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La protegida del Capitán 17.

El lunes por la mañana, Scarlett llamó a su ginecólogo y pidió cita para el viernes por la tarde, necesitaba confirmar de forma definitiva que estaba embarazada y necesitaba hacerlo antes de que Oliver regresara de su misión. Ese mismo día, cuando comió con su padre en la cafetería de la base y tras escuchar el escueto informe diario que le daba sobre la cómo iba la misión de Oliver, Scarlett le dijo a su padre:

—Papá, ¿te importa si me tomo libre el viernes por la tarde? Necesito hacer un par de recados y terminar de comprar algunos regalos de navidad.

—Puedes hacer lo que quieras siempre y cuando tengas terminado el informe del perfil sobre el líder de la banda de los barrios bajos.

—Lo tendrás el viernes a mediodía como muy tarde —le aseguró Scarlett.

Continuó con su rutina toda la semana, trabajando durante el día tratando de no pensar en Oliver y esperando su llamada a medianoche. El viernes a mediodía, Scarlett le entregó a su padre el informe con el perfil y, después de comer con él en la cafetería de la base como hacía todos los días desde que Oliver estaba fuera, se despidió y se marchó a casa. Tan solo quería pasar por casa para ducharse antes de ir al ginecólogo y se apresuró en hacerlo para que nadie la viera ni se diera cuenta que había vuelto del trabajo. No pudo evitar sentirse ridícula por andar escondiéndose, pero no tenía opción. Si estaba embarazada, quería que Oliver fuera el primero en saberlo.

Condujo hasta el centro de la ciudad, aparcó en el parking de la clínica y se dirigió a la recepción de la primera planta para anunciar su llegada. La recepcionista, con su eterna sonrisa y su habitual amabilidad, la hizo pasar a la sala de espera y, diez minutos más tarde, la hizo pasar a la consulta del doctor Robson.

—Buenas tardes, señorita Sanders —la saludó el doctor, que siempre la trataba de usted pese a que se conocían desde hacía más de diez años, señalándole uno de los sillones para que tomara asiento.

—Buenas tardes, doctor Robson —le devolvió el saludo Scarlett mientras se sentaba en el sillón.

—Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? —Le preguntó mientras echaba un vistazo a su expediente en el ordenador—. No tienes que realizarte la siguiente revisión hasta dentro de seis meses, así que no vienes por eso. ¿Qué ocurre?

—Estoy embarazada —le soltó Scarlett sin andarse por las ramas—. O eso creo.

— ¿Eso crees? Pues será mejor que primero nos aseguremos. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste con la menstruación?

—El día uno de noviembre.

— ¿Te has hecho un test de embarazo de la farmacia?

—Sí, ha dado positivo.

—Bueno, eso confirma que estás embarazada —opinó el doctor—. Te haremos una analítica de sangre y una ecografía para corroborarlo.

El doctor le tomó una muestra de sangre y después la exploró con el ecógrafo. Tras pasar la sonda de un lado a otro de su abdomen, finalmente se detuvo en el centro y anunció capturando la imagen:

—Aquí tenemos a tu bebé.

El doctor señaló una pequeña bolita blanca en la pantalla y Scarlett se la quedó mirando casi hipnotizada. Era la primera vez que veía a su bebé, como había dicho el doctor. De repente, un estrepitoso ruido como de caballos galopando le hizo dar un respingo y preguntó asustada:

— ¿Qué es eso?

—Son los latidos del corazón de tu bebé —le respondió el doctor con ternura—. Todo parece estar bien, te llamaré cuando tenga los resultados de la analítica y te daré cita para dentro de un par de semanas. Repetiremos la analítica y le haremos una nueva foto a tu bebé. 

El doctor le entregó tres ecografías con las primeras fotos de su bebé, Scarlett se emocionó y no pudo evitar soltar un par de lágrimas.

—Lo siento, últimamente estoy un poco susceptible —se disculpó, avergonzada.

—Es normal, tu cuerpo está revolucionado por las hormonas y estás más sensible de lo normal, cuando las hormonas se estabilicen estarás mejor.

Scarlett no pudo más que resignarse a sufrir los altibajos que le causaban las hormonas, que la habían vuelto extremadamente sensible. Tras guardar en su bolso el informe y las ecografías que el doctor Robson le había entregado, Scarlett se despidió del doctor y salió de la consulta. Iba distraída pensando en todo lo que el doctor le había dicho mientras recorría los pocos metros que la separaban de su coche cuando una mujer joven se dirigió a ella:

—Perdona, ¿tienes hora?

Scarlett miró su reloj de pulsera y le respondió:

—Son las cinco y cuarto de la tarde.

—Tengo cita en la consulta de la doctora y estoy un poco nerviosa, ¿tú también estás embarazada?

Tuvo que pensar su respuesta. Era la primera vez que le hacían esa pregunta y, pese a que ya estaba asimilando la noticia, prefirió mentir porque, además de ser una absoluta desconocida, hubo algo en ella que no le gustaba.

—No, solo he venido por una visita rutinaria. Disculpa, pero tengo prisa —añadió antes de dar media vuelta y seguir por su camino.

Se montó en su coche y regresó a casa. Se dirigió directamente a la cocina y, tras servirse un vaso de agua, sacó las tres ecografías del bolso y se sentó en uno de los taburetes, sonriendo al observar las primeras fotos de su bebé. Seguía estando nerviosa por la reacción de Oliver cuando le diera la noticia, pero la emoción que sentía al saber que un pedacito de Oliver y de ella crecía en su vientre le daba la fuerza necesaria para afrontar cualquier cosa. Amaba a ese bebé más que a su propia vida y estaba dispuesta a todo por él, aunque tuviera que hacerlo sin la ayuda de Oliver.

Como todas las noches desde que Oliver no estaba, Scarlett cenó en casa de la familia Parker. La abuela Sylvia estuvo pendiente de ella en todo momento y de vez en cuando la miraba y le sonreía con complicidad. Scarlett incluso llegó a sospechar que la abuela Sylvia había adivinado que estaba embarazada y, si así era, agradeció que no se lo mencionara.

Después de cenar, Scarlett regresó a casa y esperó la llamada de Oliver, que llegó pocos minutos antes de la medianoche.

—Hola nena, ¿qué tal estás hoy?

—Estoy feliz de escuchar tu voz, aunque reconozco que estaría mejor si tú estuvieras aquí. La espera se me está haciendo eterna.

—Te noto impaciente, ¿tienes ganas de jugar? —Le preguntó Oliver con tono burlón.

—Sabes que sí.

—Cariño, si todo sale bien, estaré ahí contigo en tres o cuatro días y te prometo que no me voy a separar de ti ni un solo segundo hasta después de navidad.

—Recuerda lo que acabas de prometer —le dijo Scarlett pensando que le venía muy bien aquella promesa teniendo en cuenta la noticia que le daría a su regreso.

—Y tú no olvides que te quiero.

—Yo te quiero más.

—Mm… ¿A qué se debe ese tan buen humor? —Quiso saber Oliver, sintiendo curiosidad por su repentino cambio en comparación a los últimos días.

—Acabas de decirme que estarás conmigo en tres o cuatro días, ¿te parece motivo suficiente para estar contenta?

—Estoy deseando estrecharte entre mis brazos, estar lejos de ti es una tortura —le susurró Oliver antes de añadir—: Cariño, tengo que colgar, pero mañana te llamaré de nuevo. Sueña conmigo, en nada estaré contigo.

—Buenas noches, cariño —se despidió Scarlett antes de colgar.

Apenas logró dormir un par de horas en toda la noche, estaba demasiado emocionada por los acontecimientos del día, no podía dejar de mirar las ecografías y ansiaba poder enseñárselas a Oliver.

Se despertó pasado el mediodía, cuando la abuela Sylvia, preocupada por no haberla visto desde la noche anterior, llamó al timbre. Scarlett bajó las escaleras con el pijama puesto y abrió la puerta.

—Cielo, ¿estás bien? Me he preocupado al no verte en toda la mañana, ¿estás enferma? —Le preguntó la abuela Sylvia.

—Anoche me costó dormirme y esta mañana me ha pasado factura —le respondió Scarlett echándose a un lado para invitarla a entrar y le ofreció—: ¿Te apetece un café?

— ¿Qué te parece si yo preparo el café mientras tú te vistes?

—Me parece perfecto, gracias abuela Sylvia.

Scarlett subió las escaleras, se dio una rápida ducha y se vistió antes de regresar a la cocina donde la abuela Sylvia la esperaba sirviendo el café.

—Siéntate y desayuna, aunque no sé si tanto café es saludable para ti —le dijo abuela Sylvia.

A Scarlett le sorprendieron las palabras de la abuela Sylvia, la había visto tomar café varias veces al día y jamás le había dicho nada, hasta ese día.

—Es mi primer café de la mañana, aunque me lo vaya a tomar a mediodía —se excusó Scarlett.

—Haz feliz a esta vieja y no te tomes más de un café al día.

—Haré lo que me pidas si te hace feliz —le respondió Scarlett con naturalidad.

Después de tomarse el café, Scarlett y la abuela se dirigieron a la casa de los padres de Oliver. Cynthia y Claire estaban con los niños, decorando el árbol de navidad. Joe estaba en el establo con Daniel e Izan, pero Cynthia les informó que regresarían en un par de horas para comer todos juntos. Scarlett no pudo resistirse a unirse a ellos cuando se lo pidieron, disfrutando como una niña más de los preparativos de los días previos al día navidad.

—Espero que Oliver regrese antes de navidad —comentó Cynthia con tristeza.

—Espero que así sea, ya han pasado dos semanas —apuntó Scarlett.

—No es fácil ser la esposa de un hombre que sirve a su país, pero el amor hace que todo pueda ser posible —opinó la abuela Sylvia.

—Mira el lado positivo —le aconsejó Claire con una sonrisa traviesa en los labios—, después de más de dos semanas separados el uno del otro, le daréis un buen homenaje al cuerpo.

— ¡Claire! —La regañó Cynthia.

—Probablemente se pasen un par de días sin salir de casa —añadió la abuela Sylvia siguiendo la broma de su hija.

—Abuela Sylvia, ¿tú también? —La reprendió Cynthia—. ¿Qué va a pensar Scarlett de nosotras?

—Pensará que nos gusta el sexo, como al resto de los seres vivos del planeta —le respondió Claire quitándole dramatismo al asunto.

Scarlett no pudo más que reírse con aquella conversación y lejos de sentirse incómoda o avergonzada, estaba relajada y a gusto con la familia de Oliver.

—Scarlett, tengo que ir a hacer unos recados a la ciudad esta tarde, ¿te apetece acompañarme? —Le propuso Claire.

—Sí, yo también tengo que hacer algunos recados —le respondió pensando en los regalos que aún le faltaban por comprar.

Después de comer, Claire y Scarlett fueron a la ciudad y pasaron la tarde recorriendo las tiendas del centro para comprar los regalos que les faltaban para navidad. Scarlett le compró a Oliver un reloj de pulsera como el que a él le gustaba. Se las ingenió para comprar a escondidas el regalo de Claire: un precioso vestido de noche para fin de año que Claire no se había dado el gusto de comprar porque era demasiado dinero para gastarse en un vestido solo para ella. Y también se compró un vestido negro con escote de palabra de honor sobre el cual se ceñía una tela de encaje que se extendía hasta sus manos en forma de manga francesa. El vestido se ceñía a su cuerpo hasta llegar a la altura de las rodillas, donde se expandía con una cola de sirena también cubierta de la misma tela de encaje.

Mientras se disponía a pagar los vestidos que había comprado, Scarlett miró hacia a la calle a través de los cristales del escaparate y le pareció ver a la misma mujer con la que se había cruzado la tarde anterior al salir de la clínica del doctor Robson.

—Aquí tiene, señorita —le dijo la dependienta entregándole las bolsas con los vestidos que había comprado.

—Gracias y feliz navidad —se despidió Scarlett de la amable dependienta antes de salir de la tienda con Claire.

En cuanto puso un pie en la calle, Scarlett miró a un lado y a otro en busca de aquella extraña mujer de aspecto enfermizo, pero no había ni rastro de ella. Claire le propuso parar en una cafetería a tomar un café y Scarlett se olvidó de aquella extraña mujer. Claire le confesó su intención de volver a ser madre y Scarlett sonrió al pensar que su bebé tendría un primito o una primita de la misma edad con quien podría jugar.

—Compaginar el trabajo, los niños, la casa y un marido no es fácil, pero merece la pena —le aseguró Claire—. Mi familia es mi prioridad y no la cambiaría por nada, salvo para ampliarla con un nuevo miembro —añadió guiñándole un ojo con complicidad—. Oliver va a ser un buen padre, los niños le adoran, tiene una paciencia inhumana y un don especial para que le obedezcan.

—No es lo mismo cuidar un rato de tus sobrinos que cuidar a tus propios hijos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana —comentó Scarlett.

—Oliver siempre se queda con los niños cuando Izan y yo nos tomamos un par de días para nosotros, hay que mantener viva la llama de la pasión.

Claire le contó docenas de anécdotas de Oliver y sus hijos mientras Scarlett la escuchaba prestándole toda su atención y sonriendo al imaginar las escenas que Claire le iba narrando. Cuando ambas regresaron a la granja, ya había oscurecido y todos las esperaban para sentarse a cenar.

La protegida del Capitán 16.

El domingo Scarlett se levantó temprano y salió a correr por los alrededores de la granja, el deporte siempre le había ido bien cuando estaba nerviosa o estresada. Al pasar junto a los establos, se encontró a Daniel que también salía a correr.

—Cuñada, ¿te parece bien si te acompaño? —Le preguntó Daniel con su eterno buen humor.

Scarlett aceptó encantada, cuanto más tiempo estuviera acompañada, menos tiempo tendría para darle vueltas a la cabeza. Scarlett se llevaba muy bien con Daniel, tan bien que a veces Oliver incluso se molestaba por la complicidad que existía entre su hermano y ella. Sin embargo, aquella complicidad no era más que una muestra de lo parecidos que eran, un sano cariño que sentía el uno por el otro como el de dos hermanos o dos buenos amigos.

Corrieron bordeando la orilla del río durante poco más de una hora y, cuando regresaban y pasaron delante de la casa de Daniel, él le dijo:

—Te invito a desayunar.

Scarlett adivinó que aquella invitación era obra de Oliver, que se había asegurado de que su familia no dejara que se sintiera sola ni un minuto, pero agradeció que Oliver hubiera tenido ese detalle y que Daniel se hubiera dejado convencer por su hermano. Daniel se encargó de preparar un rico y saludable desayuno con la ayuda de Scarlett, que se empeñó en echarle una mano pese a sus nefastas dotes culinarias. Desayunaron entre bromas y risas, visitaron el establo y le dieron de comer a los caballos. Daniel le ofreció dar un paseo a caballo y enseñarla a montar, pero ella rechazó la oferta con amabilidad alegando que era muy parte, aunque la única razón era que sospechaba que podía estar embarazada.

—Oliver me ha pedido que te mantenga distraída y a salvo, te aseguro que no tengo ninguna intención de llevarle la contraria —se justificó Daniel—. Dime, ¿qué te gustaría hacer?

—Me gustaría poder ir al centro de operaciones y saber cómo va la misión de Oliver, pero mi padre me ha prohibido aparecer por la base hasta el lunes.

—Me temo que en eso no te puedo ayudar, pero estoy seguro que pasar el domingo con tu familia política te distraerá.

Y Daniel tenía razón. Comió en casa de los Parker con toda la familia, excepto con Oliver, y pasaron la tarde charlando en el salón. Jake y Noah estaban encantados con su nueva tía y ya la consideraban una más de la familia. La abuela Sylvia aprovechaba cada ocasión para comentar que Scarlett y Oliver hacían una pareja perfecta. Los padres de Oliver también se mostraban encantados de tener a su nuera tan cerca y de que se llevara tan bien con toda la familia. Cynthia y su marido Izan tenían más tiempo para ellos desde que Scarlett había aparecido en sus vidas, pues los niños la adoraban y se los llevaba de vez en cuando para darles el espacio y la intimidad que tanto necesitaban. En resumen, todo iba como la seda con su familia, pero Scarlett necesitaba averiguar quién era esa tal Wendy. Y esa no era su única preocupación, la ausencia de su menstruación y la sospecha de un posible embarazo la tenían atemorizada. No solo le preocupaba la reacción de Oliver, también la suya propia. No estaba segura de ser capaz de cuidar de un bebé las veinticuatro horas del día, ni siquiera había cambiado un pañal en su vida. Trató de convencerse de que la ausencia de su menstruación no era más que unos días de retraso causados probablemente por la tensión acumulada y decidió esperar unos días más. Si el viernes seguía igual, iría a una farmacia al salir del trabajo y compraría un test de embarazo para salir de dudas.

Cynthia insistió en que todos se quedaran a cenar, le encantaba tener la casa llena de gente, sobre todo si se trataba de su familia. Scarlett cenó con ellos, pero después regresó a casa y esperó la llamada de Oliver. No tuvo que esperar mucho, Oliver la llamó por teléfono justo cuando salía del cuarto de baño y se disponía a meterse en la cama.

—Hola cariño, ¿qué tal ha ido el día? —Le saludó Oliver en cuanto ella descolgó.

—Por aquí todo está igual, he pasado el día con tu familia. Y tú, ¿cómo estás? ¿Cómo va la misión?

—No hemos avanzado mucho desde que llegamos, pero no perdemos el ánimo, todos queremos regresar a casa cuanto antes.

— ¿Me echas de menos?

—Te echo muchísimo de menos, nena —le aseguró Oliver—. Quiero acabar con esta misión cuanto antes para regresar a tu lado, no lo dudes ni un segundo.

—Yo también te echo de menos, me cuesta dormir sin sentir tus brazos rodeándome.

—No sigas por ahí, por favor —le rogó Oliver con la voz ronca.

—Te advertí de que me estabas malacostumbrando, ahora estoy sola en una cama enorme y sin nadie con quien compartirla…

—Nena… —la interrumpió Oliver y añadió casi suplicando—: Se me ha puesto dura solo de escuchar tu voz, no me tortures de esa manera.

— ¿Desde dónde me llamas? ¿Es una línea segura?

—Sí, pero sé lo que estás pensando y no. Puede que nadie esté escuchando en este momento, pero también es posible que alguien decida ponerse a escuchar si la llamada es larga.

—Seré buena, pero solo porque torturarte a ti es torturarme a mí misma —refunfuñó Scarlett.

—Te lo compensaré cuando regrese a casa, nena —le prometió Oliver y añadió para despedirse—: Tengo que colgar, pero te llamaré de nuevo mañana por la noche. No olvides que te quiero, cariño.

—Tú tampoco olvides que yo también te quiero —se despidió Scarlett antes de colgar.

Al día siguiente, Scarlett fue a trabajar como todos los lunes, salvo que esta vez el trayecto en coche hacia la base lo hacía sola, sin la compañía de Oliver. Lo primero que hizo nada más llegar fue dirigirse al centro de operaciones para averiguar cualquier cosa sobre Oliver y su equipo, pero su padre la detuvo justo cuando cruzaba la puerta.

—Cielo, no deberías estar aquí —le recordó el General Turner.

—Solo quiero saber que todo va bien y que Oliver y su equipo están bien.

—Todos están bien, jamás te mentiría y te prometo que serás la primera en enterarte cuando haya novedades.

Scarlett sabía que era mejor mantenerse al margen para no desconcentrar a Oliver ni al resto del equipo, pero todo se veía distinto desde su posición. Ante la firme negativa de su padre, decidió dirigirse a su puesto y se entretuvo con su trabajo. A la hora de comer, el General pasó a buscarla por su despacho y la invitó a comer en la cafetería de la base. El General calmó a su hija contándole pequeñas pinceladas sobre la misión de Oliver y le aseguró que estaría de vuelta antes de navidad.

Durante los días siguientes, Scarlett mantuvo la misma rutina. Se levantaba temprano para ir a trabajar, comía con su padre en la cafetería de la base, cenaba en casa de los padres de Oliver con toda su familia y esperaba su llamada a medianoche para escuchar cómo le decía que la quería y la echaba de menos.

El viernes por la tarde, Scarlett no se dirigió a casa nada más salir del trabajo. Seguía sin tener la menstruación, así que decidió pasar por una farmacia y parar a comprar un test de embarazo. Era la primera vez que se veía en aquella situación, pero no tuvo ningún pudor a la hora de pedirle a la farmacéutica lo que deseaba cuando se lo preguntó:

—Tengo un retraso de una semana y quiero hacerme un test de embarazo.

— ¿Quiere uno sencillo o uno digital?

— ¿Qué diferencia hay?

La farmacéutica cogió un par de cajas con dos modelos distintos de test de embarazo y le respondió:

—Este es más básico y sencillo. Haces pipí sobre el colector absorbente, esperas un par de minutos y en la línea de control aparecerá una raya si no estás embarazada y dos rayas si lo estás —le explicó mostrándole la foto del dispositivo que aparecía en la caja antes de proseguir con su explicación—. Y este otro es digital, funciona exactamente igual que el otro, pero el resultado lo puedes leer en esta pequeña pantalla.

— ¿Cuál es más fiable?

—Ambos son fiables, el margen de error es del 0,01%. Pero es recomendable hacer el test con la primera orina de la mañana, es la más fiable.

—Y, con una semana de retraso, ¿puedo hacer el test?

—Puede hacerse el test desde el primer día de retraso. En su caso, el resultado será más que fiable —le respondió la farmacéutica con una amable sonrisa.

—De acuerdo, pues deme un test de embarazo digital y saldré de dudas.

—Ya verá que es muy fácil de usar y de leer el resultado —le aseguró mientras le cobraba.

Scarlett guardó la compra en el bolso y se dirigió a la granja para cenar con la familia de Oliver como todas las noches. Después de cenar, regresó a casa y esperó la llamada de Oliver.

No pegó ojo en toda la noche, jamás había estado tan nerviosa, ni siquiera cuando sabía que Damian Wilson y sus hombres la buscaban para acabar con ella. Ser madre era una gran responsabilidad y Scarlett no estaba segura de estar preparada para ello. Se levantó al amanecer, buscó el test de embarazo en su bolso y, armándose de valor, entró en el cuarto de baño.

La farmacéutica tenía razón, el test de embarazo era fácil de usar y ahora solo tenía que esperar un par de minutos hasta que apareciera el resultado. Fueron los dos minutos más largos de su vida, pero al fin pudo leer el resultado: Embarazada +3.

Scarlett descubrió que estaba embarazada de más de tres semanas. Tenía que pedir cita con el ginecólogo, necesitaba escuchar el diagnóstico de la boca de un doctor para confirmar lo que ya sabía pero no podía asimilar. El cúmulo de emociones y los nervios ante aquella situación la desbordaron y acabó vomitando. Cuando logró calmarse, se lavó los dientes, se dio un largo y relajante baño de sales aromáticas y más tarde bajó a la cocina a desayunar.

Estaba terminándose de tomar el café cuando sonó el timbre y se levantó para recibir a cualquier miembro de la familia Parker. Abrió la puerta y se encontró con la amplia sonrisa de Claire, la hermana de Oliver.

—Buenos días —la saludó Scarlett, la invitó a entrar y le ofreció un café que Claire aceptó de buena gana—. ¿Puedo ayudarte en algo o solo has venido para comprobar que estoy bien, siguiendo las órdenes de Oliver?

—Ambas cosas —reconoció Claire con una sonrisa traviesa—. Tengo que ir a la ciudad a comprar algunas cosas y he pensado que quizás querrías acompañarme. Ya sabes, un día de chicas. Comprar ropa, comer en un buen restaurante y, si mis hijos nos lo permiten, tomarnos una copa de vino cuando regresemos.

—Suena genial —se apuntó Scarlett.

Claire y Scarlett se terminaron su café y pusieron rumbo a la ciudad. Ambas se habían hecho grandes amigas desde que se conocieron meses atrás. Compraron lencería para sorprender a sus respectivas parejas con una noche romántica, compraron también algunos regalos de navidad para la familia y disfrutaron de un buen menú en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Llegaron a la granja a media tarde y se dirigieron a casa de Oliver para envolver y guardar los regalos de navidad de los niños. Claire no quiso desaprovechar aquella calma que reinaba en la casa, lejos del ruidoso caos de la suya, y le dijo a Scarlett:

—Voy a abrir una botella de vino, ¿te sirvo una copa?

—Eh… Solo una, el vino no me sienta bien —mintió Scarlett.

Claire la escudriñó con la mirada, la había visto beber vino muchas veces y jamás la había escuchado decir que le sentaba mal, pero tampoco le dio importancia. Abrió la botella y sirvió un par de copas de vino. Cuando un par de horas más tarde Izan fue en busca de su esposa, Scarlett apenas había bebido de su copa y Claire se había bebido unas cuantas, hasta que casi acabó con la botella ella sola.   

—Parece que os lo estáis pasando muy bien por aquí —bromeó Izan señalando la botella de vino casi vacía—. Lamento interrumpir vuestro estupendo día de chicas, pero la cena ya está lista, Cynthia me ha enviado a buscaros.

Alegre por las copas de más, Claire se dirigió a cenar a casa de sus padres con su marido y con Scarlett. Cynthia se percató de lo cariñosa que estaba su hija con su marido, invitó a sus nietos a pasar la noche allí y ambos niños aceptaron sin pensárselo.

—Mami, ¿tú también te quedas a dormir con la abuela? —Le preguntó Noah.

—No, cariño. La mami se queda en casa con el papi, a ver si lo convenzo para traer un hermanito o una hermanita a casa —le respondió Claire a su hija, haciendo reír a todos los presentes.

Aquellas palabras también hicieron sonreír a Scarlett, asimilando por primera vez que llevaba un pequeño ser en su vientre y sintiéndose feliz por ello. Después de cenar en casa de los Parker, Scarlett se excusó alegando que estaba cansada para marcharse a casa.

Deseaba escuchar la voz de Oliver, había pasado una semana desde que Oliver fue requerido para una misión y le echaba de menos. No habían pasado ni una sola noche separados desde que Scarlett llegó a la granja y, aunque seguía temerosa de su reacción cuando le dijera que estaba embarazada, deseaba que Oliver regresara a casa, que la abrazara y le susurrara que todo iría bien.

No tuvo que esperar mucho, Oliver la llamó antes de la medianoche y la saludó nada más descolgar:

—Hola cariño, ¿cómo estás?

—Ahora bien —le respondió Scarlett—. Estaba esperando tu llamada, necesitaba escuchar tu voz.

— ¿Va todo bien?

—Sí, todo está como siempre. Mi padre no deja que me acerque por el centro de operaciones de la base y tu familia sigue distrayéndome y haciéndome compañía para que no me acuerde tanto de ti y me sienta sola.

—Scarlett, no hay nada que desee más que estar contigo, ¿lo sabes, verdad?

— ¿Por qué me dices eso?

—Hace días que te noto distante, desde antes de marcharme —insistió Oliver, pues no era la primera vez que se lo mencionaba—. No sé qué es lo que ocurre, pero no quiero que dudes ni un segundo de lo que siento por ti y, cuando regrese, hablaremos de lo que sea que te mantiene tan lejos de mí.

—Lo único que me mantiene lejos de ti es la distancia —le respondió Scarlett con una verdad a medias—. ¿Habéis avanzado algo en la misión?

—No mucho, pero calculo que en una semana podremos estar de vuelta.

—Una semana más —murmuró Scarlett con resignación.

—Si todo va bien, estaré contigo un par de días antes de navidad —trató de animarla—. Ahora ve a la cama, cierra los ojos y sueña conmigo. Buenas noches, cariño.

—Buenas noches —se despidió Scarlett antes de colgar. 

La protegida del Capitán 15.

Después de aquella cena con el General plagada de noticias y revelaciones, Oliver y Scarlett aprovecharon los pocos días libres que les quedaban para ir al apartamento de ella y empaquetar todas las pertenencias de Scarlett para llevarlas a casa de Oliver, su nuevo hogar.

Tras unos días organizándose y asentándose en su nueva vida, Oliver retomó su trabajo en la base el mismo día que Scarlett comenzaba allí su trabajo como analista. Él estaba encantado, así podía pasar más tiempo con Scarlett; y ella, aunque estaba un poco nerviosa, se sentía feliz de vivir aquella nueva etapa junto a Oliver.

—Nena, te voy a echar de menos —le susurró Oliver antes de bajar del coche para entrar en la base.

—Va a ser raro, estoy acostumbrada a estar las veinticuatro horas del día contigo y me va a resultar extraño mirar alrededor y no verte.

—Iré a verte a media mañana para ver cómo te va y regresaré a mediodía para comer contigo, pero no será suficiente para no echarte de menos —le dijo Oliver depositando varios besos sobre su cuello.

—Esta noche recuperaremos el tiempo perdido —le susurró Scarlett.

Y así fue cómo sucedió el primer día y todos los que le siguieron. A Scarlett le gustaba su trabajo, se llevaba bien con sus compañeros y podía estar con Oliver durante el almuerzo. Oliver estaba feliz de poder compartir su rutina con Scarlett y, pese a que tenía que soportar las mofas de sus compañeros por cada gesto cariñoso que le hacía a Scarlett, estaba encantado con su nuevo papel de hombre enamorado. Al General Turner se le veía dichoso y satisfecho de que todo siguiera yendo tan bien entre su hija y el Capitán y, sobre todo, de que ella hubiera decidido trabajar en la base.

A pocos días de navidad, Scarlett se despertó y Oliver no estaba en la cama. Se levantó y bajó a la cocina, preocupada por si le pasaba algo, pero se detuvo a mitad de las escaleras al escuchar su voz procedente del salón:

—He estado liado con el trabajo, pero mañana iré a verte.

Scarlett no escuchó a nadie más, así que dedujo que Oliver estaba hablando por teléfono. Siguió escuchando a hurtadillas y hubo algo que dijo Oliver que le llamó la atención:

—Te prometo que mañana nos veremos. Buenas noches, Wendy.

Unos pasos alertaron a Scarlett, que estaba en shock al escuchar aquellas palabras de Oliver, y subió rápida y sigilosamente las escaleras. Regresó al dormitorio, se metió de nuevo en la cama y esperó a que Oliver se uniera a ella. Un minuto más tarde, Oliver se metió en la cama junto a Scarlett y ella le preguntó:

— ¿Va todo bien?

—Sí, solo he bajado a por un vaso de agua —le respondió Oliver dándole un beso en la frente y envolviéndola con sus brazos—. Vuelve a dormirte, cariño.

Scarlett no hizo más preguntas, pero no se quedó satisfecha con aquella respuesta. Todas las alarmas de su cuerpo habían saltado al escuchar el nombre de Wendy. Quería saber quién era, por qué hablaba por teléfono con Oliver a altas horas de la madrugada y por qué Oliver le había prometido que mañana se verían. Se estaba empezando a imaginar el peor de los escenarios cuando decidió parar y olvidarse del tema, por el momento. Confiaba en Oliver y quería darle el beneficio de la duda.

A la mañana siguiente, cuando Scarlett se despertó, Oliver no estaba en la cama. Sintió pánico al pensar que se hubiera ido con esa tal Wendy y bajó las escaleras para confirmar si Oliver seguía en casa.

— ¿A dónde vas con tanta prisa? —Le preguntó Oliver cuando se tropezó con ella en mitad del pasillo.

—Estás aquí —murmuró Scarlett confusa.

— ¿Y dónde quieres que esté? —Oliver la escrutó con la mirada y añadió—: Cariño, ¿estás bien?

—Sí.

—Vamos a la cocina, he preparado el desayuno —le dijo Oliver tras darle un leve beso en los labios.

Era sábado y no tenían que ir a la base a trabajar. Oliver notaba a Scarlett un poco extraña y quiso intentar animarla invitándola a comer un buen restaurante. Sin embargo, no causó el efecto esperado. En lugar de animarse, a Scarlett volvieron a invadirle pensamientos negativos y no podía quitarse el nombre de Wendy de la cabeza.

—Nena, ¿va todo bien?

— ¿Hay alguna razón para que no vaya bien? —Le replicó Scarlett sin poder ocultar su tono hostil.

—Estás distraída, distante y gruñona —señaló Oliver.

—Lo siento, no he dormido mucho esta noche —se disculpó Scarlett, convenciéndose a sí misma de que no había motivos para preocuparse.

A Oliver no le convenció aquella respuesta, pero decidió darle tiempo y espacio para que Scarlett le contara lo que se le pasaba por la cabeza cuando estuviera preparada.

Oliver y Scarlett estaban terminando de comerse el postre cuando el teléfono móvil de Oliver comenzó a sonar, haciendo saltar todas las alarmas de Scarlett.

—Es tu padre —la informó Oliver antes de descolgar y decirle a su interlocutor—: Imagino que no es una llamada de cortesía.

—Imaginas bien —le confirmó el General—. Tenemos una misión urgente y te necesito aquí, ¿estás en casa?

—Estoy en la ciudad con Scarlett, hemos salido a comer fuera.

—Deja a Scarlett en casa y ven a la base —le ordenó el General y añadió antes de colgar—, el resto del equipo ya está en camino.  

Oliver le dio la noticia a Scarlett, quien no se lo tomó nada bien pero se esforzó en ocultarlo. Tras pagar la cuenta del restaurante, regresaron a casa. Oliver entró en casa para coger su mochila de viaje y, al ver la angustia en los ojos de Scarlett, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído:

—Te llamaré todas las noches y regresaré antes de que te des cuenta.

—Te voy a echar de menos —confesó Scarlett.

—Y yo a ti, cariño. No olvides que te quiero —le dijo sin dejar de abrazarla—. Tengo que marcharme ya para la base, pero te llamaré todas las noches para decirte que te quiero.

Scarlett se quedó en el porche viendo cómo Oliver se marchaba en su coche a la base para llevar a cabo una misión y, cuando ya no lo tuvo a la vista, entró en casa. Su ánimo estaba por los suelos. Averiguar que Oliver hablaba por teléfono con una tal Wendy a altas horas de la madrugada la habían dejado en shock y que Oliver tuviera una misión que le mantendría lejos de casa durante varios días tampoco ayudaba a que se sintiera mejor. Ya no solo se preocupaba de que Oliver pudiera tener una amante, sino que también se temía que resultara herido durante la misión.

Se pasó toda la tarde dándole vueltas a la cabeza, hasta que el sonido del timbre interrumpió sus pensamientos y se levantó a abrir la puerta. Sonrió al encontrarse a la abuela Sylvia con un par de tuppers en las manos.

—Me he enterado que Oliver se ha tenido que marchar a una misión y he pensado que quizás te apetecería cenar con la compañía de esta vieja —le dijo la abuela Sylvia con su habitual tono dulce de voz.

—Por supuesto que me apetece tu compañía, abuela Sylvia —le aseguró Scarlett invitándola a entrar en casa.

Scarlett y la abuela Sylvia se dirigieron a la cocina y, tras servir los platos en la mesa, ambas se sentaron para disfrutar de la cena con una agradable charla.

—El trabajo de Oliver es peligroso y también le obliga a pasar más tiempo del que nos gustaría fuera de casa —comentó la abuela Sylvia—. Aunque imagino que, siendo tu padre un General, sabrás muy bien de lo que te hablo.

Scarlett supo perfectamente que la abuela Sylvia la estaba tanteando, probablemente para averiguar si sería capaz de aguantar el ritmo de trabajo de Oliver.

—Es la primera noche que paso sin él y, aunque soy consciente de que debería acostumbrarme, me temo que nunca lo haré.

—Oliver debería pensar en tomar un puesto de instructor en la base, se lo ofrecieron hace tiempo y lo rechazó porque dice que necesita acción.

—No sería feliz si dejara su trabajo —opinó Scarlett y le advirtió con tono amable—: Y presionarle para que cambie de puesto de trabajo solo causará el efecto contrario.

—Lo sé, tenemos que dejar que sea él quien tome sus propias decisiones, pero resulta difícil sentarse y no hacer nada cuando ves a tus seres queridos como echan su felicidad por la borda.

—No se debe presionar, pero se pueden dar sabios consejos a un ser querido —le respondió Scarlett guiñándole un ojo con complicidad.

—Eres una muchacha adorable y muy inteligente, me alegra saber que Oliver te ha escogido como compañera de vida y espero que pronto forméis una gran familia. Estoy segura de que vais a ser muy felices.

—Me temo que es un poco pronto para hablar de formar una familia y será mejor que no se lo menciones a Oliver, no vaya a ser que le dé por salir corriendo —bromeó Scarlett.

La abuela Sylvia arrugó el ceño un instante, sorprendida por las palabras de Scarlett. Hubiera puesto la mano en el fuego asegurando que Oliver deseaba tener hijos con Scarlett cuanto antes, pero aquellas palabras la confundieron.

—Sinceramente, creo que a Oliver le haría muy feliz ser padre.

Scarlett se tensó. Ella era un reloj cuando se trataba de la menstruación y llevaba un par de días de retraso, aunque no le había dado importancia hasta aquel momento.

— ¿Crees que a Oliver le gustaría ser padre tan pronto?

—Bueno, él ya va teniendo una edad…

—Pero hace pocos meses que nos conocemos.

—Cielo, habéis pasado los últimos seis meses las veinticuatro horas del día juntos, eso es más tiempo del que pasan muchos matrimonios con hijos.

—Todo ha pasado tan rápido y es tan perfecto que me da miedo que desaparezca igual de rápido que apareció —le confesó Scarlett.

Después de cenar y tras empeñarse en ayudarla a limpiar y recoger la cocina, la abuela Sylvia se marchó y Scarlett se quedó sola en casa. Se dirigió al dormitorio, se duchó y se metió en la cama a leer un libro mientras esperaba la llamada de Oliver.

Estaba a punto de dormirse cuando el teléfono comenzó a sonar y, tras mirar la pantalla y confirmar que era Oliver, descolgó y le saludó:

—Hola.

—Hola cariño, ¿te he despertado?

—No, estaba leyendo. ¿Qué tal ha ido el viaje?

—Ha sido largo, acabamos de llegar al campamento base —le respondió Oliver—. La misión es más complicada de lo que esperábamos y nos llevará más tiempo del que habíamos calculado.

— ¿Cuánto tiempo?

—No lo sé. Una semana, tal vez un mes —contestó desanimado.

—Prométeme que tendrás cuidado, quiero que regreses de una sola pieza, Capitán Parker.

—Cariño, no pienso en otra cosa que en estar contigo. ¿Me esperarás?

— ¿Acaso lo dudas?

—Scarlett, ¿qué es lo que ocurre? Llevas un par de días rara y me mata haberme ido dejando las cosas así.

—No ocurre nada de lo que debas preocuparte. Te quiero y estaré aquí esperando que regreses, ya sea una semana o un año —le aseguró Scarlett para no inquietarle ni desconcentrarle durante su misión por una tontería.

—No sabes cuánto desearía poder estar ahí contigo, abrazarte y acunarte hasta que te quedaras dormida.

—Mm… Hace unas horas que te fuiste y ya te echo de menos —se lamentó Scarlett al no poder tenerle allí con ella.

—Te lo compensaré, nena —susurró Oliver con la voz ronca—. Piensa qué quieres que hagamos cuando regrese, podríamos irnos de viaje unos días.

—La navidad está cerca, no creo que a tu familia y a mi padre les guste la idea de que nos marchemos de viaje en navidad.

—Podemos marcharnos después de navidad —insistió Oliver.

—Ya lo decidiremos cuando regreses —zanjó el asunto Scarlett.

—Tengo que colgar, nena —anunció Oliver, que no podía seguir manteniendo la línea ocupada—. Te llamaré mañana por la noche. Te quiero.

—Yo también te quiero —le susurró Scarlett antes de colgar.

La protegida del Capitán 14.

Un día después de llegar a la granja, Oliver le dijo a Scarlett que el General cenaría con ellos esa noche. Pese a que Scarlett no sabía nada, uno de los motivos por los que Oliver la había llevado a la casa franco era porque habían localizado a Damian Wilson y a sus hombres e iban a detenerlos. Oliver no quería que Scarlett se preocupara y, con la aprobación del General, decidió ocultárselo a Scarlett hasta tener la certeza de que la detención se había llevado a cabo con éxito.

Oliver quería contárselo todo a Scarlett antes de que llegara el General, sabía que a ella no le sentaría bien que le hubiera ocultado semejante información y que se avecinaba una discusión.

—Scarlett, tengo que decirte algo —anunció con cautela, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado en el sofá.

—Nunca me llamas por mi nombre, ¿ha pasado algo? —Preguntó ella preocupada.

—Han detenido a Damian Wilson y a sus hombres.

— ¿Cuándo?

—Hace unos días.

— ¡Hace unos días! ¡¿Y me lo dices ahora?!

—Nena…

— ¿Por qué no me lo has dicho antes, Oliver?

—No quería preocuparte. Además, me apetecía mucho pasar unos días contigo en la casa franco y si te lo hubiera dicho no hubieras querido ir —le respondió suavizando su tono de voz y añadiendo una nota de humor para rebajar la tensión.

—Me prometiste que no habrían más secretos.

—Lo sé, pero también he prometido que cuidaré de ti.

—Entonces, ¿ya no soy la protegida del Capitán?

—Nena, siempre serás mi protegida —le aseguró él estrechándola entre sus brazos. Le dio un leve beso en los labios y añadió—: Por cierto, creo que esta noche sería un buen momento para decirle a tu padre que vas a vivir aquí. A menos que te hayas arrepentido.

—No pienses que no me he dado cuenta de lo que has hecho —le acusó Scarlett, deduciendo que le había ofrecido vivir con él porque sabía que su misión había terminado y ya no había motivo para seguir viviendo juntos—. Y no, no me he arrepentido.

—Entonces, ¿se lo vamos a decir a tu padre?

—Algo le tendré que decir cuando vea que me quedo en tu casa en lugar de regresar a la base o a mi apartamento.

—En nuestra casa —la corrigió Oliver—. Esta es nuestra casa, cariño. Quiero que te sientas cómoda aquí, hay varias habitaciones de invitados y podemos convertir una de ellas en un despacho para ti.

—Y hablaremos de eso más adelante, ahora solo quiero disfrutar del verano contigo.

—Nena, llevo dos meses sin ir a trabajar, no me van a dar más vacaciones —le dijo Oliver depositando un dulce beso en su frente—. El verano está a punto de terminar, pero puedo intentar conseguir dos o tres días libres para escaparnos a donde tú quieras.

—Llevas dos meses sin ir a la base, pero has estado trabajando y te deben vacaciones —le corrigió Scarlett, ya se encargaría ella de que así fuera—. Y también vas a aceptar el dinero por los gastos que te he causado mientras hacías de niñera.

—No voy a aceptar ningún dinero, no he cuidado de ti por trabajo, lo he hecho por una cuestión personal —sentenció Oliver—. No quiero discutir sobre esto, Scarlett.

—Hay una alternativa a la discusión —le dijo Scarlett con tono juguetón—. Deja que te lo agradezca con unas vacaciones, solos tú y yo. Yo me encargo de todo.

—Nena, hablaré con el Coronel, pero es difícil que pueda irme de vacaciones.

Esa noche, cuando el General Turner llegó a casa de Oliver, se sorprendió de lo calmada y tranquila que estaba su hija y se temió que Oliver no le hubiera contado nada.

— ¿Se lo has dicho? —Le preguntó a Oliver.

—Sí, ya lo sabe.

— ¿Y no está enfadada?

—Se lo ha tomado bastante bien —le confirmó Oliver.

— ¿Os importaría dejar de hablar como si yo no estuviera delante? —Protestó Scarlett.

Los dos hombres sonrieron y pasaron al comedor. Oliver se empeñó en ser el anfitrión perfecto y no permitió que nadie le ayudara, así también les daba algo de tiempo a padre e hija para que hablaran de sus cosas. El General quería hacerle muchas preguntas a su hija y no desaprovechó la ocasión:

— ¿Qué vas a hacer ahora?

—Ahora voy a cenar contigo y con Oliver.

—Scarlett, ya sabes a qué me refiero.

—Oliver me ha pedido que me quede aquí con él y le he dicho que sí —le respondió sin andarse por las ramas.

— ¿Vas a vivir aquí con él? —Preguntó el General sorprendido.

—Ya sé que hace poco que nos conocemos, pero ambos nos llevamos bien, nos gusta estar juntos y queremos intentarlo.

—Oliver es un buen hombre y me consta que te quiere, pero no se lo pongas muy difícil.

—No va a aceptar el dinero que le ofreciste y quiero compensarle llevándole de vacaciones, pero me ha dicho que lleva dos meses sin ir a trabajar y no puede permitírselo.

—Le dije que le daría dos días de vacaciones por cada día que cuidara de ti, han pasado dos meses desde entonces, así que le debo cuatro meses de vacaciones.

— ¿Eso significa que podemos irnos de vacaciones un par de semanas?

—Sí, si eso es lo que queréis —le confirmó el General—. Además de vivir con Oliver e irte de vacaciones con él, ¿has pensado hacer algo más?

—También he pensado en aceptar el puesto de trabajo que me ofreciste, si todavía sigue estando disponible.

—Por supuesto que sigue estando disponible.

— ¿Podría empezar en septiembre?

—Tómate el tiempo que quieras, vete de vacaciones con Oliver, instálate tranquilamente en su casa y, cuando estés al 100%, empieza tu nuevo trabajo en la base.

Oliver regresó al comedor para servir la cena y se percató del silencio que se había creado a su llegada.

— ¿Interrumpo algo? —Preguntó Oliver.

—Scarlett me estaba contando que va a vivir aquí contigo, que os vais de vacaciones un par de semanas y que acepta el puesto de trabajo como analista en la base —le respondió el General, visiblemente contento.

Oliver miró a Scarlett sin dar crédito a lo que acababa de oír. Habían acordado decirle a su padre que vivirían juntos, pero sospechaba que Scarlett buscaría alguna excusa en el último momento o que le dejaría a él que le diese la noticia. Sin embargo, Scarlett se lo había contado todo a su padre de inmediato y, además, había decidido aceptar la oferta de trabajo en la base.

— ¿Has aceptado? —Quiso confirmar Oliver.

—Sí, pero no olvides las vacaciones.

—Scarlett…

—Me da igual lo que digas, no voy a aceptar un no por respuesta —le advirtió Scarlett.

—Deberías hacerle caso, puede llegar a ser muy testaruda —le aconsejó el General—. Además, te dije que, aunque aceptaras cuidar de Scarlett por un motivo personal, te lo compensaría con días de vacaciones.

—En ese caso, supongo que nos vamos de vacaciones —anunció Oliver dedicándole una tierna sonrisa a Scarlett.

Los tres cenaron mientras charlaban tranquilamente. Una vez más, el General Turner fue testigo de la complicidad que existía entre su hija y el Capitán y se alegró de que Scarlett hubiera encontrado a alguien como Oliver, ambos se compenetraban a la perfección.

Un par de días más tarde, Scarlett se despertó al amanecer y, tras darle un leve beso en los labios a Oliver, le susurró:

— ¿Estás preparado para empezar unas vacaciones apasionadas?

—Nena, ¿no vas a decirme a dónde me llevas?

—No, es una sorpresa.

Scarlett se había empeñado en mantenerle al margen para poder planear las vacaciones y darle una sorpresa, pero aquella situación le inquietaba. Oliver estaba acostumbrado a tenerlo todo bajo control y, conforme pasaban los minutos dejándose llevar por Scarlett en su coche, su mal humor comenzaba a aflorar. Scarlett se percató de ello y, queriendo rebajar un poco la tensión, decidió parar un rato en un área de servicio.

—No quiero obligarte a nada, si no quieres seguir con esto podemos regresar a casa —le dijo un tanto decepcionada.  

—Lo siento, nena —se disculpó él—. Estoy nervioso, no estoy acostumbrado a que otros decidan por mí y mucho menos a desconocer a dónde voy.

—He alquilado una cabaña en la costa, en un lugar con playa privada y rodeado de naturaleza, solo estaremos tú y yo —le susurró Scarlett depositando un reguero de besos por su cuello.

—Mm… Solos tú y yo —le susurró Oliver agarrándola de la cintura para colocarla sobre su regazo—. ¿Nos falta mucho para llegar a la cabaña?

Scarlett calculó que aún les quedaba un par de horas más en coche, miró su reloj de pulsera y, tras meditarlo durante un segundo, le respondió:

—Nos quedan un par de horas, ¿te apetece comer algo y después seguimos con el viaje por carretera?

—Quiero comerte a ti, nena.

—Tendrás que esperar un poco más, pero te prometo que seré tuya en cuanto lleguemos.

Llegaron a la cabaña a media tarde y, después de instalarse, Scarlett se acercó a Oliver, le rodeó el cuello con sus brazos y le dijo con tono sugerente:

—Quiero jugar, cariño.

—Nena, vivo para complacerte —le aseguró Oliver antes de besarla apasionadamente.

En pocos segundos, la ropa de ambos aterrizó sobre el suelo de la cabaña mientras ellos se fundían en una maraña de besos y caricias. Él sabía dónde y cómo tocarla para excitarla sin necesidad de que ella se lo dijera y ella conseguía excitarlo con cada uno de sus gemidos, con su naturalidad y su sensualidad.

—Oliver… —le rogó Scarlett alzando las caderas, pidiéndole que se hundiera en ella.

Él no se hizo de rogar y la complació al instante. Se hundió en ella de una sola estocada al mismo tiempo que acariciaba su hinchado clítoris, haciéndola alcanzar el orgasmo en pocos segundos. Ahogó los gemidos que salían de su garganta besándola apasionadamente y, tras un par de estocadas más, se derramó dentro de ella.

—Te quiero, nena —le susurró al oído con la respiración entrecortada y sin dejar de abrazarla.

—Y yo también —logró balbucear Scarlett.

Durante las dos siguientes semanas, Oliver y Scarlett disfrutaron del sol, de la playa y de la intimidad del lugar sin preocuparse por nada. Dado que la playa era privada, no había nadie más que ellos y se pasaban el día desnudos, provocándose continuamente con cada roce de sus cuerpos y dejándose llevar por el deseo y la pasión sin importarles la hora ni el lugar.

El último día de vacaciones, mientras hacían las maletas, Oliver le preguntó lo que deseaba saber y había evitado preguntar para no presionarla:

— ¿Cuándo traerás tus cosas a casa?

— ¿Mis cosas?

—Entiendo que no quieras deshacerte de tu apartamento por el momento, pero imagino que querrás traer más cosas además de tu ropa.

—Iremos a mi apartamento y decidiremos qué me llevo —propuso Scarlett.

—Me encantará acompañarte y ver tu apartamento, pero eres tú quién debe decidir qué quieres llevarte —opinó Oliver—. En casa hay espacio suficiente y no quiero que eches de menos nada que tengas en el apartamento, no quiero arriesgarme a que cambies de opinión.

— ¿No confías en mí?

—Claro que confío en ti, ¿por qué me lo preguntas?

—Dudas de mi palabra, no me crees cuando te digo que quiero quedarme contigo, vivir en tu casa y, en un futuro, formar una familia.

—No dudo de ti, pero te mentiría si te dijera que no me preocupa que lo nuestro no termine bien —le confesó Oliver—. No quiero perderte.

—Yo tampoco quiero perderte —reconoció Scarlett—. Además, ahora vivimos juntos y no te va a resultar tan fácil deshacerte de mí.

—Jamás se me ocurriría dejarte escapar, nena —le susurró antes de besarla.

Pese al amor que sentía el uno por el otro, les resultaba inevitable pensar en lo rápido que había ido todo entre ellos, aunque ninguno de los dos estuviera dispuesto a tomárselo con calma. Ambos se habían acostumbrado a estar juntos las veinticuatro horas del día y no pensaban renunciar a ello.

La protegida del Capitán 13.

A la mañana siguiente, Oliver y Scarlett desayunaron en casa de Cynthia y Joe para anunciarles que se marchaban unos días de la granja. Oliver, que conocía a su madre y lo teatral que podía llegar a ser, le pidió a Scarlett que le dejara a él darles la noticia. La abuela Sylvia, que conocía muy a su nieto, intuía que Oliver se traía algo entre manos, pero guardó silencio y esperó pacientemente a que Oliver decidiera pronunciarse. Joe también intuía un ambiente extraño y, en un momento dado, se quedó a solas con Scarlett en la cocina y le preguntó:

— ¿Va todo bien con Oliver?

—Todo va fenomenal —le confirmó ella mostrándole una alegre sonrisa.

A Joe le bastó la palabra de Scarlett para despreocuparse, parecía sincera y feliz y su hijo seguía besándola y abrazándola cada vez que la miraba.

Todos terminaron de desayunar y Oliver ya no pudo alargarlo más. Miró a su madre, que sonreía feliz de tenerle en casa; después a su padre, pidiéndole con la mirada que le echara una mano; y, por último, miró a Scarlett para armarse de paciencia con lo que se le venía encima.

—Scarlett y yo nos vamos a marchar de la granja unos días —dejó caer sin allanar el terreno.

— ¿Por qué? ¿Es que no estáis a gusto aquí? ¿Le hemos hecho algo a Scarlett para que os vayáis?

Oliver suspiró, ya se temía la reacción de su madre. Joe acarició la espalda de su esposa para calmarla y le susurró al oído que se calmara y que les dejara hablar.

—Cynthia, créeme si te digo que estoy tan a gusto con vosotros que me mudaría aquí para siempre, pero a Oliver y a mí nos vendrá bien salir de aquí durante unos días —intervino Scarlett con mano izquierda.

—Entonces, ¿solo serán unos días? —Quiso asegurarse Cynthia.

—Sí mamá, solo serán unos días —le confirmó Oliver haciendo un esfuerzo para armarse de paciencia.

Scarlett sonrió divertida ante aquella escena, ganándose una mirada de reproche por parte de Oliver y ella le sacó la lengua a modo de respuesta, provocando las risas de todos los presentes.

—Y, ¿a dónde vais a ir? —Preguntó la abuela Sylvia.

—Iremos a una de las casas seguras del ejército, tendremos de todo y estaremos bien —les informó Oliver—. Regresaremos en unos días y os llamaré de vez en cuando.

Un par de horas más tarde, ambos llegaban a su nuevo destino. La casa era discreta, de una sola planta y oculta en el bosque. Disponía de un potente sistema de seguridad que, además de proteger la casa, también protegía los alrededores. Y contaba con más comodidades de las que necesitaban: una pequeña piscina y un jacuzzi.

— ¿Estarás bien aquí?

—Estaré bien siempre que esté contigo —le respondió Scarlett. Le dio un beso de lo más sensual y añadió—: Quiero darme un baño en la piscina contigo.

—Primero vamos a instalarnos, nos ponemos el bañador y nos damos un chapuzón en la piscina —negoció Oliver.

—Está bien, nos instalaremos primero —le concedió—. Pero después nos bañaremos desnudos en la piscina.

—Nena, tus deseos son órdenes para mí —le susurró Oliver antes de besarla apasionadamente.

Después de instalarse en el dormitorio, Scarlett se desnudó por completo y se puso un vestido playero sin bikini ni ropa interior. Oliver también se deshizo de su ropa, se puso un bañador y, tras coger un par de toallas, se dirigió a la piscina junto a Scarlett.

Nada más llegar a la piscina, Oliver colocó las toallas sobre las hamacas, se deshizo de su bañador y se zambulló en el agua, desde donde invitó a Scarlett a unirse a él. Con lentitud exagerada, Scarlett se deshizo de su vestido, excitando a Oliver que la observaba junto a las escaleras de la piscina.

—Siéntate aquí, nena —le ordenó señalándole el bordillo, que quedaba justo a la altura de su cuello. Scarlett le obedeció sin rechistar y él, tras abrirle las piernas para tener una visión plena de su entrepierna, añadió con la voz ronca—: Disfruta, preciosa.

Oliver hundió su boca en la entrepierna de ella y la deleitó dándole placer, mordisqueando su clítoris y embistiéndola con su lengua.

—Oliver…

Scarlett estaba a punto de correrse y él lo sabía. No quiso alargarlo más e intensificó sus movimientos al mismo tiempo que la penetraba con los dedos, haciéndola gritar de placer al alcanzar el orgasmo.

Sin esperar a que se recuperara, Oliver la agarró del trasero y tiró de ella hasta llevarla consigo al interior de la piscina. Scarlett colocó sus piernas alrededor de la cintura de Oliver y se abrazó a él, hundiendo la cara entre su cuello y su hombro, todavía recibiendo pequeñas sacudidas a causa del orgasmo que la había poseído.

—Cariño, ¿estás bien?

—Quiero sentirte dentro —le respondió Scarlett empalándose, pillando totalmente desprevenido a Oliver.

Sin dejar de agarrarla por el trasero, Oliver la embistió una y otra vez, con estocadas rápidas y concisas. Ella contrajo la vagina atrapándole en su interior y provocando el estallido de Oliver, que soltó un gruñido gutural que arrastró a Scarlett con él en aquella espiral de placer.

La intimidad de la casa franco les vino muy bien para dar rienda suelta a su pasión y disfrutar del sexo a todas horas, sin importar dónde se encontraban ni si alguien podía verles.

— ¿Estás satisfecha, pequeña insaciable? —Bromeó Oliver cuando recobró el aliento.  

—Completamente satisfecha, por el momento —bromeó siguiéndole el juego.

Excepto por las llamadas telefónicas que mantenían con la base y con la familia Parker para decirles que todo iba bien en la casa franco e informarse de que todo seguía bien en la base y en la granja, Oliver y Scarlett no tenían contacto alguno con el exterior.

Los días fueron pasando y la pareja no dejó ninguna estancia en la que no hubieran hecho el amor. Después de dos semanas en la casa franco, Scarlett quiso aprovechar la última noche que pasaban allí para celebrar una fiesta privada en el jacuzzi. Como era de esperar, a Oliver le pareció una idea estupenda que mejoró al añadir una copa de champagne.

—Mm… Me quedaría aquí para siempre —susurró Scarlett entre los brazos de Oliver.

— ¿Sola o conmigo?

—Contigo —le respondió ella plantándole un beso en los labios.

— ¿Y tiene que ser aquí? —Insistió Oliver. Scarlett le escudriñó con la mirada, tratando de adivinar a dónde quería ir a parar, y él añadió—: En la granja estarás conmigo y puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

—Hasta que atrapen a Damian Wilson y a sus hombres.

—No —respondió Oliver con rotundidad—. Hasta que tú quieras quedarte.

—Deberías tener cuidado con lo que dices, puede que te arrepientas de ofrecerme tu casa para siempre.

—Me gusta vivir contigo, dormir a tu lado y despertarme a causa de tus ronquidos —bromeó ganándose un manotazo de Scarlett—. Nena, estoy hablando en serio. Me encantaría que te quedaras en casa, conmigo. ¿El para siempre ahora te parece demasiado tiempo para pasarlo conmigo y te estás echando atrás?

— ¿Qué te parece si dejamos esta conversación para cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres? Quizás para entonces hayas cambiado de opinión.

—No voy a cambiar de opinión, será mejor que lo asimiles —le susurró con la voz ronca—. No voy a dejarte escapar, cariño. Además, creo que tu padre ya se ha hecho la idea de tenerme como yerno —añadió bromeando.

—Mi padre te aprecia mucho.

—Y yo a él, pero quiero que su hija viva conmigo para siempre.

— ¿No vas a desistir?

—Dime que sí y no insistiré más.

— ¿A qué tengo que decirte que sí?

—A compartir tu vida conmigo, a despertarnos abrazos después de una noche de pasión, a casarnos y formar una familia —le susurró Oliver hablando completamente en serio.  

—Oliver, hace un par de meses que nos conocemos y…

—Te quiero y no quiero pasar ni un minuto sin ti —la interrumpió Oliver—. ¿No es lo mismo que deseabas tú hace un momento?

—Sí, pero no quiero que salga mal.

—Cariño, no voy a permitir que salga mal —le aseguró Oliver mirándola a los ojos—. Será mejor que vayas acostumbrándote a despertar entre mis brazos todas las mañanas.

—Mm… Suena de lo más tentador.

— ¿Eso es un sí?

—Eso es un sí —le confirmó Scarlett antes de plantarle un beso en los morros.

—Entonces, ¿te casarás conmigo?

—Vas demasiado rápido, Capitán.

—Tienes razón, primero tengo que comprar el anillo.

—Deja lo del anillo para dentro de un año y, si sigues queriendo casarte conmigo, te diré que sí.

—Te quiero, preciosa —le susurró Oliver con la voz ronca.

—Hazme el amor —le pidió ella excitada al sentir la enorme erección de Oliver presionando contra su vulva.

Oliver no se hizo de rogar, entró en ella lentamente, mientras la besaba apasionadamente y acariciaba cada recoveco de su piel. Scarlett le rodeó la cintura con sus piernas y se abrazó a él, dejándose llevar por aquel rítmico vaivén hasta que alcanzó el clímax y arrastró a Oliver con ella. Ambos se quedaron abrazados en silencio durante unos minutos, hasta que recobraron el aliento y Scarlett le susurró al oído:

—Te quiero.

—Mm… Ya pensaba que jamás te lo escucharía decir —bromeó antes de besarla. La miró a los ojos y añadió—: Yo también te quiero, para siempre.

Tras un baño apasionado y cargado de lujuria en el jacuzzi, Scarlett y Oliver estiraron una toalla sobre el césped y se tumbaron bajo las estrellas. Abrazados el uno al otro, no necesitaban nada más en aquel momento.

—Tu padre me ha dicho que te ha ofrecido un trabajo en la base como analista de perfiles y que lo has rechazado —comentó Oliver.

—Así es.

— ¿Por qué?

—Trabajar con mi padre no es buena idea, pero trabajar para él es una idea pésima.

—Eso no es cierto, el General es un buen jefe. Y, de momento, también está siendo un buen suegro.

—Tengo miedo de aceptar ese puesto y terminar discutiendo con mi padre, aunque tengo que reconocer que es un buen trabajo.

—Y podría llevarte todas las mañanas al trabajo y traerte a casa por la tarde.

—Lo pensaré, pero después del verano —zanjó el tema Scarlett y añadió bromeando—: Quiero seguir disfrutando de mis vacaciones en la granja.

—Nena, vivimos en la granja, podemos disfrutar de ella cuando queramos.

A Scarlett le gustó que Oliver utilizara el plural. Por muy precipitado que fuera todo, a Scarlett le encantaba la idea de vivir con Oliver y formar una familia con él. En eso mismo pensaba mientras Oliver conducía de regreso a la granja, después de pasar una semana a solas en la casa franco.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó Oliver, colocando su mano con ternura sobre la rodilla de ella.

—Sí —le respondió sonriendo.

—Estás muy callada, ¿qué estás tramando?

—Solo pensaba en cómo sería pasar el resto de mi vida contigo —le confesó Scarlett con naturalidad.

—Te cuidaré como a una princesa —le aseguró él.

—Mm… Quiero jugar contigo —ronroneó Scarlett deslizando la mano hacia la entrepierna de Oliver.

— ¿Ahora?

—Ajá, ahora.

—Nena… —Le advirtió Oliver con la voz ronca al sentir la mano de ella agarrando su miembro.

— ¿No quieres jugar?

—Nena, voy conduciendo y en cinco minutos llegaremos a casa. ¿Crees que puedes esperar cinco minutos más?

—Será una tortura —protestó Scarlett sin retirar su mano.

—Te lo compensaré en cinco minutos, preciosa.

Y Oliver cumplió su promesa. Cinco minutos más tarde, llegaron a la granja, Oliver aparcó el coche en el garaje de la casa y, tras agarrar en brazos a Scarlett, cargó con ella escaleras arriba hasta llegar al dormitorio principal y, sin hacerla esperar, se hundió en ella lentamente, arrancándole un gemido tras otro hasta que ambos alcanzaron el clímax simultáneamente.  

La protegida del Capitán 12.

Tras una breve charla, Oliver y Trevor se dirigieron al jardín, cargando con las bebidas para todos y dispuestos a pasar un buen rato. Oliver seguía un poco molesto con Scarlett por no querer darle el lugar que le correspondía y por su acercamiento a Scott, pero también estaba agradecido de que le hubiera confesado a su padre que mantenía una relación una relación con él. Ver a Scarlett de nuevo sentada junto a Scott no le agradó, pero Izan se había llevado a los niños a dormir y ya no tenía que ceder su sitio. Depositó la bandeja con las bebidas sobre la mesa de café para que todos se sirvieran y se sentó junto a Scarlett. Para su sorpresa, ella le dedicó una sonrisa de lo más seductora y colocó la mano sobre su rodilla con coquetería, como si nadie más estuviera a su alrededor.

—No deberías provocarme de esa manera —le advirtió Oliver en un susurro cuando le provocó por enésima vez.

—Scarlett, ¿qué tal te está tratando Oliver? —Quiso saber el Coronel, provocando las risas de lo demás sin pretenderlo—. ¿Qué tiene de gracioso?

—Oliver me está tratando muy bien, es amable, siempre está pendiente de que no me falte nada y me consiente demasiado, más de lo que merezco —le respondió Scarlett dedicándole una significante mirada a Oliver.

—Oliver siempre ha sido un caballero —opinó la abuela Sylvia con orgullo.

Oliver acarició la espalda de Scarlett, agradeciendo sus palabras, y ella se pegó a él, acurrucándose sobre su pecho. Oliver se tensó, sorprendido y confuso por la actitud de Scarlett, pero no se separó de ella ni un solo milímetro.

—Sí que es un caballero, soporta mis locuras con paciencia y jamás me ha invitado a marcharme, ni siquiera lo ha insinuado —argumentó Scarlett.

Oliver depositó un suave beso sobre la coronilla de Scarlett al mismo tiempo que la estrechaba entre sus brazos, sin importarle que todos les estuvieran mirando.

—Entonces, ¿estáis juntos? —Quiso confirmar Cynthia.

—Mamá…

—Nos llevamos bien y nos estamos conociendo —intervino Scarlett interrumpiendo a Oliver.

— ¿Eso significa que todavía tengo posibilidades con Scarlett? —Bromeó Daniel.

Oliver le lanzó una servilleta de tela a modo de respuesta y Scarlett, queriendo dejar claro a todo el mundo en quién estaba interesada, le plantó un beso en los labios a Oliver.

—Me temo que vas a tener que buscarte a otra candidata —se mofó Claire.

Entre bromas y risas, se tomaron un par de copas en el jardín antes de que todo el mundo regresara sus respectivas casas. Scarlett se despidió de Scott con un largo y cariñoso abrazo y Trevor aprovechó el momento para acercarse a Oliver y decirle:

—Gracias por cuidar de ella sin perder la paciencia.

—Lo hago encantado.

—Si os apetece salir de la granja unos días, podemos buscar una de las casas franco —le ofreció el General—. A ambos os vendrá bien cambiar de aires durante unos días.

—De momento estamos bien, pero lo tendré en cuenta y te lo haré saber si Scarlett empieza a agobiarse de estar aquí.

Oliver se despidió del General y del Coronel con un afectuoso abrazo pero, cuando llegó el turno de despedirse de Scott, lo hizo tendiéndole la mano.

—Cuida de mi pequeña, es como una hermana para mí y quiero seguir viéndola así de feliz —le dijo Scott con una sonrisa conciliadora.

—Cuidaré de ella —le aseguró Oliver.

Los Parker también se despidieron del General, el Coronel y el Teniente, invitándoles a regresar cuando quisieran y asegurándoles que todos cuidarían de Scarlett.

En cuanto se quedaron a solas, Oliver cogió en brazos a Scarlett y cargó con ella escaleras arriba hasta el dormitorio principal.

—Nena, has sido mala —le reprochó Oliver con la voz ronca al mismo tiempo que se deshacía del vestido de ella.

—Mm… ¿Y qué vas a hacer? ¿Azotarme? —Ronroneó Scarlett, completamente excitada sin que él la hubiera tocado todavía.

—Mala y descarada, creo que tengo el castigo perfecto para ti —le siguió el juego—. Voy a excitarte hasta el extremo, hasta que me ruegues que haga que te corras.

—Estoy a punto de correrme y ni siquiera me has tocado —le confesó Scarlett.

Oliver sonrió, embelesado por la espontaneidad de ella, por su naturalidad a la hora de dejarse llevar por la pasión y el deseo que ambos sentían. La terminó de desnudar y la tumbó sobre la cama. Abrió sus piernas para colocarse entre ellas y hundió su rostro en la entrepierna de Scarlett, haciéndola gemir al sentir su lengua lamiendo y presionando sobre el clítoris. Scarlett cerró los ojos y disfrutó del placer que Oliver le hacía sentir con su boca. Lamió y mordisqueó su centro de placer, hundió uno, dos y tres dedos en su vagina y la hizo alcanzar el orgasmo mientras gritaba su nombre. Oliver bebió cada gota de su placer y continuó lamiéndola mientras el cuerpo de ella convulsionaba recibiendo los últimos coletazos del orgasmo.

Scarlett quedó totalmente exhausta y desmadejada, pero Oliver no se detuvo ahí. Estaba dispuesto a regalarle un orgasmo tras otro y Scarlett no tenía ninguna intención de impedírselo. Oliver se desnudó, se tumbó junto a ella y comenzó a depositar un reguero de pequeños besos sobre su rostro, fue descendiendo por su cuello, por sus pechos, donde se recreó jugando con sus pezones, lamiéndolos, mordisqueándolos y succionándolos, por ese orden. Continuó descendiendo por su vientre, bajando por una pierna y subiendo por la otra, acercándose al punto de unión entre ambas pero sin llegar a tocarlo.

Excitada, Scarlett deslizó una de sus manos hasta agarrar la enorme erección de Oliver. Acarició el glande con una yema del dedo pulgar, limpiando una gota de semen que brillaba en la hendidura de su pene, acelerando los latidos y la respiración de Oliver. Scarlett gateó hasta colocarse entre las piernas de Oliver y, tras sonreírle con descaro, comenzó a pasear la lengua sobre su miembro duro y erecto. Oliver alzó la pelvis pidiendo más y ella no se hizo de rogar, se metió el pene en la boca y comenzó a succionar al mismo tiempo que se la sacaba y se la volvía a meter, deteniéndose de vez en cuando para juguetear con su glande y acariciar sus testículos en tensión.

—Oh, nena —gimió Oliver tratando de retrasar lo inevitable.

Scarlett aceleró sus caricias y el ritmo de la felación, haciendo que Oliver soltara un gruñido gutural de su garganta, completamente excitado y fuera de control. Estaba a punto de correrse y trató de apartarla, pero Scarlett se lo impidió, haciendo que se derramara en su boca. Bebió cada gota de su semen y limpio el pene de Oliver, todavía erecto, con su lengua mientras él gozaba de las últimas sacudidas del orgasmo.

—Ven aquí, mi pequeña traviesa —le dijo Oliver sin recobrar el aliento, arrastrándola sobre su regazo y penetrándola con excesiva lentitud. Ella gimió de placer y él, excitándose todavía más de lo que estaba al escucharla gemir, le susurró con la voz ronca—: Nena, me vuelves loco.

Scarlett sonrió y empezó a cabalgar sobre él, aumentando el ritmo con cada embestida, sosteniéndole la mirada a Oliver mientras trataba de cerrar la boca para ahogar los gemidos que brotaban de su garganta. A las puertas del clímax, Oliver la agarró del trasero y la ayudó a aumentar el ritmo hasta que ambos fueron arrastrados por un segundo orgasmo arrollador. Completamente agotada, Scarlett se recostó sobre el pecho de Oliver, que la estrechó entre sus brazos con el pene todavía dentro de ella.

Un par de minutos más tardes, con la respiración acompasada, Oliver se movió y su pene despertó de inmediato.

—Mm… ¿Sigues teniendo ganas de jugar? —Le provocó Scarlett.

—Yo siempre tengo ganas de jugar contigo, preciosa.

Un segundo después, Scarlett estaba de rodillas sobre la cama y Oliver detrás de ella, en la misma postura pero con sus piernas entre las de ella. La besó por el cuello al mismo tiempo que acariciaba sus pechos con una mano y deslizaba la otra hacia su entrepierna para acariciar el centro de su placer con el dedo pulgar y metiendo el dedo índice y el dedo corazón en su estrecha vagina. Scarlett levantó los brazos hacia atrás, rodeándole el cuello y dándole mejor acceso a sus pechos y abrió aún más las piernas, incitándole a hundirse en ella mientras la continuaba acariciando. Oliver no tardo ni una décima de segundo en complacerla y la penetró de una sola estocada, provocando que diera un respingo ante la sorpresa de la repentina invasión. Colocó la mano sobre su espalda e hizo que se inclinara hacia adelante con las piernas dobladas por las rodillas y abiertas pegando el pecho sobre el colchón.

—Coloca los brazos a ambos lado de la cabeza para no deslizarte hacia adelante —le indicó con la voz ronca, sin dejar de mirar las maravillosas vistas que Scarlett le ofrecía en esa postura.

Con un suave vaivén, Oliver entró y salió de ella con la fricción suficiente para mantenerla excitada pero sin dejarla alcanzar el orgasmo. Scarlett gruñó a modo de protesta y Oliver retiró el pene de su interior el tiempo necesario para recoger todo el flujo de la excitación de ella y esparcirlo desde la vagina hasta el ano. Scarlett se tensó, pero Oliver depositó un beso sensual sobre una de sus nalgas y volvió a penetrarla, haciendo que se relajara. Tras un par de lentas embestidas, Oliver comenzó a tantear el agujero prohibido y ella se volvió a tensar. Sin dejar de penetrarla con el rítmico vaivén, Oliver llevó una de las manos a su entrepierna para estimular su clítoris con movimientos circulares y ejerciendo presión, al mismo tiempo que hundía el dedo pulgar en su ano. Lejos de retirarse, Scarlett gimió excitada y se movió pidiéndole más. Oliver cambió el pulgar por el índice y más tarde le unió en dedo corazón, pero ella seguía pidiendo más. Sin dejar de acariciar su clítoris, Oliver salió de su vagina para colocarse a las puertas de su ano, donde se hundió abriéndose paso poco a poco. Scarlett estaba sumergida en una explosión de sentidos en el que se mezclaba el placer, la excitación y una pequeña punzada de dolor y presión que desapareció cuando Oliver se hundió por completo en ella.

—Córrete, nena. Córrete gritando mi nombre, Scarlett —le susurró Oliver al oído, conteniendo su orgasmo para dejarse arrastrar al mismo tiempo que ella.

Scarlett no tuvo más que oír la excitada voz de Oliver para estallar en mil pedazos y gritar su nombre mientras su cuerpo convulsionaba  y arrastraba a Oliver en aquel abismo. Oliver salió del interior de ella casi de inmediato, se incorporó sentándose en la cama apoyando la espalda en el cabecero y colocó a Scarlett sobre su regazo para abrazarla y acunarla como si fuera su mayor tesoro.

—Cariño, ¿estás bien?

—Nunca he estado mejor —le respondió Scarlett antes de quedarse dormida entre sus brazos.  

Conforme fueron pasando los días, la pareja cada vez se contenía menos a la hora de besarse y abrazarse en público. Su relación se volvía más sólida cada día que pasaba y tanto la familia de Oliver como el padre de Scarlett estaban encantados con aquella incipiente relación.

Ambos mantenían una rutina diaria con la que se encontraban cómodos, pese a que la situación respecto a Damian Wilson seguía siendo la misma. Pasaban la mañana en la piscina, preparaban juntos la comida, se echaban una siesta después de comer, y pasaban el resto de la tarde en la piscina con los sobrinos de Oliver, con Cynthia, Dexter y Caleb. Algunos días cenaban en casa de Cynthia con Izan y los niños, otros iban a cenar a casa de los padres de Oliver o eran ellos quienes invitaban a Dexter y a Caleb a cenar en casa. A Oliver no es que le entusiasmara la idea de compartir con los demás su tiempo con Scarlett, pero tampoco podía oponerse a ello cuando la veía tan feliz relacionándose con más personas. El General Turner les llamaba por teléfono todos los días y hablaba con ambos, la mejor forma para confirmar que todo iba bien era contrastar las dos versiones.

Una tarde, Scarlett observaba a Oliver jugar con sus sobrinos en la piscina y no pudo evitar pensar en él como el padre de sus hijos. Aquella faceta le resultaba de lo más atractiva y la idea de ser madre se le antojaba de lo más apetecible junto a Oliver.

—Oliver adora a sus sobrinos y sus sobrinos le adoran a él —comentó Joe, advirtiendo a Scarlett de su presencia—. Oliver será un buen padre.

—No me cabe la menor duda de ello —opinó Scarlett y, ante la sonrisa divertida de Joe, se apresuró a añadir—: Aunque eso no significa que estemos pensando en ello.

—Lo sé, pero deberás tener más cuidado con lo que dices delante de mi esposa si no quieres que se haga ilusiones —bromeó Joe.

Scarlett se había metido en el bolsillo a toda la familia Parker. Oliver estaba pendiente de ella en todo momento, no se despegaba de su lado ni un solo minuto y aprovechaba cada ocasión para besarla y estrecharla entre sus brazos. A Daniel le encantaba bromear diciendo que Oliver temía que alguien le quitara a Scarlett y todos reían, incluso Oliver.

—Nena, hace más de un mes que estamos en la granja y he pensado que quizás te gustaría que nos fuéramos de aquí unos días —le preguntó Oliver una noche después de hacer el amor.

—Me encantaría, pero dudo que mi padre me deje salir de aquí a menos que sea para regresar a la base.

—Tu padre me ofreció una casa franco donde poder desconectar unos días y creo que ahora sería un momento perfecto para disfrutar de unos días a solas.

— ¿Estaremos los dos solos?

—Ese es el plan, a menos que quieras invitar a alguien más.

—Mm… Unos días solos tú y yo, suena de lo más tentador —opinó Scarlett—. ¿A dónde iríamos?

—He echado un vistazo a las casas franco que la base tiene a su cargo y creo que esta nos gustará —le respondió entregándole el informe sobre la casa que sacó del cajón de la mesilla de noche.

Scarlett leyó el informe con todos los datos de la casa, ubicación, planos e incluso varias fotografías de todas las estancias. Sonrió al adivinar que Oliver había escogido esa casa porque tenía piscina, un jacuzzi en la terraza y no estaba lejos de la granja.

— ¿Te gusta?

—Me encanta —le aseguró Scarlett—. ¿Cuándo nos vamos?

—Mañana por la mañana, ya he hablado con tu padre y me ha asegurado que la casa estará preparada para instalarnos mañana mismo.

— ¿Lo has organizado todo con mi padre antes de hablar conmigo?

—Tenía que asegurarme que su oferta seguía en pie antes de decírtelo. ¿Qué es lo que te asusta, nena?

—Todo esto va muy rápido, ahora estamos bien pero, cuando detengan a Damian Wilson y a sus hombres, todo será distinto y a lo mejor no piensas de la misma manera.

— ¿Por qué no iba a pensar de la misma manera? ¿Acaso crees que estoy contigo solo porque me han encomendado una misión?

—Aquí no tienes mucho donde elegir.

—Hice mi elección cuando te vi por primera vez, soy un hombre muy testarudo y persistente, sé lo que quiero y te aseguro que hago todo lo posible para lograrlo y conservarlo.

Scarlett no insistió, decidió creer en las palabras de Oliver y dejarse abrazar por él. Solo quería disfrutar de todo lo que estaba sintiendo junto a él sin preocuparse de cómo terminaría.

La protegida del Capitán 11.

A la mañana siguiente, Scarlett se despertó entre los brazos de Oliver, como ya venía siendo una costumbre. Tras darle los buenos días con un leve beso en los labios, Oliver se levantó, se dio una ducha y bajó a la cocina para preparar el desayuno. Scarlett se quedó durmiendo un rato más debido a la insistencia de Oliver, pues tan solo eran las siete de la mañana.

Mientras preparaba el desayuno, Oliver recibió una llamada de teléfono del General Turner, que quería confirmar la cita de esa noche para cenar.

—Por supuesto, la cena sigue en pie —le confirmó Oliver—. A Scarlett le vendrá bien pasar un rato con su familia.

—Quería pedirte algo, Oliver —le dijo el General suavizando el tono de voz—. El Coronel Wilmore y su hijo también quieren ver a Scarlett y quiero darle una sorpresa a mi hija, así que me preguntaba si habría algún inconveniente si se apuntaban a la cena de esta noche.

—Eh… No, no hay ningún problema.

—Y, ya que vamos a cenar en familia, también me gustaría que la tuya cenara con nosotros.

— ¿Mi familia?

—Sí, a menos que tengan otros planes.

—Estoy seguro de que no se lo querrán perder —murmuró Oliver, sabiendo que ninguno de ellos rechazaría aquella invitación.

—Genial, nos vemos esta noche —concluyó el General y añadió antes de colgar—: Estoy deseando que nos juntemos todos.

Oliver colgó y suspiró con resignación, aquella noche iba a ser de lo más peculiar. No estaba seguro de cómo se lo iba a tomar Scarlett, pero confiaba en que el General tuviera razón y se llevara una sorpresa al ver al Coronel. Sin embargo, la visita del hijo del Coronel no le hacía demasiada gracia. ¿Por qué se iba a alegrar Scarlett de verle? ¿Había algo entre ellos? Sabía que el General y el Coronel eran grandes amigos desde hacía más de tres décadas, por lo que era lógico que mantuviera una buena relación con su hijo, al igual que Scarlett.

Antes de informar a su familia que estaban invitados a la cena de esa noche, Oliver decidió llevarle el desayuno a la cama a Scarlett y ponerla al corriente, sin mencionarle la asistencia del Coronel ni la de su hijo para que el General pudiera darle la sorpresa.

—Entonces, ¿vamos a cenar con tu familia y con mi padre? —Quiso confirmar Scarlett, un tanto escéptica.

—Eso parece, ¿hay algún problema?

— ¿Lo sabe mi padre?

—La idea ha sido suya.

— ¿Y a tu familia le parece bien?

—Todavía no se lo he dicho, pero estoy seguro de que no se perderían la cena por nada en el mundo —le respondió Oliver.

—Y a ti, ¿te parece bien?

—Sí, siempre que a ti no te incomode la situación.

—Te mentiría si te dijese que la situación no es un tanto peculiar: tú y yo, tu familia y mi padre, no sé si saldrá algo bueno de ahí…

— ¿Temes que descubran lo que ocurre entre nosotros? —La tanteó.

—Me temo que lo nuestro es un secreto a voces, no hemos sido muy discretos y, tanto tu familia como mi padre, tienen muy buena intuición.

—Entonces, ¿estamos bien?

— ¿No lo estamos? —Preguntó ella confusa.

—Eres tú quien se ha empeñado en ser discretos, aunque no se nos haya dado demasiado bien.

—Y creo recordar que tú estabas de acuerdo —le reprochó Scarlett.

—Lo sé, pero me molesta tener que esconderme para poder besarte, no estamos haciendo nada malo y creo que es una estupidez teniendo en cuenta que todo el mundo lo intuye.

—No hace ni un mes que nos conocemos, ¿no te parece un poco precipitado?

—No, tengo muy claro lo que quiero.

—Estoy confusa, Oliver. ¿Qué me estás queriendo decir?

—Me gustas, Scarlett —le confesó Oliver mirándola a los ojos—. Sé que hace poco que nos conocemos, entiendo que quieras ir despacio para ver a dónde nos lleva todo esto, pero te advierto que no voy a estar ocultándome siempre para poder besarte y estrecharte entre mis brazos.

— ¿Qué te parece si seguimos con esta conversación cuando hayan detenido a Damian Wilson y a sus hombres? —Le propuso Scarlett—. Quizás para entonces no pienses de la misma manera.

Oliver asintió con un leve gesto de cabeza y lo dejó estar, no quería que aquella conversación derivara en una discusión pocas horas antes de que se celebrara la cena. Ya tendría tiempo de volver a debatir sobre el tema, porque no estaba dispuesto a olvidarlo.

Tal y cómo Oliver esperaba, su familia aceptó encantada la invitación para cenar en casa junto al General, el Coronel y su hijo, el Teniente Scott Wilmore. Pese a que no estaban destinados en la misma base, Oliver conocía a Scott, ya que era el hijo de su jefe, y se llevaban bastante bien. Sabía que era un gran hombre, leal y noble, pero también muy deseado entre las mujeres y eso le ponía nervioso.

El mal humor de Oliver fue aumentando conforme se acercaba la hora de la cena, pero Scarlett le ignoró sospechando que aquel comportamiento era fruto de los nervios del momento. Ella también estaba nerviosa, aquella cena de los Parker y los Turner parecía una cena de compromiso en la que las dos familias se conocían y festejaban el amor de sus hijos. A pesar de que esa misma mañana Oliver le había confesado lo mucho que le molestaba tener que ocultarse para besarla, Scarlett temía que todo aquello le sobrepasara y decidiera enviarla de nuevo a la base.

— ¿Estás lista? Tu padre no tardará en llegar —la apresuró Oliver entrando en el dormitorio.

—Relájate, solo es una cena.

—Con un invitado especial —gruñó entre dientes.

—Deja de gruñir y sonríe un poco —le rogó Scarlett, dándole un dulce y breve beso en los labios—, te prometo que esta noche te lo compensaré.

Oliver la abrazó y la estrechó contra su cuerpo. Deseaba desnudarla y hacerle el amor en ese mismo momento, pero la idea se le fue de la cabeza al escuchar el timbre de la puerta.

—Ve a recibir a tu invitados, en seguida estoy contigo —le dijo Scarlett tras besarle con verdadero deseo.

—Nena… Haces conmigo lo que quieres —suspiró con resignación y se marchó a abrir la puerta a los invitados.

Los primeros en llegar fueron los padres y la abuela de Oliver, seguidos de Claire, Izan, Jake y Noah. Oliver les hizo pasar al jardín trasero y les ofreció una copa de vino al mismo tiempo que les recordaba que los invitados, además de ser la familia de Scarlett, también eran sus jefes. Scarlett bajó las escaleras justo cuando el General Turner llamó al timbre y se encontró con Oliver en el hall. Oliver abrió la puerta y, tras saludar al General con un apretón de manos, se hizo a un lado para dejarle entrar.

—Hola, cielo —saludó a su hija con un cariñoso abrazo—. Espero que no te importe, pero he traído compañía.

— ¿Compañía? ¿Te refieres a George?

—A George y a alguien más —le confirmó Trevor, haciendo una señal con la mano para que George y Scott entraran.

— ¡Scott! —Exclamó Scarlett al ver al hijo del Coronel.

— ¡Mi pequeña, estás preciosa! —La saludó Scott alzándola en brazos y dando vueltas con ella, un saludo más cariñoso de lo que Oliver hubiera deseado.

Scarlett y Scott se conocían desde que tenían uso de razón, ambos habían crecido juntos en la base militar y eran prácticamente como hermanos. La confianza, la complicidad y el cariño que existía entre ellos era difícil de negar, pero no iba más allá de una sana relación fraternal.

— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me has llamado? —Le atosigó a preguntas Scarlett en cuanto sus pies tocaron el suelo de nuevo.

—Es obvio que he venido a verte, he llegado a la ciudad esta tarde y no te he llamado porque quería darte una sorpresa —le respondió Scott riendo divertido—. ¿Me has echado de menos, pequeña?

— ¿Es que no vas a saludar a tu padrino? —Intervino George.

— ¡George! —Exclamó Scarlett, abrazando a su padrino.

Oliver, tratando de mantener la compostura, les hizo pasar al jardín e hizo las presentaciones oportunas mientras les invitó a tomar asiento y les sirvió una copa de vino. El último en llegar fue Daniel, que sonrió de oreja a oreja al ver el brazo del hijo del Coronel sobre los hombros de Scarlett.

—Tienes competencia, hermanito —se mofó Daniel en un susurro, para que solo Oliver le escuchara.

El humor de Oliver, en lugar de mejorar, fue empeorando. Scarlett estaba tan distraída con la sorpresa de Scott que ni siquiera se percató de lo molesto que estaba Oliver, algo que no pasó desapercibido para el General Turner. Daniel, que conocía bien a su hermano, soltó alguna pulla para fastidiarle, ganándose la mirada reprochadora de Joe y Cynthia.

Durante la cena, la situación no fue a mejor. Scott se las ingenió para sentarse a un lado de Scarlett y Noah quiso sentarse a su otro lado, así que Oliver no tuvo más remedio que cederle el sitio a su sobrina. Scarlett se sintió mal al ver el gesto de enfado de Oliver que, pese a que intentaba ocultarlo, a ella no la engañaba. Consciente del mal rato que estaba pasando Oliver, Scarlett ignoró las pullas de Daniel y de Scott, que parecían divertirse a costa de la pareja.

Tras la cena, Scarlett propuso salir de nuevo al jardín y tomar una copa, una idea que todos aplaudieron y secundaron. El General aprovechó la ocasión para quedarse atrás con su hija y hacerle la pregunta de la cual ya sabía la respuesta:

— ¿Estás saliendo con el Capitán?

—No he salido de los terrenos de la granja.

—Ya sabes a qué me refiero, Scarlett.

—Ya sabes la respuesta.

—Entonces, ¿por qué no le das el lugar que se merece y cortas las bromas? Es evidente que no le están haciendo ninguna gracias.

—Es muy pronto para hacerlo oficial, nos estamos conociendo y no sé lo que va a durar.

—Cielo, no estamos hablando de casarte con él —le hizo entender Trevor—. Se trata de hacer lo que es justo después de todo lo que Oliver está haciendo por ti. ¿Te ha contado que ha devuelto el dinero?

— ¿Qué dinero?

—Le transferimos un importe de seis cifras a modo de recompensa por ocuparse de tu seguridad, pero lo ha devuelto alegando que no hace esto por dinero ni tampoco porque yo se lo haya pedido —le explicó Trevor y añadió, por si le había quedado alguna duda—: Lo hace por ti.

Tras aquella conversación con su padre, Scarlett se dispuso a ir a la cocina para echar una mano a Oliver, pero el General le pidió que le dejaré a él y ella salió al jardín con los demás. Se sentó junto a Scott, que charlaba animadamente con Daniel, y aprovechó que estaban juntos para lanzarles una clara advertencia:

—Si no dejáis de fastidiar a Oliver, me voy a convertir en vuestra peor pesadilla.

—Interesante —rumió Scott—. ¿Desde cuándo te lo tiras?

—No es asunto tuyo —bufó Scarlett.

—Eso confirma que te lo tiras —afirmó Scott.

—Todo el mundo lo sabe, pero nadie entiende por qué os empeñáis en hacernos creer lo contrario —opinó Daniel.

—No es asunto vuestro —les regañó Scarlett.

— ¿De verdad crees que el Capitán Parker se ha hecho cargo de tu seguridad porque eres la hija del General? —Se mofó Scott—. Solo por ser quién eres se hubiera negado en rotundo y mucho menos te habría traído a su casa. Su misión era sacarte de Isla Maravilla y llevarte a la base, el resto lo está haciendo porque le importas, Scarlett.

—Negaré haberlo dicho delante de él, pero ni yo ni mi familia le habíamos visto jamás así de interesado por una mujer, está pendiente de ti en todo momento e incluso organiza excursiones y veladas románticas para sorprenderte —comentó Daniel—. Supimos que estaba enamorado de ti incluso antes de conocerte.

— ¿Se puede saber qué cuchicheáis todo el rato? —Les regaño la abuela Sylvia, que no le hacía falta escuchar para saber qué decían.

—Scarlett nos está regañando, abuela —le respondió Daniel riendo y provocando las risas en todos los presentes.

Mientras tanto, Oliver estaba en la cocina sirviendo las copas para todos con la ayuda del General. Trevor sabía que entre el Capitán y su hija existía una relación más allá de la profesionalidad y la amistad. No quería ser un obstáculo en aquella relación por ser el superior del Capitán y estaba dispuesto a dejárselo claro:

—Estoy muy contento de ver a mi hija feliz, pese a que no tenga su ansiada libertad, y es obvio que es gracias a ti. Sé que a veces Scarlett puede ser muy testaruda y que no te lo pondrá fácil, pero también he visto cómo te mira, igual que tú la miras a ella.

—General Turner, yo…

—Por favor, llámame Trevor —le interrumpió y, sin dejarle mediar palabra, añadió—: Mi hija me ha confirmado que existe una relación entre vosotros y me parece bien si es lo que ambos queréis.

—Gracias —logró decir Oliver, sorprendido y emocionado por aquellas palabras del General.

La protegida del Capitán 10.

Oliver contó con la ayuda de su familia para organizar la excursión a la que pensaba llevar a Scarlett y también para que su casa estuviera lista para disfrutar de una velada romántica. Su interés sentimental en Scarlett se había convertido en un secreto a voces, a nadie le había pasado desapercibido y Oliver tampoco tenía intención de ocultarlo. Habían pasado tres semanas desde que la conoció en Isla Maravilla; había pasado cinco días en la selva con ella, escondiéndose de Damian Wilson y sus hombres; habían discutido y había estado separado de ella toda una semana, sin mantener ningún tipo de contacto; se habían reconciliado y ahora estaba empezando a asimilar que se había enamorado de ella.

Oliver suspiró extasiado mientras contemplaba a Scarlett, que dormía plácidamente entre sus brazos. Le acarició la espalda con suavidad y, cuando ella se despertó, le susurró:

—Buenos días, preciosa. Es hora de levantarse.

—Un ratito más —le rogó Scarlett, acurrucándose contra él.

—Hoy no, nos vamos de excursión —le recordó. La besó en los labios y, cogiéndola en brazos, la llevó al cuarto de baño y añadió—: Dúchate mientras preparo el desayuno.

— ¿No te duchas conmigo?

—Si me ducho contigo, no saldremos de la cabaña en todo el día —bromeó Oliver, pese a que sus palabras no eran ninguna mentira.

Scarlett no discutió, sabía que Oliver estaba muy ilusionado con aquella excursión y ella también lo estaba. No quería pensar en lo que estaba sintiendo por él, tan solo deseaba disfrutar de todo aquello antes de que se acabara.

Mientras ella se duchaba, Oliver metió todo lo que necesitaba en una mochila y preparó el desayuno. Una hora más tarde, Oliver la llevó al establo donde Daniel les esperaba con un precioso caballo listo para montar.

— ¿Vamos a montar a caballo? —Preguntó Scarlett nerviosa. Oliver asintió, mostrando la mejor de sus sonrisas, y ella le confesó—: No creo que sea buena idea, nunca he montado a caballo.

—No te preocupes, yo iré contigo. ¿Confías en mí? —Scarlett sonrió, por supuesto que confiaba en él. Oliver la cogió en brazos y, sin ningún esfuerzo, la subió a lomos del caballo y después se subió él detrás de ella—. ¿Estás bien?

—Sí.

— ¿A qué hora regresaréis? —Les preguntó Daniel.

—Al atardecer, pero ya me encargo yo de guardar el caballo en el establo cuando lleguemos, así puedes echarle una mano a Claire.

—De acuerdo, ya veo que lo tienes todo bajo control —bromeó Daniel y añadió antes de que se marcharan a lomos del caballo—: Disfrutad de la excursión.

A Scarlett no le pasó por alto aquel sospechoso intercambio de miradas, ya sospechaba desde la tarde anterior que Oliver tramaba algo y que había hecho partícipe de ello a su familia. Sin embargo, se olvidó de todo cuando Oliver agarró las riendas del caballo con una mano y con la otra la sujetó a ella por la cintura y la besó sin previo aviso.

— ¿Vas a decirme a dónde me llevas? —Le preguntó Scarlett un rato después.

—Ya te he dicho que es una sorpresa, no seas impaciente —le respondió Oliver con tono juguetón, estaba de muy buen humor y se le notaba.

El paseo a caballo duró aproximadamente una hora, hasta que llegaron a un pequeño claro en el bosque por donde pasaba el río. Oliver bajó del caballo de un salto y, acto seguido, cogió a Scarlett en brazos para ayudarla a bajar. Scarlett estaba fascinada, aquel hermoso lugar parecía sacado de un cuento de hadas. Mientras ella miraba el paisaje embelesada, Oliver amarró el caballo a un poste a orillas del río para que pudiera beber agua bajo la sombra de otro sauce, tendió la manta de picnic sobre la hierba, bajo la sombra de un sauce llorón, y preparó un pequeño aperitivo.

—Gracias —le dijo Scarlett abrazándole.

— ¿Por qué?

—Por todo. Por dejar que me quede en la granja, por cuidar de mí, por lidiar con mi padre y, sobre todo, por hacer que todo resulte mucho más fácil de lo que es.

—Tú haces que todo resulte sencillo, preciosa —le respondió él besándola en los labios con dulzura—. Entonces, ¿te ha gustado la sorpresa?

— ¡Me ha encantado! —Exclamó Scarlett acurrucándose junto a él y añadió bromeando divertida—: Podemos buscar una cueva en la que instalarnos y quedarnos aquí.

—En verano sería divertido, pero en invierno nos congelaríamos.

—Este lugar es precioso y transmite mucha paz.

—Pues todavía no te he enseñado lo mejor.

— ¿Hay más sorpresas?

—Una más, pero antes tienes que comer un poco.

— ¿Hay una cabaña por aquí? Porque, si es así, me quedaré hasta en invierno.

— ¿Eso significa que te quedarías aquí conmigo para siempre? —Le preguntó Oliver con tono juguetón.

—Acabarías aburriéndote de mí.

—Quizás tengamos que poner a prueba tu teoría y ver qué pasa.

—Mm… Ten cuidado, me estás malacostumbrando —ronroneó en su cuello.

Entre provocaciones, besos y caricias, Oliver y Scarlett se alimentaron con un pequeño aperitivo. Con la excusa de dar un paseo y enseñarle a Scarlett los alrededores de la zona, Oliver la guió hasta llegar al lugar preciso: las pozas termales. Scarlett se quedó estupefacta al ver aquellas pequeñas lagunas de agua humeante entre las rocas, casi ocultas por la frondosa vegetación de la zona.

— ¿Dónde estamos? —Le preguntó Scarlett acercándose a las pozas pero sin llegar a tocar el agua.

—Seguimos en los terrenos de la granja, al pie de la sierra. Estas pozas se encuentran sobre una línea de fallas por donde se filtran las aguas subterráneas que se calientan al llegar a cierta profundidad y suben después en forma de vapor o de agua caliente.

— ¿Podemos bañarnos en las pozas?

—Por supuesto, a eso hemos venido —le respondió Oliver al mismo tiempo que se deshacía de su ropa—. ¿Te bañas conmigo?

Scarlett se desnudó a modo de respuesta, él la abrazó, le dio un leve beso en los labios y entró en la poza junto a ella. Oliver se sentó en una piedra plana dentro de la poza y Scarlett se sentó a horcajadas sobre él, mostrando su sonrisa traviesa y juguetona.

—Mm… ¿Estás de buen humor? —Le preguntó con la voz ronca.

—Estoy feliz y tengo ganas de jugar —ronroneó Scarlett.

— ¿Quieres jugar? —La provocó alzando la pelvis para presionar con su erección sobre su entrepierna.

A Scarlett se le escapó un gemido de la garganta al presagiar lo que estaba a punto de ocurrir y Oliver no se hizo de rogar para complacerla. La estrechó con fuerza entre sus brazos, la besó apasionadamente y se hundió en ella con una lentitud tan desesperante como placentera. Con la misma lentitud, entró y salió de ella al mismo tiempo que la besaba, deslizando una de sus manos hacia el punto donde sus cuerpos se unían para estimularla acariciando y presionando sobre su clítoris, haciéndola estallar en mil pedazos y dejándose arrastrar con ella en un orgasmo demoledor.

— ¿Estás bien, preciosa? —Le preguntó Oliver cuando sus respiraciones se acompasaron.

—No podría estar mejor —le confirmó ella extasiada.

Pasaron el resto de la mañana bañándose en las pozas de aguas termales, profiriéndose besos y caricias. Más tarde regresaron a orillas del río, donde se acomodaron bajo la sombra de un sauce para disfrutar de un picnic al aire libre, ante las hermosas vistas de un paisaje de belleza natural y fascinante.

A media tarde decidieron ponerse en camino para regresar a la cabaña, recogieron el picnic, se subieron a los lomos del caballo y llegaron al establo al anochecer. Daniel les saludó al verlos llegar y, consciente de los planes de su hermano con Scarlett, les instó a que se marchasen mientras él se ocupaba del caballo.

Como dos adolescentes viviendo su primer amor, Scarlett y Oliver caminaron agarrados de la mano, profiriéndose besos y caricias hasta que llegaron a la cabaña.

— ¿Te duchas conmigo? —Le preguntó Scarlett.

—Si alguna vez te respondo que no a esa pregunta, mátame —bromeó él, entrando en el cuarto de baño detrás de ella.

Tras compartir una placentera ducha más larga de lo que Oliver pretendía, la instó a vestirse y a preparar una mochila con una muda de ropa para el día siguiente y sus cosas de aseo.

— ¿Vamos a alguna parte? —Preguntó Scarlett preocupada.

—Esta noche no dormiremos en la cabaña.

— ¿Y dónde vamos a dormir?

—En seguida lo verás —le respondió él divertido.

— ¿Necesito un pijama para dormir? —Le preguntó Scarlett con una sonrisa traviesa en los labios.

—Puedes llevarte un pijama, pero no creo que lo vayas a utilizar.

Aunque tenía intención de dormir desnuda como cada noche, Scarlett metió un pijama en la mochila por si acaso lo necesitaba, también añadió una muda de ropa y su neceser con todo lo que necesitaba para asearse. Intrigada e impaciente por descubrir a dónde la llevaría Oliver a pasar la noche, anunció emocionada:

—Ya estoy lista, ¿nos vamos?

— ¿Te ha entrado prisa, nena? —Le preguntó él, provocándola.

— ¡Oliver! —Protestó Scarlett poniendo morritos.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó riendo a carcajadas.

—Dime a dónde me llevas o no voy a ninguna parte.

—En seguida lo sabrás, nena —le susurró con la voz ronca y, tras darle un leve beso en los labios, añadió—: Espero que la última sorpresa del día te guste tanto como las otras dos.

Agarrados de la mano, Oliver y Scarlett salieron de la cabaña cargando con la mochila que habían preparado y se dirigieron a la casa de Oliver. Scarlett se detuvo junto a la entrada del jardín delantero y no le costó deducir dónde pasarían la noche:

—Vamos a dormir aquí.

—No pareces muy ilusionada —comentó divertido.

—No me importa dormir en el suelo cuando estoy en mitad de la selva ocultándome de un peligroso asesino que me busca para matarme, pero cuando prefiero dormir en una cama si dispongo de una.

Oliver la abrazó desde atrás y atravesaron el jardín delantero hasta llegar a la entrada principal de la casa. Abrió la puerta e invitó a entrar a Scarlett. Ella dio un par de pasos y se detuvo en el hall, desde donde se podía ver el salón y el comedor completamente amueblados.

— ¿Cuándo han traído los muebles?

—Hoy, Claire se ha encargado de que estuviera todo preparado para cuando llegáramos y me ha dicho que tenemos una sorpresa en el jardín trasero, pero antes quiero enseñarte la casa.

Scarlett accedió encantada, curiosa por averiguar cómo había decorado el resto de las habitaciones de la casa. Tras un breve recorrido por la el salón, el comedor, la cocina y un pequeño aseo, subieron a la planta superior. Oliver le mostró el despacho, un par de habitaciones de invitados con un baño compartido, el dormitorio principal  con baño propio y, por último, una tercera habitación de invitados que también contaba con baño propio.

—Nos vamos a instalar en la casa y esta será tu nueva habitación.

— ¿No vas a dormir conmigo?

—Por supuesto, nena. Dormiré contigo siempre que quieras, pero quiero que te sientas cómoda aquí y que tengas un lugar en la casa que solo sea tuyo —le respondió Oliver sin dejar de abrazarla.

Sin dejar de abrazarse, bajaron las escaleras hacia la planta baja y salieron al jardín trasero de la casa, donde Claire se había encargado de preparar un romántica mesa para dos, ambientada con la luz de un par de velas de color rojo y un pequeño camino de pétalos de rosa sobre el césped que llevaba del porche trasero a la mesa.

— ¿Qué es todo esto?

—Claire quería darnos una sorpresa y nos ha preparado una velada romántica, pero creo que se le ha ido un poco de las manos…

—No, es perfecto —opinó ella.

— ¿Te gusta?

—Me encanta, Capitán —le confirmó besándole en los labios.

Ambos se sentaron a la mesa del jardín y se dispusieron a disfrutar de una deliciosa cena en un ambiente íntimo y romántico. Después de cenar, Oliver agarró en brazos a Scarlett y subió a la planta superior de la casa cargando con ella hasta el dormitorio principal, donde la depositó con delicadeza sobre la cama.

—Quiero jugar, Capitán —ronroneó Scarlett deshaciéndose primero de su camiseta y después de su pantalón.

—Me tienes a tus pies, nena —le susurró Oliver con la voz ronca—. Solo tienes que decirme qué es lo que deseas.

—Te deseo a ti besando y acariciando mi cuerpo, hundiéndote en mí y haciéndome gritar de placer.

Los ojos de Oliver se impregnaron de lujuria y no se hizo de rogar, se abalanzó sobre Scarlett y le dio todo lo que ella deseaba.

Cita 203.

“Cree solo en la mitad de lo que veas y en nada de lo que escuches.”

Edgar Allan Poe.

La protegida del Capitán 9.

Oliver llamó a su madre a media tarde, mientras regresaba con su padre del valle, para hablar con Scarlett, pero Cynthia le dijo que se había ido con Dexter, Claire y los niños al río. Ansioso por verla, convenció a su padre para dar un pequeño rodeo y pasar por la ribera del río, donde encontraría a Scarlett.

Dexter y Jake buscaban cangrejos mientras que Claire, Scarlett y Noah se bañaban y nadaban en el río cuando Oliver y Joe llegaron hasta ellos.

— ¡Tío Oliver! —Exclamó el pequeño Jake al ver a su tío.

Scarlett miró en la misma dirección que miraba Jake y sonrió al ver a Oliver y a Joe. Le había echado de menos, aunque no podía negar que lo había pasado bien con su familia.

—No os esperábamos tan pronto —apuntó Claire.

—Oliver tenía prisa por regresar —comentó Dexter con tono burlón.

Joe sonrió, lo que sea que hubiera entre su hijo y Scarlett era de dominio público, todos estaban al tanto de ello. Oliver saludó a su sobrino Jake y a Dexter y después se acercó a la orilla del río. Claire, consciente de lo que ambos deseaban, cogió a Noah en brazos y salió del río, guiñándole un ojo a su hermano con complicidad.

—Papá, nos vamos a casa contigo —anunció Claire envolviendo a Noah en una toalla para secarla. Se volvió hacia su hijo y le dijo—: Jake, vamos con el abuelo a casa y le llevamos los cangrejos a la abuela.

—Yo también voy con vosotros, tengo una cita esta noche y no quiero llegar tarde —se excusó Dexter.

— ¿Quién es la ingenua a la que has engañado? —Se mofó Oliver.

—Si quieres, me quedo y te lo cuento —le respondió burlonamente.

—Mejor me lo cuentas mañana.

Dexter se marchó riendo, acompañado por Joe, Claire, Jake y Noah, dejando a su amigo Oliver a solas con la hija del General Turner. Scarlett, que seguía disfrutando de su baño en el río, esperó a que todos se marcharan y le preguntó a Oliver:

— ¿Te bañas conmigo?

—No hay nada que me apetezca más en este momento —le respondió Oliver deshaciéndose de su ropa y zambulléndose en el río. Nadó hasta llegar a Scarlett y la estrechó entre sus brazos—. Te he echado de menos, nena.

—Mm… ¿Estás juguetón?

Oliver le respondió dándole un apasionado beso. Llevaba todo el día pensando en ella, anhelando tenerla entre sus brazos y deseando besarla. Scarlett colocó sus brazos alrededor del cuello de Oliver y le rodeó con sus piernas por la cintura.

—Alguien podría vernos —le advirtió Oliver agarrándola de los muslos y presionando la entrepierna de ella con su erección.

—La discreción no es lo nuestro —bromeó Scarlett.

— ¿Qué te parece si regresamos a la cabaña, nos damos una ducha y preparo una deliciosa cena y la acompañamos con un buen vino? —Le propuso Oliver.

—Me parece una idea perfecta.

Oliver no podía ni quería esperar para empezar a disfrutar de aquel plan y, tras darle un dulce beso en los labios, agarró a Scarlett con fuerza y salió del río cargando con ella en brazos. Un par de horas más tarde, ambos disfrutaban de una deliciosa cena preparada.

—Por esta magnífica noche —brindó Scarlett.

—Y por nosotros, nena —añadió Oliver con la voz ronca—. Voy a hacerte el amor durante toda la noche.

—Mm… Suena de lo más tentador —ronroneó Scarlett—, pero ¿no tienes que ir mañana al valle con tu padre?

—No, hemos trabajado mucho hoy para no tener que ir mañana.

—Entonces, ¿mañana te quedarás todo el día conmigo?

—Todo el día —le aseguró Oliver—. ¿Te gustaría que fuéramos de excursión, solos tú y yo?

—Me encantaría.

Tras una romántica velada que culminó en una noche de sexo salvaje y apasionado, Oliver y Scarlett se quedaron dormidos casi al amanecer, totalmente exhaustos. Cuando Scarlett se despertó, el sol ya estaba en lo más alto y la aguja del reloj marcaba las doce del mediodía. Miró a Oliver y sonrió al comprobar que estaba dormido. Se acurrucó junto a él y comenzó a depositar pequeños besos sobre su rostro, descendió con sus labios por su cuello y continuó hasta llegar a su pecho. Scarlett se detuvo cuando Oliver se removió inquieto, pero siguió con lo que estaba haciendo cuando comprobó que seguía dormido. Deslizó una de sus manos bajo la sábana y agarró el miembro erecto de Oliver, acariciándolo con sensualidad. Oliver se removió de nuevo, pero esta vez abrió los ojos.

—Buenos días, ¿te has despertado juguetona? —La saludó Oliver alzando su pelvis para que continuara acariciándole.

Scarlett le sonrió a modo de respuesta y continuó descendiendo con sus labios por el cuerpo de Oliver, hasta que llegó a la altura de su miembro y, sorprendiéndole, se lo metió en la boca.

—Nena, no hagas eso —le dijo Oliver agarrándola de los hombros para detenerla y tiró de ella hasta que quedó a su altura para poder mirarla a los ojos.

— ¿No te gusta? —Susurró Scarlett con un hilo de voz.

— ¿Qué si me gusta? Me encanta —le aseguró él, a punto de correrse—, pero si sigues con eso, me correré.

—Bien, porque eso es lo que pretendía —le sonrió Scarlett con picardía antes de volver a su posición inicial y continuar con lo que estaba haciendo.

Oliver se tensó al sentir su erección penetrando en la boca de Scarlett mientras ella le succionaba y le estimulaba haciendo que entrara y saliera de su boca. Hasta que, a punto de estallar de placer en mil pedazos, la detuvo de nuevo y, tras intercambiar rápidamente la posición con ella, la besó con dulzura y la penetró lentamente, haciéndola gemir. Oliver tuvo que contenerse para no dejarse llevar y derramarse, quería alcanzar el clímax con ella y llevó una de sus manos al centro de su placer. Mientras salía y entraba de su apretada vagina, estimuló su clítoris con movimientos circulares, ejerciendo un poco de presión sobre él con cada embestida y consiguiendo llevarla a las puertas del clímax.

—Oliver… —gimió Scarlett excitada.

—Lo sé, nena. Córrete conmigo.

Y Scarlett no se hizo de rogar, obedeció a Oliver y se dejó llevar por un abrumador orgasmo que la hizo gritar como jamás había gritado, arrastrando a Oliver con ella en aquel viaje de placer al que accedió con un gruñido gutural.

Oliver rodó con Scarlett en la cama hasta dejarla encima de él y se mantuvieron abrazados en silencio durante varios minutos. Unos minutos más tarde, cuando por fin se vio capaz de pronunciar palabra, Oliver le dio un tierno beso en la frente y le susurró al oído:

—Me quedaría en la cama contigo el resto del día.

— ¿Podemos hacerlo?

—Podemos hacer lo que tú quieras, pero no olvides que tengo una familia de cotillas y vendrán a buscarnos si no nos ven aparecer en todo el día.

Pasaron la mañana en la cama, hasta que Cynthia llamó por teléfono a su hijo para invitarle a él y a Scarlett a comer. Era domingo y toda la familia al completo se reunía para comer en casa de Cynthia y Joe, y Scarlett no quiso perdérselo. Llevaba una semana en la granja con Oliver y ya se sentía una más de la familia. Antes de salir de la cabaña, Oliver le dio su teléfono móvil a Scarlett y le dijo:

—Llama a tu padre.

— ¿Tengo que hacerlo por alguna razón en especial? 

—Porque es tu padre, te echará de menos y querrá saber que su única hija está bien —le respondió Oliver y añadió bromeando—: O también puedes decirle lo entretenida que estás conmigo.

—Puede que lo haga —le provocó ella.

A Oliver se le descompuso la cara al escuchar aquellas palabras, pero Scarlett rio divertida y él respiró aliviado al confirmar que solo estaba bromeando. Scarlett marcó el número de su padre y solo tuvo que esperar un par de tonos hasta que el General Turner respondió:

— ¿Cómo va todo por ahí, Capitán Parker?

—Soy yo, papá —le corrigió Scarlett. Oliver le guiñó un ojo y le hizo un gesto indicando que la esperaba fuera y darle intimidad para hablar con su padre. Scarlett esperó a que Oliver saliera de la cabaña y añadió—: Por aquí todo va bien, solo llamaba para saber qué tal estabas.

—Oliver te ha dicho que me llames —adivinó Trevor—. Es evidente que el Capitán siente algo por ti, Scarlett. Y, si no le correspondes, creo que es mejor que se lo digas cuanto antes, es un buen agente y no quiero que las cosas se tuerzan por algo así.  

—Y, ¿si le correspondo? —Le tanteó Scarlett.

— ¿Lo haces?

—Es posible.

—Entonces, ¿debo empezar a hacerme a la idea que Oliver va a ser mi yerno?

—Es demasiado pronto para hablar de eso, incluso para pensarlo —le advirtió—. Es una situación complicada, papá. Pero quédate tranquilo, Oliver y su familia me están tratando muy bien y no tengo ninguna intención de ir a ninguna parte.

—Ayer hablé con Oliver y le dije que quería ir a visitarte.

— ¿Y qué te dijo?

—Me dijo que seré bienvenido cuando quiera ir, pero me pidió que hablara antes contigo.

—Es su casa, no es a mí quien debes pedirle permiso para venir de visita, pero me gustaría verte, ya ha pasado una semana desde que me fui de la base.

—Dile al Capitán Parker que iré a cenar el martes por la noche, tal y cómo habíamos quedado.

—Si ya lo teníais organizado, ¿para qué me has preguntado? —Le replicó Scarlett.

—Cielo, hay algo más que quiero decirte porque sé que Oliver no te lo contará —le dijo de pronto—. Le he ofrecido dinero para cubrir tus gastos, pero se ha negado a aceptarlo alegando que no te protege porque sea su trabajo, sino porque quiere. No seas dura con él y no se lo pongas difícil con la convivencia.

—Nos vemos el martes, papá —se despidió Scarlett y añadió antes de colgar—: Te quiero.

Scarlett salió de la cabaña y se encontró a Oliver sentado en los escalones del porche, escrutándola con la mirada.

— ¿Va todo bien?

—Dímelo tú —le reprochó Scarlett.

— ¿Estás enfadada? —La tanteó.

—No, pero me hubiera gustado que me lo hubieras dicho —reconoció Scarlett.

—Nena, tu padre quería venir a verte, no sabía qué opinarías al respecto y no estaba contigo para preguntártelo, así que le dije que lo hablara contigo —le respondió él poniéndose en pie para poder estrecharla entre sus brazos—. ¿Qué te parece si te lo compenso con una excursión mañana?

— ¿Solos tú y yo?

—Solos tú y yo —le confirmó Oliver—. Pero ahora vamos a comer a casa de mis padres, toda la familia nos está esperando.

Recorrieron el pequeño trayecto que separaba la cabaña de la casa de los Parker y se unieron al resto de la familia que les esperaba sentados a la mesa del jardín mientras Cynthia comenzaba a servir los platos. Pese a que Scarlett ya se sentía como una más de la familia, Oliver se mantuvo pendiente de ella en todo momento y a ninguno de los presentes le pasó por alto aquel detalle. Después de comer, todos se fueron a la piscina y Oliver aprovechó un momento en el que se quedó a solas con su hermana para pedirle un favor:

—Mañana traerán los muebles de casa, ¿puedes encargarte de todo? Quiero llevar a Scarlett de excursión y darle una sorpresa cuando lleguemos.

—No te preocupes, yo me ocupo de todo —decidió Claire y, mirando a Scarlett, le preguntó—: ¿Debo empezar a llamarla cuñada?

—Es un poco pronto y puede que la asustes, pero acabará convirtiéndose en tu cuñada —le aseguró Oliver—. El martes vendrá el General Turner a cenar con nosotros, no me vendría mal algún consejo para que me acepte como posible yerno.

—Te ha confiado la vida de su hija, creo que eres su mejor candidato —le tranquilizó Claire y, tratando de echarle una mano, añadió—: ¿Qué te parece si preparo una deliciosa comida para que cenéis en el jardín en plan romántico?

— ¿No será demasiado?

—Lección número uno: Nada es demasiado cuando intentas conquistar a la futura madre de tus hijos.

—De acuerdo —accedió Oliver.

Claire tenía el don de transmitir seguridad con tan solo unas palabras y sin necesidad de recrearse en aburridos discursos. Solucionada aquella parte de su plan, Oliver fue en busca de Daniel para pedirle que le prestara un caballo para ir de excursión con Scarlett. Aquel favor no le salió barato, a cambio, Daniel quiso saber todo lo que había entre su hermano y Scarlett, y Oliver no tuvo más remedio que contarle todos los detalles.  

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