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Origen de La Mercè.

La Mercè, en castellano La Merced, es la fiesta mayor de la ciudad de Barcelona. Se celebra el 24 de septiembre, el día de la Virgen de la Merced. Su celebración dura alrededor de una semana y tiene lugar en diversos espacios públicos de la ciudad. Cada año, miles de personas disfrutan de las diferentes actividades culturales, artísticas y festivas, convirtiéndose en la fiesta más multitudinaria de todas las que se celebran en Barcelona.

Su origen se remonta al año 1902, cuando el ayuntamiento de la ciudad de Barcelona confeccionó por primera vez un programa de actos extraordinarios para celebrar la festividad de la Virgen de la Merced (Mare de Déu de la Mercè, en catalán). En el año 1980 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. La fiesta rinde homenaje a la patrona de Barcelona, a quien se le atribuyen una serie de milagros vinculados a la ciudad. La tradición explica que el 24 de septiembre de 1218 la Virgen de la Merced se apareció simultáneamente al rey Jaime I, al santo Pedro Nolasco y al santo Raimundo de Peñafort y les encomendó que instituyeran una orden religiosa para rescatar a los cristianos rehenes en tierras sarracenas.

Siglos más tarde, el 1687, Barcelona fue atacada por una plaga de langostas y el pueblo invocó la protección a la Virgen de la Merced. Cuando la plaga finalizó, la proclamaron patrona de la diócesis, aunque no lo fue de manera oficial hasta el 1868, con el papa Pío IX.​ En ese año, Barcelona comenzó a celebrar fiestas religiosas y populares en honor de la Virgen de la Merced, el 24 de septiembre.

En el año 1902 se le dio un nuevo impulso a esta fiesta con cabalgatas inéditas, un primer encuentro de gigantes de toda Cataluña, un primer concurso de castellers y la divulgación de una danza ampurdanesa que estaba ganando popularidad por toda Cataluña: la sardana. El objetivo era mostrar la diversidad folclórica del país con varias expresiones de la cultura popular, muchas de las cuales habían desaparecido en la ciudad: bailes de bastones, bailes de diablos, muestras de gigantes y bestiario, castellers, sardanas, etc.​

Los enfrentamientos constantes entre los partidarios de una fiesta religiosa y conservadora y quienes defendían una fiesta laica, con cabalgatas folclóricas, calles engalanadas, bailes y espectáculos pirotécnicos, hicieron que la celebración se debilitara entre los años 1920 y 1930. Y después de la guerra civil, la fiesta adoptó un cariz de exaltación nacional católica y social del franquismo.​ En los años sesenta se empezaron a incluir algunas muestras folclóricas.

Las fiestas de la Merced tal y como las conocemos hoy en día nacen con la transición española, cuando el Ayuntamiento de Barcelona decidió transformar totalmente la fiesta mayor de la ciudad en una celebración en que las muestras de cultura popular y la ciudadanía tomaran la calle de manera lúdica.​

Sirenas.

Según la mitología griega, las sirenas eran criaturas híbridas con cuerpo de ave y rostro de mujer que atraían a los marineros con sus hipnóticos cantos, conduciéndolos a un destino fatal. Nada tienen que ver con la imagen que tenemos actualmente de las sirenas —mitad mujer, mitad pez— muy distinta de su forma clásica alada.

Algunas versiones afirman que la apariencia original de estos seres mitológicos se debe a un castigo que recibieron por no proteger a Perséfone de Hades, el dios del inframundo. Otras, en cambio, indican que fue Zeus quien les ofreció alas para perseguir al dios raptor.

La primera obra escrita en la que aparecen las sirenas es en la Odisea de Homero. El canto XII de este poema épico —compuesto, según se cree, en el siglo VIII a. C.— muestra a Odiseo (Ulises) enfrentándose a las misteriosas sirenas durante su viaje de vuelta a casa tras la famosa guerra de Troya. Advertido por la maga Circe del peligroso canto de las sirenas, Odiseo moldeó un pedazo de cera y tapó los oídos de sus compañeros para que no pudieran escucharlas. El héroe griego, por su parte, fue atado al mástil de su navío y ordenó a sus hombres que no le liberasen si sucumbía al hechizo de las sirenas. Las hermosas mujeres-ave elevaron su canto prometiéndole a Odiseo —a quien le atraía el afán de saber— fama y conocimiento para seducirle. Embelesado con su encantadora voz y música, Odiseo suplicó a su tripulación que le soltasen para ir con ellas, pero estos no le obedecieron. Según cuenta la leyenda, si un hombre es capaz de resistir la voz de una sirena, esta debe morir. Al verse ignoradas y vencidas, las bellas criaturas perdieron su don y se precipitaron al fondo del mar. Así fue cómo, gracias a su ingeniosa estrategia, Odiseo sobrevivió y pudo continuar su ruta marítima junto al resto de la tripulación hacia su amada patria Ítaca.

Otro famoso encuentro con estos seres legendarios lo protagonizó Orfeo, que combatió el canto de las sirenas con su lira. El propio Orfeo narra su aventura en las Argonáuticas órficas, un poema de autor anónimo que desgrana la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro. A través de algunos relatos, sabemos que este personaje de la mitología griega, hijo de Apolo y de su musa Calíope, tocaba la lira de manera prodigiosa. Su virtuosismo era tan excelso que, a través de su instrumento, se decía que lograba amansar a las fieras, así como el reposo de las almas humanas. En las Argonáuticas órficas, Orfeo, guiado por su madre, acalló a las sirenas con el sonido de su lira, protegiendo así a todos los aventureros heroicos que le acompañaban en el viaje. Tras ser vencidas, las bellas aves de la muerte pusieron fin a su existencia transformándose en rocas.

En la mitología griega, Perséfone, hija de Zeus y Démeter, estaba recogiendo flores con algunas ninfas cuando fue raptada por Hades. El dios del inframundo emergió del suelo, llevándose a la inocente doncella en su carro hasta el reino de los muertos. Las compañeras de Perséfone, que eran extremadamente hermosas, recibieron un duro castigo impuesto por Démeter al no haber protegido a su hija, dándoles una apariencia bestial. Otras versiones narran, por el contrario, que fueron las propias sirenas quienes le pidieron a Zeus que les otorgase alas para poder perseguir a Hades y salvar a su amiga.

Afrodita, diosa de la sensualidad, el amor y la belleza, también participa en uno de los numerosos mitos sobre estas criaturas crueles. Se dice que, presa de la envidia, la divinidad griega les arrebató su gran belleza, aunque hay quienes interpretan tal acción como una condena porque las sirenas despreciaban las artes del amor.

Otra leyenda más desconocida desvela que, después de su metamorfosis, las sirenas retaron a las musas, diosas inspiradoras de la música, a una competición de canto que perdieron. Ofendidas, las musas las desplumaron y se coronaron con sus despojos.

 

Según el poeta griego Hesíodo, estas criaturas de aspecto siniestro vivían en una isla rocosa llamada Antemoesa (que significa “rica en flores”) y allí aguardaban a sus presas para devorarlas. Alrededor de su isla se extendían los cadáveres de los navegantes muertos, pero algunos estudiosos consideran la posibilidad de que las sirenas se limitasen a atraer a los viajeros sin ánimo de matarlos. Embargados por el éxtasis de sus cantos y la música de las liras y flautas, los hombres tal vez acabasen muriendo de inanición.

Pero, ¿cómo acabaron las alas de las sirenas convirtiéndose en una cola de pez? Se desconoce qué fue lo que provocó tal transformación, pero todo indica que el cuerpo de estas criaturas pasó a convertirse en pisciforme debido a su asociación con el mar. El primer testimonio que muestra a las sirenas con cola de pez se halla en el Liber Monstrorum, un manuscrito anglo-latino que data de finales del siglo VII o principios del siglo VIII. Desde la cabeza hasta el ombligo, las tenebrosas figuras tenían cuerpo femenino, dando paso a una larga cola escamosa idéntica a la de los peces para poder moverse por las profundidades marinas.

Recogiendo las leyendas de la antigüedad, los cristianos de la Edad Media asociaron las sirenas a la tentación carnal. Desde su moral, el héroe Odiseo —atado a un mástil que simbolizaba la cruz de Jesucristo— encarnaba la virtud al evitar el pecado femenino. Por su parte, el espejo que recurrentemente portaban las sirenas representaba la vanidad humana.

La evolución de estos seres mitológicos ha sido muy amplia y variada a lo largo de los siglos. Sin embargo, lejos de la imagen lujuriosa que recibieron en el medievo, las sirenas de la antigüedad estaban muy probablemente vinculadas con el Más allá. Iconográficamente, eran figuras funerarias que representaban a los espíritus de los muertos, transportando sus almas al frío y oscuro Hades.

En cualquier caso, el origen de las sirenas queda muy alejado de la versión romántica de ellas que tenemos actualmente.

La Diada de Catalunya.

El 11 de Septiembre se celebra la Diada de Catalunya, la fiesta nacional de Catalunya. En realidad, esta fecha conmemora la fecha de una derrota (la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714), la celebración se convirtió en una jornada de defensa de los derechos y las libertades del país, y en un acto de reafirmación del carácter propio de Catalunya y de su identidad como nación.

La celebración de la Diada se remonta al año 1886, cuando diversas entidades del catalanismo cristiano organizaron una misa en recuerdo de los fallecidos en el sitio de 1714, defensores de la ciudad de Barcelona en la guerra de sucesión española. Dos años más tarde se inauguró, con ocasión de la Exposición Universal, la estatua de Rafael Casanova, que se convirtió en el epicentro de las celebraciones hasta el día de hoy.

Los actos, de carácter cultural, prosiguieron en aquellos años no faltos de trabas gubernamentales, y ya en 1894 se inició la tradición de la ofrenda floral a la estatua de Casanova.

El cambio llegaría con la entrada en el siglo XX. La represión por parte de la policía y la imposición de fuertes multas en 1901 y 1905 dotaron de un fuerte carácter político a la Diada. También hubo choques con los lerrouxistas, quienes rehusaron siempre participar en estos actos.

Con la Mancomunitat de Catalunya, en 1914 (primera recuperación de las instituciones catalanas en dos siglos), y la recuperación de la Generalitat, ya en 1931, se institucionalizó la fiesta con un formato similar al actual.

Celebrada durante el periodo republicano, en 1937 contó incluso con la participación de la CNT. Prohibida por la dictadura franquista, se organizaron algunas acciones reivindicativas en los años 40 y 70, protagonizadas por el Front Nacional de Catalunya.

La Diada se convirtió en una fecha señalada para la oposición antifranquista, y sus reivindicaciones culminaron en el Onze de Setembre de 1976, el primero tras la muerte de Franco, convocado por la Assamblea de Catalunya. Al año siguiente, la Diada propició un clamor popular bajo el lema ‘Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia’, con una manifestación en el centro de Barcelona cuya asistencia se cifró voluntariosamente en un millón de personas.

Posteriormente, se institucionalizó de nuevo, siendo recogida legalmente como «fiesta nacional» en 1980. Desde entonces, los homenajes a la estatua de Rafael Casanova han sido la tónica habitual de los actos institucionales hasta nuestros días.

El Chupacabras.

A mediados de la década de los 90’s, en América, se extendió la leyenda de un misterioso monstruo que chupa la sangre al ganado. Supuestamente, los Chupacabras han sido vistos recientemente, lo que les convierte en monstruos mucho más accesibles para el estudio que, por ejemplo, el monstruo del Lago Ness o el Bigfoot. En la mayoría de los casos, las criaturas han resultado ser coyotes con sarna, una enfermedad que hace que al animal se le caiga el pelo y se le formen costras en la piel, entre otros síntomas.

Para algunos científicos esta explicación es suficiente. «No creo que haya que buscar más teorías», afirma Barry OConnor, entomólogo de la Universidad de Michigan, que ha estudiado el parásito que causa la sarna (Sarcoptes scabiei). El especialista en enfermedades Kevin Keel ha observado imágenes de cadáveres de supuestos Chupacabras y afirma que se trata de coyotes, pero entiende que otros no fueran capaces de reconocer a este animal: «Sigue pareciendo un coyote, pero en una versión bastante distinta», comenta Keel, que forma parte del Southeastern Cooperative Wildlife Disease Study de la Universidad de Georgia. «Si lo viera en el bosque no habría pensado que se trata de un Chupacabras, pero yo he estudiado coyotes y zorros con sarna durante mucho tiempo. Una persona no profesional, en cambio, podría confundirlos».

El Sarcoptes scabiei también es responsable de la sarna en humanos. El ácaro se introduce bajo la piel del huésped (ya sea animal o humano), segrega material de desecho y deja sus huevos, lo que provoca una reacción inflamatoria del sistema inmunitario. En humanos la reacción alérgica suele ser una molestia menor, pero en animales como los coyotes, que no han desarrollado defensas efectivas contra el Sarcopte, puede ser mortal. OConnor cree que es posible que el ácaro haya pasado de humanos a perros domésticos y de éstos a coyotes, zorros y lobos salvajes. Su investigación sugiere que la razón por la que la respuesta es tan diferente es que los humanos y otros primates han vivido con el ácaro durante gran parte de su evolución, mientras que otros animales no. «Los primates fueron los primeros huéspedes» del ácaro, afirma OConnor. «Nuestra evolución nos permite mantener controlada la sarna, al contrario de lo que ocurre con otros los animales». En otras palabras, la evolución de los humanos ha permitido que nuestro sistema inmunitario neutralice la infección antes de que ésta nos neutralice a nosotros.

Según Keel, los ácaros también han evolucionado, provocando daños en humanos pero sin llegar a ser mortal, lo que podría convertirnos en seres «no útiles» para ellos. En animales, en cambio, no han alcanzado ese equilibrio. Por ejemplo, en los coyotes la reacción puede provocar la caída del pelo y la obstrucción de los vasos sanguíneos, además de fatiga general.

La teoría de que los Chupacabras son coyotes sarnosos explicaría por qué se les suele ver atacando el ganado. «Los animales que sufren esta enfermedad suelen estar muy débiles», afirma OConnor. «Si no consiguen sus presas habituales, se acercan al ganado, que es más fácil de cazar». En cuanto a la idea de que chupan sangre como los vampiros, es posible que se trate de una exageración propia de la leyenda. «Creo que es parte del mito», añade OConnor.

Loren Coleman, director del Museo Internacional de Criptozoología de Portland (Maine, Estados Unidos) también es de la opinión de que los avistamientos de Chupacabras, sobre todo los más recientes, podrían explicarse por la presencia de coyotes o perros sarnosos: «Aunque no significa que explique todos los aspectos de la leyenda», puntualiza. Por ejemplo, los más de 200 avistamientos declarados en 1995 en Puerto Rico describían criaturas que no tenían características caninas. «En 1995 se creía que los Chupacabras eran criaturas bípedas que medían aproximadamente un metro de alto y tenían pelo gris, con pinchos en la espalda», afirma Coleman. «Sin embargo, la descripción del monstruo comenzó a cambiar a finales de los 90’s debido a errores de traducción en los informes».

Hacia el año 2000, el Chupacabras original ya había sido sustituido por la figura canina: las criaturas bípedas ahora atacan al ganado sobre sus cuatro patas. «Fue un tremendo error», reconoce Coleman. «Ahora, con los medios describiéndolos como perros o coyotes sarnosos, ya no se oyen historias como las del principio en Puerto Rico o Brasil. Este tipo de denuncias ha desaparecido y la versión canina se ha multiplicado».

Y, ¿cuál sería la explicación para esta leyenda? Según Coleman, una posibilidad sería que la gente imaginó cosas tras ver una película de terror alienígena que se estrenó en Puerto Rico el verano de 1995. «La fecha en la que se estrenó la película Species (Especie mortal) en Puerto Rico, coincide con las primeras denuncias en el país », afirma. «En la película, la actriz Natasha Henstridge tenía pinchos en la espalda, como los de las primeras descripciones de Chupacabras en 1995».

Otra teoría es que las criaturas de Puerto Rico eran en realidad monos Rhesus, que suelen incorporarse usando sus patas traseras. «Estos monos estaban siendo objeto de experimentos en Puerto Rico en ese momento, por lo que podría tratarse de un grupo que hubiera huido», añade Coleman. «Podría tratarse de algo tan sencillo como esto, o también de algo mucho más interesante, pues en la actualidad se siguen descubriendo nuevas especies de animales».

Sin embargo, aunque hay muchas teorías, la que mayor fuerza cobra es la de los coyotes sarnosos. Pero, como dice Coleman, a día de hoy se siguen descubriendo nuevas especies y, quién sabe, tal vez el Chupacabras acabe siendo una de ellas.

La Laguna de La Encantada.

La Laguna de la Niña Encantada, en Argentina, es una pequeña Laguna de sólo 80 metros de diámetro cuyas aguas provienen de ríos subterráneos y su belleza natural es complementada con sus aguas cristalinas de tono esmeralda. En el suelo de la laguna existe un campo de rocas volcánicas que, al reflejarse en el agua, producen formaciones peculiares que han originado, a través de los años, innumerables leyendas.

Se dice que hace cientos de años, la zona de la laguna era habitada por un pueblo originario que vivía en paz. Hasta que un día llegaron los Pehuenches, un pueblo conocido por sus invasiones y conquistas. Los caciques de ambas tribus dialogaron y llegaron a un acuerdo: sus hijos se casarían y, así, ambos pueblos quedarían hermanados.

La hija del cacique del pueblo pacífico se llamaba Elcha, que significa “espejo”. Ella no quería casarse con el hijo del cacique de los Pehuenches porque estaba enamorada de un joven de su propia tribu, quien ni siquiera era noble. Sin embargo, su padre no aceptó el amor que su hija sentía por el joven y la pareja decidió hacia el norte, corriendo por la montaña y topándose con la laguna. Ambas tribus les perseguían y les cerraron el paso. Al ver que no tenían escapatoria, se fundieron en un abrazo y se arrojaron al agua, para morir de amor. Cuando sus perseguidores llegaron a la laguna, los caciques de ambas tribus comenzaron a insultar y a maldecir a sus hijos.

Se dice que la bruja del pueblo fue la primera en asomarse a las aguas y se unió a las maldiciones con sus hechizos. Como respuesta, un violento rayo cayó y alcanzó a la hechicera. Así, ella fue petrificada y aprisionada por siempre en ese sitio. Hoy, se la puede ver en la montaña sobre la laguna.

Desde entonces, se dice que, en las noches de luna llena, la bruja convertida en piedra observa hacia la laguna buscando a la joven pareja enamorada. El reflejo de Elcha se puede contemplar, sabiendo que vivirá eternamente con su amor en la laguna.

Vampiros.

Los vampiros son criaturas que se alimentan de la sangre de otros seres vivos, se les representa con colmillos, sedientos de sangre humana y sin reflejo en los espejos, no soportan la luz del sol y se les puede combatir con ajo o atravesándoles una estaca en el corazón.

Existen diferentes descripciones sobre la apariencia y características de los vampiros dependiendo de cada cultura, pero la mayoría de estas historias y leyendas coinciden en que son seres que se encuentran en un estado entre la vida y la muerte, estuvieron vivos alguna vez y murieron, pero se volvieron inmortales. En algunas culturas, consideran a los vampiros seres diabólicos.

Aunque las leyendas sobre vampiros datan de hace siglos, el concepto que actualmente conocemos de estos seres de la oscuridad se fue desarrollando a través de diversas creencias y tradiciones establecidas en Europa que partieron del temor de que los muertos, después de ser enterrados, podían seguir causando daño a los vivos.

El origen de los vampiros tiene que ver con la profanación de tumbas. En algunos países de Europa del Este se desenterraba a las personas de las que se tenían sospechas y, en muchos de los casos, supuestamente se les encontraban restos de sangre en la boca. Pero estos signos en un cadáver tienen una razón científica ya que, al contraerse la piel de un cadáver los dientes y uñas de este pueden parecer más largas. Además de que la descomposición de los órganos provoca que un líquido oscuro (llamado líquido de purga) escape por la nariz y la boca. Así que lo que estas personas encontraban no era precisamente sangre.

Durante siglos, los vampiros estuvieron asociados a la propagación de enfermedades y plagas  y creían que matando supuestos vampiros las enfermedades se erradicarían.

En 2016, un grupo de arqueólogos en Venecia, Italia, encontró un cráneo del siglo XVI sepultado entre las víctimas de una plaga, con un ladrillo en la boca para que no abandonara la tumba en busca de sangre para alimentarse.

En 2018, en Bulgaria se encontró un vestigio similar: los restos de un cuerpo del siglo XIII que fue sepultado con una estaca de metal en el pecho —a la altura del corazón— y sin una parte de su pierna izquierda, supuestamente para evitar que huyera de su última morada.

Ese mismo año, un equipo de investigadores de la Universidad de Alabama, estudiaron los restos de varias personas enterradas con cuchillos alrededor del cuerpo, piedras en la boca y otros objetos en un cementerio de Polonia. Los científicos llegaron a la conclusión de que eran habitantes de la localidad y que fueron las primeras víctimas de un brote de cólera. El desconocimiento de la enfermedad hizo creer que eran vampiros que traían consigo enfermedades que se propagaron.

En Rumania consideraban que los vampiros eran hombres delgados, de piel pálida, con uñas largas y colmillos puntiagudos para poder clavarlos en el cuello de sus víctimas. También las leyendas aseguran que pueden adoptar la forma de animales para camuflarse, de ahí que se les asocie con los murciélagos.

Esta creencia de que los muertos podían transformarse en monstruos vampíricos inició una serie de rituales de entierro bastante peculiares. Parte de los intentos desesperados para evitar la propagación de los supuestos vampiros fue comenzar a alterar las tumbas de los fallecidos. Los enterraban cubiertos en ajo y semillas de amapola. También les clavaban espadas, cuchillos y palos en todo el cuerpo. En los casos más extremos los quemaban y los mutilaban.

Los mitos de los vampiros permanecieron en Escandinavia como un problema local hasta el siglo XVIII, cuando Serbia estaba sometida bajo dos grandes poderes: La monarquía Habsburgo y el imperio Otomán. Los oficiales austríacos no tardaron en notar las extrañas costumbres que tenían para enterrar a sus muertos y comenzaron a documentar lo que veían. Enseguida se convirtió en un boom mediático. La histeria por los vampiros fue tan intensa que en 1755 la emperatriz de Austria ordenó que se hiciera una investigación exhaustiva sobre el tema y publicó un comunicado oficial en el que refutaban científicamente los rumores de vampiros.

De lo que no cabe ninguna duda es que, a día de hoy, los vampiros siguen siendo una figura de fantasía indispensable en la literatura y el cine moderno.

 

Juana La Loca

Juana era la tercera hija de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, más conocidos como los Reyes Católicos. Nació en Toledo en el año 1479 y recibió la educación propia de una infanta e improbable heredera al trono, basada en la obediencia más que en el gobierno, a diferencia de la exposición pública y las enseñanzas del gobierno requeridos en la instrucción de un príncipe heredero. En el estricto e itinerante ambiente de la corte castellano-aragonesa de su época, Juana estudió comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras propias de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música, el entrenamiento como amazona y el conocimiento de lenguas romances propias de la península ibérica, además del francés y del latín. Entre sus principales preceptores se encontraba el sacerdote dominico Andrés de Miranda, Beatriz Galindo y su madre, la reina, que trató de moldearla a su «hechura devocional». El manejo de la casa de la infanta y su ambiente inmediato estaba totalmente dominado por sus padres. La casa incluía personal religioso, oficiales administrativos, personal encargado de la alimentación, criadas y esclavas,​ todos seleccionados por sus padres sin intervención de ella misma. Sin embargo, a diferencia de Juana, su hermano Juan, príncipe de Asturias y de Gerona, comenzó a hacerse cargo de su casa y de posesiones territoriales como entrenamiento en el dominio de sus futuros reinos. En 1495, Juana ya daba muestras de escepticismo religioso y poca devoción por el culto y los ritos cristianos.

Como era costumbre en Europa en aquella época, Isabel y Fernando negociaron los matrimonios de todos sus hijos. Y, con el único fin de reforzar los lazos con el emperador Maximiliano I de Habsburgo contra los monarcas franceses de la dinastía Valois, ofrecieron a Juana en matrimonio a su hijo, Felipe, archiduque de Austria. A cambio de este enlace, los Reyes Católicos pedían la mano de la hija de Maximiliano, Margarita de Austria, como esposa para el príncipe Juan.

En agosto de 1496, la futura archiduquesa partió de Laredo en una de las carracas genovesas al mando del capitán Juan Pérez. La flota también incluía, para demostrar el esplendor de la corona castellano-aragonesa a las tierras del norte y su poderío al hostil rey francés, otros diecinueve buques, desde naos a carabelas, con una tripulación de 3500 hombres. Se le unieron unos sesenta navíos mercantes que transportaban la lana exportada cada año desde Castilla. Era la mayor flota en misión de paz montada hasta entonces en Castilla y Juana fue despedida por su madre y sus hermanos antes de iniciar su rumbo hacia Flandes, hogar de su futuro esposo. La travesía tuvo algunos y, cuando Juana por fin llegó a las tierras del norte, no fue recibida por su prometido debido a la oposición de los consejeros francófilos de Felipe a las alianzas de matrimonio pactadas por su padre el emperador. Los consejeros albergaban la posibilidad de convencer a Maximiliano de la inconveniencia de una alianza con los Reyes Católicos y las virtudes de una alianza con Francia.

Finalmente, la boda se celebró el 20 de octubre de 1496 en la iglesia colegiata de San Gumaro de la pequeña ciudad de Lier. El ambiente de la corte con el que se encontró Juana era radicalmente opuesto al que vivió en su España natal. Por un lado, la sobria, religiosa y familiar corte de Fernando e Isabel contrastaba con la desinhibida y muy individualista corte borgoñona-flamenca, muy festiva y opulenta gracias al comercio de tejidos que sus mercados dominaban desde hacía un siglo y medio.

Aunque los novios no se conocían, se enamoraron al verse. Pero se dice que Felipe pronto perdió el interés en la relación y eso hizo que crecieran unos enormes celos en Juana que incluso fueron considerados patológicos. Poco tiempo después llegaron los hijos, con periodos de abstinencia conyugal que agudizaron los celos de Juana. El 15 de noviembre de 1498, nació su primogénita, Leonor. Carlos, su segundo hijo, nació el 24 de febrero de 1500. Un año después, el 18 de julio de 1501, nació una niña a la que le pusieron el nombre de Isabel en honor de la madre de Juana, Isabel la Católica. Mientras tanto, varios sacerdotes enviados a Flandes por los Reyes Católicos, informaron de que Juana seguía resistiéndose a confesarse y que no asistía a misa.

El destino de Juana como archiduquesa y princesa en Flandes se vio alterado por una serie de fallecimientos en el seno de su familia española. En octubre de 1497 murió su hermano mayor Juan, a los 19 años, según se dijo por sus excesos sexuales con su también joven esposa, Margarita de Austria. Un año después falleció la otra hermana mayor de Juana, Isabel, casada con Manuel I de Portugal. Su hijo recién nacido, Miguel, quedaba como heredero de España y Portugal, pero murió antes de su segundo cumpleaños. De este modo, en 1500 Juana se convirtió en la única heredera de las coronas de Castilla y Aragón, por lo que su madre, Isabel, le imploró que regresara urgentemente de Flandes a España.

En noviembre de 1501 Felipe y Juana, dejando a sus hijos en Flandes, emprendieron camino hacia Castilla por tierra desde Bruselas. Tardaron seis meses en llegar a Toledo, donde prestaron juramento como herederos ante las cortes castellanas en la catedral de Toledo el 22 de mayo de 1502.

Por entonces nadie cuestionaba la capacidad de Juana para reinar. Sus arranques temperamentales eran del dominio público, pero se los consideraba un rasgo heredado de su imponente madre, también propensa a sufrir accesos de melancolía. Los dones de Juana solían recibir exaltados elogios. En 1501, el obispo de Córdoba, enviado por los Reyes Católicos como embajador a Flandes, informaba de que era «habida por muy cuerda y por muy asentada». Ese mismo año, el embajador residente de España había llegado a decir que «en persona de tan poca edad no creo que se haya visto tanta cordura».

En cuanto Juana y Felipe llegaron a España, la reina Isabel lo dispuso todo para que las Cortes de Castilla reconocieran a su hija como heredera legítima al trono. El archiduque Felipe, relegado ignominiosamente al rango de consorte, abandonó España seis meses más tarde, dejando a su mujer embarazada de su cuarto hijo, a quien se impuso el nombre de Fernando en honor de su abuelo materno. La intención de Isabel era que Juana la sucediese en Castilla como reina propietaria, con o sin el apoyo del archiduque; lo que no podía dilucidar de antemano era si tanto Felipe como Fernando el Católico –que legalmente era sólo rey de Aragón– aceptarían tal resolución.

Las Cortes de Toledo reunidas en mayo de 1502 marcaron un punto de inflexión en la vida pública de Juana, pues fue entonces cuando empezó a ponerse en cuestión su idoneidad para gobernar. Cuando la reina Isabel redactó un último testamento poco antes de su muerte, el 26 de noviembre de 1504, existían serias dudas en torno a la salud mental de Juana. Aunque Isabel la confirmó como heredera de sus reinos, en el documento añadía que si la reina Juana, «estando en ellos, no quiera o no pueda entender en la gobernación de ellos», sería Fernando quien ejercería la regencia en su nombre.

En un nuevo intento de impedir una posible usurpación por parte de Felipe de Habsburgo, la soberana subrayaba su condición de extranjero y prohibía expresamente que se asignara cualquier cargo civil o eclesiástico a personas que no fuesen naturales de sus reinos.

Muchos investigadores han sostenido que la presunta «locura» de Juana obedecía únicamente a una conspiración política masculina. Dado que suponía un obstáculo para que Felipe o Fernando ejercieran el control absoluto sobre Castilla, inhabilitarla satisfacía los intereses de ambos. Su trastorno mental, alegan, se exageró deliberadamente con objeto de hacerla inaceptable como soberana. Sin embargo, existen numerosas pruebas que sugieren que Juana de Castilla era efectivamente demasiado inestable para confiarle el gobierno. Lo cierto es que su actitud fue tan anómala que hasta sus últimos días su familia temió sinceramente que estuviera poseída por el diablo.

Meses después del imprevisto regreso de Felipe a los Países Bajos, Isabel dudó seriamente de las aptitudes de su hija para gobernar. El ferviente deseo de Juana por reunirse con su esposo chocaba con las intenciones de su madre de que aprendiera a gobernar. Las discusiones entre ambas mujeres tuvieron un grave efecto en la salud de ambas, hasta el punto de que la reina sufrió serios dolores en el pecho. Juana fue confinada en el castillo de La Mota, una espléndida construcción de ladrillo ubicada en Medina del Campo, donde se produjo un incidente singular y desconcertante. Según el relato de la propia Isabel, su hija Juana estuvo en el recinto exterior del castillo, descalza y sin ropa de abrigo, hasta las dos de la madrugada de una de las noches más frías del año. Con este gesto, Juana forzó a su madre a concederle una entrevista y, en última instancia, a permitirle partir hacia Flandes en busca de su esposo el archiduque, pero logró su propósito a expensas de su dignidad personal, una cualidad imprescindible en cualquier gobernante.

En junio de 1506 ocurrió otro incidente. Su esposo y ella habían vuelto a España en abril, dieciséis meses después del fallecimiento de Isabel la Católica. El 28 de junio, Felipe le comunicó que había firmado con su padre la concordia de Villafáfila, en la que se estipulaba que si la nueva reina no quería o no estaba en condiciones de gobernar, Felipe asumiría total autoridad y hasta continuaría siendo rey a la muerte de su esposa. Fernando se comprometió a retirarse a Aragón, aunque conservó la mitad de las rentas que reportaba a Castilla el Nuevo Mundo, así como pleno control sobre las órdenes militares. En un principio a Juana le habían indignado estas negociaciones, pero luego pareció no prestarles atención. En lugar de pronunciarse, sólo pidió recorrer los jardines del conde de Benavente, famosos por su colección de animales. Cuando hubo visto los pavos reales, Juana se alejó a la carrera hasta topar con la casa de una mujer, de oficio tahonera. Refugiada en la cocina, se resistió a salir pese a las súplicas de su esposo y a que la casa quedó rodeada por los soldados alemanes de Felipe.

La muerte repentina de Felipe el Hermoso, el 25 de septiembre de 1506, supuso sin duda un tremendo golpe emocional para Juana, embarazada de su sexto hijo. No se han podido verificar las historias macabras sobre su empeño en reabrir el féretro del esposo, mientras lo trasladaba de un pueblo a otro de Castilla, a fin de examinar sus restos, quizá para evitar que se extraviaran o fueran robados. Al día siguiente, cuando el presidente del Consejo de Castilla fue a ver a la reina, la soberana en persona le abrió la puerta del palacio donde se alojaba, la llamada casa del Cordón, y le dijo que volviera más tarde. Cuando los miembros del Consejo se presentaron de nuevo tuvieron que perseguir a Juana por toda la casa y, finalmente, despachar a través de una reja que comunicaba la capilla con sus aposentos. Al negarse a tratar los asuntos urgentes, independientemente de que fuera por falta de interés o por enfermedad, Juana de Castilla había demostrado una vez más su incapacidad para el gobierno y Fernando el Católico se hizo con las riendas del gobierno de Castilla, además del de Aragón. A su muerte, en 1516, tras la breve regencia del cardenal Cisneros, el primogénito de Juana, Carlos, sería proclamado rey sin atender a los derechos dinásticos de su madre, que quedaría confinada en el castillo-palacio de Tordesillas desde 1509 hasta su muerte.

Cuando llegó a Tordesillas, Juana estaba acompañada de su hija menor, la joven infanta Catalina, y no se hallaba lejos del cadáver de su marido, depositado provisionalmente en el vecino monasterio de Santa Clara. Sin embargo, su primer guardián se ponía cada vez más nervioso cuando ella se negaba a colaborar, y en 1516 el cardenal Cisneros lo destituyó por maltrato. A mosén Luis Ferrer, que así se llamaba, le aterraba que la cautiva muriese estando a su cargo y admitió «haber usado de violencia en alguna ocasión para preservarle la vida, pues se negaba a tomar alimento». El segundo gobernador de la casa de doña Juana, Hernán Duque de Estrada, era un hombre culto que la trató con mayor compasión. Escribió al cardenal Cisneros que, si se tenía algo de paciencia, a veces la reina era capaz de períodos prolongados de lucidez, aunque confesaba que «lo que no cabe dudar es cuánto conviene razonarla con amor, porque si se quiere torcer su voluntad por fuerza, todo se desbarata».

El más criticado en su función de guardián de Juana fue el marqués de Denia, cuya familia se encargó de vigilar a la reina hasta su muerte en el año 1555. Siguiendo órdenes de Carlos V, restringió a Juana el acceso a cualquier información políticamente sensible. Durante cuatro años no informaron a Juana de que su padre había fallecido. Denia apartó a la infanta Catalina del cuidado de su madre en 1525, y dos años después se llevó en secreto el ataúd de Felipe el Hermoso para sepultarlo en la Capilla Real de Granada.

Hacia el final de su vida, a su familia empezó a preocuparle que el alma de la reina estuviera en peligro. No quería comer, ni se peinaba, ni tan siquiera se aseaba o vestía y se negaba obstinadamente a oír misa.

Juana I de Castilla murió el Viernes Santo de 1555, a los 76 años, tras haber permanecido confinada casi medio siglo. Francisco de Borja atestiguó que sus últimas y balbuceantes palabras habían sido «Jesucristo crucificado, ayúdame». Juana luchó durante toda su vida para ser una buena hija, esposa y madre. Aceptó que enfermaba con frecuencia y que, cuando eso ocurría, era incapaz de gobernar sus múltiples reinos.

¿Tú qué opinas? ¿Conspiración para arrebatarle sus reinos o realmente Juana tenía alguna enfermedad que le impedía gobernar?

El Dorado.

El oro es uno de los metales más codiciados del mundo y también una fuente de inspiración de aventuras y leyendas desde hace siglos. El Dorado es una de esas famosas leyendas, una mítica ciudad donde el oro era tan abundante que hasta el menaje de cocina estaba hecho de oro.

Según cuenta la leyenda, cuando Cristóbal Colón regresó a España tras descubrir América, él y sus hombres aseguraron que en las tierras donde sus embarcaciones encallaron había piedras y metales preciosos. Durante las décadas siguientes, los conquistadores españoles se sorprendieron con los notables objetos de orfebrería hechos por las culturas indígenas, y fue esa riqueza la que explicó sus agresivas empresas militares. En 1530 Francisco Pizarro secuestró al emperador inca Atahualpa y exigió́ como rescate una habitación llena de oro y otra de plata, demanda que fue cumplida por los indígenas.

Los conquistadores presenciaron una ceremonia a orillas del lago Guatavita, al oeste de la ciudad de Bogotá, donde los indígenas chibchas rendían homenaje a su nuevo rey repitiendo una antigua tradición. El rito comenzaba al amanecer, para saludar la salida del sol. El rey, un indígena de sorprendente musculatura, era desnudado y todo su cuerpo se cubría con polvo de oro para transformarlo en ‘el Dorado’. Se le colocaba en una balsa de junco, donde sus súbditos depositaban grandes piezas de oro y las características esmeraldas que han dado fama a la zona. En la balsa se subían otros cuatro guerreros que llevaban joyas, pulseras y coronas de oro. Una vez que la embarcación se hallaba en medio del lago, los pasajeros arrojaban todas sus ofrendas al agua. Esto despertó la codicia de los españoles, quienes en las etapas venideras hicieron grandes esfuerzos por dragar el agua del lago, trabajos que cobraron muchas víctimas y produjeron pobres resultados. Sin embargo, todo aquello fue dando forma a la leyenda y El Dorado no fue ya un personaje, sino un lugar creado por la imaginación colectiva. Llegó a decirse que se hallaba en la región inferior del río Orinoco, y después, que estaba cerca del Amazonas.

Una de las expediciones más famosas para encontrarlo la realizó Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro, en 1541. Sin embargo, no encontraron nada y muchos de los hombres que los acompañaban fueron víctimas de enfermedades desconocidas para ellos.

En los siglos XVII y XVIII aventureros como el inglés Walter Raleigh y el español Sebastián de Belalcázar buscaron infructuosamente El Dorado. En el siglo XIX la búsqueda cobró un nuevo impulso, pues el ilustre barón Alexander von Humboldt, quien había pasado meses siguiendo el curso del Orinoco, aseguró que en el fondo del lago Guatavita podría haber más de medio millón de piezas de oro, afirmación que carecía de fundamento porque todas ya habían sido retiradas.

Incluso a inicios del siglo XX el coronel inglés Perry Fawcett, que trabajaba en la traza de la frontera entre Brasil y Bolivia, escuchó la historia del lugar y decidió́ partir en su busca. No lo encontró́. En 1925 regresó al mismo sitio intentando hallar una ciudad hecha de cuarzo. Nunca se volvieron a tener noticias suyas.

En 1969 se encontró una elaborada figura de oro macizo, en una caverna próxima a Bogotá, que representa la ceremonia real que dio origen a la leyenda. Los historiadores la explican en términos de la ambición de los invasores y la corona a la que representaban. También podría ser la nueva recreación de un mito muy viejo, el de las Siete Ciudades de Cibola, supuestos asentamientos fundados por los obispos católicos al huir tras la invasión mora a Mérida, en el siglo XII. En ellos estaban todos los tesoros que los religiosos habían llevado consigo. Al no encontrarlos en Europa, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo se dijo que estaban allí. Junto con esa historia, cobró fuerza y notoriedad la leyenda de El Dorado.

Noche de San Juan.

La Fiesta de San Juan, también conocida como víspera de San Juan o noche de San Juan, se celebra el día 24 de junio y es la festividad del nacimiento de San Juan Bautista por parte del cristianismo.

El origen de esta costumbre se asocia con las celebraciones en las que se festejaba la llegada del solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte, cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era «dar más fuerza al sol», que a partir de esos días iba haciéndose más «débil», ya que los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente, el fuego también tiene una función «purificadora» en las personas que lo contemplaban. Se celebra en muchos puntos de Europa, aunque está especialmente arraigada en Inglaterra, Irlanda, España, Portugal, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Estonia.

La fiesta cristiana de San Juan es el 24 de junio, seis meses antes de la víspera del nacimiento de Jesús, que es el 24 de diciembre. Estos seis meses son la diferencia que los evangelios indican entre uno y otro nacimiento. No obstante, tres días de diferencia de ambas fechas con ambos solsticios hace que no sea razonable asignar esta fiesta al solsticio, y los estudiosos se inclinan por el hecho de que el 25 de diciembre, nacimiento de Jesús, se asocia más razonablemente a la celebración judía de la Hanukkah o dedicación del Templo (Jesús era el nuevo Templo para los cristianos). Según este razonamiento, la fiesta de San Juan no tendría nada que ver con las celebraciones paganas del solsticio de verano. Una diferencia de 3 días es demasiado margen para el conocimiento astronómico de cualquier época que consideremos.

No hay duda de que las celebraciones actuales tienen una conexión directa con las celebraciones de la antigüedad ligadas al solsticio de verano, influidas por ritos precristianos o simplemente vinculados a los ciclos de la naturaleza. Sin embargo, en otros lugares (por ejemplo, España y Portugal) la existencia de una vinculación entre las celebraciones del solsticio de verano (en el hemisferio norte) que tiene lugar el 20-21 de junio y las celebraciones del día de San Juan (el 24 de junio) varían en función de las fechas, la discontinuidad en la celebración, las tradiciones y costumbres o la ruptura con el pasado pre-cristiano que supuso el largo periodo de dominación musulmana en la península ibérica, que haría imposible cualquier vinculación con cultos paganos de una festividad vinculada al cristianismo. Pese a ello, se observan elementos comunes, como la realización de hogueras en las calles y plazas de las poblaciones donde se reúnen familiares y amigos.

Triángulo de las Bermudas.

 

Uno de los misterios más extendido por todo el mundo es el del triángulo de las Bermudas, pero ¿qué sabemos sobre este misterio? El Triángulo de las Bermudas está formado por 1,1 millón y medio de kilómetros cuadrados en alta mar dentro de un triángulo equilátero (de ahí su nombre) que forman las puntas de las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami. Este triángulo imaginario encierra un secreto dentro: cientos de barcos han desaparecido desde que se tiene noticia de este lugar, casi cien aviones y miles de personas. ¿Están todos ellos en el fondo del mar? ¿Han ido a otra dimensión? ¿Están hundidos con la ciudad perdida de la Atlántida? Hay un sinfín de teorías que no se han podido demostrar y que forman parte de su leyenda.

Todo empezó en el año 1945, cuando una cuadrilla de 5 aviones de la marina de Estados Unidos que sobrevolaban la zona desaparecieron. Incluso desapareció un sexto aparato, un avión de emergencia Martin Mariner, que acudió al rescate de los cinco primeros. Desaparecieron 27 personas sin dejar rastro. En la última comunicación que se tuvo con ellos, uno de sus miembros aseguró que estaban completamente perdidos y que no sabían qué rumbo tomar. Después… nada.

La primera noticia escrita de la que se tiene constancia es en 1950 de la pluma del periodista sensacionalista Edward Van Winkle Jones, que escribió en el diario Miami Herald sobre la extraña desaparición de un gran número de barcos en las costas de las Bahamas. Dos años después se sumó a este misterio el escritor George X. Sand, que aseguró que en la zona había unas misteriosas desapariciones marinas. Más adelante, en el año 1964, la revista de artículos de ficción Argosy Magazine publicó un completo artículo titulado «El mortal Triángulo de las Bermudas» en el que hablaba de extrañas desapariciones, fenómenos paranormales y misterios que hacían que quién navegaba esas aguas automáticamente desaparecía.

Pero ¿qué tiene de especial ese lugar? Es un lugar de paso muy frecuentado por barcos y aviones que viajan desde el continente americano a Europa. Sus fuertes vientos y las corrientes del Golfo hacen que tanto la navegación como los vuelos sean más rápidos. Es una especie de «atajo» o «ruta rápida» para viajar hacia Europa. Y, cuanto mayor es el número de embarcaciones o aviones que pasan por allí, mayor es la probabilidad de que les pase algo.

 

Aunque no se ha podido demostrar, existen diversas teorías que pretenden explicar el fenómeno que ocurre en esta zona. Estas son algunas de las más sorprendentes e interesantes:

 

Un agujero negro

Si bien es cierto que los agujeros negros existen y hay toda una teoría desarrollada por numerosos científicos, entre ellos el famoso Stephen Hawking, es improbable que en esa zona haya uno. ¿Por qué? Porque un agujero negro es una región finita del espacio en el que la masa concentrada es tan potente que nada se escapa a su control. Es decir, si existiera un agujero negro en las aguas o el cielo de esa zona, todo lo que pasara por allí desaparecería sin excepción. Si hacemos caso a esta teoría, un barco que se haya quedado varado en las aguas del Triángulo de las Bermudas traspasaría esa puerta al resto del Universo y le podrían suceder tres cosas: se congelaría irremediablemente, se haría cenizas en un instante o traspasaría las leyes de la física conocidas y se teletransportaría a otro punto del universo en el que no pasaría absolutamente nada. Esta teoría es muy improbable puesto que nada escapa al campo gravitatorio de un agujero negro, por lo que tampoco habría ni agua, ni tierra, ni nada en esa zona.

 

La Atlántida

Ni siquiera se ha demostrado que la Atlántida exista, pero esta teoría la siguió el psíquico Edgar Cayce (1877-1945) asegurando que los atlantes tenían una tecnología súper desarrollada consistente en «cristales de fuego» que literalmente lanzaban rayos y obtenían energía. El experimento les salió tan mal a los atlantes que su maravillosa isla terminó hundida y el poder de estos cristales, que seguiría activo hoy en día, interfiere con los aparatos tecnológicos de barcos y aviones.

 

OVNIS

Otra teoría muy poco probable es que la zona es una estación extraterrestre en la que los OVNIS se apropian de personas para llevárselas a sus planetas para estudiarlos. Las teorías más alarmistas aseguran que los extraterrestres nos estudian con el fin de saber cuál es nuestra tecnología y nuestras habilidades para después usarlas en nuestra contra e invadirnos. Las más amables dicen que los extraterrestres se apropian de personas en esta zona estacional con el fin de salvar a la humanidad del gran Holocausto final.

 

¿Y qué opina la ciencia sobre El Triángulo de las Bermudas?

Igual que ocurre con las leyendas, las posibles teorías científicas también son muchas. Por norma general, tendemos a dotar de un significado sobrenatural aquello que no podemos explicar, pero la realidad también puede acabar con una buena historia de ficción. Estas son algunas de las teorías más probables:

 

Errores humanos

Por desgracia, los errores humanos ocurren. Muchos de los accidentes que han tenido lugar en estas zonas tienen que ver con errores de cálculo, con fallos tecnológicos propios de grandes aparatos o con malas decisiones. Es algo que nunca se podrá demostrar, simplemente, porque ocurren en zonas que al ser tan extensas y alejadas de las costas, recuperar restos se hace prácticamente imposible.

 

Meteorología

Otra de las posibles teorías es la climatología. Tifones, huracanes y grandes tormentas que provocan olas de cientos de metros pueden ser las causantes de los accidentes de grandes embarcaciones en el mar y aeronaves en el cielo.

 

Variaciones magnéticas y niebla electrónica

Hay una teoría, mitad ciencia y mitad ficción, que habla de una niebla electrónica. Este concepto lo acuñaron Rob MacGregor y Bruce Gernon en su libro The Fog. Ambos, supervivientes de un accidentado viaje por la zona, aseguraron que un vórtice electrónico en medio de una niebla espesa chocó contra las alas de su avión. Debido a esta niebla electrónica todos los aparatos tecnológicos del aparato, que eran de los años setenta, se estropearon dejando a la pareja sin rumbo y sin visión. Según su propio relato, 75 minutos después aparecieron en una zona de Miami en la que era imposible estar en tan poco tiempo. ¿Realidad o ficción? Puede que ambas, ya que el Triángulo de las Bermudas es uno de los dos lugares de la Tierra en los que las brújulas señalan el norte verdadero y no el norte magnético, de ahí que se diga que en el Triángulo de las Bermudas las brújulas se estropean. Se tienen datos de que al propio Cristóbal Colón le sucedió esto en su viaje hacia el nuevo continente. A su paso por la zona, el 8 de octubre de 1492, las brújulas «se estropearon» y dejaron de marcar el rumbo. Colón no dijo nada a su tripulación y probablemente eso evitó que le tiraran por la borda en un punto en el que ya estaban desesperados por alcanzar tierra firme.

 

Agujeros azules

El subsuelo marítimo de Las Bahamas tiene agujeros azules. ¿Y qué son los agujeros azules? Pues grutas de miles de años que existen en la zona y que crean corrientes muy fuertes que son capaces de lanzar a la deriva barcos de gran tonelaje. Son cuevas verticales muy profundas y se tiene constancia de que la más profunda del mundo, situada en esta zona, se llama agujero azul de Sansha Yongle y tiene 300 metros de profundidad. Pero estos agujeros no sólo existen aquí. También los hay en la península de Yucatán y en el arrecife Lighthouse de Belice, en Centroamérica.

 

Explosiones de metano

Un reciente descubrimiento en las aguas de Noruega puede aportar una nueva teoría respecto al Triángulo de las Bermudas. En esta zona, en unos cráteres muy profundos, similares a los agujeros azules, habría grandes concentraciones de gas metano. En la zona de las Bahamas, el calor de las aguas tropicales y el de los propios barcos haría que este metano explotase formando no sólo virulentas corrientes marinas sino destrozando buques y barcos como si fueran de papel.

 

Son muchas las teorías pero, hasta el momento, ninguna se ha podido demostrar. Y tú, ¿qué crees que ocurre en el Triángulo de las Bermudas?

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