En poco más de media hora, Oliver y Scarlett salieron del hotel, llegaron a la oficina de alquiler de vehículos para devolver el coche alquilado por Oliver y aprovecharon para hacer algunas compras necesarias para el viaje que les esperaba.

En cualquier otra situación, Scarlett ya se hubiera deshecho de la compañía de Oliver. Odiaba que le dieran órdenes y no soportaba que su padre enviara a sus hombres para que le hiciesen de niñera, ya era mayorcita y sabía cuidarse sola. Pero esta vez era distinto, se trataba de Damian Wilson y ella sabía de lo que era capaz aquel asesino sin escrúpulos.

Compraron comida en latas de conserva, barritas energéticas, agua embotellada, algunos utensilios de cocina, mantas térmicas y todo lo básico para sobrevivir tres días mientras cruzaban la selva. Cuando salieron del supermercado comenzó a llover y Oliver aprovechó para comprar un paraguas grande en el que pudieran resguardarse de la lluvia y con el que poder ocultarse.

—No has dicho nada desde que salimos del hotel, ¿estás bien? —Le preguntó Oliver, mientras caminaban por las calles de la ciudad.

—Perfectamente —ironizó Scarlett—. Damian Wilson se ha escapado y está en la isla para matarme y, para huir de él, tengo que cruzar la isla a pie, atravesando la selva.

—Tampoco son unas vacaciones para mí —musitó él.

A Oliver le llamó la atención un todoterreno negro que circulaba extremadamente despacio por la carretera y rápidamente reconoció a los ocupantes: Damian Wilson con sus hombres. Scarlett también se percató del problema al seguir la dirección de la mirada de Oliver, quedándose petrificada. Por suerte para ambos, Oliver estaba entrenado para hacer frente a cualquier tipo de situación por peligrosa que fuera, y eso fue lo que hizo. Agarró a Scarlett por la cintura y la estrechó contra su cuerpo, dejando sus labios a escasos milímetros de los de ella, ocultando sus rostros con el paraguas.

—Pégate a mí y disimula —le susurró Oliver con la voz ronca.

Scarlett no pudo evitar sentirse atraída por él, no podía negar que Oliver era un hombre atractivo, con un cuerpo más que cultivado y que sabía lo que hacía. En definitiva, un hombre por el que cualquier mujer caería rendida a sus pies. A Oliver tampoco le fue indiferente aquel contacto con Scarlett, pese a que sospechaba que podía ser una joven amante del General Turner, no pudo evitar sentirse atraído por ella y por aquel misterio que la envolvía.

—Te preguntaría si estás bien, pero imagino que no —le susurró Oliver, rodeando con su brazo la cintura de ella para que caminara a su lado.

Caminaron por las calles de la ciudad durante más de una hora y pararon a comprar un par de chubasqueros para cubrirse y dos pares de botas de agua antes de penetrar en la frondosa y húmeda selva. Pese a que cruzar la isla a pie atravesando la selva no era la vía más rápida para llegar al norte, sí era la más segura para ambos, ya que en la selva no había carreteras ni se cruzarían con nadie que delatase su posición. Jugaban con ventaja, la selva era el último lugar donde Damian Wilson y sus hombres buscarían a Scarlett.

Estaba oscureciendo, pero Oliver quería adentrarse un poco en la selva antes de parar a descansar, tan solo por razones de seguridad. Mientras más lejos estuvieran de la civilización, menos posibilidades de encontrarles tendrían Damian Wilson y sus hombres.

Oliver fue abriendo paso entre la espesa vegetación de la isla y Scarlett le siguió el paso sin retrasar el avance, pese a que el terreno por el que caminaban era resbaladizo y estaba lleno de piedras, hoyos y raíces sobresalidas de la tierra que favorecían los tropiezos y las caídas. Scarlett se torció el tobillo en un par de ocasiones, pero continuó adelante sin quejarse ni lamentarse. Hasta que, dos horas más tarde, Scarlett ya no pudo más:  

—Estoy agotada, necesito parar a descansar —casi rogó, siendo la primera vez que articulaba una palabra desde que salieron de la ciudad.

—Buscaremos alguna cueva donde pasar la noche en aquella pared escarpada de la montaña, ¿crees que podrás llegar hasta allí?

Oliver señaló la pared de la montaña y Scarlett asintió, deseaba poder resguardarse de la lluvia y descansar las piernas. El último tramo hasta encontrar una cueva en la que pasar la noche se le hizo eterno, el terreno era bastante escarpado y ya no tenía fuerzas. Oliver la agarró de la mano y la ayudó a subir a lo alto de una roca desde donde accedieron a una pequeña cueva. Oliver ayudó a Scarlett a quitarse la mochila y después se quitó la suya propia. Sacó un par de esterillas de su mochila y las tendió en el suelo al mismo tiempo que le dijo a Scarlett:

—Siéntate y ponte cómoda, yo me encargo de encender el fuego para cocinar la cena y también nos servirá para calentarnos, la temperatura seguirá bajando esta noche. ¿Tienes hambre?

—Se me ha cerrado el estómago desde que vi a Damian Wilson —le confesó Scarlett.

—Deduzco que ya le conocías —comentó Oliver, cada vez más intrigado por el misterio que envolvía a Scarlett.

—Deduzco que el General Turner te ha ordenado venir en mi busca sin contarte nada de mí.

—En realidad, ha sido el Coronel Wilmore y, cómo te he dicho antes, se trata de una misión extra oficial, estoy aquí voluntariamente.

—Creía que a los tipos como tú no les gustaba hacer de niñera.

— ¿Los tipos como yo? —Repitió Oliver fingiendo estar ofendido.

—Eres un tipo duro, Capitán del Ejército, está claro que tu vocación no es cuidar de personas como yo —explicó Scarlett y añadió con coquetería—: Por cierto Capitán Parker, no me has dicho cuál es tu nombre.

—Me llamo Oliver —le respondió él con una seductora sonrisa en los labios.

Ambos se acomodaron en las esterillas, se deshicieron de los chubasqueros y las botas de agua, se arroparon con las mantas térmicas y cenaron una de las latas de conserva que calentaron en el fuego de la hoguera que Oliver había encendido.

La temperatura comenzó a descender notablemente y la pequeña hoguera no era suficiente para mantenerles calientes. Debido a la intensa lluvia, tampoco podían encontrar ramas ni hojas secas para añadir a la hoguera. Scarlett tiritaba de frío y Oliver la agarró por la cintura y la colocó entre sus piernas, abrazándola desde la espalda.

—Gracias —le agradeció Scarlett, apoyando la cabeza entre su hombro y su cuello—. Me alegro de que hayas aceptado hacer de niñera, si no hubiera sido así…

—No dejaré que te pase nada, te lo prometo —le aseguró Oliver.

—No deberías prometer lo que no sabes si podrás cumplir —le aconsejó Scarlett, acomodándose para acurrucarse contra el pecho de Oliver.

—Y tú no deberías subestimarme —bromeó él, envolviéndola con sus brazos para paliar el frío con el calor corporal—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Supongo que sí.

— ¿Por qué te ha escogido Damian Wilson como su objetivo?

—Hace tres años le detuvieron y le encerraron en una prisión de máxima seguridad, ahora se ha escapado y quiere vengarse.

—Pero, ¿por qué tú? ¿Ayudaste en algo para poder llevar a cabo su detención?

—Hace tres años, conocí a Damian Wilson en una fiesta, no sabía quién era y él tampoco sabía quién era yo —comenzó a decir Scarlett—. Esa misma noche presencié su detención y él me vio abrazada al General, así que no le costó atar cabos.

— ¿Qué relación tienes con el General?

— ¿Qué relación crees que tengo con él? —Le preguntó Scarlett sorprendida por la insinuación que implicaba aquella pregunta.

—Una relación por la que quiera matarme si nos viera en este momento.

—Probablemente no le gustaría nada vernos en esta postura, pero tampoco es para que vaya a querer matarte por algo así. Al fin y al cabo, solo tratas de evitar que muera de frío —añadió Scarlett en un susurro. 

—Estaría bien que se lo recordaras si algún día sale la conversación sobre esta situación —le dijo Oliver sin dejar de abrazarla—. Será mejor que te duermas, mañana nos espera un día largo y parece que no dejará de llover.

—Buenas noches, Oliver.

—Buenas noches, Scarlett.

A Scarlett no le costó quedarse dormida, se sentía segura entre los brazos de Oliver y ya no tenía frío. Sin embargo, Oliver apenas logró dormir tres o cuatro horas intercaladas en toda la noche. No quería moverse para no despertar a Scarlett, pero tenerla entre sus brazos durmiendo tan apaciblemente le había hecho sentir algo que hacía mucho que no sentía. No podía negar que aquella chica le atraía, pese a que tenía diez años menos que él. Pero no podía permitirse pensar en ella como algo más que la protegida de una misión, sospechaba que Scarlett podía ser la amante del General.

Scarlett se despertó al amanecer y se encontró con la sonrisa de Oliver nada más abrir los ojos. Había dormido toda la noche de un tirón y se había despertada en la misma posición que se durmió: acurrucada sobre el pecho de Oliver y envuelta entre sus brazos.

—Buenos días, Capitán —le saludó Scarlett con coquetería.

—Buenos días, Bella Durmiente —bromeó Oliver con la voz ronca, la atracción que sentía por ella era difícil de ocultar—. Tenemos que ponernos en marcha y seguir avanzando, a esta hora ya habrán averiguado que has huido conmigo y nos estarán buscando a ambos.

— ¿Crees que nos encontrarán?

—Perderán nuestro rastro en la ciudad y sopesarán nuestras opciones de huida. Tendrán el aeropuerto controlado y también el ferry que conecta las islas.

—Imagino que lo último que pensarán es que hemos decidido cruzar la isla atravesando la selva para dirigirnos a un pequeño puerto del norte. Por cierto, ya me dirás cómo piensas lograr que algún barco nos lleve al continente.

—De momento, empezaremos por desayunar y seguir avanzando, tardaremos un par de días en llegar al puerto.

Scarlett no dijo nada más, confiaba en Oliver y en el criterio del General y del Coronel. Si le habían asignado al Capitán Parker como escolta era porque podía fiarse de él.

Tras un rápido e improvisado desayuno, continuaron caminando hacia el norte, atravesando la selva para llegar a un pequeño puerto de un pequeño pueblo pesquero. Ambos estaban cansados, pero ninguno de los dos se quejó. Pese a que no habían pasado ni veinticuatro horas desde que se conocían, Oliver sentía la necesidad de proteger y cuidar a Scarlett, y esa necesidad no se debía únicamente a que formaba parte de su misión, sino a un sentimiento mucho más profundo que aún no había logrado descifrar. Scarlett también se sentía atraída por Oliver, le gustaba su apariencia de tipo duro y la dulzura con la que la trataba, pese a que sospechaba que era la amante del General.

Dejó de llover a media mañana y por fin salió el sol, aunque sus rayos apenas lograban traspasar la espesura de la vegetación de la selva. Oliver decidió parar a descansar y comer algo cuando pasaron por un pequeño manantial de agua cristalina bañado por los rayos del sol. Hacía calor y Scarlett no dudó ni un segundo en darse un baño en el manantial. Se deshizo de su ropa y, vestida tan solo con un sujetador y un diminuto tanga, se zambulló en el agua. Oliver intentó no mirarla mientras se desnudaba, pero acabó observándola sin ningún disimulo. 

—Voy a echar un vistazo por los alrededores, a ver si encuentro un buen lugar en el que refugiarnos de la intemperie para pasar la noche —se obligó a decir Oliver para distanciarse unos minutos, no podía pensar con lucidez en presencia de ella.

—Relájate un poco, ven y báñate en este precioso manantial de agua cristalina, a mí me está dando la vida —le dijo Scarlett invitándole a bañarse con ella.

—No creo que sea una buena idea —le respondió Oliver con la voz ronca.

— ¿Habla Oliver o el Capitán Oliver?

—Los dos.

— ¿Tan malo te resulta bañarte en el mismo manantial donde me estoy bañando yo? —Protestó Scarlett, visiblemente ofendida.

—No soy de piedra.

—Oh —Balbuceó Scarlett sonrojada.

—Exacto —le dijo Oliver cuando ella comprendió el motivo de su decisión—. No tardaré más de cinco minutos en regresar y no me alejaré.

Scarlett asintió con un leve gesto de cabeza y se quedó disfrutando de un agradable baño en el manantial mientras él echaba un vistazo por los alrededores. Oliver rodeó la pared de rocosa por donde se filtraba el agua del manantial y encontró una pequeña cueva lejos del agua en la que pasar la noche resguardándose del frío nocturno y también de una posible inundación en caso de lluvias torrenciales. Mientras Scarlett se bañaba en el manantial, Oliver se encargó de acondicionar la cueva ya que anochecería en un par de horas. Cuando regresó al manantial para darse un ansiado baño, se encontró a Scarlett envuelta en una diminuta toalla y lavando su ropa.

—Deberías darte un baño, te sentirás como nuevo —le dijo Scarlett mostrándole su mejor sonrisa.

—Creía que seguirías en el agua, ¿ya te has cansado de chapotear? —Bromeó.

—En primer lugar, yo no chapoteo —fingió hacerse la ofendida—. Y, si no sigo en el agua, es porque sé que no te ibas a bañar mientras yo estuviera ahí, así que he tenido piedad y aquí estoy.

—Menos mal que has tenido piedad —murmuró Oliver haciendo alusión a la diminuta toalla que cubría lo justo desde sus pechos hasta sus muslos.

— ¿Prefieres que me quite la toalla? —Le provocó ella.

—Señorita Sanders, ¿qué diría el General Turner si la escuchara hablar así?

—Probablemente le explotaría la cabeza —bromeó Scarlett.

Ambos rieron divertidos, les resultaba agradable poder bromear ante una situación tan estresante y se compenetraban muy bien. Oliver se desnudó por completo, dándole una magnífica vista a Scarlett de su firme trasero, y se bañó en el manantial mientras ella aprovechó para vestirse con ropa seca y cepillarse la maraña de pelos que tenía en la cabeza.