CategoríaHISTORIAS Y LEYENDAS

Minnewater, el Lago del Amor.

 

El lago Minnewater, más conocido como el Lago del Amor, es uno de los lugares más románticos de Brujas, y uno de los de los muchos rincones con encanto de la ciudad. El lago se encuentra en la misma entrada de Brujas, una señal de la belleza que vas a encontrar al adentrarte en la maravillosa ciudad de Brujas, Bélgica.

Según cuenta la leyenda, el Minnewater recibe su nombre en honor a Minna, la mujer que dio origen a una de las leyendas sobre este lago.

Minna era una joven hermosa a la que su padre quería buscarle un marido, pero no uno cualquiera, debía ser un hombre con un buen estatus social. Así que el padre de Minna decidió concertar la boda con un noble, en contra de la voluntad de su hija.

Sin embargo, la joven y hermosa Minna ya estaba enamorado de otro hombre: Stromberg. Pero, desafortunadamente para ella, Stromberg no tenía la posición social que su padre exigía para permitir un matrimonio entre ambos.

Enfadada con su padre y sintiéndose desdichada por el matrimonio que había concertado su padre para ella, Minna huyó de casa desesperada. Estaba enamorada de Stromberg y quería casarse con él, no con el hombre a quien su padre había escogido y a quien ni siquiera conocía.

Se adentró en una zona de robles cercana a su casa, en las afueras de la ciudad. Pasaron horas hasta que se percataron de la desaparición de Minna y, cuando la noticia llegó a los oídos de Stromberg, él no lo dudó y salió a buscarla.

Finalmente, Stromberg encontró a Minna en el bosque bien entrada la noche. Minna estaba muy débil y murió en los brazos de su amado Stromberg.

Cuenta la leyenda que el joven Stromberg enterró a la joven Minna junto al río Leie y después construyó una cabaña y un dique para retener las aguas del río Leie, formándose así lo que hoy conocemos como el lago. Se dice que bajo las aguas del lago yace la joven y hermosa Minna y que su amor por Stromberg perdurará en el tiempo para siempre.

 

 

Reyes Magos de Oriente.

La noche del 5 de enero preparamos bebida y comida para que tres Reyes Magos de Oriente y sus camellos puedan beber y comer cuando pasen por casa a dejarnos regalos mientras dormimos. Y la mañana del 6 de enero todos los niños de España, y también los adultos, para qué lo vamos a negar, nos levantamos de la cama emocionados para abrir todos esos regalos que nos han traído.

Imagino que muchos de vosotros os habréis preguntado alguna vez de dónde procede la tradición de Los Reyes Magos de Oriente. ¿Por qué tres Reyes Magos del lejano Oriente vienen a nuestras casas mientras dormimos para dejarnos regalos? Bueno, nos traen regalos si hemos sido buenos. Si hemos sido malos, nos traen carbón.

En el Evangelio de San Mateo se menciona a unos “Magos” llegados de Oriente fueron guiados por una estrella para adorar al rey de los judíos que acababa de nacer. Al enterarse de esta noticia, Herodes el Grande, que por esa época era el rey de Judea, los mandó llamar para interrogarlos, y les hizo prometer que una vez hallaran al niño se lo comunicarían para que pudiera adorarlo él también. Tras abandonar el palacio y ser guiados por la estrella, los magos encontraron al niño en un establo en Belén, junto a María y José. Tras postrarse ante él y ofrecerle oro, el metal de los reyes; incienso, la ofrenda de los dioses; y mirra, como anuncio de sus futuros padecimientos, fueron advertidos por un ángel para que no volvieran al palacio de Herodes ya que este sólo quería acabar con la vida del niño.

A pesar de las respuestas que se puedan encontrar en la Biblia, el origen de los Reyes Magos tal como los conocemos en la actualidad tiene su origen en una larga tradición medieval que los «bautizó» con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.

En España, y gracias a los testimonios escritos y artísticos que se guardan en la Biblioteca Nacional de España, somos testigos del nacimiento de esta leyenda a lo largo de los siglos, en concreto en una de las piezas más excepcionales de la literatura española del siglo XII, el llamado Auto de los Reyes Magos, una obra fundamental en la historia de la literatura española por ser el texto teatral más antiguo que se conserva en lengua castellana. En dicha obra aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar, pero no son definidos como «reyes», sino como Steleros, es decir, astrólogos.

Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar aparecieron por primera vez en el famoso mosaico del siglo VI en la basílica de San Apolinar el Nuevo en la ciudad italiana de Ravena. Según un manuscrito del siglo XIII, se creía que los Magos podían proteger contra la epilepsia, y bastaba con rezar una breve oración al oído de un enfermo pronunciando el nombre de los tres Reyes para curarlo. En algunos puntos de Europa, el día 6 de enero se inscribían sus iniciales, GBM, en todas las puertas de las casas y en los establos para salvaguardar a las personas y a los animales contra el ataque de demonios y brujas.

La adoración de los Reyes fue un motivo pictórico que alcanzó su máximo esplendor durante el Renacimiento. Grandes maestros como Masaccio, Fra Angelico, Gozzoli o Botticelli, en Italia; Van der Weyden, Memling, El Bosco y Rubens, en Flandes, y El Greco, Velázquez y otros, en España, recrearon la famosa escena. La imagen era siempre la misma en la tradición cristiana: tres reyes vestidos con áureos trajes y acompañados de exóticos séquitos, arrodillados en un humilde establo de Belén.

En la actualidad, la festividad de los Reyes Magos viene cargada de tradiciones como la de la Cabalgata del día 5 de enero, en la que, como antesala de lo que ocurrirá durante la noche, los tres Reyes Magos desfilan en maravillosas carrozas acompañados de sus séquitos. Los Magos reparten caramelos y los pajes de cada rey recogen las cartas de los niños más rezagados.

Otra costumbre de la Noche de Reyes es dejar los zapatos de cada miembro de la familia en el balcón para que Sus Majestades depositen dulces en su interior. Esto tiene su origen en una curiosa leyenda: dos amigos del niño Jesús, apenados de verle siempre descalzo debido a la pobreza de su familia, quisieron darle sus propios zapatos; pero como eran usados, en un intento de que parecieran nuevos, y para que tuvieran mejor aspecto, los generosos niños se esforzaron en limpiarlos al máximo, así que los lavaron y los dejaron por la noche en el balcón para que se secaran. Al día siguiente, milagrosamente los zapatos aparecieron llenos de regalos y dulces como premio a su buen corazón. Los Reyes Magos habían pasado aquella noche por allí y habían recompensado la bondad de los dos niños.

Tampoco se debe olvidar dejar agua y pan para los camellos, y una copita de licor o un vaso de leche y turrones para que los cansados Reyes recuperen fuerzas. Pero no todos los niños recibirán un regalo por su buen comportamiento. Está establecido que los Reyes dejarán un trozo de carbón a todos los niños que se hayan portado mal durante el año (en la actualidad se deja al niño travieso un trozo de azúcar que imita al carbón).

Para acabar el día más mágico del año no puede faltar el dulce por excelencia: el «Roscón» o «Tortel» de Reyes. Consiste en un bollo en forma de rosca adornado con fruta escarchada, y aunque el original se prepara con mazapán, en la actualidad puede rellenarse de crema, nata e incluso de chocolate. Sobre el roscón, se dispone una corona de rey mago que coronará al afortunado que encuentre la figurita escondida en su interior. Por contra, a quién descubra el haba no le quedará más remedio que pagar el precio del dulce.

A pesar de vivir en la era de la tecnología, hay tradiciones que perduran con el tiempo, de modo que no queda otro remedio que acostarse pronto, dejar los zapatos bien limpios, comida para los camellos y un detalle para Sus Majestades de Oriente. Y, si hemos sido buenos durante el año, los Reyes Magos nos traerán algunos regalos. Por el contrario, si no nos hemos portado demasiado bien, nos traerán carbón.

¡Feliz noche de Reyes!

A %d blogueros les gusta esto: