Escondidos en la Selva III.

Después de darse un rápido pero refrescante baño en el manantial, Oliver llevó a Scarlett a la pequeña cueva que había encontrado a pocos metros de allí. Scarlett se quedó asombrada cuando vio todo lo que Oliver había hecho mientras ella disfrutaba de un agradable baño. Nada más entrar había una pared rocosa que resguardaba el interior de la cueva del viento tras la que Oliver había preparado un pequeño círculo con piedras y había depositado ramas secas para encender una hoguera. Al fondo de la cueva, Oliver había tendido en el suelo las esterillas, había puesto encima las mantas térmicas y había colocado su mochila a modo de almohada.

Oliver esperó la reacción de Scarlett, pero ella permaneció en silencio, observando hasta el más mínimo detalle que Oliver había tenido en acondicionar aquella cueva en un lugar íntimo y acogedor en el que pasar la noche.

—No es un hotel de cinco estrellas, pero no está mal para estar en medio de la selva —se justificó Oliver ante el silencio de ella.

—Es perfecto, una habitación de hotel rural en mitad de la selva —bromeó Scarlett, agradecida por el detalle y el esfuerzo de Oliver.

— ¿Eso ha sido sarcasmo? —Preguntó Oliver desconcertado.

—No. Eso ha sido un agradecimiento por el enorme detalle que has tenido al preparar todo esto tú solo, sin protestar y además con buena cara —le respondió Scarlett y, con una traviesa sonrisa en los labios, añadió bromeando—: ¿El alojamiento también incluye servicio de habitaciones?

—Por supuesto, servicio de habitaciones y calefactor humano para las noches frías.

Entre bromas se encargaron de preparar la cena, una lata de conservas calentada en la improvisada hoguera. A Oliver le sorprendió lo divertido que le resultaba estar con Scarlett pese a estar en mitad de la selva en una misión extra oficial, porque no podía olvidar el motivo por el que estaba en aquella isla con Scarlett. Scarlett, superado el miedo de ver a Damian Wilson en el hotel y alejada de él en mitad de la selva, estaba disfrutando de aquella aventura en compañía del Capitán Parker, un hombre que le resultaba tan atractivo como misterioso y que estaba resultando ser un tipo encantador.

—Tengo entendido que estabas disfrutando de unas merecidas vacaciones en la isla tras terminar la carrera universitaria, ¿qué has estudiado? —Le preguntó Oliver después de cenar, sentados frente al calor de la hoguera.

—He estudiado psicología criminal —le respondió Scarlett.

—Quizás el General pueda darte trabajo en la base —comentó Oliver con cierto tono de reproche y a la vez de optimismo.

—Estoy segura de ello, pero también quiero explorar otras opciones.

— ¿No quieres trabajar con el General?

—No es que no quiera, es que sé que no acabará bien —le confesó Scarlett—. Puedes querer mucho a una persona, pero vivir y trabajar con ella es otra historia.

— ¿Dónde te gustaría trabajar?

—Todavía no lo tengo decidido, iba a tomarme estas vacaciones para pensar en ello, pero no podré hacerlo si me matan.

—Te prometí que no iba a permitir que te hicieran daño y soy un hombre de palabra —le susurró Oliver, acercando sus labios a los de ella lentamente.

Cuando sus labios estaban a punto de rozarse, el teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar, rompiendo la magia del momento, y ambos se separaron torpemente. Oliver resopló con frustración por la interrupción, pero respondió a la llamada de inmediato al ver en la pantalla del teléfono que se trataba del Coronel.

—Coronel —saludó al descolgar.

—Oliver, estoy con el General y con el equipo —le informó el Coronel Wilmore—. Damian Wilson tiene a sus hombres custodiando todas las salidas por aire y por mar de la isla, debéis permanecer en la selva unos días hasta que den por sentado que han llegado tarde y que ya habéis abandonado la isla. Caleb y Dexter están siguiendo sus movimientos, os mantendremos informados de cómo va la situación, pero debemos restringir las comunicaciones para no alertar de vuestra presencia.

—Capitán, Damian Wilson no desistirá, irá a por Scarlett —intervino el General—. Sé que es el mejor agente y por eso confío en usted para que me traiga de vuelta a Scarlett. Cuide de ella, es todo lo que tengo.

—Lo haré —le aseguró Oliver—. Permaneceremos aquí hasta que Damian Wilson retire a sus hombres de la isla. Restringiremos las comunicaciones salvo para dar información imprescindible, si descubren nuestra posición…

—Estaremos vigilando sus movimientos, os alertaremos de cualquier peligro —le aseguró Caleb.

—Capitán, déjeme hablar con Scarlett —solicitó el General Turner y añadió dirigiéndose a Caleb—: Pásame la llamada a mi despacho.

—El General quiere hablar contigo —le dijo Oliver a Scarlett, entregándole el teléfono móvil.

Scarlett cogió el teléfono y, sabiendo que Oliver iba a estar pendiente de aquella conversación, saludó al General Turner:

—Buenas noches, General.

—Scarlett, ¿cómo estás? —Preguntó el General, preocupado por su única hija.

—Estoy bien, el Capitán Parker se asegura de ello —le respondió guiñándole un ojo con descaro a Oliver.

—Trátale, es el mejor de nuestros agentes y una gran persona —le advirtió, pues conocía el carácter de su hija—. Scarlett, Damian Wilson mantiene a sus hombres vigilando todas las posibles salidas de la isla, por lo que tendrás que ocultarte en la selva con el Capitán Parker unos días más, hasta que crean que ya os habéis ido de allí y abandonen la isla. Sé que no es lo más idóneo, pero prométeme que no harás ninguna locura y seguirás las indicaciones del Capitán Parker.

—Te lo prometo, no tienes nada de lo que preocuparte —le aseguró Scarlett, que no quería preocupar más a su padre.

—Restringiremos las comunicaciones, solo llamaremos en caso de emergencia o cuando Damian Wilson y sus hombres hayan abandonado la isla —la informó el General y añadió para despedirse—: Te quiero, hija.

—Yo también te quiero —se despidió ella antes de colgar.

Scarlett le devolvió el teléfono móvil a Oliver con una sonrisa en los labios, pero se esfumó cuando vio la cara de pocos amigos de Oliver. Sin comprender a qué venía ese cambio brusco de actitud, le preguntó sin rodeos:

— ¿He dicho algo que no debía?

—No, supongo que has dicho lo que tenías que decir —musitó Oliver entre dientes.

Scarlett seguía sin entender nada, no le había dicho nada a su padre que hubiera podido provocar el mal humor de Oliver y no estaba dispuesta a olvidarse del tema.

—Vamos a pasar aquí unos días, puedes seguir de morros o contarme qué es lo que ha pasado para que estés enfadado.

—No estoy enfadado.

—Está bien, no me lo cuentes si no quieres —le provocó Scarlett.

—El General Turner es un gran profesional y una gran persona a la que admiro pero, sinceramente, no entiendo tu interés en él.

— ¿Mi interés por el General es lo que te molesta?

—He escucha que le decías que le querías y, cómo te he dicho, el General Turner es un buen hombre, así que me molesta que juegues con sus sentimientos.

— ¿Qué te hace pensar que juego con sus sentimientos? —Le espetó Scarlett, molesta por las continuas insinuaciones de Oliver.

—No parece que te incomode dormir abrazada a mí, pero le dices que le quieres.

—Duermo abrazada a ti para no pasar frío y le digo al General que le quiero porque le quiero, es bastante simple de entender —bufó Scarlett, visiblemente molesta.

—Me ha quedado muy claro —gruñó Oliver.

Ya no quedaba ni rastro de la paz y la complicidad que había entre ellos antes de recibir la llamada del Coronel. Habían estado a poco menos de un centímetro de rozarse con los labios, pero la magia del momento se desvaneció y ahora ambos estaban molestos. Aunque no le reconociera, Oliver estaba furioso y no podía evitarlo. Scarlett le gustaba pese a que acababa de conocerla, era una chica atractiva, inteligente y habían congeniado desde el primer momento, quizás por eso no podía aceptar que ella mantuviera una relación con el General, porque eso imposibilitaba cualquier posible acercamiento con Scarlett.

Sabiendo que si seguía hablando con Oliver acabarían discutiendo, Scarlett optó por irse a dormir y se tumbó en la improvisada cama que Oliver había preparado al fondo de la cueva. A Oliver le hubiera gustado regresar a casa y meterse en su cama, lejos de la tentación, pero él nunca dejaba una misión a medias y mucho menos una que le hubiera encomendado el General como un favor personal. Resopló con resignación y se tumbó junto a Scarlett, que estaba tumbada de lado, dándole la espalda.

Pese a que por el día el calor sofocante azotaba la isla, durante la noche la temperatura caía empicado llegando incluso a los 0 grados, sobre todo en el corazón de la selva. La madrugada fue especialmente fría y Scarlett se despertó tiritando de frío. Oliver se percató y esperó a que Scarlett se acercara a él, pero aquella testaruda pasar frío antes que acurrucarse junto a él.

—Ven aquí, cabezota —murmuró Oliver agarrándola por la cintura y arrastrándola junto a él, pegando su pecho a la espalda de ella—. Siento lo de anoche, no soy nadie para juzgarte.

—No puedes juzgarme porque no me conoces —le reprochó Scarlett mientras se dejaba abrazar por él.

—Vamos a tener que pasar unos días aquí, tendremos tiempo de conocernos mejor, ¿qué me dices?

— ¿Es una tregua?

—Es una tregua —le confirmó Oliver con una sonrisa en los labios—. Ahora duérmete y descansa, mañana seguiremos con esta conversación.

Scarlett durmió acurrucada junto a Oliver el resto de la noche. A la mañana siguiente, Scarlett se despertó sobre el lado izquierdo de Oliver, que no había dejado de abrazarla desde que la acurrucó junto a él de madrugada.

—Buenos días —la saludó él cuando abrió los ojos, con tono de voz suave y apacible, con cautela de no romper la tregua que habían pactado de madrugada.

—Buenos días —le devolvió el saludo Scarlett separándose de él, avergonzada y ruborizada por la situación.

Oliver suspiró con resignación, Scarlett le tenía tan hechizado como confundido, pero estaba dispuesto a colmarse de paciencia con tal de no romper la tregua. Le entregó a Scarlett un par de barritas energéticas y él se quedó con otras dos, aquel sería su improvisado desayuno. Tenían que pasar en la selva unos días más de lo previsto, por lo que tendrían que suministrarse bien la poca comida que tenían.

—Voy a salir a dar una vuelta, a ver si encuentro algo de comida comestible en esta selva.

— ¿Puedo ir contigo?

— ¿Tienes miedo de quedarte sola?

—Tengo miedo de que encuentres comida y te la comas toda —bromeó Scarlett sacándole la lengua como una niña pequeña.

—Está bien —le concedió Oliver, que tampoco quería separarse de ella—. No nos alejaremos mucho, solo quiero recoger algo de fruta y echar un vistazo por los alrededores. Si vamos a quedarnos por aquí unos días, debemos buscar un lugar más seguro en el que quedarnos, alejado del manantial y del río. En esta época del año, las tormentas torrenciales pueden aparecer en cualquier momento.

Scarlett se estremeció. La cueva donde habían pasado la noche estaba bien, pero en cado de lluvias fuertes toda la zona se inundaría, incluida la cueva en la que se encontraban.

Oliver decidió comenzar a explorar por las zonas más altas, que eran las más seguras en caso de fuertes lluvias. El terreno era escarpado y Oliver estuvo pendiente de Scarlett por si necesitaba ayuda, pero acabó sorprendiéndose con lo bien que ella se desenvolvía por aquella selva. El General había procurado que su única hija se desenvolviera ante todo tipo de escenarios y situaciones, por eso la enviaba todos los veranos a los campamentos de supervivencia que organizaba el ejército para los hijos de sus agentes.

Pasaron la mañana explorando la zona, recogieron algunas frutas con las que aprovisionarse y encontraron una cueva en una pared rocosa lejos del agua para evitar inundaciones y estable en caso de desprendimientos de tierra. Dejaron en la nueva cueva las frutas que habían recolectado y regresaron al manantial para recoger sus cosas y trasladarse.  

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