El nombre de Muley Hacén aparece por primera vez en las crónicas durante la sublevación de su padre contra el sultán de Granada, Muhámmed XI “El Chiquito”. Allí se le describe como un hombre bravo, arrogante, impetuoso y entusiasta por la causa de su patria.

Para conseguir los máximos apoyos musulmanes, el padre de Hacén, Abu Nasr Saad “Ciriza”, rompió relaciones con Castilla a la muerte de Juan II y se proclamó sultán legítimo en Ronda, controlando la parte occidental del emirato. Ese mismo año, en 1454, “El Chiquito” firmó una tregua con Castilla que aseguraría el reino, pero le hizo perder muchos apoyos.

Los ejércitos de Saad derrocaron al «Chiquito», que se escondió en Málaga con toda su familia, pero finalmente fue capturado por Hacén y llevado a la Alhambra para ser ejecutado con toda su familia en alguno de los patios de la fortaleza granadina. Ciriza se hizo sultán y trató de combatir a los castellanos, aunque en 1457 se ve obligado a firmar una tregua.

En 1462, Ciriza hizo matar a varios miembros de la prestigiosa familia de los Abencerrajes haciendo huir al resto del clan a Málaga, donde llamaron a las armas a Yusuf V, un antiguo sultán que había gobernado durante 6 meses, entre 1445 y 1447. El pulso entre los Abencerrajes y Ciriza se alargó hasta el invierno de 1462, cuando Yusuf logró entrar triunfante en Granada, donde días después fue derrotado por Ciriza, que recuperó el trono.

Pero los Abencerrajes no se dieron por vencidos y urdieron un nuevo plan en el que incluyeron a Muley Hacén, el hijo de Ciriza. En agosto de 1464, con la ayuda de los Abencerrajes, Hacén usurpó el trono a su padre y ordenó su encarcelamiento. Así comenzó su sultanato.

Una de las muchas leyendas sobre Muley Hacén narra la historia de Isabel de Solís, una joven noble que es raptada en una de las muchas razias efectuadas en territorio castellano. Isabel fue hecha cautiva en la Alhambra, donde Hacén se enamoró perdidamente de ella y ella también de él, ya que renunció a su fe y se convirtió al islam con el nombre de Zoraida. Se dice que pronto se convirtió en la esposa favorita del harén, provocando los celos y la enemistad de Aixa, la esposa de Hacén que había dado a luz a Boabdil, su primogénito.

La fechoría de Muley Hacén no cayó en el olvido y, en 1480, el reino volvió a dividirse en dos facciones, los que estaban a favor de pactar con el reino de Castilla y los que querían combatirlo. Cada bando tenía sus candidatos, el de Hacén era el de las ideas combativas y el partidario de pactar tuvo como candidato a su hijo Boabdil, con el gran apoyo de su madre Aixa. Padre contra hijo por el poder, la historia se repetía. En esta coyuntura, los Reyes Católicos enviaron sus legados a Granada para exigir el pago de las parias estipuladas en los tratados acordados. Muley Hacén, arrogante como era, les respondió:

“Decid a vuestros príncipes que son ya muertos los reyes que pagaban vergonzoso tributo a los cristianos. Y que en Granada no se funden sino alfanjes y hierros de lanzas contra nuestros enemigos.”

En 1482, Rodrigo Ponce de León inició la campaña, tomando varias villas de la sierra de Ronda. En revancha, Muley asaltó por sorpresa Zahara de la Sierra en una noche de tormenta, pasando a cuchillo a todos sus habitantes. Para vengar la afrenta de Zahara, reunió 4000 infantes y 3000 caballeros, así como ilustres capitanes como Diego de Mena, el Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez, Pedro de Zúñiga, Juan de Robles o Sancho de Ávila. Muchos morirían en aquel combate. La idea era tomar Alhama, considerada la “llave de Granada” y dar un golpe mortal a las continuas razias y ofensivas nazaríes. Y la tomaron, a sangre y fuego. Muley Hacén trató de recuperarla sitiándola, pero el mismísimo rey Fernando con cerca de 50.000 hombres, se acercaba a socorrer aquella avanzadilla.

Para hacer frente a los ejércitos cristianos, Hacén llegó a un acuerdo con su hijo para unir fuerzas y no debilitar el sultanato en aquellos difíciles momentos. Pero al recibir la noticia de la pérdida de Alhama, Boabdil lo traicionó, sublevándose en Guadix y se hizo con el trono en Granada ese mismo año.

Hacén y parte de su familia, como su hermano “El Zagal”, se establecieron en Málaga defendiendo aquel territorio contra los intentos de invasión cristianos, con buenos resultados. Aun hoy existe un cerro en los Montes de Málaga conocido como “Cerro de la Matanza”, más de 1500 hombres cayeron en aquellas alturas en nombre de los Reyes Católicos a manos de las tropas lideradas por “El Zagal”.

Boabdil, al conocer la victoria de su padre quiso demostrar que también podía obtener una victoria contra los cristianos. Salió de Garnata por Puerta Elvira al frente de un ejército a Lucena, pero sus tropas cayeron derrotadas y tratando de escapar, su caballo quedó atascado en el fango y corrió a esconderse entre las malezas. Fue encontrado y capturado, llevado prisionero al castillo de Lucena. Más tarde trasladado a Porcuna donde fue retenido en la torre del castillo que ahora lleva su nombre. La vestimenta, zapatos y espadas jinetas de Boabdil fueron regalados como obsequio por los Reyes Católicos a los captores del joven sultán. A día de hoy, todo el conjunto se conserva en el Museo del Ejército en Toledo.

Tras su captura, Hacén volvió a ocupar el trono de Granada. Para recobrar su libertad “El rey Chico” aceptó ser vasallo de Fernando y combatir a su padre como “buen vasallo”. Lograría hacerse con territorios en la zona de Almería con la promesa de hacer llevarles la paz con los demás reinos y la tranquilidad para cultivar sus tierras. Muley Hacén y su hermano combatieron a Boabdil, pero el viejo sultán ya tenía una avanzada edad y falleció en 1485, nombrado a su hermano El Zagal como su sucesor. La historia de El Zagal es muy interesante, al final pacta con su sobrino y se reparten el reino; Boabdil se queda con Madinat Garnata y la Alhambra; y el Zagal es reconocido señor del resto de ciudades nazaríes de importancia como Málaga, Almería y Guadix. Con la caída de Málaga en 1487, El Zagal se rinde y acepta vasallaje de los Reyes Católicos en 1489, entregándoles Almería y Guadix.

En 1491 se exilió en Fez, donde el sultán era de la familia, pero más partidario de Boabdil y, por orden del “Chico”, le arrancaron los ojos durante aquel exilio.

Según una de sus leyendas, la última voluntad de Muley Hacén fue la de ser inhumado en Sierra Nevada, en un lugar lo más cercano posible a su Granada y al cielo. Y entre Granada y el cielo se quedó, en las laderas del pico que recibió su nombre, el Mulhacén.

Los años pasaron y fueron muchos los que trataron de buscar la “tumba del rey moro” que se creía llena de tesoros, pero por más que se ha buscado en el lugar, todavía nadie ha podido encontrarlo.