Categoría: HISTORIAS Y LEYENDAS

Jack El Destripador.

En otoño de 1888, Inglaterra puso su foco en Whitechapel, una barriada donde la miseria tocaba fondo. Una barriada donde las calles estaban inundadas por las emanaciones malolientes del rio Támesis, donde las enfermedades, el alcoholismo y la prostitución causaban estragos entre sus ochenta mil habitantes. En resumen, una zona de Londres que el resto de Londres prefería obviar pero, tras los siniestros crímenes de Jack el Destripador, Whitechapel captó no solo la atención de Londres, sino de toda Inglaterra.

Se sabe muy poco sobre Jack el Destripador, además de lo obvio, que fue un asesino en serie. Ni siquiera hay consenso en torno al número de sus víctimas. Sus asesinatos tan solo son una parte de los once «crímenes de Whitechapel» que tuvieron lugar en aquella época, ya que los investigadores más reputados limitan a cinco sus víctimas. Las víctimas de Jack el Destripador serían Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. Todas estas mujeres eran prostitutas y todas ellas abatidas por el alcohol.

También se ha acotado el tiempo en el que se cometieron los asesinatos: de finales de agosto a mediados de noviembre. Jack el Destripador asesinó durante apenas setenta días. Todos los crímenes se cometieron tras el cierre de los bares; todas las víctimas eran de la misma clase –la más baja entre las bajas– y vivían no más lejos de un cuarto de milla unas de otras. Y todas fueron asesinadas del mismo modo. Su crueldad sin precedentes fue en buena parte responsable del pánico tras las muertes. Su modus operandi comenzaba por cortar de un lado a otro la garganta de la víctima con una cuchillada. Después, también a cuchilladas, abría su cavidad abdominal. En la mayor parte de los casos, pasaba a extirpar sus órganos; en alguno de ellos, además, aprovechó para llevarse un riñón, por ejemplo, a modo de macabro suvenir. Ante tales matanzas, la descripción forense de los cadáveres todavía puede turbar al hombre más templado: «Las vísceras se hallaron en diversas partes: el útero y los riñones, bajo la cabeza; el otro pecho, junto al pie derecho, el hígado junto a los pies, los intestinos junto a su costado derecho […] El corazón faltaba del saco pericárdico».

Nadie oyó nunca ni un solo grito, ni una petición de socorro, en un barrio donde las personas vivían hacinadas. Ninguno de los cadáveres presentaba heridas defensivas, no habían opuesto resistencia al ataque. El único presunto avistamiento del criminal solo ha servido para arrojar más pavor sobre su modo de matar. En la noche del 8 de septiembre de 1888, una mujer se encontró con Annie Chapman acompañada de un extranjero de piel morena y mediana estatura, ataviado con una capa oscura y una gorra como la de Sherlock Holmes. El encuentro se había producido recién pasadas las cinco y media de la madrugada; pues bien, a las seis y diez –cuando el médico G. B. Phillips acudió́ a levantar el cadáver–, el Destripador ya había matado a Chapman. Como sus otras víctimas, ella tampoco pudo «ni resistirse ni gritar».

En un Londres todo miedo y rumores, hasta la reina Victoria tenía sus teorías sobre el asesino. En su caso, como en el de buena parte de la aristocracia, la hipótesis bien podía resumirse en el titular de un diario de la época: era imposible que un inglés hubiera cometido tales crímenes. La nobleza no fue la única en mostrar su partido previo, porque los asesinatos del Destripador sirvieron para que cada capa de la sociedad británica proyectara sus propias obsesiones. Por ser Whitechapel lugar de residencia de numerosos judíos, los antisemitas tuvieron su coartada. Y entre las clases más olvidadas cobró fuerza la convicción de que tales asesinatos solo podían ser obra de algún aristócrata perverso. La intelectualidad de la época también tomó partido: para el dramaturgo George Bernard Shaw, los crímenes buscaban, ante todo, denunciar las penosas condiciones del East End. Y hasta las sesiones espiritistas, tan en boga en el Londres de entonces, iban a ofrecer sus dudosas conjeturas para la busca y captura del asesino.

Scotland Yard, la policía metropolitana de Londres, interrogó a cientos de personas. Se aludía a la cercanía de Whitechapel al puerto: podía haber sido un marinero de paso o tal vez un estibador. Se supuso que el asesino tenía que ser un médico o un carnicero, es decir, alguien con conocimientos de anatomía o de despiece. Pero incluso las posibles pistas multiplicaban la confusión. Por ejemplo, la inscripción en tiza junto al delantal ensangrentado de Catherine Eddowes, en la que se culpaba a los hebreos: «Los judíos son los hombres que no serán culpados por nada»; el texto fue borrado enseguida para evitar ataques antisemitas. O la carta con remite «desde el infierno» que, acompañada de un trozo de riñón, recibió́ la policía y que, por una vez, no parecía invención de la prensa.

Son pocos los consensos en torno a la personalidad del Destripador. Uno de los pioneros en la elaboración de perfiles criminales fue el doctor Bond: «El asesino debe de haber sido un hombre físicamente fuerte y de gran frialdad y audacia […] En su aspecto exterior debe de ser un hombre tranquilo, de apariencia inofensiva, probablemente de mediana edad y vestido de modo cuidadoso y respetable».

Hay otro rasgo que Bond no señaló: el asesino tenía un conocimiento minucioso de Whitechapel y sus ínfimas callejuelas. El perfil del doctor ha recibido alabanzas hasta hoy, pero se sigue sin contestar la pregunta básica: ¿Quién fue el asesino en serie?

Algunos investigadores en busca de publicidad han llegado incluso a mencionar el nombre de William Gladstone, cuatro veces primer ministro de Gran Bretaña. Estratagemas de comunicación aparte, tanto la policía como la prensa de la época tuvieron sus preferidos. Y, del siglo XIX hasta hoy, la investigación ha venido sumando otros hasta engrosar un catálogo de centenares de sospechosos.

Una de las supersticiones del caso afirma que William Gladstone se suicidó tras cometer los crímenes. Entre los investigados por la policía, Montague John Druitt cumplía ese papel: adulto joven, de buena ascendencia, pero venido a menos, su cuerpo apareció en el Támesis en diciembre. Pero tenía una buena coartada para librarse: el día del primer crimen se hallaba jugando al cricket en el condado de Dorset. Seweryn Klosowski también fue exculpado, aunque era conocido por su afición a envenenar mujeres, los asesinos en serie rara vez cambian de modus operandi. En cuanto a Aaron Kosminski, a quien no ayudó ser judío polaco, se le ha supuesto tan deteriorado mentalmente que de haber sido el autor de los crímenes hubiera sido incapaz de guardárselo. Francis Tumblety también fue investigado, fue uno de los personajes excéntricos que rodearon al caso: un médico extraño, dado a flirtear con la delincuencia y aparente poseedor de una colección de órganos humanos.

La prensa no dejó de privilegiar con su atención a un cierto doctor Cream, también envenenador de amantes, que al parecer habría hecho una confesión incompleta en su agonía: «Soy Jack el…». El estamento médico siempre ha tenido relevancia en el ámbito de las sospechas en torno al Destripador, y más aún si –como en el caso de sir William W. Gull– hablamos de quien era el médico de la reina Victoria, lo que aporta morbo añadido. Algo semejante le pasaría a sir John Williams, ginecólogo de la princesa Beatriz y acusado de asesinar a las prostitutas en un vano intento de investigar las causas de la infertilidad femenina.

La pista aristocrática continuó con el príncipe Alberto Víctor, duque de Clarence, nieto de la reina Victoria, hijo del crapuloso Eduardo VII y segundo en la línea de acceso al trono. Desde sus primeras incriminaciones hace ya más de medio siglo, se supone que Alberto Víctor, solo, o en compañía de un supuesto amante, habría conspirado para erradicar a quienes supieran de un presunto hijo ilegitimo suyo. Quien juzgue esta historia complicada puede ahondar en la de Alexander Pedachenko, quien (según cierto manuscrito perdido de Rasputín y en su calidad de agente de la policía secreta zarista, la Ojrana) habría cometido los crímenes para manchar la reputación de Scotland Yard. ¿No es inverosímil que Rasputín, nada menos, tuviera algo que ver con las muertes de Whitechapel?

Los tratadistas más benevolentes afirman que las muertes de 1888 sirvieron para tomarse en serio la situación de suburbios mortales como Whitechapel. La insalubridad de esas zonas de peste llegó a la sede parlamentaria. Para entonces, sin embargo, la fiebre asesina del Destripador ya se había convertido, como dice uno de los grandes historiadores de la ciudad, «en un aspecto perdurable del mito de Londres». Jack el Destripador fue el primer criminal de una gran metrópoli. Y la atmósfera misérrima de aquel East End febril contribuyó a que «las calles y casas del barrio se identificaran con los mismos crímenes, hasta casi el punto de compartir la culpa», «como si el espíritu o la atmósfera de la ciudad hubiera tenido un papel» en las muertes.

Al final, el verdadero hito del caso de Jack el Destripador es que todos los crímenes sin resolver terminan por remitir al suyo. Quizá́ por redimir ese interés del morbo, no hace tanto que, en una encuesta, Jack the Ripper fue elegido «el peor británico de la historia». Es un consuelo para sobrellevar la triste verdad que, todavía en tiempos del asesino, afirmó uno de los prebostes de Scotland Yard: «Nadie sabe nada, ni sabrá́ nada en mil años, sobre la historia verdadera del Destripador».

La identidad del autor del brutal de asesinato de cinco prostitutas del East End de Londres en 1888 sigue siendo un misterio que alimenta todo tipo de teorías más de un siglo después. De hecho, a pesar de haber transcurrido más de un siglo, los investigadores siguen intentando descubrir al asesino con las técnicas de ciencia criminal más adelantadas que existen.

Alcatraz.

La isla de Alcatraz, también llamada La Roca (The Rock), es una pequeña isla ubicada en el centro de la bahía de San Francisco, en Estados Unidos. Antiguamente, la isla fue utilizada como fortificación militar, como prisión militar y posteriormente como prisión federal hasta el año 1963. Hoy en día, la isla es un sitio histórico administrado por el Servicio de Parques Nacionales como parte del Parque Nacional Golden Gate y está abierto para visitas.

Pero, si por algo es conocida esta isla es por la fama de su prisión. La temible prisión de Alcatraz fue diseñada para retener a los prisioneros que constantemente causaban problemas en otras prisiones federales, era una especie de «prisión de último recurso» para mantener a los peores criminales que no tenían esperanza de rehabilitación.​​ La mayoría de los prisioneros eran famosos ladrones de bancos y falsificadores, asesinos, o sodomitas.​ ​

Alcatraz se ganó su mala fama y su reputación debido a que desde su inicio se consideró como la prisión más estricta de América, donde ex prisioneros notificaban frecuentemente actos de brutalidad y condiciones inhumanas en las que su integridad era puesta en juego.​​ Un escritor describió Alcatraz como “el gran bote de basura de la Bahía de San Francisco, en el cual todas las demás prisiones federales depositaban sus más podridas manzanas”. La reputación de la prisión no fue a mejor debido a la llegada de más de los ladrones de mayor peligro de América.

El 3 de diciembre de 1940, Henri Young asesinó a su compañero de celda Rufus McCain cuando corría de la mueblería a la sastrería, lugar donde McClain trabajaba, y violentamente lo apuñaló; McClain murió cinco horas después.​ Young fue sentenciado a Alcatraz por asesinato en 1933 y se vio envuelto en un intento de fuga en el que el famoso villano Doc Barker fue disparado a la cabeza. Young pasó aproximadamente veintidós meses en confinamiento solitario como resultado del intento de fuga, sin embargo, después fue acreedor a un derecho de trabajo en la mueblería. Fue juzgado en 1941, lo que llevó a Alcatraz a una reputación peor, cuando los abogados de Young apelaron que él no había podido ser responsable del asesinato de McClain, argumentando que sufrió un “cruel e inusual castigo” previo a su tormento propinado por los guardias de la prisión. Young fue acusado de homicidio involuntario y su sentencia aumento tan solo dos años.

Para la década de 1950, las condiciones de la prisión mejoraron, y los prisioneros fueron gradualmente permitidos a obtener más privilegios, tales como tocar instrumentos musicales, ver películas los fines de semana, pintar, y usar el radio; el estricto código de silencio se volvió más relajado y los prisioneros tenían permitido hablar en voz baja. Un informe de 1959 indicó que Alcatraz era tres veces más cara de mantener que las demás prisiones de Estados Unidos. El promedio era de 10 dólares diarios por cada uno de los prisioneros, comparado con los 3 dólares por prisionero de las demás prisiones. El problema de Alcatraz empeoró debido a que la prisión estaba severamente dañada estructuralmente debido a la exposición a la sal y al viento, y se necesitaban 5 millones de dólares para cubrir los gastos del problema. Las mayores reparaciones iniciaron en 1958 pero para 1961 la prisión fue evaluada por ingenieros como un caso perdido, y Robert F. Kennedy presentó planes para una nueva institución de máxima seguridad en Marion, Illinois.

El 11 de junio de 1962, Frank Morris, John Anglin, y Clarence Anglin llevaron a cabo una de las fugas más complejas. Detrás de las celdas de los prisioneros en el bloque B (donde la fuga fue planeada) había un pasillo descuidado de casi un metro. Los prisioneros escaparon por el hormigón que estaba dañado de humedad y salieron por el conducto de ventilación hacia ese pasillo, usando herramientas como una cuchara de metal soldada con plata obtenida de una moneda de 10 centavos y un taladro eléctrico improvisado con un motor de ventilador robado. El ruido fue disfrazado por acordeones que eran tocados durante la hora de música, y el progreso fue cubierto por paredes falsas las cuales, en los oscuros recesos de las celdas, engañaban a los guardias. La ruta de fuga fue trazada a través de la ventilación; los prisioneros retiraron el ventilador y el motor, reemplazándolas con una malla de metal y dejando espacio suficiente para que un prisionero pudiera entrar. Robaron un cable abrasivo de carburo de silicio de un taller de la prisión, los prisioneros retiraron los remaches de la rejilla. En sus camas, reemplazaron con maniquíes hechos de papel maché y pelo que robaron de la barbería. Los fugitivos también construyeron una balsa inflable durante muchas semanas con más de 50 impermeables robados, los cuales prepararon en lo alto del bloque de celdas. Ellos escaparon a través de la ventilación en el techo y salieron de Alcatraz.

Artículos pertenecientes a los prisioneros, incluyendo paletas de madera contrachapada y partes de la balsa hecha de impermeables fueron encontrados cerca de Isla Ángel. La investigación del FBI que se llevó a cabo de 1962 a finales de diciembre de 1979 fue finalmente considerada como cerrada. Los informes oficiales sobre la fuga indican que los prisioneros se ahogaron en las frías aguas de la bahía mientras intentaban tocar tierra firme, haciendo poco posible que pudieran recorrer las 1,25 millas que había hasta tierra firme por las fuertes corrientes del océano y por el agua a temperaturas tan frías. Sin embargo, ha habido informes que indican que había un bote ilegal en la bahía la noche de la fuga, que un Chevy fue robado por tres hombres en tierra firme, que ha habido avistamientos de los tres hombres, y que amigos y familiares han recibido muchas cartas, postales y mensajes no firmados. La madre de los hermanos Anglin recibe flores anónimamente cada día de la madre y dos grandes e inusuales mujeres fueron reportadas de atender a su funeral después de desaparecer.

Después de la fuga de Alcatraz en junio de 1962, la prisión fue objeto de investigaciones importantes y, con los grandes problemas estructurales y los gastos en curso, finalmente la prisión cerró el 21 de marzo de 1963.

Hoy en día la penitenciaría es un museo y una de las más grandes atracciones turísticas de San Francisco, atrayendo aproximadamente a 1,5 millones de visitantes al año. Los visitantes llegan en un barco al puerto y hacen un recorrido por la isla y las celdas, así como un espectáculo de audio y narraciones con anécdotas de ex reclusos y guardias de Alcatraz. La atmósfera de la penitenciaria aún es considerada como misteriosa y escalofriante.​ Protegida por el National Park Service y National Register of Historic Places, los edificios mayormente dañados por la erosión, fueron sujetos a trabajos de mantenimiento y restauración en los últimos años.

Gorgonas.

Las Gorgonas eran tres monstruos de la mitología griega que tenían la cabeza rodeada de serpientes, con grandes colmillos, manos de bronce y alas de oro. Su mirada era tan penetrante que quien osaba mirarlas a los ojos quedaba convertido en piedra. Las tres Gorgonas se llamaban Esteno, Euríale y Medusa, y eran las hijas de las divinidades marinas Forcis y Ceto. De las tres, sólo Medusa era mortal, pero era considerada la Gorgona por excelencia.

Vivían en el Occidente extremo, no muy lejos del País de los Muertos. Todos les temían, y sólo Poseidón fue capaz de unirse a Medusa y darle dos hijos: el caballo alado, Pegaso y Crisaor.

Las leyendas se centran en Medusa, aunque según una leyenda fue siempre monstruo, hay otra que, según la cual, era una hermosa joven que se atrevió a rivalizar con Atenea en belleza, por lo que la diosa la convirtió en Gorgona. Otra versión cuenta que Poseidón se atrevió a violar a la joven en uno de los templos de Atenea y Atenea castigó a Medusa.

Perseo fue su asesino, por consejo de Atenea o, según otras historias, por orden del tirano Polidectes. Este héroe logró cortarle la cabeza elevándose en el aire gracias a las sandalias aladas de Hermes, y para no mirarla, usó como espejo su escudo brillante. Atenea tuvo la cabeza de la Gorgona en su escudo y se volvió invencible. Además, Perseo se quedó con la sangre, a la cual se le atribuían cualidades mágicas: la que brotó del lado izquierdo era un veneno mortal y la del lado derecho curaba y resucitaba al que la bebiera. Por otro lado, su cabello de serpientes hacía huir al ejército más numeroso.

Para muchos mitólogos, Medusa simbolizaba el carácter maligno de la mujer que le dieran los griegos, y representaba a la mujer-demonio, a la madre que da la muerte, al lado oscuro de la femineidad.

Carnaval.

El Carnaval es una de las fiestas más populares y queridas por todos, sobre todo para los más pequeños, pero también para la mayoría de adultos. Es un día en el que los disfraces llenan las calles de color y de alegría, y es que el carnaval es una de las fiestas más divertidas del año.

Con el mes de febrero llega la fiesta de disfraces por excelencia pero, ¿por qué nos disfrazamos? ¿Sabemos dónde se originó el Carnaval? Existen muchas teorías sobre el origen del Carnaval y todas tienen algo en común: un evento donde las formalidades  y las normas dejan paso al caos y a la diversión.

Se cree que el origen del Carnaval se remonta a más de 5.000 años y algunos lo sitúan en el Imperio Romano, ya que está relacionado con las Saturnales, unas festividades realizadas en honor al dios Saturno. Otros creen que se originaron en Grecia, ya que también celebraban unos festejos similares donde se veneraba a Dionisio, entre otros.

Todas estas festividades tenían en común la época de su celebración: febrero, una época de transición del invierno a la primavera y en la que tenían lugar ritos de purificación, coincidiendo con los últimos días del letargo invernal de la naturaleza, ya que se creía que el dios Saturno vagaba por la tierra todo el invierno y que necesitaban los rituales y ofrendas para llevarlo al inframundo para comenzar la cosecha de verano. Por ello, con banquetes, bailes y vestidos con ropas y máscaras que personificaban a este dios, celebraban la abundancia de la tierra dejando a un lado las obligaciones y las jerarquías durante unos días y después volver al orden.

En Grecia tenían lugar unas fiestas parecidas: las bacanales y las Dionisias. En éstas últimas tenían lugar grandes procesiones y representaciones de teatro que reunían a toda la población. Curiosamente, en la mitología griega, aparece la figura de Momo, el dios de la burla y el sarcasmo. En la actualidad, en algunos países de América Latina, uno de los personajes centrales de los Carnavales es el Rey Momo, al que se le entrega cada año las llaves de la ciudad.

Con la expansión del cristianismo en la Edad Media, la fiesta tomó el nombre de carnaval, que viene de “carnem levare”, lo que significa “quitar la carne”. Este evento se celebraba días antes al Miércoles de Ceniza, fecha de comienzo de la Cuaresma hasta el domingo de resurrección. Un periodo de abstinencia y ayuno. Por ello, los días antes tenía lugar una celebración donde todo estaba permitido, por lo que, para salvaguardar el anonimato, la gente se cubría el rostro o iba disfrazada.

En España es una antigua celebración festiva documentada desde la Edad Media y con una rica personalidad propia a partir del Renacimiento que ha quedado recogida en la literatura española y otras artes localizadas en los diferentes pueblos que componen el Estado Español. Los carnavales de Santa Cruz de Tenerife, Cádiz y Carnaval de Águilas (Murcia) tienen la categoría de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Sea de origen griego, romano o católico, lo cierto es que el carnaval es una festividad extendida por todo el mundo y de la que todos disfrutamos disfrazándonos y pasándolo bien.

 

Pompeya.

La ciudad de Pompeya era una ciudad del sur de Italia que floreció durante el Imperio romano hasta que en el año 79 d.C. el volcán Vesubio inundó la ciudad de lava y ceniza, conservándola así durante los siguientes 2.000 años. Hoy en día, la ciudad de Pompeya es uno de los yacimientos arqueológicos más famosos del mundo.

Pompeya era una ciudad normal, sin ninguna importancia especial. Se convirtió en una comunidad romana en el año 91 a.C. y durante los siguientes 150 años muchos romanos ricos construyeron allí sus casas, disfrutando del clima a orillas del mar Mediterráneo. La ciudad solo tenía un inconveniente: estaba a los pies del monte Vesubio, un volcán. Pero esto no preocupaba demasiado a sus habitantes, ya que nunca lo habían visto en erupción.

En el año 62 a.C., el Vesubio retumbó y Pompeya fue sacudida y dañada por un fuerte terremoto. Diecisiete años después hubo más temblores de tierra en la región, pero la gente de Pompeya los ignoró y siguió con sus vidas.

El 24 de agosto del año 79 d.C., el monte Vesubio entró en erupción. Una violenta explosión de caliente ceniza y polvo volcánicos, pequeños trozos de piedra pómez y grandes pedazos de lava cayeron de repente sobre Pompeya como una lluvia. En las calles el aire se llenó de humo tóxico y el cielo se oscureció. Algunas personas intentaron protegerse, otras corrieron para salvar sus vidas mientras la ciudad iba quedando sepultada por cinco metros de ceniza y lava. Cuando estos restos volcánicos se solidificaron, sellaron gran parte de la ciudad. Los supervivientes huyeron mientras tenían lugar otras erupciones en la región; la cercana ciudad de Herculano también quedó arrasada por la lava.

Pompeya había desaparecido. Primero quedó enterrada y luego quedó olvidada, aunque en los siglos posteriores las gentes de la región hablaban de la «ciudad perdida» y encontraban piezas de cerámica y otros restos antiguos. En 1594 los obreros que trabajaban en un acueducto de la región encontraron edificios en ruinas. Entonces, en 1709, un granjero local encontró grandes losas de mármol mientras excavaba un pozo. Con ello comenzó la caza del tesoro, por lo que seguramente muchos objetos valiosos fueron desenterrados y llevados a otros lugares. Treinta años después, un ingeniero llamado Rocco Alcubierre utilizó herramientas más poderosas y pólvora para excavar un túnel por entre la lava sólida. De inmediato encontró pinturas murales y las gradas de un anfiteatro.

Durante más de 100 años, las personas que visitaban el yacimiento sólo estaban interesadas en encontrar objetos preciosos. Fue en 1860 cuando Giuseppe Fioreli se hizo con el control de la excavación. Comenzó a investigar la ciudad manzana a manzana, tomando y conservando cuidadosas notas de todo lo que encontraba en el yacimiento. Numeró cada puerta, de modo que cada casa o tienda pudiera identificarse. Siempre que era posible, dejaba las cosas allí donde las encontraba, para que fuera más fácil hacerse una idea de toda la comunidad. Desde entonces las excavaciones han continuado con regularidad a pesar de algunas paradas ocasionales.

Gran cantidad de datos sobre los acontecimientos del año 79 d.C. se saben gracias a los escritos de Plinio el Joven, que se encontraba en la cercana ciudad de Misena. Su tío, Plinio el Viejo, mandaba la flota que se apresuró a rescatar a los supervivientes y tuvo una visión de cerca de la erupción volcánica. Plinio el Viejo fue alcanzado en la playa por el humo y murió allí.

En la actualidad se han desenterrado unas tres cuartas partes de la ciudad y el visitante moderno puede hacerse una idea de cómo era la vida diaria en Pompeya. Los edificios se han restaurado, con tejados reconstruidos, y los científicos han identificado y conservado semillas de muchas plantas y vuelto a plantar los jardines de los que disfrutaban los pompeyanos.

En el momento de la erupción había tres baños públicos en Pompeya, en los que hombres y mujeres podían bañarse y relajarse. Algunos ciudadanos ricos poseían sus propios baños de lujo en casa. Había dos teatros: uno grande y abierto que podía acoger a unos 5.000 espectadores, y otro más pequeño y cerrado para conciertos y recitales. El anfiteatro, donde los gladiadores luchaban y se mataban unos a otros, así como a animales salvajes, también está excavado por completo.

En el año 79 d.C., la puerta del puerto de la amurallada ciudad de Pompeya se encontraba a sólo 500 metros de la bahía de Nápoles. La erupción lanzó ceniza y lava a la bahía, elevando el nivel del fondo marino, por lo que hoy día Pompeya se encuentra a 2 kilómetros tierra adentro. Esto demuestra la fuerza del desastre que enterró a una ciudad y creó un yacimiento arqueológico único.

Giuseppe Fiorelli encontró muchos esqueletos durante su excavación de la lava de Pompeya. También se dio cuenta rápidamente de que los cuerpos de las víctimas habían dejado huecos en la ceniza y la piedra pómez, endurecidas antes de que los cuerpos y las ropas se deshicieran con los años. Esos huecos eran como los moldes que utilizan los escultores y Fiorelli encontró un ingenioso sistema para rellenarlos y hacer copias de los cuerpos.

Vertía yeso líquido en un hueco y, cuando se había endurecido, quitaba la lava de alrededor para revelar el molde de yeso. Éste era una detallada copia de la persona, que en ocasiones conservaba expresiones de miedo o agonía en el rostro de la víctima. Se hicieron moldes de personas y animales, incluso de un perro que estaba encadenado y no podía escapar. Muchas de las víctimas estaban intentado cubrirse la cara con las manos o las ropas mientras se estaban ahogando. También se hicieron moldes de puertas, contraventanas e incluso raíces de árboles.

En total, en Pompeya se han encontrado unos 2.000 cuerpos de una población total de 20.000 personas. Muchos ciudadanos debieron conseguir escapar de la catástrofe huyendo a los terrenos cercanos, pero puede que todavía haya más cuerpos por descubrir.

Geishas.

Una geisha es una artista refinada y culta que estudia las artes tradicionales japonesas. Sus orígenes se remontan a hace más de 400 años, momento en que dicha profesión era ejercida por artistas hombres dedicados a ofrecer música, danzas o servir sake a clientes en banquetes. Luego quedo a manos de las mujeres hasta la actualidad.

En cuanto a su estética inconfundible, el maquillaje es una de las claves mostrando su nivel de experiencia. Así las aprendices o maiko llevan un maquillaje más cargado y vivo, en cambio, una geisha con más experiencia lleva un maquillaje suave y más discreto.

El maquillaje se transforma en máscaras de color blanco, rasgos acentuados en colores puros como el rojo y el negro; aportando no sólo un aspecto artístico, sino también máscaras homogéneas que ocultan identidades individuales.

En la estética de las geishas, resaltan también los kimonos; en especial de seda cerrados con un cinturón ancho anudado en la espalda. Así la forma del nudo indicada también si son maiko (nudo con cola) o más experimentadas (nudo más corto).

Además, las jóvenes usan kimonos de colores vivos y diseños más llamativos, en cambio las mayores llevan kimonos menos extravagantes. Los kimonos suelen ser hechos a mano, de telas costosas y muy pesados y se complementan con altas sandalias de madera y calcetines blancos o tabi. Llevar este vestuario no es tarea fácil. Se unen la belleza, la elegancia y el dolor.

La geisha es una mujer que ha estudiado profundamente las artes tradicionales japonesas. Esto incluye música, baile tradicional y ceremonia del té, por ejemplo. Además también se ha formado lo suficiente para ser capaz de mantener activa una reunión, dando conversación, inventándose juegos, etc. En Kioto suelen recibir el nombre de geiko, mientras que en otros puntos de Japón suelen llamarse geigi.

Para una aprendiza o maiko, llamar la atención y dejar al cliente con la boca abierta es fácil: simplemente tiene que aparecer y dejarse ver. Su kimono y el enorme obi de colores llamativos, los vistosos ornamentos en el pelo y su elaborado peinado sorprenden a cualquiera.

Para una geisha, sin embargo, sorprender es un poco más complicado. Esta mujer viste un kimono más sobrio y es en general menos ostentosa en su apariencia, mucho más madura. Es por ello que la única forma que tiene de asombrar al cliente es a través de sus dotes artísticas, así como la inteligencia de su discurso, su personalidad y su manera de ser.

De maiko a geisha: el erikae.

A la edad de 20 o 21 años o básicamente cuando la chica esté preparada, la maiko se convierte en geisha a través de una ceremonia llamada erikae, literalmente, «cambio de cuello». Esta ceremonia consiste en cambiar el cuello del kimono, de ahí el nombre. Si en el caso de la maiko el cuello del kimono era de patrones rojos y blancos, el cuello del kimono de la geisha será totalmente blanco. Para el erikae, la joven también cambiará el estilo del kimono. Dado que ya no es una joven inexperta, sino una mujer con experiencia, dejará de llevar el kimono furisode de mangas largas y se pondrá un kimono de mangas más cortas, típico de las mujeres casadas. El erikae es una ceremonia muy parecida al omisedashi o debut de la maiko, tanto en la forma como en el fondo. Para la ocasión, la joven abandona definitivamente el peinado sakko, que ha lucido durante las últimas semanas como maiko, y se coloca su primera peluca. Además, como es tradicional en las ceremonias más formales del barrio, se deja sin pintar de blanco tres (y no dos) líneas en su nuca.

La nueva geisha se dedica entonces a pasear por el barrio. Durante el paseo, va regalando unos papeles llamados noshigami por todos los establecimientos de importancia dentro del barrio, pidiéndoles su apoyo en el nuevo camino que emprende. Asimismo, igual que hizo durante su debut, durante los tres días siguientes al erikae, la mujer viste un kimono negro en el que se distingue el blasón, mientras que los tres días posteriores viste un kimono colorido y llamativo. A partir del séptimo día, la nueva geisha ya vestirá sus kimonos habituales.

Si la mujer ya tiene un danna, un patrono, éste será el que asumirá los elevados gastos de vestuario. Sin embargo, actualmente esto es algo extremadamente inusual, de manera que son ciertos clientes los que se hacen cargo del gasto (a través de tarifas increíblemente elevadas o de regalos sueltos que puedan hacerle). A veces, es la okiya la encargada de crear el «armario» de la chica, aunque esto último no es obligatorio. Sin embargo, sí suele ser habitual que la okiya le regale o preste a la nueva artista algunos de sus kimonos.

Las geishas son criaturas de la noche, que llegan a acostarse a las 3 o las 4 de la madrugada todos los días. Así pues, es normal que su día no empiece hasta bien entrada la mañana, aunque dentro del barrio de geishas tampoco se permita mucha holgazanería y descanso.

Es curioso, sin embargo, caminar por las calles del hanamachi a primera hora de la mañana: el silencio y la tranquilidad reinan por todas partes. Al mediodía, sin embargo, los ojos del visitante pueden empezar a ver aparecer maikos y geishas, en kimonos simples y sin maquillaje ni pelucas, de compras, de restaurantes o simplemente de relax.

Pero existe una gran diferencia entre maikos y geishas. Al situarse un poco más arriba en la escalera jerárquica, la geisha puede permitirse el lujo de levantarse un poco más tarde que la maiko, sobre las 9 o las 10 de la mañana, e ir tranquilamente al kaburenjo a las clases a las que asista, ya que la geisha, por más experimentada que sea, nunca deja de ir a clase. Debe repasar los movimientos de danza, las notas del shamisen, los movimientos de la ceremonia del té, tocar el taiko o hasta cantar.

Después, como la maiko, puede dedicarse a pasear o a comprar, aunque son muchas las veces en las que la geisha tiene que ir a comprar un kimono nuevo (o cualquier otro elemento de vestuario y accesorios) o tiene que llevar la peluca al cuidado del peluquero.

Muchas veces, la geisha se detiene en el kenban, la oficina oficial de registro encargada de las reservas que hacen las ochaya para las maiko y geisha, y comprueba su agenda u otros quehaceres. Pero, por encima de todo, la geisha pasea, saluda, sonríe y habla un poquito con toda la gente que trabaja con y para ella en el hanamachi.

El respeto mutuo y la lealtad se esconden detrás de estos paseos: si una geisha es maleducada, quizá el peluquero tardará más en arreglarle la peluca. Es por el bien de toda la comunidad del hanamachi que la geisha quede bien con todos y cada uno de sus miembros.

Al mediodía, de vuelta a la okiya, las geishas y las maikos comen y finalmente se preparan para la noche: con el kimono interior puesto, primero se maquillan, luego se visten y finalmente se colocan la peluca y los pocos adornos que suelen llevar. Entre las cinco y las seis de la tarde las geishas salen de la okiya y, siguiendo las instrucciones del kenban, acuden a una ochaya, donde normalmente habrá otras geishas o maikos. La noche transcurre de banquete en banquete, a veces a pie (si las ochaya están realmente cerca), aunque la mayoría de las veces las chicas se trasladan en taxi (para evitar los borrachos salaryman que, después de la cena y las copas con los compañeros de oficina, vuelven a casa).

Al llegar a casa, se desvisten, se quitan la peluca, se desmaquillan y se toman un ofuro, un baño típico japonés, todo con la ayuda, muchas veces, de la pobre shikomi-san, la joven situada en el escalón más bajo de la jerarquía de los hanamachi y la que menos (o peor, en todo caso) duerme.

Ser geisha: la esencia del iki.

Una de las características que debe poseer toda aspirante a geisha es, sin ningún tipo de duda, el iki, un término japonés que podríamos traducir como la elegancia de las sutilezas e insinuaciones. El iki es un tipo de elegancia muy sensual, con mucho estilo. Una elegancia sutil cuyo valor principal es insinuar, no mostrar. Una elegancia discreta. Una elegancia que parezca natural y simple.

Una geisha debe cumplir con todos estos objetivos: elegante, sensual, con estilo, sutil, discreta, natural, insinuadora… Los kanzashi en el pelo, por ejemplo, pasan de ser bastante opulentos y coloridos cuando la chica es maiko o aprendiza, a ser sobrios y escasos cuando la chica es geisha, y más cuando la geisha ya ni siquiera va ataviada con su maquillaje blanco. Por ejemplo, en vez de llevar kanzashi de joyas brillantes, utilizan adornos hechos de caparazón de tortuga. Mucho más sobrios y elegantes a la vez.

No obstante, el concepto de iki no es único y exclusivo de las geishas. En realidad, esta palabra surgió en el siglo XVIII cuando la clase gobernante fijó una serie de reglas para controlar las posesiones y la opulencia de los habitantes de las ciudades, sobre todo de los mercaderes. Estos, debido a la jerarquización de la sociedad, estaban considerados como clases bajas, aunque en muchos casos eran mucho más ricos que las clases más altas de los samuráis. Esto, naturalmente, molestaba enormemente a los samuráis, de ahí que legislaran para que al menos se notara menos la diferencia de riqueza.

A partir de entonces, los mercaderes comenzaron a mirar con desdén las posesiones y ropas caras de las clases altas y crearon el concepto de iki: ciertas decoraciones, ciertos materiales, ciertos vestidos, aunque extraordinariamente caros, pasaron a ser considerados «horteras» porque mostraban un lujo demasiado evidente. Así, los mercaderes comenzaron a apreciar las insinuaciones y las sutilezas, y el iki, en pocas palabras, pasó a ser un tipo de elegancia sutil, discreta y natural, tanto en la vestimenta como en la manera de ser.

A comienzos del siglo XIX el mayor logro al que podía aspirar una geisha era que dijeran que tenía iki. En esos momentos las geishas eran la combinación perfecta de los estilos de dos tipos de mujeres totalmente diferentes: las yūjo y las shiroto. Las primeras eran las cortesanas, o prostitutas, todo lo contrario del iki: sus extravagantes y desmañados kimonos, su excesivo maquillaje y su rimbombante uso del lenguaje a menudo eran objeto de burla. Las shiroto, por otra parte, eran mujeres que trabajan en la casa, como amas de casa o sirvientas, y vestían de una forma mucho más humilde pero, por supuesto, no tenían mucho interés.

El iki de una geisha era un delicado equilibrio entre estas dos categorías estéticas tan antagónicas y a menudo les llevaba horas y horas perfeccionar sus maneras de vestir, su forma de comportarse y sus habilidades artísticas para mantener este equilibrio.

Aunque el tiempo y los esfuerzos que las geishas ponían en conseguir el iki pueden sugerir lo contrario, el objetivo principal era y sigue siendo conseguir una elegancia sobria. Las geishas que tenían iki usaban maquillaje ligero pero refinado. Sus kimonos también tenían un patrón exquisito, con el obi atado en un lazo poco ceñido o doblado en cuadrado. Su forma de vestir sugería erotismo y sin mostrarlo descaradamente como en el caso de las cortesanas. El erotismo, de hecho, tiene un papel importante en el iki. Las geishas saben perfectamente cómo ser seductoras: un mechón de pelo suelto en un peinado por lo demás perfecto, o un vistazo fugaz de color rojo debajo del cuello de un kimono negro, son las armas que utilizan para ser eróticas, pero sin llegar a ser descaradas.

El iki no es un ideal abstracto al que tienen que ceñirse las geishas a lo largo de su vida, ellas mismas son muy importantes a la hora de crear moda, y en definitiva a la hora de establecer cómo se consigue ese estado de iki. El iki, también, es refinado e inocente, pero desde luego no es naif. Dentro del hanamachi se dice que para tener iki una mujer tiene que haber probado, por ejemplo, los frutos del amor, tanto los amargos como los dulces, y por eso las muchachas jóvenes rara vez tienen iki. El iki, pues, se consigue con los años y la experiencia.

Hoy en día las geishas siguen buscando ese iki, esa elegancia de las sutilezas y las insinuaciones, como parte de su trabajo. Y probablemente es ese iki el que hace que, cuando nos cruzamos con una geisha por la calle, nos sintamos extrañamente atraídos hacia ella.

Anahí y la Flor del Ceibo.

La flor de ceibo se encuentra en los cursos de agua, pantanos, esteros y lugares húmedos. Por la vistosidad de sus flores se encuentran cultivadas en paseos, parques y plazas. Fue declarada “flor nacional” en Uruguay y en la Argentina.

Su nombre genérico Erythrina es de origen griego, de la voz “erythros”, que significa rojo, atribuida por el color de sus flores. El nombre específico crista-galli, también por la semejanza del color de las flores a la cresta del gallo. Su altura oscila entre 6 a 10 centímetros, con diámetro de 0.50 cm. Fuste tortuoso y poco desarrollado, corteza de color pardo grisáceo, muy gruesa y muy rugosa con profundos surcos.

El ceibo es un árbol originario de América, especialmente de la Argentina (zona del litoral), Uruguay (donde también es flor nacional), Brasil y Paraguay. Crece en las riberas del Paraná y del Río de la Plata, pero se lo puede encontrar también en zonas cercanas a ríos, lagos y zonas pantanosas. Su madera, blanca amarillenta y muy blanda, se utiliza para fabricar algunos artículos de peso reducido. Sus flores se utilizan para teñir telas.

Según la leyenda, en las orillas del Paraná vivía una indígena de rasgos toscos, nada agraciada, llamada Anahí. En las tardes veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños. Pero el ejército invasor llegó arrasando las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad. Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, logró escapar, pero al hacerlo, el centinela se despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó a la selva. El grito del moribundo carcelero despertó a los otros soldados invasores, que persiguieron a Anahí como si de una cacería se tratara. Consiguieron atraparla y, en venganza por matar al guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera.

Los soldados la ataron a un tronco, amontonaron a sus pies pajas y ramas secas, y una roja llamarada la rodeó de fuego. Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que le entregaba su corazón antes de morir.

Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

 

Frida Kahlo.

Magdalena del Carmen Frida, más conocida como Frida Kahlo, nació en 1907 en la Casa Azul de Coyoacán, en Ciudad de México. Hija de un alemán que emigró a México y tuvo una buena economía gracias al ejercicio como joyero de la alta sociedad mexicana de la época y de su labor como fotógrafo. Sin embargo, tras el fin del gobierno de Porfirio Díaz (conocido como “el porfiriato”), la familia comenzó a experimentar serios problemas económicos.

En 1913, cuando Frida tenía seis años, enfermó de poliomielitis y se vio obligada a guardar reposo en cama durante 13 meses; este sería el primer contacto de la artista con la enfermedad, que se convertirá en una sombra permanente durante toda su vida. Aunque consiguió recuperarse, su pierna derecha quedó seriamente deformada. Pero la artista comenzó a demostrar su capacidad de superación desde muy joven y empezó a ayudar a su padre en su trabajo. Frida participa en tareas como el revelado o los retoques, y le asistía en la captura de imágenes, siendo su primer contacto con el arte.

En 1922 Frida Kahlo ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria, donde entró en contacto con las ideas más progresistas de la época. Su inteligencia y su talento fueron su mejor defensa frente a las burlas ocasionadas por su cojera; su personalidad arrolladora se impuso y pasó a formar parte del grupo Los cachuchas, donde conoció a su primera pareja, Alejandro Gómez Arias. En 1925 el autobús en el que ambos viajaban fue arrollado por un tranvía. El accidente le ocasionó a Frida múltiples fracturas en todo el cuerpo y agravó considerablemente los problemas ocasionados por la poliomielitis en su pierna derecha.

Postrada en la cama, Frida recibió de su padre una caja de pinturas y pinceles. Es el comienzo de una pasión desenfrenada por el arte, que acompañará a la artista durante sus incontables épocas de postración y atenuará psicológicamente sus constantes dolores, que no le abandonarán hasta la muerte. En palabras de la propia Frida, empezó a pintar la cama “con un corsé de yeso que iba desde la clavícula a la pelvis”, con la ayuda de “un dispositivo muy chistoso”: un artilugio ideado por su madre que sostenía una tabla donde se colocaban los papeles.

Al estar postrada en la cama, Frida comienza a investigar su propia persona, su cuerpo y su identidad. Un dispositivo de espejos colocado sobre la cama le permite comenzar su famosa serie de autorretratos, realizados a lo largo de toda su vida. En principio, las obras muestran el retrato austero de una mujer de intensa mirada; con el tiempo, los autorretratos reflejarían también emociones descarnadas, sufrimientos, pasiones y deseos. Estas obras convertirían a Frida Kahlo en un “objeto de deseo” por parte del movimiento surrealista liderado por André Breton. Sin embargo, ella nunca se vio como una pintora surrealista: en sus propias palabras, “el Surrealismo no corresponde a mi arte. Yo no pinto sueños o pesadillas sino mi realidad, mi propia vida”.

A lo largo de su vida, la exploración de la identidad propia fue una constante en la obra de su obra. Además de los autorretratos, Frida también reflejó su ascendencia familiar y a sus amigos, parejas y allegados. Su primer autorretrato se lo dedicó a su pareja, Gómez Arias, quien se distanció de ella tras el accidente. Aunque Frida sufrió intensamente con la ruptura (mientras el joven abogado quitaba importancia a su relación), nunca dejó de mantener contacto con él.

El accidente que destruyó el esqueleto de la pintora nunca fue un obstáculo para su actividad social y cultural. Frida frecuentó desde su juventud los círculos artísticos y políticos de Ciudad de México; a través de la fotógrafa Tina Modotti entró en contacto con el pintor muralista Diego Rivera, que sería el amor de su vida y con quien mantendría una relación caracterizada por la pasión, el desencanto, los celos y las infidelidades. La artista retrató a su pareja en distintas ocasiones y escribió sus sentimientos hacia él en su diario.

En 1929 y a la edad de 22 años, Frida Kahlo se casa con Diego Rivera, que entonces tenía 43. Fue “la boda entre un elefante y una paloma”, en palabras de la artista. Durante los años siguientes ambos residen en La Casa Azul y pasan temporadas en los EEUU. En esta residencia, y más adelante en la actual Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, la pareja mantiene una intensa vida cultural y social caracterizada por su compromiso político con los ideales de izquierdas. De hecho, entre 1937 y 1939 darían asilo a León Trotski y a su esposa, perseguidos por Stalin. La relación de Frida y Diego pasa por innumerables altibajos a causa de las infidelidades del muralista, a las que la artista decide responder con sus propias aventuras. Se divorciaron en 1939 para volver a casarse en 1940, esta vez con el compromiso de mantener vidas sexuales abiertas.

Los años 40 fueron para Frida Kahlo una década de intensa actividad artística. Durante mucho tiempo se pensó que su figura había quedado eclipsada en vida por la poderosa presencia de Diego Rivera; si bien la pintora no alcanzó entonces la fama de su esposo, lo cierto es que su obra fue reconocida por artistas como André Bretón, Picasso o Kandinsky, entre otros. En 1938, la Galería Julien Levy de Nueva York organiza su primera exposición individual y empieza a participar en muestras colectivas. Su obra se expone en México, París, Nueva York, Boston y otras capitales norteamericanas. En 1942 entró a formar parte del Seminario de Cultura Mexicana en calidad de miembro fundadora, y en 1943 se incorporó como maestra a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. En 1953, año previo a su fallecimiento, la Galería Lola Álvarez Bravo realizó una exposición individual de su obra en Ciudad de México, la única que se celebró en el país estando viva la artista.

Los problemas físicos y de salud mantienen a Frida postrada en cama durante largas temporadas, pero la artista siguió con su actividad pictórica y creó magníficos retratos, llenos de simbolismo, profundidad y personalidad. Es el caso de Los ojos de Frida (1948), la obra refleja dos de las constantes de su pintura: el sufrimiento y la pasión por la tradición mexicana. El dolor y la cercanía de la muerte, que la artista siente cercana, son temas recurrentes en sus lienzos. En 1950 su salud empeora a causa de una intervención en la columna que le causa importantes problemas; en 1954 la artista intentó suicidarse en dos ocasiones, incapaz de seguir aguantando el dolor. Ese mismo año, Frida Kahlo falleció a los 47 años de edad y fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la capital por los artistas e intelectuales mexicanos más importantes del momento, en un ataúd cubierto por la bandera comunista.

El Callejón del Beso.

Si vas a Guanajuato, México, con tu pareja, el Callejón del Beso es un lugar que no podéis dejar de visitar. Su nombre se debe a que las paredes entre sí son muy estrechas y están a menos de un metro de distancia. Existe una leyenda sobre este callejón que, a través del tiempo, se ha mantenido viva gracias al boca a boca. La leyenda trata sobre dos personas enamoradas: Carmen y Don Carlos, y eso es lo que cuenta:

Carmen era la única hija de un padre celoso, estricto y violento que la tenía alejada y aislada de la sociedad para que el amor de otro hombre no se la arrebatara de su lado. Pero Carmen de vez en cuando se escapada y, en una de esas escapadas, conoció a Don Carlos, un humilde minero, con el que se veía cerca de su casa, en una de las tantas iglesias de Guanajuato.

Un día su padre la descubrió, la encerró y la amenazo con enviarla a un convento  para después casarla con un rico y viejo noble español, quien de paso haría un favor al padre pues este aumentaría su fortuna. En aquellos tiempos, la mayoría de las doncellas tenían como fiel sirviente a una dama de compañía. Así que Carmen le pidió a su dama de compañía que le hiciera llegar una carta a Don Carlos en la cual le advertía sobre los planes de su padre. Don Carlos, como todo enamorado, estuvo pensando qué podía hacer y fue entonces cuando se dio cuenta que una de las ventanas de la casa de Carmen daba a un angosto callejón. El callejón era tan estrecho que con tan solo asomarse y estirarse un poco podía tocar la pared de la casa de enfrente. Si Don Carlos lograba entrar a la casa de enfrente, podría hablar con su amada desde los balcones y así entre los dos poder encontrar una solución a su problema.

Preguntando, Don Carlos averiguó quién era el dueño de la casa y la compró. Así, aunque Carmen estuviera encerrada y sin que su padre lo supiera, Carmen y Don Carlos pasaban largas noches hablando en los balcones. Hasta que un día el padre escucho murmullos en la habitación y encontró a la pareja reunida. Enfurecido y violento como era, clavó una daga en el pecho de su hija. Ante los hechos Don Carlos enmudeció de espanto y solamente dejó caer en las manos de su amada un tierno beso.

Pocos días después, Don Carlos al no poder soportar vivir sin el amor de Carmen se lanzó desde el tiro principal de la Mina de la Valenciana.

Cuenta la leyenda de El Callejón del Beso que, si una pareja visita este lugar y se da un beso justo en el tercer escalón de este callejón, tendrá felicidad durante siete largos años. Pero quien no lo haga y pase por el lugar, tendrá siete años de muy, muy mala suerte.

Si vas solo y sin pareja, no te preocupes, no caerá ninguna maldición sobre ti.

“El Callejón del Beso” mide 69 centímetros de ancho, los balcones de las dos casas de este callejón prácticamente se tocan. El lugar se ha convertido en uno de los lugares más visitados de Guanajuato, cientos de estudiantes, turistas y pueblerinos solicitan a los dueños actuales de las casas subir a las habitaciones para prometerse amor eterno.

 

La Torre de Hércules.

La Torre de Hércules es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, el único romano y el tercero más alto de España gracias a sus 55 metros de altura (sólo superado por el de Chipiona y el de Maspalomas); es además Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2009 y, siendo tan antiguo, es fuente no sólo de historia sino también de algunas leyendas.

La mitología cuenta que el rey de Brigantium, un gigante llamado Gerión, obligaba a todos los súbditos que vivían en la zona a entregarle todos sus bienes, incluyendo incluso a sus hijos. Un día, Hércules llegó en barca a la ciudad, y los súbditos del gigante artos de los abusos a los que los sometían le pidieron ayuda.  Hércules decidió retar a Gerión a una pelea. Y como no, Hércules ganó. Enterró al gigante y construyó una gran estructura coronada por una antorcha. Alrededor de esta construcción fundó una ciudad. La mitología dice que la gente para fundar la ciudad fue traída desde Galatia, en Anatolia, y por eso se le acabó llamando Galizia. Como la primera mujer que llegó se llamaba Cruña, Hércules decidió ponerle ese nombre a la ciudad.

Esta leyenda es una de las más conocidas, y fue muy famosa durante los siglos XIX y XX, por eso, se cambió el nombre del faro de Brigantium al actual de la Torre de Hércules.

Aún quedan muchas incógnitas sobre el origen y el aspecto primitivo de la Torre de Hércules, pero los datos hasta ahora suministrados y contrastados por la investigación científica (excavaciones arqueológicas, estudio de los paramentos arquitectónicos y de los métodos constructivos, documentación conservada) permiten asegurar que fueron los romanos los constructores del primitivo faro.

La Torre de Hércules fue construida como faro por los romanos, posiblemente hacia finales del siglo I y comienzos del siglo II. De su primitivo aspecto hoy conservamos su interior revestido por un recubrimiento arquitectónico realizado a finales del siglo XVIII. A su pie, también se conserva una inscripción latina grabada sobre roca, hoy protegida por una pequeña edificación, en la que se recoge el nombre del posible arquitecto romano autor de la torre.

Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la ciudad de Aeminium (la actual ciudad de Coimbra en Portugal). Con los datos actuales disponibles y sin tener certeza absoluta, se atribuye su construcción a la época del emperador romano Trajano que gobernó entre los años 98 y 117 d.C.

No conocemos con certeza como era su aspecto exterior. Pero tras las excavaciones arqueológicas realizadas en la base de la Torre, sabemos que contaba con un muro perimetral exterior y con una rampa o escalera de piedra que daba acceso a la plataforma superior. Tampoco conocemos con exactitud cómo sería el coronamiento romano de la Torre, pero por los datos conservados tendría una planta circular acabada en forma de cúpula con un hueco en el centro para la salida de la luz y del humo que serviría de guía a los barcos. El núcleo interior, hoy conservado, tiene una base cuadrada en plata con cuatro huecos interiores que se comunicaban dos a dos; se articulaba en tres pisos de altura y los huecos estaban abiertos con bóvedas de cañón. Posiblemente estos espacios servían, entre otras funciones, para guardar el material combustible que ardería en la parte superior y también para resguardo del personal de servicio en la Torre.

En 1927 se realizó la electrificación del faro. En el siglo XIX y hasta finales del XX, las reformas fueron mínimas y apenas afectaron al interior de la Torre, tuvieron mayor importancia las que se acometieron en su entorno. En 1849, el interior de la Torre fue acondicionado para instalar las clases de la primera Escuela de Torreros de Faros de España, que se mantuvieron hasta 1854. Desde 1858 y hasta 1906 las paredes interiores de la Torre estuvieron revestidas con papel estampado. En 1909 la barandilla de madera de la escalera interior fue sustituida por otra de piedra. Y en 1861 y 1956 se construyeron diversos edificios destinados al alojamiento de los fareros, situados al pie de la plataforma de la base de la Torre.

En el año 2009 fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, hoy en día, ya sea por su historia o por sus leyendas, es un monumento imprescindible de visitar si estás haciendo turismo por la zona.

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