Monthoctubre 2021

Cita 291.

«El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.»

Buda.

Halloween.

Aunque muchos piensen que Halloween es una festividad de origen americano, lo cierto es que su origen es europeo. Los celtas, que habitaban algunas regiones en Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia, realizaban una gran ceremonia para conmemorar el fin de la cosecha a finales de octubre. La festividad era conocida con la palabra gaélica Samhain, que significa “el final del verano” y, durante la celebración, se despedían de Lugh, dios del Sol.

El Samhain marcaba el momento en que los días se iban haciendo más cortos y las noches más largas. Los celtas, al igual que muchas culturas prehispánicas, creían que en Samhain los espíritus de los muertos regresaban a visitar el mundo de los mortales. El año céltico terminaba el 31 de octubre, en el otoño, cuya característica principal es la caída de las hojas, que para ellos significaba el fin de la muerte o la iniciación de una nueva vida.

La costumbre era dejar comida y dulces fuera de sus casas a modo de ofrenda, también era común encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y descanso junto a Lugh. La noche del 31 de octubre también se hacían rituales de carácter purificador para despedir el año. Pero, con el auge del catolicismo, esta fiesta pagana se cristianizó y comenzó a llamarse “La Víspera de Todos los Santos”. Su traducción en inglés es “All Hallow´s Eve”, de ahí nació la palabra «Halloween».

Con la inmigración europea a los Estados Unidos, sobre todo de irlandeses católicos en 1846, esta tradición llegó a América. La festividad de Samhain se transformó y pasó a ser conocida como Halloween muchos lugares.

Si existe un país que celebra Halloween a lo grande, sin duda es Estados Unidos, donde esta fiesta también es conocida como la Noche de Brujas y ha exportado este trocito de cultura por todo el mundo. Allí, cuando cae la noche, las calles de ciudades y pueblos se llenan de niños disfrazados de monstruos y toda clase de seres fantásticos que salen a las calles para pedir dulces casa por casa. El tradicional “truco o trato” es la frase más repetida entre los niños mientras recolectan dulces. Las casas, los colegios y otros edificios se adornan con todo tipo de objetos alusivos a criaturas sobrenaturales como vampiros, brujas, hombres lobo, muertos vivientes y figuras icónicas del cine de terror. No faltan tampoco las imágenes de tumbas, cementerios, arañas, gatos y calabazas. Durante el mes de octubre, se organizan atracciones tradicionales para celebrar Halloween, como las casas embrujadas, donde niños y adultos recorren una terrorífica casa decorada para “sobrevivir” e interactuar con todo tipo de espantos y criaturas aterradoras. En las zonas más rurales, la gente pasea en carretas llenas de paja hasta llegar a un campo de maíz y los participantes tienen que recorrer los pasillos naturales de los trigales, que alcanzan grandes alturas, y encontrar la salida. Cuando salen, los participantes escogen una calabaza para tallarla y formar una cara en ella.

Aunque la forma de celebrarlo haya cambiado mucho desde su origen, lo cierto es que queremos seguir pensando que el 31 de octubre es una noche mágica en la que los muertos pueden entrar en el mundo de los vivos.

Cita 290.

«Debes tener siempre fría la cabeza, caliente el corazón y larga la mano.»

Confucio.

Las Brujas de Salem.

Durante la Europa del siglo XVII, miles de mujeres fueron quemadas en la hoguera acusadas de brujería, tras ser sometidas a horribles torturas. En la América colonial, sobre el año 1620, llegaron a las tierras de Nueva Inglaterra los primeros colonos procedentes de Inglaterra y los Países Bajos. Conocidos como los Padres Peregrinos, fundaron las primeras colonias como Connecticut, Boston y Springfield. En aquellas tierras, donde vivían los indios mohicanos, pocomtuc o massachussets, se produjeron cerca de una veintena de casos de brujería, aunque el más recordado, cruento e impactante fue el que tuvo lugar en el poblado de Salem, en la colonia inglesa de Massachusetts.

El reverendo Samuel Parris se había trasladado de Boston a Salem con sus hijos, Thomas, Elizabeth y Susannah, y con su sobrina Abigail Willians, que había perdido a sus padres asesinados por los indios. Junto a ellos vivía una esclava llamada Tituba, junto con su marido, John Indian, la cual se encargaba del cuidado de los niños. El reverendo Parris vivía obsesionado por ganarse el amor de Dios y el respeto de los habitantes de Salem. Pero su escasa habilidad en el trato a su familia, a la cual imponía una férrea disciplina, y su carácter desconfiado y arrogante, le hacían sentirse señalado y acosado por sus vecinos.

En febrero de 1692, empezaron a suceder algunos hechos extraños en la pequeña población de Salem, enclavada entre pantanos y habitada por trabajadores puritanos. Perturbadores testimonios de blasfemias, maldiciones y escandalosas visiones de niñas desnudas encendiendo velas en un claro del bosque mientras invocaban a supuestos demonios y frotaban lascivamente sus cuerpos unas con otras, pusieron a todos los vecinos en estado de alerta.

A Tituba, la esclava negra de la familia Parris, le gustaba contar historias misteriosas a las hijas del reverendo y a sus amigas, así como practicar viejos rituales vudú. A menudo, estas historias y rituales ancestrales chocaban con la moral puritana de aquellos niños y empezaron a encender la imaginación de las adolescentes Betty Parris y Abigail Williams. Un día, éstas fueron sorprendidas bailando desnudas en un bosque, mientras Tituba realizaba, sobre un caldero, rituales vudú de las Barbados, su tierra natal.

Según cuentan las crónicas de la época, las dos niñas empezaron a sufrir convulsiones en público, a pronunciar palabras y frases sin sentido, a estallar en llantos súbitos y sin motivo aparente y a tener «comportamientos bestiales». En realidad, es muy posible que las dos niñas intentaran ocultar sus juegos sexuales, a los que muy pronto se unió Ann Putnam, una niña de 12 años, hija de una de las familias más ricas de la población. De hecho, Ann contó que una vez estando en el bosque: «Luché contra una bruja que quería decapitarme».

«No hay ningún problema físico que cause ese comportamiento. No hay dudas de que se trata de la influencia directa del demonio». Con estas palabras diagnosticaba William Griggs, el médico de Salem, a las niñas afectadas de tan extrañas «dolencias». Toda la población de Salem, incluido el reverendo Parris, creían en las brujas y que estas eran las causantes del extraño comportamiento de las jóvenes. Para evitar la horca, las niñas acusaron a Tituba de iniciarlas en ritos satánicos. No deja de ser curioso que el método usado para confirmar el caso de brujería de las dos niñas fuera que el marido de la esclava, John Indian, preparase un brebaje a base de harina de centeno y orina de bebé y se lo diese a beber a un perro. Si el pobre animal desarrollaba los mismos síntomas que las presuntas embrujadas, el diagnóstico quedaría confirmado.

En febrero de 1692, se inició el juicio a cargo de los magistrados Jonathan Corwin y John Hathorne, quienes debían dictaminar el origen de las posesiones diabólicas. Con la sala llena de público, se inició la sesión en la que los dos magistrados presionaron a la hija de Parris y a su sobrina para que señalaran a los culpables. Aquella situación dio lugar a una serie de acusaciones infundadas en las que cada uno acusaba al más indefenso o a quien tenía más antipatía. La primera acusada fue Tituba que, para salvarse de las crueles torturas a las que iba a ser sometida, confesó públicamente: «He visto al diablo en el bosque. A veces toma la forma de un hombre muy alto de pelo negro, o de perro negro, o de cerdo, y he visto a un pájaro amarillo besar el dedo de otra bruja, y Betty, Abigail, Ann Putnam, Sarah Osborne, Sarah Good ¡están al servicio de Satanás! Y he visto el nombre de otros vecinos en el libro del Mal». Según aclaró la misma esclava, el libro al cual aludía, y en el que figuraban todos los nombres de las brujas que había en Salem, se lo había entregado un hombre misterioso.

Tras declararse culpable, Tituba fue condenada a prisión y estuvo un año recluida. Por su parte Sarah Osborne, una anciana, y Sarah Good, una indigente, que también habían sido acusadas, fueron ahorcadas al no confesar su culpabilidad. Posteriormente, otra mujer, Martha Corey, siguió la misma suerte y fue acusada sin fundamento (tal vez a causa de envidias o algunas rencillas entre los aldeanos) y su esposo, Giles Corey, murió en prisión mientras era torturado.

El reverendo George Burroughs fue acusado por la familia Putnam porque, según relató Ann Putnam: «Su espíritu aparece en mis sueños y me dice que es el líder de los adoradores de Satanás, que mató a sus dos primeras esposas y que embrujó a los soldados que combatían a los indios en las fronteras de Maine». Otra aldeana, Susanna Martin, fue acusada por un vecino porque creía que había embrujado a sus bueyes, y John Alden, otro de los habitantes de Salem, fue acusado de ser el hombre que supuestamente había entregado el libro con los nombres de las brujas a Tituba. El 2 de junio de 1692, el juez William Stauton envió a la horca a Bridget Bishop, una mujer que doce años antes había sido declarada inocente del cargo de brujería y cuyo único pecado había sido tener un carácter extrovertido y haberse casado tres veces. Otra mujer, Rebecca Nurse, fue también acusada. El juez, que la conocía bien, la declaró inocente lo que provocó tal oleada de vandalismo y salvajismo entre la población que el asustado magistrado tuvo que cambiar de opinión y ordenar que la ahorcaran de inmediato.

Pocos años más tarde, los tribunales comenzarían a admitir que los procesos judiciales iniciados en Salem en 1692 habían tenido bastantes irregularidades y, finalmente, en 1703 el tribunal de Massachusetts rechazó casi todas las pruebas presentadas durante los juicios. Tres años más tarde, Ann Putnam, una de las niñas supuestamente embrujadas, pidió perdón a su iglesia y a las familias de los ajusticiados en la horca: «Lo hice engañada por Satanás». Por su parte, Betty Parris se fue de Salem con su padre, y el rastro de Abigail Williams se pierde a mediados de 1692.

Son numerosas las conjeturas sobre las circunstancias que pudieron desencadenar los terribles acontecimientos de Salem. Algunos autores han citado a la epilepsia como la causa de los ataques y las convulsiones de las niñas, y otros han encontrado un origen tóxico en estas manifestaciones colectivas. Para algunos historiadores, la fuente de todos estos síntomas estaría en una intoxicación por cornezuelo del centeno (una enfermedad conocida como ergotismo o fuego de san Antonio), cereal con el que se elaboraba el pan y que posee una toxina, la ergotamina, de la que deriva el LSD o ácido lisérgico. No obstante, para la mayoría de los estudiosos, la causa más probable de tan terribles acontecimientos es la histeria colectiva como resultado del asfixiante clima de puritanismo y de la educación represiva que imperaban en aquellos tiempos. La histeria había sido definida pocos años antes de los sucesos de Salem como «la gran simuladora» por el médico inglés Thomas Sydenham, por ser un mal capaz de simular un gran número de enfermedades orgánicas.

Cita 289.

«El amor es una amistad con momentos eróticos.»

Antonio Gala.

Elfos.

Todos hemos oído hablar de los Elfos, incluso hoy en día los tenemos más presentes que nunca gracias al cine y la literatura pero, ¿sabes cuál es el origen de estos seres mágicos? Los elfos son seres de la mitología nórdica y germánica y, originalmente, eran deidades menores de la fertilidad. Se les describe como hombres y mujeres jóvenes, de pequeño tamaño y orejas en punta, pero de gran belleza. Vivían en los bosques, en las cuevas o en las fuentes de agua y gozaban de una larga vida o de la inmortalidad. Su apariencia era frágil y delicada, aunque en realidad eran muy fuertes y ágiles. Además, también se les atribuyen poderes mágicos.

Según parece, los Elfos fueron concebidos como seres o espíritus poderosos y hermosos, pero nunca se han registrado mitos sobre ellos elfos. Después de muertos, varios hombres famosos fueron elevados al rango de Elfos, como el rey Olaf Geirstad-Alf. El héroe herrero Völundr (o Völund) es identificado como ‘señor, líder, o sabio de los elfos’ (vísi álfa, de víss, «certero, sabio») en el poema Völundarkvida. Un segundo título de Völundr es más oscuro: álfa ljóði, donde la raíz apunta a la expresión poética ljóðr o lýðr, «un pueblo, gente, hombres».​ Este título se ha interpretado como «líder de los álfar», pero más probablemente como «uno del pueblo de los álfar», indicando que Völundr es uno de ellos y no simplemente un humano. ​En la Saga de Thidrek una reina humana se sorprende al descubrir que el amante que la embarazó es un elfo y no un hombre. En la Hrólfs saga kraka un rey llamado Helgi viola y embaraza a una elfina vestida de seda.

El cruce entre elfos y humanos es posible en la antigua creencia nórdica. La reina humana que tuvo un amante elfo dio a luz al héroe Högni, y la elfina que fue violada por Helgi dio a luz a Skuld, quien se casó con Hjörvard, el asesino de Hrólfr Kraki. La Hrólfs saga kraka agrega que ya que Skuld era medio-elfo, era muy habilidosa en la hechicería (seid), y a tal punto que era casi invencible en la batalla. Cuando sus guerreros caían, ella los levantaba nuevamente para que continuaran luchando. La única manera de derrotarla era capturarla antes de que pudiera convocar a sus ejércitos, que incluían guerreros élficos.

Hay también declaraciones en la Heimskringla y en la Þorsteins saga Víkingssonar de una línea de reyes locales que gobernaron Álfheim, que se correspondía con la provincia moderna sueca de Bohuslän y la provincia noruega de Østfold, y ya que tenían sangre élfica, se decía que eran más hermosos que la mayoría de los hombres.

Pero, además de estos aspectos humanos, también se los describe como seres semi-divinos asociados a la fertilidad y el culto a los ancestros. De esta forma, la noción de elfo se asemeja a la creencia animista en espíritus de la naturaleza y de los muertos, común a casi todas las religiones humanas. Como los espíritus, los elfos no estaban atados a limitaciones físicas y podían atravesar paredes y puertas, tal como sucede en Norna-Gests þáttr.

En alta fantasía, generalmente los elfos no son hostiles a los humanos, ya que los consideran inferiores y de poca importancia. A menudo desprecian a la especie humana como inferior y bárbara, del mismo modo que algunos miran a los animales de compañía y otros animales; el caso más extremo de eso podemos encontrarlo en los elfos de Pratchett, donde se trata de seres sin ningún tipo de empatía ni remordimientos, que tratan a los humanos (y a todo en general, hasta a ellos mismos) como fuente de entretenimiento, sin darle demasiada importancia al tipo de entretenimiento que proporcionen (música, danza, sujetos para torturar, etc.).

También hay elfos oscuros (svartalfer en la mitología nórdica), los cuales son retorcidos y malignos. Los elfos son enemigos de los orcos y goblins, y suelen estar permanentemente peleados con los enanos.

Cita 288.

«Uno no se enamoró nunca y eso fue su infierno; otro sí y esa fue su condena.»

Robert Burton.

Los 12 Dioses del Olimpo.

Los 12 Dioses del Olimpo eran los dioses griegos que moraban en el Monte Olimpo, el monte más alto de Grecia. Estos 12 Dioses eran considerados los más importantes de todas las deidades de la mitología griega y se les dedicaron templos, festividades cívicas, actividades artísticas y deportivas, entre otras. El concepto de «doce dioses» es más antiguo que cualquiera de las primeras fuentes griegas. La palabra «Dios» ya era atribuida en aquel entonces a Zeus, mientras que «Theo» se refería a los restantes. Los 12 Dioses del Olimpo ganaron su supremacía en la Tierra después de que Zeus, junto a sus hermanos Poseidón y Hades, y sus hijos (que completan el resto del panteón), lograran la victoria en la guerra contra los Titanes.

Los 12 Dioses del Olimpo son los siguientes:

Zeus – Es el Rey de los Dioses y el gobernante del Monte Olimpo; dios del cielo y el trueno. Hijo menor de los titanes Crono y Rea. Los símbolos incluyen el rayo, el águila, el roble, el cetro y la balanza. Hermano y marido de Hera, aunque tuvo muchas amantes, tanto diosas como mortales.

Hera – Es la Reina de los Dioses y diosa del matrimonio y la familia. Hija menor de Crono y Rea. Esposa y hermana de Zeus. Los símbolos incluyen el pavo real, la granada, la corona, el cuco, el león y la vaca. Siendo la diosa del matrimonio, con frecuencia trata de vengarse de los amantes de Zeus y sus hijos.

Poseidón – Señor de los mares, los terremotos y los caballos. Los símbolos incluyen el caballo, el toro, el delfín y el tridente. Medio hijo de Crono y Rea. Hermano de Zeus y Hades. Casado con la nereida Anfítrite, aunque, como la mayor parte de dioses masculinos griegos, tuvo muchas amantes.

Apolo – Es el Dios de la música y las bellas artes, de la luz, el sol, la medicina, la belleza, el conocimiento, la poesía, la profecía y el tiro con arco. Los símbolos incluyen el sol, la lira, el arco y la flecha, el cuervo, el delfín, el lobo, el cisne y el ratón. Hijo menor de Zeus y Leto. ​Hermano gemelo de Artemisa. Líder de las musas inspiradoras. Tuvo muchas amantes, tanto diosas como mortales, y una extensa lista de hijos.

Atenea – Es la diosa de la sabiduría, la artesanía, la defensa y la guerra estratégica. Los símbolos incluyen la lechuza y el olivo. Hija de Zeus y de la oceánide Metis, surgida de la cabeza de su padre totalmente adulta y con armadura de combate completa después de que este se hubiera tragado a su madre.

Afrodita – Es la diosa del amor, la belleza y el deseo. Los símbolos incluyen la paloma, el pájaro, la manzana, la abeja, el cisne, el mirto y la rosa. Su nombre proviene del griego ‘afro’, surge de la espuma del mar después de que la sangre de Urano goteara sobre la tierra y el mar tras ser castrado por su hijo Crono. En otros mitos se la señala como hija de Zeus y de la oceánide Dione. Casada con Hefesto, aunque tuvo muchas relaciones adúlteras, en especial con Ares, de quien tuvo ocho hijos, entre ellos Eros.

Ares – Es el dios de la guerra, la fuerza, la virilidad masculina, y el derramamiento de sangre. Protector del Olimpo y de los ejércitos. Los símbolos son la lanza y el escudo. También lo son la antorcha, el jabalí, la serpiente, el perro, el buitre. Hijo de Zeus y Hera, amante preferido de Afrodita, su aliada en la guerra y sanadora.

Dioniso – Es el dios del vino, las celebraciones y el éxtasis. Dios patrón del arte del teatro. Los símbolos incluyen la vid, la hiedra, la copa, el tigre, la pantera, el leopardo, el delfín y la cabra. Hijo de Zeus y de la mortal princesa de Tebas Sémele. Casado con la princesa cretense Ariadna. Es el dios olímpico más joven y el único nacido de una mujer mortal.

Hermes – Es el Mensajero de los dioses; dios del comercio y la retórica. Los símbolos incluyen el caduceo (vara entrelazada con dos serpientes), las sandalias y el casco alado, la cigüeña y la tortuga (cuyo caparazón usó para inventar la lira). Hijo de Zeus y la ninfa Maia. Es el segundo dios olímpico más joven, apenas mayor que Dioniso. Se casó con Dríope, hija del rey Dríope, y su hijo Pan se convirtió en el dios de la naturaleza, el señor de los sátiros, el inventor de la flauta y el compañero de Dioniso.

Artemisa – Es la Diosa de la caza, la virginidad, el parto, el tiro con arco y todos los animales. Los símbolos incluyen la luna, el ciervo, el perro de caza, la osa, la serpiente, el ciprés y el arco y la flecha. Hermana gemela de Apolo. Hija mayor de Zeus y Leto.

Hefesto – Maestro herrero y artesano de los dioses; dios del fuego y la forja. Los símbolos incluyen el fuego, el yunque, el hacha, el burro, el martillo, las tenazas y la codorniz. Hijo de Hera, con Zeus o sin él. Después de que él naciera, sus padres le arrojaron fuera del monte Olimpo, aterrizando en la isla de Lemnos. Casado con Afrodita, aunque a diferencia de la mayoría de los maridos divinos, raramente fue licencioso.

Deméter – Es la diosa de la fertilidad, la agricultura, la naturaleza y las estaciones del año. Los símbolos incluyen la amapola, el trigo, la antorcha y el cerdo. Medio hija de Crono y Rea.

Cita 287.

«La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.»

Marco Tulio Cicerón.

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