Según la mitología china, las relaciones humanas están unidas por un hilo rojo que los dioses atan al dedo meñique y que tiene como objetivo unir en parejas a las personas que están predestinadas a encontrarse. Cuenta la leyenda que, aquellos que estén unidos por el hilo rojo, están destinados a convertirse en almas gemelas y vivirán una historia de amor importante. No importa cuánto tiempo pase o las circunstancias que se encuentren en la vida, el hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse, pero nunca jamás podrá romperse.

¿Os preguntáis por qué en el dedo meñique? Tiene que ver con la sangre: la arteria cubital conecta nuestro corazón con el dedo meñique y, según la leyenda, esa vena (el hilo rojo) se extendería por el mundo hasta unirse a la arteria y llegar al corazón de otra persona. Pero los japoneses no limitan estas conexiones al amor de pareja, sino que también determina todas las relaciones importantes que podríamos tener en nuestras vidas, como mejores amigos, familia, alguien en el que causaremos o nos causará impacto, etc.

Una de las leyendas más conocidas sobre el hilo rojo cuenta la historia de un emperador que conoció a la que sería su esposa gracias a la intervención de una poderosa hechicera capaz de ver el hilo rojo. El emperador le pidió a la hechicera que siguiese su hilo rojo para conocer a la mujer de su destino, y así lo hicieron. La búsqueda los llevó hasta un mercado, donde una pobre campesina con un bebé en los brazos, ofrecía sus productos. Al llegar allí, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: “Aquí termina tu hilo”. Sin embargo, al emperador no le hizo demasiada gracia que su destino se entrelazara con esa mujer tan pobre, por lo que enfureció, creyendo que era una burla de la hechicera. Así, empujó a la campesina que aún llevaba a su bebé en brazos, haciéndole caer. El bebé, una niña, se hizo una gran herida en la frente que dejó una cicatriz muy particular. A la hechicera, por su parte, ordenó que le cortaran la cabeza. Pero lo que no se esperaba fue lo que pasaría muchos años después, cuando llegó el momento de casarse. Se le recomendó que se casara con la hija de un general muy poderoso, y para su sorpresa, el día de la boda, cuando le vio la cara a la mujer con la que estaba a punto de casarse, se dio cuenta de una realidad: la mujer tenía una cicatriz muy particular en la frente, fruto de una caída siendo un bebé.

Y tú, ¿qué opinas del hilo rojo? ¿Crees que todas nuestras relaciones están predestinadas? ¿Crees que todos tenemos un alma gemela en algún lugar?