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Origen de La Mercè.

La Mercè, en castellano La Merced, es la fiesta mayor de la ciudad de Barcelona. Se celebra el 24 de septiembre, el día de la Virgen de la Merced. Su celebración dura alrededor de una semana y tiene lugar en diversos espacios públicos de la ciudad. Cada año, miles de personas disfrutan de las diferentes actividades culturales, artísticas y festivas, convirtiéndose en la fiesta más multitudinaria de todas las que se celebran en Barcelona.

Su origen se remonta al año 1902, cuando el ayuntamiento de la ciudad de Barcelona confeccionó por primera vez un programa de actos extraordinarios para celebrar la festividad de la Virgen de la Merced (Mare de Déu de la Mercè, en catalán). En el año 1980 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. La fiesta rinde homenaje a la patrona de Barcelona, a quien se le atribuyen una serie de milagros vinculados a la ciudad. La tradición explica que el 24 de septiembre de 1218 la Virgen de la Merced se apareció simultáneamente al rey Jaime I, al santo Pedro Nolasco y al santo Raimundo de Peñafort y les encomendó que instituyeran una orden religiosa para rescatar a los cristianos rehenes en tierras sarracenas.

Siglos más tarde, el 1687, Barcelona fue atacada por una plaga de langostas y el pueblo invocó la protección a la Virgen de la Merced. Cuando la plaga finalizó, la proclamaron patrona de la diócesis, aunque no lo fue de manera oficial hasta el 1868, con el papa Pío IX.​ En ese año, Barcelona comenzó a celebrar fiestas religiosas y populares en honor de la Virgen de la Merced, el 24 de septiembre.

En el año 1902 se le dio un nuevo impulso a esta fiesta con cabalgatas inéditas, un primer encuentro de gigantes de toda Cataluña, un primer concurso de castellers y la divulgación de una danza ampurdanesa que estaba ganando popularidad por toda Cataluña: la sardana. El objetivo era mostrar la diversidad folclórica del país con varias expresiones de la cultura popular, muchas de las cuales habían desaparecido en la ciudad: bailes de bastones, bailes de diablos, muestras de gigantes y bestiario, castellers, sardanas, etc.​

Los enfrentamientos constantes entre los partidarios de una fiesta religiosa y conservadora y quienes defendían una fiesta laica, con cabalgatas folclóricas, calles engalanadas, bailes y espectáculos pirotécnicos, hicieron que la celebración se debilitara entre los años 1920 y 1930. Y después de la guerra civil, la fiesta adoptó un cariz de exaltación nacional católica y social del franquismo.​ En los años sesenta se empezaron a incluir algunas muestras folclóricas.

Las fiestas de la Merced tal y como las conocemos hoy en día nacen con la transición española, cuando el Ayuntamiento de Barcelona decidió transformar totalmente la fiesta mayor de la ciudad en una celebración en que las muestras de cultura popular y la ciudadanía tomaran la calle de manera lúdica.​

Cita 285.

«Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan,»

Pablo Neruda.

Sirenas.

Según la mitología griega, las sirenas eran criaturas híbridas con cuerpo de ave y rostro de mujer que atraían a los marineros con sus hipnóticos cantos, conduciéndolos a un destino fatal. Nada tienen que ver con la imagen que tenemos actualmente de las sirenas —mitad mujer, mitad pez— muy distinta de su forma clásica alada.

Algunas versiones afirman que la apariencia original de estos seres mitológicos se debe a un castigo que recibieron por no proteger a Perséfone de Hades, el dios del inframundo. Otras, en cambio, indican que fue Zeus quien les ofreció alas para perseguir al dios raptor.

La primera obra escrita en la que aparecen las sirenas es en la Odisea de Homero. El canto XII de este poema épico —compuesto, según se cree, en el siglo VIII a. C.— muestra a Odiseo (Ulises) enfrentándose a las misteriosas sirenas durante su viaje de vuelta a casa tras la famosa guerra de Troya. Advertido por la maga Circe del peligroso canto de las sirenas, Odiseo moldeó un pedazo de cera y tapó los oídos de sus compañeros para que no pudieran escucharlas. El héroe griego, por su parte, fue atado al mástil de su navío y ordenó a sus hombres que no le liberasen si sucumbía al hechizo de las sirenas. Las hermosas mujeres-ave elevaron su canto prometiéndole a Odiseo —a quien le atraía el afán de saber— fama y conocimiento para seducirle. Embelesado con su encantadora voz y música, Odiseo suplicó a su tripulación que le soltasen para ir con ellas, pero estos no le obedecieron. Según cuenta la leyenda, si un hombre es capaz de resistir la voz de una sirena, esta debe morir. Al verse ignoradas y vencidas, las bellas criaturas perdieron su don y se precipitaron al fondo del mar. Así fue cómo, gracias a su ingeniosa estrategia, Odiseo sobrevivió y pudo continuar su ruta marítima junto al resto de la tripulación hacia su amada patria Ítaca.

Otro famoso encuentro con estos seres legendarios lo protagonizó Orfeo, que combatió el canto de las sirenas con su lira. El propio Orfeo narra su aventura en las Argonáuticas órficas, un poema de autor anónimo que desgrana la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro. A través de algunos relatos, sabemos que este personaje de la mitología griega, hijo de Apolo y de su musa Calíope, tocaba la lira de manera prodigiosa. Su virtuosismo era tan excelso que, a través de su instrumento, se decía que lograba amansar a las fieras, así como el reposo de las almas humanas. En las Argonáuticas órficas, Orfeo, guiado por su madre, acalló a las sirenas con el sonido de su lira, protegiendo así a todos los aventureros heroicos que le acompañaban en el viaje. Tras ser vencidas, las bellas aves de la muerte pusieron fin a su existencia transformándose en rocas.

En la mitología griega, Perséfone, hija de Zeus y Démeter, estaba recogiendo flores con algunas ninfas cuando fue raptada por Hades. El dios del inframundo emergió del suelo, llevándose a la inocente doncella en su carro hasta el reino de los muertos. Las compañeras de Perséfone, que eran extremadamente hermosas, recibieron un duro castigo impuesto por Démeter al no haber protegido a su hija, dándoles una apariencia bestial. Otras versiones narran, por el contrario, que fueron las propias sirenas quienes le pidieron a Zeus que les otorgase alas para poder perseguir a Hades y salvar a su amiga.

Afrodita, diosa de la sensualidad, el amor y la belleza, también participa en uno de los numerosos mitos sobre estas criaturas crueles. Se dice que, presa de la envidia, la divinidad griega les arrebató su gran belleza, aunque hay quienes interpretan tal acción como una condena porque las sirenas despreciaban las artes del amor.

Otra leyenda más desconocida desvela que, después de su metamorfosis, las sirenas retaron a las musas, diosas inspiradoras de la música, a una competición de canto que perdieron. Ofendidas, las musas las desplumaron y se coronaron con sus despojos.

 

Según el poeta griego Hesíodo, estas criaturas de aspecto siniestro vivían en una isla rocosa llamada Antemoesa (que significa “rica en flores”) y allí aguardaban a sus presas para devorarlas. Alrededor de su isla se extendían los cadáveres de los navegantes muertos, pero algunos estudiosos consideran la posibilidad de que las sirenas se limitasen a atraer a los viajeros sin ánimo de matarlos. Embargados por el éxtasis de sus cantos y la música de las liras y flautas, los hombres tal vez acabasen muriendo de inanición.

Pero, ¿cómo acabaron las alas de las sirenas convirtiéndose en una cola de pez? Se desconoce qué fue lo que provocó tal transformación, pero todo indica que el cuerpo de estas criaturas pasó a convertirse en pisciforme debido a su asociación con el mar. El primer testimonio que muestra a las sirenas con cola de pez se halla en el Liber Monstrorum, un manuscrito anglo-latino que data de finales del siglo VII o principios del siglo VIII. Desde la cabeza hasta el ombligo, las tenebrosas figuras tenían cuerpo femenino, dando paso a una larga cola escamosa idéntica a la de los peces para poder moverse por las profundidades marinas.

Recogiendo las leyendas de la antigüedad, los cristianos de la Edad Media asociaron las sirenas a la tentación carnal. Desde su moral, el héroe Odiseo —atado a un mástil que simbolizaba la cruz de Jesucristo— encarnaba la virtud al evitar el pecado femenino. Por su parte, el espejo que recurrentemente portaban las sirenas representaba la vanidad humana.

La evolución de estos seres mitológicos ha sido muy amplia y variada a lo largo de los siglos. Sin embargo, lejos de la imagen lujuriosa que recibieron en el medievo, las sirenas de la antigüedad estaban muy probablemente vinculadas con el Más allá. Iconográficamente, eran figuras funerarias que representaban a los espíritus de los muertos, transportando sus almas al frío y oscuro Hades.

En cualquier caso, el origen de las sirenas queda muy alejado de la versión romántica de ellas que tenemos actualmente.

Cita 284.

«No permitas que la opinión de otro sea tu realidad.»

Les Brown.

La Diada de Catalunya.

El 11 de Septiembre se celebra la Diada de Catalunya, la fiesta nacional de Catalunya. En realidad, esta fecha conmemora la fecha de una derrota (la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714), la celebración se convirtió en una jornada de defensa de los derechos y las libertades del país, y en un acto de reafirmación del carácter propio de Catalunya y de su identidad como nación.

La celebración de la Diada se remonta al año 1886, cuando diversas entidades del catalanismo cristiano organizaron una misa en recuerdo de los fallecidos en el sitio de 1714, defensores de la ciudad de Barcelona en la guerra de sucesión española. Dos años más tarde se inauguró, con ocasión de la Exposición Universal, la estatua de Rafael Casanova, que se convirtió en el epicentro de las celebraciones hasta el día de hoy.

Los actos, de carácter cultural, prosiguieron en aquellos años no faltos de trabas gubernamentales, y ya en 1894 se inició la tradición de la ofrenda floral a la estatua de Casanova.

El cambio llegaría con la entrada en el siglo XX. La represión por parte de la policía y la imposición de fuertes multas en 1901 y 1905 dotaron de un fuerte carácter político a la Diada. También hubo choques con los lerrouxistas, quienes rehusaron siempre participar en estos actos.

Con la Mancomunitat de Catalunya, en 1914 (primera recuperación de las instituciones catalanas en dos siglos), y la recuperación de la Generalitat, ya en 1931, se institucionalizó la fiesta con un formato similar al actual.

Celebrada durante el periodo republicano, en 1937 contó incluso con la participación de la CNT. Prohibida por la dictadura franquista, se organizaron algunas acciones reivindicativas en los años 40 y 70, protagonizadas por el Front Nacional de Catalunya.

La Diada se convirtió en una fecha señalada para la oposición antifranquista, y sus reivindicaciones culminaron en el Onze de Setembre de 1976, el primero tras la muerte de Franco, convocado por la Assamblea de Catalunya. Al año siguiente, la Diada propició un clamor popular bajo el lema ‘Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia’, con una manifestación en el centro de Barcelona cuya asistencia se cifró voluntariosamente en un millón de personas.

Posteriormente, se institucionalizó de nuevo, siendo recogida legalmente como «fiesta nacional» en 1980. Desde entonces, los homenajes a la estatua de Rafael Casanova han sido la tónica habitual de los actos institucionales hasta nuestros días.

Cita 283.

«Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.»

Rafael Alberti.

El Chupacabras.

A mediados de la década de los 90’s, en América, se extendió la leyenda de un misterioso monstruo que chupa la sangre al ganado. Supuestamente, los Chupacabras han sido vistos recientemente, lo que les convierte en monstruos mucho más accesibles para el estudio que, por ejemplo, el monstruo del Lago Ness o el Bigfoot. En la mayoría de los casos, las criaturas han resultado ser coyotes con sarna, una enfermedad que hace que al animal se le caiga el pelo y se le formen costras en la piel, entre otros síntomas.

Para algunos científicos esta explicación es suficiente. «No creo que haya que buscar más teorías», afirma Barry OConnor, entomólogo de la Universidad de Michigan, que ha estudiado el parásito que causa la sarna (Sarcoptes scabiei). El especialista en enfermedades Kevin Keel ha observado imágenes de cadáveres de supuestos Chupacabras y afirma que se trata de coyotes, pero entiende que otros no fueran capaces de reconocer a este animal: «Sigue pareciendo un coyote, pero en una versión bastante distinta», comenta Keel, que forma parte del Southeastern Cooperative Wildlife Disease Study de la Universidad de Georgia. «Si lo viera en el bosque no habría pensado que se trata de un Chupacabras, pero yo he estudiado coyotes y zorros con sarna durante mucho tiempo. Una persona no profesional, en cambio, podría confundirlos».

El Sarcoptes scabiei también es responsable de la sarna en humanos. El ácaro se introduce bajo la piel del huésped (ya sea animal o humano), segrega material de desecho y deja sus huevos, lo que provoca una reacción inflamatoria del sistema inmunitario. En humanos la reacción alérgica suele ser una molestia menor, pero en animales como los coyotes, que no han desarrollado defensas efectivas contra el Sarcopte, puede ser mortal. OConnor cree que es posible que el ácaro haya pasado de humanos a perros domésticos y de éstos a coyotes, zorros y lobos salvajes. Su investigación sugiere que la razón por la que la respuesta es tan diferente es que los humanos y otros primates han vivido con el ácaro durante gran parte de su evolución, mientras que otros animales no. «Los primates fueron los primeros huéspedes» del ácaro, afirma OConnor. «Nuestra evolución nos permite mantener controlada la sarna, al contrario de lo que ocurre con otros los animales». En otras palabras, la evolución de los humanos ha permitido que nuestro sistema inmunitario neutralice la infección antes de que ésta nos neutralice a nosotros.

Según Keel, los ácaros también han evolucionado, provocando daños en humanos pero sin llegar a ser mortal, lo que podría convertirnos en seres «no útiles» para ellos. En animales, en cambio, no han alcanzado ese equilibrio. Por ejemplo, en los coyotes la reacción puede provocar la caída del pelo y la obstrucción de los vasos sanguíneos, además de fatiga general.

La teoría de que los Chupacabras son coyotes sarnosos explicaría por qué se les suele ver atacando el ganado. «Los animales que sufren esta enfermedad suelen estar muy débiles», afirma OConnor. «Si no consiguen sus presas habituales, se acercan al ganado, que es más fácil de cazar». En cuanto a la idea de que chupan sangre como los vampiros, es posible que se trate de una exageración propia de la leyenda. «Creo que es parte del mito», añade OConnor.

Loren Coleman, director del Museo Internacional de Criptozoología de Portland (Maine, Estados Unidos) también es de la opinión de que los avistamientos de Chupacabras, sobre todo los más recientes, podrían explicarse por la presencia de coyotes o perros sarnosos: «Aunque no significa que explique todos los aspectos de la leyenda», puntualiza. Por ejemplo, los más de 200 avistamientos declarados en 1995 en Puerto Rico describían criaturas que no tenían características caninas. «En 1995 se creía que los Chupacabras eran criaturas bípedas que medían aproximadamente un metro de alto y tenían pelo gris, con pinchos en la espalda», afirma Coleman. «Sin embargo, la descripción del monstruo comenzó a cambiar a finales de los 90’s debido a errores de traducción en los informes».

Hacia el año 2000, el Chupacabras original ya había sido sustituido por la figura canina: las criaturas bípedas ahora atacan al ganado sobre sus cuatro patas. «Fue un tremendo error», reconoce Coleman. «Ahora, con los medios describiéndolos como perros o coyotes sarnosos, ya no se oyen historias como las del principio en Puerto Rico o Brasil. Este tipo de denuncias ha desaparecido y la versión canina se ha multiplicado».

Y, ¿cuál sería la explicación para esta leyenda? Según Coleman, una posibilidad sería que la gente imaginó cosas tras ver una película de terror alienígena que se estrenó en Puerto Rico el verano de 1995. «La fecha en la que se estrenó la película Species (Especie mortal) en Puerto Rico, coincide con las primeras denuncias en el país », afirma. «En la película, la actriz Natasha Henstridge tenía pinchos en la espalda, como los de las primeras descripciones de Chupacabras en 1995».

Otra teoría es que las criaturas de Puerto Rico eran en realidad monos Rhesus, que suelen incorporarse usando sus patas traseras. «Estos monos estaban siendo objeto de experimentos en Puerto Rico en ese momento, por lo que podría tratarse de un grupo que hubiera huido», añade Coleman. «Podría tratarse de algo tan sencillo como esto, o también de algo mucho más interesante, pues en la actualidad se siguen descubriendo nuevas especies de animales».

Sin embargo, aunque hay muchas teorías, la que mayor fuerza cobra es la de los coyotes sarnosos. Pero, como dice Coleman, a día de hoy se siguen descubriendo nuevas especies y, quién sabe, tal vez el Chupacabras acabe siendo una de ellas.

Cita 282.

«Sin música, la vida sería un error.»

Friedrich Nietzsche.

La Laguna de La Encantada.

La Laguna de la Niña Encantada, en Argentina, es una pequeña Laguna de sólo 80 metros de diámetro cuyas aguas provienen de ríos subterráneos y su belleza natural es complementada con sus aguas cristalinas de tono esmeralda. En el suelo de la laguna existe un campo de rocas volcánicas que, al reflejarse en el agua, producen formaciones peculiares que han originado, a través de los años, innumerables leyendas.

Se dice que hace cientos de años, la zona de la laguna era habitada por un pueblo originario que vivía en paz. Hasta que un día llegaron los Pehuenches, un pueblo conocido por sus invasiones y conquistas. Los caciques de ambas tribus dialogaron y llegaron a un acuerdo: sus hijos se casarían y, así, ambos pueblos quedarían hermanados.

La hija del cacique del pueblo pacífico se llamaba Elcha, que significa “espejo”. Ella no quería casarse con el hijo del cacique de los Pehuenches porque estaba enamorada de un joven de su propia tribu, quien ni siquiera era noble. Sin embargo, su padre no aceptó el amor que su hija sentía por el joven y la pareja decidió hacia el norte, corriendo por la montaña y topándose con la laguna. Ambas tribus les perseguían y les cerraron el paso. Al ver que no tenían escapatoria, se fundieron en un abrazo y se arrojaron al agua, para morir de amor. Cuando sus perseguidores llegaron a la laguna, los caciques de ambas tribus comenzaron a insultar y a maldecir a sus hijos.

Se dice que la bruja del pueblo fue la primera en asomarse a las aguas y se unió a las maldiciones con sus hechizos. Como respuesta, un violento rayo cayó y alcanzó a la hechicera. Así, ella fue petrificada y aprisionada por siempre en ese sitio. Hoy, se la puede ver en la montaña sobre la laguna.

Desde entonces, se dice que, en las noches de luna llena, la bruja convertida en piedra observa hacia la laguna buscando a la joven pareja enamorada. El reflejo de Elcha se puede contemplar, sabiendo que vivirá eternamente con su amor en la laguna.

Cita 281.

«El silencio a veces es la mejor respuesta.»

Dalai Lama.

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