La historia de la fiesta de Magosto nace con la suma de varias tradiciones y culturas a lo largo de los siglos, pero su origen se remonta hasta el Paleolítico ya que la castaña, junto a la bellota, era el principal alimento de la época. Se cree que la influencia de los celtas en la zona norte de la península puso las bases de la festividad en torno a otras fiestas, las de Samaín, que celebraban en la misma época, el fin de la cosecha y el inicio de un nuevo ciclo.

Pero fueron los romanos y la llegada del cristianismo lo que dio un empujón radical a la fiesta de Magosto. Los romanos trajeron una nueva especie de castaño que era mucho más resistente, poblando así toda Galicia de sus frutos y convirtiéndose en uno de los alimentos más recurrentes e importantes de los campesinos.

Durante la Edad Media, la llegada de una enfermedad a la zona acabó llevándose por delante buena parte de los castañares y cobraron protagonismo otros alimentos llegados de América, como la patata o el maíz. Sin embargo, en las zonas del interior de Galicia se siguieron conservando los castañares y hoy es donde más peso tiene esta celebración.

Según la tradición, por cada castaña asada en las brasas, un alma es liberada del purgatorio y regresa para celebrar con los vivos durante el Magosto. Con este espíritu es con el que, en el presente, se siguen celebrando estas fechas. El Magosto empieza el día de todos los Santos y dura hasta el 11 de noviembre, coincidiendo con San Martiño y es una celebración cargada de recuerdos y homenajes al pasado.

El Magosto ha conseguido sobrevivir a los siglos y a la historia, y pasar de generación en generación. Lo más tradicional durante estas fiestas es reunirse en torno al fuego de las brasas y asar las castañas que se han ido cosechando durante todo el año para dar de comer a todos los presentes, pero no es el único alimento que se destaca. También es el tiempo de abrir las botellas de vino nuevo y de comer chorizos asados en las brasas.

Las celebraciones del Magosto reúnen cada año a cientos de habitantes y de turistas que quieren conocer de primera mano el ambiente de estas fiestas alrededor del fuego y empaparse de esta antigua tradición tan plagada de historia y de leyendas. Las castañas, a pesar de haber pasado a ser un fruto típico únicamente en otoño, siguen teniendo gran peso en la región. Son las grandes protagonistas durante todos estos días, suponiendo el comienzo de un nuevo ciclo y una nueva cosecha que comenzará a dar los primeros brotes en primavera.

Debido a las enfermedades que asolaron la región de Galicia durante la Edad Media, buena parte de los castaños acabaron desapareciendo y con ellos también el gran peso de su tradición. Sin embargo, aún se mantiene vivo el espíritu del Magosto en las regiones gallegas de interior, en especial en Lugo y Ourense, donde sus bosques siguen ofreciendo castaños que abastecen a todos los lugares de la zona.

En la actualidad, Lugo y Ourense se han convertido en las dos regiones donde más peso tiene la fiesta de Magosto y donde más gente se reúne a disfrutar de la tradición. En el año 2008, la celebración de Ourense fue declarada Fiesta de Interés Turístico de Galicia.