AuthorRakelRelatos

Cita 301.

«El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer.»

Walter Bagehot.

El Callejón del Beso.

Si vas a Guanajuato, México, con tu pareja, el Callejón del Beso es un lugar que no podéis dejar de visitar. Su nombre se debe a que las paredes entre sí son muy estrechas y están a menos de un metro de distancia. Existe una leyenda sobre este callejón que, a través del tiempo, se ha mantenido viva gracias al boca a boca. La leyenda trata sobre dos personas enamoradas: Carmen y Don Carlos, y eso es lo que cuenta:

Carmen era la única hija de un padre celoso, estricto y violento que la tenía alejada y aislada de la sociedad para que el amor de otro hombre no se la arrebatara de su lado. Pero Carmen de vez en cuando se escapada y, en una de esas escapadas, conoció a Don Carlos, un humilde minero, con el que se veía cerca de su casa, en una de las tantas iglesias de Guanajuato.

Un día su padre la descubrió, la encerró y la amenazo con enviarla a un convento  para después casarla con un rico y viejo noble español, quien de paso haría un favor al padre pues este aumentaría su fortuna. En aquellos tiempos, la mayoría de las doncellas tenían como fiel sirviente a una dama de compañía. Así que Carmen le pidió a su dama de compañía que le hiciera llegar una carta a Don Carlos en la cual le advertía sobre los planes de su padre. Don Carlos, como todo enamorado, estuvo pensando qué podía hacer y fue entonces cuando se dio cuenta que una de las ventanas de la casa de Carmen daba a un angosto callejón. El callejón era tan estrecho que con tan solo asomarse y estirarse un poco podía tocar la pared de la casa de enfrente. Si Don Carlos lograba entrar a la casa de enfrente, podría hablar con su amada desde los balcones y así entre los dos poder encontrar una solución a su problema.

Preguntando, Don Carlos averiguó quién era el dueño de la casa y la compró. Así, aunque Carmen estuviera encerrada y sin que su padre lo supiera, Carmen y Don Carlos pasaban largas noches hablando en los balcones. Hasta que un día el padre escucho murmullos en la habitación y encontró a la pareja reunida. Enfurecido y violento como era, clavó una daga en el pecho de su hija. Ante los hechos Don Carlos enmudeció de espanto y solamente dejó caer en las manos de su amada un tierno beso.

Pocos días después, Don Carlos al no poder soportar vivir sin el amor de Carmen se lanzó desde el tiro principal de la Mina de la Valenciana.

Cuenta la leyenda de El Callejón del Beso que, si una pareja visita este lugar y se da un beso justo en el tercer escalón de este callejón, tendrá felicidad durante siete largos años. Pero quien no lo haga y pase por el lugar, tendrá siete años de muy, muy mala suerte.

Si vas solo y sin pareja, no te preocupes, no caerá ninguna maldición sobre ti.

“El Callejón del Beso” mide 69 centímetros de ancho, los balcones de las dos casas de este callejón prácticamente se tocan. El lugar se ha convertido en uno de los lugares más visitados de Guanajuato, cientos de estudiantes, turistas y pueblerinos solicitan a los dueños actuales de las casas subir a las habitaciones para prometerse amor eterno.

 

Cita 300.

«Conozco esas lágrimas que no caen y se consumen en los ojos, conozco ese dolor feliz, esa especie de felicidad dolorosa, ese ser y no ser, ese tener y no tener, ese querer y no poder.»

José Saramago.

La Torre de Hércules.

La Torre de Hércules es el faro más antiguo del mundo en funcionamiento, el único romano y el tercero más alto de España gracias a sus 55 metros de altura (sólo superado por el de Chipiona y el de Maspalomas); es además Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2009 y, siendo tan antiguo, es fuente no sólo de historia sino también de algunas leyendas.

La mitología cuenta que el rey de Brigantium, un gigante llamado Gerión, obligaba a todos los súbditos que vivían en la zona a entregarle todos sus bienes, incluyendo incluso a sus hijos. Un día, Hércules llegó en barca a la ciudad, y los súbditos del gigante artos de los abusos a los que los sometían le pidieron ayuda.  Hércules decidió retar a Gerión a una pelea. Y como no, Hércules ganó. Enterró al gigante y construyó una gran estructura coronada por una antorcha. Alrededor de esta construcción fundó una ciudad. La mitología dice que la gente para fundar la ciudad fue traída desde Galatia, en Anatolia, y por eso se le acabó llamando Galizia. Como la primera mujer que llegó se llamaba Cruña, Hércules decidió ponerle ese nombre a la ciudad.

Esta leyenda es una de las más conocidas, y fue muy famosa durante los siglos XIX y XX, por eso, se cambió el nombre del faro de Brigantium al actual de la Torre de Hércules.

Aún quedan muchas incógnitas sobre el origen y el aspecto primitivo de la Torre de Hércules, pero los datos hasta ahora suministrados y contrastados por la investigación científica (excavaciones arqueológicas, estudio de los paramentos arquitectónicos y de los métodos constructivos, documentación conservada) permiten asegurar que fueron los romanos los constructores del primitivo faro.

La Torre de Hércules fue construida como faro por los romanos, posiblemente hacia finales del siglo I y comienzos del siglo II. De su primitivo aspecto hoy conservamos su interior revestido por un recubrimiento arquitectónico realizado a finales del siglo XVIII. A su pie, también se conserva una inscripción latina grabada sobre roca, hoy protegida por una pequeña edificación, en la que se recoge el nombre del posible arquitecto romano autor de la torre.

Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la ciudad de Aeminium (la actual ciudad de Coimbra en Portugal). Con los datos actuales disponibles y sin tener certeza absoluta, se atribuye su construcción a la época del emperador romano Trajano que gobernó entre los años 98 y 117 d.C.

No conocemos con certeza como era su aspecto exterior. Pero tras las excavaciones arqueológicas realizadas en la base de la Torre, sabemos que contaba con un muro perimetral exterior y con una rampa o escalera de piedra que daba acceso a la plataforma superior. Tampoco conocemos con exactitud cómo sería el coronamiento romano de la Torre, pero por los datos conservados tendría una planta circular acabada en forma de cúpula con un hueco en el centro para la salida de la luz y del humo que serviría de guía a los barcos. El núcleo interior, hoy conservado, tiene una base cuadrada en plata con cuatro huecos interiores que se comunicaban dos a dos; se articulaba en tres pisos de altura y los huecos estaban abiertos con bóvedas de cañón. Posiblemente estos espacios servían, entre otras funciones, para guardar el material combustible que ardería en la parte superior y también para resguardo del personal de servicio en la Torre.

En 1927 se realizó la electrificación del faro. En el siglo XIX y hasta finales del XX, las reformas fueron mínimas y apenas afectaron al interior de la Torre, tuvieron mayor importancia las que se acometieron en su entorno. En 1849, el interior de la Torre fue acondicionado para instalar las clases de la primera Escuela de Torreros de Faros de España, que se mantuvieron hasta 1854. Desde 1858 y hasta 1906 las paredes interiores de la Torre estuvieron revestidas con papel estampado. En 1909 la barandilla de madera de la escalera interior fue sustituida por otra de piedra. Y en 1861 y 1956 se construyeron diversos edificios destinados al alojamiento de los fareros, situados al pie de la plataforma de la base de la Torre.

En el año 2009 fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, hoy en día, ya sea por su historia o por sus leyendas, es un monumento imprescindible de visitar si estás haciendo turismo por la zona.

Cita 299.

«La mujer es un manjar digno de dioses, pero a veces la guisa el diablo.»

William Shakespeare.

Samuráis.

Todos hemos visto alguna película de samuráis, aunque ahora no estén muy de moda, hubo una época en la que sí lo estuvieron y el mundo del cine fue partícipe de ello. Nos referirnos a los samuráis como esos guerreros del antiguo Japón, capaces de manejar una catana como si fuera una extensión de su propio cuerpo, dominan las artes marciales y pueden ser tan sigilosos que pueden entrar o salir de una habitación sin que te des cuenta. Pero la verdad es que los samuráis eran una élite militar que gobernó Japón durante cientos de años.

El origen del samurái se remonta alrededor del siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país. Su momento cumbre tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como “período de los estados en guerra”. El liderazgo militar del país continuaría a manos de esta élite hasta la institución del shogunato Tokugawa en el siglo XVII por parte de un poderoso terrateniente samurái llamado Tokugawa Ieyasu, quien paradójicamente, al convertirse en la máxima autoridad al ser nombrado como shōgun, luchó por reducir los privilegios y estatus social de la clase guerrera, proceso que finalmente culminó con su desaparición cuando el emperador retomó su papel de gobernante durante la Restauración Meiji en el siglo XIX.

Históricamente, la imagen de un samurái estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue hasta que reinó una relativa paz que la espada adquirió la importancia con la que se la relaciona actualmente; la fantasía y la realidad de los samuráis se ha entremezclado e idealizado y sus historias han servido de base tanto de novelas, como de películas e historietas.

Los vínculos familiares, así como la lealtad de vasallos hacia el daimyō eran sumamente fuertes, y eran estos factores los que regían sobre la estructura de un ejército samurái.​ Cualquiera que naciera en una casa de guerreros era entrenado desde su niñez con el fin de convertirlo en un digno representante de sus antepasados.​ Por otro lado, las alianzas entre clanes representaron los vínculos más débiles y a lo largo de la historia se repitieron episodios donde un clan traicionó a su “aliado” en el mismo momento de la batalla.

Hasta mediados del siglo XVI, la organización común de un ejército samurái fue casi la misma:​al término de las campañas, el ejército se disolvía y la gran mayoría de los ashigaru y algunos samuráis regresaban a sus labores del campo. No fue hasta el periodo Sengoku en que algunos daimyō con suficientes recursos mantuvieron un ejército estable y buscaron un grado de especialización en el ejército, incluyendo la infantería.

La estructura jerárquica dependía de factores como el nacimiento, el vasallaje vitalicio y aspectos sociales y militares.​ En el vértice de la pirámide estaban los daimyō y a su lado sus parientes cercanos y familia; seguían los criados vitalicios de la familia, los cuales servían a su señor por muchos años; el siguiente escalón lo constituían los vasallos, ya fuera que se hubieran unido a su servicio o fueran obligados después de la derrota de sus antiguos señores.​ Los ashigaru del periodo Sengoku estaban en el último escalón y estaban divididos en tres secciones según el arma que manejaran, ya fueran arcabuces, lanzas o arcos.​ Había también ashigaru dedicados a servir a los distintos samuráis, otros eran portaestandartes y algunos otros estaban asignados a tambores.​

 

Durante gran parte del periodo Sengoku, se esperaba que todo samurái estuviese listo para presentarse en el campo de batalla con sus respectivas armas, armadura y caballo al momento de existir algún conflicto. Además se deseaba que cada uno proporcionara tropas al servicio de su señor acorde con la riqueza del feudo al que pertenecieran. De este modo el reclutamiento de las tropas necesarias recaía en los samuráis. Estos últimos llevaban consigo a otros samuráis o a jornaleros que dejaban sus tierras para convertirse en ashigaru.

Cuando había que reunir al ejército, se les notificaba la fecha y el lugar en que se pasaría revista. Cada ashigaru reunía sus armas y armadura a la espera de que sonara el horagai (trompeta de concha), el tambor o campanas, los cuales indicarían la hora de partir. Al llegar al punto acordado, el samurái les pasaba revista. Desde ese punto marcharían juntos para presentarse en el castillo y unirse al resto del ejército.​

Un aspecto de vital importancia a lo largo de la historia de los samuráis fueron los castillos. Las primeras fortificaciones en Japón eran difícilmente lo que la gente asocia con “castillos”, ya que eran elaboradas casi exclusivamente con madera. Se apoyaban mucho más en las defensas naturales y la topografía del lugar (como ríos, lagunas, etc.) que cualquier elemento creado por el hombre, y se prefería colocarlos en la cima de las montañas. Este tipo de construcciones, conocidas como kōgoishi y chiyashi, no se construían pensando a largo plazo, por lo que los nativos del archipiélago construían estas fortificaciones y posteriormente eran abandonadas.

Los habitantes de Yamato comenzaron a construir ciudades al inicio del siglo VII, expandiendo el complejo del palacio, rodeado a los cuatro lados por murallas y unas puertas impresionantes. Las fortificaciones de madera se construyeron a lo largo del país para defender el territorio de los emishi, los ainus y otros grupos. A diferencia de sus predecesores, estas construcciones eran relativamente más duraderas y eran construidas durante tiempos de paz.

Hacia finales del periodo Heian, el nacimiento de la clase samurái influyó drásticamente en la construcción de los castillos. Esto se debió a que ya no solo se planeaba su posición con la idea de defender el territorio nacional de ataques externos, sino a que desde ese momento, los distintos clanes tuvieron que cuidarse unos de otros. Los llamados jōkamachi “pueblo bajo castillo” también aparecieron, crecieron y se desarrollaron. A pesar de los avances en cuanto a construcción, la mayoría de los castillos de la época permanecieron con la misma forma de las fortificaciones de madera de siglos atrás, solo que más largos y un poco más complejos.​ Del mismo modo se buscó ubicarlos en lo alto de las montañas, por lo que este tipo de castillos es conocido como yamashiro “castillo de montaña”.​

Algunas familias poderosas no solo controlaban un castillo, sino una serie de castillos, donde el principal era llamado honjō y los castillos satélite shijō. Aunque los shijō generalmente eran castillos en toda la extensión de la palabra, frecuentemente eran construcciones de madera o tierra. Usualmente, faros de fuego, tambores taiko o conchas marinas eran utilizadas para establecer comunicaciones entre los castillos a grandes distancias. El Castillo Odawara de la familia Hōjō y su red de satélites era uno de los más poderosos ejemplos del sistema honjō-shijō; los Hōjō controlaban tanta tierra, que tuvo que crearse una jerarquía de sub-satélites.

Adiós 2021.

Apenas quedan un par de días para que acabe el 2021 y, como el año pasado, he decidido hacer un pequeño balance del año. No puedo decir que el 2021 haya sido un buen año, pero supongo que podría haber sido peor. La Navidad nunca ha sido una época del año que me apasione, más bien todo lo contrario. Aglomeraciones, compromisos ineludibles, parientes lejanos… Me considero una persona bastante social y extrovertida, pero la Navidad me supera. Si a eso le añadimos la situación pandémica en la que vivimos desde hace dos años, pues todavía peor. No lo voy a negar, la pandemia ha sido mi excusa más recurrente para eludir muchas cosas. Y es que, a estas alturas, yo pensaba que esto ya lo habríamos superado, pero parece que aún nos queda pandemia para rato.

En resumen, no ha sido el mejor año pero tampoco el peor. Pero bueno, vamos al meollo de la cuestión: los propósitos. Como todos los años, hago una lista de propósitos. El año pasado fui bastante realista y creo que, en menor o mayor proporción, la he cumplido.

Mis propósitos para el 2021 fueron:

  • Propósito 1: Pasar más tiempo en familia.

He pasado mucho más tiempo en familia que en el 2020, lo cual no lo puedo considerar un logro ya que en 2020 con el confinamiento poco pude salir… Pero sí que he pasado más tiempo de calidad y el resto lo he suplantado con llamadas telefónicas.

  • Propósito 2: Viajar más.

La pandemia ha jugado un papel muy importante con el tema de los viajes y sí, supongo que he viajado más que el año pasado, pero tampoco puede considerarse un logro… El turismo de proximidad me ha recordado que muy cerca de dónde vivimos hay cientos de lugares interesantes para visitar y que no solemos tener en cuenta.

  • Propósito 3: Hacer más ejercicio.

Los gimnasios vuelven a estar abiertos, pero yo no he vuelto a uno en todo el año… Me he acostumbrado a hacer yoga en casa y salgo a correr un par de veces a la semana. Sé que no es mucho, pero al menos es algo.

  • Propósito 4: Leer más.

En el 2021 he leído un total de doce libros, que sale a una media de libro por mes, pero la verdad es que me leí los dos primeros en enero, otro en Semana Santa, siete en agosto y dos en noviembre. Lo sé, se puede mejorar y mucho. De hecho, ya tengo una lista de libros para pedírselos a los Reyes Magos. El próximo 2022 espero poder decir que leído muchos más libros que en 2021.

  • Propósito 5: Cambios en la decoración de casa.

Aquí puedo decir que este año me he salido. He cambiado el sofá del salón, he pintado las paredes y he cambiado los muebles del estudio y del dormitorio principal, he cambiado las cortinas de las habitaciones, algunos cuadros de las paredes y también el mueble del recibidor. En definitiva, ha sido un buen año en cuanto a cambiar la decoración de casa.

  • Propósito 6: Ahorrar dinero.

No ha sido difícil ahorrar un poco (tampoco es que haya ahorrado una barbaridad), pero es lo lógico cuando se sale menos. Evito los bares, los restaurantes, las discotecas y tengo una vida más casera, así que he ahorrado todo lo que hubiera gastando saliendo, pero también he invertido mucho dinero en la casa, así que los ahorros en realidad son “ahorritos”.

  • Propósito 7: Ser más positiva.

Lo intento, de verdad que lo intento. Pero cada uno es como es. Yo no me considero una persona negativa, pero sí realista. En los momentos difíciles, que este año también los ha habido, una parte de mí me decía que había logrado superar cosas peores y que, con el tiempo, se aprende  vivir con ello y se sale adelante.

  • Propósito 8: Comenzar a escribir una novela.

Este año he escrito mucho, muchísimo. El problema es que después de invertir horas y horas escribiendo, lo desechaba. No sé si me ha faltado inspiración o tal vez me ha sobrado. ¿Sabes cuándo tienes tantas ideas que quieres utilizarlas todas y al final acabas desesperándote? Pues eso es más o menos lo que me ha pasado a mí. En septiembre, después de meditar durante todo el verano cómo sería la historia que quería contar, comencé a escribirla. De momento, no la he desechado, aunque todavía no he llegado al final y ya la he reescrito dos veces. Tengo el primer borrador bastante avanzado y espero poder escribir el final en febrero, aunque después vendrán más meses de edición para terminar de encajar la historia y de cambios (cambio las cosas tantas veces que al final ya no sé ni por cuál me he decidido). En resumen, creo que voy por el buen camino. En cuanto al blog, la sección que inauguré en enero sobre historias y leyendas parece que está funcionando y la verdad es que me encanta, disfruto mucho sumergiéndome en historias de otras épocas y de otros mundos, en misterios que, a día de hoy, con toda la información, medios y tecnología que tenemos, seguimos sin averiguar.

Este año, no voy a cambiar mis propósitos, creo que están bien como están. Seguiré intentando pasar más tiempo con la familia, leeré, haré ejercicio y continuaré escribiendo.

Para este 2022, tan solo pido mucha salud y amor para todos, que nos hace falta para continuar luchando por nuestros sueños. Y no podía terminar sin desearos un feliz Año Nuevo y deciros que os cuidéis mucho y que disfrutéis, la vida es un suspiro.

 

 

Krampus, el Diablo de la Navidad.

En esta época navideña, no podía dejar escapar la oportunidad para hablaros de Krampus, un ser mitad cabra, mitad demonio; con cuernos, colmillos y pelos oscuro, una horrenda bestia que azota a la gente hasta que se vuelve buena. Krampus es un anti San Nicolás que viene con una cadena y unas campanillas, con una serie de varas de abedul para azotar a los niños malos y llevárselos al inframundo.

Su nombre deriva de la palabra alemana krampen, que significa garra, y se cree que es el hijo de Hel, de la mitología nórdica. Su leyenda forma parte de una traducción navideña secular en Alemania, donde las celebraciones de Navidad comienzan a principios de diciembre.

Krampus era todo lo opuesto al amable San Nicolás, que daba golosinas a los niños que eran buenos. Según el folclore, Krampus aparece la noche antes del 6 de diciembre, conocida como Krampusnacht o “noche de Krampus”. El 6 de diciembre también es el Nikolaustag o “día de San Nicolás”, cuando los niños alemanes comprueban si el zapato o la bota que han dejado la noche anterior contiene regalos (una recompensa por su buen comportamiento) o una vara (para los malos).

Una perspectiva más moderna de la tradición en Austria, Alemania, Hungría, Eslovenia y la República Checa consiste en que hombres borrachos se vistan de demonios y vaguen por las calles en un Krampuslauf, una especie de carrera de Krampus en la que persiguen a la gente.

La Iglesia católica prohibió durante años la terrorífica presencia de Krampus y las escandalosas celebraciones, y durante la Segunda Guerra Mundial, los fascistas veían a Krampus como algo vil, porque se consideraba una creación de los socialdemócratas. Pero Krampus parece estar reapareciendo en algunos países, en parte gracias a la cultura pop, ya que la gente busca celebrar estas festividades de formas poco tradicionales. En Estados Unidos, la gente está sumándose a la moda de las “fiestas de Krampus”. Por su parte, Austria intenta comercializar este duro personaje vendiendo chocolate, figurines y cuernos coleccionables.

¿Qué niño se atrevería a portarse mal sabiendo que Krampus puede venir a buscarlo y llevárselo?

Cita 298.

«El lujo arruina al rico y aumenta la miseria de los pobres.»

Denis Diderot.

El Rey Mulhacén.

El nombre de Muley Hacén aparece por primera vez en las crónicas durante la sublevación de su padre contra el sultán de Granada, Muhámmed XI “El Chiquito”. Allí se le describe como un hombre bravo, arrogante, impetuoso y entusiasta por la causa de su patria.

Para conseguir los máximos apoyos musulmanes, el padre de Hacén, Abu Nasr Saad “Ciriza”, rompió relaciones con Castilla a la muerte de Juan II y se proclamó sultán legítimo en Ronda, controlando la parte occidental del emirato. Ese mismo año, en 1454, “El Chiquito” firmó una tregua con Castilla que aseguraría el reino, pero le hizo perder muchos apoyos.

Los ejércitos de Saad derrocaron al «Chiquito», que se escondió en Málaga con toda su familia, pero finalmente fue capturado por Hacén y llevado a la Alhambra para ser ejecutado con toda su familia en alguno de los patios de la fortaleza granadina. Ciriza se hizo sultán y trató de combatir a los castellanos, aunque en 1457 se ve obligado a firmar una tregua.

En 1462, Ciriza hizo matar a varios miembros de la prestigiosa familia de los Abencerrajes haciendo huir al resto del clan a Málaga, donde llamaron a las armas a Yusuf V, un antiguo sultán que había gobernado durante 6 meses, entre 1445 y 1447. El pulso entre los Abencerrajes y Ciriza se alargó hasta el invierno de 1462, cuando Yusuf logró entrar triunfante en Granada, donde días después fue derrotado por Ciriza, que recuperó el trono.

Pero los Abencerrajes no se dieron por vencidos y urdieron un nuevo plan en el que incluyeron a Muley Hacén, el hijo de Ciriza. En agosto de 1464, con la ayuda de los Abencerrajes, Hacén usurpó el trono a su padre y ordenó su encarcelamiento. Así comenzó su sultanato.

Una de las muchas leyendas sobre Muley Hacén narra la historia de Isabel de Solís, una joven noble que es raptada en una de las muchas razias efectuadas en territorio castellano. Isabel fue hecha cautiva en la Alhambra, donde Hacén se enamoró perdidamente de ella y ella también de él, ya que renunció a su fe y se convirtió al islam con el nombre de Zoraida. Se dice que pronto se convirtió en la esposa favorita del harén, provocando los celos y la enemistad de Aixa, la esposa de Hacén que había dado a luz a Boabdil, su primogénito.

La fechoría de Muley Hacén no cayó en el olvido y, en 1480, el reino volvió a dividirse en dos facciones, los que estaban a favor de pactar con el reino de Castilla y los que querían combatirlo. Cada bando tenía sus candidatos, el de Hacén era el de las ideas combativas y el partidario de pactar tuvo como candidato a su hijo Boabdil, con el gran apoyo de su madre Aixa. Padre contra hijo por el poder, la historia se repetía. En esta coyuntura, los Reyes Católicos enviaron sus legados a Granada para exigir el pago de las parias estipuladas en los tratados acordados. Muley Hacén, arrogante como era, les respondió:

“Decid a vuestros príncipes que son ya muertos los reyes que pagaban vergonzoso tributo a los cristianos. Y que en Granada no se funden sino alfanjes y hierros de lanzas contra nuestros enemigos.”

En 1482, Rodrigo Ponce de León inició la campaña, tomando varias villas de la sierra de Ronda. En revancha, Muley asaltó por sorpresa Zahara de la Sierra en una noche de tormenta, pasando a cuchillo a todos sus habitantes. Para vengar la afrenta de Zahara, reunió 4000 infantes y 3000 caballeros, así como ilustres capitanes como Diego de Mena, el Adelantado Mayor de Andalucía Pedro Enríquez, Pedro de Zúñiga, Juan de Robles o Sancho de Ávila. Muchos morirían en aquel combate. La idea era tomar Alhama, considerada la “llave de Granada” y dar un golpe mortal a las continuas razias y ofensivas nazaríes. Y la tomaron, a sangre y fuego. Muley Hacén trató de recuperarla sitiándola, pero el mismísimo rey Fernando con cerca de 50.000 hombres, se acercaba a socorrer aquella avanzadilla.

Para hacer frente a los ejércitos cristianos, Hacén llegó a un acuerdo con su hijo para unir fuerzas y no debilitar el sultanato en aquellos difíciles momentos. Pero al recibir la noticia de la pérdida de Alhama, Boabdil lo traicionó, sublevándose en Guadix y se hizo con el trono en Granada ese mismo año.

Hacén y parte de su familia, como su hermano “El Zagal”, se establecieron en Málaga defendiendo aquel territorio contra los intentos de invasión cristianos, con buenos resultados. Aun hoy existe un cerro en los Montes de Málaga conocido como “Cerro de la Matanza”, más de 1500 hombres cayeron en aquellas alturas en nombre de los Reyes Católicos a manos de las tropas lideradas por “El Zagal”.

Boabdil, al conocer la victoria de su padre quiso demostrar que también podía obtener una victoria contra los cristianos. Salió de Garnata por Puerta Elvira al frente de un ejército a Lucena, pero sus tropas cayeron derrotadas y tratando de escapar, su caballo quedó atascado en el fango y corrió a esconderse entre las malezas. Fue encontrado y capturado, llevado prisionero al castillo de Lucena. Más tarde trasladado a Porcuna donde fue retenido en la torre del castillo que ahora lleva su nombre. La vestimenta, zapatos y espadas jinetas de Boabdil fueron regalados como obsequio por los Reyes Católicos a los captores del joven sultán. A día de hoy, todo el conjunto se conserva en el Museo del Ejército en Toledo.

Tras su captura, Hacén volvió a ocupar el trono de Granada. Para recobrar su libertad “El rey Chico” aceptó ser vasallo de Fernando y combatir a su padre como “buen vasallo”. Lograría hacerse con territorios en la zona de Almería con la promesa de hacer llevarles la paz con los demás reinos y la tranquilidad para cultivar sus tierras. Muley Hacén y su hermano combatieron a Boabdil, pero el viejo sultán ya tenía una avanzada edad y falleció en 1485, nombrado a su hermano El Zagal como su sucesor. La historia de El Zagal es muy interesante, al final pacta con su sobrino y se reparten el reino; Boabdil se queda con Madinat Garnata y la Alhambra; y el Zagal es reconocido señor del resto de ciudades nazaríes de importancia como Málaga, Almería y Guadix. Con la caída de Málaga en 1487, El Zagal se rinde y acepta vasallaje de los Reyes Católicos en 1489, entregándoles Almería y Guadix.

En 1491 se exilió en Fez, donde el sultán era de la familia, pero más partidario de Boabdil y, por orden del “Chico”, le arrancaron los ojos durante aquel exilio.

Según una de sus leyendas, la última voluntad de Muley Hacén fue la de ser inhumado en Sierra Nevada, en un lugar lo más cercano posible a su Granada y al cielo. Y entre Granada y el cielo se quedó, en las laderas del pico que recibió su nombre, el Mulhacén.

Los años pasaron y fueron muchos los que trataron de buscar la “tumba del rey moro” que se creía llena de tesoros, pero por más que se ha buscado en el lugar, todavía nadie ha podido encontrarlo.

 

 

 

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