha contado todo.

— ¿Se puede saber por qué se ha ido?

—Tú y tu amigo deberíais saberlo.

—Mira, no sé lo que ha pasado, lo único que puedo decirte es que Gis se ha largado sin dar explicaciones y ha dejado a Matt hecho polvo.

— ¿Quieres saber en qué estado ha llegado Gisele a mi apartamento? —Le reprochó Sarah furiosa—. ¡Sois un par de idiotas!

— ¿Puedes pasarme con Gis?

—No, se ha quedado dormida y no pienso despertarla para que hable contigo ni con Matt.

—Sarah, puede que al principio todo fuera parte de una estrategia, pero no puedes negar que entre ellos existe una relación real, tú lo has podido comprobar. Matt quería esperar a después de Navidad para declararse, no quería que Gis pensara que lo hacía por el contrato.

—Gis os escuchó hablar ayer, escuchó como Matt te decía que estabas loco si pensabas que iba a tener hijos con Gisele y que todo se había acabado —le reprochó Sarah.

—No fue eso exactamente lo que dijo, estábamos hablando de la herencia, el abogado del abuelo de Matt ha añadido una nueva cláusula antes de hacer efectiva la herencia: Matt debe tener un hijo antes de que se cumpla el tercer año de matrimonio —le explicó Jason—. Él no estaba dispuesto ni siquiera a comentárselo a Gis, temía que pensara que solo quería estar con ella para conseguir la herencia. Yo bromeé diciendo que ya me los imaginaba con niños y él me dijo que estaba loco si pensaba que sería capaz de tener un hijo con Gis para conseguir la herencia de su abuelo.

—Entonces, ¿todo ha sido un malentendido?

—Me temo que sí, nena —le confirmó Jason—. Tenemos que hacer algo para que se reconcilien, ninguno de los dos está bien.

— ¿Qué pretendes?

—Mañana por la mañana, cuando Matt se despierte, iremos a buscaros —sentenció.

—Matt no lo va a tener fácil.

—Nena, Matt no aceptará un no por respuesta sabiendo que Gis le ama. En cuanto a ti y a mí, tenemos una conversación pendiente —le recordó Jason.

—Desde luego que sí, no te pienses que todo este engaño no va a tener consecuencias.

—Nena, estoy deseando verte aunque estés enfurruñada —bromeó Jason entre risas y añadió antes de colgar—: Nos vemos en unas horas.

A la mañana siguiente, Matt se despertó con una resaca terrible, consecuencia de la cantidad de alcohol ingerida el día anterior. Ni siquiera se molestó en levantarse de la cama, no tenía ningún motivo para hacerlo ahora que Gisele no estaba.

—Levántate y date una ducha, tenemos cosas que hacer —le dijo Jason entrando en el dormitorio.

—Lárgate, no voy a ir a ninguna parte —gruñó Matt.

—Mientras tú estabas durmiendo la mona, yo hice mis averiguaciones —comenzó a decir Jason, llamando la atención de su amigo—. Sé por qué Gis se marchó ayer y, si te soy sincero, no la culpo.

— ¿Qué quieres decir?

—Ayer, después de la reunión con el abogado de tu abuelo, Gis nos escuchó hablar y sacó sus propias conclusiones con lo que oyó.

— ¿Sabe la nueva condición para conseguir la herencia? —Preguntó Matt.

—No, lo que escuchó es que te parecía una locura formar una familia con ella y que tenía que acabar.

—Yo nunca he dicho eso.

—Lo sé, pero ella solo escuchó parte de la conversación. Así que, si quieres hablar con ella y aclararlo, será mejor que te duches.

— ¿Dónde está Gisele?

—Está con Sarah en la capital —le respondió Jason y añadió para apremiarle—: Te lo contaré todo por el camino, te espero en el coche.

A pesar de la horrible resaca que tenía y lo poco que había dormido, Matt se levantó de la cama de un salto y entró en el cuarto de baño para ducharse, no quería perder un minuto más sin Gisele.

Gisele se levantó pasadas las nueve de la mañana y se encontró a Sarah en la cocina, preparando el desayuno.

—Buenos días, Gis. Te he preparado un zumo de naranja natural con unas tostadas, ¿tienes hambre?

Gisele arrugó la nariz, el olor a naranja le dio náuseas y salió corriendo hacia el baño para vomitar. Sarah la esperó en la puerta del baño y, cuando Gisele salió, le preguntó:

— ¿De qué debo deshacerme?

—Del zumo de naranja y de todo lo que huela a naranja —sollozó Gisele.

—No, no llores, por favor. Me deshago de todo ahora mismo, pero no llores.

Sarah se apresuró en retirar el zumo y las naranjas para después servir un vaso de leche que su amiga saboreó junto a unas galletas.

—Me he pasado una hora preparándote un desayuno saludable y terminas comiendo leche con galletas —bromeó Sarah.

— ¿Qué voy a hacer con mi vida, Sarah? —Se lamentó Gisele, ignorando los intentos de su amiga por animarla.

—Tengo que decirte algo, Gis.

— ¿Qué has hecho?

—Te quiero y quiero lo mejor para ti y para el bebé que viene en camino —comenzó a decirle Sarah—. Sé que estás enamorada de Matt y él de ti, ese bebé que esperas necesita un padre y creo que debéis daros al menos la oportunidad de hablar.

— ¿Se lo has contado a Matt? —Exigió saber Gisele, con el miedo en los ojos.

—No le he dicho nada, ni siquiera he hablado con él, pero he hablado con Jason y, dado que estar separados no se os da nada bien, creemos que debéis hablar y solucionarlo.

— ¿Para qué? ¿Para dejar que me humille?

—Gis, no puedo obligarte a hacer algo que no quieres, pero sí puedo aconsejarte que al menos hables con él y dejes que se explique, todo esto es un malentendido y no quiero que te arrepientas el resto de tu vida por tomar la decisión incorrecta.

Gisele no quería volver a ver a Matt, sabía que un encuentro con él le causaría aún más dolor y no quería sentir su rechazo de nuevo, pero decidió seguir el consejo de Sarah y afrontar la situación por el bebé que llevaba en su vientre.

Hasta que el contrato nos separe 51.

Un mes y medio después de haber recibido un disparo en el hombro, Gisele se incorporó de nuevo al trabajo en la agencia. Estaban a mediados de noviembre y a ninguno de los dos se les olvidaba que el contrato vencería en un mes, pero aquel tema seguía siendo tabú entre ambos.

Matt y Gisele iban juntos a la agencia todas las mañanas para trabajar, comían juntos y a media tarde regresaban a casa. Cenaban y poco después disfrutaban de un relajante baño en la bañera antes de irse a dormir. Ya no hacían en el amor todos los días, Matt quería mostrar a Gisele su faceta cariñosa, quería demostrarle que el sexo no era lo único ni lo más importante de su relación. Gisele se percató del cambio en el comportamiento de Matt, pero había decidido disfrutar del tiempo que le quedara con Matt sin más preocupaciones, por lo que evitó cualquier posible discusión con él.

Gisele llevaba varios días con el estómago revuelto y al principio no le dio importancia, hasta que trató de acordarse de la última vez que estuvo con el período y se dio cuenta que no lo tenía desde antes del encuentro con Erik. Habían pasado dos meses y medio desde entonces y en todo ese tiempo tampoco había tomado la píldora anticonceptiva. Matt se había encargado de darle todos los días las pastillas que le había recetado el doctor, pero ninguno de los dos se había acordado de la pastilla más importante. Con la excusa de comprar los regalos de navidad, Gisele salió antes del trabajo y se dirigió al centro. Compró regalos para Leonor, Elsa, Kelly y Sarah y, cuando logró armarse de valor, entró en una farmacia y compró un test de embarazo. A la mañana siguiente, mientras Matt la esperaba en la cocina para desayunar, Gisele se encerró en el baño y utilizó el test de embarazo para salir de dudas. Efectivamente, confirmó lo que ya sospechaba: estaba embarazada. Escondió el test en la bolsa de la farmacia y la tiró a la papelera sabiendo que Matt jamás miraría allí. Respiró profundamente, se miró en el espejo fingiendo una sonrisa y bajó a la cocina a desayunar con Matt. Tenía claro que debía hablar con Matt, pero antes debía asimilarlo ella y pensar qué quería hacer al respecto. En un par de días se cumpliría su primer aniversario de matrimonio y ambos estaban inquietos.

— ¿Va todo bien? —Le preguntó Matt con el ceño fruncido, pues notaba extraña a Gisele desde la noche anterior.

—Por supuesto —mintió Gisele antes de besarle en los labios—. Todavía me falta por comprar varios regalos, entre ellos el tuyo.

—Las compras tendrán que esperar, este fin de semana es nuestro primer aniversario y había pensado en pasarlo en algún lugar, solos tú y yo.

—El contrato finaliza este fin de semana —susurró Gisele temerosa de pronunciar aquellas palabras.

—Tenemos que hablar de eso, pero lo haremos después de las fiestas de Navidad —sentenció Matt. Sentó a Gisele sobre su regazo y le susurró al oído—: ¿A dónde te gustaría ir el fin de semana?

—Podemos decirles a todos que nos vamos fuera el fin de semana y quedarnos encerrados en el dormitorio —le propuso Gisele bromeando.

—Podemos ir a tu casa de la playa, así ves cómo ha quedado la reforma.

— ¿Ya está terminada?

—Acabaron hace unos día y envié a una empresa de limpieza a que la preparara para nuestra llegada, si es que te apetece que vayamos allí.

—Estaría loca si te dijera que no —le respondió Gisele feliz de saber que pasaría el fin de semana con Matt y también las navidades.

Gisele sabía que tendría que hablar con Matt sobre su embarazo, pero decidió posponer aquella conversación hasta después de Navidad.

Pasaron el fin de semana en la casa de la playa y Gisele trató de memorizar todos y cada uno de los momentos que compartía con Matt, consciente de que aquellos serían sus últimos días como marido y mujer.  

El domingo por la noche, Matt quiso celebrar su aniversario de boda con Gisele sorprendiéndola con una improvisada y romántica cena en el salón. Gisele aceptó la copa de vino que Matt le sirvió y ambos brindaron, pero Gisele solo se mojó los labios de vino y dejó la copa sobre la mesa, donde permaneció sin tocarla el resto de la velada.

— ¿No te ha gustado el vino?

—El vino está bien.

— ¿Estás enferma?

—No estoy enferma, es solo que no me apetece beber alcohol —le restó importancia Gisele.

—Y, ¿qué te apetece hacer?

—Sabes muy bien qué me apetece hacer —le respondió juguetona Gisele.

Matt no necesitó que se lo repitiera dos veces, sabía exactamente lo que quería Gisele y no se hizo de rogar para dárselo. Pese a que Gisele ya estaba completamente recuperada, Matt continuaba haciéndole el amor con ternura, ya no existía entre ellos aquel sexo salvaje de pasión descontrolada, pero el sexo tierno era igual o más placentero y Gisele estaba encantada con ese cambio, a pesar de que al principio no se lo tomó muy bien.

Después de aquel fin de semana, regresaron a la ciudad para continuar con su rutina. Gisele, consciente de tenía una vida creciendo en su interior, llamó a la consulta de su ginecólogo y pidió cita para el día siguiente. Con la excusa de comprar su regalo de Navidad, Gisele se excusó con Matt y se tomó la mañana libre. Él también tenía cosas que hacer aquella mañana, como reunirse con el abogado de su difunto abuelo, y tampoco le había dicho nada a Gisele.

Gisele llegó a la consulta del ginecólogo a las diez de la mañana y, tras hacerle las preguntas rutinarias, el doctor la hizo estirarse en la camilla para examinarla mediante una ecografía. En cuanto el doctor colocó el aparato sobre el abdomen de Gisele, los latidos del bebé se escuchó como si fuera el trote de un caballo y ella se asustó.

—No te asustes, es el latido de tu bebé —la informó el doctor.

— ¿Es normal que sea tan rápido?

—Sí, es un bebé fuerte —le confirmó. Continuó examinándola y, pasados un par de minutos, concluyó—: Estás embarazada de unas once semanas, el latido del bebé es fuerte y todo parece estar bien. No obstante, te realizaremos una analítica de sangre para asegurarnos y te nos veremos a finales de la semana que viene.

Gisele aprovechó para resolver algunas dudas sobre la dieta y el ejercicio que el doctor se encargó de aclararle.

Gisele estaba feliz, se sentía pletórica al saber que una vida crecía dentro de ella, una vida que ella y Matt habían creado. Sin embargo, la felicidad se convirtió en miedo aterrador cuando se preguntó cómo reaccionaría Matt cuando se lo dijera. Se dirigió a la agencia nada más salir de la consulta del doctor, dispuesta a hablar con Matt, decirle que estaba embarazada y que pensaba tener al bebé con o sin su ayuda. Ni siquiera se paró a charlar con la secretaría de Matt cuando pasó al lado de su mesa, se limitó a saludarla con un leve gesto con la mano antes de llamar a la puerta del despacho de Matt.

—Gis, Matt está en el despacho de Jason —la informó la secretaria.

Gisele respiró profundamente y se dirigió al despacho de Jason. Estaba a punto de llamar a la puerta cuando escuchó a Matt pronunciar su nombre, así que decidió quedarse callada y escuchar detrás de la puerta.

—Se acabó, ya has oído a Kevin Norris —escuchó decir a Matt con frustración—. Tengo que hablar con Gisele, nada de esto ya tiene sentido.

— ¿Estás seguro? Yo ya te imaginaba formando una familia con Gisele —se mofó Jason.

— ¿Te has vuelto loco? ¿Crees que haría algo así? —Le espetó Matt.

Gisele no daba crédito a lo que acababa de escuchar. Intuía que la reacción de Matt al saber que iba a ser padre no sería de plena felicidad, pero tenía la esperanza de que, tras procesar la noticia, saliera su lado tierno y romántico. Dolida y humillada, Gisele se secó las lágrimas que salían de sus ojos, dio media vuelta y se marchó de la agencia sin despedirse de nadie.

Gisele regresó a casa de Matt en uno de los todoterrenos de la agencia y agradeció que Elsa no estuviera en casa para no tener que dar explicaciones. Subió al dormitorio principal y comenzó a recoger sus cosas, aquellas con las que llegó a casa de Matt un año y medio antes. Lo metió todo en una maleta y, cuando bajaba las escaleras cargando con la maleta, Matt entró en casa por la puerta principal. Se sostuvieron la mirada durante unos segundos, hasta que Matt, señalando la maleta, le preguntó:

— ¿Vas a alguna parte?

—Me marcho.

— ¿Te marchas? —Repitió Matt incrédulo.

—He cumplido con mi parte del contrato, quiero el divorcio.

La frialdad de Gisele dejó descolocado a Matt, que no entendía aquel repentino cambio de actitud ni cuál era el motivo de aquella espantada.

—Creía que habíamos acordado esperar a después de Navidad para hablar del tema —la tanteó Matt.

Gisele estaba haciendo un gran esfuerzo para mostrar su endereza y no derrumbarse delante de Matt, pero no estaba dispuesta a dejarse humillar, ahora tenía otra vida en la que pensar.

—Dile a Jason que me llame cuando tenga los papeles del divorcio.

—Por supuesto, se encargará de todo para que no tengamos que volver a vernos —gruñó Matt furioso—. Y no te preocupes, tendrás el dinero en tu cuenta bancaria mañana mismo.

Gisele no le respondió, ni siquiera le miró a la cara cuando pasó por su lado para llegar hasta la puerta y salir de la casa. Se subió al taxi sin mirar hacia atrás mientras las lágrimas rodaban como cascadas por sus mejillas.

— ¿A dónde la llevo, señorita? —Le preguntó el taxista.

—A la capital, por favor —logró decir Gisele entre sollozos.

El taxista asintió con un leve gesto de cabeza y emprendió el camino hacia la capital mientras ella sacaba las copias de las ecografías que le había dado el doctor para mirarlas y seguir llorando.

Tenía el corazón roto y estaba atemorizada por afrontar sola la maternidad, pero también estaba ilusionada con traer al mundo una nueva vida fruto del amor que sentía por Matt. Y es que, aunque Gisele nunca se lo había dicho, amaba a Matt como nunca había amado a nadie, le amaba pese a saber que él ya no quería volver a verla, pese a que ni siquiera había intentado convencerla para que se quedara junto a él.

Gisele necesitaba hablar con alguien con quien poder desahogarse, necesitaba sentir el abrazo de alguien que la quería de verdad y esa era Sarah. Ella la escucharía, la regañaría, la consolaría y después la animaría y la apoyaría en todo lo que decidiese. El único problema era que Gisele no tenía nada decidido, ni siquiera tenía un sitio en el que vivir.

Hasta que el contrato nos separe 50.

Gisele pasó el día en aquella habitación mientras sus amigos la hacían compañía para distraerla y hacerle más amena su estancia allí. Matt no se separó de ella en ningún momento, pese a que todos habían insistido en que descansara, incluida Gisele. Ben se estaba encargando de dirigir la investigación sobre lo ocurrido, con Erik fuera de combate Matt quiso dedicar todo su tiempo a estar con Gisele. Kelly todavía sentía el miedo en su cuerpo, pero Tyler le transmitía la seguridad que necesitaba y no la dejaba a solas ni un momento. Jason estaba feliz de que todo hubiera salido bien y también de tener allí a Sarah, aunque hubiera preferido encontrarse con ella en otras circunstancias.

Hacía varios meses que Jason y Sarah se veían a escondidas, ambos disfrutaban de la compañía del otro y lo que había empezado como una relación basada en un juego divertido se había convertido en una relación romántica, pese a que ninguno de los dos estuviera dispuesto a reconocerlo. Además de la distancia entre ambos, Jason no podía evitar pensar que en unos meses Matt y Gisele se divorciarían y probablemente ya no volverían a verse.

El doctor pasó por la habitación de Gisele a media tarde y, tras examinarla y comprobar que todo estaba bien, decidió darle el alta con la condición de que guardara reposo y no hiciera ningún tipo de esfuerzo.

—Me muero por llegar a casa y darme un largo baño de agua caliente y espuma en la bañera, ¿querrás acompañarme? —Le preguntó Gisele a Matt mientras se dirigían a casa.

—Gisele…

—Te prometo que me portaré bien —insistió Gisele.

—Le pediremos a Elsa que te ayude a bañarte.

— ¿No puedes ayudarme tú?

—Si te ayudo yo, acabarás saliéndote con la tuya —argumentó Matt.

—Creía que ibas a cuidar, mimar y complacer a tu esposa —le provocó Gisele.

—Y yo creía que me lo ibas a poner fácil —replicó Matt.

Había sido un día largo, ambos estaban agotados, Gisele sabía que no conseguiría que Matt cambiase de opinión y no quería acabar discutiendo con él. Llegaron a casa y Elsa la ayudó a darse un baño mientras Matt hablaba por teléfono con Ben para ponerse al día sobre la investigación. Habían realizado una reconstrucción de los hechos en base a la declaración de Gisele y la escena de los hechos, habían confirmado las identidades de los cuatro hombres que acompañaban a Erik y les habían relacionado con su banda de crimen organizado. Después de tantos meses, Gisele por fin podía vivir sin sentirse amenazada por la inestabilidad mental y la peligrosidad de Erik.

—Cielo, ¿qué te apetece que te prepare para cenar? —Le preguntó Elsa a Gisele, con la ternura y la dulzura que la caracterizaban.

—Cualquier cosa que prepares estará bien —le respondió Gisele.

Matt regresó al dormitorio cuando Gisele ya se había bañado y descansaba tumbada sobre la cama con un conjunto de seda de camiseta de tirantes y un pantalón de short. Sexy pero recatado para lo que Matt se había preparado para encontrarse.

—Le estaba preguntando a Gisele qué le apetece cenar —Elsa le puso al corriente de la conversación.

— ¿Qué le apetece cenar a mi esposa consentida? —Preguntó Matt divertido.

—Depende de lo que haya en el menú —le provocó Gisele.

—Me temo que no estáis hablando de comida —comentó Elsa divertida.

—Me apetece cenar pizza —decidió Gisele.

—Elsa, ¿te encargas de llamar al restaurante para que nos sirvan a domicilio?

—Por supuesto, ahora mismo —le respondió antes de salir del dormitorio y dejar a solas a la pareja.

—Has conseguido sonrojar a Elsa —bromeó Matt tras besarla en los labios. Se sentó a los pies de la cama y añadió—: Han sido dos días muy largos, debes estar agotada.

—Tú también estás agotado —apuntó Gisele.

Matt se tumbó en la cama junto a ella y la abrazó. Deseaba protegerla de todo lo malo que hubiera en el planeta, deseaba mimarla y, por encima de todas las cosas, deseaba amarla el resto de su vida.

Esa noche, después de cenar la pizza que a Gisele se le había antojado, ambos se quedaron dormidos abrazos el uno al otro.

Al día siguiente continuaron recibiendo visitas, Leonor, Sarah y Kelly no querían separarse de ella. Matt aprovechaba las visitas para mantenerse al corriente de los asuntos de la agencia hablando por teléfono con Ben, pero no se alejaba de Gisele más de diez minutos y así fue su rutina durante los siete días siguientes. Una semana más tarde, Gisele ya estaba mucho mejor y, aunque no podía realizar esfuerzos, podía moverse sin que le dolieran hasta las pestañas.

Pese a la mejoría de Gisele y sus intentos por seducir a Matt, él se mantenía firme en su decisión de no practicar sexo. A Gisele se le habían acabado los argumentos para convencerle, así que no le quedó más remedio que jugar sucio. La séptima noche, Gisele se metió en la cama completamente desnuda mientras Matt se duchaba. Cuando salió del baño y se metió en la cama con ella, Matt la abrazó y fue consciente de sus intenciones.

—Gisele, no me lo pones nada fácil.

—Si no te has dado cuenta, no es lo que pretendo —le replicó Gisele.

— ¿Crees que yo no lo deseo? Mira cómo me tienes —le susurró Matt rozando su enorme erección contra el trasero de Gisele.

—Nos estás torturando a los dos —gimió Gisele al sentir las manos de Matt acariciando sus pechos.

Gisele deslizó su mano hasta encontrar el miembro erecto de Matt, lo recorrió en su totalidad con la yema de sus dedos y comenzó a masturbarle, pero Matt la detuvo.

—Si vamos a hacerlo, lo haremos a mi manera —le advirtió—. No puedes hacer esfuerzos y no quiero que te muevas. Si no te portas bien, te dejaré a medias. ¿Lo has entendido?

—Alto y claro —le respondió Gisele expectante.

Con sumo cuidado y delicadeza, Matt acarició, besó y adoró cada centímetro de piel del cuerpo de Gisele. Mordisqueó, pellizcó y lamió sus pezones antes de hundir la cara entre sus piernas, donde se demoró estimulando el centro de placer de Gisele.

—Matt —le rogó Gisele con un hilo de voz.

Matt introdujo uno de sus dedos en la vagina de Gisele, pero aquello no fue suficiente y ella le demandaba. Probó con dos y tres dedos, pero eso no era lo que Gisele ansiaba:

—Te necesito dentro, Matt —suplicó Gisele.

Matt ya no fue capaz de resistirse más, aquello era una tortura para ambos. Sosteniendo su cuerpo con los brazos y las rodillas, se colocó encima de Gisele, la besó apasionadamente en los labios y se hundió en ella despacio, llenándola por completo.

— ¿Mejor ahora? —Le preguntó Matt con una sonrisa burlona en los labios.

—Mucho mejor —confesó Gisele.

Con un suave vaivén, Matt llevó a Gisele al orgasmo y solo entonces se permitió derramarse en su interior.

— ¿Estás bien, cariño? —Le preguntó Matt rodando hacia un lado de la cama para no aplastarla pero abrazándola de nuevo y estrechándola contra su cuerpo.

—No podría estar mejor —reconoció Gisele exhausta.

—Duérmete, seguiré estando aquí cuando despiertes —Le susurró Matt justo antes de que se quedara dormida. Y, cuando estaba seguro de que ya no podía escucharle, le susurró de nuevo—: Te quiero, Gisele.

Desde que dispararon a Gisele, Matt había permanecido a su lado las veinticuatro horas del día y, justo cuando llegaba la noche y Gisele se dormía, él le susurraba al oído que la quería. Todavía no estaba preparado para decírselo estando Gisele despierta, pues temía que ella tampoco estuviera preparada para escucharlo.

Durante las siguientes tres semanas, Gisele permaneció en casa y Matt no se separó de su lado salvo cuando Gisele recibía alguna visita y aprovechaba para hacer unas llamadas a la agencia. Trabajaba desde casa, haciendo compañía a Gisele mientras ella leía un libro, veía la televisión o charlaba por teléfono con su amiga Sarah. El doctor la visitaba un par de veces por semana, la examinaba, le sacaba sangre para hacer una analítica y confirmaba que todo estaba en orden. La herida de bala que Gisele tenía en el hombro ya casi estaba curada y en su lugar ya comenzaba a aparecer una pequeña cicatriz apenas perceptible gracias a las pomadas que Matt le había comprado y que insistía en ponerle sobre la herida.

Matt continuaba cuidando, mimando y complaciendo a Gisele, pero ella ya se encontraba mucho mejor y estaba cansada del sexo suave, quería hacer el amor con Matt apasionadamente y él seguía tratándola como a una muñequita de porcelana que se podía romper.

Gisele se había levantado de mal humor, estaba aburrida de pasar tanto tiempo en casa y había discutido con Matt, pero trató de hacer un esfuerzo por sonreír y fingir que todo iba genial cuando recibieron la visita de Leonor.

—Gis, ¿qué te ocurre? —Le preguntó Leonor preocupada en cuanto la miró a la cara, a ella, al igual que a Elsa, no se le escapaba nada—. No me lo digas, has discutido con Matt. Matt, ¿qué le has hecho?

— ¿Por qué das por hecho que la culpa es mía? —Protestó Matt.

— ¿Me equivoco? —Leonor desafió a su hijo con la mirada.

Ninguno de los dos respondió y Leonor decidió no preguntar más sobre el tema, pues intuía que solo empeoraría las cosas. Enfurruñado, Matt se encerró en su despacho para trabajar desde su ordenador y Gisele se quedó en el salón charlando con Leonor.

—Es tan testarudo como lo era su padre —comentó Leonor cuando se quedó a solas con su nuera.

—No te lo voy a discutir, no hay manera de hacerle cambiar de opinión —murmuró Gisele.

— ¿Qué se le ha metido entre ceja y ceja?

—Se empeña en tratarme como si fuera de cristal y estoy bien —le respondió Gisele.

—Ha estado a punto de perderte, es normal que quiera protegerte.

—Lo sé.

—Ten paciencia con él y llévatelo a tu terreno —le aconsejó Leonor—. Si le retas, se empeñará en llevarte la contraria.

Un rato más tarde, Gisele decidió ir en busca de Matt al despacho, donde seguía trabajando enfurruñado. Llamó a la puerta y esperó a que Matt la invitara a entrar.

—Hola, ¿tienes mucho trabajo? —Le preguntó acercándose a él despacio para después comenzar a masajearle el cuello.

— ¿Qué estás tramando?

—No tramo nada, solo quiero hacer las paces con mi marido —ronroneó Gisele—. No me gusta verte enfadado.

—Ven aquí, caprichosa —Matt la cogió por la cintura y la sentó sobre su regazo al mismo tiempo que aprovechaba la cercanía para plantarle un beso en los labios—. ¿Hasta cuándo va a durar la tregua?

—Sé que esto tampoco está siendo fácil para ti y no quiero presionarte, no pretendo causarte más problemas de los que ya te he dado. Seré una niña buena y no te insistiré más, pero tienes que sonreírme. ¿Aceptas el trato?

—Estaría loco si te dijera que no, preciosa.

Después de aquella charla, Gisele cumplió su parte de la tregua, pero las semanas pasaban y Matt continuaba haciéndole el amor con suavidad y dulzura. No es que a Gisele no le gustara, le encantaba la faceta tierna de Matt, pero comenzaba a sospechar que Matt le estaba tramando algo y que aquella excesiva ternura era parte de su plan, aunque tampoco le importó demasiado, tan solo quería seguir disfrutando de ser su esposa hasta que el contrato se cumpliera.

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